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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

viernes, 30 de noviembre de 2018

Consejo de Ministros analiza Plan de la Economía para 2019 y Presupuesto del Estado

30 noviembre 2018 |


El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ratificó durante la más reciente reunión del máximo órgano de Gobierno que la tarea principal de la Revolución continúa siendo hoy la batalla económica. Foto: Estudios Revolución.

El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ratificó durante la más reciente reunión del máximo órgano de Gobierno que la tarea principal de la Revolución continúa siendo hoy la batalla económica, por la repercusión que tienen sus resultados en la satisfacción del pueblo cubano.

Tenemos que ser más exigentes en la planificación, lo cual implica también reforzar las estructuras encargadas de los asuntos económicos a todos los niveles. Urge conformar equipos fuertes de trabajo, que propongan soluciones y estudien alternativas. Hay que aprovechar el talento de los académicos e investigadores en materia económica y valorar las propuestas que hagan.

Díaz-Canel resaltó además el papel de la empresa estatal y su relación armoniosa con el sector no estatal, definido como complemento de la economía, a la cual tiene que aportar en un ambiente de legalidad.

Reiteró la vigencia de los conceptos planteados por el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista, General de Ejército, Raúl Castro Ruz, referidos a no gastar más de lo que podemos ingresar y no asumir compromisos que no seamos capaces de honrar en tiempo.

Plan de la economía 2019

Al cierre de 2018 se estima que la economía cubana muestre un leve crecimiento, según informó durante la reunión del Consejo de Ministros el titular de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández, quien destacó entre las actividades con mejores resultados las comunicaciones, el comercio, la industria manufacturera, la salud pública y otros servicios sociales. En tanto, otras como la industria azucarera, la agricultura, la construcción y las minas y canteras, quedaron por debajo de lo planificado.

La situación de la economía durante este año —precisó— ha estado determinada por una tensa situación financiera, en la cual ha influido el incumplimiento de los ingresos por exportaciones en un grupo de actividades como el turismo, la producción azucarera y los servicios médicos, a lo cual se unen las afectaciones ocasionadas en variados sectores por diversos eventos climatológicos.

A ello se suma un contexto internacional adverso, marcado por el recrudecimiento del bloqueo económico contra Cuba, particularmente la persecución en el sector financiero, como parte del retroceso que han experimentado las relaciones de Estados Unidos con Cuba.

En medio de esas tensiones —reseñó— la economía cubana no decreció y, por ejemplo, se cumple el plan de construcción de viviendas y al cierre del año se habrán concluido más de 29 mil, tanto por la vía estatal como por esfuerzo propio de la población.

Igualmente, aumentan los servicios de comunicaciones, entre ellos la telefonía móvil y el acceso a internet, entre otros.

Apuntó que para el año 2019 se ha conformado “un Plan realista y cumplible, que garantice el desarrollo y crecimiento, potenciando la utilización de las reservas internas. De la misma manera, está enfocado a respaldar programas priorizados, servicios básicos a la población y abastecimiento de los principales productos, con una mayor presencia en la circulación mercantil minorista de las líneas económicas.

Es prioridad —dijo— incrementar los ingresos por exportaciones y potenciar la industria nacional, con el objetivo de sustituir importaciones de bienes finales y fomentar la importación de bienes intermedios, insumos o materias primas para aprovechar mejor las capacidades productivas del país.

Otro frente de atención priorizada lo constituye el cumplimiento estricto del proceso inversionista y lograr que cada inversión sea capaz de responder con su rendimiento a la recuperación de los recursos financieros empleados, así como producir los beneficios que con ella se previeron.

La propuesta del Plan de la Economía para 2019 asegura los recursos dirigidos a incrementar producciones y programas de desarrollo en sectores como el energético, el turismo, la industria y la agricultura.

