Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

jueves, 22 de noviembre de 2018

Cierre del debate constitucional. Una interpretación de la realidad cubana y lo que le espera al presidente


Por Ricardo J. Machado, LA COSA El blog de Julio César Guanche.
NOVIEMBRE 22, 2018


Foto: Cirenaica Moreira. Sin torres ni abedules (detalle), de la se

rie del mismo nombre. (Cortesía para La Cosa)

Meditación en voz alta, repleta de ingenuidad y buenas intenciones, con poca esperanza de ser escuchada

Por Ricardo J. Machado

El océano es inmenso porque no rechaza ningún río.

Proverbio chino

1-Situación del problema

Cada día se hacen más amplios los sectores de la población que tienen la sensación de que el equipo económico y los decisores ubicados en diferentes niveles del gobierno no dan pie con bola, dicho sea con el respeto que merecen. Esas estructuras necesitan ser reforzadas -no sustituidos- con personas con otras formas diferentes de pensar nuestro socialismo.

No se acaba de otorgar una autonomía racional y efectiva a las empresas estatales, a ver si despiertan el talento dormido en ellas. Al mismo tiempo, se abre fuego desde varias trincheras estatales sobre las formas de gestión no estatal; TPCP y cooperativas no agropecuarias. Lo hacen tanto de manera abierta como oculta El hecho consumado fue que se crearon cooperativas sin crear cooperativistas. No hubo preparación previa, la mayoría no conoce los principios del cooperativismo y los violan. (1) Los vínculos con las autoridades municipales son débiles y la interacción poca.

Cuando alguna entidad estatal hace algo indebido con otra fuera del Estado se toman medidas drásticas, según los criterios de que “caiga quien caiga” y que “paguen justos y pecadores”. Todos en un mismo saco. Circulan documentos “secretos” para golpear a los TCP y las cooperativas. La improvisación y la política del no pensamiento ganan espacio en el campo de las relaciones económicas.

Se restringe a una sola licencia al talento privado y se incentiva la fuga de capitales fuera de las fronteras. (Los adinerados cultivadores de tabaco pinareños mandan a sus nietos a invertir en Centroamérica, creando bienestar allá porque no se les deja hacerlo aquí. Una exitosa dulcería del Vedado abre sucursal en Miami para apoyar la economía del estado de la Florida y combatir el desempleo allá.)

El transporte público de la capital desfallece cada día. La zona de desarrollo del Mariel contribuye al colapso llevándose abruptamente decenas y decenas de choferes de las Yutong, sin importar las consecuencias.

No se negocia con los transportistas privados de La Habana –son más de 6,000- y se le trata de imponer un régimen de trabajo sin tomar en cuenta sus opiniones. Son capaces de colapsar el transporte de la capital. No son unos angelitos. Uno de ellos me dice “ellos pueden hacer lo que quieran con los choferes del Estado, pero con nosotros el paso es corto, es como si alguien le dijera a ud. que su propia casa debe pintarla de negro”. 

Existe una demonización clandestina contra la actividad no estatal que opera como un topo por debajo de los Lineamientos y el modelo económico. No existen entidades arbitrales que los protejan de las ocurrencias de ministros y funcionarios.

Un número apreciable del personal científico del estratégico sector de la biotecnología se desprenden de la plantilla de sus empresas y se van al sector no estatal y cuando pueden se marchan del país. Según información de personas de mi confianza 2,000 docentes abandonan nuestras universidades junto con cientos de doctores. El gobierno no sabe qué hacer y mira para otra parte. Todo ello atenta contra la salud de la sociedad cubana, resta vigor a nuestra economía y pone en peligro tanto el presente como el futuro de la nación.

Si no se gestionan a tiempo todas estas acciones caotizantes pueden provocar un sobrecalentamento de la opinión pública, conducir al colapso económico, generar un huracán IRMA sociopolítico y convertirse en una tormenta perfecta. Su naturaleza tendría causas endógenas, que haría tambalear el sistema y con la cual Trump tendría muy poco que ver.

El aparato estatal da la impresión que ha perdido su centro, y no entiende ni aplica el concepto “la dirección principal del golpe” proveniente de la ciencia militar en cuyas escuelas se han formado no pocos de nuestros directivos.

En un texto anterior, usé la metáfora de la cacería de cebras y gacelas en las praderas africanas por los tigres que se encaraman sobre su lomo y buscan con sus colmillos las venas del cuello, para desangrar al animal, debilitarlo y terminar de asesinarlo con tranquilidad.

