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viernes, 24 de abril de 2026

¿Por cuánto tiempo se puede aplazar el invierno financiero mundial?


Estamos presenciando la versión económica de lo que en la década de 1960 se denominó Destrucción Mutua Asegurada (MAD)… El mundo actual se enfrenta a la amenaza de un colapso económico global.


Por Michael Hudson, La Haine

El 7 de abril de 2026, Trump anunció que «toda una civilización morirá esta noche» y amenazó con destruir «todos los puentes de Irán» y «todas las centrales eléctricas... incendiándolas, explotándolas y dejándolas inservibles». Su intención de seguir cometiendo crímenes de guerra está llevando al mundo hacia un invierno financiero tan devastador como la Gran Depresión. La respuesta de Irán, el 8 de abril, puso en evidencia su amenaza, estableciendo las condiciones para poner fin al conflicto y abrir el estrecho de Ormuz. Los países importadores de petróleo deberán obligar a EEUU e Israel a cumplir con estas condiciones para evitar una crisis económica.

Estamos presenciando la versión económica de lo que en la década de 1960 se denominó Destrucción Mutua Asegurada (MAD). [1] El término se refería al enfrentamiento militar que evitó el invierno nuclear global que se habría producido si las principales potencias mundiales hubieran utilizado armas atómicas entre sí. La posesión de bombas atómicas tanto por parte de EEUU como de la Unión Soviética garantizó que no se atacarían mutuamente mientras la carrera armamentística mantuviera la paridad nuclear.

El equilibrio de poder resultante hizo que la Guerra Fría entre EEUU y la Unión Soviética fuera relativamente pacífica en lo que respecta a los enfrentamientos entre los adversarios más fuertemente armados del mundo. Su moderación mutua permitió a EEUU librar sus guerras en el sudeste asiático, África y América Latina sin amenazar con una conflagración mundial.

El mundo actual se enfrenta a la amenaza de un colapso económico global. Irán se defiende de un posible ataque militar estadounidense e israelí amenazando con destruir el comercio de petróleo y gas de la OPEP si su supervivencia como país soberano se ve comprometida. Esta amenaza plantea al mundo una disyuntiva crucial: o bien los países sufrirán una profunda depresión si Trump cumple su amenaza de intentar destruir Irán y apoderarse de su petróleo --en cuyo caso la represalia iraní destruirá el comercio energético de la OPEP, del que dependen muchos países--, o bien deberán actuar con decisión para impedir el ataque estadounidense.

En la década de 1960 se entendía que un ataque atómico por parte de cualquiera de las grandes potencias sería prácticamente insuperable. Sin embargo, la versión económica actual de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD, por sus siglas en inglés) no impone tales restricciones a los titubeantes intentos de EEUU por revertir la pérdida de su poder económico, que lo ha dejado con escasas herramientas para ejercer control sobre otros países. Su principal baza reside en su capacidad para amenazar a los países con el caos económico y financiero, cerrando el mercado estadounidense a sus exportaciones y bloqueando su acceso al petróleo y al gas de Rusia, Irán y (hasta hace poco) Venezuela, en su afán por imponer la dependencia de sus propios suministros energéticos y del petróleo árabe de la OPEP bajo su control.

Esta amenaza de perturbación comercial ha funcionado mejor contra los aliados más cercanos de EEUU. Los aranceles del «Día de la Liberación» de Trump, que entraron en vigor el 2 de abril de 2025, impusieron gravámenes exorbitantes que Trump ofreció suavizar con la condición de que otros países firmaran acuerdos de «concesión» que consistían en aceptar imponer sanciones comerciales y financieras a los enemigos designados de EEUU, encabezados por Rusia e Irán, y redirigir sus compras de petróleo a EEUU.

Esta no es la primera vez que los estrategas estadounidenses han quebrantado las reglas de las relaciones internacionales que EEUU mismo estableció en 1945 para dar forma al orden económico posterior a la II Guerra Mundial. Al controlar el 75% del oro monetario mundial, impuso reglas de finanzas internacionales orientadas a los acreedores así como reglas de libre comercio como medio para desmantelar las restricciones comerciales de preferencia imperial impuestas por Gran Bretaña.

Estas reglas impidieron que otros países adoptaran políticas proteccionistas para proteger su agricultura e industria, como lo hacía EEUU. Además, EEUU creó una presencia militar global, prometiendo proteger al mundo del espectro de un ataque militar soviético e impedir que los países implementaran fuertes controles gubernamentales o políticas socialistas que representaran una alternativa al sistema de finanzas, comercio e inversiones privadas internacionales respaldado por EEUU.

Pero ahora que EEUU se ha desindustrializado y está endeudado, ha abandonado e incluso revertido las reglas que le sirvieron hace ochenta años. Lo que los funcionarios estadounidenses denominan estrategia de seguridad nacional es, en realidad, cómo recuperar y mantener el control estadounidense sobre otros países, instrumentalizando el sistema financiero centrado en el dólar y su comercio exterior. Y en lugar de proteger a otros países y su soberanía económica, su intento de imponer su dominio de forma disruptiva y militar se ha convertido en una amenaza para la seguridad mundial.

Y, a diferencia del equilibrio de poder que había establecido la Destrucción Mutua Asegurada, la mayoría de los demás países no han ejercido ningún control simétrico sobre la intimidación estadounidense, aislándose de la instrumentalización que EEUU hace de sus relaciones comerciales y financieras.

En la crisis actual, la principal defensa de Irán ante el ataque estadounidense ha sido bloquear el petróleo y el gas de la OPEP a través del estrecho de Ormuz, e incluso amenazar con destruir directamente la producción de la OPEP. Estas acciones han expuesto a los países importadores de petróleo del mundo a una crisis económica si no actúan para contrarrestar la amenaza estadounidense a la soberanía de Irán, que, de hecho, amenaza su propia soberanía económica y financiera.

Los intentos de EEUU por preservar su capacidad de convertir en arma el comercio mundial de petróleo

Antes de los aranceles de Trump, los estrategas estadounidenses ya habían utilizado la amenaza de provocar un caos económico instrumentalizando su control del comercio internacional de petróleo. La imposición de sanciones comerciales contra productores de petróleo iraníes, rusos y venezolanos permitió a EEUU privar a los países que no aceptaban su diplomacia del acceso al petróleo y al gas necesarios para alimentar sus fábricas, calentar e iluminar sus hogares y oficinas, impulsar su transporte y producir fertilizantes para aumentar su productividad agrícola. El petróleo se convirtió en el principal obstáculo comercial del mundo.

Un primer paso para instaurar este control fue el derrocamiento del primer ministro iraní Mohammed Mossadegh en 1953 por parte de la CIA estadounidense y el MI6 británico, con el fin de impedir que Irán recuperara el control de su petróleo. Mossadegh fue reemplazado por una brutal dictadura militar bajo el Shah, quien protegió el control estadounidense sobre Irán y su petróleo. Tras la exitosa lucha popular y del liderazgo religioso chií para derrocar al Shah (siendo las mezquitas uno de los pocos lugares donde no se podían impedir las reuniones públicas), EEUU impuso severas sanciones comerciales y financieras contra Irán en 1979.

Se impusieron sanciones similares para aislar y perjudicar a Venezuela después de que sus líderes electos intentaran controlar el petróleo del país. En febrero de 2022, EEUU impuso sanciones comerciales a las exportaciones rusas de petróleo y gas a Europa Occidental y, en septiembre de 2022, destruyó la mayor parte del gasoducto Nord Stream. Estos ataques permitieron a EEUU obligar a muchos de los antiguos clientes de Rusia y Venezuela a depender de las exportaciones estadounidenses de petróleo y gas natural a precios mucho más elevados, perjudicando gravemente a las empresas industriales y químicas alemanas y de otros países europeos.

Con el petróleo ruso aislado por las sanciones y EEUU asegurando un rápido operativo militar sobre Venezuela al secuestrar a su presidente Nicolás Maduro y a su esposa el 3 de enero de 2026, la única fuente importante de petróleo que quedó bajo control directo de EEUU fue Oriente Medio (ahora y en adelante mejor denominado Asia Occidental). Los países árabes de la OPEP representan alrededor del 20% de la producción mundial de petróleo, el 30% de su comercio de petróleo y el 40% de su comercio de gas natural, además de un tercio de su fertilizante y la mitad del comercio marítimo de azufre (necesario para producir ácido sulfúrico para la extracción de minerales).

En 2003, el general Wesley Clark expuso los planes de EEUU para instaurar oligarquías afines en todo Oriente Medio mediante la conquista de siete países en cinco años, comenzando con Irak, Siria y Libia, productores de petróleo, y culminando con Irán. La intención era controlar su petróleo y ponerlo en manos de empresas estadounidenses.

