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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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jueves, 4 de abril de 2019

Un imperativo mundial

(Foto: Alexsl/iStock by Getty Images)
El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, una fecha que nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre la lucha por lograr una mayor igualdad de género. Las raíces de este evento anual se remontan a más de un siglo, pero la especial atención que presta al respeto y las oportunidades para las mujeres sigue siendo sorprendentemente pertinente hoy: desde el acoso sexual y la violencia hasta las leyes desiguales y la injusticia en el lugar de trabajo, ámbito en el cual las mujeres con demasiada frecuencia están subempleadas, mal remuneradas e insuficientemente promovidas.
El trato desigual o discriminatorio puede marginar a las mujeres y obstaculizar su participación como personas productivas que contribuyen a la sociedad y a la economía de una manera inestimable. Aun así, cuando considero el rico entramado de organismos y personas que pueden marcar una diferencia a la hora de garantizar la igualdad de oportunidades para las mujeres, también veo que las autoridades económicas desempeñan un papel crucial. Desde sus cargos pueden diseñar políticas que ayuden a las mujeres y a las niñas a tener acceso a lo que necesitan para llevar una vida satisfactoria: educación, servicios de salud, transporte seguro, protección legal contra el acoso, servicios financieros y modalidades de trabajo flexibles.
El FMI recomienda este tipo de medidas a los países miembros, y trabaja con muchos gobiernos para examinar la forma en que las políticas afectan a las mujeres. En los últimos años, nos hemos centrado más en el empoderamiento de la mujer precisamente porque, más allá de las importantes consideraciones éticas, también representa una oportunidad perdida en la búsqueda de la estabilidad macroeconómica y el crecimiento inclusivo, ámbitos centrales de especialización del FMI.
Según nuestros estudios, si el empleo de las mujeres se equiparara al de los hombres, las economías serían más resilientes y el crecimiento económico sería mayor. Nuestras nuevas estimaciones confirman que, para los países en la mitad inferior de nuestra muestra en términos de desigualdad de género, cerrar la brecha de género en el empleo podría incrementar el PIB un 35% en promedio, del cual entre 7 y 8 puntos porcentuales corresponden a aumentos de productividad gracias a la diversidad de género. Tener una mujer más en la alta gerencia o en el consejo directivo de una empresa —sin cambiar el tamaño de dicho órgano— eleva entre 8 y 13 puntos básicos el rendimiento de los activos. Si los bancos y supervisores financieros aumentaran la proporción de mujeres en altos cargos, el sector bancario también sería más estable.
Los 189 países miembros del FMI se enfrentan a muchos desafíos diferentes, pero empoderar a las mujeres sigue siendo un denominador común y un imperativo mundial para todos aquellos que se preocupan por la equidad y la diversidad, pero también por la productividad y el crecimiento de sociedades y economías que sean más inclusivas. Si podemos lograrlo, todos ganamos.

miércoles, 5 de julio de 2017

Sin tiempo para detenerse: Reforzar el crecimiento mundial y desarrollar economías inclusivas

Por Christine Lagarde
(Versión en English)
Hace casi 60 años, un grupo poco conocido llamado The Beatles, llegó a Hamburgo, pasó por una barbería, grabó su primera canción y encontró un sonido exclusivamente suyo.
Siguiendo su ejemplo, los líderes mundiales reunidos esta semana en la cumbre del Grupo de los Veinte pueden sacar el mayor partido de su estancia en Hamburgo y marcharse de Alemania con un plan sólido para el fortalecimiento del crecimiento mundial.
Recuperación en marcha
Esta cumbre arranca con optimismo. El clima positivo es el resultado de una recuperación mundial que cumple su primer año de vida y representa un cambio favorable respecto a las anteriores reuniones del G20, a menudo marcadas por la sombra del crecimiento inestable y las revisiones a la baja.
Sin embargo, es el optimismo cauteloso el que debería predominar; aún se requieren iniciativas de política para reforzar la recuperación y desarrollar economías más inclusivas.
¿Qué hay detrás de esta dinámica de crecimiento?
El reciente repunte de la manufactura y la inversión a escala mundial es indicio de que la recuperación que proyectamos en abril sigue su curso. Daremos a conocer nuestro próximo pronóstico a fines de julio, pero la expectativa es que el crecimiento mundial rondará 3½% este año y el próximo.
No obstante, como se explica en nuestra última Nota de supervisión del G20, ha habido cambios en lo que se refiere a la composición regional del crecimiento.
En Estados Unidos —donde la expansión dura ya nueve años y el desempleo cíclico prácticamente ha desaparecido—, la desaceleración transitoria de comienzos de 2017 y la incertidumbre en torno a las políticas han moderado nuestras perspectivas.
La zona del euro ha superado las expectativas, gracias al estímulo monetario y la demanda interna, y las condiciones de las economías emergentes se han visto impulsadas por el sólido crecimiento de China y la estabilización de las condiciones en Rusia y Brasil.
Así que, efectivamente, hay dinamismo. Pero no podemos estar tranquilos: los riesgos tanto nuevos como viejos son una amenaza para nuestro objetivo de generar un crecimiento mayor y compartido por todos.
Nubes en el horizonte
Los riesgos no están circunscritos a una región o un tipo de economía y, en algunos casos, reflejan el aspecto negativo de los motores de la recuperación.
Las vulnerabilidades financieras son motivo de preocupación inmediata. Tras un largo período de condiciones financieras favorables, con tasas de interés reducidas y un acceso al crédito más fácil, el apalancamiento empresarial en muchas economías emergentes es demasiado elevado. En Europa, los balances bancarios aún necesitan recuperarse de la crisis. En China, la expansión más rápida de lo proyectado podría dar lugar en el futuro a un nivel de deuda pública y privada insostenible si continúa impulsada por la facilidad del crédito y el aumento del gasto.
De no abordarse, este conjunto de cuestiones podría conducir a repentinas dificultades financieras, dado que las economías del mundo siguen luchando también contra problemas de más largo plazo.
Pensemos por ejemplo en la desigualdad económica excesivamente elevada, el escaso crecimiento de la productividad, el envejecimiento de la población y las disparidades entre los sexos. Como muestra un estudio del FMI, estos retos limitan el crecimiento potencial, complicando así la tarea de aumentar el ingreso y mejorar las condiciones de vida.
¿Qué debería hacer el G20 al respecto?
Un llamamiento a la acción
La mejor forma de empezar es manteniendo el actual dinamismo económico. Puede recurrirse a las políticas monetaria y fiscal para respaldar la demanda allí donde sea necesario y posible.
En Japón, por ejemplo, aunque el producto se mantiene por debajo del potencial, el respaldo fiscal y monetario, unido a las favorables condiciones económicas mundiales, ha contribuido a generar un crecimiento especialmente sólido en los últimos trimestres.
De todos modos, estas medidas tienen limitaciones. Es necesario que los países busquen maneras de protegerse de los riesgos, acelerar el crecimiento y potenciar el poder de la cooperación internacional. Ningún país existe en un vacío, y las políticas que adopta uno pueden hacer sentir sus efectos con más intensidad y durante más tiempo en coordinación con los demás miembros del G20. Estas deberían ser algunas de nuestras prioridades:
  • Revitalizar el crecimiento de la productividad. En muchas economías, un aumento de los recursos destinados a la capacitación y la educación, así como de los incentivos que fomentan I+D, estimularía la inversión y daría rienda suelta al espíritu emprendedor. Esto le daría un impulso muy necesario a la velocidad de crecimiento sostenible que pueden alcanzar las economías.
  • Proteger el sector financiero. El actual período de crecimiento puede servir para hacer frente a las vulnerabilidades de empresas y bancos, por ejemplo mediante la acumulación de capital y el fortalecimiento de los balances. Un crecimiento sostenido implica también que ha llegado la hora de mejorar —no de reducir— los sistemas de supervisión y regulación aplicados en el período posterior a la crisis.
  • Abordar los desequilibrios en cuenta corriente excesivos. Tanto los países con superávit como aquellos con déficit deberían abordar ahora este problema, para evitar así tener que introducir correcciones importantes más adelante. Así pues, esta cumbre brinda la oportunidad de fortalecer el sistema de comercio mundial y reafirmar nuestro compromiso con la correcta ejecución de las normas que fomentan la competencia, garantizando a la vez la igualdad de condiciones para todos.

