Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

martes, 2 de junio de 2015

El lugar que corresponde a los modelos económicos

J. Bradford DeLong is Professor of Economics at the University of California at Berkeley and a research associate at the National Bureau of Economic Research.

BERKELEY – Cuando los responsables del diseño de políticas buscan la asesoría de economistas, su intención es tener un consejo basado en la ciencia, no en facciones académicas o presuposiciones políticas. Después de todo, las políticas que pondrán en aplicación tendrán implicaciones en las vidas de las personas. Por desgracia, la ciencia no es siempre el motor que sustenta el análisis económico y las recomendaciones de política.

En una crítica reciente de lo que llama “mathiness” (modelos matemáticos asertivos) de la economía moderna, Paul M. Romer de la Universidad de Nueva York, argumenta que los economistas deberían tomar medidas para excluir la influencia de facciones académicas y la política de la ciencia sombría. Romer sustenta su argumento en un debate que tiene lugar actualmente en su campo sobre el papel de las ideas en la promoción del crecimiento económico.

Romer parece estar inquieto sobre todo por la tendencia de algunos economistas a argumentar que lo que es cierto para determinados tipos de teorías es cierto para todas las teorías y por ende aplicable al mundo real. A fin de dar un ejemplo, Romer cita el trabajo del economista de la Universidad de Chicago, Robert Lucas, que en su artículo de investigación de 2009, “Ideas y crecimiento”, desestima el papel que los libros o prototipos pueden tener como impulsores del crecimiento. “Se puede incorporar conocimiento en libros, prototipos, máquinas y otros tipos de capital físico, y sabemos cómo incorporar capital en un modelo de crecimiento”, señaló Lucas, “pero también sabemos que dicho procedimiento no es en sí un motor de crecimiento sostenido”.

El problema es que el argumento de Lucas es cierto solo en modelos de crecimiento económico cuya concepción permite a los rendimientos de capital “incorporado” reducirse a cero a medida que el capital disminuye. Como Romer observa, para muchos modelos esto no es cierto. Lo que Lucas representa como una verdad general –que el camino hacia el crecimiento económico no puede depender de crear y adquirir el tipo de conocimiento que está “incorporado” en libros, prototipos y máquinas– se sustenta en la decisión poco examinada de centrarse solo en unos cuantos tipos de modelos.

La decisión de Lucas podría justificarse de algún modo si tan solo los modelos que escogió fueran los correctos. Pero claro, no lo son. Además de criticar aquellos modelos que sacan conclusiones generales a partir de casos específicos, Romer ataca aquellos que afirman que los modelos económicos solo permiten solo una forma de interacción y solo una forma individual de toma de decisiones.

La objeción principal de Romer se dirige al supuesto de que la única interacción admisible en modelos de crecimiento económico es lo que se conoce como precios de mercado (price taking) la compra o venta de bienes y servicios al precio corriente en el mercado. Añadiría a eso mi objeción contra el supuesto de que la toma de decisiones individual siempre se caracteriza por expectativas racionales.

Los supuestos como estos podrían ser bases adecuadas para diseñar modelos que nos ayuden a entender el mundo, pero solo si los procesos del mercado estuvieran bien estructurados, resolviendo en el nivel agregado todas las desviaciones causadas por los precios de mercado y las expectativas racionales y que son claramente evidentes en el nivel individual. Preguntar si los procesos de mercado cumplen estos criterios, si sí, cuáles y cuándo es una pregunta empírica. Sostener que todos los procesos de mercado tienen que estar así de estructurados es un delito teórico.

Además está generalizado. En el campo de las teorías de crecimiento, Romer ve como la generación actual de economistas neoclásicos escribe y escribe artículos de investigación que imponen las restricciones teóricas para un equilibrio de precios de mercado. Como observa correctamente, dichos artículos de investigación no tienen otro propósito más que posicionar a sus autores en el juego de estatus académico.

Mientras tanto, en mi campo que es la macroeconomía, veo a economistas, banqueros, industriales, tecnócratas y políticos sostener que el tipo de políticas que los gobiernos podrían poner en aplicación para acelerar una recuperación económica, tienen que ser, si no eficaces, sí por lo menos demasiado riesgosas. Después de todo, eso es lo que un modelo con un tipo muy tipo muy restrictivo de expectativas racionales pronosticaría.

Al mismo tiempo debemos reconocer que el problema que Romer identifica no es nuevo. Tan solo hace unos días me encontré con críticas de la política monetaria y fiscal expansiva de parte del economista canadiense, Jacob Viner, y el economista francés, Étienne Mantoux. Ambos señalaron en 1930 (en plena Gran Depresión) que los esfuerzos del gobierno para fomentar el empleo siempre resultarían en una inflación indeseable e injustificada, y tal vez reduciría la producción en el largo plazo.

