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sábado, 5 de agosto de 2017

La humanidad ya consume los recursos de 1,7 veces el planeta

Enric Llopis, Rebelión

El ser humano consume ya los recursos producidos por 1,7 veces el planeta (2,4 en el estado español), advirtió el pasado dos de agosto WWF. Esta organización conservacionista y Global Footprint Network han señalado la importancia de la fecha, ya que muestra el creciente impacto de la actividad humana sobre el medio natural. Si en 1997 el ser humano consumió a finales de septiembre el equivalente a los recursos anuales que la naturaleza puede regenerar; en 2016 la fecha se adelantó al ocho de agosto y en 2017, al día dos del mismo mes. Es el denominado “Día de la Sobrecapacidad de la Tierra”, que avanza año a año en el calendario.

Global Footprint Network destaca las emisiones de carbono como principal componente de la “huella ecológica” humana en el planeta, que además ha registrado un significativo aumento en las últimas décadas: pasó del 43% en 1961 al 60% en 2012 (el resto de componentes evaluados son tierras de cultivo y pastoreo, zonas de pesca, superficie forestal y suelo urbanizado). La causa principal de este predominio es el consumo de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural). Además de ser el principal factor de la “huella ecológica” a escala mundial, las emisiones de carbono lo fueron en 145 de los 233 países evaluados en 2012, según el informe de WWF “Planeta Vivo. Riesgo y resiliencia en el antropoceno” (2016).

En un artículo titulado “El planeta entra en números rojos”, la organización conservacionista destaca acciones cotidianas al alcance de cualquier ciudadano para retrasar el “Día de la Sobrecapacidad de la Tierra”. Por ejemplo, la reducción del uso del automóvil. Sin embargo, las tendencias son poco halagüeñas. La Organización Mundial de Constructores de Automóviles (OICA) informa que la producción global de vehículos aumentó un 5% en 2016 respecto al año anterior, lo que supone 94 millones de coches, vehículos comerciales y autobuses fabricados en 2016. China mantiene un rotundo liderazgo. Además, en 2014 se superó la cifra de 1.200 millones de automóviles circulando por el planeta.

No menos perentoria es la necesidad de reducir el despilfarro de alimentos, que asimismo plantea WWF. En 2012 la FAO señaló que un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano, en todo el planeta, se pierden o desperdician; la citada proporción equivale a 1.300 millones de toneladas anuales. “Es un exceso en una época en la que mil millones de personas pasan hambre”, advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. En el informe “El estado de los bosques en el mundo” (2016) la FAO alerta también sobre los ritmos de la deforestación. En el periodo 2000-2010 se registró una pérdida neta de siete millones de hectáreas anuales de bosque en los países tropicales, una parte en beneficio de la agricultura; el documento establece diferencias en función de las regiones; si la agricultura comercial da lugar a cerca del 70% de la deforestación en América Latina, el porcentaje se reduce a un tercio en África (en este continente la pequeña agricultura contribuye en mayor medida a la tala de bosques).

La “huella ecológica” permite medir las demandas de la humanidad a la naturaleza, en relación con la capacidad biológicamente productiva de ésta (para suministrar recursos, y también para absorber residuos). El Informe “Planeta Vivo” analiza este indicador, que además de los impactos de la acción humana sobre el medio ambiente, hace posible calibrar los desequilibrios globales. Así, entre 1961 y 2012, la “huella ecológica” media por habitante de los países con elevados ingresos (según la clasificación del Banco Mundial) aumentó de 5 a 6,2 hectáreas globales (la cota más alta, 6,6 en el año 1985). También se produjo un incremento en los países de ingresos medios: de 1,4 a 2,3 héctareas globales per cápita en el mismo periodo. El punto de contraste lo ofrecen los países con bajos ingresos, que en cinco décadas se mantuvieron en torno a una hectárea global por habitante. En los países empobrecidos, los patrones de consumo que determinan la “huella ecológica” difieren de los del mundo rico. Así, en Tanzania el 94% obedece a las demandas de alimentos y vivienda, porcentaje que en Estados Unidos se sitúa en el 43%; y en el 51% en Alemania.