Cuba tiene un tigre sobre sus espaldas hace casi 60 años que trata de clavar sus colmillos sobre las venas de la sociedad cubana para hacer lo mismo que las fieras hacen con las cebras.

La vena aorta de la sociedad cubana está en las diversas formas de propiedad, empresas del estado, cooperativas y trabajadores por cuenta propia. De ellas depende la prosperidad y el desarrollo económico que es la columna vertebral del socialismo y de cualquier sociedad.

Esa es la “dirección principal del golpe” del estado enemigo. Pero nuestros reflejos son demasiado lentos y descoordinados.

Pero las víctimas predilectas parecen ser los emprendimientos privados. No se reconoce el hecho super demostrado –China, Vietnam, países nórdicos- que el uso inteligente de la propiedad privada puede estar más cerca de la justicia social (promoviendo bienestar) que la gestión con ignorancia de la empresa estatal. Las estadísticas indican su alto potencial para absorber grandes cantidades de fuerza de trabajo y asegurar un proyecto de vida satisfactorio para un número importante de familias.

Tampoco se autoriza la inversión a gran escala de capital de origen cubano, ni de dentro ni de afuera, aunque se incluye en el proyecto constitucional. Habría que ver después como marcharía su aplicación práctica.

¿Estamos promoviendo una gestión exitosa y armónica de las diferentes formas de propiedad como propone el modelo cubano?

Los que se ve es que concentramos exageradamente la propiedad estatal en el sector hotelero –esencial para la economía cubana- en unidades vinculadas al estamento militar. Los asesores de Trump, que no nos quitan los ojos de encima, lo detectan y de inmediato toman una medida que en poco tiempo disminuye significativamente los ingresos del país. Gaviota es la entidad que tiene ahora más habitaciones y construye 25,000 más en zona de playa que pudieran permanecer dentro de esa entidad, pues los visitantes norteamericanos no se inclinan demasiado al turismo de costa.

Sin embargo, otra cosa es el Centro Histórico. No hay argumento plausible que impida pasar –al menos los hoteles de la Habana Vieja- a Gran Caribe o Cubanacán. Es como si una cebra con un tigre encima volteara su cuello para acercarlo a los colmillos de la fiera y facilitar su trabajo.

2- Pensamiento unidireccional y olvido de las ideas de un general de ejército

Hay demasiadas evidencias de que se ha impuesto una forma de pensamiento único en la dirección de la economía cubana y la sociedad cubana. No se escuchan las opiniones de reputados economistas ni antiguos ministros, ni de altos exfuncionarios con experiencias prácticas en los asuntos económicos. ( En muchos países, ese tipo de funcionarios cuando se jubilan se incorporan como asesores del gobierno y grandes corporaciones para continuar aprovechando su sabiduría y escuchar opiniones diferentes dándoles una retribución económica para una vida decente.) Aquí los mandamos para su casa, para que cuiden parqueos, vendan pan con tortilla o sobrevivan con lo que le mandan familiares del extranjero. Es la gestión del anticonocimiento. Luego nos extrañamos que una gran mayoría de los jóvenes se resistan a asumir cargos de dirección.

Los representantes del pensamiento único han creado una suerte de ministerio de la verdad y recuerdan con su actitud un personaje televisivo que era popular hace algún tiempo, que repetía una y otra vez “Solo yo puedo tocar “. En la lectura del equipo gubernamental equivale a decir solo nosotros podemos pensar. Debían releer algunos de los discursos del entonces presidente y ahora primer secretario del PCC: “Es preciso acostumbrarnos todos a decirnos las verdades de frente, mirándonos a los ojos, discrepar y discutir, discrepar incluso de lo que dicen los jefes cuando consideremos que nos asiste la razón, en el lugar adecuado, en el momento oportuno y de forma correcta. Hay que buscarse problemas defendiendo nuestra ideas “(1ra Conferencia del PCC, 24 de enero 2012 )

En otro momento dijo: “ No hay que temerle a las discrepancias de criterios y esta orientación no es nueva, las diferencias de opinión expuestas en el lugar adecuado, de forma correcta siempre serán mas deseables que la falsa unanimidad “(6to periodo de sesiones de la AN 20 de diciembre de 2010 )

Dos preguntas: ¿Dónde está ese lugar adecuado? Fui militante de la juventud y del PCC durante décadas. Es verdad que siempre dije lo que quise sin limitaciones, criticando tanto al gobierno como al partido y pedía que lo pusieran en el acta a ver si sucedía algo y nunca me pasó nada. También es verdad que no me hicieron mucho caso, al igual que a la mayoría de los militantes de mi generación que hacían lo mismo.

