Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

miércoles, 17 de octubre de 2018

Actualización de proyecciones de crecimiento de América Latina y el Caribe en 2018 y 2019 . Comentario HHC

Cepal. 

País o región
Crecimiento del PIB
 
2018
2019
América Latina y el Caribe
1.3
1.8
Argentina
-2.8
-1.8
Bolivia (Estado Plurinacional de)
4.3
4.4
Brasil
1.4
2.1
Chile
3.9
3.3
Colombia
2.7
3.3
Ecuador
1.0
0.9
Paraguay
4.6
4.7
Perú
3.9
3.8
Uruguay
1.9
1.5
Venezuela (República Bolivariana de)
-15.0
-8.0
América del Sur
0.7
1.6
Costa Rica
3.2
3.1
Cuba
1.1
1.3
El Salvador
2.4
2.4
Guatemala
2.9
3.0
Haití
1.8
2.0
Honduras
3.6
3.7
México
2.2
2.3
Nicaragua
-3.1
-0.3
Panamá
4.8
5.3
República Dominicana
5.6
5.3
América Central y México
2.4
2.5
América Central
3.2
3.3
América Latina
1.3
1.8
Antigua y Barbuda
4.2
4.5
Bahamas
2.5
2.2
Barbados
0.0
0.8
Belice
2.6
2.0
Dominica
-4.4
7.0
Granada
4.0
4.1
Guyana
3.0
3.7
Jamaica
1.7
1.9
Saint Kitts y Nevis
3.2
4.0
San Vicente y las Granadinas
1.3
1.6
Santa Lucía
2.1
2.5
Suriname
1.7
2.8
Trinidad y Tabago
1.9
1.7
El Caribe
1.9
2.1

Fuente: CEPAL, octubre 2018                            
Nota: América Central incluye a Cuba, Haití y República Dominicana

Comentario de HHC: El crecimiento de Cuba actualizado por la CEPAL es a la baja como se puede observar. Es un crecimiento anémico, que se ubica entre las economías que menos crecen, por debajo del promedio de la región. Esto es sin la anunciada crisis financiera mundial que se espera en el mediano plazo. ¿ Cómo la vamos a enfrentar en lo económico ?  ¿ Cómo vamos a enfrentar y vencer el bloqueo de EE:UU en lo económico ?

Cuba crece poco su economía porque su productividad es muy baja como país, a pesar de la educación que tiene la población ( Talón de Aquiles de muchos paises), de donde se infiere lo dicho muchas veces, no crecemos mas porque están maniatadas las fuerzas productivas. Las influencias negativas externas y los eventos aleatorios que padecemos, ajenos a nuestra voluntad, nos dice que debemos preveer esas contingencias y estar preparados en lo económico para minimizar los impactos, esta es otra de las razones para ser mas audaces.

Las reformas en curso , contentivas en los Lineamientos, Conceptualización del Modelo y las Bases del Plan de Desarrollo hasta el 2030 marchan muy lentamente y es muy insuficiente lo que se esta obteniendo hasta el presente.

Hay que tener conciencia que si no se alcanzan cotas de crecimiento mínimo de 5 a 7 % anual del PIB , pues estamos extendiendo la meta del desarrollo del país años y años . Para lograr duplicar cada 10 años el PIB (meta deseable) tiene que crecerse a razón del 7.2 % anual, meta que no está en ningún indicador directivo del Estado cubano.  

No obtener las metas deseadas y necesarias en materia económica , pueden comprometer en el largo plazo, toda la política.



Los fenicios del Caribe

Cada vez más cubanos viajan al exterior para traer mercancías a la Isla, a contrapelo de todo.

 



La “comenda” fue una modalidad de comercio de la Venecia medieval que logró hacer de ella una ciudad comercial y rica, y facilitó la movilidad social de una parte de la su población en una época en la cual todavía existía el prejuicio de que los seres humanos nacían “desiguales” por naturaleza misma: aristócratas unos, siervos, plebeyos, comerciantes, etcétera. Fue una época aún muy lejana de la Revolución Industrial inglesa y de la consolidación del capitalismo, una época donde el capital comercial era predominante y donde la alianza entre los comerciantes y el poder político era “funcional” a ambos.

