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sábado, 18 de julio de 2026

Las 176 medidas: ¿despegará el nuevo plan de reformas en Cuba?


Las 176 medidas son el giro más profundo que proyecta el gobierno cubano en la reforma de su modelo económico y social entre debates y dudas de la sociedad.



17 julio, 2026




El gobierno de Cuba ha puesto a correr un programa que conduce a una reforma más profunda de su modelo económico y social.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El Plan de 176 medidas presentado por el gobierno cubano en junio promete acelerar la reforma económica y social emprendida en Cuba desde hace más de una década. La apuesta oficial emerge entre debates recalentados sobre los destinos del socialismo cubano y hasta las dudas sobre la viabilidad de estas transformaciones en una economía asediada por Estados Unidos.

A la par, una sintomática recuperación del peso cubano en el mercado cambiario informal le ha dado aparente respaldo a las nuevas propuestas.

El diálogo social se inclinó de inmediato hacia las lecturas políticas polarizadas que suele suscitar la Revolución Cubana. Los temores de unos a la brújula ideológica de los cambios compartieron espacio con las críticas de otros a las demoras para emprenderlos. Afloraron criterios al respecto en las redes sociales, en la prensa global, en el parlamento unicameral y en las reflexiones de economistas y de otros expertos.

Las nuevas medidas recibieron luz verde en lo que parece, ciertamente, el peor momento posible, pese a que una gran parte ya estaba en la letra de documentos bendecidos por la mayor autoridad política del país, los congresos del Partido Comunista de Cuba (PCC), desde hace década y media. ¿Demasiado tarde?

Aunque la respuesta a esa pregunta absorbió los primeros debates, uno de los economistas críticos desde hace años, Juan Triana, optó por recordar una vieja sentencia china: “el mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años; el segundo mejor momento es ahora”.

El presidente Miguel Díaz-Canel mencionó el 27 de junio pasado: “la autocrítica que debemos hacernos todos, comenzando por los máximos dirigentes del país y de sus organizaciones e instituciones, por la dilación en el tiempo en espera de una mayor conciencia colectiva con respecto a la necesidad de los cambios y de un contexto más favorable”.

Esta idea, admitida ante el XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, la reiteró en otras tribunas.

¿Despegará esta vez una reforma que plantea como primera complejidad la vulneración de un modelo de planificación centralizada que, durante seis décadas, constituyó pilar del Estado? El rediseño del poder estatal en la economía requerirá saltar sobre viejas polémicas ideológicas en las que se empantanó el consenso político de escalar la reforma presentada bajo títulos diversos desde los años 90 del siglo XX.

“Ese error no nos está permitido repetirlo en esta circunstancia”, remató Díaz-Canel ante el congreso sindical.

Obstáculos en contra


Las 176 medidas incorporan novedades que no eran esperadas, pero le da continuidad en lo esencial a líneas concebidas en programas anteriores. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La resistencia ideológica y las lecturas ortodoxas de abandono o traición del socialismo reemergieron con la presentación del nuevo programa. Pero más alcance para obstaculizarlo pudiera esperarse, esta vez, de otras condiciones objetivas del contexto, en primer lugar, las presiones geopolíticas de EE.UU.

Las órdenes ejecutivas que ha firmado el presidente Donald Trump este año le han bloqueado totalmente el petróleo a Cuba, así como el acceso al sistema bancario y financiero transnacional, frentes imprescindibles ambos para garantizar la vitalidad de cualquier economía.

Parte importante de las 176 medidas corren el riesgo de tropezar por falta oportuna de recursos energéticos, materiales y financieros. Consecuencia similar puede tener la insuficiencia de otro recurso vital, el capital humano, debilidad de muchos de los municipios y empresas convocados para emprender las transformaciones. Sin recursos para invertir y sin cabezas para encontrarlos, el riesgo de quiebra pesa sobre esos actores de la economía y, por extensión, sobre el nuevo programa.

Paradójicamente, este espinoso contexto incuba condiciones que favorecen a la par un mejor momento para acelerar las transformaciones que el gobierno antes posponía una y otra vez.

Obstáculos a favor


Los largos apagones se han convertido en uno de los símbolos de la crisis y en fuente de tensión social. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El plan titulado escuetamente Transformaciones económicas y sociales, comienza la enumeración de medidas casi de manera directa, sin la abigarrada introducción ni las pesadas narrativas ideológicas de otros programas, lineamientos y conceptualizaciones anteriores.

De la buena voluntad o del apuro para implementar el programa hablan tanto el estilo directo como la celeridad, inusual también, con que se aprobó el documento. La Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento unicameral) le dio luz verde el 18 de junio, después de anunciarlo el presidente a la prensa el 12 de junio. En el interín, pasó la criba del Buró Político y del Comité Central, ambos del PCC, definido en la Constitución como la “fuerza dirigente superior de la sociedad”. La versión definitiva la publicó el Consejo de Ministros el 26 de junio.

El parto tomó solo dos semanas, aunque tenía simiente y abono en los debates públicos levantados en 2025 por el programa económico anterior. Aquel plan, a diferencia de la nueva estrategia, demoró en publicarse casi todo el año y hasta cambió de nombre, luego de enunciarlo ante el parlamento el primer ministro, Manuel Marrero, en diciembre de 2024.

