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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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miércoles, 14 de agosto de 2024

73,3%: el verdadero número de la Pobreza en Argentina





13 agosto, 2024 CELAG

Desgraciadamente, la Pobreza en Argentina se puede observar por todas partes: en las calles, en los hogares, en los supermercados, en las fábricas, en las tiendas, en los hospitales, en las escuelas.

Hay muchas cifras que corroboran este ‘Mal Vivir’ en estos ocho meses de gobierno de Milei. Y todas coinciden en lo mismo: la clase media apenas existe y la clase pobre es la mayoritaria.

Si analizamos los datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Primer Trimestre de 2024 casi que podríamos afirmar que el ingreso promedio es muy poco representativo de la realidad social. Con una distribución tan desigual resulta mucho más riguroso analizar el valor de la mediana que el de la media. ¿Por qué? Porque apenas hay hogares argentinos que tengan ingresos cercanos a la media, y porque la media no está en la mitad de la distribución sino desplazada hacia la derecha, como se puede advertir en el gráfico 1. Existe un 68% por debajo de ese ‘valor medio’ y un 32% por encima.

Lo más pertinente entonces sería prestarle atención al valor de la mediana: el 50% de los hogares argentinos tienen un ingreso mensual per cápita por debajo de 198.000 pesos.

Esta mitad del país es pobre. Esta mitad y un poco más: la pobreza en Argentina afecta al 55% de la sociedad.

Pero este número es insuficiente para dimensionar la pobreza real, debido a que este tipo de medidas ignoran a los hogares que cuentan con ingresos muy próximos al umbral. Es decir: si un hogar posee 100 pesos más que el valor de la canasta básica total (CBT), solo 100 pesos más, dejaría de ser considerado pobre según los cálculos habituales. Sin embargo, ¿sería correcto afirmar que un hogar con un ingreso per cápita de 222.332 pesos mensuales es pobre, pero un hogar con un ingreso per cápita de 222.352 pesos mensuales no lo es?

La respuesta debe exigir sentido común: no es correcto.

Por tanto, resulta fundamental en lo político saber cuántos hogares están justo por encima de ese umbral; con unos pesos más, pero no demasiado más.

Porque esos hogares son ‘casi pobres’: están justo en el límite, son vulnerables, y de ninguna manera son clase media.

En el gráfico 2, observamos que existe un 18,3% de hogares ‘casi pobres’ que tienen ingresos en el rango de 1 a 1,5 CBT.

En definitiva, si realmente nos preocupa la pobreza en serio, deberíamos contemplar la suma de los unos y los otros, los ‘pobres’ más los ‘casi pobres’. O sea: un 73,3%.

Tres cuartas de la sociedad argentina ‘malviven’, pero aún seguimos hablando de un país de clase media.

Si no asumimos este diagnóstico, esto es, que la Argentina de hoy vive mayoritariamente en condiciones de pobreza, seguiremos insistiendo en el error de proponer un proyecto político, social y económico sin anclaje en la realidad.

Esto sería lo mismo que querer hablar con una cotidianeidad que no existe. Y así es imposible ser eficaz a la hora de ‘Hacer Política’.




Dr. en Economía Aplicada (UAB). Director de CELAG (España)

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), España. Realizó estancias predoctorales en Módena y Bolonia (Italia) y Québec (Canadá) y un postdoctorado en la Université Laval (Québec, Canadá). Es especialista en economía pública, desarrollo y economía mundial. Se desempeña como profesor de posgrado…


Doctora en Ciencias Sociales y Humanas (U.N.Quilmes). Magíster en Ciencias Sociales con orientación en Política y Gestión Pública (U.N.Quilmes). Diplomada en Control y Gestión de Políticas Públicas (FLACSO). Licenciada en Economía (UBA). Docente e investigadora en la Universidad Nacional de Río Negro, Sede Andina, Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Territorio,…

lunes, 2 de octubre de 2023

El Techo de Milei




Los números muestran la rigidez del techo político de Milei que, si bien es robusto, no implica que la mayoría de la ciudadanía argentina comulgue con sus propuestas.

