Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

domingo, 7 de junio de 2015

La defensa de la sostenibilidad por razones económicas

Laura Tyson, a former chair of the US President's Council of Economic Advisers, is a professor at the Haas School of Business at the University of California

BERKELEY – Los inversores de todo el mundo están buscando cada vez más oportunidades que puedan ofrecer beneficios sociales y medioambientales, además de tasas de rédito en los mercados. Si continúa esa tendencia, en la que el avance hacia la consecución de los objetivos sociales o medioambientales realza el valor de una inversión, fortalecerá el compromiso con la sostenibilidad que ya está cobrando impulso entre las empresas de todo el mundo.

El año pasado, uno de cada seis dólares de activos gestionados profesionalmente en los Estados Unidos –un total de 6,6 billones de dólares– fue destinado a alguna forma de inversión sostenible, en particular en activos de valores públicos.

Unas 1.260 empresas, que gestionan 45 billones de dólares en activos, han firmado los “principios para la inversión responsable,” de las Naciones Unidas, que reconocen los factores sociales, medioambientales y de gestión idónea (SMG) –y, por tanto, la salud y la estabilidad de las empresas y los mercados a largo plazo– como decisivos para los inversores. Un firmante, CalPERS, uno de los mayores inversores institucionales del mundo, ha dado un paso más: exigirá a todos los gestores de sus inversiones que determinen e integren los factores SMG en sus decisiones, iniciativa audaz que podría transformar los mercados de capitales.

El número de empresas que publican informes sobre la sostenibilidad ha aumentado desde menos de 30 a comienzos del decenio de 1990 hasta más de 7.000 en 2014 y, en una reciente encuesta de opinión de Morgan Stanley, el 71 por ciento de los que respondieron afirmaron estar interesados en la inversión sostenible.

Desde luego, un importante obstáculo a la adopción de los criterios SMG en las decisiones de inversión sigue siendo el de que muchos inversores –incluido el 54 por ciento de los que respondieron a la encuesta de Morgan Stanley– creen que con ello se puede reducir la tasa de rédito financiero, pero existe cada vez más documentación de que no es así, pues varios estudios recientes indican que las inversiones sostenibles rinden tanto como las tradicionales o incluso más.

Según las conclusiones de un estudio fundamental de 2012 en el que se analizaron dos grupos de empresas similares en cuanto al sector industrial, el tamaño, los resultados financieros y las perspectivas de crecimiento, las del “grupo de elevada sostenibilidad” obtuvieron resultados superiores en el precio de las acciones y, según las conclusiones de un nuevo estudio del Instituto para la Inversión Sostenible de Morgan Stanley, que analizó los resultados de 10.228 fondos mutuos abiertos y 2.874 cuentas gestionadas por separado de los Estados Unidos, las inversiones sostenibles solían conseguir los réditos medios de inversiones tradicionales comparables –y con frecuencia los superaban– en los períodos examinados.

Muchos factores SMG intervienen a la hora de evaluar las opciones de inversión sostenible. Por ejemplo, la Generation Foundation, grupo de estudios del Generation Investment Management (de cuyo consejo asesor formo yo parte), ha determinado 17 factores medioambientales, 16 factores sociales y 12 factores de gestión idónea pertinentes en materia de sostenibilidad.

El problema estriba en distinguir entre los factores SMG que tienen una influencia material en los resultados de las empresas y los que no, pero los datos que las empresas notifican actualmente son insuficientes para permitir a los inversores hacer esa distinción.

La Junta de Normas Contables de la Sostenibilidad, organización sin ánimo de lucro, está intentando cambiar esa situación formulando normas contables de la sostenibilidad material correspondientes a 80 sectores industriales, de conformidad con la reglamentación de la Comisión del Mercado de Valores de los Estados Unidos. Más de 2.800 participantes –entre ellos, empresas cuya capitalización en el mercado asciende a 11 billones de dólares e inversores con 23,4 billones de dólares en activos gestionados– han intervenido en el proceso de dicha Junta. Según las conclusiones de un nuevo estudio, el definitivo hasta ahora y basado en las normas propuestas por la Junta correspondientes a 45 sectores industriales, además de otros métodos de medición, las empresas que obtienen buenos resultados en relación con los factores de sostenibilidad material obtienen también mejores resultados operativos, corren menos riesgos y obtienen réditos mayores para sus accionistas que aquellas cuyos resultados son deficientes.

De forma similar, un nuevo marco recientemente propuesto por Morgan Stanley para las valoraciones de empresas en 29 sectores industriales comprende los factores SMG que representan riesgos u oportunidades materiales. Mientras que la valoración tradicional de una empresa se basa exclusivamente en cómo utiliza el capital financiero para obtener réditos, el nuevo marco comprende su utilización del capital social, humano y natural, además de la transparencia de sus procedimientos de gestión idónea. Ese nuevo planteamiento de la valoración de las empresas refleja la idea de que las empresas que obtendrán mejores resultados serán las que utilicen las cuatro clases de capital de forma responsable.

