Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

domingo, 1 de mayo de 2022

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL

Por Jorge Gómez Barata

Hay quienes opinan que la Tercera Guerra Mundial ha comenzado, mientras otros creen que es inminente. Los optimistas se rehúsan a creer que tal cosa pueda ocurrir. La diversidad de juicios emana de la complejidad del problema.

No obstante, de ocurrir, como las dos anteriores, la Tercera Guerra Mundial, será una guerra europea y sólo trascenderá esos límites si fueran empleadas armas nucleares; de otro modo los combates no llegarán a América ni caerán bombas sobre Estados Unidos. Los océanos Atlántico y Pacifico forman una barrera natural que limita la geopolítica bélica.

Las dos primeras guerras fueron realizadas por coaliciones, la tercera puede ser de Rusia contra una entente de cuarenta países. De ser una confrontación nuclear, la asimetría sería irrelevante porque solo implicaría a Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña que entre los tres poseen 5.940 armas nucleares, contra 5.977 en poder de Rusia.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) duró cuatro años y participaron 32 países, 28 Aliados, liderados por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia e Italia y los Imperios Centrales (encabezados por Alemania, Austria-Hungría, el Imperio Otomano y Bulgaria. En total se movilizaron más de 63 millones de militares de los cuales 37.494.186 fueron bajas. Las pérdidas civiles se estimaron en unos diez millones y los costos económicos en 168.000 millones de dólares (de entonces).

En la Segunda Guerra Mundial tomaron parte 61 países con 1.700 millones de habitantes. La contienda fue encabezada por el Eje Berlín, Roma Tokio + media docena de países satélites y la Coalición Aliada liderada por Estados Unidos, la Unión Soviética y Gran Bretaña y otros 50 países. Comenzó en 1939 con la invasión a Polonia, se prolongó hasta los días 8 y 9 de mayo de 1945. El ocho la Alemania nazi capituló ante el mando aliado y el 9 lo hizo ante la Comandancia Soviética en Berlín. Japón firmó la rendición a bordo del acorazado
Missouri.

La movilización militar involucró a 110 millones de efectivos. En aquel contexto, el régimen nazi decretó la aniquilación física de los judíos, lo cual constituyó un Holocausto en el que perecieron unos seis millones de ellos. Los costos económicos superaron el billón de dólares de entonces.

Entre los legados de la II Guerra Mundial, además de una era de prosperidad y paz sin precedentes, implicó la conformación de nuevo orden mundial político, económico y jurídico con base en la organización de Naciones Unidas cuya Carta, base del orden jurídico internacional obliga, a los estados miembros a solucionar sus diferencias por medios pacíficos, lo cual ha sido muchas veces desobedecido.

Al concluir la II Guerra Mundial, por primera vez se exigió justicia a quienes la provocaron. En el proceso de Núremberg también se enjuiciaron a quienes lucraron con mano de obra de los prisioneros y los judíos y algunos médicos y científicos que experimentaron con humanos. El tribunal que funcionó en Tokio sentenció a la pena capital a 7 de los 25 líderes japoneses juzgados por crímenes de guerra, entre ellos al primer ministro, Tojo Hideki.

En aquellos procesos se acuñaron figuras delictivas de “crímenes contra la paz” y “delito de agresión”. Uno de los más brillantes resultados fue la descolonización afroasiática en virtud de la cual nacieron más de 90 nuevos estados libres con unos 800 millones de habitantes.

Los mayores costos humanos y materiales recayeron sobre la Unión Soviética, principalmente Rusia cuyas bajas por todos los conceptos pudieran rondar los 80 millones de personas, el doble que todos los demás países juntos, excluyendo las cifras aportadas por el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki.

Ojalá los líderes mundiales que han provocado la más peligrosa situación mundial que afronta el mundo, posean la cordura y la humanidad necesaria para estar a la altura del momento histórico y dar una nueva oportunidad a la paz. Allá nos vemos.

Las tres opciones del turismo en España

En esencia, sólo caben tres posturas respecto del turismo.

