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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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lunes, 3 de agosto de 2026

Economista: el actual gobierno venezolano rompió con el proyecto de Chávez

 

Nuestra reflexión trasciende Venezuela. La historia de los procesos revolucionarios nos enseña que ningún logro es irreversible. Cuando un partido se convierte en Estado y el control popular se debilita, y prevalecen los intereses personales, el riesgo de regresión se vuelve real.

Entrevista al profesor de economía italiano Luciano Vasapollo

Profesor Vasapollo, su postura ha sorprendido a muchos. Después de décadas de apoyar a la Venezuela bolivariana, ¿por qué decidió separarse?

Porque nuestra propia historia exige que alcemos la voz hoy. No estamos rompiendo con Chávez, no estamos rompiendo con el pueblo venezolano, no estamos rompiendo con el chavismo popular, con los trabajadores, con los campesinos, con los barrios, con los movimientos sociales, con los intelectuales revolucionarios.

Por el contrario: seguimos apoyando la vertiente sana, popular y revolucionaria del proceso bolivariano. Llevamos más de treinta años construyendo relaciones políticas, culturales y humanas con Venezuela. Hemos colaborado con universidades, sindicatos, movimientos sociales, cooperativas e instituciones. Defendimos a Venezuela cuando fue objeto de ataques por parte de los medios internacionales.

Lo hicimos cuando era difícil. Por eso, nuestra postura actual no nace de un distanciamiento, sino de la convicción de que quienes participaron activamente en ese proceso tienen el deber de alzar la voz cuando creen que existe un peligro.

En su documento, usted habla de un proceso contrarrevolucionario. Esa es una acusación muy grave.

No hablamos de un solo episodio. Hablamos de un proceso. Llevamos meses intentando comprender. No llegamos a esta conclusión de inmediato. Hablamos con nuestros compañeros venezolanos, escuchamos, analizamos.

Dijimos: quizás nos enfrentamos a una fase táctica, quizás a una necesidad de supervivencia política determinada por el enorme desequilibrio en la balanza de poder con Estados Unidos.

Comprendemos la dificultad de la situación. Comprendemos la presión del imperialismo, las amenazas, las sanciones, los intentos de desestabilización permanente. Pero llega un punto en que debemos reconocer la realidad: cuando una táctica se convierte en una línea permanente, cuando una concesión temporal se convierte en una opción estratégica, entonces ya no es posible que un comunista o un revolucionario continúe mediando.

Hoy creemos que lo que pudo haber sido una táctica se ha convertido en una capitulación política, una rendición incondicional ante la perspectiva de convertir a Venezuela en un país subordinado, un protectorado político y económico. No podemos aceptar esto. 

Ella insiste en que esto no supone una ruptura con Venezuela.

Exactamente. En estos meses, no nos hemos quedado encerrados en un laboratorio teórico, observando Venezuela desde fuera. Nos hemos involucrado. Hemos seguido estando con la gente, hemos dialogado con los sindicatos, con los barrios populares, con las redes intelectuales, con el mundo cultural y académico, con las experiencias de las comunas. Nos hemos reunido de buena fe con muchos compañeros que, como nosotros, tenían preguntas.

Nos dijimos: tal vez sean solo tácticas, tal vez el gobierno, el partido y los líderes estén tratando de evitar ser aniquilados por Estados Unidos. Intentamos comprenderlos a fondo.

Pero hoy creemos que la situación ha cambiado. No somos nosotros quienes hemos abandonado la Venezuela revolucionaria. Continuamos nuestro trabajo con los sectores populares, con los comunistas, con los revolucionarios, con quienes quieren defender el legado de Chávez y evitar un proceso de regresión.

¿Por qué dices que no has cambiado tu postura sobre el imperialismo estadounidense?

Porque eso sería una falsificación de nuestra historia. Seguimos denunciando el imperialismo estadounidense, el bloqueo contra Cuba, las sanciones, la agresión económica, las guerras híbridas y los intentos de imponer gobiernos subordinados a los intereses de Washington.

Precisamente por ser antiimperialistas, no podemos confundir solidaridad con silencio. El internacionalismo no significa defender cualquier decisión gubernamental que se presente como un proceso revolucionario. Significa defender los principios, la soberanía de los pueblos, la participación popular y la justicia social.

También hizo referencia a las movilizaciones populares en Caracas.

Sí. No fuimos meros espectadores. Participamos en las iniciativas, en las manifestaciones en la Plaza Bolívar, en las movilizaciones contra la injerencia estadounidense, contra el intento de invasión, contra la idea de convertir a Venezuela en un protectorado y contra todas las formas de colonialismo. Vimos a un pueblo que sigue cuestionándose, debatiendo y defendiendo su historia.

Nuestra relación no es con los centros de poder, sino con la gente que experimenta a diario las contradicciones de la sociedad venezolana.

Uno de los puntos más controvertidos se refiere a la relación con Israel. ¿Por qué representa para usted un momento decisivo?

Porque el chavismo tenía una fuerte identidad internacionalista. La solidaridad con el pueblo palestino, con los pueblos oprimidos, con las luchas antiimperialistas era parte integral de esa historia. Cuando vemos cambios en esta dirección, cuando vemos acercamientos políticos que consideramos incompatibles con esa tradición, surge una profunda contradicción.