Las economías y sociedades de Irak y Libia fueron devastadas por la intervención militar estadounidense y su ejército títere de terroristas suníes wahabíes de Al Qaeda, a quienes se les dio vía libre para librar su guerra religiosa contra las poblaciones no suníes, siempre y cuando se sometieran al control estadounidense del comercio petrolero. Siria también ha sido destruida y tomada por un ejército títere estadounidense similar.

Este plan neoconservador para controlar Asia Occidental y su petróleo es la política que ha guiado el ataque de Trump contra Irán. Sus intentos de cambio de régimen mediante el bombardeo de objetivos civiles en junio de 2025 y la organización de violencia interna por parte de manifestantes organizados por EEUU en enero de 2026, ambos fracasados, fueron seguidos por sus bárbaras violaciones del derecho internacional humanitario y, de hecho, de los valores civilizados, entre febrero y abril de 2026.

Evidentemente, le dijeron que su ola de asesinatos personales de líderes iraníes y el bombardeo de escuelas y otros lugares civiles aterrorizarían a la población y la dejarían vulnerable a las maniobras estadounidenses para reemplazar al liderazgo chií con un régimen títere bajo control estadounidense. Pero el efecto fue justo el contrario (como siempre ocurre en naciones cuya soberanía está amenazada), reforzando el repudio de la población hacia EEUU, un sentimiento compartido por la mayor parte del mundo.

Trump esperaba nombrar personalmente a los nuevos líderes iraníes, quienes guiarían al país en la cesión de su producción petrolera a empresas estadounidenses y en su transformación en un satélite de EEUU, al estilo de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. La economía iraní estaría estrechamente vinculada a la de EEUU, tanto en lo que respecta a sus ingresos por exportaciones como a sus reservas monetarias, mantenidas en forma de bonos del Tesoro estadounidense y valores corporativos estadounidenses.

La defensa de Irán contra los planes estadounidenses de confiscar su petróleo e instalar un gobierno títere Irán lleva dos décadas preparando una defensa militar contra este escenario estadounidense. Anunciando abiertamente su estrategia, Irán ha demostrado su capacidad para lanzar ataques con misiles contra bases militares estadounidenses en todo el oeste de Asia, ataques que las defensas aéreas de EEUU no han podido interceptar, a pesar de que Irán advierte con antelación sobre la ubicación de los ataques, dando tiempo a las fuerzas estadounidenses para evacuar los objetivos. Irán también ha demostrado una capacidad igualmente eficaz para atacar objetivos israelíes a voluntad, penetrando el sistema de defensa antimisiles conocido como Cúpula de Hierro con una tecnología de misiles considerablemente superior a la de EEUU e Israel.

Las defensas aéreas de Irán son limitadas, y el país siempre ha reconocido la capacidad del enorme arsenal estadounidense de misiles, artillería y aviones para infligirle daños devastadores. Su estrategia de defensa es asimétrica, trasladando la lógica del enfrentamiento atómico mutuo al ámbito comercial. Ha anunciado al mundo que, si un ataque letal amenaza la existencia de su gobierno, sus servicios públicos y otras infraestructuras, tiene la capacidad de provocar el caos económico en otros países destruyendo la producción de petróleo y gas y el acceso al transporte marítimo de las monarquías árabes vecinas.

Tanto EEUU como Irán han convertido el comercio mundial de petróleo en un arma. Así como la diplomacia estadounidense amenaza con provocar el caos comercial en los países que no se someten a sus sanciones comerciales y otros dictados de política exterior, Irán busca un poder similar mediante el control del comercio de petróleo a través del estrecho de Ormuz. Esta estrategia plantea al mundo una nueva disyuntiva.

La mayoría de los países sufrirán una prolongada depresión económica si no logran impedir que EEUU ataque a Irán y lo obligue a recurrir a la destrucción mutua asegurada de las exportaciones de petróleo, gas, helio y otros productos de la región. O bien, los países pueden prosperar y evitar interrupciones comerciales actuando conjuntamente para bloquear los ataques estadounidenses y rechazar las sanciones económicas patrocinadas por EEUU.

A diferencia de la destrucción atómica mutua asegurada, la amenaza estratégica de Irán de provocar una depresión mundial no va dirigida a sus atacantes estadounidenses e israelíes, ya que, como Trump ha alardeado, EEUU es en gran medida autosuficiente en petróleo y gas, y será un importante exportador. El aumento de los precios mundiales del petróleo ya está creando un mercado de precios favorable para las compañías petroleras y gasísticas estadounidenses. Esta bonanza fortalece la balanza comercial de EEUU y su poder sobre sus clientes europeos de GNL, especialmente desde que aparentemente obtuvo el control del petróleo venezolano.

Esta creciente dependencia europea y de otros países del petróleo y el gas estadounidenses, a medida que se interrumpen los suministros de petróleo de la OPEP, debería proporcionar a los gobiernos extranjeros aún más incentivos para proteger a Irán de un ataque estadounidense que pretenda consolidar el control de EEUU sobre el petróleo de la OPEP en Asia Occidental para fortalecer la capacidad estadounidense de utilizar el suministro mundial de petróleo como arma.

Los países importadores de petróleo no pueden permanecer al margen pasivamente sin sufrir un invierno financiero

Trump ha declarado que abrir el estrecho de Ormuz para restablecer las exportaciones de la OPEP no es responsabilidad de EEUU ni le conviene, ya que no es un cliente importante de este petróleo y gas. Ha criticado a los europeos, que son los que más necesitan petróleo, por no lanzar un ataque suicida contra las islas del estrecho, sabiendo perfectamente, por sus asesores militares, que tales soldados serían presa fácil para las defensas iraníes. Evidentemente, su plan B es dejar el estrecho cerrado, suponiendo que la economía estadounidense se verá menos afectada que la de otros países.

Los países árabes exportadores de petróleo, así como los gobiernos occidentales, se han quejado ante Irán de que es injusto hacerles sufrir, ya que los ataques de EEUU e Israel no constituyen su guerra. Europa Occidental no fue consultada, y España e Italia se han negado a permitir que EEUU utilice sus bases aéreas para lanzar ataques contra Irán. Japón ha hecho recientemente la misma afirmación, alegándose de ser un mero espectador inocente.

Pero todos estos países forman parte de la estrategia estadounidense para controlar la diplomacia mundial, instrumentalizando (con el respaldo de la fuerza militar) el sistema financiero basado en el dólar, el comercio de petróleo, el acceso de extranjeros a los mercados estadounidenses y el control de EEUU sobre las Naciones Unidas, el FMI, el Banco Mundial y otras instituciones internacionales para impedir cualquier resistencia al sistema económico extractivo centrado en EEUU. Y esta diplomacia económica y política está conduciendo al mundo hacia la III Guerra Mundial.

Japón ha prometido 650 mil millones de dólares en préstamos gratuitos a EEUU como precio por mantener su acceso a los mercados estadounidenses, lo que el secretario de Comercio de EEUU, Howard Lutnick, ha llamado «comprar una reducción de los aranceles». [2] Y el parlamento de Corea aprobó la semana pasada los 350 mil millones de dólares extorsionados por Trump para su propio acceso.

Parece poco probable que se paguen estas sumas si la producción japonesa y coreana de productos electrónicos y automóviles se ve interrumpida por el fin de las importaciones de energía de la OPEP, sin embargo, ninguno de los dos países se ha opuesto a seguir siendo un satélite militar y económico de EEUU. Japón busca armas atómicas, y su primera ministra, Sanae Takaishi, dijo en octubre de 2025 que se involucraría si estallara una guerra entre China y Taiwán.

El 7 de abril, Irán explicó que, dado que sus vecinos árabes y otros aliados de EEUU en la región forman parte del sistema de control estadounidense que busca apoderarse del petróleo iraní, tal como lo hizo en 1953 al imponer la dictadura militar del Shah, son objetivos legítimos de la autodefensa iraní. Irán advirtió al resto del mundo que, si su producción petrolera, refinerías y sistemas de energía eléctrica son destruidos, como ha amenazado el presidente Trump, tomará represalias haciendo lo mismo con los países árabes de la OPEP y otros en la región que albergan bases estadounidenses y se han puesto del lado de EEUU.

ADVERTENCIA: A partir de ahora... trataremos la infraestructura de EEUU y sus socios en el Golfo Pérsico de tal manera que se verán privados del petróleo y el gas de la región durante años.El Dr. Mahdi Khanalizadeh, exdirector de Press TV y cercano al Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, explicó que esto significaba "TOLERANCIA CERO. Cualquier daño a la infraestructura energética de Irán provocará la interrupción de las exportaciones de petróleo y gas de los estados del sur del Golfo Pérsico al mundo". [3]

Desde la perspectiva iraní, lo ocurrido representa un fracaso de Occidente en su intento por evitar los ataques estadounidenses e israelíes. La destrucción, como represalia, de la producción petrolera del Golfo sumirá a las economías mundiales en una depresión tan grave como la Gran Depresión de la década de 1930. No existen sustitutos para el petróleo, el gas, el helio, el azufre ni los fertilizantes. Cadenas de producción enteras se verán obligadas a cerrar, lo que provocará desempleo e impago de deudas.

