Por Olivier De Schutter , Joseph Stiglitz , Jayati Ghosh , Thomas Piketty , Kate Raworth y Jason Hickel
"La edificación de la nueva sociedad en el orden económico es también un trayecto hacia lo ignoto". RCR
Fidel
miércoles, 17 de junio de 2026
Los economistas hemos hecho los cálculos: el "crecimiento" es una estrategia condenada al fracaso; hay una mejor manera.
lunes, 28 de julio de 2025
Sobre la Multipolaridad Estructural
miércoles, 24 de julio de 2024
El hambre muerde a 733 millones de personas en el mundo
domingo, 20 de noviembre de 2022
Lo que no nos importa
jueves, 10 de noviembre de 2022
lunes, 18 de julio de 2022
Tony Blair considera que la guerra en Ucrania marca el fin de la hegemonía de EEUU

lunes, 21 de marzo de 2022
Momento de grandes cambios tectónicos
Seis tesis para comprender la situación mundial actual: desde la formación del orden mundial en torno a Estados Unidos hasta la fragilidad frente al creciente poderío ruso y chino.
Para comprender la situación mundial actual, presentamos seis tesis sobre la formación del orden mundial en torno a Estados Unidos desde 1990 hasta la fragilidad actual de ese orden frente al creciente poderío ruso y chino. Estas tesis se han extraído de nuestro análisis en el dossier nº 36 (enero de 2021): Ocaso: la erosión del control de Estados Unidos y el futuro multipolar. Están pensadas para el debate, por lo que los comentarios sobre ellas son muy bienvenidos.
Tesis Uno: unipolaridad. Tras la caída de la Unión Soviética, entre 1990 y 2013-15, Estados Unidos desarrolló un sistema mundial que benefició a las empresas multinacionales con sede en EE. UU. y en los demás países del G7 (Alemania, Japón, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá). Los acontecimientos que definieron su poder abrumador fueron las invasiones de Irak (1991) y Yugoslavia (1999), así como la creación de la Organización Mundial de Comercio – OMC (1994). Rusia, debilitada por el colapso de la URSS, trató de entrar en este sistema uniéndose al G7 y colaborando con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como «Socio para la Paz». Mientras tanto, China, bajo los presidentes Jiang Zemin (1993-2003) y Hu Jintao (2003-2013), jugó un juego cuidadoso al insertar su mano de obra en el sistema global dominado por Estados Unidos y no desafiar a este país en sus operaciones.
Tesis dos: señales de crisis. EE.UU. extralimitó su poder a través de dos dinámicas: en primer lugar, al sobreapalancar su propia economía (bancos sobreapalancados, activos no productivos más altos que los activos productivos); y en segundo lugar, por tratar de librar varias guerras al mismo tiempo (Afganistán, Irak, Sahel) durante las dos primeras décadas del siglo XXI. Las señales de la debilidad del poder de EE.UU. fueron la invasión de Irak (2003) y la debacle de esa guerra para la proyección de poder de EE.UU., y la crisis crediticia (2007-08). La polarización política interna en Estados Unidos y la crisis de legitimidad en Europa siguieron a estos acontecimientos.
Tesis tres: emergencia chino-rusa. En la segunda década del 2000, por diferentes razones, tanto China como Rusia salieron de su relativo letargo.
La emergencia de China tiene dos patas:
1-La economía interna de China. China acumuló enormes superávits comerciales y, junto a ellos, acumuló conocimientos científicos y tecnológicos a través de sus acuerdos comerciales y su inversión en educación superior. Las empresas chinas de robótica, alta tecnología, ferrocarriles de alta velocidad y energía verde superaron a las empresas occidentales.
2-Las relaciones exteriores de China. En 2013, China anunció la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) —también conocida en español como la Nueva Ruta de la Seda—, que proponía una alternativa a la agenda de desarrollo y comercio del Fondo Monetario Internacional impulsada por Estados Unidos. La BRI se extiende fuera de Asia hacia Europa, así como hacia África y América Latina.
Rusia también emergió sobre dos patas:
1-La economía interna de Rusia. El presidente Vladimir Putin luchó contra algunos sectores de los grandes capitalistas para afirmar el control estatal de los sectores clave de exportación de commodities y los utilizó para acumular activos estatales (especialmente petróleo y gas). En lugar de limitarse a absorber los activos rusos en sus cuentas bancarias en el extranjero, estos capitalistas aceptaron subordinar parte de sus ambiciones a la reconstrucción del poder y la influencia del Estado ruso.
