Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

viernes, 3 de agosto de 2018

¿Socialismo a la china para todos?


I

Cuba socialista está en proceso de modificar su constitución política. Cambio enorme, fundamental quizá en la historia del socialismo de la isla, que por casi seis décadas fue un ejemplo para las luchas revolucionarias de todo el mundo. ¿Se vuelve capitalista?

Este breve opúsculo –quizá más culo que opus– es solo una pequeña reflexión, introductoria a lo que pretenderá ser un estudio más serio y exhaustivo por parte de quien firma (con buena suerte, para mediados del año entrante estaría terminado). Pero pretende además –este es el objetivo central– abrir y alimentar la discusión sobre el socialismo, sus límites, sus posibilidades y dificultades, sus logros, siempre sobre la base irrenunciable de su entronización. “Socialismo… o barbarie”, podríamos decir, haciendo nuestra la formulación de Rosa Luxemburgo.

¿Cuba se hace capitalista ahora? ¿Se hizo capitalista la República Popular China? ¿Fracasaron los intentos socialistas? ¿Qué significó la Perestroika en la Unión Soviética? Todas estas preguntas son vitales, especialmente vitales para quienes seguimos pensando que otro mundo es posible… ¡e imperiosamente necesario! En otros términos, para quienes vemos que el capitalismo no tiene salida, salvo las guerras (pero, ¿son eso “salidas”?)

Es posible, y ¡necesario!, otro mundo porque, sin ningún lugar a dudas, el capitalismo como sistema no soluciona ni puede solucionar los acuciantes problemas de la humanidad: hambre, sed, seguridad, ignorancia, prejuicios. Más allá de todos los oropeles que pueda exhibir, centrados siempre en el hiper consumismo, su modelo está estructuralmente trabado. Si se produce para alimentar la ganancia individual, es decir: el lucro empresarial, entonces la solidaridad, la preocupación por el otro, ¡la justicia!, están radicalmente imposibilitadas. Más allá de pomposas declaraciones, lo máximo a lo que puede aspirar el sistema es a un capitalismo con “rostro humano”, un Estado benefactor (al modo keynesiano), un capitalismo pretendidamente “menos” explotador. Pero eso radicalmente está negado. La producción se basa en la explotación de la fuerza de trabajo, que es quien genera la ganancia. Eso es una verdad transindividual, no un mero capricho persona, subjetivo. El padre del liberalismo económico, Adam Smith, ya lo veía en el siglo XVIII: la única fuente creadora de riqueza es el trabajo. Y en el sistema capitalista quien crea la riqueza es el trabajador (el obrero industrial, el campesino), pero no quedándose con la ganancia que ese producto genera. ¡Eso es la explotación! Plusvalía se le llamó.

No se produce tanto para cubrir necesidades sino para engrosar el lucro personal del dueño (que hoy pueden ser enormes sociedades anónimas, corporaciones multinacionales, bancos gigantescos, etc.) de los medios de producción: empresarios industriales, terratenientes, banqueros. De hecho, el capitalismo, para seguir lucrando, inventa necesidades, y las instala como imprescindibles. Producir para ganar dinero es el verdadero motor de la producción. Eso es así desde Adam Smith en adelante, no ha cambiado: el lujo de la burguesía es el producto del esfuerzo de la clase trabajadora. Para que un 10% de la población mundial (clase media y grandes propietarios) tenga un buen nivel de vida, el 90% se mueve en la pobreza.

¿Soluciona eso el capitalismo? Se produce casi 50% más de la comida necesaria para alimentar a toda la población mundial, pero el hambre sigue siendo el principal flagelo. ¡Irracional!, pero así es el capitalismo. Por eso, de este sistema no se puede esperar más nada, sino explotación, miseria para las mayorías, y llegado el caso: represión. Y cuando la maquinaria social está demasiado trabada, alguna guerra genera “soluciones” (crea puestos de trabajo llega a plantearse, destruye para reconstruir, “mueve la economía”. Es infame… ¡pero así es!). El socialismo, en ese sentido, como la antípoda del capitalismo, más allá de los errores de sus primeras experiencias –errores que, por supuesto, con solvencia moral habrá que revisar–, continúa siendo una esperanza.

II

¿Qué pasó con las primeras experiencias socialistas del siglo XX: Rusia (luego Unión Soviética), China, Cuba, Corea, Vietnam, Nicaragua? ¿Se puede decir que fracasaron?

Insistamos: este breve escrito no puede ser un análisis acucioso de fenómenos tan complejos. Presenta solo atisbos para comenzar el debate. Lo que sí es más que evidente es que todas esos problemas arriba apuntados: hambre, sed, ignorancia, prejuicios, en los países socialistas comenzaron a desaparecer. Decir hoy día que Venezuela es un desastre, que hay hambre y que la población huye despavorida, es una vil e interesada mentira. Primero: todo ese desastre social (que realmente existe) es provocado por el capitalismo que acecha a la Revolución Bolivariana; y por otro lado: ese proceso no es, en sentido estricto, socialista (es un capitalismo redistributivo con discurso antiimperialista).

En aquellas latitudes donde la clase trabajadora tomó el poder (siempre a través de una revolución que, necesariamente implica la violencia, pues ningún grupo privilegiado suelta el poder alegremente) y construyó una alternativa al capitalismo, esas señaladas lacras históricas comenzaron a desaparecer. En nuestro continente Cuba, para tomar el ejemplo más esclarecedor, a partir de su revolución en 1959, superó esos tremendos cuellos de botella, exhibiendo en la actualidad, pese a los interminables ataques sufridos, índices socioeconómicos como los países capitalistas más desarrollados. ¿Fracasó ahí el socialismo? Como dijo alguna vez Fidel Castro: “En el mundo hay 200 millones de niños de la calle. Ninguno de ellos vive en Cuba”. En la isla no hay desnutrición ni analfabetismo, como no lo hubo en la Unión Soviética. En ninguno de estos lugares nadie deja de tener empleo, vivienda, seguridad social, educación de primera, dignidad. ¿Por qué puede plantearse entonces un “fracaso”? De hecho, ¿por qué se revirtió el proceso en la Revolución Bolchevique, ejemplo glorioso del primer Estado obrero y campesino?