Lo más deprimente sobre el argumento de Romer es cuán improbable resulta abordarlo. Romer puede lograr convencer a académicos-economistas de tener más prudencia con sus argumentaciones acerca del carácter general de sus teorías de crecimiento económico. Sin embargo, no es nada claro que los banqueros, industriales, tecnócratas y políticos –que son responsables por las políticas que tienen un impacto en las vidas de las personas– harán lo mismo.

Traducción de Kena Nequiz
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Actualizando las perspectivas de la economía internacional para Cuba (II)


Por José Luis Rodríguez
Fotos Claudia Camps

Al analizar las perspectivas de la economía internacional para Cuba debemos tomar en consideración el nuevo escenario que se abre en el proceso gradual de normalización de relaciones con Estados Unidos que se acordara el pasado 17 de diciembre.

Como se ha señalado oportunamente, el principal obstáculo para esa normalización es la permanencia del bloqueo económico por parte del gobierno norteamericano, por lo que su completa eliminación es un prerrequisito esencial para poder avanzar. En este sentido se abren diferentes alternativas.

Por un lado, es cierto que la eliminación total del bloqueo requiere de la aprobación del Congreso, procedimiento que toma tiempo, aun suponiendo que no haya una oposición mayoritaria para ello. Por otro, también es cierto que el presidente Obama tiene potestades ejecutivas que le permiten adoptar decisiones que rebajarían el impacto de las medidas que mayor daño causan.

Al respecto, resulta de mucho interés un trabajo recientemente publicado bajo el título Conditions for Lifting the U.S. Trade Embargo Against Cuba (Condiciones para levantar el embargo comercial de EE.UU. contra Cuba). 

En este documento se destaca que el bloqueo descansa en tres cuerpos legales principales: la Trading with the Enemy Act de 1917, la Foreign Assistance Act de 1961 y la Cuban Democracy Act de 1992, y se demuestra que en esas disposiciones existen provisiones que permiten al presidente de Estados Unidos tomar acciones unilaterales para modificar la aplicación del bloqueo a Cuba, aunque para su revocación total en caso de leyes específicamente dirigidas contra la Isla se requiera la aprobación del Congreso. En el análisis se incluyen estudios específicos de cómo se levantó el bloqueo a Rodhesia del Sur y a Sudáfrica como ejemplos de la aplicación de facultades presidenciales al respecto.

Por otra parte, representantes de los medios de negocios norteamericanos, interesados en desarrollar vínculos económicos con Cuba, han adoptado la estrategia de proponer iniciativas legales en el propio Congreso de Estados Unidos con el objetivo de desmontar parcialmente las disposiciones que norman el bloqueo.

En ese contexto, entre finales de enero y principios de febrero de este año se presentaron tres proyectos de ley en el Congreso norteamericano: dos en el Senado (S-299 Freedom to Travel to Cuba Act y S-491 Freedom to Export to Cuba Act), y uno en la Cámara de Representantes (HR-635 Promoting American Agriculture and Medical Exports to Cuba). Estos proyectos de ley se encaminan a desmontar parcialmente disposiciones hoy vigentes del cuerpo legal del bloqueo con vistas a impulsar el establecimiento gradual de relaciones comerciales entre los dos países.

Adicionalmente, en mayo se presentó el proyecto Ley del progreso digital y de las telecomunicaciones en Cuba, dirigido a aprobar la operación en Cuba de empresas como AT&T y Verizon. De igual modo, se acaba de constituir un lobby denominado Engage Cuba con el objetivo de promover el turismo hacia nuestro país, y también se ha constituido un comité de acción política con el título de New Cuba PAC, dirigido a apoyar a los políticos que defienden un cambio en la posición norteamericana hacia la Isla.

Desde luego, estas iniciativas también se enfrentan contra aquellas que comienzan a promover los legisladores cubanoamericanos de ultraderecha para impedir la liquidación del bloqueo, aun cuando la mayoría de las encuestas realizadas entre distintos estratos del pueblo norteamericano se manifiestan contra el mantenimiento de esa política y a favor de la normalización de las relaciones bilaterales. 

Por otro lado, las medidas adoptadas ejecutivamente por el presidente Obama hasta el momento tienen un impacto positivo, en tanto se incrementan las remesas autorizadas a Cuba de 2 000 a 8 000 dólares por persona al año; se permite la entrada a EE.UU. de ciudadanos norteamericanos que retornen de Cuba con compras de hasta 400 dólares por persona, incluyendo ron y tabaco hasta 100 dólares, y se flexibilizan los requisitos en las 12 categorías actualmente vigentes para la autorización de viajes no turísticos a nuestro país.

En este último aspecto se registró un crecimiento de 36% en la cifra de ciudadanos estadounidenses que visitaron Cuba de enero a inicios de mayo último en comparación con igual período de 2014, y la administración Obama ha aprobado cuatro licencias para viajes mediante servicios de ferry entre diferentes puntos de la Florida y La Habana.

