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viernes, 25 de agosto de 2023

Desequilibrios del comercio en Ciego de Ávila

 Por Katia Siberia ECONOMÍA 23 Agosto 2023. Imvasor



En las bodegas podrían gestionarse mejores incentivos. Es una tarea para los directivos de las UEB del territorio. Fotos: Katia

Durante un recorrido por instancias de la provincia de Ciego de Ávila, la ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez, constató cuánto le falta al sector para perfeccionar su manejo

Los números avileños van en picada y ninguno de los datos expuestos a la ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez, revelan el contrapicado en la imagen reversible del sector; al menos, no a corto ni mediano plazo.

Porque, como mismo supo que la circulación mercantil minorista se sobrecumplió y recaudó “de más”, 281 millones de pesos al cierre del primer semestre, estuvo al tanto de que las cuentas por pagar ascienden a 300 millones. Ese es el monto de la deuda y los más de 160 millones a pagar que hoy están “en término” podrían irse de fecha…y sumar adeudos.

Es decir, el comercio y la gastronomía pudieran estar realizando mayores gestiones de compra-ventas, aportando el porcentaje correspondiente a la circulación mercantil, y aun así podría ir aumentado su deuda con los principales proveedores; el Lácteo, el Cárnico y la Empresa Mayorista de Alimentos.

Tal contrasentido se sustenta, en parte, por la venta de la canasta básica, que ocasiona pérdidas cada mes (el precio de venta de algunos productos no cubre sus costos), y por la aún insuficiente gestión mercantil que desde el 2020 realizan las unidades, lo cual todavía no les permite holgura en su liquidez.

El director económico del Grupo Empresarial de Comercio en Ciego de Ávila (GECCA), Edelmis Ríos Sánchez, lo traducía con otros números. “El costo por peso está en 0.78 centavos, y de los 0.22 centavos restantes, el 25 por ciento se emplea en salarios (…) Al final nos quedan disponibles apenas 0.7 centavos por cada peso y con eso podemos hacer muy poco”.

Ante esa contracción, la ministra les repetía una fórmula que aquí saben de memoria. Hay que disminuir costos o vender más. O los dos. “Y con esto no digo que vayan a un proceso de disponibilidad, sino de que revisen cada gasto, exploten cada facilidad y apliquen incentivos de pago a los trabajadores para que gestionen mejor sus ventas o servicios.”

Lo hacía notar horas antes durante un recorrido por instalaciones del comercio y la gastronomía cuando en la bodega La Avileña preguntaba, por ejemplo, por qué no variaba el salario de sus trabajadores en función de las ventas de productos gestionados.

Por qué no definen un porcentaje de esas ventas para la unidad si la Unidad Empresarial de Base (UEB) puede gestionar las formas de pago, preguntaba la ministra para luego señalar que podrían, incluso, ganar, ya no por arrendar el lugar a cuentapropistas, sino por vender ellos mismos dichos productos en consignación y definir también un porcentaje de ganancias para los empleados.

Otras interrogantes le siguieron: “¿por qué no son remunerados por las operaciones que realizan en las pasarelas de pago? ¿Si el Banco paga un porcentaje a la empresa por el servicio de caja extra, y 1.00 peso por cada operación, por qué todo para la empresa y no se define un monto y le pagan a esos trabajadores, si son ellos quienes hacen la función de agentes bancarios?”

La respuesta de los directivos municipales y provinciales fue el desconocimiento, aun cuando dos Decretos Ley, el 28 y el 34, dejan claro las facultades y libertades que tienen las UEB.

Tales incentivos podrían desencadenar el uso de ambas plataformas —Enzona y Transfermóvil— que hoy no llegan a todos los establecimientos y mueven cifras poco representativas. Las transacciones por esas vías, en los últimos seis meses, no sumaron más de 7 millones de pesos. Las cuentas demuestran un incipiente uso que la bancarización pretende revertir.

Un dato de los primeros 20 días de agosto pudiera indicar el despegue: ya sobrepasaban los 10 millones de pesos los captados por esas plataformas. El empleo se había incrementado exponencialmente en menos de un mes; de ahí que la ministra llamara a los directivos a agilizar los contratos para disponer en toda la red de Transfermóvil, que es la plataforma que mayor cantidad de usuarios posee.


En el restaurante Solaris, la ministra se interesó por la relación sostenida entre actores estatales y privados

No obstante, el viraje más difícil de lograr parece hoy el estado financiero del Grupo Empresarial y las 170 UEB que lo integran. De ellas, 39 registran pérdidas y unas pocas muestran tendencia a la recuperación, por lo que Betsy Díaz fue directa. “¿Cuánto tiempo más vamos a darle para cambiar allí las cosas o cambiar a sus directivos, porque hay otras unidades que, en igualdad de condiciones, logran utilidades?”

Según Lázaro Edel Granados Gelenian, director del GECCA, hay un ultimátum dado hasta el cierre de septiembre para que, al menos, disminuyan las pérdidas (algunas ya muestran esa tendencia). Sin embargo, la situación de los cuadros es muy compleja pues, en apenas seis meses, ha tenido que sustituir a siete directores municipales y ya tiene que cambiar a dos más, precisó.

