Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

sábado, 24 de noviembre de 2018

50 AÑOS DE DESEMPEÑO MACROECONOMICO 1960-2010 ( Parte III)

Por Lic. Oscar U-Echevarría Vallejo
Lic. Liu Mok León



II.          DESARROLLO MACROECONOMICO POSTERIOR A 196022

2.1.  Aspectos generales

Como es natural, las transformaciones económicas iniciadas en el país a partir de 1959 tenían como objetivo central superar los obstáculos y estrangulamientos engendrados por una estructura económica notablemente deformada; ver: U-Echevarría et al, 2002 y Rodríguez, C.R., 1983a.

Desde el punto de vista del manejo macroeconómico, ante la nación cubana se planteaban dos objetivos esenciales: lograr el desarrollo económico y construir una sociedad equitativa. Por lo que los aspectos funcionales pasarían a ocupar, conjuntamente con los de la estructura productiva, un lugar preeminente.

De tal forma, el Estado en Cuba asumiría un importante papel en el equilibrio de la economía y de la sociedad23, en general sobre la base de un alto protagonismo de esta última, y mediante una amplia gama de mecanismos de participación activa en las decisiones relevantes de naturaleza política, económica y social.

Ahora bien, cuando el Estado, además de ejercer las funciones que convencionalmente le son inherentes, se convierte mediante la actuación del gobierno en un agente activo en la actividad económica, productiva y social, al detentar la propiedad social en nombre de todo el pueblo, tales circunstancias ubican la discusión en otro plano y marca una línea divisoria en cuanto a la esencia de los procesos de acumulación y creación del ingreso, y por supuesto en lo concerniente a la generación y redistribución del excedente económico (U-Echevarría, 1999). Todo lo cual le confiere un mayor alcance a las funciones del Estado, tanto en lo conceptual como en el cotidiano ejercicio de las mismas; éstas pasan a constituir un universo más abarcador24.

En dicho contexto, un aspecto de especial relevancia lo es el que, desde sus orígenes, la Revolución Cubana estableció como principio la estrecha relación entre la base económica y los efectos sociales. Por tanto, se concibió el proceso de desarrollo a partir del tratamiento simultáneo de los problemas económicos y sociales, como partes consustanciales del mismo.

Justamente, la política económica de Cuba a partir de dichos momentos ha sido diseñada bajo el principio que si bien el crecimiento económico es condición necesaria para el desarrollo, ello no es suficiente, siendo ineludible considerar el mayor o menor bienestar que la población ha de alcanzar, a partir de dicho crecimiento, como puede apreciarse con nitidez en U-Echevarría y Castiñeiras (2007), en que se realiza un examen, en el tiempo, acerca de la complementariedad entre ambos; sus aciertos e insuficiencias.

En fin, es necesario y sumamente importante puntualizar que para caracterizar a un país por su nivel de desarrollo, no basta con los aspectos referidos simplemente al crecimiento económico, todo lo contrario, es necesario considerar el mayor o menor bienestar que su población ha alcanzado a

22 Sobre estos temas, se recomiendo particularmente el análisis que realiza Rodríguez, J.L. (2013), sobre el desenvolvimiento económico del país durante los primeros cincuenta años de Revolución, así como U-Echevarría (2013).

23   Los procesos políticos-sociales de los primeros años dieron lugar, hacia finales de los años sesenta, a una la alta estatalización de los medios de producción. Las nacionalizaciones, que comenzaron en lo fundamental a principios de los sesenta, habían transferido a la esfera estatal, el 100% de la producción financiera, industrial y comercial, el 80% de la agropecuaria y aproximadamente un 99% del transporte. En 1970, el 86% de los trabajadores civiles estaba empleado en el sector estatal de la economía, y esta cifra llegaría a ser del 95% en 1989 (U-Echevarría et al, 2002).

24   Habría que especificar que el doble papel del Estado en Cuba, como regulador y dueño, careció de una precisión y definición en cuanto al ejercicio de ambos tipos de funciones, teniendo en cuenta que una cosa es la gestión y administración pública, propiamente dicha, y otra el ejercicio de la propiedad social, principalmente en lo concerniente a la administración y gestión directa de la actividad productiva empresarial, a partir de las mismas estructuras organizativas.

partir de dicho crecimiento, en relación con el de otros países. Una mejora en el bienestar de la población implica no sólo un mayor ingreso per cápita promedio, resultante de un determinado crecimiento, sino mejores condiciones de vida para todos los habitantes del país dado. La evaluación del desarrollo de un país debe considerar, como aspecto complementario y relevante del mismo, las transformaciones de su estructura socio-económica y política, de forma integral.

Más allá de la consideración obvia de que los objetivos de política social que puede trazarse un gobierno podrán ser más o menos amplios y realizables en dependencia de los mejores o peores resultados de políticas económicas y su expresión en términos de crecimiento, pues las disponibilidades de recursos para gastos sociales dependen de ello, está el hecho de las implicaciones sociales de la política económica y la posibilidad de maniobrar con dicha política para obtener efectos sociales prefijados.

En síntesis, tal principio define que la evaluación del desarrollo de un país debe considerar tanto el crecimiento económico como las transformaciones de su estructura socio-económica y política, de forma integral, a lo que resultaría necesario agregar que un componente consustancial lo es un crecimiento sostenible en el tiempo. De tal forma, con los cambios realizados inicialmente en la estructura económica el Ingreso Nacional medido a precios corrientes crece un 18,8% con respecto a 195825, en sólo los dos primeros años.

Por su parte, las estrechas relaciones económicas, comerciales y financieras que se fueron configurando en el entorno integracionista del CAME, al cual Cuba se incorpora como miembro pleno en 1972, propiciaron un estable acceso del país al financiamiento que, demandado por las transformaciones económicas, productivas y sociales acometidas, sin lugar a dudas contribuyeron significativamente a la viabilidad del esquema de funcionamiento y coordinación económica implementado en el país. Ello caracterizaría las singulares circunstancias específicas bajo las cuales se desempeñara la economía cubana en el período hasta 1989-90, en que desaparecen dichos vínculos26.
En sentido general, la dinámica económica presentaría una tendencia regularizada al crecimiento positivo hasta la década de los ochenta, que es retomada posteriormente, al iniciarse la recuperación económica luego del impacto inicial de la crisis cubana, tal como puede observarse en la Figura 2, salvo en períodos sumamente específicos, que serán abordados más adelante.


25   La causa de dicho incremento fue la mejor utilización de los recursos existentes en el país, que aprovechó las tierras ociosas y la disminución del elevado desempleo causados por el estilo de desarrollo anterior (se redujo un 40% en esos años).

26    Para una ampliación sobre estos temas, ver Rodríguez, J.L. (2011).


Sin embargo, quinquenalmente las dinámicas anuales serían expresivas de cierta inestabilidad donde, de hecho, no se observa una trayectoria sistémica, sino más bien irregular, lo cual apunta hacia cierta volatilidad27 en el crecimiento económico, lo cual suele tener un efecto negativo sobre el crecimiento de largo plazo (Hernández, 2010). El comportamiento por quinquenios, puede precisarse con un mayor detalle en la Tabla 3.

Tabla 3.   Dinámicas anuales del PIB por quinquenio: 1960-2015
(%)



Primer Año Segundo Año Tercer Año
Cuarto Año
Quinto Año








1961-65
1,6
7,0
0,2
15,1
2,8

1966-70
-0,9
10,1
-4,4
-0,7
9,1

1971-75
4,0
8,6
12,1
9,4
8,7

1976-80
5,5
8,3
7,8
2,0
-3,0

1981-85
18,4
5,3
5,9
7,3
3,8

1986-90
0,1
-2,4
3,7
0,7
2,9

1991-00
-10,7
-11,6
-14,9
0,7
2,5

2001-05
3,0
1,5
2,9
3,5
5,8

2006-10
11,4
10,2
4,3
1,4
1,9

2011-15
2,8
3,0
2,7
1,0
4,0








Fuente: Cálculos a partir de INIE (1977), Ferrán (1996), ONE (1998, 1999 y 2005) y ONEI (2011 y 2016) e información puntual de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información.

Con independencia de lo cual, como promedio en 55 años, hasta 2015, la economía cubana crece más de seis veces, equivalente aproximadamente a un 3.3% promedio anual. Ello puede observarse con mayor precisión en la Figura 3, a partir de una panorámica general de las tasas anuales de crecimiento hasta el presente.

En este punto resultaría procedente el señalar algunos factores de carácter exógeno que han generado, en buena medida, restricciones al crecimiento económico del país:

·      Condiciones climatológicas adversas. Por ejemplo, intensas sequías entre 2003 y 2006, que tuvieron un costo aproximado de 1350 MMUSD, en tanto que 13 huracanes, entre 2001 y 2008, costaron al país aproximadamente 18771 MMUSD, tan sólo el Ike en 2008 causó pérdidas por unos 7325 MMUSD.

·      El bloqueo norteamericano, el cual se calcula ha ocasionado al país pérdidas, por diversos conceptos, ascendentes hasta 2016 a 125 mil MMUSD, a precios corrientes.

·      Las restricciones al acceso al financiamiento externo, en primer término debido a las presiones derivadas del bloqueo norteamericano y, adicionalmente, el diferendo mantenido con los países europeos a partir de la denominada posición común, que no encontraría solución hasta 2016.

·      La confluencia de las crisis alimentaria, energética y financiera, en el caso de estos bienes ha significado en los últimos años una espiral mantenida en los precios de los mismos, los cuales son determinantes en la factura de importaciones del país, paralelamente con un alza en los tipos de interés,


27   En otras palabras, con independencia de la naturaleza de las relaciones económicas mantenidas por el país a lo largo de buena parte de todo este período, la economía cubana ha estado sujeta a procesos cíclicos de forma sostenida, aun y cuando la amplitud de las oscilaciones cíclicas es mucho menor, comparativamente con otras naciones, precisamente por el modelo económico implantado a partir de 1959, del cual la planificación es un componente consustancial. Tal como es corroborado en un profundo estudio sobre estos temas, realizado por Vidal y Fundora (2004).




No obstante, un balance, a partir de una visión global, indica que los resultados obtenidos son positivos en sentido general, particularmente en lo referido al bienestar. Un acercamiento relativo a estos aspectos puede obtenerse al realizar una comparación entre las características del cubano promedio hacia la mitad del siglo pasado y el correspondiente a principios del presente siglo, tal y como puede seguirse en el Cuadro 1:

Cuadro 1. El cubano promedio


DE MEDIADOS DEL SIGLO XX
DE PRINCIPIOS  DEL SIGLO XXI






Tenía edad promedio de 28 años
Tenía edad promedio de 37 años


Contaba con una familia directa de más de
Contaba con una familia directa de menos de 4


4 personas
personas



El trabajador debía sostener a casi 7 personas
El trabajador debía sostener a 3 personas


Contaba con una esperanza de vida de 62 años
Contaba con una esperanza de vida de  78 años


Era atendido por un médico por cada
Era atendido por un médico por cada


1075 habitantes
155 habitantes



Poseía 2 grados de enseñanza
Poseía 10grados de enseñanza


Disponía de 11 pesos al año como gasto de
Disponía de 668pesos al año como gasto de


gobierno para atender su educación
gobierno para atender su educación


Contaba con algo mas de 3 pesos al año de
Contaba con un gasto gubernamental de 639


gasto de gobierno en salud
pesos al año de gasto de gobierno en salud


Tenía una posibilidad de un 55% de que sus hijos
Tenía un 100% de garantía de que sus hijos


no asistieran a la escuela
asistieran a la escuela



Tenía un 50% de probabilidad de vivir en
Tenía una posibilidad del
75% de vivir en


condiciones rurales sin electricidad y otros
condiciones urbanas y un
96% de hacerlo


servicios básicos
en una vivienda electrificada









 Por lo demás, en términos de bienes y servicios, para una selección de las principales actividades económicas del país, la comparación de los resultados alcanzados en cincuenta años, entre 1958 y 2007, puede resumirse en el Cuadro 2 (para una ampliación, ver JUCEPLAN, 1987).

