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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

viernes, 19 de enero de 2018

Banco Metropolitano promueve nuevos cajeros recicladores de pesos cubanos (+ Video)

En este artículo: Banco Central de Cuba, Cuba, Economía, Servicios
19 enero 2018 
Para minimizar el empleo de efectivo y las colas en las sucursales, el Banco Metropolitano (Banmet) promueve, entre otros productos, el uso en La Habana de los siete cajeros recicladores existentes, cuya principal función es el depósito de efectivo en pesos cubanos (CUP).
De acuerdo con Julio César Reyes, director general de Banca Electrónica de esa entidad, si bien desde la incorporación el año pasado de tales equipos se contabiliza un incremento gradual de las transacciones, aún resulta insuficiente ante el número de clientes potenciales en la capital.
Puntualizó que en la actualidad las tarjetas magnética activas emitidas por el Banmet suman alrededor de un millón 900 mil, operativas en CUP y un grupo en pesos convertibles.
Reyes destacó que con el objetivo de seguir ampliando esa capacidad, el banco estimula ahora a quienes poseen cuentas de ahorro soportadas en libretas para que soliciten una tarjeta magnética.
El cajero reciclador permite reducir la frecuencia de reposición de circulante, pues dispensa el efectivo que recibe como ingreso, en tanto representa una ventaja para el cliente al ser una operación rápida, sin necesidad de acudir a las ventanillas de las sucursales.
Presentes solo en la urbe habanera, los siete equipos se encuentran ubicados en la calle O’Reilly, esquina Compostela (La Habana Vieja); Galiano y San José (Centro Habana); Mayía Rodríguez y Mónaco (10 de Octubre); Ayestarán y 19 de Mayo (Cerro), y en la Avenida 49, esquina 120 (Marianao).
Otros dos están instalados en el municipio de Plaza de la Revolución, en la calle Línea entre Paseo y A, y en 23 y Montero Sánchez, precisaron directivos del Banmet.
Según datos aportados recientemente por el Banco Central de Cuba, en el país hay 920 cajeros automáticos distribuidos en todas las provincias, y La Habana agrupa la mayor cantidad con 527; en tanto existen tres millones 800 mil tarjetas magnéticas.
(Con información de ACN)