La primera, que es la que más o menos vienen aplicando la mayor parte de los países del mundo, consiste en dejar crecer el número de visitantes, lo cual promueve la entrada de empresas para atender esa demanda, lo cual promueve nuevos visitantes, lo cual de nuevo atrae empresas. Este círculo tiene momentos de desequilibrio en los que hay más oferta que demanda, lo que tira de los precios hacia abajo. Con el empleo necesario para atender este crecimiento ocurre exactamente lo mismo: más empresas supone más demanda laboral pero como el turismo tiene poco nivel de exigencia en cuanto a competencias, más y más personas se suman a la oferta, generando una espiral que no permite subir los salarios. España, obviamente, está en este modelo. Tenemos cada vez más turistas, cada vez más empleo, cada vez consumimos más espacio, pero no necesariamente vivimos mejor porque los desequilibrios nos obligan a bajar precios y consecuentemente salarios, lo cual genera serias disfunciones. El Covid fue una prueba de ello.

El segundo tipo de turismo, que sólo aplican un puñado de territorios, consiste en tener un fuerte control de la oferta, de manera que, a partir de un punto, si el producto turístico sigue siendo atractivo, el turista pagará más precio; si el empresario es responsable y consciente de cuál es la estrategia, forma más a sus trabajadores y les paga más, porque quiere más calidad, la cual atrae también turistas de más valor añadido. En este segundo caso, se produce un aumento de ingresos, pero no derivado de un aumento del número de visitantes sino del valor añadido de cada uno de ellos. Esto, naturalmente, es turismo elitista, caro. Se produce en países donde en la práctica hay límites de algún tipo a la oferta y, en cambio, la clientela sigue estando presente.

Como digo, en esencia, esto es lo que hay.

Hablaba al principio de que hay tres posturas, porque la tercera consiste en no tener turismo, en limitar el producto para que no haya visitantes. Esto no siempre es posible al cien por ciento, pero, por supuesto, puede ocurrir: no hay turismo, no hay empleo, y normalmente hay emigración por parte de los residentes en esos territorios, a menos que haya otras fuentes de riqueza.

Estas son las tres opciones que existen. La casi totalidad de las regiones españolas están en la primera forma de turismo, por una serie de circunstancias que son fáciles de identificar. En primer lugar, porque no hay políticas claras y estables en materia de turismo. Los políticos se contradicen, no tienen competencias, cambian de criterio, no entienden, de forma que no hay norte. Nadie sabría decir a qué jugamos. Los empresarios, en su gran mayoría, no piensan en términos de territorio sino de empresa. O sea que lo importante para ellos es diversificar los territorios en los que están presentes, para ver si reducen los riesgos. Y suelen ser buenos, pero para ellos, no siempre para el conjunto del lugar en el que estás sus empresas. Y, después, la formación laboral en nuestro país desgraciadamente es tan caótica que siempre hay camareros, que es lo que el turismo ofrece.

Obviamente, lo suyo sería hacer una transición hacia el segundo modelo, lo que supondría limitar en cada ámbito la oferta cuantitativa, para apostar por el incremento en calidad; hay que mejorar la formación de los trabajadores, lo que debería ser muy exigente para poder ofrecer un producto por el que se pueda cobrar más.

Pero todo esto exige de estrategias y visiones globales que hoy no existen. Incluso hay muchas visiones que apuntan al tercer modelo, en una ensoñación impropia de alguien informado.

Vean, si no, el razonamiento que hacen los socios del Gobierno de Baleares: dicen que tenemos más turistas y los trabajadores no ganan más, por lo que arremeten contra el turismo. Observen qué rigor: Baleares pasó en cuarenta años de setecientos mil habitantes al millón doscientos mil, en su mayoría trabajadores del turismo, y pretendemos que el aumento de turistas pueda suponer más ingresos por cada trabajador, lo cual por cierto ha ocurrido incluso en estas condiciones.

A mí todo esto me preocupa porque estamos dejando circular visiones alocadas de cómo va el turismo. Estas no tienen incidencia mientras no se organicen movimientos políticos que quieran llevar a cabo estas políticas, en cuyo caso podemos terminar por arruinar la actividad a la que le debemos el crecimiento de los últimos cincuenta años, al menos en parte de las costas y las islas de España.

