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sábado, 18 de octubre de 2025

Proyecto Cuba-Michoacán impulsa siembra de maíz híbrido en Ciego de Ávila


octubre 18, 2025


La implementación de un proyecto de siembra de maíz híbrido, en el marco del convenio de cooperación Cuba-Michoacán, se alza como una de las iniciativas clave de la Empresa Agropecuaria Arnaldo Ramírez, en el municipio avileño de Primero de Enero, programada para ejecutarse durante el segundo semestre del año en curso.

El proyecto, que busca impulsar la producción de cereal para la alimentación animal, contempla una superficie significativa.

Según precisiones de Yudel Madrigal Vega, director del polo productivo, se prevé la siembra de 200 hectáreas del cereal, con requisitos donde el manejo adecuado de la tecnología será determinante para lograr los rendimientos estimados. El éxito de la cosecha dependerá en gran medida de la correcta aplicación del paquete tecnológico asociado al convenio.

De acuerdo con el reporte del periódico Invasor, como parte de los preparativos para asumir este desafío técnico, se realizó una intensiva jornada de capacitación. Una delegación de 10 violeteños, entre ellos especialistas, técnicos, operadores y jefes de Unidades Empresariales de Base (UEB) y de fincas, asistió al seminario de preparación impartido en la Empresa Agropecuaria La Cuba, presidido por Julio Gómez Moldón, vicepresidente del Grupo Empresarial Agrícola, del Ministerio de la Agricultura.

El evento contó con la presencia de altas autoridades provinciales, participaron, además, Julio Heriberto Gómez Casanova, primer secretario del Comité Provincial del Partido en Ciego de Ávila y Alfre Menéndez Pérez, gobernador, lo que denota la importancia política concedida al proyecto.

La colaboración no se limita a un solo territorio. El Proyecto Cuba-Michoacán también comprende su implementación en áreas de la Empresa Agropecuaria La Cuba y la UEB El Mambí, perteneciente a la Agropecuaria Integral Ciego de Ávila, precisó Wilfredo Méndez Parra, extensionista del Instituto de Investigaciones de Granos, subordinado a la Unidad Científico Tecnológica de Base (UCTB) Sur del Jíbaro, del municipio espirituano de La Sierpe.

Esta no es la primera experiencia con semillas de alto rendimiento en la región. Méndez Parra aseguró que hace alrededor de tres años, en suelo avileño (también en Sancti Spíritus y Matanzas) se sembró una semilla cubana, de maíz híbrido, proporcionada por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Ese antecedente resulta valioso para la nueva apuesta.

A juicio del ingeniero agrónomo, el híbrido cubano es de buen rendimiento, su experimentación en la provincia avileña vaticina buenas prácticas que contribuirán al desarrollo exitoso de este proyecto.

Ahora —precisa— se apuesta por esta colaboración con el citado estado de México para la alimentación animal, pues garantiza el paquete tecnológico, incluyendo la máquina sembradora y la cosechadora, un componente esencial para la mecanización y eficiencia del proceso.

La elección del socio mexicano no es casual. Según consta en el sitio web del Gobierno mexicano, a escala mundial, este país es el séptimo productor de maíz. Michoacán, en particular, posee una reconocida trayectoria en este cultivo. Su participación en la producción nacional de granos es del 88.2% y Michoacán aflora entre los estados más productores, junto a Sinaloa, Jalisco, Estado de México y Guanajuato.

Con la siembra de maíz híbrido en polos productivos de Ciego de Ávila, a través del Proyecto Cuba-Michoacán, se auguran múltiples beneficios, al ser parte de la estrategia del gobierno de Claudia Sheinbaum para contribuir con el desarrollo de las naciones, desde frentes esenciales como el sector agroalimentario.