Porque la economía no crece al mismo ritmo que en los países capitalistas. ¿Fracasó porque faltan supermercados abarrotados de productos, muchos de ellos innecesarios? ¿Fracasó porque, comparativamente, un trabajador cubano, o soviético, no tenía tantas licuadoras, teléfonos celulares o zapatos como uno de algún país capitalista rico? Aunque la respuesta necesite muchos más desarrollos –y pueda parecer patética en términos éticos– en principio podría decirse que sí. Ello permite ver que el ideario socialista debe ser repensado críticamente, no para negarlo, sino para complejizarlo: ¿por qué el poder, como eje constitutivo de las relaciones humanas, no se analiza con nuevas categorías? Quizá sea necesario abrir una nueva antropología, para descubrir que “bondad” y “maldad” son conceptos demasiado restringidos para entender lo humano. Dejemos solo tangencialmente indicado esto, para retomar en algún momento: ¿por qué el poder fascina tanto? Porque brinda la ilusión de completud. Parece que a todos nos place sentirnos dioses.

¿Por qué ahora Cuba intenta poner mecanismos capitalistas? ¿Por qué este apoyo a la empresa privada? ¿Rechazo del socialismo? Todo indica que no: es, en todo caso, el modelo chino que comienza a difundirse por países que intentan abrir alternativas al capitalismo. ¡Socialismo de mercado!, socialismo con características chinas.

El gigante asiático hace ya largos años que produjo cambios sustanciales en el ideario socialista con que llevó a cabo su revolución en 1949, con Mao Tse Tung a la cabeza. Desde las reformas introducidas en los 70 del siglo pasado, lideradas por Deng Xiao Ping, se comenzó a construir un engendro que para la izquierda tradicional de Occidente nunca se terminó de entender: “socialismo de mercado”. Lo cierto es que, apelando a la introducción de todo un sector de propiedad privada, el país ha venido produciendo un avance económico fabuloso, sin precedentes en ningún Estado capitalista. Atrayendo inversión externa, permitiendo la propiedad privada de los medios de producción, siempre bajo la atenta mirada del Partido Comunista, que es quien fija férreamente las políticas, China pasó a ser hoy la primera economía mundial (técnicamente ya factura más que Estados Unidos, su PBI es el mayor de todos), con un superávit comercial impresionante.

¿Hay realmente un “milagro” económico en China? Según como se lo quiera ver: sí y no. No hay dudas que con la incorporación de capitales externos, y tomando tecnologías provenientes del desarrollo capitalista, el país asiático mantuvo –y mantiene todavía– un vertiginoso ritmo de crecimiento económico que nunca se vio en Occidente (ni durante la revolución industrial en la Inglaterra dieciochesca ni en Estados Unidos entre fines del Siglo XIX y durante el XX). Ello permitió levantar increíblemente el nivel de acceso a la riqueza de grandes masas, sacando de la pobreza rural ancestral a millones de chinos. La dirección comunista impidió que China fuera solo una “gran maquila”, como suele presentársela (quizá maliciosamente), dejando de ser “ensambladora de juguetes de mala calidad” para ir convirtiéndose en un país altamente industrializado, con tecnologías de punta propias que ya comienzan a sorprender.

El Partido en el poder dirige efectivamente los destinos del país, reservándose el 51% del manejo de la economía, exigiendo la real y constatable transferencia tecnológica y teniendo planes concretos de desarrollo nacional, que contemplan objetivos a cumplirse en el Siglo XXII (en China hablar de 50 o 100 años no es nada, obviamente, después de 5.000 años de historia. “Siéntate al lado del río a ver pasar el cadáver de tu enemigo”, enseñaba Sun Tzu… La paciencia china es proverbial).

III

El desarrollo económico es real, y ello permitió un avance científico-técnico portentoso, ubicándose ya hoy como líder en muchos campos del quehacer humano, habiendo superado a las potencias capitalistas (informática, inteligencia artificial, investigación aeroespacial, biotecnologías, transportes). De hecho, su acumulación de reservas monetarias es tan grande que, junto con Japón, es quien sostiene al Tesoro de Estados Unidos. Hoy día China es vital para el mantenimiento del equilibrio económico del planeta.

El costo de este fenomenal salto no es poco: retornó la explotación capitalista más inmisericorde, con condiciones que ya no existen en muchos países. La fabulosa acumulación originaria –que en Europa se hizo masacrando indígenas americanos y negros africanos, mientras se robaban con avidez los recursos naturales– en la China capi-socialista se llevó a cabo a partir de la gran explotación de sectores campesinos que se reubicaron en los grandes centros industriales de las urbes más desarrolladas, con salarios de hambre y con extenuantes jornadas laborales.

Eso no tiene secretos: la riqueza la producen siempre los trabajadores con su esfuerzo personal, no importando el modelo económico en el que se desenvuelvan. La cuestión es cómo se distribuye esa riqueza socialmente producida. En China, a partir de la existencia de un sector de su economía basada en el modelo capitalista –aunque sea dirigido por directivas que políticamente fija el Partido Comunista–, la explotación está presente. Que esa riqueza no sea apropiada enteramente por los inversionistas privados y que el Estado (socialista) se encargue de devolverlo a la población a través de políticas sociales, es otra cosa. Pero la explotación está. Por otro lado, contrariando los principios marxistas clásicos, este nuevo modelo de desarrollo (socialismo a la china) estimula la aparición de propietarios privados, premiando el “éxito” económico de quienes se transforman en millonarios. El lujo ostentoso está presente en el país al igual que en los más encumbrados centros capitalistas de Occidente.