En esa modalidad de comercio, la comenda, la forma de organización era muy simple pero muy efectiva. Un sujeto, prácticamente con nada nada más que sus ganas de tomar riesgo y con muchas aspiraciones de ascender en la pirámide social de la época se aliaba con otro, con capital suficiente, para desarrollar su “negocio comercial”. El primero viajaba y se exponía a las vicisitudes del comercio de aquella época, que incluía muchas veces hasta el riesgo de su vida. El segundo, adelantaba el capital y asumía el riesgo financiero y recibía una parte sustancial de las ganancias que el negocio generaba.

Durante al menos dos siglos el sistema funcionó perfectamente, excelente a los intereses individuales de los comerciantes y también a los de las clases altas de la ciudad. Permitía al que hacía la labor, obtener unos ingresos que a la vez lo sacaban del estrato social donde estaba, y consolidaba el poder económico del financista. Encima, esta modalidad contribuía, vía impuestos, a la riqueza de la ciudad.

Durante un tiempo Venecia no solo fue el centro del comercio de Europa, sino también el lugar a donde llegaban los adelantos tecnológicos de ambos mundos: el asiático y el europeo.

El comercio cumple, entre otras funciones, esa de difundir la tecnología y permite, si se hace bien, apropiarse de ella. Primero a través de la imitación y luego gracias a la innovación. Pero la etapa de luna de miel entre las clases pudientes y la comenda llego a su fin, cuando aquellas clases pudientes vieron amenazado su propio poder por la riqueza acumulada por las personas que participaban en ese tipo de arreglo comercial.

Entonces, surgió una nueva institución, el llamado “serrato”, que limitó y prácticamente hizo desaparecer aquella forma moderna y ágil de comercio. Con el serrato llegó también el declive de Venecia, perdió su posición de vanguardia dentro de las ciudades europeas, no pudo incorporarse a tiempo a la transformación capitalista y terminó siendo una especie de “ciudad para turistas”, tal cual es hoy. Como hecho socioeconómico, la comenda es mucho más complejo que este relato simplificador.

La comenda me vino a la mente después de leer varias noticias acerca de los cubanos viajeros. Para mí es una gran felicidad que muchos cubanos hoy puedan viajar, que lo hagan sin pedirle permiso a su jefe, sin tener que justificar porqué viajan. En realidad quisiera que fueran el doble de los que lo hacen hoy, pues eso significaría que muchos cubanos tienen suficientes ingresos para darse una vueltecita por ahí. Es cierto que otros muchos no lo tienen, pero la culpa no es de esos que sí viajan.

Que lo puedan hacer con sus hijos o con sus esposas, o con ambos, es parte de un cambio que todos ya hemos incorporado como natural pero que costó años poder alcanzar.

Las razones por la que los cubanos viajan son muchas. Desde los que intentan alcanzar la condición de residencia a o ciudadanía en algún otro país y con ello lograr beneficios económicos y también de otro tipo, hasta los que lo hacen por la simple razón de la curiosidad: para ver qué hay del otro lado, para “testear” cuáles son sus posibilidades. En el medio hay una inmensa gama de otras razones. Una de ellas, quizás de las más importantes, es la del comercio.

Se reproducen abajo algunas de las noticias sobre este asunto:

Cifras oficiales muestran que en 2017 más de 71,700 cubanos viajaron a Panamá con visa de turistas, la mayoría de ellos fue a comprar a la zona franca.

“Hay más de 15.000 cubanos que vienen a la ZLC para comprar y enviar su mercadería a su país”.

El pasado mes de enero el gerente de la conocida Zona Libre de Colón, Manuel Grimaldo, detalló el impacto económico que generan los ciudadanos de la Isla que viajan hasta territorio panameño con fines comerciales. Las compras de cubanos en este enclave comercial ascendían a 100 millones de dólares.

Los cubanos ahora se encuentran entre las principales fuentes de visitantes no guyaneses a esta nación del tamaño del estado de Idaho que tiene poco turismo: “Ningún otro grupo compra como los cubanos en Guyana. El comprador típico se queda de cuatro a seis días y gasta entre $2,000 y $3,000 en una visita, incluyendo compras, alojamiento, comida y otros conceptos básicos.


En el primer semestre de este año unos 65 000 “turistas cubanos” han viajado a México.

Muchos de los que van México o Panamá están motivados por el deseo de obtener un visado norteamericano, gracias al plan Rubio-Trump que impide conseguirlo en Cuba. El Consulado norteamericano en la Habana emitía miles de visas anuales. Podemos descontar a estos cubanos (muchos de los cuales venden sus libras, como en la comenda para poder financiar el boleto para obtener sus visas).

