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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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miércoles, 27 de agosto de 2025

¿Qué pasó con las cooperativas en Cuba? Un recuento después de más de una década de “actualización”. Comentario HHC



En lugar de la consolidación y expansión del sector cooperativo cubano, lo que hemos visto es una disminución en el número total de cooperativas y de sus miembros o asociados.





¿Recuerdan la nueva economía cubana con una mayor participación de las cooperativas que fue prometida como parte de la “actualización” iniciada hace más de una década? Los principales documentos que guían este proceso de reforma, los Lineamientos y la Conceptualización, y la nueva Constitución de 2019, establecen que las cooperativas deben ser la segunda forma empresarial en importancia después de las empresas estatales, que deben contribuir a la solución de problemas locales y que deben recibir atención especial del Estado.

Pues, en lugar de la consolidación y expansión del sector cooperativo cubano, lo que hemos visto es una disminución en el número total de cooperativas y de sus miembros o asociados (“socios”). La moda de las cooperativas pasó bien rápido: apenas un par de años. De hecho, la palabra “cooperativas” parece haber casi desaparecido del vocabulario de los funcionarios públicos, e incluso de los medios oficiales de comunicación.

¿Cómo se encuentran las cooperativas cubanas más de una década después de la promesa de una economía más social y solidaria? ¿Qué explica esta situación actual en la que las cooperativas parecen haber desaparecido de las políticas públicas e incluso del discurso de funcionarios públicos, y las empresas privadas reciben más atención gubernamental y un entorno más propicio (o menos desfavorable) que las cooperativas? ¿Será que la pausa a las cooperativas nunca va a terminar?

Evolución en la última década

Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), al cierre de 2024 existían 5107 cooperativas en Cuba, de las cuales 481 eran cooperativas no agropecuarias (CNA) y el resto (4626), agropecuarias: 2429 CCS, 837 CPA y 1360 UBPC.1

Como se puede ver en el Gráfico 1, esto representa una disminución neta con respecto a 2023, con 25 cooperativas menos, debido a una reducción de las cooperativas agropecuarias, casi todas UBPCs, mientras que el total de CNA se mantuvo.

Gráfico 1. Empresas no estatales cubanas, según tipo de propiedad (2012-2024)Fuente: Elaborado por la autora, basado en “Organización Institucional. Principales Entidades. Marzo de 2025”, ONEI, 2025.

Lo más alarmante es que el número de cooperativas agropecuarias ha disminuido a un ritmo mucho mayor que en décadas anteriores. Si bien hasta 2011 se disolvían anualmente, en promedio, 24 UBPC y 3 CPA, entre 2012 y 2024, estas cifras aumentaron a más de 60 UBPC y 15 CPA disueltas anualmente.

Así, al cierre de 2024, había un total de 1367 cooperativas agropecuarias menos, equivalente al 77 %, de las que había en 2012: 67 %, 83 % y 82 % de las UBPC, CCS y CPA, respectivamente. Es importante notar que, a diferencia de las décadas anteriores, cuando el número de CCS presentaba ligeras fluctuaciones, estas también han disminuido en esta última década.2

En cuanto a las CNA, se registró un crecimiento de más de 400 de estas entre 2012 y 2017. Este crecimiento, en comparación con otros países y considerando el carácter experimental de la legislación y el limitado plazo de aprobación de dos años, fue impresionante.

Antes de la aprobación de las nuevas normas a finales de 2020, se habían creado alrededor de 439 CNA, de las cuales 421 aún existían a finales de 2020; lo que significa que solo 18 se disolvieron después de 3 a 5 años.

Desde entonces, se ha registrado un crecimiento neto de tan solo 60 CNA, lo que evidencia una desaceleración considerable de su crecimiento y sugiere que se han disuelto otras CNA, algunas debido a su conversión en mipymes privadas, mientras que otras no han sobrevivido a todos los choques analizados más adelante.

El Gráfico 2 muestra que la membresía cooperativa ha disminuido desde 2012 hasta 2023 3 en 88 400 personas, lo que representa el 85 % de entonces. Dentro del sector no estatal, el sector privado ha alcanzado una mayor participación en el empleo productivo (26,2 %) que el sector cooperativo (11,4 %), con todas las implicaciones económicas, sociales y culturales que ello conlleva.

Gráfico 2. Empleo no estatal en Cuba, según tipo de empresa (2012-2023; en miles de personas)

Fuente: Elaborado por la autora, basado en “Empleo y Salarios” en Anuario Estadístico de Cuba 2023, ONEI, 2024.

Principales choques y desafíos

Durante la última década ha ocurrido una “tormenta perfecta” que ha afectado incluso a aquellas cooperativas cubanas con una gobernanza sólida y una gestión empresarial eficiente. Han enfrentado enormes desafíos resultantes de un entorno legal desfavorable y una serie de choques externos nacionales e internacionales: 

  • La redistribución de tierras ociosas que priorizó al agricultor privado sobre las cooperativas.
  • Las barreras para que las cooperativas desarrollen sus propios canales de aprovisionamiento y comercialización, y que puedan satisfacer las necesidades de sus miembros.
  • El impedimento —hasta recientemente— de crear cooperativas de segundo grado.
  • El Ordenamiento, que desató hiperinflación, dolarización de facto y recentralización, y afectó más a las cooperativas por su mayor relacionamiento (para compras, ventas y alquiler de locales) con empresas estatales y su mayor transparencia.
  • Los cambios normativos que impusieron algunos graves límites a sus operaciones e incluso a su autonomía de gestión, anularon las ventajas de que disponían las cooperativas en cuanto a un llamado “trato preferencial”, y abrieron la puerta a la desmutualización.
  • La ausencia de una política pública, legislación e institucionalidad necesaria para el desarrollo de las cooperativas.

Redistribución de tierras ociosas

Un gran shock que han sufrido las cooperativas agropecuarias desde el inicio de la última década ha sido la política de redistribución de tierras ociosas iniciada en 2008, que ha priorizado a los agricultores privados (individuales o familiares) sobre estas.

Esto incentivó a miembros de cooperativas a abandonarlas para obtener tierra propia y mejores ingresos. Al mismo tiempo, debilitó especialmente a las CCS, pues ellas se vieron desbordadas con la obligación de capacitar y dar servicios a los nuevos usufructuarios aun sin que fuesen sus miembros.

Entre 2007 y 2018, se transfirió la gestión del 20 % de las tierras agrícolas desde las cooperativas, sobre todo de las UBPCs, hacia agricultores privados, mientras que la cantidad de tierras bajo gestión estatal se mantuvo casi intacta.

Si bien era absolutamente necesario poner las tierras ociosas a trabajar, el diseño e implementación de esta medida reflejó un contradictorio cambio de política hacia las cooperativas agropecuarias.

Reveló el abandono de décadas de reconocimiento al modelo cooperativo como el mejor aliado del agricultor individual o familiar, y el desconocimiento del papel central que han jugado las cooperativas históricamente, no solo en la seguridad alimentaria de la nación, sino también en el desarrollo económico, social y cultural de las comunidades rurales.

Foto: Kaloian.
Acceso a insumos

La redistribución de tierras en más manos privadas intensificó la presión sobre los insumos (semillas, fertilizantes, combustibles, etc.) y servicios (arado, cosecha, transporte, etc.), controlados por monopolios estatales, y redujo el acceso de las cooperativas a estos.

En los últimos años, esta escasez de insumos agropecuarios ha sido crítica: las cooperativas agropecuarias actualmente acceden, en el mejor de los casos, al 30 % de los insumos a los que accedían en 2019.

Tanto para las cooperativas agropecuarias como para las no agropecuarias persisten barreras para que desarrollen sus propios canales de aprovisionamiento y comercialización, y que puedan satisfacer las necesidades de sus miembros.

Mientras el sector privado ha podido ser “creativo” en su aprovisionamiento e incluso se reconoce públicamente que accede al mercado negro, las cooperativas encuentran límites para crear cuentas en MLC, importar y exportar, y les es imposible nutrir sus cuentas en MLC como no sea mediante la exportación.

Incluso cuando pueden exportar y ganar divisas (MLC), no pueden usarlas porque las empresas estatales importadoras que los venden en MLC carecen de suministros.

Cooperativas de segundo grado

A las cooperativas agropecuarias se les ha impedido hasta hace poco crear cooperativas de segundo grado.

Resulta insólito que el fomento de estas cooperativas de cooperativas, que permitirían solucionar problemas de abastecimiento y muchos otros, y que internacionalmente han demostrado su validez y grandes potencialidades, no esté al centro de los empeños para aumentar la producción agropecuaria.

El Ordenamiento

Las cooperativas, como todas las formas empresariales cubanas, fueron golpeadas a partir de 2020 por la llamada Tarea Ordenamiento, pues esta generó hiperinflación y dolarización de facto acompañada de una mayor recentralización en el sector estatal.

Pero el Ordenamiento tuvo tres golpes adicionales que afectaron mucho más a las cooperativas, debido a su mayor relacionamiento con —o dependencia de— empresas estatales para su aprovisionamiento, ventas y alquiler de locales.

Los precios de los insumos que adquirían de empresas estatales se multiplicaron, superando lo que las cooperativas podían cobrar por sus productos.

Muchos de los clientes de las cooperativas eran empresas o instituciones estatales, las cuales fijaron precios desproporcionalmente bajos, paralizaron sus compras por muchos meses y posteriormente hicieron ajustes a la baja.

Las CNA también sufrieron aumentos desproporcionados en los alquileres de locales estatales y restricciones operativas asociadas al Ordenamiento.

La hiperinflación y la necesidad de divisas para acceder a insumos limitaron aún a las cooperativas. A diferencia de las empresas privadas, la gobernanza de las cooperativas les impide operar eficazmente en el mercado informal de dólares e insumos productivos.

A las cooperativas les es más difícil acceder al mercado negro porque deben ser transparentes hacia sus miembros, y un secreto entre muchos ya no es secreto.

Foto: Kaloian.
Cambios normativos

Por otro lado, los cambios normativos de 2018-19 y 2023 (para las agropecuarias) y de 2019, 2021 y 2024 (para las no agropecuarias), si bien tuvieron pasos de avance, han resultado en tres afectaciones para las cooperativas.

Por un lado, —sobre todo los de 2018-19—, impusieron algunos graves límites a sus operaciones e incluso a su autonomía de gestión, los cuales han sido solo en parte superados.4

Las normas más recientes finalmente reconocieron la autonomía cooperativa, pero al mismo tiempo —bajo el nuevo dogma (neoliberal) de “igualdad de condiciones para todas las empresas”— anularon las ventajas de que disponían las cooperativas en cuanto a un llamado “trato preferencial”.5

En la actualidad, estas ventajas han sido reducidas a una menor carga tributaria, la cual, en la práctica, también ha sido anulada por los efectos del Ordenamiento y las barreras operativas ya analizadas.

Aun más, estas normas abrieron las puertas para la desmutualización o conversión de cooperativas a mipymes, al tiempo que ni siquiera se menciona cómo una mipyme que alcanza el máximo de 100 empleados podría ser convertida a una CNA.