2 OCTUBRE, 2023

Mi papá siempre me insistía con el mismo refrán: “El vaso puede verse medio lleno y medio vacío”. Y, a continuación, me aclaraba: “Te dije medio lleno y medio vacío, son las dos cosas a la vez”.

Esta era su manera de explicarme que cualquier hecho debe ser observado desde múltiples perspectivas. Y no de forma excluyente. O sea, hay que verlo así y asá, desde aquí y desde allá, con este enfoque y con el otro.

Este consejo es muy útil para no pecar de una mirada parcial y sesgada de los acontecimientos en cualquier momento de la vida. Y, por supuesto, también es aconsejable para realizar cualquier análisis político.

En Argentina, la irrupción de Milei en estos últimos dos años ha sido tan colosal que ha causado un eclipse de perspectiva. Dicho de otro modo: el ‘Shock Milei’ ha provocado que su fenómeno se explique en modo totalizador. Lo que al inicio era subestimación, ahora es sobreestimación; lo que en los primeros meses se ridiculizaba y ninguneaba, en estas últimas semanas se magnifica.

El último estudio de CELAG (encuesta presencial, 2.500 casos, todo el país) nos demuestra que no es ni lo uno ni lo otro.

Milei tiene políticamente un piso sólido y un techo firme.

Esto significa algo tan sencillo como que existe una parte de la ciudadanía argentina que lo apoya (30 % – 40 %) y otra parte que no lo apoya (60 % -70 %). Es decir: no toda la sociedad es homogénea en relación a este fenómeno político. Como ocurre en cualquier familia, encontraremos unos a favor y otros en contra.

Por su meteórica aparición, mucho se ha puesto el foco en su fortaleza, pero muy poco en su imposibilidad para crecer más en lo político.

¿Por qué aseveramos en CELAG que Milei tiene un techo político rígido e innegociable?

Lo más interesante de una encuesta es toda su letra pequeña escondida detrás de la intención de voto. He aquí algunos hallazgos que abonan nuestra tesis:

1. Al ser consultados por su mayor debilidad, el 30,4 % responde que es violento; el 21,2 % que es chanta; el 19,7 % machista; solo el 28,7 % no dice nada en su contra.

2. El 40 % considera que sus ideas son interesantes y originales; el resto cree que son propuestas imposibles de realizar.

3. El 37,7 % piensa que Milei es una persona valiente y auténtica; el resto cree que él es inestable emocionalmente.

4. El 59,1 % tiene una opinión negativa del líder libertario.

5. El 33,2 % sintoniza con que estamos en un momento muy similar al 2001 (que es lo que defiende Milei).

6. El 37,2 % concuerda con la idea de que todos los políticos son una casta (el resto, no).

7. Aproximadamente, el 60 % de la sociedad está a favor de: a) la estatización de litio, b) mantener Aerolíneas Argentinas como empresa pública, c) poner impuestos a los más ricos, d) sostener los planes sociales a favor de los más necesitados, e) disponer de un Estado más activo en el reparto de tierras para vivienda propias, f) Edenor y Edesur deben dejar de ser privadas.

Son datos robustos que, sumados a la intención de voto de la encuesta CELAG (33,2 %) y al último dato real que tenemos en las PASO (29 %), nos permiten afirmar que una buena parte de la sociedad argentina no comulga con el proyecto político de Milei. No le dan cabida. Le dicen ‘hasta aquí’.

¿Esto implicaría que este techo político sea su techo electoral? No. Porque, como bien sabemos, en algunas situaciones, cuando hay tres rivales y uno se descuelga, entonces, podría ocurrir que aparezca el ‘voto útil’. Y en esta coyuntura electoral argentina, si Bullrich se queda atrás, es probable que un determinado porcentaje de sus votantes, que ya no creen que será presidenta, votaría útilmente a favor de Milei con el objetivo de que Massa no pase a la segunda vuelta. O sea, se trataría de un voto táctico de última hora. Si eso ocurriera, el techo electoral de Milei estaría por encima de su techo político.

