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viernes, 12 de marzo de 2021

Ciencias sociales y ciencias matemáticas

 Esteban Morales, Cubaperiodista

Las ciencias sociales y humanísticas cubanas, arrastran ciertos desafíos que no son exclusivamente nuestros, y otros, que sí parecen tener sello de ciudadanía.

Algunos de esos retos tienen que ver con asuntos tales como: las relaciones entre política y ciencias sociales; las ciencias sociales y la cultura política, la coyuntura y el largo plazo en el análisis de las ciencias sociales.

A esos asuntos nos referiremos en otros trabajos, en éste abordaremos lo relativo al vínculo entre las ciencias sociales y las ciencias naturales y exactas, especialmente con las matemáticas.

¡Cuántos de los que ejercen su actividad en el campo de las ciencias sociales y humanísticas, lo han seleccionado huyéndole a las llamadas ciencias naturales y exactas, en particular a las Matemáticas!

Si se trata de un profesor, trasmitirá esta herencia a sus alumnos, con la consiguiente reproducción en los mismos de la separación entre las ciencias y de otros prejuicios que nos aquejan. No poco de los que hoy sufrimos, viene de esos orígenes, así como también de considerar a las ciencias naturales y exactas, como las ciencias “duras”, por lo que el resto serían entonces las “blandas”.[1]

Resulta del todo imposible hacer esa clasificación, nada científica y bastante peyorativa, por cierto. Pero no creo necesario emplear tiempo introduciéndonos a fondo en una polémica sobre la validez o no de esta clasificación, aunque creemos que en general no es válida y mucho menos científica.

Sin embargo, de lo que sí estamos seguros, es de que ciencias como la Historia, la Economía Política, la Sicología o la Sociología, para sólo mencionar algunas de las más representativas y básicas, son más difíciles que algunas de las llamadas Ciencias Naturales y Exactas.

Entre otras importantes razones, porque se trata de ciencias más jóvenes, cuyo cuerpo de conocimientos se estructuró hace apenas 200 años; por no disponer éstas de un laboratorio construible de manera artificial, que les permita comprobar a escalas menores sus experimentos; por tener una gran relación con los problemas relativos a la conciencia y la subjetividad, así como un vínculo muy estrecho con la política y la ideología, asi como por exigir de una acumulación de conocimientos, investigaciones y comprobaciones múltiples, antes de producir un resultado que sea socialmente aceptable.

Pero, sobre todo, por no disponer, durante mucho tiempo, de una madurez y estructuración de la sociedad, que les permitiera el reflejo de manera coherente y el traslado de ese conocimiento al campo de la ciencia.

Las ciencias sociales a diferencia de las naturales, solo emergen, reflejando el conocimiento de la sociedad, cuando esta última ha logrado un nivel de madurez y universalidad, que le permita el reflejo subjetivo de las relaciones sociales y su conocimiento, en la superestructura. Dado que la ciencia no es más que el reflejo subjetivo, coherente, estructurado, de las relaciones sociales en la mente del individuo y en la conciencia social. Lo cual para las ciencias sociales solo se logra a partir del surgimiento del capitalismo, única sociedad, cuyas relaciones se universalizan de manera coherente y generalizada.[2]

Por el contrario, las Ciencias Naturales y Exactas emergieron antes y trabajan directamente con la realidad objetiva. Aunque ésta pueda no ser apreciable a simple vista. Lo cual solo se va logrando con el desarrollo de la tecnología, que ha producido el instrumental que permite penetrar en las características de la materia. Realidad objetiva que existe de manera independiente de nuestra voluntad y de la conciencia.

Es ya posible con relativa facilidad, dentro de un laboratorio, reproducir a escala, la actividad de la naturaleza y recopilar una información que nos permite adelantar los posibles resultados de un experimento, antes de que éste sea llevado a escalas mayores.

Es por eso que estas ciencias reciben el calificativo de exactas. Su capacidad de pronosticar los resultados a obtener de sus investigaciones es muy alta, algo muy diferente a lo que ocurre con las Ciencias Sociales.

No quiere decir lo anterior, que las Ciencias Sociales y Humanísticas, no puedan también construir sus laboratorios (planes pilotos), pero se trataría de una muestra o segmento de la realidad misma y ello resulta mucho más complejo, sobre lo cual, no es posible continuar profundizando en el limitado espacio con que ahora contamos.

La responsabilidad exigida por la investigación en ambos campos de la ciencia, es igual de grande, pero la connotación de sus potenciales errores, es muy diferente.

No hay dudas de que, si a un ingeniero se le cae un puente o a un físico nuclear le falla un experimento, se podrían producir pérdidas materiales y humanas irreparables. Sin embargo, si un científico social comete errores al asesorar una política, sus consecuencias negativas no serían tal vez inmediatas, ni tan evidentes, aunque es probable que sus efectos puedan sentirse por un periodo de tiempo mucho más prolongado. Porque incidir de manera negativa sobre la conciencia de las personas, sus estados de ánimo y su pensamiento, es mucho más grave y duradero que las posibles incidencias sobre la naturaleza. Aunque influir de manera negativa sobre esta última, traería también consecuencias del mimso orden para el hombre. Ya que naturaleza, pensamiento y sociedad, forman una unidad indisoluble.

La ciencia en su desarrollo impone retos nuevos de manera continua. Tanto al campo de las ciencias como totalidad, como a la sociedad.

Ahora, por ejemplo, el desarrollo de la llamada Nanotecnología, nos permite conocer que no es lo mismo observar en el macro que al micro mundo. Ahora sabemos que un componente cualquiera de la “Tabla de Mendeleev”, puede variar sus propiedades, según se le estudie en la medida macro o en la nano, lo cual es un descubrimiento que tiende ya a revolucionar la ciencia, pero que también resulta un reto importante a enfrentar, no sólo científico, sino también social y ético. Sobre todo, si tomamos en consideración lo que eso representa, entre otros potenciales impactos, para los productores de materias primas de origen natural.

Otra de las manifestaciones de las diferencias en los distintos campos de la ciencia, es que, por ejemplo, un físico con un descubrimiento importante, puede obtener el grado de doctor a los 25 años; sin embargo, a un científico social ello le resulta prácticamente imposible. Y tal situación no puede ser equilibrada solo a partir de la capacidad individual, sino que tendrá que ser resuelta tomando como base el desarrollo de las propias ciencias sociales, sus instrumentos de análisis y la velocidad a la que viaja la información; aspecto en el cual, con el desarrollo de la informática, se ha permitido avanzar considerablemente.

Todas las ciencias han logrado avanzar mucho en el campo de la obtención y procesamiento de la información, pero para las ciencias sociales y humanísticas, dado el carácter de sus objetos de estudio, las Ciencias Informáticas han significado una verdadera revolución de sus posibilidades. Sin que podamos decir aún que hayamos alcanzado en Cuba, en las ciencias sociales, el más alto potencial de aprovechamiento que estas ciencias posibilitan.

Por otra parte, nuestras ciencias sociales enfrentan también el reto de la necesidad de prestar mucho más atención a sus cuerpos científicos básicos, como la Historia y la Economía Política, entre otras, tomando ejemplo de las ciencias naturales y exactas, que sí tienen una interconexión mucho mayor con sus ciencias básicas: ejemplo con las Matemáticas.

Entre las matemáticas, la física, la química y la biología y el resto de las ciencias naturales y exactas, no existe la desconexión con que frecuentemente nos tropezamos dentro de las ciencias sociales y humanísticas, con sus ciencias básicas y sus interrelaciones, a pesar de que en éstas el tratamiento holístico, multidisciplinario, interdisciplinario y transdisciplinario resulta muy necesario y se podría decir que es ineludible.

Es más fácil encontrar entre nosotros a un “científico social” que desconozca la Economía Política, e incluso sienta temor de acercarse al contenido de esta ciencia, que a un “científico natural” que soslaye a las matemáticas u otras de su campo básico.

Al parecer, esto tiene que ver con que un científico natural no puede sobrevivir, por ejemplo, sin las Matemáticas, mientras que un científico social cree que puede arreglárselas sin la Economía Política.[3]

Quiere decir, que hay una mayor conciencia de la conexión que existe entre ciencias básicas y el resto de las ciencias y entre ellas sus mutuas interrelaciones, en el campo de las ciencias naturales y exactas, que la que existe en el campo de las ciencias sociales y humanísticas. Lo cual representa un reto de consideración estratégico, porque descuidar a las ciencias básicas, en cualquier campo de la ciencia, es como descuidar la piedra angular del edificio de las ciencias y más que ello, su necesaria retroalimentación con los procesos dialécticos de integración y desintegración del conocimiento científico, investigación, reproducción y aplicación de la ciencia.

Dice el filósofo ruso A. Meliujin, que la ciencia avanza vertical y horizontalmente en un proceso dialéctico indetenible. En el indetenible proceso de integración y desintegración.[4]

No es posible entonces, avanzar en el conocimiento científico, si no es retroalimentando continuamente los campos básicos de la ciencia, las que a su vez reaccionarán produciendo nuevos conocimientos fundamentales. Además, porque estos campos básicos o llamadas ciencias básicas, constituyen la piedra angular de la formación científica de aquellos que después, al arribar de las universidades a los centros de investigación, se dedicarán al trabajo científico; siendo aquí entonces donde brotarán las deficiencias en su formación básica, dificultando avanzar en el campo concreto de investigación seleccionado.

