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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

viernes, 23 de enero de 2026

Cuba: señales de una economía de guerra (I)

Debilidades en áreas esenciales de la economía conducen al drama social y a reacciones políticas internas, en medio de una crisis agravada por la creciente agresividad de Estados Unidos en la región






Los altos precios continuaron frenando el consumo y la recuperación de la economía cubana en 2025, aunque la inflación mostró signos de moderación.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

La crisis económica que conmueve a Cuba debió hilar en 2025 el tercer año consecutivo de recesión. Aunque en el informe de diciembre al Parlamento el ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, prefirió no incluir datos preliminares del producto interno bruto (PIB), todas las señales apuntan a un cierre anual con cifras negativas.

La pésima evolución en áreas estratégicas de la economía se enlazó con la inflación, pesados desequilibrios fiscales y monetarios y estrangulamientos financieros, en un contexto que hizo improbable desde temprano el mínimo 1 por ciento de crecimiento económico que las autoridades habían planificado para el año.

La propia decisión de callar ese dato por ahora es un indicio de lo sombrío del derrotero.

En un Balance Preliminar para la región, actualizado en diciembre, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de Naciones Unidas estimó una caída del PIB en Cuba de 1,5 por ciento en el año. Se sumaría a los descensos de 1,9 y 1,1 por ciento en 2023 y 2024, respectivamente. Desde el 2020 de la pandemia, la economía cubana acumula, entonces, una contracción superior al 12 por ciento.

Pero una de las señales más claras de lo grave que pinta el escenario, definido por Alonso como “escenario de economía de guerra” quizás sea precisamente el apuro con que el gobierno desenfunda medidas económicas desde finales de noviembre. Estos pasos se inscriben dentro del Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía, que desde hacía un año aguardaba por un despliegue que fuera realmente perceptible.

Las nuevas decisiones, sin embargo, corren el riesgo de perder alcance o notoriedad por los ahogos que enfrentan la economía y la sociedad cubanas puertas adentro y desde el exterior. Estados Unidos ha elevado las sanciones a Cuba a niveles extremos, agravadas ahora por la agresión militar a Venezuela, la crisis geopolítica y el abierto belicismo del gobierno de Donald Trump en el hemisferio.

Largo Período Especial

Los signos dominantes en la economía cubana variaron poco en 2025. Las tensiones, desgastes y fracturas, las evidentes y las menos visibles, persistieron tanto en el consumo cotidiano, como en la producción, los servicios básicos, el comercio y las cuentas macroeconómicas.

Cuatro de los conflictos que sintetizan o simbolizan una tormenta con dimensiones múltiples son la crisis energética, el estancamiento del turismo, la inflación y los ahogos de las cuentas externas, con el bloqueo económico de EEUU como Pi constante.


El empeoramiento económico del 2025 motivó al ministro de Economía, Joaquín Alonso, a calificar la situación como “escenario de economía de guerra”.

De apagón en apagón

Los apagones continuaron como telón de fondo desestabilizador de la vida doméstica día tras día, entre otras mil flaquezas en la distribución y consumo de productos y servicios básicos. Con raíces en el deterioro tecnológico de las termoeléctricas y el déficit de combustibles, la crisis energética lastra también a sectores vitales de la industria, la agricultura y el transporte, entre otros.

El capítulo extremo de las caídas del SEN (Sistema Eléctrico Nacional) se repite cada año: en septiembre todo el país quedó a oscuras durante más de 24 horas y en diciembre se apagó de golpe solo en occidente. En octubre sucedió lo mismo en el oriente durante largas jornadas pero esta vez por el impacto del costoso huracán Melissa en esa región.

La dificultad permanente para importar petróleo se hizo aguda o francamente crítica en más de una oportunidad a lo largo del año.  Aunque la generación de las termoeléctricas descansa en el gas y el petróleo de extracción nacional, otra línea de producción de electricidad, los motores de la llamada generación distribuida, se ha visto limitada por momentos ante la falta de diésel y fuel oil, dependientes de la importación.

La generación de electricidad ha disminuido en Cuba en una cuarta parte, en los seis años desde que apareció la pandemia covid : bajó en casi 5000 GWh, hasta 15 918 GWh en 2025.

Solo ha crecido la generación a cuenta de paneles fotovoltaicos, uno de los pocos programas de inversiones en expansión en el país. Después de representar el 4 por ciento de la matriz energética cubana hasta el 2023, las fuentes renovables de energía escalaron hasta el 9 por ciento en 2025 con parques fotovoltaicos que se triplicaron en el año. En 2026, el gobierno calcula elevar la participación de FRE hasta un 13 por ciento, sobre todo a cuenta de la energía solar.

Los apagones, derivados del mal estado tecnológico de las termoeléctricas y las limitaciones del combustible, continuaron como uno de los signos cotidianos más lamentados entre la población

Turismo en caída libre

Otro sector en declive desde el golpe de la covid es el turismo, con todos los conflictos que entraña para el resto de la economía. Cuba recibió 1,9 millones de visitantes extranjeros en 2025, de acuerdo con el informe del ministro de Economía a los diputados, un 14 por ciento por debajo del año previo y un 21 por ciento menos que en 2023.