Sin embargo, uno de los efectos de mayor significación a corto plazo del nuevo escenario posible de relaciones entre Cuba y EE.UU. se refiere a la repercusión que ha tenido el actual proceso en hombres de negocios y gobiernos de terceros países, que han acelerado su acercamiento a Cuba y se proyectan por una ampliación de los intercambios de todo tipo a corto plazo. Especialmente se destacan la reciente visita a La Habana del mandatario francés, François Hollande, y las declaraciones del presidente del Club de París, Bruno Bézard, de visita en nuestro país en marzo de 2015, cuando dijo que esperaba una renegociación en unos meses de una deuda cubana estimada entre 15 y 16 000 millones de dólares.

Otros temas deberán ser abordados en el proceso de normalización, entre ellos la solicitud de indemnización por las propiedades norteamericanas que nacionalizó el gobierno cubano, por las que los antiguos dueños reclaman alrededor de 8 000 millones de dólares. Igualmente, La Habana señala que también habrá que ventilar la solución a la Demanda del pueblo cubano contra el gobierno de Estados Unidos por los daños económicos ocasionados a Cuba, la cual establecía 121 000 millones de dólares en el año 2000, y la Demanda del pueblo de Cuba al gobierno de Estados Unidos por daños humanos, que reclamaba en 1999 una indemnización por la muerte de 3 478 personas y la incapacidad de 2 099. 


La Parte I puede leerla aquí


* El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial 

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La bomba de tiempo de la liquidez

Nouriel Roubini, a professor at NYU’s Stern School of Business and Chairman of Roubini Global Economics, was Senior Economist for International Affairs in the White House's Council of Economic Advisers during the Clinton Administration

NUEVA YORK – Desde la crisis financiera global de 2008 ha surgido una paradoja en los mercados financieros de las economías avanzadas. Políticas monetarias no convencionales han generado un exceso gigantesco de liquidez. Pero una serie de sacudidas recientes sugieren que la liquidez macro ahora está asociada a una severa iliquidez del mercado.

Las tasas de interés promovidas por las políticas están cercanas a cero (y a veces por debajo de cero) en la mayoría de las economías avanzadas, y la base monetaria (el dinero creado por los bancos centrales en forma de efectivo y reservas líquidas de los bancos comerciales) ha aumentado -duplicándose, triplicándose y, en los Estados Unidos, cuadruplicándose en relación al período previo a la crisis-. Esto mantuvo bajas las tasas de interés a corto y largo plazo (e inclusive negativas en algunos casos, como Europa y Japón), redujo la volatilidad de los mercados de bonos e hizo aumentar muchos precios de activos (incluidos acciones, bienes raíces y bonos de renta fija del sector público y privado).

Y, sin embargo, los inversores tienen motivos para preocuparse. Sus miedos comenzaron con el llamado "flash crash" de mayo de 2010, cuando, en cuestión de 30 minutos, los principales índices bursátiles de Estados Unidos cayeron casi el 10%, antes de recuperarse rápidamente. Luego llegó el "taper tantrum" en la primavera de 2013, cuando las tasas de interés a largo plazo de Estados Unidos se dispararon 100 puntos básicos después de que el entonces presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke sugirió su intención de poner fin a las compras mensuales de títulos a largo plazo por parte de la Fed.

De la misma manera, en octubre de 2014, los rendimientos del Tesoro de Estados Unidos se derrumbaron casi 40 puntos básicos en cosa de minutos, algo que, a criterio de los estadísticos, debería ocurrir solamente una vez en 3.000 millones de años. El último episodio se produjo apenas el mes pasado cuando, en espacio de pocos días, los rendimientos de los bonos alemanes a 10 años pasaron de cinco puntos básicos a casi 80.

Estos episodios han alimentado los temores de que, inclusive mercados muy profundos y líquidos -como las acciones estadounidenses y los bonos de gobierno en Estados Unidos y Alemania- tal vez no sean lo suficientemente líquidos. ¿Qué representa, entonces, la combinación de liquidez macro e iliquidez de mercado?

Por empezar, en los mercados de acciones, los operadores de alta frecuencia (HFT por su sigla en inglés), que usan programas informáticos con algoritmos para seguir las tendencias de los mercados, son responsables de un porcentaje mayor de las transacciones. Esto crea, para sorpresa de nadie, un comportamiento de manada. De hecho, el trading hoy en Estados Unidos se concentra en el comienzo y en la última hora de las operaciones diarias, cuando los HFT están más activos; el resto del día, los mercados son ilíquidos, con pocas transacciones.

Una segunda causa reside en el hecho de que los activos de renta fija -como los bonos de gobierno, corporativos y de mercados emergentes- no se negocian en bolsas más líquidas, como las acciones. Por el contrario, se negocian principalmente en mercados extrabursátiles ilíquidos.