Salta a la vista, entonces, la importancia de la correlación entre investigaciones fundamentales y las aplicadas, cosa ésta que comprenden muy bien los científicos de las ciencias naturales y exactas, pero aun insuficientemente los de las ciencias sociales y humanísticas. Esta comprensión se complica aún más, debido a que hasta hace poco tiempo, se cometían con frecuencia, en nuestra política científica, dos errores básicos: realizar en el campo de las Ciencias Sociales y Humanísticas sólo investigaciones aplicadas; o en ocasiones, poner a estas últimas sólo como simples complementos prácticos de las investigaciones a realizar en otros campos de la ciencia. Ignorando que, en las ciencias sociales y humanísticas, también se hace indispensable una adecuada correlación entre las investigaciones fundamentales y aplicadas. Y que las ciencias sociales y humanísticas pueden complementar los resultados obtenidos por otras ciencias, sólo si ellas mismas participan, desde el principio, en la concepción y planeamiento de las investigaciones. Pues, tienen las ciencias sociales y humanísticas tanta personalidad, como las otras ciencias, para concebir y desarrollar sus propias investigaciones, básicas y aplicadas.

Un aspecto específico dentro del cual se ponen de manifiesto, con especial agudeza, los fenómenos arriba mencionados, es en el de las insuficientes relaciones existentes aun entre las ciencias matemáticas y las ciencias sociales y humanísticas, lo que es una de las razones por las cuales, por ejemplo, la modelación política, la lingüística matemática y otras disciplinas, en las que las ciencias sociales y humanísticas utilizan hace ya mucho tiempo a las ciencias matemáticas, presentan tan poco desarrollo en nuestro país.

Ello tiene no poca relación con los prejuicios que se desarrollaron en los ex países socialistas, la URSS en particular, donde las aplicaciones matemáticas a las ciencias sociales, durante mucho tiempo, no gozaron de simpatía; particularmente, la Modelación Económico-Matemática, que se consideraba un mero intento por introducir el análisis marginal neoclásico burgués en el campo de la economía política. Similar prejuicio existía con la Sociología, que fue considerada durante mucho tiempo, solo como una simple respuesta al Materialismo Histórico.

Estas situaciones, por suerte, ya han sido superadas en nuestro país, pues trajeron como resultado, entre otros, un modo de abordar los problemas sociales en Cuba, a partir de modelos de análisis con muy poca o ninguna relación con nuestras realidades concretas y sus expresiones subjetivas.[5]

No puede olvidarse que el socialismo es concreto, por lo que no admite el traslado de modelos analíticos, que nada tienen que ver con la sociedad específica que se desea construir en nuestro país.

Por otra parte, durante mucho tiempo, en Cuba no fuimos partidarios de investigar fenómenos de nuestra realidad que, según criterios prevalecientes, no tenían cabida en Cuba, tales como, prostitución, drogas, racismo, homosexualismo, homofobia, etc. La crisis económica de finales de los ochenta y principios de los años noventa, contribuyó mucho a variar y esclarecer estas concepciones y criterios.[6]

De modo que las Ciencias Matemáticas tienen hoy en Cuba una más amplia utilización, aunque sólo en ciencias como la Economía, la Sociología, la Psicología la Demografía y la Geografía, entre otras. Mientras que, en la Historia, las Ciencias Jurídicas, la Filosofía y las Relaciones Políticas Internacionales, apenas se aplican algunos instrumentos estadísticos.

Se hace necesario, por lo tanto, valorar el desarrollo de las ciencias sociales y humanísticas hoy en Cuba, no sólo por sus resultados, sino también por el despliegue de sus capacidades, para apropiarse de los adelantos científico-técnicos que se hayan obtenido en otros campos de la ciencia, poniéndolos al servicio de la investigación de la sociedad cubana.

En particular, también, por la capacidad para utilizar a las Ciencias Matemáticas como instrumento de prolongación de las capacidades analíticas de las ciencias sociales y humanísticas.

En este campo es mucho lo que debemos aprender aún de las llamadas ciencias sociales burguesas, amén del carácter a veces un poco árido y superficial, que adoptan en las mismas sus formulaciones y aplicaciones matemáticas.

Ese criterio que tienen algunos físicos -aunque no son los únicos- de que todo el análisis debe terminar siempre en un número, en una cantidad, puede ser muy válido para esa ciencia, e incluso, para el resto de las ciencias naturales y exactas, pero no necesariamente para las ciencias sociales y humanísticas, en las que las ciencias matemáticas, presentan todavía un muy limitado campo de aplicación, al menos en nuestro país.

Decía ese genio mundial, que respondía al nombre de Albert Einstein, que “… no todo lo que cuenta puede ser cuantificado, ni todo lo cuantificable cuenta…”: aunque es cierto que la cantidad es lo que cuestiona y transforma la calidad, trocándola a veces en su contrario y por eso la cuantificación es tan importante. Sin embargo, ello no quiere decir que esa sola (cuantificar) sea la función de las Ciencias Matemáticas, ya que ellas no tienen que ver sólo con la cantidad y pueden jugar un papel fundamental como instrumento de análisis de las ciencias sociales y humanísticas. Las ciencias matemáticas ofrecen una capacidad analógica y cualitativa, que no puede ser despreciada por las ciencias sociales y humanísticas.

No basta con utilizar a las Matemáticas como simples “pinceles” de pura ilustración cuantitativa, sino que, sobre la base del conocimiento a fondo del objeto de investigación y con una formación matemática adecuada, le es posible al investigador detectar aquellos algoritmos, conexiones, isomorfismos e interrelaciones, biunívocas o no, dentro del objeto de estudio, que le permiten determinar en qué momentos o planos del análisis ésta ciencia puede desempeñar un papel importante como instrumento de prolongación de las capacidades analíticas y metodológicas de las ciencias sociales y humanísticas. Único modo, en que el método dialectico de investigación puede avanzar.

La abstracción es, y será aún, el método por excelencia de las ciencias sociales y humanísticas, pero auxiliándose de las Ciencias Matemáticas, es posible descubrir conexiones dentro de los fenómenos estudiados, que nos pueden aportar mucho para lograr resultados, que sólo un análisis cualitativo puro no aportaría. Se trata de la relación entre lo cuantitativo y lo cualitativo, que se expresa aquí con particular fuerza. Cualidad y cantidad no están separadas, forman parte del mimso entorno natural y social.

El comportamiento de la relación entre cantidad y calidad, en las ciencias sociales y humanísticas, está determinado por el campo específico de su aplicación. El potencial cuantitativo no absolutizado del análisis deviene en un instrumento que sirve para descubrir nuevas cualidades. Se trata de la ley de la transformación de la cantidad en calidad y viceversa, o llamada ley de los cambios cualitativos y cuantitativos.

Considero que las propias leyes matemáticas toman sus expresiones particulares en el campo de las ciencias sociales y humanísticas. Ningún instrumento lo es por sí mismo, sino por el campo de su aplicación; es el campo concreto de aplicación, lo que hace del instrumento lo que es, y así creo se comportan las ciencias matemática dentro de las ciencias sociales y humanísticas.

No hace mucho discutíamos con los físicos en nuestra Universidad sobre estos problemas y se ponía de manifiesto la limitación de que para ellos el análisis matemático significa que todo debe terminar en una cantidad, en un número.

Algunos matemáticos y físicos con los que hemos hablado, comprenden esto bien, pero otros tienden a pensar que las leyes matemáticas y sus principios, por ser “simplemente” universales, no pueden sufrir ninguna modificación en sus formas de expresión.

Es cierto que se trata de principios universales, pero esa universalidad es sumamente compleja, teniendo variados campos específicos de manifestación. No es lo mismo la sociedad que la naturaleza. Pero, además, porque dialécticamente la cantidad se niega reafirmándose y se reafirma negándose, pues el universo es uno solo, pero extraordinariamente complejo y diverso al mismo tiempo. Y el proceso de su conocimiento es infinito. Siempre será más lo por conocer, que lo conocido.

En cuanto a la morfología, las ciencias matemáticas, cuando son aplicadas a otros campos del conocimiento tan diferente al de las ciencias naturales y exactas, como lo son los del campo de las ciencias sociales y humanísticas, estas producen fenómenos, formas de manifestación de sus leyes y de sus principios generales, que en el campo de las ciencias naturales y exactas, a veces, no tendrían sentido, pues se trata de formas de expresión, cuyo significado solo podría hallárselo un científico del campo concreto de investigación social en que están siendo aplicadas.

No es algo posible de discutir a fondo, en el breve espacio de este artículo, pero defendemos la tesis de que las ciencias sociales y humanísticas en Cuba, tienen mucho que decir aún en el campo de la aplicación de las Ciencias Matemáticas, a sus objetos de investigación; que van desde el hecho de que las relaciones económicas no están situadas exclusivamente en el primer cuadrante del eje de coordenadas, hasta el que una variable -dependiente e independiente al mismo tiempo- puede reaccionar sobre sí misma. Lo que visto de manera puramente matemática podría parecer un absurdo, pero que, por ejemplo, en el campo de la Modelación Política, podría tener total sentido.

Pueden surgir nuevos aportes a las propias Ciencias Matemáticas, cuando éstas son aplicadas a los fenómenos sociales. Lo cual no hace sino poner de manifiesto, que, en definitiva, la ciencia es una sola -y diversa al mismo tiempo-, por cuanto todos los resultados de la ciencia va a dar al mismo lugar: el hombre, su entorno natural y social y el campo de su subjetividad; reafirmando que, si el universo es uno solo, la ciencia también lo es; pues las ciencias particulares y sus múltiples aplicaciones e interpenetraciones, no son más que planos del conocimiento de la realidad y de la subjetividad que siempre le acompaña.

Son muchos los retos que aún enfrentamos, pero con lo dicho hasta aquí, creo que se hace necesario reaccionar sobre los currículos de nuestros procesos de formación académica, en particular dentro de las ciencias sociales y humanísticas, para comenzar a resolverlos. Asunto al cual nos referiremos en el contexto de un próximo artículo.