El PIB y la circulación minorista


La parquedad de cifras de la presentación del informe referido al comportamiento de la economía cubana en 2017 (Cabrisas, 2017) autoriza múltiples lecturas. La que ahora se ofrece se sustenta en un modelo econométrico validado empíricamente y que se resume al final para el lector interesado.
Las cifras ofrecidas referidas a algunas ramas de los sectores “Producción de bienes” y “Servicios básicos” (transporte y comunicaciones 3,0%; agricultura 3,0%, y construcción 2,8%) no permiten sacar conclusiones respecto al crecimiento del Producto, dado que el impacto en dicho crecimiento de las variaciones anuales de ambos sectores no han sido las de mayor peso, tal como se observa en el gráfico siguiente.
De hecho el sector “Producción de bienes” en algunos años presenta variaciones inversas a las del Producto, y lo que es más importante, no se observa la estabilidad necesaria en las variaciones relativas de ambos indicadores, para poder extraer conclusiones estadísticamente válidas sobre el comportamiento esperable de  la variación del PIB, basadas en la variación positiva del sector que aglutina la producción de bienes, al menos esto es lo que proyectan los dos gráficos siguientes.
Con respecto a la rama del turismo, el apelativo del indicador se presta a confusión, asumiendo que el incremento de 4,4% refiere a los ingresos asociados a ese sector es necesario tener en cuenta lo siguiente: el turismo influye en el crecimiento del producto dado su relevante aporte a los ingresos por exportaciones de bienes y servicios, lo cual contribuye a financiar los flujos de importaciones que son los que impactan, directamente, en el crecimiento del producto doméstico en el caso de la economía cubana, amén de lo que enseñe cualquier identidad escolástica de equilibro. Pero, al parecer, en 2017 las importaciones no crecieron o se estancaron. En el informe económico del año solo se dice que este flujo tuvo “afectaciones”, pero no se ofrecen cifras.
Las relaciones directas entre las variaciones de los ingresos asociados al turismo y las del Producto no aportan mucho criterio explicativo, se trata de relaciones inestables y estadísticamente poco relevantes, como se muestra en el siguiente panel de gráficos.
Por otro lado, solicito al lector que preste atención a la diferencia entre la tasa de crecimiento de los visitantes por turismo, 11,9%, y la de los ingresos asociados a este sector, 4,4%, en 2017. En realidad, en este año se constata un decrecimiento de la variación por ingresos asociados al turismo de algo más de la mitad con respecto al 2016, como se observa en el segundo gráfico del panel anterior.
Desde las ventanas de los sectores productivos no se puede, entonces, ver mucho del crecimiento de 1,6% del PIB en 2017; tampoco desde la azotea soleada del turismo. Sin embargo, paradójicamente, se puede mirar mejor el panorama desde la acera de la circulación mercantil minorista.
Del informe del ministro de Economía a la Asamblea Nacional del Poder Popular, se deduce que la circulación mercantil minorista aumentó en 3,8%, (3,818%), esto es 14,6% por encima de lo que se había planificado para esta tasa, 3,3%, según constaba en el plan económico elaborado un año antes (Cabrisas, 2017).
Un porfiado modelo econométrico nos dice, sin embargo, que la tasa de crecimiento de la circulación mercantil tuvo que ser del 7.6%, exactamente el doble de la señalada por las cifras oficiales, si el crecimiento del PIB fue de 1.6% y se partió de una tasa inicial del PIB de -09%. Para resolver la discrepancia se pudiera asumir que la circulación minorista aumentó en productos y alimentos que se le adicionaron a la circulación en 1 190 millones de pesos, de auerdo con el crecimiento de 3,8% señalado por las cifras oficiales, y en otros 1 190 millones solo por precios, para alcanzar una variación total de 7,6% que es la que corresponde a un crecimiento de 1,6% del PIB.
Otra manera de expresar el mismo asunto es: según el modelo, si la tasa del PIB fue negativa en 0,9% en 2016 y la circulación minorista aumentó en 3,8% en 2017, entonces el PIB creció en 0,8% en 2017. Si las cifras oficiales dicen que el crecimiento fue de 1,6%, pues la mitad que exactamente le falta se puede atribuir a un crecimiento implícito de precios que no ha sido detectado por los deflactores.
En la solución de discrepancias entre lo esperado y lo oficial se debe siempre tener presente que el modelo únicamente expresa una relación coherente de los comportamientos de variables; no que el crecimiento de la circulación mercantil pueda ser el pivote del crecimiento del PIB, por mucha venta en bares y restaurantes que pueda haber noctambulado a lo largo del año, como disfrute de una capa minoritaria de la población que concentra el ingreso que otros muchos generan.
El modelo nos dice entonces que, implícitamente, las cifras oficiales expresan que al menos 0,8 del crecimiento de 1.6% del PIB, o sea la mitad, es crecimiento de precios. Pero tal recoveco no es lo suficiente amplio si se quiere ser riguroso; en realidad, si las importaciones no crecen, el PIB no puede crecer, es un asunto de la estructura actual de la economía cubana.
En rigor, la inflación implícita que, al parecer, en el caso de la economía cubana no logra emerger por ninguna técnica de “deflactación”, debe rondar 7,6%, y es este el resultado que se obtiene cuando se fermenta al PIB en 1,6% sin levadura importada y en la misma caldera agrietada en la que crecen, virulentamente, los precios de la circulación mercantil minorista. Frente a tal engorrosa cifra del crecimiento del PIB, otra más modesta de 0,8% sería un paliativo estadísticamente aceptable y defendible que no debería avergonzar, sino, por el contrario, enorgullecer, por el enorme esfuerzo de todos los trabajadores que implicó alcanzarla en la compleja situación en la que se desenvolvió la economía cubana en el año que ya concluyó.
En base a los criterios señalados, el crecimiento propuesto de 2% para 2018 no parece difícil de alcanzar. Como ya se señaló, los incrementos positivos de las ramas productivas no son, precisamente, la condición para lograrlo, aunque sea una verdad de Perogrullo la importancia que ello tiene para un real y sano crecimiento del Producto. Por lo pronto, las cifras que se ofrecen del plan para el venidero año no abarcan todos los sectores, lo cual impide una evaluación sistémica del plan; pero algunas cosas, sin embargo, se pueden entresacar.
Se prevé que las actividades de construcción crezcan 12%  en 2018 (Cabrisas, 2017), lo cual, sin dudas, es un salto de envergadura. Para poder relativizarlo se elaboraron dos gráficos, en el primero se presentan las tasas de crecimiento anuales del sector desde 2007 hasta el presente y se incluye también la cifra propuesta para 2018, que entonces destaca como la segunda por su dimensión en once años. La situación secuencial de los últimos años es entonces: en 2016, el sector decreció 4,6%, en el año finalizado aumentó 2,8%, y se proyecta 12% de crecimiento para el próximo, en un plan fundamentado.
Una mejor perspectiva la ofrece quizás el segundo gráfico: este expresa números índices para igual período, tomando como base el año 2015, en el cual las actividades constructivas alcanzaron un mayor monto de valor. La conclusión que se desprende del último gráfico es inequívoca, los recursos de todo tipo: cemento, áridos en general, materias primas, aditamentos constructivos, combustible, etc., tendrán una disponibilidad igual o mayor en 2018 que en el año base, y lo mismo debe ocurrir con los equipos y maquinarias. Es esperable, además, que los niveles de organización y eficiencia mejoren ostensiblemente en el sector y que también aumente, por cualquier medio, la capacidad laboral constructiva del país.
Un 12% de crecimiento de las actividades de construcción es una meta ambiciosa. Ahora bien, si esta no se puede alcanzar, no necesariamente el crecimiento de 2% del PIB estaría en peligro. En efecto, se ha planificado un aumento de la circulación mercantil minorista de 7,4%% (Cabrisas, 2017), que es más o menos coherente con un crecimiento del Producto de 2%. Se invita al lector a que compare tales cifras con las que proyectó el modelo de estimaciones econométrico para 2017.
Si se toma como cifra del crecimiento del Producto para 2017 la oficial de 1,6% y se asume un crecimiento de la circulación mercantil minorista de 7,4% para 2018, el modelo egresa un crecimiento de 2,7% para este último año; pero si en vez de ello se toma como punto de partida un crecimiento en 2017 de 0,8%, entonces el modelo arroja 2,1% como crecimiento del PIB para el año recién comenzado.
En 2018 el crecimiento de la circulación mercantil minorista se planifica para 7,4%, algo que obviamente se reflejará en un alza de precios, se proyecta entonces un  rango de variación del PIB entre 2% y 2,7% para 2018. No es difícil darse cuenta de que propiciar un aumento del PIB cercano a 2,7%, acudiendo a la inflación implícita, y registrar solo una variación de 2%, permite compensar, estadísticamente, las desavenencias del crecimiento del indicador en 2017 y la de 2018, cuya medida es, en ambos casos, precisamente, 0,8%. 
La connotación de un incremento del  PIB anclado a la circulación mercantil minorista es algo que desborda la interpretación estrictamente económica y no es el tema de la planificación y la evaluación del crecimiento real de la economía cubana que ahora se aborda.
2018 será entonces un año muy difícil para la economía de país, presionada sobre todo por los desbalances acumulados de su sector externo, y también lo será para la sociedad cubana, agobiada por las restricciones inevitables de las importaciones que sostienen parte de su consumo y por el alza de los precios; pero el crecimiento planificado del PIB, con independencia de lo que ello verdaderamente signifique, se podrá cumplir.