Primero de mayo: La foto que volvió a repetirse en toda Cuba ( + Fotos y Videos)

 Por: Abel Padrón PadillaAndy Jorge BlancoIsmael FranciscoIrene Pérez

Primero de Mayo en La Habana, Cuba 2022. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

La última vez que se vio la Plaza de la Revolución abarrotada fue el primero de mayo de 2019. El mundo siempre mira con rareza el desfile que se hace en Cuba por el Día Internacional de los Trabajadores. Quizás porque en todas las latitudes no se vive igual. La última foto de todo el país caminando por las plazas, con banderas, carteles, con música, sin mascarillas… fue aquel primero de mayo, hace tres años.

Después todo cambió, en Cuba y en el mundo. En 2020, aquella jornada internacional se tradujo en ciudades desoladas, plazas vacías y mucha gente, en medio de la pandemia, luchando por salvar a otros en hospitales y centros de aislamiento. En Berlín, por ejemplo, un cartel sobre el pavimento, frente a la puerta de Brandeburgo, decía: “Uno no está solo en solidaridad”. En Zúrich se vio a un hombre tocando un saxofón en su balcón.

En Cuba, se colgaban banderas en los balcones y ventanas, y la gente aplaudía, a sus médicos, a un país que se desangraba en la lucha contra la COVID-19. A un país que salvaba.

Aquel primero de mayo de 2020 esto escribí en Facebook:

“Abuela se levanta temprano, como todos los días, con o sin pandemia. Tiene el cuerpo cronometrado para las siete de la mañana, a veces antes. Dice que hoy pasó un carro con una bocina en la que se escuchaba el himno nacional. ‘Que la Patria os contempla orgullosa’. Entonces sacó la bandera, con los colores mermados por el tiempo, pero hermosa”.

Dos años después este domingo será diferente. Cuba no es la misma que la que era en 2020. No es la misma de ayer. En medio de una compleja situación económica, si algo no ha variado es que las plazas volverán a llenarse, y las razones pueden ser muchas, pueden ser diversas. Me quedo con esta: a pesar de todo, este país tiene, inexorablemente, que hacer camino, que andar. Y sobre todo, estar unido.

El general de Ejército Raúl Castro y Miguel Díaz Canel, primer secretario del PCC y presidente de la República de Cuba, durante la marcha por el día internacional de los trabajadores. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

El general de Ejército Raúl Castro y Miguel Díaz Canel, primer secretario del PCC y presidente de la República de Cuba, durante la marcha por el día internacional de los trabajadores. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

El general de Ejército Raúl Castro y Miguel Díaz Canel, primer secretario del PCC y presidente de la República de Cuba, durante la marcha por el día internacional de los trabajadores. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Desfile por el día internacional de los trabajadores. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Desfile por el día internacional de los trabajadores. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Pueblo habanero desfila en el día internacional de los trabajadores. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Pueblo habanero desfila en el día internacional de los trabajadores. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Pueblo habanero desfila en el día internacional de los trabajadores. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Pueblo habanero desfila en el día internacional de los trabajadores. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Pueblo habanero desfila en el día internacional de los trabajadores. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Pueblo habanero desfila en el día internacional de los trabajadores. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Pueblo habanero desfila en el día internacional de los trabajadores. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Despierta La Habana en Primero de Mayo

Desde temprano en la mañana se concentran hoy los trabajadores y el pueblo de La Habana en los alrededores de la Plaza de la Revolución para participar en el desfile del Primero de Mayo y ratificar su sí por Cuba y el socialismo.

En vivo, vea las transmisiones de esta celebración




Con Raúl y Díaz-Canel inicia en La Habana celebración por el Primero de Mayo



Inicia en La Habana celebraciones por el Primero de Mayo.

La Plaza no es la misma sin la gente. La Plaza no es Plaza si está vacía. Este primero de mayo volvieron a ella miles de cubanos.

Con la presencia del General de Ejército Raúl Castro Ruz, y Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer secretario del Comité Central del Partido y presidente de la República, inició en la Plaza de la Revolución de La Habana, el histórico desfile para celebrar la fecha.

Trabajadores de la salud, la educación, la cultura, el deporte, la construcción, el transporte, el turismo, entre otros sectores, desfilaron en La Habana este domingo.

Acompañaron a los cubanos miembros de grupos de solidaridad con Cuba y representantes de organizaciones sindicales de todo el mundo.