Marzo 1 del 2021.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

[1] Se trata incluso de un prejuicio que ha estado durante años muy presente en la propia vida Universitaria en nuestro País., (Nota del Autor).

[2] Solo con la aparición del Capitalismo, que da coherencia y sistematicidad a las relaciones sociales, generalizándolas y universalizándolas, se hace posible la aparición de las Ciencias Sociales. (Ver: Carlos Marx, Prologo de la Contribución a la Crítica de la Economía Politica).

[3] En Cuba, este resulta ser un asunto aun no resuelto. Lo cual crea una gran dispersión y debilidades en los resultados de las ciencias sociales. Qué no se entrelazan lo suficiente para producir el conocimiento científico. Lo que hace que nuestras investigaciones en este campo, sean menos efectivas, al enfocar los problemas sociales y su solución.

No ocurre lo mismo con las ciencias naturales y exactas, en las que la investigación ha avanzado mucho, nutriendo a sus ciencias básicas y produciendo resultados que son más integrales. De modo, que las ciencias naturales y exactas, han avanzado mucho más, acercándose a las ciencias sociales, que lo que estas últimas han avanzado acercándose a las naturales y exactas. De lo cual es clara expresión, lo lejos que están aún nuestras ciencias sociales y humanísticas, en la utilización de las ciencias matemáticas. (Nota del Autor)

[4] Meliujin, autor de Desintegración e Integración de las ciencias. Obra importantísima para abordar los problemas metodológicos de las ciencias Sociales.

[5] Esto tuvo lugar cuando se consideraba que el llamado Comunismo Científico era la base la investigación marxista en las ciencias sociales cubanas. Situación heredada de la formación de muchos cuadros profesorales y estudiantes en la antigua URRS Situación que poco a poco hemos venido superando.(Nota del Autor ).

[6] Esto, por supuesto, yo lo considero como una herencia de nuestra relación, en particular, con la URSS, donde el PCUS, no permitia estas investigaciones, pues las misma, lejos de servir para conocer a fondo la sociedad cubana, eran consideradas investigaciones para desprestigiarla. Lo cual sirvió también para sembrar prejucios y limitaciones, para intercambiar con otros científicos fuera del Campo Socialista. A lo que se agregaba el desprecio por lo que se desarrollaba en el campo de las ciencias sociales burguesas. Mostrando claramente, que las ciencias sociales burguesas no pueden ser menospreciadas. Dado que, en última instancia, la ciencia es una sola, dependiendo solo de para que se le utilice. (Nota del Autor).

sábado, 23 de mayo de 2020

Efecto Doppler en las ciencias sociales

Por Rafael Alhama Belamaric

Leo una entrevista a la destacada ensayísta Alina López Hernández, y no dejo de pensar en si existe un efecto Doppler en las ciencias sociales. Es decir, que éstas necesitan tanto de una atención prioritaria, sobre todo en su realización, que si no se toman medidas urgentes se irá produciendo con el tiempo un corrimiento cada vez mayor hacia el rojo. Y es que no es un fenómeno de este año debido al virus, ni del año pasado (cubayeconomia.blogspot.com › May 24, 2019 - En busca del tiempo perdido), tiene décadas.

Hablo de filosofía, lingüística, literatura, arte, religión, historia, derecho, ciencia política, economía, comunicación, pedagogía, geografía, pero también de antropología, psicología, sociología. Tanto de las que tratan al hombre y sus valores humanos en diferentes segmentos de la vida, como del comportamiento del hombre en la sociedad y las formas de organización. Sobre todo de éstas últimas. 

La no pertenencia a la tecnología dura y una supuesta falta exactitudes de las ciencias naturales y técnicas, crea no sólo una imagen distorsionada y falsa a nivel de la sociedad, sino que la propia invisibilidad crea una percepción de ciencias y disciplinas no deseables de la sociedad.

Si la tarea de éstas es investigar y considerar la relación del hombre con el mundo, y utiliza el análisis, la crítica y enfoque interpretativo, que ha ido complejizándose cada día más en las últimas décadas, de tal manera que posibilita una mejor comprensión del rápido desarrollo de tecnologías modernas, movilidad y redes de globalización, pero también de formas de organización y actuación a nivel de grupos, colectivos, sociedad, ¿qué hace que hayan caído en un segundo plano?

¿Qué hace que la continua producción de resultados desde hace cinco décadas, y sobre todo en las últimas tres décadas, y sobre todo la última década, haya sido descuidada, o no atendida con la importancia y urgencia que tienen muchos de éstos?

¿Existe un condicionamiento social y político sobre el tema?

Si efectivamente han estado de espaldas mucho tiempo unas de otras, es precisamente porque no fue posible alcanzar el enorme esfuerzo de coordinación de disciplinas y de instituciones de investigación, también de formación que exige mover fronteras consideradas por algunos innamovibles, con lo que cambian la visión, los conocimiento y las metodologías, pero esto exige apoyo en todo el proceso. Apoyo no sólo para llegar a un resultado y a una propuesta, sino para la realización. Y, para la realización, una y otra vez, se regresa más o menos a las mismas propuestas de cómo organizar las ciencias sociales, porque una y otra vez, ha faltado interacción activa a lo largo de todo el proceso desde la idea inicial y formulación del objeto y el objetivo hasta cómo aplicar las recomendaciones; ha faltado interesado, actor político y social.

Se han llevado a cabo la elaboración de escenarios, en diversos momentos, y se ha tenido que parar el proceso, llegados a un determinado paso, por la imposibilidad de contar con los actores políticos y sociales decisores, a la hora de materializar las acciones y las políticas. Los enfoques multidisciplinarios, que en algunas instituciones y disciplinas habían avanzado con pasos firmes desde los años 80, han ido cediendo, ni que decir de los enfoques y estudios transdisciplinarios, que sí se llevan a cabo en otros campos del saber.

En el último decenio, no se trata sólo de resultados y propuestas relevantes, que siempre existen. Se trata de la cantidad total de resultados en todas y cada una de estas disciplinas, y por mencionar cuatro, se me ocurren psicología, antropología, sociología y economía, y la cantidad de realizaciones, todas referidas a temas trascendentales de gran actualidad, hace diez años y hoy.

SI utilidad tienen los investigadores y estudiosos de las ciencias sociales, es por cómo y en qué momento son utilizados, y su utilización hoy no puede tener el ritmo de tortuga, porque ese ritmo no lleva el ritmo de desarrollo del mundo.

jueves, 14 de marzo de 2019

Impensar las Ciencias Sociales[1]


Por Ernesto Molina Molina.[2], http://leyderodriguez.blogspot.com/

El propio autor de este excelente libro, explica su título:

No se trata de repensar las ciencias sociales. Es normal que los eruditos y los científicos repiensen los asuntos. Cuando nuevas evidencias socavan viejas teorías y las predicciones no se cumplen, nos vemos obligados a repensar nuestras premisas (…) Sin embargo, además de repensar —algo que es “normal”—las ciencias sociales del siglo XIX, creo que necesitamos “impensarlas” debido a que muchas de sus suposiciones — engañosas y constrictivas, desde mi punto de vista— están demasiado arraigadas en nuestra mentalidad. Dichas suposiciones, otrora consideradas liberadoras del espíritu, hoy en día son la principal barrera intelectual para analizar con algún fin útil el mundo social.[3]

El aporte central de Wallerstein al nuevo modo de abordar las sociedades históricas y que refuta el modo de hacerlo por las escuelas anteriores, es su teoría del sistema mundo.

El elemento central de la teoría del sistema mundo es que existe un conjunto de articulaciones y relaciones que constituyen un sistema histórico identificable que se extiende más allá de las naciones y los Estados.

Según Immanuel Wallerstein, la economía-mundo capitalista es un sistema que incluye una desigualdad jerárquica de distribución basada en la concentración de ciertos tipos de producción (producción relativamente monopolizada, y por lo tanto de alta rentabilidad), en ciertas zonas limitadas, que por eso mismo pasan inmediatamente a ser sedes de la mayor acumulación de capital. Esa concentración permite el reforzamiento de las estructuras estatales, que a su vez buscan garantizar la supervivencia de los monopolios correspondientes. Pero como los monopolios son intrínsecamente frágiles, a lo largo de toda la historia del sistema mundial moderno esos centros de concentración han ido reubicándose en forma constante, discontinua y limitada, pero significativa.[4]

Ese es el moderno sistema mundial, que surge entre 1450 y 1650 y lo más significativo de su desarrollo ha sido el cambio de la dominación política y militar a la económica.

Según Wallerstein[5] el sistema está compuesto por tres elementos: el centro, la periferia y la semiperiferia. El centro ocupa la posición dominante y está integrado por los países económica y políticamente más poderosos. Ellos concentran las actividades económicas más complejas, que son intensivas en capital y requieren una fuerza de trabajo más calificada; tienen una relativa homogeneidad económica, el nivel de acumulación de capital es mayor y generalmente se especializan en la producción de los bienes “más avanzados” del sistema, aun cuando producen “bienes tradicionales” lo hacen con medios tecnológicos complejos.

La periferia, por contraste, aunque demográfica y territorialmente es mayor que el centro, está compuesta por los países más débiles económica y políticamente, produce bienes de carácter primario y depende de los bienes más avanzados del centro.

La relación entre el centro y la periferia es una relación de explotación, por lo que las relaciones económicas entre centro y periferia benefician al centro.

Entre el centro y la periferia existe un grupo de países que ocupan una posición intermedia, en ellos pueden desarrollarse algunas de las actividades económicas complejas. Actualmente algunos de estos países tienen un desarrollo industrial y también producciones primarias, pero carecen del poder y dominio que tienen los países centrales.