La iniciativa representa un paso concreto en la búsqueda de soluciones a la problemática de la alimentación animal en Cuba, mediante la transferencia de tecnología y conocimiento.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

Los «transgénicos vericuetos» del maíz (II y final)

 

Sin subestimar lo tradicional, hay que pensar y actuar con un criterio de rendimiento y productividad. Foto: Pastor Batista Valdés

Para no hacerle swing al maíz transgénico sobran pretextos, con mayor o menor grado de objetividad.

Lo primero es que en determinado momento lleva trabajo. El proceso de obtención de la semilla, por ejemplo, requiere mucha laboriosidad, pasión, entrega, sobre la base de procedimientos manuales que permiten hibridar hembras y machos de variedades distintas para lograr, finalmente, polinización y una semilla de alta tecnología al servicio de la agricultura cubana.

Ese «rollo», sin embargo, no se lo busca el productor de granos; es asunto del CIGB, en estrecha coordinación con productores previamente designados o definidos para garantizar esa semilla, incluso con el obligatorio respaldo de una licencia de seguridad biológica o ambiental que aprueba el país.

Por cierto, algunos productores del grano ven en la concesión de esa licencia un factor que frena o torna lenta la incorporación de más campesinos dispuestos a cultivar ese tipo de maíz. No estaría mal echar un vistazo central sobre el asunto, por quienes corresponda.

Otros ven obstáculos insalvables en las irregularidades con el paquete tecnológico, así como en los estragos reales que provocan la falta de combustible o de lubricantes a la hora de preparar la tierra, o de la impredecible energía eléctrica para poder garantizar el riego, o de la bancarización que no permite extraer suficiente dinero para poder retribuir el trabajo de fuerza contratada para labores, sobre todo en momentos pico, e incluso para poder comprar determinados insumos o recursos que solo aparecen con «dinero contante y sonante»…

También es una realidad que el periodo que media entre la plantación tierna y con el maíz seco ya, significa más trabajo, más gastos, vigilancia para evitar el robo, así como otras precauciones que, supuestamente, implican pérdida de tiempo.

A Reinier no hay que contárselo. Vivió recientemente una amarga experiencia al sorprender a un individuo, en plena madrugada, con 16 sacos de maíz acabaditos de robar. Por supuesto que no era para alimentar a su familia, sino a su insaciable bolsillo. Unos 35 000 pesos de manera fácil (y muy sucia). Y para colmo, al final… una multica.

Aún así, él no es de los que se queja por todo o todo lo justifica, sino de quienes le sacan el zumo a la ayuda ofrecida por el CIGB y, además, buscan dentro de los marcos legales, justos, propios de la coyuntura actual, el modo de reaprovisionarse para no estar como el pichón: con la boca abierta esperando que le echen el bocado.

La realidad demuestra cada vez más que este asunto no puede ser visto como exclusivo de alguien, de una entidad, empresa u organismo en particular. Como todo proceso productivo o económico en estos tiempos, exige integración.

Inaudito es que, habiendo logrado lo más difícil (semilla), la bola quede solo en terreno del CIGB, o deba la ciencia estar corriendo detrás de los productores para que prenda una alternativa, a todas luces, provechosa para la nación.

Si no estoy en un error, la principal interesada o beneficiada bien puede ser la Agricultura: llamada a rescatar los niveles productivos de carne, huevo, leche, incluso granos, que alguna vez le permitieron a este país responder, en mayor grado, a la creciente necesidad alimentaria de la población (sin hablar de sustitución de importaciones o de generar exportaciones: algo muy necesario también).

Por eso llama la atención una experiencia que tiene lugar en Placetas, Villa Clara, donde una mipyme (antigua unidad empresarial de base perteneciente a la Empresa Porcina) ha logrado una articulación mutuamente ventajosa con campesinos de la zona, que le da justo valor al uso del maíz transgénico y que ha abierto sendas para realizar una buena contratación, fomentar el cultivo, la elaboración de alimento animal, la producción de carne y lograr el reaprovisionamiento que demanda la particular coyuntura que atraviesa hoy el país.

URGE «HIBRIDAR» TODOS LOS CABOS

¿Sabe usted cuánto cuesta una tonelada de semilla transgénica de maíz en la arena internacional? Como mínimo 12 000 dólares, según especialistas.

