Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

jueves, 12 de octubre de 2017

Miradas Estratégicas de académicos Latinoamericanos

Cuba y los huracanes: ¿Por qué necesitamos ciencia, tecnología e innovación?

Por: Armando Rodríguez Batista
En este artículo: Biotecnología, Ciclón, Ciencia, Ciencia y Tecnología, Cuba, Desarrollo, Desastres Naturales, Huracán, Innovación, Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba (CITMA)
12 octubre 2017 | 10 |
El Centro de Inmunoensayo es una de las instituciones imprescindibles en el desarrollo de la ciencia cubana. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Ni siquiera la biotecnología puede prescindir de importaciones. Ningún país es autosuficiente en tecnología, ni lo será. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
El reciente paso del huracán Irma nos confirma la necesidad de contar con capacidades nacionales en ciencia y tecnología (potencial humano e infraestructura) en áreas como meteorología, hidrología, energía, ingeniería ambiental, gestión de desastres, cambio climático, entre otras. También nos recuerda que el pueblo cubano vive orgulloso de sus científicos, tecnólogos e innovadores.
La visión de construir una sociedad de hombres y mujeres de ciencia, de pensamiento, que nos inculcó Fidel, se ha impregnado en la cultura y la identidad nacional como rasgo distintivo y propio, también escudo y espada, enaltecedor del proyecto de nación desarrollado por la Revolución.
Esta realidad que para muchos cubanos puede resultar natural, es por el contrario atípica en el contexto de los países del Sur, donde de manera general la investigación científica y tecnológica de alto nivel es percibida como algo que se realiza fuera de sus fronteras. Los “hombres de ciencia” son entonces los expertos foráneos y las agendas de investigación-desarrollo nacionales apenas reflejan las prioridades nacionales y las necesidades imperiosas de las grandes mayorías. La vitoreada Sociedad del Conocimiento es esencialmente una Sociedad Capitalista del Conocimiento, con claras reglas definidas desde el Norte y donde impera la visión neoliberal del desarrollo y la privatización.1
En este contexto, es casi una proeza que las naciones subdesarrolladas cuenten con capacidades nacionales de Ciencia y Tecnología. La mala noticia es que no basta con tenerlas. No basta con la Ciencia. Necesitamos Tecnología. Necesitamos Innovación. Son temas muy estrechamente vinculados, pero a partir de dinámicas complejas, por encima de linealidades aparentes, en las que intervienen multiplicidad de actores y en su sentido más amplio, la sociedad en pleno.
A esta red de instituciones que producen, utilizan y difunden el conocimiento en el entorno nacional, así como a sus interacciones, se le denomina Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Esta noción de Sistema Nacional de Innovación surge en el contexto de los países del Norte y no refleja las particularidades de las instituciones y sociedades del Sur, pero ha constituido una herramienta de importancia para fomentar el rol de la CTI para el desarrollo nacional, al menos en el ámbito político.
Si asumimos la Innovación como la capacidad para resolver problemas (nacionales, institucionales, personales), la ciencia constituiría entonces un activo mayor, esencial, diferenciador y clave, pero no el único. En muchas ocasiones no el limitante. Para la innovación el nuevo conocimiento es vital, pero lo es también el nuevo uso de conocimiento no necesariamente novedoso. Está en el Heberprot-P, orgullo de la biotecnología cubana y en el frijol negro del guajiro que introdujo una práctica sostenible. En el pronóstico meteorológico del Huracán Irma, el proyecto del Trasvase Este-Oeste y el Programa de Estado para el Enfrentamiento al Cambio Climático –Tarea Vida-. En nuestros médicos combatiendo el ébola, nuestros maestros alfabetizando en quechua y en nuestro empeño por construir la mejor sociedad posible.
En Innovación no hay actores pequeños, como nos enseñó Fidel promoviendo el Forum y la ANIR. Innovar para exportar es esencial para países de limitado mercado interno como Cuba, pero igual de trascendente es innovar hacia adentro, procurando utilizar todo el conocimiento disponible para mejorar la producción de bienes y servicios. En este sentido, ningún sector de la economía puede ser excluido; ningún producto, ya sea nuevo o tradicional. Lo importante no es si se trata de transporte, construcción, agricultura, comunicaciones, industria o servicios; de empresas estatales, cooperativas o trabajadores por cuenta propia, sino de producir con mayor o menor valor agregado por el conocimiento, esto es: Innovar para el desarrollo. Lógicamente, el esfuerzo nacional debe enfocarse en aquellos sectores económicos estratégicos definidos en el Plan 2030.