Las dos razones por las que Irán necesita controlar el estrecho de Ormuz

La forma menos violenta para que Irán controle el comercio de petróleo y gas de sus jeques y dictaduras vecinas es controlar el estrecho de Ormuz, liberándose así de siglos de control extranjero. [4]

El control iraní del estrecho, y por ende de su comercio petrolero regional, es la vía más directa para interrumpir gran parte del suministro energético mundial. Irán espera que la amenaza de hacerlo lleve a otros países a disuadir a las fuerzas estadounidenses de reanudar su intento de apoderarse del petróleo iraní por la fuerza y destruir su economía. Esta es la estrategia de defensa de Irán, denominada MAD (Destrucción Mutua Asegurada), que se mencionó anteriormente.

Irán también está utilizando su control del estrecho para cobrar peajes a los barcos que transitan por la vía marítima. Ha forjado una alianza con Omán, al otro lado del estrecho, para repartirse estos peajes. Dichos peajes servirán como fuente inmediata de fondos para la reconstrucción de Irán, dado que el cobro de las reparaciones exigidas por Irán a EEUU e Israel (si se logra) será un proceso largo que implicará un tribunal internacional y, potencialmente, un juicio por crímenes de guerra al estilo de Núremberg.

Irán está siguiendo el camino de menor resistencia para obtener reparaciones de Occidente en su conjunto por los daños causados no solo por los ataques estadounidenses e israelíes, sino también por la falta de voluntad de Occidente para actuar y frenar esta agresión. Los peajes supondrán un coste adicional para los importadores de petróleo que no han detenido los ataques, sumándose a los costes de la perturbación económica causada por el cierre de las exportaciones de energía y otros productos del Golfo Pérsico.

Trump ve un lado positivo para EEUU en provocar una crisis energética mundial

En sus declaraciones televisadas en horario estelar del 1 de abril, Trump se cuidó ante la posibilidad de un fracaso en la consecución de la paz, señalando que una represalia iraní ante un nuevo ataque estadounidense podría, de hecho, ayudar a restaurar el dominio unipolar mundial perdido por EEUU.

Presumiendo de que su guerra con Irán, que conduciría a una crisis energética y química mundial, dejaría a la economía estadounidense en una situación menos desesperada, afirmó: «EEUU prácticamente no importa petróleo a través del estrecho de Ormuz y no lo importará en el futuro. No lo necesitamos. No lo hemos necesitado y no lo necesitamos». Así pues, hizo dos sugerencias a otros países:

"Primero, compren petróleo de los EEUU. Tenemos de sobra. Tenemos muchísimo". Sin embargo, en un almuerzo en la Casa Blanca ese mismo día, Trump anunció que su nuevo presupuesto nacional, que aumenta el gasto militar a 1,5 billones de dólares (sin incluir los 200.000 millones adicionales para reabastecer las armas utilizadas en sus recientes ataques contra Irán), significaba que "no nos es posible ocuparnos de la guardería, Medicaid, Medicare, todas estas cosas individuales. Pueden hacerlo a nivel estatal. No se puede hacer a nivel federal. Tenemos que ocuparnos de una sola cosa: la protección militar".

Abandonando la responsabilidad federal de larga data en la estabilidad y el equilibrio social, Trump está dejando que los gobiernos estatales locales asuman los costos para que el presupuesto federal pueda destinarse al gasto militar y al aumento de los pagos de intereses al sector financiero, junto con sus recortes de impuestos para los estadounidenses más ricos.

La segunda propuesta de Trump consistía en invitar a los países europeos y asiáticos que dependen del petróleo transportado a través del estrecho de Ormuz a que lo «apropiaran y lo cuidaran. Podrían hacerlo fácilmente. Seremos de ayuda, pero ellos deberían tomar la iniciativa en la protección del petróleo del que dependen con tanta urgencia. Vayan al estrecho y simplemente aprovéchenlo, protéjanlo, úsenlo para ustedes mismos. Irán ha sido prácticamente diezmado. Lo más difícil ya está hecho, así que debería ser fácil».

En otras palabras, dejar que los ejércitos europeos luchen hasta el último hombre en lo que el ejército estadounidense se ha resistido a hacer. No es de extrañar que ningún país europeo o asiático aceptara esta invitación para que sus ejércitos se convirtieran en blancos fáciles en un vano intento de obtener el control militar del estrecho frente a las elaboradas defensas de Irán.

Después de que Irán desafiara a Trump a atacar su economía, Trump intentó protegerse prometiendo un nuevo intento de negociación para evitar la reanudación de las hostilidades. Pero el vicepresidente Vance simplemente exigió la rendición de Irán bajo el pretexto de negociar las exigencias estadounidenses de que no desarrollara una bomba atómica ni enriqueciera su uranio. Cuando la farsa se desmoronó el 12 de abril, el gobierno iraní resumió el estancamiento resultante:

El enemigo estadounidense, que es vil, malvado y deshonesto, intentó lograr en la mesa de negociaciones lo que no pudo lograr mediante la guerraEntre estas exigencias se encuentran la entrega de uranio enriquecido y la apertura del estrecho de Ormuz sin que Irán haya confirmado su soberanía sobre él. Irán ha decidido rechazar estas condiciones y continuar la sagrada defensa de su patria por cualquier medio necesario, militar o diplomático.

El objetivo central del plan de diez puntos de Irán para poner fin a la guerra es garantizar que Irán no vuelva a ser atacado. La única forma de asegurarlo es eliminar todas las bases militares estadounidenses en la región. Ante la ausencia de una retirada voluntaria de EEUU, esto requerirá expulsarlas por la fuerza. Las mayores bases militares estadounidenses se encuentran en Israel y en el ejército yihadista suní wahabí, igualmente terrorista, de EEUU en Siria, con su presidente degollador.

Más allá del problema de las bases militares estadounidenses, toda la región se ha vinculado económica y políticamente a la economía de EEUU. Se ha convertido en una vía de inversión para Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y otros emiratos árabes (y sus élites adineradas) donde depositan ahorros en dólares. Estos estados también se han convertido en sede de empresas estadounidenses de tecnología de la información que utilizan su energía local a bajo costo para alimentar las instalaciones de inteligencia artificial de Amazon, Microsoft, Meta, Google y otras grandes compañías, en las que los inversores de la OPEP poseen importantes participaciones financieras.

Estas interconexiones han vinculado el destino de las dictaduras sunitas a las inversiones y los mercados financieros estadounidenses, lo que las ha llevado a aliarse con EEUU en su guerra contra Irán. Irán ha insistido en que, para que cese la influencia política, financiera y militar estadounidense sobre los países de la OPEP y otros exportadores de petróleo, deben eliminarse los vínculos económicos, como la inversión de las reservas de divisas de la OPEP y los fondos soberanos nacionales en bonos estadounidenses y otros valores financieros, así como la acogida por parte de la OPEP de empresas estadounidenses de tecnología de la información y otras inversiones, y la presencia de bases militares estadounidenses en sus países.

La oposición entre el control estadounidense y la libertad del resto del mundo

Centrándose únicamente en sus propios intereses, EEUU considera el éxito económico de las economías de mayor crecimiento y prosperidad, sobre todo las de China y sus países vecinos de Asia, como una amenaza a su seguridad. Por consiguiente, la política estadounidense impone sanciones y realiza otros intentos para perjudicar a dichas economías con la esperanza de someterlas, junto con sus principales industrias, a su control.

En términos más generales, la política estadounidense ha buscado mantener su dominio mundial destruyendo todo aquello que no puede controlar y monopolizar, desde el petróleo y los cultivos alimentarios hasta la tecnología de la información y las alternativas al sistema monetario internacional dolarizado.

La flagrante estrategia del intento de EEUU por recuperar su antiguo poder dominante queda explícita en su estrategia de seguridad nacional de diciembre de 2025. [5] Cualquier pretensión de proteger la libertad del comercio mundial y los movimientos de capital en un entorno donde todos los países se relacionan en igualdad de condiciones ha sido desmentida por la guerra de EEUU contra Irán. Dado que mantener la capacidad de controlar el acceso de otros países al petróleo es una herramienta estratégica de larga data en la política exterior estadounidense, EEUU pretende confiscar el petróleo de Irán porque ese petróleo y su comercio de exportación no están bajo su control.