Las tensiones extremas que vive la sociedad, con largos apagones y otras carencias básicas, han llevado a Cuba a un callejón del que solo pudiera salir mediante la transformación profunda y diligente del modelo económico y social. El gobierno lo ha comprendido. Apuesta a una economía con más participación de formas privadas y del mercado y un redimensionamiento real del sector estatal, a fin de hallar las alianzas y el escape comercial y financiero que EE.UU. le bloquea a este país del Caribe en el entorno global.

La existencia de tal comprensión puede sospecharse tanto por la celeridad de gestación del nuevo programa como por su pragmatismo e integralidad.

Nueva lógica empresarial


El gobierno de EE.UU. ha adoptado este año nuevas órdenes ejecutivas con el fin declarado de asfixiar económicamente a Cuba.

Las 176 medidas resultan abarcadoras en tal magnitud que han motivado dudas sobre la capacidad del gobierno para aplicarlas. No faltan opiniones de economistas, como Ileana Díaz y Triana, que han recomendado definir prioridades o una secuencia inteligente en estas transformaciones.

El nuevo plan propone una visión integral que puede marcar una diferencia con el pasado, si consigue implementarse con fluidez similar a la de su gestación. El gobierno evitó dejar en el tintero cambios que fuesen necesarios, como ha ocurrido tantas veces. Proyectos quirúrgicos previos, que se enfocaron a algún ámbito -industria azucarera, ordenamiento monetario, pequeñas y medianas empresas (mipymes) privadas y bancarización, entre otros-, fracasaron total o parcialmente al no encontrar acompañamiento y sostén en reformas simultáneas de otros sistemas de la economía y la sociedad.

Aunque agrupadas en 23 ejes temáticos diferentes, las 176 medidas muestran líneas de convergencia y conexión más estrecha que en el pasado. La mano y neurona expertas asoman esta vez en la letra del plan. Las propuestas tienen la mirilla en un punto común: la reforma de los actores económicos. Evita así la dispersión de medidas y promesas que ahogó a documentos programáticos anteriores en largas enumeraciones, que intentaban quedar bien con cada sector de la economía y de la burocracia estatal.

El primer eje temático, referido a los actores económicos, postula ideas que tienden a igualar el marco jurídico, comercial y financiero en que se mueven tanto las empresas estatales como las privadas y las cooperativas. “En lo adelante, lo que se apruebe al resto de los actores se aplicará a la empresa estatal socialista”, reza la primera medida, un enfoque nuevo.

Desde hace décadas la capacidad del país para articular encadenamientos productivos e innovaciones se ha visto empantanada en diferencias de las reglas a que están sujetas las formas estatales, las privadas y las cooperativas. La desigualdad abismal en tasas de cambio, espacios comerciales, opciones bancarias y normas salariales para unas u otras horadan la sostenibilidad del modelo. Era difícil hallar quién era la niña privilegiada en el socialismo cubano: si la empresa estatal, la cooperativa, las formas privadas o los inversionistas extranjeros.

Las transformaciones para los actores económicos funcionan como eje transversal del plan. Es a donde miran otros ejes temáticos: el 2, relacionado con un tratamiento más osado de las formas de propiedad; el 3, pensado para el sistema de planificación de la economía; el 7, que con los incentivos de la producción agrícola adopta cambios solicitados desde hace años por las cooperativas; el 10, con transformaciones de las políticas laborales y salariales, vitales para cualquier empresa; y el 14 y el 15, que abren respectivamente las puertas de la inversión extranjera y del comercio exterior a las formas privadas y cooperativas.

Las reglas propuestas en otros ejes temáticos, como el del turismo (17), el transporte (18) y el comercio, la gastronomía y los servicios (19), proponen nuevas oportunidades para las formas no estatales de gestión económica, nacionales y foráneas, incluida la diáspora, y formulan alianzas de las mismas con las empresas estatales.

Continuidad y ruptura


Desde su primer anuncio por Díaz-Canel, el programa Transformaciones económicas y sociales demoró solo dos semanas en ver la luz en versión final. Imagen: Tomada de Internet

Las transformaciones prometidas en el nuevo plan portan un signo de continuidad de estrategias y programas de años anteriores, algunos de vieja data como la Conceptualización del modelo económico y social de desarrollo socialista, acuñado por el VII Congreso del Partido en 2017 y revisado en 2021 por el VIII Congreso. Al igual que la estrategia adoptada en 2025, son documentos que fundamentaron la diversificación de formas de propiedad en el ámbito empresarial y pidieron una mayor interrelación entre todos los actores de la economía.

También soñaron con una descentralización más profunda en la gestión empresarial y en la administración de los territorios y orientaron una transformación integral del sistema de planificación centralizada, a fin de reconocer y lograr una conexión más atinada con el mercado.

La intención de otorgar una participación protagónica mayor a las inversiones extranjeras se venía articulando desde el año pasado, en planes que anticipó en la Feria Internacional de La Habana de 2025 el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva.

Sin embargo, el Plan de 176 medidas incorpora giros más atrevidos, inesperados algunos, que conducirían, según se implementen, a un diseño del modelo de socialismo cubano impensado años atrás. Una de las primicias poco esperadas es la medida 33: “permitir la compra de acciones de empresas estatales por personas jurídicas estatales y no estatales, nacionales y extranjeras, así como por personas naturales”.