Concentremos la atención en las cifras de compra: en Panamá más de 100 millones, en Guyana unos 80 millones, no conocemos las de México, pero podemos estimarlas parecidas a las de Panamá, tampoco conocemos las de República Dominicana y las de Rusia. No sabemos las de Estados Unidos. Digamos que en total son entre 250 millones y 300 millones en mercancías compradas en el extranjero, de forma minorista y vendidas en Cuba, también de forma minorista, aun cuando las restricciones aduaneras cubanas son bastante restrictivas.

A esa cantidad de dinero habría que sumar los costos del ticket de avión y el visado, dineros que van a parar a las arcas de otros países. Gastos que después se prorratean en los precios de todos los bienes importados. Dineros que salen de Cuba cuando una buena parte de ellos podría quedarse en el país.

También hay que distinguir dos tipos de compras: aquellas que tienen como finalidad el comercio puro y duro y persiguen una ganancia comercial y aquellas otras que tienen como finalidad proveerse de materias primas y algunos equipos para llevar adelante un negocios (aires acondicionados, refrigeradores, ventiladores, lavadoras, fregadoras de plato, insumos, etcétera.) Además está todo aquello que permite el desabastecimiento de los mercados estatales y que encuentra un resquicio por donde filtrársele a las regulaciones de aduanales. En general las compras van desde piedras de fosforera y pasta de diente e íntimas hasta televisores de última generación.

Desde la perspectiva puramente comercial, quien hace la operación recibe una utilidad, a veces de hasta el 100 por ciento de lo comprado. Quien compra satisface una necesidad y se ahorra una parte del ingreso que debería de gastar en una tienda estatal donde el mismo producto tiene un impuesto a la venta de 280 por ciento.

Nuevamente, desde la microeconomía, ambos ganan. El vendedor que aprovecha una falla del mercado interno (que tiene causas más profundas) y el consumidor que se ahorra una parte importante de sus ingresos y mejora sustancialmente la calidad del bien que va a consumir en comparación con el que le ofertan las tiendas estatales.

Es cierto que es un mercado totalmente atípico, que funciona con muchas fallas, desde información incompleta, hasta situaciones monopólicas, pasando por la incertidumbre de la intermitencia de la oferta, que muchas veces provoca tomar decisiones de compra poco racionales.

Desde la perspectiva más general, habría que decir que si bien la “mano invisible” del mercado facilita la satisfacción de ambos intereses, el del comprador y el del vendedor, no permite maximizar el bien común, y desde la perspectiva de la economía en su conjunto se producen pérdidas a escala general.

Vayamos a las causas. Las más superficiales de todas: el desabastecimiento de los llamados mercados estatales en CUC, la mala calidad de los bienes que se ofertan, el precio excesivo de la mayoría de ellos, la subordinación del consumidor al proveedor debido en lo fundamental a la falta de competencia por existir un gran monopolio en el comercio en CUC. Estas no son fallas de mercado, sino de la empresa estatal monopolista encargada de comercializar esos bienes.

(Por cierto, a nosotros, al pueblo, dueño de esas empresas, jamás se nos ha informado cuánto venden, cuánto gastan, quiénes son los principales proveedores y menos aún cómo se hacen esos contratos de suministro. Algo paradójico. Quizás la nueva Constitución pueda ayudar a solucionar esa “pequeña” contradicción.)

Si rascamos un poquito la superficie, entonces encontramos otras causas quizás más decisivas: la debilidad del sistema productivo cubano para proveer de bienes al mercado nacional (eso de importar chancletas plásticas o botas de trabajo casi que lo dice todo); la falta de correspondencia entre lo que se planifica y lo que se logra producir; la poca autonomía y capacidad operativa y financiera de la empresa estatal que no le permite aprovechar las oportunidades que una enorme demanda insatisfecha genera; la debilidad de las producciones locales para suplir con bienes propios de calidad sus mercados (qué decir de las toneladas de puré de tomate importado versus las tonelada de tomate echado a perder año tras año, esperando por los grandes proyectos de pequeñas industrias locales); la falta de un tejido de pequeña y mediana empresa no estatal que puede asumir algunos de esos riesgos descargando al Estado de semejantes gastos. Estas son algunas de esas causas, pero hay más.

¿Qué pudiera hacerse de corto plazo? Digamos que las personas que trabajan en la “comenda”, estos cubano-fenicios, pudieran acceder a esos mismos productos en Cuba, a precios parecidos a los que obtienen en los países donde invierten esos milloncitos.