La otra pregunta: ¿Tendría razón Aristóteles cuando dijo que decir las cosas adecuadas, en el tono adecuado y en el lugar adecuado era casi imposible?

¿Por qué no se facilita un espacio –aunque sea a puertas cerradas para economistas reconocidos, antiguos ministros y exfuncionarios experimentados– todos identificados con la Revolución- para escuchar sus sugerencias y opiniones sobre los asuntos de la gestión económica ? A lo mejor algunos tienen razón.

Nadie de las personas que conozco, comprometidas con los lineamientos del país y con los principios del modelo económico objeta la honestidad ni la experiencia de los miembros del equipo económico del gobierno y otros directivos estatales. Pero si existen dudas acerca de su humildad-virtud de gente superior y segura de sí misma y su disposición a discutir ideas diferentes a las suyas y de su capacidad para controlar su ego.

Produce una sensación extraña contemplar como personas con principios morales, buenas intenciones y a nombre de las ideas socialistas favorecen inconscientemente un infarto económico de naturaleza endógena, propiciando el regreso a un capitalismo sádico y cruel que es el que nos toca a los países del sur.

3-¿Hubo alguna vez en Cuba una etapa de gobierno en que las decisiones se basaban en investigaciones ? ¿Por qué afirmo que se trata de reconectar?

En los años 80 del pasado siglo el entonces secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de ministros (SCECM) incorporó a sus oficinas –buró y archivo metàlico incluidos- a un grupo de investigadores experimentados como asesores de diferentes áreas de la actividad de los ministerios (inversiones, energía, comunicación e informática, recursos humanos y cuadros- entre otros. Junto a su formación científica tenían experiencia como consultores dentro y fuera del país. Habían obtenido sus doctorados en universidades de países desarrollados.

Su trabajo era funcionar como contrapartida a las propuestas que hacían los ministros. También, asesoraban la elaboración de leyes, el contenido de la mayoría de las cuales estaban sujetas a investigaciones coordinadas con las universidades. Sabían cumplir su triple misión: garantizar la autenticidad de los datos primarios; proponer interpretaciones pertinentes y saber defenderlas con firmeza cuando eran atacadas.

Cuando un ministerio presentaba un documento base de una ley o reglamento , el SCECM se lo enviaba  antes a uno o dos asesores conocedores del tema para realizar un diagnóstico de viabilidad.

En muchos casos bastaban 4 ó 5 preguntas para desbaratar el proyecto. Recuerdo que había dos tendencias de los ministros: unos pedían prestado al experto para que lo ayudara al perfeccionamiento del proyecto. Otros se enfadaban –no se concretaban en los argumentos recibidos- sino que intentaban averiguar los antecedentes políticos del experto para descalificarlo. La diferencia entre la modestia inteligente y la necia arrogancia.

El SCECM asignaba cada año un presupuesto para suscripciones de revistas especializadas, como las estadunidenses Harvard Bussines Review, Newsweek o Fortune-esta se encuentra en los estanquillos de casi todas las capitales incluso en Amèrica Latina-. También la británica The Economist y la francesa L`Expansion. Circulaban entre los asesores y se comentaban sus artículos de mayor interés. Dudo de que en mundo superconectado y globalizado un gobierno pueda interpretar eficazmente los que sucede en la economía y política a escala global e identificar las implicaciones para el país si se carece de esa información.

Estas fuentes y las investigaciones sobre el tejido económico y social del país integraban la base de datos sobre las cuales se examinaban las acciones de la actividad gubernamental. El responsable del SCECM pasó a ministro de un importante sector y los vientos del periodo especial disolvieron esa estructura, para tranquilidad de no pocos ministros que desde entonces pudieron dejar atrás la dirección por objetivos y pasar a la dirección por caprichos.

Algunos “andan sueltos y sin vacunar”. Ahora hay uno al frente de un ministerio importante que es conocido por sus subordinados como “el león sordo”. ¿Porque será?

4-¿Podemos los cubanos aprender algo de la experiencia China en cuanto a administración estatal?

