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viernes, 22 de noviembre de 2019

Cuatro formas en que la ansiedad afecta a tu día a día en el trabajo


Imagen: REUTERS/Stefan Wermuth
EL PAÍS
22 nov 2019
M. Victoria S. Nadal,

Es habitual encontrar a trabajadores que tienen síntomas de ansiedad con los que conviven día a día. Esto aumenta su reactividad y les genera temores infundados que antes no tenían.

Tener ansiedad es un problema habitual de salud mental que afecta a todos los ámbitos de la vida, también a la capacidad de trabajo y la productividad. Según la OMS, más de 260 millones de personas tienen trastornos de ansiedad en todo el mundo y se estima que, junto a la depresión, este desorden afecta tanto a los empleados que supone mil millones de pérdidas en productividad cada año. Aunque en muchas ocasiones la ansiedad puede llegar a ser incapacitante, también es habitual encontrar a trabajadores que tienen síntomas con los que conviven día a día. En esos casos, y aunque se aprenda a vivir con este trastorno, hay ciertas situaciones laborales que pueden afectarles aumentando su reactividad o generando en ellos temores infundados que antes no tenían.

Evitar situaciones que provocan la ansiedad

En general, la ansiedad en el trabajo tiene que ver con un desequilibro entre las tareas que tenemos que llevar a cabo y los recursos que creemos tener: sentimos que nos piden demasiado y que no disponemos de recursos suficientes para hacerle frente. Esto genera una serie de reacciones que perjudican el desempeño de los trabajadores. La psicóloga clínica Alice Boyes se pone de ejemplo y explica en HBR algunas de las formas en que la ansiedad puede causar problemas en el trabajo. Una situación habitual es evitar circunstancias concretas que pueden afectar a la imagen que das a la compañía. Por ejemplo, si los entornos desconocidos te provocan intranquilidad o si tienes miedo a volar, es posible que evites los viajes de trabajo. "Solemos evitar las situaciones que nos provocan ansiedad y luego nos sentimos mal por haberlo hecho", explica Alice Boyes. Esto puede hacer que des la impresión de ser poco organizado o alguien en quien no siempre se puede confiar.

Lo predecible es contrario a la innovación

Una de las necesidades más comunes entre las personas que tienen ansiedad es la de control: sentir que pueden manejar la situación y anticiparse les ayuda a sentir menos preocupación e intranquilidad. Por eso, cuando les proponen una idea inesperada su primera reacción suele ser negativa. "Valoran las sorpresas con miedo en lugar de con alegría", explica la psicóloga laboral Elisa Sánchez. Si tu primer pensamiento ante las ideas nuevas suele ser considerar los riesgos y los motivos por los que no va a funcionar, puede resultar molesto para el resto de compañeros e incluso para la capacidad de innovación del departamento o la compañía. "Esto está relacionado con la resistencia al cambio", explica Sánchez. "Quedarse en un entorno conocido, aunque sea desagradable, les genera más tranquilidad que los cambios que no pueden controlar". Perciben muchas amenazas en lo nuevo y pocos recursos para hacerles frente.

De la misma forma en que se sienten temerosos cuando les proponen un cambio, también rechazan proponerlos, aunque puedan mejorar las situación. No se atreven a exponer una idea por miedo a no hacerlo bien, a que los compañeros la rechacen o a que le pongan alguna pega. "Puede llevar a situaciones de falta de iniciativa o de creatividad", explica Sánchez. También afecta a la toma de decisiones: "a veces hay una parálisis por análisis o por el miedo a tomar decisiones equivocadas y que los demás puedan criticarlos". Optan por mantener un perfil bajo. Y añade que Daniel Goleman lo cuenta en su libro sobre inteligencia emocional: "hay personas con esta falta de asertividad generada por la inseguridad de la ansiedad que, ante un error que está cometiendo otra persona no lo dicen por evitar el conflicto".


Imagen: REUTERS/Ints Kalnins
Afecta a las relaciones laborales

Las relaciones personales con los compañeros también se ven afectadas por la ansiedad diaria de los trabajadores. Si tienes estos síntomas es posible que tiendas a malinterpretar la imagen que tus compañeros tienen de ti. Por inercia, las personas que tienen ansiedad suelen ponerse en lo peor cuando una situación es ambigua. Esto provoca que si un compañero no se esfuerza en pasar tiempo contigo o es frío, probablemente llegues a la conclusión de que no le caes bien, aunque no haya motivos evidentes para pensarlo. "Como te sientes excluido, evitas a tu compañero; pero entonces él puede llegar a la conclusión de que es él quien no te gusta ti", explica Boyes.

A la hora de recibir feedback, la cosa se pone aún más tensa, sobre todo cuando no es tan bueno como esperaban o cuando puede resultar ambiguo (una vez más, tienden a interpretarlo de forma catastrofista). Las críticas son demasiado personales para ellos, incluso aunque solo tengan que ver con sus tareas laborales. "Es importante diferenciar entre una crítica a lo que haces y a una a lo que eres (tu personalidad o tu valía)", explica Sánchez. "Las personas con ansiedad tienden a centrarse más en buscar culpables que en buscar las causas y soluciones de lo que han hecho mal". "A mí me funcionó recibir críticas de alguien de confianza, recibirlas por email (para tener tiempo de digerirlas antes de reaccionar) u obtenerlas cuando las pido o me han avisado (para sentir que tengo más capacidad de control sobre ellas)", cuenta Boyes.

