Ernesto Batista Sánchez
PhD Researcher at University of Limerick
11 de febrero de 2026
Un amigo me envía esta mañana un enlace a un reporte de prensa en el que se menciona que Air Canada ha decidido cancelar sus vuelos a Cuba y comenzar las operaciones de repatriación de sus turistas canadienses en la isla. El mensaje viene acompañado de un comentario: ¿qué impacto va a tener esto en el turismo? Y aunque hablar de turismo en un momento de crisis tan profunda en la vida del cubano de a pie —que es, en definitiva, lo verdaderamente importante en esta situación— resulta complejo, intento que estas líneas sean un ejercicio de reflexión académica para comprender no solo la crisis actual, sino también otros elementos más estructurales del turismo en Cuba. Este texto está desarrollado para un público no familiarizado con la industria, y mis ideas intentan reflejar, de forma sencilla, mis principales argumentos. Análisis profundos, respaldados por abundantes datos, existen en la actualidad, y siempre recomiendo tres autores para ello: Pedro Monreal (El Estado Como Tal), Humberto Herrera (Cuba y la Economía) y Omar Everleny (La Joven Cuba).
Dicho esto, vamos al tema.
El turismo cubano atraviesa hoy uno de los momentos más críticos de su historia reciente. No se trata de una crisis coyuntural ni de un simple ciclo negativo asociado únicamente a factores externos (estos son más bien la gasolina arrojada al fuego ya existente), sino de la convergencia de múltiples fallas estructurales que, acumuladas durante años, han terminado por colocar al sector en una situación de extrema vulnerabilidad. Los acontecimientos más recientes, particularmente los vinculados al colapso energético y a la conectividad aérea, no hacen sino acelerar un proceso de deterioro que venía gestándose mucho antes. Al cierre de 2025, así lucen las cifras de llegadas de visitantes internacionales a la isla caribeña.
El acceso aéreo: cuando una isla queda aislada
En un país insular, el acceso aéreo no es una variable más dentro del sistema turístico: es su condición básica de existencia. El anuncio del gobierno cubano de que no dispone de combustible suficiente para garantizar las operaciones de la aviación ha provocado, en cuestión de días, la suspensión de vuelos por parte de varias aerolíneas internacionales. Sin conectividad aérea estable, el destino queda prácticamente desconectado de sus mercados emisores. Este hecho constituye un golpe crítico —y potencialmente definitivo— para el turismo cubano mientras no se restablezcan condiciones mínimas de operación.
Más allá del impacto inmediato en las cifras de llegadas, la cancelación de rutas introduce un elemento particularmente dañino: la pérdida de confianza. Para aerolíneas, turoperadores y viajeros, Cuba comienza a percibirse como un destino impredecible, sujeto a interrupciones repentinas y ajeno a los estándares mínimos de planificación que exige el turismo internacional.
La imagen del destino: una crisis acumulativa
Todos estos elementos dejan una huella profunda sobre la imagen del destino. Desde el punto de vista de la percepción turística, Cuba enfrenta desde hace al menos dos años una crisis de reputación, asociada a los apagones prolongados, la crisis sanitaria, la inestabilidad del suministro eléctrico y, más recientemente, al aumento de la percepción de inseguridad desde la óptica del operador turístico. Esta acumulación de factores genera un escenario de incertidumbre estructural que no beneficia en nada al destino y erosiona uno de los activos más difíciles de reconstruir: la confianza.
Aunque aún es temprano para medir los efectos de largo plazo de esta crisis sobre la imagen turística del país, el impacto mediático ya es evidente. La coyuntura actual no solo ha vuelto a colocar en primer plano la narrativa de que el gobierno estadounidense, bajo la Administración Trump, estaría bloqueando el acceso de Cuba a fuentes de petróleo y amenazando con sanciones a terceros países, sino que también ha ampliado el foco informativo hacia las crisis económicas y estructurales internas que atraviesa la isla.
Esta cobertura ha tenido especial visibilidad en los principales mercados emisores —Canadá, Europa y mercados potenciales— reforzando una narrativa en la que la experiencia turística aparece como frágil, vulnerable y altamente dependiente de factores externos. Para un sector que se basa en la anticipación, la estabilidad y la promesa de una experiencia controlada, este es uno de los daños más severos.