Modelo Econométrico: Serie de tiempo 1990-2016

LPIBr =  + 0.7333*LPIBr_1 - 0.06137*I:1991 - 0.04997*I:1993 - 0.07326*I:1996
(SE)      (0.0151)         (0.0122)         (0.0112)         (0.00929)     
         - 0.04045*I:1998 + 0.1241*I:2001 + 0.06695*I:2005 - 0.02193*I:2014
          (0.00942)        (0.00971)       (0.00984)        (0.00939)     
         + 0.6314*I:2016 + 0.08897*S1:1991 + 0.06608*S1:2001 - 0.06622*S1:2002
          (0.15)          (0.0114)          (0.01)            (0.0106)       
         + 0.7557*S1:2015 + 0.2107*LCMERcorr
          (0.146)          (0.0122)
sigma               0.0104924  RSS             0.00132109217
R^2                  0.999425  F(11,12) =     1895 [0.000]**
Adj.R^2              0.998897  log-likelihood        83.6337
mean(LPIBr)           10.4439  se(LPIBr)            0.315924

AR 1-2 test:      F(2,10)   =  0.42057 [0.6678] 
ARCH 1-1 test:    F(1,22)   =  0.44650 [0.5110] 
Normality test:   Chi^2(2)  =   2.5331 [0.2818] 
RESET23 test:     F(2,10)   =  0.33206 [0.7251]  