Desde fuera de China, y con planteos marxistas clásicos, cuesta entender el proceso. ¿Es capitalismo o es socialismo? ¿Un paso atrás para tomar impulso y seguir avanzando? Lo cierto es que el proyecto chino actual, que se comporta como cualquier planteo capitalista, se está extendiendo por el mundo. Y donde llega, su impronta es capitalista. Claro que –fundamental es aclararlo– de momento no se ha mostrado como potencia imperialista invasora apelando a la violencia militar. Sin disparar un tiro, está haciendo lo que el rapaz capitalismo estadounidense, o europeo en su momento, hicieron a base de sanguinaria entrada bélica.

IV

No caben dudas que algo importante está ocurriendo en China desde hace algunos años. Su economía, y por tanto su presencia política en el mundo, crece a pasos agigantados, al igual que su desarrollo científico-técnico. Hoy ya es una potencia de primer orden, disputándole la hegemonía global a Estados Unidos. ¿Cómo lo logró en tan poco tiempo?

Se podría pensar que el aliciente de la empresa privada les ha servido. ¿Qué tiene la empresa privada que fomenta ese crecimiento, y que el Estado socialista, con economía planificada, no consigue? Una vez más: este escrito es apenas una introducción a lo que deberá ser un largo y mucho más profundo desarrollo, pero provisoriamente podríamos expresarlo con esta frase: “el ojo del amo engorda el ganado”.

La idea de “productores libres asociados”, estandarte de esa fase superior de desarrollo que sería el comunismo, dista aún mucho de la realidad actual. Lo que prima dentro de las relaciones capitalistas no es, precisamente, la solidaridad, la fraternidad. El “sálvese quien pueda” individualista es la matriz dominante. El Esclavo, parafraseando a Hegel, piensa con la cabeza del Amo. “La ideología dominante es la ideología de la clase dominante”, dirá Marx. Eso explica por qué las clases oprimidas no se levantan tan fácilmente: están sojuzgadas en la realidad concreta (la represión brutal está siempre disponible) y en la construcción simbólico-cultural que, en definitiva, es el mundo. La ideología es más efectiva que las bayonetas.

La experiencia china muestra que el incentivo personal cuenta, y cuenta mucho para la generación de riqueza (¿no era eso lo que buscaba la Perestroika soviética?). ¿Puede ese elemento ser la guía para la construcción de una sociedad nueva? A estar con lo que nos lega la actual República Popular China, estaríamos tentados de responder que sí.

La promoción de incentivos para aumentar la producción no es nada nuevo: en la Unión Soviética, durante la década de 1930 tuvo lugar el movimiento stajanovista (impulsado por el minero Alekséi Stajánov), consistente en el pago de bonos extras por el aumento de la productividad. Eso mismo retomó Mijaíl Gorbachov con su intento de reestructuración en la década de los 80. De todos modos, esto abre una discusión fundamental: “El principal error que se cometió en el socialismo real fue competir con la producción capitalista en su propio terreno”, se plantea hoy el cubano Yassel Padrón. ¿Se trata de tener más licuadoras, teléfonos y pares de zapato? ¿Cómo se construye el socialismo entonces?

Sin dudas sigue siendo una agenda pendiente para el socialismo cómo lograr un aumento de la riqueza a partir de economías planificadas. Eso remite a la pregunta de si es posible establecer una moral socialista que funcione autónomamente (hay que trabajar con excelencia porque esa es la ética humana, podría decirse), o se necesita siempre del látigo para hacernos mover. Disyuntiva que, sin dudas, no está resuelta. La empresa privada, que no se detiene a filosofar sobre estos puntos, se limita a presentar el látigo. Para los trabajadores, la amenaza de la desocupación es un tirano que asusta tanto o más que la cámara de tortura. Y con eso acumula riqueza; lo demás le sale sobrando. Pragmatismo puro, podría decirse.

¿Por qué ahora Cuba opta por darle un lugar de mayor preponderancia a la iniciativa privada? El presupuesto básico, tomado de la experiencia china, es que ese tipo de emprendimientos genera más riqueza. Amén del inmisericorde y absolutamente abominable bloqueo que por décadas paralizó –y sigue paralizando– a la isla, algo pasa en el modelo económico socialista que no permite una gran acumulación. ¿Es posible el socialismo sin esa enorme masa de riqueza? La experiencia cubana lo dice: la población está cansada de no tener cosas, de estanterías vacías. La moral sola… puede agotarse. Las generaciones nuevas, aquellos que no pasaron los años heroicos de la Revolución, quieren vivir con tranquilidad, con acceso a satisfactores. Nadie puede vivir en combate permanente (esto lleva a cuestionar hasta dónde es posible la mística guevarista: ¿se puede vivir todo el tiempo “haciendo revoluciones”?) Aunque sea patético plantearlo así, vivir en un mundo capitalista plagado de oropeles (la licuadora, el teléfono celular y los zapatos de moda), genera angustias a quien no los posee. ¿Por qué se van muchos cubanos jóvenes de la isla? No porque escapen de una presunta dictadura, sino porque buscan esos escaparates atiborrados. ¿La iniciativa privada permitirá esa acumulación, hoy día faltante?

El modelo chino, ese raro y complejo “socialismo de mercado”, permitió generar una acumulación de riqueza espectacular en poco tiempo. El costo es que está basado en la explotación de los trabajadores. ¿Fue necesario eso como “un paso atrás para tomar impulso”? Todo indicaría que el Partido Comunista tiene puesto ahora sus ojos en la promoción de enormes planes de beneficio social para las inconmensurables masas de población del país. La riqueza acumulada probablemente lo permita.