A diferencia del resto del Caribe, la industria del ocio sigue en caída libre en Cuba después de la pandemia, con el daño que implica para otros sectores productivos y de servicios, en proporción inversa con el beneficio que aportó hasta el 2018 como locomotora de la economía.

La baja en la recepción de turistas, a cuenta del deterioro de servicios y la presión de medidas coercitivas de EEUU sobre aerolíneas y cadenas hoteleras extranjeras asociadas con firmas cubanas, dejó a la economía de este país desprovista de un sector dinámico. El sostén que el turismo aportaba con su demanda a otras áreas internas del comercio, la inversión, la industria y los servicios, no ha encontrado sustituto. Sectores que en Cuba resisten o se expanden como la industria biotecnológica, la exportación de servicios médicos y la producción de habanos, no tributan ni entrañan beneficios similares a los del turismo para el resto de la economía.

La mayoría de las producciones industriales y agropecuarias importantes cerraron el año con pérdidas notorias y, consecuentemente, el comercio interno y externo se vio deprimido. Con esta contracción generalizada de la oferta es inevitable que se mantuvieran el ambiente inflacionario, los desequilibrios macroeconómicos y la incertidumbre de los consumidores.


La construcción de paneles fotovoltaicos es uno de los pocos programas de inversiones con avances en el 2025, pero aún compensa poco la crisis de la generación eléctrica.

Inflación y déficit fiscal

En un contexto de baja sostenida de la producción nacional y de la importación para abastecer el comercio interno, la inflación se ha convertido en uno de los síntomas más lamentados en la crisis económica. Eje de incertidumbre de consumidores y de actores de la economía, el incremento de precios tomó cuerpo con el fracaso del Ordenamiento Monetario en 2021, aunque había enseñado sus espuelas antes de la pandemia.

En 2025, la inflación continuó horadando la capacidad adquisitiva del peso cubano y, por extensión, de los salarios y la dinámica laboral, aunque moderó su ritmo. El economista Juan Triana aprecia dos signos puntuales positivos en el año y uno se relaciona justamente con la inflación y el menor crecimiento (14,95 por ciento) que observa en la variación interanual del Indice de Precios al Consumidor (IPC) -en 2024, el IPC acumuló un incremento de 24,88 por ciento y de 31,3 en 2023.

El otro punto positivo Triana lo vincula con “el control del déficit fiscal a niveles relativamente manejables (84 por ciento de lo planificado para el año)”, una señal de aliento, sin dudas, por tratarse de un dato identificado con los peligrosos desequilibrios macroeconómicos que tanto inquietan a economistas y decisores del gobierno desde hace años.

En el consenso de los expertos, la estabilización macroeconómica es una necesidad imprescindible para sacar a flote a la economía, pero a la vez representa uno de los retos más difíciles.

“Los desbalances presupuestarios recientes no solo obedecen a los impactos de la crisis, sino a déficits estructurales de larga data que no se visibilizan debido a las distorsiones de la dualidad cambiaria sobre las cuentas fiscales”, comentan los economistas Carlos Lage Codorniu y Karina Cruz Simón, en la publicación anual Miradas a la Economía Cubana correspondiente al año pasado, del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC).

Los enredos derivados de la dualidad monetaria se complicaron en 2025 al sumarse la dolarización parcial al peso cubano y la fórmula digital del MLC, con la asfixiante simultaneidad de tres tasas de cambios muy distantes entre sí.

A pesar de las dos señales positivas que observa, Triana menciona, en la citada publicación del CEEC, una situación económica en “peores condiciones que cuando se iniciara el llamado Período Especial” tres décadas atrás.

Otro economista, Julio Carranza, define la moderación de desequilibrios macroeconómicos  en el caso de la inflación y el déficit fiscal, como “un alivio cuantitativo, pero no cualitativo”.

La recepción de turistas retrocedió en 2025 por segundo año consecutivo, con las presiones que se derivan para otros sectores de producción y servicios que dependen de ese mercado.

Castigo desde el exterior

Como en los años 90, la depresión de producción y comercio y los desequilibrios fiscales, financieros y monetarios mantienen contraída la oferta minorista y mayorista, ahogan la captación de ingresos en divisas, deprecian el valor del peso cubano y deprimen el salario real.

Siguiendo igual guion que en los 90, el gobierno estadounidense ha aprovechado esta coyuntura para acentuar de manera extrema las sanciones del bloqueo, con un discurso cada vez más agresivo hacia Cuba. A la par, el alto endeudamiento externo de este país complica o retarda el acceso a las pocas economías que, como la china, mantienen sus puertas abiertas a esta nación del Caribe.

Casi a punto de cerrarse el año, el gobierno cubano comenzó a implementar respuestas, pero será el 2026 el momento que confirme el alcance real de los cambios que promete el Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía. (2026)

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