Se subrayó que el Plan del año próximo cumple con las premisas de no contraer más deudas de las que seamos capaces de pagar, garantizar el crecimiento del Producto Interno Bruto y no detener el desarrollo.
Presupuesto del Estado

Más adelante, Meisi Bolaños Weiss, viceministra de Finanzas y Precios, presentó el estimado del Presupuesto del Estado para 2018, dentro del cual se prevé un sobrecumplimiento de los ingresos brutos.

A continuación, expuso la propuesta de Anteproyecto de Presupuesto del Estado para el próximo año, sustentado en el principio de su carácter social y a partir del cual se respaldan las diferentes políticas sociales y los programas de desarrollo integral de las provincias y municipios.

Aseguró que, con respecto al estimado de 2018 se mantiene similar comportamiento de los gastos de las actividades presupuestadas, garantizando los servicios básicos a la población con especial atención en los sectores de Educación y Salud Pública, a los cuales se destina el 51 % del total.

Destacó que el Presupuesto del Estado ampara importantes políticas sociales como las pensiones y prestaciones de la seguridad y la asistencia social; así como el respaldo, entre otras, a las medidas sobre la dinámica demográfica; los subsidios a la venta de materiales de construcción y lo concerniente a la Tarea Vida.

Sobre los gastos destinados a las actividades no presupuestadas, mencionó la búsqueda de una mayor racionalidad y eficiencia en el sector empresarial y la necesidad de eliminar la nociva práctica de planificar el gasto con reservas.

De manera general, valoró que para lograr el cumplimiento riguroso y eficiente de las cifras proyectadas, todos los actores de la economía deberán movilizar las reservas que generen mayores aportes al Presupuesto e impregnar mayor control y racionalidad en el uso y destino del gasto presupuestario.

En el siguiente punto María del Carmen Pérez Hernández, directora general de la Entidad de Ciencia, Tecnología e Innovación Sierra Maestra, explicó cómo se ha dado continuidad a los proyectos que había gestado el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana durante sus últimos años de vida para investigar, desarrollar, innovar, producir y comercializar productos con impacto en las industrias agroalimentaria, farmacéutica, cosmética y otras.

Según puntualizó, desde el propio diseño realizado por Fidel, el principio fundamental para consolidar los resultados obtenidos en la investigación-producción de los diferentes proyectos experimentales ha sido el de mantener un esquema de ciclo cerrado, a partir del cual es posible implementar un programa de desarrollo productivo y comercial.

El desarrollo de proyectos científicos —dijo— incluye a todos los ministerios del país y se lleva a cabo con los líderes de instituciones científicas cubanas.

Señaló que en la Entidad se aprovechan las capacidades científico-tecnológicas creadas por la Revolución para alcanzar una mayor y mejor evolución en los proyectos, donde se incluyen la moringa como suplemento nutricional, las alternativas forrajeras de alto valor proteico, la sericultura, la producción de materia prima para la industria de concentrados y la sacha inchi. Varios de estos productos fueron mostrados durante la reunión.

El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros reiteró la prioridad que debemos darle a estos proyectos y subrayó que “dándoles continuidad a las ideas del Comandante en Jefe se ha logrado procesar materias primas y obtener productos que sustituyen importaciones, así como la fabricación a pequeña escala de otros nuevos”.


Salarios y concentración de riqueza en Cuba: tertulias y estadísticas


Por Pedro Monreal
30 de noviembre de 2018


El tema de la riqueza y de las desigualdades sociales se vigoriza a cada rato en el debate económico y político cubano. Es un tema muy importante, sin dudas, pero la intensificación del asunto no se debe a que aparezca evidencia nueva acerca de lo que muchos sospechamos que pudiera estar ocurriendo. En realidad, los datos públicos no son muy abundantes en Cuba en relación con ese problema.

El tema se reactiva porque ocasionalmente varios comentaristas abordan el asunto al unísono, aunque no necesariamente desde posiciones comunes. No digo que sea el resultado de “campañas”. Pudiera ser una casualidad. Quizás se trate del aprovechamiento de coyunturas. Los recientes debates sobre la reforma constitucional fueron un ejemplo de intensificación de las discusiones sobre desigualdad, pobreza, “nuevos ricos” y concentración de la propiedad. De hecho, el tema ha seguido discutiéndose en días recientes.