Los factores SMG materiales pueden afectar a los resultados financieros de una empresa y a los réditos de los accionistas de formas diversas. Por ejemplo, una utilización más eficiente de la energía y los recursos puede reducir los costos, una mejor gestión del talento humano puede aumentar la productividad, unas normas medioambientales, sanitarias y de seguridad más estrictas pueden reducir el riesgo de accidentes graves y nuevos productos ecológicos o de comercio justo que gusten a los consumidores pueden aumentar los ingresos.

Pensemos en las inversiones que mejoran la eficiencia energética de los centros de datos, que utilizan entre 10 y 20 veces más energía que los edificios comerciales de tipo medio y, por tanto, contribuyen mucho más a las emisiones de los gases que producen el efecto de invernadero. Las decisiones sobre las características de los centros de datos son importantes para la gestión de los costos, la obtención de un suministro fiable de energía y agua y la reducción de los riesgos para la reputación, en particular dado que cada vez se tiene más en cuenta el cambio climático en las reglamentaciones mundiales. La construcción de centros de datos de Google que utilizan un 50 por ciento menos de energía por término medio le ha brindado ahorros considerables.

Casos de éxito similares se han dado en todos los sectores. Desde 2011, la empresa química DuPont de los EE.UU. ha invertido 879 millones de dólares en la investigación e innovación de productos con beneficios medioambientales cifrables, ha registrado 2.000 millones de dólares de ingresos anuales gracias a productos que reducen las emisiones de los gases que provocan el efecto de invernadero y otros 11.800 millones de dólares más en ingresos debidos a recursos renovables, como las energías eólica y solar.

Asimismo, la empresa multinacional de bienes de consumo Procter and Gamble notificó 52.000 millones de dólares en ventas de “productos de innovación sostenible” de 2007 a 2012, lo que constituye el 11 por ciento del total de ventas de esa empresa en ese período.

Hay razones válidas para creer que, al invertir en la mejora de la sostenibilidad material, las empresas pueden aumentar el valor de las acciones. En realidad, para que una empresa cumpla con su responsabilidad fiduciaria para con sus inversores, apenas tiene otra opción que la de no limitarse a obtener réditos financieros, sino incorporar los factores SMG que con el tiempo pueden tener repercusiones materiales en sus resultados. Ésa es precisamente la clase de incentivo que podría impulsar el mundo hacia un futuro más sostenible.

Traducido del inglés por Carlos Manzano.


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Se trata de la caída a largo plazo de la tasa de ganancia: ¡y no es broma!

Michael Roberts ….

He asistido a un seminario de dos días sobre el análisis marxista de la situación actual del capitalismo. Fue organizado por Alex Callinicos en el Kings College, Universidad de Londres, y ha reunido a una serie de estudiosos marxistas del Reino Unido y Europa, que han presentado sus papeles y discutido y debatido con los participantes.

El primer día comenzó con una discusión sobre si el propio Marx tenía una teoría de las crisis en el capitalismo y, de ser así, ¿cual era? Los lectores de mi blog sabrán que este es un tema controvertido y que académicos como Michael Heinrich consideran que Marx nunca desarrolló una teoría clara de las crisis y también que la ley de tendencia decreciente de la tasa de ganancia de Marx no tiene nada que ver con la teoría de la crisis (ver mis notas 1 y 2).

El profesor Michael Krätke (MK) inició este debate con una ponencia titulada "La teoría de Marx de las teorías de la crisis" (ver aquí su presentación). MK es un eminente erudito de los escritos de Marx en sus manuscritos originales y de la historia de la teoría marxista de las crisis, y ha adoptado lo que podríamos llamar un "camino intermedio". De acuerdo con MK, Marx nunca abandonó la pretensión de desarrollar una teoría de las crisis y avanzó en este objetivo; pero, por otro lado, MK cree que Marx no consideró su ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (TDTG) como parte de esa teoría. Es posible encontrar varias versiones diferentes de la teoría de las crisis en Marx, pero no una construida a partir de la TDTG.

Según MK, para Marx: "La tendencia decreciente de la tasa de ganancia no tiene la menor importancia. Por el contrario, Marx critica explícitamente la visión, tal y como la encuentra en Adam Smith, de que una caída en la tasa general de ganancia provocaría las crisis (de ahí la tan citada afirmación de que "no hay crisis permanentes". Mi punto de vista, sin embargo, es que Marx criticó en realidad la descripción de Smith de la tasa decreciente de ganancia como una caída gradual a largo plazo, en contraste con su propio punto de vista sobre la base de su ley que llevaba a convulsiones cíclicas en la producción capitalista cuando la tasa de ganancia caía. Por otra parte, su propia explicación de la caída de la tasa de ganancia era completamente diferente de la de Smith.

De todos modos, en opinión de MK, la TDTG es irrelevante para la teoría (¿teorías?)de las crisis de Marx . Y nunca la mencionó en ninguno de sus estudios sobre las crisis capitalistas de los años 1860, 1870 o al inicio de la Larga Depresión de la década de 1880. He abordado ya este argumento de que Marx no menciona la ley en notas anteriores en relación con las opiniones de Michael Heinrich. Pero lo que MK dijo fue que no estaba de acuerdo con Heinrich en que Engels había distorsionado o tergiversado la visión de Marx sobre la TDTG como aparece en los capítulos 13 a 15 del Volumen III. MK cree que Engels hizo un fiel trabajo de edición. MK también mencionó que Marx había comenzado a trabajar en la comprensión de la naturaleza de las depresiones y no sólo de la recesiones en sus últimos estudios realizados en la década de 1880. Sobre esta controversia cada vez más rancia sobre si Marx cambió su punto de vista sobre la relevancia de la ley de la rentabilidad y no se lo dijo a Engels; y sobre lo que pasó con todos los borradores de los manuscritos de Marx, sólo puedo hacer referencia al excelente trabajo académico de Fred Moseley (Introducción3 y FRP-FRL).