Pero esto no es un hecho seguro. Es un escenario posible, que está por verse. Todo dependerá de la evolución de muchas variables desde hoy hasta la última semana electoral.

Por ahora, la única certeza es que no debemos olvidar que Milei tiene un techo político muy firme a pesar de sus fortalezas.

jueves, 15 de abril de 2021

La derrota del progresismo en Ecuador



Alfredo Serrano y Sergio Pascual analizan la derrota electoral del correísmo en Ecuador y destacan varios elementos que el progresismo latinoamericano no ha de perder de vista en sus propios procesos electorales y políticos.

15 ABRIL, 2021

Luego de una derrota, siempre se suscita un gran interés por la búsqueda de culpables. Sin embargo, más que nombres y apellidos, lo que realmente sirve es entender las múltiples aristas de un proceso político tan complejo como el ecuatoriano. He aquí algunas variables para comprender por qué Andrés Arauz perdió contra Guillermo Lasso (47,5 % vs. 52,5 %).

  1. Tal como escribimos al terminar la primera vuelta, las movilizaciones de octubre del 2019 (en contra de las medidas FMI del Gobierno de Lenín Moreno) siguen dejando una huella imborrable en el tablero político en Ecuador: lo ha reordenado con evidentes consecuencias electorales. El movimiento indígena se constituye como sujeto, relevante en lo político y competitivo en lo electoral. Más allá de la heterogeneidad al interior del mismo y de las grandes divergencias existentes en la dirigencia, hoy en día es la segunda fuerza en la Asamblea y su candidato presidencial, Yaku Pérez, se quedó a 30 mil votos de pasar a segunda vuelta. Esto también ha tenido su correlato en el ballotage: llamaron al voto blanco/nulo y lo lograron (casi 2 millones de votos blancos/nulos). Todo lo que suceda en el Ecuador a partir de ahora, sí o sí, tendrá que tener en cuenta lo que ocurra en el seno del movimiento indígena y, por supuesto, en lo que pueda suceder en la próxima elección a inicios del mes de mayo a la Presidencia de la Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas). No será lo mismo si gana Yaku Pérez que si lo hace Leonidas Iza. Si gana el segundo, entonces, Lasso tendrá una férrea oposición en el sector indígena.
  2. La campaña importó. Y el debate presidencial también. El “Andrés, no mientas otra vez”, que Lasso le espetara a Arauz en pleno debate fue efectivo en clave de “meme drop” simpático y pegadizo, que detrás de su aparente frivolidad escondía una acertada estrategia: cercenar la credibilidad de Arauz. Además de ese eje, Lasso logró mostrarse como lo que no es. Apenas dedicó tiempo a sus propuestas. Evitó cualquier posibilidad de dispersión en sus mensajes (fue repetitivo hasta aburrir). Centró toda su atención en “pescar” a la mayoría del electorado de Hervas (quien había sacado 16 puntos en primera vuelta) y a parte de lo que habían alcanzado los otros candidatos (13 puntos). Y lo logró. A eso hay que añadir que le agregó una mayor dosis de épica a su campaña, en base a la “remontada”. Esto contrastó con la campaña de Andrés, más plana y confiada, y que tuvo dos defectos: por un lado, creyó que la línea de meta se alcanzaba después de superar todos los obstáculos para llegar a inscribir la candidatura (por todo lo sufrido hasta entonces) en vez de haberla considerado como punto de partida; y, por otro lado, el inesperado resultado de primera vuelta los tuvo más de un mes paralizados. Un tiempo perdido que nunca es fácil de recuperar en una campaña electoral tan competitiva.
  3. Un frente es únicamente un frente real cuando está compuesto por diferentes partes; no se puede formar pareja con uno mismo. El correísmo lo intentó, pero en ningún momento lo pudo materializar. Desde primera hora esta idea, la necesidad de ampliar, no fue del todo genuina y sincera. La resaca de la traición de Lenín supuso un freno para la consecución de este objetivo. La desconfianza es siempre adversa al deseo de sumar a nuevos actores. El correísmo acabó siendo el correísmo en su esencia, y eso alcanzó para ser primera fuerza en primera vuelta pero no para ganar en la segunda.