Sin política pública de promoción

Finalmente, aunque no es menos importante, las cooperativas se han visto afectadas porque se ha mantenido la lamentable ausencia de una política pública de promoción de las cooperativas, de una legislación que unifique y libere de trabas a todo el sector cooperativo, y de una institucionalidad especializada que realmente entienda y aproveche las particularidades del modelo cooperativo.

Para tener un sector cooperativo sano, es imprescindible contar con instituciones que cumplan las funciones básicas necesarias de promoción, representación, supervisión pedagógica; para no hablar de la necesidad de coordinación de políticas públicas, financiamiento, educación, investigación y desarrollo.

Todas las crisis

Aunque sea obvio, no debe dejar de mencionarse que a partir de 2019 las cooperativas —como todas las formas empresariales cubanas— se han visto afectadas por una severa crisis económica nacional.

No se es honesto si no se reconoce que esta crisis ha resultado en gran medida del recrudecimiento del bloqueo y de la guerra económica de las administraciones de Trump y Biden, que han logrado estrangular las principales fuentes de divisas del país: turismo, misiones médicas, remesas.

Obviamente, la pandemia de covid-19 devastó aún más una economía dependiente en gran medida del turismo, y que no escatimó gastos para el desarrollo de vacunas y la implementación de campañas de vacunación.

Pero también debe reconocerse que la crisis actual es en parte producto de la incapacidad de las reformas implementadas en la última década para lograr los resultados esperados.

Entre estos fracasos, aunque no se le da la importancia que requiere, está el fracaso hacia el sector cooperativo.

No hacer nada ha sido un grave error

La reducción del sector cooperativo cubano ha sido resultado de graves errores que se han cometido y se continúan cometiendo en materia de promoción y desarrollo de cooperativas. Continuamos siendo uno de los poquísimos países de la región que no cuentan con una ley general para todos los tipos de cooperativas, a pesar de haberla anunciado hace más de una década.

No hay que esperar a tener una ley cooperativa, como tampoco a tener el tan anhelado mercado cambiario, para levantar las muchas barreras operativas que enfrentan las cooperativas cada día que en muchos casos no dependen de otra cosa que de al menos dejarles hacer.

Foto: Kaloian.
¿Una pausa que no termina?

El experimento con las cooperativas no agropecuarias en Cuba fue suspendido oficialmente en 2016; de facto desde 2015, cuando el Estado dejó de contratarlas y aumentó su fiscalización.

La justificación gubernamental, basada en una evaluación presentada en 2017, citaba desviaciones del objetivo original, falta de control, tendencia al alza de precios y uso indebido de créditos.

Es significativo que la mayoría de estos problemas —como la supervisión inadecuada y la opacidad en los procesos de contratación estatal— fueran fallos institucionales externos a las cooperativas, aunque la responsabilidad recayó sobre estas.

A pesar de reconocerse que los casos problemáticos fueron minoritarios y se concentraron en sectores específicos como la construcción, la respuesta no fue fortalecer el modelo, sino detenerlo indefinidamente.

Con el sector privado no hubo tal escarmiento, sino todo lo contrario. La evaluación que ocurrió simultáneamente del trabajo por cuenta propia detectó irregularidades más graves y generalizadas, como evasión fiscal y contratación encubierta de trabajadores.

Sin embargo, en ese caso, las soluciones se orientaron hacia una mejor supervisión y capacitación, con solo una corta paralización de la entrega de licencias.

Como demuestra la evolución del número y la membresía de las cooperativas cubanas durante los últimos 12 años y el análisis de los factores que están detrás de este declive aquí analizados, la pausa para las cooperativas decretada hace una década aún persiste y se ha convertido en un abandono del modelo en la política pública, tanto en las normas como en los hechos.

Si un grupo propone la creación de una cooperativa, no es inusual que le pregunten por qué no crean una mipyme. No se conocen conversiones de unidades empresariales estatales a gestión cooperativa posteriores al 2015.

Se ha dificultado el acceso de cooperativas a rentar locales estatales, privilegiando abiertamente al sector privado. A muchas de las CNA que rentan locales se les ha intentado subir los precios desproporcionadamente.

Las cooperativas agropecuarias parecen no tener ningún apoyo, ni central ni local, para poder solucionar su falta de insumos básicos para la producción de alimentos. Los gobiernos locales de zonas rurales con presencia de varias cooperativas interesadas en asociarse no parecen haber facilitado el surgimiento de ni una sola cooperativa de segundo grado.

Todo esto evidencia una clara preferencia de funcionarios públicos por otras formas no estatales como las mipymes privadas, los TCP y los productores agropecuarios privados.

¿Será que se ha decidido que las cooperativas han dejado de ser útiles para el nuevo modelo de desarrollo cubano y no nos hemos enterado?

Notas:

  1. Los diferentes tipos de cooperativas en Cuba son: 1) Cooperativas de Crédito y Servicios (CCS, que son cooperativas de productores de agricultores privados) desde 1960; 2) Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA, que son cooperativas de trabajadores de agricultores y personal administrativo) desde 1975; 3) Unidades Básicas de Producción Agropecuaria (UBPC; que son cooperativas de trabajadores de agricultores y personal administrativo que arriendan tierras del estado en usufructo gratuito) desde 1993; y 4) Cooperativas No Agropecuarias (CNA; que son generalmente cooperativas de trabajadores, pero también podrían ser cooperativas de productores, en cualquier caso en actividades que no son en la agricultura) desde 2013.
  2. La reducción del número de cooperativas agropecuarias y de sus socios es una tendencia mundial que se debe principalmente a la consolidación (fusión de cooperativas) y a la disminución del número de agricultores como resultado de la migración a las zonas urbanas y la reducción de la actividad agrícola. En Cuba, otros factores han también incidido y son analizados más adelante.
  3. La ONEI aún no ha publicado los datos sobre el empleo al cierre de 2024.
  4. En particular, el Decreto Ley 366 de 2019 estableció que las CNA no podían comercializar fuera de la provincia donde estaban registradas, limitó el crecimiento de sus membresías a menos del 10 % con respecto al tamaño del momento en que se aprobó esa normativa y restringió —como se mencionó antes— su acceso a cuentas bancarias que les permitieran operar en las monedas existentes (CUC en aquel entonces, MLC después del ordenamiento), sus ventas a empresas estatales y la posibilidad de que las cooperativas exportadoras tuvieran cuentas en divisas. El Decreto Ley 365/2018 para las agropecuarias finalmente unificó sus normas, pero continuó limitando su consecución de los principios cooperativos.
  5. Las CNA inicialmente contaban con tiempo de gracia para el pago de impuestos, prioridad en acceso a las ventas de insumos estatales, al alquiler de locales estatales y a los créditos y servicios bancarios, y preferencia como modelo para la conversión de unidades empresariales estatales a gestión no estatal.

Fuentes para la elaboración de las gráficas:“Empleo y Salarios” in Anuario Estadístico de Cuba 2023, ONEI, 2024.



Doctora en Economía por la Universidad de La Habana (2018). Fue profesora, investigadora y consultora del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la UH (2009-2018) y profesora de la Maestría en Desarrollo y Gestión de Cooperativas de FLACSO-UH (2011-2020). Ha escrito cuatro libros y más de 40 artículos académicos y capítulos de libros con énfasis en las cooperativas y políticas públicas para el sector cooperativo y empresarial, economía social y solidaria, desarrollo local comunitario, desarrollo sustentable, y planificación democrática.

Comentario HHC: Lenin : "Termino: hay que otorgar a las cooperativas una serie de privilegios económicos, financieros y bancarios; en esto debe consistir el apoyo de nuestro Estado socialista al nuevo principio según el cual debe organizarse la población. Pero esto es sólo el bosquejo general de la tarea; no define ni describe en detalle todo el contenido de la tarea práctica, es decir, debemos encontrar qué forma de "prima" concederemos (y las condiciones en que la concederemos) por incorporarse a las cooperativas, forma de prima que nos permita prestar ayuda suficiente a las cooperativas, forma de prima que preparará cooperativistas cultos. Y cuando existe la propiedad social de los medios de producción y cuando el proletariado ha triunfado como clase sobre la burguesía el sistema de cooperativistas civilizados es el sistema del socialismo". 4 de enero de 1923.

¿ En Cuba a donde pretendemos ir ? ¿ Priorizando la propiedad privada sobre las cooperativas?. 



jueves, 12 de octubre de 2023

Renovación del marco legal de las cooperativas en Cuba: 12 propuestas

Además de cambios normativos e institucionales es vital una campaña de comunicación social que de nuevo dignifique esta forma de gestión y reconozca sus potencialidades.




Al conocer que el Ministerio de Economía y Planificación (MEP) estaría revisando las normas de las cooperativas no agropecuarias (CNA) emitidas en agosto de 2021 (Consejo de Estado, 2021), después de dos años de experiencia en su aplicación, la Red Cubana de Economía Social y Solidaria y Responsabilidad Social Empresarial (ESORSE) convocó en junio de 2023 a un taller para elaborar propuestas —desde la Academia y la experiencia práctica— para la actualización de este marco legal, que reunió a especialistas en cooperativas y miembros de estas, cuyos criterios pudieran aportar y contribuir a su mejoramiento.

A partir de la retroalimentación obtenida durante el taller, los organizadores elaboraron la versión final de una Propuesta que se presentó a las autoridades del MEP y otras entidades estatales que trabajan con cooperativas.

A continuación compartimos los fragmentos más relevantes de dicha propuesta, conscientes de que también urge perfeccionar las normas para las cooperativas agropecuarias. Además de cambios normativos e institucionales –algunos de los cuales esta propuesta incluye—, es vital una campaña de comunicación social que de nuevo dignifique esta forma de gestión y reconozca sus potencialidades para contribuir a la solución de muchos problemas acuciantes que enfrentan cubanas y cubanos en la actualidad.

El motivo de hacerla pública es que las cooperativas se encuentran en una situación muy difícil, debido a la crisis socioeconómica global y nacional, pero también de normativas y políticas públicas que limitan significativamente su funcionamiento, al tiempo que desestimulan su creación y fomentan su privatización.

Es importante actuar cuanto antes para que el marco legal y regulatorio para las cooperativas en Cuba sea congruente con lo planteado en la Constitución, en la Conceptualización y los Lineamientos.

“El tipo de propiedad cooperativa que reconoce el Modelo es socialista, sustentada en el trabajo colectivo de sus socios propietarios y en el ejercicio efectivo de los principios del cooperativismo. Por ello es objeto de atención especial entre las formas no estatales.” Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista (PCC, 2016)

A continuación, las principales 11 recomendaciones de cambios al Decreto Ley No. 47 de las Cooperativas no Agropecuarias, relacionadas con los siguientes 8 puntos:Nombre

RECOMENDACIÓN 1. Cambiarle el nombre de “Cooperativa no Agropecuaria” —término negativo— por uno positivo y más preciso, como “Cooperativa de Trabajo Industrial y de Servicios” (CTIS), al tiempo que se legislen otros tipos de cooperativas como se sugiere seguidamente; todo esto mientras se diseña y aprueba la Ley General de Cooperativas.Tipos de cooperativas

La Conceptualización del modelo económico y social cubano (PCC, 2016) dice: “El Modelo prevé que existan cooperativas resultantes de la asociación de varias, las que organizan actividades complementarias afines a sus intereses, agregan valor a los productos y servicios, y posibilitan realizar compras conjuntas, entre otras actividades”.

