Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

viernes, 19 de julio de 2019

El ‘hombre del déficit’ y las elecciones de 2020

Es probable que el impulso económico motivado por el desfase presupuestario haya llegado demasiado pronto para ayudar políticamente a Trump




La rebaja fiscal ha permitido a muchas empresas de Wall Street recomprar grande paquetes de acciones propias JOHANNES EISELE AFP

He oído a varias personas insinuar que las elecciones de 2020 serán una especie de prueba: ¿puede un presidente lo bastante horrible perder unas elecciones a pesar de la bonanza de la economía? Y esa es, en efecto, la prueba que pasaríamos si las elecciones fuesen mañana. Por una parte, Donald Trump no pierde ninguna oportunidad de recordarnos lo espantoso que es. Su última incursión en el racismo manifiesto encanta a sus bases, pero repele a todos los demás. Por otra parte, dirige una economía en la que el desempleo es muy bajo y el PIB real creció un 3,2% a lo largo del pasado año. Pero las elecciones no se van a celebrar mañana, sino dentro de 15 agotadores meses. La personalidad de Trump no va a cambiar, a menos que sea a peor, lo cual es posible. Pero la situación de la economía podría ser significativamente diferente.

Hablemos entonces de la economía de Trump. Lo primero que tienen que saber es que su bajada de impuestos provocó un enorme aumento del déficit presupuestario, que el Gobierno prevé que alcance el billón de dólares este año, cuando en 2016 era inferior a 600.000 millones. Esta oleada de números rojos es más extraordinaria si cabe de lo que parece, porque se ha producido a pesar de la bajada del desempleo, que normalmente hace que disminuya el déficit.

Por extraño que parezca, ninguno de los republicanos que nos advertía del apocalipsis de la deuda cuando Barak Obama era presidente se ha quejado de los déficits de Trump. Es más, hasta los centristas que estaban obsesionados con la deuda federal durante la época de Obama han estado bastante calladitos. Es evidente que los déficits solo importan cuando hay un demócrata en la Casa Blanca. Ah, y la inminente crisis fiscal de la que gente como Erskine Bowles solía advertirnos sigue sin producirse: los tipos a largo plazo se mantienen muy bajos.

Se suponía que los menores impuestos elevarían la inversión empresarial; pero eso no está sucediendo

Ahora bien, las pruebas respecto a las consecuencias del déficit presupuestario son claras: proporciona a la economía un impulso durante un corto periodo de tiempo, incluso aunque nos acerquemos al pleno empleo. En cualquier caso, el repunte del crecimiento con Trump ha sido menor del esperado si tenemos en cuenta el incremento del déficit, tal vez porque la bajada de impuestos estuvo muy mal diseñada o quizás porque las guerras comerciales de Trump han desincentivado el gasto empresarial.

Pero de momento, el “hombre del déficit” está ganando al “hombre de los aranceles”. Como he dicho, el crecimiento ha sido bueno durante el último año. Pero se suponía que el recorte fiscal iba a ser algo más que un estímulo keynesiano a corto plazo. Se vendió como algo que mejoraría considerablemente el rendimiento a largo plazo de la economía; en concreto, se suponía que unos tipos impositivos más bajos para las empresas darían lugar a un enorme incremento de la inversión empresarial que, entre otras cosas, impulsaría una importante subida de los salarios. Y este importante aumento del crecimiento a largo plazo provocaría supuestamente un subidón de la recaudación tributaria, lo que compensaría el coste inicial de los recortes de impuestos.

Nada de esto está pasando. Las empresas se quedan con una parte mayor de sus beneficios, pero han estado utilizando el dinero para volver a comprar sus propias acciones, no para elevar la inversión. Los salarios están aumentando, pero no a un ritmo extraordinario, y muchos estadounidenses no tienen la sensación de estar beneficiándose de las ventajas de una economía que crece.