Muy estrechamente vinculada a la innovación y por supuesto a la ciencia está la tecnología. La tradición latinoamericana y en general del Sur, que apostó con pocas excepciones a las políticas de industrialización por importación de tecnologías, ha condicionado de manera importante el acercamiento actual a este asunto en nuestras sociedades, observándose de manera general una preferencia a la importación en desmedro de los esfuerzos nacionales de producción y un tejido empresarial poco integrado y colaborativo en términos de innovación tecnológica, aun cuando se reconoce las limitaciones de tecnologías foráneas para responder a los entornos específicos. En muchas naciones, el propio proceso de asimilación y difusión tecnológica se ve afectado por la debilidad de las capacidades nacionales en Ciencia y Tecnología.
Las dificultades económicas que ha atravesado Cuba y en particular el bloqueo, han limitado de manera importante las capacidades tecnológicas e industriales del país, incidiendo negativamente en la estructura de nuestras cadenas productivas nacionales y en su inserción en las internacionales. Las propias condiciones del subdesarrollo y las barreras técnicas al comercio impuestas por los países del Norte, contribuyen a dificultar la incorporación de países periféricos a estos cotos tecnológicos prácticamente exclusivos de empresas transnacionales.
El desarrollo de la Biotecnología cubana resulta una extraordinaria excepción, reconocida internacionalmente por la Revista “Nature” en 2009 como la más promisoria en países en desarrollo. El prestigio internacional del Sistema Nacional de Salud de Cuba, el elevado nivel de nuestros médicos y profesionales, la creación y maduración de prestigiosos centros de investigación en ciencias básicas y aplicadas y la conducción personal del líder histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro, son algunos factores que explican este resultado. Es además ejemplo de una concepción de Sociedad Socialista del Conocimiento.
Sin embargo, ni siquiera la biotecnología puede prescindir de importaciones. Ningún país es autosuficiente en tecnología, ni lo será. El propio concepto de Soberanía Tecnológica no se asocia a producirlo todo nacionalmente. Lo realmente importante está en el valor agregado por el conocimiento de lo que exportamos e importamos y esto está definitivamente vinculado a las capacidades nacionales en ciencia y tecnología con que contemos. Los campos de la ciencia y la tecnología que abordan las más de 200 entidades de Ciencia, Tecnología e Innovación y las 52 universidades del país, aportan elementos de juicio sobre nuestras fortalezas y debilidades en este ámbito.2
En última instancia se trata, hablando en términos de Política Tecnológica, del necesario equilibrio entre la tecnología que importamos y la que producimos nacionalmente, lo cual es obviamente muy difícil de cambiar en un corto plazo, en tanto requiere de un esfuerzo denodado, cotidiano y sacrificado de fomento y atención. Esta visión no puede ser cortoplacista, como no lo es el propio desarrollo -máxime si aspiramos a que sea sostenible- y debe concebir espacios para la generación de tecnologías y soluciones apropiadas a las condiciones concretas de regiones y localidades, que aprovechan las experiencias, los procesos de aprendizaje y los recursos del entorno y potencian la innovación y el desarrollo local.
La convergencia entre las políticas científica, tecnológica, de innovación, económica, financiera, industrial, energética y ambiental, entre otras, son absolutamente relevantes para desarrollar y mantener las capacidades nacionales en Ciencia y Tecnología. La visión de mediano y largo plazo es tan definitoria, que internacionalmente se conocen como “políticas de jardinería”.
Una muestra reciente del aprovechamiento de capacidades nacionales en el ámbito científico y tecnológico, resultó la maniobra del Despacho Nacional de Carga de la Unión Nacional Eléctrica para garantizar la vitalidad del Sistema Electroenergético Nacional, luego de las afectaciones del huracán Irma, primero operando islas por regiones, combinando termoeléctricas con grupos electrógenos y luego integrándolo en su totalidad en breve plazo, aun sin contar con la mayor termoeléctrica del país.
Curiosamente, 2 de los 6 Premios Nacionales de Innovación otorgados por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medioambiente en 2016, fueron a manos de los energéticos, producto de investigaciones conjuntas con el Centro de Investigaciones y Pruebas Electroenergéticas (CIPEL) de la CUJAE y el Centro de Estudios Electroenergéticos de la Universidad Central “Martha Abreu” de Las Villas. Ambos trabajos contribuyeron al monitoreo y análisis en tiempo real del Sistema Electroenergético Nacional.
Entre tanto, Cuba se recupera, nuestros hombres y mujeres de ciencia y de pensamiento –científicos, tecnólogos, innovadores: cada cubano y cubana dignos- vuelven a sus labores de construir entre todos la mejor sociedad posible, una sociedad socialista del conocimiento, inclusiva, donde el fin de la ciencia, la tecnología y la innovación no es otro que el ser humano, el pueblo.
Notas:
  1. El autor recomienda la lectura del libro: “Subdesarrollo e Innovación. Navegando contra el viento”, de Rodrigo Arocena y Judith Sutz, 2003.
  2. El Registro Nacional de Entidades de Ciencia, Tecnología e Innovación de Cuba, incluye 206 entidades: 131 Centros de investigación, 19 Centros de servicios científico-tecnológicos y 56 Unidades de desarrollo e innovación (cierre Agosto 2017).