Cuadro 2. Crecimiento principales actividades productivas

·       Producción de níquel: más de cuatro veces

·       Producción de acero: más de diez veces

·       Producción de cemento: 2,3 veces, aunque inferior a los niveles de 1989

·       Extracción de crudo y gas: más de 60 veces

·       Capacidad generación energía eléctrica: más de 13 veces

·       Capacidad de embalse en presas: más de 200 veces

2.2. 30 Años de transformaciones económicas (1959-1990)28

2.2.1. Principales características

Como pudo apreciarse en la Figura 2 del acápite anterior, en los años iníciales y finales de la década de los sesenta29, se verifica un crecimiento sumamente moderado e inestable, donde la inestabilidad económica causada por las agresiones políticas, militares y económicas por parte de los sectores que vieron afectados sus intereses con las medidas revolucionarias, desempeñaron un importante papel en tal comportamiento. En un contexto agravado, además, por la necesidad de un cambio radical en la orientación geográfica del comercio exterior cubano.

Adicionalmente, el proceso relacionado con la zafra de 1970 y la preparación de la misma, en la segunda mitad de dicho período, paralelamente con la implementación de medidas que debilitaron sensiblemente el control económico, contribuyeron al deterioro de los principales indicadores macroeconómicos.

En relación con este último aspecto, hacia mediados de los sesenta, se plantea un debate polarizado, conocido como el Gran Debate, en diversos medios, tanto académicos como profesionales y directivos, acerca del modelo de gestión económica; entre los dos enfoques de conducción y dirección económica que coexistían al momento30:

·      Sistema Presupuestario de Financiamiento

·      Cálculo Económico, o autofinanciamiento

Como resultado final, se optó por la implementación, durante la segunda mitad de dicha década, de un sistema denominado como Sistema de Registro, cuyas características esencial fueron la eliminación, en los hechos, de la contabilidad y la desvinculación del salario con la norma, así como un notable fomento de las gratuidades y del igualitarismo en la distribución, como parte consustancial de la política económica de dichos tiempos, así como la eliminación en la práctica de la planificación macroeconómica.

28   Una interesante síntesis en relación con estos temas, puede encontrarse en compilación realizada por la Vice Rectoría de Ciencias Económicas de la Universidad de La Habana (1989), con motivo del XXX Aniversario del triunfo de la Revolución.

29   En el intermedio de dicha década, existe una especie de recuperación entre los años 1964 y 1967, en que el PIB, medido a precios constantes, se incrementa en un 6,6 % y el Ingreso per cápita en 4,2 % (INIE, 1977).

30   Más allá de una mera discusión sobre elementos de carácter técnico o de procedimientos, dicho debate encerraba una profunda discusión acerca del papel de la ley del valor en el socialismo, la vigencia o no de relaciones monetario-mercantiles entre las empresas y todo lo que de ello se derivaba, tal como las funciones y el papel del mercado y la planificación. Debate no concluido en dicho momento y puesto al día más recientemente en las transformaciones que se plantean al modelo económico y social.




En fin, el nuevo modelo de gestión implementado ni tan siguiera resultó un híbrido de los mejores elementos de los sistemas en debate o de alguno de ellos31. Lo cual, indudablemente, influyó en buena medida en los resultados económicos correspondientes.

Posteriormente, a partir de la década de los años setenta, coincidiendo con importantes cambios en la política económica y los mecanismos de gestión, con soporte en la implementación del denominado Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE)32, se estabiliza lo que pudiera denominarse una prolongada onda expansiva de la economía cubana, con altas y sostenidas tasas de incremento del PIB. Tendencia que se mantendría en el tiempo, salvo alrededor de 1979-1982, principalmente por las afectaciones de sendas plagas que afectaron los principales cultivos de exportación del país (la caña de azúcar y el tabaco) así como por la caída que se verifica en los precios del azúcar entre 1976 y 1980 y la retirada de los créditos bancarios en 1982, dada la moratoria declarada por el país en cuanto a la deuda externa.

Ahora bien, cuando se profundiza en tales comportamientos pueden apreciarse determinadas peculiaridades que, como tendencia, apuntan hacia una minoración de las referidas dinámicas aún y cuando se mantienen tasas relativamente elevadas. En el trasfondo, pudiera decirse se encontraba el agotamiento del modelo de crecimiento extensivo, con algunos indicios inclusive antes de 1980. En fin, los síntomas de este relativo estancamiento, con su punto más agudo en 1987, pueden ser seguidos a partir de los resultados globales de períodos anteriores a dicho momento, como se verá más adelante, estrechamente relacionados con la eficiencia en la utilización de los factores de la producción.

En particular, habría que hacer referencia específica al período 1971-1975, el mismo marca un período de transición, y de crecimiento acelerado, en el inicio de un proceso gradual de cambios determinantes en los mecanismos de dirección y en la política económica33, que incluiría un aspecto muy importante: la restitución del principio de distribución con arreglo al trabajo. Estos cambios se materializarían plenamente a partir del I Congreso del PCC celebrado en 1975 y marcarían, a partir de 1975 y hasta 1985, un período de relativa estabilidad macroeconómica para el país, Díaz Vázquez (2008) califica a esta etapa, llevándola hasta 1989, como de nuevos rumbos.

De igual forma, se procede al saneamiento de las finanzas internas, las cuales habían sufrido un notable deterioro como resultado de los impactos desestabilizadores de finales de la década de los sesenta con la aplicación de un sistema de dirección a partir del cual se había suprimido el concepto de partida doble y de la contabilidad de costo para el registro de los hechos económicos, primando el aspecto material en detrimento de las transacciones financieras.

Esto se manifestaría en una liquidez acumulada de magnitud considerable; llegaría en 1969-1970 a ser equivalente aproximadamente al 50% del PIB, de apenas un 10% en 1965; y para 1975 se reduciría hasta un 19%. Posteriormente, a inicios de la década de los noventa, se produciría un fenómeno similar, pero de mayor envergadura, en que el exceso de liquidez alcanzaría en 1994 un 60% del PIB a precios corrientes de dicho año.

Paralelamente, a lo largo de todos estos años se fortalece la actividad inversionista, ver Tabla 4, en busca de un desarrollo más proporcionado y coherente entre los distintos sectores, lo cual no fuera logrado cabalmente; finalmente, no se lograría un conveniente cierre de los ciclos tecnológicos de los recursos básicos en sus encadenamientos productivos hacia el interior de la economía, debilidad estructural que se mantendría hasta nuestros días.

31   En el informe al I Congreso del PCC (1982), al enjuiciarse este aspecto, se calificaría como la decisión menos correcta; "inventar un nuevo procedimiento".

32   Cuyo núcleo consistía en la aplicación del cálculo económico, pero en una versión de carácter restringido y de hecho retrasado en el tiempo, puesto que en su versión original ya había sido descartado por los países socialistas europeos.

33   Ello involucra, adicionalmente, un conjunto de medidas relacionadas con el perfeccionamiento institucional del país, entre ellas, una nueva Constitución y la implementación de una nueva división político-administrativa.



Tabla 4.   El crecimiento del Producto y la Inversión; 1961-1989
(%)




Tasa de crecimiento promedio



PIB
PIB per cápita
Inversión

1961-1967
5.0
2.8
14.0

1968-1970
1.2
-0.4
-6.5

1971-1985
6.8
5.7
11.9

1986-1989
0.5
-0.5
1.2

Fuente: Cálculos a partir de INIE (1977), Ferrán (1996) y ONE (1998) e información puntual de la Oficina Nacional de Estadísticas.

En relación con lo anterior, en el sector estatal civil de la economía cubana, se invirtieron, desde 1959 hasta 1990, alrededor de 70 mil millones de pesos, con lo que el componente tecnológico de los fondos básicos (maquinarias y equipos), alcanzaría un 52% en la esfera de la producción material. En particular, a partir de 1975 tuvo lugar un dinámico proceso inversionista que, en quince años, significó invertir unos 52 mil millones de pesos, de ello, más de 42 mil millones en la denominada esfera productiva de la economía (U-Echevarría, 1992b).

Dicho dinamismo inversionista se posibilitaría, en buena medida, a partir de la materialización de los acuerdos comerciales y crediticios de 1972 con la Unión Soviética, así como por los favorables precios del azúcar en el mercado mundial hacia 1974, después, los mismos se deprimirían. Este proceso de expansión inversionista, tan sólo se interrumpiría por la crisis de los años noventa y la desaceleración económica previa a dicho proceso.

Ahora bien, coincidiendo con Monreal y Carranza (1997), habría que hacer un paréntesis y apuntar que este importante proceso inversionista, realizado ininterrumpidamente durante los treinta años de referencia34, no logró modificar adecuadamente la estructura técnico productiva del país, razón por la cual no pudo influir sobre la alta dependencia y vulnerabilidad importadora de la economía nacional, mediante la sustitución de importaciones, ni transformar la configuración exportadora de la misma. Complementariamente, la productividad total de los factores no desplegó una evolución en correspondencia con tal esfuerzo en la creación de capital físico (ver Mendoza, 2002), lo cual será objeto de análisis más adelante.

Para 1976-1985, el mencionado carácter de las condiciones del intercambio comercial y de las relaciones financieras con los países del CAME, hizo posible reforzar el énfasis en la industrialización35, que ya se había iniciado en períodos anteriores, proceso marcado por determinadas insuficiencias, señaladas con anterioridad, en cuanto a su eficiencia energética y económica. No obstante, a pesar de tales insuficiencias y las circunstancias relacionadas con el funcionamiento integral de la economía, se lograron amortiguar los efectos derivados de las manifiestas oscilaciones de la producción azucarera; de fuerte influencia dadas las peculiaridades de la estructura económica del país.

Estructura que, como ha sido reiterado, se caracterizara por la alta dependencia de la economía nacional en relación con esta actividad, en su articulación y encadenamientos productivos hacia el interior de la misma. Ello se profundizaría a tenor de los esquemas integracionistas vigentes en ese momento; pudiera decirse en una suerte de estrangulamiento estructural, al no modificarse sustancialmente el patrón exportador de referencia y eje del modelo de acumulación para la dinámica económica, basado en un recurso natural como la caña de azúcar, a partir de ventajas comparativas naturales.

34   Los autores han estimado que el volumen invertido entre 1960 y 1990, puede estar entre 75 y 80 mil MMP, de los cuales poco más del 30% se dirigió hacia la esfera industrial y alrededor del 20% a la agricultura.