Otros países socialistas, como Vietnam y Corea del Norte, están siguiendo este modelo. Cuba pareciera que también, sin renegar del ideario socialista primigenio. Ahora bien: no todos pueden ser la China, país monumentalmente grande y poderoso, con inmensidad de recursos naturales, con una historia milenaria que le confiere una autosuficiencia que nadie más puede tener. “¿Qué opina de la Revolución Francesa?”, le preguntaron a un dirigente chino durante la Revolución Cultural. “Es muy prematuro para opinar”, pudo decir, con cinco milenios tras sus espaldas como unidad nacional. Esa historia pesa.

¿Podrá Cuba ser una nueva China? Obviamente no, ni es tampoco esa la idea. La introducción de estas reformas abre dudas. China no terminó siendo una gran maquila de los capitales occidentales, porque el proyecto político en curso apunta a otra cosa. ¿Y porque hay 5.000 años de historia y 1.500 millones de habitantes que confieren una fuerza inconmensurable? ¿Podrá Cuba seguir construyendo el socialismo, fase preparatoria del comunismo (sociedad de productores libres asociados sin necesidad de la fuerza coercitiva de un Estado) con la introducción de estos elementos “capitalistas”? Confiamos en la entereza moral del pueblo y la dirigencia cubana. El desafío está abierto.

Blog del autor: https://mcolussi.blogspot.com/

El parasitismo financiero y la oligarquía estadounidense

Patrick Martin, wsws

El reporte de que el Gobierno de Trump busca aprobar otro regalo de $100 mil millones para los superricos subraya la urgente realidad que enfrenta la clase trabajadora: la sociedad estadounidense ya no puede costear la interminable acumulación de riqueza personal por parte de la élite gobernante.

Este es, por supuesto, un problema global. Como lo concluyó un estudio de Oxfam el año pasado, ocho multimillonarios controlan tanta riqueza como la mitad más pobre de la humanidad, alrededor de 3,6 mil millones de personas. Seis de ellos son estadounidenses, mientras que no hay otra parte en el mundo en que el conflicto entre las necesidades de los trabajadores y el apetito voraz de la aristocracia financiera sea tan agudo como en Estados Unidos.

Un solo megamilmillonario, Jeff Bezos de Amazon, el hombre más rico del mundo, ha visto su fortuna aumentar casi $50 mil millones en el 2018, lo suficiente como para pagarles una bonificación de $100.000 a los más de medio millón de trabajadores de la empresa.

La propuesta para otro obsequio tributario masivo es la expresión más reciente de la agenda bipartidista de redistribución de la riqueza que han avanzado tanto republicanos como demócratas por varias décadas. Sin duda, la mayor transferencia de riqueza ocurrió durante el Gobierno de Obama tras el colapso económico del 2008, cuando dedicó billones de dólares para inflar los mercados financieros, el principal mecanismo que ingeniaron para rescatar a los ricos.

Un reporte reciente del Instituto Roosevelt y el Proyecto Nacional de Leyes Laborales devela el nivel exorbitante de parasitismo financiero que caracteriza a la economía estadounidense. El reporte examinó las recompras de acciones bursátiles en tres industrias importantes: restaurantes, ventas minoristas y producción alimentaria.

Bajo la desregulación financiera impulsada tanto por Gobiernos demócratas como por republicanos durante los últimos 25 años, las recompras de acciones se han disparado de menos de 5 por ciento de las ganancias a principios de los años ochenta hasta 54 por ciento en el 2012 y casi 60 por ciento en la actualidad.

Tales cifras desmientan inequívocamente el mito procapitalista de que las ganancias capitalistas “gotearán” hasta llegar a las masas porque las compañías invertirán sus ingresos en nuevas máquinas y en la contratación de más trabajadores. En realidad, gastaron más de la mitad de sus ganancias enriqueciendo a sus grandes tenedores de acciones y altos gerentes, quienes controlan el grueso de las acciones.

Cabe notar que la industria gastronómica gastó más en recompras de lo que obtuvo en ganancias, un 136,5 por ciento. Esto significa que las compañías en el sector acumularon deudas, tomando prestado dinero para darle regalías a sus inversores. Las cinco mayores cadenas de restaurantes son McDonald’s, YUM Brands (Taco Bell, KFC, Pizza Hut), Starbucks, Restaurant Brands International (Burger King, Tim Horton’s) y Domino’s Pizza. Si ese dinero se hubiera dividido entre los trabajadores, eso hubiera aumentado los salarios un 25 por ciento.

La industria de ventas minoristas gastó 79,2 por ciento de sus ganancias netas en recompras de acciones. Empresas como Walmart, CVS, Target, Lowe’s y Home Depot les pudieron haber dado un aumento salarial del 63 por ciento a sus trabajadores. En cuando a la producción alimentaria (PepsiCo, KraftHeinz, Tyson Foods, Archer Daniels Midland, entre otros), las cifras comparables equivalen a un gasto de 58 por ciento de las ganancias netas en recompras de acciones; sin embargo, las ganancias fueron mayores y pudieron traducirse en un aumento salarial de 79 por ciento para los trabajadores.

Las recompras de acciones enriquecen a los CEO en particular, quienes reciben la mayor parte de sus ingresos a través de acciones financieras y, consecuentemente, se benefician cuando las recompras aumentan sus precios. Según un reporte esta semana de Politico, los CEO que más fueron remunerados incluyeron a Safra Catz de Oracle ($250 millones), Thomas Kurian de Oracle ($85 millones) y Ajay Banga de Mastercard ($44,4 millones).

