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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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miércoles, 17 de junio de 2026

Los economistas hemos hecho los cálculos: el "crecimiento" es una estrategia condenada al fracaso; hay una mejor manera.

Por Olivier De Schutter , Joseph Stiglitz , Jayati Ghosh , Thomas Piketty , Kate Raworth y Jason Hickel


Nuestra hoja de ruta ha sido elaborada por expertos de todo el mundo, desde agencias de la ONU hasta movimientos de base. Hacemos un llamamiento a los líderes políticos de todos los niveles para que la utilicen.

Miércoles 10 de junio de 2026, 09:00 BST


Vivimos en una era de escasez artificial. En un mundo más rico que nunca, aproximadamente una décima parte de la población mundial aún vive en la miseria extrema . Millones de personas no pueden permitirse suficiente comida, una vivienda digna ni atención médica básica, mientras que una pequeña minoría acumula una riqueza y un poder sin precedentes. Al mismo tiempo, las sequías, los megaincendios, las inundaciones y las olas de calor nos recuerdan que nuestras economías están llevando al planeta más allá de sus límites.

Estas no son crisis aisladas. Son síntomas de un modelo económico que ha llegado a su fin. La pobreza y la desigualdad no son casualidad; son consecuencias previsibles de las decisiones políticas: cómo diseñamos los sistemas tributarios, regulamos los mercados laborales, valoramos los cuidados, estructuramos los servicios públicos y decidimos qué necesidades y qué voces importan. Fundamentalmente, si los gobiernos pueden generar pobreza, también pueden erradicarla.

Durante décadas, la fórmula fue sencilla: impulsar la economía y la pobreza desaparecería gradualmente. Pero la promesa de que el crecimiento económico beneficiaría a todos no se ha cumplido. Mientras los ingresos nacionales aumentaban, los salarios se estancaban, el trabajo se volvía más precario y se recortaban los servicios públicos. En la cima, las fortunas se disparaban; en la base, las familias recurrían a los bancos de alimentos. El crecimiento se ha desvinculado de la prosperidad compartida.

También se ha vuelto ecológicamente insostenible. Nos acercamos a un « invernadero », donde el aumento de las emisiones y la pérdida de biodiversidad desestabilizan las condiciones que sustentan la vida humana. Alrededor del 92 % del exceso de emisiones globales de carbono se atribuye al hemisferio norte , y el 10 % más rico de la población es responsable de casi la mitad de las emisiones globales , mientras que las personas en situación de pobreza son las primeras en sufrir malas cosechas y el aumento de los precios de los alimentos. Un modelo económico que depende de la expansión ilimitada en un planeta finito no solo es injusto, sino también peligroso.

Muchos países de bajos ingresos aún necesitan crecimiento para construir carreteras, hospitales, escuelas, energías renovables y empleos dignos. Sin embargo, la vía dominante hacia el crecimiento —basada en la extracción de recursos, mano de obra barata y dócil, dependencia de las exportaciones y creciente endeudamiento— ha aumentado la desigualdad y degradado el medio ambiente. La verdadera pregunta hoy no es si el crecimiento continúa, sino qué tipo de economías estamos construyendo, a quiénes benefician y si permiten que todos vivan con dignidad dentro de los límites planetarios.

Por eso nos hemos unido para desarrollar y respaldar la “hoja de ruta para erradicar la pobreza más allá del crecimiento”. Esta hoja de ruta ofrece diversas alternativas para superar el enfoque restrictivo de “crecimiento, impuestos y transferencias” que ha marcado las políticas durante décadas. No se trata de un plan elaborado por un puñado de expertos. Es todo lo contrario: durante más de 18 meses, más de 400 personas —organismos de la ONU, gobiernos nacionales, expertos académicos, organizaciones de la sociedad civil, sindicatos, actores de la economía social y solidaria y movimientos de base, tanto del norte como del sur global— trabajaron para responder a una pregunta sencilla: ¿cómo podemos acabar con la pobreza y reducir las desigualdades sin considerar el crecimiento del PIB como la condición principal para el progreso? Más de 350 firmantes han respaldado el plan , entre ellos Jean Drèze, Pavlina Tcherneva, Tim Jackson, Bhumika Muchhala, Julia Steinberger, Ndongo Samba Sylla y Timothée Parrique.

No coincidimos en todos los detalles de las políticas. Sin embargo, nos une la convicción de que nuestras economías deben rediseñarse en torno al cumplimiento de los derechos y el bienestar colectivo dentro de los límites planetarios, en lugar de maximizar la producción a cualquier precio. Los derechos humanos no son aquí una cuestión secundaria; son el principio rector que guía nuestra forma de medir el progreso, establecer prioridades y resolver disyuntivas. La protección social y los servicios públicos son esenciales, pero no pueden compensar indefinidamente unas economías que, por su propia naturaleza, generan salarios de miseria, empleos precarios y viviendas inaccesibles.

Necesitamos cambiar las reglas desde la raíz. Esto implica, por ejemplo, trabajo decente y garantías de empleo, salarios dignos y remuneración justa, sindicatos más fuertes y democracia en el lugar de trabajo, combatir la discriminación y valorar el trabajo de cuidados, remunerado y no remunerado, del que dependen nuestras sociedades. Significa invertir en la infancia, la vivienda, la salud, la educación y el transporte mediante la provisión pública universal. Significa control público de los activos estratégicos, orientación crediticia para dirigir la inversión hacia prioridades sociales y ecológicas, y apoyo al desarrollo de la economía social y solidaria.

Implementar esta visión implica cambiar las reglas de la economía global. Hoy, los gobiernos del Sur global son criticados por no hacer lo suficiente para combatir la pobreza, mientras se ven presionados por sanciones unilaterales, acuerdos comerciales restrictivos, desigualdades en el intercambio y cargas de deuda con raíces en siglos de despojo colonial. Alrededor de 3.400 millones de personas viven en países que gastan más en el servicio de la deuda que en salud o educación. Mientras tanto, las cadenas de suministro globales permiten una vasta transferencia neta de mano de obra y recursos del Sur al Norte . La solidaridad internacional es, por lo tanto, una obligación legal y moral arraigada en la realidad histórica de que muchos países ricos construyeron su riqueza empobreciendo al Sur, mediante patrones de extracción que continúan hoy bajo nuevas formas. Una transición justa más allá del crecimiento debe incluir justicia de la deuda, mayor cooperación Sur-Sur, financiamiento climático reparador y apoyo a pisos de protección social universales, basados ​​en los principios de no dominación y autodeterminación para que los países puedan trazar su propio futuro económico soberano.