Ante todo, debemos centrarnos en el desarrollo de economías inclusivas, para lo cual se requieren reformas estructurales que eleven los ingresos y un mayor apoyo a quienes enfrentan las desventajas del cambio tecnológico y la integración económica mundial.
Además, hay que poner en marcha nuevas iniciativas para promover la autonomía de la mujer y eliminar las disparidades entre los sexos.
En las economías avanzadas del G20, la diferencia entre el número de hombres y mujeres con trabajo remunerado es de unos 15 puntos porcentuales. Esta brecha es todavía más amplia en las economías emergentes del G20.

                                            

Si los países del G20 fuesen capaces de cumplir con su objetivo de incrementar en un 25% la participación de las mujeres en la fuerza laboral para el año 2025, se podrían generar alrededor de 100 millones de nuevos puestos de trabajo para la economía mundial.
Los beneficios sustanciales que se lograrían eliminando las disparidades entre los sexos no son más que un ejemplo de lo que se puede conseguir si actuamos juntos.
Otro ejemplo: el Pacto con África, una iniciativa puesta en marcha durante la presidencia alemana del G20 y cuyo objetivo principal es fomentar la inversión privada, puede servir de modelo para el afianzamiento del crecimiento y la diversificación económica en todo el continente.
Haría también hincapié en la coordinación necesaria para hacer frente a las crisis humanitarias mundiales, ya sean epidemias, catástrofes naturales o hambrunas. El G20 ha dado un paso importante al comprometer más de $1.000 millones en ayuda a los millones de víctimas de la hambruna en Somalia, Sudán del Sur, Yemen y el noreste de Nigeria. En los meses venideros, tendremos que redoblar los esfuerzos por atacar las causas de estos sucesos devastadores.
En su conjunto, estos retos subrayan lo esencial: la recuperación mundial sigue en marcha, pero se requieren medidas de política tangibles y una mayor cooperación internacional para incrementar el dinamismo.
Como ocurrió con la banda de Liverpool que terminó cambiando el mundo, confío en que el G20 encontrará su propia voz en Hamburgo. Debería aprovechar la oportunidad para colaborar no solo en alcanzar un mayor crecimiento, sino también en asegurarse de que los frutos del crecimiento puedan llegar a manos de todos.

jueves, 16 de marzo de 2017

Mantener la dinámica positiva de la economía mundial

Publicado en March 16, 2017


(Versión en English)

Baden-Baden, la ciudad balneario alemana construida sobre antiguas fuentes termales, es un buen lugar para hablar de la salud de la economía mundial. Allí se reúnen esta semana los ministros de Hacienda y gobernadores de los bancos centrales del G-20.

Probablemente, las autoridades compartirán una creciente sensación de optimismo, puesto que el reciente fortalecimiento de la actividad indica que la economía podría levantar el ánimo y dejar atrás años de convalecencia.

Las prescripciones económicas han tenido un papel destacado en la recuperación, y lo seguirán teniendo durante un tiempo. Para mantener la dinámica de crecimiento positiva seguirán siendo necesarias las políticas macroeconómicas de apoyo. Los participantes en el encuentro deberán tomar medidas, tanto individuales como colectivas, para que el crecimiento sea más inclusivo y resiliente.

¿Hemos llegado al punto de inflexión? La respuesta sencilla es: sí —al menos por el momento. En general, en el segundo semestre del año pasado, los resultados de crecimiento fueron sólidos. Se observa un repunte de las manufacturas y los indicadores de confianza, y hay señales de que los volúmenes del comercio mundial también están aumentando.


Por este motivo, en enero, el FMI previó un repunte del crecimiento mundial para este año y el que viene del 3,4% y el 3,6%, respectivamente, frente al 3,1% en 2016.
  • Esta mejora de las perspectivas refleja en parte el esperado repunte de la actividad en las economías avanzadas, que se ve favorecido por las expectativas de una política fiscal más expansiva en Estados Unidos.
  • Particularmente alentadora nos parece la actividad económica más fuerte de lo esperado en la zona del euro, el Reino Unido y Japón.
  • Las economías emergentes y en desarrollo, con China e India a la cabeza, siguen aportando más del 75% del crecimiento del PIB mundial total en 2017. A todo ello se añade la prevista normalización de las condiciones en Brasil y Rusia, que han atravesado una profunda recesión.
Así que, efectivamente, la economía mundial está entrando en una situación más favorable. Sin embargo, sería un error pensar que recobrará automáticamente su buena salud.

De hecho, la selección de políticas nunca había sido tan importante para el período posterior como ahora, sobre todo porque todavía persisten riesgos considerables para las perspectivas.

Mantener el dinamismo

En varias economías avanzadas, por ejemplo, la demanda sigue siendo débil y la inflación no ha regresado de forma duradera a su nivel objetivo, lo cual exige mantener el apoyo monetario y hacer más hincapié en la política fiscal en los países con margen en los presupuestos. Dichas medidas deberían ir acompañadas de reformas estructurales para elevar la productividad e impulsar el crecimiento a largo plazo.

