
"La edificación de la nueva sociedad en el orden económico es también un trayecto hacia lo ignoto". RCR
Fidel
sábado, 29 de octubre de 2022
LATINDADD ante las Reuniones Anuales del FMI y Banco Mundial 2022

sábado, 23 de abril de 2022
Incertidumbre en la economía mundial en la reunión de primavera del FMI y del Banco Mundial
La primera consideración a realizar sobre los pronósticos del FMI para el 2022/23, en la reunión de primavera en Washington, es la corrección a la baja de la economía mundial para el presente y el futuro mediato, no solo por la continuidad de la pandemia por el COVID y nuevos brotes, sino por el impacto en la economía mundial de la guerra en Ucrania.[2]
El pronóstico para el 2022 se asume en el 3,6%, con China por encima, en el orden del 4,4% y la India con el 8,2%.
La región latinoamericana y caribeña aparece por debajo del promedio, alcanzando un 2,5%, y las dos más grandes economías de América Latina y el Caribe, creciendo por debajo, Brasil con el 0,8% y México con el 2%. Recordemos que la región es la zona más afectada por el COVID y la zona donde se verifica la mayor desigualdad en el ámbito global.
Para los países epicentro del conflicto bélico, se augura una caída del -8,5% para Rusia y nada menos que del -35% para Ucrania. A eso deben sumarse las sanciones generalizadas contra Rusia y variados apoyos de asistencia económica y militar a Ucrania, incluso financiamiento del FMI.
Lo cierto es que las sanciones contra Rusia, promovidas por EEUU y acompañadas por sus socios occidentales tienen impacto en la economía mundial, especialmente afectando a los sectores sociales y países más vulnerables.
Un detalle no menor, apunta a cambios que operan en el orden mundial, sea en el plano de la producción y de la circulación, especialmente en la esfera comercial, de servicios y específicamente financiero.
Las sanciones empujan nuevos alineamientos políticos y económicos, que al tiempo que debilitan la potencia hegemónica del dólar, agiganta la potencialidad de China en el campo económico y el bloque que involucra junta a Rusia a un conjunto de naciones sancionadas unilateralmente desde EEUU.
Por ello aparece el interrogante sobre cambios en el orden global y la titular del FMI remite a una situación de mutación desde fines de la segunda guerra mundial, momento de emergencia de la dominación estadounidense y del dólar en el sistema mundial, incluso, más allá de la bipolaridad y competencia entonces con la URSS (1945-1991).
Inflación y desaceleración de la economía
Resulta interesante considerar la preocupación del FMI sobre la evolución económica, centrada en el bajo crecimiento (desaceleración, y la elevada inflación.
La suba de precios, especialmente de alimentos y la energía golpea a los sectores de menores ingresos y a los países dependientes de la provisión externa de ambos.
Recordemos que la inflación es un mecanismo de transferencia de ingresos, por lo que no toda la población aparece castigada y así, el incremento de precios constituye salvaguarda para aquellos sectores que definen los precios en el mercado.
Para el caso, las transnacionales de la alimentación y la biotecnología y en el entramado petrolero y derivados.
Es una situación que amplía la potencia de producción de hidrocarburos hacia yacimientos más costosos, justificados ahora para un mayor precio, arriba de los 100 dólares el barril, que atiende lis elevados costos de explotación.
Al mismo tiempo, ante las restricciones productivas, se posterga cualquier intento de avance en la transición energética. Muy al contrario, se ratifica la producción en hidrocarburos y se potencian los efectos negativos sobre el medio ambiente y el cambio climático.
La inflación se eleva en todo el mundo, agravada por la guerra en Europa, pero que tiene arrastre en los intentos de recuperar la tasa de ganancia sobre la flexibilización del cierre económico por la pandemia.
En efecto, si el 2020 fue altamente recesivo por el cierre compulsivo de las economías en el mundo, la perspectiva de la vacunación y morigeración de casos supuso la recuperación del 2021 y un imaginario de sostenido crecimiento. Ese crecimiento privilegió la apropiación de ganancias por encima de los ingresos populares. Por eso, la reactivación impuso alzas de precios ante los desacomodos de la demanda con la oferta, según explicaron durante el 2021.
El presente, agudiza el problema y en el mensaje del pronóstico para este año, el FMI alude a una coyuntura de desaceleración e inflación. El impacto en territorio del conflicto es grave, por la especificidad productiva de Rusia y de Ucrania. En ese sentido, el FMI destaca:
“La guerra se suma a una serie de shocks de la oferta que han golpeado la economía mundial en años recientes. Como una ola sísmica, sus efectos se propagarán a lo largo y ancho del mundo, por vía de los mercados de materias primas y los vínculos comerciales y financieros. Rusia es un importante proveedor de petróleo, gas y metales, y, junto con Ucrania, de trigo y maíz. La reducción del suministro de estos productos básicos ha hecho que sus precios se disparen. Los importadores de materias primas en Europa, el Cáucaso y Asia central, Oriente Medio y Norte de África y la región de África subsahariana son los más afectados. Pero el alza de precios de los alimentos y los combustibles perjudicará a los hogares de menores ingresos de todas las regiones del mundo, incluidas las Américas y el resto de Asia.”