Otro hecho expone las enormes sumas de dinero siendo acaparadas por la aristocracia corporativa y financiera. Más temprano esta semana, el Wall Street Journal reportó que 350 ejecutivos y miembros de la junta directa de Goldman Sachs que recibieron participaciones accionarias en el 2008, en lo peor de la crisis financiera global, habrán acumulado $3 mil millones para cuando estas participaciones expiren este año.

La inundación de recompras bursátiles fue desatada por el gigantesco recorte de impuestos valorado en $1,5 billones de dólares promulgado por Trump y el Congreso republicano en diciembre, con la complicidad de los demócratas. La élite corporativa estadounidense está rellenando los bolsillos de sus accionistas con $2,5 billones por medio de recompras, dividendos, fusiones y adquisiciones y otras manipulaciones financieras.

Fue evidente el resentimiento de ciertas secciones de los superricos de que los recortes se dirigieran a impuestos de ganancias corporativas y personales, mientras que las tasas fiscales para ganancias al capital se mantuvieron intactas. Como respuesta, el Gobierno de Trump ha indicado que se está preparando para revertir los precedentes existentes, considerando un decreto ejecutivo para cambiar el reglamento para los impuestos sobre las ganancias de capital—provenientes de la compra y venta de acciones, bonos y otros activos financieros—permitiéndoles a los ricos restar el efecto de la inflación en sus declaraciones de impuestos.

Esto reducirá el impuesto sobre las ganancias de capital por una tercera parte, o $102 mil millones en total a lo largo de diez años. Dos terceras partes de esta suma o $66 mil millones irán al 0,1 por ciento más rico de estadounidenses.

Gobiernos previos han determinado que dicho ajuste a la inflación requerirá una autorización por parte del Congreso, lo cual significa que un cambio por decreto ejecutivo es ilegal. Sin embargo, según Mnuchin, “Si no se puede hacer por medio de un proceso legislativo, veremos cuáles herramientas tenemos en el Tesoro para hacerlo por nuestra cuenta y lo consideraremos”.

Esta es una Administración que demoniza a millones de trabajadores que vienen a EUA en busca de seguridad y una vida mejor, llamándolos “extranjeros ilegales” porque son indocumentados. Sin embargo, en lo que se refiere a los intereses de los milmillonarios, no les preocupa qué sea y no sea ilegal, solo qué ensanche más sus portafolios de inversiones.

Lo que sostiene a la Administración de Trump, en cara a la creciente hostilidad popular hacia sus políticas retrógradas sociales, sus ataques flagrantes contra los derechos democráticos y su militarismo irrestricto, es el carácter de la supuesta oposición. El Partido Demócrata es el partido de Wall Street y el aparato militar y de inteligencia y no está menos dedicado que Trump a defender los intereses de la élite corporativa y financiera.

No existe ni un solo problema social que pueda resolverse mientras la élite corporativa y financiera gobierne la economía estadounidense y global. Ponerle fin al dominio de estos parásitos sociales significa acabar con el sistema económico en su conjunto, el capitalismo, el cual existe para mantener y expandir su riqueza y poder