La guerra contra Irán ha demostrado a los países árabes de la OPEP que, en lugar de protegerlos de un ataque, EEUU busca consolidar su control sobre su petróleo, tal como intenta hacerlo con el de Venezuela. El plan estadounidense consiste en derrotar a Irán y afianzar su control sobre el comercio petrolero de Asia Occidental, tras haberse apoderado ya del petróleo de Irak, Siria y Libia. Además, espera que un ataque para acabar con el control iraní del tráfico a través del estrecho de Ormuz impida que Irán adquiera el poder necesario para bloquear el comercio petrolero del Golfo y la consiguiente simbiosis económica y financiera entre EEUU y las dictaduras árabes de la OPEP en la región.

Esta disputa entre EEUU y Irán por el petróleo de países vecinos está generando caos en las naciones que dependen de él y amenaza con provocar un invierno económico y financiero global, como ya se ha descrito. Trump ha reconocido en los últimos días que esta crisis afectará menos a EEUU que a la mayoría de los demás países. Un efecto inmediato será el fortalecimiento del papel dominante de EEUU como exportador de GNL y petróleo.

El gobierno iraní reconoce que su lucha por liberarse implica liberar a su región del control estadounidense. Este será un proyecto a largo plazo, que escapa a la capacidad de Irán para resolverlo por sí solo. Una solución duradera requerirá una reestructuración de las relaciones geopolíticas mundiales. Para ello, es fundamental que la mayoría global en Asia y el Sur Global, e incluso quizás Europa Occidental, decida detener la escalada bélica de EEUU por el control del petróleo.

La estrategia de Irán para resistir lo que Trump reconoce como una amenaza para la civilización iraní consiste en demostrar al mundo que no permitirá ser aislado y derrotado mientras otros países permanecen pasivos y permiten su destrucción. Como ya se ha comentado, Irán ha anunciado que tomará represalias deteniendo toda la producción y el comercio de petróleo y gas de sus vecinos miembros de la OPEP. Esto provocará el invierno financiero global descrito anteriormente.

Como ha expresado Alastair Crooke, la postura iraní ha obligado a las naciones consumidoras de petróleo del mundo a elegir entre «Prosperidad para todos o prosperidad para nadie». La elección es entre «Seguridad para todos o seguridad para nadie» si su capacidad de exportación de petróleo y la del resto de la OPEP se bloquea o se destruye.

El mundo ha llegado a un punto de inflexión que está poniendo fin al orden mundial centrado en EEUU, creado en 1945. La repulsión contra el ataque estadounidense e israelí a Irán (y a Gaza, Cisjordania, Siria y Líbano) ha contribuido a aumentar la conciencia global sobre la necesidad de resistir este ataque directo a la civilización.

Esta agresiva política comercial, financiera y militar de EEUU está obligando al mundo a reinventar un nuevo sistema de relaciones internacionales de una magnitud y alcance tan amplios como el que se instauró bajo la dirección estadounidense entre 1944 y 1945. La Carta de las Naciones Unidas pretendía culminar un largo esfuerzo civilizatorio por establecer el derecho internacional basado en la soberanía nacional, libre de injerencias extranjeras. Sin embargo, las Naciones Unidas carecían de poder coercitivo, y los países occidentales permitieron que EEUU creara la crisis mundial actual.

La heroica resistencia de Irán ha hecho urgente el debate sobre cómo reconfigurar el orden mundial libre de la injerencia estadounidense. La única manera de lograrlo con éxito es que los países no occidentales, independientes de EEUU, actúen de forma coordinada. Se requiere una alianza de países con una masa económica crítica para que sus miembros puedan ser política y financieramente independientes de la economía estadounidense. Solo una masa crítica de este tipo puede garantizar la paz.

La lucha debe centrarse principalmente en la creación de nuevas instituciones internacionales. El mundo necesita reemplazar el control económico y geopolítico cada vez más hostil de EEUU con un conjunto multipolar de instituciones que abarque desde unas Naciones Unidas reformadas (o alternativas) hasta sustitutos del sistema financiero internacional dolarizado del FMI y del Banco Mundial con su filosofía de privatización neoliberal.

Los objetivos políticos también deben incluir la eliminación del legado poscolonial de la inversión occidental en el patrimonio mundial de materias primas (con sus manipulaciones contables para la evasión fiscal) y las ataduras de la deuda dolarizada que se ha acumulado como resultado de las políticas neoliberales de Occidente impuestas por el FMI y el Banco Mundial, respaldadas por la fuerza militar estadounidense y la injerencia política interna encubierta.

La creación de un nuevo orden internacional requerirá no solo nuevas alternativas a las Naciones Unidas, el FMI y el Banco Mundial, sino también a la Corte Internacional de Justicia para convocar un nuevo juicio al estilo de Núremberg para enjuiciar a los infractores de la ley, estadounidenses e israelíes, responsables de haber creado la crisis actual.

Al actuar como catalizador clave para la reconfiguración del orden internacional, Irán se ha convertido en una potencia mundial; no una gran potencia militar, ni siquiera una potencia económica como nación inversora o mercado, sino una potencia moral y política que impulsa al mundo a crear un orden internacional alternativo. La emergente Mayoría Global está destinada a ser liderada por China, Rusia e Irán, que constituyen la base para la autosuficiencia regional en Asia y el Sur Global, de modo que los países de estas regiones ya no necesiten depender de Occidente, centrado en EEUU, para su energía, fertilizantes, productos químicos, crédito y otros bienes esenciales.

Para EEUU, la amenaza reside en que la soberanía extranjera y la autosuficiencia económica reduzcan su capacidad para obligar a otros países a pagarle tributos financieros y a subordinarse políticamente. En lugar de proporcionar seguridad y normas que fomentaran la prosperidad mundial, como prometió en 1945, EEUU se ha convertido en el principal foco del caos. Y así como su concepto de seguridad de 1945 apuntaba al control económico mundial estadounidense, también lo hace su imperio del caos. El resultado es una crisis en la capacidad de la civilización para protegerse contra la ambición estadounidense de control y el tributo extranjero que la acompaña.

Trump se jacta, literalmente, de su capacidad para cometer los crímenes de guerra más atroces al amenazar con destruir la civilización iraní, mientras centra los ataques militares estadounidenses en zonas civiles en lugar de objetivos militares, como si quisiera demostrar la inmunidad de EEUU al derecho internacional en su estrategia de dominio económico a costa de otros países. Esta lucha no es un choque de civilizaciones, y mucho menos entre la civilización estadounidense o incluso occidental y la asiática. Es una lucha de barbarie contra los principios fundamentales de la civilización misma.


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Notas:
La terminología fue acuñada por Don Brennan en el Hudson Institute en 1962 y Herman Kahn la desarrolló ese mismo año en Pensando en lo impensable.

Leo Lewis y Demitri Sevastopolo, "El país que no puede decirle que no a Trump", Financial Times, 10 de agosto de 2026. Cita a un profesor que comenta que "Se está convirtiendo en una mala, casi abusiva, relación. Cuanto más intenta Japón complacer, peor es tratado".
https://x.com/Khanalizadeh_IR/status/2041465405680517303 , 7 de abril de 2026, @Khanalizadeh_IR.

Irán se unió a la Compañía Británica de las Indias Orientales para expulsar a los portugueses de la región en 1622, dejando a Gran Bretaña al mando de Omán, en el lado opuesto del estrecho, para controlar la ruta comercial hacia la India, junto con los holandeses. Omán había sido una potencia regional en la Edad Media, pero se convirtió en un protectorado británico en 1891.

Describo esta estrategia de seguridad nacional en "La elección global de hoy", Democracy Collaborative, 27 de febrero de 2026

domingo, 12 de marzo de 2023

Economista que predijo la crisis económica del 2008 advierte de un nuevo colapso similar en EE.UU.

RT Publicado:12 mar 2023 08:47 GMT

Stephanie Pomboy criticó las acciones del Gobierno, asegurando que no se pueden subir los tipos de interés tan rápidamente en un momento de especulación máxima y apalancamiento récord sin esperar ninguna consecuencia.


Imagen ilustrativaViaframe / Gettyimages.ru

EE.UU. está "al borde de una crisis financiera al estilo de la del 2008", señaló este viernes Stephanie Pomboy, fundadora de la empresa de estudios económicos MacroMaverns, conocida por su pronóstico de la crisis financiera global del 2008, en declaraciones al programa 'Tucker Carlson Tonight' de Fox News.

De acuerdo con Pomboy, no se pueden subir los tipos de interés tan rápidamente en un momento de especulación máxima y apalancamiento récord y no "esperar ninguna consecuencia". "Esto iba a suceder sin duda, y ahora estamos viendo cómo se rompen los eslabones débiles de cadena. Los sectores donde la especulación fue la más rampante y atroz están cayendo obviamente", subrayó.

Además, Pomboy criticó a la secretaria del Tesoro de EE.UU., Janet Yellen, calificando de "absolutamente loco" que dirija su atención a la "diversidad, equidad e inclusión" en tiempos como este.