Supongamos que, por ejemplo, se habilitan algunos de esos grandes almacenes, se abre el suministro al por mayor a grandes empresa proveedoras a las cuales se le cobra un impuesto sobre las ventas mayoristas. Si fueran 300 millones y se cobrara un impuesto del 5 por ciento, entonces el Estado cubano ganaría unos 15 milloncitos solo por dejarlos vender en frontera, más el alquiler de los almacenes, más el gasto en salarios a sus empleados, más electricidad, agua, y otros. A todo ello habría que agregar el dinero que se ahorra el país por concepto de visas y de tickets de avión. Y también el beneficio de disminuir el enorme trabajo que tienen hoy la aduanas del país y sin lugar a dudas la reducción de esos “trámites grises” que dan lugar a tanta corrupción.

Supongamos que a esos cubanos “viajantes” se les formaliza, se les ofrecen algunos incentivos como poder comprar en Cuba lo que quieren vender en Cuba, con la misma calidad que los productos que adquieren fuera de Cuba y a precios competitivos; o tener espacios de venta dentro de las propias tiendas estatales -ya hay ejemplos como Spart y Agua y Jabón, cierto que no son cubanas, sino de algún empresario privado extranjero ¡mira tú!-; arrendarles locales para que inviertan en sus propias tiendas (igual que se hizo con algunas cooperativas en el sector gastronómico). Cierto que tendría que haber un “contrato claro y transparente” entre el Estado y estos cubanos-fenicios y determinadas seguridades por ambos lados.

Llegar a la raíz es otro asunto de más largo plazo, de mayor complejidad. Mientras nuestro sistema productivo no logre producir una buena parte de lo que hoy se importa -la verdadera razón de todo- seguiremos perdiendo ingresos en dólares.

También se corre el riesgo del efecto demostración y de que pronto descubramos que gestionar el comercio minorista y al detalle por empresas estatales no solo es ineficiente -algo que los hechos se han ocupado de demostrar- sino inconveniente. De ser así y siendo consecuente con esa realidad, entonces podría ocurrir la pérdida de empleos y otras cosas para los que hoy se ocupan de estos asuntos.

Recuerdo que el sector de comercio y gastronomía es un sector que emplea a muchas personas. Recuerdo también que lo que ese sector recauda es importante para el Estado. Habría que hacer la cuenta “T” (debe y haber). Habría que sacar los costos de oportunidad (hoy muy difíciles pues no están disponibles públicamente los datos necesarios para ello) y asumir los riesgos de semejante transformación.

Hace muy poco el presidente Díaz-Canel le señalaba al sector industrial cubano cuánta oportunidad desperdiciada hay en el turismo, cuánto se importa para poner en funcionamiento una habitación en un hotel cuatro o cinco estrella. Pues bien, el comercio minorista es otra gran oportunidad desperdiciada.

No la emprendamos contra los fenicios, sino contra las causas que provocan las fallas del mercado y del Estado; esas que hacen florecer un tipo de comercio que se extiende y sobrevive gracias a esas grandes distorsiones.

Un debate surrealista


Por Jorge Gómez Barata

Cuba es un espacio caribeño donde lo real maravilloso, al mezclarse con la política y la acción social, hace que todo sea posible.
Es el único país occidental donde el enriquecimiento lícito es imposible. No existe lotería, los salarios y las pensiones son de lágrimas, nadie puede tener más de una casa ni más de dos carros, las tierras ociosas se distribuyen en micro-parcelas, y hay ex generales, ex ministros y ex embajadores jubilados o cesados que alquilan cuartos para sobrevivir.

A ello se suman el bloqueo de Estados Unidos y las insólitas restricciones aduaneras que afectan a los nacionales en la isla cuando viajan al exterior, y a los que residen en el extranjero cuando visitan el país.

En un entorno económico, donde a pesar de los extraordinarios avances y épicos esfuerzos de la Revolución, la pobreza gana espacios, aunque atenuada porque no se expresa en materia de salud y educación, los líderes políticos, parlamentarios y parte de la ciudadanía se empeñan en encontrar fórmulas para evitar que la gente se enriquezca. De hecho, al impedir que la riqueza se concentre, se impide que sea creada y que circule.

Las alarmas se dispararon cuando, ante la convicción de que el modelo económico vigente desde los años sesenta no era funcional, se autorizó el ejercicio de más de 150 oficios y labores del denominado trabajo por cuenta propia.