RECOMENDACIÓN 2. Acabar de establecer las normativas para las cooperativas de segundo grado anunciadas hace más de una década, y además de grados superiores, según sean solicitadas por las cooperativas existentes.

El Decreto-Ley de las Cooperativas No Agropecuarias (Consejo de Estado, 2021) en su Artículo 4 dice: “El objetivo general de la cooperativa es la producción de bienes y la prestación de servicios para la satisfacción del interés social y de sus socios”. Su Artículo 7 dice que “La cooperativa es de trabajo…”.

RECOMENDACIÓN 3. No limitar las cooperativas a “producción” o “trabajo”. La legislación debe plasmar la definición de los distintos tipos de cooperativas existentes, según la práctica internacional, a saber, cooperativas de trabajadores, cooperativas de productores, cooperativas de consumidores, cooperativas de participantes múltiples, cooperativas de grado superior, entre otras.Nivel de autorización

El Artículo 13 dice: “El Ministerio de Economía y Planificación autoriza la creación de las cooperativas”. Y en las DISPOSICIONES FINALES. CUARTA: “Los organismos de la Administración Central del Estado no continúan siendo órgano de relación u organismo que responde por el funcionamiento interno de las cooperativas”.

RECOMENDACIÓN 4. Descentralizar la autorización de la creación de cooperativas hasta el nivel municipal, con la aprobación del nivel provincial. Es el municipio el que realmente conoce la conveniencia de establecer una cooperativa, en función de la Estrategia de Desarrollo Municipal y sus líneas estratégicas. Tampoco debe ser obligatoria la aprobación del organismo de los Organismos de la Administración Central del Estado (OACE) de referencia para constituir una cooperativa. Esto no implica que deje de utilizarse el sistema automatizado establecido.Objeto social

Artículo 8.1: “El objeto social de la cooperativa es el que los socios establezcan en los Estatutos como actividades económicas lícitas a las que se dedicará, con arreglo a las disposiciones vigentes”.

Significa que las cooperativas deben acatar el Decreto 49/2021 (Consejo de Ministros, 2021), lo cual limita significativamente su posible alcance (Ver Anexo 1).

RECOMENDACIÓN 5. Revisar y enmendar el Decreto 49/2021 preguntando: ¿Qué otras actividades pudieran autorizarse a las cooperativas que aporten a la economía (producción y servicios), generen empleo y tengan un efecto multiplicador, sin comprometer la Constitución de la República y otras legislaciones vigentes? Es necesario ampliar y diversificar las actividades económicas que pueden realizar las cooperativas, o sea, abrir camino a las cooperativas que realicen actividades de comercialización, vivienda, energía, ahorro y crédito, servicios de cuidado, formación, asesoría y de otros tipos.Consejo Nacional de Actores Económicos

Decreto 49/2021 Artículo 3. “El Consejo Nacional de Actores Económicos, en lo adelante el Consejo Nacional, es el órgano interinstitucional rector de las políticas y regulaciones concernientes a las micro, pequeñas y medianas empresas y las cooperativas no agropecuarias, encargado de promover y fomentar su desarrollo”. (Consejo de Ministros, 2021)

Decreto-Ley 47/2021 De las Cooperativas No Agropecuarias. Artículo 5. “El Consejo Nacional de Actores Económicos es el órgano interinstitucional rector de las políticas y regulaciones concernientes a las cooperativas, encargado de promover y fomentar su desarrollo”.

RECOMENDACIÓN 6. Circunscribir el Consejo Nacional a Mipymes y TCP. Las cooperativas deben tener su propio Instituto, “órgano interinstitucional rector de las políticas y regulaciones” que abarque a todas las cooperativas.

RECOMENDACIÓN 7. Por otro lado, las cooperativas necesitan órganos que las representen ante las instituciones, similar al papel de la ANAP para las agropecuarias, que pueden tomar la forma de asociaciones, cooperativas de segundo grado que se conocen como federaciones y de tercer grado que se conocen como confederaciones, etc.Tributos

Las CTIS (CNA) están sujetas a una variedad de impuestos y tributos: Sobre Ventas y Servicios; Sobre Fuerza de Trabajo; Seguridad Social; Impuesto sobre los Ingresos Personales de los trabajadores contratados; Contribución Territorial para el Desarrollo Local; Impuesto sobre utilidades. Además, la Ley 157/2022 deja sin efecto la exoneración de un año a cooperativas de nueva creación.

RECOMENDACIÓN 8. Rebajar los tributos lo más posible a las cooperativas, como mínimo a los mismos que pagan las inversiones extranjeras y las asociaciones económicas internacionales, para estimular tanto las unas como las otras. Volver a instaurar la exoneración de un año a las cooperativas de nueva creación.Formación y acompañamiento

“El régimen de los cooperativistas cultos es el socialismo”, escribió V.I. Lenin, destacando que para tener cooperativistas cultos estas personas deben experimentar procesos de educación cooperativa. Además, la mayoría de las nuevas cooperativas, sobre todo si son formadas por personas con poca experiencia de administración de empresas y en la gobernanza cooperativa, deben recibir acompañamiento.

RECOMENDACIÓN 9. Promover y facilitar la prestación de servicios de formación de capacidades y el acompañamiento de las cooperativas, en particular por parte de universidades y centros universitarios municipales (CUM), centros de investigación y desarrollo, asociaciones profesionales (p.e. ANEC), la sociedad civil (CDR, UJC, etc.) y los gobiernos locales; también por otras cooperativas y mipymes estatales y privadas. No establecer métodos o contenidos únicos o centralizados, si bien el Instituto de Cooperativismo podría jugar un rol garantizando la calidad de estos servicios.

RECOMENDACIÓN 10. Deben enseñarse los Siete Principios Universales del Cooperativismo e incentivarse la cultura del cooperativismo desde edades tempranas y en todos los niveles educativos, en línea también con las recomendaciones de la OIT, la ONU y la CEPAL. Los medios masivos deben educar sobre la identidad cooperativa y divulgar mucho más las excelentes experiencias de cooperativas en Cuba y en el mundo, como las de Mondragón (España), Québec (Canadá), Kerala (India) y Emilia-Romagna (Italia), por solo citar algunas.Disolución de las cooperativas

Es necesario detener cuanto antes, desde las normas jurídicas, el proceso que ha tenido lugar en varios casos de privatización de cooperativas, peor aún cuando estas fueron previamente convertidas en cooperativas a partir de empresas estatales, lo que está resultando en un peligroso tránsito de la propiedad de todo el pueblo a manos privadas. Esta privatización ha sido en gran parte inducida por el marco legal y regulatorio establecido que brinda ventajas significativas a las mipymes privadas.

RECOMENDACIÓN 11. Realizar los siguientes cambios al DL 47 para proteger a los miembros de las cooperativas.

En el Artículo 74 debería agregarse un inciso 74.6 que establezca que al menos una parte considerable de las reservas que cree la cooperativa —según lo establezca la cooperativa en sus estatutos— son indivisibles o irrepartibles y, por tanto, esa parte del “patrimonio resultante” no puede ser distribuida entre los socios al extinguirse o disolverse la cooperativa.

En el Artículo 84.1 inciso a) debería establecerse el quórum mínimo necesario de 75 % y la convocatoria anticipada para la Asamblea General que decida la disolución de la cooperativa, así como la necesidad de lograr más de 75 % de los votos para aprobar la disolución.

En el Artículo 89 debería establecerse que las reservas y fondos que hayan sido declarados como indivisibles (irrepartibles) en los estatutos de la cooperativa deben pasar a otra cooperativa o, idealmente, y una vez establecida la entidad encargada de la promoción de cooperativas, a su fondo de fomento de nuevas cooperativas.

En el Artículo 91, en lugar de establecer a los administradores como los liquidadores, debería prohibirse que los administradores sean liquidadores; los liquidadores deberían ser elegidos por la Asamblea General, cumpliendo con el quórum, convocatoria y votación mencionados para el artículo 74 o, en caso de que sea forzosa, por una comisión establecida por la entidad de fomento cooperativo.

En el Artículo 92 se debe aclarar, tal como se propone para el artículo 89, que las reservas y fondos indivisibles/irrepartibles no pueden ser incluidos en el “proyecto de división entre los socios del activo resultante.”

Además, el DL 46 de las Mipymes debería establecer el proceso de cómo ellas, en la medida que se acerquen al número máximo de 100 trabajadores autorizados, se deban convertir a cooperativas o empresas co-gestionadas entre los dueños inversionistas y los trabajadores (ver el modelo de la co-determinación en Alemania).

Finalmente, una recomendación general adicional relacionada con: El papel central del cooperativismo en el socialismo y la necesidad de una única Ley General de Cooperativas

El socialismo, como proceso de cambio, tiene como objetivo esencial “producir” nuevas relaciones sociales, relaciones sociales emancipadoras, desenajenadas, donde se reemplaza el egoísmo, la desigualdad y la competencia por la solidaridad, la equidad y la cooperación. Estas nuevas relaciones de libre trabajo asociado (i.e., cooperativo) son indispensables para lograr un desarrollo de las fuerzas productivas basado en un círculo virtuoso entre objetivos económicos, sociales y medioambientales.

Las cooperativas implican, justamente, esas nuevas relaciones de producción de trabajo libre asociado, donde todos son dueños y responsables de sus lugares de trabajo.

En tiempos donde nos acercamos al colapso ambiental y todos deberíamos estar buscando soluciones que no contribuyan a mayores desastres climatológicos y eventualmente al fin de la vida en la tierra, el modelo cooperativo debería atraer mayor interés por su potencial para asumir prácticas amigables con el medio ambiente. Sabemos que el modo de producción capitalista globalizado que nos ha llevado a destruir el planeta se centra en las empresas privadas, cuya lógica en última instancia es la maximización de las ganancias para la concentración de la riqueza y la reproducción del sistema capitalista.

Un sistema alternativo debe estar basado en la satisfacción de las necesidades humanas de las grandes mayorías, o sea, la justicia social y económica al mismo tiempo que se garantiza la adaptación y mitigación del cambio climático. Las cooperativas, al tener la lógica de satisfacción de las necesidades de sus asociados y potencialmente de las comunidades donde se encuentran, son parte importante de ese nuevo sistema que es necesario establecer para que exista un futuro para la especie humana.