Esto no es un detalle diplomático. Es una cuestión política y simbólica que atañe a la identidad misma del proyecto. 

¿Y qué hay de la relación con Cuba?

Cuba no solo ha sido un país amigo de Venezuela, sino que ha sido parte integral del proceso bolivariano. Ha enviado médicos, maestros y técnicos, ha contribuido a misiones sociales y ha compartido enormes sacrificios. Por lo tanto, consideramos grave cualquier desviación de esa solidaridad histórica. En un momento en que Cuba sigue sometida al bloqueo estadounidense, el principio de internacionalismo debe fortalecerse aún más.

Habló de una traición sufrida por Cuba.

Sí, porque la relación entre Cuba y Venezuela no puede borrarse de la memoria histórica. Cuba no solo ha expresado solidaridad política, sino que ha enviado decenas de miles de médicos, ha capacitado a personal sanitario, ha enviado maestros, ha contribuido al nacimiento de misiones sociales, ha compartido conocimientos científicos, culturales y organizativos y, sobre todo, ha pagado un enorme precio humano por defender el proceso bolivariano.

Por ello, creemos que Cuba merece gratitud y una solidaridad constante. Sin embargo, observamos un distanciamiento progresivo, incluso mientras la isla sigue sufriendo el bloqueo económico estadounidense. Desde nuestra perspectiva política, esto representa una ruptura muy seria con la ética internacionalista que caracterizó el proyecto chavista. 

¿Por qué considera usted este aspecto tan grave?

Porque Cuba no ha sido simplemente un país amigo. Cuba ha compartido enormes sacrificios con Venezuela. Ha apoyado el desarrollo del proceso bolivariano en los momentos más difíciles. Por ello, nos resulta incomprensible que esa solidaridad histórica falte hoy.

Desde nuestra perspectiva política, Cuba merecía reconocimiento, no distanciamiento. Y esta es una de las razones que contribuyeron a nuestra decisión de romper lazos políticos con la actual dirigencia del PSUV.

¿Cuál es su relación con el chavismo hoy en día?

Seguimos solidarizados con el chavismo popular, con el chavismo revolucionario, con aquellos que en las fábricas, en los barrios, en las comunidades siguen defendiendo un proyecto de emancipación social.

Estamos rompiendo lazos políticos con el gobierno actual y la dirigencia del PSUV porque creemos que han optado por un camino diferente. Sin embargo, estamos fortaleciendo nuestros vínculos con aquellos sectores que desean continuar la lucha revolucionaria.

Uno de los puntos más críticos de su documento se refiere a las relaciones con Israel. ¿Por qué le atribuye usted tanta importancia política a este episodio?

Para nosotros, ese pasaje representa un momento decisivo. Las relaciones diplomáticas entre estados pueden ser complejas. Pero cuando se desarrollan relaciones políticas directas entre el partido gobernante y los representantes israelíes, el significado cambia inevitablemente.

En nuestra opinión, esto representa una ruptura con el internacionalismo que había caracterizado al chavismo y sus históricas posturas de solidaridad con el pueblo palestino. Es un hecho que, a nuestro juicio, adquiere un profundo significado político simbólico.

Profesor Vasapollo, una parte fundamental de su análisis se refiere al papel del actual liderazgo venezolano, y en particular, de la vicepresidenta Delcy Rodríguez. ¿Por qué cree que hemos llegado a un punto sin retorno?

Porque ya no hablamos de decisiones individuales ni de errores políticos. Hablamos de una dirección general que, a nuestro juicio, marca una ruptura con el proyecto histórico construido por Hugo Chávez.

Durante muchos meses, evitamos hacer declaraciones precipitadas. Continuamos dialogando con nuestros compañeros venezolanos, escuchando y verificando la información. Éramos conscientes de la presión ejercida por Estados Unidos y creíamos que algunos acercamientos podrían representar concesiones temporales.

Pero cuando las opciones convergen en la misma dirección, cuando las alianzas internacionales se redefinen, las estructuras económicas se modifican y la autonomía política conquistada durante veinte años de revolución se va perdiendo gradualmente, entonces ya no se trata de tácticas. Creemos que se está produciendo una verdadera capitulación política.

Su postura es muy firme, pero reitera que no ha cambiado de opinión sobre el imperialismo estadounidense. ¿Cómo concilia estos dos aspectos?

Este es un punto crucial. No nos hemos vuelto repentinamente indulgentes con Estados Unidos. Eso sería absurdo después de toda una vida de activismo internacionalista. Seguimos considerando al imperialismo estadounidense como el principal factor desestabilizador de América Latina. Continuamos denunciando el bloqueo contra Cuba, las sanciones, la agresión económica, las operaciones de guerra híbrida y todo intento de imponer gobiernos subordinados a los intereses de Washington.

Precisamente porque seguimos siendo firmemente antiimperialistas, creemos que la mejor defensa de la Revolución Bolivariana no es el silencio ante los errores, sino la crítica política cuando sea necesaria.