Igualmente crucial es quién decide cómo se produce esta transición. Con demasiada frecuencia, las políticas que afectan a las personas en situación de pobreza se diseñan sin tenerlas en cuenta, e incluso a veces en su contra. Cuando los sistemas de bienestar se basan en la sospecha, las sanciones y las condiciones humillantes, profundizan el estigma y disuaden a las personas de reclamar sus derechos. Quienes viven en la pobreza saben mejor que nadie cómo pueden fallar estos sistemas en la práctica. Su experiencia debe guiar el diseño, la implementación y el seguimiento de las estrategias contra la pobreza, desde los ayuntamientos hasta los parlamentos y los foros internacionales.

No partimos de cero. En todo el mundo, las luchas indígenas, la organización feminista, los sindicatos y los movimientos por la justicia climática defienden y construyen futuros alternativos basados ​​en el cuidado colectivo y los derechos territoriales. Nuevas coaliciones de Estados impulsan nuevas visiones de la gobernanza económica mundial, y los gobiernos experimentan con estrategias de lucha contra la pobreza basadas en los derechos, asambleas ciudadanas y la creación de riqueza comunitaria. La ONU y muchos socios exploran indicadores que van más allá del PIB y nuevas instituciones, como un panel internacional sobre desigualdad, para ayudar a trazar este camino.

Nuestra hoja de ruta se basa en estos esfuerzos, los conecta y los impulsa aún más. La presentamos ahora como un punto de referencia común para quienes se niegan a aceptar que la pobreza y el colapso ecológico sean el precio a pagar por la forma en que actualmente definimos el “éxito” económico. Los gobiernos y las instituciones multilaterales tienen dos opciones: persistir en un modelo fallido que prioriza el crecimiento o comprometerse a erradicar la pobreza transformando las reglas económicas que la generan.

La pobreza es un fenómeno artificial. Esa es la mala noticia, y a la vez la buena. Lo artificial puede desmantelarse y reemplazarse. Presentamos opciones concretas, respaldadas por perfiles de políticas detallados que exponen evidencia, pasos para su implementación y ejemplos reales. Hacemos un llamado a los líderes políticos de todos los niveles para que las utilicen, escuchen a los más afectados y consideren la erradicación de la pobreza, la reducción de las desigualdades y la efectiva realización de los derechos humanos como el criterio para evaluar la política económica.

Olivier De Schutter preside el proyecto Nuevas Economías para la Erradicación de la Pobreza; Joseph Stiglitz es premio Nobel de Economía; Jayati Ghosh es profesora de Economía en la Universidad de Massachusetts Amherst; Thomas Piketty es profesor de Economía en la Escuela de Economía de París; Kate Raworth es economista en el Instituto de Cambio Ambiental de la Universidad de Oxford; Jason Hickel es economista político y profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona.

lunes, 28 de julio de 2025

Sobre la Multipolaridad Estructural



Por Leonid Savin, The Postil Magazine

Si observamos el estado del sistema internacional moderno, podemos concluir sin lugar a dudas que se encuentra en una etapa de transición, con procesos de transformación que afectan a la economía, la política, la geopolítica, las normas jurídicas e incluso las religiones. Dicho esto, también se habló de un período de transición en la década de 1990, cuando se derrumbó el sistema bipolar.

¿Cuáles son las diferencias fundamentales entre la transición actual y la anterior, y hacia dónde se dirige el sistema? Los países occidentales hablan ahora de la necesidad de preservar un «orden basado en normas», que remontan al final de la Segunda Guerra Mundial y al surgimiento del modelo de economía internacional de Bretton Woods.

Esta posición muestra claramente que el periodo de transición anterior no afectaba a este orden occidental, sino que tenía como objetivo cambiar los regímenes de aquellos países que se oponían o criticaban el modelo capitalista en economía y el liberalismo en política. En aquel momento, Occidente hablaba con entusiasmo de la transición del autoritarismo a la democracia y ofrecía, o más bien imponía, su visión de la estructura del Estado y las relaciones internacionales.

Al mismo tiempo, Occidente, especialmente Estados Unidos, apoyaba activamente las autocracias en Oriente Medio y otras regiones, siempre que siguieran la política del Consenso de Washington. Esta doble moral persiste hasta hoy, como lo demuestra el apoyo de Occidente a la política de genocidio descarado de Israel contra los palestinos y su crítica paralela a Rusia, que desde 2014 aboga por la protección de los derechos de los civiles en Ucrania, incluido el derecho a hablar su lengua materna, el ruso.

Ahora, Occidente en su conjunto denuncia la amenaza del revisionismo de los países que no comparten su visión de las relaciones internacionales o, más precisamente, critican la práctica del neocolonialismo y la hegemonía cultural, utilizados como herramienta de política exterior por Estados Unidos y sus satélites.

Incluso en Estados Unidos, los funcionarios han comenzado a hablar de una transición hacia la multipolaridad y están configurando su nueva política exterior en consonancia con este paradigma.

El tema de la multipolaridad no es un fenómeno de los últimos años, aunque la operación militar especial de Rusia ha servido sin duda de catalizador de este proceso. Existen diversas teorías sobre la multipolaridad, algunas de las cuales hacen hincapié en criterios específicos, mientras que otras se limitan a afirmaciones abstractas. Es necesario repasarlas brevemente para comprender en detalle estos debates, que arrojarán luz sobre el panorama actual de la crisis del sistema internacional.

La descripción más breve de los polos del sistema político internacional la dio el politólogo estadounidense Richard Rosecrance en 1963: «Los sistemas internacionales multipolares, bipolares y unipolares pueden distinguirse de la siguiente manera: la multipolaridad es un sistema multibloque o multiactor; la bipolaridad es un sistema de dos bloques o actores; la unipolaridad es un sistema de un solo bloque o actor. La unipolaridad requiere además una dirección única del bloque preponderante» (Rosecrance, p. 234, nota 12).

Karl Deutsch y David Singer consideraban la multipolaridad como un medio para fomentar una mayor cooperación entre los principales actores (Deutsch y Singer, 1964). Estos dos autores argumentaban que la transición de un sistema bipolar a uno multipolar debería conducir a una disminución de la frecuencia y la intensidad de los conflictos, y que un sistema multipolar se caracteriza por una estabilidad mucho mayor que uno bipolar.

También existe una teoría de la multipolaridad nuclear, en la que los polos son potencias que poseen armas nucleares. Sin embargo, hay diferentes valoraciones de esta teoría. Kenneth Waltz partía de la base de que los Estados son actores racionales inclinados a minimizar los riesgos. Las potencias nucleares se comportarán con extrema cautela en sus relaciones mutuas, ya que son conscientes de que el precio del conflicto podría ser demasiado alto. En su opinión, los Estados con capacidades nucleares reducidas pueden emplear con éxito una estrategia de disuasión contra potencias nucleares mucho más poderosas. Sin embargo, Stephen Cimbala señaló que «sin duda existe la posibilidad de que, en cualquier régimen multilateral y restringido de proliferación nuclear, algunas armas de alcance medio o intermedio tengan que incluirse como «estratégicas» en función de sus efectos potenciales contra posibles adversarios regionales» (Cimbala, 2019). Frank Whelon Wayman introdujo el concepto de multipolaridad en racimo a mediados de la década de 1980. Señaló que «un sistema es multipolar en términos de poder cuando las capacidades están distribuidas de forma más equitativa que en una situación bipolar, y cuando la hostilidad sigue siendo elevada... Un sistema es multipolar en clústeres cuando los Estados están distribuidos de forma más equitativa en el espacio, con muchas oportunidades para los intermediarios y muchas lealtades transversales que moderan la hostilidad... La bipolaridad y la multipolaridad en términos de poder son categorías mutuamente excluyentes» (Wayman, p. 63).