Revista Temas: Revisando experiencias en el sector público: no siempre funciona mal*

 *      Panel realizado en el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC, el 30 de septiembre de 2011. Publicado en Temas, n. 77, enero-marzo de 2014, pp. 75-82.

Dianne Cunningham

Directora del Centro de Políticas Públicas y Gestión de la Escuela de Negocios de la Universidad de Ontario, Canadá.

Miguel A. Figueras

Economista. Asesor del Ministro del Turismo.

Marta Pérez Rolo González

Profesora titular de la Universidad de La Habana y del Centro de Gestión Empresarial, Superación Técnica y Administrativa (GESTA), del Ministerio de la Industria Básica.

Julio César Guanche

Jurista. Casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y miembro del Consejo Editorial de Temas.

Julio César Guanche (moderador): ¿Qué es lo público?, ¿qué lo estatal?, ¿qué diferencia hay entre uno y otro, ¿cómo la activación de un debate sobre el primero también moviliza el ejercicio activo de todos los derechos sociales, así como el debate sobre la calidad del funcionamiento institucional?, y ¿cómo dinamiza el funcionamiento completo del sis-tema institucional para que pueda realmente cumplir su cometido y hacerlo con eficacia?

Dianne Cunningham: Uno de los grandes desafíos de Canadá es que el sector público se contrae y crece de acuerdo con la cantidad de dinero que se gaste. Pero... ¿hay que gastar tanto?, ¿estamos trabajando con eficacia, con eficiencia? Al examinar las políticas públicas recibimos mucha información: de las asociaciones de escuelas, de la comunidad médica, y del público en general. Los electores se nos acercan para comentarnos cómo creen que se debería actuar y así se va logrando un consenso para saber qué hacer; eso también es válido para los funcionarios electos.

¿Cuáles son las deficiencias, las ventajas en la gestión del sector público? Recordemos que depende de los ministros y del gobierno decidir si van a trabajar con este sector, con los gestores, para que todo funcione.

Canadá tiene una red de protección social muy amplia. Aun cuando los programas son muy costosos, hay una gran preocupación por las personas discapacitadas, los ancianos, y hemos avanzado muchísimo desde que en 1988 comenzamos a analizar la enseñanza especial.

Tenemos una sociedad civil muy activa que arma una gran alhara-ca por todo. Nuestra economía es bastante saludable. Casi tenemos un presupuesto federal equilibrado, al contrario del provincial. Falta muchísimo tiempo antes de que logremos cumplir nuestro objeti-vo, así como estabilizar la economía, restablecer el equilibrio fiscal, el crecimiento económico, y lograr que el país emprenda un camino sostenible a largo plazo. Constituye un gran desafío ajustarnos a los nuevos acuerdos políticos, al surgimiento de Sudáfrica, Brasil, China, como nuevas economías. Estamos escogiendo nuevos asociados con los que trabajar, todo eso resulta sumamente interesante.

En cuanto al implemento de la productividad el resultado no es positivo. Al medirla debemos decidir cómo mejorar la situación. Los servicios públicos siempre le dicen al sector político que hay que per-feccionar los mecanismos. En ese sector avanzamos a la saga de otros países en desarrollo; debemos apoyar la innovación en la economía y mejorar las condiciones sociales.

Julio César Guanche: Como ha dicho la profesora Cunningham, el sec-tor público viene a ser aquel desenvolvimiento estatal a través de to-das las instituciones y mecanismos que tienen los poderes del Estado para cumplir sus cometidos. En Cuba, donde no existe esa división en-tre poderes, obviamente el gobierno viene a ser el único ejecutivo, y lo público trasciende al gobierno precisamente porque atiende todos los poderes del Estado. Hay que redefinir lo que entendemos como público.

Figueras, ¿cómo surgió el sector público y cómo se entiende este en Cuba respecto al estatal?, ¿cuál ha sido su evolución hasta hoy?, ¿cuáles sus impactos?

Miguel A. Figueras: En la Constitución de 1901 el papel del sector pú-blico era mínimo. La de 1940, si bien logra avances en los aspectos so-ciales, en cuanto al funcionamiento de la economía no se realiza nin-guna transformación. Desde 1925, Cuba se estancó; el último central azucarero se construyó en esa época. Se podía apreciar dos Cubas: La Habana y el resto del país; una quinta parte de la población vivía en la capital. Y el producto interno bruto (PIB) del año 1958 nunca volvió a recuperar los niveles de 1920 a precios equivalentes, o sea, era una economía estancada.

Al triunfar la Revolución en el 59, había un sector público de educación, de algunos hospitales, y no existían casi empresas estatales, solo tres que habían quebrado en los años 50: los Ferrocarriles Unidos —británicos—, comprados por el gobierno de Batista; la empresa Tráfico y Transporte, financiada por el BANDES, que resultó un fraude; y una última, Cubana de Aviación.