En realidad, la evidencia disponible en Cuba sobre la desigualdad no es suficiente para hacer un análisis razonado que permita cubrir todas las dimensiones del problema, pero sí parece ser suficiente para animar tertulias.

Las intenciones de muchos comentaristas pudieran ser loables, pero eso no cambia la ineficacia práctica de ese tipo de coloquios que no se apoyan en datos de la realidad. Supongo que queda claro que es el tipo de conversaciones imprecisas a las que no debería reconocérsele capacidad para informar adecuadamente procesos de tomas de decisiones concretas.

Pero vayamos a lo sustantivo: ¿Se ha medido –con datos oficiales- el nivel actual de desigualdad de la distribución del ingreso o de la riqueza en Cuba y sus tendencias en los últimos años?

La respuesta es simple. Tales mediciones no están disponibles para una serie de dimensiones del tema, probablemente para aquellas dimensiones que suelen ser las cuantificaciones más conocidas de la desigualdad.

En el caso de Cuba ni se conocen públicamente los estimados para índices como el de Gini o el de Palma, ni hay acceso abierto a los resultados de la Encuesta Nacional sobre la Situación Económica de los Hogares (ESEH) que permitiría a los especialistas disponer de datos suficientes para analizar el problema.

La implicación es que, sin esos datos, el análisis de la desigualdad se convierte en una tarea muy difícil. A falta de los datos adecuados los especialistas deber esforzarse entonces para trabajar con mediciones aproximadas. Eso ocurre más bien de manera excepcional. La mayoría de los comentaristas simplemente “hablan” sobre el asunto.

Los datos oficiales que han sido soslayados en el debate

Lo anterior se refiere al proceso de medición de la desigualdad desde la perspectiva de la distribución del ingreso entre las personas y hogares, pero existe otro ángulo desde el que también puede estudiarse la desigualdad: la llamada distribución funcional del ingreso.

Se trata del enfoque que se utiliza para analizar la distribución del ingreso entre los llamados “factores” de la producción (por ejemplo, tierra, trabajo, y capital). Es una perspectiva que surgió con la llamada Economía Política clásica (especialmente con David Ricardo) y que coloca el acento en el análisis de la relación entre la distribución del ingreso y la función de este en el proceso productivo y de formación de capital.

Es un enfoque que no solamente ha sobrevivido la prueba del tiempo y que está presente en diversas escuelas de pensamiento (desde el marxismo hasta el estructuralismo), sino que ha cobrado relevancia a nivel internacional en décadas recientes, a partir de la contracción experimentada en la participación de los salarios en el ingreso nacional, un fenómeno que se ha producido de manera amplia desde la segunda mitad del siglo XX. Existe abundante evidencia empírica que permite constatar una marcada trayectoria declinante de la participación asalariada en el ingreso en prácticamente todos los países industrializados desde comienzos de la década de 1980, un proceso que también se ha producido en los países subdesarrollados.

El peso de la masa salarial en el producto total generado por la economía (Producto Interno Bruto, PIB) es un indicador fundamental desde la perspectiva de la distribución funcional del ingreso. La distribución funcional de los salarios en el PIB proporciona una importante información –de cantidad y de calidad- acerca del reparto de las retribuciones al trabajo, en comparación con el capital y respecto a otros importantes actores económicos, como los gobiernos.

Como se observa, es una perspectiva próxima al análisis clasista de un sistema económico, aunque ello usualmente no se asuma. En ese sentido, llama la atención que quienes en Cuba afirman que se habría producido una repartición de riquezas desde los trabajadores hacia un grupo no muy bien definido al que se le denomina “nuevos ricos”, no hayan acudido a las estadísticas oficiales disponibles.

Paradójicamente, a pesar de que no se dispone públicamente de estadísticas oficiales sobre la distribución del ingreso entre familias e individuos, sí existe acceso abierto a la estadística oficial sobre la distribución funcional del ingreso en Cuba.