35   Ver un amplio examen acerca de este tema en Rodríguez M. (1980), así como una pertinente periodización en Marquetti (2002).




A partir de 1982 se presenta una crisis financiera con el área libremente convertible, que incluyó, como ya fuera apuntado, la suspensión de créditos en ese mismo año36. Aunque esta área cubría tan sólo un 15% del intercambio comercial del país, constituía un muy importante y sensible complemento puntual y específico para el funcionamiento corriente de la economía, por tales particularidades, el incremento en dicho período de los suministros socialistas no pudo amortiguar adecuadamente tal impacto37.

En general, en la década de los ochenta, comienzan a agudizarse los problemas relacionados con el sector externo de la economía, cuya vulnerabilidad estaría muy relacionada con una insuficiente integración y articulación de los encadenamientos productivos, especialmente en la esfera manufacturera, e industrial en sentido general. Es decir, las ya referidas insuficiencias en cuanto al cierre de los ciclos tecnológicos de los recursos básicos, con alta incidencia en lo que se refiere a los requerimientos globales de la economía, que reforzaría la magnitud de la compensación externa necesaria para mantener los altos ritmos de crecimiento, en un círculo vicioso, mediante el cual se incentiva aún más la referida vulnerabilidad externa.

Así, entre 1975 y 1988, el coeficiente de importaciones se incrementa significativamente, al tiempo que las rigideces estructurales internas del país limitan las posibilidades de compensación propia, mediante la ampliación y diversificación exportadora. Con posterioridad a 1980, la relación de términos de intercambio38 se deteriora manifiesta y sistemáticamente, como puede verse en la Figura 4.




Ello impactaría, de modo no despreciable, en la sostenibilidad del patrón de crecimiento extensivo39, por lo que pudiera decirse que, con posterioridad, en la etapa recesiva de la economía cubana, finales de los ochenta y la primera parte de los noventa, se llega a un extremo, dada la magnitud del impacto externo, en cuanto a la crisis de acumulación y también de especialización40, la cual ya había mostrado signos efectivos y evidentes en la década anterior.


36   Crisis que llevó a la renegociación de la deuda a partir de dicho momento; posteriormente, en 1986, serían suspendidos los pagos de la misma.

37   Máxime en condiciones en que las dinámicas correspondientes habían estado altamente condicionadas al aumento en la dotación de los factores disponibles para la reproducción, dotación que presentaba, por lo demás, una alta dependencia de las importaciones.

38   Más bien se trata del deflactor implícito, calculado como el cociente de exportaciones e importaciones a precios corrientes y no, como es en rigor, a partir de canastas de productos; a los efectos de esta presentación, se puede tomar como un proxy pertinente.

39   Aunque no necesariamente un patrón de crecimiento extensivo equivale a un crecimiento ineficiente.

40   Referida a la especialización azucarera, puesto que contra ese casi único producto se hiciera cada vez más difícil evitar el deterioro de las relaciones de intercambio, lo cual, como señalara Trueba (1993), se hiciera tangible en 1981 y 1986.


En el aspecto económico-organizativo, no debe perderse de vista que ello se verifica en condiciones en que, hacia mediados de la década de los ochenta, las condiciones institucionales del funcionamiento de la economía corroboran poca flexibilidad de los mecanismos de gestión y regulación económica para enfrentar el impacto de la agudización de la restricción externa.

Ello se manifestaría en una cierta aceleración del déficit presupuestario, principalmente a partir de 1986-1987, donde resulta de particular interés el peso relativamente alto de los subsidios por pérdidas y precios a la actividad empresarial. Hasta 1989, e incluso hasta 1990-1991, este déficit sería atenuado por los créditos interestatales, que representaban un 8-10% de los ingresos totales en el período en cuestión, al cesar éstos, la situación se tornaría más crítica aún41.

Persiste, en dichos momentos, una insuficiente diversificación de los ingresos fiscales, al punto que el peso relativo en los ingresos internos de una sola partida, el impuesto de circulación, se sitúa por encima del 40% todos esos años42. Con ello, se hacen evidentes las rigideces en la creación de los ingresos financieros presupuestarios, derivados de las limitaciones internas para consolidar los componentes de acumulación necesarios a fin de dar respuesta a los requerimientos de la reproducción económica; ello constituye una manifestación de la existencia de barreras estructurales, funcionales y organizativas.

En un plano global, tal como sistematizara González (1993), los recursos invertidos en los programas tradicionales de exportación, tales como azúcar, níquel, tabaco y café, así como en nuevos desarrollos, como el cítrico entre otros, no alcanzaron el nivel de respuesta esperado; las industrias sustituidoras de importaciones resultaron altamente intensivas en términos de capital y energía; la producción de bienes de consumo se mantuvo rezagada en cantidad y calidad; en la agricultura los crecimientos resultaron progresivos y excesivamente dependientes de los suministros externos.

En esta dirección, habría que convenir en que, a partir de estudios realizados, tanto desde el punto de vista de la eficiencia reproductora como desde el ángulo de los flujos financieros (U-Echevarría et al, 1992 y Hernández y U-Echevarría, 1990), todo apuntaba hacia serias limitantes para la creación de un excedente económico adecuado, incluso para la ampliación. Ya a partir de la segunda mitad de los años ochenta se evidencian signos de pérdida de absorción, expresiva, como ya fuera referido, del agotamiento del patrón de crecimiento extensivo43, como puede apreciarse en el esquema de la Figura 5.

Esta insuficiencia, en general puede resultar tanto válida como natural, y es compensada por el sector externo de la economía, que pasa a complementar el financiamiento de los procesos reproductivos correspondientes; lo importante es la medida en que esto se verifica y sus tendencias, así como sus proporciones básicas44.

En tal caso, se plantearía una especie de analogía con el resto del área; la existencia de un prototipo de “crisis silenciosa”; como la denominaran Sunkel y Zuleta (1990), en que las facilidades del financiamiento externo, mantenidas a lo largo del tiempo, permiten compensar las insuficiencias del ahorro interno (brecha del ahorro), derivadas de la estructura económica propia del país. Esta constituye, hoy en día, una de las principales fallas estructurales del país, dada por la insuficiencia

41   Estos créditos contribuyen a financiar hasta el 70% del déficit interno en esos años; ver análisis sobre estos flujos financieros en U-Echevarría et al (1992).

42   El impuesto de circulación, como concepto, constituye una vía de recaudación centralizada del excedente económico, sobre la base de gravar un conjunto de productos a fin de garantizar el acceso generalizado a otro grupo de bienes mediante el subsidio de éstos. En la medida en que, ante continuados desbalances financieros, el mismo comienza en la práctica a financiar otros tipos de gastos, pasa a convertirse en un impuesto sobre el consumo, que siempre tienen un efecto regresivo, como todo impuesto indirecto, y finalmente, como tendencia, pueden esperarse efectos no deseados.

43   Para una ampliación se recomienda ver análisis sobre los antecedentes de la crisis de los años 90, preparado por U-Echevarría (1998).

44   Interesantes valoraciones al respecto pueden encontrarse en Monreal y Carranza (1998), así como en U-Echevarría et al (1992), y una adecuada cuantificación en Alvarez (1995 y 1991).

en la generación de los medios de acumulación endógenos, sobre la base de la movilización de los recursos nacionales.


Ya desde finales de 1984 se toma conciencia de los peligros de tal rumbo y se procede a reformular la política económica, dando paso al denominado período de “rectificación de errores y tendencias negativas”, con un llamado a la eficiencia y el ahorro, encaminado a dar solución a los aspectos sociales y económicos considerados más negativos de la etapa anterior. Aspectos estos orientados en los marcos del propio modelo económico vigente, que no se consideró conveniente, en dichos momentos, cambiar radical e integralmente.

Esto último plantea una interrogante, a la luz de los acontecimientos que se presentarían posteriormente, en los años noventa, en cuanto a lo adecuado o no de dicho proceder, como se constatará más adelante al hacer una aproximación a los aspectos funcionales durante la crisis económica de dichos años.

Estos esfuerzos, que habían presentado ciertos resultados positivos, tuvieron que ser paralizados, la nueva situación creada por el derrumbe socialista en Europa del Este, y la magnitud de los impactos correspondientes definían, como ha sido dicho, tan sólo dos alternativas significativas para el país: la reactivación económica o el eventual colapso.

En resumen, con independencia de los factores anteriores, desde el punto de vista de crecimiento económico las transformaciones económicas llevadas a cabo determinaron, a lo largo de treinta años, un incremento sostenido del ingreso per cápita, por lo cual el mismo en 1990 era 2,6 veces el de 1960. Este crecimiento se vería interrumpido posteriormente debido al impacto que tuvo en nuestra economía la referida desaparición del bloque de países socialistas europeos:

Por último, en dicho período el PIB per cápita mantuvo una tasa promedio anual de crecimiento del 3,2%, que compara favorablemente con los resultados obtenidos por otros países a lo largo de 35 años, entre 1955 y 1990, como puede apreciarse en la Tabla 5.

2.2.2. Principales momentos y etapas

Hasta 1990, el crecimiento económico de Cuba hubo de transitar por diversos momentos, no necesariamente homogéneos, marcados por determinadas fluctuaciones, tanto en las variables políticas como en las económicas –endógenas y exógenas–45, Por lo que resulta relevante el identificar algunos de los factores más generales que, de forma significativa, estuvieran presentes


45   Un examen sobre dichas "etapas", su orden y articulación, puede encontrarse en U-Echevarría et al (2002), así como en González (1993) e INIE (1977), de igual forma, son ilustrativas las referencias de U-Echevarría (1997b) y Alvarez (1998), así como las de Rodríguez, J.L. (2011) y Díaz Vázquez (2008).




en dicho lapso y sin lugar a dudas contribuyeran a tales resultados, por su potencial efecto dinamizador de las oportunidades de expansión económica y viabilidad, en el esquema de acumulación ya referido. Lo anterior puede esquematizarse tal y como se muestra en el Esquema 1.

Tabla 5.    Producto Interno Bruto per cápita, tasas de crecimiento anual (1955-1990 para países seleccionados)



Tasa de

Tasa de

Paises
crecimiento
Paises
crecimiento


en %

en %

Corea
5,96
Dinamarca
2,72

Taiwan
5,81
Suecia
2,32

Japón
5,71
Reino Unido
2,19

España
3,78
Suiza
2,05

Finlandia
3,29
Australia
2,01

CUBA(1)
3.20
Costa Rica
1,65

Noruega
3,13
Paraguay
1,53

Francia
3,10
Chile
1,45

Brasil
2,84
Argentina
0,29

Bélgica
2,81
Uruguay
0,20

(1)   Para el período 1960-1990

Fuente:     Tomado de U-Echevarría y Castiñeiras (2007a).

Esquema 1. Etapas del crecimiento económico hasta 1989

MOMENTOS

ETAPAS


INTENTOS DE INDUSTRIALIZACIÓN ACELERADA Y
1961-1965
Grandes Cambios
1959-1963

DIVERSIFICACIÓN AGRICOLA

Reanimación Económica
1964-1967









PREPARACIÓN Y REALIZACIÓN DE LA ZAFRA DE LOS 10
1966-1970
Zafra 10 millones
1968-1970

MILLONES




TRANSICIÓN
1970-1975
Crecimiento acelerado
1971-1975






LA INDUSTRIALIZACIÓN GRADUAL EN EL MARCO DE LA
1975-1989
Relativa estabilidad
1976-1985

DIVISIÓN INTERNACIONAL SOCIALISTA DEL TRABAJO

macroeconómica




Desaceleración
1986-1989






Fuente:   Elaboración propia.