Por tanto, en las políticas públicas de promoción empresarial en Cuba no puede existir un orden igualitario entre cooperativas, TCP y mipymes privadas. Además, debido a que de todas estas formas empresariales, es la cooperativa la única que ha sido considerada como socialista, es imperativo instituir políticas públicas de fomento que establezcan un trato preferencial no solo impositivo sino también para el acceso a financiamiento, contrataciones públicas, formación y acompañamiento.

RECOMENDACIÓN 12. Se recomienda, por tanto, unificar todos los tipos de cooperativas en una Ley General de Cooperativas única. Las cooperativas, dadas las fortalezas y potencialidades que les otorgan sus Siete Principios, están llamadas a ir desempeñando, gradualmente, un papel mucho más central en el nuevo modelo socialista cubano. La manera de ampliar mucho más hacia toda la sociedad la ya significativa vocación comunitaria de las cooperativas, plasmada en su Séptimo Principio de compromiso con el desarrollo de la comunidad, es estimular de manera significativa la creación de cooperativas de participantes múltiples, que integren trabajadores, consumidores, productores, representantes de intereses comunitarios como gobiernos locales y/o organizaciones sociales, inversionistas, entre otros actores.

De ahí la necesidad de que una Ley General incluya a todos los tipos de cooperativas, amplíe su diapasón y alcance de manera sustancial, establezca la institucionalidad necesaria, y le otorgue al cooperativismo el papel central que está llamado a tener en el socialismo.

sábado, 4 de marzo de 2023

Cooperativas reconvertidas a mipymes privadas: urgencia de corregir la normativa

La privatización de cooperativas y, más aún, de aquellas que surgieron a partir de propiedad estatal, es sin duda un gravísimo problema que debe ser enfrentado con la mayor urgencia.





Ya suman cinco las cooperativas (cuatro no agropecuarias y una agropecuaria) que, según he sabido, han sido reconvertidas a mipymes privadas en Cuba.1 Si se hace un levantamiento de cuántas cooperativas no agropecuarias y agropecuarias han sido disueltas en el último año y han visto sus negocios continuar como mipymes privadas, probablemente el número sea mayor, esperemos que no por mucho.

Pareciera que el fenómeno de privatización de cooperativas está ocurriendo no solo con las cooperativas no agropecuarias, sino también con las cooperativas agropecuarias. Pero, aunque considero que hay deslices que corregir en la legislación de las cooperativas agropecuarias (Decreto Ley 365/2018 y Decreto 354/2018), en este análisis nos limitaremos a las primeras.

La reconversión de cooperativas a empresas privadas podría parecer que no es un problema. Pero sí lo es, y grave, con importantes e irreversibles repercusiones para los miembros de estas cooperativas y toda nuestra sociedad.

Algunos podrían decir que estas reconversiones son una demostración de que las cooperativas son una utopía irrealizable y habría sido mejor dejarnos de boberías e ir directo a las empresas privadas. Dirían, como ya he escuchado y leído varias veces: “las cooperativas son muy pocas en relación a los TCP y mipymes, así que ¿por qué tanto aspaviento?”.

Baste decir por ahora que el desconocimiento, pretendido o real, es fiel aliado de las causas más conservadoras en el mundo.

Una rápida búsqueda en Internet sirve para aprender que las cooperativas no son una forma empresarial desestimable o un ensueño de izquierdistas.

En Cuba existen 5 156 cooperativas, según datos de la ONEI de octubre de 2022. De ellas 2 431 son Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS), 846 Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), 1 406 Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) y 473 Cooperativas No Agropecuarias (CNA).

Según la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), el 12 % de la población mundial está organizada en 3 millones de cooperativas que producen más de 12 billones en ingresos y aseguran el 10 % del empleo global.

Las personas interesadas podrían conocer el porqué de que existan tan pocas cooperativas en el mundo, si se les compara con el número de empresas privadas. Algo que tiene mucho que ver con la falta de marcos legales y regulatorios propicios para su desarrollo, a pesar de que está demostrado que son más resilientes que las empresas privadas.2

Para quienes desean que Cuba se convierta en una sociedad que realmente responda y sirva a las necesidades y aspiraciones de las mayorías, la privatización de cooperativas y, más aún, de aquellas que surgieron a partir de propiedad estatal, es sin duda un gravísimo problema que debe ser enfrentado con la mayor urgencia.

Para decirlo en pocas palabras: intereses privados están despojando la propiedad de medios de producción a grupos de trabajadores e, incluso, a todos los cubanos y cubanas, pues éramos, o somos, dueños de la propiedad estatal que fue vendida o rentada a sus trabajadores para ser administrada como cooperativa.

Si no se detiene este proceso, podrían privatizarse gran parte de las cooperativas que representen algo valioso para intereses privados. Esto resultaría en el aumento del desempleo, concentración de la riqueza y desigualdad: los dueños de las nuevas mipymes no están empleando a los antiguos socios-trabajadores que consideran de baja productividad aunque sean personas mayores; de decenas de dueños se pasa a un puñado de estos; y los nuevos dueños ya no se ven limitados por el rango de diferencia de ingresos3.


Foto: Kaloian.

¿De quién es la culpa de esta privatización de cooperativas? Algunos dirán que nadie tiene la culpa y que es natural que suceda esto pues las empresas privadas son una forma más “eficiente” y esas cooperativas “fracasaron”. Nada más lejos de la realidad: aún bajo criterios de eficiencia estrechos —que no tienen en cuenta las externalidades—, hay numerosos estudios que demuestran que las cooperativas son tanto o más eficientes que sus pares privadas, y obviamente más con una comprensión más holística de la eficiencia.4

Conozco algunas de las cooperativas que están siendo reconvertidas a mipymes y eran muy eficientes y productivas: eran cooperativas exitosas que —en medio de los complejos retos que la actual situación de nuestra economía crea para todas las formas empresariales— podrían haber seguido operando como tales si no fuera porque errores en las normativas facilitan su privatización y la perniciosa sagacidad de sus líderes.

Los fenómenos de privatización de cooperativas (o “desmutualización”) ocurren precisamente con las cooperativas exitosas, cuando las normas —por la ausencia de una Ley General de Cooperativas que refleje los principios cooperativos— permiten que unos pocos se apoderen de ellas encandilando a los socios con jugosas sumas de dinero.

Las empresas privadas, sin dudas, deben jugar un rol en nuestra sociedad pues dinamizan la economía y permiten que las personas interesadas en crear sociedades de capital lo puedan hacer y no establezcan falsas cooperativas. Asimismo, concuerdo con la Conceptualización de nuestro modelo socioeconómico, nuestra Constitución vigente, así como las de otros países, la Acción Global para Promover la Economía Social y Solidaria adoptado por los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico o OCDE (2022), el Plan de Acción para la Economía Social de la Unión Europea (2021), la Recomendación R193 sobre las promoción de cooperativas de la OIT (2002) de que los estados que buscan el bien común deben promover a las cooperativas.

Estas y otras políticas nacionales e internacionales, reconocen que las cooperativas —como líderes de la economía social, es decir, de las empresas no guiadas por la maximización de la ganancia— están mejor preparadas que las empresas privadas para crear empleos dignos y estables, contribuir al desarrollo local, y responder a necesidades sociales y a los grandes desafíos que enfrentamos como humanidad: creciente desigualdad, polarización y cambio climático.

Otros dicen que esto ha pasado porque los socios de las cooperativas convertidas a mipymes no tienen “cultura cooperativa”. Resulta que tres de las cuatro cooperativas no agropecuarias que conozco que se han privatizado fueron analizadas por algunos de mis estudiantes y por mí por muchos años, y la evidencia reunida —incluyendo encuestas a miembros— demuestra todo lo contrario. Si había cooperativas con miembros que conocían sus derechos y las ventajas del modelo cooperativo, eran los de esas cooperativas precisamente.

Es curioso que este lema de que “en Cuba no hay cultura cooperativa” se esté expandiendo sin mucho cuestionamiento. Los cubanos sabemos el deterioro de los valores que hemos experimentado desde la crisis de los noventa. Pero todos los expertos cooperativos del mundo que han visitado e investigado en Cuba salen convencidos que nuestro país es un campo muy fértil para el desarrollo de cooperativas, precisamente por los altos niveles de educación formal, igualdad de las relaciones sociales (vernos como iguales de tú a tú) y solidaridad, relativo a la mayoría de los países donde se han expandido las cooperativas.

Este lema pareciera una útil justificación para explicar el hecho de que se hayan creado pocas nuevas cooperativas no agropecuarias en relación a las mipymes privadas: algo que, dado el vacío en el marco institucional necesario para su desarrollo, no debería sorprender a nadie.5

Desde mi punto de vista, el lema de “no hay cultura cooperativa” se está usando para justificar o esconder el abandono de la promesa de una política de promoción de cooperativas en Cuba; promesa que ha quedado solo en las páginas de los Lineamientos, la Conceptualización, la Constitución y alguna que otra política nacional y ministerial que no han sido hechas públicas.


Foto: Kaloian.

La responsabilidad de estas privatizaciones de cooperativas debe ser asumida en primer lugar por los líderes de las cooperativas privatizadas, pero también por los legisladores y funcionarios estatales que propiciaron o permitieron estos hechos.

Lo que se conoce sobre los casos de las cooperativas privatizadas es que la iniciativa vino de los presidentes o administradores, no de los demás miembros. Estas personas que hace poco habían sido líderes cooperativos y reconocían a las cooperativas como formas empresariales más socialistas incluso que las empresas estatales, habían sido antes empresarios estatales, al menos uno con alto cargo en un Ministerio; todos con buenas relaciones con proveedores extranjeros y funcionarios de sus respectivos ministerios.

Estas personas, alegando que las nuevas normas favorecen a las mipymes privadas (lo cual en la práctica es cierto aunque no sea el interés de los legisladores, como se explicará en un próximo trabajo) y que los funcionarios estatales, inversionistas y proveedores les han cerrado las puertas a las cooperativas, han convencido a los antiguos miembros de las cooperativas que ellas deben ser disueltas.

Se han aprovechado de las necesidades económicas y desesperanza de esas personas resultantes de la actual crisis económica para, a cambio de un poco de dinero, convencerles de que les cedan los activos de la cooperativa, y todo lo que habían logrado construir durante una década de gestión cooperativa.

En el mejor de los casos, los antiguos miembros de las cooperativas fueron invitados a ser dueños/accionistas de las nuevas mipymes privadas; pero esto no fue una opción para los que no contaban con la suma de dinero necesario o no eran considerados como “altamente productivos”. Al menos en uno de los casos de privatización de cooperativas esto sucedió de forma opaca: la decisión no fue tomada de forma transparente y nunca se dio una Asamblea General para tomar tal decisión sino que el acta fue enviada para su firma.

La responsabilidad de los legisladores que concibieron y aprobaron el Decreto Ley 47/2021 (Consejo de Estado y MEP) es mayor, por caer en la trampa y promover la idea de unas “mismas/similares reglas de juego para todos los actores económicos”.

Bastaba con haber escuchado las alertas de los expertos en cooperativismo de Cuba y de otros países que han realizado visitas oficiales (Canadá, Italia y Argentina) sobre la necesidad de una Ley General de Cooperativas donde el Estado se comprometa a promoverlas, dada las particularidades identitarias y las externalidades positivas de estas organizaciones.