Lucía Pradella trató de un tema diferente en la teoría de las crisis de Marx y adoptó un ángulo diferente ( ver el resumen del taller de Pradella). Ha estudiado con todo cuidado los escritos de Marx de los años 1850 en relación con la expansión colonial en la India, etc y ha descubierto que el modelo teórico de Marx fue considerar el capitalismo como una economía mundo y no una serie de capitales nacionales con el fin de entender cómo el modo de producción capitalista condujo a una colonización / expansión imperialista. Y en este nivel de abstracción, Marx pareciese concluir que la expansión colonial era parte de la tendencia en el capitalismo al crecimiento de la composición orgánica del capital en las economías más desarrolladas (siendo su imagen en el espejo una caída de la rentabilidad en el marco de la TDTG) y, por lo tanto, la expansión colonial era una tendencia para contrarrestar la ley de la rentabilidad decreciente.

Gomes de Deux presentó un trabajo sobre los Cuadernos de Marx (Leonardo G Deus et alii, Los cuadernos de Marx) escritos entre 1868 y 1869 que revelan que después de terminar los manuscritos que se convirtieron en El capital, Marx continuó un amplio estudio de las crisis, destacando la transformación emergente del capitalismo en los principales sectores industriales (ferrocarriles), las innovaciones financieras (tales como empresas de responsabilidad limitada y nuevos tipos de acciones y títulos). Alentadas por la crisis de 1866, las investigaciones de Marx sobre las bolsas de valores y cambios estructurales similares parecen haberle dado una nueva perspectiva desde la que investigar los cambios en el capitalismo. Pero, de nuevo, no hay pruebas (en ningún sentido, si se quiere) de que Marx cambiase su punto de vista sobre la ley de la rentabilidad.

En la siguiente sesión, se presentaron papeles sobre la naturaleza de las crisis desde un punto de vista marxista. Alex Callinicos y Joseph Choonara expusieron una investigación crítica sobre los puntos de vista del Profesor David Harvey sobre la teoría de las crisis de Marx (Callinicos y Choonara, Cómo no escribir sobre la tasa de ganancia). Los lectores de mi blog estarán al corriente del debate que ha tenido lugar entre Harvey y yo y otros como Andrew Kliman sobre (una vez más) si la ley de la rentabilidad de Marx es lógica y empíricamente comprobable y relevante como teoría de las crisis (ver mi nota de respuesta a Harvey). Callinicos y Choonara demostraron que Harvey solía tener una visión más abierta sobre estos temas en sus primeros trabajos, pero que ahora ha endurecido su rechazo de la ley y que en su lugar busca varias y vagas 'multicausas' de las crisis, en detrimento de su análisis, en opinión de ambos ponentes.

Guiglemo Carchedi presentó un documento que pretendía demostrar que la ley de la rentabilidad de Marx era pertinente a las crisis, y en particular a la Gran Recesión (ver la presentación de Carchedi). El suyo fue un análisis empírico y reveló que las crisis de la posguerra en los EE.UU. ocurrieron cuando hubo una caída de valor nuevo creado (beneficios y salarios combinados). Esto puede ocurrir incluso si la tasa de ganancia ha crecido anteriormente. Tan pronto como la composición orgánica del capital comienza a crecer más que la tasa de plusvalía, la rentabilidad cae y también lo hace el nuevo valor. Esto se ajusta a la ley de Marx y muestra una conexión causal entre la ley y las recesiones en el capitalismo, en opinión de Carchedi.

Jan Toporowski presentó un documento en el que sostenía que la verdadera causa de la Gran Recesión no fue una burbuja inmobiliaria inflada a base de crédito, como la mayoría piensa, sino en realidad la financiarización del sector empresarial no financiero a través de la emisión de bonos (ver enlace al papel de Toporowski en el articulo original en inglés). Ello dio lugar a un exceso de endeudamiento cuyo servicio, en un determinado momento, llegó a ser insostenible. Así que la causa oculta de la Gran Recesión fue la excesiva deuda corporativa, no el "castillo de naipes" de las hipotecas sub-prime. Esta es una idea interesante, aunque no del todo convincente por lo que se refiere a la Gran Recesión. De hecho, creo que este podría ser el talón de Aquiles de la próxima recesión, ya que los datos muestran que la deuda del sector empresarial no se ha reducido en modo alguno desde el final de la Gran Recesión, todo lo contrario.


Así que la acumulación de deuda de las empresas podría ser un detonante de una nueva recesión en las economías avanzadas y emergentes.