La desaceleración de la producción mundial es un fenómeno que viene de arrastre, incluso previo a la pandemia, con antecedentes en la crisis del 2007/09 e incluso a comienzos del siglo XXI, especialmente en EEUU.
En ese contexto, el FMI y la corriente principal en la disciplina económica inducen políticas de austeridad, al tiempo que favorecieron una gigantesca ampliación de la emisión monetaria y de la deuda pública y privada (empresas y familias). La realidad se manifiesta entonces como una gigantesca burbuja que debe sostenerse, de lo contrario, la explosión con las secuelas sociales conocidas, las que se anticipan con el crecimiento de la desigualdad y el empobrecimiento de millones de personas en el planeta.
Resultan curiosas las contradicciones en el discurso oficial, ya que por un lado se solicita austeridad, ajuste de cuentas públicas, pero ante el temor del conflicto social explícito, demandan atender con medidas fiscales, es decir, mayor gasto público, a los sectores más necesitados y afectados por las restricciones que impone la realidad de crisis más pandemia más guerra.
¿Qué se puede esperar?
Nada que suponga expectativas favorables para los pueblos y los más necesitados. La realidad es de aumento del gasto militar en desmedro de otros necesarios para resolver necesidades alimentarias, sanitarias, educativas, de reformas productivas contra el desempleo y la miseria social.
El propio gasto militar demanda incremento de presupuestos para el corto y mediano plazo, alejando toda capacidad de planeamiento público para atender demandas sociales insatisfechas.
La pregunta que recorre varios debates en el movimiento popular alude a la urgencia de instalar un rumbo alternativo, que dispute los recursos públicos para otro orden económico, político, social y cultural.
En sí mismo supone avanzar contra la lógica del capital y su objetivo de ganancias, acumulación y poder, para sustituirlo por una organización económica y social de cooperación, solidaridad, autogestión y organización comunitaria.
Se trata de una visión que solo puede materializarse si gana consenso masivo en gran parte de la población, en cada país, región y en el mundo. Es una cuestión que volverá a aparecer en el cónclave del Foro Social Mundial que se inaugura el próximo 1 de mayo con una movilización callejera en la Ciudad de México.
Buenos Aires, 23 de abril de 2022
[1] Doctor en Ciencias Sociales, UBA. Profesor Titular de Economía Política, Facultad de Derecho de la UNR. Integra la Junta directiva de la SEPLA.
[2] FMI. INFORMES DE PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA MUNDIAL, abril 2022, en: https://www.imf.org/es/
Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP
Montevideo 31, 2º Piso CP 1019ABA. Ciudad de Buenos Aires.
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miércoles, 22 de septiembre de 2021
¿FMI y Banco Mundial alteran los rankings fake de sus índices globales?

martes, 6 de abril de 2021
¿Es posible seguir el ejemplo estadounidense?
Cuando todavía persiste la incertidumbre sanitaria y económica, se empieza a mensurar el rebote de la economía mundial, lejos de recuperar la tendencia, pobre, por cierto, previa a marzo del 2020. Una de las incógnitas es para cuándo podrá recuperarse esa perspectiva de crecimiento en el capitalismo global. Todo indica que involucrará todo un lustro desde la emergencia de la pandemia y el cierre planificado de las economías nacionales y la circulación mundial del producto. El horizonte apunta hacia el 2024/25. Esa es la razón, pese al rebote económico “diverso”, como sostiene el FMI, que muchos organismos internacionales y economistas en posiciones estatales estén preocupados por sostener el financiamiento público de la recuperación.
Remito al FMI, entre otros, que promueve no desatender la intervención fiscal para contener impactos regresivos y por supuesto, cualquier esbozo de conflictividad social. Como no somos inocentes, aclaramos que estas consideraciones de los organismos internacionales son convergentes con las preocupaciones tradicionales apuntadas al ajuste y a las reformas estructurales que favorezcan la tasa de ganancia. Al tiempo que se atiende el gasto social en la coyuntura, avanzar en reformas de fondo, caso de los regímenes laborales y previsionales. Se trata de flexibilizar y si se puede derechos sociales, sindicales, laborales, históricamente conquistados, revertiendo la situación derivada del momento definido por el “estado benefactor”.