Las declaraciones de Pomboy tienen lugar en el contexto de la reciente quiebra del Silicon Valley Bank (SVB), la mayor en EE.UU. desde el 2008, la cual podría tener profundas consecuencias en la economía estadounidense. Es el segundo prestamista regional en cerrar esta semana, después que Silvergate Capital Corp. anunciara la liquidación voluntaria de su banco, lo que levantó una ola de venta de acciones bancarias y turbulencias en el sector.


domingo, 7 de febrero de 2021

Europa riega de ayudas a sus empresas

La crisis del coronavirus ha obligado a los principales países del continente a desplegar una red de apoyo económico jamás vista en tiempos de paz a través de préstamos, subsidios y rebajas fiscales


Un camarero en un restaurante de París, el pasado junio.CHRISTIAN HARTMANN / REUTERS


París, Berlín, Londres, Roma, Bruselas, Nueva York - 06 FEB 2021 - 17:30 GMT-6

La pandemia ha enterrado por el momento el sacrosanto dogma de la austeridad que desde los países del norte se impuso durante la crisis financiera de 2008. En la Unión Europea, los Estados han salido en auxilio de las industrias más damnificadas por el confinamiento. En España, el Gobierno ha desplegado una red asistencial con los ERTE o la financiación a través de los préstamos ICO, aunque por el momento arrastra los pies ante la posibilidad de dar ayudas directas. Varias comunidades autónomas solicitan ese mayor esfuerzo para rescatar a dos de los sectores con mayor peso en la economía: el turismo y la hostelería. Estas son las ayudas públicas que se han activado hasta ahora en los principales países europeos.

Francia: “Cueste lo que cueste” a ritmo de Hamlet

Pese a haber estado en primera línea del frente contra la peor crisis que sufre Francia desde la Segunda Guerra Mundial, Bruno Le Maire, ministro de Economía, encontró tiempo en 2020 para escribir sus Memorias provisionales. En ellas hace un trepidante recuento de una pandemia cuya alta factura —más de 41.000 millones solo en “ayudas de emergencia” a empresas y trabajadores— nadie podía imaginar. Pero de la que dice no arrepentirse.

“Preservamos competencias que a Francia le costó décadas crear y evitamos un tsunami de quiebras”, dijo en enero ante el Senado. Pero según reconoce en su libro, en el que cita la máxima de Hamlet de “estar preparado para todo”, para un conservador como él no fue fácil. “Después de tres años de esfuerzos para reducir los gastos públicos y hacer que el déficit bajara del 3%, después de meses de discusiones presupuestarias arduas, en las que contábamos cada millón, mi director de gabinete me propone gastar en 24 horas 300.000 millones de euros”, cuenta sobre el vértigo que sintió los 15 primeros días de marzo en que se “jugó la economía de Francia” a pesar de que el presidente, Emmanuel Macron, había dado una consigna clara, “cueste lo que cueste”. Tan nervioso estaba que consultó a su amigo Mario Draghi. “Me dijo: gasta tu dinero, amigo. Es tiempo de gastar. Ahora mismo. Más tarde, será demasiado tarde”. Y Francia gastó.

En marzo, París aprobó préstamos garantizados por el Estado por hasta 300.000 millones de euros (al final se concedieron 135.000 millones en 2020). Además, dio el visto bueno a un paquete de ayudas a empresas y trabajadores por 45.000 millones iniciales, que a finales de año llegó a los 87.000 millones para adaptarse a los nuevos golpes de la crisis, sobre todo el segundo confinamiento, a finales de octubre, y la decisión, a mediados de diciembre, de mantener cerrados sine die los sectores de la restauración y la cultura. De esa partida, finalmente se gastó la mitad: más de 23.000 millones de euros fueron al paro parcial; casi 12.000 millones al “fondo de solidaridad”, las ayudas a pequeñas y medianas empresas obligadas a cerrar o a reducir fuertemente su actividad, que se han ido ampliando y adaptando, para centrarse sobre todo en los sectores más afectados —turismo, restauración y cultura—, y 4.000 millones más en exoneraciones fiscales, entre los principales desembolsos.

Finalmente, la economía francesa se contrajo el año pasado un 8,3%. La cuenta es alta y es probablemente uno de los factores que están pesando más en las decisiones del Gobierno, que lleva semanas dudando si dictar o no un nuevo confinamiento. Si lo hace, se estima que la economía se contraerá este primer trimestre un 1%. Si se sigue como hasta ahora —con toque de queda y la hostelería y la cultura cerrados—, el PIB crecerá en torno al 1,5%. Confinar o no confinar, esa es la cuestión.

Alemania: ayudas directas, inyecciones de capital y bajadas del IVA

La pandemia ha obligado a Alemania a destinar el mayor paquete de ayudas de su historia para proteger empleos y empresas, de 750.000 millones de euros. Solo en subvenciones directas ya ha desembolsado unos 80.000 millones, dijo el ministro de Economía, Peter Altmaier, en el Parlamento la semana pasada. De ellos, 23.000 millones se han destinado al equivalente a los ERTE españoles, el kurzarbeit, o jornada reducida subvencionada, para evitar despidos. El Estado asume temporalmente entre el 60% y el 87% del salario que deja de percibir el trabajador por la reducción de jornada. En agosto se aprobó prorrogar el kurzarbeit hasta finales de 2021. El ministro de Trabajo, Hubertus Heil, ha reconocido que la medida es “muy cara”, pero “el desempleo masivo resultaría económicamente y socialmente mucho más caro”. Además de estas medidas, los Estados federados tienen sus propios programas.

También ha habido ayudas millonarias a grandes empresas. A finales de mayo, el Gobierno acordó con Lufthansa un paquete de rescate valorado en cerca de 9.000 millones a cambio de una participación del 20% en el capital. En abril, el turoperador TUI recibió 1.800 millones de euros, a finales de verano otros 1.200 y en diciembre 1.300 más, entre créditos públicos y bonos convertibles.

A principios de julio, cuando la situación epidemiológica era muy estable, los tipos de IVA se redujeron del 19% al 16% y del 7% al 5% hasta diciembre para estimular el consumo. Un estudio del Instituto IFO concluyó que esa rebaja temporal del IVA apenas tuvo efecto y no compensó la pérdida de recaudación. La medida no se ha prolongado en 2021. El IVA para la hostelería al 7% se mantendrá durante todo el año, según acordó esta semana el Gobierno.

Las pequeñas y medianas empresas del comercio, el transporte y la hostelería reciben ayudas extraordinarias para paliar las pérdidas por los cierres obligatorios del segundo confinamiento, que empezó en noviembre, de forma que puedan atender a los costes fijos. El Gobierno sufraga el 75% de los ingresos que declararon en noviembre de 2019.

Durante la pandemia también ha habido ayudas directas a las familias. Entre octubre y noviembre se les ingresó 300 euros por hijo, y esta semana los socios de la coalición de Gobierno (los cristianodemócratas de la CDU y los socialdemócratas del SPD) han aprobado un nuevo ingreso de 150 euros. Es un bono compatible con otras ayudas y que se cobra independientemente de la situación de la familia. Se han aprobado asimismo deducciones fiscales para padres y madres solteros.

Reino Unido: hasta 10.000 euros para cada local de hostelería

Todo fueron parabienes cuando el ministro de Economía británico, Rishi Sunak, anunció el pasado 11 de marzo un giro presupuestario. Eran sus primeras cuentas públicas, y el objetivo era contener a toda costa los estragos de la pandemia. El paquete de medidas comenzaba a aparcar la ortodoxia fiscal, sin renunciar del todo a ella. El impacto de la covid-19 sería “relevante” pero “temporal”, decía el ministro. Financiación extraordinaria para el Servicio Nacional de Salud y ayudas limitadas a las empresas en forma de impuestos diferidos o avales de crédito. Seis días después, el Gobierno de Boris Johnson empezaba a comprender lo que se le venía encima. Para entonces se registraban ya más de 750 infectados cada día, y el índice de transmisión era de 509 casos por cada 100.000 personas (en el Reino Unido se mide cada semana). Se puso sobre la mesa un plan de 375.000 millones de euros que incorporaba ya subvenciones directas. El 15% del PIB. Arrancaba el Jobs Retention Scheme (Plan de Retención de Empleos), un sistema similar a los ERTE españoles que la ley británica no había contemplado. El Estado asumía un 80% del salario de los trabajadores retenidos en sus casas, hasta un límite de 2.800 euros mensuales. Sunak quiso ir rebajando gradualmente esta ayuda. En verano llegó a sugerir que estaba a punto de desaparecer. La presión política, y sobre todo la insistencia de un virus que nunca desapareció del todo, torcieron su voluntad. Por ahora el plan se mantiene vigente al menos hasta abril.