El último día aparecieron las divergencias dentro del taller sobre la naturaleza de las crisis capitalistas y su causa. Gerard Dumenil, el conocido economista francés coautor de numerosos libros y papeles con Dominique Levy, ya había expuesto su punto de vista el día anterior de que el capitalismo está en una "crisis neoliberal", una nueva época estructural del capitalismo desde la década de 1970 (ver Dumenil neoliberalismo). Mientras que la gran crisis y la depresión de los años 1880 y 1890 se pueden atribuir a una de caída de la rentabilidad (una crisis clásica, si se quiere) y también la "crisis de la década de los 1970 (fuera la que fuera), ni la Gran Depresión de 1930 ni la Gran Recesión encajan en esta explicación. Estas últimas fueron el resultado de la imposición de la "hegemonía financiera", o si se prefiere del predominio del sector financiero sobre el sector productivo del capitalismo. El periodo neoliberal se caracteriza por un fuerte aumento de la desigualdad de la riqueza y el ingreso, en la medida en que los muy ricos (el 0,1% superior) se lanzaron a una "carrera enloquecida para hacerse ricos" a costa del resto de todos nosotros y finalmente del propio capitalismo. Dumenil lo ilustra con un excelente cuadro para los EE UU en el siglo XX, que se resume así: ingreso promedio por hogar en EE UU en siete fráctiles, con desigualdad en los años 1920 y 1930, igualdad en el período de posguerra; y a continuación, desigualdad de nuevo.

En el período neoliberal, tenemos una nueva explotación de los pobres a través de la desregulación de las hipotecas, la difusión de los derivados financieros, lo que lleva a los súper bonos de los altos ejecutivos. En opinión de Dumenil, la crisis neoliberal se produce cuando esta aventura loca ya no es sostenible. Así que la crisis neoliberal y la de la Gran Depresión en la década de 1930 fueron realmente consecuencia de la codicia y la explotación de clase y no tuvieron nada que ver con la caída de la rentabilidad, que aumentó en vez de caer.

Me preocupan varias cosas en este análisis. En primer lugar, ¿por qué comenzó esta carrera enloquecida por el dinero justo después de la "crisis clásica" de caída de la rentabilidad en los años 1970? ¿No fue este período neoliberal una reacción del capitalismo para intentar revertir la caída de la rentabilidad a través de los factores opuestos clásicos que Marx había señalados en su ley: el aumento de la tasa de explotación, el abaratamiento del capital constante gracias a las nuevas tecnologías, o simplemente frenando nuevas inversiones y, sobre todo, mediante la inversión en capital ficticio en lugar de los sectores productivos, como Carchedi había demostrado el día anterior?

En segundo lugar, he analizado estos argumentos de Dumenil antes (ver mi nota de hace más de cuatro años) y también he mirado la tasa de ganancia usando los propios datos de Dumenil para la Gran Depresión y me parece una crisis "clásica" de rentabilidad - la rentabilidad había alcanzado su punto máximo en 1924 en EE UU, mucho antes de la crisis de 1929. En cuanto al período neoliberal, he defendido que la rentabilidad aumentó también a partir de la década de 1980, pero que dejó de crecer en todas las principales economías en la década de 1990 y entró en una fase de declive que sentó las bases para la Gran Recesión y más tarde para la Gran Depresión. Y las propias cifras de Dumenil lo confirman también en el caso de EE.UU. .

Detrás de teoría de la crisis neoliberal de Dumenil esta su visión de que, de hecho, ahora hay tres clases en el capitalismo: los trabajadores, los capitalistas y los gerentes. Y son los gerentes los que ahora controlan el "equilibrio de poder". En el período neoliberal han sido ellos quienes han cobrado los grandes bonos y apoyado al capital financiero contra los trabajadores. No habrá posibilidades de cambio hasta que los gerentes no se pasen al lado de los trabajadores. Así que tenemos una teoría política de la crisis en lugar de una económica. Y parece que defiende la colaboración de clases como forma de salir de esta crisis. Dudo que Marx hubiera estado de acuerdo.

En mi propio papel (ver aquí) traté de demostrar que el periodo neoliberal realmente había sido testigo de una recuperación muy débil dentro de un declive muy largo plazo de la rentabilidad del capital en las principales economías. Apoyándome en la obra de Esteban Maito, defendí que ha habido una disminución secular de la rentabilidad durante todo el capitalismo, con repuntes intercalados, causado bien por crisis que reducían el valor del capital o por períodos en los que diversos factores contrarrestaban ese declive, como durante el período neoliberal . Pero estos repuntes llegaron a su fin y la ley actúa reduciendo la rentabilidad y provoca nuevas recesiones. Las crisis se producen, argumenté (de manera similar a Carchedi) cuando la caída de la rentabilidad conduce a una caída en la masa de beneficios y poco después cae la inversión y el PIB también se desploma. En contra de la teoría keynesiana / kaleckiana, son los beneficios los que alientan la inversión de plomo y la inversión la que empuja el empleo y el consumo - algo que Dumenil confirmó con sus datos que muestran que el consumo no fue un factor importante en la Gran Recesión: fue la caída de la inversión.