Existe además “la arena externa” de una economía – mundo compuesta por aquellos otros sistemas con los cuales mantiene algún tipo de relación comercial, pero que no son parte integrante de ella, esto es lo que diferencia a la periferia de “la arena externa”. Hay además zonas no integradas, pero a fines del siglo XX se puede decir que, salvo alguna comunidad remota de aborígenes, éstas han dejado de existir.

Las posiciones dentro de este sistema no son estáticas, usualmente un Estado domina el centro, pero éste cambia con el desarrollo del sistema. Los Estados pueden cambiar su posición dentro del sistema, así algunos estados pueden pasar de semiperiferia a centro (caso de la situación de Alemania y Japón) o ser desplazado de centro a semiperiferia (caso de España) o de periferia a semiperiferia (caso de Brasil y los llamados tigres asiáticos).

Teóricamente esa posibilidad sigue existiendo, pero con la consolidación del capitalismo monopolista durante el siglo XX, éste se hace verdaderamente universal, y la estructura, se hace más rígida, lo que se muestra por el hecho de que ninguno de los Estados periféricos o semiperiféricos ha pasado a ser centro. Sin embargo, algunos autores muestran que los Estados que pasaron a ser centros nunca fueron “periferizados”.[6]

Según I. Wallerstein:

El ascenso y la declinación de las grandes potencias ha sido un proceso más o menos del mismo tipo que el ascenso y la declinación de las empresas: los monopolios se mantienen durante algún tiempo y por último son minados por las propias medidas que se toman para sostenerlos. Las “bancarrotas” que siguen han sido mecanismos de limpieza en cuanto del sistema las potencias cuyo dinamismo se ha agotado y las reemplazan por sangre nueva. A lo largo de todo ese proceso, las estructuras básicas del sistema han permanecido sin cambio. Cada monopolio del poder se ha mantenido por algún tiempo pero, igual que los monopolios económicos, fue minado por las mismas medidas que se tomaron para sostenerlo.[7]

Hay una relación, hasta cierto punto, genética, entre la Teoría de la Dependencia y la teoría de la economía-mundo, solo que ésta última incorpora la perspectiva holística de análisis, que exige la multidisciplinariedad. Para Wallerstein la unidad de análisis debe ser el sistema mundial, no un estado, país o sociedad.[8]

En esa proyección él sostiene que no hay límites entre la antropología y la economía, la ciencia política y la sociología.

El libro está estructurado en seis partes con un total de 20 capítulos, bibliografía y un índice analítico.

I. Las ciencias sociales: del génesis a la bifurcación

La primera parte aborda la historia social de la epistemología en cuestión. Intenta catalogar el estudio de las ciencias sociales históricas como una categoría intelectual dentro del desarrollo histórico del sistema mundo moderno. No pretende explicar por qué las ciencias sociales históricas se institucionalizaron como una forma del conocimiento en el siglo XIX, -y sólo en ese siglo-, sino también por qué dieron lugar a una epistemología particular, centrada en lo que, según cree el autor, es una antinomia nomotético-idiográfica falsa.

También pretende explicar en esta primera parte por qué en los últimos 20 años esta epistemología ha empezado a ponerse en tela de juicio, planteándonos los dilemas intelectuales de la actualidad.

II. El concepto de desarrollo

Una vez propuesto el contexto histórico, Wallerstein dirige su atención hacia lo que parece ser el concepto clave y más cuestionable de las ciencias sociales del siglo XIX, el concepto “desarrollo”. No cabe duda que la palabra “desarrollo” se hizo común a partir de 1945, e inicialmente parecía limitarse a explicar los acontecimientos en el “Tercer Mundo” o las zonas periféricas de la economía mundo capitalista.

Pero el autor entiende que la idea de desarrollo es simplemente una fase del concepto de “revolución Industrial” que, a su vez, ha sido eje no solo de gran parte de la historiografía sino de todo tipo de análisis nomotético. Esta idea de desarrollo ha tenido una gran influencia, ha sido muy confusa (precisamente porque, al ser en parte correcta, ha resultado demasiado evidente) y, en consecuencia, ha generado falsas expectativas (tanto a nivel intelectual como político). Y no obstante pocos están dispuestos a impensar este importante concepto.

Una vez que Wallerstein lo expone, todo aparece muy claro: unas sociedades han prosperado a costa de otras que se han empobrecido; unos sectores sociales han oprimido a otros sectores sociales, el Norte se desarrolló a costa del subdesarrollo del Sur.

III. Los conceptos de tiempo y espacio

A continuación, Wallerstein pasa a analizar lo que denomina Tiempo Espacio. Considera nuestro autor que uno de los logros más notables de la epistemología de las ciencias sociales ha sido eliminar el Tiempo Espacio del análisis, lo que no significa que nunca se haya hablado de la geografía y la cronología. Y sí, se ha tenido presente, pero no propiamente desde las ciencias sociales, sino como constantes físicas y, por lo tanto, variables exógenas más que creaciones sociales fluidas y por ende variables no simplemente endógenas, sino cruciales para comprender la estructura social y la transformación histórica. Incluso en la actualidad raras veces consideramos la multiplicidad de Tiempo Espacios que nos confrontan y por consiguiente poco nos preocupa cuáles usamos o deberíamos usar para descifrar nuestras realidades sociales.

IV. Un regreso a Marx

Tras haber intentado demostrar los límites del concepto de desarrollo que son de vital importancia para los paradigmas o modelos del siglo XIX, y la ausencia en ese contexto de lo que debió ser un concepto clave, el Tiempo Espacio –ambos lógica e íntimamente relacionados- Wallerstein dirige su atención a dos importantes pensadores que podrían ser de utilidad para liberar a los científicos sociales del siglo XXI de las limitaciones de las ciencias sociales del siglo XIX: Marx y Braudel.

Karl Marx fue por supuesto un personaje importante en las ciencias sociales del siglo XIX. Se le ha denominado el último economista clásico. Aportó gran parte de las premisas epistemológicas del mundo intelectual europeo de ese entonces. Cuando Engels dijo que el pensamiento marxista tenía sus raíces en Hegel, Saint Simon y los economistas ingleses clásicos, estaba confesando ser parte de ellos.

Y no obstante Marx afirmó participar en una “crítica de la economía política”, afirmación que hace con base muy seria. Esta afirmación es de quien reseña esta obra; porque el propio Wallerstein no lo afirma en forma tan categórica.

Nadie como Marx supo desentrañar los problemas científicos planteados por los autores “clásicos” y “vulgares”, según la propia denominación o clasificación que hiciera el propio Marx. Si Marx se hubiera limitado a estudiar la historia económica y política de las sociedades precapitalistas y la capitalista, no hubiera podido aprovechar la inteligencia de tantos economistas que lo precedieron, unos, (los clásicos) para identificar las leyes económicas objetivas asociadas a cada sistema social; y otros, (los vulgares) para reflejar los fenómenos superficiales del devenir de esos sistemas sociales: todos ellos sirvieron de campo de investigación al primer científico social que develó la materialidad del comportamiento social; pues hasta ese momento solo se reconocía la materialidad de los fenómenos naturales. Al mismo tiempo, Marx no perdió de vista la historia económica a escala global y geográfica hasta donde pudo hacerlo, porque solo así podía contar con un criterio de comprobación científica de su quehacer científico. No olvidemos que Marx no restringió su concepción a las 5 formaciones económico-sociales que los manuales marxistas posteriores presentaron en forma lineal progresiva: él nos habló del modo asiático y de la sociedad antigua.

Marx fue un pensador que pretendió superar las limitaciones de su época. Pero desafortunadamente, según Wallerstein, sus ideas se han introducido en nuestra disertación común principalmente con el formato creado por el marxismo de los partidos, y que este formato, más que buscar la crítica de la economía política, participó de lleno en la epistemología dominante. En este sentido, a Wallerstein le interesa analizar al otro Marx, al que enfrentaba las perspectivas dominantes del siglo XIX.

Llama mucho la atención cierta coincidencia entre la crítica que Marx hiciera a los “marxistas” del siglo XIX; y la crítica de Wallerstein a los marxistas de los siglos XX y XXI.

V. Un regreso a Braudel

Y aun cuando Fernand Braudel es un personaje totalmente distinto a Marx, Wallerstein rescata aquellas ideas fundamentales de aquel historiador que investigaba archivos de donde esperaba formar una historia pensada.. Rara vez hablaba de cuestiones epistemológicas per se, pero tenía un instinto certero que lo conducía al cuestionamiento de verdades historiográficas y, partiendo de ellas (a veces de manera explícita, a veces implícita), derivar nuevas maneras a partir de viejos dilemas. Wallerstein ha investigado a Braudel para ver hasta qué punto nos ayuda a impensar las ciencias sociales del siglo XIX y, en particular, para llegar a comprender el capitalismo a largo plazo que no se base en la premisa de “desarrollo” y la ausencia del Tiempo Espacio.

VI. Análisis de los sistemas-mundo como impensando

Por último, Wallerstein recurre al análisis de los sistemas-mundo como una perspectiva contemporánea del mundo social, una perspectiva que concede gran importancia al estudio del cambio social a largo plazo y a gran escala.

El análisis de los sistemas-mundo pretende ser una crítica a las ciencias sociales del siglo XIX, aunque más bien es una crítica incompleta, porque no ha logrado encontrar la forma de corregir el más resistente (y confuso) legado de las ciencias sociales del siglo XIX –la división del análisis social en tres áreas, tres lógicas, tres “niveles”: el económico, el político y el sociocultural.

Ésta tríada se encuentra, según Wallerstein, en medio del camino obstaculizando el progreso intelectual de los científicos sociales, para acceder a un enfoque holístico, abarcador, que permita reconstruir las ciencias sociales históricas de forma interdisciplinaria.