Y esto es probablemente lo mejor que se puede decir. No vaticino una recesión. Podría ocurrir, y estamos muy mal posicionados para reaccionar si ocurre, pero lo más probable es que solo se produzca una desaceleración a medida que desaparezcan los efectos del derroche deficitario. De hecho, si creen en los “pronosticadores del ahora” (economistas que tratan de analizar prematuramente la economía basándose en datos parciales), esa desaceleración ya se está produciendo. Por ejemplo, el Banco de la Reserva Federal de Nueva York cree que el crecimiento de la economía descendió hasta el 1,5% en el segundo trimestre.

Quizás el repunte económico impulsado por el desfase presupuestario no benefice mucho a Trump

Resulta difícil pensar de dónde podría proceder otro estímulo económico. Como los demócratas controlan la Cámara de Representantes, no habrá otra gran bajada de impuestos. Es posible que la Reserva Federal baje los tipos de interés, pero esas bajadas ya se han tenido en cuenta en los tipos de interés a largo plazo, que son los que importan para el gasto, y parece que la economía se está frenando en cualquier caso.

Lo que nos lleva otra vez a las elecciones de 2020. Los politólogos han llevado a cabo muchos estudios sobre el impacto electoral de la economía, y por lo que yo sé, todos coinciden en que lo que importa es la tendencia, no el nivel. La tasa de desempleo todavía superaba el 7% cuando Ronald Reagan logró una victoria aplastante en 1984; y era del 7,7% cuando Obama ganó en 2012. Sin embargo, en ambos casos, las cosas estaban mejorando claramente. Seguramente no va a pasar lo mismo el próximo año. Si no se produce una recesión, el desempleo seguirá siendo bajo. Pero el crecimiento económico posiblemente será mediocre en el mejor de los casos, lo que quiere decir, si la experiencia del pasado sirve de algo, que la economía no ayudará mucho a Trump y que será más o menos un elemento neutral. Y por otro lado, Trump seguirá siendo espantoso.

Los republicanos retratarán al candidato o candidata demócrata —sea quien sea— como un socialista radical dispuesto a abrir de par en par la frontera a las hordas de violadores de tez morena. Y hay que admitir que esta estrategia podría funcionar, aunque fallara el año pasado en las elecciones de mitad de mandato. Para ser sincero, me preocupan más las consecuencias del sexismo si el candidato es una mujer, y no solo el sexismo de los votantes, sino el de los medios de comunicación, que siguen midiendo a las mujeres por un rasero distinto. Pero en lo que a la economía se refiere, lo más probable es que el repunte impulsado por el déficit se haya producido demasiado pronto para beneficiar mucho a Trump.


Paul Krugman es premio Nobel de Economía
© The New York Times, 2019
Traducción de News Clips

Modalidades del trabajo a distancia


Cuando hablamos de trabajo a distancia es muy común pensar en el teletrabajo desde casa, pero hoy en día existen múltiples escenarios empresariales que provocan que no solo exista la figura del trabajador que realiza sus labores desde casa.

El trabajo a remoto es la modalidad de trabajo a distancia más común. Muchas tareas que realizan los empleados de oficinas no requiere la presencia física del trabajador en su puesto, pueden desempeñar su función conectándose a un ordenador. Las ventajas de ese sistema son muchísimas, ya que ayuda a la flexibilidad horaria, la autogestión y el no perder tiempo en desplazamientos.

Pero existen diferentes escenarios donde el trabajador no acude a la oficina y no por ello no está trabajando.

o Como hemos visto anteriormente todos los trabajos que se pueden realizar en casa a través de un ordenador. Con solo acceder a Internet el trabajador puede estar conectado con sus compañeros a través de chats o mensajería. Se apuesta por esta modalidad en sectores tecnológicos como la programación de webs.

o Trabajadores que tienen metas u objetivos a cumplir. Si un trabajador mide su rendimiento a través de objetivos o metas y no de horas trabajadas podría trabajar fuera de la oficina siempre que cumpla con su cometido. En este caso se aplica una tipo de horario flexible total.

o Comerciales que se desplazan fuera de la oficina para trabajar. Existen diferentes figuras dentro de la empresa que la naturaleza de su trabajo les hace salir fuera de la oficina.

o En empresas con diferentes oficinas pero no diferentes departamentos de Recursos Humanos. Cuando el responsable de Recursos Humanos no está presente para controlar el fichaje de entrada y salida de los trabajadores. Este caso no es muy frecuente pero también puede darse en las empresas actuales.

