Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

viernes, 26 de agosto de 2016

Reforma o divorcio en Europa

Joseph E. Stiglitz, recipient of the Nobel Memorial Prize in Economic Sciences in 2001 and the John Bates Clark Medal in 1979, is University Professor at Columbia University, Co-Chair of the High-Level Expert Group on the Measurement of Economic Performance and Social Progress at the OECD

NUEVA YORK – Decir que la eurozona no ha tenido un buen desempeño desde la crisis del año 2008 es una expresión eufemística que se queda corta. Los países miembros de la eurozona han tenido un mal desempeño en comparación con el de los países de la Unión Europea que no forman parte de la eurozona, y uno aún peor que el de Estados Unidos, país que fue el epicentro de dicha crisis.

Los países de la eurozona con el peor desempeño se encuentran sumidos en una depresión o en una recesión profunda; en muchos sentidos, la economía en dichos países – piense, por ejemplo, en lo que ocurre en Grecia – se encuentra en peor situación de la que sufrieron las economías durante la Gran Depresión de la década de 1930. Asimismo, los miembros de la eurozona con los mejores desempeños, por ejemplo, Alemania, parecen estar en una buena situación, pero sólo cuando se los compara; además, el modelo de crecimiento de estos países se fundamenta, parcialmente, en políticas que empobrecen al vecino, mediante las cuales el éxito llega a expensas de los países que otrora se consideraron como “socios”.

Se han propuesto cuatro tipos de explicaciones para esclarecer este estado de las cosas. A Alemania le gusta culpar a la víctima, y apunta con el dedo en dirección del despilfarro de Grecia, así como hacia la deuda y los déficits del resto de los países. Sin embargo, estas acusaciones ponen el carro delante del caballo: España e Irlanda tenían excedentes y bajos ratios de deuda-PIB antes de la crisis del euro. Por lo tanto, fue la crisis la que causó los déficits y las deudas, y no al revés.

El fetichismo relativo a los déficits es, sin lugar a dudas, causante de parte de los problemas que enfrenta Europa. Finlandia, también, ha estado atravesando por problemas para adaptarse a los múltiples shocks que ha enfrentado, situándose su PIB del año 2015 aproximadamente un 5,5% por debajo de su nivel máximo en el año 2008.

Otros críticos pertenecientes al grupo de los que “culpabilizan a la víctima” citan al Estado de bienestar y a la excesiva protección del mercado laboral como causas del malestar que siente la eurozona. Sin embargo, algunos de los países con mejores desempeños de Europa, como ser Suecia y Noruega, tienen los más fuertes Estados de bienestar y las fuertes medidas de protección de sus mercados laborales.

A muchos de los países que ahora tienen desempeños deficientes, les iba muy bien antes de la introducción del euro – estos países tenían desempeños por encima del promedio europeo. Su descenso no se produjo a consecuencia de un cambio repentino en sus leyes laborales, o debido a que sobrevino una epidemia de pereza en los países en crisis. Lo que sí cambio fue el acuerdo de divisas.

El segundo tipo de explicación se resume en el deseo de que Europa tuviese mejores líderes: hombres y mujeres con un mejor entendimiento de la economía y con capacidad para implementar mejores políticas. Sin lugar a dudas, las políticas erróneas han empeorado las cosas – sin embargo, no sólo se debe echar la culpa a las políticas de austeridad, sino que también a las denominadas reformas estructurales que fueron mal direccionadas y que ensancharon la desigualdad y, por lo tanto, debilitaron aún más la demanda total y el crecimiento potencial.

No obstante, la eurozona se constituyó por un acuerdo político, dentro del que era inevitable que la voz de Alemania vaya a resonar con mayor volumen. Cualquier persona que negoció con los formuladores de políticas de Alemania durante los pasados treinta años debería haber sabido de antemano el resultado probable. Lo más importante que se debe puntualizar es que, dadas las herramientas disponibles hoy en día, ni el más brillante zar de la economía podría haber logrado que la eurozona prospere.