Entre las ocupaciones originalmente nominalizadas estuvieron algunas tan exóticas y poco lucrativas como aguador, arriero, parqueador, amolador, payaso, mago, conductor de coche infantil tirado por animales, boyero, desmochador de palmas, forrador de botones, reparador de paraguas, llenador de fosforeras, cartomántica, y transporte de pasajeros en vehículos de tracción animal y humana.

Creer que alguien pueda enriquecerse alquilando cuartos o su única vivienda, así como ejerciendo como albañil, barbero, chofer de alquiler, dueño de pequeños restaurantes y cafeterías, reta la imaginación. Si hubiera alguno que lo lograra y se probara que lo hizo dentro de las reglas, debería ser exaltado como antes se hizo con los stajanovistas.

Los mismos que reflexionan acerca de cómo impedir que los trabajadores no estatales acumulen lucros, creen poder desarrollar la economía a partir de conceptos superados por la práctica, cosa probada por el desastre de esa orientación en la Unión Soviética y Europa Oriental.

Según Marx, el valor de las mercancías se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas. La riqueza es pues, tiempo y trabajo acumulado, pero no es sólo eso, sino también el resultado de proyectos económicos viables en cuya ejecución están presentes, además de las energías físicas y mentales de los trabajadores, la iniciativa, la capacidad gerencial y las ambiciones legítimas de quienes los concibieron, y asumiendo riesgos los fomentaron y los administraron.

Los empresarios, un estamento social sin los cuales los proletarios no pudieran existir, son también trabajadores. Según la experiencia vigente donde quiera que se les ha suprimido, a la larga, la economía se ha estancado. Ningún ejemplo más válido que el de la Unión Soviética, donde el heroísmo laboral masivo y el ejemplar sacrificio del consumo y el bienestar de cientos de millones de personas durante setenta años, no pudieron contrarrestar la ineficacia de un modelo económico fallido.

Las reformas económicas en Cuba son lentas y son limitadas. Audaz sería entregar algún central azucarero a una cooperativa formada por obreros y directivos avanzados del sector, encargar una gran obra a una cooperativa de constructores, y poner algunas de las fábricas quebradas como las de conservas agrícolas y lácteos recién visitadas por el Presidente, en manos de sus trabajadores, y realizar otros muchos proyectos con apoyo, aunque sin tutela estatal.

Para distribuir con equidad, el socialismo necesita producir con eficiencia. Nadie puede repartir ni disfrutar la riqueza que no ha sido creada.

Crisis financieras autocumplidas

BERKELEY – La crisis financiera de 2008 y la recesión subsiguiente dejaron al 10% del Norte Global más pobre de lo que habría estado sin ellas, en base a pronósticos de 2005. Para quienes quieran entender mejor este episodio, hace mucho que recomiendo cuatro libros, en particular:

Manías, pánicos y cracs, del economista del siglo XX Charles P. Kindleberger; Esta vez es distinto, de Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff de la Universidad de Harvard; La gran crisis: Cambios y consecuencias, del analista económico del Financial Times Martin Wolf; y Salón de los espejos, de mi colega de la Universidad de California, Berkeley, Barry Eichengreen.

Ahora, quiero agregar un quinto libro a la lista: A Crisis of Beliefs: Investor Psychology and Financial Fragility (Una crisis de creencias: Psicología y fragilidad financiera de los inversores), de los economistas Nicola Gennaioli y Andrei Shleifer. (Descargo total de responsabilidad: Shleifer fue mi compañero de cuarto en la Universidad y en el posgrado; al día de hoy, le atribuyo cualquier habilidad o reputación positiva que yo pueda tener).

A Crisis of Beliefs es importante por tres razones. Primero, ofrece una réplica bienvenida para quienes sostienen que la década pasada fue un resultado inevitable de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos. Muchos expertos siguen insistiendo en que la deflación de la burbuja desató la crisis financiera. Pero la realidad es que la burbuja ya se había desinflado sustancialmente antes de que estallara la crisis.

Recordemos que a mediados de 2008, los precios de la vivienda habían regresado a los niveles respaldados por sus valores subyacentes –o inclusive habían bajado aún más- y el empleo y la producción en la industria de la construcción residencial había caído a niveles muy por debajo de la tendencia. La tarea de reequilibrar valuaciones de activos y reasignar recursos económicos en todos los sectores ya se había realizado.