Al respecto, la ministra sería enfática. “Pero no tenemos una fábrica de cuadros, lo que hay es que preparar a los que tenemos. Si no les enseñamos, no pueden saber”, apuntó, sin desconocer que las complejidades actuales suman tropiezos.

La más crítica podría ser esta: de los 10 municipios de la provincia, en la mitad de ellos no está ocupada la plaza del económico en la Empresa Municipal de Comercio y Gastronomía. Si crítica es la situación a ese nivel, hipercrítica resulta en las UEB, donde de las 170 que integran el grupo, solo 62 cuentan con económico.

“Eso obliga a que los demás asuman esas funciones”, explica Edelmis ante la mirada perpleja de Invasor. “Yo, por ejemplo, estoy cerrando Bolivia”, aclara, consciente de cuánto atenta semejante manejo en el funcionamiento del sector.

De alguna forma las deficiencias detectadas por la ministra a su paso por el Hotel Sevilla, la bodega La Avileña, la tienda Bazar París o el famoso Solaris, evidenciaron esa ausencia de especialistas, inestabilidad de las estructuras superiores e incomprensión de medidas y conceptos. Y con desconocimiento, falta de gestión o violaciones costará mucho más equilibrar la balanza del Comercio y la Gastronomía. HHC: negritas nuestras

lunes, 3 de julio de 2023

Espejo de agua

 

 
SOCIEDAD
 


Este es Yosvany, sin apellidos, porque de eso no hablamos y porque Yosvany podría ser cualquiera. Fotos: Katia

Presiento que en los ojos de Yosvany podrían verse otros hombres, aunque nunca hayan ido a La Turbina a matar el tiempo y los peces

Los ojos de Yosvany no son “alegres e invictos”, como los del viejo flaco y desgarbado que hacía 84 días no cogía un pez. No estaba en un bote en medio del mar ni era tampoco un pescador empecinado que hubiese perdido todo, menos la esperanza.

Sus ojos son turbios como las aguas que mira y estas son, a su vez, un espejo de agua que las excavaciones de otro siglo fueron bordeando hasta dar con un manantial. De ahí salía el balastro para las líneas férreas y los temporales de aquella época terminaron rematando el hueco. Finalmente, las turbinas que instalaron para aliviar la inundación no pudieran hacer otra cosa que legarnos el nombre.

Esas aguas de La Turbina que nunca van a ningún lado, a menos que los temporales de esta época la desborden y corran por la cañada mientras las malanguetas no hagan de carnada y las retengan en su propio estanque, tienen los ojos de Yosvany. Entre pardos y carmelitas. En su viejo carné de identidad podrían haber aclarado: ojos turbina, y aquí en Ciego de Ávila hubiésemos entendido de qué color eran.

Su mirada, sin embargo, sí se ve definida, nítida. Tiene el tono de quien se sienta a pescar algo. A esperar apacible lo mucho y lo poco. O la nada.

Encajan en el rostro de un cincuentón desgastado que habla poquísimo y no parece pertenecer al nombre que tiene. No tiene cara de Yosvany, pero sí la de un hombre que se sienta al borde de un puente sobre las aguas de La Turbina a “despejar porque la cosa está mala”. Y mientras despeja saca su cordel y engaña con lombrices a las clarias que dice que están zangandongas, aunque de esas él no ha cogido ninguna.



Aquí Yosvany con una de las tres tilapias que pescó mientras Invasor le arrebataba su calma

Lo cuenta sin abatirse por su aparente mala suerte. De hecho; la expresión en su rostro curtido de otros soles es de felicidad cuando asegura que bajo sus pies hay bichos más grandes que él. Se le estiran las arrugas al abrir los ojos y sonreír desde su flanco derecho al que le faltan algunas piezas. Por ahí también se le cuela el tiempo que no aparenta y del que creo que presume. ¿Tendrá ya el vicio de los viejos cuenteros?

― ¡Que no, que yo no las he pescado, pero he visto como las sacan de aquí mismo!

Sentada a su lado puedo tener cierta idea. Me guío por sus hombros, por los pies colgantes que casi van parejos, ras al agua, y concluyo que Yosvany debe medir 1.60. Y la claria, entonces, ¿dos metros?, pregunto.

“¡Coñoooooó!”, dice un chiquillo acentuando y alargando la o, a medio metro de Yosvany. “Eso debe ser más grande que un negrón”. Así ha salido de su mente y ha pasado por su vocabulario.

“Ay, estos muchachos de hoy en día”, podría haber dicho Yosvany con cierto dejo de reproche, si hablara por voluntad y no solo cuando uno le pregunta.

―¿Es su hijo?

―No, yo no tengo hijos. Nunca tuve―, corrige, y vuelve a sentirse más viejo, a creer que el tiempo de los hijos ya no es el de él.

―Este de aquí vino y se me sentó, sin cordel, sin carná, sin ná, y le tuve que dar de tó―, refunfuña cariñoso. Lo mismo sucedió con el otro, más alejado, y ya las rémoras fueron dos. Literalmente rémoras hasta que pescaron una tilapia con su propia suerte y Yosvany empezó a hablar por sí solo.