Notas:

[1]Immanuel Wallerstein, siglo veintiuno editores, s,a de c.v en coedición con el centro de investigaciones interdisciplinarias en ciencias y humanidades, unam, 1998.
[2] Miembro de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba; Profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García” y Presidente de la Sociedad Científica de Pensamiento Económico y Economía Política de la ANEC.
[3] Immanuel Wallerstein, Impensar las Ciencias Sociales, p. 3, siglo veintiuno editores, s,a de c.v en coedición con el centro de investigaciones interdisciplinarias en ciencias y humanidades, unam, 1998.
[4] I. Wallerstein, Paz, Estabilidad y Legitimación, en: Los Retos de la Globalización, Ensayos en Homenaje a Theotonio Dos Santos, Tomo I, p. 289, Centro Regional para la Educación Superior en América latina y el Caribe (CRESALC), Caracas, Venezuela, 1998.
[5] Ver I. Wallerstein, El moderno sistema mundial, 2 tomos, Siglo XXI, Editores, S.A, México, /ma Edición, 1996.
[6] Ver: Samir Amín: El Desafío de la Mundialización, Siglo XXI, Editores México, 1996.
[7] I. Wallerstein, Paz, Estabilidad y Legitimación, en: Los Retos de la Globalización, Ensayos en Homenaje a Theotonio Dos Santos, Tomo I, p. 290, Centro Regional para la Educación Superior en América latina y el Caribe (CRESALC), Caracas, Venezuela, 1998.
[8]L. Finkel, La Organización Social del Trabajo, p. 56, Ediciones pirámides, Madrid, 1995.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Entregados los premios Temas de Ensayo 2018

Galardones en Ciencias Sociales además de Artes y Letras, reconocen temas de actualidad en estos campos de estudio

 
 

Autor:

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Ya fueron entregados los premios Temas de Ensayo 2018. El jurado de Ciencias Sociales, integrado por Hope Bastian, Juan Triana y Jorge I. Domínguez, decidió por mayoría conceder el lauro a: ¿Avispas o leones?, avatares identitarios de los orientales en La Habana, presentado por Zuleica Romay Guerra y menciones a: Cuba: decodificar el universo empresarial, de Luis Marcelo Yera, y a Del trabajador por cuenta propia que contrata fuerza de trabajo, lo que es (y lo que no es), sus interrelaciones, de Guillermo Eulogio Ferriol.
En la modalidad de Estudios de Arte y Literatura, el jurado (Carmen Suárez León, Jorge Fornet y Jesús Barquet) también premió por mayoría a: La ciudad, la isla, el horizonte: resonancias caribeñas en la obra de José Lezama Lima, de Margarita Mateo Palmer, y otorgó mención a Burlar el cerco: políticas de la transición. Estética audiovisual y cambio de siglo (cine cubano, 1990-2018), de Ángel Pérez.

domingo, 8 de abril de 2018

El compromiso de la ciencia y la ciencia del compromiso (II)

Por Dr. Julio Carranza Valdés

Ciencia social y compromiso político

He dejado para el final el tema que de alguna manera da título a estas notas, el compromiso de la ciencia y la ciencia del compromiso. Lo cual en un contexto como el nuestro adquiere una dimensión muy significativa. En primer lugar, es necesario distinguir entre el objeto de la ciencia, el sujeto de la ciencia y la relación entre ambos. El objeto de la ciencia son los fenómenos de la realidad, el sujeto de la ciencia es la comunidad científica, la ciencia misma es el proceso histórico de comprensión de la naturaleza, las contradicciones y la evolución de la realidad. La realidad existe independientemente de la conciencia humana, la cual es a la vez parte de esa realidad, la ciencia es un resultado de la conciencia humana y su capacidad de conocer, explicar y transformar el mundo que la rodea, para lo cual crea y desarrolla permanentemente un método y un aparato de categorías y conceptos que les son propios. 

Sin embargo, es necesario tratar con mucho cuidado la diferenciación entre el objeto y el sujeto de las ciencias sociales debido a que ambos son componentes interdependientes de la realidad y forman parte de un proceso integrado donde el sujeto construye la comprensión del objeto mientras el objeto condiciona al sujeto, puesto que este es parte de la sociedad. La interrelación sujeto-objeto es un componente de la realidad que debe ser incorporado por la investigación científica.22 Como afirma Aron “en la narración o la interpretación de los acontecimientos o las obras el historiador no puede dejar de incluir juicios de valor, en la medida en que estos son internos al universo de acción o de pensamiento, constitutivos de la realidad misma”.23 Un desafío para el científico social es ser consciente de esta interdependencia sujeto-objeto e intentar objetivar, hasta donde sea posible, sus propios juicios de valor. En este sentido es también interesante la polémica de Karl Popper con Adorno y Habermas, estos últimos sostienen el criterio de que en sociología el conocimiento factual y los juicios de valor están indisolublemente vinculados.24 

En todo caso lo que nos interesa destacar aquí es que aun cuando el científico debe mantener la mayor objetividad en la construcción del conocimiento, es imposible que se despoje de todo juicio de valor en la medida en que él mismo es parte de una realidad que está históricamente condicionada. De manera que, todo conocimiento, aun el conocimiento científico, se halla históricamente condicionado, es incompleto y puede ser ampliado y profundizado. 

Ya hemos identificado las diferencias entre el conocimiento científico y el conocimiento común. El portador del conocimiento científico es precisamente el científico, el académico o el intelectual si se le prefiere llamar así, o sea un ser humano que es parte de la sociedad.25 

Esto da lugar al tema del papel de los intelectuales, fundamentalmente aquellos ubicados en el terreno de las ciencias sociales y humanas, en los procesos de transformación revolucionaria de la realidad, un tema que ha sido largamente discutido durante siglos, pero con particular fuerza durante el pasado siglo XX.26 Seguramente habrá de ser también un tema relevante del siglo XXI si se tienen en cuenta las transformaciones que necesariamente están por venir en un mundo donde cada vez es más clara la contradicción entre el extraordinario avance de la tecnología y el conocimiento y la crisis social, económica y medioambiental que afecta a todos pero con mucho mayor rigor a los países no desarrollados. 

No hay dudas de que si el intelectual o el científico es consecuente con su comprensión de las contradicciones y problemas que afectan a su realidad, debe asumir una actitud de compromiso, como afirmaría Jean Paul Sartre 27, con aquellos procesos que deben dar lugar a una transformación de esa realidad en función de los intereses de las grandes mayorías de su nación y del mundo. Ese compromiso no debe ser pasivo sino activo y abierto, a la vez que honesto y humilde. Si en la perspectiva de Antonio Gramsci consideramos a estos científicos como parte de la intelectualidad orgánica del proceso transformador 28, con más razón su contribución a la construcción de la hegemonía de las mayorías se relaciona con su capacidad de producir conocimientos sobre la realidad social y su transformación. 

A esta “intelectualidad orgánica” o intelectualidad revolucionaria, si se prefiere el término, le debe corresponder jugar un papel importante en esos procesos, claro que no es esa intelectualidad la fuerza fundamental del cambio, pero está dentro de ella y tiene una función determinada e importante derivada de las funciones que le son propias al trabajo científico-intelectual y que ya hemos definido aquí, esencialmente cuando se trata de la creación consciente de una nueva sociedad, proceso que supone disponer de la información y el conocimiento que la deben hacer posible. 

Como hemos afirmado la dinámica compleja de los procesos sociales, especialmente aquellos que suponen transformaciones profundas, y la diversidad de factores de difícil predicción que actúan sobre ellos hacen imposible la identificación de cursos seguros de futuro, lo cual obliga a las ciencias sociales a identificar más de un futuro posible, sin embargo, esto más que un obstáculo para el compromiso del científico constituye un importante incentivo, en la medida en que es fundamental la propuesta de acciones que apunten a conducir el proceso hacia el tipo de sociedad deseada. 

En 1965 Jean Paul Sartre afirmaba “El papel del intelectual, que es, por cierto, un papel ingrato y contradictorio, consiste a la vez en integrarse completamente en la acción, si la juzga justa y verdadera, y en recordar siempre el verdadero fin de la acción, poniendo siempre de manifiesto, por la reflexión crítica, si los medios elegidos se orientan hacia el fin propuesto o si tienden a desviar la acción hacia otra cosa.”29 

Es realmente compleja y con frecuencia mal entendida la participación de la intelectualidad comprometida en los procesos de transformaciones sociales, se trata de ser objetivos sin ser neutrales, se trata de ejercer el compromiso desde una perspectiva crítica, como ha expresado Boaventura de Sousa: Objetividad es usar las metodologías que nos permitan analizar, con distancia critica, todas las perspectivas posibles de una cierta realidad social. Y las metodologías de las ciencias sociales son muy útiles para crear objetividad, para limitar el dogmatismo, para limitar el encierro ideológico, para mantener una distancia critica, pero sin neutralidad, siempre preguntando de qué lado estamos. Una cosa es estar del lado de los opresores y otra es estar del lado de los oprimidos. 

Por eso, para la ecología de saberes es fundamental saber de qué lado estamos. Ser objetivos no significa ser menos neutros y eso, para mí, es lo más importante de la ecología de saberes”.30 

La función y el rol que le corresponde jugar a esos individuos en particular y a la comunidad intelectual en general, debería ser no solamente reconocido sino estimulado y reforzado por la sociedad y sus dirigentes políticos a los diferentes niveles. Las experiencias socialistas del Siglo XX, demostraron con extraordinaria elocuencia cómo la subordinación de gran parte de la intelectualidad, sobre todo aquella asociada a las ciencias sociales, a un trabajo de propaganda, apegado a una ortodoxia instrumentalizada por el poder político y alejada de la auténtica producción de conocimientos, privó a aquellos procesos del debate necesario, responsable y fecundo acerca de las nuevas contradicciones y desafíos que enfrentaba la sociedad, de la disposición de alternativas para renovar y reforzar el curso del proceso transformador, de la frescura de nuevas ideas, muchas de ellas expresión de las legítimas aspiraciones de las nuevas generaciones. 