Tengo en mis archivos dos valiosos informes sobre la organización del gobierno chino. Uno de mayo de 1989 realizado por una dirigente (2) del entonces ministerio de la sideromecánica. Eran los años del inicio del despegue chino. La delegación cubana se entrevistó con tres centros de investigación asociados a la industria. Cada ministerio disponía de decenas de investigadores profesionales que elaboraban estudios previos a cada decisión de los ministros.

Eran laboratorios de análisis y de pensamiento integrados por personal competente que elaboraban opciones alternativas de acción para la oficina del ministro. Ya entonces los chinos disponían de los llamados tanques pensantes. Prácticamente, todo gobierno de país de desarrollo alto o medio dispone de estos comité de expertos para ocuparse de los problemas defensa y seguridad, energía y recursos, medio ambiente, desarrollo económico, gestión empresarial, etc.

Estados Unidos dispone de 1,830 de estos grupos. El segundo lugar mundial lo ocupa China con 429. Le siguen Gran Bretaña con 287, Alemania con 194. En Amèrica latina el que más tiene es Argentina con 229. (ver sitio Global Go to Think Tanks. Index Report)

El otro informe que conservo es del Dr. Michael Pillsbury de octubre de 2001 “China Research Institute”. (cortesía de la ACC cubana) En este el autor menciona 8 centros civiles de investigación y 5 centros de investigación militar. os centros civiles relacionados con la economía, las relaciones internacionales y el diagnóstico del futuro están subordinados al Partido Comunista chino.

Incluyo el punto por lo siguiente. Se sabe que los ministros y funcionarios cubanos llevan años visitando China. Lo que me pregunto es ¿cómo nunca se les ocurrió incorporar esa experiencia de utilizar gabinetes estratégicos para gobernar el paìs? ¿ A qué se debe esa miopía y visión selectiva por negación? ¿A una barrera sicológica, a falta de modestia o subestimación del personal científico del país o porque creen que se la están comiendo, y con la ayuda del gobierno de Trump y el bloqueo pueden justificarlo todo?

¿Hasta dónde llega la responsabilidad de la alta dirección y donde comienzan las iniciativas absurdas de los niveles intermedios que nos empujan hacia un nuevo periodo especial, como se preguntan muchos cubanos?

A Cuba le sobra el potencial científico, los tribunales de grado cubanos son rigurosos y han certificado unos 12,000 doctores. ¿Por qué no utilizarlos?

5-Ahora viene lo más ingenuo de todo: propuestas de acción

No soy un pesimista, sino un realista informado hasta donde puedo. (Dispongo de miles de datos sobre el funcionamiento de entidades económicas cubanas durante 20 años de investigaciones en el tema clave de la administración). Tengo la convicción de que saldremos del atolladero porque recursos morales y capital mental nos sobran. No tenemos un gobierno corrupto. (Aquí se le dice corrupción a cualquier cosa, porque el concepto está pendiente de definición.)

Alguien pudiera pensar que soy un soñador y que estoy perdiendo el tiempo. Pero este soñador, como tantos cubanos no puede cruzarse de brazos guardando silencio, aunque sea para dormir tranquilo cuando personas bien intencionadas inconscientemente crean premisas para el regreso al capitalismo al tomar medidas sin ton ni son, carentes de fundamentación científica empujando el país a un trastorno sistémico multivariable.

Para redactar esta parte final del texto he consultado con personas más preparadas que el autor, solicitando su colaboración mediante esta pregunta:

¿Por qué no podemos utilizar el capital científico cubano para crear laboratorios de pensamiento dedicados a investigar y obtener conclusiones firmes sobre aspectos esenciales para el desarrollo del país ? Aquí van algunas de las sugerencias recibidas para crear grupos de pensamiento en las áreas siguientes:
  1. Definición de las relaciones entre partido y estado junto con la definición de las competencias ministeriales.
  2. Política económica (Perfeccionamiento del sistema tributario, política hacia la gestión no estatal, formación de precios )
  3. Centro de investigación transdisciplinaria sobre la empresa del estado socialista.
  4. Laboratorio de ideas para la formación del sector dirigente sobre bases científicas.
  5. Política de implementación de la informatización de la sociedad enfatizando en el gobierno electrónico.
  6. Política científica y gestión de la innovación.
  7. Diagnóstico de futuro y construcción de escenarios con perspectiva estratégica.
A cada grupo podrían -segùn me proponen- incorporarse tres especialistas: un filósofo conocedor de la teoría de la complejidad y pensamiento no lineal, otro experto en gestión del cambio y por último uno en problemas de la seguridad nacional, pues hacer reflotar la economía cubana no es otra cosa que eso: seguridad nacional.