Que no importaba si él se iba sin nada o con poco, que él estaba allí para despejar la mente, ¡que la cosa estaba muy mala!, repetía ahora y le agregaba el muy, como si del quinto párrafo a este decimocuarto la cosa hubiera empeorado. O quizás no y “muy mala” estuviera ya desde el principio de la conversación y él no repare tanto en esos detalles. En el cambio.

Yo sí.

Dejo silencios intermedios, le hago algunas fotos y observo que ciertamente no ha venido a pescar. Lleva camiseta y unas botas de goma embarradas de cemento que ni se quita para aligerarse (creo que está acostumbrado). Trabaja en la construcción por el día y hace guardias en otro lugar por las noches. Si está sentado un jueves a la 1:00 de la tarde sobre el puente de plástico negro que une los extremos de La Turbina, es porque ese día de lluvia hubo poco trabajo. El chinchineo de ese 7 de junio disipaba algunas labores.

El puente sin piso es un tubo flotante que hay que cruzar zigzagueando hasta el único lugar que la malangueta no ha “cerrado”

Yosvany, paradójico, se sometía a la intemperie, y tal vez ni un aguacero, de esos que pican en el lomo, lo hubiera hecho desistir. Allí estaba él, contra todo pronóstico: con un nailito de culeros desechables donde no cabría ni la cola de los pejes gordos que, asegura, se encuentran por esa zona.

Su jamo era la clara estampa del no pescador que yo insistía en no ver; convencida de que tatuarse un pulpo en el brazo izquierdo debía significar algo. “No, no significada nada, me gustó la imagen y me lo hice yo mismo. Y yo mismo me tatué los nombres de mis sobrinas aquí y esta de aquí es Rosa Tomasa, que es el de mi madre, y esta corona con estas iniciales son de una mujer que tuve y me falta el nombre de mi padre que me lo voy a escribir en el pecho”.



En el antebrazo izquierdo, las marcas que Yosvany lleva consigo. En el brazo derecho, la carnada, el cordel, la suerte echada

Lo dicho; solo quiere despejar y no importuno demasiado. Suficiente tiene con los dos niños que se pegaron como escamas y piden a Invasor que no los muestre, que sus madres los “traquean” ―es el término que usan― si se enteran de que no están en la escuela. Niños de primaria que se tiran al agua para demostrar que saben nadar.

Y con el alboroto él ni se inmuta. Le da igual si espantan las tilapias que iban a picarle esa tarde su carnada, porque Yosvany solo quería pescar el tiempo, soltarlo, dejarlo pasar. Por eso no lo tiene en el anzuelo: lo lleva en su mirada.

Todo eso fue, pregunta tras pregunta, aprovechando que el cordel lo sostenía con la izquierda y el cúbito de su antebrazo quedaba expuesto a la intrusa que hablaba de otra cosa, pues hasta para ella la pesca había sido un pretexto. Aunque seguía creyendo que se podía despejar la mente y pescar de verdad, con deseos. Con premeditación.

O cazar patos, por ejemplo. En el copo de los árboles los patos se balancean en filas y daba la sensación de que tampoco pescaban, que se lanzaban al agua sin una táctica definida, solo a remansar.

Error. Dice Yosvany que ellos pescan de las dos formas, al estilo más común de los pelícanos o nadando por abajo del agua. Ahí es cuando uno tira una red, les hace trampa y los pesca por abajo. De ese modo los ha cogido, lo que “hay que meterse en el agua y ¡qué va! …”

Hoy tampoco es día para pescar patos.

Estos patos, podrían pescarse bajo el agua, pero ahora están muy altos, muy lejos

viernes, 26 de mayo de 2023

El Banco: ¿en el banquillo de los acusados?

 Por Katia Siberia ECONOMÍA 25 Mayo 2023




Foto: Michel Guerra

Todo indica que la velocidad a la que se mueve el dinero es inferior al tiempo en que lo necesitamos en nuestro bolsillo

Cuando este martes 24 de mayo los directores del Banco Popular de Ahorro (BPA) y del Banco de Crédito y Comercio (BANDEC) comparecieron ante tres medios de prensa, ya la “situación convulsa de la liquidez” ─aseguraban─ había quedado atrás, aunque todavía no podían explicar desde instancias provinciales una inquietud que traspasa fronteras avileñas.

El hecho, por demás, de que ningún directivo nacional se haya pronunciado aún sobre el tema, los dejaba expuestos a interrogantes para las cuales ellos no tenían respuestas o no les era permitido ofrecer información, al no ser de su competencia. En esa lista: los montos diarios que mueven, la relación entre extracciones y depósitos, la cantidad de transferencias entre personas naturales que se ejecutan luego del límite establecido a las tarjetas, la emisión de nuevos billetes, etc.

