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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

domingo, 25 de enero de 2026

Solo los cubanos pueden construir una Cuba nueva. Comentario HHC

Por Ricardo Torres. TIME
Economista cubano, es investigador de la American University en Washington, DC.


Vista general de una calle de La Habana el 7 de enero de 2025. Los cubanos, cansados ​​de años de crisis económica, escasez de suministros básicos y frecuentes apagones, temen que el ataque estadounidense a Venezuela, aliado ideológico de la izquierda y su principal proveedor de petróleo, les empeore la vida. (Foto de YAMIL LAGE / AFP vía Getty Images) AFP vía Getty Images—AFP o licenciantes


El domingo, el presidente Donald Trump descartó la idea de una acción militar estadounidense contra Cuba, pero ofreció una evaluación sombría de la estabilidad económica y política del país. "Creo que simplemente va a caer", dijo . "Se está hundiendo". La agitación tras la captura y deportación del líder venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos reavivó una vieja y dolorosa pregunta en Cuba: ¿qué sucede cuando un aliado cercano que suministra energía al país ya no puede hacerlo?.

Estados Unidos está presionando a Delcy Rodríguez, quien asumió como presidenta de Venezuela, para que detenga los suministros de petróleo a Cuba, que ha estado recibiendo alrededor de 35.000 barriles de petróleo diarios de Venezuela a fines de 2025. La incautación de petroleros vinculados a Venezuela en el Atlántico Norte y el Caribe por parte de las fuerzas estadounidenses ha aumentado la incertidumbre sobre los envíos de Caracas a La Habana.

Para Cuba, esta incertidumbre no es abstracta. Se trata del combustible para las centrales eléctricas, el transporte y los servicios básicos. Aun así, Venezuela supone una prueba de estrés. La verdadera causa de la crisis cubana reside en la debilidad de su modelo interno. Cuba enfrenta una doble crisis: una interna de normas, incentivos y legitimidad, y una externa de apoyo menguante y restricciones más severas.

Las crisis gemelas de Cuba

La magnitud de la tragedia es difícil de sobreestimar. La economía cubana es aproximadamente un 15 % menor que en 2018. El turismo, una importante fuente de divisas para el país, se mantiene muy por debajo de los niveles prepandemia; análisis con datos oficiales cubanos muestran que las llegadas de turistas en 2025 fueron menos de la mitad que en 2019. La generación de electricidad ha caído drásticamente: la producción de 2025 fue aproximadamente un 25 % inferior a la de 2019.

Los indicadores sociales son aún más alarmantes porque revelan el colapso de la capacidad estatal básica. La tasa de mortalidad infantil en Cuba, que en su momento fue un logro emblemático, ha aumentado drásticamente, pasando de alrededor de 4 por cada 1.000 nacidos vivos en 2018 a más de 9 por cada 1.000 en 2025. El personal médico se ha reducido a un ritmo alarmante: las estadísticas oficiales muestran que el número de médicos colegiados se redujo de 106.131 en 2021 a 75.364 a finales de 2024, una disminución del 29 %.

Estos no son solo malos resultados. Son señales de un sistema que ya no protege lo que debe ni cumple lo que promete. Cuando la gente no puede planificar con una semana de antelación —porque los cortes de electricidad, el transporte y los suministros básicos son inestables—, la economía se vuelve frágil. Cuando las instituciones tienen dificultades para prestar servicios rutinarios, el Estado pierde autoridad, incluso entre los ciudadanos que evitan la política.

Esto nos lleva a la parte interna de la crisis: el modelo cubano se ha convertido en una máquina para desalentar la iniciativa y eludir la rendición de cuentas. En términos económicos, el sistema aún trata la producción privada como algo que controlar en lugar de algo que crecer. Se ha permitido que el sector privado se expanda, para luego replegarse repetidamente, dejando a emprendedores y profesionales una simple lección: no construir demasiado, no planificar con demasiada anticipación y mantener siempre una opción de salida. Así no es como se produce el desarrollo. Así es como se propaga la informalidad y se desvanece la productividad.

Políticamente, la concentración de poder y la falta de transparencia y rendición de cuentas no son solo problemas morales, sino también de rendimiento. Sin un debate abierto, asociaciones independientes y verdaderos circuitos de retroalimentación, los errores de política perduran, la competencia es más difícil de recompensar y los fracasos son más fáciles de ocultar. Con el tiempo, el sistema pierde talento y el Estado pierde capacidad, a medida que la crisis se vuelve más compleja.