El Decreto Ley 47/2021 en general constituye un paso de avance pues finalmente generalizó el experimento con las cooperativas no agropecuarias y reconoce los principios universales del cooperativismo (Artículo 2.1). Sin embargo, por estar limitado a un Decreto Ley y en un paquete legal destinado también a TCPs y mipymes, este paquete legal tiene tres graves faltas: 1) el Decreto Ley 47/2021 no establece reservas indivisibles (que no pueden ser repartidas por los miembros durante su disolución)6 para las cooperativas y 2) equipara los procesos de disolución de cooperativas con los de mipymes privadas; y además 3) el Decreto Ley 46/2021 sobre mipymes facilita la reconversión de cooperativas a mipymes mientras que el DL47/2021 no establece un proceso de reconversión de mipyme a cooperativa.

Esperemos que estos errores en la legislación para las cooperativas no agropecuarias sean corregidos prontamente. Recordemos una de las principales lecciones que nos dio el hundimiento de la URSS, donde las cooperativas —que realmente no eran tales pues eran solo sociedades de accionistas— fueron usadas como fachada para privatizar prácticamente toda la propiedad estatal.

En China, con el marco legal de cooperativas que las malentendían —hay nuevas normas muy recientes— como sociedad de accionistas sui generis, y en Vietnam, con la legislación para la “equitización” de empresas estatales, ha sucedido algo parecido si bien no a la escala de la URSS. Procesos similares de privatización de cooperativas se han dado en otros países ex socialistas como los de la antigua Yugoslavia.

Los especialistas en derecho cooperativo y en su marco legal y regulatorio que han estado visitando nuestro país y brindando su experiencia han advertido el grave error de entender a las cooperativas como sociedades de accionistas sui generis: esto no es más que una total falta de comprensión de la figura cooperativa.


Foto: Kaloian.

No es demasiado tarde. Realizando los siguientes cambios al Decreto Ley 47/2021 se puede proteger a los miembros de las actuales cooperativas y al sector cooperativo:En el Artículo 74 debería agregarse un inciso 74.6 que establezca que al menos una parte de o idealmente todas las reservas (e incluso también los fondos) que cree la cooperativa —según lo establezca la cooperativa en sus estatutos— son indivisibles o irrepartibles, y por tanto esa parte del “patrimonio resultante” no pueden ser distribuidos entre los socios al extinguirse o disolverse la cooperativa.

En el Artículo 84.1 inciso a) debería establecerse el quórum mínimo necesario de 75 % y la convocatoria anticipada para la Asamblea General que decida la disolución de la cooperativa, así como la necesidad de lograr más de 75 % de los votos para aprobar la disolución.

En el Artículo 89 debería establecerse que las reservas y fondos que hayan sido declarados como indivisibles (irrepartibles) en los estatutos de la cooperativa deben pasar a otra cooperativa o, idealmente y una vez establecida la entidad encargada de la promoción de cooperativas, a su fondo de fomento de nuevas cooperativas.

En el Artículo 91, en lugar de establecer a los administradores como los liquidadores, debería prohibirse que los administradores sean liquidadores; los liquidadores deberían ser elegidos por la Asamblea General, cumpliendo con el quórum, convocatoria y votación mencionados para el artículo 74, o en caso que sea forzosa, por una comisión establecida por la entidad de fomento cooperativo.

En el Artículo 92 se debe aclarar, tal como se propone para el artículo 89, que las reservas y fondos indivisibles/irrepartibles no pueden ser incluidos en el “proyecto de división entre los socios del activo resultante.”

Asimismo, en el Decreto Ley 46 sobre las mipymes, debe derogarse la disposición especial segunda que establece las vías por las cuales una cooperativa puede convertirse en mipyme pues en el Decreto Ley 47 sobre las cooperativas no agropecuarias no hay una disposición especial que facilite la conversión de mipymes a cooperativas.

En caso que se establezca una disposición que facilite el proceso de reconversión de mipymes privadas a cooperativas —algo que sin dudas debería considerarse sobre todo para las mipymes que se acerquen al límite de 100 trabajadores—, se podría mantener dicha disposición especial segunda pero explicitando que las reservas y fondos indivisibles/irrepartibles deben ser aportados a la entidad de promoción cooperativa y por tanto no pueden formar parte del capital o patrimonio de la nueva mipyme.

Después que se corrijan los graves errores identificados en estos dos Decretos Leyes (46 y 47 de 2021) ya mencionados, debería comenzarse de una vez el proceso para la elaboración de la Ley General de Cooperativas.

Sobre esto ya se ha escrito antes y se hace más necesario que nunca para salvar la economía de nuestro país y las esperanzas de nuestra gente de un futuro mejor realmente socialista, o sea, que beneficie a las mayorías y no a unos pocos.

Solo reitero aquí la vital importancia de la entidad de promoción y supervisión especializada (dado el vacío que también ha creado el Decreto Ley 47 al respecto, y teniendo en cuenta que no se debe limitar a un ente que también promueva mipymes), y la organización de representación, todo esto para todas las cooperativas, agropecuarias y no agropecuarias.

Necesitamos cuando antes cooperativas de segundo grado, como también cooperativas de consumo y de participantes múltiples.

¡Es imperativo que Cuba establezca una política integral de promoción de las cooperativas de forma urgente! No podemos esperar otra década para cumplir con lo establecido en los Lineamientos, Conceptualización y nuestra Constitución vigente.

Si otros estados de América Latina, la Unión Europea y los de la OCDE trabajan y avanzan en la promoción de las cooperativas, nosotros no podemos quedarnos rezagados. Potencialidades nos sobran para lograrlo.

Notas:

1 No comparto los nombres de las cooperativas y personas involucradas porque los implicados me pidieron no hacerlo, pero al menos dos de estos casos son del conocimiento de funcionarios del MEP. Una revisión del registro de cooperativas de la ONEI puede revelar cuáles han sido dadas de baja y, buscando los nombres de los directivos de esas cooperativas entre los socios de las nuevas mipymes privadas, se puede saber cuáles han sido privatizadas.


3 En la actual norma, este rango es 1 a 3. Como se ha explicado en otros trabajos, debería ser idealmente de 1 a 5, para poder atraer y retener a trabajadores de actividades de altos ingresos.

4 Por falta de espacio, se reproducirá en otro trabajo un anexo de mi tesis de doctorado donde abordo los distintos prejuicios o falsos argumentos que se utilizan para desestimar a las cooperativas y refuto con evidencia empírica de estudios en Cuba y otros países.

5 Cuba tiene, en relación a su población, el segundo número de cooperativas en las Américas, y si se cuentan solo las cooperativas de trabajadores y productores (no las de consumo, que son las que priman en otros países) estamos entre los primeros a nivel mundial. Es importante también mencionar que la proporción entre las nuevas cooperativas no agropecuarias y las empresas privadas es realmente superior o al menos similar a la que existía antes de la nueva legislación vigente. Ver Piñeiro Harnecker, C.P. (2023). Comparing Governance Systems in Cuban Cooperatives: A Study of Producer and Worker Cooperatives in Agriculture, Industry, and Services. In: Novković, S., Miner, K., McMahon, C. (eds) Humanistic Governance in Democratic Organizations. Humanism in Business Series. Palgrave Macmillan.

6 De hecho, el tercer principio cooperativo universal “participación económica de los miembros” establece que “…la creación de reservas, al menos una parte de las cuales sería de carácter indivisible…” Las cooperativas, para ser cooperativas y no solo asociaciones o sociedades de capital, deben contar con una parte de su patrimonio propiedad de la cooperativa (en la forma de reservas y fondos colectivos) y no solo de forma individual por sus miembros. De ese patrimonio colectivo alguna parte, tampoco preestablecida sino que por decisión de los socios, debe ser indivisible o irrepartible entre los socios en caso que se disuelva la cooperativa. De hecho, en las orientaciones que da la ACI para la implementación de los principios cooperativos, en lo relativo al tercer principio (pp. 36-44) se plantea que desde 1995 se adoptó la idea propuesta por Robert Owen en 1832 “Con el fin de garantizar, sin posibilidad de fracaso, la consecución de estos objetivos deseables, es decisión unánime de los delegados aquí reunidos que el capital acumulado por tales asociaciones deba adoptar un carácter indivisible” [negritas del original] (Notas de orientación para los Principios Cooperativos, ACI, 2015). Ver también: El Dilema del Capital en las Cooperativas (ACI, 2017).

miércoles, 16 de noviembre de 2022

Qué escribieron los pensadores marxistas clásicos sobre las cooperativas

 Por Camila Piñeiro Harnecker


Foto: Pedro Pablo Chaviano / La Tizza

Este artículo es una actualización del Anexo I, «Los pensadores marxistas clásicos sobre las cooperativas de trabajadores: aportes para el debate actual en Cuba», de mi tesis de doctorado «Desempeño socioeconómico de las cooperativas no agropecuarias: contribución de sus principales determinantes. Estudio de casos» defendida en la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana en enero de 2018. Agradezco a Irán Morejón, cofundador de Co-Emprende, por animarme a publicarlo.

¿Las cooperativas son realmente socialistas? ¿Contribuyen las cooperativas al avance del socialismo en Cuba? Responder estas interrogantes fue la razón que me llevó a editar el libro Cooperativas y socialismo: Una mirada desde Cuba.[1] En ese libro, otros autores abordan con mucha mayor extensión la visión que tenían los marxistas clásicos (Marx, Engels y Lenin), y también no clásicos (Ché, Mészáros).

A poco más de un año de emitirse la normativa que finalmente permite la creación de cooperativas de trabajadores y productores más allá de la agricultura en nuestro país (Ley 47 de 2021), percibo que todavía quedan incomprensiones importantes sobre esta organización socioeconómica, sin dudas compleja; por su carácter dual asociativo y empresarial, que es difícil de entender para los análisis esquemáticos. Buscando contribuir a la mayor comprensión, sin idealizaciones y sin prejuicios, de las cooperativas, en este trabajo intento sintetizar lo que Marx, Engels y Lenin plantearon sobre las cooperativas y su rol en la construcción socialista en la búsqueda del horizonte comunista de justicia y libertad plenas.

Para analizar las observaciones de estos pensadores marxistas clásicos sobre las cooperativas hay que tener en cuenta que, si bien diversos autores identifican los orígenes de las cooperativas haciendo énfasis en distintas bases doctrinarias — cuaquerismo vs. socialismo utópico — y espacios geográficos — Europa durante la expansión del capitalismo industrial vs. pueblos originarios — , los rasgos fundamentales de las cooperativas de trabajadores — el trabajo en colectivo y sin patrones para la satisfacción de necesidades comunes — han existido desde los orígenes de los hombres y las mujeres. De hecho, Engels explica que la especie humana surge, en esencia, producto del trabajo.[2] Y ese trabajo en la mayoría de los casos consistía en actividades que se realizaban de forma colectiva para el beneficio de la comunidad o tribu, y en sociedades donde aún no existía la propiedad privada. Estos pensadores sabían que la cooperación no se limitaba a las prácticas de las cooperativas de su época, pero las analizaron a partir de las experiencias empíricas que pudieron conocer o estudiar.