Muchas de las actividades diarias que realizan los trabajadores podrían realizarse fuera de la oficina con un buen equipo y conexión a Internet. Pero la falta de confianza en los empleados y la poca tradición que hay impide que sea una práctica más extendida. Trabajar a distancia no significa trabajar menos horas, se puede controlar a los empleados que trabajan fuera de la oficinacon diferentes aplicaciones y herramientas de control de fichajes. Además, también existe lajornada a distancia limitada, donde el empleado tiene que acudir a la oficina cada cierto tiempo para reforzar el trabajo en equipo y el feedback.
Ejemplos de trabajo a distancia

¿Quién puede trabajar desde casa? Está claro que un operario de fábrica no podría acogerse alteletrabajo ya que su actividad depende de un proceso de producción sujeto a las instalaciones de la empresa. Pero existen muchos puestos de trabajo que pueden realizarse a distanciagracias a la conexión a Internet. Algunos de estos casos son:

o Asistente virtual. Se trata de un perfil profesional especializado en un ámbito que presta sus servicios de ayuda a través del teléfono, chats online o emails.

o Teleoperador. También se puede acoger al teletrabajo el equipo de atención al cliente o call center. Los trabajadores atienden al teléfono desde su domicilio, para ello la empresa proporciona un equipo de trabajo adaptado.

o Traductor. El especialista en traducciones también puede realizar su actividad en su hogar a través de un ordenador.

o Escritor. Tanto para los editores de blogs como escritores de libros es una tarea que no requiere de una oficina.

o Desarrollo web. El diseño de webs o desarrolladores es un sector que apuesta con fuerza por el teletrabajo.

o Asesores comerciales. La figura del comercial es captar clientes, para conseguirlo es recomendable salir de la oficina y buscarlos activamente.

o Contables. Llevar las cuentas financieras puede realizarse a distancia, solo necesita acceso al programa de facturación de la empresa y los libros contables digitalizados.

o e-commerce. Los emprendedores de negocios online pueden llevar a cabo su labor desde casa.

Manufacturas. El teletrabajo se originó con las fábricas textiles que ofrecían a las mujeres coser desde casa, esta práctica todavía se puede utilizar si es una manufactura artesanal que no depende de tecnología o máquinas

Irlanda sigue siendo un milagro económico


Irlanda es el segundo país más rico de la Eurozona (después de Luxemburgo) su PIB real en 2016 fue un 45% superior al de cuatro años antes y su tasa de paro se redujo

Enda Kenny. (EFE)
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Irlanda es el segundo país más rico de la Eurozona (después de Luxemburgo): en 1980, sin embargo, era más pobre que España. El crecimiento económico del país no sólo se ha comportado extraordinariamente durante las últimas cuatro décadas, sino también durante los duros años de la crisis económica. A pesar de que el Estado irlandés tuvo que ser auxiliado por la Troika tras empeñarse en rescatar in toto a su sobredimensionado sistema financiero, su evolución desde que tocara fondo en 2012 ha sido espectacular: su PIB real en 2016 fue un 45% superior al de cuatro años antes y su tasa de paro se redujo a casi la mitad (desde el 14,7% al 7,9%).

Gran parte de este aceleradísimo crecimiento económico es imputable al año 2015. En ese ejercicio, el PIB irlandés se expandió un 26,3%: un ritmo ni remotamente rozado por economías en vías de desarrollo como China o India. Ciertamente, algo olía a chamusquina contable: y, sin ir más lejos, el propio gobierno de Enda Kenny tuvo que salir a la palestra para reconocer que el PIB de 2015 se hallaba distorsionado por la relocalización de compañías multinacionales que buscaban aprovechar las nuevas ventajas fiscales del país.