Junto a otras medidas que flexibilizan o eliminan regulaciones impuestas antes a los empresarios privados y las cooperativas, son medidas que anticipan un reordenamiento del tablero económico que integraría de manera más fluida las piezas estatales y no estatales, con participación incluso de la diáspora.

Nuevas banderas en la banca


El gobierno parece más decidido en igualar reglas del juego entre las formas estatales y no estatales del modelo económico y social. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El paso más osado del nuevo programa, a mi juicio, puede llegar con el eje temático 11, referido a la modernización del sistema bancario y, junto con él, del sistema cambiario. Son propuestas orientadas también en función del eje transversal del plan, los actores económicos.

Inesperada en alcance al dar entrada a la banca privada, es una maniobra evidente para garantizar el sostén financiero del que han carecido muchas veces la inversión y producción de las empresas de cualquier signo, tanto privadas como estatales. Aunque parecían las más fuertes y protegidas, las empresas del Estado tenían mucho menos libertad que las privadas para administrar sus cuentas bancarias.

Mientras la medida 84 propone “fomentar la participación del capital privado en la actividad bancaria”, la 89 se compromete con “recuperar el papel del crédito bancario como función esencial en la economía”. Son espacios, acciones y participaciones que abrirían oportunidad para que la banca privilegie de forma real la eficiencia empresarial.

Este eje, sin embargo, puede ser el de desarrollo más espinoso o difícil, tanto por las debilidades endógenas del sistema bancario en Cuba, como por las presiones de EE.UU., que históricamente ha aplicado multas millonarias a bancos europeos cuando abren cuentas a empresas cubanas o acompañan negocios de Cuba con terceros países.

Las medidas asociadas a la banca incluyen la ampliación de caminos emprendidos ya para el tratamiento de la deuda externa. Según el consenso de estudios económico-financieros, es un objetivo prioritario para hallar las fuentes o canales de capital externo.

Este eje profundiza igualmente transformaciones en marcha en el mercado cambiario, que rompen incluso con el concepto tradicional de un Estado sobreprotector del plan más que de la eficiencia empresarial. La medida 100 promete ser una de las más polémicas y difíciles de aplicar, en tanto orienta “devaluaciones sucesivas de la moneda nacional para reducir las diferencias de tipo de cambio. Las empresas que no soporten la devaluación serán liquidadas”.

Signos de viabilidad



El plan en marcha promete devaluaciones sucesivas de la moneda nacional, en un esfuerzo por reordenar el debilitado sistema monetario y cambiario. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Pese a las dudas, sorpresas y debates generados en la sociedad, lo cierto es que una parte de las transformaciones será de fácil implementación. En la práctica, solo llegan para legalizar ajustes adoptados de facto por los actores de la economía y, de manera gradual, por el propio gobierno durante el mandato de Miguel Díaz-Canel.

Es el caso de la titularidad de varias empresas privadas por una persona natural (medida 21). El empresario resolvía la propiedad de varias mipymes compartiendo sus titularidades con algún familiar o agente de confianza. Por vías parecidas saltaba sobre el límite de contratación de 100 trabajadores, que tenían las mipymes, condición que desaparecerá legalmente con el nuevo programa (medida 20).

Otro caso típico es la autorización a actores económicos no estatales para participar como agentes en el mercado cambiario (medida 99). La medida aparece para ordenar un servicio que ya existe al margen de la ley. Ante las urgencias de una demanda que la banca estatal y las Casas de Cambio (Cadeca) no alcanzan a cubrir, ha proliferado un mercado informal de compra-venta de dólares y demás monedas.

El gobierno, a su vez, ha dado pasos graduales, aunque a veces con cautela manifiesta, para reordenar el sistema empresarial: desde la entrada de las privadas con las mipymes hasta el otorgamiento de mayor autonomía a las empresas estatales. El reto ahora será homogeneizar y administrar con flexibilidad y visión estratégica las reglas del juego para el conjunto de formas empresariales, estatales, privadas y cooperativas, así como extranjeras.

Otras viejas propuestas que tropezaron antes con trabas múltiples, políticas, burocráticas y culturales, encuentran hoy un contexto contradictoriamente más favorable.

La eliminación del subsidio a productos (eje temático 9) podrá aplicarse con menos dramatismo en momentos en que la canasta familiar normada ha perdido centralidad en el consumo, sin los valores comerciales y simbólicos que tuvo alguna vez. Su sustitución por el subsidio a personas gana fundamento con el reconocimiento público de sectores sociales pobres o en situación de vulnerabilidad.

De la determinación del gobierno para acelerar estos cambios y deudas políticas, habla el que haya definido ya 148 acciones jurídicas con ese objetivo, divididos entre 32 nuevas normas de rango superior y más de 50 resoluciones, unido a la derogación de 15 normas y la modificación de 101, según informó el primer ministro a los diputados.

Habla el mercado



La inflación es uno de los síntomas más torturantes de la crisis económica. Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El mercado cambiario informal – el menos afín a las banderas del socialismo-, envió, entretanto, un polémico signo de confianza en las medidas presentadas y, sin quererlo quizás, de confianza en la capacidad gubernamental para implementarlas.