La importancia de promover la salud mental

En cualquier caso, los trastornos emocionales y mentales afectan directamente al trabajo individual y de grupo y al desempeño de la compañía. La promoción de la salud mental en el lugar de trabajo y el apoyo a las personas que sufren trastornos psiquiátricos hace más probable la reducción del absentismo laboral, el aumento de la productividad y la obtención de beneficios económicos que conllevan estos efectos, según explica la OMS en un informe de 2017 sobre salud mental en el trabajo. Los esfuerzos que las empresas hacen por crear un entorno laboral saludable y donde los empleados se sientan comprendidos y realizados tienen su recompensa: en un estudio reciente dirigido por la OMS se estimó que por cada dólar invertido en ampliar el tratamiento de los trastornos mentales más habituales se obtuvieron cuatro dólares en mejora de la salud y la productividad.

martes, 1 de mayo de 2018

El día y la noche del trabajador


Nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente vive de su trabajo, pero nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente trabaja sin sus derechos garantizados.

Una sociedad cuya riqueza es resultado de lo que hacen diariamente los trabajadores, cada vez les reconoce menos, cada vez garantiza menos sus empleos, sus derechos, sus salarios mínimamente dignos.

Es alrededor de las actividades del trabajo que vive la mayoría aplastante de la gente en todo el mundo. Entre despertar muy temprano, gastar algunas horas en un trasporte muy malo, cumplir una larga e intensa jornada de trabajo, retomar el mismo trasporte de retorno, llegar a la casa y recomponer las energías para reempezar la misma jornada al día siguiente, gira la vida de millones y millones de personas en todo el mundo.

Para la gran mayoría, se vive o se sobrevive para trabajar. No hay tiempo para mucho más. Ni se puede escoger en qué trabajar. Cuando hay trabajo

Porque lo que más caracteriza hoy al mundo del trabajo, en cualquier parte del mundo, en mayores o menores proporciones, es el trabajo informal, el trabajo precario, sin contrato de trabajo, con trabajo intermitente, como define la nueva y cruel legislación del trabajo en Brasil. Es decir, trabajo sin garantía de continuidad, sin vacaciones, ni licencia de salud o maternidad, ni décimo tercero, ni nada de lo que está presente en los contratos formales de trabajo.

La misma identidad del trabajador se va debilitando, en la medida en que la mayoría de ellos tienen varias actividades a la vez, para poder redondear el presupuesto familiar. Varios de ellos cambian de actividad de un mes a otro, se arreglan como pueden, juntando varias pagas en el mismo día.

Las organizaciones de los trabajadores, para que puedan defender sus reivindicaciones, a su vez, también se debilitan, dejando a los trabajadores cada vez más fragilizados frente a la ofensiva en contra de sus derechos elementales. En varios países, reformas aprobadas en los Congresos o en curso, en la práctica cancelan toda base mínima de negociación, dejando que el desempleo presione a los trabajadores a que acepten cualquier tipo de trabajo, por la necesidad elemental de sobrevivencia de él y de su familia.

Uno de las imágenes más tristes de nuestras sociedades es la figura del desempleado, que sale tempranito de su casa, golpeando de puerta en puerta, en la búsqueda de alguna fuente de sobrevivencia. Que en gran parte de los casos recibe una respuesta negativa, esto es, se le dice que ni por el miserable sueldo vital se le puede contratar, que él no vale ni ese sueldo mínimo miserable. Y tantas veces no dice a sus familiares que ha perdido su trabajo, que es un desempleado, deambula buscando trabajo, como si estuviera trabajando, pero llega un momento en que todos se dan cuenta que falta lo elemental en la casa, que el desempleo ha ingresado también en ese hogar.

Y el desempleado no tiene ni a quien alegar. Mientras el derecho a la propiedad está garantizado en las constituciones, aunque se refiera al derecho de una minoría, el derecho al trabajo no tiene ley que lo garantice ni alguien a quien reclamar. Como si el derecho al trabajo no se refiriera a la gran mayoría de la población y el derecho a la propiedad a una ínfima minoría.

Cuando las fuerzas conservadoras toman la ofensiva, quien paga el precio más caro es el trabajador. El ve amenazado su empleo, sus derechos, su salario, su educación, su salud. Este primero de mayo – día del trabajador y no del trabajo, como algunos insisten en decir – encuentra a la gran mayoría de los trabajadores del mundo en situación penosa. Perdiendo derechos y con muchas dificultades para defenderlos.

Sin embargo, la mayoría aplastante de nuestras sociedades, aunque pueda no identificarse como tal, es trabajador, vive de su trabajo. Una actividad que diferencia al hombre de los otros animales, porque solo el hombre trasforma la naturaleza para sobrevivir y, así, se trasforma a sí mismo. Pero en la sociedad capitalista, el trabajador no es dueño de su trabajo, lo arrienda para poder sobrevivir, no tiene poder sobre lo que produce, a qué precio produce, para quien produce, cómo produce y no se reconoce en los productos de su mismo trabajo. Es un trabajador alienado, que aliena su capacidad de trabajo y es alienado por el proceso de producción, que hace con que él sea alienado respecto a lo que el mismo ha producido.

En este año, en particular, la vida del trabajador es tormentosa. Si tiene empleo, no sabe hasta cuándo podrá tenerlo. Si tiene empleo, tantas veces no tiene contrato de trabajo firmado. El empleo ha dejado de ser fuente segura de mantención, de condiciones de vida mínimamente dignas para él y para su familia.

Un día del trabajador que más se parece a una noche por la inseguridad, por la ofensiva retrógrada respecto a los derechos básicos que el trabajador necesita y merece. Que el próximo primero de mayo sea de nuevo un día de fiesta, de celebración, de conquistas garantizadas, de empleo seguro y de salario digno.