Doctores, maestros, científicos, pilotos, constructores, barrenderos, estudiantes, periodistas... desfilaron juntos por toda la céntrica calle Paseo hasta la histórica Plaza de la Revolución.

Lo repito entonces: Cuba tiene, inexorablemente, que hacer camino, que andar. Y sobre todo, estar unida. 

En fotos, el desfile en la Plaza de la Revolución José Martí




En video, así se vivió el Primero de Mayo en Cuba

OFENSIVA ANTISINDICAL Y EXPOLIACIÓN LABORAL EN ESTADOS UNIDOS

 Por Fernando M. García Bielsa

Durante dos siglos el sistema capitalista de una nación poderosa y en expansión ha dirigido buena parte de sus empeños a dividir a los trabajadores, abaratar la fuerza de trabajo y destruir a los sindicatos, el uso común de rompehuelgas, reprimir a sangre y fuego sus más combativas agrupaciones, cooptar y corromper muchas de sus esferas dirigentes y del sindicalismo amarrillo, y lograr incluso que una parte de ellos apoyaran las políticas imperiales.

Por otro lado, el movimiento sindical raramente es considerado hoy como una voz de avanzada o como un aliado consistente de los movimientos sociales progresistas.

ESTADO ACTUAL GENERAL

El movimiento sindical en Estados Unidos está bajo asedio, y así lo ha estado con particular dureza en los últimos 50 años. No obstante y ante múltiples obstáculos y desventajas, hay varios desarrollos y hechos recientes que muestran su vitalidad. Asimismo, el apoyo público a los sindicatos aumentó a un punto alto del 68 por ciento el año pasado, lo cual paradójicamente coincide con que la tasa real de afiliación a los sindicatos ha continuado su descenso de setenta años.

 Unos 165 millones de personas componen la fuerza laboral de ese país de más de 330 millones de habitantes. Casi dos tercios de ellos tienen algún grado de enseñanza superior básica.. Del total de trabajadores estadounidenses solo algo más del 10% integra las filas sindicales, o sea, unos 16,3 millones de trabajadores

Pertenecen a un sinnúmero de organizaciones sindicales, muchas de base local o regional. Entre las distintas formas de organización están los sindicatos gremiales o por oficios, y los llamados sindicatos o uniones industriales o ramales. Varias decenas tienen alcance a los largo del país. El Departamento de Trabajo identifica 30 que todavía tienen 100,000 miembros o más.  Se destacan los sindicatos de la minería, del acero, de la industria del automóvil, los portuarios, de los trabajadores de las comunicaciones, la hermandad de camioneros y conexos, de la industria de maquinaria y aeroespacial; los trabajadores de la salud, los de empleados públicos, la asociación nacional de educadores, etc.,

Mientras que la patronal tiene la ventaja de tratar por separado dentro de una misma empresa con diversos gremios de oficios, por el contrario los sindicatos industriales muchas veces participan en negociaciones de contratos que abarcan múltiples empleadores dentro de una rama de la economía o sector laboral.

Y en conjunto, alrededor de dos tercios de los trabajadores de entre 18 a 64 años de edad y cubiertos por un contrato sindical son mujeres y/o personas de color. O sea, el 42 por ciento son mujeres y más de un tercio son trabajadores negros, hispanos, asiáticos u otros no blancos. 

Las divisiones raciales profundas que afectan el país se manifiestan en el seno del movimiento obrero. Los trabajadores en Estados Unidos siempre han estado agrupados y estratificados según la raza, el origen étnico y el género, con los sectores no blancos ocupando los niveles inferiores de esa estructura jerárquica.

A finales de los años 1970s los salarios de la clase obrera se desvincularon de la producción y se estancaron. Se estima que más de $47 millones de millones de dólares de los salarios de la clase media y trabajadora se han extraído del 90% inferior de los asalariados y se han redistribuido desde entonces al 1% de los estratos sociales de mayores ingresos.

Durante la pandemia, los accionistas de 22 de las principales empresas estadounidenses se enriquecieron en $1,5 millones de millones de dólares, mientras que los trabajadores de esas empresas recibieron menos del 2 % de ese beneficio.