El tercer conjunto de razones causantes de los malos resultados de la eurozona lleva a considerar una crítica más amplia, proveniente de la derecha, que se centra en reprochar la propensión que tienen los eurócratas por favorecer normativas sofocantes que inhiben la innovación. Esta crítica, también, no da en el blanco. Los eurócratas, de la misma forma que las leyes laborales o el Estado de bienestar, no cambiaron repentinamente el 1999, año en el que se creó el sistema de tipos de cambio fijos, o el 2008, año en el que se inició la crisis. En un plano más fundamental, se debe considerar el estándar de vida y la calidad de vida. Cualquiera que niegue cuán mejor estamos todos en Occidente con nuestro aire y nuestra agua que son sofocantemente limpios, debería visitar Pekín.

Esto no lleva a considerar la cuarta explicación: el euro tiene un mayor nivel de culpabilidad del que se puede atribuir a las políticas y a las estructuras de cada país de manera individual. El euro venía viciado de errores desde su génesis. Incluso los mejores formuladores de políticas, jamás antes vistos, podrían haber logrado que el euro funcione. La estructura de la eurozona impuso la clase de rigidez que se asocia con el patrón oro. La moneda única despojó a los miembros de la eurozona del más importante mecanismo de ajuste – el tipo de cambio – y fue la eurozona la que circunscribió la política monetaria y la política fiscal.

En respuesta a los shocks asimétricos y a las divergencias en la productividad, tendrían que haberse constituido ajustes en el tipo de cambio real (ajustado por la inflación), lo que significa que los precios en la periferia de la eurozona tendrían que haber caído con relación a los de Alemania y del norte de Europa. Pero, ya que Alemania tiene una posición inflexible con relación a la inflación – y sus precios se han estancado – el ajuste sólo podía lograrse a través de una desgarradora deflación en otros lugares. Típicamente, esto se traduce en un nivel doloroso de desempleo y en el debilitamiento de los sindicatos; los países más pobres de la eurozona, y especialmente los trabajadores dentro de ellos, se llevaron la peor parte de la carga del ajuste. Por lo tanto, esta fue la razón por la que el plan para estimular la convergencia entre los países de la eurozona fracasó rotundamente, haciendo que crezcan las disparidades entre y dentro de los países.

Este sistema no puede y no va a funcionar a largo plazo: las políticas democráticas garantizan su fracaso. El euro sólo puede funcionar si se cambian las reglas e instituciones de la eurozona. Esto requerirá siete cambios:

· abandonar los criterios de convergencia, mismos que exigen que los déficits sean inferiores al 3% del PIB;

· sustituir la austeridad con una estrategia de crecimiento, misma que deberá estar apoyada por un fondo de solidaridad para la estabilización;

· desmantelar un sistema propenso a atravesar por crisis mediante el cual los países se ven obligados a tomar préstamos en una moneda que no están bajo su control, y fundamentarse, en cambio, en los eurobonos o en algún otro mecanismo similar;

· compartir de mejor manera la carga durante el ajuste, haciendo que los países que en la actualidad tienen excedentes en sus cuentas corrientes se comprometan a elevar los salarios y aumentar el gasto fiscal, garantizando de dicha manera que sus precios aumenten más rápido que los precios en los países con déficits en cuenta corriente;

· cambiar el mandato del Banco Central Europeo, que en la actualidad se centra sóloen la inflación, a diferencia del mandato que tiene la Reserva Federal estadounidense, entidad que toma también en cuenta el empleo, el crecimiento y la estabilidad;

· establecer un seguro de depósitos común, mismo que evitaría la fuga de dinero desde los países que tienen un desempeño deficiente, así como otros elementos constituyentes de una “unión bancaria”;

· y, alentar, en lugar de prohibir, las políticas industriales diseñadas para garantizar que los países rezagados de la eurozona puedan ponerse al día y alcanzar a los países líderes de dicha zona.

Desde una perspectiva económica, estos cambios son pequeños; sin embargo, los actuales líderes de la eurozona puede que carezcan de la voluntad política necesaria para llevarlos a cabo. Eso no cambia el hecho fundamental de que la actual situación de medias tintas sea insostenible. Un sistema destinado a promover la prosperidad y el progreso de la integración ha tenido el efecto contrario. Un divorcio amistoso sería una mejor solución que el actual estancamiento.