Sin duda, todavía habría habido pérdidas de activos financieros por unos 750.000 millones de dólares en incumplimientos de pago de hipotecas de alto riesgo y préstamos hipotecarios. Pero eso es solamente un cuarto de lo que los mercados bursátiles globales perdieron en siete horas el 19 de octubre de 1987. En otras palabras, no habría sido suficiente como para hundir al sistema financiero global. Ben Bernanke, entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, parecía confiado en el verano de 2008 en que la corrección en los precios de la vivienda no había desatado ninguna crisis financiera inmanejable. En aquel momento, estaba principalmente concentrado en los peligros de la creciente inflación.

Y luego el mundo se vino abajo. La razón, demuestran Gennaioli y Shleifer, es que las creencias cambiaron. Los inversores llegaron a creer que los mercados financieros estaban agobiados por un riesgo sumamente elevado, debido a una cantidad de factores. El mercado interbancario se había congelado, los propietarios de viviendas dejaban de pagar sus hipotecas, Bear Stearns había colapsado, el Tesoro de Estados Unidos había intervenido para controlar a Freddie Mac y Fannie Mae y, por sobre todo, Lehman Brothers se había declarado en quiebra.

Todo esto condujo a la corrida repentina de los sistemas bancarios paralelo y convencional, en tanto los inversores se agolparon para desprenderse de activos. El mayor riesgo que habían atribuido al sistema se hizo realidad. Al igual que las enfermeras de guardia en una sala de emergencia, rápidamente evaluaron al paciente y se dejaron llevar por su diagnóstico inicial como si no hubiera otra opción. 

Y, sin embargo, ninguna de las consecuencias de la crisis fue inevitable. Si la Fed hubiera tenido planes de contingencia para poner a instituciones demasiado grandes para quebrar bajo administración judicial y hubiera asumido los riesgos como último recurso, probablemente estaríamos viviendo en un mundo muy diferente hoy. A diferencia de quienes miran hacia atrás y concluyen que todo fue una consecuencia inevitable de la burbuja inmobiliaria, Gennaioli y Shleifer reconocen el papel central que jugó la contingencia en la crisis y sus secuelas.

El segundo aporte importante de Gennaioli y Shleifer es demostrar que las “crisis de creencias” como la que precipitó el desastre de 2008-2009 están profundamente arraigadas en la psicología humana, a tal punto que nunca nos libraremos de ellas. Por ende, ni las políticas prudenciales ni las medidas de respuesta a las crisis deberían tratar estos episodios como casualidades o excepciones extraordinarias. Las crisis de creencia son manifestaciones de un malestar crónico que debe manejarse.

En consecuencia, los bancos centrales y las autoridades fiscales no deberían utilizar el fin de una crisis como excusa para dar un paso atrás o soltar el volante. Cuando las creencias fundamentales han cambiado de manera permanente, no deberíamos esperar que el mismo cóctel de políticas que favoreció el pleno empleo, la baja inflación y el crecimiento equilibrado antes de la crisis siga funcionando después. Es más, las semillas de la próxima secuencia de Kindleberger –desplazamiento, optimismo, entusiasmo, crac, pánico, rechazo, descrédito- ya han sido plantadas por las mismas políticas que fueron necesarias para enfrentar la última recesión.

La tercera razón por la que el libro de Gennaioli y Shleifer es importante es más técnica y se aplica directamente al campo de la economía. Los economistas han reconocido hace mucho tiempo que exigirle a un agente representante que tenga expectativas racionales del futuro tiende a generar modelos que son profundamente inaplicables en el mundo real. Pero, hasta ahora, ninguna estrategia alternativa ha ganado terreno. El marco de inversores parecidos a enfermeras de guardia de Gennaioli y Shleifer revela una gran promesa por ser considerado junto con otras estrategias de construcción de modelos.

Desde hace diez años, la gente le viene buscando el lado positivo a los desastres de 2008-2018, con la esperanza de que este período dé lugar a una integración más productiva de las finanzas, la economía conductual y la ortodoxia macroeconómica. Hasta ahora, han estado buscando en vano. Pero con la publicación de A Crisis of Beliefs, todavía hay esperanza.


J. BRADFORD DELONG is Professor of Economics at the University of California at Berkeley and a research associate at the National Bureau of Economic Research. He was Deputy Assistant US Treasury Secretary during the Clinton Administration, where he was heavily involved in budget and trade negotiations. His role in designing the bailout of Mexico during the 1994 peso crisis placed him at the forefront of Latin America’s transformation into a region of open economies, and cemented his stature as a leading voice in economic-policy debates.