Mis datos sobre la evolución de los beneficios en EE. UU. en relación con los cambios en la inversión fueron cuestionados por Jim Kincaid y Pete Green en la discusión. Argumentaron que ¿cómo podía la masa de beneficios crecer y la tasa de ganancia caer?: era contradictorio. También la correlación causal entre beneficios e inversiones, calculada por Tapia Granados, que siempre cito (ver inversiones y beneficios), era sólo del 44%. Y eso no es concluyente de una relación causal.

Terminado el taller, he vuelto a repasar mis datos. Encontré que si calculo las correlaciones entre la tasa de ganancia, la masa de beneficios y la inversión a partir de los datos oficiales de Estados Unidos para los años 2000 a 2013, hay unas correlaciones muy altas entre la rentabilidad, los beneficios y la inversión. En primer lugar, la correlación entre los cambios en la tasa de ganancia y la inversión fue del 64%; segundo, la correlación entre la masa de beneficios y la inversión fue del 76%; y tercero, la correlación entre la tasa de ganancia (con un año de retraso) y la masa de beneficios fue también del 76%. Es necesario calcular la tasa de ganancia con un año de retraso porque los datos son anuales y no trimestrales.

De todos modos, estos cálculos proporciona un poco más de apoyo a los papeles de Carchedi y Roberts. Tapia Granados ha escrito un nuevo papel que también proporciona un mayor apoyo estadístico a estas conexiones causales. Sus nuevos datos muestran que (a) la inversión no es autónoma, los beneficios aumentan la inversión futura; (B) la inversión tiende a disminuir los beneficios futuros; y (c) hay poca evidencia de que el gasto público del gobierno pueda estimular la inversión futura y de esta manera pueda impulsar un relanzamiento de la economía. Ahora que se han publicado los últimos datos sobre los beneficios corporativos de Estados Unidos para el primer trimestre de 2015, volveré a estas cuestiones en una futura nota.


El principal ataque a mi visión de las causas de la crisis a partir de la TDTG y sus contra-factores, vino del profesor Krätke en el resumen de esta sesión y del profesor Dumenil en sus comentarios. Dumenil intentó desprestigiar la obra de Esteban Maito ( Maito, Esteban -. La fugacidad histórica del capital La tendencia decreciente en la tasa de ganancia desde el siglo XIX ). "Es un chiste", aseguró Dumenil, porque él y su colega Levy eran reconocidos expertos mundiales en datos: analizaban cientos de bits de datos cada día (al parecer a diferencia del resto de nosotros). Y por lo tanto sabía que era imposible conseguir un ROP para el mundo que se remontase a la década de 1850 como ha hecho Maito. Lo había intentado sólo para Francia y no había tenido éxito. Así que los datos "de ese argentino" eran una broma, o una estafa. No podemos probar que hay un declive secular a largo plazo.

Le respondí que los datos de Maito para los EE.UU. se basan en los propios datos (¡muy exactos!) de Dumenil. Y que presumiblemente, por tanto, no eran una broma. Y que usando estadísticas nacionales era muy probable que se pudiese hacer lo mismo para otros países con las advertencias y las lagunas habituales. De todos modos, todos los datos muestran la misma tendencia y dirección que los datos estadounidenses de Dumenil. Por cierto, Maito no lo ha hecho para Francia, por lo que presumiblemente ha encontrado los mismos problemas que Dumenil para ese país. De hecho, Maito ofrece una explicación detallada de sus fuentes y métodos en su documento, que incluye los archivos en Excel y tiene la intención de publicar más detalles sobre sus estadísticas para los académicos interesados (según un reciente correo electrónico que he recibido de él). Así que el profesor Dumenil tendrá más datos para absorber en su experta manera.

Una vez más, he encontrado el argumento en contra de la función de la rentabilidad en las crisis presentado por el profesor Krätke y otros un tanto extraño. Dumenil al menos reconoció que la "crisis de la década de 1970" fue una 'crisis de rentabilidad'. En el taller pregunté: ¿hay alguien en la sala que piense que la "crisis de 1970" (sea lo que fuera) no se debió a la caída de la rentabilidad? Y nadie dijo nada.

El debate terminó aparentemente en una separación entre aquellos que piensan que Marx tenía una teoría de las crisis y los que creen que no la tenía. Y entre aquellos que consideran que la teoría de las crisis de Marx no era algo tan "crudo y fundamentalista" como la ley de la rentabilidad de Marx, sino mucho más "compleja, multicausal (incluso keynesiana)" y los que siguen "dogmáticamente" convencidos de la ley. Creo que es una división artificial. Después de todo, el profesor Dumenil apoyó la opinión de que la caída de la rentabilidad fue la causa de la depresión de la década de 1880, cuando Marx aún vivía; y de la crisis de la década de 1970. Y aquellos de nosotros que apoyamos la ley de la rentabilidad también reconocemos el papel del crédito / deuda (capital ficticio) en el desencadenamiento de las crisis (ver mis papeles Ámsterdam y La deuda importa).