John Mearsheimer propuso dos modelos de multipolaridad. En su libro La tragedia de las grandes potencias, escribió: «Los sistemas multipolares sin un hegemón potencial, lo que yo denomino «multipolaridad equilibrada», siguen siendo propensos a presentar asimetrías de poder entre sus miembros, aunque estas asimetrías no serán tan pronunciadas como las brechas creadas por la presencia de un hegemón aspirante. Por lo tanto, la multipolaridad equilibrada tiende a generar menos temor que la multipolaridad desequilibrada, pero más temor que la bipolaridad» (p. 45). Un sistema multipolar sin un hegemónico potencial es, por lo tanto, una «multipolaridad equilibrada» y tiene como objetivo preservar las asimetrías de poder entre sus miembros. Por lo tanto, la multipolaridad equilibrada produce menos miedo que la multipolaridad desequilibrada, pero más miedo que la bipolaridad (Mearsheimer, p. 45).

(De hecho, todos los teóricos presentados pertenecen a la escuela del realismo o neorrealismo en las relaciones internacionales. (Véase mi libro, Ordo Pluriversalis: El fin de la Pax Americana y el auge de la multipolaridad))

En el contexto de la situación internacional actual y los cambios que se están produciendo, se puede concluir que, en ausencia de una clara hegemonía global de Estados Unidos, la situación podría mejorar significativamente, ya que habría más centros de poder. Si la desaparición de la hegemonía de Washington hace automáticamente más independiente y soberana a la Unión Europea, entonces, junto con Rusia y China, podemos hablar de cuatro polos. Con la India, serían cinco. Es difícil decir cómo se llevará a cabo la integración en África y América Latina, que podrían convertirse en polos de poder en el futuro.

Sin embargo, ¿hasta qué punto es realista? ¿Cuáles son los criterios visibles para una transición hacia la multipolaridad? Por ejemplo, si todos los países africanos trabajan más intensamente en la integración regional, ¿significa esto que se creará un polo? Existe la Unión Africana, pero ¿cuál es su papel en la política mundial? ¿Es equivalente a otras asociaciones supranacionales? ¿Se puede considerar la ASEAN como un polo independiente, basándose en la demografía de los países y la participación de los Estados de esta asociación en la economía mundial?

En general, detrás de la creación de un polo geopolítico mundial, ya sea uno o varios, hay una gran potencia que asume la responsabilidad de formar una determinada estructura, es decir, un sistema único de poder que incluye elementos políticos, ideológicos (cosmovisión), económicos y militares (seguridad) que están interconectados a través de diversos acuerdos y formatos de interacción. En un orden mundial bipolar, estos eran evidentes. Estaba la URSS como gran potencia y el bloque socialista, con el Consejo de Asistencia Mutua Económica en la economía, el Pacto de Varsovia en defensa y seguridad, y una ideología común de marxismo y lucha de clases. En el otro lado estaban los Estados Unidos y los Estados capitalistas. El dólar estadounidense se utilizaba como moneda de reserva mundial, extendiéndose más allá de la zona formal de control político de Washington. La OTAN era el principal bloque militar, aunque Estados Unidos tenía otros acuerdos con Estados asiáticos, africanos y latinoamericanos que formalizaban la presencia militar estadounidense en todo el mundo.

Por consiguiente, un polo real en las relaciones internacionales no es solo una potencia nuclear o una gran potencia. Por ejemplo, Pakistán tiene armas nucleares, pero no es una gran potencia y no puede ser un polo según numerosos criterios e indicadores. Un polo real en la geopolítica mundial es una estructura regional o transregional en la que una gran potencia puede actuar como principal impulsora de los procesos y como think tank.

No es casualidad que la cuestión de la unipolaridad comenzara a plantearse incluso antes del colapso de la Unión Soviética, ya que la caída del Muro de Berlín en 1989 y el cambio de régimen en Europa del Este dejaron claros los procesos de desintegración del Pacto de Varsovia, que era un elemento clave de la seguridad en Eurasia. Por eso Charles Krauthammer tituló su artículo «El momento unipolar», basado en una conferencia que dio en Washington en septiembre de 1990. Krauthammer admitía la aparición de la multipolaridad, pero, teniendo en cuenta la Operación Tormenta del Desierto en Irak, señalaba el poder real de Estados Unidos y advertía contra la agitación interna para mantener su posición como único polo de poder en el mundo en el futuro.

Por cierto, Fidel Castro planteó una cuestión similar cuando expresó públicamente esta idea por primera vez el 7 de diciembre de 1989, señalando que «si continúan ciertas tendencias muy negativas, el mundo pasará de la bipolaridad a la unipolaridad bajo el dominio de Estados Unidos». El Muro de Berlín fue derribado un mes antes de su advertencia. Y Fidel previó un posible escenario posterior, que posteriormente se hizo realidad.

El Pacto de Varsovia cesó su cooperación militar en febrero de 1991 y se disolvió oficialmente el 1 de julio del mismo año. El Consejo de Asistencia Económica Mutua dejó de existir el 28 de junio de 1991.

Y la Unión Soviética dejó de existir en diciembre de 1991. Cabe señalar que, en un principio, no fue el actor principal del segundo polo el que se desintegró, sino sus elementos estructurales en forma de un organismo responsable de la seguridad y otro relacionado con la economía.

Y no se ha creado nada similar para sustituirlos. Por supuesto, Rusia se ha vuelto significativamente más fuerte que inmediatamente después del colapso de la URSS. Por iniciativa de Moscú, se crearon la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva y la Unión Económica Euroasiática, pero su efecto es bastante insignificante en comparación con lo que existía durante la era soviética.

Al mismo tiempo, la hegemonía del dólar sigue intacta y la mayoría de las transacciones bancarias mundiales se realizan en esta moneda, aunque existe la práctica de liquidar las cuentas en monedas nacionales y la cuota del yuan chino está creciendo gradualmente.

El bloque de la OTAN ha crecido significativamente, principalmente debido a la adhesión de antiguos miembros del Pacto de Varsovia. Al mismo tiempo, sus objetivos declarados van mucho más allá del Atlántico Norte; ha llevado a cabo intervenciones militares en África (Libia) y tiene acuerdos con países de Oriente Medio y Asia.