El internacionalismo no es adulación. El internacionalismo significa asumir la responsabilidad de la verdad política, incluso cuando ello conlleva un coste.

En la declaración, usted afirma que Venezuela está cediendo partes de su soberanía política y económica. ¿A qué se refiere?

Nos referimos a que observamos una creciente subordinación de las decisiones estratégicas del país a relaciones que, a nuestro juicio, terminan limitando la autonomía alcanzada con enormes sacrificios durante los años de Chávez. La Revolución Bolivariana nació para romper la dependencia del neoliberalismo, las multinacionales y los intereses estadounidenses.

Hoy, sin embargo, observamos el desarrollo de políticas que parecen ir en la dirección opuesta. No se trata solo de la economía. El marco general de las relaciones internacionales parece haber cambiado profundamente. 

Entre los críticos de la situación actual en Venezuela, también mencionaste a Luis Britto García. ¿Por qué consideras significativa su intervención?

Porque no se puede descartar a Luis Britto García como un opositor del chavismo. Es uno de los intelectuales marxistas más destacados de América Latina. Ha acompañado el proceso bolivariano desde sus inicios. Fue colaborador directo de Chávez. Formó parte del Consejo de Estado. Fue uno de los fundadores de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad.

Cuando una figura con este historial expresa una valoración tan severa de la situación del país, no estamos presenciando una simple controversia. Estamos presenciando el sufrimiento político de un sector importante del mundo chavista, que ve cuestionado el legado de Chávez

En su declaración, usted también reflexiona sobre el tema de los partidos revolucionarios y el poder. ¿Qué lecciones extrae de este evento?

Esta reflexión trasciende con creces Venezuela. La historia del movimiento obrero y de los procesos revolucionarios nos enseña que ningún logro es irreversible. Cuando un partido se convierte en Estado y el control popular se debilita, cuando la formación política de los cuadros disminuye, cuando prevalecen el oportunismo, la burocracia y los intereses personales, el riesgo de regresión se vuelve real.

Lo hemos visto en Europa del Este. Lo hemos visto en diversos procesos latinoamericanos. Y hoy, lamentablemente, creemos estar presenciando dinámicas similares en Venezuela. Por eso, la vigilancia revolucionaria no es un ejercicio teórico, sino una necesidad permanente. Con el pueblo. Con los comités populares de los barrios. Con los trabajadores. Con los campesinos. Con los estudiantes. Con los intelectuales que siguen luchando por el socialismo. Con los militantes que defienden el legado de Chávez cada día.

Estamos rompiendo lazos políticos con el actual gobierno y la dirigencia del PSUV. No estamos rompiendo, sino fortaleciendo, nuestros lazos con aquellos sectores populares que siguen creyendo en la Revolución Bolivariana y que hoy, a menudo en condiciones difíciles, intentan evitar su liquidación definitiva. 

¿Qué mensaje le gustaría enviar a la izquierda internacional?

No se conformen con las apariencias. No conviertan la solidaridad internacionalista en una forma de silencio. Defender una revolución significa defender sus principios fundacionales. Cuando esos principios se ponen en tela de juicio, el deber de los revolucionarios es participar en un debate político serio, riguroso y honesto.

Seguiremos luchando contra el imperialismo, defendiendo a la Cuba socialista, exigiendo la liberación del presidente Nicolás Maduro y de la compañera Cilia Flores, y apoyando a todas las fuerzas populares venezolanas que desean relanzar el proyecto del socialismo del siglo XXI.

Esta postura no nace de la hostilidad, sino de la responsabilidad política. Tras treinta años de trabajo conjunto, estudio, cooperación y activismo internacionalista, habría sido mucho más fácil guardar silencio. En cambio, hemos optado por alzar la voz, asumiendo plenamente todas las consecuencias.

La historia juzgará nuestras decisiones, pero la coherencia con los ideales de Chávez, del internacionalismo y de la liberación de los pueblos, nos exigía no permanecer en silencio.

viernes, 8 de mayo de 2026

Exportaciones de productos refinados de Venezuela hacia EE.UU. alcanzaron máximo en siete años




Venezuela en febrero de 2026 figuró como el sexto suplidor petrolero de los Estados Unidos (Foto PDVSA)


La data más actualizada y certificada por la Agencia de Información de Energía de los Estados Unidos (EIA) es del mes de febrero de 2026 cuando las exportaciones petroleas de Venezuela hacia el mercado norteamericano alcanzaron los 293.000 barriles diarios y de esa cantidad 79% fueron curdo y 21% se corresponde a productos refinados.

En promedio durante el segundo mes del año, los envíos de los derivados del petróleo hacia los Estados Unidos alcanzaron los 62.000 barriles por día, un máximo en más de siete años, en específico no se registraba un nivel similar desde octubre de 2018, tres meses antes que el presidente Donald Trump impusiera las sanciones comerciales a Petróleos de Venezuela (PDVSA).
Del total de combustibles exportadores en febrero de este año, un total de 44.000 barriles fueron fuel oil residual y los restantes 18.000 barriles corresponden a propano.