El peso cubano, desangrado por una fuerte inflación desde hace varios años, se recuperó sorpresivamente en ese mercado. Tras llegar a 700 pesos por dólar el 24 de junio, en medio de una crisis extrema este año, se apreció hasta 630 pesos por dólar una semana después de publicar el gobierno la versión definitiva de las transformaciones. Aunque esta brusca reacción puede interpretarse lo mismo como una coincidencia políticamente vulgar que como el rebote típico que sigue a los derrumbes de valor en un mercado.

Tal pareciera que el mercado se tomó en serio el discurso oficial esta vez. Queda por ver hasta cuándo y dónde le dura la confianza al mercado y hasta dónde el gobierno reposiciona la suya en el mercado, quizás su giro ideológico más difícil en esta reforma del modelo económico y social del socialismo que sigue defendiendo, sin saber a ciencia cierta cómo es. (2026)

viernes, 29 de agosto de 2025

Medidas y antimedidas en la economía cubana


Más de medio año ha transcurrido con escasas transformaciones en el modelo económico de Cuba. La dolarización y la energía fotovoltaica emergen como las novedades más significativas, mientras otros programas estratégicos son postergados una y otra vez.





Dos de las medidas adoptadas en el año promueven alivios mínimos para sectores con sus ingresos más deteriorados: los jubilados y los asalariados del sector estatal

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Pocas son las medidas que ha adoptado el gobierno de Cuba en 2025 para corregir deformaciones y baches de la economía. Y casi ninguna parece responder a decisiones estratégicas, pensadas con tiempo. Son más bien parches, reacomodos o salidas improvisadas, ante las urgencias de una crisis económica que se profundiza y el acoso externo cada vez más feroz del gobierno de Estados Unidos.

Con el retroceso de -1,1 por ciento del producto interno bruto (PIB) en 2024, la economía cubana hiló su segundo año consecutivo en baja (-1,9 en 2023), mientras las previsiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) anticipan otra caída en este 2025.

Pese a la acritud del escenario, las autoridades cubanas juegan con máxima cautela. La mayoría de las pocas medidas del año las han anunciado como recurso imprescindible o terapias incompletas, ante bancarrotas empresariales o déficits insostenibles. Por ese motivo llegó el tarifazo de ETECSA, que quedó registrado por las inéditas convulsiones sociales que desató en las universidades.

La mayoría de los nuevos pasos el gobierno los ha presentado como soluciones parciales o temporales, aunque al menos dos prometen tener efectos significativos a largo plazo.

Salarios y pensiones

Una de las disposiciones recientes con alcance limitado es la redistribución de salario no ejecutado en unidades presupuestas, que adoptó el Consejo de Ministros mediante el Acuerdo 10199 publicado en agosto en la Gaceta Oficial. “Es una medida parcial -aclaró la viceministra primera de Finanzas y Precios,  que no resuelve todos los problemas salariales del sector presupuestado”.

El Acuerdo solo aprueba y regula la redistribución del fondo de salarios cuando queda sin ejecutar en las instituciones presupuestadas del Estado. Busca compensar la aguda erosión de los salarios en el sector estatal, pero no parece que consiga alzas meritorias de los mismos ni que frene la pérdida de personal.

“Debemos continuar trabajando -reconoció Cruz- en crear condiciones en la economía, en recuperar las capacidades productivas y la generación de bienes y servicios, y en incrementar los ingresos en el Presupuesto del Estado, de modo que sea posible introducir otras medidas para el beneficio de los trabajadores del sector presupuestado”.

De la poca relevancia del Acuerdo habla el hecho de que es un ajuste que las políticas presupuestarias podían haber incorporado desde hace años.

También de corta mira y efecto, aunque sea necesaria, es el incremento de pensiones acordado en agosto. Apenas representa un paliativo para los ingresos de un sector social donde crecen los signos de pobreza.

La recuperación del sistema electroenergético nacional es uno de los programas más ambiciosos y de valor estratégico que ha tomado impulso en 2025 con la instalación de parques fotovoltaicos.

Programa con energía

El transporte es uno de los sectores públicos donde se entrevé este año el beneficio de inversiones estatales. En La Habana y otras ciudades comienzan a ser visibles los microbuses llamados Gazelas y las motos eléctricas, entre otras alternativas que Cuba importa de China o ensambla en fábricas nacionales. Pero estas novedades con ruedas aportan un alivio mínimo ante las pesadas deudas de este servicio público, con reducción de sus ómnibus a mínimos.

Más consistente es el avance del programa de recuperación del sistema electroenergético nacional, con la construcción de parques fotovoltaicos como joya de la corona. De un plan de medio centenar de parques este año, hasta julio habían echado a andar 22. La mejor noticia es que en el verano comenzó la instalación de sistemas de almacenamiento de energía que permitirán un empleo más eficiente de la energía acumulada y expandir el beneficio de la electricidad generada con rayos solares al horario de la noche.

El desarrollo de las fuentes renovables de energía, que cuenta con la cooperación de China, aparece como una de las inversiones y gestiones más relevantes este año. Su aporte promete ser convincente desde el punto de vista medioambiental y como columna energética.

Sin embargo, el aporte de este programa no es visible aún. Los apagones continúan todos los días, por las roturas y salidas constantes y simultáneas de unidades de termoeléctricas, sobre las cuales descansa la mayor capacidad de generación y consumo de electricidad.

Aunque el gobierno mantiene entre sus prioridades un plan de inversiones para el mantenimiento y reparación de las centrales termoeléctricas, el deterioro tecnológico acumulado en las mismas hace previsible que las inversiones en marcha se podrían  sentir solo en un mediano plazo.


