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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

viernes, 27 de octubre de 2017

Hágase la luz, con energía renovable

Un gran vuelco y muchos beneficios, supone sustituir casi una cuarta parte de la generación de energía eléctrica que obtiene Cuba hoy, mayormente del petróleo, por la que pueden proveer fuentes naturales como el viento, el sol, la biomasa y el agua



Montaje de paneles en el parque solar fotovoltaico El Pino, de Cienfuegos. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Por HERIBERTO ROSABAL, Bohemia

El sector energético cubano se sacude el esqueleto y planea su renovación. Consciente de su importancia, hace balance de costos y beneficios, y anota entre los primeros los altos precios internacionales del petróleo -que en Cuba en gran medida se importa-; los efectos contaminantes de ese combustible fósil agotable; la obsolescencia tecnológica de las plantas de generación de electricidad y las demandas crecientes del desarrollo económico y social.

Como mismo se realizan esfuerzos para no depender de un solo mercado, una única fuente de financiamiento y un reducido número de productos de exportación, se trata de diversificar las fuentes de energía, así como de incrementar la eficiencia de las que hoy están en uso, pues, aunque se desee, todavía no es posible “jubilarlas”.

Bajo esos fundamentos, el Gobierno cubano aprobó, en junio de 2014, la Política para el desarrollo perspectivo de las Fuentes Renovables y el uso eficiente de la energía (FRE) para el periodo 2014–2030, la cual busca transformar la estructura de las fuentes energéticas, disminuir la dependencia de los combustibles fósiles y elevar la sostenibilidad medioambiental en el país.

El programa para cumplir tales objetivos contempla incrementar la participación de las FRE en la generación eléctrica desde un cuatro hasta un 24 por ciento; producir 7 316 gigawats/hora (GW/h) al año con esas fuentes; sustituir 1.75 millones de toneladas de combustible por año y dejar de emitir a la atmósfera seis millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2), también anualmente.

Los ingenieros Tatiana Amarán Bogachova, directora general de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas (Minem), y Ovel Concepción Díaz, director de Generación mediante Fuentes Renovables, de la Unión Eléctrica, perteneciente también al Minem, explicaron a BOHEMIA pormenores de la implementación de esa política.

Antes, en breve intercambio, el ingeniero Alfredo López Valdés, titular del Minem, nos comentó, optimista, que esta es la tarea más importante que realiza ese ministerio y destacó, entre otros aspectos, que de los proyectos de energía eólica y fotovoltaica previstos en los planes ya están garantizados, es decir, con financiamiento seguro, más de la mitad.

Camino al 24 por ciento

El ministro de Energía y Minas, Alfredo López Valdés (2do. de izquierda a derecha); la directora general de Electricidad, Tatiana Amarán Bogachova, y el director de Generación mediante Fuentes Renovables, de la Unión Eléctrica, Ovel Concepción Díaz, intercambian con uno de los integrantes del equipo de BOHEMIA. (Foto: LEYVA BENÍTEZ)

Para llegar al 24 por ciento de generación propuesto en 2030 mediante fuentes renovables, explicó Tatiana Amarán, se prevé obtener 700 megawats (MW) de energía solar fotovoltaica; 633 de energía eólica y 755 de plantas bioeléctricas que usarán como combustible bagazo de caña o biomasa forestal (marabú, por ejemplo). Estas últimas se construirán en centrales azucareros, los cuales aportan hoy entre 70 y 90 GW/h al Sistema Electroenergético Nacional (SEN), mientras están en zafra.

“Para eso (los 755 MW) hace falta algo más difícil de obtener que el sol y el viento: la caña”, observa la directora, quien agrega que, además, se prevé la instalación de 74 minihidroeléctricas –pequeñas porque Cuba no tiene grandes recursos hídricos–, con una potencia total de 56 MW.

En cuanto al uso eficiente de la energía, está prevista la instalación de cuatro nuevas unidades generadoras, es decir, nuevas termoeléctricas, de 200 MW cada una, que producirán electricidad a partir de crudo nacional.