Cuba y su economía: 2017-2018, una valoración preliminar

La caída de la economía en 0,9% durante 2016 produjo un fuerte impacto negativo ya que la economía se había mantenido creciendo ininterrumpidamente desde 1994. Esto fue el resultado de un conjunto de factores, pero el fundamental fue la reducción de alrededor de 40% de las entregas de petróleo de Venezuela. Esta coyuntura obligó a la compra de unos cien millones de dólares de combustible, a pesar de lo cual no se logró compensar el descenso de las entregas venezolanas. Adicionalmente, se produjo una reducción de 16,3% en la exportación de bienes y servicios y, en octubre, el país fue azotado por el huracán Matthew, que produjo afectaciones en más de 46 706 viviendas y pérdidas estimadas en 2 430,8 millones de pesos.
Para 2017 se había previsto alcanzar un crecimiento de 2% en el PIB, sustentado en un fuerte impulso del gasto público, que incluyó un aumento de 26% de las erogaciones para sustituir importaciones y 49% de incremento de los gastos en inversiones, lo cual llevó a elevar el déficit fiscal a 12% del PIB.[1]
Durante el primer semestre del año se logró un crecimiento de 1,1% en el PIB, en lo cual incidió el incremento del turismo —con un aumento de 22,5% en los visitantes al cierre de junio—; a lo que se añadió el incremento de las producciones agrícolas no cañeras, las construcciones, así como el transporte y las comunicaciones.
Sin embargo, ya al cierre del primer semestre, se reportaba una reducción de 13% en los embarques de petróleo y derivados provenientes de Venezuela, en relación con igual de período del año precedente. Por otra parte, se informaba un descenso de los ingresos externos previstos de 417 millones de dólares, incluyendo el incumplimiento del plan de exportación de azúcar.
Los modestos resultados alcanzados, suponían un esfuerzo adicional en el resto del período para lograr 2% de incremento en el PIB. Sin embargo, nuevos obstáculos se enfrentaron a partir del mes de julio.
El más importante de todos fue el huracán Irma, que azotó Cuba en los primeros días de septiembre. En su cruce por doce provincias, el meteoro cobró la vida de diez personas, afectó 179 534 viviendas; dañó unas 2 900 instalaciones educacionales y de salud, y produjo pérdidas estimadas en 13 185 000 pesos; el mayor impacto causado por este tipo de evento en la historia reciente del país.
Estas pérdidas de activos tendrán que ser amortizadas durante varios años y, aun cuando los recursos adicionalmente invertidos en la recuperación se suman al nuevo valor creado en el último trimestre, las pérdidas corrientes incidirán de forma negativa en la actividad económica del país.
De tal modo, el país logra un incremento del PIB de 1,6% en 2017, apoyado en el crecimiento del turismo —su aporte aumentó a 4,4%, con un incremento el número de visitantes de aproximadamente 16,5%—; de la agricultura —3%, fundamentalmente en viandas y hortalizas, pero con caídas en leche y huevos—; del servicio de transporte y las comunicaciones —igualmente 3%, con notables carencias en las cargas transportadas por ferrocarril—; y del sector de la construcción, que aumentó 2,8%. Por otra parte, el plan de inversiones alcanzó a cumplirse al 90,8% solamente, aunque se observó un incremento en el financiamiento comprometido por la inversión extranjera directa (IED), que se estima acumuló unos 700 millones de dólares este año, con lo que se llegó a los 2 000 millones desde la emisión de la Ley 118 en 2014.
Los sectores reseñados oficialmente como los de mejor desempeño, representan solo 26% del PIB, por lo que el incremento de ramas de los servicios como el comercio, y de otros sociales básicos, debe haber incidido también positivamente en alguna medida para lograr globalmente el 1,6% ya apuntado, pero para ello debe contarse mayor información que la disponible en estos momentos.[2]
Finalmente, en 2017 se registran como elementos negativos para la economía cubana una política de mayor agresividad hacia nuestro país, puesta en práctica por la Administración Trump a partir del 16 de junio, cuyos primeros impactos comienzan ya a apreciarse, que se suman a un bloqueo que ya acumula daños para Cuba superiores a 130 mil millones de dólares.
También se mantuvo un nivel de impago de la deuda de corto plazo, lo que ha provocado crecientes dificultades para el flujo de importaciones del país, aun cuando se cumplen los compromisos de pago de la deuda externa renegociada.
 II
Las perspectivas para 2018 suponen alcanzar un crecimiento de 2% en el PIB, manteniendo un fuerte gasto público, lo que representa un déficit fiscal de 11,4%. Los crecimientos sectoriales más significativos deben ser de 12% en las construcciones; 6,7% en el comercio y 4,2% en el turismo, donde se espera recibir unos cinco millones de visitantes. Deben crecer igualmente las exportaciones y las importaciones, y mantenerse un balance comercial positivo mínimo de 54,8 millones de dólares. El plan de inversiones debe elevarse a 10 800 millones de pesos y de ellos se estima la IED en unos 600 millones de dólares. Finalmente, el salario medio se espera crezca 2,2%, mientras que la productividad debe aumentar 2,8%.
2018 se mantendrá como un año de fuertes presiones financieras y —tal y como se anunció— los esfuerzos se concentrarán en las prioridades de las prioridades, tratando de no afectar los servicios básicos de la población.

Foto de portada: FernandoMedina/Cubahora