Unos 53 millones de trabajadores de entre 18 y 64 años son considerados como de bajos salarios. Casi la mitad de ellos se agrupan o corresponden con diez ocupaciones, tales como comercio al detalle, cocineros y preparación de alimentos, personal de limpieza y trabajadores de la construcción. Más de la mitad de todos los nuevos puestos de trabajo creados son en empleos de servicios con bajos sueldos.

Por otra parte, según las estadísticas oficiales unos 6 millones se encontraban desempleados en febrero 2022. Son estadísticas que bastante esconden la realidad. Se consideran en esa condición solo aquellos quienes han estado activamente buscando trabajo durante las anteriores cuatro semanas. O sea, las cifras de desempleo generalmente reflejan tres o cuatro veces menos del número real de desocupados.

El panorama de presenta más dramático cuando junto a lo anterior consideramos que hay millones de personas que trabajan a tiempo parcial pero desearían contar con trabajos a tiempo completo, así como el hecho conocido de que la mayoría de los nuevos empleos que se crean pagan bajos salarios.

El seguro de desempleo de los Estados Unidos normalmente es una protección débil contra la adversidad: muchos trabajadores no están cubiertos. Para una mayoría la pérdida del empleo ocasiona también perder el derecho al seguro de salud.

Estados Unidos es la única nación industrial avanzada que no tiene leyes nacionales que garanticen la licencia de maternidad paga. También es la única economía avanzada que no garantiza a los trabajadores vacaciones, pagadas o no, y el único país altamente desarrollado (aparte de Corea del Sur) que no garantiza días de enfermedad pagados.

A mediados de los años 1950s los sindicatos eran relativamente poderosos y los salarios aumentaban a la par con la economía. Pero previo al comienzo del decenio de 1970 se había producido el fin del consenso de posguerra en las relaciones obrero-patronales, y además se imponían con fuerza la globalización y las políticas neoliberales. Se acelera la disminución de la membresía sindical: de un 35% hace 60 años a un 10% en la actualidad; y a un mero 6% en sindicatos del sector privado. Menos del 1% de los trabajadores agrícolas pertenecen a algún sindicato.

Desde la perspectiva de buena parte de la élite capitalista, nuevas circunstancias económicas y la afectación de sus tasas de ganancias exigían reajustes en los niveles de vida y acciones para limitar aún más el poder del movimiento obrero organizado.

Los cambios en la economía – tales como la creciente competencia global, la movilidad y recolocación geográfica del capital, los cambios tecnológicos y la financiarización, la transición de la economía manufacturera a una economía de servicios y el aumento de la contrata de trabajadores temporales y contingentes -, han desempeñado un importante papel en debilitar el movimiento obrero, reducir en más de un tercio en la membresía sindical y han dado pie a tremendas desigualdades en el país.

Numerosos estudios han encontrado que una causa importante de esa creciente desigualdad de ingresos en Estados Unidos es el declive de los sindicatos. La única vez durante el siglo pasado en que la desigualdad de ingresos se redujo sustancialmente fue entre 1940 y 1970, cuando los sindicatos contaban con mayor poder y prominencia.

Por lo antes dicho y en lo que indicaremos en lo adelante se explica en parte el deterioro que ha sufrido el movimiento obrero organizado en ese país.

Contra el movimiento obrero y los trabajadores pesa el fardo de todo un entramado de más de cinco décadas de políticas neoliberales y antisindicales: restricciones de la intermediación sindical y en general de las organizaciones obreras; legalización de trabajos precarizados y descenso de los salarios públicos; marginación del mecanismo keynesiano de indexación de salarios ligado a la productividad; creciente sustitución de la productividad por la competitividad (como medidor de la efectividad de la dominación y explotación capitalistas en los procesos productivos).

Asimismo, en los últimos decenios se manifiestan o se agudizan varios factores y obstáculos para la organización de los trabajadores, así como medidas para reducir derechos adquiridos en décadas anteriores. Entre otros nos referimos a:

- La desaparición de empleos por el traslado masivo de empresas y puestos de trabajo al exterior y debido al rápido avance de los procesos de automatización; reducción de la afiliación sindical y el correspondiente debilitamiento del poder de negociación colectiva y para defender a nivel político sus derechos; la prevalencia de débiles u hostiles leyes laborales, mientras que las agencias encargadas de hacer cumplir la legislación laboral se muestran incompetentes o ven recortados los recursos que se le asignan.