La falta de demanda plantea menos problemas en Estados Unidos, donde los mayores beneficios para el crecimiento se obtendrían con iniciativas para aumentar la oferta, como la inversión en la reforma de infraestructuras, una reforma del impuesto de sociedades que aumente su eficiencia, y mejoras en educación.

Es evidente que un crecimiento más fuerte en Estados Unidos sería positivo para la economía mundial, pero una variación de la combinación de políticas estadounidenses también podría tener efectos indirectos, o de contagio. Por ejemplo, en función de la naturaleza de esta combinación de políticas, una mayor fortaleza del dólar y el aumento de las tasas de interés estadounidenses podrían provocar un endurecimiento de las condiciones financieras mundiales más pronunciado de lo previsto. Esto, a su vez, podría generar tensiones en algunas economías emergentes y en países de bajo ingreso.


Una transición satisfactoria hacia un crecimiento más lento y equilibrado en China, así como nuevas medidas de política en los países exportadores de materias primas, en el marco del ajuste a precios más bajos de las mismas, también ayudarían a mantener el actual dinamismo del crecimiento.

Ante todo, deberíamos evitar colectivamente las lesiones autoinfligidas. Para ello, es necesario dejar al margen las políticas que perjudican gravemente al comercio, la migración, los flujos de capital y el intercambio transfronterizo de tecnologías. Estas medidas afectarían negativamente a la productividad, los ingresos y el nivel de vida de todos los ciudadanos.

Integración económica mundial

El comercio y la innovación tecnológica han permitido a los países aumentar su participación en la economía y mejorar sus condiciones de vida, haciendo posible que cientos de millones de personas salgan de la pobreza. No obstante, se podría hacer más para aliviar los desagradables efectos secundarios observados en algunos lugares —incluidos el incremento de la desigualdad del ingreso, la pérdida de empleo en sectores en recesión y los persistentes problemas económicos y sociales en regiones con mayor debilidad estructural.

¿Cómo se puede hacer? La tarea no es sencilla, pero se puede empezar dando un impulso al crecimiento y distribuyendo más ampliamente sus beneficios.

El primer paso fundamental es tomarse en serio el crecimiento inclusivo. Aún tenemos que entender plenamente el complejo entramado de retos económicos a los que se enfrentan las distintas culturas, regiones y grupos demográficos. Sin embargo, lo que sí sabemos es que los trabajadores altamente calificados tienen muchas más probabilidades de beneficiarse de la innovación y la apertura económica.

Se requieren mayores esfuerzos para dotar a los trabajadores menos calificados de las herramientas necesarias para buscar y encontrar trabajos mejor remunerados, por ejemplo mediante programas educativos específicos, capacitación profesional e incentivos al empleo.

Estas políticas activas del mercado laboral pueden ayudar a facilitar la transición de los trabajadores a un nuevo empleo. Su financiamiento varía significativamente de un país a otro. Dinamarca, por ejemplo, destina el 1,9% del PIB a políticas de estas características, mientras que Estados Unidos solo les dedica el 0,1%.

Es evidente que no basta con gastar más dinero; hay que gastarlo de forma más eficiente. Algunas iniciativas han demostrado ser rentables —por ejemplo, una ayuda bien concebida a la búsqueda de empleo y una adecuación de la oferta y la demanda.

En términos más generales, todos los países deben promover enérgicamente la capacitación permanente para preparar a los ciudadanos para los cambios tecnológicos. Singapur, por ejemplo, ofrece becas no condicionadas a todos los adultos para su capacitación a lo largo de toda su vida laboral.

Otra prioridad del crecimiento inclusivo es la actualización de las políticas de ingresos y los sistemas tributarios.
  1. La introducción de incentivos fiscales al trabajo y unos salarios mínimos más altos serían de utilidad en algunos países. Lo mismo puede decirse de la modificación de los sistemas tributarios y de prestaciones, incluido un impuesto sobre la renta más progresivo.
  2. Los estudios del FMI muestran que el hecho de evitar una desigualdad excesiva contribuye al crecimiento, no lo obstaculiza. También sabemos que es posible minimizar las contrapartidas de las políticas: por ejemplo, la mayoría de los países se beneficiaría de reformas de los sistemas tributarios para hacerlos más equitativos y
En resumen: tenemos la capacidad —y la responsabilidad— de aumentar la participación económica, lo que permitirá compartir sus beneficios de forma más equitativa.

Una cooperación internacional eficaz aumentará al máximo los beneficios de las políticas nacionales si logramos:
  • redoblar esfuerzos para abordar los desequilibrios externos mundiales y completar reformas que fortalezcan los sistemas financieros;
  • proteger y reforzar el comercio como motor de un crecimiento ampliamente distribuido,
  • y trabajar juntos para resolver algunos de los problemas más apremiantes de nuestro tiempo, desde cuestiones sobre seguridad mundial y salud hasta cómo afrontar los desastres naturales y el cambio climático.
En todos estos ámbitos, las autoridades del G-20 pueden cambiar las cosas. Tras años estancada en una débil recuperación, la economía mundial necesita seguir su camino, progresar y generar una mayor prosperidad para todos. Y no existe lugar más indicado que Baden-Baden para que los líderes renueven su compromiso de dotar a la economía mundial de buena salud.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Necesitamos políticas contundentes para evitar la trampa de bajo crecimiento



(Versión en English)

El bajo crecimiento, el elevado nivel de desigualdad y el lento avance de las reformas estructurales son algunos de los temas principales que los líderes del G-20 debatirán en la reunión que celebrarán en Hangzhou, China, este fin de semana. Esta reunión tiene lugar en un momento importante para la economía mundial. El péndulo de las políticas podría inclinarse en contra de la apertura económica, y si no se adoptan medidas de política contundentes, el mundo podría registrar tasas de crecimiento decepcionantes por mucho tiempo.

El año 2016 será el quinto año consecutivo con un crecimiento del PIB mundial por debajo de su promedio a largo plazo del 3,7% (1990-2007), y 2017 podría ser el sexto (gráfico 1). Desde principios de los años noventa, cuando los efectos de contagio derivados de la transición económica provocaron una desaceleración del crecimiento, no se ha visto un debilitamiento de la economía mundial por tanto tiempo. ¿Qué ha ocurrido?


En las economías avanzadas, el crecimiento real se mantiene casi un punto porcentual completo por debajo del promedio de 1990-2007.

Muchas siguen viéndose afectadas por los legados de la crisis, como el sobreendeudamiento público y privado, y el deterioro de los balances de las instituciones financieras. El resultado ha sido una demanda persistentemente débil.

Cuanto más se prolongue el debilitamiento de la demanda, mayores serán las repercusiones sobre el crecimiento a largo plazo, dado que las empresas reducen su capacidad de producción y los trabajadores desempleados abandonan la fuerza laboral y sus aptitudes críticas se deterioran. La débil demanda también provoca una caída del comercio, lo que se suma al crecimiento decepcionante de la productividad.