El año comenzó con la entrada de una nueva moneda en la circulación minorista, el temido y ansiado dólar.

Dolarización parcial

La apertura de comercios y servicios en dólares -gasolineras, tiendas y servicios del turismo, entre otros- ha suscitado fuertes debates en la sociedad cubana, en las redes sociales y entre economistas. Pero abundan los motivos que colocan a la dolarización no solo como la medida más polémica del año. Probablemente sea también la de mayor impacto en 2025.

Repudiada en los años 90 por el propio gobierno cubano, ahora la acepta bajo la premisa de ser una dolarización parcial, que el Primer Ministro Manuel Marrero definió también como estratégica ante el Parlamento.

Los críticos de la dolarización alertan que agravará problemas de desigualdad social. Más probable es, quizás, que solo ponga en evidencia conflictos que corroen a la sociedad por otras causas. Su adopción puede tener efectos positivos sobre uno de los mayores dramas del consumo, la inflación, además de favorecer la captación de divisas y revitalizar el comercio interno y externo, tres urgencias hoy de la economía.

La ganancia real de esta maniobra dependerá de la prontitud con que acompañen a la entrada del dólar otros cambios y ajustes, que urgen para eliminar el enredo monetario y cambiario creado por la convivencia simbólica de tres monedas -peso cubano, MLC y dólar ahora- y tres tasas de cambio. La creación de un mercado cambiario es una de las medidas que aguarda en el tintero.

Entre las pocas y limitadas disposiciones adoptados en 2025, quizás la única de valor estratégico real sea la expansión de la red de parques fotovoltaicos. Unida a los yacimientos propios de petróleo, ampliará la autonomía energética de Cuba. Esto sin olvidar, en otro plano, las negociaciones intensas del gobierno para recuperar y ampliar alianzas estratégicas internacionales, con China y Rusia en primer lugar.

Indicadores disfrazados de medidas

El discurso político cubano tiene como tradición la de presentar resultados económicos como si fueran medidas. Esta confusión asomó en los numerosos programas de tantas o más cuantas medidas, publicitados hace unos años: solían presentar indicadores de producción o de exportaciones en sus listas, sin considerar que los incrementos soñados serían, si se lograban no por azares, el resultado de decisiones o inversiones, que son las que sí clasificarían como acciones o medidas.

Ahora volvió a las andadas con la presentación de la reducción del déficit fiscal entre las medidas del año. Sin dudas un síntoma saludable, debiera interpretarse como resultado de gestiones, contenidas quizás en el programa de estabilización macroeconómica, de real sentido estratégico, pero que son las que no quedan claro.

Entretanto, permanecen pendientes medidas fundamentales acordadas desde hace años en las estrategias socioeconómicas del Partido Comunista de Cuba y del Gobierno. Una de las más esperadas, la reforma del sistema empresarial, aguarda por la aprobación de una Ley de Empresas Estatales, que la Asamblea Nacional del Poder Popular ha postergado año tras año, sin transparentar razones.

La demora para introducir transformaciones en el modelo económico, que amplíen, complementen o enriquezcan novedades de años anteriores -las mipymes privadas y los parques tecnológicos son dos ejemplos-, puede conducir al empantanamiento y fracaso de programas ya iniciados, al alargamiento de la crisis económica y a la pérdida de confianza de la población en símbolos y liderazgos, si interpreta que el gobierno está vacilando para emprender maniobras económicas que inevitablemente implican riesgos.

(2025)

lunes, 14 de julio de 2025

Continúa déficit azucarero de Cuba.

Indicadores parciales anticipan una producción de azúcar muy por debajo del plan de 265 000 toneladas de la zafra 2024-2025.

Por su propio Peso Ariel Terrero 14 julio, 2025


La mayoría de los 14 centrales participantes en la zafra azucarera cerró con ínfimas producciones de azúcar. Solo uno, el Melanio Hernández, de Sancti Spíritus, cumplió el plan.

La agroindustria azucarera cubana cerró en días recientes otra zafra amarga. El reducido número de centrales azucareros participantes y otros indicadores anticipan una fuerte caída de la producción. La escasa información oficial es la primera señal de que continua el declive de un sector agroindustrial que lideró la economía cubana hasta el siglo pasado.

Reportes parciales indican que solo cumplió el plan uno de los 14 centrales que molieron caña en la zafra 2024-2025, el Melanio Hernández de la central provincia de Sancti Spíritus. El déficit agudo en la siembra de caña de azúcar y la obsolescencia tecnológica de la industria lastran cualquier propósito productivo.

Dos de las provincias con mayores producciones tradicionalmente cerraron la zafra de capa caída: Villa Clara solo alcanzó el 38 por ciento de su programa de 27 000 toneladas de azúcar y Granma apenas produjo el 27 por ciento del plan de 19.871 toneladas.

Camagüey, Las Tunas y Cienfuegos son otras tres provincias con pésimas producciones: la primera, 19 por ciento del plan de 23.500 toneladas; la segunda, 11 por ciento del plan de 45 000 y dos tercios del plan de 38 000 la tercera.

Tomando como referencia las bajas ejecuciones por territorios es previsible que la producción nacional haya conseguido un total cercano a cien mil toneladas, muy por debajo del plan de 265 000 toneladas y más deprimida que la zafra anterior.