Por lo tanto, aunque se habla de la aparición de la multipolaridad, en realidad, si lo miramos desde la perspectiva de las estructuras y no de las grandes potencias o asociaciones supranacionales como la UE, sigue existiendo un polo poderoso establecido por Estados Unidos. Y a pesar de los actuales desacuerdos entre Estados Unidos y la UE, este modelo sigue vigente. Además, este polo se ha hecho más grande y más influyente debido a la expansión de sus elementos estructurales.

China, a pesar de sus enormes éxitos económicos y políticos, no puede ofrecer nada similar para contrarrestar a Occidente. La Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda no es una nueva versión del Consejo de Asistencia Económica Mutua, sino más bien la aplicación de parte de la política exterior de China. Es de naturaleza centrada en China. La Organización de Cooperación de Shanghái también fue concebida por Pekín para promover sus propios intereses, y la presencia de la India y Pakistán, dos países en constante conflicto, sugiere que no existe una verdadera unidad de propósito.

Por lo tanto, desde la perspectiva de la multipolaridad estructural, solo se puede hablar de un cierto resurgimiento de la bipolaridad, en la que Rusia es el actor clave, pero este polo funciona en un formato diferente y fue catalizado por la operación militar especial en Ucrania. Los nuevos acuerdos de Moscú con Minsk, Pyongyang y Teherán han permitido a Rusia establecer un nivel especial de relaciones con estos Estados socios. El despliegue de armas nucleares en Bielorrusia, la participación de tropas de la RPDC en la guerra de Ucrania y el suministro de equipo necesario por parte de Irán demuestran un nuevo modelo de seguridad emergente en Eurasia. Al mismo tiempo, la OTSC y la UEEA funcionan en paralelo a este proceso.

Por lo tanto, si hablamos de multipolaridad estructural, esta es prácticamente inexistente. Pero será necesario poner fin a la hegemonía unipolar. Por lo tanto, no debemos sucumbir a la ilusión de las declaraciones de los políticos occidentales sobre la llegada de la multipolaridad, entre los que se encuentra el nuevo vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance. Sí, Estados Unidos está atravesando actualmente una serie de problemas, pero sus agentes financieros, en forma del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, siguen trabajando activamente para defender la hegemonía del dólar. La OTAN está aumentando su gasto en defensa, y Suecia y Finlandia han sido recientemente aceptadas como nuevos miembros de la alianza.

Al mismo tiempo, se están desarrollando diversas formas de asociación fuera del Atlántico Norte, por ejemplo con la República de Azerbaiyán, lo que indica los intereses globales de la OTAN. Además, Serbia, víctima de los bombardeos de la OTAN, también tiene una serie de acuerdos con esta organización, lo que indica claramente el fortalecimiento del control geopolítico de la OTAN en Europa.

No obstante, la experiencia de Rusia puede aplicarse en otras regiones, creando así una multipolaridad más tangible. Es de esperar que la cooperación de Moscú en África y América Latina dé un impulso correspondiente a este proceso. Por cierto, no fue casualidad que Hugo Chávez propusiera una alianza de defensa para los países latinoamericanos y que, más tarde, Brasil propusiera esta idea en forma de Consejo de Defensa Latinoamericano. Sin embargo, este proyecto nunca se llevó a cabo, ya que Estados Unidos era muy consciente de la amenaza que supondría para sus intereses la creación de un polo geopolítico independiente en el Atlántico Sur. Esperemos que, tras la resolución de las disputas y contradicciones entre varios países de la región, esta idea se lleve a cabo en un formato necesario para la creación de una estructura polar completa, lo que supondría una valiosa contribución a la multipolaridad real que está tomando forma.

miércoles, 24 de julio de 2024

El hambre muerde a 733 millones de personas en el mundo



Un puesto de mercado en la ciudad de Kolahun, en el norte de Liberia, África occidental. Es una de las regiones del mundo más castigadas por el hambre y la tendencia es que, sin intervenciones adecuadas, a finales de la década centenares de millones de personas permanecerán en situación de inseguridad alimentaria grave. Imagen: FAO


RÍO DE JANEIRO – El hambre agobia a 733 millones de personas, una de cada cinco en África y una de cada 11 en el planeta, indicó el “Informe sobre el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo”, publicado este miércoles 24 por cinco organismos especializados de las Naciones Unidas.

Si las tendencias actuales continúan, alrededor de 582 millones de personas estarán crónicamente desnutridas en 2030, la mitad de ellas en África, indicó el informe, también conocido como Sofi, su acrónimo en inglés.


Fue presentando en el contexto de la reunión ministerial en esta ciudad del Grupo de Acción del Grupo de los Veinte (G-20, economías industrializadas y emergentes) para la Alianza mundial contra el hambre y la pobreza.

Advierte de que el mundo está muy lejos de alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 2, Hambre cero, para 2030, y en cambio demuestra que se ha retrocedido 15 años, con niveles de subalimentación comparables a los de 2008-09.

A pesar de algunos avances en ámbitos específicos como el retraso en el crecimiento y la lactancia materna exclusiva, un número alarmante de personas sigue enfrentándose a la inseguridad alimentaria y la malnutrición, indica el estudio.

Ello porque los niveles mundiales de hambre se han estancado durante tres años consecutivos, con entre 713 y 757 millones de personas subalimentadas en 2023, unos 152 millones más que en 2019 si se considera el rango medio (733 millones).

Las tendencias regionales varían notablemente: el porcentaje de la población que padece hambre sigue aumentando en África (20,4 %), y permanece estable en Asia (8,1 %), aunque sigue representando un reto importante, ya que la región alberga a más de la mitad de las personas que padecen hambre en el mundo.

De 2022 a 2023, el hambre aumentó en Asia occidental, el Caribe y la mayoría de las subregiones africanas, y muestra en cambio progresos en América Latina (6,2 %).

Comparando África con América del Sur “una diferencia clave es que Sudamérica invierte una cantidad significativa de sus recursos en programas de protección social, que permiten intervenciones focalizadas que alivian el hambre de manera efectiva y rápida debido a su eficiencia”, dijo Máximo Torero, economista jefe de la FAO.



Más allá del hambre, el informe destaca que el acceso a los alimentos adecuados sigue siendo un objetivo inalcanzable para miles de millones de personas.

En 2023, alrededor de 2330 millones de personas en el mundo -la población total se estimaba en 8100 millones- se enfrentaban a una inseguridad alimentaria moderada o grave, cifra que no ha cambiado en forma notable desde el brusco repunte de 2020, en medio de la pandemia covid-19.

Entre ellas, más de 864 millones experimentaron inseguridad alimentaria grave, debiendo pasar a veces sin alimentos un día entero o más tiempo.

Esta cifra ha permanecido obstinadamente alta desde 2020 y, aunque América Latina muestra mejoras, persisten retos más amplios, en especial en África, donde 58 % de la población sufre inseguridad alimentaria moderada o grave.