Energía y operación: el colapso del día a día
El problema del combustible no se limita a la aviación. Afecta directamente la operación hotelera, el transporte interno, las excursiones, la climatización, el suministro de agua y los servicios básicos. El turismo es una industria intensiva en energía y, sin un suministro estable, la experiencia del visitante se deteriora rápidamente, incluso en los principales polos turísticos. Los constantes colapsos del sistema eléctrico cubano durante 2024 y 2025 han tenido amplia repercusión en los medios de prensa internaciones.
La consecuencia inmediata es una pérdida de competitividad frente a otros destinos del Caribe que, aun enfrentando desafíos, ofrecen mayor estabilidad operativa.
Resultados y temporalidad: la crisis en plena temporada alta
Los resultados del turismo hacia Cuba al cierre de 2025 confirman un decrecimiento sostenido en los volúmenes de visitantes, prolongando una tendencia negativa que ya se había manifestado con fuerza en 2023 y 2024. Más significativo aún es que los niveles de llegada no han logrado recuperar los valores previos a la pandemia, lo que evidencia un problema estructural y no meramente coyuntural.
La gravedad de la situación actual se acentúa por el momento en que se produce: en pleno corazón de la temporada alta, cuando tradicionalmente se concentra el mayor volumen de turistas internacionales hacia la isla. Que una contracción de esta magnitud ocurra precisamente en el período de mayor demanda hace particularmente complejo anticipar el comportamiento del sector en los meses siguientes y añade un elevado nivel de incertidumbre a cualquier ejercicio de proyección.
Aventurarse a realizar predicciones concluyentes resulta arriesgado, sobre todo ante la falta de información sobre los movimientos políticos y las negociaciones que puedan estar produciéndose tras bambalinas. Pero el panorama es desalentador en el corto y mediano plazo.
Un problema anterior a la crisis actual
No obstante, sería un error interpretar la situación actual como el origen de los problemas del turismo cubano. Mucho antes del COVID-19, el sector ya mostraba signos evidentes de agotamiento. La pandemia no creó estas distorsiones, sino que las aceleró y las hizo más visibles.
El economista José Luis Perelló advertía desde hace años que Cuba se encaminaba hacia una “década perdida” en materia turística y que, incluso mirando hacia 2030, las posibilidades de una recuperación sostenida eran limitadas sin un cambio profundo de paradigma. Su diagnóstico apuntaba al agotamiento de un modelo centrado casi exclusivamente en la expansión hotelera, con escasa atención al desarrollo integral del destino.
Desde una perspectiva analítica, ese cambio de paradigma pasa por una reconceptualización del ciclo turístico cubano: desplazar el énfasis de la simple construcción de hoteles hacia el desarrollo de ofertas diversificadas, la comprensión real de los nuevos perfiles de consumidores, la incorporación de tecnologías hoy ausentes en el país y, sobre todo, la provisión de experiencias auténticas, coherentes con las expectativas del turismo contemporáneo.
Conclusión: el punto sin retorno
Todos estos elementos constituían ya problemas reales del turismo cubano antes de la crisis actual. Cuando, y si, el país logra salir de la coyuntura extrema que hoy enfrenta, el sector no podrá simplemente retomar el camino anterior.
La normalidad previa ya era, en sí misma, una forma de crisis.
Por ahora, la situación actual parece representar la puntilla final al ataúd de un sector que llevaba años mostrando signos de agotamiento, sin capacidad real de recuperación. Los acontecimientos recientes no crean el colapso, pero sí lo profundizan y lo aceleran, colocando al turismo cubano ante uno de los momentos más críticos —y definitorios— de su historia
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El turismo no es lo único agotado. Para no variar, la población está agotada, cansada, hastiada, aburrida, ignorada y muchos adjetivos negativos más. Cambiar hacia un estado más proactivo de los ciudadanos requiere que sean reconocidos como tales, dejar de ser un atajo de individuos tristes, silenciosos, asustados de lo que viene de afuera, también de cuidarse de lo de adentro y unas cuantas cosas más, algo más que tener ciertos beneficios sociales, mejorar la alimentación y el transporte.
ResponderEliminarPor lo que he investigado, ya desde el 2009 las cifras del turismo eran inquietantes y aconsejaban un desarrollo intensivo, no extensivo, como ocurrió. La actual crisis es, efectivamente. la puntilla para el ataúd.
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