- Barreras de diverso tipo para la formación o el accionar de los sindicatos, exclusión de acceso y hostilidad hacia los organizadores en muchos centros laborales; divisiones al seno del movimiento, una parte del cual todavía se organiza por gremios y por oficios –lo que fragmenta o impide la negociación colectiva-; donde no pocas dirigencias son cooptadas o se adscriben al concepto de identidad de intereses obrero-patronales.

- Asignación de escasos recursos para nuevos esfuerzos organizativos por parte de muchos sindicatos; en contraste con los grandes recursos que las patronales dedican para influir en la política, sobre el Congreso y las legislaturas estaduales,

- Repetidos dictámenes pro empresariales de la Corte Suprema y en todo el sistema judicial, incluyendo darles el derecho a la patronal de evadir el arbitraje en cortes cuando se violan derechos laborales en sus empresas, etcétera.

La ejecución de políticas neoliberales se hizo más evidente a partir de las administraciones de Nixon y Carter. Reagan recogió la copia demócrata de la agenda neoliberal y le sacó provecho, reemplazando la retórica del capitalismo con rostro humano por la verborrea arrogante y farisaica del individualismo acentuado, según la cual son la codicia y el interés propio los valores que hay que alimentar. El presidente Clinton acrecentó las políticas económicas neoliberales de los años de Reagan.  Tampoco los presidentes Bush, Obama ni Trump se alejaron un ápice de las políticas neoliberales y anti obreras acostumbradas.

Asimismo, ha habido una disminución de los dispositivos de regulación laboral social recogidos en los estatutos del trabajo o desregulación social de los mercados laborales, que corre pareja a la flexibilización de las labores productivas.[1]

La ley que rige la organización colectiva y la negociación entre los trabajadores tiene poco que ofrecer hoy día a quienes pretende proteger. Por varias razones, la ley actual ofrece pocas esperanzas de revertir la tendencia.

No obstante, según la Oficina de Estadísticas Laborales de los EE.UU., los estadounidenses que pertenecen a sindicatos en ese país ganan en promedio un 17 % más que sus colegas no sindicalizados, con una mediana de $1144 en ganancias semanales, en comparación con los $958 de los no sindicalizados. Tampoco son solo los salarios. Los sindicatos ofrecen aprendizaje y capacitación continua, una carrera sin deudas, una pensión, cierta seguridad en el lugar de trabajo y otras protecciones.

Por lo tanto, no sorprende que el interés por los sindicatos aumenta y la aprobación de los mismos sea la más alta desde 1965. Algunos legisladores han presentado proyectos de ley para empoderar a los trabajadores.

Y, sin embargo, a pesar de este hecho, los estadounidenses no se están inscribiendo para unirse a los sindicatos a un ritmo apreciable. Todo lo contrario: menos estadounidenses que nunca pertenecen a sindicatos, Muchos en Estados Unidos los han considerado una institución moribunda.

El porcentaje de trabajadores estadounidenses que tienen lo que podría llamarse un trabajo seguro, que trabajan al menos 30 horas a la semana y ganan $40,000 al año con beneficios de salud y un horario predecible, es menos de uno de cada tres, y para personas sin título universitario es sólo uno de cada cinco.

Los ingresos hora promedio, luego de ajustados con la inflación, se han mantenido estáticos, mientras que el costo de la vida ha aumentado por sobre el crecimiento nominal de los salarios.

Un efecto en la reducción de los niveles salariales es producido por el considerable arribo de inmigrantes y mano de obra barata, la alta afluencia de mujeres al mercado de trabajo, las debilidades del movimiento sindical y otras causas.

La economía generalmente se ha bifurcado en un mercado laboral que tiene trabajos relativamente mejor pagados y seguros en lo que llamaríamos industrias del conocimiento, que han tendido a experimentar expansión y crecimiento salarial, etc., y trabajos generalmente menos seguros en industrias en contracción o estancadas, donde es considerable el número de personas sin estudios de educación superior.

MUCHOS REVESES LUEGO DE UNA RICA HISTORIA DE LUCHAS OBRERAS.

