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sábado, 22 de abril de 2023

Ingeniería Genética en Cuba catapulta desarrollo ganadero en el país (+Foto)

 Editado por Bárbara Gómez

2023-04-21 18:29:19

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Fotos: Prensa Latina.

La Habana, 21 abr (RHC) Fortalecido hoy por la fuerza laboral de la juventud, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de la provincia cubana de Camagüey, potencia el desarrollo ganadero en Cuba.

En la actualidad, una de las instituciones más importantes de la región más extensa de Cuba, enfoca sus proyectos e investigaciones para el fortalecimiento de la agricultura, en el territorio de mayor aporte pecuario.

Intercambio con dos jóvenes del CIGB Camagüey, fundado en 1989 por el líder de la Revolución, Fidel Castro, con Prensa Latina permitió conocer interioridades de algunos proyectos que lidera la nueva generación de la ciencia en Cuba.

Yunier Paneque , especialista de Desarrollo, y graduado de Ingeniería Química , habló de las mejoras continuas en productos como el nematicida biológico Hebernem.

Para ello, aseguró, “hay que buscar la superación constante, leer artículos, saber desde informática hasta tecnología de punta.

«Al producto Hebernem le estamos haciendo mejoras de cultivo y otras acciones para tenerlo más eficiente.

«Este proyecto a su vez lo tenemos vinculados con otro que también tiene función bionomaticida”, aseguró.

Para lograr semejante propósito es un proyecto que también involucran a otros especialistas.

“Están en desarrollo estos bioproductos los que queremos llevar a cultivos extendidos”, aseguró.

El investigador de 36 años, dijo que también “trabajamos en una vacuna contra el Piojo del Salmón. Este es un mal que abunda en el mar.

“Este proyecto es para brindar un candidato vacunal a estos países que producen a grandes escalas el salmón. Es una vacuna que sería con este fin”, dijo el graduado de Ingeniería Química en la Universidad de Camagüey.

Este tipo de estudios se suman a otros que lleva el CIGB de Camagüey, de conjunto con el de La Habana.

Otras investigaciones incluyen la lucha contra la Fiebre Hemorrágica del Conejo, a decir del propio Paneque.

El recorrido a distintos departamentos que van desde Control de la Calidad, Logística y el Área Productiva, lleva al encuentro con la joven Yisel Morales, aspirante a la categoría de Investigadora.

Vinculada al proyecto de la vacuna PORVAC, contra la peste porcina, nos descansa y confiesa que:

“Es esta una escuela enorme que supera a la universidad, lleva mucha preparación porque los procesos biotecnológicos son muy complejos, pero al final tributa al país que es lo más importante”.

De conjunto con el CIGB laboran otras instituciones como la Universidad de Camagüey que tiene vínculo con homólogas de Bélgica para desarrollar proyectos de desarrollo ganadero en pos de la soberanía alimentaria de Cuba.

Sobresale entre estos “Mejora del potencial de producción de leche de vaca mediante la introducción de un programa de manejo de la salud en los rebaños lecheros”,que permite vislumbrar mejoras en el potencial ganadero del país. (FuentePrensa Latina).

 

martes, 15 de noviembre de 2022

Envejecimiento y emigración impactan en desarrollo de Cuba

El fortalecimiento del embargo estadounidense, la pandemia de covid y la inflación han deteriorado aún más la economía doméstica en los últimos tres años.





Una pareja baila durante una sesión de fisioterapia para adultos mayores en un espacio de la Oficina del Historiador de La Habana. Especialistas insisten en la necesidad de impulsar en Cuba un sistema integral de cuidados, y aumentar la cantidad de Hogares de Ancianos y Casas de abuelos con servicios que eleven su calidad de vida.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

La Habana, 16 nov.-La llegada del planeta a 8000 millones de habitantes encuentra a Cuba con un escenario demográfico en el cual la baja fecundidad, el incremento de la emigración y una población que envejece aceleradamente, entre otros factores, plantean desafíos al desarrollo nacional.

Desde hace un lustro la cifra de residentes en este país insular del Caribe ha decrecido hasta los 11 113 215 habitantes contabilizados al finalizar 2021, indican datos de la estatal Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei).