Venezuela en febrero de 2026 figuró como el sexto proveedor petrolero de los Estados Unidos, superada por Canadá, Arabia Saudita, México, Irak y Colombia.


martes, 17 de febrero de 2026

Las 8 revelaciones más impactantes de Jorge Rodríguez en su entrevista con NewsMax

 Redacción:  La Tabla/Plataforma de Periodismo de Datos   11 FEB   2026



En entrevista con Rob Schmitt (Newsmax),  Jorge Rodríguez (presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, expuso estas ocho «confesiones» sobre su relación con el gobierno de Estados Unidos luego del «evento traumático» del 3 de enero.

Aquí se las mostramos ordenadas por su impacto político y el quiebre que representan respecto al discurso histórico del chavismo.

1. La confesión del modelo económico: adiós al socialismo, bienvenido el libre mercado

«El interés de Venezuela es avanzar y promover la educación, la cultura a través de una economía de libre mercado.»

Por primera vez un alto funcionario del oficialismo descarta explícitamente el modelo socialista y asume el libre mercado como hoja de ruta. Además, admite: «Hemos cometido algunos errores» y «el bloqueo ha traído dificultades».


2. El interlocutor directo: Marco Rubio, el halcón anti-Maduro, ahora es su socio

«Hablo mucho más con Marco Rubio que con Scott Bessent. Es una relación basada en respeto mutuo.»

El senador republicano, histórico defensor de sanciones y de la línea dura contra el chavismo, es revelado como el enlace cotidiano entre el gobierno de Delcy Rodríguez y la administración Trump. Rodríguez admite que coordinan la «estabilización» del país.


3. Política petrolera: reforma exprés para entregar los campos vírgenes a EE.UU.

«Atendiendo una solicitud de la presidenta Delcy Rodríguez, reformamos la ley de energía para permitir que empresas extranjeras –especialmente de Estados Unidos– exploten los campos verdes.»

Admite que la ley vigente desde 2008 (etapa de nacionalizaciones) era un obstáculo y que la reforma se hizo por petición expresa de la presidenta encargada. Fue aprobada con el voto de la oposición.


4. El silencio de China y Rusia: «Estamos en el continente americano»

Ante la pregunta de Schmidt sobre el mutismo de Moscú y Pekín tras la captura de Maduro, Rodríguez responde: «Hay una realidad muy refutable: estamos en el continente americano.»

Es una admisión implícita de que los aliados tradicionales no jugarán ningún rol en la nueva etapa y que el único socio viable es Washington.


5. Elecciones: no habrá comicios en el «periodo inmediato»

«No habrá elecciones en este periodo inmediato en el que se debe lograr la estabilización. Si hay acuerdo con la oposición, se podría acordar un cronograma.»

Descarta elecciones presidenciales a corto plazo. La «estabilización» –léase: mantener el poder– es la prioridad. Cuando Schmitt insinúa que con esa respuesta admite que las últimas elecciones fueron ilegítimas, Rodríguez evade: «No, hemos estado divididos mucho tiempo.»


6. Maduro y Cilia Flores: liberación supeditada al «derecho internacional»

«El presidente Maduro y la primera dama Cilia Flores deberían ser liberados según establece el derecho internacional.»

Es la única mención. No hay una exigencia firme de repatriación ni una condena a EE.UU. por la captura. El tono es burocrático, casi indiferente.


7. Ley de amnistía: el regreso condicionado de la oposición

Rodríguez revela que están tramitando una ley de amnistía que permitiría el retorno de dirigentes opositores exiliados, pero con condiciones: que no hayan promovido violencia ni invasiones. Es la primera vez que un vocero oficial habla de una figura jurídica para facilitar el regreso de sus adversarios.

8. El mensaje a Trump: «Tenemos una oportunidad de oro»

«En los últimos 33 días las cosas han avanzado muy rápido. Tenemos una oportunidad de oro para construir una situación en la que todos ganen.»

El mensaje directo al presidente Trump –quien, según Schmitt, ve el programa– es de total alineamiento y disposición a negociar los recursos del país.

Cogobierno en 8 líneas:

Jorge Rodríguez no solo confirmó un cogobierno de facto con EE.UU., sino que desmontó en 13 minutos los tres pilares del relato chavista: antiimperialismo (ahora socio de Rubio), socialismo (ahora libre mercado) y petróleo soberano (ahora campos verdes para transnacionales). La entrevista, transmitida por un canal ultraconservador amigo de Trump, fue el vehículo perfecto para enviar señales a Washington.

viernes, 13 de febrero de 2026

Producción petrolera de Venezuela se desplomó 196.000 b/d en enero de 2026




Las fuentes secundarias reportaron que la producción de Venezuela en enero de 2026 estuvo en 830.000 barriles diarios (Fuente PDVSA)


El Ministerio de Hidrocarburos de Venezuela informó a la Organización de Países Exportadores de Petróleos (OPEP) que durante enero de 2026 la producción de crudo alcanzó un volumen promedio por debajo de un millón de barriles diarios revirtiendo la tendencia al alza que mostró durante casi todo 2025.

En promedio, la producción alcanzó durante el primer mes del año un promedio de 924.000 barriles diarios, volumen que está 17,5% o en números absolutos 196.000 barriles por debajo del nivel que alcanzó en diciembre.