Había que transformar la estructura heredada, en la cual casi todo estaba en La Habana —80% de las construcciones, 72% de los telé-fonos, 82% de las importaciones, 95% del tráfico aéreo. En 1959 exis-tían, sin contar los centrales azucareros, cien empresas con más de un centenar de trabajadores cada una; la mayoría de las restantes tenía menos de diez. O sea, a partir de ese año comienza a formarse el sector estatal mediante la instrumentación de dos Reformas agrarias y dos o tres procesos de nacionalizaciones e intervenciones. Dicho sector logra tener 70% de las tierras cultivables en granjas y empresas esta-tales, 95% de la producción industrial, el transporte; dominio total del sistema bancario, del comercio; y un desarrollo de los servicios públi-cos; es decir, en la década de los 60 se crea ese sector estatal. Ante-riormente, la Constitución de 1940 limitaba el papel del gobierno a coordinar y orientar.

Marta Pérez-Rolo González: El sector público es un conjunto de orga-nismos administrativos mediante los cuales el Estado cumple o hace cumplir sus políticas públicas, expresadas en las leyes. Tales políticas constituyen programas de acción que se desarrollan a partir de ese sector público. Por tanto, es importante comprender que no está por un lado el Estado y, por otro, las personas y los problemas socia-les. Lo que ha mencionado Figueras ocasionó que, en un momento determinado, el sector público absorbiera todo. En el año 1968, el de la Ofensiva Revolucionaria, todas las pequeñas industrias familiares se nacionalizaron. A partir de entonces, se imbrica completamente todo el sector estatal con la sociedad civil y se convierte en sector público. Ello, de alguna manera, nos marcó, porque el Estado tuvo que asumir una serie de cuestiones menores, que si bien eran importantes para la vida cotidiana, no tenían trascendencia para el país. Así, absorbió las grandes y pequeñas empresas.

Julio César Guanche: ¿Cuáles son los logros, los déficits, los problemas, que tiene el sector público en Canadá y en Cuba?, ¿cuáles son las áreas donde ha sido más crítico el manejo de ese sector?, y, a la luz de estos logros y deficiencias, ¿se advierten corrientes que empujan hacia la contracción o hacia la extensión del sector público tanto en Canadá como en Cuba?

Dianne Cunningham: En Canadá, se evalúan los desafíos teniendo en cuenta el trabajo y la respuesta del servicio público y de sus funcio-narios, y ellos informan al gobierno los retos que consideraban funda-mentales. Lo más importante es trabajar con los niveles más complejos. Hemos tenido un sistema muy complejo en Canadá. El gobierno fede-ral es responsable de algunos programas y los gobiernos provinciales de otros, y tienen que trabajar juntos de modo intergubernamental. Por ejemplo, cuando vamos a Israel o a Australia, que tienen tan poca agua, observamos que son muy cuidadosos con la que usan, no tie-nen que ir inventando tecnologías como nosotros porque la conser-van y utilizan mejor. Esto es lo que está ocurriendo con el gobierno; tenemos que conservar lo que hacemos y usarlo de la manera más inteligente posible, porque los ciudadanos en Canadá no pagarán más impuestos, de manera que vemos más transparencia en los informes, ya que el público exige saber qué haremos antes de que lo llevemos a cabo. Están pidiendo nuevos auditores, personas que se interesen no solo en qué se gasta el dinero sino también por el funcionamiento de los programas. ¿Hay más médicos porque estamos gastando más dinero en la formación de médicos? Estas son las preguntas que se hacen, y creo que deberían formularse de otro modo.

Existe mucha más diversidad en los centros de trabajo; hay personas de todas partes del mundo donde existen programas que pudieran fun-cionar en Canadá y en ocasiones no les preguntamos los resultados. Hay que trabajar con más eficacia. Podemos enfocar muy bien las políticas públicas, ir a las comunidades y tener reuniones, pero si no cambia la manera de aplicar dichas políticas la gente sencillamente se frustra. ¿Cómo un agricultor va a dejar el campo para decir lo que funciona y uno no le va a hacer caso? Esos son los desafíos.

Los jóvenes están muy interesados en resolver las dificultades. Es-tán aprendiendo de un modo distinto; nuestros alumnos en estos momentos son buenos y creo que debemos valorar cómo se pueden solucionar nuestros problemas. Se debería hablar más de las cosas que preocupan. De hecho, estamos trabajando de modo colaborativo.

Las nuevas tecnologías pueden ser buenas y malas. Hay que super-visarlas y garantizar que mejoren, documentarse sobre la experiencia de otros países donde sí funcionan. En Canadá, el Primer ministro es la persona más importante y él buscó ciudadanos que tuvieran buenas ideas. Necesitamos nuevas formas de recursos humanos, una visión a largo plazo.