Agencia Havanatur inicia venta de boletos de American Airlines en Cuba

 CUBA


La agencia de turismo cubana Havanatur comenzó el lunes a vender boletos de la aerolínea estadounidense American Airlines, a través de sus más de 80 oficinas en la isla, indicó un comunicado emitido por la compañía aérea

“Dos años después de nuestro primer vuelo, nos enorgullece continuar con nuestro crecimiento en el país. Hace poco comenzamos a operar un quinto vuelo diario entre La Habana y Miami, y el año próximo estaremos inaugurando un nuevo vuelo diario entre Miami y Santiago de Cuba, convirtiéndose en nuestro destino número seis en el país”, dijo el gerente de American Airlines para Cuba, Ramón Jiménez, según el comunicado.

La aerolínea estadounidense opera 10 vuelos diarios a Cuba desde Miami (sudeste) hacia La Habana, Camagüey (centro), Holguín (sureste), Santa Clara (noreste) y Varadero (noreste); y desde Charlotte (ciudad en Carolina del Norte, este de EEUU) a la capital de Cuba.

A partir del 3 de mayo de 2019 la aerolínea iniciará vuelos a su sexto destino en Santiago de Cuba (sur), con un vuelo diario desde Miami.

Sputnik

Traigo al banco en mi bolsillo

Se incrementan las facilidades para realizar gestiones y se amplían las formas de pago a través de tarjetas magnéticas, pero no todo es color de rosa...


Tener una tarjeta bancaria del BPA es un gran beneficio. (Vanguardia)

Banco Popular de Ahorro: Institución financiera cubana fundada el 18 de mayo de 1983. Es una entidad diversificada, tanto por su naturaleza como por la ubicación geográfica de su red y los negocios que la conforman. Consolida su gestión comercial tanto en la banca de particulares como en la corporativa, siguiendo una política de orientación. Dentro del Sistema Bancario Cubano, es el banco que posee la mayor red de oficinas distribuidas en todo el país.

Recuerdo de niña las libretas de ahorro del banco, verdes, color esperanza, y las ansias de tener una. Me parecían de gente importante, grande. Luego, en las películas, los de “cuello blanco” sacaban sus tarjetas de crédito y realizaban de forma tan simple sus pagos en cualquier sitio, se veían cómodas, fáciles de transportar y sobre todo seguras.

En el proceso de informatización de la sociedad cubana los bancos son una de las instituciones que marchan a la avanzada, tal es el caso del Banco Popular de Ahorro (BPA) (el de la familia cubana) y sus mejores pasos han estado marcados por las tarjetas magnéticas.

Entre sus modalidades está la domiciliación de empresas, proceso a través del cual los trabajadores estatales reciben su salario en la tarjeta; el pago de las pensiones a los jubilados; las cuentas de ahorro y las destinadas a los Trabajadores por Cuenta Propia(TCP).

MEJOR QUE EN LAS PELÍCULAS

Las tarjetas son más que una cuestión de estilo, o de películas, y en nuestro país tal vez no guardemos millones pero todos tenemos acceso al servicio con el cual se evita traer dinero en efectivo encima; con ellas el cliente puede efectuar los pagos en cualquier establecimiento donde estén instalados los Terminales de Punto de Venta (TPV), que son simplemente esas máquinas pequeñas de las tiendas en las cuales se introduce el “cartón mágico”.

Si preguntaras a diez de tus conocidos ¿qué cosas eliminarían de su cotidianidad? Probablemente… once te dirían que las colas, pues, ¡cashán!, como por arte de magia y con un poco de tecnología las tarjetas magnéticas solucionan en gran medida ese problema, pues desde un cajero pagas la electricidad, el teléfono, los impuestos de la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), transfieres saldo a otras cuentas aunque no pertenezcan al BPA, realizas cambios de monedas, al igual que en las Casas de Cambio (Cadeca), y permite consultar los últimos movimientos financieros.

Para extraer dinero se puede realizar la operación en los bancos y las Cadecas, pero la opción de mayor comodidad son los cajeros automáticos, dispuestos en varias ciudades del país y con funcionamiento las 24 horas ¡durante todos los días del año!

Las facilidades se incrementan cada vez más y ahora las formas de pago se amplían, ni siquiera precisas salir de casa para realizar todas esas fatigosas gestiones, si tienes Nauta Hogar, claro, si no desde cualquier zona con conexión wifi solo con el móvil o una computadora puedes acceder a dos nuevos canales: Banca Móvil y Banca Remota.