La razón fundamental de esta baja apunta a los efectos que tuvo el bloqueo marítimo que impuso los Estados Unidos a las exportaciones de crudo y combustibles por parte de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y a la situación generada por la incursión militar de Caracas del pasado 3 de enero ordenada por el presidente Donald Trump, la cual llevó a la detención del mandatario venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.

Los recortes de producción comenzaron a revertirse durante la segunda quincena de enero luego que se redujo parcialmente la acumulación inventarios a la que se vio obligada PDVSA por las restricciones comerciales ordenadas por Trump atendiendo a la política de sanciones que impuso a principios de 2019 durante su primer gobierno.

La OPEP también una cifra de producción venezolana, atribuida a fuentes secundarias correspondientes a organizaciones que monitorea la operación petrolera mundial, la cuales sitúan la producción en 830.000 barriles diarios, volumen que está 9,4% o en cifras absolutas 87.000 barriles por debajo de diciembre.

sábado, 7 de febrero de 2026

La embajadora


Por Jorge Gómez Barata

La designación de una mujer, Laura Dogu (1964), como embajadora de Estados Unidos en Venezuela, para alternar con otra, Delcy Rodríguez, presidenta designada de ese país, es todo un detalle de la administración de Donald Trump. A sus 62 años, debido a sus estudios y experiencias es una “todoterreno” de la politica exterior estadounidense. Según un colega suyo: “Este no es un cargo ceremonial, es gestión de crisis, arte de gobernar y estrategia económica, todo en uno”.

Graduada en una universidad metodista de Texas, realizó una maestría en la Escuela Dwight D. Eisenhower de Seguridad Nacional y Estrategia. Después de desempeñarse como ejecutiva empresarial en IBM, se integró al servicio exterior de los Estados Unidos, acumulando experiencias como cónsul en El Salvador y Turkiye; de regreso a Washington, se desempeñó en el Centro de Operaciones del Departamento de Estado, ascendió a embajadora de los Estados Unidos en Nicaragua, Honduras y Venezuela en las administraciones de Barack Obama, Joe Biden y Donald Trump.

Interrogada por el Senado dijo haber crecido en una familia de militares y atribuye su vocación por el servicio público a su padre, un oficial de carrera de la Marina estadounidense cuyas asignaciones llevaron a la familia por todo el país y al extranjero. “Al crecer, aprendí de primera mano el valor del servicio militar”, “Mi padre dedicó toda una vida a proteger a Estados Unidos, con misiones dentro del país, en el extranjero y en el mar”.

Sirvió como asesora de politica internacional del general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto quien desde su cargo, planificó y condujo la reciente agresión a Venezuela y el secuestro de Maduro. Desempeñó las mismas funciones en la Oficina Federal de Investigaciones de la Célula de Recuperación de Rehenes.

Cumplió misiones especiales en Egipto, Turkiye y México. Mientras se desempeñaba como jefa adjunta de la embajada de Estados Unidos en la capital azteca, fue nominada por el presidente Barack Obama como embajadora en Nicaragua. En el año 2021, el presidente Joe Biden la propuso como embajadora en Honduras y en 1925 Trump lo hizo para representante en Venezuela. Siempre sin debate, fue ratificada por el Senado.

En calidad de embajadora ha alternado con tres presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, Joe Biden y Donald Trump y otros tantos de América Latina, Daniel Ortega y dos féminas: Xiomara Castro de Honduras y Delcy Rodríguez de Venezuela.

Con tales capacidades, el presidente Donald Trump y el secretario de estado Marco Rubio la han considerado idónea para la difícil tarea de, junto con el gobierno designado de Venezuela, emprender lo que Rodríguez consideró como “Una nueva agenda de trabajo bilateral”.

En esa dinámica, en apenas un mes, la presidenta encargada ha conversado varias veces con el presidente Trump y el secretario de Estado, impulsando acciones trascendentales como la reforma de la Ley de Hidrocarburos, la creación del Fondo de Catar nutrido con petrodólares venezolanos para financiar obras sociales en el país, la Ley de Amnistía General y el cierre de la cárcel del Helicoide, todas bien vistas por Estados Unidos.

Aunque debido a su condición de diplomática de profesión y un estilo no confrontativo, es probable que Dogu proceda con la debida corrección. No obstante, no es una enviada de paz sino una interventora, representante del imperio, con instrucciones para alternar y ejercer control tanto sobre el gobierno venezolano como sobre la oposición.

Dado la especial e inédita situación creada respecto a las relaciones de Venezuela con Estados Unidos, tal vez alguien con el perfil de Dogue convenga a Delcy Rodríguez que, en cualquier caso, no lo tendrá fácil. Tal vez la fórmula de “tiempo al tiempo”, no sea pertinente porque el daño está hecho. Allá nos vemos.