Acto de sinceridad entre cubanos

Lo hecho en interés de la producción de arroz en el municipio de Mayarí también fue constatado en áreas del consejo popular Nipe-Ayúa. Fotos: Estudios Revolución
HOLGUÍN.–El complejo oficio de conducir masas se valida cuando quien lo ejerce asume como concepto el hábito de tomarle el pulso a las cuestiones estratégicas, sin desvincularse de la cotidianidad de los compatriotas.
Y eso, que aprendió de Fidel y Raúl, identificó la presencia aquí, el jueves, de Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba.
Constituyó su primera visita al territorio como mandatario de la nación. Los holguineros tenían la certeza de que se produciría y en los días e instantes previos a la misma no pudieron pasar por alto el desempeño de Díaz-Canel como primer secretario del Comité Provincial del Partido entre el 2003 y el 2009.
Por eso, cada encuentro e intercambio fue un acto de simpatía y sinceridad entre cubanos.
UN PROYECTO PARA ENAMORARSE
Un proyecto para enamorarse, así consideró el Jefe de Estado al emergente Polo Turístico de Antilla,  al resumir el encuentro de trabajo en el que se analizó el progreso del programa constructivo que lo hace realidad, en el municipio de igual nombre. Hasta allí llegó por vía aérea acompañado por Ernesto Santiesteban Velázquez, primer secretario del Partido Comunista de Cuba en la provincia de Holguín, así como por otros dirigentes del territorio y del país.
Tan pronto llegó a la base de apoyo a las fuerzas que acometen las labores, Díaz-Canel le comentó a Freddy Blett Gómez, presidente del consejo popular No. 3 de Ramón de Antilla, las oportunidades de trabajo abiertas en la zona a raíz de las acciones en marcha.
Lo que se hace aquí, dijo, le cambiará la vida a mucha gente porque abrirá proyectos de desarrollo personal y familiar. Tenía como respaldo la amplia información que le brindaron directivos a cargo del programa y otros funcionarios con quienes interactuó constantemente.
Pavel Rodríguez Rodríguez, director del Centro Provincial de Vialidad, explicó que las obras en ejecución son parte de un conjunto mayor que reportará más de 700 kilómetros de carreteras y caminos a mejorar en función del turismo en la provincia.
De lo hecho, el directivo destacó la intervención en la carretera Banes-Nipe, que ya tiene una primera carpeta de pavimentación en 31 de los 35,6 kilómetros de longitud que posee. También hizo puntualizaciones sobre el vial Santa Lucía-Cortadera-Antilla, vital para las futuras operaciones turísticas en la zona y la población que allí reside.
El mandatario llamó a reflexionar sobre los efectos del cambio climático y los eventos meteorológicos que produce, de manera que se prevean los posibles impactos en la red vial. En consecuencia, sugirió revisar los proyectos de alcantarillas y otras obras de fábrica, de manera que estén en condiciones de enfrentar periodos de fuertes precipitaciones, pues los recientes sucesos ocurridos en el centro del país, acotó, confirman que esas situaciones pueden dejar más daños que los huracanes.
Cuando fue abordado el tema del abasto de agua al polo turístico, el mandatario precisó que la solución no se puede ver independiente de los problemas históricos que ha padecido la población de Antilla en cuanto al suministro del vital líquido. Por eso, precisó, deben emprenderse todo tipo de acciones, incluida la revisión y utilización de estudios realizados en otros momentos.
Entre los diversos temas abordados estuvieron la reanimación del puerto de Antilla, instalación que no debe quedar atrás en estos planes de desarrollo, porque es importante para el turismo y la economía en general, apuntó.
A la vez, instó al aprovechamiento del potencial cultural de la región, y en particular de Antilla, matizado por tradiciones, historias y leyendas. Sobre esto último señaló la necesidad de hacer evaluaciones objetivas e incluir las acciones en los planes de desarrollo de la provincia y del municipio.  
En la instalación porcina de la unidad empresarial de base Mario Martínez, la masa crecerá paulatinamente hasta 2 000 cabezas por ciclos de cinco meses. Fotos:Estudios Revolución
La relación entre las obras y el medio ambiente también afloró en el intercambio. Esta es una zona que debe desarrollarse de modo sostenible, aclaró. Antes había comentado la necesidad de no descuidar el tratamiento de los residuales en las futuras instalaciones turísticas, para lo cual se contempla, entre otras variantes, una moderna planta, del tipo compacta.
MAYARÍ Y SU PROMETEDOR DESARROLLO
El Presidente cubano pasó de Antilla al municipio de Mayarí. Lo que ocurre en este último, había dicho, también incide en el prometedor desarrollo de la provincia.
La primera escala del periplo ocurrió en el consejo popular de Guaro, en una instalación porcina de la unidad empresarial de base Mario Martínez, ­perteneciente a la Empresa Agropecuaria Guatemala. Las naves fueron recuperadas a finales del pasado año, momento en que recibió los primeros 500 animales de ceba ya comercializados. Le explicaron que la masa crecerá paulatinamente hasta 2 000 cabezas por ciclos de cinco meses, con la idea de alcanzar cien kilogramos por ejemplar, pues en la primera entrega promediaron 90.
En diálogo con José Ruiz Gómez, uno de los miembros del establecimiento, supo que los salarios mensuales están por encima de los 2 000 pesos. También le confirmaron que tienen buenas condiciones de trabajo.
Igualmente, constató la producción de arroz en áreas de la unidad básica de producción cooperativa (UBPC) Humberto Estupiñán, en las cercanías del asentamiento de Manacal 2. Allí transcurrió un fluido intercambio con Domingo Colón Quiala, usufructuario que explota seis hectáreas de tierra, quien le contó que su primera cosecha fue un desastre ante el cual no se amilanó, pues después fue creciendo en rendimientos que han estado por encima de las cuatro toneladas por hectárea.
La conversación también abordó los problemas que enfrentan los usufructuarios en la demora de la preparación de tierras, servicio que les ofrecen entidades estatales. También se habló de semillas de mayor calidad.
Al concluir la conversación con Domingo Colón, a quien manifestó la satisfacción de conocerlo, Díaz-Canel se detuvo en el referido poblado y dialogó con varias personas. Resultó un encuentro breve, pero muy cálido.
Lo hecho en interés de la producción de arroz en el municipio de Mayarí también fue constatado en áreas del consejo popular Nipe-Ayúa, en la industria procesadora del cereal que desde su arrancada en el 2014 hasta el pasado 31 de julio ha beneficiado más de 2 000 toneladas.
También visitó la UBPC 40 aniversario de la FMC, con 660 hectáreas en explotación. Al pie de una máquina de riego de fabricación nacional, Díaz-Canel fue informado de los rendimientos por hectárea, que en el caso del boniato y el plátano vianda ascienden, respectivamente, a 16 y 15 toneladas. Asimismo, hay incrementos en la producción de leche. Así transforman la situación económica propia, lo que les permite honrar las deudas contraídas con el Banco.
SITIO SAGRADO DE LA PATRIA
«Este es un lugar sagrado de la patria», ratificó el mandatario cubano ante los trabajadores del sitio Histórico de Birán, en el municipio de Cueto, al que arribó con el fin de comprobar la marcha de acciones de restauración, vitales para la conservación de las instalaciones.
El recorrido incluyó el panteón de la familia Castro Ruz y la escuela rural donde estudió Fidel, así como la parte baja de una de las viviendas, en la que se concentró parte del colectivo de trabajadores.
Díaz-Canel aprovechó la oportunidad para indagar aspectos de la vida en la comunidad de Birán, entre ellos el funcionamiento de las instalaciones culturales y la escuela, a lo que acompañaron preguntas sobre el estado de los caminos y el transporte.
Igualmente, mostró interés por las opciones veraniegas. Aquí tienen la posibilidad de disfrutar de buenas pozas de río y de otras bondades de la naturaleza, les comentó como un amigo cercano que conoce la zona.
Al cierre de esta información, Díaz-Canel proseguía su visita de Gobierno al territorio holguinero, por sitios como el complejo turístico Valle de Mayabe en las cercanías de la ciudad, el policlínico Pedro del Toro, un centro de producción de materiales de la construcción y varias unidades de servicios recuperadas recientemente.