Algunas preguntas intentaron bordear la crisis financiera que parece haber sentado al propio Banco en el banquillo de los acusados, asediado por colas interminables, poca disponibilidad de efectivo en los cajeros o en la institución, atrasos en los pagos… Ha terminado cargando con el peso de una inflación que gravita en el flujo financiero que debe regular “por decreto” la entidad bancaria, si bien ─como sabemos─ al margen de ella se realizan cientos de miles de operaciones en un mercado que no lleva allí su depósito diario y se multiplica crecientemente. Porque cada vez necesitamos más dinero para comprar lo mismo.

Un circulante que sigue circulando allende los bancos y que le impone una condicional a casi todas las respuestas de los directivos avileños. “Si hay disponibilidad”, encabezan sus réplicas.

Operan con lo que tienen. Obvio. Entonces, si hay disponibilidad, pueden reaprovisionar hasta cuatro y cinco veces los cajeros automáticos, como tuvieron que hacer en los días iniciales del mes de mayo.

Días de cobro y jornadas en la que la disponibilidad se fraccionaba en billetes de baja denominación. Y, por consiguiente, se agotaba más rápido.

Una gaveta del cajero admite 2200 billetes. Si los pones de a 500, son un millón 100 000.00 pesos; y si los pones de a 20, son, apenas, 44 000.00 pesos. No tener, además, todas las denominaciones, limitaba también el monto que se quería extraer y ello añadió insatisfacciones”, explica Rolando Corbea Sánchez, director de BANDEC en la provincia.

No obstante, asegura que “la situación ha mejorado”; al menos en Ciego de Ávila, no tanto en Morón. “Aquí en la cabecera, a partir de la disponibilidad, hemos podido poner en los cajeros billetes de alta denominación”.

Lo mismo ha sucedido en las arcas de BPA. Noraida González Mellor, su directora, aclara que, incluso en los momentos más complejos, han puesto, de cara al cliente, todo el dinero que tenían. “No ha habido reservas. Es una indicación, cuando hay disponibilidad se entrega, y ha habido una respuesta precisa de Trasval, el dinero se ha movido hacia donde haga falta”.

Aun así, la infraestructura impone sus dilaciones. “El último banco se creó en 2000, saca cuentas”, sugiere la directiva, consciente de que 22 cajeros en toda la provincia (dos de ellos en la cayería norte) no dan abasto para un territorio que supera el medio millón de tarjetas emitidas.

En agosto pasado Invasor adelantaba: números: “BPA había emitido 222 502 tarjetas y BANDEC 258 119, y las operaciones mensuales en los cajeros superaban las 68 000. En un año se había triplicado el promedio y desde esa fecha ya Corbea Sánchez aludía a los billetes de baja denominación, a la “igual cantidad de billetes por menor monto de dinero.”

Aunque en abril de 2022 la Caja Extra abría la posibilidad de operar con tarjetas en las bodegas, un año después sigue siendo una disposición subestimada. Al cierre de este abril lo extraído en 56 bodegas apenas superaba los 50 000.00 pesos.

“Por ahí también podemos entender lo que está sucediendo”, afirma Noraida, mientras ofrece otro dato que la respalda: hoy existen más de 80 bodegas con ese servicio que pudieran entregar hasta 5000.00 pesos por cada tarjeta (antes era solo 1000.00) y sigue siendo una opción poco aprovechada.

Según la directora, las pasarelas de pago se emplean más en el Correo o en el Gas, a pesar de que muchos servicios pudieran hacer uso del pago electrónico y mantienen el cobro en efectivo.

“Eso obliga a las personas a acudir a los cajeros y si, encima, coincide en fechas de pago de salario, cuando se realizan más extracciones, pues se complejiza todo”, añade Corbea.

Así sucedió los primeros días de este mes. BANDEC, que opera alrededor del 70 por ciento de los salarios de la provincia, tuvo mejor situación que el mes anterior, amén de que los cajeros no mostraran igual “solvencia”.

De ahí que el director de BANDEC vuelva con la incidental: “si continuamos con la actual disponibilidad, no debemos tener problemas para pagar salarios. Las personas siguen confiando, siguen los depósitos en las cuentas; lo que ha habido es, por ejemplo, un descenso en el Comercio y la Gastronomía, que movían grandes volúmenes y ahora están depositando muy poco”.

Tal contexto los ha obligado a rápidos movimientos en el sistema bancario, incluso desde la caja central. Pero todo indica que la velocidad a la que se mueve el dinero es inferior al tiempo en que lo necesitamos en nuestro bolsillo. Y las culpas han ido a parar a las bóvedas del Banco. ¿Estarán allí?

miércoles, 24 de mayo de 2023

Estimados agrícolas, al plato

Por Katia Siberia
Foto: Michel Guerra y Katia




Hay cifras difíciles de digerir; sobre todo si no se traducen en bocados individuales. Por eso el autoabastecimiento municipal podría parecerles a algunos una perspectiva, más que una realidad

Si pecáramos de tremendistas y separatistas, ya pudiéramos declarar a Ciego de Ávila como república alimentaria autoabastecida, porque las cifras dicen aquí que llegamos y hasta sobrepasamos las 30 libras percápita de viandas, granos, frutas y hortalizas.