Aunque parezca contradictorio invertir en termoeléctricas y seguir utilizando combustible fósil, y a la par desarrollar fuentes renovables, no lo es –aclara la ingeniera– si se consideran dos elementos compensatorios importantes: el uso de crudo cubano, en lugar de importado, y la modernidad y eficiencia de las máquinas, que hoy no pasa de un 30 o 33 por ciento. “Con la misma cantidad de combustible utilizada ahora se generará más energía”, asegura.

Las cuatro máquinas se adquirirán con un crédito gubernamental ruso de 1 200 millones de dólares, ya acordado. Una empresa cubana y otra rusa subcontratarán a los ejecutores del proyecto, que se realizará en ocho años. Para 2022 deberá estar lista la primera unidad, en la termoeléctrica de Santa Cruz del Norte.

Actualidad y perspectiva

A pedido de BOHEMIA, y para que el lector compare lo que ya hay con lo que se planea sumar, la ingeniera explica que Cuba tiene una potencia de generación instalada de 5 870 MW, de los cuales 2 588 se produce en centrales termoeléctricas, cifra que aumentará en un 30.9 por ciento con las cuatro nuevas máquinas mencionadas. La demanda máxima absoluta nacional es de 3 318 MW por lo que, como se puede apreciar, la capacidad para satisfacerla es mayor.

La especialista aclara la diferencia entre potencia, demanda y consumo, e ilustra con el ejemplo de una plancha eléctrica que tiene una potencia de 1 000 watts, o sea 1 kilowat (KW), y eso es lo que demanda para poder funcionar, pero no es su consumo, que se mide en kilowatts/hora (KW/h) y que puede ser más, o menos, según el tiempo de uso. Tema sencillo, y complejo a la vez, del cual quizá debería enseñarse lo básico desde temprano en la escuela.

También está planificada –añade– la instalación en Matanzas de un primer ciclo combinado de 540 MW, que representará casi el doble de la generación actual por esa vía. El ciclo combinado, explicaron ambos directivos, consiste en la recuperación de los gases que en una termoeléctrica normalmente escapan a la atmósfera. Aquí se retienen, son devueltos a una caldera y usados para producir electricidad.

Esa nueva instalación quemará gas natural licuado, más noble que el crudo y más barato que el diesel. La construirá una empresa mixta integrada por dos compañías extranjeras y por las cubanas Unión Eléctrica y Cuba-Petróleo (Cupet)



Estructura de la matriz energética cubana en 2013, cuando las fuentes de energía renovable representaban un 4,6 por ciento. (Gráfico: cubadebate.cu).

Además, se recuperará un bloque de 100 MW de la termoeléc-trica de Mariel y será rehabilitada una unidad, la Número 1, de la termoeléctrica de Felton, en Holguín, con sendos créditos eslo-vacos, lo que hará más eficientes ambas instalaciones.

Con cambios como esos disminuirá el consumo de petróleo para generar un KW/h, aproximadamente de 270 a 240 gramos, observa la directora, quien agrega que en Cuba el consumo eléctrico es mayor en el sector residencial, donde representa un 56 por ciento y crece a un ritmo anual del dos por ciento.

“Si no se hiciera esto que explicamos llegaría un momento en que no tendríamos instalada la potencia necesaria para afrontar la demanda creciente. De modo que la Política también garantiza que no se produzca un déficit de generación en el Sistema Electroenergético Nacional”.

La Política, que además persigue reducir la dependencia de la importación y dar mayor uso al crudo nacional, fue aprobada bajo los principios de costear los proyectos con el ahorro de combustible que estos logren y de utilizar financiamientos externos, por lo cual muchos se realizan al amparo de la Ley de Inversión Extranjera.

Fuentes esperanzadoras

Ovel Concepción precisa los proyectos de fuentes renovables y su estado actual. La generación mediante energía eólica (obtenida a partir de la fuerza del viento) prevé 14 parques, que representarán 623 MW. Tres se construirán con créditos gubernamentales: Herradura I y Herradura II, en Las Tunas, financiados por China, y Río Seco I, en Holguín, con fondos de la India.

Otros 11 serán edificados mediante inversiones extranjeras: cuatro en Maisí, Guantánamo (Punta Fraile I y II, y Punta Quemado I y II); cinco en Holguín (Gibara III, Los Jagüeyes, Río Seco II, Cabo Lucrecia y Punta de Mulas); uno en Las Tunas (Manatí) y uno más en Camagüey (Playa Piloto).