La información se encuentra en la tabla 5.18 “Relaciones entre los principales agregados de Cuentas Nacionales”, del Anuario Estadístico de Cuba. Este año se ha publicado de manera temprana la sección de Cuentas Nacionales del Anuario 2017, de manera que se cuenta con información para ese indicador, actualizada hasta el año 2016.

Había llamado anteriormente la atención sobre esta cuestión en un texto anterior. (1)

En esa ocasión expresé que es un dato que obliga a hacer una discusión cuidadosa porque esas estadísticas dificultan la aceptación de la tesis de que ha ocurrido en Cuba una modificación del patrón de distribución del ingreso nacional entre “nuevos ricos”, como un grupo social compacto de capitalistas, y los trabajadores asalariados, como otro gran grupo social, es decir, como clases sociales bien diferenciadas.

La estabilidad de la proporción de los salarios en el PIB cubano

La naturaleza del proceso de generación de ingresos a partir de la actividad económica se refleja en la cuenta de generación del ingreso del Sistema de Cuentas Nacionales. En la metodología internacionalmente utilizada, esta cuenta registra cómo se distribuye el valor agregado bruto entre los trabajadores, los propietarios del capital (incluida la tierra y otros recursos naturales), y el gobierno. Obviamente, en el caso de Cuba, el “capital” es mayoritariamente de propiedad social y es controlado por el Estado.

La estadística oficial cubana utiliza tres categorías principales de ingresos funcionales: (2)

Remuneración de trabajadores:  Equivale a los sueldos y salarios devengados por los trabajadores, las dietas y gastos en viaje de trabajo, y la contribución a la seguridad social.

Impuestos netos sobre la producción y la importación: Está referido a los pagos obligatorios de las unidades de producción al Presupuesto Estatal que se reflejan en los costos de adquisición de bienes y servicios tanto a fines intermedios como finales, deducidos los subsidios correspondientes a las actividades de producción y comercialización.

Excedente bruto de operación: Se estima deduciendo al PIB la remuneración de trabajadores y los impuestos netos sobre la producción y la importación. Comprende todos los demás ingresos generados por el proceso de producción, así como el consumo de capital fijo.

Existen al menos dos aspectos que deberían ser tenidos en cuenta cuando se utilizan estas categorías estadísticas en Cuba:
  • La “remuneración de asalariados” debe incluir tanto los ingresos de los empleados asalariados propiamente dichos como los ingresos de los “trabajadores autónomos”, que en la metodología internacional se definen como los que trabajan para sí mismos, siendo propietario individual o colectivo de los establecimientos o empresas no constituidas en sociedades en las que laboran. Estos trabajadores se dividen en dos grupos: los que tienen empleos remunerados, llamados empleadores, y los que no lo tienen, llamados trabajadores por cuenta propia, los cuales a su vez se dividen en dos: trabajadores a domicilio y por cuenta propia. Ese tipo de ingreso se clasifica como “mixto”. Hasta ahí la metodología internacional. Si esta se aplicase estrictamente al caso de Cuba esto significaría que, como no existen empresas privadas nacionales constituidas legalmente como sociedades, todos los “trabajadores autónomos”, tanto los propietarios como los que reciben un salario, reportarían sus ingresos como “remuneración de asalariados”. (3)
  • Las ganancias de los actores económicos institucionales, incluyendo las utilidades o beneficios de las empresas estatales, se contabilizan en la partida estadística “excedente bruto de operación”. En el caso de Cuba, al no estar legalizada la empresa privada nacional, los beneficios de los negocios privados que en realidad funcionan como empresas, pero que la persistencia de ilógicos eufemismos no permite contabilizarlas como tales, no se reflejan en esta partida estadística.
Si se utiliza una serie estadística que abarque el período de diez años desde 2018 a 2017, lo primero que debería destacarse es la estabilidad del peso relativo de la “Remuneración de trabajadores” en el PIB, en un rango aproximado entre el 30 y el 37%, incluyendo una reciente recuperación desde el punto mínimo alcanzado en 2013.