Y ese es el medidor con el que —a partir de indicadores nutricionales del Ministerio de Salud Pública— se evalúa el Programa de Autoabastecimiento Municipal (PAM). Los estudios hablan de kilocalorías, de dieta variada y necesaria, pero, incluso sin encuestas a mano, cabría suponer que muchos no se sientan cómodos con esos números en el viandero de casa para todo el mes: ¿15 libras de viandas, 10 de hortalizas, 2 de granos y 3 de frutas? Ni sumando los granos de la canasta básica a ese pesaje, algunos respirarían aliviados.

Partamos entonces de ahí para consentir, luego, que tampoco hablamos de cifras equitativas, aun cuando resulten de dividir el total de producción entre la cantidad de habitantes: hay quienes no pueden comprar la malanga al precio de Acopio ni al de los particulares: ni a 28.00 ni a 60.00 pesos. Están los que no la alcanzan y sí pueden costearla, y los que su poder adquisitivo les permite sobrepasar el precio inflacionario y surten el viandero a cualquier costo.

De modo que lo producido no tiene por qué ser igual a lo consumido en cada hogar.

Aclaremos, de paso, que los datos avileños hablan de lo comercializado o consumido en la provincia; de este percápita se exceptúan los envíos a La Habana, Camagüey o Guantánamo.

Digamos también que Majagua no es Morón, por ejemplo, y que, dadas las extensiones, áreas cultivables y cantidad de habitantes, sería más fácil cumplir metas en un municipio que en otro, aunque se les imponga la misma varilla y percápita.

La paradoja mayor, sin embargo, podría postularse desde la relatoría de notas de prensa que, incluso en este mismo semanario, han venido diciéndonos que cada año los rendimientos son más bajos, que hay menos fertilizantes, menos combustible… y que, en consecuencia, lo que sale del campo tiende a ser menos. 

La papa y el tomate, dos cultivos de peso en esta provincia, podrían revalidarlo.

Cuando en diciembre de 2018 la Comisión Agroalimentaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular analizó los resultados del control y fiscalización realizado por los diputados al autoabastecimiento municipal de productos agrícolas en todas las provincias del país, el cálculo indicó “16,5 libras percápita (sin incluir las 2 libras de papa)”.

En esa relatoría, Ciego de Ávila aparecía por debajo de la media nacional, con 11,7 libras.

Al otro año, al cierre del primer trimestre, Invasor señaló que rozábamos las 15 libras. Luego, en nuestro reporte de abril de 2020, Morón y Ciego de Ávila rondaban todavía las 20 libras, y el resto de los municipios se acercaba a las 30. Para 2021 hicimos notar que la campaña de primavera y la de invierno nos dejaban un saldo de 25 y 27 libras percápita y dijimos que el avance era discreto. Ya en marzo del 2022, cuando nos visitó el vicepresidente de la República, Salvador Valdés Mesa, casi todos los municipios cumplían el propósito de las 30 libras por persona.

La demanda está por debajo de las potencialidades de sus áreas cultivables: aunque se cosecha más, no todo se come aquí

Las muestras “aleatorias” de la prensa, que se ha hecho eco en todos los casos de fuentes oficiales, pudieran parecer contradictorias si miramos los gráficos agrícolas donde los volúmenes de productos caen en picada.

¿Cómo digerimos ahora el salto de municipios que aparecen este abril de 2023 con 47, 41, 36, 35 libras percápita…, todos cumplidos, y 7 de los 10 territorios, sobrecumplidos en las actuales circunstancias? Circunstancias que podrían medirse, mínimo, desde hace un año, tiempo necesario para que la más lenta de las viandas rinda sus frutos.

Según Ariel Nieves Concepción, director provincial de Acopio, entre mayo y octubre, período de mayores producciones de plátano, casi todos los municipios garantizan su vianda. Otros meses, todavía registran altibajos

¿Qué nos hemos perdido?, se preguntaba esta semana Invasor, con cierta dosis de incredulidad que Ariel Nieves Concepción, director provincial de Acopio, no podía saldar en su totalidad, porque su empresa, como promedio, mueve entre el 30 y el 40 por ciento de los productos contabilizados en el PAM. A esa respuesta, por supuesto, le sigue otro signo de interrogación.

—¿Quién, entonces, ofrece esos datos?, ¿de dónde salen?

—Es un sistema al que se le introducen datos en cada municipio y al que no solo tributan las ventas de las unidades empresariales de base (UEB) de Acopio, sino otras empresas de la Agricultura que comercializan en puntos, la producción de alimentos que también tiene AzCuba, lo que las cooperativas venden a sus guajiros, lo que comercializa sobre el mostrador la Agricultura Urbana, lo que sirven los comedores en su consumo social, lo que pregonan carretilleros, carretoneros y mercados de oferta y demanda…

Según Ariel, esas cifras antes no se incluían, de ahí que el crecimiento se explique más desde el manejo de los datos, que desde el rendimiento de los surcos. No obstante, lo variopinto de tal contabilidad nos coloca, justamente, frente a la posibilidad de que no todos capten igual los números del Sistema de Planificación Agropecuaria, (SIPA); un programa que desde 2020 digitaliza esa información.