Los manuales y diversos trabajos “científicos” heredados de aquella época, llenos de juicios complacientes, manipulaciones de la historia, generalizaciones abstractas, recetas y dogmas constituyen hoy evidencias de la enajenación de la función de las ciencias sociales en esas experiencias. El pensamiento creador fue en gran medida sometido a comulgar con supuestas “verdades universales” y “objetivos supremos de la historia” que servían para justificarlo todo, lo cual llevo a una producción intelectual de escaso valor científico calificada como “vulgata marxista” por un autor como Edgar Morin 31, este fenómeno no afectó sólo a una parte importante de la intelectualidad que vivía dentro de las fronteras de los países pertenecientes al bloque soviético, también a parte de la intelectualidad orgánica de otras organizaciones políticas que sentían o se les imponía el deber militante de buscar los argumentos que permitieran defender acríticamente lo que viniera de aquellas realidades socialistas. 

Las muchas veces injustificadas etiquetas de revisionistas, pequeños burgueses incapaces de incorporar el espíritu proletario e incluso la de enemigos del pueblo abundaron en la historia de la relación entre la intelectualidad revolucionaria y los aparatos políticos que conducían esos procesos, a veces con consecuencias dramáticas, ejemplos sobran y el problema no ha sido totalmente superado. Muchos de esos intelectuales mantuvieron sus principios y sus prácticas políticas intactas, a pesar del aislamiento y las ofensas a que fueron sometidos. 

No había el mínimo espacio para cuestionar ni siquiera parcialmente la realidad, por constructivo, comprometido y objetivo que fuera el cuestionamiento, la política oficial debía ser aceptada en bloque. Cualquier injusticia evidente o decisión cuestionable debía ser asumida y justificada como parte de un proceso que se movía en el “sentido de la historia”. El fin habría de justificar los medios, como si los medios no fueran parte esencial del proceso transformador. Es en los medios donde radica la ética, y la ética ha de ser una cualidad sine qua non de la política revolucionaria, a pesar de los avatares que se vea obligada a enfrentar. 

Las interpretaciones interesadas de la política oficial sobre las bases históricas y filosóficas del nuevo sistema se presentaban como dogmas doctrinarios de validez universal y permanente que debían ser asumidos como un creyente declara la fe en su religión so pena de ser excomulgado. Peor aún, muchas veces las afirmaciones contenidas y repetidas en la doctrina eran contrarias al ejercicio que se seguía en la práctica aun cuando este se realizaba en nombre de la doctrina. 

Por más que las nuevas contradicciones sociales y la indetenible evolución de la sociedad mostraran con elocuencia la necesidad de un esfuerzo intelectual permanente, liberado de dogmas, para explicar las transformaciones mismas y contribuir a la construcción de nuevos paradigmas a la luz de los nuevos desafíos, el espacio al ejercicio de ese pensamiento creador se cerraba y el avance del proceso transformador quedaba atrapado en una parálisis paradigmática en gran medida promovida e impuesta por las estructuras del poder burocrático establecido. 

Esta desnaturalización del pensamiento creador, esta enajenación del carácter y función de las ciencias sociales es un factor que, si bien no puede ser identificado como el único, ni siquiera como el más importante, está, sin dudas, entre los que explican la crisis y desintegración de aquellos sistemas. No puede explicarse el fracaso del socialismo europeo simplemente como el resultado de las conspiraciones externas, por importantes y fuertes que estas hayan sido, hay muchas razones de carácter interno, histórico y estructural, entre ellas la transformación de gran parte de la comunidad científico intelectual en una masa dócil, a pesar de las muy notables excepciones, sumadas acríticamente al aparato de propaganda del sistema. 

En esencia dejaron de ser sociedades revolucionarias, esa condición quedaba más remitida a su origen que a su presente, en ellas el compromiso dejó de tener sentido, sino cómo explicar que a pesar de la tremenda crisis, injusticias sociales y contradicciones que viven actualmente, muy pocos allí ven la solución en los paradigmas del pasado. Estos problemas, generalmente aceptados hoy, debieron haber sido identificados y asumidos en el momento en el que aún era posible corregirlos, faltó visión, profundidad cultural y también valor político. La lección debe ser aprendida. 

Es necesario comprender que un intelectual revolucionario y comprometido es precisamente eso: un intelectual revolucionario y comprometido con su pueblo, con su país, con su historia, con su identidad, con una ética y con el proceso transformador del que es parte. Su condición de intelectual radica en la naturaleza de su práctica social, en su formación y su talento para crear, para estudiar rigurosa y críticamente la sociedad, sus contradicciones, problemas, posibles desarrollos y alternativas, su compromiso consiste en compartir y defender auténticamente los principios y valores que conducen al proceso transformador: la justicia social, la independencia nacional, el desarrollo económico y social, la participación democrática, la solidaridad internacional. Una condición no debe estar en contradicción con la otra. Un científico o intelectual no debería ser puesto ante semejante disyuntiva, no sería ni justo, ni ético, ni conveniente para el proceso transformador. 

Para esto es necesario distinguir el compromiso del científico con los principios, del compromiso a priori con las diversas políticas en curso, no importa el nivel de la instancia donde estas hayan sido decididas, (aunque como ciudadano e integrante de diferentes organizaciones políticas y sociales participe activamente de ellas). Un intelectual comprometido trabaja para que su propuesta sea comprendida y criticada por la sociedad. 

La toma de decisiones políticas es una responsabilidad suprema de los que, por sus méritos, vocación y capacidades, han recibido la autoridad y la representatividad para hacerlo, es su derecho y a la vez su deber realizar esa función, compleja y llena de riesgos, sometida a las presiones del tiempo y de las diferentes coyunturas y de las cuales depende la situación de muchas personas. En el ejercicio de esta función esencial deben además asumir responsabilidad y rendir cuentas a la sociedad. 

Unas ciencias sociales subordinadas y condicionadas a justificar a priori las diversas políticas en curso resultado de las decisiones tomadas dejan de ser científicas porque pierden una de las esencias que las define o sea la de estudiar y explicar objetiva y críticamente la realidad social y el impacto que sobre ella producen las políticas en curso, para contribuir a corregirlas o reforzarlas según sea necesario, animadas por la intención de favorecer el desarrollo y sin, como hemos dicho, invadir o intentar sustituir el lugar de la política. Como se ha afirmado “Solamente la ciencia critica puede impedir que la historia o la sociología se deslicen del reino del conocimiento positivo al de la mitología”. 32 En esa, su función, también los científicos sociales e intelectuales en general deben asumir responsabilidades y riesgos. Para la comprensión cabal de esta compleja relación se requiere tener cultura y sobre todo conocimiento crítico de la historia. 

De manera que es fundamental distinguir entre los principios y valores que definen al proceso transformador, (los cuales no tienen que ser demostrados científicamente, forman parte de las legítimas e irrenunciables aspiraciones de todo pueblo), de las diversas estrategias y políticas que se implementan en cada momento. De hecho a procesos cuyos principios y valores no han cambiado, le han correspondido en diferentes etapas unas políticas y las contrarias, muchas veces estas han sido a la larga objeto de críticas y rectificaciones cuando el poder político asume sus limitaciones, sin que hubiera existido antes el suficiente espacio para que estas fueran objeto de interrogantes y cuestionamientos no ya por parte de la ciudadanía en general tampoco de la comunidad científica e intelectual. 

Cuando esto sucede se levanta una especie de veda y aquellas políticas ya abandonadas pueden ser criticadas, muchas veces incluso más allá de lo que merecen. El mérito entonces pasa a estar en la crítica, como antes estuvo en la apología. La memoria parece desaparecer como el vínculo que haría evidente la contradicción entre la crítica y la apología ejercida por un mismo sujeto, sea este intelectual o político, sobre el mismo objeto, los procesos reales, sólo que en un momento diferente. Por lo general la crítica siempre conjugada en pasado, la apología en presente. El presente, las políticas en curso, habrían de ser, por definición, acertadas, lo que sobre ellas arroje el futuro parece ser un asunto de menor relevancia. Esta dinámica es fatal para las ciencias sociales, por más que sea la dinámica que circunstancialmente necesiten los actores políticos. 

De manera que, el compromiso del intelectual revolucionario, en cuanto tal, es con los principios y los valores del proceso transformador, no a priori con las diversas políticas del día a día, sin importar donde se hayan decidido, estas deben estar permanentemente sometidas a la observación y a la evaluación rigurosa, al debate responsable y a la renovación temprana cuando esta sea necesaria o a su reforzamiento cuando se pruebe su eficacia. La historia reciente ha sido suficientemente elocuente y dramática como para permitirnos ser ingenuos. 

Es igualmente importante tener en cuenta que el lugar de la comunidad científico intelectual en el proceso transformador no debe ser recibido pasivamente como una orden, una misión o una concesión que viene de arriba, es un lugar que se debe merecer, demostrando la autenticidad y la relevancia del conocimiento a la vez que demostrando la firmeza del compromiso en los términos en que lo hemos definido. Persistencia, compromiso, principios, capacidad de aportar, superación profesional continua, trabajo colectivo, profundidad cultural, visión global, flexibilidad y anti dogmatismo, anti diletantismo, sentido práctico, responsabilidad, audacia, valor, dignidad, honestidad y humildad intelectual son algunos de los rasgos que abren el espacio necesario. 