Fuente: ONEI. Anuario Estadístico de Cuba 2017 y Anuario Estadístico de Cuba 2013, tabla 5.18 “Relaciones entre los principales agregados de Cuentas Nacionales”.

Esa estabilidad también es posible apreciarla cuando se comparan los pesos relativos en el PIB de los tres indicadores de ingresos funcionales.







Fuente: ONEI. Anuario Estadístico de Cuba 2017 y Anuario Estadístico de Cuba 2013, tabla 5.18 “Relaciones entre los principales agregados de Cuentas Nacionales”.

En general, las estadísticas parecen indicar que la esfera salarial habría mantenido su peso relativo en el total de ingresos del país. Es decir, que, a diferencia de otros países donde el incremento de la desigualdad y la reducción de la participación de los salarios en el PIB han estado aparejadas, el eventual crecimiento de la desigualdad en Cuba parecería ser relativamente atípico pues no se habría comprimido la masa salarial en el producto nacional.
Sin embargo, en las condiciones de Cuba debe hacerse un análisis específico por dos razones principales:
  • El entorno de crecimiento que ha servido de marco de referencia mayor a la tendencia de estabilidad de la distribución funcional del ingreso, y
  • Las especificidades cubanas que están presentes en la construcción de los indicadores de distribución funcional del ingreso
Respecto al primer punto, es importante considerar que en condiciones de desaceleración económica o de relativo estancamiento económico –como es el caso de Cuba- la aparente estabilidad del peso de la “remuneración de trabajadores” en el PIB, e incluso sus incrementos en algunas fases, no tendría que implicar necesariamente una situación “robusta” de esos ingresos. El indicador del peso relativo de la “remuneración de trabajadores” en el PIB es un cociente cuyo numerador está compuesto por el producto del salario medio y el número de asalariados, y el denominador es el PIB. Es decir, “para los efectos del análisis económico será siempre necesario identificar los factores que explican el resultado consolidado de una mayor participación de los salarios en el producto”. (4)

En condiciones como las de Cuba, con muy bajo crecimiento económico y con reducción del número total de trabajadores, la relativa estabilidad del peso de la “remuneración de trabajadores” en el PIB –y su incremento desde 2013- pudiera haberse debido fundamentalmente a un incremento del salario medio, algo que en sí mismo no es suficiente para analizar problemas de distribución del ingreso. Habría que verificar este punto con un análisis específico.

El peso relativo del monto agregado de salarios en el PIB no implica forzosamente que todas las sub-categorías de quienes se clasifiquen como asalariados serán beneficiados homogéneamente por la estabilidad del indicador, ni por posibles incrementos del mismo, pues ello pudiera alcanzarse con mayores crecimientos del ingreso en algunos de los grupos.

Por esa razón es importante considerar el segundo punto antes mencionado: las especificidades cubanas en la construcción de los indicadores distribución funcional del ingreso.

Las particularidades de Cuba hacen que, a diferencia de otros países, la categoría estadística “remuneración de asalariados”, no sea suficiente en sí misma para poder establecer con precisión si una mayor participación de las remuneraciones en el PIB indica que los asalariados han logrado capturar una mayor proporción de las rentas generadas en el proceso de producción y que, por lo tanto, existiría una base incrementada de ingresos del trabajo a repartir entre los diferentes grupos de asalariados.

La razón de esa limitación de la utilidad que tiene en Cuba un indicador que funciona razonablemente bien en otras partes no es difícil de comprender: la persistencia de “ilógicos eufemismos para esconder la realidad” que distorsionan los registros estadísticos del país.

En esa partida estadística aparecerían hoy los salarios de los trabajadores estatales, los ingresos de quienes reciben un salario en la actividad de Trabajo por Cuenta Propia (TCP), y los ingresos de los propietarios de establecimientos, a una parte de los cuales se les denomina en Cuba, de manera imprecisa, “nuevos ricos. Todo eso amalgamado.