Consideremos ahora la faceta externa de la crisis cubana. Los líderes cubanos han recurrido durante mucho tiempo a un patrón familiar: cuando la situación se complica en el país, buscan alivio en el extranjero. En el pasado, ese alivio provino de los subsidios soviéticos, luego del petróleo venezolano y, más recientemente, del apoyo limitado de socios como Rusia, China y México.

Cuba ha desperdiciado la buena voluntad de gobiernos de todo el espectro ideológico. En lugar de considerar el apoyo externo como un puente hacia la transformación, ha recurrido repetidamente a acuerdos especiales para preservar su mera supervivencia. El entorno global actual es menos indulgente. El mundo exterior está cambiando, y Cuba se incorpora a él con instituciones débiles y pocos amortiguadores.

Por eso es tan peligrosa una interrupción en Venezuela. Los expertos estiman que la demanda actual de petróleo de Cuba es de poco más de 100.000 barriles diarios; si entre un cuarto y un tercio de esa cantidad depende de Venezuela, una interrupción importante podría llevar al país hacia una zona de subsistencia, especialmente porque Cuba no puede reemplazar fácilmente ese volumen mediante compras en efectivo.

Un hombre vende pasteles frente a un mural del héroe de la Revolución cubana, Ernesto "Che" Guevara, en La Habana el 6 de enero de 2026. (Foto de ADALBERTO ROQUE / AFP vía Getty Images) AFP vía Getty Images—AFP o licenciantes

El camino a seguir para La Habana

Si el diagnóstico comienza con el modelo, la solución también debe comenzar por ahí. Ningún actor externo puede "arreglar" a Cuba en lugar de los cubanos. Cualquier enfoque basado en esa ilusión será contraproducente. El único camino duradero es un rediseño liderado por Cuba, apoyado, no sustituido, desde afuera.

¿Cómo sería una «Nueva Cuba» viable en la práctica? No como un eslogan, sino como un conjunto de componentes básicos que aborden las deficiencias que revelan las cifras.

En primer lugar, Cuba necesita legitimidad y rendición de cuentas en su gobernanza. Cuba no necesita reformas superficiales ni elecciones controladas que cambien poco. Requiere instituciones que reflejen la verdadera diversidad del país y permitan la corrección pacífica de errores políticos. Esto implica límites de poder más claros, controles sólidos y normas que permitan a los ciudadanos participar sin temor, a través de grupos cívicos, asociaciones profesionales, medios de comunicación independientes e iniciativas locales. Un gobierno que exige a la gente soportar duros ajustes económicos no puede basarse únicamente en el control; debe obtener el consentimiento de la ciudadanía.

En segundo lugar, Cuba necesita avanzar hacia una economía productiva con reglas que beneficien el esfuerzo. Cuba necesita brindar un espacio empresarial legal para operar: permisos estables, impuestos y regulaciones predecibles, normas de propiedad y contratos más claras, y la capacidad de reinvertir, importar, exportar, contratar y crecer. Esto no implica abandonar el compromiso social que muchos cubanos aún valoran. Sin crecimiento, las garantías sociales se vuelven vacías; sin un piso social básico, las reformas pierden apoyo público y pueden volverse inestables. El objetivo no es copiar ningún modelo extranjero, sino construir un sistema cubano mixto que recompense el trabajo y el talento, a la vez que protege la dignidad fundamental.

Un tercer componente de la renovación y transformación de Cuba es un Estado profesional. La crisis cubana no es solo ideológica, sino también de capacidad estatal. La política energética no puede gestionarse como propaganda. La política fiscal no puede gestionarse como improvisación. La salud pública no puede sostenerse cuando faltan insumos y los profesionales se marchan. Cuba requiere un presupuesto transparente, estadísticas creíbles y una administración pública donde el rendimiento sea fundamental. Estas son las condiciones mínimas para un Estado funcional.

Finalmente, Cuba debe considerar la reunificación nacional como una estrategia de desarrollo, no como una concesión política. La diáspora no es un problema que gestionar; es un activo nacional: capital, habilidades, redes y un puente hacia los mercados. Una Nueva Cuba debe crear canales seguros y legales para que la diáspora invierta, se asocie y participe en la vida pública sin sospechas permanentes. Muchos países han seguido este camino para reconstruirse tras un largo declive: integrando a sus diásporas en la recuperación nacional.