El informe de WWF señala que desde 1971, la demanda de la humanidad a la capacidad regenerativa del planeta no ha dejado de incrementarse. Si prosigue la tendencia, en 2020 la proporción entre demanda humana y capacidad regeneradora de la naturaleza podría ser un 75% superior en el primero de los conceptos. Uno de los capítulos en los que puede apreciarse el impacto de la acción humana sobre el medio es la producción de soja, que ha aumentado de manera franca en las últimas décadas. La superficie dedicada a su cultivo en América Latina pasó de 17 millones de hectáreas en 1990 a 46 millones en 2010 (la demanda europea requiere un área de 13 millones de hectáreas en Latinoamérica, aunque el principal importador y en palmario crecimiento es China); además, la FAO cifró la producción mundial del año 2013 en 278 millones de toneladas.

Con la soja se alimenta al ganado y, en consecuencia, se satisface una demanda en crecimiento exponencial de carne. “Esta expansión se ha asociado a un cambio considerable en el uso del suelo y a la deforestación de hábitats de gran valor ecológico, como el Cerrado brasileño”, subraya el documento “Planeta Vivo”. En 2014 WWF-Brasil hizo sonar las alarmas: “desde finales de los años 50 del siglo pasado hasta hoy, aproximadamente la mitad de la sabana natural del Cerrado se convirtió en territorio agrícola”. Si continúa la tendencia, agrega esta fuente, “se intensificaría la presión sobre el Cerrado, la Amazonía, el Chaco y otros ecosistemas amenazados”.

A partir de datos de la FAO, el Informe de WWF señala el enorme impacto de la producción ganadera. Cerca de un tercio de los 1.500 millones de hectáreas de los campos de cultivo del mundo tienen como fin la producción de alimentos para los animales; a ello se agregan 3.400 millones de hectáreas de pastos, destinados a forraje también para los animales. De este modo, puede concluirse que cerca del 80% de las tierras agrícolas se dirigen, de modo directo o indirecto, al ganado, bien para la producción cárnica, de lácteos u otras proteínas de origen animal. Una variable de interés es el impacto en el cambio climático de las actividades vinculadas al sector primario. La suma de agricultura, ganadería y el resto del sistema alimentario producen entre el 25 y el 30% de las emisiones de efecto invernadero, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas.

La acción depredadora del ser humano afecta también a la biodiversidad. El Índice Planeta Vivo (IPV) global resalta que en cuatro décadas, entre 1970 y 2012, la población de vertebrados se redujo en un 58%. En cuanto a las poblaciones analizadas en los sistemas de agua dulce (lagos, ríos y humedales), la disminución alcanzó el 81% en el periodo citado (los datos proceden del estudio de 3.324 poblaciones de 881 especies de agua dulce). Otro factor apuntado en el documento es la merma de los humedales, principalmente por la necesidad de terrenos para la agricultura. El índice WET, que mide las transformaciones del área de los humedales naturales, revela un descenso del 30% en las últimas cuatro décadas. Además, algunos especialistas apuntan que en las últimas tres centurias podrían haber desaparecido el 87% de la superficie de las zonas húmedas.

Circunstancias similares rodean a los ríos: cerca de la mitad de su volumen global fue alterado por la regulación de caudales o la fragmentación. Por otra parte, desde hace 25 años la FAO mesura la disponibilidad de recursos hídricos. En 2014 cerca de 50 países sufrieron “estrés” hídrico (principalmente en África, donde lo padecen el 41% de los países) o escasez de agua (el 25% de los países asiáticos), en comparación con la treintena de 1992. La amenaza se cierne también sobre la actividad pesquera. De hecho, entre 1974 y 2013 el porcentaje de peces que se situaba en cotas sostenibles pasó del 90 al 68,6%.

domingo, 14 de junio de 2015

La economía no es circular sino entrópica

Joan Martínez Alier · · · · ·
14/06/15

Un eslogan político que se oye en China y también en la Unión Europea es que la economía debería ser circular. Los activistas que luchan contra la avalancha y el desperdicio de la basura doméstica, a veces usan el eslogan residuo cero, zero waste, que se parece un poco a ese eslogan oficial. Es decir, hay que disminuir los residuos y hay que reciclar los que se producen. ¿Quién podría estar en contra?