Hubo un interesante e innovador papel presentado al final por Eduardo Alburquerque que puede servir para pensar el futuro del capitalismo (ver Albuquerque). Albuquerque, utilizando nuevas fuentes, mostró que había nuevos sectores tecnológicos en el capitalismo que eventualmente podrían impulsar la siguiente etapa de desarrollo capitalista. En mi opinión, no hay crisis permanente del capitalismo. Se mueve en ciclos, como mi papel argumentó. Así que en un momento determinado, la acumulación de capital volverá a producirse. Se recuperará la rentabilidad del capital y se utilizarán estas nuevas tecnologías. Pero probablemente no sucederá sin otra gran recesión antes de que acabe esta década. Lo digo porque la rentabilidad es todavía demasiado baja en la mayoría de las economías y el desapalancamiento de la deuda tiene aún mucho camino por recorrer dado su gran crecimiento anterior a la Gran Recesión (volveré sobre ello en una próxima nota). Si el capitalismo vuelve a crecer con nuevo aliento en la década de 2020, lo hará sobre la base de los robots y la inteligencia artificial. Y eso plantea un escenario completamente nuevo en el capitalismo y en la naturaleza de las crisis. Una vez más, volveré a abordar el tema de los robots y la IA en una futura nota - ¡si alguna vez lo consigo!

Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Traducción para www.sinpermiso.info. Gustavo Buster

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Michael Hudson: Hay que desafiar la operación saqueo de Ucrania

[La ministra de finanzas ucraniana Natalie Jaresko acaba de confirmar lo que todo el mundo sabe: Ucrania no tiene forma de evitar el impago del servicio de su deuda externa de 41.000 millones de dólares (40,6% del PIB). Un grupo de inversores privados, acreedores de 9.000 millones -entre ellos Franklin Templenton, Black Rock y Allianz- han propuesto una reestructuración de 15.800 millones en cuatro años, consistente en extender el plazo de la deuda, saquear las reservas para pagar 4 mil millones de aquí a 2019 y otro tanto en 2020. Si no se llega a un acuerdo en dos semanas, el FMI no podrá hacer efectivo un nuevo rescate del país por 17.500 millones de euros, lo que significará la quiebra del país. Sin embargo, el gobierno de Kiev exige una reducción sustancial del principal de la deuda y su restructuración en dos tipos de bonos (de los 29 actuales). A diferencia de Grecia, el ministro de finanzas alemán, Wolfang Schaüble, ha declarado que: “Estamos de acuerdo de que hay que apoyar la negociación de la reestructuración de la deuda ucraniana, que debe llegar a termino”. Ucrania debe a Rusia otros 3 mil millones de dólares y ha mantenido el servicio de la deuda hasta ahora gracias en buena medida a bonos por valor de mil millones de dólares garantizados por la Agencia Internacional de Desarrollo de EE.UU. Ucrania sufre una segunda “terapia de choque” neoliberal, después de la de 1991, con una caída del 20% del PIB y una inflación del 61%.]

Michael Hudson, Sin Permiso

El colapso de Ucrania desde el golpe de Estado de febrero de 2014 se ha convertido en una excusa para el saqueo. La víctima colateral de este “agarra lo que puedas y corre” han sido los trabajadores. A muchos trabajadores simplemente no se les paga, y lo que realmente se paga suelen ser salarios tan bajos que son ilegales. Los empleadores acumulan todo el dinero que tienen en sus empresas y lo transfieren lo más lejos posible – mejor al extranjero, y siempre en divisas extranjeras.

Los atrasos salariales son cada vez peores, porque como Ucrania se acerca al impago de su deuda de 10 mil millones de euros, los cleptócratas y los empresarios están abandonando el barco. Saben que los préstamos extranjeros se han agotado y que el tipo de cambio se hundirá aún más. El anuncio la semana pasada de la Rada de que ha destinado 8 mil millones de euros del servicio de la deuda para financiar un nuevo ataque militar a la región oriental exportadora del país ha sido la última gota para los acreedores extranjeros e incluso el FMI. Sus préstamos han ayudado a apoyar el tipo de cambio de la hryvnia el tiempo suficiente para que los banqueros, los hombres de negocios y los especuladores puedan sacar todo el dinero que tienen y tantos euros o dólares como puedan antes del colapso inminente de la economía del país en junio o julio.

En esta situación pre-quiebra, vaciar la tienda significa no pagar a los trabajadores ni las facturas. Los atrasos salariales han alcanzado los 2 mil millones de hryvnias, adeudados a más de medio millón de trabajadores. Ello ha obligado a la Federación de Sindicatos de Ucrania a concentrar piquetes ante el Consejo de Ministros el miércoles 27 de mayo. Están convocadas más manifestaciones para los próximos dos miércoles, 3 y 10 de junio. De acuerdo con el secretario adjunto de la federación sindical, Serhiy Kondratiuk, "el salario de subsistencia actual de 1,218 hryvnias es un 60% menor que el salario mínimo legal en Ucrania, que es calculado por el Ministerio de Política Social. ... El salario de subsistencia en el país debe superar las 3.500 hryvnias al mes, pero el gobierno se niega a un diálogo social para revisar las normas". [1]

Un escenario amenazante

Con las cuentas bancarias vacías, las empresas ucranianas se convertirán en meros cascarones. Con la economía de Ucrania quebrada, los únicos compradores con dinero fresco son europeos y americanos. Vender a los extranjeros es, pues, la única manera que tienen los administradores y propietarios para conseguir recuperar algo: mediante pagos en moneda extranjera en cuentas en el extranjero, lejos de cualquier fiscalización o control en Ucrania. La privatización y la fuga de capitales van de la mano.