Los programas gubernamentales no han podido levantar una siembra de caña de azúcar carente de recursos básicos de importación.

Dificultades

La descapitalización de este sector, agravada por el bloqueo económico estadounidense –ensañado todavía con la agroindustria azucarera cubana más por tradición simbólica que por su aporte real al país-, ha limitado la capacidad para importar fertilizantes, maquinarias y otros recursos imprescindibles para la agricultura azucarera, así como combustibles y piezas de repuesto para la industria.

Al comenzar la zafra, el grupo empresarial solo contaba con el 10 por ciento del financiamiento necesario para la cosecha y la molienda de caña. Por esa razón, ocho de los centrales programados demoraron semanas o meses para incorporarse a la molienda.

Los programas gubernamentales no han conseguido levantar inversiones, salarios ni siembras, ni detener la migración de la fuerza de trabajo hacia otras producciones y sectores. La descapitalización intelectual es uno de los síntomas más lamentados en una agroindustria que sirvió otrora de referencia internacional. (2025)

domingo, 9 de junio de 2024

Cachumbambé del peso cubano en un mercado sentimental

Las oscilaciones bruscas y sorpresivas del valor de la moneda nacional no han tenido expresión en otros mercados y precios de Cuba.

POR SU PROPIO PESO Ariel Terrero 8 junio, 2024

Las oscilaciones bruscas y sorpresivas del valor de la moneda nacional no han tenido expresión en otros mercados y precios de Cuba.


Foto: Archivo IPS-Cuba

La fuerte revalorización del peso cubano ante el dólar en el mercado informal de divisas tomó de sorpresa a todos en mayo. Desató juicios e interpretaciones en la prensa, las redes digitales, la academia, las empresas, los mercados y en las colas de consumidores. Era un reflujo lógico de opiniones tras la ola de especulaciones teleológicas, políticas y bursátiles que provocó la depreciación previa, igual de veloz, de la moneda nacional.

Los comentarios actuales se mueven desde la franca duda en lo que ha ocurrido hasta el empeño por reargumentar razonamientos que algún sesudo ensayó antes y que ve en peligro ahora. Si el alza preliminar del dólar –desplome del peso, para ser más exactos– se blandió como evidencia del desastre de la economía cubana, ¿cómo explicar hoy la recuperación de la moneda nacional?

De igual manera, la mejoría del peso, tan pujante como misteriosa, puso en dudas la tesis oficial que achaca a las influencias de un medio digital, El Toque, la responsabilidad de agravar, con sus reportes diarios de precios de divisas, los síntomas de inflación.

Aunque carente de validación técnica, el sistema de observaciones y tasas de El Toque tiene el mérito de haberle robado la iniciativa de información a otros rivales mediáticos, en un asunto de creciente sensibilidad pública.

El interés por estos datos se multiplicó en Cuba de la mano de una inestabilidad inflacionaria a la que no estaban habituados los consumidores.

La expectación se agudizó por las bruscas oscilaciones del valor del maltratado peso registradas desde el año pasado y que resultan, en verdad, sorprendentes.
Zarandeos del mercado

De acuerdo con DevTech, uno de los sistemas externos que pulsa la salud de la moneda cubana en el mercado informal, el USD alcanzó una cotización promedio de 246 CUP el 31 de diciembre del 2023. En cuatro meses el peso cubano se depreció un 20 por ciento ante el dólar, luego de promediar 206 CUP el 4 de septiembre.

El retroceso del peso se aceleró en el 2024. Casi en igual tiempo, cuatro meses y medio, la moneda cubana cayó otro 54 por ciento al cotizarse el dólar a 380 pesos el 17 de mayo, según el promedio diario de DevTech. Indicadores similares, como la Tasa Representativa del Mercado Informal (TRMI) de El Toque, confirman rangos similares.

La fecha en que el dólar se acomodaría sobre 400 pesos parecía a la vuelta de la esquina. Los medios más entusiastamente críticos de la economía cubana arriesgaron titulares con esa cifra. El mercado les tomó el pelo; las tendencias cambiaron y el desconcierto se hizo evidente.

En solo quince días, el dólar cayó un 25 por ciento, al abrir junio en torno a 290 pesos, según DevTech. El 2 de junio bajó más, a 280, de acuerdo con la tasa de El Toque, mientras el euro se cotizaba a 295 y la creación virtual del MLC se valoraba en 260 pesos en el mercado informal. En ese punto, se detuvo la baja. En lo que parece una primera señal de rebote, el 6 de junio cerró a 320 pesos.

Entre los pocos economistas que arriesgaron explicaciones para la revalorización del peso, Pavel Vidal Alejandro y Mauricio de Miranda coinciden al mencionar un factor primario en cualquier mercado, la relación entre oferta y demanda -de pesos y de divisas en este caso.

Colaborador de El Toque, Vidal alude al anuncio el 9 de mayo, del restablecimiento de los servicios de la Western Union para el envío de remesas en dólares a Cuba. Es uno de los factores que pudo influir en las expectativas de la gente, el llamado ‘sentimiento del mercado’, dice. Para sostener sus puntos de vista, acude a datos de El Toque en seguimiento de la oferta de divisas en el mercado informal, ante la carencia de información oficial.