Las diversas interpretaciones de lo planteado por Marx, Engels y Lenin sobre la utilidad de las cooperativas para el socialismo o comunismo se deben en gran medida a que cuando ellos escribieron en la segunda mitad del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX, respectivamente, aun no existía un consenso sobre su modelación teórica. El primer intento de caracterizar a estas organizaciones tiene lugar en 1895, con la fundación de la Alianza Cooperativa Internacional.[3] Pero no es hasta un siglo después que se llega al entendimiento actual.

Marx y Engels

Las cooperativas europeas en la época de Marx y Engels estaban influenciadas por el pensamiento del socialismo utópico pre-marxista, el cual criticaba al capitalismo desde una posición ético-moral, pero sin reconocer las contradicciones antagónicas entre la clase trabajadora y la capitalista. Estas no se organizaron políticamente para defender los intereses de los trabajadores ni lograr avanzar en la superación del capitalismo. Mientras que la burguesía, cuando vio en peligro sus privilegios, logró que a las cooperativas le fueran arrebatadas sus tierras y que se les prohibiera a los funcionarios púbicos comprarles, entre otras medidas.[4]

Tanto Marx y Engels como los socialistas utópicos rechazaban la propiedad privada sobre los medios de producción y veían necesaria la superación del capitalismo para solucionar los problemas que aquejaban a los trabajadores y población en general. Mientras los socialistas utópicos apostaban al desarrollo de la conciencia de los capitalistas de manera que ellos mismos decidieran compartir sus riquezas con los desposeídos y adoptar nuevas formas de organización social más justas; Marx y Engels defendían que para que su conciencia se transformara deberían cambiar primero las condiciones materiales de su existencia y que serían los trabajadores los que presionarían por el cambio, al cual los capitalistas se opondrían.

En consecuencia, Marx y Engels critican a los socialistas utópicos por rechazar el imperativo de la acción política, de contar con el poder del Estado y de expropiar a los capitalistas de los medios de producción para ponerlos bajo control social. Es por ello que advierten que el lento crecimiento de las formas empresariales cooperativas no lograría el objetivo de transformar el capitalismo: «Por eso, rechazan todo lo que sea acción política, y muy principalmente la revolucionaria; quieren realizar sus aspiraciones por la vía pacífica e intentan abrir paso al nuevo evangelio social predicando con el ejemplo, por medio de pequeños experimentos que, naturalmente, les fallan siempre.»[5]

Sin embargo, Marx y Engels alabaron al menos dos grandes méritos de las cooperativas de trabajadores de su época:Las cooperativas demostraban que no eran necesarios los patronos capitalistas para organizar la producción y que se podía producir en relaciones de trabajo asociado, incluso en grandes escalas productivas.

Las cooperativas de trabajadores constituían una prefiguración de la organización del trabajo a nivel empresarial en las sociedades post-capitalistas, pues la relación de trabajo asociado que caracteriza a las cooperativas de trabajadores es precisamente la relación social de producción que deberá predominar en el modo de producción comunista.

Ambas ideas afloran claramente en estas palabras que Marx escribió en 1864 para su discurso inaugural de la Asociación Internacional de Trabajadores:

«Pero quedaba en reserva una victoria aún mayor de la economía política del trabajo sobre la economía política de la propiedad. Nos referimos al movimiento cooperativista, especialmente en las factorías en régimen de cooperativas, establecidas sin ayuda alguna, por los esfuerzos de unos cuantos valientes. Nunca se exagerará bastante el valor de estos grandes experimentos sociales. Con hechos, no con palabras ellos han demostrado que la producción a gran escala y de acuerdo con los requerimientos de la ciencia moderna es posible sin la existencia de una clase de patronos que contrate a una clase de trabajadores; que para dar fruto no es necesario que los medios de producción estén monopolizados como medios de dominación y extorsión del hombre trabajador; y que, al igual que el trabajo de los esclavos y de los siervos, el trabajo asalariado no es sino una forma transitoria e inferior, destinada a desaparecer frente al trabajo asociado realizado con mano decidida, mente despierta y corazón alegre […] Al mismo tiempo, la experiencia del período […] ha demostrado sin lugar a dudas que el trabajo cooperativo, por excelente que sea en teoría y por muy útil que sea en la práctica, si no va más allá del estrecho círculo de los esfuerzos ocasionales de unos trabajadores a título individual, jamás será capaz de detener el crecimiento en progresión geométrica del monopolio, de liberar a las masas ni de aliviar siquiera mínimamente la carga de sus miserias. Para salvar a las masas obreras, el trabajo cooperativo tendría que desarrollarse a escala nacional y, consiguientemente, debería ser fomentado con medios de la misma naturaleza. Sin embargo, los señores de la tierra y los señores del capital usarán siempre sus privilegios políticos para la defensa y perpetuación de sus monopolios económicos. Por eso, lejos de promoverla, seguirán poniendo todos los obstáculos posibles en el camino de la emancipación del trabajo […]».[6]

Consecuente con su sinceridad intelectual y su compromiso con mejorar las condiciones de vida de todos los trabajadores, Marx reconocía también las limitaciones de las cooperativas. Para que las cooperativas logren superar el capitalismo — e incluso para sobrevivir los ataques del capitalismo — el poder del Estado debe ser conquistado por la clase trabajadora.

En esta y otras reflexiones Marx sugiere que ello sería necesario también para que las cooperativas de trabajadores, organizadas en formas de asociación superior hasta el nivel nacional, se liberen de los designios del mercado de manera que les sea posible así evitar la autoexplotación y además orientarse hacia los intereses colectivos y sociales. Esta idea aparece con mayor claridad en su análisis de lo ocurrido en Francia en 1871, donde la Comuna de París organizó la producción no solo bajo la forma cooperativa, sino que también dispuso la creación de una Gran Unión de Cooperativas. A la luz de esto, Marx plantea que ese pretendido «sistema armónico y vasto de trabajo cooperativo»[7] apuntaba hacia cómo debía organizarse la producción en el comunismo. Estas fueron sus palabras:

«Ahora bien si la producción cooperativa ha de ser algo más que una impostura y un engaño; si ha de sustituir al sistema capitalista; si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, más que comunismo, comunismo ‘realizable’?»[8]

No obstante, existen distintas opiniones sobre la temporalidad de las cooperativas para la construcción socialista.[9] Mientras para algunos como István Mészáros[10] queda claro que Marx y Engels equiparaban el comunismo con un sistema de asociaciones básicamente de cooperativas de trabajadores guiadas por un plan — aunque no entendido como un sistema de planificación burocrática — , otros como Mark Rosental y Pavel Iudin[11] parecen inclinarse a plantear que el papel de las cooperativas se reduce al comienzo del período de transición. Esta incertidumbre tiene sus raíces en un planteamiento que hiciera Engels en una carta a Bebel en 1886:

«Marx y yo nunca tuvimos duda que, en el paso a una economía completamente comunista, tendremos que emplear ampliamente la gestión cooperativa en calidad de eslabón intermedio. Esto significará organizar las cosas de manera que la sociedad, es decir, inicialmente el Estado, conserve la propiedad sobre los medios de producción de manera que se prevenga que los intereses particulares de las cooperativas se impongan sobre los de la sociedad en su conjunto.»[12]

La incertidumbre que ha reinado entre los estudiosos de Marx y Engels sobre la centralidad o no de las cooperativas para el comunismo se debe, según Bruno Jossa[13] y Benjamín Ward,[14] a dos motivos. Primero, que la muerte sorprendió a Marx sin terminar los capítulos de El Capital en los que se había propuesto describir con mayor precisión cómo imaginaba el nuevo modo de producción comunista. Segundo, que las teorías sobre el funcionamiento de las cooperativas de trabajadores no comenzaron a ser desarrolladas hasta finales de la década de 1950 y sus primeros acercamientos no describían de forma realmente acertada su funcionamiento.

Esas primeras modelaciones teóricas de las cooperativas de trabajadores las presentaban como una organización con la misma lógica de los empresarios privados donde los trabajadores eran sus propios capitalistas. Y es que la mayor parte de los estudios teóricos sobre las cooperativas basaban sus análisis en la experiencia de las cooperativas en Inglaterra y EE.UU., donde los miembros de las cooperativas eran por lo general propietarios individuales de acciones del capital. Pero este no era ni es el caso en otras latitudes.

Las cooperativas de trabajadores promovidas por el francés Philippe Buchez[15] tenían explícitamente normado que el patrimonio de la cooperativa debía ser de propiedad colectiva de todos los asociados y además indisoluble. Los principios propuestos por Buchez fueron adoptados por la Alianza Cooperativa Internacional, por lo que gran parte de las cooperativas de trabajadores que surgen a partir del siglo XX adoptan el principio del carácter indivisible e indisoluble de al menos una parte de su capital.

Jaroslav Vanek[16] es el primero — en 1970 — en destacar esta diferencia esencial entre las mismas cooperativas de trabajadores: en un caso los trabajadores son dueños individuales del capital o patrimonio, mientras que en el otro caso los trabajadores son dueños colectivos de este. Es este último caso el que modela a las verdaderas cooperativas, en las que los miembros se retribuyen según el trabajo y no según el capital, como sucede en la variante anterior. En estas la toma de decisiones está guiada por el principio un hombre = un voto y no por una acción = un voto, como ocurre en el caso en las sociedades anónimas.