Los cambios se necesitan en la supervisión de todo lo que hacemos. Hay muchas personas que trabajan en pequeñas juntas en los servi-cios públicos y se les reeduca con ideas positivas. Soy parte de una oficina de comercio y algunas veces al gobierno no le gustan nuestras recomendaciones. ¿Y qué ocurre con ello?, que hay momentos en que tenemos que examinar todo lo que observamos. Los expertos vienen a la mesa y dicen: «Creemos que ustedes deben tomar esto en cuenta», no dicen hacer, sino tomarlo en cuenta. En ese sentido, Cuba tiene todo tipo de posibilidades.

Julio César Guanche: Me gustaría agregar una pregunta a la anterior: ¿qué importancia le conceden a la relación dinámica que establece el Estado con otros actores no estatales, en particular con el sector privado, pero también el de las cooperativas?

Marta Pérez-Rolo González: En ese sentido es muy importante el tema de la economía social y solidaria, que debe tener cuatro aspectos: el económico, o sea, su resultado; que tenga reglas sociales para repar-tir los excedentes; que sean asociaciones voluntarias, y que haya una gestión lo más democrática y participativa posible.

En Cuba desde la primera y segunda Reforma agraria se comenzó un movimiento cooperativo en el sector agropecuario cañero y no ca-ñero. Las primeras fueron las cooperativas de créditos y servicio, de las cuales hoy existen 3 242; después, en el año 76, las de producción agropecuaria a las que sí se entregaba la tierra en propiedad coopera-tiva, hoy existen 1 089; y las UBPC, que surgen en 1993, el año en que la economía del país, como todos los cubanos sabemos, tocó fondo y se decidió repartir en usufructo la tierra de las grandes granjas estatales. Hoy, 75% de la tierra agrícola y 44,5% de la tierra total pertenece a la propiedad cooperativa. Cifras de 2008 indican que el sector no

estatal es el que ha producido el mayor porcentaje de casi todos los elementos del programa alimentario, o sea, ahí entra el sector coope-rativo y la pequeña propiedad. El primero ha desempeñado un papel a lo largo del tiempo que podía haber sido incluso mucho mayor, y es uno de los elementos que tenemos que potenciar para otros sectores no agrarios.

Existen otras políticas públicas, sobre todo las sociales, que han sido relevantes. El sistema de salud en Cuba puede someterse a mu-chas críticas pero es reconocido en el mundo entero: llega a todas las regiones, ha tenido logros importantes, por ejemplo, la vacuna anti-meningocóccica, la lucha contra el cáncer y el SIDA. Asimismo sucede con la educación, un sistema que tiene toda una serie de vertientes y que está garantizado para la totalidad de los estudiantes; como mí-nimo todos se gradúan de sexto grado. Hay incluso un desarrollo de todo el sistema hasta alcanzar la universidad.

Retomando las cooperativas, en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), se imparte una maestría en Desarrollo de cooperativas, porque este es un tema acuciante. Además, es fundamental considerar la industrialización del país como política, a pesar de los problemas que ha tenido. En el año 1961 el Che, como ministro de Industrias, fue capaz de darse cuenta de lo que significaba, incluso de rectificar cuando se percató de que íbamos a hacer una política de industrialización echando abajo toda una serie de elementos de la agricultura cañera. Hoy contamos con una fuerte infraestructura productiva en el país que nos permite enfrentar lo que queremos que sea el núcleo central de nuestro nuevo modelo de gestión: la empresa estatal socialista, y en ello el movimiento cooperativo va a desempañar un gran papel.

Miguel A. Figueras: En relación con los logros y las insatisfacciones, veámoslos hace cincuenta años. La primera década es de transforma-ción, de resistencia: nos invadieron por Playa Girón, un año después nos amenazaron con un ataque atómico, infiltraron armas y crearon bandas, desapareció el turismo, cuando, al romperse las relaciones se les prohibió a los americanos venir a Cuba.
Los quince años entre 1971 y 1985 son los de más rápido crecimien-to de la economía cubana, 10% por año: se triplicó el PIB, entramos en el CAME, creamos el Poder Popular —una forma de descentraliza-ción, pues hasta ese momento una farmacia que estaba en Baracoa se dirigía desde La Habana—, y se retomó la política de industrializa-ción. En el Informe del Primer Congreso del Partido se consideró que la etapa principal de la transformación agrícola había tomado quince años y que había que impulsar el proceso de industrialización; por su-puesto, estaban los créditos del campo socialista, y en medio deello el bloqueo. No hay que olvidar que en el año 64 el gobierno del Reino Unido fue llevado al banquillo de los acusados, al Consejo de la OTAN, por venderle a Cuba mil ómnibus Leyland viejos, pues supuestamente servirían para transportar tropas; ni que toda América Latina, excep-to México, rompió relaciones con nosotros luego de la reunión de la OEA en Punta del Este, y que no nos dieron créditos hasta después de 1970, cuando el precio del azúcar llegó a mil dólares la tonelada. En tal escenario, si la fortaleza que demostró el sector estatal en Cuba es difícil medirla en números, lo es más cualitativamente.