Por supuesto, todo divorcio es costoso; pero, enmarañarse más sería aún más costoso. Como ya hemos visto este verano en el Reino Unido, si los líderes europeos no pueden o no toman las decisiones difíciles, los votantes europeos serán quienes las tomen en vez de ellos – y puede que dichos líderes no estén felices con los resultados.

Traducido del inglés por Rocío Barrientos.

Reducir la desigualdad y la pobreza en Estados Unidos

Martin Feldstein, Professor of Economics at Harvard University and President Emeritus of the National Bureau of Economic Research, chaired President Ronald Reagan’s Council of Economic Advisers from 1982 to 1984. In 2006, he was appointed to President Bush's Foreign Intelligence Advisory Board,

CAMBRIDGE – Con la asunción de un nuevo presidente y un nuevo Congreso en Estados Unidos en apenas seis meses, llegó la hora de repensar los programas del gobierno destinados a ayudar a los pobres. La temporada electoral actual ha reflejado una preocupación generalizada por la cuestión de la desigualdad. El foco correcto para lidiar con este problema es reducir la pobreza, no penalizar el éxito merecido.

El gobierno de Estados Unidos hoy invierte más de 600.000 millones de dólares al año en programas para ayudar a los pobres. Eso representa aproximadamente el 4% del PIB total de Estados Unidos. La mitad de esos desembolsos van a parar a programas de salud, incluidos Medicaid y los subsidios de seguro de salud bajo la Ley de Atención Médica Asequible de 2010 (conocida como Obamacare). La otra mitad están destinados a un rango complejo de programas que incluyen estampillas para alimentos, subsidios para la vivienda, el Crédito Fiscal por Ingreso Ganado y ayuda en efectivo.

Para poner ese 4% del PIB en perspectiva, el ingreso total del gobierno federal generado por el impuesto a la renta personal es inferior al 9% del PIB, lo que implica que casi la mitad se gasta en esos programas sujetos a condiciones de recursos. El gasto en esos programas también excede el gasto en defensa (3,3% del PIB) y el 3,3% del PIB que se invierte en todos los demás programas discrecionales no vinculados a la defensa.

Sin embargo, a pesar de esta gran inversión, se estima oficialmente que el porcentaje de la población que vive en la pobreza es del 15%, más o menos igual que hace 50 años. No obstante, los expertos coinciden en que la medición de pobreza del gobierno no refleja correctamente el progreso que se ha hecho, ya que las estadísticas oficiales se centran solamente en el ingreso en efectivo e ignoran casi todas las transferencias del gobierno.

Muchos de los que son pobres, o que serían pobres si no recibieran ayuda, también se ven favorecidos por los beneficios de Seguridad Social para jubilados y sobrevivientes, y por Medicare para discapacitados y mayores de 65 años. Como la elegibilidad para los beneficios bajo estos programas no depende del ingreso o la riqueza, los montos que se gastan en esos programas no están incluidos en los desembolsos destinados a los pobres.

La estrategia existente para ayudar a los pobres necesita de una reforma. Los múltiples programas superpuestos con diferentes reglas de elegibilidad no les hacen las cosas fáciles a los pobres, crean malos incentivos laborales y son innecesariamente costosos para los contribuyentes.

El mayor de los diez principales programas sujetos a condiciones de recursos es el programa de subsidio a los alimentos, hoy llamado SNAP (Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria). Unos 46 millones de personas, alrededor de una séptima parte de la población de Estados Unidos, reciben beneficios mensuales por un total de 75.000 millones de dólares al año. A pesar de su uso generalizado, el gobierno calcula que apenas el 70% aproximadamente de quienes son elegibles reciben beneficios.

La elegibilidad para recibir los beneficios del programa SNAP se limita a hogares con ingresos por debajo del 130% del nivel de pobreza, aproximadamente 1.700 dólares por mes para una familia de tres integrantes. Como la decisión de un segundo adulto de trabajar podría eliminar la elegibilidad, el programa desalienta el empleo y reduce los ingresos ganados.

Si bien se describe a SNAP como un programa de nutrición, el beneficio promedio de 130 dólares por mes es mucho menos de lo que estos hogares de ingresos bajos gastan en alimentos. En consecuencia, el programa realmente equivale a una transferencia de efectivo. Como tal, domina el programa lanzado por el presidente Bill Clinton para ofrecer asistencia en efectivo con restricciones significativas.