Estados Unidos ha sido testigo de una muy temprana y copiosa historia de luchas de los obreros estadounidenses en condiciones muy adversas, miles de acciones combativas, sobre todo en el siglo XIX y primeras décadas del XX, o las llevadas a cabo posteriormente en condiciones del macartismo, de la guerra fría y de la globalización neoliberal, buena parte de las cuales no han sido reportadas por los medios de prensa.

La primera huelga que se registró en los EE. UU. tuvo lugar en 1768 cuando los jornaleros sastres protestaron por la reducción de su salario. Veintiséis años más tarde, en 1794, se formó The Federal Society of Journeymen Cordwainers, lo que marcó el comienzo de una labor sostenida de organización sindical entre los trabajadores estadounidenses.

Aun en la actualidad con un sindicalismo mermado, cada mes miles o decenas de miles van a la huelga sin que sea relejado en los medios.

Las reivindicaciones obtenidas y los avances logrados han sido significativos, como muchos han sido los reveses. No existe un record completo de los congresos, huelgas, motines, acciones de todo tipo, organizadas o espontaneas, violentas y no violentas que tuvieron lugar a lo largo del siglo XIX, en la medida que el país creía, y las ciudades devenían sobrepobladas y complejas, con malas condiciones de trabajo, condiciones de vida intolerables, con la economía en manos de banqueros, de especuladores, casatenientes, mercaderes, respaldados por jueces y militares.

Incluso, en determinadas encrucijadas se protagonizaron verdaderas batallas campales, como en el caso de los mineros y otros que, para defender sus reivindicaciones, han debido enfrentar, con armas e instrumentos de trabajo, a la guardia nacional y a todo el poder del Estado, no pocas veces pagando con sus vidas, cuando desde Washington enviaban tropas federales para controlar a los huelguistas, etc.

Es cierto que esas luchas, muy combativas en ciertas etapas, y el grado de conciencia obrera se han mantenido fundamentalmente en el plano de las demandas económicas y no han redundado en la conformación de un partido obrero, séase laborista o socialdemócrata de base obrera, ni el surgimiento propiamente de una conciencia política de clase. Las razones de eso son muy complejas.

Su desarrollo se había visto retrasado o desviado a raíz de distintas condiciones coyunturales, la existencia de fronteras internas abiertas en constante desplazamiento y con nuevas oportunidades, el continuo arribo de inmigrantes de distintos países, fragmentados por oficios y por las distintas lenguas que hablaban; vulnerables a su falta de status legal; y cuando ha existido la  hegemonía internacional  del  capital  estadounidense.

En la medida que el país se industrializaba la explotación de sucesivas oleadas de inmigrantes devino un factor crucial. Esas masas trabajadoras se formaron en un ambiente de vulnerabilidad y si acaso se organizaban lo hacían separadamente, en gremios, no solo por oficios, sino según sus idiomas o nacionalidades. 

Paradójicamente, el país devenía marcado por la xenofobia, el temor al extranjero y las amenazas del pensamiento radical considerado de matriz europea, todo lo cual ha sido explotado con astucia por la clase burguesa. Esos temores eran alentados por la pluralidad étnica, la competencia entre distintos grupos de inmigrantes, la política patronal del divide y vencerás, y una profunda y casi obsesiva necesidad de los inmigrantes recién llegados de dar pruebas de su “americanismo”. En palabras de Howard Parson: “en el grado en que los norteamericanos no se han sentido seguros de su identidad nacional ellos han sido xenofóbicos”. [2]

Repetidamente esas luchas se vieron afectadas por recelos y enfrentamientos entre trabajadores protestantes contra católicos, entre “nativistas” contra inmigrantes, etc. Nuevas y nuevas  divisiones étnicas y raciales socavaban la unificación embrionaria de los trabajadores industriales sobre todo en el este del país. Por desgracia las esperanzas que incluso los clásicos del marxismo tuvieron de una transformación política cualitativa de la lucha de clases en Estados Unidos quedaron siempre frustradas.

Desde mediados del siglo XIX y aun antes y durante muchos decenios las agrupaciones obreras siempre fueron blanco de la actividad represiva, de leyes que prácticamente impiden el trabajo sindical organizativo y de un sistema judicial venal y pro corporativo. Ese es el país de las grandes huelgas del 1º de mayo de 1886 a lo largo del país y de los choques violentos subsiguientes y muertes en la plaza Haymarket de Chicago, de los que se derivó el juicio y ejecución de varios de los ocho mártires condenados. Es el país que electrocutó en 1927 a los obreros anarquistas de Boston, Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, después de siete años de prisión y una campaña mundial en su defensa.