Cuba genera actualmente 11.5 megawats en parques eólicos instalados en la Isla de la Juventud, Ciego de Ávila (Turiguanó) y Holguín (Gibara I y II). Todos los demás antes mencionados están por hacer, aunque en estado avanzado de negociación con partes extranjeras -los que se construirán por esa vía-, y con la inversión iniciada los de Herradura I y II, que dependen de la gestión estatal.

En estos últimos se trabaja en los viales, aseguramiento logístico, acondicionamiento del puerto de descarga, plantas de dosificación de hormigón (batching plants), y estudios de ingeniería y limpieza de suelos de los lugares donde se instalarán los aerogeneradores.

A los inversionistas extranjeros, una vez que empiecen a funcionar los parques que construyan, se les comprará la energía, y cuando hayan recuperado su inversión y obtenido sus utilidades, esas instalaciones pasarán a formar parte del patrimonio nacional.

Un total de 14 parques eólicos se construirán, casi todos en la región oriental, donde los vientos son más constantes y fuertes. En la foto, el parque de Los Canarreos, en la Isla de la Juventud. (Foto: CORTESÍA DE LA UNIÓN ELÉCTRICA).

“En 2018 y 2019 vamos a estar inmersos en la construcción de los dos primeros parques”, dice Ovel Concepción, mientras la directora de Electricidad da una primicia: con el ritmo que llevan estos y los demás proyectos relacionados con las FRE se puede adelantar cinco o seis años la meta del 24 por ciento de generación de electricidad por esta vía. Eso sin contar que, desde antes, progresivamente, se irá percibiendo el cambio y recibiendo el beneficio.

“De hecho, ya hoy no tenemos un cuatro por ciento de generación mediante estas fuentes, sino más de un cinco por ciento”, agrega la ingeniera, mientras su compañero ejemplifica que de los 700 MW que se prevé obtener a partir de la energía fotovoltaica, este año se lograrán más de 100.

Cuando calienta el sol

La Política concibe la obtención de la cifra antes señalada de 700 MW en parques solares fotovoltaicos (PSF), pero están microlocalizadas áreas para instalar 750 o más, de los cuales 350 serían con inversión estatal y el resto con inversión extranjera.

Según Ovel Concepción, en esta fuente se trabaja más intensamente desde 2013, año hasta el que existían unos 9 000 de estos sistemas en escuelas rurales, viviendas aisladas y otras ubicaciones parecidas. Entre 2013 y 2016 se contaba ya con 37 megawats, en 22 parques.

“Actualmente trabajamos en 59 parques, de los cuales a fin de año tendremos sincronizados 32, con más de 80 MW, lo que será el doble del año anterior. Y para el 2018 prevemos 54, con más de 95 MW, por lo que cerraríamos con una potencia de más de 200 MW, sumando todo lo instalado hasta entonces.

De los más de 750 MW de esta fuente, propuestos hasta 2030, se realizarían con inversión estatal 350 y con inversión extranjera el resto. Los primeros ya cuentan con el financiamiento necesario y los parques que los generarán estarán terminados en 2019. Eso supondría la mitad del programa general de este tipo de energía.

Está proyectado incrementar en 50 MW la capacidad de la fábrica de paneles solares de Pinar del Río, que hoy aporta el equivalente a 15 MW, pero, por la magnitud de los planes, incluso así no dará abasto y habrá que seguir importando paneles.

De los que se harán con inversión extranjera ya han sido adjudicados un proyecto de 100 MW, en Pinar del Río, Artemisa, Mayabeque y Matanzas, a tres compañías extranjeras, y otro, de 50 MW, en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel. Quedan 200 MW en oferta, disponibles para negociar.

En relación con la venta de paneles solares a la población, los entrevistados explican que está concebida en la Política, pero todavía no puede incluirse en los planes de la economía la compra de materia prima para fabricarlos, o su importación.

Esta fuente alternativa de energía ha sido utilizada para electrificar viviendas aisladas. Hoy faltan por contar con ese beneficio algo más de 12 mil viviendas en esas condiciones, que deben recibirlo entre este año y el próximo. Para ello serán electrificadas mediante un sistema modular que cuenta con dos baterías y alcanza para encender un televisor y cuatro puntos de luz. A cada casa se le entrega su panel y cinco lámparas de luz fría LED.