Se podría pensar en algunos más, pero estos son fundamentales. Me sugieren que deberían estar subordinados a la dirección del partido o al Consejo de Estado para ayudarlos a ser contrapartida de las acciones de los ministros proponiendo -no decidiendo- alternativas de solución. Esto implica conocer la tecnología de trabajo de estos centros de pensamiento y sobre todo el criterio de selección de personal; investigadores profesionales reconocidos, pensamiento independiente y compromiso con la orientación socialista del modelo.

Para terminar: Maquiavelo –lectura obligada de todo aquel que se preocupe por los problemas del gobierno- de cuya obra hay que expurgar el componente ético, clasificaba a los hombres en tres grupos:

1-los que se le ocurren buenas ideas (son muy pocos)

2- los que no se le ocurren ninguna idea (son muchos)

3-los que no se les ocurren buenas ideas, pero son capaces de reconocer y aplicar las buenas ideas del primer grupo (son los más útiles para gobernar)

Esperemos que los miembros de la dirección económica y otros decisores del estado cubano pertenezcan cada vez más al primero y tercer grupo.

Notas

(1) Piñeiro Harnecker C. “Desempeño socioeconómico de las cooperativas no agropecuarias. Contribución de sus principales determinantes.” Tesis presentada en opción del grado científico de doctor. UH La Habana 2018.

(2) Pérez Rolo Marta: directora de control del ministerio de la sideromecánica.

Ricardo J. Machado. Sociólogo. Fue miembro del Consejo de Dirección de la Revista Pensamiento Crítico y profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana. Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Berlín. Asesor del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros (1980-1994). Ha impartido docencia en universidades de América Latina. Fue profesor invitado de la Universidad de Berlín. Ha publicado varios textos relacionados con su especialidad: el factor humano en las organizaciones. Trabajó como consultor de las Naciones Unidas. Editó su más reciente libro en 2013 “Abrir y mantener un negocio por cuenta propia”, por la editorial Ciencias Sociales.

50 AÑOS DE DESEMPEÑO MACROECONOMICO 1960-2010 ( Parte II)

Por Lic. Oscar U-Echevarría Vallejo
      Lic. Liu Mok León

I.      EL AMBITO MACROECONOMICO PREVIO AL TRIUNFO REVOLUCIONARIO

La estructura económica de Cuba cuando arriba a la década del cincuenta del pasado siglo trae, tal y como ya fuera abordado en el prefacio, una herencia de medio siglo de injerencia norteamericana en los destinos de la nación. La economía cubana estaba caracterizada por ser extremadamente dependiente del exterior, centrando prácticamente su actividad en la exportación de un sólo producto y dependiendo de la importación de muchos bienes de consumo esenciales y de casi la totalidad de los bienes de capital19, prácticamente de un solo mercado, los Estados Unidos.

La gravedad de esta situación, se debía al hecho de la alta especialización internacional del país en un sólo bien y en un sólo mercado. Además, dicho bien exportado era de bajo valor agregado, con una elasticidad-ingreso de la demanda baja y con precios y ventas muy inestables en el mercado mundial.

Como resultado de la amarga experiencia de la crisis económica e institucional de los años veinte, se realizarían tímidos intentos por iniciar una diversificación industrial, como diría Rodríguez, C.R. (1983a), más allá de la rígida estructura azucarera que estrangulaba estructuralmente al país. Todo parecía indicar que el país comenzaría una fase de desarrollo basada, como en otros países del área, en la sustitución de importaciones20. Sin embargo, las variables políticas y externas del momento ahogaron tales intentos; el nuevo tratado de reciprocidad de 1934 daría al traste con tales pretensiones.

De tal modo, la industria nacional era casi inexistente en los momentos previos al triunfo revolucionario, aún en aquellos sectores de relativamente poco esfuerzo inversionista y tecnológico y en otros donde se presentaban posibilidades reales de progreso con la intervención transitoria del Estado.

Así, en la década de los cincuenta, en que se estancó la producción azucarera, se acometieron inversiones en las restantes industrias, que representaron la tercera parte de las inversiones totales21. Sin embargo, este proceso inversionista no estuvo aparejado con un crecimiento significativo de la producción industrial. En esos años, la producción industrial no azucarera creció sólo entre un 2,5% y un 2,9% anual (Figueras, 1990); en 1958 la industria aportaba el 23% del PIB, ocupaba el 13% de la fuerza de trabajo total y se agrupaba cerca de la capital del país; toda la base energética nacional se concentraba en 4 empresas extranjeras (Figueras, 1994).