Después desapareció el campo socialista, el PIB y las importaciones descendieron a la mitad, mientras las exportaciones bajaron en 75%. De manera que ha sido un inmenso logro haber resistido.

¿Con qué no estamos satisfechos? Con los resultados agrícolas, porque se ha invertido mucho en ese renglón: de nueve mil tractores pasaron a ser noventa mil; de doscientas cincuenta combinadas arro-ceras a cinco mil; de utilizar ciento setenta mil toneladas de fertilizante en 1957 a un millón y medio en 1985; introdujimos los herbicidas y la inseminación artificial en 1962 —solo cuatro años después de haberse experimentado en Escocia—; la tercera parte de nuestros centros de investigación en 1990 estaba dedicada a la agricultura. Es decir, indu-dablemente caminamos por caminos que nadie suponía que debía-mos tomar.

Julio César Guanche: Figueras, ¿qué otro rubro específico usted cree que debería desarrollarse con más fuerza, además de lo que señala respecto a la agricultura?

Miguel A. Figueras: Hemos sido extraordinariamente tímidos en esti-mular las exportaciones. Exportar es diez veces más difícil que sustituir importaciones. Si alguien nos pagaba mil dólares por cada tonelada de azúcar, qué estímulo teníamos para exportar otro renglón. Entramos en el Período especial con una estructura muy distinta a la de los vietnamitas; sin embargo, ellos ante una situación similar cambiaron toda su estructura: hoy son el segundo exportador de café del mundo.


Julio César Guanche: ¿Cuál es la proyección de futuro del sector público?, ¿qué factores inciden en cada país en su evolución?, ¿cuáles lo impiden?, ¿qué factores contribuyen a que haya, por ejemplo, una mayor producción de servicios con un peso importante en ese sector pero también un aumento del control de la sociedad sobre lo que se produce desde él?, ¿cuáles de las corrientes en curso favorecen, obsta-culizan ese desarrollo?

Marta Pérez-Rolo González: Dentro de nuestro proyecto socialista, en la actualidad estamos en un período importantísimo de cambio del modelo de gestión. En él vale la pena hacer referencia a temas como la separación de las funciones estatales y las empresariales, lo que con-sidero vital para poder desarrollar el país, la industria; así, el Estado será realmente un organismo regulador y no ejecutor directo. Ade-más, es necesaria la extensión y diversificación de las organizaciones no gubernamentales.

Reitero, es un momento crucial para el desarrollo de las cooperati-vas. Hay varios Lineamientos relativos a estas, y se hace mención a las de primer y segundo grados, ya no agrarias; pero también se habla de las pymes.

Miguel A. Figueras: Existen varias rutas por las cuales se va a transitar; una es la desestatalización; reducir las funciones de los organismos, los órganos provinciales, los municipales; trasladar las funciones a las empresas, así como parte de las recaudaciones para que tengan ingre-sos los órganos locales; desarrollar un mercado mayorista para lograr la eficacia, y promover la inversión extranjera. Por otra parte, se dice que las empresas estatales que tengan pérdidas sostenidas y quiebren podrán trasladar, arrendar o vender sus equipamientos e instalaciones al sector privado.

Al inicio de mi intervención mencioné que, tras las dos reformas agrarias, 75% de las tierras eran estatales; Marta ahora informa que 65% son privadas o cooperativas. Esa es una gran transformación en la agricultura, una completa reorganización. Incluso se modificó el De-creto Ley 259 para aumentar la cantidad de tierra que se puede dar en usufructo y el tiempo del contrato.

En los Lineamientos se habla de abrir un espacio al sector privado, al productor: «Intensificar la reestructuración y el redimensionamien-to del plantel industrial incluyendo venta o entrega en arrendamien-to o usufructo a formas no estatales de propiedad». «En el turismo, la oferta no estatal en alojamiento, gastronomía y otros servicios se continuará desarrollando como oferta turística complementaria», o sea, el sector privado complementará al estatal. «Fomentar el diseño de nuevas formas organizativas no estatales en la transportación de pasajeros». «Adoptar nuevas formas organizativas en la construcción, tanto estatal como no estatal».

Julio César Guanche: Ahora le paso la palabra al público para que co-mente y pregunte sobre este tema.

Carlos Alzugaray: Yo viví en Argentina entre 1973 y 1977. Allí varios sectores estaban en manos de empresas públicas, estatales: Aero-líneas Argentinas, Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires, Yacimientos Petrolíferos Fiscales, industrias militares de la nación, y los argentinos consideraban que estas se caracterizaban por tres cosas: corrupción, burocracia e ineficiencia en los servicios. ¿No habría que pensar en una diversificación mayor de las variantes del sector públi-co?, ¿no sería pertinente ver todas las variantes posibles de ese sector e incorporar el concepto «respondibilidad», derivado del término ac-countability?; es decir, el sector público tiene que ser controlable por la sociedad, por el pueblo. Y eso, a pesar de que parece registrado en algunas de las regulaciones actuales cubanas, no se cumple. En muchos centros laborales supuestamente se discute con los trabajadores el presupuesto y su empleo, pero en realidad no es así. ¿Qué opinan los panelistas sobre la accountability?