El proceso de cambiar todo lo que debe ser cambiado


Creo que es de interés tratar de precisar cómo es que se ha llegado a la conclusión de que era imprescindible introducir cambios en la organización de la sociedad cubana definida como socialista y, sobre todo, a la definición de los cambios más trascendentes considerados necesarios que se les propone a los cubanos para su aprobación.

Todo este proceso se inicia cuando, hace ya más de ocho años, se convocó a todo el pueblo a discutir qué había que hacer para mejorar el socialismo cubano, que si bien había logrado sobreponerse al derrumbe del campo socialista, al cual había integrado su economía, no podía seguir funcionando como antes en la nueva situación internacional en que, desde 1991, debía desenvolverse Cuba.

Esa consulta popular desembocó, en el 2011, en los 311 Lineamientos, según los cuales la conclusión de los cubanos era, en síntesis, conservar todo lo bueno que se había logrado en medio siglo de Revolución, y mejorarlo. Así se definía concretamente al socialismo cubano como el humanismo logrado, entendiendo por este concepto las condiciones de vida y las ideas compartidas bajo las cuales este pueblo había organizado su vida en el archipiélago en donde habita. Pero, para mejorarlo, era necesario cambiar todo lo que debía ser cambiado, tal como Fidel lo expresó en el 2006. Pero cambiar, vale decir volver a determinar, era negar hasta donde fuera necesario aspectos de lo ya existente, lo cual chocaba con una idea que había sido divulgada durante décadas, de que únicamente existía una sola organización socialista de la sociedad, basada en ciertos principios inmutables.

De hecho, logró primar una concepción de lo que es un proceso revolucionario que persigue un socialismo próspero y sostenible, expuesta por el General Raúl Castro en el 2011, según la cual el socialismo es “un trayecto hacia lo ignoto, hacia lo desconocido”, vale decir un proceso esencialmente transformador con resultados a veces sorpresivos con relación a los objetivos propuestos, reiterando la idea de Fidel Castro expuesta antes en el 2006, cuando dijo que “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado”. Ambos enunciados expresan la idea de que un proceso revolucionario es esencialmente dialéctico y por lo tanto trasformador.

Fue un adiós al determinismo, según el cual una vez establecido el socialismo, básicamente mediante el dominio de la propiedad estatal sobre todos los medios de producción y sus consecuencias, era solo una cuestión de tiempo lograr el desarrollo económico precursor de un nuevo estadio existencial, denominado comunismo. Fue también el adiós a un socialismo esquemático, considerado como el único real y por consiguiente posible. Pero, por otra parte, esa visión renovó la sensación de que continuaba la aventura emprendida por los cubanos el 1 de enero de 1959, por lo cual, a pesar de llevar más de medio siglo de Revolución, se mantenía la búsqueda del destino que le corresponde al pueblo cubano. Toma tiempo convencer de ello a más de 11 millones de cubanos que, en su vida, reiteran lo dicho por Marx: que los hombres sólo saben reproducir las condiciones de vida que conocen. Pero esta especie de inercia social que preside la manera de pensar tiene su aspecto positivo que, en este caso, se expresó por la voluntad de todos ellos, o al menos de una gran mayoría, de conservar todo lo bueno que les ha traído esta Revolución, todos los servicios sociales gratuitos de los que disponen y el hecho de que todos ellos se sienten no solamente iguales ante la ley sino también iguales en su derecho de existir y de realizarse plenamente durante su vida, lo que es, en esencia, el humanismo cubano que han creado y al que no están dispuestos a renunciar.

Primero fue el intento de diseñar un nuevo modelo económico y social a implementar en Cuba, que trató de conceptualizar lo que debe ser la economía socialista en el siglo XXI, según los cubanos, en un documento con más de doscientos acápites, de difícil síntesis conceptual, que fue aprobado por la Asamblea Nacional del Poder Popular, pero que despertó inquietudes en el pueblo con respecto a si no entraba en contradicción con valores y realidades existentes. Hacía falta enmarcar el socialismo cubano en un diseño legal y coherente que definiera claramente los rasgos del régimen económico, social, político e ideológico a establecer, para que se logre ese socialismo próspero y sustentable que se ambiciona. Ese ha sido el proyecto de Constitución de la República de Cuba, recientemente también aprobado por la Asamblea Nacional del Poder Popular para ser presentado al pueblo para su discusión y su aprobación.

En este proyecto de Constitución tres cambios fundamentales --y subrayo lo de fundamentales-- que caracterizaran una nueva etapa del socialismo en Cuba, han sido propuestos por la Asamblea Nacional del Poder Popular a la consideración de los cubanos:

- --Reconocimiento y desarrollo de un sector privado en la economía que, por estar basado en la compra de fuerza de trabajo, es establecer nuevamente en Cuba lo que Marx denominó la relación social de producción capitalista que, aunque no sea dominante, llevará inexorablemente a la acumulación de riqueza por los neo capitalistas cubanos.

- --Corolario de lo anterior, la consideración de la inversión extranjera en Cuba no solamente como deseable sino también como necesaria para construir en Cuba un socialismo “próspero y sustentable”.

- --Reconocimiento de que en la nueva economía cubana que se quiere establecer, regirá la producción y circulación de mercancías, que conlleva la vigencia de la operatoria del mercado conjuntamente con la planificación nacional.

El carácter fundamental de estos cambios proviene del reconocimiento de que se están modificando tanto la estructura económica y por tanto también la estructura de clases sociales existentes en el país, así como la manera en que los diferentes elementos de la nueva estructura social van a interrelacionarse entre sí y la manera en que los propios cubanos van a interpretar esta nueva realidad. No está de más decir que esos cambios conformarán nuevas contradicciones en el seno de la sociedad cubana, algunas de las cuales ya se están manifestando, como el nacimiento y desarrollo de la clase minoritaria de los neo-ricos, conjuntamente con la mayoritaria constituida por trabajadores asalariados. La interpretación de esos cambios como fundamentales en el proyecto propuesto de nueva Constitución de la República de Cuba, se basa en las ideas del marxismo clásico, el de Marx y Engels.