Claro que un clima de presiones y hostilidad internacional, como el que por lo general viven los procesos sociales de transformación revolucionaria, sobre todo en países de menor desarrollo relativo, no es el mejor contexto para fomentar el debate y la permanente búsqueda de alternativas. Sin embargo, aún en esas difíciles condiciones es necesario fortalecer el rol de las ciencias sociales y de la intelectualidad comprometida, quizás no sea posible más debate del que las condiciones objetivas y el contexto especifico permiten sin poner en peligro la existencia misma del proceso transformador pero, y esto es muy importante, tampoco menos debate del que las circunstancias permiten. Esta es una relación que debe ser permanentemente revisada para favorecer el debate y la participación en toda la magnitud que las circunstancias específicas permitan, la frontera que marca los límites del debate responsable debe ser constantemente pateada hacia delante. 

En este punto nos parece necesario hacer referencia a un tema que si bien no es directamente el nexo entre ciencias sociales y política tiene gran relación con él, dado que se refiere al contexto político en el que este tiene lugar. Un proceso social de transformaciones revolucionarias tiene que ser, por definición, de conquistas y construcciones democráticas. La democracia no es un atributo del capitalismo, la democracia es una conquista de la humanidad, quizás una de las más importantes en el devenir histórico, es un valor universal. Solo que es con la consolidación del capitalismo como formación económico social que esta conquista alcanza la condición formal de derecho adquirido por la ciudadanía y se perfilan sus componentes formales y teóricos. 

Cabría una discusión, no es este el texto para hacerla, acerca de qué debemos entender por democracia, de hecho hay una extensa literatura que trata sobre este tema desde las más diversas perspectivas, pero convengamos que es, a partir de aquella definición más general y ampliamente compartida: un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo 33, o del significado mismo del concepto: “dominio del pueblo”34, podríamos afirmar que la democracia debe ser entendida como una combinación de igualdad social con participación popular, a lo cual habría que añadir que la participación es un proceso complejo que incluye diferentes momentos, sin excluir ninguno de ellos: la discusión, la toma de decisiones, la implementación, la evaluación y el control de la sociedad sobre las políticas públicas en sus diferentes esferas y niveles territoriales. 

La disposición de información por parte de la población incluidas estadísticas confiables, es una condición para el ejercicio de la participación democrática en todos sus momentos. Una sociedad mal informada o sometida a poderosos medios masivos manipulados por los intereses dominantes como pasa hoy en gran parte del mundo, no puede ejercer una participación democrática sustancial y efectiva, sino formal, buena para “legitimar” el curso interesado de los acontecimientos. 

Paralelamente a esto hay una cuestión de importancia mayor, la participación democrática supone un ciudadano en capacidad de comprender la sociedad, su lugar en ella, sus contradicciones y sus propios derechos individuales y colectivos, capaz de procesar la información que recibe, formar sus propias opiniones y expresarlas, o sea supone la existencia de un ciudadano instruido y culto. 

Sin embargo, una parte importante de la población receptora del mensaje, sobre todo en los países subdesarrollados, no cuenta con la calificación necesaria para procesar la información difundida a partir de su propia perspectiva. Según estadísticas internacionales, existen más de 500 millones de analfabetos totales en el mundo, sin contar los analfabetos funcionales con muy bajos niveles de calificación, esta realidad, además de antihumana, constituye un límite mayor a cualquier aspiración democrática. 

Con la globalización este hecho adquiere una nueva dimensión, ya que los principales medios de comunicación, sostenidos por el poder económico de los países más desarrollados, tienen hoy acceso en tiempo real a una audiencia a escala planetaria, a la que trasmiten un mensaje en función de los intereses dominantes que ejerce una gran influencia, el cual, con frecuencia, atenta contra la soberanía de los países y afecta su propio proceso democrático. El mundo de la globalización exige regulaciones globales compartidas por todas las naciones y el sector mediático debe ser parte de esto. 

La libertad de prensa es más bien formal, dado que el control de los medios supone poder económico, no es la ley, sino la fortuna económica o el poder burocrático lo que permite presencia real y sistemática en los medios. Esto hace que el mensaje mediático promueva los valores y los intereses de los sectores dominantes, también expresa sus contradicciones y crisis pero dentro de límites implícitamente aceptados por esos sectores, que garanticen la reproducción del sistema. 

Los medios masivos de comunicación tienen un papel fundamental y deberían responder a los intereses de la sociedad en su conjunto, sometidos también al control social y a las regulaciones establecidas por el propio sistema democrático. Dada la función y el impacto que estos tienen, no es legítimo que respondan exclusivamente a los intereses de grupos de poder empresarial o políticos, estén estos en el gobierno o no. Los medios deben ser también un espacio para el ejercicio del debate responsable. 

Igualmente, la falta de garantías para el acceso a la educación y la salud como derechos adquiridos por todos los seres humanos por el sólo hecho de serlo, generan desigualdades de origen en la sociedad que impiden las condiciones mínimas necesarias para que la participación ciudadana en los espacios que le ofrece la democracia pueda ejercerse de manera sustancial. 

El alcance de la democracia se profundiza en la medida en que la igualdad social y la participación popular sean más importantes, de manera que se garantice que los que generan la riqueza participen más en su distribución. Esto supone la promoción y el respeto de los derechos ciudadanos, incluidos los derechos económicos, sociales, culturales y políticos. El interés de las mayorías debe prevalecer sobre el resto sin que esto signifique la exclusión de las minorías, siempre y cuando estas no promuevan acciones que atenten contra la dignidad humana y la soberanía de las naciones. Se trataría en esencia de una sociedad sin excluidos. 

La democracia, esa conquista de la humanidad, lejos de ser un atributo del capitalismo ha sido en realidad distorsionada por ese sistema que la ha despojado de su contenido esencial a partir de la mediación de los poderes económicos que operan en el seno de su sociedad, tanto a nivel nacional como a nivel transnacional, dimensión que se ha reforzado durante la actual época de la así llamada globalización, la democracia queda en gran medida reducida a sus dimensiones más formales y a sus procedimientos técnicos, los altos niveles de desigualdad social, pobreza, discriminación, daño medioambiental, corrupción y apatía son la mayor evidencia de este hecho. La exclusión de los derechos de los emigrantes es un problema particular que se ha agravado en los últimos tiempos, también como consecuencia de un sistema económico mundial que refuerza la concentración de la riqueza en un reducido grupo de países y sectores sociales. 

Sin embargo, esto de ninguna manera debe disminuir la importancia que también tienen los aspectos más formales o institucionales de la democracia y la clara distinción que debemos hacer entre un régimen dictatorial como los que por décadas sufrió América Latina o la propia Europa con las experiencias fascistas de Alemania, Italia y España, (surgidas y asentadas, por cierto, dentro del ordenamiento capitalista) y los regímenes democráticos que en todos esos países europeos y latinoamericanos se han logrado reconstituir, por limitadas que puedan ser estas democracias, dadas las enormes desigualdades e injusticias sociales que hay en su seno, constituyen un importante paso adelante en relación con las dictaduras del pasado, así deben ser entendidas y defendidas, la historia demuestra con demasiada elocuencia que la posibilidad de un retroceso siempre existe, todo lo que se haga por impedirlo es importante y constituye un deber ético más allá de las ideologías o las filiaciones políticas 35. 

Una alternativa socialista debe contener por definición un distanciamiento crítico de las concepciones democráticas que se sostienen y promueven en las sociedades capitalistas, pero en ningún caso el rechazo a un ordenamiento democrático en los términos en que lo definimos más arriba. Esa conquista histórica de la humanidad debería alcanzar en una sociedad socialista una realización más plena, lo cual incluye tanto sus contenidos sustanciales como sus estructuras formales e institucionales, a partir, por supuesto, de la experiencia histórica y los valores culturales de cada pueblo. Como en su momento afirmaba Rosa Luxemburgo: “Debemos concluir que el movimiento socialista no está vinculado a la democracia burguesa, sino al contrario, el destino de la verdadera democracia está vinculado al movimiento socialista.” 36 

Una alternativa socialista debe eliminar de la democracia las interferencias que el poder económico, la desigualdad social y el hegemonismo internacional le imponen en el capitalismo, para rescatar su significado esencial, posible en un contexto de mayor igualdad social y libertad. 37 

Claro que el nuevo sistema supone una nueva jerarquización de los intereses y derechos de la sociedad, la satisfacción de las necesidades materiales y culturales de las mayorías se antepone al interés individual sostenido en la propiedad privada y la “libertad” del mercado. El reto para dar lugar a una alternativa que supere las limitaciones que sufrió el socialismo histórico, cuya crisis a finales del Siglo XX ya hemos referido, es establecer y sostener esta nueva jerarquización sin que la primacía de los derechos esenciales liquiden el resto de los derechos y aspiraciones de los diversos sectores sociales por minoritarios que estos sean. En esta relación siempre habrá una tensión que en momentos limites habrá de resolverse a favor de las mayorías, pero cuidando hasta donde sea posible el mayor equilibrio y coexistencia de derechos. El socialismo tiene que ser una sociedad en la lógica de las mayorías, pero sin reduccionismos que lo desnaturalicen al someterlo a un poder burocrático que pretenda sustituir la participación sustancial de los ciudadanos en su conducción 38. 