Energía dulce



Para aumentar la eficiencia de la generación en termoeléctricas se prevé instalar tres ciclos combinados que en conjunto sumarán 1 400 MW, el primero en Matanzas y los otros dos Mayabeque y Artemisa. (Gráfico: CORTESÍA DEL MINEM).

Las bioeléctricas no son del Minem, sino del grupo empresarial Azcuba, responsable de su ejecución, pero están igualmente incluidas en la Política, que en un principio concebía 755 MW en 19 de esas instalaciones, pero, estudios mediante, las cifras aumentaron y la perspectiva actual es de 872 MW en 25 plantas (cuatro con inversión estatal y el resto inversión extranjera).

Hoy se trabaja en 11 plantas, incluyendo las cuatro estatales, de las cuales las primeras son las correspondientes a los centrales Jesús Rabí, en Matanzas, y Héctor Rodríguez, en Villa Clara. Se labora en las obras inducidas -viales, logística y demás- y están firmados los contratos entre las empresas de Azcuba y los suministradores, para adquirir los insumos y equipos necesarios tan pronto se activen los créditos.

La bioeléctrica del Rabí debe estar lista en 2019 y la del Héctor Rodríguez en 2020, ambas financiadas con créditos de entidades chinas. Las otras dos, correspondientes al central 30 de Noviembre, en Artemisa, y al Uruguay, en Sancti Spíritus, serán respaldadas con créditos procedentes de la India y deben concluirse en 2020.

En el central Ciro Redondo, de Ciego de Ávila, la empresa mixta Havana Energy construye la primera bioeléctrica en la que participa la inversión extranjera, representada en este caso por una compañía británica que utilizará financiamiento chino. Las demás, de las primeras siete previstas por esta vía, se negocian con potenciales socios, en primer lugar la del central Brasil, en Camagüey, pactada con la empresa eslovaca AZC.

“Todas se harán con empresas mixtas en las que estará representado Azcuba por alguna de sus entidades; ninguna será con inversión totalmente extranjera. La Unión Eléctrica les compraría la energía, bajo la premisa de que el precio de la obtenida de estas nuevas fuentes siempre será menor que lo que nos cuesta la generada convencionalmente”, precisa Tatiana Amarán.

Hacer realidad todos los proyectos concebidos para implementar la Política y cumplir sus objetivos implica, entre otros grandes esfuerzos, la importación de recursos con un valor total calculado en 6 200 millones de dólares, lo que evidencia el alto costo de la transformación -aun así insoslayable- y explica el énfasis en acudir a la inversión extranjera.

Eficiencia, también en el consumo

En su objetivo de lograr mayor eficiencia, la Política no solo atiende a la generación, sino también al consumo. A tal efecto se prevé la instalación de 13 millones de lámparas con tecnología LED –incluyendo 250 000 en el alumbrado público– y la sustitución de dos millones de cocinas de resistencia por cocinas de inducción, con prioridad para las familias que reciben asistencia de la Seguridad Social.

También contempla el uso de 100 000 metros cuadrados de calentadores solares en el sector residencial e igual cantidad en el no residencial.

Contra huracanes y otros riesgos

-Los parques eólicos están diseñados para soportar vientos de 220 kilómetros por hora, de modo que pueden aguantarle el golpe a un huracán categoría cuatro, siempre que se tomen las medidas indicadas para el caso, las cuales no implican, necesariamente, desmontar los aerogeneradores.

-Ante un huracán de categoría cuatro o cinco, de acuerdo con la experiencia vivida durante el azote del Matthew (2016), se desmontan los paneles del parque solar fotovoltaico, se organizan en estibas, bien atados con cintas textiles y ubicados donde no les dé el viento. Si el ciclón es menos intenso, no se desmontan, sino se protegen las primeras filas de paneles con las mencionadas cintas, para que el aire no los desprenda.

-Se han creado brigadas y manuales de trabajo para asegurar el mantenimiento de las nuevas instalaciones de fuentes de energías renovables; se realizan acciones de capacitación y se aseguran piezas de repuesto.

De las mini, sacar el máximo

En Cuba hay instalados alrededor de 65 MW en pequeñas centrales hidroeléctricas (PCHE). Del potencial identificado el equivalente a 56 MW, a partir de presas ya existentes y de algunos trasvases nuevos.