En otras palabras, la “remuneración de asalariados” no permite diferenciar, en el caso de Cuba, las divergencias entre el ingreso de trabajadores asalariados y los ingresos de una clase capitalista nacional. Todo parece indicar que las normas estadísticas actuales del país consideran tan “trabajador” a un obrero asalariado como al propietario de un negocio privado.

Conclusiones

¿Qué hacer entonces?

En el plazo inmediato, cualquier análisis -con un enfoque clasista- relativo a la distribución del ingreso no pudiera ser apoyado por uno de los tipos de evidencia estadística que se utiliza más ampliamente en otras partes (la categoría “remuneración de asalariados”).

En esas condiciones, el análisis de posibles procesos de polarización de ingresos entre trabajadores asalariados estatales y los llamados “nuevos ricos” tomaría inevitablemente la forma de un estudio de la distribución al interior de la esfera de la remuneración de asalariados, pero para poder hacer ese análisis se necesitaría información que no es proporcionada por el indicador “remuneración de asalariados”.

Una posible solución pudiera consistir en hacer estudios que permitiesen entender con precisión la composición del ingreso laboral correspondiente a los trabajadores por cuenta propia. Habría que separar, dentro del ingreso “mixto” de ese grupo, la parte correspondiente a “remuneraciones al trabajo” y la que refleja “retornos al capital”. El primer componente debería agregarse a la remuneración a los asalariados para obtener la verdadera participación laboral en el ingreso generado en la economía. Existen diferentes métodos para hacer ese tipo de estudios. (5)

Mientras continúe asumiéndose oficialmente en Cuba que las empresas privadas nacionales no existen, o que no deberían existir, esa ficción se reflejará en distorsiones estadísticas como las descritas anteriormente.

En un plazo mayor, suponiendo que finalmente se superen los eufemismos actuales, la legalización de la empresa privada nacional facilitaría una corrección de la compilación estadística en el sentido de que las ganancias del sector privado fuesen registradas en la partida “excedente bruto de operación”, posibilitando una mayor precisión en la utilización de la partida “remuneración de asalariados” para poder medir la manera en que la distribución funcional del ingreso opera en el modelo económico, social y político cubano.

Si se quiere conocer con precisión el poder de los “nuevos ricos” y sus tendencias habría que apoyar el análisis en este tipo de datos de la realidad. Quizás así, y con un poco de suerte, logremos superar el actual enfoque tertuliano que parece predominar en el debate sobre un tema tan importante como la desigualdad social en Cuba. Aunque sea para ahorrarnos las nuevas “teorías” criollas sobre la acumulación.

Notas

1 Ver, “Contando “ricos” y “pobres” en Cuba: ¿qué dicen los datos disponibles?”, blog El Estado como tal, 10 de agosto de 2018,  https://elestadocomotal.com/2018/08/10/contando-ricos-y-pobres-en-cuba-que-dicen-los-datos-disponibles/
2 ONEI. Anuario Estadístico de Cuba 2017. Capítulo 5 “Cuentas Nacionales”, http://www.one.cu/aec2017/05%20Cuentas%20Nacionales.pdf
3 Gustavo Vargas Sanchez, Introducción a la teoría económica. Un enfoque latinoamericano, segunda edición, Pearson- Prentice Hall, Ciudad de México, 2006.
4 Organización Internacional del Trabajo (OIT). Panorama laboral 2017. América Latina y el Caribe. Lima, 2017. https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—ro-lima/documents/publication/wcms_613957.pdf
5 Abeles, Martín, Verónica Amarante y Daniel Vega (2014), “Participación del ingreso laboral en el ingreso total en América Latina, 1990-2010”, Revista CEPAL, núm. 114, Santiago de Chile, CEPAL, diciembre, pp. 31-52. https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/37435/1/RVE114Amaranteetal_es.pdf