2-Las relaciones exteriores de Rusia. Desde 2007, Rusia comenzó a alejarse de la agenda global occidental y a impulsar su propio proyecto, primero a través de la agenda de los BRICS (Brasil-Rusia-India-China-Sudáfrica) y después mediante relaciones cada vez más estrechas con China. Rusia aprovechó su exportación de energía para reafirmar el control de sus fronteras, algo que no había hecho cuando la OTAN se amplió en 2004 para absorber a siete países que están cerca de su frontera occidental. La intervención rusa en Crimea (2014) y Siria (2015) utilizó su fuerza militar para crear un escudo alrededor de sus puertos de aguas cálidas en Sebastopol (Crimea) y Tartus (Siria). Este fue el primer desafío militar a Estados Unidos desde 1990.
En este periodo, China y Rusia profundizaron su cooperación en todos los ámbitos.
Tesis cuatro: Doctrina Monroe global. Estados Unidos globalizó su Doctrina Monroe de 1823 (que afirmaba su control sobre las Américas) y propuso que en esta era postsoviética el mundo entero fuera su dominio. Comenzó a oponerse a la consolidación de China (el «giro hacia Asia» de Obama) y de Rusia (el «Rusiagate» y Ucrania). Esta Nueva Guerra Fría impulsada por Estados Unidos, que incluye la guerra híbrida a través de sanciones contra treinta países como Irán y Venezuela, ha desestabilizado el mundo.
Tesis cinco: enfrentamientos. Los enfrentamientos acelerados por la Nueva Guerra Fría han inflamado la situación en Asia —donde el Estrecho de Taiwán sigue siendo una zona caliente— y en América Latina —donde Estados Unidos intentó crear una guerra caliente en Venezuela (e intentó, pero fracasó, proyectar su poder en lugares como Bolivia)—. El actual conflicto en Ucrania —que tiene su origen en muchos factores, entre ellos la desaparición del pacto plurinacional ucraniano— es también por la cuestión de la independencia europea. EE.UU. ha utilizado la «OTAN global» como caballo de Troya para ejercer su poder sobre Europa y mantenerla subordinada a los intereses de EE.UU. aunque perjudique a los pueblos europeos al perder el suministro de energía y gas natural para la economía alimentaria. Rusia violó la soberanía territorial de Ucrania, pero la OTAN creó algunas de las condiciones que aceleraron este enfrentamiento, no por Ucrania sino para su proyecto en Europa.
Tesis seis: crisis terminal. La fragilidad es la clave para entender el poder de Estados Unidos en la actualidad. No ha disminuido drásticamente, pero tampoco permanece incólume. Hay tres fuentes de poder estadounidense que están relativamente intactas:
(1) Gigantesco poder militar. Estados Unidos sigue siendo el único país del mundo capaz de bombardear a cualquiera de los demás Estados miembros de la ONU hasta dejarlos en la edad de piedra.
(2) El régimen Dólar-Wall Street-FMI. Debido a la dependencia mundial del dólar y al sistema financiero mundial denominado en dólares, Estados Unidos puede esgrimir sus sanciones como arma de guerra para debilitar a los países a su antojo.
(3 )Poder informativo. Ningún país tiene un control tan decisivo sobre Internet, tanto de su infraestructura física como de sus empresas casi monopólicas (como Facebook y YouTube, que eliminan cualquier contenido y cualquier proveedor a su antojo); ningún país tiene tanto control sobre la configuración de las noticias mundiales debido al poder de sus servicios de noticias (Reuters y Associated Press) así como de las principales cadenas de noticias (como CNN).
Hay otras fuentes de poder de EE.UU. que están profundamente debilitadas, como su panorama político interno, que está fuertemente polarizado, y su incapacidad para reunir sus recursos para hacer retroceder a China y Rusia dentro de sus fronteras.
Los movimientos populares tenemos que hacer crecer nuestro propio poder, organizando a la gente en organizaciones poderosas y en torno a un programa que tenga la capacidad de responder tanto a los problemas inmediatos de nuestro tiempo como a la cuestión a largo plazo de cómo hacer la transición a un sistema que pueda trascender los apartheids actuales: el apartheid alimentario, el apartheid médico, el apartheid educativo y el apartheid monetario. Superar estos apartheids nos lleva a salir de este sistema capitalista hacia el socialismo.