La hostelería ha sufrido el impacto como ningún otro sector. Las ayudas directas, a fondo perdido, para todos los negocios obligados a permanecer cerrados ascendieron a un límite de 3.400 euros mensuales. El 5 de enero, durante la tercera ola, el Gobierno fue más allá y comprometió hasta 10.000 euros, en un solo pago, que se podrían sumar a las subvenciones mensuales. El IVA (VAT, por sus siglas en inglés) de restaurantes, hoteles o pubs se mantiene rebajado del 20% al 5%, y el sector reclama que la cifra sea permanente y no provisional.

El Reino Unido está inmerso en niveles históricos de endeudamiento y es una de las economías europeas que ha sufrido un mayor descenso del PIB en 2020 (más de un 10%), pero el Banco de Inglaterra pronostica una rápida recuperación, gracias al acelerado plan de vacunas, y ha respaldado todas las ayudas directas.

Italia: restricciones, ayudas estatales y protestas

En Italia, casi cada decreto del Gobierno para controlar la situación sanitaria, a menudo con el cierre progresivo de actividades económicas y con restricciones a la movilidad, ha ido acompañado de ayudas públicas. Las últimas, de cerca de 2.000 millones de euros, se aprobaron en noviembre. En total, el país ha impulsado unos estímulos de hasta 100.000 millones, desglosados en ocho grandes decretos económicos.

Una de las primeras medidas que se tomaron en marzo, una semana después de que se ordenara el confinamiento, fue el veto a los despidos por causas económicas, que aún sigue vigente. También se aprobó la suspensión temporal de las obligaciones fiscales de empresas y ciudadanos, el retraso en el pago de hipotecas, un fondo para los ERTE y varios bonos de diferente tipo para niñeras, por el cierre de las escuelas o para adquirir material para la enseñanza a distancia, entre otras, o indemnizaciones para los trabajadores del turismo, el deporte o la cultura. El primer ministro, Giuseppe Conte, subrayó: “Sabemos que no bastará, pero queremos dar el mensaje de que el Gobierno responde hoy y responderá mañana”.

En la primera ola emergió con crudeza la histórica brecha entre el próspero norte y el depauperado sur, donde la economía sumergida y el trabajo en negro mantienen a cerca de cuatro millones de personas. En marzo, el Estado comenzó a repartir a través de los Ayuntamientos bonos alimentarios para las personas más desfavorecidas. Se anunció poco después de que la policía tuviera que intervenir en Sicilia tras algunos saqueos en supermercados. Y en mayo introdujo los subsidios de emergencia de hasta 400 euros para las rentas más bajas.

La presión sobre el Gobierno siempre ha sido alta y en octubre estalló una ola de protestas contra las restricciones y la falta de ayudas, en particular para la hostelería, el comercio o el taxi. El Ejecutivo respondió en apenas dos días con un nuevo paquete de estímulos de 5.400 millones.

El mayor reto ha sido sortear la enrevesada burocracia y agilizar el proceso para que las ayudas llegaran a tiempo. Al inicio, la confusión fue tal que, ante el temor de que los fondos quedaran estancados, las primeras compensaciones a fondo perdido de 600 euros para los autónomos se repartieron de forma indiscriminada a todos, sin filtros. Después, el mecanismo se endureció y hay sectores, como la cultura, que protestan porque aún no han recibido los subsidios prometidos.

Bélgica: ayudas adaptadas a cada ola del virus

Las intensas oleadas de contagios de Bélgica han llevado al Gobierno federal a imponer duras restricciones que han afectado a la actividad económica. El anterior ejecutivo de Sophie Wilmès cerró todos los negocios no esenciales: desde la restauración hasta el pequeño comercio. Bélgica, con una fuerte red asistencial, tendió una malla a empresas y trabajadores: puso en marcha los mecanismos de protección temporal del empleo, el chômage partiel, equivalente a los ERTE, activó un régimen de garantías por 50.000 millones y lanzó ayudas directas a los autónomos, que recibían 3.228 euros mensuales en caso de profesiones independientes con familia y 2.584 euros para quienes no tuvieran nadie a su cargo.

Los buenos datos de infecciones permitieron ir levantando las restricciones en mayo. Se hizo de forma progresiva: primero las tiendas, luego los gimnasios y equipamientos, posteriormente los restaurantes y en última instancia los bares. Lo hicieron con restricciones de aforo y horario, por lo que el Gobierno mantuvo una ayuda para acompañar a las empresas hacia la recuperación de entre 1.291 y 1.614 euros por persona, y desplegó rebajas fiscales —el IVA para la hostelería pasó del 12% al 6%— y aumentó bonificaciones para fomentar las inversiones del 8% al 25% de los montantes.

La segunda oleada, sin embargo, obligó a Bélgica a dar otro cerrojazo en todos los negocios no esenciales. De nuevo, cada cierre iba acompañado de ayudas. El Gobierno actual, liderado por el liberal Alexander de Croo, recuperó las prestaciones de paro parcial y volvió a apuntalar los negocios de los autónomos. Las tiendas reabrieron en diciembre, pero no sucedió lo mismo con peluquerías, bares o restaurantes. El Gobierno federal decidió entonces dividir esas subvenciones en dos tramos: las empresas cerradas seguirán percibiendo entre 2.584 y 3.228 euros mensuales, mientras que las que han abierto pero puedan acreditar que su facturación ha caído un 40% recibirán entre 1.291 y 1.614 euros.

A todas esas ayudas hay que añadir las subvenciones y desgravaciones de los Gobiernos regionales. Bruselas, por ejemplo, otorga ayudas de 1.500 euros a comercios que tuvieron que cerrar y ha anunciado que prepara un paquete con cantidades más generosas para bares y restaurantes (entre 5.000 y 36.000 euros), alojamientos (entre 5.000 y 50.000 euros) y discotecas (entre 60.000 y 100.000 euros). También habrá ayudas concretas para el sector turístico, después de que el Gobierno cerrara la puerta a viajes no esenciales. Toda esa maraña de medidas ha tenido un efecto secundario: ha hecho revivir a empresas zombis. El Banco Nacional de Bélgica estima que unas 8.000 empresas han pasado a ser rentables gracias al dinero público. Un mal menor en un país en el que, según la entidad, una de cada cuatro empresas no podía atender sus obligaciones financieras por el coronavirus.

Cheques y cupones de alimentos en EE UU

La primera oleada de la pandemia provocó el cierre de la economía en buena parte del país, con el Estado de Nueva York como epicentro. Como consecuencia del confinamiento, millones de personas perdieron sus empleos y miles de negocios cerraron —especialmente en el sector servicios, golpeando sobremanera a los trabajadores precarios—. El Congreso aprobó en marzo el primer paquete de estímulos, de 2,2 billones de dólares (1,8 billones de euros). Del total, se destinó una línea de crédito de 367.000 millones (304.000 millones de euros) para las pymes afectadas por el parón económico, además de un fondo de 500.000 millones (415.000 millones de euros) para industrias, ciudades y Estados. El resto de ayudas se dirigía a las familias, mediante cheques directos de 1.200 dólares (996 euros) y cupones para la compra de alimentos subvencionados. También se amplió la duración del subsidio de desempleo. El que hasta entonces era el plan de rescate más potente de la historia de EE UU pronto se mostró insuficiente, a medida que se descontrolaban los contagios de la covid-19.

En diciembre, en el segundo programa de ayudas aprobado por el Congreso tras meses de bloqueo partidista, con un monto de 900.000 millones de dólares (747.000 millones de euros), se dispusieron 250.000 millones (207.000 millones de euros) adicionales para préstamos a empresas. Los particulares con ingresos anuales inferiores a 75.000 dólares (62.000 euros) recibieron nuevos cheques, pero esta vez de 600 dólares (498 euros), en sustitución de los ya extintos de 1.200. La aprobación del plan fue consecuencia directa de la recidiva del coronavirus tras el paréntesis veraniego, durante el que la mayoría de Estados reanudaron total o parcialmente la actividad económica (por ejemplo, los negocios de restauración y de ocio). La segunda oleada de la pandemia, perceptible en otoño, llegó a su punto culminante en el periodo de las vacaciones de diciembre, sobre todo en el Medio Oeste.

Coincidiendo con la tercera ola, y cuando el país bordea los 26,5 millones de casos y 450.000 muertos, el ambicioso plan anticoronavirus del presidente Joe Biden depende de la aprobación del Congreso. Casi dos billones de dólares (1,6 billones de euros), la mitad de los cuales se distribuirá en cheques de 1.400 dólares (1.162 euros) a las familias, y otros 440.000 millones (365.000 millones de euros) para apoyar a las pymes y comunidades más afectadas. La cuantía de este plan integral está cosechando críticas por parte de los republicanos, que reclaman recortarlo a un tercio. Hoy hay en EE UU 10 millones menos de empleos que antes de la pandemia de coronavirus. Mientras, la Reserva Federal (Fed) ha instaurado una larga era de tipos cero para animar el crecimiento y el empleo.

lunes, 26 de octubre de 2020

¿Ha vuelto Keynes a Sudamérica?