El peso recuperó un 25 por ciento de su valor en apenas medio mes, después de haber caído más de un 50 por ciento desde que comenzó el año hasta el 17 de mayo. Del 11 de abril al 17 de mayo, la cotización del dólar en el mercado informal de Cuba dio un salto de 122 pesos, un 47 % en 36 días, pero luego retrocedió 105 pesos hasta el 5 de junio, un 28 % en solo 19 días. (Gráfico del autor, con datos de DevTech).

El bolsillo no se enteró

Pero la gente en los barrios y las redes digitales no se preocupó tanto por encontrar explicación a la recuperación del peso en un mercado que, herido en sus sentimientos, se estaba burlando literalmente de la mayoría de las tesis y posturas que intentaban retratarlo. La interrogante que más ha torturado a la ciudadanía cubana es otra: ¿por qué no han bajado también los precios de los alimentos y de otros productos de consumo? Muchos se quedaron esperando un abaratamiento simétrico con la recuperación del peso.

En el banquillo de los acusados, unos sentaron a los vendedores del mercado agropecuario, a los guajiros o a los intermediarios del comercio mayorista; otros, a las mipymes privadas (micro, pequeñas y medianas empresas); otros, al Gobierno cubano y a las empresas estatales socialistas; otros, a la Casa Blanca y al bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba. Muchas veces, la búsqueda del culpable respondió más a viejos resentimientos de consumidor y a banderas políticas que a lógicas racionales del comercio y la economía.

Cualquier productor o comerciante podría argumentar que los precios actuales de sus ofertas responden a costos de producción que se materializaron antes de que el peso diera el salto. Salto, además, de sostenibilidad dudosa cuando se observa el contexto económico.

La inflación, persistente en el mercado nacional desde la pandemia, se combina con un abultado déficit fiscal desde hace varios años. La emisión consiguiente de circulante sin respaldo productivo debe continuar este año, si el déficit del Presupuesto del Estado vuelve a ser de dos dígitos –el Gobierno planificó un 18,5 por ciento del PIB para el 2024. La presión sobre el peso a la baja es inevitable. La entrada de divisas, entretanto, no compensa la balanza, debido al lento despegue de las exportaciones y del turismo, sector líder de la economía cubana.

Ante ese cuadro, Estados Unidos no cede en su encono para golpear a Cuba donde más daño puede hacerle: la mantiene en la Lista de Países Patrocinadores del Terrorismo, creación con sello exclusivo de Washington. Este registro, que se suma a un paquete ampliado de sanciones del bloqueo económico, inhibe o encarece los créditos a Cuba y las inversiones de las instituciones financieras de terceros países.

La debilidad del escenario económico explica sobradamente la inflación y la depreciación del peso, pero ¿alcanza para entender los bruscos cambios en el valor de la moneda? Una reanimación en áreas clave de la producción y del comercio daría, sin dudas, un respiro al humilde peso, pero su valor continuará colgando de un pelo, mientras la economía cubana siga sujeta a un sistema cambiario y monetario donde conviven tres tasas de cambio con valores acentuadamente distantes entre sí.

Falta de transparencia contable

Este modelo, que se expresa hoy en una tasa oficial de 24 CUP por 1 USD (o un MLC), otra tasa comercial de 120 x 1 y la del mercado informal, de 320 x 1 (6 de junio), apareció en el 2021 en un intento de ordenamiento monetario que fracasó. En los antecedentes de los años 90 del siglo pasado la dualidad monetaria y cambiaria tuvo éxitos como recurso de resistencia de la economía, pero su alargamiento en el tiempo tiene consecuencias fatales.

Cuesta trabajo entender a ciencia cierta los valores que se mueven en una empresa que opera simultáneamente en mercados con tasas de cambio tan diferentes.

De la falta de transparencia que incuba esta estructura se derivan riesgos peligrosos: el peso deja de cumplir una función básica del dinero, medida de valor –una evidencia es la multiplicación de monedas y sustitutos artificiales en la circulación física y virtual y en las operaciones bancarias-; imprecisión de indicadores económicos básicos para tomar decisiones –emergió en la polémica sobre si invertir en el turismo o en la agricultura-; descontrol cuando la contabilidad se convierte en un espejismo; las desigualdades económicas y sociales quedan encubiertas.

¿Qué empresas tienen real ventaja en ese contexto? ¿Las privadas o las estatales? ¿Las cubanas o las extranjeras? Difícil respuesta.

Tres universos económicos paralelos mal conectados entre sí por la discordancia entre las tasas de cambio dejan sin brújula confiable a la administración pública, a las empresas, a los consumidores y, por supuesto, a los mercados. Hasta el informal mercado de divisas corre el riesgo de marearse y marear a sus seguidores.

La depreciación del peso cubano tiene explicaciones en relaciones de oferta y demanda de divisas y en las fatigas de la economía cubana. Pero en la brusquedad y celeridad de los giros de esta moneda en el mercado puede estar influyendo, ante todo, el desorden del sistema monetario y cambiario. Mientras persista, persistirá el cachumbambé del peso cubano. (2024)

miércoles, 24 de abril de 2024

Cuba mira de nuevo a las fuentes renovables de energía. Comentario HHC

La inversión en parques de energía fotovoltaica se ha acelerado, después de renovar el gobierno el año pasado la Política de Transición Energética.





Las construcción de parques de energía fotovoltaica se aceleró este año en más de cinco provincias, con participación de tecnología china.

