Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

lunes, 27 de noviembre de 2017

Cuba comienza cosecha de azúcar castigada por problemas climáticos

Por Marc Frank

LA HABANA (Reuters) - El primero de los 53 ingenios azucareros de Cuba comenzó lo que se espera sea una pobre cosecha, tras 18 meses de sequía a los que siguieron los daños a las plantaciones y los molinos provocados por el huracán Irma en septiembre.

La estatal Radio Reloj anunció el domingo que el ingenio Boris Luis Santa Coloma, en la provincia occidental de Mayabeque, había comenzado la cosecha de azúcar, que normalmente va desde noviembre a mayo.

Cuba produjo 1,8 millones de toneladas brutas de azúcar en la cosecha 2016-2017, en comparación con 1,5 millones de toneladas la temporada anterior.

Según la Organización Internacional del Azúcar, vendió 1,1 millones de toneladas al extranjero en 2016-2017, lo que lo convierte en el octavo exportador mundial.

Azcuba, el monopolio azucarero estatal, ha dado pocas perspectivas para la próxima cosecha, excepto que será inusualmente complicada por la escasez de caña y los daños por tormentas. Los afiliados provinciales de Azcuba han instado a los trabajadores y agricultores a esforzarse más.

Pero una recopilación de anuncios e informes de medios de comunicación de algunas de las 13 provincias productoras de azúcar de Cuba sugiere que la cosecha 2017-2018 probablemente estará entre 1,5 millones y 1,8 millones de toneladas.

El centro de la isla fue particularmente golpeado por los problemas climáticos y existen planes ambiciosos en el resto del país para compensar la pérdida, pero esos propósitos rara vez se cumplen en Cuba.

El azúcar fue durante mucho tiempo la principal industria y exportación de Cuba, con una producción que alcanzó un pico de 8 millones de toneladas en 1991, pero hoy está por detrás del turismo, el tabaco, el níquel, y los productos farmacéuticos.


Reporte de Marc Frank; editado en español por Javier López de Lérida

Desde este lunes, circula el E12, primer ómnibus ecológico en Cuba

27 noviembre 2017 


E12, primer ómnibus ecológico en Cuba.

En la mañana del miércoles pasado, el primer ómnibus puramente eléctrico en Cuba debió iniciar su servicio a la población desde la terminal Palatino. Sin embargo, por la necesidad de realizarse otras pruebas técnicas, se decidió aplazar su comienzo para el este lunes 27 de noviembre, en la ruta 18, explicó vía telefónica su chofer, Daniel Ríos Santos.

El funcionamiento en el país de un vehículo con tales prestaciones, ha generado cierta expectativa y polémica en la población, relativa a su factibilidad en el archipiélago, dada la situación del clima, el sistema vial y las indisciplinas sociales existentes.

Apunta el gerente de ventas de la sucursal de la empresa Yutong en Cuba, Jesús Zhou, que esa compañía China está presente en la Mayor de las Antillas desde el año 2005 y cubre casi la totalidad del transporte urbano e interprovincial, por lo que tienen una elevada experiencia y conocimiento acerca de la realidad cubana. Por ello, el ómnibus E12 fue preparado de acuerdo a las características y condiciones del país.

La guagua estará limitada a una velocidad de 69 km/h, suficiente para transitar por las calles habaneras. Posee neumáticos Michelín preparados para la circulación en la ciudad, pues carecen de cámara interna, hecho que garantiza que, en caso de pincharse, pueda recorrer hasta 30 kilómetros antes de perder completamente el aire, sin sacar el objeto cortante. En esa ruta de 22,5 kilómetros en total, el ómnibus pudiera salir ponchado del paradero y regresar perfectamente.


Además, la guagua trae incorporado el sistema ABS+EBD, el cual permite ajustar automáticamente la fuerza de freno de cada goma.

La carga es una de las prestaciones de avanzada, pues con un generador de 380 Voltios (adaptado en Cuba por especialistas chinos), se puede alimentar las baterías del vehículo mediante un cable de alta tensión. Las baterías tienen ocho años de garantía y, una vez cargadas completamente, posibilitan que pueda recorrerse entre 250 y 300 kilómetros. Subraya Daniel, que también tienen incorporado un sistema de auto recarga o recuperación de energía, pues mediante las acciones de desaceleración y frenado, convierten la energía cinética en eléctrica.

Respecto a las especificaciones técnicas, el ómnibus cuenta con un espejo retrovisor cubierto por una membrana calentadora eléctrica, que evita los efectos de la lluvia y resiste elevadas temperaturas.