Del lado de la oferta, la desaceleración de la productividad y las tendencias demográficas adversas están frenando el crecimiento potencial, una tendencia iniciada antes de la crisis financiera mundial. Y dado que las expectativas de que el crecimiento sea más vigoroso en el futuro próximo son mínimas, las empresas tienen aún menos incentivos para invertir, lo cual daña la productividad y las perspectivas de crecimiento a corto plazo.

Las economías emergentes también han experimentado una desaceleración, aunque con respecto a un nivel de crecimiento excepcionalmente rápido en la última década. Por lo tanto, esta desaceleración es más bien una vuelta a la norma histórica. La evolución dentro de las economías emergentes es bastante diversa. En 2015, por ejemplo, el PIB en dos de las cuatro economías más grandes de la región —China e India— creció entre 7%-7½%, mientras que se contrajo cerca del 4% en las otras dos, Rusia y Brasil. Sin embargo, existen factores comunes importantes:

Uno de ellos es el reequilibramiento de la economía china desde la inversión hacia el consumo, y desde la demanda externa hacia la demanda interna. Si bien una economía china estable que crezca a tasas sostenibles es, en definitiva, favorable para la economía mundial, la transición es costosa para los socios comerciales que dependen de la demanda china para sus exportaciones. También puede con el tiempo provocar brotes de volatilidad financiera.

El segundo factor, vinculado al anterior, es el fuerte descenso de los precios de las materias primas, que ha afectado negativamente al ingreso disponible de muchos países exportadores de materias primas. El ajuste de los países exportadores de materias primas a esta nueva realidad será difícil y prolongado. En ciertos casos, requerirá un cambio de modelo de crecimiento.

El débil crecimiento mundial que interactúa con un aumento de la desigualdad está generando un clima político en el cual las reformas se estancan y los países recurren a políticas proteccionistas. En una amplia muestra representativa de economías avanzadas, el ingreso del 10% superior aumentó en alrededor del 40% en los últimos 20 años, mientras que creció de manera muy moderada en los grupos de ingreso más bajo (gráfico 2). La desigualdad también ha aumentado en muchas economías emergentes, aunque el impacto en los pobres a veces ha quedado neutralizado por un sólido crecimiento general del ingreso.


Es necesario aplicar medidas de política contundentes para evitar lo que podría convertirse en una trampa de bajo crecimiento. Estos son para mí los principales elementos de la agenda para reforzar el crecimiento mundial:

Primer elemento: El apoyo a la demanda en las economías que operan por debajo de su capacidad. En los últimos años, esta tarea se ha delegado principalmente en los bancos centrales. Pero la política monetaria está sometida a una presión cada vez mayor, dado que varios bancos centrales están operando con tasas de política monetaria que ya se encuentran en su límite inferior efectivo o cercanas a este límite. Esto significa que la política fiscal debe desempeñar un papel más importante. Donde exista margen de maniobra fiscal, las tasas de interés históricamente bajas brindan la excelente oportunidad de impulsar la inversión pública y actualizar la infraestructura.

Segundo elemento: Las reformas estructurales. Los países podrían hacer mucho más en este ámbito. Hace dos años, los miembros del G-20 se comprometieron a aplicar reformas que elevarían su PIB colectivo en un 2% adicional en 5 años. Sin embargo, en la evaluación más reciente, las medidas implementadas hasta la fecha equivalen como máximo a la mitad de esta cifra. Por lo tanto, es urgente aplicar más reformas. Los estudios del FMI muestran que las reformas son más eficaces cuando se focalizan en los ámbitos donde las brechas son más patentes y tienen en cuenta el nivel de desarrollo y la posición en el ciclo económico.

Tercer elemento: La revitalización del comercio mediante la reducción de los costos comerciales y la disminución de las barreras comerciales temporales. Es fácil culpar al comercio de todos los males que afectan a un país, pero frenar el libre comercio supondría paralizar un motor que ha permitido conseguir mejoras sin precedentes del bienestar en todo el mundo a lo largo de muchas décadas. Sin embargo, para que el comercio beneficie a todos, las autoridades económicas deberían ayudar a aquellos que se vean negativamente afectados a través de la recapacitación, el fortalecimiento de las capacidades, la asistencia profesional y la movilidad geográfica.

Por último, las políticas deben garantizar una distribución más amplia de los beneficios del crecimiento. Los impuestos y las prestaciones deberían reforzar los ingresos en los tramos inferiores y recompensar el trabajo. En muchas economías emergentes, es preciso fortalecer las redes de protección social. La inversión en educación puede mejorar la productividad y las perspectivas de los trabajadores de salarios bajos.

Hace falta valentía política para implementar esta agenda. Sin embargo, si no se toman medidas se corre el riesgo de revertir la integración económica mundial, y por lo tanto paralizar un motor que, durante décadas, ha creado y distribuido riqueza en todo el mundo. Este riesgo es, en mi opinión, demasiado grande.

lunes, 11 de julio de 2016

Lagarde: Trump y el 'Brexit' son peligrosos para la economía global


Publicado: 10 jul 2016 03:59 GMT

La directora del FMI sostiene que las políticas proteccionistas como las que defiende el precandidato republicano en el pasado provocaron "muchas guerras".

Yuri GripasReuters

Las políticas dirigidas contra el comercio internacional, que defiende el precandidato republicano a la Presidencia de EE.UU., Donald Trump, amenazan con crear un peligroso movimiento proteccionista que afectaría aún más a la economía global, sostuvo la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, en una entrevista con el diario 'Financial Times'. 

La decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea ya ha ensombrecido el crecimiento económico global, señaló Lagarde agregando que la imposición de nuevas barreras comerciales en cualquier gran economía del mundo puede tener efectos "desastrosos". 

Trump, sobre quien la directora del FMI evitó referirse directamente en la entrevista, propuso introducir aranceles punitivos sobre los productos de China y México, además de romper los pactos comerciales de Washington como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. 


¿El proteccionismo "daña a las personas"? 

El FMI, cuyo mayor miembro accionista es EE.UU., apoyó las iniciativas del actual Gobierno estadounidense para que se concretara el nuevo tratado de libre comercio, conocido como 'Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica' (TPP). A su vez, el precandidato republicano dijo que el TPP es "un desastre". 

Lagarde en esta ocasión ha señalado que las "olas de proteccionismo" en el pasado "precedieron a muchas guerras", y ha añadido que este tipo de políticas "dañan el crecimiento, la integración y a las personas". "Esperamos que el nuevo gobierno que llegue al poder en EE.UU., y la persona que sea electa como presidente pueda ver el acuerdo en términos positivos", agregó. 