¿Cómo funcionaría una economía circular? Por ejemplo, entra aluminio en la economía procedente de la minería de bauxita, el proceso consume mucha electricidad y deja un barro rojo tóxico. Ya no más: vamos a reciclar todo el aluminio que producimos y usamos, reciclar todas las latas y todos los marcos de ventana, además los vamos a hacer más finitos e igual de resistentes. Se acabó la minería de bauxita. Se gasta además –suponemos– menos energía para reciclar que para producir el aluminio. ¡Qué bien!

Como ha escrito Jesús Ramos Martín, bajo la ilusión de la economía circular, parecería que el crecimiento puede continuar de manera ilimitada, pues reciclaremos los residuos y los convertiremos en nuevos recursos. Por si fuera poco, si cada vez somos más eficientes en el uso de recursos, vamos a necesitar menos cantidad de los mismos. Pero ahí aparece una paradoja (la Paradoja de Jevons): la mayor eficiencia abarata el costo, y por tanto puede llevar a un mayor uso.

Además, veamos algunas cifras sobre el uso mundial de materiales y la falsa ilusión de una economía circular. ¿Cómo funciona realmente la economía mundial? Un artículo reciente de Willi Haas y sus colegas vieneses en elJournal of Industrial Ecology da algunas cifras. Recuerden que la población mundial es de algo más de 7 mil millones. Todas las cifras que siguen están también en miles de millones de toneladas (o lo que es lo mismo, gigatoneladas, GT), de manera que vemos que el uso de materiales por persona y año es de alrededor de ocho toneladas en promedio –pero en la India es solamente cuatro, y en Estados Unidos más de 20. Ese uso de materiales por año se divide en las siguientes categorías:

Doce GT de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) que en su casi totalidad van para ser quemados en la producción de electricidad o consumo doméstico, o en el transporte, es decir se usan como fuentes de energía. Son como fotosíntesis embotellada hace millones de años, la descorchamos y allá se va. No se puede quemar dos veces. El calor se disipa, por la segunda ley de la termodinámica o ley de la entropía.

Diecinueve GT de biomasa, para muchos usos distintos, la alimentación del ganado o directamente la alimentación humana (un kilogramo al día, más o menos), la producción de pasta de papel (eventualmente, una parte del papel es reciclado), la producción de madera para construcción, y la mayor parte de madera para quemar. Gracias a la fotosíntesis, esa biomasa se produce cada año otra vez, gracias a la energía solar y al agua, pero no se recicla más que en una pequeña parte. Además, los nutrientes (fósforo, potasio, nitrógeno) no regresan a los campos, en general. Mientras en algunos lugares faltan, en otros son producidos en exceso, llevan a la eutrofización de los cursos de agua por el exceso de nutrientes, o contaminan la napa freática con nitritos.

Veintidós GT de materiales de construcción, arenas y gravas para cementos. Esa extracción suele dañar el ambiente, pero además esos materiales apenas se reciclan. Aumenta el stock acumulado en los edificios, autopistas. Se puede discutir si se podría reciclar en mayor parte, y tal vez una economía sin crecimiento podría usar únicamente viejos materiales de construcción reciclados para reponer infraestructuras y rehabilitar viviendas. Estamos muy lejos de esta situación, no sólo porque la economía mundial todavía crece sino porque resulta seguramente más caro el reciclaje que la nueva extracción.

Por último, el cuarto sumando, a nivel mundial, es 4.5 GT de materiales metalíferos (de lo cuales la mayor parte se convierte en escorias y relaves), ingresando en la economía en promedio menos de una GT de metales ya concentrados y refinados. Algunos son de más fácil reciclaje que otros.