El cubículo del chofer tiene un sistema que hace mucho más panorámica y sencilla la lectura del tablero de mando, a través de una pizarra eléctrica LCD que ofrece toda la información del vehículo.


Expresa Daniel que el volante se adapta a las necesidades y fisonomía del conductor, así como el asiento, el cual es ergonómico, o sea, tiene memoria del peso de la persona que se sienta, por lo que recuerda su altura y distancia cuando lo vuelva a utilizar.

Una de las principales atracciones es la cámara ubicada cerca de la puerta trasera, cuya imagen se divisa en la pantalla de la pizarra de la cabina de conducción, y tiene como objetivo fundamental indicarle al chofer acerca de la subida y bajada de los pasajeros.

Explica otra gerente de ventas de la sucursal de la empresa Yutong en Cuba, Sara Zheng, que la cámara tiene un sistema de visión que puede ajustar el nivel de luminosidad según el horario (día o noche), y también girar el ángulo de enfoque.

Las puertas tienen incorporado un sistema sensorial que les impide cerrar una vez que existe un objeto o una persona que las bloquee, de modo que no maltratan al personal.


El vehículo, de 12 metros de largo, 2,5 de ancho y 3,2 de altura, exhibe un mayor confort para los pasajeros, pues cuenta con 35 asientos, cinco de ellos para impedidos, y un pasillo más amplio que permite 70 pasajeros de pie.

Refiere Daniel Ríos Santos, el primer conductor “ecológico” cubano, que el ómnibus humaniza mucho más su trabajo y proporciona un viaje más cómodo y confortable para los pasajeros, quienes deben velar también por la disciplina y el cuidado en su interior. El aire acondicionado tratará de ponerse todo el tiempo, y se mantendrá a una temperatura de 21 grados, para evitar que cause molestias al personal que ingresa desde la calle.

Cuando entre en funcionamiento el venidero lunes, tendrá el mismo sistema de explotación de la Empresa de Transporte de La Habana, por lo que hará las mismas paradas y costará 40 centavos.

Una recusación demoledora de cómo vivimos hoy

Sinpermiso

Marx, Capital and the Madness of Economic Reason [Marx, el capital y la locura de la razón económica] es el último libro de David Harvey, que acaba de publicar Profile Books en el Reino Unido y Oxford University Press en los Estados Unidos.

Un tercio de los niños de los Estados Unidos, que sigue siendo el país más rico del mundo según David Harvey, vive en la pobreza. A menudo, escribe él, habitan en “un medio ambiente tóxico, sufren hambre y envenenamiento con plomo, aun cuando se les niegue el acceso a servicios sociales y oportunidades educativas”. Esta es la “locura de la razón económica”.

He aquí dos ejemplos que rivalizan. “Aborrecemos la division social, la injusticia, la parcialidad y la desigualdad”, proclamaba el programa electoral conservador el pasado mayo [durante la campaña de las elecciones generales británicas]. Y sin embargo, al mes siguiente, todo lo que el gobierno aparentaba detestar quedó escrito en los cielos ardiendo del Real Municipio de Kensington y Chelsea. Murieron hasta ochenta personas en el incendio de la Torre Grenfell [edificio de viviendas sociales londinenses], pero a una distancia de paseo de sus ruinas se encuentran las propiedades inmobiliarias más caras del mundo.

No importa. “Una economía de libre mercado, que opera con las reglas y reglamentaciones correctas, constituye el mayor agente de progreso humano colectivo que se haya creado”, proclamaba Theresa May ante el Banco de Inglaterra en un discurso el pasado septiembre. Pero lo que demostraba era que con el capitalismo de libre mercado, del género, desde luego, que ha prosperado en Gran Bretaña desde el cambio de siglo, reglas y reglamentaciones son prescindibles: la normativa de seguridad en caso de incendio quedó desregulada con el Nuevo Laborismo. Bajo gobierno conservador, las cifras de bomberos han menguado desde entonces y los recortes de los gobiernos municipales han socavado la efectividad de las inspecciones de seguridad e inducido a los responsables de los recortes a encargar revestimientos baratos, inflamables, para bloques de pisos como los de Grenfell.