Asimismo la gerente instó al Reino Unido a resolver lo antes posible la incertidumbre provocada en junio pasado por el 'Brexit', que ya ha tenido un gran impacto en la economía global y en los pronósticos de crecimiento del propio FMI. 

"Queremos ver claridad más pronto que tarde, porque creemos que la falta de claridad alimenta la incertidumbre, lo que socava el apetito de inversión y la toma de decisiones", concluyó Lagarde.

miércoles, 17 de junio de 2015

El impulso a los pequeños botes


Por Christine Lagarde, Directora Gerente del FMI

Discurso pronunciado en las Grandes Conferencias Católicas Bruselas, 17 de junio de 2015
Texto preparado para la intervención
Introducción
Buenas noches. Es para mí un enorme placer poder participar de nuevo en esta prestigiosa conferencia y quiero agradecer al Viceprimer Ministro Reynders tan amable presentación.
El día 6 del pasado mes de mayo casi se me atraganta el yogur a la hora del desayuno al ver la portada de un destacado periódico financiero. Presentaba un ranking de los gestores de fondos de cobertura mejor pagados del mundo, según el cual el primero de la lista se había embolsado US$1.300 millones en 2014. ¡Una sola persona, US$1.300 millones!
En conjunto, los 25 gestores de fondos de cobertura mejor pagados ganaron US$12.000 millones el año pasado, a pesar de que el sector registró resultados de inversión en general mediocres.
Este hecho me recordó uno de los típicos chistes de Wall Street, el del señor que, de visita a Nueva York, admira los flamantes yates de los banqueros y brókers más ricos. Tras contemplar largo rato en silencio estos hermosos barcos, el visitante pregunta irónicamente: "¿Dónde están los yates de los clientes?". Evidentemente, los clientes no pueden permitirse un yate, a pesar de que siguieron al pie de la letra las instrucciones de sus banqueros y brókers.
¿Qué importancia tiene esto ahora? Pues que el tema de las desigualdades excesivas y cada vez mayores no solo vuelve a los titulares, sino que se ha convertido en un problema para el crecimiento y el desarrollo económico. Esta noche me gustaría analizar la cuestión desde el punto de vista económico. No voy a centrarme en los espectaculares yates de los súper ricos, el rostro visible de una nueva Edad Dorada. Disfrutar del éxito financiero propio no es inmoral.
Sin embargo, me gustaría introducir en el debate lo que yo llamaría "los pequeños botes": el sustento y las aspiraciones económicas de los pobres y la clase media.
En demasiados países, el crecimiento económico no ha conseguido dar impulso a estos pequeños botes, mientras que los hermosos yates han surcado las olas y han disfrutado de una travesía viento en popa. En demasiados casos, los hogares pobres y de clase media se han percatado de que trabajo y esfuerzo quizá no basten para mantenerlos a flote.
Son demasiados quienes están convencidos ahora de que el sistema está manipulado de tal forma que todo les va en contra. No es de extrañar que políticos, dirigentes empresariales, economistas de primer orden e incluso banqueros centrales hablen de una excesiva desigualdad de la riqueza y el ingreso, y que todo el espectro político se haga eco de dicha preocupación. En Estados Unidos, por ejemplo, el Presidente Obama y los líderes republicanos del Congreso coinciden en que se trata de una de las cuestiones que definen a nuestra época; una cuestión que no solo requiere un diagnóstico, sino también un remedio.
El principal mensaje que deseo transmitir es que la reducción de las desigualdades excesivas, mediante el impulso a los "pequeños botes", no solo es moral y políticamente correcta, sino que tiene sentido económico.
No hace falta ser altruista para respaldar políticas que eleven el ingreso de los pobres y la clase media. Estas políticas beneficiarán a todo el mundo, porque son fundamentales para generar un crecimiento mayor, más integrador y más sostenible.
En otras palabras, un crecimiento más duradero pasa por generar un crecimiento más equitativo. Teniendo esto presente, me gustaría centrarme en tres temas:
  1. Las perspectivas de la economía mundial.
  2. Las causas y consecuencias de una desigualdad excesiva.
  3. Las políticas necesarias para alcanzar un crecimiento más sólido, integrador y sostenible.
1. El clima económico mundial no es de gran ayuda
Quisiera comenzar describiendo el mapa del tiempo de la economía mundial, tal y como nosotros lo vemos. Según las previsiones de primavera del FMI, la economía mundial crecerá un 3,5% este año, casi lo mismo que el año pasado, y un 3,8% en 2016.
Las economías avanzadas registran resultados ligeramente mejores que los del año pasado. En Estados Unidos, las perspectivas siguen apuntando a una fuerte expansión; el primer trimestre débil solo ha sido un revés temporal. En la zona del euro, las perspectivas están mejorando, en parte debido a la política de expansión monetaria aplicada por el Banco Central Europeo. Asimismo, Japón parece por fin estar cosechando los primeros frutos de las “tres flechas” (monetaria, fiscal y estructural) de su estrategia de recuperación.
Las previsiones para la mayoría de las economías emergentes y en desarrollo son ligeramente peores que las del año pasado, principalmente porque los exportadores de materias primas se ven afectados por el descenso de los precios, en especial del petróleo. Y los últimos datos publicados refuerzan esta idea. No obstante, las tendencias nacionales difieren enormemente, y van desde el crecimiento todavía fuerte en India hasta la recesión en Brasil y Rusia.
La buena noticia es, pues, que la recuperación mundial continúa. Sin embargo, el crecimiento se mantiene en general moderado y difiere de un país a otro.
¿Qué ocurrirá más allá de 2016, en la segunda mitad de esta década? Pues bien, llegado este punto debo compartir con ustedes noticias no tan positivas. En la opinión del FMI, el crecimiento potencial de las economías, tanto avanzadas como emergentes, probablemente será inferior en los próximos años. Ello se debe, en parte, al cambio demográfico y el descenso de la productividad. Lo que nos preocupa es que esto planteará nuevos retos a los mercados laborales, debilitará las finanzas públicas y disminuirá el ritmo de las mejoras de la calidad de vida.
Esta es la "nueva mediocridad" sobre la que he estado advirtiendo. Para los "pequeños botes" implica que el viento se está intensificando, pero no llega a ser suficiente para reducir el elevado desempleo. No es lo bastante fuerte para aumentar los ingresos de la clase media e impulsar la reducción de la pobreza. Sencillamente, no es lo bastante fuerte para dar impulso a los "pequeños botes", aunque los yates disfruten de la brisa en alta mar.
Así pues, ¿qué es lo que ocurre? ¿Debemos rendirnos al clima desfavorable? ¿No hay esperanza para los capitanes de los "pequeños botes", estén estos en Bélgica o en el resto del mundo?
2. Causas y consecuencias de una desigualdad excesiva