“Eso se autentica, cada unidad entrega un certifico que firma el presidente, el jefe de Producción de una cooperativa o el director de la empresa, o el Gobierno, en el caso de los privados, y Acopio emite entonces el dato, avalado por el puño y letra de quienes informan esas toneladas. Desde la provincia no se toca nada de eso, eso se hace allí con las ventas netas del territorio”, aclara el directivo.

Minutos después, los directores de las UEB de Acopio de Primero de Enero y Majagua respaldarían ese criterio. Luis Alberto Zayas Ramos alude a toda la documentación que poseen y al convencimiento de las personas que ven las ofertas en los puntos de venta estatales y particulares de Primero de Enero o asisten a las ferias de cada domingo; Leonelvis La Rosa Leyva, a la reunión de cada viernes en la tarde, donde “el especialista de Cultivos Varios de la Empresa Agropecuaria nos hace llegar los certificos de las diferentes unidades y hacemos un corte, incluyendo, además, lo que un equipo estratégico de trabajo de esas unidades contabilizó en sus recorridos”.

Por ahí podríamos tener libras de más o de menos. Pecar de entusiastas o recelosos. Difícil equilibrio de estadísticas si no decimos, por ejemplo, que Baraguá comercializó 10 libras de viandas este abril (se quedó por debajo en cinco); mientras Venezuela reportó 23, quizás porque el plátano de La Cuba ahora es que despunta a base de agua y calor, y porque la inmensa Cubasoy tiene sus tierras en Venezuela, con casi 10 000 habitantes menos que su colindante Baraguá. ¿Cómo comparar entonces?

¿Cómo entender que el plátano de la dieta médica de marzo todavía no había llegado a Chambas el lunes 15 de mayo y el municipio aparece sobrecumplido en viandas, si no decimos que el plátano estatal escasea fuera de temporada, que la comercialización no siempre es ágil o que Comercio le debe millones de pesos a Acopio y no sustituye plátano por malanga porque le sale más cara la entrega médica?

¿Cómo “darnos brillo” con un menú variado cuando conversas con Osleydi Parra, especialista de Alimentos en la Dirección Provincial de Salud, y te dice que en el Hogar Materno de Morón casi siempre se incumple la entrega de frutas? (Tres libras al mes por persona, recordemos).

Lo mismo si hablas con Olga Lidia García, la especialista del Departamento Logístico de Educación Provincial, y te cita los círculos infantiles en Bolivia que llevan alrededor de un mes sin frutas, o de los “ciclos de entrega que no son semanales y se acumulan al final del mes, pa cumplir”.

Cualquier número que caiga en el plato del regocijo y no se traduzca en alimento diario tendrá el mal sabor de la duda. Mientras no sea certeza en el estómago individual parecerá un plan que da de comer a otros y que, por tanto, debiera masticarse suavecito, procesarse en su justa medida para que no nos caiga mal el hartazgo.

miércoles, 17 de mayo de 2023

Un acto premeditado en la Paquito González

 

Acto por el 17 de mayo, día del campesinado. Un pretexto para, ese día, sentarse y celebrar. Fotos: Katia

Detrás de la fecha presente que celebra en mayo a los campesinos puede haber, como mínimo, un año de trabajo, que es el tiempo que demora un plátano avileño, entre la cepa y el desmane del mercado. Pero detrás del acto que esta semana hubo en la Paquito González hay, como mínimo, 40 años de trabajo.

Se veía venir. La rentabilidad cultivada, año tras año, ininterrumpidamente y durante más de cuatro décadas, terminaría cosechando sus frutos: credibilidad. Y ese crédito le ha servido a la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) Paquito González para que no solo su gente crea en lo que ellos pueden sacarle al surco. Han ido convirtiéndose en referentes, con todo el peso que implica en estos tiempos presumir de quintales y quintales de comida, cuando muy cerca, por ejemplo, una CPA acaba de disolverse y ellos asumen esas tierras, como si fueran un monopolio platanero entrenado para oler posibilidades donde otros, apenas, hieden a pérdidas.

Algunos “sabuesos” dirán que a la Paquito le resulta más fácil, pues tienen allí lo que no hay en otras cooperativas; pero esa es una verdad a medias, porque Invasor hacía notar sus peculiaridades hace cinco años. Aparecía inscrita en un programa de 78 cooperativas del país, con similares condiciones (y extensiones), que debían producir más de 100 000 quintales, y solo 36 lograron la meta, dentro de ellas la CPA avileña, que produjo 180 000 y se llevó el título de la mejor del país en Cultivos Varios.

Entonces, los hombres que jugaban dominó debajo de un tamarindo se regodeaban más de los anticipos que de la buena data. Habían crecido en un 42 por ciento. Los 345 socios recibían casi el doble de lo de antes y algunos no escatimaban la celebración en las aguas de las turbinas, donde se diluía hasta la resaca. Esas mismas turbinas, en tres caballerías, bombeaban 400 litros por segundo y promediaban unos 7000 quintales. Y, luego de cambiar la bomba, ahorraron electricidad, implementaron un sistema de riego por goteo y, con 40 litros por segundo, empezaron a obtener 20 000 quintales. El agua se reducía 10 veces y los rendimientos se multiplicaron (casi) por tres.