Adicionalmente, según planteara Zuaznábar (1986), dicho crecimiento se realizó a expensas de endeudar más la economía y hacerla aún más dependiente del exterior, por lo que podría catalogarse que se verificaría un falso desarrollo industrial entre 1954 y 1958. En tal sentido, el 36% de las importaciones del país fueron de bienes intermedios para la industria, actuando negativamente sobre la balanza de pagos y evidenciando, precisamente, la insuficiencia de los encadenamientos productivos pertinentes para un coherente desarrollo industrial.

Esa deforme estructura económica, con el predominio de las actividades vinculadas a la industria azucarera y el escaso desarrollo de una industria nacional, respondía a los intereses de las empresas norteamericanas, las que apoyadas por sus gobiernos, tendieron complejos lazos sobre la economía y la política de la nación, que constituían poderosos frenos al progreso económico y social. Tradicionalmente, primeramente la Enmienda Platt y con posterioridad los Tratados de Reciprocidad Comercial eran los instrumentos que aseguraban la inversión extranjera en la explotación de los recursos naturales y humanos baratos para la actividad exportadora, la venta de los productos industriales norteamericanos en el mercado interno y la perpetuación de la dependencia externa mediante la exportación de azúcar hacia los Estados Unidos (Rodríguez, C.R., 1983a), lo cual se venía verificando desde finales del siglo XIX (ver Tabla 1).


19   En la década de los cincuenta, en la estructura de las exportaciones, solamente el azúcar y sus derivados constituían cerca del 82% (Figueras, 1990); en cuanto a las importaciones, estas abarcaban prácticamente todos los insumos de la actividad industrial no azucarera. Al considerar el peso de las exportaciones más las importaciones dentro del PIB, esta composición resulta aproximadamente de un 60% en el período 1950-1958 (BNC, 1960), lo cual refleja la amplia apertura de la economía cubana al exterior.

20   La industrialización vía sustitución de importaciones (ISI), comienza un proceso ascendente desde la década del treinta del pasado siglo, expandiéndose y generalizándose en prácticamente toda la región. Aunque dicha política, según Sunkel y Zuleta (1990), mostrara posteriormente signos de agotamiento, y según Hirchman (1996), se convirtiera en un fracaso más del área, dada las distorsiones estructurales generadas por su preservación más allá de lo que aconsejaba la prudencia, no es menos cierto que permitió el establecimiento de una base industrial de cierta importancia en los países correspondientes, en los que contribuyó a una diversificación productiva y estructural.

21   De tal forma se beneficiaron actividades tales como la generación de electricidad, refinación de petróleo, producciones químicas, entre otras.



Tabla 1.      Participación del azúcar de Cuba en el consumo de los Estados Unidos


Consumo azúcar
Azúcar de Cuba
% azúcar


EE.UU.
cubana




1895
2.183.714
922.881
42

1905
2.948.082
1.205.052
40

1910
3.752.398
1.828.660
49

1915
4.257.715
2.406.400
56

1920
4.574.833
2.614.359
57

1925
6.516.000
3.472.000
53

1929
6.877.000
3.599.000
52


Fuente: Tomado de Torras, J. (1984).

Esta situación entrañaba una subutilización de recursos en la economía, beneficiosa para el capital extranjero por varias razones; ante un aumento de la demanda de azúcar en el mercado mundial se necesitaba tener tierras ociosas y mano de obra disponible. Además, el alto desempleo de mano de obra con carácter permanente posibilitaba la existencia de bajos salarios y, por tanto, elevados beneficios.

El elevado desempleo y subempleo de mano de obra y de muchos de los recursos naturales del país, sobre todo a partir de la década de los años veinte, provocó reacciones en las esferas políticas, algunas importantes como la Revolución de los años treinta, que respondían a la toma de conciencia de los principales problemas del país y de las causas que los provocaban; al final de la década de los cincuenta había un 30% de la fuerza de trabajo desempleada o subempleada. El triunfo de la Revolución en 1959, sería la respuesta final a las condiciones de desarrollo neocolonial y el primer paso para el desarrollo genuino de la nación.