Cuando Clinton declaró en 1996 que "pondría fin a los beneficios sociales tal como los conocemos", trabajó con el Congreso para crear el programa de Asistencia Temporal para Familias Necesitadas (TANF por su sigla en inglés), que requiere que los beneficiarios trabajen y limita su período de elegibilidad a 60 meses. Como resultado de estas condiciones, el programa de 17.000 millones de dólares se ha reducido en escala y tiene una tasa de participación de menos del 50% de los hogares elegibles.

¿Cómo deberían reformularse los programas para los pobres a fin de aumentar la participación y evitar los efectos adversos en los incentivos laborales? Una mala idea que está recibiendo una cuota sorprendente de atención favorable es el llamado Beneficio de Ingreso Universal: ofrecer suficiente dinero a todos los hogares (por debajo de los 65 años) para mantenerlos por encima de la línea de pobreza, aún si no tuvieran ningún otro ingreso. El monto asignado a cada hogar dependería de la cantidad de adultos y niños, y no del ingreso o patrimonio del hogar.

Esta transferencia incondicional resolvería el problema de sacar a todos los norteamericanos de la pobreza, pero resultaría imposiblemente costosa. Aún si reemplazara todos los programas sujetos a condiciones de recursos para los pobres sin contar los programas de salud, su costo neto superaría 1,5 billón de dólares por año, o más del 9% del PIB. Hacer ese desembolso sin aumentar el déficit exigiría duplicar el impuesto a la renta personal. De manera que el Beneficio de Ingreso Universal es, decididamente, una idea impracticable.

La mejor manera de ayudar a los pobres es el plan del impuesto negativo a la renta propuesto tanto por Milton Friedman (el economista conservador de la Universidad de Chicago) como por James Tobin (el economista liberal de la Universidad de Yale). Todos los hogares por debajo de 65 años recibirían una cantidad de dinero que los mantendría fuera de la pobreza si no tuvieran ningún otro ingreso; pero la cantidad de la transferencia bajaría gradualmente en tanto fuera aumentando el ingreso del hogar. Sobre un determinado umbral, el hogar pagaría un impuesto a la renta como lo hace hoy; por debajo de ese nivel, el "impuesto" sería negativo.

Se fijaría la tasa a la cual comienza a bajar la transferencia a fin de limitar los incentivos adversos y proteger a la vez el nivel de vida del hogar. Los programas de atención médica para los pobres continuarían.

Si bien no existe ninguna solución perfecta para el difícil problema de lidiar con la pobreza, algunas soluciones son mejores -a veces mucho mejores- que otras. El impuesto negativo a la renta puede ser la mejor manera posible de lograr simplicidad, inclusión y un costo moderado para los contribuyentes.

Líneas de 220 kv con alta efectividad en Ciego de Ávila

Escrito por Lubia Ulloa Trujillo (ACN) Foto: Nohema Díaz

La labor de los trabajadores de la Empresa de Construcciones de la Industria Eléctrica (ECIE) en Ciego de Ávila permite que las líneas de alta tensión en el territorio muestren una efectividad por encima del 95 por ciento.

Este resultado en las redes de 220 kilovoltios (kv) resulta de gran importancia en el desarrollo socioeconómico de la provincia, pues disminuye la probabilidad de averías, solo una reportada en los últimos nueve años, de cuatro horas de duración.

“El ciclo de mantenimiento se cumple al ciento por ciento en las cuatro líneas de 220 kv que atraviesan o nacen en suelo local”, informó a la ACN Ángel Garrudo Parjús, jefe de Transmisión de la Unidad Empresarial de Base (UEB) avileña.

“Las recientes acciones, realizadas de conjunto con brigadas de la UEB de Camagüey, estuvieron dirigidas al cambio del cable protector en los 36 km de doble circuito que unen a Ciego de Ávila con Nuevitas”, señaló Garrudo Parjús.

“La sustitución de la cuerda de acero galvanizado por otra de acero cubierta de aluminio evita los efectos directos de las descargas eléctricas y proporciona condiciones óptimas a la línea para transferir energía”, agregó Garrudo Parjús.