De hecho, hay una coincidencia aceptable con los estudios econométricos acerca de los ciclos cortos del PIB en Cuba, realizado por Vidal y Fundora (2004), como puede apreciarse en la Tabla 6; de igual forma, se recomienda ver el trabajo de Bahamonde (2004) sobre estos tópicos.

Tabla 6: Fases de los ciclos cortos estimados para el PIB cubano; 1964 a 1990

Expansión
Cima
Recesión
Fondo




1964-1965
1965-1967
1968-1969
1969-1970
1971-1974
1974-1975
1976-1979
1979-1980
1981-1983
1983
1984-1986
1986-1987
1988-1990
1990
1991-1993
1993-1994

Fuente:    Tomado de Vidal y Fundora (2004).



En relación con estos temas, Rogelio Torras (2007) define cinco desajustes46 de la economía cubana hasta nuestros días, tres de los cuales se enmarcan en la periodización incluida en el Esquema 1, y cuyas valoraciones y contenidos se corresponden con las que son tomadas como base y analizadas para cada período en cuestión, el cuarto desajuste se ajusta a la recesión de los noventa, en todos estos cuatro casos, los mismos están referidos a situaciones de contracción económica, desaceleración o franca recesión, éstos son:

PRIMER DESAJUSTE
(1961-1962)

Progresivo conflicto con los intereses norteamericanos, agresiones militares e inicios del bloqueo, contracción económica.

SEGUNDO DESAJUSTE
(1969-1971)

Zafra de los 10 millones, implementación de un modelo de gestión, donde lo monetario-financiero carecía de relevancia, prevalencia del aspecto material, pérdida de los puntos de referencia para la eficiencia de los procesos productivos y de servicios, incremento de gratuidades.

TERCER DESAJUSTE
(1986-1990)

Manifestación expresa del agotamiento del modelo extensivo de crecimiento, desaceleración económica, rectificación de errores de la etapa anterior.

CUARTO DESAJUSTE
(1990-1994)

Desplome de la capacidad de compra del país, recrudecimiento del bloqueo, recesión económica.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que, en economía, cualquier intento de delinear límites o períodos necesariamente asume un carácter sumamente aproximado y subjetivo, y que pueden diferir de otras consideraciones y periodizaciones realizadas por otros autores, por lo que tan sólo puede aspirarse a una visión de entorno general47.

Período 1959–1963: Los grandes cambios

Los primeros años del proceso revolucionario, concentran la mayor parte de las más radicales transformaciones en las diferentes esferas de la sociedad: se llevó a cabo un profundo proceso de Reforma Agraria; se nacionalizaron los monopolios extranjeros y se extendió la propiedad estatal a la mayoría de los sectores de la economía; se comenzaron a realizar los primeros planes económicos para la economía nacional. En el orden social, es de destacar el esfuerzo realizado para eliminar el analfabetismo, reducir el desempleo y atemperar el costo de la vida, mediante la suspensión o reducción de alquileres y tarifas.

Como resultado, se verifica un fuerte proceso de expansión de la propiedad del Estado, proceso que tuvo diferencias, en muchos casos notables, con respecto a otros países de América Latina, hay que tomar en cuenta que en Cuba no existía una fuerte burguesía industrial, que apoyara un proceso de desarrollo independiente; los sectores burgueses cubanos se establecieron y crecían aprovechando las relaciones económicas impuestas por los Estados Unidos. Por lo que al iniciarse el proceso revolucionario y tratarse de eliminar aquellas barreras impuestas al desarrollo autónomo, inevitablemente se tenía que enfrentar con los propietarios de los sectores más importantes de la

46   De hecho, tales desajustes constituyen hitos en medio de una etapa o proceso y se constituyen, aproximadamente, en puntos de inflexión de los ciclos económicos cortos.

47   Esta síntesis ha sido preparada, en lo fundamental, tomando en cuenta los elementos básicos incluidos en: González (1993), Trueba (1993) e INIE (1977).




economía en aquellos momentos, que en su gran mayoría eran norteamericanos y en menor medida cubanos y de otras nacionalidades.

Por tanto, son también años de fuertes enfrentamientos con el gobierno norteamericano y con los sectores de la burguesía cubana, que se vieron afectados por las reformas del gobierno revolucionario. La economía, además de recibir agresiones de tipo militar, tuvo que enfrentar la imposición de un bloqueo económico por parte de los Estados Unidos, que fuera formalizado de facto en 1962.

El bloqueo significó un fuerte golpe a la economía, mediante la pérdida del mercado norteamericano para las exportaciones cubanas y la reducción drástica de las importaciones de todo tipo de bienes, dicho mercado concentraba más del 80% del intercambio comercial con la consiguiente interrupción en lo que respecta a la introducción de una tecnología que había sido dominante en todos los procesos productivos y de servicios que ejecutaba nuestra economía. Asimismo, los enemigos del proceso revolucionario promovieron la emigración, sobre todo hacia los Estados Unidos, de la mayoría de los profesionales cubanos de todas las esferas48.

De tal forma, aunque en los dos primeros años de gobierno revolucionario se alcanzan importantes resultados económicos, el período 1961–1963 se caracteriza por cierto estancamiento derivado de los aspectos antes mencionados. Es importante señalar que en sólo dos años, 1959-1960, tan solo con los cambios realizados en la estructura económica, el Ingreso Nacional medido a precios corrientes crece un 18,8 % con respecto a 1958. La causa de dicho incremento, como ya fuera mencionado, fue la mejor utilización de los recursos existentes en el país, que aprovechó las tierras ociosas y redujo sustancialmente el elevado desempleo causados por el estilo de desarrollo anterior.

Así, los años de 1961 a 1963 son de inestabilidad económica, causada por las agresiones políticas, militares y económicas por parte de los sectores que vieron afectados sus intereses con las medidas revolucionarias, tanto en el orden interno como externo. El crecimiento del PIB - a precios constantes – fue irregular y con años de claro estancamiento, como 1961 y 1963 (Tabla 7). El PIB per cápita (a precios constantes) mostró una tasa de incremento promedio anual de 0,86 % en la etapa 1961–1963, mientras el crecimiento del consumo total era de 2,4%, mostrando los efectos de las políticas redistributivas del nuevo gobierno.

Tabla 7. Indicadores seleccionados del período 1961–1963



Crecimiento
Producción
Tasa de
Balanza
Crecimiento (%)


PIB (prec.
Azúcar
Acumulación
Comercial
Productividad


Constantes)
(millones Tn.)
Neta
(millones de
del Trabajo en la


(%)

(% del PIB)
pesos corrientes)
Esfera Productiva








1961
1,6
6,8
1,2
-12,3
-1,71

1962
7,0
4,8
6,3
-237,0
2,74

1963
0,2
3,8
9,8
-322,2
-0,01








Fuente:     Elaboraciones y estimaciones de los autores a partir de INIE (1977), Rodríguez, J.L (1990) y Ferrán (1996).

La producción de azúcar, principal renglón del país, si bien alcanzó uno de los mayores volúmenes de producción con la zafra de 6,8 millones de toneladas de 1961, se fue reduciendo progresivamente hasta realizar en 1963 la zafra más pequeña de los 18 años previos a la misma.

La caída del principal producto de exportación, debido al bloqueo económico que limitó las ventas de azúcar y la compra de insumos, repercutió en la dinámica económica, efecto que no fue mayor debido a la ayuda externa. En estos años, el intercambio comercial se reorientó rápidamente


48      Es importante precisar que la crisis económica no se llegó a profundizar, debido al importante apoyo brindado por la entonces Unión Soviética.



hacia los países socialistas, de un 21,8 % en 1960 al 75,9 % ya en 1963 (INIE, 1977). La ayuda de la URSS en esos años fue determinante para evitar una crisis económica de mayores proporciones, lo que se puede apreciar en el notable incremento que experimentó el déficit comercial y la tasa de importaciones al PIB, esta último pasó de 11,4 % en 1960 a 15,8 % en 1963.

Asimismo, la tasa de acumulación neta, partiendo de niveles muy bajos, fue creciendo lentamente en el período, por lo que no se puede apreciar un proceso inversionista de relevancia. El crecimiento en la tasa de acumulación se lleva a cabo, en buena medida, a partir del incremento del ahorro externo, o compensación externa, que se expresa naturalmente en un mayor desequilibrio comercial, como ya fuera apuntado.

Otra secuela de este período de grandes cambios y de reorientación en el sector externo, fue la caída de la productividad del trabajo. Lo cual, hasta cierto punto, puede decirse que resultó natural, ya que la evolución de este importante coeficiente económico se vio frenada por la migración de gran parte de los escasos profesionales cubanos, la inexperiencia de los nuevos administradores revolucionarios, el corte de las importaciones norteamericanas de bienes de capital, que perjudicaron la continuidad tecnológica de las diferentes producciones y, finalmente, porque se experimentó un estancamiento productivo simultáneamente con una mayor incorporación de trabajadores, en pos de alcanzar, a corto plazo, el pleno empleo, generando de hecho un importante sub empleo49 de los recursos laborales que finalmente sería endémico en el país.

Por lo demás, la estrategia de desarrollo planteada en esos primeros años, consideraba como un objetivo de importancia vital el alcanzar mayores niveles de crecimiento económico y de independencia, mediante un impulso acelerado a la industrialización del país, que sería la base del progreso tecnológico y del sustento futuro de la nación.

Este proceso se llevaría a cabo, según los correspondientes proyectos, mediante el desarrollo de la industria pesada, de la diversificación de la agricultura y de un proceso creciente de sustitución de importaciones; se hizo énfasis en la necesidad de la sustitución de importaciones en la esfera agrícola, pues el autoabastecimiento de alimentos era indispensable en la estabilidad e independencia económica. Para llevar a cabo estos objetivos se contaba con la expansión y diversificación de las exportaciones y de la ayuda externa, como fuentes de divisas para aumentar las importaciones de bienes de capital (Rodríguez, J.L., 1990).

En resumen, estos años pueden considerarse como de reformas estructurales y de ajuste de la economía ante un fuerte impacto externo, por lo que el comportamiento global estuvo caracterizado por la inestabilidad propia de dichos procesos. Los períodos siguientes estarían marcados por la estrategia de desarrollo económico que fuera planteada en esta propia etapa.

Período 1964–1967: Reanimación económica

Esta es una etapa de expansión productiva de cierta consideración, con algunos indicadores favorables en cuanto a la calidad del crecimiento, ya que aumenta la importancia de las fuentes internas. El incremento promedio anual del PIB, medido a precios constantes, fue de 6,6 % y el del Ingreso per cápita fue de 4,2 % para el período. El consumo total mostró una dinámica similar, al crecer al 4,1 % (INIE, 1977). El año 1966 representó un retroceso, debido a problemas coyunturales que afectaron la producción agrícola, así como a limitaciones externas que deprimieron la producción industrial.