Mirando a través de las ventas de servicios médicos


LA HABANA. El 14 de noviembre, el gobierno cubano anunció mediante una declaración del Ministerio de Salud Pública la terminación de la presencia de médicos cubanos en Brasil, contratados como parte del programa “Mais Médicos”, concebido por la administración de Dilma Rouseff en 2013. El objetivo de ese programa es mejorar la atención de los usuarios del Sistema Único de Salud, especialmente en zonas donde la asistencia sanitaria era muy baja o nula. La participación de galenos cubanos fue posible a través de un proyecto de cooperación técnica entre la OPS/OMS y los Ministerios de Salud de Brasil y de Cuba. Los cubanos llegaron a representar casi dos tercios del total de profesionales contratados.

La retirada de los médicos cubanos no beneficia directamente a ninguna de las partes, con la probable excepción de los grupos que celebran cualquier acontecimiento que imponga restricciones adicionales al desempeño económico cubano, para inmediatamente destacarlo como una muestra más del fracaso del modelo económico de la Isla. La parte de la población brasileña atendida por los médicos cubanos verá su partida con preocupación, y con la incertidumbre que rodea su reemplazo. El gobierno brasileño tendrá que procurar la atención médica en zonas donde ya estaba garantizada. Los médicos cubanos y sus familias pierden la posibilidad de contar con ingresos más altos para mejorar sus estándares de vida. El gobierno cubano pierde su segundo mayor mercado para servicios médicos, y una fuente de ingresos significativos, muy valorados en las circunstancias actuales, cuando el país sufre la caída de ingresos externos y maneja una situación muy compleja en sus finanzas internacionales.

Esta columna no discutirá los méritos y debilidades de la decisión de las autoridades cubanas, aunque vale la pena señalar que la postura asumida por el presidente electo de Brasil no brindaba muchas esperanzas en términos de plantearse una renegociación seria de los términos del acuerdo inicialmente suscrito. Tampoco ahondará en los términos del acuerdo y su significado para los profesionales cubanos. Son ellos los que pueden determinar la pertinencia de las condiciones que reciben, y a través de las organizaciones que los deben representar, procurar la modificación de los acápites que no satisfagan sus expectativas.

La prestación de servicios médicos en gran escala, principalmente mediante el envío de profesionales (modo cuatro, de acuerdo a la clasificación de la Organización Mundial de Comercio) se convirtió en el principal capítulo de las exportaciones cubanas desde mediados de la década pasada. El primer gran acuerdo se suscribió con Venezuela, y a través del programa Mais Médicos, Brasil se convirtió en el segundo destino desde 2013. Los pagos recibidos a través de este último son recursos líquidos, mientras que en el caso de Venezuela se ha establecido un esquema de intercambio que valora conjuntamente los servicios prestados por Cuba y la importación de petróleo desde ese país.




El acuerdo establece que el gobierno brasileño paga por los servicios prestados por el personal cubano, de cuyo total una parte considerable se canaliza directamente hacia el gobierno cubano, y el porcentaje restante hacia los profesionales de la salud. Las transferencias anuales para el caso brasileño se han estimado en unos 250-300 millones de dólares.

Lo que puede resultar oportuno es discutir una estrategia económica en la que la exportación de servicios con estas características se ha convertido en un elemento clave. Esta relativamente reciente nueva “especialización exportadora” para Cuba, y para su proyección de desarrollo económico tiene implicaciones importantes para el desarrollo presente y futuro de la nación. En 2017, los servicios representaron casi el 81% de las exportaciones totales, un cambio notable respecto a 1990, cuando eran el 10%. Sin embargo, habría que ponderar que una buena parte de este resultado, se debe al colapso de los envíos de bienes (azúcar, níquel, tabaco, medicamentos), los que han aumentado el 2,8% anual desde 1994, menos de la mitad del ritmo mundial. Costa Rica, cuya población representa el 42% de la población cubana, exportó cuatro veces más bienes en 2017.