En el Capítulo XXVII de El Capital sobre El papel del crédito en la producción capitalista, Marx apuntó a las sociedades por acciones como otra forma de descomposición de las relaciones capitalistas, pero donde la negación era en dirección contraria a la necesaria socialización socialista; mientras que las cooperativas de trabajadores sí apuntaban hacia el modo de producción comunista: «Las fábricas cooperativas de los obreros mismos son, dentro de la forma tradicional, la primera brecha abierta en ella, a pesar de que, donde quiera que existen, su organización efectiva presenta, naturalmente, y no puede por menos de presentar, todos los defectos del sistema existente. Pero dentro de estas fábricas aparece abolido el antagonismo entre el capital y el trabajo, aunque, por el momento, solamente bajo una forma en que los obreros asociados son sus propios capitalistas, es decir, emplean los medios de producción para valorizar su propio trabajo. Estas fábricas demuestran cómo al llegar a una determinada fase de desarrollo de las fuerzas materiales productivas y de formas sociales de producción adecuadas a ellas, del seno de un régimen de producción surge y se desarrolla naturalmente otro nuevo. Sin el sistema fabril derivado del régimen capitalista de producción no se hubieran podido desarrollar las fábricas cooperativas, y mucho menos sin el sistema de crédito, fruto del mismo régimen de producción. El sistema de crédito, base fundamental para la gradual transformación de las empresas privadas capitalistas en sociedades anónimas capitalistas, constituye también el medio para la extensión paulatina de las empresas cooperativas en una escala más o menos nacional. Las empresas capitalistas por acciones deben ser consideradas, al igual que las fábricas cooperativas, como formas de transición entre el régimen capitalista de producción y el de producción asociada; la única diferencia es que en un caso el antagonismo aparece abolido negativamente, mientras que en el otro caso aparece abolido en sentido positivo.»[17]

Debe notarse también que Marx daba preferencia a las cooperativas de trabajadores sobre las de consumidores, pues en estas últimas solo se mitigaba la injusticia distributiva del capitalismo parcialmente: no podían brindarse todos los bienes y servicios de consumo. Más importante, ellas no actuaban contra la explotación del trabajo, ni el de los trabajadores que contrataban, ni el de sus propios miembros. Mientras que en las cooperativas de trabajadores desaparecían los patronos, los obreros eran dueños de los medios de producción y del plusproducto. El recelo de Marx sobre las cooperativas de consumidores fue además una reacción a las ideas que entonces se fomentaban sobre la preponderancia del consumo sobre la producción. De hecho, poco después pensadores de las escuelas de Hamburgo y de Nimes, como Franz Staudinger, Hans Müller, Heinrich Kaufmann y Charles Gide, articularon ideas ya expandidas entre las cooperativas de consumidores de Inglaterra y de ahorro y crédito de Alemania y otros países sobre la soberanía del consumidor ante los egoísmos colectivos de los colectivos de productores, quienes debían convertirse en servidores de los consumidores.[18] Es en este contexto que la Primera Internacional Socialista de 1863, con la participación de Marx, previno a los obreros alemanes contra las cooperativas de consumo y criticaba su renuncia a la transformación social.

No obstante, es importante reconocer que la visión más concreta sobre lo que Marx entiende por comunismo la expresa haciendo referencia a la unión de cooperativas que surge en la Comuna de París. Fue ahí donde pudo confirmar en la práctica el resultado que había deducido teóricamente: que el modo de producción comunista estaría caracterizado por las relaciones de trabajo libre asociado como manifestación de la propiedad individual socialista — también referida como propiedad social — , siendo estas las negaciones dialécticas de las relaciones de trabajo asalariado y propiedad privada capitalista que identifican al capitalismo.

Lenin

Lenin defendió la utilidad de las cooperativas para la construcción socialista en un contexto histórico donde los obreros y campesinos rusos ya habían conquistado el poder del Estado y comenzaban a construir el Estado de los Soviets.

Para Lenin, las organizaciones cooperativas eran la mejor opción disponible para lograr dos fines interrelacionados: primero, para concentrar y desarrollar la producción, especialmente en el agro, pero también en la industria; y segundo, para contribuir al desarrollo de la conciencia necesaria para avanzar hacia el socialismo.

Después de la Revolución Rusa de 1917, Lenin declaró en 1918 que las cooperativas eran el único organismo del régimen capitalista que era necesario conservar, defendiéndolas de la confiscación; si bien también era necesario acercarles a intereses sociales. Había entonces 47.000 cooperativas, más de la mitad de consumo, y una organización central de las cooperativas llamada Centrosoiuz. Poco después de alcanzar el poder, los Soviets lograron que 7 de los 13 miembros del Consejo de Administración de Centrosoiuz fueran sus representantes, asegurando su influencia en el sector cooperativo; el cual se consideraba que respondía a una ideología pequeñoburguesa. Desde mucho antes, ya Lenin se había convencido de que las cooperativas de trabajadores debían jugar un papel importante en la construcción socialista, en concordancia con lo planteado por Marx y Engels. Ya para 1899 Lenin disponía de una visión muy teorizada sobre la importancia de la autogestión democrática dentro de las fábricas además de fuera de ellas. Esto se debía a la importancia que le daba al factor subjetivo en dicho proceso, pues Lenin veía en las cooperativas una herramienta para transformar la conciencia de las personas y unir a distintos sectores sociales: desde el campesinado hasta los obreros de las grandes fábricas, pasando por los trabajadores de las pequeñas empresas arruinadas.[19]

En esta línea, en el III Congreso de las Cooperativas Obreras de 1918, Lenin señalaba:

«Todos convenimos en que las cooperativas son una conquista del socialismo. Por eso cuesta tanto lograr las conquistas socialistas. Por eso es tan difícil triunfar. El capitalismo dividió intencionadamente a los sectores de la población. Esta división tiene que desaparecer definitiva e irrevocablemente, y toda la sociedad ha de convertirse en una sola cooperativa de trabajadores.»[20]

Antes del triunfo de la Revolución de Octubre, Lenin observó cómo parte del movimiento cooperativo ruso se radicalizaba y participaba de las acciones que llevaron a la Revolución Rusa de 1905. Teniendo en cuenta esa experiencia, durante el Congreso Socialista Internacional de Copenhague de 1910, Lenin defendió el valor que tienen las cooperativas en la lucha del proletariado por su emancipación, pero señalando que se requieren de ciertas condiciones para que su comportamiento no se reduzca al de simples empresas comerciales.[21]

En los primeros años después del triunfo revolucionario, Lenin llamaba a fortalecer las cooperativas ya existentes, y acercarlas a los objetivos socialistas aumentando la participación en ellas de comunistas. La mayoría de las cooperativas en Rusia en ese momento eran cooperativas de consumo (de pequeñoburgueses) y de productores (terratenientes), algunas incluso simpatizantes del zarismo. Había en ellas un bajo nivel de participación, y era común que ocurrieran fraudes y ocultaciones en su funcionamiento. En diversos trabajos de esos años Lenin convoca a trabajadores y comunistas a hacerse miembros y a librar una lucha ideológica contra la burguesía desde su interior; no nacionalizarlas, sino ganárselas con el apoyo estatal y la intervención de comisarios.

Cinco años después, sus orientaciones se enfocaban en promover la creación de cooperativas entre los campesinos y la apertura de las cooperativas de consumo a los obreros. En medio del desafío que constituía la Nueva Política Económica (NEP), Lenin estimulaba por todos los medios posibles el rol de las cooperativas. Llamaba a los funcionarios estatales a no ponerles trabas, a ayudarles: «Las autoridades soviéticas deben controlar la actividad de las cooperativas, para que no haya fraudes, ocultación al Estado ni abusos. En ningún caso deberán poner trabas a las cooperativas, sino ayudarlas por todos los medios y colaborar con ellas.»[22]

Quizás el más conocido de sus escritos en relación a este tema es uno de sus últimos, terminado en enero de 1923, y titulado Sobre la cooperación o Sobre el cooperativismo, donde plantea: «Ahora bien, cuando los medios de producción pertenecen a la sociedad, cuando es un hecho el triunfo de clase del proletariado sobre la burguesía, el régimen de los cooperativistas cultos es el socialismo.»

Las propuestas que hace Lenin en ese escrito son bien relevantes para la situación actual en que se encuentra Cuba, imbuida en la actualización del modelo socioeconómico.

En la transición al socialismo no debe descuidarse el peso relativo de las relaciones de trabajo asalariado que tiene lugar en las empresas privadas en relación con las de trabajo asociado que tiene lugar en las cooperativas.

Esto se deduce del siguiente planteamiento:

«Al implantar la NEP fuimos demasiado lejos, pero no porque atribuimos demasiada importancia al principio de la empresa y comercio libres; fuimos demasiado lejos porque perdimos de vista las cooperativas, porque ahora las menospreciamos, porque ya empezamos a olvidar la enorme importancia de las cooperativas desde los dos puntos de vista arriba indicados.»

Siendo la importancia desde estos dos puntos de vista: «… en primer lugar desde el punto de vista de los principios (la propiedad del Estado sobre los medios de producción), y en segundo lugar desde el punto de vista del paso al nuevo sistema por el camino más sencillo, más fácil y más aceptable para el campesino.»

Para promover las cooperativas, según Lenin, el Estado debía jugar un rol activo, otorgándoles «una serie de privilegios económicos, financieros y bancarios».[23]

Lenin advierte que la creación de cooperativas debe ser un proceso voluntario donde el interés venga desde las propias personas que las vean como una alternativa mejor de organización económica; que no pueden crearse por medio de decretos o presionando desde afuera. Esto debe hacerse «solo si logramos demostrar en la práctica a los campesinos las ventajas del cultivo en común, colectivo, cooperativo de la tierra […] sólo en forma gradual y prudente.»[24] Otra idea clave que Lenin nos lega es que no se debe subestimar la importancia de facilitar el cambio cultural necesario para que la promoción de cooperativas sea posible y efectiva:

«A decir verdad, nos resta ‘solo’ una cosa: lograr que nuestro pueblo sea tan ‘civilizado’ como para comprender todas las ventajas que representa la participación de todos en la labor de las cooperativas, y para que se organice esa participación. ‘Solo’ eso. Ninguna otra sabiduría se necesita ahora para avanzar hacia el socialismo. Mas que realizar ese ‘solo’ es preciso una verdadera revolución, un período de desarrollo cultural de todo el pueblo.»[25]

Ese nivel de civilización implicaba para Lenin no solo eliminar el analfabetismo y dotar de conocimientos básicos sobre contabilidad. También señalaba que había que aprender a comerciar al estilo europeo y no al estilo asiático, lo que significa — obviando la lectura eurocéntrica y racista que se podría hacer de estas frases, y teniendo en cuenta el contexto histórico-cultural de la URSS en esos momentos — comerciar con reglas claras y precios que reflejen equivalentes en lugar de fijar los precios más altos posibles.

Así, desde su experiencia práctica, Lenin constata las ideas de Marx y Engels sobre la centralidad de las cooperativas de trabajadores para la construcción socialista.

Quizás su legado más importante en relación a las cooperativas es que ellas permiten avanzar de forma simultánea en dos tareas fundamentales que no deberían ser incompatibles: el desarrollo de la base material necesaria para hacer sostenible el socialismo mediante la socialización de la producción; y la transformación cultural sin la que es imposible avanzar en la construcción socialista: que cada persona se sienta y actúe como parte de una gran familia o cooperativa.

Implicaciones prácticas para el desarrollo de cooperativas socialistas

Marx y Engels nos advierten que las cooperativas tienen naturaleza socialista solo en la medida que ellas cumplan con sus principios identitarios, en particular la gestión democrática (2do principio universal) y el interés o compromiso con las comunidades (7mo principio universal), para lo cual necesitarán evadir la lógica atomista y egoísta de las relaciones de mercado. Para lograr esto, el poder del Estado debe estar al servicio de las clases trabajadoras, de manera que la producción, circulación y consumo respondan a sus intereses. Si bien las cooperativas, como empresas autónomas, necesitan un amplio espacio para establecer relaciones de intercambio horizontal, ellas deben evitar que la racionalidad mercantilista las conduzca a abandonar la gestión democrática, a ignorar o ir en contra de intereses sociales, e incluso a caer en la explotación. Para que las cooperativas sean socialistas, deben estar orientadas a la satisfacción de intereses sociales, más allá de los intereses de los grupos de personas que las integran.

