Por Jorge Gómez Barata
Estados Unidos está en guerra; esta vez contra Estados Unidos. Donald Trump puede fantasear con que ha terminado ocho o más guerras, lo cual es dudoso; lo seguro es que ha iniciado una, la más destructiva y peligrosa de todas. Se trata de la guerra contra su propio país en la cual, en lucha fratricida enfrenta a su población, sus instituciones y los ideales originales expuestos en la Declaración de Independencia.
Equivocado, Trump carga contra las prácticas y los valores que, prevaleciendo sobre máculas, equívocos e injusticias, forjaron las luces y sombras de la grandeza de los Estados Unidos.
Trump está en guerra contra los integrantes del Partido Demócrata, aunque esta vez no se trata de una disputa electoral sino conceptual; en todo caso, lo que se elige es el modelo de país que quieren los estadounidenses, uno como el que legaron sus mayores y que fue el más liberal y acogedor del mundo o como el que promovió el senador McCarthy, cuando los norteamericanos se persiguieron y delataron unos a otros y la mala fe envenenó a la nación.
Trump hace la guerra contra los migrantes legales e indocumentados; decenas de millones de personas que, durante medio milenio, desde todo el mundo, en calidad de colonos y emigrantes, arribaron a las colonias que luego fueron los Estados Unidos y que, con el tiempo y el trabajo, forjaron la primera nación multicultural del hemisferio que, orgullosa y tolerante con los llegados de fuera, asimiló el credo de considerarse ellos mismo, una orgullosa nación de emigrantes: “Tierra de los bravos y hogar de los valientes”.
Los colonos y los emigrantes no fueron nunca invasores ni transgresores, sino precursores y forjadores que desbrozaron los montes, labraron la tierra, trazaron los caminos y horadaron las montañas por los que avanzó el progreso. Ellos no fueron nunca indiferentes, sino parte en la lucha por la independencia y con impar heroísmo, libraron las batallas de la nación y las guerras de sus élites.
Trump hace la guerra a la Constitución, la única que ha resistido la prueba del tiempo y durante más de 200 años ha estado vigente y a pesar de guerras y crisis, incluida la más violenta y devastadora guerra civil de todos los tiempos, ha prevalecido para preservar los derechos y las libertades.
Europeos y latinoamericanos, quienes mejor los conocen, perdonaron a los Estados Unidos por demorar casi cien años la abolición de la esclavitud, momento en que entronizaron la segregación racial y durante casi otro siglo practicaron la primera versión del apartheid: “Iguales pero separados”.
También fueron indulgentes ante los desmanes intervencionistas en América. Europa respetó y admiró a los Estados Unidos, aun cuando demoraron en definir su posición e intervenir en la Primera Guerra Mundial y, otra vez fueron lerdos cuando, al aplazar con diferentes pretextos, la definición frente al fascismo y sólo intervinieron en los combates de la II Guerra Mundial, después de que Japón atacó Pearl Harbor en 1941.
Con sus discursos y sus actos, Donald Trump se define como un peligro para la humanidad. En primer lugar, para sus ciudadanos, para sus adversarios y para los países vecinos. Como mismo invadió a Venezuela, secuestró a su presidente y lo llevó a Nueva York donde es juzgado, puede sugerir la invasión a Groenlandia, la incorporación de Canadá, la apropiación del Canal de Panamá, la intervención con sus tropas en México, el bloqueo naval al comercio energético de Cuba y el exterminio de Irán.
Con acciones de la trascendencia de la agresión a Venezuela a cuyas otrora poderosas autoridades nacionales ha maniatado, incorporando la cooptación a su sistema político, Estados Unidos ha llegado al extremo de que sea su Departamento de Energía quien concede las licencias para la venta de su petróleo, relacionando además a los países con los cuales no puede negociar.
Un nuevo peligro amenaza, incluso a países tan tranquilos y amables como Canadá, Holanda y México, todos aliados suyos que nunca han molestado a nadie. Al terrorismo instalado desde hace años en el ámbito internacional, se ha sumado otra amenaza: los Estados Unidos que, en un acto de autofagia, pueden devorarse a sí mismo y devorar a otros. Allá nos vemos.
Febrero 2026. Publicado por el diario ¡Por esto! Al reproducirlo indicar la fuente

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