Y donde dice agua, dígase fertilizantes, inversiones, preparación de tierras…, todo lo que José Alberto González Sánchez, el presidente, mide con el filtro de la eficiencia; una palabra que pronuncia fácil ahora, pero que hace dos años no lograba traducir.

“Cuando se implementó el ordenamiento, hicimos un diagnóstico y, al calcular el precio de los fertilizantes, de otros insumos, y el precio al que teníamos aprobado vender nuestros productos, nos dimos cuenta de que íbamos a perder unos dos millones de pesos, y empezamos a planificarnos mejor, a hacer cosas diferentes, a rotar mejor las áreas… y terminamos ganando más de seis millones de pesos ese 2021. Y más de ocho millones en 2022”, remata.

El crecimiento ha sido vertical y horizontal, extensiones y rendimientos que se cosechan en las 90 hectáreas (ha) de riego por goteo o en otras 900 bajo máquinas. Unas áreas fundacionales y otras heredadas, por lo que la Paquito será más grande de lo que ya era y un crédito saudí impulsará nuevos regadíos, aunque José Alberto insiste en que lo mejor siguen siendo sus campesinos, los 340 asociados; una cifra casi inamovible: nadie quiere irse de la CPA.

Las razones que ofrece para tal retención se explican sin necesidad de que ningún asociado las respalde. “Los anticipos no son altos, sobrepasan los 4000.00 pesos, pero les ofertamos todos los meses granos, 10 libras de arroz a 3.00 pesos y 10 de frijoles; y lo hemos hecho aun comprando el arroz a precios elevados. Todas las semanas vendemos viandas y este mes, por ejemplo, agregamos aceite y pastas a precios módicos. En total, con el anticipo, el valor de lo que vendemos, la estimulación que pagamos en cada trimestre, más las utilidades de fin de año, se promedian unos 17 000.00 pesos cada mes”.

Mientras José Alberto saca sus cuentas, se permite una incidental para aclarar que allí no escatimarían en cifras para atender al hombre, su principal recurso.

Ni siquiera dudaron al calcular las pérdidas. No pensaron en recortar ningún incentivo porque “si el campesino no está contento, si no tiene sus problemas medianamente resueltos, no puede pensar en la cooperativa, ni asumir que esa es la fuente de bienestar, que de su trabajo sale el beneficio”.

No obstante, los beneficios pueden durar un mes o toda la vida si se convierten en techo; que es el logro mayor de los 60 guajiros que tuvieron sus casas gracias al empeño de la cooperativa, que es lo mismo que gracias a sus empeños, al trabajo amasado con el sudor de sus cuerpos. La frente es poca cosa a media mañana. Sudan con todo, se bañan en su propio sudor.

Por eso, cuando este miércoles, a las 9:30 am, los termómetros de Ciego de Ávila marcaban 34 grados Celsius, nadie se quejaba de asistir a un acto por el 17 de mayo en el que, al menos, estaban sentados. Acostumbrados están al calor, al resplandor, al llamado a producir, a que les digan que son los mejores… Nada nuevo bajo el sol de hoy.

Como tampoco eran nuevas muchas caras. Una de ellas reconocida por el lente de Invasor. Otra vez Yudismar Zaldívar Martínez, el muchacho que sigue protegiendo a la Paquito por su cargo de jefe de Seguridad y Protección, y por el sentido de pertenencia que le ha nacido. Un guapo sin alardes, al que mucho y poco le ha cambiado la vida desde entonces.

Hace cuatro años contaba que ya tenía el piso de la casa en la mano y, obviamente, dábamos por sentado que no lo tenía en los pies, que su vivienda era una de las que se irían construyendo a un costado del estadio. Un paisaje que hoy contrasta con su ayer. Si no fueran las mismas palmas, al fondo, y el estadio impecable, a la derecha, uno podría pensar que llegó a otro sitio.

casas3El batey de la Paquito González ya no es el mismo. Afortunadamente la vida allí ha mejorado

Sin embargo, es en la Paquito donde ahora Yudismar tiene 37 y casa terminada. Dejó de ser delegado a un congreso juvenil y es diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, pero sigue cabalgando en las noches de su CPA, esquivando balines y espantando ladrones.

Los balines pueden estar en cualquier rodamiento gastado y ser disparados desde las ligas de una flecha. Los ladrones, en todos lados, “aunque son frecuentes en las zonas del riego por goteo, que tienen plátanos de mejor calidad”, confiesa Yudismar, y al segundo roza la contradicción. “Bueno, es tan constante la amenaza de robo que ya uno no se confía en ningún lugar. A pesar de que hay guardias cada noche, yo siempre estoy dando vueltas. A caballo y con machete. Nada más”.