En los últimos años las noticias de la prensa económica en Sudamérica parecían estar marcadas (aunque con excepciones) por una mayor preocupación por el equilibrio presupuestario, la sostenibilidad de la deuda a largo plazo, la reducción de la inflación y la recuperación de la libertad económica.

Todas estas cuestiones han estado tradicionalmente ligadas a escuelas económicas como la monetarista, pero la irrupción del COVID-19 parece haber cambiado el panorama por completo.

La respuesta de los gobiernos en Sudamérica a la crisis económica y sanitaria ha disparado las previsiones de endeudamiento con las que se contaba a principios de 2020. En este contexto, las autoridades de la región se enfrentan a un difícil dilema: lanzar planes de estímulo para contener el impacto de la recesión y verse hipotecadas durante los próximos años o mantener el equilibrio presupuestario y dejar que el sector privado solucione sus problemas sin apoyo público.

Las ideas keynesianas, de esta manera, vuelven a estar en el centro del debate.

Un continente con economías y soluciones diversas

Como siempre ha ocurrido en el continente sudamericano existe una gran diversidad de realidades económicas entre países, aunque en este caso todos tienen previsto aumentar su endeudamiento. En este sentido el caso más paradigmático es quizás el de Brasil, cuya deuda pública se espera que llegue al 100% del producto interior bruto (PIB) a finales de 2020.

En este país, uno de los más afectados por la pandemia en número de víctimas, el PIB cayó un 11,4% interanual al finalizar el segundo trimestre del año y en consecuencia también se han desplomado los ingresos públicos. Los gastos han crecido con fuerza, no sólo por las necesidades sanitarias de la población sino también por los nuevos planes sociales (como una renta mínima de 600 reales al mes). El resultado ha sido un aumento del déficit público, lo que repercutirá directamente en mayores niveles de deuda.

Otro país que tiene previsto endeudarse en una proporción similar es Ecuador, donde el gobierno ha estado negociando un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para recibir ayuda financiera. En este caso, de forma similar a lo que ocurre en Colombia, no se han puesto en marcha grandes planes de estímulo en forma de gasto público. En su lugar, el Estado ha garantizado avales para las empresas que soliciten líneas de crédito.

Por el contrario, el gobierno de Perú ha lanzado el programa de gasto más ambicioso de la región. Contando con un 4,6% del PIB, planes como Arranca Perú buscan crear puestos de trabajo a través de la construcción de obras públicas. Si a estas medidas se suman los avales del Estado a créditos solicitados por empresas (plan Reactiva Perú) y las prórrogas de impuestos, el monto total de los estímulos podría llegar a un máximo del 20% del PIB.

Relanzando la economía

La lógica de estos programas, que como hemos mencionado se están aplicando en numerosos países de la región, se basa en que una caída tan abrupta del PIB exige medidas de recuperación igualmente drásticas. La fórmula elegida suele ser un plan de obras de infraestructura financiadas con deuda pública que puedan beneficiar a diversos sectores y a lo largo de toda la geografía de cada país.

El efecto buscado es que la construcción de estas obras públicas haga crecer la demanda agregada, lo cual reactivaría la actividad económica creando nuevos puestos de trabajo. A su vez, el gasto en salarios y materiales tendría un efecto expansivo ya que las empresas y trabajadores beneficiados aumentarían su consumo en otros sectores de la economía.

La estrategia pasa, en este sentido, por dar un impulso adicional a la demanda agregada que a su vez estimule la oferta, un fenómeno conocido como multiplicador del gasto público. Cabe recordar que estas ideas de inspiración keynesiana tuvieron una gran popularidad durante la Gran Depresión de los años 30, y llegaron a su máxima expresión con el New Deal en Estados Unidos.

Los propios partidarios de estos planes de estímulo reconocen que su aplicación podría profundizar aún más los desequilibrios presupuestarios del Estado y trasladar el coste a las generaciones futuras a través de la deuda pública. Sin embargo, suelen sostener que la prioridad es recuperar el PIB lo antes posible, dado que una economía fortalecida tendrá más capacidad para afrontar el pago de la deuda aunque ésta sea más elevada.

La lógica del ajuste

Por el contrario, los detractores de estas medidas consideran que su efectividad es muy limitada por dos razones. En primer lugar, el hecho de emitir deuda pública hoy supondría más impuestos en el futuro (o recortes del gasto público) y de esta forma se reduciría la renta disponible del sector privado a largo plazo, ralentizando la recuperación.

En segundo lugar, la reactivación artificial de los sectores más directamente beneficiados no respondería a las necesidades reales de los consumidores. Esto significa que cuando los programas hayan acabado se despediría a los trabajadores y la economía volvería a su situación inicial.

Este punto de vista suele preferir una recuperación más basada en la Ley de Say, es decir donde los empresarios reajustan su producción a los nuevos patrones de demanda. De esta manera los nuevos puestos de trabajo creados serían más sostenibles ya que estarían dirigidos a necesidades reales de los consumidores en lugar de a proyectos temporales.

Políticas de oferta

No obstante, para que una reactivación de este tipo sea factible suele ser necesaria una gran flexibilidad de los factores de producción, lo que significa entre otras cosas una política de bajos impuestos, respeto a la propiedad privada y desregulación de la actividad económica y las relaciones laborales. Como hemos comentado en artículos anteriores, la capacidad de respuesta de una economía para adaptarse a los cambios producidos por un shock de oferta puede ser fundamental.

Naturalmente este enfoque tampoco está exento de objeciones, como los desfases presupuestarios que a corto plazo podría suponer una rebaja de impuestos. Otro aspecto problemático suele ser que si las empresas no consiguen readaptarse con rapidez el desempleo podría consolidarse en tasas excesivamente altas. Todo ello sin contar con la cuestión siempre polémica sobre las consecuencias sociales de desregular el mercado laboral y los movimientos de de capitales.
Decidiendo el futuro

La mayoría de los gobiernos de Sudamérica parecen haberse adherido a las políticas de demanda agregada, rechazando una recuperación basada en la Ley de Say. En artículos anteriores hemos comentado un ejemplo como el de Irlanda donde estas ideas fracasaron, aunque también muchos analistas recurren a casos opuestos como el New Deal en los que este tipo de política tuvo efectos positivos.

Cabe destacar, dicho todo esto, que los planes de estímulo sobre la demanda agregada tienen mayores probabilidades de éxito cuando el aumento de deuda se destina a inversiones productivas y no a transferencias. Es decir, no es lo mismo gastar 1 millón de euros en un programa de subsidios (transferencias) que gastar 1 millón de euros en la creación de una empresa para crear puestos de trabajo (inversión productiva).

Se trata sin duda de una decisión que difícilmente puede encontrar un consenso unánime entre los economistas, pero que en cualquier caso no podrá evaluarse con seguridad hasta que hayan pasado unos años y se pueda ver el impacto del endeudamiento sobre la recuperación. De ello dependerá si la región se enfrenta a una nueva década perdida o si por el contrario aprovecha su enorme potencial para salir de esta crisis.

martes, 1 de septiembre de 2020

Una de cada cuatro empresas españolas está en quiebra técnica

Ocio y turismo son los sectores más afectados y las pequeñas empresas son las más vulnerables 

Actualizado 1 septiembre, 2020 || Por R. P. 


Tras cerca de seis meses desde el estallido de la crisis del Covid-19, las empresas españolas, especialmente las vinculadas al mundo del turismo y del ocio, se encuentran en una situación agónica. La magnitud de la recesión económica que ha traído consigo la pandemia ya ha provocado que casi una cuarta parte de las compañías con sede en España se encuentren en quiebra técnica, es decir, con un patrimonio neto negativo.

Según un informe del Banco de España del que se ha hecho eco Efe, las necesidades de liquidez de las empresas del país podrían rebasar los 230.000 millones de euros entre abril y diciembre. La entidad calcula que los avales públicos podrían cubrir cerca de un 75% de dicho déficit, mientras que para el 25% restante se podría hacer uso de colchones de liquidez o recurrir a nueva deuda sin avalar.

El informe hace referencia a los diferentes niveles de vulnerabilidad financiera en función de los sectores económicos y del tamaño de la empresa, siendo las pymes las que afrontan la recesión en una posición más débil. También señala directamente al turismo y ocio, así como al transporte, como algunos de los más afectados por la pandemia. Es más, advierte que el 45% de las compañías del sector de la hostelería, ocio y restauración corren serio riesgo de impago si no se contiene la crisis del coronavirus.

Según apunta La Razón, de acuerdo a la legislación concursal, las empresas con patrimonio neto negativo deben ser disueltas por cuanto no disponen de capital social suficiente como para alcanzar su objeto social. No obstante, el Gobierno ha aprobado una moratoria extraordinaria por la situación excepcional.