Naturalmente, antes del año 1959 no pudo existir una estrategia de desarrollo definida por parte del Estado a fin de encontrar una solución real a tales problemas. Mientras en América Latina se seguía una estrategia de Industrialización mediante la Sustitución de Importaciones y se aumentaba la participación del Estado en la esfera económica, en Cuba, como fuera apuntado, se mantenía un estilo de desarrollo ya agotado, que aprovechaba las ventajas comparativas naturales, siendo las fuerzas espontáneas del mercado las líderes de dicho proceso; en dicho contexto, el crecimiento económico no se utilizaba para potenciar las condiciones futuras.

Sin bien el modelo de desarrollo liberal tuvo un impacto positivo sobre el crecimiento económico hasta los años veinte, la crisis mundial de esos años, como fuera señalado preliminarmente, provocó una reacción en el ámbito de la política económica, que tendría como principal ingrediente, sobre todo en los países menos adelantados, la intervención del Estado en el desarrollo económico, generalmente mediante el apoyo a la creación y posterior expansión de la industria nacional, como en general ocurrió en el resto de América Latina.

Contrariamente, Cuba, por las razones ya descritas, tuvo un pobre desenvolvimiento en materia de desarrollo económico. El crecimiento económico quedaba determinado por determinantes coyunturales externos, guerras, problemas de los competidores azucareros, entre otros, que hacían oscilar la cantidad demandada y los precios del azúcar, y no por un desarrollo auténtico de las fuerzas productivas nacionales (Alienes, 1951).

Como ya fuera puntualizado, sólo en la década de los cincuenta hubo algunos intentos por modificar ligeramente la dependencia del país de la siempre incierta coyuntura azucarera. Existían condiciones que favorecían un cambio en el estilo de desarrollo: hubo un auge económico apoyado en la expansión azucarera debido a la Segunda Guerra Mundial y el consiguiente incremento en la acumulación de divisas; también, derivado de las condiciones de la guerra, se había fortalecido la burguesía industrial no azucarera; así como las influencias en los economistas de la época de las ideas keynesianas y de la naciente CEPAL sobre la dinámica económica.

Por último, se debe señalar el efecto del estudio realizado por el entonces Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (hoy Banco Mundial), estudio conocido más tarde como “Misión Truslow” (1981), que señalaba algunas de las medidas más convenientes para la reanimación económica. Entre esas medidas se encontraban la necesidad de crear fuentes de empleo, la expansión del mercado nacional y el freno a los avances alcanzados por las organizaciones obreras, todas encaminadas a hacer más atractivas las condiciones a la inversión extranjera. Sin embargo, no proponía medidas más radicales, como las relacionadas con la dependencia de Estados Unidos o la necesidad de una Reforma Agraria (Rodríguez, J.L., 1990).

Las políticas económicas más trascendentes llevadas a cabo durante esos años fueron: la creación de un sistema monetario–crediticio nacional y de la banca central en 1950 que tenía la función, en teoría, de apoyar el desarrollo de la industria nacional; la aplicación de políticas anti cíclicas de corte keynesiano para disminuir la volatilidad causada por la industria azucarera; la expansión más permanente del gasto público, que favorecería el fortalecimiento del mercado interno, y con ello el incremento de inversiones norteamericanas en sectores industriales no asociados al azúcar; y un incremento de la represión al movimiento obrero, que permitiría salarios más bajos y mayores facilidades de despido.

El resultado final de estas medidas sería un incremento del Ingreso Nacional y del Ingreso Nacional per cápita, de un 4,4% y 2,0% de crecimiento promedio anual respectivamente en el período 1950–1958, medido en precios corrientes (BNC, 1960), que reflejaba en parte el efecto de las políticas inflacionarias. Según Brundenius (1984), el Ingreso Nacional real per cápita, deflactado de acuerdo con el índice del costo de la vida, tuvo un incremento promedio anual casi nulo, del orden del 0,2 %.

Sin embargo, las reservas acumuladas en períodos anteriores de auge azucarero no fueron utilizadas en fomentar el desarrollo de otros sectores, sino que se redujeron violentamente por las mayores importaciones (crecieron en promedio 4.6 % anual), consecuencia directa de las políticas expansivas de la demanda, conjuntamente con las barreras al desarrollo de la industria nacional y el régimen de tipo de cambio fijo imperante en aquella época.

La tasa de Ahorro Nacional Bruto se mantuvo deprimida durante la década, alrededor del 12 %, lo que respondía a la baja propensión al ahorro de la burguesía nacional y al consumo de bienes suntuarios, en tanto que la tasa de acumulación bruta no se elevó más allá del 15 % (BNC, 1960), demostrando el poco esfuerzo interno y las trabas imperialistas por alcanzar mejores niveles de desarrollo.