Es el caso también de Yanet Yellen, la Secretaria del Tesoro de EEUU que lleva en estas horas a la reunión conjunta del FMI y del Banco Mundial, como al G20, la propuesta de una iniciativa global para grabar a las corporaciones transnacionales. El hecho es la reducción tributaria impulsada por la administración Trump, bajando la imposición a las ganancias corporativas del 35 al 21%. La gestión Biden pretende recuperar posiciones y establecer una tasa del 28%. Ante la amenaza de retiro de esas empresas y la búsqueda de territorios favorables a la no imposición (paraísos fiscales, entre otros), se pretende generalizar la iniciativa al mundo. Leemos en la prensa los dichos de la Secretaria del Tesoro[1]:
"todavía es demasiado pronto para hablar de victoria", por lo que los países tienen que continuar con "el fuerte esfuerzo fiscal y evitar retirar el apoyo demasiado pronto para promover una recuperación sólida" y ayudar a evitar la aparición de desequilibrios globales.”
Viene de lejos la tendencia a imposiciones regresivas para mejorar la perspectiva de los inversores de capital. Hace años que se discute en el sistema mundial la reversión de esa lógica tributaria favorable a los capitales más concentrados, que son los que más ganancias acumulan. Es posible ver el fenómeno actual en las empresas tecnológicas, caso de la expansión del comercio electrónico mediado por las restricciones en tiempos de pandemia. Con motivo de la innovación se promovieron oportunamente reducciones impositivas para favorecer esos desarrollos empresarios que evolucionaron a grandes conglomerados transnacionales. Esos beneficios impositivos debieran revertirse o suspenderse para la contribución a la emergencia, especialmente ante la dimensión de la valorización y ganancias de esas empresas por un lado y la recurrencia de nuevos brotes de contagios y muertes por un virus que es por ahora no controlable. Son gigantescas las ganancias de las empresas que operan la virtualidad en el contexto 2020/21.
Claro que EEUU tiene sus propias razones para elevar impuestos, como sostiene Yellen. Podemos ver detrás la necesaria financiación de un proyecto de renovación de infraestructura de unos 2 billones de dólares. El tema se discute en el parlamento estadounidense, al tiempo que profesionales como Paul Krugman discute desde su columna regular en el New York Times la ampliación de la categoría “infraestructura”, como algo mucho más allá de “puentes y caminos”. La propuesta del Nobel de Economía 2008 apunta en el mismo sentido de la Secretaria del Tesoro: apoyar monetariamente todo lo que sea necesario a los efectos de no cometer los errores del 2008, que restringió el salvataje solo al gran capital concentrado y en general asociado al mundo de las finanzas. Hoy la preocupación es por sostener el complejo entramado productivo que involucra a pequeñas empresas y a millones de personas afectadas por la emergencia.
Se trata de salvar al capitalismo. Incluso, si leemos atentamente las proyecciones de la Reserva Federal sobre la economía estadounidense, observamos el rebote 2021, pero también la tendencia a la ralentización en los años siguientes. Dice la FED que el crecimiento previsto para el 2021 es del 6.5%, pero la previsión para el 2022 baja al 3.3% y más aún en el 2023, con un pronóstico del 2.2%.[2] No está asegurada la perspectiva de superación de la fuerte caída del 2020, que arrastraba ya una lenta recuperación de la crisis del 2007/09. Por eso, la política económica de EEUU, según la fuente mencionada, sustenta en la coyuntura un salvataje generalizado para defender la posición relativa en la economía mundial y un repunte con objetivo de retomar un desempleo del 3,5% para el 2023 en un marco inflacionario del 2%. Por eso necesitan que las corporaciones tributen y contribuyan a sostener la gallina de los huevos de oro. Es que, si las corporaciones trasnacionales no tributan, solo queda afectar los ingresos populares, alicaídos por la situación de emergencia y eso puede generar conflictividad. La variante de la emisión está fuertemente usada, tanto como la del endeudamiento y existe incertidumbre sobre cuanto estirar la cuerda entre ingresos populares y ganancias en sus diversas formas de beneficio empresario o renta.
El temor de los intelectuales sistémicos es retroceder al tiempo de la estanflación que Reagan combatió con reestructuración y ajustes estructurales de los ingresos populares y una mayor explotación de la fuerza de trabajo. Por eso habrá que pensar en tensar la cuerda contra las ganancias y a favor de los ingresos populares, para lo cual habrá que encarar transformaciones estructurales que afecten la lógica de producción y reproducción del capitalismo.
[1] EE UU pedirá en el G-20 armonizar el impuesto de sociedades a nivel global, en: https://cincodias.elpais.com/
[2] FED. Resumen de las proyecciones económicas del 17 de marzo del 2021, en: https://www.federalreserve.
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