La reanimación en esta etapa, se debió fundamentalmente a la mayor estabilidad en el sector externo. El país firmó convenios con los países socialistas, en especial con la URSS, que establecían mercados y precios seguros para los principales productos de exportación cubanos.

49   Habría que especificar que, en el país, este concepto no se corresponde exactamente con el contenido que se le confiere en general en la teoría económica. Mientras en la teoría el subempleo de los recursos laborales viene dado por aquellos trabajadores que se ven precisados a trabajar en jornada reducida o bien por determinados períodos del año, en Cuba ello está relacionado básicamente con las plantillas infladas, tanto en fábricas y talleres como en las oficinas de las empresas e instituciones públicas.



Además, se recurrió a la mayor utilización de fuentes nacionales, a la expansión de la producción agrícola y un mayor nivel de productividad del trabajo, lo que se evidencia en que fue una etapa de crecimiento y de caída en la tasa de importaciones de 16,6% en 1964 a 14,2% en 1967.

La estrategia de desarrollo formulada a inicios de esta etapa, estaba encaminada, igualmente, a dar impulsos importantes a la industrialización. Se planteó el incremento de las exportaciones como vía más segura de obtener las divisas necesarias para el desarrollo y el aceleramiento del proceso de sustitución de importaciones, por la importancia de éste para liberar las escasas divisas hacia la importación de aquellos bienes de mayor complejidad para su fabricación nacional, como la mayoría de los bienes de capital. La planificación de la sustitución de importaciones, destacó la necesidad de comenzar por el sector agropecuario (Rodríguez, J.L., 1990).

Los dos años de crecimiento elevado, 1964 y 1967, coinciden con la expansión experimentadas en la industria azucarera (ver Tabla 8). La producción de azúcar pasa de 3,8 millones de toneladas en 1963 a 4,5 en 1964; incremento que permitió disminuir ligeramente el desbalance comercial de ese año. El año 1967 también muestra una elevada dinámica, que también estuvo acompañada de una reanimación azucarera y de la disminución del déficit comercial. Es necesario señalar que aunque la URSS pagaba a 6,11 centavos de dólar la libra, en esos años el precio mundial del azúcar cae de 8,34 en 1963 a 1,92 en 1967, lo que afectó a parte de los ingresos por exportaciones y a la balanza comercial.

Tabla 8. Indicadores seleccionados del período 1964–1967



Crecimiento
Producción
Tasa de
Balanza
Crecimiento (%)


PIB (prec.
Azúcar
Acumulación
Comercial
Productividad


Constantes)
(millones Tn.)
Neta
(millones de
del Trabajo en la


(%)

(% del PIB)
pesos corrientes)
Esfera Productiva








1964
15,1
4,5
12,3
-304,5
14,53

1965
2,8
6,2
7,7
-175,6
1,14

1966
-0,9
4,5
7,4
-327,7
2,98

1967
10,1
6,2
8,4
-294,1
8,23








Fuente:  Elaboraciones y estimaciones de los autores a partir de INIE (1977), Rodríguez, J.L (1990) y Ferrán (1996).

En cuanto a la tasa de acumulación neta, aunque todavía la misma presenta valores relativamente bajos, amplía las fuentes de origen nacional. Los equipos importados muestran un descenso en el período 1964–1967, con una tasa de incremento promedio anual de –0,6%, mientras que las construcciones lo hacen al 14,3%. Las inversiones fueron dirigidas principalmente hacia la esfera productiva, en especial hacia el sector agropecuario, en correspondencia con la estrategia en el corto plazo de fortalecer las bases del desarrollo.

Se destaca que la productividad del trabajo fue un indicador que mejoró con respecto a la etapa anterior, (un incremento promedio anual de 6,6%), lo que contribuyó positivamente a la reanimación que se verifica en este período.

En resumen, este período puede evaluarse de positivo, pues se logra incrementar la producción disminuyendo la dependencia externa, por el lado de las importaciones. Sin embargo, se evidencia que la estructura económica heredada sigue pesando en la dinámica económica. La estrategia propuesta, fue aprovechar esa característica de nuestra economía para insertarse en el mercado de los países socialistas y así obtener las divisas necesarias para el desarrollo de un proceso de industrialización posterior.

Período 1968–1970: La zafra de los 10 millones

La característica predominante de este período, lo es la caída e inestabilidad de la dinámica económica. El crecimiento económico resultó negativo en los dos primeros años y como promedio de esta etapa sólo alcanzó un exiguo 1,2 %, y ello debido al repunte en el último año, condicionado por una zafra azucarera de una importante magnitud, mientras que el ingreso per cápita lo hizo a un ritmo -0,4 %. La causa de este empeoramiento de la situación se debió a varios factores; uno de ellos fue la influencia de la zafra de 1970, donde se aspiraba a llegar a 10 millones de toneladas, lo cual requirió elevados esfuerzos a lo largo de 1968 y 1969, y demandó ingentes recursos que fueron de hecho transferidos desde otras esferas de la economía, en detrimento de las mismas, así como trastornos específicos en otros sectores, paralelamente con notables desequilibrios de tipo financiero.

La decisión de alcanzar un elevado volumen de producción de azúcar, respondía a la necesidad de obtener las divisas necesarias, fondos de acumulación, para impulsar el proceso de industrialización planteado por la estrategia de desarrollo definida en la etapa anterior; ya se contaba con una importante capacidad productiva y con una gran experiencia en el proceso azucarero. Además, se preveía la importación de un elevado número de equipos y maquinarias que posibilitarían un salto en la productividad de los factores; se esperaba mecanizar el 30% del proceso. Sin embargo, por diversas dificultades sólo se llegó a un 2,4%, lo que resultó determinante, entre otros, en el no cumplimiento de la producción planificada (se llegó a 8,5 millones de toneladas).

Al no contar el sector azucarero con el grado de mecanización programado, se tuvo que recurrir a la utilización de fuerza de trabajo, por lo que necesariamente hubo afectaciones en los otros sectores de la economía, por las masivas movilizaciones a las que hubo que acudir. Esta afectación no sólo fue en el año 1970, sino desde años anteriores, ya que prácticamente desde 1965 se estaba preparando dicha zafra.

Por otra parte, en esta etapa se cometen errores en lo referido a la conducción del proceso económico, asociados al sistema de gestión implantado, que también ejercen fuerte influencia en el débil desempeño macroeconómico. Se verifica un debilitamiento de los controles económicos, desvinculación del salario con la norma, indebida política de gratuidades, eliminación de la partida doble en la contabilidad, virtual eliminación de los registros de costos, entre otros elementos, que repercutieron fuertemente en la caída de la productividad del trabajo. Además, como rasgo peculiar, tal y como apunta Díaz Vázquez (2008), en medio de este proceso las funciones del Partido y el Estado se confundieron, fusionándose las mismas, además, los sindicatos y sus facultades fueron suplidas por el denominado movimiento de trabajadores de avanzada.

El crecimiento del PIB se movió conjuntamente con la producción azucarera (ver Tabla 9), lo que demuestra, a una década del triunfo revolucionario, que la esencia de la estructura económica no había podido transformarse radicalmente en tan corto período de tiempo. Asimismo, el deterioro de la productividad del trabajo también fue decisivo en el ritmo global de la economía y respondió a las decisiones y métodos erróneos de dirección global y empresarial, que demostraron la inexperiencia e ingenuidad de la política económica hasta ese momento; ver las reflexiones correspondientes realizadas en el I Congreso del PCC (1982), por Fidel Castro.

El crecimiento experimentado en 1970, refleja principalmente el efecto de la zafra de ese año, pero en última instancia oculta las desproporciones estructurales que ocasionó la misma, como la caída de otros importantes sectores y de la tasa de acumulación neta, así como distorsiones en otras esferas de la sociedad.

De igual forma, aumenta la dependencia externa, pues la tasa de importaciones pasa de un 14,2% en 1967 a un 17,7% en 1970. La causa de ello está en la caída de la producción agrícola no cañera (-7% promedio anual)50, y de la productividad del trabajo (-4%). Además, hay que señalar

50   Que motivó un aumento significativo en la importación de alimentos


que el crecimiento del consumo (2,8%) resultó mayor que el del Ingreso (1,2%). Dado el aumento del coeficiente de importaciones y la caída de los ingresos por exportaciones; al menos en 1968 y 1969, el déficit comercial alcanzó una magnitud considerable en este período (INIE, 1977).

Tabla 9. Indicadores seleccionados del período 1968–1970



Crecimiento
Producción
Tasa de
Balanza
Crecimiento (%)


PIB (prec.
Azúcar
Acumulación
Comercial
Productividad


constantes)
(millones Tn.)
Neta
(millones de
del Trabajo en la


(%)

(% del PIB)
pesos corrientes)
Esfera Productiva








1968
-4,4
5,2
7,7
-450,9
-7,73

1969
-0,7
4,5
7,7
-555,0
-10,06

1970
9,1
8,5
7,4
-261,5
6,18








Fuente:  Elaboraciones y estimaciones de los autores a partir de INIE (1977), Rodríguez, J.L (1990) y Ferrán (1996).

Por otra parte, la tasa de acumulación neta se reduce, pasando de 8,4 % en 1967 a 7,4 % en 1970. No obstante, la dinámica experimentada en la importación de equipos fue muy superior a la etapa anterior, del orden del 16,6 % anual, que se destinaron fundamentalmente al sector de la construcción; pero dicho sector presentó una gran caída en este período (-16 % anual), por lo que las mayores importaciones de equipos no se hacen efectivas desde el punto de vista productivo en estos años.

Como resumen, el período 1968–1970, caracterizado por la inestabilidad y el pobre desempeño global de la economía, repercutió de forma determinante en el diseño de las estrategias de desarrollo posteriores. Se necesitaba un mayor conocimiento de las posibilidades reales del país, un mejor control de los recursos y aumentar la eficiencia de los factores productivos.

Período 1971–1975: Crecimiento acelerado

En estos años se experimenta una aceleración del crecimiento económico, la cual tuvo su origen en varios factores. Principalmente, se implementaron transformaciones determinantes en el sistema de dirección de la economía planificada, se fortalecieron las relaciones económicas externas con los países socialistas y prevaleció una coyuntura mundial favorable, que repercutió en el mejoramiento de los términos de intercambio.

A lo largo de esta etapa, de hecho se establecen los cimientos para institucionalizar las formas de poder revolucionario, la experiencia de los Poderes Populares en Matanzas es un ejemplo, así como la introducción de mecanismos y métodos para dar un carácter sistémico a la gestión y funcionamiento de la economía.

En el ámbito interno, se adoptó un conjunto de medidas que respondían a los problemas que se habían manifestado en los años anteriores: se restituye la vinculación de los ingresos de los trabajadores con los resultados económicos y el pago de horas extras; se restable el sistema de controles económicos; y se da una mayor participación de los trabajadores en los problemas de la producción. De otra parte, se instituye el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, entre otras medidas que fortalecían el diseño y la conducción de la política económica, de acuerdo con el condicionante socio-político de la época.

En cuanto al sector externo, Cuba logra trascendentes acuerdos con los países socialistas. En 1972 se firma con la URSS un acuerdo de intercambio comercial y de créditos para el desarrollo; por esa época el país también ingresa al CAME. Paralelamente, la economía mundial se encuentra en expansión por esos años y el precio del azúcar en el mercado mundial se eleva de 3,68 centavos de dólar la libra en 1970 a 20,37 en 1975; además, el precio que Cuba recibía de la URSS también se incrementó a un ritmo semejante.