Lo anterior tiene implicaciones prácticas de crucial importancia para el diseño de políticas hacia el sector cooperativo. De lo planteado por Marx y Engels se deduce que es fundamental promover las cooperativas de grado superior,[26] y la incorporación de todas en federaciones sectoriales y territoriales hasta el nivel nacional en la forma de una confederación; que dialoguen con los respectivos representantes de intereses sociales. Esta infraestructura organizativa es imprescindible para que puedan establecer relaciones horizontales de intercambio basadas en la cooperación en lugar de la competencia, priorizando intereses sociales sobre el lucro.

Por su parte, Lenin nos legó cuatro aportes muy importantes en relación a las cooperativas en la transición socialista:

− Para que pueda lograrse esa gestión democrática y responsabilidad social — o compromiso con las comunidades — en las cooperativas no basta con conquistar el poder del Estado, sino que es imprescindible una revolución cultural que facilite la incorporación de nuevas actitudes y habilidades: no basta con las organizaciones y marco legal, deben promoverse valores, normas sociales/informales y comportamientos para que ellas puedan lograr sus objetivos.

− La práctica en las cooperativas es la vía principal mediante la cual se logra el cambio cultural necesario.

− Las cooperativas de todo tipo — incluyendo a las de productores y las de consumidores — pueden ser la vía más factible para socializar las distintas actividades de actores económicos aislados.

− La cooperativización debe ser voluntaria y no impuesta, para que sea efectiva y sostenible.
Apuntes finales

Como se ha visto, Marx, Engels y Lenin comparten el criterio de que las cooperativas de trabajadores son una prefiguración de lo que deberá ser la organización del trabajo a nivel empresarial en el comunismo; las cuales deberían estar insertas en un marco institucional que promueva su articulación o integración y adopción de intereses sociales más amplios.

Cooperativas aisladas, es decir, sin integración entre ellas y con las comunidades, no son socialistas.

A diferencia de los socialistas utópicos, no consideran que las cooperativas por sí mismas pueden trascender el sistema capitalista, pero sí proponen que ellas — en un contexto institucional adecuado — son una de las vías principales para lograr el cambio cultural necesario para ello. Las cooperativas son escuelas de los valores y habilidades sociales — de democracia, trabajo en equipo, tolerancia, empatía — que deben caracterizar a los hombres y mujeres «nuevos» de una sociedad post-capitalista.

Una sociedad verdaderamente comprometida con la superación del capitalismo debe promover la expansión de todo tipo de verdaderas cooperativas, pero no de cualquier forma. Estas organizaciones desde sus orígenes, además de recibir una efectiva educación cooperativa, deben estar articuladas entre ellas y en interlocución con intereses sociales.

Esto último puede materializarse de distintas maneras, según la actividad que realicen, las aspiraciones de sus asociados, y el nivel de organización de los gobiernos y otras organizaciones sociales locales. En un marco institucional propicio, las cooperativas de diversos tipos — no solo las de trabajadores o de productores; sino también las cooperativas de consumidores, las cooperativas de participantes múltiples,[27] y las cooperativas de grado superior — servirían para lograr que los trabajadores y productores estén más cerca de ser realmente dueños de los procesos productivos, así como para que los ciudadanos en general puedan realmente controlar sus economías — producción, distribución y consumo — y, por tanto, sus vidas.

Notas

[1] Piñeiro, Camila (comp.): Cooperativas y socialismo: una mirada desde Cuba, La Habana: Editorial Caminos, 2012. Disponible en https://www.researchgate.net/publication/301688439_Cooperativas_y_Socialismo_Una_Mirada_desde_Cuba

[2] Engels, Federico: «El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre» en Obras Escogidas de Marx y Engels, Moscú: Editorial Progreso, 1980 (1876), pp. 66–79.

[3] La Alianza Cooperativa Internacional (ACI) es la organización que aglutina a las cooperativas en el mundo. https://www.ica.coop/es/cooperativas/identidad-alianza-cooperativa-internacional (2/10/2022)

[4] Tugan Varanovski, M.: La Cooperación (en ruso), Minsk: Ed. Pensamiento, 1988.

[5] Marx y Engels: «Manifiesto del Partido Comunista» en Marx y Engels. Obras Escogidas Tomo I, Moscú: Ed. Progreso, 1980 (1848), p. 68.

[6] Marx, Carlos: «Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores», en Marx y Engels. Obras Escogidas, Tomo II, Moscú: Ed. Progreso, 1980 (1864), p. 395.

[7] Engels, Federico: «Prólogo a ‘La guerra civil en Francia’», en Obras Escogidas de Marx y Engels, Moscú: Editorial Progreso, 1980 (1891), p. 501.

[8] Marx, Carlos: «La guerra civil en Francia», en Marx y Engels. Obras Escogidas, Tomo II, Moscú: Ed. Progreso, 1980 (1871), pp. 546–547.

[9] Debe notarse que se utilizan los términos y calificativos comunismo/comunista y socialismo/socialista indistintamente. Como se puede apreciar en el Manifiesto Comunista, Marx y Engels utilizaron el término comunismo para referirse a la sociedad post-capitalista diferenciándose de las distintas propuestas de socialismo que así se autoproclamaban en su época. En las últimas décadas el término socialismo está siendo más utilizado que el comunismo para referirnos a la sociedad post-capitalista, para hacer énfasis en que la transición es un proceso gradual, que requiere tiempo, y que tendrá avances y retrocesos para establecer plenamente las condiciones de su autorreproducción.

[10] Mészáros, István: Socialismo o barbarie. La alternativa al orden social del capital, Ciudad México: Ed. Paradigmas y Utopías, 2005.

[11] Rosental, Mark M. y Pavel F. Iudin: Diccionario Filosófico. Guantánamo: Edición Revolucionaria, 1985, p. 379.

[12] Engels, Federico: «Carta a Bebel de 1886», en Marx y Engels. Obras Escogidas, Vol. 47, Moscú: Editorial Progreso, 1980 (1886), pp. 389.

[13] Jossa, Bruno: «Marx, Marxism and the cooperative movement», Cambridge Journal of Economics, 29, 2005, pp. 3–18.

[14] Ward, Benjamín. N.: «The firm in Illyria; market syndicalism», American Economic Review, 48 (4), 1958, pp. 566–589.

[15] Buchez, Philippe: «Moyen d’améliorer la condition des salariés des villes», Journal des sciences morales et politiques, Tomo I, №3, 1831, pp. 36–39.

[16] Vanek, Jaroslav: The General Theory of Labor-managed Market Economies, Ithaca: Cornell University Press, 1970.

[17] Marx, Carlos. El Capital, Tomo III. Distrito Federal México: Fondo de Cultura Económica, 1966 (1894), pp. 418–419.

[18] Lezamiz, Mikel. Relato Breve del Cooperativismo, Guipuzcoa: Otalora, 1994, pp. 22–24.

[19] Gil, Iñaki: «Cooperativismo y autogestión», en Piñeiro Harnecker, Camila (compiladora), Cooperativas y Socialismo: Una Mirada desde Cuba, La Habana: Ed. Caminos, 2011, pp. 103, 107–109.

[20] Lenin, Vladimir I.: «Discurso en el III Congreso Cooperativo Obrero», en Obras Completas. Tomo 30, Buenos Aires: Ed. Cartago, 1971, (1918), p. 190.

[21] Miranda, Humberto: «Cooperativismo y autogestión en las visiones de Marx, Engels y Lenin», en Piñeiro Harnecker, Camila, Cooperativas y Socialismo: Una Mirada desde Cuba, La Habana: Ed. Caminos, 2011, pp. 95–96.

[22] Gil, Iñaki: ob. cit., p. 97.

[23] Lenin, Vladimir I.: «Sobre el cooperativismo», en Obras Completas. Tomo 36, Buenos Aires: Ed. Cartago, 1971 (1923), pp. 496–503.

[24] Lenin, Vladimir I.: «Discurso en el I Congreso de Comunas Agrícolas y Cooperativas Agrícolas. 4 de diciembre de 1919», en Obras Completas. Tomo 32, Buenos Aires: Ed. Cartago, 1971 (1919), pp. 183.

[25] Lenin, Vladimir I.: ob. cit., p. 498.

[26] Son cooperativas de cooperativas. Las cooperativas de segundo grado son cooperativas cuyos miembros o asociados son cooperativas de «primer grado». Las cooperativas de primer grado pueden ser: 1) cooperativas de trabajadores (personas naturales que se unen para tener una fuente de trabajo decente, poseen en colectivo los medios de producción y aportan fundamentalmente su trabajo); 2) cooperativas de productores (productores independientes como agricultores, artesanos o MIPYMES, que se unen para brindarse servicios de apoyo a la producción y/o alcanzar mayores escalas productivas, y aportan fundamentalmente los resultados de su trabajo); 3) cooperativas de consumidores (personas naturales que se unen para poder acceder bienes o servicios de calidad a precios asequibles, y aportan fundamentalmente su capacidad de consumo efectivo); o 4) cooperativas de participantes múltiples (ver la última nota).

[27] Las cooperativas de participantes múltiples, también conocidas como híbridas o mixtas (no de actividades mixtas) son aquellas que tienen más de uno de los tipos de miembros: trabajadores, productores o consumidores. En Cuba, las cooperativas de crédito y servicios (CCS) fortalecidas son cooperativas de participantes múltiples que unen a productores y los trabajadores, sobre todo administrativos, pero también operarios de mini-industrias en algunos casos. En el mundo, las cooperativas de consumidores y trabajadores son las más comunes, las cuales surgen generalmente por dos dinámicas. En algunos casos para superar la contradicción de que las cooperativas de consumidores se convirtieron en explotadoras de fuerza de trabajo, como ocurrió eventualmente — a pesar de los lamentos de sus fundadores — con las fábricas que creó la cooperativa de Rochdale y como ocurría desde sus inicios y de forma planificada en las cooperativas de ahorro y crédito y de productores agrícolas alemanas. Ejemplo de ello son los esfuerzos de Eroski, cooperativa de consumidores que forma parte de la Corporación Mondragón. Por otro lado, también están los casos en que cooperativas de trabajadores que brindan un servicio de interés social — relacionados con la salud, educación, entre otros — deciden darles participación a sus usuarios o «consumidores» de sus servicios. En la práctica, estas cooperativas les han dado espacio no solo a sus usuarios sino también a representantes de organizaciones sociales que atienden esos temas, y los gobiernos locales se han involucrado además como proveedores de capital en la forma de locales y/o financiamiento mediante subsidios o préstamos blandos. Ejemplo de ello son las cooperativas solidarias canadienses, las cuales, teniendo como centro al colectivo de trabajadores que brinda un servicio, incluyen también a los usuarios y representantes de organizaciones comunitarias y de gobierno local. En algunos casos, participan los tres tipos. Un ejemplo es la cooperativa El Arca en Mendoza, Argentina, que une a productores, consumidores y trabajadores de sus locales de venta.