La falta de acceso económico a dietas saludables continúa siendo también un problema crucial, que afecta a más de un tercio de la población mundial.

Con nuevos datos sobre los precios de los alimentos y mejoras metodológicas, la publicación revela que más de 2800 millones de personas no pudieron permitirse una dieta saludable en 2022.

La disparidad es más pronunciada en los países de ingresos bajos, donde 71,5 % de la población no puede permitirse una dieta saludable, frente a 6,3 % en los países de ingresos altos. La cifra descendió por debajo de los niveles prepandémicos en Asia y en América del Norte y Europa, pero aumentó sustancialmente en África.

Aunque se ha avanzado en el incremento de las tasas de lactancia materna exclusiva hasta 48 %, será difícil alcanzar las metas mundiales de nutrición.

La prevalencia del bajo peso al nacer se ha estancado en torno a 15 %, y el retraso del crecimiento entre los niños menores de cinco años, aunque ha disminuido hasta 22,3 %, sigue sin alcanzar las metas.

Además, la prevalencia de la emaciación (bajo peso en relación con la altura) entre los niños no ha experimentado mejoras importantes, mientras que la anemia entre las mujeres de 15 a 49 años ha aumentado.

Del mismo modo, las nuevas estimaciones de casos de obesidad en adultos muestran un alza constante en la última década, de 12,1 % en 2012 a 15,8 % en 2022.

Las proyecciones indican que en 2030 habrá en el mundo más de 1200 millones de adultos obesos.

Las tendencias ponen de relieve los complejos retos de la malnutrición en todas sus formas y la urgente necesidad de intervenciones específicas, ya que el mundo no está en vías de alcanzar ninguna de las siete metas mundiales de nutrición para 2030, según advierten los cinco organismos de la ONU en el Sofi.

A-E/HM

domingo, 20 de noviembre de 2022

Lo que no nos importa



Carolina Vásquez Araya
Periodista y editora con más de 30 años de experiencia.Ha aportado sus conocimientos en proyectos de organizaciones con intereses orientados al desarrollo social, cultural y económico del país, con especial énfasis en el sector de cultura y educación, emprendimiento, derechos humanos, justicia, ambiente, mujeres y niñez.Es columnista del periódico guatemalteco Prensa Libre.

Acostumbrarse a vivir en un mundo incierto es una forma de supervivencia.

Uno de los efectos más puntuales de los avances tecnológicos en comunicaciones, ha sido la manera como se nos manipula desde las instancias mediáticas, con el objetivo de crear en nuestro entorno una aséptica distancia emocional respecto de acciones agresivas de los Estados. Esta especie de concierto bien afinado, dirigido a grandes audiencias, pone un especial énfasis en dar carácter de inevitabilidad a la tragedia de comunidades humanas completamente indefensas, como aquellas encerradas en un entorno bélico o quienes migran para salvar su vida. Esta táctica induce al espectador a asumir esa realidad, plasmada en imágenes, como si esta perteneciera a un mundo remoto y ajeno.

Con una habilidad maquiavélica, el torrente informativo -y, sobre todo, desinformativo- va creando un universo paralelo, en donde la concentración de la riqueza y de poder en manos de entidades inalcanzables se asume como un logro y no como una aberración del sistema que nos rige. En esa misma tónica, el retroceso en cuestión de derechos civiles y protección de los sectores más vulnerables -mujeres, niñez, adultos mayores, pueblos originarios, personas en condiciones de discapacidad- se consolida por medio de medidas arbitrarias y abiertamente discriminatorias.

En una década ya avanzada del nuevo siglo, destaca la manera ofensiva y abiertamente patriarcal como se mantiene el cerco contra el derecho de las mujeres de administrar su vida reproductiva de acuerdo con su propio criterio, o el silencio en torno a las prácticas misóginas de Estados que las condenan a un estatus de indignidad y marginación. Para normalizar este trato echan mano a leyes contrarias a los acuerdos y convenciones internacionales de carácter obligatorio, como aquellos dirigidos a proteger los derechos humanos y combatir la discriminación. Algo similar sucede en relación a la niñez, a la cual se la continúa tratando como a un subproducto y no como a un sector de primerísima importancia.

El efecto de la manipulación mediática se traduce también en una abstracción de la realidad de los otros. Es decir, una perfecta anestesia para la conciencia cuando el golpe lo recibe otro pueblo, en una latitud aparentemente lejana. Ese devenir del “no nos importa” no solo incide en una mayor vulnerabilidad hacia acciones similares que nos afecten, sino en una pérdida de contacto con ese concepto de Humanidad, al cual sin embargo solemos recurrir cuando somos quienes recibimos los golpes.

El sistema imperante en nuestro hemisferio -neoliberal, capitalista, orientado a la concentración de la riqueza en pocas manos y a la pérdida de derechos individuales- tiene como característica específica la imposición de un modo de vida capaz de impedir o entorpecer toda acción colectiva, manteniendo a la ciudadanía enfocada en la supervivencia gracias a la incertidumbre con relación a su trabajo, a sus derechos, a sus posibilidades de progreso. El interés primordial de quienes poseen el control de la información y los medios para divulgarla, por ende, está centrado en el silencio y el conformismo, lo cual representa la base misma del sistema y garantiza su solidez. Eso les permite un espacio privilegiado para continuar con sus planes de expansión económico-corporativa, incidencia en la política global gracias a una hábil manipulación financiera y, desde esa plataforma, la decisión unilateral sobre las vidas ajenas.

El mundo es ancho y ajeno, según Ciro Alegría. Pero resultó más ajeno que ancho.

lunes, 18 de julio de 2022

Tony Blair considera que la guerra en Ucrania marca el fin de la hegemonía de EEUU


Para el expremier británico, tras el conflicto armado en Europa del Este “el mundo va a ser al menos bipolar y posiblemente multipolar. El mayor cambio geopolítico de este siglo vendrá de China, no de Rusia”, aseveró.


17-07-2022 | 18:53


El expremier británico marca el fin de la hegemonía anglosajona

El exprimer ministro británico Tony Blair evaluó que la guerra en Ucrania deja en evidencia el fin del dominio de Occidente y el ascenso de China como superpotencia, en asociación con Rusia, y que esto es uno de los puntos de inflexión más importantes en siglos, por lo que llamó al bloque occidental a pensar una estrategia para contrarrestarlo.

“Estamos llegando al final del dominio político y económico occidental”, dijo Blair en una conferencia ante un foro que apoya la alianza entre Estados Unidos y Europa, realizada el sábado en Londres, informó este domingo la prensa británica.

Según el expremier laborista (1997 y 2007), el mundo está en un punto de inflexión en la historia comparable con el final de la Segunda Guerra Mundial o el colapso de la Unión Soviética, pero esta vez no es el bloque occidental el que asciende.