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En la última semana, hemos perdido a muchos compañeros, mayores y jóvenes. Entre ellos, nuestro gran compañero Aijaz Ahmad (1941-2022), uno de los grandes marxistas de nuestro tiempo, que nos dejó a la edad de 81 años. Cuando el marxismo fue atacado tras la caída de la URSS, Aijaz mantuvo la línea, enseñando a generaciones de nosotros la necesidad de la teoría marxista. Esa teoría sigue siendo necesaria porque continúa siendo la crítica más poderosa del capitalismo y, mientras el capitalismo siga estructurando nuestras vidas, esa crítica sigue siendo imprescindible. Para nosotrxs, en el Instituto Tricontinental de Investigación Social, la orientación de Aijaz fue inestimable. De hecho, el dossier Ocaso, que nos ayudó a orientarnos en la coyuntura actual, se redactó tras una importante conversación con él.
También perdimos a Ayanda Ngila (1992-2022), que era el vicepresidente de la ocupación de tierras eKhenana, parte del movimiento sudafricano de personas sin techo, Abahlali baseMjondolo (AbM). Ayanda era un valiente dirigente de AbM que acababa de ser liberado de una segunda estancia en la cárcel por cargos falsos. Era un amable compañero con sus pares y un estudiante y profesor de la Escuela Frantz Fanon de AbM. Cuando fue abatido por sus adversarios del partido Congreso Nacional Africano (ANC por su sigla en inglés), Ayanda llevaba una camiseta con una cita de Steve Biko: “Es mejor morir por una idea que va a vivir que vivir por una idea que va a morir». En las paredes de la Escuela Frantz Fanon, sus compañerxs de AbM pintaron claramente sus ideales: Tierra, vivienda digna, dignidad, libertad y socialismo.
martes, 22 de diciembre de 2020
Cuatro años después: el mundo ha cambiado para Biden (y para todos)
Posted: 22 Dec 2020 01:00 AM PST
El mundo ha cambiado para Biden (y para todos). Cinta de advertencia en el Capitolio de EEUU. Foto: Andy Feliciotti (@someguy)
Joe Biden tiene una larga trayectoria en cuestiones de política exterior, seguridad e inteligencia, con sus lustros en el Senado y tras ocho años de vicepresidente de Barack Obama. Pero en el mandato de Trump, el mundo ha cambiado en varios aspectos importantes, que el nuevo presidente deberá tener en cuenta, en temas que, más allá de la pandemia y de su propio predecesor, le han de preocupar y ocupar.
En 2016, cuando ganó Trump, había en el mundo unos 7.400 millones de personas, que ahora son más de 7.800 millones, es decir, más de unos EEUU suplementarios en términos de población. La pobreza extrema había bajado, pero está volviendo a subir con la pandemia y sus efectos económicos. La desigualdad ha aumentado aún más. El planeta se ha seguido recalentando, incluso a pesar del COVID-19. Se espera que la temperatura global promedio para 2016-2020 sea la más cálida registrada, aproximadamente 1,1ºC por encima de la de 1850-1900. Y la globalización está en retroceso en algunos aspectos, aunque no en otros, como el digital, incluidos los flujos de información (intercambios de datos), que aumentaron casi un 50% entre mediados de 2019 y mediados de 2020 con los confinamientos y el trabajo en remoto.
En estos cuatro años –otro tema preocupante para Biden y para otros muchos– la democracia se ha seguido deteriorando en el mundo. Lleva haciéndolo 14 años consecutivos según los índices anuales de Freedom House. Aunque según el Economist, si había 16 “democracias plenas” en 2016, ahora son 22. En nuestros tiempos hablar de democracia y control no tiene sentido sin mencionar la conectividad y las redes sociales. En este período el número de teléfonos inteligentes en el mundo ha crecido. Hay actualmente 3.500 millones de usuarios de estos aparatos (el 44% de la población), frente a 2.500 millones cuatro años atrás. En 2016, por citar un ejemplo de red social de éxito, Facebook tenía 1.788 millones de usuarios; a mediados de 2020, 1.000 millones más. En 2020 se ha generado un movimiento por parte de gobiernos contra los cuasi-monopolios de las Big Tech, no sólo en la UE, sino también en EEUU e incluso en China ante sus propias empresas. Y en estos años, tras el caso Weinstein de 2017, con el #metoo, pero con siembras anteriores, se ha producido una explosión global de las reivindicaciones de las mujeres, del feminismo. Así como de las protestas contra el racismo.