Tercero, no sólo la renta fija es más ilíquida, sino que ahora la mayoría de estos instrumentos -que se han multiplicado enormemente, debido a la emisión vertiginosa de deudas privadas y públicas antes y después de la crisis financiera- se mantienen en fondos abiertos que les permiten a los inversores salir a las 24 horas. Imaginen un banco que invierte en activos ilíquidos pero les permite a los depositantes hacerse de su efectivo en 24 horas: si se produce una corrida sobre estos fondos, la necesidad de vender activos ilíquidos puede llevar su precio a niveles muy bajos en muy poco tiempo, lo que consiste, en efecto, en una liquidación.

Cuarto, antes de la crisis de 2008, los bancos eran creadores de mercado en instrumentos de renta fija. Tenían grandes inventarios de estos activos, ofreciendo así liquidez y aplacando la volatilidad excesiva de los precios. Pero, cuando las nuevas regulaciones comenzaron a penalizar este tipo de operaciones (a través de cargos de capital más altos), los bancos y otras instituciones financieras han reducido su actividad de creación de mercado. Así, en tiempos de sorpresa que mueven los precios y rendimientos de los bonos, los bancos no están presentes para actuar como estabilizadores.

En resumen, si bien la creación de una liquidez macro por parte de los bancos centrales puede mantener bajos los rendimientos de los bonos y reducir la volatilidad, también derivó en operaciones atestadas en manada (exacerbadas por los HFT) y en una mayor inversión en fondos de bonos ilíquidos, mientras que una regulación más ajustada implica que los creadores de mercados están perdidos en acción.

En consecuencia, cuando ocurren sorpresas -por ejemplo, la Fed señala una salida antes de lo esperado de las tasas de interés cero, un incremento repentino de los precios del petróleo o un repunte incipiente del crecimiento de la eurozona-, la reevaluación de las acciones y especialmente los bonos puede ser abrupta y dramática: todo aquel que quede atrapado en las mismas operaciones en manada tiene que salir rápido. Las operaciones en manada en la dirección opuesta ocurren, pero, como muchas inversiones son en fondos ilíquidos y los creadores de mercados tradicionales que aplacaron la volatilidad desaparecieron del mapa, los vendedores se ven obligados a liquidar sus activos.

Esta combinación de liquidez macro y de iliquidez de mercado es una bomba de tiempo. Hasta ahora, sólo condujo a crisis precipitadas volátiles y a cambios repentinos en los rendimientos de los bonos y los precios de las acciones. Pero, con el tiempo, cuanto más tiempo los bancos centrales creen liquidez para controlar la volatilidad a corto plazo, más alimentarán las burbujas de acciones, bonos y otros mercados de activos. En tanto más inversores inviertan en activos sobrevaluados cada vez más ilíquidos -como los bonos-, el riesgo de una crisis a largo plazo aumenta.

Este es el resultado paradójico de las políticas implementadas para responder a la crisis financiera. La liquidez macro está alimentando períodos de bonanza y burbujas; pero la iliquidez de mercado terminará dando lugar a un descalabro y finalmente a un colapso.


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Expertos cubanos evaluarán desafíos de la economía nacional



La Habana, 2 jun.- Espacio para reflexionar sobre los cambios que emprende el país en busca de mayor eficiencia en su gestión, devendrá el taller Desafíos de la economía cubana, previsto para los días 8 y 9 de junio en el Palacio de Convenciones, en esta capital.

Organizado por la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC), la cita reunirá a unos 500 especialistas, empresarios y académicos de todo el país, con el fin de contribuir desde una mirada crítica a la implementación de las transformaciones socioeconómicas en marcha.

Miladys Tasé, vicepresidenta primera de esa institución, dijo a la AIN que el encuentro permitirá el intercambio en torno a materias que tributan al crecimiento, gestión empresarial y eficiencia económica.

Un asunto clave serán las trasformaciones estructurales en el sector estatal, en el cual se han adoptado las políticas de mayor alcance y complejidad dentro del proceso de reformas en curso, encaminadas a convertir a este sistema en un auténtico motor impulsor de la economía.

Todavía persiste inercia en quienes deben implementar las nuevas medidas aprobadas, subrayó la directiva, al referirse a la importancia de volver sobre una cuestión vital para hacer crecer las arcas del país. 

En paneles y conferencias, los asistentes tratarán también temas como la inversión extranjera, planificación, contabilidad, control interno, política fiscal y administración pública, refirió.

También se pretende acercar a los participantes a lo que ocurre hoy en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, llamada a ser la puerta de Cuba al mundo.

Con más de 81 mil miembros, la ANEC tiene como prioridad en 2015 fortalecer su contribución a la actualización del modelo económico cubano y la implementación de los Lineamientos aprobados por el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. (AIN) (Foto: Archivo)

Juan Triana: “Internet no es una oportunidad sino una necesidad”



Foto: Ramón Espinosa /AP



Vayamos a la dualidad monetaria en Cuba. Cuando eso ocurra por fin y exista una sola moneda, ¿significará que quienes recibían CUC y dejen de recibirlos, serán más pobres?