Lo mismo ocurre con la mano de obra que cambia de empleador. Los nuevos compradores reorganizan los activos que adquieren, declaran las viejas empresas en quiebra y borran de su contabilidad sus atrasos salariales, junto con cualquier factura que adeuden. Las empresas reestructuradas declararán que la quiebra ha finiquitado cualquier deuda con los trabajadores de las antiguas empresas (privadas o públicas). Es muy parecido a lo que hacen los inversores de adquisiciones corporativas en Estados Unidos para acabar con las obligaciones heredadas de pensiones y otras deudas. Alegarán que hay que "salvar" la economía de Ucrania y "hacerla competitiva".

La Operación Buitre

El golpe de Estado de Pinochet en Chile fue un ensayo general de todo esto. La junta militar, respaldada por Estados Unidos, seleccionó como objetivos a neutralizar a dirigentes sindicales, periodistas y potenciales líderes políticos, así como a profesores universitarios (cerrando todos los departamentos de economía de Chile a excepción del de la Universidad Católica, que seguía la doctrina económica de "libre mercado" de la Escuela de Chicago). No se puede imponer el "libre mercado" que defiende la Escuela de Chicago, después de todo, sin adoptar medidas totalitarias.

A los estrategas estadounidenses les gusta designar estas conspiraciones con nombres de aves rapaces: Operación Phoenix en Vietnam y Operación Cóndor en América Latina, que tenían como objetivo la eliminación de intelectuales y militantes “izquierdistas”. Se ha puesto en marcha un programa similar en la Ucrania rusófona. No sé la palabra código que se utiliza, así que vamos a llamarla Operación Buitre.

Para los dirigentes sindicales el problema no es sólo cobrar los salarios atrasados, sino sobrevivir con un salario digno. Si no protestan, simplemente no se les paga. Por eso están organizando una movilización neo-Maidan explícitamente a favor de los asalariados, de manera que los francotiradores del Sector Derecha de la junta no puedan acusar a los manifestantes de ser pro-rusos. Los sindicatos se han protegido buscando el apoyo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y de la Confederación Sindical Internacional en Bruselas.

La táctica más eficaz para hacer frente a la corrupción que está permitiendo la falta de pago de salarios y pensiones es centrarse en el apoyo exterior del actual régimen, sobre todo el FMI y la UE. Apoyarse al mismo tiempo en las reivindicaciones laborales para exigir también otras reformas, como la prohibición de la venta de tierras, materias primas, servicios públicos u otros activos ucranianos a compradores extranjeros y exigir que gobiernos menos corruptos puedan revertir estas ventas y privatizaciones en el futuro.

A favor de los trabajadores juega el hecho de que el FMI ha violado su Convenio Constitutivo al otorgar préstamos para fines militares. Tan pronto como recibió su último préstamo, Poroshenko anunció que intensificaba su guerra contra el Este. Esto hace que el préstamo del FMI se asimile a lo que los juristas llaman una deuda odiosa: deudas de una junta que toma el poder, saquea las reservas y otros activos públicos del gobierno, y que los futuros gobiernos deben pagar a pesar de ser un robo.

La lucha de los sindicatos por un salario digno no es sólo en relación con los atrasos salariales, sino también para poner en marcha un plan de recuperación que proteja la economía de una política neoliberal como la que se ha aplicado en Grecia y Letonia. Los estrategas estadounidenses han estado discutiendo como denunciar los 3 millones de dólares que Ucrania debe a Rusia como una "deuda odiosa"; o, tal vez, clasificarla como "ayuda externa" y, por lo tanto, que no sea legalmente exigible. Por irónico que parezca, el Instituto Peterson de Economía Internacional, George Soros y otros “guerreros fríos” han proporcionado a futuros gobiernos de Ucrania un repertorio de motivos legales para reconstituir su economía sin la carga de la deuda externa, permitiendo que el gobierno este en condiciones de pagar los salarios y pensiones atrasadas.

La alternativa de los acreedores internacionales es obligar al gobierno ucraniano a que pague a los tenedores de bonos extranjeros, al FMI y la Unión Europea en primer lugar, y que solo después defienda sus derechos soberanos para evitar su autodestrucción.
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Notas:
[1] “Trade unions to picket government weekly from May 27, 2015,” Interfax.

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Cuba y el camino de la recuperación, 20 años después

Dr. Jose Luis Rodriguez
29/04/2014

Desde finales de 1993 y durante los primeros meses de 1994, Cuba enfrentó los momentos más difíciles de la crisis económica que se dio en llamar Período Especial. A las más terribles carencias materiales, que reflejaban la caída de casi el 35% del PIB en solo tres años, se sumaba la incertidumbre ante el porvenir y la difícil perspectiva de una solución frente al presagio del desastre que pregonaban muchos dentro y fuera del país, si este no renunciaba a la utopía socialista.