El chequeo constante de las 349 torres a lo largo de los 153 kilómetros comprendidos entre los límites de las provincias de Camagüey, al Este, y de Sancti Spíritus, al Oeste, es prioridad en Ciego de Ávila, al constituir zona de enlace entre el Oriente y el Occidente cubano.

La UEB avileña posee la certificación del Sistema Integrado de Gestión de la Calidad, Medio Ambiente, y Seguridad y Salud en el Trabajo, que otorga la Oficina Nacional de Normalización.

Jaime Quirós Crespo, especialista principal en construcción de líneas de la Empresa Eléctrica en Ciego de Ávila, dijo que el mantenimiento a las líneas de 220 kv es garantía para continuar con las modernizaciones de este sector, imprescindible en todas las actividades del país.

Ciudad del oriente cubano aprovecha potencial eólico

La electricidad obtenida por el parque experimental representa casi el 30 por ciento de la energía consumida en el municipio holguinero de Gibara.

Las autoridades cubanas apuestan por un mayor aprovechamiento de las fuentes renovables de energía.
Las autoridades cubanas apuestan por un mayor aprovechamiento de las fuentes renovables de energía.Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
Gibara, Cuba, 26 ago.- El viento en la costa norte holguinera refresca las calurosas tardes veraniegas y mueve una decena de aerogeneradores, que aprovechan la energía eólica para llevar la electricidad a la población de Gibara, a 734 kilómetros al este de La Habana.
“A una máxima generación obtenemos aquí 9,6 megavatios, que están conectados al sistema eléctrico nacional”, informó Rolando Gómez, que trabaja en uno de los dos parques experimentales construidos en esa localidad marítima del oriente cubano.
En 2008 se inauguró la primera instalación, “con seis máquinas que generan 850 kilovatios (KV), para un total de 5,1 megavatios (MW)”, y en 2010 comenzó a funcionar la segunda, “con otros cuatro aerogeneradores más pequeños, que aportan 750 KV cada uno”, agregó el operario.
Aun cuando se cumpla lo proyectado para 2030, la generación de electricidad en Cuba todavía dependería del petróleo en más de 70 por ciento.
Aun cuando se cumpla lo proyectado para 2030, la generación de electricidad en Cuba todavía dependería del petróleo en más de 70 por ciento.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
“La clave es el viento”, que en esa zona suele ser más fuerte “después de las 10 de la mañana y antes del anochecer. Durante las madrugadas casi siempre está en calma”, explicó.
A su juicio, la obtención de energía por esta vía debería extenderse en Cuba, porque favorece “principalmente el ahorro de combustible” y ayuda a “reducir la emisión de carbono a la atmósfera”.
Como parte del experimento, en la zona funcionan aerogeneradores de tecnología española y otros de factura china, ambos con “una vida útil de unos 20 años”.
Precisó que, para mantener los equipos, los especialistas caribeños mantienen la comunicación con los fabricantes.
Asiáticos e ibéricos “han venido a hacer reparaciones de las máquinas afectadas por los rayos de las tormentas eléctricas”, apuntó.
Cuba apuesta cada vez más por el desarrollo de las fuentes renovables de energía, con énfasis en la bioeléctrica, eólica, hidráulica y solar.
El gobierno proyecta la construcción de 13 parques eólicos y 74 mini hidroeléctricas, entre otras iniciativas, para lograr que en 2030 las fuentes renovables cubran 24 por ciento de la demanda eléctrica nacional.
En la actualidad, Cuba cuenta con una capacidad de generación cercana a los 5.700 MW, de la cual más de 95 por ciento se obtiene a partir de combustibles fósiles, que elevan el gasto en importaciones y la contaminación ambiental.
Por ello, especialistas consideran vital que se impulse más el uso de fuentes renovables de energía.
Rolando Gómez considera que Gibara pudiera aportar mucho más. “En este lugar la vegetación es bajita y no afecta el recorrido del viento, así que toda esa zona se puede llenar de máquinas”, aseguró.
Datos de la Asociación Eólica Mundial, con sede en la ciudad alemana de Bonn, revelan que más de 100 países utilizan la energía del viento para producir electricidad.
Sin embargo, al cierre de 2015 esta cifra solo constituía cuatro por ciento de la cobertura electroenergética del planeta. (2016)