No necesariamente. El problema principal no es las dos monedas, sino las múltiples tasas de cambio que tenemos. Y eso es quizás lo que más nos afecta. De facto, las dos monedas ya están unidas porque puedes comprar en pesos cubanos en las tiendas de comercio en divisas. Están unidas. Lo que falta es quitar el CUC. Y a partir de ahí las personas que ganan 50 CUC cobrarían 50 CUC por 24. No serán, en principio, ni más ricas ni más pobres. El CUC, al final, es un vale para comprar en cualquier lugar solamente de Cuba. Hasta ahí llega el CUC. No puedes comprar fuera de Cuba, no es una moneda reconocida internacionalmente. Es, por tanto, un vale de compra que se usa en esta tienda grande que es Cuba. Fue muy útil, sin lugar a dudas, porque permitió ir acomodando la economía en los años 90, igual que fue muy útil, en esa década, introducir la circulación del dólar, sin tener que recurrir a otros expedientes mucho más dolorosos. Con el tiempo, eso se hizo cada vez más costoso, su utilidad fue disminuyendo, consolidó distorsiones y ha hecho menos transparente la gestión económica de las empresas. Cuba necesita unificar la tasa de cambio, tener una tasa bien fundamentada. Cuando exista una sola moneda, que debe ser el peso cubano, que es lo que generalmente se ha dicho, nadie tiene que sentirse perjudicado, a menos que cambie la tasa. El gobierno ha dicho que se trata de un proceso que va por pasos. Primero se unen las monedas, se mantiene la tasa y después hay un cambio de tasa. Lo que está claro es que la unificación de las tasas, que significa devaluar una de las tasas, puede traer movimientos inflacionarios. La tasa de 1 a 1 hay que devaluarla. Si eso ocurre y no se toman medidas para reducir el impacto negativo, el movimiento inflacionario que se produciría, con un crecimiento de los precios, pudiera traspasarse al precio de los productos de consumo final, y puede influir negativamente en el salario real de las personas. El gobierno ha diseñado un programa dirigido a reducir ese impacto. Hasta donde ese programa sea efectivo lo dirá la vida, porque no puede decidirse en laboratorio.

Con todo derecho, los ciudadanos a veces pretenden que todo se pueda prever con suficiente anticipación y todo se pueda planear y hay cosas en la economía que no son totalmente previsibles. Uno puede prever cosas en un 80, 60, 40 por ciento, pero la economía también tiene sus propias dinámicas y no todo puede preverse. Ya hay ejemplos de devaluación de tasas. Hay un convertidor para los trabajadores del Mariel, que es 10 a 1, hay una tasa a través de la cual los campesinos venden al turismo –de 10 o de 11 a 1- de modo que hay un proceso que ha ido implementándose, y hasta ahora no ha habido un impacto demasiado grande en los precios. Obviamente, está muy reducido a un grupo de sectores. Cuando se amplíe a todos los sectores hay que ver qué pasará. Pero es un proceso que va de un posible desplazamiento e incremento de los costos, a que esos costos se reflejen en los precios, y a que esos precios impacten en el salario de las personas. Otra forma de solucionar ese problema es incrementar los ingresos nominales de la gente para compensar el de los precios y otra manera es que algunos precios regulados y controlados por el Estado –excesivamente altos en algunos productos, como los artículos de primera necesidad en las tiendas de comercio en divisas– sean reducidos, mediante la disminución del impuesto a la venta que a veces es bajo, pero en la mayoría de los casos no, bajarlo más, para proteger esa canasta de bienes que el ciudadano cubano tiene que comprar.

¿La economía cubana será en el futuro más de formas no estatales de producción?

Yo creo que se anunció hace ya tiempo que el socialismo cubano mantendrá en manos del Estado los medios fundamentales de producción. Eso significa que aquellos que no sean fundamentales pasaran a otras formas de propiedad, como la cooperativa, cuyo crecimiento se ha ido fomentando, aunque paulatinamente, y otra será la privada. Esteban Lazo habló de un porcentaje del producto interno bruto y de un porcentaje de trabajadores en el sector no estatal. Yo prefiero no hablar de porcentajes. Prefiero hablar de un sector estatal cuyo tamaño sea funcional a los propósitos del socialismo que queremos lograr. Todo lo que es educación, salud, algunos servicios esenciales todavía, tienen que quedar en manos del Estado. Y algunos segmentos, dentro de los sectores productivos que por su importancia y las características de Cuba son decisivos deben quedar en manos del Estado. Al menos aun hoy. Y quizás hasta dentro de 10, 15 o 20 años. Creo que un horizonte de más de 15 años es demasiado largo plazo en la vida de las personas y hasta en la de los países, dada la velocidad a la que cambian el mundo, los países. Este país no es el mismo en el que se aprobaron los Lineamientos… Hoy hay casi medio millón de trabajadores privados, casi millón y medio en el sector no estatal, que es el 26 por ciento de la fuerza de trabajo de Cuba. Un país donde hay casi 500 cooperativas aprobadas, más de 300 funcionando y otras tantas por aprobarse; donde hace tres años no había quizás 300 restaurantes privados y hoy hay más de 2000; donde hay miles de habitaciones rentando en el sector privado, que se convierte en una “cadena hotelera” importante por la cantidad de habitaciones, quizás solo superada solo por la corporación Gaviota, es definitivamente un país diferente.