Febrero 7 de 2026. Publicado por el diario ¡Por esto! 

jueves, 5 de febrero de 2026

Venezuela privatiza el petróleo a punta de pistola de EE. UU.: el callejón sin salida del «socialismo del siglo XXI»

 

La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, se dirige a los trabajadores petroleros de PDVSA en la refinería de Puerto La Cruz el 25 de enero de 2026. [Photo: presidencialve]
Hace apenas cuatro semanas, tropas de operaciones especiales estadounidenses invadieron Venezuela, irrumpieron en su instalación más segura, Fuerte Tiuna, y secuestraron al presidente de facto Nicolás Maduro y a su esposa, Celia Flores, matando a más de 100 personas en la operación. Desde entonces, el destino de la pareja ha desaparecido de los medios de comunicación de Estados Unidos, ya que permanecen recluidos en un famoso centro de detención federal de Brooklyn. Han comparecido una vez ante el tribunal para declararse inocentes de los falsos cargos de «narcoterrorismo» que les imputa Estados Unidos y volverán a comparecer para las mociones previas al juicio el 17 de marzo.

Su hijo, Nicolás Maduro Guerra, ha hecho público un mensaje que le han transmitido los abogados estadounidenses en el que Maduro declara que él y su esposa se encuentran bien y de buen ánimo, y expresa su confianza en que «vamos a preservar la vida, vamos a preservar el poder y vamos a preservar la revolución».

Mientras que la determinación del destino de Maduro y Flores avanza a paso de tortuga en el sistema judicial estadounidense, la «preservación de la revolución» tras el ataque del 3 de enero se ha revelado con sorprendente rapidez como una transformación de Venezuela en una semicolonia, totalmente subordinada a la estrategia imperialista de Estados Unidos y a los intereses lucrativos de los conglomerados energéticos con sede en ese país.

Esto quedó explícitamente reflejado en el testimonio del 28 de enero del secretario de Estado Marco Rubio ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

Rubio defendió la decisión de la administración de trabajar con la exvicepresidenta de Maduro y ahora «presidenta interina», Delcy Rodríguez, para implementar sus objetivos en Venezuela. Al hacerlo, insistió, se había evitado el peligro de una guerra civil. Los intereses estadounidenses se impondrían a Venezuela a través del control del petróleo, «que no puede moverse debido a nuestra cuarentena». El petróleo representa el 90 % de los ingresos por exportaciones de un país que cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del planeta.

El secretario de Estado describió un sistema humillante y profundamente corrupto en el que Estados Unidos monopolizaría la comercialización del petróleo venezolano, y los ingresos se depositarían en una cuenta offshore en Qatar. El Gobierno venezolano, dijo, «presentará cada mes un presupuesto con lo que necesitamos financiar». Washington, añadió, «les proporcionará por adelantado lo que no se puede hacer con ese dinero». Lo que ocurrirá con el resto del dinero es una incógnita.

Rubio elogió al Gobierno encabezado por Rodríguez por ser «muy cooperativo» e indicó que había aceptado las condiciones según las cuales «compraría directamente a Estados Unidos medicamentos y equipos», así como nafta y otros diluyentes necesarios para reducir la densidad del crudo pesado que produce Venezuela. Anteriormente, los importaba de Rusia.

Washington y Caracas, continuó Rubio, estaban «manteniendo conversaciones serias sobre la erosión y la eliminación de la presencia iraní, la influencia china y la presencia rusa».

Aún más significativo es que Rubio elogió la rapidez con la que el régimen post-Maduro en Caracas ha impulsado una «reforma» de la «Ley Orgánica de Hidrocarburos» del país, declarando que la nueva versión «erradica muchas de las restricciones de la era [Hugo] Chávez a la inversión privada en la industria petrolera».

Según sus detractores, la «reforma», que fue aprobada a toda prisa por la Asamblea Nacional de Venezuela el jueves pasado, va mucho más allá. Retrocede a Venezuela medio siglo, hasta antes de la nacionalización inicial en 1976, e incluso antes de que se aprobara la primera Ley de Hidrocarburos en 1943, que establecía un sistema de reparto de beneficios «50-50» entre el Estado y las empresas petroleras estadounidenses.

Hay quien dice que hay que remontarse a la década de 1930 y a la época del famoso dictador Juan Vicente Gómez, cuando solo tres empresas extranjeras, Gulf, Royal Dutch Shell y Standard Oil, ejercían un control absoluto sobre el 98 % del sector petrolero venezolano, proporcionando a Gómez el dinero suficiente para llenarse los bolsillos, pagar a sus partidarios políticos y financiar su cruel aparato policial.

Aunque Venezuela conserva nominalmente la soberanía sobre su subsuelo, la «reforma» ha cedido a Washington y a las grandes petroleras el control sobre la extracción y la comercialización —a quién se venderá el petróleo y a qué precio— y qué parte de los ingresos irá a parar al país.

La defensa de esta rendición retrógrada por parte de las autoridades venezolanas es impresionante por su descaro e hipocresía. La «presidenta interina» Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, pronunciaron discursos demagógicos consecutivos ante un público cautivo de trabajadores petroleros de la empresa petrolera estatal PDVSA.