En este cuadrienio de Trump, la imagen y la fiabilidad de EEUU se han deteriorado en muchas regiones del mundo y entre sus aliados y socios, según las encuestas de Pew, y aún más en el último año debido a la mala gestión de la pandemia. En varios países están en lo más bajo de las últimas dos décadas. Biden tiene una expectativa de recuperación de confianza internacional de su país, pero no automática ni gratuita. Como recuerda Anne Applebaum, EEUU “ya no es la democracia más admirada del mundo, es percibida más a menudo como un sistema único disfuncional, y con unos líderes notablemente peligrosos”. La UE también tiene problemas internos de democracia, llámense Hungría o Polonia.
No es que China haya ocupado el lugar de EEUU, pues su imagen internacional ha sufrido mucho con la pandemia (e intentará recuperarla donando o vendiendo a bajo precio sus vacunas para el COVID-19 en los países en vías de desarrollo mientras Occidente hace, de momento, poco al respecto). China también ha cambiado. Hasta la pandemia, su economía había crecido un 27% entre 2016 y 2019, e incluso ahora ya está expandiéndose a un 2% anual, la primera gran economía en lograrlo. Varias estimaciones apuntan que para 2024, cuando termine este mandato de Biden, China se habrá convertido en la primera economía del mundo, seguida de EEUU y de la India. Es ya una enorme potencia tecnológica, y la tecnología determina la geopolítica. Aunque sólo sea un dato que no refleja la innovación real, en 2019 China se convirtió en el líder mundial en solicitudes internacionales de patentes, cuando EEUU había ocupado el primer lugar durante más de cuatro décadas. Y a finales de 2020 ha conseguido traer muestras de rocas de la Luna.
El gasto militar oficial chino ha ido aumentando entre un 7,2% y un 8,1% anualmente, manteniendo su proporción respecto al gasto de la administración central. En 2020 este crecimiento ha bajado a un 6,6%, probablemente debido a los efectos de la pandemia. En 2017, botó su primer portaviones totalmente fabricado en China. Tras reducirse algo en algunos años de Obama, el presupuesto de EEUU aumentó con Trump, de unos 606.000 millones de dólares en 2016 a 721.000 millones en 2020. Pero mientras EEUU derrochaba dinero público en guerras perdidas –pues está claro que ha perdido en Irak y en Afganistán, como está descubriendo el presidente electo– China invertía en tecnología.
Una China más asertiva, y políticamente más autoritaria, con Xi Jinping, ha seguido penetrando en las instituciones del orden global general, y a la vez construyendo otro paralelo, más regional. Su último éxito ha sido el lanzamiento de la Asociación Económica Integral Regional (Regional Comprehensive Economic Partnership, RCEP), con 15 países, en Asia, mientras Trump hundió el Acuerdo de Asociación Transpacífico (Transpacific Partnership, TPP), que había lanzado Obama. Aunque el enfriamiento con China empezó con este último, la gran herencia que deja Trump a Biden es una guerra fría de nuevo cuño, 2.0, que el nuevo presidente tendrá que gestionar y reorientar. Sin embargo, pese a las medidas de Trump, el déficit comercial de EEUU con China no ha cambiado, y las inversiones mutuas se mantienen. La interdependencia sigue siendo la realidad.
En cuanto al terrorismo, el ISIS, o Estado Islámico, no ha desaparecido, pero ha perdido la base territorial para su llamado califato. Biden se va a encontrar con que en el mundo de Washington se considera que EEUU está gastando demasiado en lucha antiterrorista –que requiere importantes fondos– y no lo suficiente en la competencia militar con China (y en menor medida con Rusia). Pero el terrorismo yihadista sigue ahí.
Entretanto, el ensimismamiento de EEUU con Trump ha reforzado a la UE (gracias también al Brexit –que en algunos aspectos la debilita– y a la reacción ante la pandemia). Tratar con la UE sin los británicos será diferente a lo que recuerda Biden de épocas anteriores. También han cobrado mayor protagonismo algunas “potencias medianas” que quieren liderar al menos en términos regionales, a menudo bajo la dirección de autócratas/nacionalistas, ya sea la India, Turquía, Brasil, Arabia Saudí o Egipto, o una Rusia que quiere desempeñar un papel más global. A la vez, con la pandemia y sus efectos económicos se ha agravado una tendencia que venía de antes, a saber, la multiplicación de Estados fallidos, sobre todo en África.
No vamos a ver un regreso a la agenda exterior de Obama. Demasiadas cosas han cambiado. Aquí hemos esbozado las que consideramos variaciones significativas, pero hay otras. Biden, y su nuevo equipo, aunque en gran parte provenga de aquella Administración, tendrán que idear una nueva agenda para EEUU en un mundo que se ha transformado en estos cuatro años.