Por último, el objetivo de fortalecer el mercado interno no fue cumplimentado, ya que la subida de los precios erosionó los salarios reales de los obreros y agricultores; en tanto, la tasa de desempleo se mantuvo cercana al 25 %.

Finalmente, las políticas económicas llevadas a cabo durante esos años no tuvieron efectos significativos sobre la estructura económica ni, por tanto, sobre el estilo de desarrollo. El crecimiento económico siguió dependiendo en gran medida de la coyuntura azucarera. La evidencia de la frágil estructura de nuestra economía durante esos años se puede apreciar en la Tabla 2.

De tal forma, el crecimiento del Ingreso Nacional al Costo de los Factores (medido a precios corrientes), siguió dependiendo del crecimiento de la producción azucarera o de los precios del azúcar. El cambio posterior a 1959 del estilo de crecimiento de la economía cubana, iba a resultar sumamente complejo, incluso llevando a cabo transformaciones profundas. La reproducción de la economía cubana estaba basada en el sector azucarero y, a finales de la década, el 80 % de las exportaciones eran de azúcar.

En dicho contexto, la posibilidad de modificar la dinámica del desarrollo dependía en gran medida de la capacidad de la industria azucarera de transferir recursos hacia el resto de la economía, por lo que se perpetuaba la presencia de este sector.


Tabla 2. Tasas de crecimiento anual; 1950-1958



Crecimiento
Crecimiento
Crecimiento.


Ingreso nacional
Producción azúcar
precios azúcar

1950
12,54
6,30
20,04

1951
15,01
3,63
10,94

1952
3,13
25,44
-12,28

1953
-10,61
-28,59
-10,23

1954
0,78
-5,21
3,37

1955
2,65
7,42
6,11

1956
8,57
4,77
-3,95

1957
13,85
19,57
19,17

1958
-3,66
-15,71
6,36

Fuente: BNC (1960) y Rodríguez, J.L. (1990).

En fin, puede concluirse, como señala Alvarez (1998), que entre 1952 y 1958 lo que se verifica es un crecimiento sin desarrollo, en un proceso en que se profundizan las deformaciones estructurales de la economía y, por lo demás, se polarizan aún más las diferencias sociales.

Los principales resultados del manejo macroeconómico en la década del 50, según informe de 1959 del Ministerio de Hacienda, citado por Alvarez (1998), pueden resumirse como sigue:

·      Repercusión negativa en la balanza de pagos de la expansión inflacionaria, que ocasionó una pérdida en las reservas de divisas de 513.3 millones de pesos en siete años, dejando una reserva neta de sólo 84,4 millones.

·      Concentración de la inversión casi totalmente en obras públicas o servicios básicos, con elevado coeficiente de capital; sólo una pequeña parte se dedicó a la agricultura o a la industria, perpetuándose las deformaciones estructurales.

·      Crecimiento significativo de la deuda pública, llegando hasta 788,1 millones de pesos.

·      Desarrollo en proporciones alarmantes del robo, el contrabando y la especulación, por parte de funcionarios públicos y de la oligarquía dominante. Particularmente en 1958, se produjo una cuantiosa fuga de capital al exterior.

·      No creación de los nuevos empleos necesarios, manteniéndose una elevada proporción de desempleados –entre el 25% y el 33% de la fuerza laboral.

·      Elevación del costo de la vida, sobre todo entre los trabajadores rurales; en la práctica, se contrajo el mercado interno.

Por último, el golpe de Estado de Marzo de 1952 efectuado por Batista, constituyó el impulso final a la decisión de generar cambios profundos en la estructura económica del país; las relaciones con los Estados Unidos tenían que modificarse para llegar a alcanzar algún grado de desarrollo propio, altamente dinámico y sostenible, y con mejoras sociales para una gran masa olvidada de la población. Otros cambios de orden interno se hacían necesarios: la Reforma Agraria era impostergable; un Estado más pujante en la esfera económica, que fuera guía y parte de un proceso de Industrialización más profundo (Torras, J. 1959), y una limpieza profunda de la elevada corrupción en el sector público. Además, urgían otros cambios en la esfera social; la tasa de analfabetismo era del 23 % en el país (con 41 % en las zonas rurales) y la tasa de mortalidad era superior a 60 cada mil nacidos vivos.

 Continuará