Y esos sectores han ido enlazándose, por decisiones del proceso de Actualización, al sector estatal. Y hoy, muchas instituciones utilizan cooperativas para reparar, modernizar, mejorar, incluso hoteles. ¿Cuánto nos hará falta de aquí a cinco años? Es muy difícil predecirlo. El Estado debe tener aún la supremacía en algunos servicios básicos, ser por lo menos el accionista mayoritario aunque no sea el gerente del negocio. Imaginemos un hotel bajo contrato de administración: el Estado es el accionista mayoritario y la gerencia es de una compañía extranjera. El Estado recibe sus ingresos por ser accionista mayoritario, que favorecen luego determinados planes. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo con las tan comentadas tiendas en divisas? ¿Por qué el Estado tiene que ser gerente del comercio minorista si puede acoplarse en una sociedad mixta en la que sea accionista principal y contrate a una cooperativa la gerencia de la tienda? ¿Por qué gastar recursos, prestigio, capital relacional, incluso político, para hacerse cargo de algo que durante 56 años se ha demostrado que no puede hacer bien? Eso además tiene un costo en términos de prestigio porque cada día que se descubre un caso de corrupción, afecta la imagen de nuestro Estado. ¿Por qué una cadena de tiendas no puede establecer un contrato de administración con una gran compañía que sabe hacer eso, que le puede garantizar el suministro mayorista, financiamiento, una estabilidad en la oferta? Es lo que se hace hoy con los hoteles. Para eso no hay que ir a Vietnam a aprender. Lo hizo Cuba en los años 90 y nos lo enseñó Fidel Castro cuando inauguró el primer hotel en Varadero. Y esas compañías vienen, hacen la gerencia y traen a sus clientes, ponen el mercado, garantizan el suministro. ¿Por qué no podemos extender esa experiencia al sector de comercio, que tanto nos cuesta en términos de dinero, inventarios, custodios, prestigio? A pesar del esfuerzo que hacen las personas que trabajan en ese sector no logran hacerlo con eficiencia y generan una gran insatisfacción en el pueblo. Los beneficios serían mucho mayores que los costos, tanto para el Estado como para la población.

Foto: Roberto Ruiz

¿Y por qué si es tan obvio eso no se hace, no se cambian los papeles?

Eso tienes que preguntarlo a otra gente. Hay una cultura establecida, una inercia, determinados prejuicios, en el sentido de ser juicios preestablecidos, y por lo tanto se ha mantenido así. Es de las cosas que hay que cambiar; de las mentes que tenemos que cambiar. No queda más remedio que seguir cambiando, experimentando. La experiencia con los cubanos que venían a vender ropa es impactante: en muy poco tiempo establecieron 12 000 puntos de venta, es decir, 12 000 licencias, emplearon a mucha gente y trajeron la ropa y los productos que la gente necesitaba y con la calidad que querían. Sin un aparato estatal para hacerlo. Es una experiencia importante que habría que ponerla en orden. Pero en lugar de eso, la erradicamos. O pensamos que la erradicamos y no lo hemos logrado. Con perjuicios para todo el mundo. Incluso para el Estado porque ahora esas personas no pagan impuestos, lo hacen de forma subterránea.

Los economistas en Cuba no son los que guían la economía.

En ningún país del mundo los economistas guían la economía.

Son los gobiernos y las corporaciones, claro. Pero los economistas debieran tener más peso, se les debiera hacer más caso.

Yo creo que cumplimos nuestro papel, que es el de investigar, producir y generar ideas, dar opciones. Hasta ahí llega un economista en cualquier lugar del mundo. Pero, hoy, más que nunca, se les ha dado espacio a los economistas. Incluso institucionalmente. Para participar en los procesos, para canalizar sus opiniones. Como nunca antes. Y con un gran respeto hacia sus criterios. Es parte de ese avance que el país ha experimentado.

Los topes de los precios. Un asunto por el que mucha gente clama. ¿Por qué no hay topes para los precios de alimentos?