¿Conoce usted –además– que ese es un gran negocio, que a las transnacionales que producen la semilla, los químicos, no les interesa bajar el uso de estos últimos y que Cuba, por el contrario, apuesta por transgénicos nacionales, sobre la base de una agricultura ecológica?

Tal vez desconozca que con una tonelada de semilla híbrida transgénica, usted puede plantar 50 hectáreas del grano y cosechar, 120 días después, un volumen que estará en correspondencia con el manejo que le haya dado y, por supuesto, con los recursos, no siempre tan exigentes, que haya podido poner en función del cultivo.

Es bueno recordar que, con semilla cosechada por seis productores espirituanos, hace un quinquenio fueron plantadas 542 hectáreas en suelos de Matanzas, Ciego de Ávila, Villa Clara y Sancti Spíritus.

Y PASÓ EL TIEMPO… Y PASÓ

Ciertamente, la llegada de la COVID al escenario nacional interrumpió el ritmo inicial de aquel despegue. Pero ha transcurrido un lustro y no hay signos del salto que algunos esperaban y que muy bien le vendría a la economía.

Como opina Enrique Rosendo, es obvio que se necesita un halón más parejo, que incluya a científicos, productores, empresarios…

Uno de los escollos es que, a pesar de la voluntad, de la comprensión, de la claridad teórica, el país no acaba de articular un programa nacional, sólido, de producción de alimento animal. Al menos la agricultura no lo puede mostrar hoy. Y hace mucha falta hilvanarlo. De lo contrario la nación vivirá y «sobrevivirá» gastando elevadas sumas de divisa en productos que se pueden asegurar internamente.

Preguntémonos qué nos recomendaría hacer el Comandante en Jefe, cuyos pies nunca quitó de la tierra, como tampoco el pensamiento de la ciencia.

Con razón, el doctor Mario Pablo no renuncia al sueño de que se logre especializar la producción de semillas mediante alguna estructura o entidad que responda por ello y, sobre todo, por la calidad de esa semilla: un problema que hoy persiste.

Hace mucha falta un encadenamiento verdadero, integración, capacidad de aprovisionamiento a partir de una mejor autogestión, y de aprovechar en mayor grado determinadas potencialidades a partir alternativas como las del turismo.

Los resultados de la investigación y de la comprobación científica no pueden ser pieza para apreciar en una vitrina o para disertar teóricamente.

Lo mínimo a que se debe aspirar es a llevarlos a la práctica con la rapidez que día tras día remarca la urgencia de un momento como este, en el que muchos recuerdan, pero algunos parecen haber olvidado, aquella sabia afirmación del General de Ejército Raúl Castro Ruz, acerca de que «los frijoles son tan importantes como los cañones».

martes, 9 de septiembre de 2025

Los «transgénicos vericuetos» del maíz (I). Comentario HHC


Después que Reinier (con sombrero) sembró el maíz transgénico, no quiere saber del anterior. Foto: Pastor Batista Valdés

Es una verdadera lástima que, teniendo la posibilidad de extender y consolidar cada vez más el cultivo del maíz transgénico (híbrido transgénico CIGB), al cabo de un lustro de experiencias que no dejaron duda acerca de ventajas y potencialidades, en los escenarios agrícola y económico sigan prevaleciendo factores objetivos y subjetivos que obstaculizan ese programa.

Si se tratara de un intento aventurado «para probar suerte», la cautela o la lentitud tendrían determinada razón de ser. Pero no es el caso.

Haberse convertido años atrás en una especie de laboratorio nacional, le permitió a la provincia de Sancti Spíritus «ir al grano» en torno a un renglón que, sin exageraciones, puede ser considerado estratégico, en el empeño nacional por avanzar hacia la soberanía alimentaria, incrementar producciones, reducir importaciones, disminuir la dañina dependencia de los vaivenes del mercado internacional, facilitar encadenamientos internos, desatar nudos…

¿Por qué la carne de cerdo, de ave, los huevos… han desaparecido de la palestra pública, o remontado precios que ni la más certera bola de cristal hubiera podido avizorar décadas atrás?