Hasta ahora, el sistema cubano ha ofrecido pocas pruebas de que pueda resolver problemas concretos o, más importante aún, de que pueda llevar a cabo las transformaciones necesarias para su funcionamiento. Incluso algunos de sus aliados más destacados se han quejado en los últimos años de su clara incapacidad para implementar reformas que harían la economía productivamente viable.

La narrativa oficial cubana suele estar saturada de referencias a las causas externas de la crisis —con las sanciones estadounidenses como blanco predilecto— y se niega a reconocer el rotundo fracaso de su modelo económico y las causas internas de la crisis nacional. Con ello, el gobierno cubano crea un desequilibrio perjudicial en la descripción y ponderación de estas dos dimensiones. El resultado es que se dedica muy poco tiempo y capital político a cambiar lo que realmente está bajo el control directo del gobierno.

De La Habana y Washington

¿Cómo debe abordar Estados Unidos a Cuba?

La geografía y la historia garantizan que la política estadounidense moldeará el contexto cubano, pero no debe alimentar la ilusión de que el futuro de Cuba será determinado desde el exterior. Esa postura fortalece a los intransigentes dentro de Cuba e invita a un exceso de confianza fuera de ella. Washington haría mejor en evitar acciones que cierren el espacio para el cambio liderado por Cuba y, en cambio, ajustar sus políticas para impulsar medidas que amplíen la autonomía real de los cubanos: la autonomía para trabajar y ganar dinero legalmente, para crear empresas, para comunicarse sin restricciones, para asociarse y para exigir cuentas a las instituciones.

En la práctica, esto implica abandonar los reflejos. La presión sin una vía creíble para el cambio puede endurecer el control y profundizar la dependencia de Cuba de los patrocinadores que aún estén dispuestos a financiar y subsidiar su estancamiento. Un compromiso sin parámetros puede convertirse en una recompensa a la inercia.

Existe, de hecho, una tercera vía, que exige paciencia y precisión. Washington debería centrarse en la sociedad cubana y persuadir a La Habana para que implemente reformas graduales: aquellas que abren espacio para la actividad económica legal y la vida cívica básica, a la vez que limitan las oportunidades de extracción de rentas que generan los sistemas cerrados. Eso abriría las grietas por las que eventualmente podría llegar el cambio.

La agitación en Venezuela debe interpretarse como una advertencia contra dos fantasías: que un aliado extranjero puede rescatar a Cuba sin reformas profundas, y que la presión externa por sí sola producirá un resultado satisfactorio. Los datos económicos sugieren que el antiguo sistema operativo está fallando, y posponer un rediseño de la gobernanza y la economía conlleva costos crecientes para Cuba.

A Cuba no le falta orgullo, talento ni capacidad cívica. Le faltan reglas que permitan que sus activos funcionen. La causa fundamental de la tragedia cubana es cubana; el remedio para Cuba también será cubano. Las conmociones externas pueden acelerar el proceso, pero no determinan el resultado.

Solo los cubanos pueden lograrlo: reconstruyendo un Estado que merezca confianza y una economía que finalmente dé a la gente una razón para quedarse, invertir y vivir con dignidad. No hay garantías, pero la capacidad restante debe aprovecharse para iniciar la renovación nacional ahora.

Comentario HHC: No estoy de acuerdo con algunas cosas de este artículo, pero eso no es lo relevante , y puede propiciar el debate. Y no hay que admitir el injerencismo del gobierno de EEUU. Negociar sin ceder en principios y soberanía.

Lo importante a destacar es que los cubanos podemos y debemos hacer que Cuba funcione normalmente como país, sin tantas prohibiciones y centralizaciones, y no esperar por la "buena voluntad" del gobierno de EEUU,que nunca llegará, y hacer inservibles las politicas de bloqueo de este último, con mas productividad en todos los ambitos de la vida. China y VietNam entendieron eso, sin renunciar a sus objetivos estrategicos, y para ello se necesitan de las reformas estructurales que se necesitan. 

Hoy somos vulnerables con el Petroleo, porque se ignoraron los Planes de desarrollo de energias renovables  previstas desde el 2014 y no ejecutadas las inversiones asociadas, y adicionalmente el abandono de las inversiones en el petroleo por muy pesado que tenemos. Apostamos por el Turismo que no esta mal, pero no que abarcaran las mismas mas  del 30 % de las inversiones del pais en los últimos 20 años, y sin los resultados esperados. 

Hay que aprovechar el talento y las ventajas competitivas que como país tenemos. Se trata además, en esta hora de salvar las conquistas del socialismo. 

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