Los éxitos organizativos en la década del ´30 y la movilización en tiempo de guerra fortalecieron temporalmente la posición de los trabajadores, pero en 1947, a instancias del empresariado el Congreso aprobó la Ley Taft-Hartley, que estableció barreras para la formación de sindicatos, expandió las prorrogativas de los patronos y permitió a los estados de la Unión poner en vigencia provisiones de “derecho al trabajo” que excluyen la presencia sindical de los centros laborales.

El movimiento laboral en su conjunto está afectado, además, sobre todo en los últimos setenta y cinco, por la existencia de una extensa aristocracia obrera, altos grados de corrupción en algunas dirigencias sindicales y con una filosofía de colaboración plena obrero-patronal que, en muchos casos, deviene en sindicalismo amarillo. La mayoría de los sindicatos son enormemente vulnerables a la presión de los políticos.

Al mismo tiempo, las décadas de 1950 y 1960 estuvieron marcadas por la complacencia entre muchos líderes y miembros sindicales.  A cambio de garantías de disciplina industrial y estabilidad, muchos sindicatos ganaron aumentos salariales sustanciales con ajustes por costo de vida, pensiones y generosos beneficios de salud. Dispuestos a conformarse con un sistema de negociación privado y despolitizado.

El sistema bipartidista capitalista estadounidense también ha manipulado a las mil maravillas a las masas obreras y acentuado los cismas culturales existentes en su seno.

Varias de las aristas principales que históricamente han causado división en el movimiento obrero son consecuencia asimismo de esa pluralidad de formas de organizarse, de las cuales se derivan debilidades para defender derechos o lograr buenos contratos colectivos, diversas actitudes respecto a emprender o no el trabajo para organizar a los no afiliados, la inclusión o no los trabajadores temporales o de las minorías no blancas y, en general, hacia la solidaridad inter sindical.

En el marco del auge económico de la post guerra los temas laborales habían sido institucionalizados, en parte sobre la base de la colaboración sindical durante el esfuerzo bélico, la fusión en 1955 del CIO (Congreso de Organizaciones Industriales) con la AFL (Federación Americana del Trabajo), y la depuración McCartista de los comunistas.

Todo ello, junto a un sofisticado aparato de represión, cooptación de dirigentes y división en sus filas dieron al traste con la mayor parte del movimiento sindical independiente y progresista, que acabó siendo marginado por el extendido concepto de la identidad de intereses entre el trabajo y el capital.

Se imponía mayoritariamente lo que algunos denominan sindicalismo empresarial, así como una perspectiva corporativista, como base ideológica y funcional de una estrategia de compromiso de clase con el empresariado mediante la cual los sindicatos proveían paz social a cambio de una porción del ‘pastel económico’.

En ese contexto fue que el movimiento obrero organizado cedió el control de sus fondos de pensiones que son administrados por entidades privadas, lo que es un hecho revelador de la naturaleza, la gravitación y el dominio que ejerce el sector financiero. Muchos de esos fondos de pensiones y aquellos donde se administran los ahorros de millones de trabajadores tanto del sector privado como público – una inmensa cifra de dinero - han terminado siendo invertidos en su casi totalidad en acciones de las corporaciones capitalistas, y son una fuente clave del capital financiero y de las operaciones en la bolsa de valores..

Como ya mencionamos, la ofensiva patronal y conservadora contra el movimiento obrero, principalmente a partir de los años 80s del pasado siglo, la globalización, la deslocalización de los puestos de trabajo, la automatización y un complejo de factores han llevado a la situación actual cuando menos del 10% de los trabajadores están organizados en sindicatos. Pero aun así se abren horizontes y hoy día están produciendo desarrollos interesantes.

 [cont…]                                                  



[1]    Alberto Rabilotta, Andrés Piqueras: “1917 – 2017: La revolución y nuestro mundo, 100 años después”, 4 de julio 2017.  http://www.alainet.org/es/rticulo/186574

[2]    Ponencia transcrita en poder del autor.