Esa evolución había comenzado con la caída del socialismo en Europa y la desaparición de la URSS en 1991. La economía cubana había venido enfrentando la crisis que inevitablemente se desató, replegándose forzosamente con el objetivo de resistir su impacto al menor costo social posible, y sin ceder frente a la oleada de neoliberalismo que se extendía por todo el mundo entonces, presentándose como un “camino” para salir adelante.

La coyuntura alcanzó su punto álgido en el verano de 1993, cuando resultó inaplazable un giro en los acontecimientos ante la gravedad de la situación. Por esa época, un fenómeno meteorológico bautizado como la Tormenta del siglo se abatió sobre el país causando pérdidas por más de mil millones de dólares, y la zafra sufrió los efectos de las anomalías climáticas, dejando de ingresar otros 400 millones.

Se impuso entonces la búsqueda urgente de nuevas fuentes de ingresos en divisas, lo que llevaría a que se adoptara un régimen de dualidad monetaria mediante el Decreto Ley No. 140, de agosto de 1993. 

A partir de esta decisión se autorizó la circulación interna de siete divisas con las que -junto al peso cubano- podría operar el grupo de empresas de la economía estatal capaz de generarlas, al tiempo que también lo harían los inversionistas extranjeros interesados en asociarse al Estado cubano en empresas conjuntas. 

Simultáneamente, se autorizó la recepción de remesas por el segmento de la población que podía recibirlas, las cuales permitirían incrementar su consumo mediante la compra de mercancías en tiendas de recaudación de divisas especialmente diseñadas para ello, con el establecimiento del equivalente de un impuesto sobre las ventas en sus precios, de lo cual se beneficiaría la sociedad mediante su redistribución a través del presupuesto estatal. 

Junto a esta medida de singular importancia se adoptaron otras igualmente trascendentes, pero cuyo efecto se percibiría a más largo plazo, y que modificarían la estructura de la propiedad agraria, priorizando el sector cooperativo agropecuario, en tanto se expandía nuevamente el pequeño sector privado mediante el trabajo por cuenta propia ante la contracción del empleo estatal.

Sin embargo, ninguna de estas decisiones lograba frenar el impacto de la presión inflacionaria que se manifestaba en el exceso de liquidez en manos de la población frente a la contracción inevitable de la oferta estatal de bienes y servicios. 

De tal modo, durante los primeros meses de 1994 esa liquidez alcanzó un volumen equivalente al 66% del PIB y el déficit del presupuesto de 1993 llegó al 33% de ese indicador. Esta creciente expansión monetaria provocaba ya un desinterés laboral acelerado ante la pérdida del papel estimulador de los salarios, y paralelamente se apreciaba una desmonetización acentuada con la aparición del trueque y la pérdida de las funciones del dinero.

Resultaba urgente frenar en seco estas peligrosas tendencias y, al mismo tiempo, crear las condiciones que permitieran iniciar una gradual recuperación económica del país.

Para dar solución a este problema, y tras un largo proceso de discusión masiva que involucró a gran parte de la población y se conoció como “parlamentos obreros”, se convocó un período de sesiones extraordinario de la Asamblea Nacional los días 1 y 2 de mayo de 1994.

En un paso completamente inédito en la economía cubana de entonces, se trataba de introducir medidas para el reequilibrio de las finanzas internas a través de decisiones encaminadas a eliminar las crecientes presiones inflacionarias.

Por un lado, se elevaron los precios y tarifas de una serie de productos y servicios mayormente no esenciales (sería el caso de los cigarros y las bebidas alcohólicas) mediante el consenso mayoritario de la sociedad, y se introduciría una nueva ley fiscal en agosto de ese año para incrementar los ingresos presupuestarios.

Por otro, se conectaría la circulación de moneda convertible y pesos cubanos para las personas naturales mediante la creación de CADECA en octubre de 1995, lo cual contribuiría al drenaje del exceso de liquidez en pesos mediante el acceso a la moneda convertible, que permitiría las compras en las tiendas de recaudación de divisas.

A todo lo anterior se unió la reducción de los subsidios por pérdidas a las empresas estatales, asumiendo su paralización, al tiempo que se establecía un seguro contra el desempleo. Simultáneamente, las empresas capaces de sustituir importaciones debían hacerlo con costos inferiores a las mismas, lo que las enfrentaba a la necesidad de acceder a niveles de competitividad internacional para abastecer el mercado interno que operaba en divisas.

Fue el conjunto de estas cruciales decisiones, implementadas en el segundo semestre de 1994, lo que posibilitó iniciar la gradual recuperación de la economía cubana. Ese año, el PIB creció un modesto 0,7%, la liquidez en manos de la población bajó al 48,8% del PIB, el déficit presupuestario cayó al 7%, el de cuenta corriente se situó en -1,3%, y la cotización de la divisa en la economía informal disminuyó rápidamente a 60 pesos por dólar.

Muchas de las experiencias derivadas de ese proceso mantienen su validez veinte años después, especialmente en lo referido al positivo impacto en la eficiencia de la descentralización de las decisiones en las empresas estatales, el incremento puntual del ingreso de los trabajadores como vía para el crecimiento de la productividad en sectores claves y el favorable impacto de la apertura a la inversión extranjera.

Se trata de lecciones que no debemos olvidar.