Topar precios, que no es más que controlarlos, tiene, en el mediano y largo plazos, grandes costos. Pero puede ser un recurso para solucionar determinados problemas en determinados momentos. Sin embargo, hay otros recursos. Por ejemplo, subvencionar algunas líneas de producción agrícola básicas para la alimentación popular. Lo hacen muchos países. Hay una idea rara de que la agricultura tiene que ser rentable y no puede ser subvencionada. Y hay muy pocos países donde la agricultura no es subvencionada. Una gran parte de las discusiones en la Organización Mundial del Comercio se deriva de la subvención a los productores agrícolas. En Holanda, donde están las vacas que más leche producen en el mundo, la leche tiene subvención. En Estados Unidos, con una de las agriculturas más productivas del mundo, los agricultores tienen subvención, subsidios de miles de millones de dólares. Y eso es porque los precios de los productos agrícolas constituye un tema político. Por lo tanto es importante garantizar precios bajos para que el ingreso de las personas alcance para comprar esos productos y les quede mucho dinero para gastar en otras cosas. El problema está en dónde se pone el subsidio. Es cuando el Estado pacta con un campesino un acuerdo de suministro, y le dice: te voy a subsidiar en tanto para que el producto se venda a tanto. Hay productos que tienen costos muy altos. Porque todo ha aumentado en el mundo. Me sonrío cuando veo reportajes en los que se dice que el precio del boniato puede ser de 80 centavos. Si los costos se han multiplicado por tres, por cuatro, es muy difícil que el precio del boniato sea el de hace 30 años. El problema no es de los precios, sino del salario de la gente. Por el medio hay otras cosas: intermediarios, abusos, situaciones monopólicas, falta de oferta. No de producción. Son cosas diferentes. Todo eso existe en nuestro mercado agropecuario, que es un mercado muy protegido porque en Cuba no hay nadie que venda productos frescos de otros países. No te encuentras una malanga producida en Jamaica. Ni un plátano de Honduras. Ni una cebolla comprada en México. Por tanto, el mercado es solo de esos vendedores, que muchas veces no son los campesinos, sin competencia de otros productores extranjeros que los obligue a poner precios adecuados. En Cuba no ocurre eso. Hace cuatro meses pagábamos 60 pesos por una libra de cebollitas. El kilogramo a 120 pesos, un quinto del salario promedio mensual en Cuba, que es de 400 pesos y tanto mensuales. Cinco CUC por un kilo de cebollas. En un supermercado en España ese kilo de cebollas te lo encontrabas a un euro y 30 centavos. Y comprado al por mayor a los productores 80 centavos de euro. Cuba no tenía suficiente dinero para comprar cuatro barcos de cebollas e inundar el mercado. Y no hay una cooperativa a la que se le permita hacer eso. Al final había que comprar la cebolla a los precios que los vendedores quisieran y con eso se perjudicaba todo el mundo: el Estado y el pueblo. Tenemos un mercado muy protegido, cerrado a la importación de productos frescos. Hay falta de competencia. Donde se comienza a trabajar con el mercado hay que utilizar las instituciones del mercado. Y una de esas instituciones que hacen que el mercado funcione mejor, que tenga impactos positivos sobre el crecimiento, el desarrollo y el bienestar de los consumidores es la competencia. Cuba no tiene una política de competencia adecuada. Nunca hizo falta, pero ahora sí.

Deben estar trabajando para cambiar eso.

Se supone, yo no sé.

Foto: Roberto Ruiz

¿Cree que la eliminación total del bloqueo estadounidense a Cuba mejoraría sustancialmente nuestra economía?

El relajamiento de algunos de los aspectos del bloqueo debe tener un impacto positivo sobre la economía nacional. El hecho de anunciar que Estados Unidos y Cuba están trabajando para restablecer sus relaciones diplomáticas cambia la imagen de Cuba, y la demostración es que hoy hay decenas de organizaciones empresariales y empresarios que visitan Cuba interesados nuevamente en la Isla como plaza de comercio e inversiones. La prohibición de tener relación comercial y de inversión con Estados Unidos y la persecución que el bloque ha significado y significa hacía que Cuba saliera del horizonte visual de los hombres de negocios. Una manera de medir al revés cuánto daño nos ha hecho el bloqueo es saber cuánta gente interesada en hacer negocios con Cuba ha venido desde el 17 de diciembre, y nos vamos a sorprender. Hay decenas de hombres de negocios mirando a Cuba con otros ojos.

En el corto plazo el mayor impacto del relajamiento del bloqueo estará en el turismo. Que los estadounidenses no tengan ya que pedir un permiso específico para viajar a Cuba, aunque lo hagan bajo una licencia general, puede incrementar la cantidad de personas que vengan aquí. El año pasado fueron unos 90 mil los que vinieron. La posibilidad de que la emigración cubana pueda enviar más remesas tiene un impacto grande en la demanda efectiva del país, en la capacidad de compra del cubano, y por tanto el comercio puede incentivarse, y la dinámica del comercio es una de las cosas que miden la dinámica de un país. Una parte de esos ingresos se emplean en inversiones en el sector privado, restaurantes y habitaciones, que constituyen un complemento para el turismo, dan variedad y opciones. Hasta el Ministerio de Turismo reconoce que ese sector privado es un complemento importante que refuerza la imagen turística de Cuba.