  4. El relevo es una partida no saldada. La sucesión no es una cuestión baladí, ni en la vida, ni en la política. Es un asunto que al interior del progresismo latinoamericano en este siglo XXI aún cuenta con poca muestra como para extraer conclusiones robustas. Cada proceso lo hizo a su manera: Cristina con Alberto, Evo con Arce, y en el caso ecuatoriano estábamos en el segundo round, Correa con Arauz. Este es un estadio lleno de complejidades porque no está exento de dialéctica; es pseudogramsciano porque convive un liderazgo consolidado con otro que está en fase de nacer. Si esto tiene lugar en época electoral, entonces, todo se torna aún más difícil. Y no siempre sale bien. Esta vez, a la luz de los votos, no fue lo virtuoso que podría haber sido.
  5. El doble filo del lawfare. Lo hubo. El correísmo lo sufrió hasta el extremo. Correa no pudo presentarse como candidato y le han abierto muchas causas judiciales con y sin sentencia, pero todas ellas sin base alguna. Además, buena parte de sus líderes están exiliados, casi todos ellos perseguidos judicialmente. Todo eso ocurrió, aunque no todo puede ser explicado en base a ese proceso. Si un asunto (en este caso, el lawfare) funge como argumento monopólico, entonces se corre el riesgo de sobredimensionarlo, creyendo que todo, absolutamente todo, puede ser interpretado desde esa óptica. El lawfare existe, sí, es un asunto de gran transcendencia, pero considerado en modo monotema puede llegar a atrofiar la capacidad para advertir lo poliédrico de un fenómeno. (Y, por cierto, un detalle: la ciudadanía, en general, no desayuna lawfare).
  6. El efecto Lenín. Por muy paradójico que parezca, un notable porcentaje de la ciudadanía aún le achaca a Correa la responsabilidad del nefasto Gobierno de Lenín. Es paradójico porque el presidente Lenín cogobernó con Lasso y persiguió sin cesar al correísmo. Sin embargo, hubo una mayoría de electores que asumió que Lenín es, en parte, la “continuidad” del correísmo.
  7. ¿Conocemos a la clase empobrecida? El término “clase media” puede ser útil en un enclave geográfico y momento histórico. Pero no siempre sirve. Si se usa en exceso, es muy probable que se cometa un gran error: no sintonizar con la lógica aspiracional de las mayorías, con sus sentidos comunes, con su lenguaje y sus códigos dominantes. Es probable que algo de esto haya sucedido en Ecuador: Arauz estaba preocupado por esa población pero, en cambio, no logró una conexión con ellos como para permitirle ganar la elección.
Son muchas más variables las que se necesitan para entender por qué la ciudadanía ecuatoriana optó por elegir como presidente a un banquero (medios de comunicación, asimetría en el gasto en pauta publicitaria, etc.). Todas serán determinantes en lo que venga a partir de ahora. Lasso ganó la elección en esta segunda vuelta, pero su futuro estará en gran medida condicionado por si acaba padeciendo “la enfermedad de Macri”, esto es, creerse que su fuerza política es proporcional a los votos obtenidos en segunda vuelta. Confundir votos propios con votos prestados conlleva a una sobreestimación de sí mismo, que hace que se quiera gobernar como si tuviera mayoría. Y no. Lasso es la quinta fuerza en número de escaños en la Asamblea Legislativa, y casi 9 de cada 10 no le votó en primera vuelta (obtuvo sólo el 15 % de votos totales) seguramente porque no quieren un plan de gobierno neoliberal al uso.

domingo, 29 de marzo de 2020

Siete lecciones geopolíticas en tiempo de coronavirus

Por Alfredo Serrano Mancilla


La pandemia del coronavirus también ha traído lecciones en clave geopolítica para América Latina. Aquí, siete lecciones aprendidas.