La intervención rusa en Ucrania desencadenó la crisis más grave en las relaciones entre Rusia y los países occidentales desde la crisis de los misiles en Cuba de 1962, cuando se temió que el mundo estuviese al borde de una guerra nuclear.

Tras la guerra en Ucrania, “el mundo va a ser al menos bipolar y posiblemente multipolar. El mayor cambio geopolítico de este siglo vendrá de China, no de Rusia”, agregó el exprimer ministro.

Para Blair, la intervención en Ucrania por orden del presidente ruso, Vladimir Putin, demostró que ya no podían esperar que las principales potencias mundiales cumplieran con las normas internacionales aceptadas.

“Como resultado de las acciones de Putin, no podemos confiar en que los líderes chinos se comporten de la manera que consideraríamos racional”, aseveró, informó el diario The Guadian.



Para Blair será China quien lidere esta reorganización Mundial con Rusia como aliado estratégico

Rusia sostiene que los países occidentales declararon la guerra económica al tratar de aislarlos con sanciones y que podría recurrir a potencias como China, con quien forja lo que él llama una “asociación estratégica", e India.

Por su parte, el presidente chino, Xi Jinping, apoya a Putin y critica el "abuso" de las sanciones por parte de Occidente.

China tenía en 1979 una economía más pequeña que la de Italia, pero después de abrirse a la inversión extranjera e introducir reformas de mercado, se convirtió en la segunda economía más grande del mundo.

Se proyecta que su economía superará a la de Estados Unidos dentro de una década, y lidera en algunas tecnologías del siglo XXI, como la inteligencia artificial, la medicina regenerativa y los polímeros conductores.

“El lugar de China como superpotencia es natural y está justificado. No es la Unión Soviética”, manifestó Blair, y sugirió que Occidente no debe permitir que China lo supere militarmente.

Blair también manifestó que el gigante asiático ya se había puesto al día con Estados Unidos en muchos campos de la tecnología, mientras que Xi no había ocultado su ambición de devolver Taiwán al gobierno de China.

China competiría “no solo por el poder sino contra nuestro sistema, nuestra forma de gobernar y de vivir”, enfatizó y agregó: “Deberíamos aumentar el gasto en defensa y mantener la superioridad militar”.

Estados Unidos y sus aliados “deberían ser lo suficientemente superiores para atender cualquier eventualidad o tipo de conflicto y en todas las áreas”.

lunes, 21 de marzo de 2022

Momento de grandes cambios tectónicos

 Seis tesis para comprender la situación mundial actual: desde la formación del orden mundial en torno a Estados Unidos hasta la fragilidad frente al creciente poderío ruso y chino.

21/03/2022


La guerra en Ucrania ha centrado la atención en los cambios que se están produciendo en el orden mundial. La respuesta de Occidente a la intervención militar de Rusia han sido sanciones, así como con el envío de armas y mercenarios a Ucrania. Estas sanciones tendrán un gran impacto en la economía rusa y de los Estados de Asia Central, pero también afectarán negativamente a la población europea, que verá aumentar aún más los precios de la energía y los alimentos. Hasta ahora, Occidente ha decidido no intervenir con fuerza militar directa ni intentar establecer una «zona de exclusión aérea». Se reconoce, con cordura, que una intervención de este tipo podría derivar en una guerra a gran escala entre Estados Unidos y Rusia, cuyas consecuencias son impensables dado que ambos países disponen de capacidad de armamento nuclear. A falta de otro tipo de respuesta, Occidente —al igual que con la intervención rusa en Siria en 2015— ha tenido que aceptar las acciones de Moscú.

 

Para comprender la situación mundial actual, presentamos seis tesis sobre la formación del orden mundial en torno a Estados Unidos desde 1990 hasta la fragilidad actual de ese orden frente al creciente poderío ruso y chino. Estas tesis se han extraído de nuestro análisis en el dossier nº 36 (enero de 2021): Ocaso: la erosión del control de Estados Unidos y el futuro multipolar. Están pensadas para el debate, por lo que los comentarios sobre ellas son muy bienvenidos.

 

Tesis Uno: unipolaridad. Tras la caída de la Unión Soviética, entre 1990 y 2013-15, Estados Unidos desarrolló un sistema mundial que benefició a las empresas multinacionales con sede en EE. UU. y en los demás países del G7 (Alemania, Japón, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá). Los acontecimientos que definieron su poder abrumador fueron las invasiones de Irak (1991) y Yugoslavia (1999), así como la creación de la Organización Mundial de Comercio – OMC (1994). Rusia, debilitada por el colapso de la URSS, trató de entrar en este sistema uniéndose al G7 y colaborando con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como «Socio para la Paz». Mientras tanto, China, bajo los presidentes Jiang Zemin (1993-2003) y Hu Jintao (2003-2013), jugó un juego cuidadoso al insertar su mano de obra en el sistema global dominado por Estados Unidos y no desafiar a este país en sus operaciones.

 

Tesis dos: señales de crisis. EE.UU. extralimitó su poder a través de dos dinámicas: en primer lugar, al sobreapalancar su propia economía (bancos sobreapalancados, activos no productivos más altos que los activos productivos); y en segundo lugar, por tratar de librar varias guerras al mismo tiempo (Afganistán, Irak, Sahel) durante las dos primeras décadas del siglo XXI. Las señales de la debilidad del poder de EE.UU. fueron la invasión de Irak (2003) y la debacle de esa guerra para la proyección de poder de EE.UU., y la crisis crediticia (2007-08). La polarización política interna en Estados Unidos y la crisis de legitimidad en Europa siguieron a estos acontecimientos.

 

Tesis tres: emergencia chino-rusa. En la segunda década del 2000, por diferentes razones, tanto China como Rusia salieron de su relativo letargo.

 

La emergencia de China tiene dos patas:

 

1-La economía interna de China. China acumuló enormes superávits comerciales y, junto a ellos, acumuló conocimientos científicos y tecnológicos a través de sus acuerdos comerciales y su inversión en educación superior. Las empresas chinas de robótica, alta tecnología, ferrocarriles de alta velocidad y energía verde superaron a las empresas occidentales.

 

2-Las relaciones exteriores de China. En 2013, China anunció la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) —también conocida en español como la Nueva Ruta de la Seda—, que proponía una alternativa a la agenda de desarrollo y comercio del Fondo Monetario Internacional impulsada por Estados Unidos. La BRI se extiende fuera de Asia hacia Europa, así como hacia África y América Latina.

 

Rusia también emergió sobre dos patas:

 

1-La economía interna de Rusia. El presidente Vladimir Putin luchó contra algunos sectores de los grandes capitalistas para afirmar el control estatal de los sectores clave de exportación de commodities y los utilizó para acumular activos estatales (especialmente petróleo y gas). En lugar de limitarse a absorber los activos rusos en sus cuentas bancarias en el extranjero, estos capitalistas aceptaron subordinar parte de sus ambiciones a la reconstrucción del poder y la influencia del Estado ruso.