La calidad del servicio al turismo en Cuba es mala en general.

Es mala, pero el turista viene, y viene a los hoteles.

Pero el turismo estadounidense tiene fama de ser muy exigente.

Bueno, ya 92 ooo y se quedan en los hoteles. Lo que ocurre es que el producto que buscan muchos turistas norteamericanos no es el que Cuba vende, que es sol y playa, fundamentalmente. Muchas de esas personas buscan turismo de ciudad, turismo cultural. Hay turismo estudiantil, del que apenas se habla. La Universidad de La Habana tiene convenios de semestres con universitarios estadounidenses, y los servicios se los dan pequeñas empresas turísticas privadas cubanas. En un escenario sin bloqueo habría otros muchos impactos, asociados no solo al comercio y el turismo, sino además a la inversión, los servicios, la complementariedad entre las dos economías, las posibilidades de exportar, en lo que ha habido una especie de relajamiento de restricciones para el sector privado cubano hacia Estados Unidos. La reducción de los costos de importación de un grupo de productos. Hablamos del mercado más grande del mundo, de uno de los centros de producción de tecnología más grandes y dinámicos del mundo, de uno de los países de más altos ingresos per cápita del mundo. Y eso, obviamente, debe tener un impacto positivo en el país. Hay muchísimos retos en términos de aspiración de desarrollo, de evitar errores que hemos cometido, como generar una dependencia de un solo país, también en la conducción de la política económica, saber equilibrar nuestros socios comerciales. Pero no es desconocido para nuestro gobierno. Desde hace mucho tiempo esto se conoce y se asume como un reto. No hay que temer a los retos sino aceptarlos como grandes oportunidades y creo que es la percepción que prima en nuestro gobierno. Esta es una gran oportunidad para Cuba y tenemos que aprovecharla.

Vayamos al tema Internet, imprescindible para que Cuba se desarrolle, según usted mismo en un video que circuló hace dos años. ¿Hay algo bueno sobre eso que se les puede decir a los cubanos en este momento?

Bueno, debías preguntarle eso al Ministro de Comunicaciones. Internet es hoy, para las economías, lo que fue el ferrocarril para las economías del siglo XIX. O nos montamos en Internet o estamos suspensos. Así de sencillo. Hoy hay mucha mayor claridad en entender eso que la que hubo hace 20 años. Cuba esta entre los países mas atrasados en la expansión y el uso de Internet, a pesar del propósito político de que Internet llegue a todos y tenga un uso social importante, como parte de nuestra concepción acerca de la política del uso de Internet. Cuba tiene que dar un salto grandísimo asumiendo los riesgos y retos porque Internet no es una oportunidad sino una necesidad para el desarrollo del país, de nuestras empresas, de nuestro gobierno, sobre todo de nuestro pueblo, y es además un derecho. Un derecho ciudadano. Internet es un bien público, por encima de todo. Y en Cuba tiene que ser un bien muy público y muy utilizado porque es una de las maneras de fomentar una mayor participación en las decisiones fundamentales del país. Es un recurso que genera mayores niveles de eficiencia y que permite elevar tremendamente la competitividad de la economía nacional. Una de las grandes quejas de los turistas en Cuba es que no tienen una conexión expedita, y si el turismo se ha desarrollado tanto en los últimos tiempos es porque el turista está siempre cerca de su familia. Internet ha permitido que un turista en medio de África, observando a los leones pueda hablar con sus hijos. Internet además reduce costos, absolutamente en todo. Y permite un ahorro de tiempo que no lo permite ningún otro recurso. En los países con un uso amplio de Internet, sus ciudadanos pagan por ahí sus cuentas, hacen sus reservaciones de aviones, consultan con su médico, y acceden a muchos otros servicios de trámites. Hay ahora un esfuerzo grande en Cuba para hacer un portal para que la población pueda acceder a servicios y trámites. Pero se necesita que el ciudadano tenga Internet en su casa, en su teléfono, y con una conexión barata, que pueda pagar con su salario.

No es el mejor de los ejemplos, pero el país mejor conectado del mundo es Corea del Sur. Un ciudadano allí invierte, para pagar la conexión de Internet del año, el salario de un día. El cubano que pretenda pagar la conexión de un año, conectándose dos horas diarias por la tarifa actual de ETECSA, necesitaría 10 dólares, es decir, 250 pesos cubanos diarios, que, multiplicados por 365 días, serian el salario de 10 años. Por lo tanto, es imposible. Nosotros tenemos que llegar a eso. Y cuanto antes. Nos falta infraestructura, tecnología, tiene que haber más compañías, para que haya competencia. El mundo de las comunicaciones es muy competitivo, donde constantemente aparecen nuevos productos y servicios. Nosotros podemos esperar todo el tiempo, pero el tiempo no espera por nosotros.

Foto: Roberto Ruiz