DESDE EL CELULAR

Toda persona con una tarjeta bancaria y un celular, y no es requisito tener sistema operativo Androide, aunque si más fácil, es un usuario potencial de esas modalidades de pago, según refirió en una entrevista Isabel Rosales Herrero, especialista en Banca en el oriental territorio, a lo que agregó que a través de códigos, en el caso de los teléfonos menos actualizados, y con una aplicación para los usuarios de Androide, se registra la tarjeta y desde allí puede realizarse todas las operaciones disponibles en los cajeros.

Por su parte, Banca Remota es una página nacional a la cual se puede acceder desde la intranet en una computadora y tiene mayores opciones, entre las que se incluyen: revisar las tasas de cambio diario de Cadeca, imprimir comprobantes, consultar los productos bancarios (deudas, créditos, cuentas vigentes…), incluso, puede cambiar las claves de su cuenta.

Otro de los beneficios de tener una tarjeta bancaria del BPA es su descuento: ¡un cinco por ciento menos si pagas cualquier producto con ellas! Con el objetivo de fomentar su uso y evitar que medie el dinero en efectivo, los bancos asumieron esos porcentajes para estimular el pago con los “cartoncitos mágicos”, explicó la especialista, cifras que pueden incrementarse en fechas como el Día de las Madres.

Entre las estrategias que se llevan a cabo en la provincia de Granma para fomentar el uso de las tarjetas magnéticas del BPA está la instalación de buzones en las sucursales del territorio, supervisados por trabajadores bancarios, y en los cuales los clientes depositan una tarjeta diseñada para que dejen los datos necesarios allí (nombre, número de carnet de identidad, dirección y teléfono), esa información es procesada y el interesado solo debe volver a la sucursal cuando sea citado para recoger la tarjeta, firmar los contratos y pagar los 50 centavos (0.50) que cuesta, depende de la moneda en que se haga, precisó la especialista.

Se espera que paulatinamente el oriental territorio incremente el número de cajeros automáticos, los cuales son insuficientes de acuerdo con la población que utiliza las tarjetas magnéticas.

LOS FALLOS EN EL HECHIZO

Pero en esta historia falta mucho todavía para llegar a un final feliz, y la población emite reiteradas quejas sobre las trabas para pagar con tarjetas en las tiendas o los errores al realizar las transferencias desde el teléfono.

Uno de los planteamientos recurrentes es que las terminales de puntos de venta, también conocidas como POS, no funcionan o se demoran mucho las respuestas, incluso, algunos dependientes evitan la prestación del servicio, lo cual atenta contra el uso efectivo de esa tecnología.

Amanda Coello, cliente del BPA en Granma, explica que hace pocos días realizó el pago de la tarifa telefónica desde su dispositivo móvil, y casi le subió la presión arterial cuando recibió la notificación que le comunicaba el éxito de su transferencia por un monto de 600 pesos, cuando ella solo había indicado 87, afortunadamente fue un error en el sistema y su saldo se mantenía intacto; pero como esa son normales las historias entre los usuarios.

En el caso de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA), cada vivienda tiene asignado un código, y entre los problemas más frecuentes en el oriental territorio a la hora de pagar con tarjeta se encuentra que algunas personas al confundir uno de los dígitos pagan la cuenta de otra casa, o realizan la liquidación de la misma factura varias veces.

Todavía falta mucho para que la población gane en seguridad y confianza con el uso de ese nuevo dispositivo, pero es un canal de pago muy fácil a la hora de identificar todos los movimientos de la cuenta (lugar, horario de las transacciones…), además de un mecanismo para que el cliente no pierda y pueda ayudar en caso de reclamaciones, asegura Rosales Herrero, quien afirma que en la mayoría de los casos los errores se producen por descuidos de la población a la hora de marcar los códigos, pero los usuarios afectados por irregularidades de ese tipo siempre reciben su dinero.

El servicio se encuentra en fase de perfeccionamiento, y los programadores trabajan actualmente en corregir las fallas y facilitar otras operaciones.

La provincia de Granma, con solo ocho cajeros automáticos, es una de las que más tarjetas magnéticas emite, sobre todo para jubilados, trabajadores por cuenta propia, ahorros y nóminas; las cifras actuales ascienden a más de 76 200 desde que comenzó a prestarse el servicio; y en lo que va de año se han entregado más de 20 000, precisó Herrero.

Los territorios con mayores índices de tarjetas en el país (acordes a su población, cantidad de cajeros y desarrollo económico) son Santiago de Cuba, Holguín, Villa Clara, y Camagüey.