Y sin embargo, mucha gente cree todavía que lo que May vino a decir en su discurso del Banco de Inglaterra, que el libre mercado es “incuestionablemente el mejor medio, y ciertamente, el único sostenible, para que aumente el nivel de vida de todo el mundo en un país”. Después de Grenfell, tras una década de construcción de lujo en una era de austeridad que deja lugares a los especuladores para que aparquen su dinero en vez de para vivir, mientras Gran Bretaña se debate entre una crónica ausencia de inversiones en vivienda asequible, ¿qué podia haber más enloquecido que eso?

He aquí algo como mínimo igual de enloquecido. Puede que la dirección comunista de Beiying no se propusiera salvar el capitalismo global en 2007-08, pero eso es lo que hizo, sostiene Harvey. En 2008, China se enfrentaba a una contracción del 30% en sus exportaciones y a una pérdida de entre 20 y 30 millones de empleos como resultado del derrumbe del mercado de consumidores en los EE.UU. debido al colapso de la burbuja especulativa de la vivienda. “La gente que se ha visto desahuciada y que está desempleada no va y se dedica a comprar cosas”, hace notar Harvey con ironía.

La respuesta de Beiying consistió en entregarse a una orgía de construcción financiada con deuda. En 2007, no había ferrocarril de alta velocidad en China; para 2015, el país disponía de una red de unos 20.000 kilómetros. Pero ese auge de la construcción acabó por remitir, dejando a China con un inmenso excedente de capacidad productiva de acero y cemento, y una enorme deuda pública. Por consiguiente, exportó a bajo precio todo el acero que pudo, hundiendo en la crisis a las demás acerías. China exportó así pues los medios de arruinar a los trabajadores industriales del otro lado del mundo, en lugar de ofrecer gestos de solidaridad proletaria. No importa que la producción de acero estuviera y siga estando en peligro en Gales ni que los trabajadores hayan tenido que enfrentarse a la ruina: el capitalismo resurge más fuerte de la crisis creada por él mismo.

¿Cuál es la moraleja de este milagro económico chino? “Se están revolucionado (¡una vez más!) los espacios relativos de la economía global, no porque eso sea una buena idea o se quiera y se necesite en sí mismo, sino porque es el mejor modo de tener a raya la depresión y la devaluación”. Lo cual es, si bien se mira, algo bastante enloquecido.

Harvey lleva mucho tiempo haciendo de crítico de la inhumanidad del capitalismo. En su libro de 2014, Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo [Traficantes de sueños, Madrid, 2014], imaginaba ansiosamente que el sistema se encuentra amenazado como nunca antes lo ha estado, del mismo modo que lo imaginan, de modo regular, Paul Mason y Slavoj Žižek. El calentamiento global, la destrucción de hábitats y especies, la escasez de agua y el expolio medioambiental le sugerían que estaba en peligro. También lo sugería el hecho de que se demostraba cada vez más difícil encontrar oportunidades rentables de inversión.

Importantísima para pregonar la defunción del capitalismo es una contradicción sobre la que profundiza en su libro: el fenómeno de la nueva alienación. Marx lo expuso en su descripción de la alienación (el trabajador que crea valor está separado o alienado tanto respecto de lo que produce como de la plusvalia que crea, de la que se apropia el capitalista). En nuestros días, no sólo se rebelan los desposeídos sino los acomodados, por lo menos en países tales como Brasil y Turquía, en los que las clases medias urbanas e instruidas rechazan los regimenes de los que se han beneficiado materialmente. Lo que anhelan, sugiere Harvey, es que no les compren con bienes materiales, no el consumismo compensatorio que “limita y aprisiona, en lugar de liberar los horizontes de satisfacción personal” sino la dignidad.

Pensemos en São Paulo, nos sugiere, una ciudad que “tiene como base económica propia una industria del automóvil que produce vehículos que pasan horas en embotellamientos mientras atascan las calles de la ciudad arrojando substancias contaminantes y aislando a los individuos unos de otros. ¿Qué grado de demencia tiene una economía así?”

Hace casi un siglo, György Lukács sostenía que el capitalismo seguía activo porque la gente no sabía cuáles eran sus necesidades reales: de ahí la diferencia entre lo que llamó conciencia real y conciencia atribuida. La sensación que se saca de leer a Harvey es que esa grieta puede estar estrechándose, solo sea a causa de una creciente sensación de repugnancia por cómo se organizan nuestras sociedades y economías.