Como ha afirmado Claudio Katz: “La democracia socialista debería incluir formas directas e indirectas para ensamblar la ciudadanía social con la emancipación política. Este modelo requiere la vigencia de mecanismos de participación, representación y control popular. El objetivo sería combinar la democracia en el lugar de trabajo con formas activas de sufragio para la adopción de las principales decisiones.”39 

Las experiencias socialistas del Siglo XX no pudieron resolver suficientemente el problema de la democracia, tampoco el de un proyecto de desarrollo económica y socialmente sostenible y medioambientalmente sustentable, de hecho hay un vínculo esencial entre estas dos dimensiones de una alternativa socialista. Si en esta el plan ha de ser el medio, no el único ni el único importante puesto que habrá de combinarse con el mercado, pero si fundamental para la regulación de la economía y la conducción de su desarrollo estratégico, es necesario comprender que la eficiencia del plan sólo es posible bajo el control democrático y una efectiva participación popular que asegure la discusión de alternativas y limite el poder de la burocracia. 40 

El socialismo, supone además del establecimiento de un nuevo régimen económico, basado en nuevas relaciones de producción, y un nuevo sistema político, basado en la igualdad social y la participación popular, una nueva cultura basada en los valores de la solidaridad y la ética; es la articulación de estas tres dimensiones la que puede suprimir la hegemonía del capital y dar lugar a la sociedad nueva, más libre y socialmente justa. 

Si este paradigma no forma parte esencial del proyecto alternativo este no podría llamarse auténticamente socialista y difícilmente pueda superar la prueba y los obstáculos de la historia. Podríamos afirmar que la democracia verdadera solo podrá ser socialista, pero también que el socialismo verdadero solo podrá ser democrático. 

Ahora bien, como ya hemos afirmado, esto hay que verlo como una compleja construcción histórica sometida a una diversidad de determinantes. La agresión y presión a las que, como demuestra la historia, son sometidos los procesos de transformación pueden obligar a la restricción temporal de determinadas libertades en función de la defensa de la existencia misma del proceso transformador. Baste el ejemplo de la sucia agresión a la que fue sometida la revolución nicaragüense en los años 80 cuando a la vez que se le exigía espacios políticos para una oposición promovida desde el exterior, se le bloqueaba económicamente y se le invadía militarmente por sus fronteras. 

En esas difíciles circunstancias se impone la necesidad de determinadas restricciones que de no ser asumidas se convertirían en instrumentos de los poderes menos democráticos del planeta camuflados tras un lenguaje seudo democrático y vacío. Pero esas restricciones deben responder a amenazas reales, deben ser temporales, consensuadas y asumidas como necesarias por las mayorías de la sociedad que son el sujeto social y político, la razón de ser del proceso transformador. Hay que cuidarse del riesgo de convertir las necesidades en virtudes, el avance en la construcción democrática, vale decir la consolidación de la mayor justicia social, así como la ampliación de las libertades y los espacios de participación, debe ser una búsqueda permanente y políticamente responsable. 41 

El debate, la confrontación de ideas, el escuchar al otro, a todos, y con mayor razón al que comparte y defiende los mismos principios, además de una necesidad debe ser asumida, esta sí, como una virtud y como una conquista permanente, un atributo no sólo de la comunidad científica e intelectual, sino de toda la sociedad, lo contrario, como se demostró en Europa, es contraproducente en el largo plazo, además de que sería aceptar la capacidad que tienen las hostiles fuerzas externas para paralizar el dinamismo, la creatividad y el carácter libertario y liberador del proceso transformador, factores todos que forman parte de la esencia de lo que este debe ser.

Citas

22 Espina, Mayra (2007) “Los Estudios de Pobreza y el Diseño de Políticas Sociales. Límites y Retos Actuales”.Material preparado para la Escuela de Verano del Programa MOST, UNESCO, Montevideo, Uruguay.

23  Introducción de Raymond Aron al libro Weber, Max, El Político y el Científico, op.cit., p. 46. Este es un punto interesante de  polémica entre la  perspectiva de  Weber y  la  de  Aron. El  primero consideraba la necesidad de que el trabajo científico se despojara de cualquier juicio de valor, el segundo no veía esto totalmente posible.

24 Popper, Karl (1992) “Contra las grandes palabras (Against big words)”. En: Popper, Karl. In search of better world. Lectures and essays from thirty years. Routledge, Londres, Inglaterra.

25  En todo caso, en aras de un mayor rigor debemos diferenciar entre científico y académico. Científico es aquel o aquella persona que se dedica al trabajo de investigación científica. Académico es aquel o aquella persona que tiene una relación profesional con una institución académica e intelectual, aquel o aquella persona que trabaja con las ideas en una función creativa ya corresponda esta al campo de las artes o de las ciencias. Claro que un mismo individuo puede compartir las tres condiciones a la vez, de hecho la última de ellas contiene a las otras dos.

26  Por citar algunos autores y textos imprescindibles en este debate, está la obra ya citada de Max Weber (1999); la obra de Julien Benda, La traición de los intelectuales (1927), así como todas las obras de Antonio Gramsci, entre ellas: Los Intelectuales y la organización de la cultura (1949) y gran parte de las obras de Jean Paul Sartre, entre ellas: En defensa de los intelectuales. Los dos primeros autores sostienen que el compromiso político no debe interferir en la conducta de los intelectuales. Los dos últimos, por el contrario, consideran que el compromiso es un deber del intelectual.

27  Para una interesante reflexión sobre la vida y obra de Jean Paul Sartre ver Fernández Buey, Francisco (2005) “Sartre y la política”. Gramsci e o Brasil, Brasil. Disponible en: http://www.acessa.com/gramsci/?page=quem_somos

28    Gramsci  afirma  que  cada  clase  social  genera  su  intelectualidad  orgánica,  comprometida  con  la conformación de un tipo de sociedad que corresponde con sus intereses. Al respecto ver Gramsci, Antonio (1984) Los intelectuales y la organización de la cultura. Nueva Visión, Buenos Aires, Argentina.

29 “Conversación con Jean Paul Sartre”, op. cit., pp. 76-86.

30 De Sousa Santos, Boaventura, Pensar el Estado y la Sociedad, op. cit., p. 114.

31 Morin, Edgar (1962) Autocrítica. Editorial Kairos, París, Francia. 82

32 Vale aquí también la cita a pesar del carácter conservador de su autor. Al respecto ver Introducción de Raymond Aron al libro de Weber, Max, El Político y el Científico, op. cit., p. 31.

33 Abraham Lincoln pronunció esta frase en su célebre discurso de Gettysburg el 19 de noviembre de 1863. Ha sido tradicionalmente considerada como una de las definiciones más expresivas de democracia.

34  La democracia, literalmente gobierno del pueblo, es un sistema de organización que adopta diferentes formas. Las personas que la integran deben tener la posibilidad de influir de manera abierta y legal sobre el proceso de toma de decisiones. Hay democracia directa cuando la decisión es adoptada directamente por los ciudadanos. Hay democracia directa o representativa cuando la decisión es adoptada por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes. Finalmente, hay democracia participativa cuando se establece un modelo político que facilita a los ciudadanos la posibilidad de asociarse y organizarse de manera que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas o cuando se facilita a la ciudadanía amplios y efectivos mecanismos plebiscitarios. Estas tres formas no son excluyentes y pueden integrarse como mecanismos complementarios. Claro que estas definiciones sólo están referidas a las expresiones más formales o institucionales de la democracia y no agotan de ninguna manera la discusión sobre el significado más esencial del concepto.

35 Bobbio, Norberto (1984) El futuro de la democracia. Fondo de Cultura Económica, México DF, México.

36  Luxemburgo, Rosa (1984) “Reforma y Revolución.” En: Obras Escogidas. Vol. I. Editorial Pluma, Buenos Aires, Argentina.

37 Campione, Daniel (2007) “La articulación entre socialismo y democracia. Una visita a Rosa Luxemburgo y Antonio Gramsci en el contexto latinoamericano”. En: Gambina, Julio C. y Estay, Jaime. Comp. ¿Hacia dónde va el sistema mundial? Impactos y alternativas para América Latina y el Caribe. Editorial FISyP, Buenos Aires, Argentina.

38 Coincidimos con Franz Hinkelammert cuando afirma, “Se trata de una formulación del socialismo que libera de muchos dogmas y que permite una mayor flexibilidad en la conformación de la sociedad. Esto vale especialmente en cuanto a una mayor consideración de las relaciones mercantiles en el socialismo y una menor burocratización en la planificación. Pero igualmente permite un nuevo pluralismo de la sociedad socialista misma, y disuelve la identificación perfectamente innecesaria de socialismo y ateísmo”. Al respecto ver Hinkelammert, Franz (1999) “Democracia, Estructura Económico social y Formación de un Sentido Común Legitimador”. En: Ensayos. Editorial Caminos, La Habana, Cuba.

39 Katz, Claudio (2004) El Porvenir del Socialismo. Ediciones Herramienta, Buenos Aires, Argentina.

40 Para una exposición más clara acerca de cómo entendemos la relación entre la planificación, el mercado y una estrategia de desarrollo económico viable, ver Carranza, Julio, Gutiérrez, Luís y Monreal, Pedro (1996) La reestructuración de la economía cubana, una propuesta para el debate. Editorial Nueva Sociedad, Caracas, Venezuela y Monreal, Pedro y Carranza, Julio (2003) Los dilemas de la globalización en el Caribe, hacia una nueva estrategia de desarrollo para Cuba. Editorial Siglo XXI, México DF, México.

41  En este sentido Rosa Luxemburgo afirmaba: “El peligro comienza cuando hacen de la necesidad virtud y quieren congelar en un sistema teórico acabado todas las tácticas que se han visto obligados a adoptar en estas fatales circunstancias, recomendándolas al proletariado internacional como un modelo de táctica socialista”. Al respecto ver Luxemburgo, Rosa (1984) Obras Escogidas. Vol. II. Editorial Pluma, Buenos Aires, Argentina, p. 202.

Fin.