De 74 proyectos, en 2016 se terminó el primero, una PCHE de 2.9 MW en la margen derecha del trasvase este-oeste de Mayarí, Holguín, mientras en la margen izquierda se construye otra de 1,1 MW. También en la presa Alacranes, de Villa Clara, se ejecuta una, de 2.15 MW.

Otros 34 proyectos, del total antes mencionado, se realizarán a partir de un crédito concedido por Kuwait, ya aprobado. De estos, unas 14 PCHE serán construidas entre 2018 y 2019.

Amenazas de la lentitud


Tras la aprobación de la Ley de Inversión Extranjera en 2014, se han firmado inversiones foráneas prometedoras en ámbitos como el energético, el turismo y la minería, aunque el monto del capital pactado todavía es bajo


27 de octubre de 2017 00:10:32


La Zona Especial de Desarrollo Mariel es uno de los enclaves más importantes para la inversión extranjera. Foto:Ricardo López Hevia

El capital extranjero entra a Cuba con una cachaza que contradice las urgencias de nuestra economía. Contradice incluso la voluntad política expresa de asumir esas inversiones no como transfusión de socorro médico, sino como pulmón, componente lógico del modelo económico en desarrollo.

En un gesto concreto, el Parlamento convocó en abril del 2014 a una sesión extraordinaria, a fin de aprobar una Ley de Inversión Extranjera que respondía a una postura política novedosa en Cuba. La reacción posterior, sin embargo, no ha revelado todo el dinamismo que podía esperarse de aquella prisa legislativa y que le urge a la economía cubana para tomar impulso. La intención aparece con más nitidez en la letra –legislación, política afín y documentos del VI Congreso del Partido– que en el desempeño de estos años.

Aunque se han firmado inversiones foráneas prometedoras en ámbitos como el energético, el turismo y la minería, el monto del capital pactado todavía es bajo. En el Plan Nacional de la Economía del presente año las compañías extranjeras apenas asumen un 6,5 % de toda la actividad inversionista prevista, ligeramente superior a 7 800 millones de dólares, a juzgar por datos preliminares informados por el ministro de Economía, Ricardo Cabrisas, al cierre del primer semestre.

Las firmas extranjeras habrán financiado, en tal caso, unos 510 millones de dólares de inversión este año, monto aún muy alejado del ideal de 2 000 millones o 2 500 millones estimado por el gobierno como participación foránea necesaria para que la economía cubana crezca a un buen paso. 

La experiencia de otros países indica, además, que cualquier sueño de desarrollo necesita de inversiones equivalentes al 20 % del producto interno bruto (PIB) o más, entre las nacionales y las extranjeras. En Cuba esa tasa todavía oscila en torno al 10 % del PIB.

Cabrisas envío una señal alentadora en julio pasado cuando informó a los diputados que en los primeros seis meses del 2017 el gobierno dio luz verde a 11 nuevos proyectos de inversión extranjera directa y a reinversiones en otros dos negocios en marcha. El financiamiento total acordado para su ejecución en los próximos años pasa de 1 346 millones de dólares. Similar cantidad había pactado el país con empresas foráneas en los dos años y medio previos, desde que entró en vigor la Ley 118 de Inversión Extranjera. Aunque ganan velocidad, todavía los capitales externos entran con lentitud.

¿Por qué no despegan con saldo más tangible? Entre los obstáculos, el bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba amenaza con adquirir cualidad casi eterna, a juzgar por el retroceso que imprime el presidente Donald Trump a la normalización de relaciones entre ambos países. Desconocer los costos del bloqueo sería ingenuo, si no hipócrita, como dijo una vez el expresidente ecuatoriano y economista Rafael Correa. Pero los negocios con firmas extranjeras alcanzaron en Cuba una clara expansión a fines de los años 90, con récord de empresas mixtas y contratos de inversión en el 2002, cuando la persecución financiera y comercial de EE.UU. era igual de sañuda que en el presente. Por más que sean costosas, existen maneras de sortear las trampas y tropelías de Washington.