Foto: Archivo IPS-Cuba

El gobierno cubano vuelve a desenvainar las fuentes renovables de energía (FRE) como alternativa de desarrollo y sobrevivencia, con un programa de inversiones aceleradas en parques fotovoltaicos a lo largo del país. Desde finales del año pasado, retomó la idea casi adormecida de elevar sensiblemente los rangos de consumo de electricidad a cuenta del sol.

Acuerdos recientes renuevan la intención de que las FRE participen en un 24 por ciento en la matriz energética cubana 2030, proporción casi cinco veces superior a la actual. Esta meta la había adoptado el gobierno desde  2014  tras discutir ese año la Asamblea Nacional del Poder Popular la política de transición energética.

Pero el plan no había avanzado mucho desde entonces y prácticamente se detuvo con el castigo de la covid. Actualmente esas fuentes sostienen alrededor del 5 por ciento de la matriz energética, de un 4 por ciento de participación hace diez años.

En conferencia de prensa, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, informó hace un mes que, para recuperar el atraso, el país se propone ahora instalar 92 parques solares fotovoltaicos hasta 2028.  Con estas inversiones el país se ahorraría 750 000 toneladas de combustible, aproximadamente la quinta parte de lo que importa hoy. Un dato relevante este, en medio de la crisis energética que ha limitado en Cuba el consumo de combustibles y la distribución de electricidad por roturas y otros conflictos en viejas termoeléctricas de petróleo.

“Hemos apostado por salir de la crisis con recursos propios, a pesar de la situación energética que enfrenta el país”, declaró el ministro de Energía y Minas.

El Consejo Nacional de Innovación (CNI) desarrollado en septiembre del año pasado con el Presidente y otras autoridades relanzó la Política de Transición Energética hacia las Fuentes Renovables de Energía, a fin de de ganar independencia de las importaciones de combustibles, a cuenta del crudo y el gas nacional –sostienen actualmente cerca de la mitad del consumo de petróleo en Cuba- y mayor participación de las fuentes renovables.

La nueva Política aspira alcanzar, de forma segura y sostenible, la satisfacción de la demanda de energía en la Mayor de las Antillas.



La Empresa de Telecomunicaciones Etecsa lidera la renovación del parque automotor con vehículos eléctricos.

Inversiones en varias provincias

En días recientes, la prensa local informó insistenteme sobre movimientos de tierra, el inicio en la instalaciones de paneles solares en varias provincias y la conclusión en marzo de tres de estas inversiones

En Morón estaba a punto de concluir en abril el cuarto parque fotovoltaico de la central provincia de Ciego de Ávila, con 4 MW de capacidad.

Menos adelantada, pero más potente, comenzó en la vecina provincia de Camagüey la instalación de otro parque en La Cívica con capacidad prevista de 32 MW. Se sumará a seis con que cuenta ya ese territorio, para abastecer entre todos el 20 por ciento de la electricidad que consuman los camagüeyanos.

El país ha emprendido estas inversiones en buena medida con donaciones del gobierno de China. Es el caso de dos parques de energía fotovoltaica  que comenzaron a instalarse a inicios del actual año en el municipio de Santo Domingo, provincia de Villa Clara, con potencia instalada de 4,4 y 20 MW respectivamente.

En la ciudad de Bayamo preparan actualmente el terreno para instalar el séptimo parque fotovoltaico con que contará la provincia de Granma. Ubicado a tres km del principal aeropuerto de la ciudad, tendrá 20 MW de potencia. “Con su puesta en marcha, más del 30 por ciento de la energía eléctrica que demanda Granma en el pico del mediodía será generado con energía fotovoltaica”, dijo a la prensa el director de FRE de la Empresa Eléctrica de ese territorio, Ariel Ovidio Álvarez Suárez.

De acuerdo con informes del gobierno, Cuba tiene instalados actualmente parques fotovoltaicos con una capacidad total de 260 MW, que cubren alrededor del dos por ciento de la generación eléctrica anual, que completan un 5 por ciento cuando se le suman otras fuentes renovables (biomasa, eólica e hidraúlica). El programa de inversiones en marcha hasta 2028 aspira alcanzar una capacidad de 2.000 MW, informó el ministro de Energía y Minas.

El gobierno también ha emprendido la importación de vehículos eléctricos y otras alternativas ecológicas de consumo energético, además de modificar el año pasado las tarifas de compra de electricidad a fin de alentar la inversión de la población y de las empresas en la instalación de paneles solares y otras alternativas de generación con fuentes renovables.(2024).

Comentario HHC: Me parece excelente este impulso que se esta dando a las energias renovables proveniente del aprovechamiento del Sol, principalmente. El 2028 está bien distante, y se requerirá mantenimiento y piezas de respuestos, para los parques solares,  y surgen todos los dias nuevas tecnologias fotovoltaicas, y cada vez más son más baratas.

Hay un segmento de mercado que se debería explotar de inmediato al máximo. Hay que poner a la venta paneles fotovoltaicos con baterias, para casa habitación con un mínimo de tasa de ganancia ( 1-3%), o al costo, para que lo compren los particulares, lo que ellos ahorren es de doble impacto, se paga su inversión en X años, y el pais lo ahorra en divisas al no tener que generar electricidad, y  este segmento de mercado, casi consumen mas del 60 % de la electricidad que se genera en el pais.