La combinación de los factores anteriores posibilitaron una reanimación del crecimiento, pero más sobre la base de una mayor efectividad en la utilización de los recursos existentes hasta entonces y de factores externos transitorios, que fueron favorables, que por un proceso de desarrollo interno de las capacidades y de transformaciones estructurales (ver Tabla 10).

Tabla 10. Indicadores seleccionados del período 1971– 1975



Crecimiento
Producción
Tasa de
Balanza
Crecimiento (%)


PIB (prec.
Azúcar
Acumulación
Comercial
Productividad


constantes)
(millones Tn.)
Neta
(millones de
del Trabajo en la


(%)

(% del PIB)
pesos corrientes)
Esfera Productiva

1971
4,0
5,9
6,2
-525,4
4,07

1972
8,6
4,3
3,2
-418,9
5,56

1973
12,1
5,3
12,1
-309,6
7,44

1974
9,4
5,9
15,5
10,6
7,46

1975
8,7
6,3
20,8
-160,9
6,83

Fuente:  Elaboraciones y estimaciones de los autores a partir de INIE (1977), Rodríguez, J.L (1990) y Ferrán (1996).

El crecimiento promedio anual del Ingreso de este período fue de 8,5%, mientras que el ingreso per cápita tuvo una dinámica del 6,7% y el consumo global de 6,6%.

La relativa estabilidad de la industria azucarera, con niveles en expansión y con mayores precios a partir de 1973, contribuyó a que la economía presentara un comportamiento favorable. Las exportaciones de mercancías (valoradas a precios corrientes) tuvieron una fuerte expansión (23% anual), apoyadas por la mejoría en los precios. Otros sectores también apoyaron este resultado, como las construcciones, que mostraron un ritmo promedio anual de 26,3%.

También se verifica un constante crecimiento de la productividad del trabajo, que responde a las medidas tomadas en el sistema de dirección y en el diseño del modelo de gestión, así como al mayor grado de capitalización, aunque es necesario señalar que es en 1973 cuando se llega a superar el nivel de 1967.

Como resultado relevante, está el sostenido incremento que experimenta la tasa de acumulación neta, que alcanza el 20,8 % en 1975, después de haber sido solamente de 7,4% en 1970. La participación en la inversión bruta de la esfera de los servicios, como salud y educación, se hace mayor.

Un atributo especial de este período, y que se iría acentuando en los años subsiguientes, es el significativo aumento que va tomando la tasa de importaciones al PIB, es decir, el coeficiente importado de la economía nacional, ya que pasa de 17,7% en 1970 a 29,7% en 1975. No obstante, el desequilibrio comercial mejora sustancialmente al final de estos años, pero apoyado más en el efecto precios que en un aumento real de la producción exportable (INIE, 1977). La mayor tasa de importaciones se debió al inicio de un importante esfuerzo inversionista, que se reflejó en el excepcional crecimiento que mostró la importación de bienes de capital (equipos); casi 36% anual desde 1973 a 1975, así como a la expansión del sector exportador.

Período 1976–1985: Estabilidad macroeconómica

Las condiciones creadas hasta 1975, posibilitaron situar la industrialización del país como objetivo central de la estrategia de desarrollo, sin que ello significara un desarrollo unilateral de la industria y el descuido del resto de los sectores. En esencia, se planteaba a la industria como eslabón fundamental en la reproducción económica.

Hasta 1980, la tarea principal de la industrialización consistió en crear la base interna necesaria para el desarrollo sistemático de las fuerzas productivas, abastecer de equipos y materiales a la propia industria, a la agricultura y a la ganadería, elevar los recursos exportables, sustituir importaciones y producir artículos de amplio consumo de la población.


Desde los inicios de los años ochenta, se enfatizó en el desarrollo de las exportaciones y en la sustitución de importaciones, básicamente del área capitalista, tomando en cuenta la existencia de factores externos de carácter desfavorable, como la situación financiera con los países correspondientes, que desembocó en 1982 en el proceso de renegociación de la deuda con dicha área, y por el grave deterioro de los precios de los bienes de exportación nacionales hacia la misma.

En este contexto, un elemento fundamental en el logro de estos propósitos lo era el continuado ascenso de los lazos económicos con los países del CAME, que a partir del año 1972 adquirieron un carácter sobresaliente, pues trascendían los vínculos comerciales o de cooperación y se convertían en vínculos integracionistas (ver Rodríguez J.L, 2011), lo que suponía la definición de una especialización internacional en los marcos de dicha agrupación.

A partir de estos vínculos, que permitían contrarrestar y minorar los efectos del bloqueo norteamericano para el desarrollo económico del país, la estrategia del desarrollo se concebía con un fuerte basamento en la colaboración externa, asentada en un modelo que propiciaba la eliminación de los elementos de inequidad imperantes, en los mercados internacionales, en las relaciones entre países con diferente nivel de desarrollo.

Sin embargo, pese a las nuevas condiciones, en esta etapa el crecimiento económico fue más lento que en el período precedente (ver Tabla 11), sobre lo que incidieron factores externos y otros de índole interna, aunque todavía mostraba elevados ritmos; el PIB, a precios constantes, se incrementa como promedio anual a un ritmo de 6,0% en el período 76-85, contrastando con el 8,5% alcanzado en los años 1971-1975. El crecimiento del ingreso per cápita también experimentó un comportamiento favorable, del orden del 5,2% como promedio anual.

Tabla 11. Indicadores seleccionados del período 1976–1985



Crecimiento
Producción
Tasa de
Balanza
Crecimiento (%)


PIB (prec.
Azúcar
Acumulación
Comercial
Productividad


Constantes)
(millones Tn.)
Neta
(millones de
del Trabajo en la


(%)

(% del PIB)
Pesos corrientes)
Esfera Productiva

1976
5,5
6,2
20,41
-487,4
4,01

1977
8,3
6,5
20,12
-543,2
5,51

1978
7,8
7,4
17,30
-133,7
4,42

1979
2,0
8,0
15,06
-188,3
1,31

1980
-3,0
6,7
17,12
-660,3
-1,89

1981
18,4
7,4
19,12
-890,2
17,23

1982
5,3
8,2
14,64
-597,4
3,86

1983
5,9
7,1
16,11
-687,2
2,40

1984
7,3
8,2
18,67
-1751,0
3,89

1985
3,8
8,0
19,34
-2043,5
3,24








Fuente:   Rodríguez, J.L (1990); y estimaciones de los autores a partir de Ferrán (1996) CEE (1989) y ONE (1998).

La producción azucarera alcanzaría elevados niveles, lo que respondía a la especialización que le correspondiera a Cuba en el sistema de integración económica del CAME. Desde 1981 a 1985, la producción de azúcar como regularidad no fue inferior a los 7 millones de toneladas o muy cercana a este valor. Como en otros períodos, se destacó la importancia que tenía este sector para la obtención de recursos, es decir divisas, que se destinarían al proceso de industrialización. No obstante, como se señalará, no se aprovecharon al máximo las capacidades instaladas y no se llegaron a materializar los esfuerzos para diversificar la actividad económica y las exportaciones, y consecuentemente tampoco los mercados.

Significativo resultó el esfuerzo inversionista, que tuvo un carácter sostenido en estos años. El comportamiento positivo que mostró la productividad del trabajo se debió en buena parte a la mejor dotación de capital. La tasa de acumulación neta se mantuvo elevada en todo el período, solamente con disminuciones en los años 1982 y 1983, debido a la situación creada por la crisis internacional de la Deuda Externa. Por otra parte, la participación del ahorro externo en el proceso de acumulación se incrementó hacia el final de este período, lo que se puede apreciar de cierta forma en el porcentaje del déficit comercial al PIB: 4,5 % en 1976 a 11,3 % en 1985.

Un rasgo sumamente representativo de esta etapa lo es, sin lugar a dudas, el aumento que va tomando la tasa de importaciones de bienes, pues va de 30 % en 1976 a 42 % en 1985. Ello respondía a dos factores. En primer lugar, la tasa de exportaciones se hizo mayor en esta etapa como consecuencia de pertenecer a un proceso de integración y en segundo término, el incremento del ahorro externo para el proceso de desarrollo.

Ahora bien, existieron algunos factores que en cierta medida frenaron el mayor avance económico durante estos años. Entre los factores exógenos citados por J.L Rodríguez (1990), se encuentran:

·      Deterioro de los términos de intercambio (ver Figura 6) y, sobre todo, la caída de los precios del azúcar en el mercado mundial51.

·      Aparición de diferentes plagas que afectaron gravemente la producción agropecuaria como la roya de la caña, el moho azul de tabaco y la fiebre porcina.

·      Fuertes sequías durante tres años de esta etapa.


En cuanto a los factores internos que incidieron en un desempeño por debajo de lo esperado, en particular sobre el proceso de industrialización, se reconocen diversas insuficiencias (Figueras, 1994), entre las pueden citarse las siguientes:

·      Insuficiente crecimiento de exportaciones industriales. Las exportaciones industriales tradicionales (azúcar, minerales y tabaco) crecen a un ritmo inferior que la producción industrial.

·      La industria química, estructuralmente de las más importantes, presenta menor dinámica que otras producciones industriales.

·      Ejecución ineficiente del proceso inversionista industrial.

·      Tendencia a la construcción de grandes empresas con el propósito de aprovechar supuestas economías de escala, pero éstas al final no resultan eficientes.

·      Aprovechamiento de capacidades instaladas por debajo de lo esperado.
·      Elevado consumo energético de la industria.


(51)El precio del azúcar en el mercado mundial cayó de 20,37 centavos/libra en 1975 a 11,51 en 1976 y a 4,05 en 1985. La dinámica de este precio era importante para la economía cubana debido a la necesidad de importaciones específicas del área capitalista (Rodríguez, J.L., 1990).



      Insuficiente cooperación entre las empresas; condicionada por la naturaleza del sistema de gestión económica.

La pertenencia al CAME tuvo también, en este período, su reflejo tanto en la estructura organizativa de la economía como en el sistema de gestión. La existencia de mecanismos de coordinación de planes en el ámbito gubernamental, definía a priori y supeditaba en gran medida la actuación de las empresas. Si bien era cierto que el modelo protegía a la economía de los vaivenes de la coyuntura capitalista, también aislaba al país de las condiciones de competencia internacional y de la consiguiente exigencia de eficiencia económica, calidad, innovación y demás.

La combinación de todos estos elementos estructurales y de eficiencia conduciría, como se mencionó, a una pérdida de vitalidad del modelo de crecimiento económico, que se haría evidente en la segunda mitad de la década de los ochenta, así como al incremento del déficit en la balanza comercial externa y en la cuenta corriente.

Período 1985–1989: Desaceleración

A mediados de la década de los ochenta, comienzan a manifestarse síntomas de agotamiento del modelo sustentado en el uso extensivo de los factores, que había propiciado el apreciable crecimiento económico hasta ese momento, en el año 1985 el crecimiento del PIB es apenas del 3,8%, en tanto que en todo este periodo éste fue apenas del 0,5%. Entre estos síntomas pueden señalarse: la caída sistemática en el rendimiento de los fondos básicos; la insuficiente respuesta en exportaciones; así como la baja eficiencia del proceso inversionista; y un crecimiento del consumo personal (1,1%), mayor al del Ingreso.