Igual o más atención merecen otros obstáculos, internos, que dilatan los trámites de cualquier inversión. A pesar de disposiciones legales para reducir los plazos de negociación, persisten enredos burocráticos que se entrelazan con deformaciones del entorno bancario y financiero nacional, como la nociva dualidad monetaria y cambiaria; pueden retardar las gestiones y desmotivar no solo a los empresarios extranjeros. Las empresas cubanas muchas veces carecen de conocimiento, entrenamiento y motivación suficiente para enredarse en asuntos que pueden implicar más responsabilidad que beneficio inmediato para la organización empresarial y sus trabajadores.

Las facilidades tributarias a los inversores, otras iniciativas proactivas como la Zona Especial de Desarrollo Mariel, y la creación de condiciones logísticas y de infraestructura, confirman el compromiso cubano con esta alternativa y prometen atenuar el efecto de los bloqueos externos e internos.

Dudas, temores al fantasma del mercado y sordas resistencias internas se adivinan en la dilatación de las negociaciones y en trabas a los empresarios extranjeros para contratar personal y servicios cubanos. La «mentalidad obsoleta llena de prejuicios contra la inversión foránea», criticada por el General de Ejército Raúl Castro, perderá calado a medida que las inversiones foráneas confirmen su mérito como sostén clave –no mero complemento– de sectores fundamentales para el desarrollo.

La senda socialista que algunos temieran perder por la alianza con capital extranjero corre riesgo real de fracaso si Cuba no construye, y administra soberanamente, vías para un desarrollo económico que otorgue puntal a los valores morales y de justicia social que le son inherentes al sistema. Sin prosperidad, el socialismo será siempre una utopía.

Keiser: "EE.UU. desatará una guerra para detener la aparición del 'petroyuán'"

Publicado: 26 oct 2017 20:42 GMT

La inminente aparición del 'petroyuán' es un paso muy audaz por parte de China, ya que EE.UU. no abandonará la base de su hegemonía —el dólar como moneda de reserva mundial— sin luchar.


Paul Yeung / Reuters

El plan chino de lanzar un contrato petrolero denominado en yuanes antes de fin de año está acompañado de rumores de que el gigante asiático será un gran comprador de las acciones de la petrolera estatal saudí Aramco.

"Todo esto empieza a cobrar sentido, desde un punto de vista geopolítico, en el sentido que China, Rusia y los saudíes están buscando escapar del dólar estadounidense, de su hegemonía", ha declarado el analista financiero Max Keiser en una entrevista concedida a la redacción de RT en inglés.

No obstante, Keiser recuerda que los países que "intentaron salir de la matriz del petrodólar han acabado terriblemente mal". "Saddam Hussein quería intercambiar petróleo por euros y lo mataron, Muammar Gaddafi quería intercambiar su energía por algo distinto al dólar estadounidense: lo mataron", añade el analista.

Al mismo tiempo, China tiene la determinación y los recursos para llevar a cabo la desdolarización y, además, cuenta con el respaldo de varios países importantes que son "resistentes al cártel financiero de EE.UU.", concretamente Rusia e Irán, ha destacado el anfitrión del programa financiero de RT 'Keiser Report'.

Es más, países de todo el mundo están cansados de financiar el "aventurismo militar" de EE.UU. al ser parte del "Imperio de la deuda" y por lo tanto es probable que se unan al movimiento de desdolarización, cree el analista.

La guerra como medio para mantener la hegemonía de dólar

Es poco probable que el sector financiero estadounidense y su complejo industrial militar abandonen la hegemonía del dólar sin luchar, ya que el dólar es a la vez la base y el producto principal de EE.UU. Y Washington, opina Keiser, utilizará su otra herramienta favorita para lograrlo: la guerra.

"Tal vez inicien una guerra entre Japón y China, y quizás inicien una guerra con Corea del Norte". EE.UU. hará lo que sea para mantener el dólar estadounidense como la moneda de reserva mundial", opina el analista.

EE.UU. "invadirá países como Afganistán, no se detendrá ante nada. Porque esta es la base del imperio de EE.UU. No se basa en la tierra, no se basa en bienes materiales, se basa en la búsqueda de rentas. Se basa en desembolsar dólares, obtener ingresos y, cuando los países no pueden pagar, desmantelar los activos y apoderarse de ellos. Lo vimos en América Latina, América del Sur, así es como EE.UU. construyó su imperio", concluye Keiser.