En conjunto, lo que se recicla actualmente en el mundo no es más de 6 por ciento de los materiales extraídos. Estamos lejísimos de una economía circular. Una economía que funcionara exclusivamente con energías renovables también sería entrópica, sin duda, pero dependería del flujo continuo de energía solar. Tal vez consiguiera reciclar todos los materiales, llevando a cero la extracción nueva. Estamos muy lejos de esta situación.


Joan Martínez Alier es catedrático de teoría económica de la UAB. Amigo y colaborador de SinPermisoes un investigador pionero en el campo de la economía ecológica.

http://www.jornada.unam.mx/2015/06/14/opinion/026a1eco

miércoles, 13 de mayo de 2015

Informe demoledor: explota la burbuja del fracking



Demoledor informe de la prestigiosa Academia Nacional de Ciencias de USA confirma contaminación por tóxicos en agua potable de viviendas próximas a explotación de Shale Gas.Como el Cambio Climático, ha dejado de ser hipótesis, la técnica de fractura hidráulica -fracking- es una técnica nociva para el ecosistema y de toda la vida de la que es sustento.

La prestigiosa National Academy of Sciences ha publicado informe- Proceedings of the National Academy of Sciences- demostrando de forma incuestionable la relación directa entre la práctica del fracking y la contaminación de los acuíferos poco profundos de agua potable de viviendas en el estado de Pennsylvania.

En el estudio científico queda acreditada sin lugar a dudas la presencia de agentes químicos en las muestras de agua potable tomadas en varias viviendas y fuentes de agua potable próximas a pozos de gas Marcellus Shale en explotación.


Aunque la contaminación de las aguas subterráneas por gas natural y derrames de fluidos de perforación se sabe que ocurre, nunca antes había sido plenamente documentada la contaminación de los acuíferos poco profundos de agua potable.

Al respecto, se investigó sobre el caso en los pozos de gas en Marcellus Shale de Pennsylvania, que causaron inundación de gas natural y de espuma en el agua subterránea potable básicamente utilizada por varios hogares.

En las muestras de agua potable tomadas se han encontrado restos de una sustancia química que normalmente se encuentra en líquidos usados durante ‘fracking’ en el yacimiento de esquisto de Marcellus, que también se extiende por el sur del vecino y densamente poblado Estado de Nueva York.


Mediante análisis cromatológico de gases, ha sido detectada mezcla compleja de compuestos orgánicos en el acuífero, así como la presencia de un compuesto positivamente identificado como 2-n-butoxietanol (sustancia disruptora endocrina, y neurotóxica ) en el agua de una fuente potable próxima a la plataforma de explotación de gas en Marcellus Shale.
INVERSIÓN RUINOSA

Los mercados no han sido ajenos al significado de la sentencia por parte de la comunidad científica, y así David Einhorn, director y fundador de la firma de inversión Greenlight Capital, aseguró durante una conferencia en Nueva York que las empresas de fracking no valen nada.

Según este inversor “Las compañías de fracking contaminan la rentabilidad de la inversión, es un negocio que quema dinero y no crece, no valen nada”, indicando lo inexplicable que resulta que Pioneer Natural Resources (empresa de fracking) puede tener una capitalización bursátil de 27.000 millones de dólares.

Tras las declaraciones del director de Greenlight Capital, Pioneer llegó a desplomarse en bolsa más de un 5%, su mayor caída intradía desde febrero, según publica el diario financiero The Wall Street Journal.

Einhorn aconsejó a los inversores que si están interesados en el petróleo inviertan en la propia materia prima. Hacerlo en las empresas de fracking puede ser una decisión fatal, pues se encuentra “Dramáticamente Sobrevaluado” , indicando que ni aunque el barril de crudo esté a 100 dólares estas empresas lograrán unos ingresos fuertes respecto a su endeudamiento.

El influyente inversor también señaló a Concho Resources como ejemplo de empresa dedicada a la fracturación hidráulica que invierte mucho y genera pocos beneficios. De la misma forma que Pioneer, las acciones de esta compañíacomenzaron a caer tras sus palabras.


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