Por otra parte, los resultados de las negociaciones de la Coordinación de Planes para el período, es decir, para el quinquenio 1986-90, en sentido general evidenciaron también un estancamiento relativo de los suministros a los niveles de 1985, en renglones muy importantes, así como un cierto endurecimiento de las condiciones favorables que hasta entonces habían prevalecido en las relaciones con los países del CAME; todo ello condicionado por la inercia que venían experimentando las economías socialistas europeas, durante un prolongado período, que llegó en dichos años a ser insostenible.

Como consecuencia, la economía cubana comienza a desacelerarse (ver Tabla 12), dada su alta dependencia de los factores externos para su desarrollo. El primer resultado fue la caída de las exportaciones de bienes y servicios en 1,2 % anualmente. Como elemento explicativo de la escasa dinámica de las exportaciones, está el hecho de que en 1989 la participación de los productos de la industria azucarera en el total de las exportaciones de bienes era del 73,2 %, sólo 7,4 % por debajo del correspondiente a 1958, en tanto que la estructura exportadora se mantenía muy similar a la que existía 30 años atrás. Mientras, en el mundo habían ocurrido fenómenos excepcionales de expansión productiva, basándose en la exportación de productos cada vez más complejos.

Se verifica, además, una disminución de los niveles de importaciones; sólo en 1989 se logra superar el valor alcanzado en 1985. No obstante, la tasa de importaciones alcanza en esta etapa los mayores niveles de toda la etapa revolucionaria, 42,3 % en 1989, demostrando la elevada especialización y dependencia a la que se había llegado hasta aquellos momentos.

En cuanto a la tasa de acumulación neta, la misma cae durante estos años, alrededor de 5% con respecto a 1985. Ello ocurre pese a que el ahorro externo, con respecto al PIB, se mantuvo elevado; el déficit comercial y de servicios se sitúa por encima del 10% del Ingreso. En consecuencia, el descenso del ahorro interno fue el que condujo a la menor expansión inversionista. El insuficiente ahorro interno es consecuencia de la interrelación de algunas variables claves: estancamiento productivo, aumento del consumo personal y caída de la productividad del trabajo.



Tabla 12. Indicadores seleccionados del período 1986–1989



Crecimiento
Producción
Tasa de
Balanza
Crecimiento (%)


PIB (prec.
Azúcar
Acumulación
Comercial
Productividad


Constantes)
(millones Tn.)
Neta
(millones de
Del trabajo en la


(%)

(% del PIB)
Pesos corrientes)
Esfera Productiva








1986
0,1
7,3
13,49
-2274,6
-3,55

1987
-2,4
7,1
10,30
-2181,5
-4,95

1988
3,7
7,4
11,15
-2090,5
-1,66

1989
0,7
8,1
12,85
-2739,9
-3,24








Fuente: Estimaciones y elaboraciones de los autores a partir de CEE (1989), Rodríguez, J.L (1990), Ferrán (1996), ONE (1998) y CEPAL (1999).

De tal forma, son dos los factores determinantes del bajo crecimiento económico. Primero, las restricciones impuestas por la estructura productiva y funcional de la economía a una expansión acelerada de las exportaciones y una mayor sustitución de importaciones, ya que el proceso de integración en que se insertaba la economía retardaba la transformación productiva. Segundo, el debilitamiento de la eficiencia del sistema económico, pues no se explica que con todo el proceso inversionista de los períodos anteriores y con la gran acumulación de capital humano, el crecimiento global y de la productividad del trabajo se desacelere. Existían, sin duda, considerables fuerzas económicas subutilizadas52.

Paralelamente, se unieron elementos de desviaciones y descontrol en las esferas empresarial y laboral, cuyas expresiones fundamentales fueron la elevación de precios para lograr una rentabilidad artificial, el pago de salarios que no se correspondían con el trabajo realizado y el otorgamiento de primas injustificadas. Estos aspectos negativos, eran consecuencia de errores en la aplicación de la política económica adoptada desde 1975 y de la propia insuficiencia e inconsistencia de los mecanismos correspondientes.

Como señalaran Alvarez (1998) y U-Echevarría (1997b), dado el peligroso rumbo de los acontecimientos económicos, se pone en práctica un conjunto de medidas para rectificar estas tendencias, lo cual coincide, por lo demás, con un agravamiento de la situación externa, tanto por los referidos resultados del proceso de negociación con los países socialistas, como por la situación financiera en moneda libremente convertible, lo que había conducido a un estancamiento e incluso cierta contracción de la base material de la economía53. A pesar de esta adversa situación, se mantuvieron las inversiones para el desarrollo, los programas sociales y la ocupación.

En materia de política económica, los cambios incorporados a partir de 1986 incluían un conjunto de acciones como: priorizar las terminaciones de obras iniciadas, mejorar la organización general del proceso inversionista, elevar los volúmenes de inversiones destinados a respaldar el programa de desarrollo social, el turismo54, la biotecnología y el programa alimentario, muy en particular las obras hidráulicas y los sistemas de riego. Al mismo tiempo, se adoptaron nuevas formas organizativas del trabajo, como los “contingentes” en la construcción; en la esfera agropecuaria se implantaron nuevas formas de retribución, para vincular el pago con los resultados finales de la actividad.

En el ámbito relacionado con el sector externo, comienza el impulso a la inversión extranjera, con las primeras negociaciones en la esfera del turismo y asociado a ello se da inicio a nuevas

52   Ver al respecto Ludwall (1999).

53    Un análisis más detallado puede encontrarse en Alvarez (1991).

54   En particular, el turismo se convertiría, posteriormente, al desencadenarse la crisis de los noventa, en el sector de mayor dinamismo de la economía cubana, contribuyendo de forma relevante, paralelamente con su aporte directo a la cuenta corriente, al proceso sustitutivo de importaciones y consecuentemente a la recuperación de la esfera manufacturera y de servicios del país.

formas organizativas empresariales (conocidas como “corporaciones”) y algunos esquemas restringidos de financiamiento en divisas, con el objetivo de flexibilizar la gestión externa.
2.3.  Dimensión social de las transformaciones económicas55

2.3.1. Consideraciones generales

En el caso de Cuba, independientemente de la valoración que se realice con respecto al proceso económico seguido en los años de referencia, el bienestar de la población en términos promedio se acrecentaría, tal como se pudo constatar en el epígrafe anterior. Si se considera la evolución de la tasa de mortalidad infantil, medida que resume no sólo el nivel sanitario sino también el nivel socio-económico del conjunto de la sociedad, o la esperanza de vida al nacer, como indicadores de la calidad de vida, Cuba presenta avances significativos. Por lo que es imposible, bajo condiciones socialistas, el abordar los temas económicos sin dejar de delinear aquellos derivados de la aplicación de una Política Social consistentes con dichos propósitos.

Aquí resulta un hecho peculiar, en relación con el tema en cuanto a que si el crecimiento económico debe anteceder al desarrollo social o viceversa, al respecto, la política cubana se ha fundamentado en adelantar éste último como condición necesaria para el desarrollo, en su complementación con el crecimiento, puesto que finalmente, como fuera señalado en su momento y es reconocido en sentido general, la política social, principalmente en el corto plazo, también tiene un efecto activo sobre el desarrollo económico, de mediano y largo plazo, en particular en los componentes relacionados con lo que se ha denominado capital humano.

Sin embargo, lo fundamental es que son las condiciones puntuales de cada momento las que deben determinar en cuales de los componentes, lo económico o lo social, hacer mayor énfasis (Ferriol y González, 1995). En otras palabras, todo depende de las circunstancias específicas de cada momento, es decir, tal precepto no puede constituir un principio absoluto, tal como de hecho había prevalecido.

Así, los principales efectos de la política social sobre el desarrollo económico, al decir de Ferriol y González (1995), pueden resumirse como:

·         Al mejorar las capacidades humanas, posibilita la existencia de un factor de producción de características superiores.

·         El descenso de las tasas de crecimiento demográfico y los cambios en la estructura poblacional a favor de las edades activas, resultan favorables al crecimiento económico.

·         La distribución de los ingresos propicia la conformación de estructuras productivas más favorables.

·         El desarrollo de sectores sociales como la educación, la salud y ciencia, crea posibilidades mayores para el aumento de la actividad económica, por vía de lograr inserción en la división internacional del trabajo actual.

·         Diseños adecuados de la política social pueden propiciar el logro de mejores proporciones macroeconómicas56.

En este sentido, se ha hablado de “capital humano”57 desde mediados del siglo pasado refiriéndose a la fuerza y al conocimiento de las personas. Proporcionar recursos a la educación se concibe, por lo tanto, como “inversión en capital humano”. De la misma manera, y a partir de los años noventa, “capital social” ha estado en el centro de la atención y es utilizado con muy variados significados. No obstante, el significado básico es que los contactos sociales, las redes sociales y

55   Este epígrafe ha sido elaborado en lo fundamental a partir de U-Echevarría y Castiñeiras (2007b)

56    Aquí los autores subrayarían el concepto de diseños adecuados.

57   Concepto que fuera esbozado por Theodore Schultz (1961 y 1960), economista estadounidense y premio Novel de economía 1979, y Gary Becker (1983), economista estadounidense y premio Novel de economía en 1992.



las normas de ayuda mutua, son un recurso importante, tanto para el individuo como para la sociedad. Es un recurso utilizable y en el cual se puede invertir, un recurso en situaciones de emergencia y de pobreza y un recurso tanto para la carrera privada como para el desarrollo económico, lo cual no ha sido plenamente interiorizado en la práctica cotidiana de nuestro país.

En particular, en los últimos tiempos y a la par de rechazar la óptica estrecha e ideológicamente equivocada que el enfoque liberal le adjudicó a estos conceptos, el tema del capital humano ha resurgido con fuerza en el quehacer académico y político internacional, en particular en Cuba, sobre la base de la diversidad de relaciones que se establecen entre la educación y el desarrollo y en el marco de la llamada sociedad del conocimiento.

Hoy en día se acepta que no es un bien transable, ya que los conocimientos o habilidades están incorporados o forman parte del ser humano. Sin embargo, los individuos no siempre controlan las vías y etapas por las cuales adquieren tales conocimientos o habilidades. Hasta tanto los individuos no son adultos e interiorizan el proceso de decisión sobre la inversión en capital humano, las decisiones en este sentido son realizadas por los padres, maestros e instituciones sociales. No obstante, en la etapa adulta este proceso también depende de las inversiones pasadas, del medioambiente social, de las influencias de sus contemporáneos y del contexto institucional y social en el cual viven y que le da forma a la adquisición de capital humano, tanto en tipo como en monto.

Ahora bien, es necesario tener en cuenta, además de los conocimientos adquiridos, aquellos que los individuos aportan en su trabajo y a la actividad económica y social. Las actitudes para el trabajo en grupo, el entusiasmo, la motivación, y la apertura a las nuevas ideas no son menos importantes que las capacidades cognoscitivas, pues el capital humano debe tener un impacto sobre la actividad económica y social.