Desde aquel momento se encargó a la Central Statistics Office (al INE irlandés) que elaborara un nuevo indicador que reflejara más fielmente la realidad del país, de modo que el gobierno dispusiera de una herramienta más realista para elaborar sus presupuestos y para conocer el peso real de la deuda pública. Pues bien, hace unas semanas la CSO concluyó este trabajo y presentó ese nuevo indicador: una Renta Nacional Bruta modificada.

Mientras que el Producto Interior Bruto mide las rentas (y la producción) que se han generado dentro de un país (las hayan generado nacionales o extranjeros radicados en el país), la Renta Nacional Bruta mide las rentas recibidas por los nacionales de un país (las hayan generado dentro o fuera del país). Por tanto, para pasar del PIB a la RNB hay que restar las rentas generadas por los extranjeros en suelo nacional y sumar las rentas generadas por los nacionales en suelo extranjero, y a su vez hay que añadir los impuestos y subsidios netos sobre la producción recibidos desde el extranjero. Al pasar del PIB a la RNB, Irlanda se asegura estar midiendo exclusivamente los ingresos finales que reciben sus ciudadanos, y no las rentas que están de paso por sociedades globales con filiales en Irlanda.

Pero la Renta Nacional Bruta sigue sin ofrecer, a juicio de la CSO, una imagen fidedigna del país, dado que hay empresas muy intensivas en capital (arrendamiento de aviones, tecnológicas con patentes y otras multinacionales) que se han domiciliado en Irlanda y que, en consecuencia, computan como nacionales. De ahí que también haya optado por restar la influencia que todas esas compañías tienen sobre la RNB. De este modo ha llegado a una Renta Nacional Bruta modificada (RNB*), limpia de los desajustes inducidos por el rol globalizado de la economía celta.

Pues bien, este nuevo indicador —la RNB*— es un 31,3% inferior al PIB oficial de Irlanda. Vaya fiasco. Inmediatamente, los medios nacionales y extranjeroscantaron victoria: el milagro económico irlandés era un espejismo estadístico y, una vez corregidas las distorsiones no productivas derivadas de la repatriación fiscal de empresas, su descomunal crecimiento desaparece. Adiós al tigre celta.

Pero no tan rápido. El CSO no sólo ha recalculado el dato de RNB* de Irlanda para 2016, sino que ha hecho lo mismo con todos los datos desde 1995. Logramos así una nueva serie estadística homogénea que nos permite comparar el comportamiento de la economía irlandesa con la del resto de laEurozona durante las últimas dos décadas. Y, al hacerlo, los resultados de Irlanda continúan siendo sobresalientes.

Contrastemos la evolución de su economía con la de España y la de Finlandia (para muchos, el paradigma de socialdemocracia dentro de la Eurozona). Si tomamos como base 100 el PIB real de España y Finlandia así como la RNB* real de Irlanda en 1995, comprobaremos que Irlanda ha incrementado su actividad económica un 127% durante las últimas dos décadas, mientras que España y Finlandia apenas lo han hecho un 55%. Tal vez se alegue que Irlanda ha crecido mucho porque es un país diminuto, pero Finlandia tiene una población muy similar (5,5 millones de personas en el país nórdico y 4,8 en el país celta).

Mas no nos fijemos solamente en la evolución a largo plazo de Irlanda: su formidable reacción durante la crisis también es harto relevante. A día de hoy, Irlanda ya disfruta de una RNB* un 27% superior a la de su máximo pre-crisis; el PIB español, en cambio, sigue siendo un 1,6% inferior, y el finés un 4,2% menor. Aún más significativo: desde que la economía irlandesa tocó fondo (año 2012), se ha expandido un 30,5% (una media del 6,9% anual). España, por mucho que nos creamos el faro de la recuperación mundial, lo ha hecho sólo un 8% con respecto al mínimo de 2013 (un 2,6% anual); y la socialdemocracia finesa lleva siete años estancada con un crecimiento plano.