Sin alimento animal no hay rebaño, ni cría, ni carne, ni producción, ni satisfacción de necesidades. Más allá de las alternativas criollas o tradicionales, el pienso animal resulta tan imprescindible como impredecible se torna el comportamiento de su precio en el mercado exterior.

En breve conversación, el doctor Mario Pablo Estrada, director de Investigaciones Agropecuarias en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), comentó a Granma que, excepto en el ámbito rural familiar, «en nuestro país no ha existido una cultura en torno al cultivo del maíz con fines de alimento animal; se considera que el 90 % de la cosecha se destina al consumo humano, en forma de maíz tierno».

Muchos productores, estatales y privados, ignoran o no acaban de entender un detalle que recalca el también doctor Enrique Rosendo Pérez Cruz, director del CIGB en Sancti Spíritus: el 70 % de la base alimenticia del pienso está precisamente en el maíz.

En el noveno encuentro que sostuvieron el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez y el primer ministro, Manuel Marrero Cruz, con el grupo de expertos que participa en el programa de soberanía alimentaria y educación nutricional, trascendió que, en cinco años, el país había erogado unos mil millones de dólares para la compra de maíz en el mercado internacional.

Sería bueno preguntarnos cuántos renglones, productos, mercancía, equipos, medicamentos, e incluso alimentos dejamos de adquirir con ese dinero para comprar un grano que la tierra pide a gritos producir, porque puede perfectamente hacerlo.

De acuerdo con estadísticas, la nación necesita 900 000 toneladas de maíz seco y 500 000 de soya, con destino a la producción de pienso para que haya cerdo, pollo, huevo…

De los 2 000 millones de dólares que importamos en alimentos, cinco productos suman más de 1 200 millones: maíz, soya, arroz, leche y carne, fundamentalmente pollo.

Con recursos, insumos, maquinaria, es obvio que plantaciones y rendimientos se comportan mucho mejor. Foto: Reinier Catalá

AL GRANO SOBRE LA BALANZA

La realidad parece confirmar cada vez más que, sembrando el mismo maíz y del mismo modo que lo hemos hecho durante siglos, llegaremos a la eternidad incurriendo en gastos millonarios en el exterior.

Osvaldo Hernández Gil, al frente de la actividad de semilla y recursos fitogenéticos en la Delegación Provincial de la Agricultura espirituana, sabe muy bien que la variedad tradicional ha logrado aportar, a duras penas, rendimientos que oscilan entre una y dos toneladas por hectárea (algunas fuentes afirman que se ha promediado a 0,6). Por sus potencialidades, sin embargo, el híbrido transgénico puede superar las diez toneladas por hectárea.

Como se ha dicho, este maíz es resistente a la palomilla, principal plaga que tiene ese cultivo en Cuba. ¿Y por qué? Sencillamente porque en la semilla se utiliza el gen de la bacteria Bacillus thuringiensis, bt. En otras palabras: se tomó e insertó el gen de esa bacteria en el genoma de la planta.

En la praxis, el asunto no parece ser de literatura especializada, o de referencia académica.

Tal y como consta en los archivos del periódico Escambray, cuando el campesino Félix Álvarez despuntó allá en Punta de Diamante, años atrás, con el «increíble» saldo de 6,20 toneladas por hectárea, no dudó ni un segundo en afirmar: «Este es incomparable con cualquier otro maíz… es lo que nos hacía falta en estos momentos».

Agosto de 2025, por tercera vez (sin haber mediado pregunta alguna) el joven productor Reinier Catalá Dueñas, de la Cooperativa de Crédito y Servicios Heriberto Orellana, afirma: «Después de que uno siembra este maíz no hay quien quiera sembrar el otro. Si alguien lo rechaza es porque no ha hecho un buen manejo».