En resumen, la respuesta es: , hay esperanza, pero para verla debemos dar un paso atrás y considerar el panorama general, antes de entrar a fijarnos en los distintos países.
Imaginen que alineamos la población mundial del más pobre al más rico y los situamos detrás de una pila de dinero que represente su ingreso anual.
Observaremos que el mundo es un lugar muy desigual. Evidentemente, hay un abismo entre los más ricos y los más pobres. Pero si se fijan en la evolución en el tiempo de esa alineación, verán que la desigualdad del ingreso mundial —es decir, la desigualdad entre países— ha caído de forma continua en las últimas décadas.
¿Por qué? Porque los ingresos medios en las economías de mercados emergentes, como China e India, han aumentado a un ritmo muy superior al de los países más ricos, lo cual demuestra el poder de transformación del comercio y la inversión internacional. Los enormes flujos mundiales de productos, servicios, personas, conocimiento e ideas han sido positivos para la igualdad mundial del ingreso, y no deben detenerse ahí, para poder seguir reduciendo la brecha entre países.
Pero —y es un gran "pero"— también hemos observado unaumento de la desigualdad del ingreso dentro de un mismo país. En las dos últimas décadas, la desigualdad del ingreso se haincrementado significativamente en la mayoría de las economías avanzadas y en las principales economías de mercados emergentes, especialmente en Asia y Europa oriental.
En las economías avanzadas, por ejemplo, el 1% más rico de la población acumula aproximadamente el 10% del ingreso total. Además, la brecha entre ricos y pobres se ensancha todavía más si nos fijamos en la riqueza. Según la organización Oxfam, en 2016 la riqueza combinada del 1% de la población más rica superará a la del 99% restante. En Estados Unidos, un tercio de la riqueza total está en manos del 1% de la población. Un aspecto positivo ha sido el descenso de los niveles de desigualdad en América Latina, si bien esta sigue siendo la región con mayor desigualdad del mundo.
La combinación de todo ello pone de manifiesto una notable divergencia entre la tendencia mundial positiva y las tendencias en general negativas dentro de un mismo país.
China, por ejemplo, se ha situado en el extremo de ambas tendencias. Al sacar de la pobreza a más de 600 millones de personas en las últimas tres décadas, China ha contribuido sustancialmente a una mayor igualdad mundial del ingreso. No obstante, en este proceso ha pasado a ser una de las sociedades más desiguales del mundo, porque muchas zonas rurales siguen siendo pobres, y porque el ingreso y la riqueza han registrado un fuerte aumento en las ciudades y en los niveles más altos de la sociedad china.
De hecho, parece que economías como China e India responden claramente a la narrativa tradicional, según la cual la desigualdad extrema es el precio aceptable que hay que pagar por el crecimiento económico. Como en el caso de la contaminación atmosférica, muchos podrían estar tentados de afirmar que la desigualdad forma parte del trato, o sea que hay que sobreponerse.
Un nuevo consenso
Sin embargo, existe un consenso nuevo y cada vez mayor en el sentido de que los países no deberían aceptar este compromiso fáustico. Por ejemplo, el análisis1 llevado a cabo por mis colegas del FMI muestra que, de hecho, una desigualdad del ingreso excesiva debilita la tasa de crecimiento económico y hace que, con el tiempo, el crecimiento sea menos sostenible.
A principios de esta semana, hemos publicado el último análisis del FMI2, el cual presenta cifras que respaldan el mensaje que deseo transmitirles: es necesario dar impulso a los "pequeños botes" para generar un crecimiento más fuerte y duradero.
Nuestros estudios demuestran que un aumento de la proporción del ingreso de los pobres y la clase media de 1 punto porcentual se traduce en un incremento del PIB de un país de hasta 0,38 puntos porcentuales en cinco años. En cambio, un aumento de la proporción del ingreso de los ricos de 1 punto porcentual provoca una reducción del PIB de 0,08 puntos porcentuales. Una posible explicación es que los ricos gastan una parte más pequeña de sus ingresos, lo cual podría reducir la demanda agregada y debilitar el crecimiento.
En otras palabras, nuestras conclusiones indican que, al contrario de lo que se piensa, los beneficios de un aumento de los ingresos vienen de abajo y no de arriba. Evidentemente, ello demuestra que los pobres y la clase media son los principales motores del crecimiento. Desgraciadamente, dichos motores están fallando.
Por ejemplo, un estudio reciente de la OCDE muestra que la calidad de vida de los pobres y la clase media en las economías avanzadas se ha ido deteriorando en comparación con la del resto de la población. Esta clase de desigualdad es un lastre para el crecimiento, porque desincentiva la inversión en la adquisición de aptitudes y capital humano, lo cual se traduce en un descenso de la productividad en gran parte de la economía.
Nuestras conclusiones indican que, al contrario de lo que se piensa, los beneficios de ingresos más elevados vienen de abajoy no de arriba. Evidentemente, ello demuestra que los pobres y la clase media son los principales motores del crecimiento. Desgraciadamente, dichos motores están fallando.
Los factores que impulsan la desigualdad excesiva
Las consecuencias de una desigualdad del ingreso excesiva se hacen cada vez más evidentes pero, ¿y sus causas?
Los principales factores impulsores de la desigualdad extrema son bien conocidos: los avances tecnológicos y la globalización financiera3. Estos dos factores han tendido a ampliar la brecha de ingresos entre los profesionales más calificados y los menos calificados, especialmente en las economías avanzadas.
Otro de los factores implicados es la dependencia excesiva del financiamiento en algunas grandes economías, como Estados Unidos y Japón. Evidentemente, el financiamiento y, en especial, el crédito, son indispensables para la prosperidad de cualquier sociedad, pero cada vez hay más pruebas, también del personal técnico del FMI4, de que un exceso de financiamiento puede distorsionar la distribución del ingreso, corroer el proceso político y minar la estabilidad y el crecimiento económicos.
En las economías emergentes y en desarrollo, la extrema desigualdad del ingreso se debe en gran medida a la desigualdad de acceso: a la educación, la atención de la salud y los servicios financieros. He aquí algunos ejemplos:
  • Casi 60% de la población joven más pobre de África subsahariana ha estado escolarizada menos de cuatro años.
  • Casi 70% de las mujeres pobres en las economías en desarrollo dan a luz sin acceso a médicos o enfermeras.
  • Más de 80% de los pobres en las economías en desarrollo no tienen una cuenta bancaria.
Por supuesto, otro factor importante es la reducida movilidad social. Estudios recientes han puesto de manifiesto que las economías avanzadas con un menor nivel de movilidad entre generaciones suelen presentar niveles de desigualdad del ingreso más elevados. En estos países, el ingreso de los padres determina en gran medida el ingreso de los hijos, lo que indica que, para escalar posiciones dentro de la sociedad, es necesario crecer en un buen vecindario. Esto no parece justo.