Delcy Rodríguez aprovechó la ocasión para responder a una declaración contundente sobre la política colonialista de Washington. Scott Bessent, secretario del Tesoro de Trump, dijo en una entrevista en Davos: «Estados Unidos está dirigiendo las políticas en Venezuela en este momento. Ha dejado a figuras del régimen anterior en puestos de poder para que puedan gobernar el país siguiendo las directrices de Washington».

En cuanto al fondo y al tono, las declaraciones de Bessent no se diferenciaban mucho de otras declaraciones igualmente imperiosas de funcionarios estadounidenses, incluidas muchas del propio Trump. En este caso, sin embargo, utilizó las palabras poco diplomáticas del secretario del Tesoro como pretexto para adoptar un tono desafiante. «¡Basta ya de órdenes de Washington sobre la política en Venezuela!», declaró. «Dejemos que la política venezolana resuelva nuestras diferencias y nuestros conflictos internos».

En la misma línea, insistió: «No debemos temer la agenda energética, ni de Estados Unidos ni del resto del mundo». En otras palabras, dejemos que nosotros nos ocupemos de los asuntos políticos internos, aunque nos sometamos a los dictados de Washington.

El discurso de su hermano Jorge fue, si cabe, aún más demagógico y grosero. Por un lado, denunció a los funcionarios que se declaraban «rojos rojitos» mientras desviaban de forma corrupta la riqueza petrolera del país para su propio beneficio y la negaban a los trabajadores del país. Pero ¿quiénes son estos malhechores anónimos si no los aliados y socios más cercanos de los hermanos Rodríguez? A continuación, contó a los trabajadores petroleros reunidos un dicho que atribuyó a su abuela: «No importa el color del gato, siempre que cace ratones».

Cualquiera que tenga un conocimiento siquiera superficial de la política y la historia mundial —y Rodríguez sin duda tiene más que eso— sabe que el proverbio fue un eslogan clave promovido por el antiguo líder del Partido Comunista Chino, Deng Xiaoping, para justificar el desmantelamiento de lo que quedaba de las relaciones de propiedad nacionalizadas y la planificación económica del Estado obrero deformado establecido a raíz de la revolución de 1949, y para integrar a China en el capitalismo global. En el contexto venezolano, esta frase se reduce a «no importa si Venezuela controla su petróleo o si está controlada por compañías petroleras extranjeras, siempre y cuando haya dinero fluyendo hacia las arcas del gobierno».

Uno de los momentos más significativos de la audiencia en el Senado en la que testificó el secretario de Estado Rubio fue la pregunta inicial del presidente del Comité de Relaciones Exteriores, el senador Jim Risch. El republicano de Idaho señaló que, aunque la audiencia no se celebraba en un «entorno clasificado», le gustaría que Rubio contara al comité lo que le había informado sobre cómo se habían sentado las «bases» para el asalto del 3 de enero. Se declaró «increíblemente impresionado con lo que me contó sobre cómo usted y el presidente negociaron con las partes allí sobre el terreno, en particular con las partes que iban a estar al mando después de la destitución de Maduro».

Rubio respondió con una larga evasiva que consistió en una prolongada denuncia de Maduro como mentiroso y como alguien con quien Washington no podía llegar a un acuerdo. Evidentemente, no creía que relatar las negociaciones previas al 3 de enero con «las partes que iban a estar al mando» tras el secuestro de Maduro redundara en interés de Estados Unidos.

El intercambio pareció confirmar aún más los informes de que los Rodríguez, y quizás otros líderes venezolanos, habían entablado conversaciones con la administración Trump antes del secuestro de Maduro, acordando colaborar con Washington.
«Maduro tiene que irse»

La más reveladora de ellas apareció el mes pasado en The Guardian, que citaba a múltiples fuentes anónimas con conocimiento de las negociaciones entre los Rodríguez y Washington, según las cuales «aseguraron en secreto a funcionarios estadounidenses y qataríes a través de intermediarios, con antelación, que acogerían con satisfacción la salida de Maduro».

Un funcionario estadounidense involucrado en las conversaciones dijo al diario británico que Delcy Rodríguez le comunicó a Washington que estaba dispuesta a intervenir: «Delcy estaba comunicando que «Maduro tiene que irse»». Otra persona familiarizada con las conversaciones la citó diciendo: «Trabajaré con las consecuencias que sean».

El informe añadía que «aunque la familia Rodríguez prometió ayudar a Estados Unidos una vez que Maduro se fuera, no aceptó ayudar activamente a Estados Unidos a derrocarlo».

Aunque el ahora «presidente interino» haya trazado una línea tan fina, en Venezuela existen amplias sospechas de que la operación «impecable» y «quirúrgica» para capturar a Maduro y Flores no encontró oposición efectiva debido a la colaboración de elementos dentro de las fuerzas de seguridad venezolanas.

Esta suposición encontró un importante respaldo en el embajador de Moscú en Venezuela, Serguéi Melik-Bagdasarov, quien declaró en una entrevista al canal de televisión ruso Rossiya-24 que la operación estadounidense había tenido éxito gracias a la negligencia y la colaboración con la inteligencia estadounidense por parte de funcionarios venezolanos. El embajador calificó estas acciones de «traición» y afirmó que la colaboración comenzó mucho antes de la incursión del 3 de enero. Afirmó que Moscú conocía los nombres de quienes «trabajaban sistemáticamente para la inteligencia estadounidense».