Irlanda continúa siendo un ejemplo de desarrollo acelerado. ¿La clave de su éxito? Menores impuestos y mayor liberalización que en el resto de la Eurozona. No busquemos excusas e imitemos su envidiable milagro económico.

¿Qué significa que un país tenga baja productividad laboral?

Una perspectiva de inclusión social es necesaria para que en la medida que la redistribución del ingreso nacional sea equitativa, los trabajadores puedan potencializar sus capacidades laborales de manera intelectual y colectiva.

Largas jornadas de trabajo no son sinónimo de mayor producción económica. Se pueden trabajar muchas horas al día y registrar una baja competitividad, como es el caso de México. En sentido contrario, los ciudadanos en Irlanda tienen un volumen promedio de horas trabajadas mucho menor que el mexicano y producen más del doble anualmente.

La productividad laboral se mide a través del cruce de dos variables: la producción total (PIB) y el tiempo de trabajo (horas hombre). Cuanto más bajo sea el PIB por hora trabajada en un país se podrá distinguir un menor aprovechamiento de los recursos humanos, así como menor eficiencia del factor trabajo.

En México los trabajadores tienen la jornada más larga de todos los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el PIB por hora trabajada más bajo. Cada hora trabajada por un mexicano produce apenas 21.6 dólares; la media de estos países es 54.8 dólares. ¿Por qué sucede esto?


De acuerdo con la OCDE, la composición de los factores productivos juega un papel importante, pero el entorno social es aún más determinante para elevar la productividad agregada. Sugiere que este es el gran reto para que los países en desarrollo incrementen sus niveles de productividad laboral: cerrar las brechas de desigualdad y lograr inclusión social.

El bienestar de los trabajadores se traduce en mejor aprovechamiento de sus capacidades. Los países con niveles altos de productividad registran un número de horas de trabajo mucho menor, lo que le permite destinar tiempo a actividades personales, recreación y esparcimiento. En estos países también existen incentivos para la ciencia, la investigación y el desarrollo, fomento a las actividades culturales y grados bajos de rezago educativo. Un nivel de vida óptimo es clave para potencializar laproductividad laboral.

Para que la productividad laboral aumente, señala la OCDE, se requiere de la integración de políticas públicas. Una perspectiva de inclusión social es necesaria para que en la medida que la redistribución del ingreso nacional sea equitativa, los trabajadores puedan potencializar sus capacidades laborales de manera intelectual y colectiva.

Aumentar la productividad laboral es importante para reducir el rezago de los países en desarrollo, específicamente los de América Latina. La OCDE identifica que el aprovechamiento de los recursos humanos a escala nacional también se ve limitado por baja inversión pública en educación de calidad e igualitaria y en innovación tecnológica, así como de poca intervención regulatoria para tener un mercado más competitivo.

De modo que cuando un país tiene niveles bajos de productividad laboral no significa que sus trabajadores tengan menores capacidades. La baja productividad agregada se deriva de la composición de los factores productivos en el país y las condiciones laborales, económicas y sociales no logran potencializar y aprovechar eficientemente los recursos humanos.

China y la guerra comercial: una perspectiva amplia. Comentario HHC


La guerra comercial que ha desatado Donald Trump en contra de China no es un episodio pasajero que terminará en breve para ser rápidamente olvidado.

Esta es la segunda vez en la historia que Estados Unidos utiliza su poderío económico para frenar el auge de una potencia rival en Asia. Desde la restauración Meiji, que puso fin al shogunato de los Tokugawa en 1868, Japón desarrolló una exitosa política económica y tecnológica dirigida a alcanzar un desarrollo industrial comparable al de Inglaterra o Alemania. En los años 1930 presionó a sus vecinos en Asia para construir la Gran esfera de coprosperidad, que le permitiría garantizar mercados para sus exportaciones y una fuente estable de recursos naturales. Estados Unidos, Inglaterra y Francia no vieron con buenos ojos el surgimiento del nuevo rival asiático. Sus esfuerzos por bloquear el ascenso de la nueva potencia rival fueron un factor importante, aunque no el único, en el surgimiento del militarismo japonés. También sirvieron para detonar la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.