Debido a esta clase de desventajas —esta clase de desigualdad de oportunidades—, millones de personas tienen pocas o nulas posibilidades de aumentar sus ingresos y acumular riqueza. Esta es, en palabras del Papa Francisco, la "economía de la exclusión"5.
3. Políticas para un crecimiento más fuerte, más integrador y más sostenible
En nuestra opinión, los responsables de las políticas económicas pueden generar corrientes favorables a los "pequeños botes". Existen fórmulas que permiten un crecimiento más fuerte, integrador y sostenible en todos los países.
La máxima prioridad —la primera de la lista— debería ser la estabilidad macroeconómica. Si no se aplican políticas monetarias acertadas, si se consiente la indisciplina fiscal, si se permite que la deuda pública se dispare, el crecimiento se debilitará, aumentará la desigualdad y habrá una mayor inestabilidad económica y financiera.
Las políticas macroeconómicas sólidas son el mejor amigo del pobre, como también lo es el buen gobierno. La corrupción endémica, por ejemplo, puede ser un buen indicador de la existencia de profundas desigualdades sociales y económicas.
La segunda prioridad debe ser la prudencia. Todos sabemos que hay que adoptar medidas para reducir la desigualdadexcesiva, pero también sabemos que un cierto nivel de desigualdad es saludable y útil. Fomenta la competencia, la innovación, la inversión y el aprovechamiento de las oportunidades que se plantean: para mejorar las aptitudes, poner en marcha un negocio y cambiar las cosas.
En el mejor de los casos, los empresarios cuentan con lo que el economista John Maynard Keynes llamaba "instintos animales": una confianza a veces infinita en su capacidad única de dar forma al futuro. Dicho de otra forma: destacar entre la multitud es un factor determinante para alcanzar la prosperidad.
La siguiente prioridad debería ser adaptar las políticas a los factores determinantes de la desigualdad específicos de cada país, incluidos los parámetros políticos, culturales e institucionales. No debe haber políticas únicas, sino políticas inteligentes —capaces de provocar un cambio de juego— que puedan contribuir a invertir la tendencia al alza de las desigualdades.
Una política fiscal inteligente
Una política fiscal inteligente podría provocar un cambio de juego. El reto aquí consiste en diseñar medidas sobre impuestos y gastos con efectos adversos mínimos sobre los incentivos al trabajo, el ahorro y la inversión. El objetivo debe ser fomentartanto una mayor igualdad como una mayor eficiencia.
Esto implica aumentar la recaudación tributaria, combatiendo por ejemplo la evasión fiscal; reducir la desgravación fiscal de los pagos hipotecarios, que benefician sobre todo a los ricos6; y reducir o eliminar la desgravación fiscal de las ganancias de capital, las opciones de compra de acciones y los beneficios de los fondos de inversión en capital riesgo, lo que se conoce como "participación diferida".
En muchos países europeos, implica también reducir los elevados impuestos sobre el trabajo, por ejemplo reduciendo las contribuciones a la seguridad social a cargo del empleador. Ello proporcionaría un gran incentivo para crear más puestos de trabajo, y más puestos a tiempo completo, lo que ayudaría a frenar la marea de trabajos temporales y a tiempo parcial que ha contribuido a aumentar la desigualdad del ingreso.
Por el lado del gasto, implica ampliar el acceso a la educación y la atención de la salud. En muchas economías emergentes y en desarrollo, implica reducir los subsidios energéticos —costosos e ineficientes— y utilizar los recursos liberados para mejorar la educación y la capacitación, y reforzar las redes de protección social.
Según un estudio reciente del FMI, este año gobiernos de todo el mundo subvencionarán el costo del petróleo, el gas y el carbón por la cifra de US$5,3 billones, el equivalente a lo que destinan a la salud pública cada año.
Fomentar una mayor igualdad y eficiencia implica también recurrir en mayor medida a las llamadas transferencias monetarias condicionadas. Estas son herramientas extremadamente útiles para luchar contra la pobreza, que han contribuido de forma significativa a reducir la desigualdad del ingreso en países como Brasil, Chile y México.
Durante mi reciente visita a Brasil, tuve la oportunidad de visitar una favela y comprobar en primera persona el trabajo del programa Bolsa Familia. Este programa presta ayuda a familias pobres —en forma de tarjetas de débito prepago— con la condición de que sus hijos vayan a la escuela y participen en los programas de vacunación del gobierno.
Bolsa Familia ha demostrado ser tanto eficaz como rentable: por un gasto equivalente al 0,5% del PIB anual, reciben ayuda 50 millones de personas: uno de cada cuatro brasileños.
Reformas estructurales
Además de estas políticas fiscales inteligentes, otro elemento podría cambiar el juego: las reformas inteligentes en ámbitos tan fundamentales como la educación, la atención de la salud, los mercados laborales, la infraestructura y la inclusión financiera. Son reformas estructurales imprescindibles para elevar el crecimiento económico potencial y dar impulso al ingreso y la calidad de vida a mediano plazo.
Si tuviese que escoger las tres herramientas estructurales más importantes para reducir la excesiva desigualdad del ingreso, elegiría la educación, la educación y la educación. Tanto si vives en Lima o en Lagos, en Shanghái o Chicago, en Bruselas o Buenos Aires, tu potencial de ingresos depende de tus aptitudes, de tu capacidad para aprovechar los cambios tecnológicos en un mundo globalizado.
Para que el ingreso aumente hay que desarrollar el capital humano y adoptar políticas que congreguen a más maestros y alumnos en las aulas del siglo XXI, con libros de mayor calidad y acceso a recursos digitales. Las economías emergentes y en desarrollo deben fomentar un acceso más igualitario a la educación básica, mientras que las economías avanzadas necesitan centrarse más en la calidad y la asequibilidad de la educación universitaria. Incluso los países que cuentan con los más altos niveles de educación deberían hacer más.
La reforma del mercado laboral es otra de estas herramientas importantes. Me refiero a sueldos mínimos bien calibrados y a políticas que respalden la búsqueda de trabajo y la adecuación de aptitudes. Me refiero a reformas diseñadas para proteger más a los trabajadores que a los puestos de trabajo. En los países nórdicos, por ejemplo, la protección del empleo es limitada, pero los trabajadores se benefician del generoso seguro de desempleo, que obliga a las personas que buscan empleo a encontrar un nuevo puesto de trabajo. Este modelo7 dota al mercado laboral de mayor flexibilidad —algo positivo para el crecimiento— a la vez que protege los intereses de los trabajadores.