 

2-Las relaciones exteriores de Rusia. Desde 2007, Rusia comenzó a alejarse de la agenda global occidental y a impulsar su propio proyecto, primero a través de la agenda de los BRICS (Brasil-Rusia-India-China-Sudáfrica) y después mediante relaciones cada vez más estrechas con China. Rusia aprovechó su exportación de energía para reafirmar el control de sus fronteras, algo que no había hecho cuando la OTAN se amplió en 2004 para absorber a siete países que están cerca de su frontera occidental. La intervención rusa en Crimea (2014) y Siria (2015) utilizó su fuerza militar para crear un escudo alrededor de sus puertos de aguas cálidas en Sebastopol (Crimea) y Tartus (Siria). Este fue el primer desafío militar a Estados Unidos desde 1990.

 

En este periodo, China y Rusia profundizaron su cooperación en todos los ámbitos.

 

Tesis cuatro: Doctrina Monroe global. Estados Unidos globalizó su Doctrina Monroe de 1823 (que afirmaba su control sobre las Américas) y propuso que en esta era postsoviética el mundo entero fuera su dominio. Comenzó a oponerse a la consolidación de China (el «giro hacia Asia» de Obama) y de Rusia (el «Rusiagate» y Ucrania). Esta Nueva Guerra Fría impulsada por Estados Unidos, que incluye la guerra híbrida a través de sanciones contra treinta países como Irán y Venezuela, ha desestabilizado el mundo.

 

Tesis cinco: enfrentamientos. Los enfrentamientos acelerados por la Nueva Guerra Fría han inflamado la situación en Asia —donde el Estrecho de Taiwán sigue siendo una zona caliente— y en América Latina —donde Estados Unidos intentó crear una guerra caliente en Venezuela (e intentó, pero fracasó, proyectar su poder en lugares como Bolivia)—. El actual conflicto en Ucrania —que tiene su origen en muchos factores, entre ellos la desaparición del pacto plurinacional ucraniano— es también por la cuestión de la independencia europea. EE.UU. ha utilizado la «OTAN global» como caballo de Troya para ejercer su poder sobre Europa y mantenerla subordinada a los intereses de EE.UU. aunque perjudique a los pueblos europeos al perder el suministro de energía y gas natural para la economía alimentaria. Rusia violó la soberanía territorial de Ucrania, pero la OTAN creó algunas de las condiciones que aceleraron este enfrentamiento, no por Ucrania sino para su proyecto en Europa.

 

Tesis seis: crisis terminal. La fragilidad es la clave para entender el poder de Estados Unidos en la actualidad. No ha disminuido drásticamente, pero tampoco permanece incólume. Hay tres fuentes de poder estadounidense que están relativamente intactas:

 

(1) Gigantesco poder militar. Estados Unidos sigue siendo el único país del mundo capaz de bombardear a cualquiera de los demás Estados miembros de la ONU hasta dejarlos en la edad de piedra.

 

(2) El régimen Dólar-Wall Street-FMI. Debido a la dependencia mundial del dólar y al sistema financiero mundial denominado en dólares, Estados Unidos puede esgrimir sus sanciones como arma de guerra para debilitar a los países a su antojo.

 

(3 )Poder informativo. Ningún país tiene un control tan decisivo sobre Internet, tanto de su infraestructura física como de sus empresas casi monopólicas (como Facebook y YouTube, que eliminan cualquier contenido y cualquier proveedor a su antojo); ningún país tiene tanto control sobre la configuración de las noticias mundiales debido al poder de sus servicios de noticias (Reuters y Associated Press) así como de las principales cadenas de noticias (como CNN).

 

Hay otras fuentes de poder de EE.UU. que están profundamente debilitadas, como su panorama político interno, que está fuertemente polarizado, y su incapacidad para reunir sus recursos para hacer retroceder a China y Rusia dentro de sus fronteras.

 

Los movimientos populares tenemos que hacer crecer nuestro propio poder, organizando a la gente en organizaciones poderosas y en torno a un programa que tenga la capacidad de responder tanto a los problemas inmediatos de nuestro tiempo como a la cuestión a largo plazo de cómo hacer la transición a un sistema que pueda trascender los apartheids actuales: el apartheid alimentario, el apartheid médico, el apartheid educativo y el apartheid monetario. Superar estos apartheids nos lleva a salir de este sistema capitalista hacia el socialismo.

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En la última semana, hemos perdido a muchos compañeros, mayores y jóvenes. Entre ellos, nuestro gran compañero Aijaz Ahmad (1941-2022), uno de los grandes marxistas de nuestro tiempo, que nos dejó a la edad de 81 años. Cuando el marxismo fue atacado tras la caída de la URSS, Aijaz mantuvo la línea, enseñando a generaciones de nosotros la necesidad de la teoría marxista. Esa teoría sigue siendo necesaria porque continúa siendo la crítica más poderosa del capitalismo y, mientras el capitalismo siga estructurando nuestras vidas, esa crítica sigue siendo imprescindible. Para nosotrxs, en el Instituto Tricontinental de Investigación Social, la orientación de Aijaz fue inestimable. De hecho, el dossier Ocaso, que nos ayudó a orientarnos en la coyuntura actual, se redactó tras una importante conversación con él.

 

También perdimos a Ayanda Ngila (1992-2022), que era el vicepresidente de la ocupación de tierras eKhenana, parte del movimiento sudafricano de personas sin techo, Abahlali baseMjondolo (AbM). Ayanda era un valiente dirigente de AbM que acababa de ser liberado de una segunda estancia en la cárcel por cargos falsos. Era un amable compañero con sus pares y un estudiante y profesor de la Escuela Frantz Fanon de AbM. Cuando fue abatido por sus adversarios del partido Congreso Nacional Africano (ANC por su sigla en inglés), Ayanda llevaba una camiseta con una cita de Steve Biko: “Es mejor morir por una idea que va a vivir que vivir por una idea que va a morir». En las paredes de la Escuela Frantz Fanon, sus compañerxs de AbM pintaron claramente sus ideales: Tierra, vivienda digna, dignidad, libertad y socialismo.

https://www.alainet.org/es/articulo/215167

martes, 22 de diciembre de 2020

Cuatro años después: el mundo ha cambiado para Biden (y para todos)

Posted: 22 Dec 2020 01:00 AM PST

El mundo ha cambiado para Biden (y para todos). Cinta de advertencia en el Capitolio de EEUU. Foto: Andy Feliciotti (@someguy). Blog Elcano

El mundo ha cambiado para Biden (y para todos). Cinta de advertencia en el Capitolio de EEUU. Foto: Andy Feliciotti (@someguy)

Joe Biden tiene una larga trayectoria en cuestiones de política exterior, seguridad e inteligencia, con sus lustros en el Senado y tras ocho años de vicepresidente de Barack Obama. Pero en el mandato de Trump, el mundo ha cambiado en varios aspectos importantes, que el nuevo presidente deberá tener en cuenta, en temas que, más allá de la pandemia y de su propio predecesor, le han de preocupar y ocupar.