Las declaraciones fueron repetidas la semana pasada por el representante permanente de Rusia ante la ONU, Vasily Nebenzya, en una entrevista con el mismo canal de televisión: «En Venezuela, sin duda se produjo una traición y se habla abiertamente de ello. Algunos altos cargos traicionaron esencialmente al presidente», afirmó.

Aunque es muy posible que se haya producido una traición en lo que respecta al destino personal de Maduro, no hay motivos para creer que él hubiera dado una respuesta significativamente diferente al gangsterismo del régimen de Trump. Como dejaron claro sus propias declaraciones y las de Trump, estaba dispuesto a entregarle todo a Washington. El único escollo era la exigencia de que cediera la presidencia y abandonara Venezuela.

Además, el acuerdo alcanzado entre el Gobierno de Maduro y Chevron para la explotación del petróleo venezolano en el marco de una medida «antibloqueo» sentó un claro precedente para la privatización generalizada que se está llevando a cabo actualmente.

La fuerza motriz fundamental detrás de los tumultuosos acontecimientos desde el criminal ataque estadounidense del 3 de enero no es el comportamiento traidor de la familia Rodríguez o de elementos del mando militar venezolano, sino más bien el callejón sin salida histórico del chavismo y su «socialismo del siglo XXI» y, en general, del nacionalismo burgués y el llamado movimiento de la Marea Rosa en toda América Latina.

En su apogeo bajo Chávez, el gobierno chavista pudo utilizar los ingresos excedentes proporcionados por el auge de los precios del petróleo para financiar programas de asistencia social que beneficiaron a los sectores más empobrecidos de la sociedad.

Con el colapso del auge de las materias primas, que se produjo tras la muerte de Chávez y la sucesión de Maduro, junto con el endurecimiento del régimen de sanciones de Estados Unidos, la pobreza volvió a aumentar y el gobierno impuso cada vez más el peso de la crisis económica del país sobre las espaldas de la clase trabajadora.

Como resultado, Venezuela se convirtió en uno de los países más empobrecidos y desiguales de la región, con el 31 % de la riqueza concentrada en manos del 1 % más rico, mientras que la mitad más pobre de la sociedad solo poseía el 3,6 %.

La «Revolución Bolivariana», en un nivel fundamental, no logró resolver la maldición histórica de la economía venezolana: su abrumadora dependencia de la exportación de una sola materia prima, el petróleo, cuya mayor parte se destina, con diferencia, a Estados Unidos. Esto dejó al país vulnerable, como siempre, a las fluctuaciones de los mercados energéticos mundiales, así como al régimen de sanciones de Estados Unidos y, en última instancia, al bloqueo militar de Washington.

Ahora, el chavismo, en su última versión bajo Delcy Rodríguez, preside un régimen títere cuyas políticas económicas, militares y exteriores son dictadas por Washington. Hay que remontarse a la Cuba de la Enmienda Platt (1903-1934) o a la Nicaragua y Haití bajo ocupación militar estadounidense para encontrar una dominación neocolonial más descarada por parte del imperialismo yanqui de las tierras del sur.

La principal función independiente del Gobierno consiste en defender los intereses de sus principales electores, entre los que se encuentran las fuerzas de seguridad y la llamada «boliburguesía», una capa rica de capitalistas venezolanos que hicieron fortuna gracias a los contratos gubernamentales, la corrupción y la especulación financiera.

La clase obrera venezolana ha pagado un precio terriblemente alto por esta ignominiosa trayectoria del movimiento fundado por Hugo Chávez, con masas sumidas en la pobreza, millones de personas obligadas a emigrar y quienes luchan por defender los salarios y las condiciones laborales denunciados como «contrarrevolucionarios» y reprimidos.

El destino del chavismo ha puesto de manifiesto el papel reaccionario de todos los grupos pseudoprogresistas, entre los que destacan las organizaciones pablistas y morenistas, que promovieron la ilusión de que la «Revolución Bolivariana» en Venezuela había abierto un nuevo camino hacia la liberación de la opresión imperialista e incluso hacia el socialismo.

Más bien ha proporcionado a América Latina una más de una larga serie de trágicas y costosas confirmaciones negativas de la teoría de Trotsky sobre la revolución permanente. Trotsky estableció que en los países oprimidos por el imperialismo, las tareas democráticas y nacionales históricamente asociadas con la revolución burguesa no podían realizarse bajo la dirección de la burguesía nacional, que está vinculada y depende del capitalismo mundial y teme la revolución desde abajo. Más bien, estas tareas solo pueden llevarse a cabo bajo la dirección de la clase obrera, que se vería obligada a tomar el poder y pasar a medidas socialistas mientras busca la extensión de su revolución a nivel internacional.

Las amargas lecciones del naufragio del chavismo y, más ampliamente, de todo el movimiento de la Marea Rosa, deben ser asimiladas por las capas más avanzadas de la clase obrera en la lucha por construir una nueva dirección revolucionaria en forma de secciones del movimiento trotskista mundial, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 1 de febrero de 2025)