Las reformas del mercado laboral incorporan también una importante dimensión de género. Las mujeres de todo el mundo han tenido que hacer frente a una triple desventaja. Tienen menos probabilidades que los hombres de encontrar un trabajo remunerado, especialmente en Oriente Medio y Norte de África. En caso de que lo encuentren, lo más probable es que sea en el sector informal. Y si logran un trabajo en el sector formal, ganan tres cuartas partes de lo que cobra un hombre, aunque el nivel de educación y el puesto sean los mismos.
Países como Chile y los Países Bajos han demostrado que es posible incrementar ampliamente la participación de la mujer en la fuerza laboral aplicando políticas inteligentes que den prioridad a los servicios de guardería asequibles, las licencias por maternidad y la flexibilidad en el lugar de trabajo. Asimismo, es preciso eliminar las barreras jurídicas y la discriminación fiscal que en muchos países siguen poniendo trabas a las mujeres.
En todo el mundo, unos 865 millones de mujeres podrían contribuir mucho más a la economía. Por tanto, el mensaje es claro: para alcanzar una mayor prosperidad compartida, es necesario aprovechar el poder económico de la mujer.
También es necesario fomentar una mayor inclusión financiera, especialmente en las economías en desarrollo. Por ejemplo, mediante iniciativas de microcrédito que convierten a los pobres —en su mayoría mujeres— en microempresarios de éxito, como pude observar recientemente en Perú. Por ejemplo, mediante iniciativas para crear historiales crediticios para las personas que no tienen una cuenta bancaria. Por ejemplo, mediante el poder transformador del sistema de banca por teléfono móvil, en especial en África subsahariana.
Si se mejora su acceso a los servicios financieros básicos, las familias pobres de las economías en desarrollo pueden invertir más en atención de la salud y educación, lo que se traduce en un aumento de la productividad y el potencial de ingresos. Para poder reducir la excesiva desigualdad del ingreso en las economías en desarrollo, es necesario lograr mayor igualdad financiera.
Conclusiones
Todas estas políticas y reformas exigen liderazgo, valentía y colaboración. Por esto hago un llamamiento a políticos, autoridades económicas, líderes empresariales y todos los que estamos aquí reunidos, para que transformemos las buenas intenciones en actos enérgicos y duraderos.
En particular, las autoridades económicas deben aprovechar la que, en mi opinión, es una oportunidad única de desarrollo para la generación actual.
En septiembre, las Naciones Unidas organizarán una importante cumbre que aspira a sustituir los Objetivos de Desarrollo del Milenio por un nuevo conjunto de Objetivos de Desarrollo Sostenible. Asimismo, en la conferencia que las Naciones Unidas celebrarán el próximo mes, se buscará financiamiento para este nuevo programa ambicioso de desarrollo.
En diciembre, los líderes de 196 países se reunirán en París para tratar de alcanzar un acuerdo integral para la reducción de las emisiones de carbono. Dicho acuerdo podría contribuir en gran medida a proteger los intereses de los miembros más pobres de la sociedad, que son las primeras víctimas del cambio climático.
Abundan las voces cínicas que ponen en duda la necesidad de actuar en estos ámbitos y admiten la derrota antes de que empiece la batalla. Debemos ser capaces de demostrar a estos cínicos que se equivocan: centrando nuestra atención, forjando alianzas y estableciendo los objetivos adecuados.
Espero sinceramente que, a finales de este año, podamos mirar atrás y decir: ‘Lo hemos conseguido’. ‘Imprimimos nueva energía al crecimiento económico mundial’. ‘Alcanzamos un acuerdo histórico sobre el cambio climático’. ‘Y pusimos en marcha un programa de desarrollo completamente nuevo, con objetivos ambiciosos y un financiamiento sólido’.
En todos estos ámbitos, creo que el FMI puede desempeñar un papel destacado. Nuestro mandato principal es promover la estabilidad económica y financiera mundial. De ahí que hayamos participado activamente en programas de desarrollo, ayudando a nuestros 188 países miembros a diseñar y aplicar políticas, y otorgando préstamos a países que atravesaban dificultades, para que pudiesen volver a levantar cabeza.
En África subsahariana, por ejemplo, son muchos los países que han aplicado políticas macroeconómicas sólidas en la última década y cosechan ahora los beneficios, en forma de un crecimiento más fuerte y una mejor calidad de vida. El FMI ha respaldado esos esfuerzos a través de nuevos instrumentos, como los préstamos con interés cero, pero también ha incrementado el financiamiento y el fortalecimiento de las capacidades.
Además, hemos intensificado nuestros estudios sobre cuestiones de desigualdad, género y cambio climático, porque nos parecen esenciales desde el punto de vista macroeconómico.
También estamos buscando nuevas fórmulas para incrementar el acceso a nuestros préstamos para países en desarrollo, con el fin de ayudarles a amortiguar los shocks externos. En particular, nos centraremos todavía más en ayudar a los países más pobres y frágiles.
Recordemos las últimas tragedias de inmigrantes en los puertos del Mediterráneo y el sudeste asiático. Los barcos abarrotados de inmigrantes representan a los Estados y comunidades más frágiles. Son los más pequeños entre los "pequeños botes", un poderoso recordatorio de la más extrema desigualdad de riqueza e ingreso. Tenemos a la economía de la exclusión delante de las narices.
Suele decirse que la salud de nuestra sociedad no debe medirse en la cúspide, sino en la base. Si damos un impulso a los "pequeños botes" de los pobres y la clase media, podremos construir una sociedad más justa y una economía más fuerte. Juntos podemos generar una mayor prosperidad compartida —para todos.
Gracias.

1 Nota del FMI sobre redistribución, desigualdad y crecimiento.
2 Nota del FMI sobre causas y consecuencias de la desigualdad del ingreso.
3 Estos dos factores ocupan un lugar destacado en la literatura académica y los debates públicos sobre la desigualdad. Los resultados de nuestra última nota sobre causas y consecuencias de la desigualdad del ingreso confirman las conclusiones de la literatura.
4 La nota del FMI titulada Rethinking Financial Deepening, de reciente publicación, muestra que, pasado cierto punto, el desarrollo financiero resulta perjudicial para el crecimiento. Undocumento de trabajo del FMI y un artículo publicado recientemente por el Banco de Pagos Internacionales sostienen que sí puede existir un exceso de financiamiento.
5 Exhortación Apostólica del Papa Francisco: "Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no’ a una economía de la exclusión y la inequidad".
6 La mitad de los gobiernos de los países ricos permiten a sus ciudadanos deducir de su renta imponible los pagos de intereses hipotecarios.
7 Para más información sobre el modelo nórdico: Nota del FMIsobre políticas del mercado laboral, Documento del FMI sobre empleo y crecimiento.