Ya desde 2008 fueron aumentando las ventas de Das Kapital, pues hay quienes tienen la esperanza de encontrar en sus páginas respuestas a nuestras actuales calamidades. Es muy posible que esos ejemplares sigan sin leer, a modo de reproches que amenazan a las buenas intenciones. El libro de Harvey, como el volumen, ya cincuentenario, de Althusser, Leer El Capital, y otros, exponían los principales argumentos e insistían en la pertinencia de ese tomo victoriano de Marx para un capitalismo global muy diferente del que Marx analizó.

Este libro representa asimismo, cuando es necesario, una traición creativa de Marx. Imaginaba él, por ejemplo, (y aparentemente sin ironía) que la creación de nuevas necesidades y deseos formaba parte de la misión civilizadora del capitalismo. Harvey acepta que esa inacabable manipulación constituye nuestra degradación espiritual, tal como hacen los neomarxistas heréticos de la Escuela de Frankfurt.

Harvey todavía utiliza los cuchillos y tenedores de sus padres, mientras el resto de nosotros garantiza el crecimiento del mercado consumiendo productos efímeros que proporcionan una gratificación instantánea. Cita a Netflix, aunque vaya usted a saber cómo se han librado Amazon, Apple y Facebook: “La rápidas transformaciones de las formas de vida, las tecnologías y expectativas sociales multiplican las inseguridades sociales y hacen aumentar las tensiones sociales en las generaciones así como entre grupos sociales que se diversifican”.

Todos estamos familiarizados – ¿no? – con el mareo que acompaña a esos cambios tan rápidos en cómo vivimos, cambios que parecen no tener nada que ver con nosotros, pero a los que nos vemos obligados a ajustarnos, incluo con el dolor de perder lo que tardíamente nos damos cuenta que no es una mercancía desechable, a saber, nuestra dignidad. O tal como afirma Žižek en Menos que nada[Akal, Madrid, 2015]: la “lógica del valor de cambio sigue su propio rumbo, su propia danza enloquecida, sin que importen las verdaderas necesidades de la gente de verdad”.

Leer la demoledora recusación de Harvey de cómo vivimos hoy supone dudar como nunca anteriormente de la convicción de nuestra primera ministra de que el capitalismo de libre mercado es incuestionablemente el mejor medio de que aumente el nivel de vida de todo el mundo”. Desde luego, mi impresión acerca del “progreso humano colectivo” viene a ser en buena medida la de Gandhi acerca de la civilización occidental: sería una buena idea.

Stuart Jeffries (1962), periodista del diario británico The Guardian, ha desempeñado en él funciones de crítico de televisión, corresponsal en París, subdirector y articulista. Su último libro es Grand Hotel Abyss: The Lives of the Frankfurt School, publicado por la editorial Verso.

Traducción: Lucas Antón

Incrementa fábrica de quesos La Vaquita sus niveles productivos

Creado el Lunes, 27 Noviembre 2017 08:36 | Yanais Vega Bacallao | Foto: Internet

Camagüey, 27 nov (ACN) La fábrica de quesos La Vaquita, ubicada en esta ciudad, sobrecumple actualmente con unas 302 toneladas de ese producto lácteo por encima de lo concebido en su plan técnico económico, para el suministro a la gastronomía del sector turístico y la comercialización en divisa.

Leonardo Odel Martínez, Jefe de producción en la entidad, explicó a la ACN, que al cierre de octubre último la elaboración estaba en un real de mil 286 toneladas de las 984 previstas, aspecto que evidencia los beneficios obtenidos luego de la reparación a la que fueron sometidas las instalaciones de dicha factoría, valorada en un millón 700 mil pesos en ambas monedas.

Entre mayo y junio último paramos totalmente las labores, y con el apoyo de varias empresas, entre ellas la Planta Mecánica Ignacio Agramonte, optimizamos nuestro equipamiento tecnológico, al igual que se mejoraron los pisos y paredes, explicó el directivo.

De igual forma, según expresó, se ubicaron a las entradas de las áreas productivas cuartos sépticos para que los trabajadores optimicen la higiene personal y de sus implementos antes de entrar a cada uno de los salones donde se elaboran los alimentos.

Actualmente en La Vaquita se prepara una línea para la fabricación de queso mozzarella, la cual se adiciona a las ya existentes de queso crema y yogurt, quesos semiduros - como el Santa Cruz, procesado con grasa vegetal, y el Coral-, los frescos criollos, los fundidos -como los demandados Santa María y Gouda-, y los de primera y segunda calidad destinados a la gastronomía.

En los últimos años en La Vaquita se ha mantenido una tendencia a incrementar las producciones, lo cual la reafirma como uno de los rubros manufactureros más importantes de la región.