( Preferente)

viernes, 12 de junio de 2020

La geometría de la crisis económica




Eduardo Gudynas, Rebelion;

Al abordar la crisis desencadenada por la pandemia de covid 19 enseguida aparecen las evaluaciones económicas. Se escuchan o leen análisis sobre la severa caída de las economías nacionales y predicciones de sus posibles evoluciones apelando a gráficas. Entre las más citadas están las que describen una crisis en L, con una caída pronunciada del producto bruto que se mantiene por largo tiempo. Otros vaticinan una recuperación más rápida, llamada en U. Algunos creen que habrá caídas y subidas alternadas por lo cual el dibujo es de una W. 

Desde los medios globales especializados en economía se advertía sobre la “sopa de letras del alfabeto” para describir la crisis (1). Con entusiasmo redoblado, la lista de posibles curvas se amplió aún más, y hasta se amplió a seis tipos distintos (crisis en L, V, U, S, Z y W) (2). 

Todo eso está revestido de un barniz propio de la sabiduría de los expertos, con complejos cálculos económicos para obtener indicadores, pero que de todos modos se resumen en unas simples curvas. Trazos entre dos ejes. Hay allí al menos dos presupuestos que casi nadie discute pero que merecen ser analizados. Por un lado, la simplificación extrema de la estructura y dinámica económica de un país, y por el otro, que todo eso ello se puede expresar en un número, casi siempre el Producto Bruto Interno (PBI), dando por válido que resume la esencia de toda una economía nacional. Desde esos dos presupuestos se dibuja la geometría de la crisis actual y de sus posibles futuros. 

Descartes detrás de las gráficas 

Ese formidable esfuerzo de simplificación comienza por concebir a los países como sistemas simples, asumiendo que se pueden conocer todos sus componentes y las relaciones entre ellos. Es como si Brasil fuese una máquina y cada una de sus piezas estuviese identificada y se saben cuáles son sus funciones. Se pretende conocer cómo funcionan componentes tan distintos como las fábricas en una ciudad en un extremo del país o los agricultores en el otro extremo, y los modos por los cuales interaccionan para constituir la economía nacional. De ese modo, los economistas convencionales proponen ajustes o recambios para “acelerar” o “frenar” la economía. 

Esa perspectiva puede representarse en una gráfica simple, como si el PBI fuese la “velocidad” con la que crece (o no) la economía nacional.Por ejemplo, el 28 de mayo de 2020 la CEPAL en su informe sobre los impactos de la pandemia predecía contracciones en todos los países. Sus estimaciones iban de – 4%para Chile y Uruguay, pasando por el – 5,2% para Brasil y llegando al – 6,5% de Argentina (3). A medida que avanzaron las semanas, los reportes dentro de cada país fueran cada vez peores. 

Cuando se utilizan analogías como máquinas o gráficas en base a un número es inevitable recordar a René Descartes. En el siglo XVII Descartes insistía en que la realidad podía ser encarada como si fuera un reloj y si se conocían cada una de las piezas de esa maquinaria se podría entender su funcionamiento y predecir cambios al futuro. Al mismo tiempo Descartes utilizaba todo tipo de esquemas e imágenes en sus libros, por ejemplo para describir fenómenos ópticos. En eso se originan múltiples tensiones que siguen presentes hasta el día de hoy y llegan a esas gráficas de la crisis por el coronavirus. 

Es que Descartes era un extremista del escepticismo, dudando incluso de los datos empíricos ya que la verdad sólo se lograría por la experimentación. Como las imágenes están más allá de ese método, serían apenas una ilusión. Traducido al día de hoy, las curvas de caídas y recuperaciones económicas también serían una ilusión, o al menos una representación deformada de la realidad ante la cual habría que estar alerta. Pero al mismo tiempo, al repasar los libros de Descartes es evidente que usaba los esquemas con mucha intensidad y originalidad al explicar sus ideas. Justamente eso es lo que hoy en día practican los economistas y consultores con sus dibujos. 

En efecto, las gráficas y modelos de la economía contemporánea de algún modo repiten esa tensión. Deben lidiar con dos propósitos irreconciliables: representar directa y acertadamente la realidad que abordan, aunque como esa representación es una deformación deberían evitarlas. El economista dirá que es “obvio” que las gráficas del PBI no representan a todos los componentes de una economía nacional pero eso no impide reconocer que muchos de ellos, junto a empresarios, políticos o periodistas, usan esas imágenes como si así fuera. Esa concepción cartesiana del “motor” económico es muy clara en el equipo de Paulo Guedes, el ministro de economía de Jair Bolsonaro, al pretender saber cómo funciona esa maquinaria y así predecir que cada semana de aislamiento o cuarentenas representa pérdidas por 20.000 millones de reales (4). 

Indicadores y metáforas 

En Brasil como en todos los demás países las gráficas de la crisis utilizan las subas y bajas en el PBI, el Producto Bruto Interno. Este es un número calculado a partir del valor económico de los bienes y servicios producidos dentro de un país en un cierto período de tiempo. Sus orígenes están en la II Guerra Mundial, a partir del trabajo del economista Simón Kuznets en Estados Unidos, con el propósito de tener un número que resumiera el estado de la economía del país, de las capacidades de compra de las familias y de la salud de las empresas. 

Pero con el paso de los años, el PBI se convirtió en mucho más que eso, a medida que el desarrollo pasó a ser entendido como crecimiento en el producto. Todos celebraban sus aumentos y se alarmaban con sus caídas, haciendo que el PBI fuese un objeto de deseo en sí mismo. Se transformó en un número que parecía develar las esencias de una economía. Fue adoptado por legiones de economistas, y desde allí se extendió a empresas, bancos y gobiernos. En uno de los libros de texto más usados en economía, Paul Samuelson y William Nordhaus, premios Nobel en esa categoría, afirman que el PBI fue una de las más grandes invenciones del siglo XX (5). 

Ese ascenso fue de la mano con el creciente tránsito de muchos economistas hacia la consultoría y la política. Ellos se sumaron a los políticos en ofrecer planes de crecimiento, eliminación de los obstáculos al crecimiento, aceleramiento del crecimiento, y muchas otras variedades de ese tipo. 

Pero al mismo tiempo se acumula la evidencia en sus limitaciones. No sólo es iluso que ese número represente a toda una economía, sino que hay componentes que son explícitamente excluidos, como el trabajo no remunerado de miles de mujeres o la producción de agua que brinda la Naturaleza, y aún si fueran incorporados es muy discutible cómo valorarlos económicamente. Tampoco es menor que las curvas del PBI imponen una homogeneidad irreal al cobijar situaciones tan distintas como un empresario que exporta carne o el que maneja el bar del barrio. El PBI hace desaparecer las desigualdades. Es por eso que, una vez más, Descartes tenía razón y el PBI es también una imagen distorsionada. 

El uso del PBI y los dibujos de gráficas terminan siendo representaciones unas dentro de otras, y sirven para sostener metáforas. La economía contemporánea está repleta de ellas, fortalecidas de tal manera que dejaron de ser un recurso estilístico para convertirse ellas mismas en una nueva realidad. Se habla de una economía “fuerte” o “débil”, de “acelerar” o “frenar” el PBI, e incluso se otorga una condición casi metafísica al mercado como si fuera un ser en sí mismo. 

Apelar a metáforas para describir la crisis, por ejemplo describiéndola como una U, tiene sus ventajas pero también muchas de las desventajas que aquí apenas se comentan. Se las disimula bajo el halo del saber experto, de las ecuaciones y modelos matemáticos, aunque por más variables que se sumen, como siempre se parte de supuestos en ello retornan las tensiones cartesianas. Seguimos sin poder romper las ataduras con Descartes. 

Al ser representaciones metafóricas, al final de cuentas la estimación de la crisis que hace cualquier vecino en el barrio, en su esencia puede ser tan válida como la de los analistas económicos o los catedráticos universitarios. En la geometría de la crisis se desvanece la pretendida superioridad del saber del experto y es necesario escuchar todas las voces. 
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Notas: 
(1) Alphabet soup: Understanding the shape of a COVID-19 recession, por D. Rodeck, Forbes, 19 Abril. 
(2) Just one in 10 fund managers expect V-shaped recovery for US economy, C. Smith, Financial Times, 25 Mayo. 
(3) Informe sobre el impacto económico en América Latina y el Caribe de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), CEPAL, Santiago de Chile. 
(4) Governo estima que cada semana de isolamentogeraperda de R$ 20 bilhões no PIB, D. CaramFolha São Paulo, 13 mayo, https://www1.folha.uol.com.br/mercado/2020/05/governo-estima-perda-de-r-20-bilhoes-no-pib-para-cada-semana-de-isolamento.shtml 
(5) Macroeconomics, P.A. Samuelson y W.D. Nordhaus, McGraw Hill, 2010.