Hoy todo ha cambiado, pero en Asia surgió un nuevo rival. China se convirtió en pocas décadas en una potencia que Estados Unidos considera ya una amenaza. Después de años de guerra y ocupaciones extranjeras, el triunfo del Partido Comunista chino, en 1949, condujo a la creación de la República Popular China. En 1978, Deng Xiaoping introdujo una primera serie de reformas en la conducción de la economía. Entre 1979 y 2013, la economía china mantuvo una tasa promedio de crecimiento anual cercana a 10 por ciento. Al mismo tiempo, Pekín mantuvo la conducción estatal de la estrategia económica y una política industrial y tecnológica que llevó a profundas transformaciones estructurales. China, hoy, aspira a que su moneda sea reconocida como medio de pago y reserva de valor a escala internacional. Su iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda es un proyecto de infraestructura y transporte que busca dar una proyección global al poderío económico chino.

Hoy, China se encuentra enfrascada en una guerra comercial con Estados Unidos. En el último año Washington y Pekín han impuesto aranceles hasta de 25 por ciento sobre flujos comerciales por más de 900 mil millones de dólares. Pero esta guerra comercial es, en realidad, otro teatro de batalla en una guerra de largo aliento.

La guerra la inició Washington, pero no busca corregir un simple problema de desequilibrio comercial en algunos productos, como la soya, el aluminio o el complejo automotriz. Ni siquiera se trata de una guerra sobre el saldo de la balanza comercial, como ha dicho Trump. Se trata de una guerra cuyo fin es forzar a China a adoptar una política distinta sobre controles de capital, política industrial y propiedad intelectual. En el G20, en junio pasado, Xi Jinping y Trump acordaron un armisticio para volver a comenzar negociaciones comerciales. Pero este proceso va a durar mucho tiempo, porque la confrontación es casi a nivel existencial.

La tasa de crecimiento del PIB para el segundo trimestre del año (6.2 por ciento) es la más débil desde que comenzó a medirse esta variable, en 1992. Según Trump, este resultado muestra que la guerra comercial está afectando más a la economía china. La realidad es que China viene experimentando menores tasas de expansión desde hace ya varios años. Para empezar, la economía china no salió sin heridas de la crisis global de 2008: la caída de la demanda internacional en sus principales mercados contribuyó a un descalabro muy importante (la tasa de crecimiento del PIB alcanzó 6.6 por ciento en 2009). La autoridades económicas en Pekín respondieron rápidamente con un estímulo fiscal y una política monetaria laxa, lo que condujo a una recuperación en 2010-2011, pero desde entonces se ha mantenido una clara tendencia a menores tasas de crecimiento.

No es evidente el sendero que seguirá la economía china en los meses que vienen. Algunos analistas consideran que lo peor ya pasó y que en mercados internos importantes, por ejemplo la venta de automóviles, los números muestran estabilidad. Sin embargo, la mayoría de los indicadores clave (ventas al menudeo, demanda de energía, industria de la construcción) muestran que la economía china seguirá manteniendo una trayectoria de menor expansión económica. Además, como resultado de su política monetaria, hoy la economía entera se encuentra todavía tratando de reducir los efectos del sobrendeudamiento y esa es, quizás, la causa más importante de la caída en el ritmo de crecimiento.

Regresamos al punto de partida. Estados Unidos puede hacer mucho daño a la economía china, pero sin una guerra militar no podrá impedir su ascensión. En su intento por frenar el nuevo poderío chino, Estados Unidos pagará un costo muy elevado al convertirse en una sociedad cada vez más represiva. Los reflejos imperiales de Washington afianzarán en lo interno las tendencias dictatoriales y conducirán a la desaparición de lo que queda de la república.

Twitter: @anadaloficial

Comentario HHC:   Si un descalabro es crecer la economia al 6.6 % en China. ¿ Entonces que tenemos en Cuba ?