En cuanto al capital social58, aunque ya en 1916 aparece la utilización de este término, es a partir de 1985 que se reincorpora a las ciencias sociales; y a finales de los años noventa del pasado siglo es que se produce un amplio debate acerca de su definición y sus bondades como instrumento de política social, especialmente dirigido a disminuir la pobreza.

Una de las dificultades para estudiar el capital social, es que aún no existe un consenso sobre su definición. La diversidad de definiciones aportadas sitúa el capital social en tres dimensiones. Estas son:

·         Capacidad. Se entiende el capital social como la capacidad efectiva de movilizar productivamente y en beneficio del conjunto, los recursos asociativos que radican en las redes sociales a las que tienen acceso los miembros de un grupo social.

·         Redes e infraestructura sociales. Se identifica el capital social con las normas, relaciones e instituciones que posibilitan la cooperación en el seno de un grupo o comunidad.

·         Resultados. Capital social se asume como los beneficios finales a nivel de grupo social o de la sociedad en su conjunto, que personifican una nueva cualidad de funcionamiento. Tal es el caso de la solidaridad, el orden público, entre otros.

Uno de las aproximaciones más interesante y completa, es la que define el capital social como los elementos sociales, sicológicos y emocionales que contribuyen a una acción colectiva mutuamente beneficiosa. Sostiene que una concepción del capital social que lo ubique sólo en el plano individual, es decir, de los beneficios que pueden obtener los individuos, como son los derivados de las redes sociales, no contribuye a su utilización en las políticas contra la pobreza, pues esos beneficios pueden no contribuir a los cambios en las relaciones económicas, sociales y políticas que impliquen una verdadera trasformación, por ello, propone el uso del concepto para el ámbito colectivo.


58   Desde la sociología, este término proviene de una analogía con el de capital económico, como variable que mide la colaboración social entre diferentes grupos de un colectivo humano y el uso individual de las oportunidades surgidas a partir de ello. De todas formas, su escasa fijación en la literatura social y económica hace que sea un tanto difícil de establecer un consenso.

2.3.2. Antecedentes para Cuba: un resumen

Como resultado de diversas circunstancias, históricas y políticas, la experiencia cubana en los temas de política social ha sido sui generis en el continente americano.

Un aspecto de especial relevancia lo es el hecho que, como fuera reiterado con anterioridad, la Revolución Cubana estableció como principio la estrecha relación entre la base económica y los efectos sociales. De tal forma, se concibió el proceso de desarrollo a partir del tratamiento simultáneo de los problemas económicos y sociales, como partes inherentes del mismo.

En relación con lo cual, hay algunos hechos que conviene puntualizar, por su relevancia en la comprensión de las características de la política social cubana a lo largo de todos estos años y principalmente a inicios del presente siglo.

·   Las características económicas y la precariedad social existente en 1959, determinaron las primeras medidas adoptadas por el gobierno revolucionario al tomar el poder político. El programa esbozado por Fidel Castro en su alegato de defensa por los hechos relacionados con el ataque al Cuartel Moncada en 1953, conocido como La Historia me Absolverá, determinó las acciones iniciales y ha estado presente recurrentemente59.

·   El diferendo histórico con los Estados Unidos, vigente hasta la actualidad y cuya expresión extrema lo es el bloqueo económico presente a lo largo de los cincuenta años que abarca este estudio y su recrudecimiento posterior en la década de los noventa

·   La desaparición del campo socialista, ocurrida a finales de los años ochenta, la crisis económica experimentada en el país a inicios de los años noventa y las importantes transformaciones que incorporaría la reforma económica desplegada, para reinsertar a Cuba en la arena internacional y en una senda de crecimiento y desarrollo. Conjunto de factores que ha impactado con fuerza a la sociedad cubana y en particular a la política social.

2.3.3. Esbozo general de la política social cubana

La política social, dadas las condicionantes ya referidas en el contenido anterior, fue concebida diversa en sus objetivos, al incorporar el mejoramiento de las condiciones de vida y de bienestar material, paralelamente con el incremento de la equidad, así como la transformación de los valores, los comportamientos y las relaciones sociales, en busca de dar consistencia adecuada al capital social.

En este plano, como ha sido reiterado, la experiencia cubana se ha caracterizado por situar el desarrollo del hombre en el centro de sus propósitos, por desplegar un camino propio, en ocasiones inédito, y por obtener resultados sociales palpables y reconocidos.

Así, una lección muy importante que ofrece el caso cubano, es la certeza de cuánto se puede hacer con pocos recursos, por lo que en tal sentido constituye un ejemplo para la comunidad internacional. Ello ha sido posible, en última instancia, por el compromiso de las autoridades con el desarrollo integral de la población. De tal forma, el capital humano y la práctica de la solidaridad internacional se conciben como dos pilares que impulsan el desarrollo económico y social del país.

El hecho real es que Cuba se situaría, en esta esfera, en la avanzada del desarrollo social de la región latinoamericana y caribeña y del mundo en desarrollo en general, aun cuando ha estado sometida a un bloqueo económico y agresiones permanentes por parte de los Estados Unidos.

En particular, la educación, la salud y el empleo han sido tres ejes priorizados en la política social durante todos estos años. Especialmente, se aplicó la estrategia de utilizar la educación como pivote

59   En dicho documento, se resumían los problemas fundamentales que debían resolverse en el país en: El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo, he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con las conquistas de las libertades públicas y la democracia política.




para el avance en el resto de las esferas sociales, pues los conocimientos adquiridos posibilitan la incorporación de la población como agentes activos de los restantes proyectos sociales, es decir, uno de los componentes básicos del denominado capital humano, como ya fuera apuntado.

A ello se adiciona el efecto que tiene la elevación de la escolaridad y la calificación sobre: la dinámica poblacional y su composición por edades; su influencia en términos de una mayor incorporación de las mujeres al empleo y en la situación económica de los hogares; así como el impacto de la educación sobre el modo de vida que se elige.

También, debe resaltarse el papel estratégico otorgado a la equidad en la política social cubana, entendida no sólo como que la totalidad de la población tenga iguales oportunidades de acceso a la satisfacción de necesidades, sino también en el sentido de brindar mayores oportunidades a grupos sociales que, por su situación históricamente condicionada, pudieran encontrarse en una posición desventajosa que les imposibilitara aprovechar las oportunidades existentes. Más aún, el propósito de alcanzar homogeneidad en la sociedad fue un objetivo central hasta la década de los años ochenta del pasado siglo, aunque los excesos en este sentido llevaron a confundir estos conceptos con un igualitarismo a ultranza, que influyó negativamente, en no pocas ocasiones, en los resultados económicos en términos de eficiencia.

Así, la relevancia otorgada a la equidad se tradujo en un modelo social que adjudica un papel relativamente menor a los ingresos monetarios en el acceso al bienestar y, consecuentemente, un papel mayor al acceso universal y no pago a los servicios de salud, educación y seguridad social; universalidad que en dichos servicios fue aplicada como condición necesaria. En fin, han sido características generalizadas de la política social cubana su carácter universal, de hecho gratuito y planificado.

Paralelamente, se incluyeron medidas de redistribución del ingreso con un tratamiento preferencial hacia la mujer, los niños, ancianos y la población de zonas rurales, con el propósito de que la relativa desigualdad social resultante se mantuviera dentro de límites considerados admisibles para la sociedad.

Otra característica de la política social cubana, que en una perspectiva histórica no se puede obviar, es que la misma se ha concebido de forma integrada con la política económica, como de hecho fuera abordado en el contenido anterior. Por consiguiente, el proceso de desarrollo en todo momento ha sido diseñado a partir de un tratamiento simultáneo de los problemas económicos y sociales, bajo la ya referida concepción de que si bien el crecimiento económico es condición necesaria para el desarrollo, no es suficiente.

De tal forma, a partir de 1959 ha sido una práctica permanente la conciliación de objetivos y metas económicas y sociales en los distintos momentos de la evolución económica del país. Ese tratamiento integrado, posibilitó una aplicación más consciente y coherente de las conocidas relaciones positivas entre educación-empleo-crecimiento económico, salud-alimentación-productividad del trabajo, entre otras, aunque no siempre resultaron consistentes con la realidad objetiva de cada etapa.

También, la decisión de priorizar el desarrollo social respecto al económico se asume como un elemental acto de justicia ciudadana. En Cuba, se promovió que todo ciudadano tiene el derecho a una vida digna en correspondencia con el nivel de desarrollo alcanzado por la sociedad y, por tanto, debe disfrutar de todos los derechos económicos y sociales en un entorno de equidad, a fin de desarrollar al máximo las capacidades que se poseen, incrementar su autoestima y acceder a niveles superiores de bienestar. Por consiguiente, la política cubana incorpora la promoción de la solidaridad como un rasgo central de la sociedad, en especial en coyunturas económicas difíciles.

Acorde con los principios antes enunciados, desde los años sesenta hubo de situarse el pleno empleo como objetivo básico y, por tanto, el Estado asumía la misión de crear los empleos necesarios60. No obstante, dadas las limitaciones de carácter financiero una buena parte del

60   Se incluyó en la política de empleo, conciliar la oferta de mano de obra con su demanda por actividades económicas y territorios, utilizando la planificación como regulador de la eficiencia del uso de la fuerza de trabajo y la coordinación de

cumplimiento de tan loable objetivo, se llevó a cabo con un desmedido incremento del subempleo, aspecto que fuera abordado oportunamente.

En esencia, las modificaciones en la política económica durante 1986 y 1987 se encaminaron a eliminar las deformaciones más evidentes; a partir de 1988, se dirigieron a modificar el sistema de dirección, buscando mecanismos para una gestión económica y social más eficiente. Este proceso se caracterizó por discusiones amplias y masivas con las empresas y por llevar a cabo consultas populares para los cambios más trascendentes.

Finalmente, si bien es cierta la existencia de determinadas ineficiencias en el funcionamiento y desempeño económico, que agravarían el efecto de los eventos de la economía internacional, debe puntualizarse que durante este período las políticas orientadas hacia el desarrollo social se mantuvieron y desarrollaron, con impactos sumamente positivos, que pueden sintetizarse tal y como sigue, entre los años 1958 y 198961:

·         La tasa de natalidad desciende sistemáticamente durante todos los años; de 27,3 por mil habitantes pasó a 17,6.
·         La mortalidad infantil en menores de 1 año bajó de entre 40-60 por mil a 7,2.
·         La esperanza de vida al nacer ascendió de 65 a 74,5 años.
·         La escolarización de 6 a 14 años se elevó de 50% a 97,7%.
·         La tasa de mortalidad materna por 100 mil nacidos vivos descendió de 115,5 a 29,2.

Los resultados en el ámbito social, como los que exhibieron las esferas de educación y salud, representaron avances extraordinarios en materia de desarrollo. Si bien el crecimiento del Ingreso actúa como fuerza para resolver los problemas sociales, también es cierto que la mejor calidad en los indicadores de bienestar refuerza el crecimiento potencial de la economía.

Para Cuba en particular, la considerable acumulación de capital humano que se realizara a lo largo del tiempo, se convierte en una de las capacidades económicas de la nación para el futuro desarrollo económico y para la transformación de la estructura económica, a fin de insertarse en una senda de expansión altamente dinámica y estable (ver las valoraciones que acerca de estos aspectos realiza Lucas, 1988).

Continuará