29 MARZO, 2020

De todo se aprende, incluso en los tiempos del cólera. La pandemia del coronavirus también trae lecciones en clave geopolítica para América Latina.

La primera pregunta es obvia: ¿qué está haciendo el Grupo de Lima en esta contingencia? Esta alianza nació para un objetivo tan limitado que no está a la altura de los desafíos históricos que tienen que ver con las preocupaciones reales de la ciudadanía de América Latina. Y algo muy parecido le ocurre a la OEA.

Ausencia de instancias regionales efectivas que afronten esta problemática supranacional. Es ahora cuando se extraña a la Unasur y su capacidad de coordinación frente a situaciones como esta. La Celac tiene una oportunidad histórica para asumir esta tarea.

China, primero. Se pide ayuda prioritariamente al gigante asiático, y no a Estados Unidos. China fue el lugar de origen de este virus y, por tanto, el primer país en sufrir sus consecuencias. Pero luego de ese momento, superó la crisis de manera muy efectiva. El porcentaje de afectados y muertos en comparación con su población es más que mínimo, a diferencia de lo que pasa en otros lugares del mundo. Demostró capacidad para vencer con eficacia esta batalla. Sale reforzada a nivel global.

El neoliberalismo, como racionalidad, no sirve. El “sálvese quién pueda” no funciona; la supremacía de lo individual es un gran escollo ahora que pedimos esfuerzos colectivos; la cooperación se impone ante la competencia. Los mercados no saben como autorregularse; no existe mano invisible que los regule; y tampoco se cumple el mito de que los agentes privados logran sus beneficios por asumir más riesgos.

Europa ya no es un espejo al que imitar. Una vez más, y ya son muchas, vuelven a perder una oportunidad para mostrar al mundo que están a la vanguardia en temas importantes. No pudieron ser efectivos frente al coronavirus. El Estado de Bienestar es mucho más débil de lo que presumían. La soberbia eurocéntrica les hizo infravalorar todo lo que venía del Lejano Oriente. Italia y España llegaron tarde y están siendo los más afectados por la crisis y no es casualidad. La Unión Europea, además, muestra su incapacidad para coordinar y armonizar al menos una acción frente a esta pandemia. Se demuestra, así, que este espacio es de hecho un mercado único económico y monetario, pero está muy lejos de ser un proyecto social común.

Si se habla de salud, siempre hay que mirar hacia Cuba. Lo que nadie tiene, Cuba lo dispone. El Henry Reeve (Contingente Internacional de Médicos especializados en situaciones de desastres y graves epidemias) fue creado en 2005 por Fidel Castro; y ahora son imprescindbles: comienzan a aterrizar en muchas partes del mundo. Cuba se sitúa en el centro de gravedad geopolítico cuando hablamos de salud.

Nace un nuevo desorden económico global. El riesgo país no importa. El número de científicos o camas disponibles para cuidados intensivos, sí. La predilección por la financiarización queda desplazada por la importancia de la economía real. Se abre una nueva disputa hacia delante: entre el Consenso de Washington permanentemente actualizado y un nuevo Consenso Postcoronavirus que considera que la sanidad pública es vital, el Estado debe tener un rol protagónico con sus políticas expansivas contracíclicas (fiscales y monetarias), es necesario un mayor control de capitales de los países emergentes para evitar su fuga en tiempo de adversidad, la economía ha de girar en torno a la vida humana, y por supuesto, la deuda externa debería ser condonada por los organismos multilaterales así como reestructurada con quita por dos años (sin intereses) en el caso los de acreedores privados.

Indudablemente, estamos frente a un nuevo dilema civilizatorio con significativas consecuencias geopolíticas en el mundo y, por supuesto, para América Latina


Dr. en Economía Aplicada (UAB). Director de CELAG (España)

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), España. Realizó estancias predoctorales en Módena y Bolonia (Italia) y Québec (Canadá) y un postdoctorado en la Université Laval (Québec, Canadá). Es especialista en economía pública, desarrollo y economía mundial. Se desempeña como profesor de posgrado…