Ovidio D’Ángelo: Nuestro sector público no ha sido muy público; sí en el servicio que presta, pero no en relación con el ejercicio de control y de gestión que sobre él debe ejercer la ciudadanía.

Antes creímos que mientras más estatal fuera todo más socialistas seríamos, y ahí erramos el camino, donde el monopolio estatal significó un aplastamiento de todo. Ahora estamos intentando dar una vuelta de tuerca, y en ella parece que el sector no estatal es el que vendría a resolver el problema. En otros Congresos del Partido las cooperativas estaban consideradas en la Plataforma Programática como formas socialistas de producción; ahora son formas no estatales y se asimilan al sector privado, lo cual resulta una contradicción. Quizás el reto está en declarar que la empresa estatal socialista es la base de nuestra unidad económica, o en tener en cuenta formas de gestión popular, que no se expresan en los Lineamientos, y que puedan influir tanto sobre el presupuesto como en decisiones concretas en las empresas, el Estado y en todos los niveles. Me parece que el rumbo ahora es un sector público que sea realmente público y ejercido por el poder público.

Ramón García: Respecto al tema del manejo de lo público, advierto que es todo un campo de luchas sociales. Recordemos las batallas entre estatistas y civilistas en la década de los 90. En 1988, Roberto Fernán-dez Retamar me encargó emprender un estudio sobre fundaciones; al respecto en Cuba no había experiencia, solo habían existido tres desde los tiempos de la República.

Recientemente publiqué un artículo titulado «Civilismo a debate» en el que distingo entre formas dirigistas, privatistas y autogestiona-rias del manejo de la cosa pública. Cuando al cuentapropista se le deja así fracturado se está tributando a un privatismo. Diferente es coope-rativizar al cuentapropista e insertarlo en un modelo de autogestión municipal.

Mayra Espina: Me gustaría oír la opinión de los panelistas sobre tres elementos. El primero está relacionado con no confundir público con estatal. Segundo, está ocurriendo un proceso de desestatalización, pero sobre todo de reconfiguración de lo público, y no solo por los procesos macroestructurales de la reforma planificada, sino desde hace muchos años por procesos que se dan en el campo de las mi-croprácticas, mucho más espontáneas. En esa nueva circunstancia, ¿qué papel tiene lo estatal, como coordinador, como responsable por la equidad social, como ese ente que permite un manejo de lo público desde una visión más horizontal?

Y un tercer comentario sobre algo que ya el panel abordó: la posibilidad de la eficiencia de lo estatal productivo dentro de lo público, y las formas autogestivas. ¿Qué factores han provocado que en muchas circunstancias el empresario público no sea eficiente, y qué se podría hacer?

Manuel David Orrio: El primer problema que tenemos en Cuba es no tener claro qué es el Estado. Cuando hablamos de la propiedad pública podemos hacer referencia a la del Estado, pero también a la del municipio, a la de la provincia, y, por supuesto, a la de otros entes no estatales, pero ante todo hay que conceptualizar, inclusive en un marco jurídico de deberes y derechos, qué es el Estado, la provincia, el municipio. Uno de los grandes problemas que ha tenido el país a lo largo de estos cincuenta años —con todos sus logros y deficiencias— es la improvisación, y una de sus causas, en virtud de la cual un ministro se puede meter en una bodega, y saber qué sucede, es precisamente esa ausencia de conceptualización. No hay que tenerles miedo a los términos; una cooperativa es una propiedad privada. Marx decía que la propiedad social eran las cooperativas unidas por un plan único de la economía, y que la propiedad social sobre los medios de producción era la negación de la negación de la propiedad privada.

Enrique López Oliva: Se ha hablado de la diversidad de las organiza-ciones no gubernamentales, y en este sentido me gustaría que los miembros del panel tuvieran en cuenta el papel de la religión en este proceso.

Camila Piñeiro: Conceptualizando, empezaría por aclarar que lo público incluye, en primer lugar, al Estado, así como otras instituciones, fundaciones, etc. En el contexto cubano actual interesa cómo mejorar el funcionamiento del Estado cubano. En las ciencias políticas este se asocia a esa estructura que va de lo central a lo local. ¿Cómo mejorar ese sector público? Socializándolo. ¿Cómo hacer que responda a los intereses sociales? Entendiendo por intereses sociales los de la mayoría de la población, de los ciudadanos.