¿Es que esa propuesta a los cubanos, preparada por una comisión de sus representantes a la Asamblea Nacional del Poder Popular, responde a las discusiones de los intelectuales cubanos sobre como concebir el futuro del país, o más bien al diagnóstico de problemas trascendentes y de sus consecuencias, por parte de la dirección política del país, respondiendo a lo manifestado por el pueblo cubano en la consulta del 2011? (1) 

Todo parece indicar que lo acontecido ha sido el resultado de un enfoque pragmático de la realidad, más que de uno teórico, con la excepción de lo expuesto por el General Raúl Castro en el 2011. Porque hay que recordar cuando algunos años atrás --y si mal no recuerdo antes del 2011, con antelación a la gran discusión nacional sobre el qué hacer que dio lugar a los 311 Lineamientos--, el Gobierno hizo público que sobraba un millón de trabajadores en el sector estatal que habría que despedir, a la par que el 42% de las tierras propiedad del Estado no estaban siendo cultivadas, lo que dio lugar a que forzosamente, para no condenar a esos cubanos al desempleo, era inevitable autorizarlos a que se ganaran la vida por su cuenta y que, si querían y podían hacerlo, se les entregarían tierras estatales en usufructo para su explotación individual y se les arrendarían algunas instalaciones estatales para que las operaran por su cuenta.

Guste o no, ese fue el momento en que se aceptó como inevitable y necesaria, a nivel del Gobierno, la autorización para que se constituyera un sector económico privado que se sumaba a la existencia de los pequeños campesinos, tanto independientes como organizados en cooperativas. A raíz de ello dejó de tener validez aquella condición para la definición del socialismo, la apropiación por el Estado de todo el pueblo de los medios de producción de la sociedad, y se limitaba solamente a los considerados fundamentales y determinantes en la producción social. Se consideraba válida, por tanto, desde ese momento, también a la relación social de producción capitalista que descansa en la compra de la fuerza de trabajo, compatible con el socialismo.

Hay que recordar también el anuncio por parte del Ministro del Comercio Exterior y de la Inversión Extranjera, que no dejó de tener una cierta connotación dramática, la presentación de la nueva ley que permitía las inversiones extranjeras en Cuba, cuando señaló que esa era la solución para poder lograr un crecimiento económico anual del orden del 5 al 5,5 % en vez del 2% alcanzado con el nivel del ahorro nacional. En síntesis, el Ministro dijo que un más rápido crecimiento económico de Cuba solo era posible con la introducción de capital extranjero que, como su nombre lo indica, conlleva también reintroducir en el país la relación social de producción capitalista y la presencia de intereses económicos foráneos.

Esas decisiones imponían por simple lógica reconsiderar la interrelación operativa entre empresas --que desde ahora serian estatales y privadas--, que ya no descansaría exclusivamente en un procedimiento denominado planificación --que consiste en el cálculo “ex antes” por una burocracia administrativa que va desde el Consejo de Ministros hasta las unidades productivas--, de lo que deben hacer y cómo deben hacerlo los productores y los encargados de su circulación, procedimiento reiteradamente ineficiente por el pobre cumplimiento de esos planes, sino que en el futuro también deberían decidirlo por ellos mismos según las informaciones objetivas que les lleguen, al interrelacionarse con las demás unidades a las cuales están objetivamente vinculadas y con las cuales deben realizar sus cometidos. Conjunción de la planificación nacional con la operatividad del mercado, dos formas contradictorias de asignar los recursos sociales, lo que presupone la invención de un procedimiento para ello que todavía no existe y que habrá que inventar.

El recuento de la secuencia de lo que ha sucedido en materia de cambios, en ideas y propuestas, y del por qué ha sucedido, ratifica que se han debido a una actitud pragmática de la dirección política del país ante la realidad, y a una concepción correcta de cómo enfrentar el problema de hacer más eficiente el socialismo en Cuba.

¿Es que era posible otra manera de enfocar la problemática de mejorar la eficiencia del socialismo, después de su desplome en Europa, que la de Napoleón al contestar una pregunta sobre su manera de dirigir una batalla, cuando dijo: “Entro en combate y veo que debo hacer”, lo que nos recuerda eso de que construir el socialismo es “un trayecto hacia lo ignoto, hacia lo desconocido”, y que por tanto hay que atreverse a dar los pasos necesarios e inventar que hacer? Si es así, entonces bien vale la consigna de los estudiantes franceses en mayo de 1968: “La imaginación al poder”.

Al encarar el cómo transformar la realidad, surgieron propuestas de soluciones a definir y aprobar finalmente por los propios cubanos, quienes tienen la última palabra al respecto y que, por consiguiente, pueden volver a cambiarlas si así lo consideran. Para ello el nuevo proyecto constitucional contempla que para conservar y mejorar el humanismo que se ha logrado en Cuba, debe mantenerse la unidad cívica-militar de los cubanos y su expresión política mediante un partido único, a los efectos de garantizar la unidad mediante el procedimiento por el que las minorías aceptan las decisiones de la mayoría. Esa solución política es el caldero que contendrá en su interior al nuevo “ajiaco” económico y social en donde “se guisará” la nueva sociedad cubana.

Entre agosto y noviembre de este año, el pueblo cubano tendrá la última palabra al respecto.

La Habana, 30 de julio del 2018

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( 1) Esa pregunta plantea la cuestión del rol de los intelectuales en un proceso revolucionario y de cómo pueden contribuir a su desenvolvimiento explorando en el plano teórico la solución de problemas que van surgiendo, tema que amerita un tratamiento aparte.