Entre 1994 y 2004, en un escenario externo muy hostil que incluyó las afectaciones al turismo internacional derivadas del ataque a las Torres Gemelas, el PIB cubano (de acuerdo a las cifras oficiales) creció como promedio el 3,2%. Entre 2005 y el año pasado, durante el despegue de las exportaciones de servicios “profesionales”, lo hizo al 3,6%. No es una gran diferencia, si se tiene en cuenta que el turismo siguió creciendo en este período, y sobre todo después de 2014 lo hizo a ritmos relativamente altos. Desde 2014, las ventas de servicios profesionales se han venido reduciendo anualmente.

Donde sí existe una diferencia es en la capacidad de estos servicios de estimular la actividad económica en el patio, a través de encadenamientos productivos y otros derrames. Los estudios realizados para Cuba confirman que esta capacidad de las exportaciones se ha venido debilitando sistemáticamente desde 1985, coincidentemente con el reemplazo de la industria azucarera como principal rubro exportador, primero por el turismo internacional y luego por los servicios profesionales. Si bien el turismo no se convirtió en la “locomotora” que muchos auguraron (sobre todo por deficiencias en el tejido económico doméstico), el arrastre de estos servicios es mucho menor.

El despegue de los servicios médicos ha estado vinculado desde sus inicios a contratos negociados como parte de acuerdos gobierno-gobierno, donde la sintonía política ha sido un elemento central. Esto ha sido beneficioso en ciertos aspectos. Por ejemplo, garantiza grandes volúmenes e inmediatez en la implementación. Además, tiene la garantía de los recursos fiscales del país de destino, y el respaldo gubernamental que permite sortear con relativa facilidad obstáculos regulatorios. Fue en su momento una gran oportunidad, porque permitía monetizar la gran inversión en formación médica que el país había realizado desde la década del sesenta. También era coherente con cierto estilo de concebir el desarrollo, dado que estos esquemas permiten que el Estado cubano capture la mayor parte de las rentas generadas, y pueda disponer de estas centralmente para llevar adelante su agenda de desarrollo económico-social.

Sin embargo, este proceder exhibe varias debilidades que cuestionan su contribución verdadera al desarrollo de la nación a largo plazo. Primeramente, tal y como han demostrado los últimos años, es una estrategia altamente riesgosa. Dado que depende de la sintonía política y los recursos fiscales, son altamente vulnerables a crisis políticas y económicas. Lamentablemente, los dos principales mercados para Cuba se han visto afectados por una combinación de ambas desde por lo menos 2013. Asimismo, la provisión estandarizada y uniforme de estos servicios por una única entidad cubana, limita significativamente la posibilidad de revelar las verdaderas ventajas del servicio prestado, y la generación de capacidades comerciales que posibilitarían la penetración de otros mercados en condiciones competitivas. Una solución más basada en las reglas de mercado prevalecientes constituiría una garantía en términos de la sostenibilidad de la relación.

Con la estructura actual, considerando las actividades de servicios profesionales, tabaco, níquel, y farmacéuticos, se puede estimar que el 5% de los trabajadores cubanos están vinculados al 66% de las exportaciones del país. Ello representa una enorme distorsión en términos del aprovechamiento de las capacidades de producción. Desafortunadamente, las últimas iniciativas de política económica no van en la dirección de crear un entorno que estimule la actividad productiva doméstica. Las restricciones adicionales al ejercicio del trabajo por cuenta propia y cooperativo no hará sino agudizar esta contradicción, incompatible con la construcción de un país próspero.

Hoy Cuba exhibe uno de los más bajos índices de exportaciones per cápita de América Latina, lo que tiene mucho que ver con sus problemas recurrentes de balanza de pagos. A la sombra de un modelo que tiene evidentes problemas para ofrecer un empleo de calidad a buena parte de sus trabajadores, progresan fenómenos como la economía informal, el contrabando de hormiga transfronterizo, la emigración; pero también la aparente necesidad de las autoridades cubanas de controlar directamente todas las fuentes de ingresos externos. La estrategia no ha funcionado hasta ahora. Quizá conviene prestar atención a otras alternativas.
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