Después de ese preámbulo, pregunto a los panelistas: ¿cómo se logra en Canadá que el Estado responda a intereses sociales, teniendo en cuenta la interrogante sobre la accountability?, ¿cómo eso podría lograrse en Cuba? Considero que estamos creando dicotomías entre lo privado y lo estatal o lo social; las relaciones de propiedad son com-plejas. ¿Cómo socializar lo público? ¿Por qué no intentamos también socializar lo privado?

Julio César Guanche: Devuelvo la palabra al panel para que responda las inquietudes y preguntas del público.

Miguel A. Figueras: En relación con la propuesta de diversificar las variantes del sector público, debemos recordar que en la medida en que vayamos implementando los 313 lineamientos, surgirán otras ideas, otras alternativas. Ciertamente habrá que buscar variantes para mejorar el funcionamiento del sector público que será mayoritario, y si ese no funciona bien a pesar de las cooperativas, de los productores privados, y de la descentralización hacia ese sector, la economía tampoco lo hará, y ahí las grandes empresas tienen que ganar en eficiencia y mejorar los métodos de dirección de dicho sector, empezando por la planificación, las regulaciones, y la simplificación de estas últimas, que, muchas veces, entorpecen el trabajo.

Todo el aparato estatal productivo se va a simplificar; en 1994 ya se había reducido en un tercio el número de ministerios, en el futuro se reducirá aún más.

No creo que estemos en un proceso de privatización sino en uno que pretende buscar los equilibrios y la eficiencia adecuados sin renunciar al proyecto socialista. En este caso socialista no quiere decir 100% estatal. Ahora estamos buscando que en los municipios se generen nuevas ideas y trasladar actividades a los productores municipales, sean estatales o privados.

Marta Pérez-Rolo González: Es importante saber que el Estado está haciendo una reorganización completa en este momento. Teníamos un macroestado que no desempeñaba el papel que le correspondía en relación con el sistema productivo, las empresas, que son las que producen. La función de la administración central del Estado va a ser fundamentalmente reguladora, de planificación. En ese sentido, tiene que estar también el control ciudadano, que de alguna manera se im-plementará. Estamos transformando el modelo de gestión, que se está estudiando muy sensatamente y despacio. Por otro lado, la religión está desempeñando un papel cada vez mayor dentro de la sociedad civil; y es bueno señalarlo.

Dianne Cunningham: Voy a poner varios ejemplos de cómo funciona el sector público en Canadá. Federalmente, el gobierno de mi país es el responsable de las grandes carreteras; las municipalidades, por su parte, lo son de aquellas que están dentro de su propia jurisdicción; la cuestión es quién va a construirlas y repararlas. Para esos casos con-tratamos al que haga el mejor trabajo al menor precio, o sea, hay un poco de competencia. En las provincias, las carreteras son construidas por el sector privado; para ello el gobierno federal suministra un poco de dinero a dicho sector. También se han considerado otras variantes, pero por lo general las carreteras están a cargo del sector privado, que tiene grandes equipos y trabaja con mayor rapidez. Si el resultado final no es bueno no reciben el contrato la próxima vez, así es como funcio-na a todos los niveles.

Respecto al cuidado de los niños, el gobierno federal decidió que hubiera opciones en todas las provincias. En Ontario, por ejemplo, una mitad del sistema educativo es pública y la otra privada. Los padres escogen el sector que mejor funcione. De hecho, tenemos inspectores para los lugares públicos y los privados, y se les aplica las mismas re-glas. Si hay alguien que no las respeta, no le damos el dinero, y si hay un operador privado que no cumple las normas, lo cerramos. ¿Cómo obtiene dinero el operador privado? Muchas veces las personas pagan por lo suyo, pero otras el Estado los ayuda. El país no funciona igual en todas partes, de manera que tenemos opciones.

Julio César Guanche: Dinamizar y recuperar un debate sobre lo públi-co es, sobre todo, una discusión sobre qué es la ciudadanía, y qué le pertenece, y cómo algo que pertenece al Estado y a lo público pues en primer lugar es de los ciudadanos y ellos son los que deben controlar; si no, solo se trata de entidades abstractas como el Estado, el gobier-no, lo público, lo no público.
  
Un tema que quizás no estuvo suficientemente abordado es el de la descentralización. ¿Qué responsabilidades conserva el Estado a la par que está obligado a descentralizar?, o sea, la cuestión no es qui-tarse responsabilidades de encima, sino cómo encarar en un nuevo contexto de descentralización las que le correspondan también como Estado.

Debatimos acerca de una reconfiguración ya no solo de lo público, sino del Estado, entendido no ya como único sujeto de la construcción social, sino como actor que comparte un espacio político con otros. Ello es fundamental para diversificar lo que se entiende como público y hacerlo público verdaderamente y que en ello haya transparencia.


Por último, me gustaría recuperar las reflexiones de la mesa en tor-no a aprender de la experiencia, de los éxitos de otros lugares, apren-der a colaborar, escuchar, y a participar de manera que nos sintamos parte del proceso de control y de gestión.