Lo escucho y acuden a mi mente varias de las razones expuestas al respecto por el doctor Enrique Rosendo, pero dejo que sea el propio Reinier, todo el tiempo a pie de surco, en contacto directo con el escenario productivo, quien lo explique, con esa manera tan peculiar que tiene el campesino cubano de picar la naranja por el mismo medio.

«Empecé con el maíz transgénico hace cuatro años. Nunca sentí temor; desde que le entré tuve buen criterio. Hubo un monitoreo constante, venían incluso especialistas de La Habana, tomaban muestras de las plantas, se llevaban espigas, mazorcas… No me faltó ayuda. En la primera hectárea de prueba cogí seis toneladas y en la segunda 7,5. Después fue bajando por falta de insumos, sequía y otros problemas.

«Esta experiencia hay que potenciarla en el país. Es mucho lo que puede dar. Yo quisiera que hubieras visto el vigor del maizal que coseché en un área donde antes había cultivado papa ecológica, a la que solo le había aplicado materia orgánica. Y te digo más: este año no eché abono de fondo. Es verdad que no cogí siete toneladas por hectárea, pero sí 3,5.

«Te pongo otro ejemplo: el maíz que sembraron Onel Carrazana y Luis Molina, a lo tradicional, se dio raquítico, entre otras cosas por la sequía. El mío no. Este tiene varias ventajas: crece más rápido, es fuerte, resistente a la palomilla, las mazorcas tienen más hileras a lo largo y a la redonda, puedes poner más plantas en igual área…».

Similar opinión ha expresado más de una vez el también joven productor Yoandi Rodríguez, no solo por la capacidad defensiva de ese maíz frente a las plagas, sino también porque alcanza una estatura superior, lo ves menos afectado por la yerba y lo principal: rendimientos mucho más altos comparado con «el otro».

No puede ser casual, tampoco, que, al sur de Sancti Spíritus, los hermanos Ridel y Rigo Toledo apuesten a ojos cerrados por este híbrido transgénico, o que en la cooperativa Juan Darias, al norte, su presidente Aldo Fortain haya referido, en más de una oportunidad, la buena pupila con que varios productores ven el asunto, a partir, esencialmente, de algo irrefutable: los ventajosos rendimientos.

Entonces, resulta inevitable la pregunta. Si existen resultados comprobados, si los productores acuñan la pertinencia de sembrarlo, ¿por qué no se generaliza la experiencia?. HHC : las negritas nuestras

Comentario HHC:  Casualmente en días pasados se publicó por el propio MINAG , el tema de la falta de pienso para el sector avícola y pecuario, y más, y hablaban de una empresa española que era muy barato, pero en USD, y como este último escasea, pues se importa lo que se puede y es insuficiente. La mentalidad importadora en todo su esplendor. 

Me acuerdo en el primer periodo especial,  cuando estaba en las FAR , visitamos una empresa que  con vitroplantas, por Villa Clara si mal no recuerdo, que se podía producir  todo el plátano, maíz y otras.  Las expectativas eran enormes.

Ahora resulta, que el Maíz que se alude creado por nuestro CIGB, pues al parecer se ignora, se prefiere viajar, perdón importar. Pero ese no es el tema mayor, lo que se manifiesta es que el gobierno de todos los cubanos no ha podido convencer, persuadir, estimular y lo que más gusta, regular, para que sea aprovechada la tecnología nacional.  Nos cuesta dinero los centros científicos y sus resultados, en algo tan esencial como la alimentación, no se aplican en lo fundamental. ¿Hablamos del bloqueo interno entonces? 

 Hay que felicitar a Granma, esta es la primera parte, veremos las otras, para ver si es todo como la serie del Carbón. ¿Le preguntaran al MINAG? ¿ Al  titular de la ANAP? ¿ Al funcionario del CCPCC que atiende la Agricultura? ¿ O la Comisión de alimentación de la ANPP?

 

P:D agradezco al amigo Mario Carballo, por llamar mi atención.