En 2016, cuando ganó Trump, había en el mundo unos 7.400 millones de personas, que ahora son más de 7.800 millones, es decir, más de unos EEUU suplementarios en términos de población. La pobreza extrema había bajado, pero está volviendo a subir con la pandemia y sus efectos económicos. La desigualdad ha aumentado aún más. El planeta se ha seguido recalentando, incluso a pesar del COVID-19. Se espera que la temperatura global promedio para 2016-2020 sea la más cálida registrada, aproximadamente 1,1ºC por encima de la de 1850-1900. Y la globalización está en retroceso en algunos aspectos, aunque no en otros, como el digital, incluidos los flujos de información (intercambios de datos), que aumentaron casi un 50% entre mediados de 2019 y mediados de 2020 con los confinamientos y el trabajo en remoto.

En estos cuatro años –otro tema preocupante para Biden y para otros muchos– la democracia se ha seguido deteriorando en el mundo. Lleva haciéndolo 14 años consecutivos según los índices anuales de Freedom House. Aunque según el Economist, si había 16 “democracias plenas” en 2016, ahora son 22. En nuestros tiempos hablar de democracia y control no tiene sentido sin mencionar la conectividad y las redes sociales. En este período el número de teléfonos inteligentes en el mundo ha crecido. Hay actualmente 3.500 millones de usuarios de estos aparatos (el 44% de la población), frente a 2.500 millones cuatro años atrás. En 2016, por citar un ejemplo de red social de éxito, Facebook tenía 1.788 millones de usuarios; a mediados de 2020, 1.000 millones más. En 2020 se ha generado un movimiento por parte de gobiernos contra los cuasi-monopolios de las Big Tech, no sólo en la UE, sino también en EEUU e incluso en China ante sus propias empresas. Y en estos años, tras el caso Weinstein de 2017, con el #metoo, pero con siembras anteriores, se ha producido una explosión global de las reivindicaciones de las mujeres, del feminismo. Así como de las protestas contra el racismo.

En este cuadrienio de Trump, la imagen y la fiabilidad de EEUU se han deteriorado en muchas regiones del mundo y entre sus aliados y socios, según las encuestas de Pew, y aún más en el último año debido a la mala gestión de la pandemia. En varios países están en lo más bajo de las últimas dos décadas. Biden tiene una expectativa de recuperación de confianza internacional de su país, pero no automática ni gratuita. Como recuerda Anne Applebaum, EEUU “ya no es la democracia más admirada del mundo, es percibida más a menudo como un sistema único disfuncional, y con unos líderes notablemente peligrosos”. La UE también tiene problemas internos de democracia, llámense Hungría o Polonia.

No es que China haya ocupado el lugar de EEUU, pues su imagen internacional ha sufrido mucho con la pandemia (e intentará recuperarla donando o vendiendo a bajo precio sus vacunas para el COVID-19 en los países en vías de desarrollo mientras Occidente hace, de momento, poco al respecto). China también ha cambiado. Hasta la pandemia, su economía había crecido un 27% entre 2016 y 2019, e incluso ahora ya está expandiéndose a un 2% anual, la primera gran economía en lograrlo. Varias estimaciones apuntan que para 2024, cuando termine este mandato de Biden, China se habrá convertido en la primera economía del mundo, seguida de EEUU y de la India. Es ya una enorme potencia tecnológica, y la tecnología determina la geopolítica. Aunque sólo sea un dato que no refleja la innovación real, en 2019 China se convirtió en el líder mundial en solicitudes internacionales de patentes, cuando EEUU había ocupado el primer lugar durante más de cuatro décadas. Y a finales de 2020 ha conseguido traer muestras de rocas de la Luna.

El gasto militar oficial chino ha ido aumentando entre un 7,2% y un 8,1% anualmente, manteniendo su proporción respecto al gasto de la administración central. En 2020 este crecimiento ha bajado a un 6,6%, probablemente debido a los efectos de la pandemia. En 2017, botó su primer portaviones totalmente fabricado en China. Tras reducirse algo en algunos años de Obama, el presupuesto de EEUU aumentó con Trump, de unos 606.000 millones de dólares en 2016 a 721.000 millones en 2020. Pero mientras EEUU derrochaba dinero público en guerras perdidas –pues está claro que ha perdido en Irak y en Afganistán, como está descubriendo el presidente electo– China invertía en tecnología.

Una China más asertiva, y políticamente más autoritaria, con Xi Jinping, ha seguido penetrando en las instituciones del orden global general, y a la vez construyendo otro paralelo, más regional. Su último éxito ha sido el lanzamiento de la Asociación Económica Integral Regional (Regional Comprehensive Economic Partnership, RCEP), con 15 países, en Asia, mientras Trump hundió el Acuerdo de Asociación Transpacífico (Transpacific Partnership, TPP), que había lanzado Obama. Aunque el enfriamiento con China empezó con este último, la gran herencia que deja Trump a Biden es una guerra fría de nuevo cuño, 2.0, que el nuevo presidente tendrá que gestionar y reorientar. Sin embargo, pese a las medidas de Trump, el déficit comercial de EEUU con China no ha cambiado, y las inversiones mutuas se mantienen. La interdependencia sigue siendo la realidad.

En cuanto al terrorismo, el ISIS, o Estado Islámico, no ha desaparecido, pero ha perdido la base territorial para su llamado califato. Biden se va a encontrar con que en el mundo de Washington se considera que EEUU está gastando demasiado en lucha antiterrorista –que requiere importantes fondos– y no lo suficiente en la competencia militar con China (y en menor medida con Rusia). Pero el terrorismo yihadista sigue ahí.

Entretanto, el ensimismamiento de EEUU con Trump ha reforzado a la UE (gracias también al Brexit –que en algunos aspectos la debilita– y a la reacción ante la pandemia). Tratar con la UE sin los británicos será diferente a lo que recuerda Biden de épocas anteriores. También han cobrado mayor protagonismo algunas “potencias medianas” que quieren liderar al menos en términos regionales, a menudo bajo la dirección de autócratas/nacionalistas, ya sea la India, Turquía, Brasil, Arabia Saudí o Egipto, o una Rusia que quiere desempeñar un papel más global. A la vez, con la pandemia y sus efectos económicos se ha agravado una tendencia que venía de antes, a saber, la multiplicación de Estados fallidos, sobre todo en África.

No vamos a ver un regreso a la agenda exterior de Obama. Demasiadas cosas han cambiado. Aquí hemos esbozado las que consideramos variaciones significativas, pero hay otras. Biden, y su nuevo equipo, aunque en gran parte provenga de aquella Administración, tendrán que idear una nueva agenda para EEUU en un mundo que se ha transformado en estos cuatro años.

( Blog Elcano)