El “nada más” lo dice con cierto aire, después de una pausa que no era coma, sino punto y aparte. Es un hombre alto, que no se anda con miedos o, de lo contrario, no fuera lo que es: un celador.

yudismarYudismar, delante de los plátanos que cuida con celo y bajo un sol que le ensombrece el rostro

José Alberto González Sánchez también lo es en grado mayúsculo. Es responsable de unas 1500 ha cultivables, de los recursos que sobre ella se emplean y de los 340 hombres (y familias) que la hacen parir, aun cuando las leyes dejen claro que la asamblea gobierna la cooperativa, a través de decisiones colegiadas.

Así la conduce él; solo que le ha pasado lo mismo que a su CPA: se ha ganado la credibilidad y muchos apuestan, lo secundan confiados. Han acertado, año tras año, hasta presagiar récords productivos y celebrar actos premeditados.

lunes, 8 de mayo de 2023

Conclusiones apresuradas



Foto: Katia

Después de postergar durante una década la anunciada aprobación de las mipymes, en estos casi dos años de creadas les han llovido más cuestionamientos que halagos

La Cadena Cubana del Pan, que pertenece a un ministerio cuya importadora no ha podido situar la harina de trigo en sus almacenes, no amasaría siquiera las 9 toneladas diarias de pan que venderán en Ciego de Ávila a precios diferenciados, si diferente no fuera el origen de su “nueva” harina de trigo.

Una empresa privada hará, y está haciendo, lo que la importadora estatal no ha podido; ya sea a causa del bloqueo norteamericano, por la falta de financiamiento, por los costos de los fletes, o por una larga cadena que la pequeña o mediana empresa privada, a cuenta y riesgo, ha logrado acortar.

Invasor aún no se ha sentado a relatar los avatares del privado, si bien damos por sentado que no compra mayoristamente buques de harina o de trigo y, en consecuencia, paga más por toneladas o que hará “malabares” para luego reaprovisionarse en moneda extranjera y cerrar ciclos financieros, mientras paga por contenedores en el Mariel, y camiones alquilados, y estibadores…

Conclusión primera: toda actividad comercial tiene un costo.

El saldo para la parte estatal se esbozaba en octubre de 2022, cuando la directora técnica de la Empresa Cubana de Molinería aclaraba que un buque de trigo costaba alrededor de 16 millones de dólares y, al mes, Cuba necesitaba cuatro. La inestabilidad en el financiamiento, dijo, nos dejaba con uno o con dos, y entonces el mayor costo era fácil de calcular: no se producía ni la mitad de lo que demandábamos. Y para producir esa harina o ese pan, antes hay que llevar el trigo a la industria molinera, procesarlo, transportarlo en casillas de tren o rastras para luego… Es decir, tampoco se produce al ritmo que necesitamos.

Pero Invasor sí estuvo en la reunión donde el director de la Cadena Cubana del Pan en la provincia sometía a consideración fichas de costo con esa “otra” harina importada que ellos adquieren aquí a 300.00 pesos el kilogramo y elevaría el precio del pan de 200 gramos a 70.00 pesos.

Conclusión segunda: las dos partes han salido ganando en su encadenamiento, aunque no faltarán quienes cuestionen a la empresa de la Industria Alimentaria por el precio abusivo y quienes acusen, en primer lugar, a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) privadas, por ser más abusivas aún.

Y yo, que no soy ni economista ni fiscalizadora, y que solo tengo la palabra de quienes calculan, certifican y explican por qué la vida se nos ha encarecido tanto, debo decir que, a pesar de no alcanzarme el salario, a veces me bastan ciertas explicaciones.

Ese no será el “pan nuestro de cada día” del sector presupuestado, pero ya sabemos que existen —para bien— otros consumidores, otros ingresos. El de ese mismo trabajador en una mipyme, el del padre que recibe remesas, el del trabajador de la empresa estatal que sí paga resultados porque sí los obtiene…

No sería lógico entonces que yo, desde mis 4800.00 pesos mensuales, le exija a una empresa privada que produzca teniendo en cuenta mi escala salarial. Como si ya esta tuviera suficiente tiempo de creada y hubiese podido abaratar costos a golpe de eficiencia y procesos más dinámicos; como si tuviese la red de distribución estatal o pagara los bajos salarios que pagan las panaderías estatales; como si accediera a recursos por planes y no por gestiones; como si tuviese un fondo aprobado para garantizar producciones subvencionadas y luego viniera el presupuesto del Estado a cubrir ese déficit.

No. No son las mismas circunstancias, por más que se diga que estatales y privados están en igualdad de condiciones. Y esas diferencias se reflejan en precios, también. Se traducen en sesgos, incluso, si decimos empresa estatal socialista, y no empresa privada socialista. Se confunde propiedad con sistema, ¿o es que acaso todas no pertenecen al mismo entramado empresarial del socialismo cubano?

Después de postergar durante una década la anunciada aprobación de las mipymes, en estos casi dos años de creadas les han llovido más cuestionamientos que a las que llevan décadas siendo ineficientes y no han podido, o sabido, reinventarse para abastecer al hoy maltrecho mercado.

De ahí sacan conclusiones apresuradas que dividen en buenas y malas; un fuego cruzado en el que pierden ambas y, por transitividad, todos. Los que compran pan… y los que no.