El año pasado, por primera vez en casi seis décadas, se registraron aquí menos de 100 000 nacimientos (99 096) y la mayor cifra de muertes (167 645).

La tasa de natalidad resultó la más baja en igual periodo, 8,9 por cada 1000 habitantes, mientras que el índice global de fecundidad (hijos por mujer) descendió a 1,45. Tales indicadores estuvieron matizados por el impacto de la covid.

Investigaciones reconocen que desde 1978 el país no alcanza los 2,1 nacimientos promedio por mujer necesarios para garantizar el reemplazo generacional.

En las bajas tasas de fecundidad influyen los servicios de educación universal y gratuita que elevaron la instrucción social, políticas públicas favorables al empoderamiento y empleo femenino, y estrategias de planificación familiar que llevan a las mujeres a posponer la maternidad hasta completar sus proyectos profesionales.

Incide asimismo el derecho aquí desde hace más de medio siglo al aborto voluntario y gratuito en instituciones hospitalarias, junto con el acceso a métodos anticonceptivos modernos, a partir de la aplicación de un enfoque de género en salud.

Parejas o mujeres solteras se enfrentan además al dilema de procrear o no ante la crisis económica interna y el desabastecimiento de productos esenciales, incluidos alimentos y medicinas.

No existe una fórmula mágica para revertir el envejecimiento demográfico. Es un fenómeno que hay que atender con un mayor protagonismo de las Ciencias Sociales en la toma de decisiones”.

 

Geidy Hernández

El fortalecimiento del embargo estadounidense, la pandemia de covid y la inflación han deteriorado aún más la economía doméstica en los últimos tres años, situación en la cual confluyen errores en la aplicación de políticas y dilaciones de necesarias reformas económicas.

“Se dice que las cubanas no quieren parir. No es que no queramos ser madres, es que las condiciones materiales para la crianza son prohibitivas. Tengo 30 años y no he podido salir de casa de mis padres y tener hogar propio, ni un salario suficiente para sostener una maternidad”, confesó a IPS la profesora Elena Ramírez, residente en La Habana.

Al déficit de unas 863 000 viviendas, se suman la escasa oferta de materiales de construcción y elevados precios. Miembros de distintas generaciones de no pocas familias conviven con sus parejas y descendientes bajo un mismo techo ante la imposibilidad de comprar o reparar una casa o apartamento con sus salarios.

Emigración en alza

Karina Suárez contó a IPS que emigró en 2016, “porque además de ayudar a mis padres económicamente, quería tener mi hijo y desarrollar un proyecto de vida sin tantas privaciones”.

Esta informática de 36 años es vendedora en una tienda de ropa en la ciudad española de Barcelona, donde vive con su esposo y un hijo de tres años.

El aumento de la emigración desde Cuba se aceleró en el último año. Solo a Estados Unidos, donde se asienta la mayor comunidad de migrantes cubanos, arribaron de forma irregular de octubre de 2021 a septiembre último más de 224 000 personas, 2 % de la población.

Sin cifras disponibles sobre las llegadas de cubanos a otras naciones para asentarse, el éxodo total en el periodo podría equivaler a 5 % de los 4,7 millones de personas que conforman la población económicamente activa en la isla.

Ya en enero de 2019 la Encuesta Nacional de Migraciones, realizada en 2016-2017, mostraba que tenían de 15 a 49 años 75 % de las personas que fijaban residencia temporal en el exterior, y 88 % de quienes lo hacían de manera permanente.

La pesquisa reveló que 85 % de las personas menores de 40 años y 80 % de aquellas con 40 años o más poseían nivel educacional medio o superior, mientras que casi dos tercios (64 %) tenía empleo antes de viajar.

“Me preocupa que tantos jóvenes se sigan yendo, porque cada día somos más un país de viejos”, señaló a IPS el ingeniero civil Julián Álvarez, de 61 años y residente en la central ciudad de Santa Clara, con dos de sus tres hijos en otros países.

A juicio de Álvarez, “el gobierno tiene que acabar de hacer las reformas necesarias, flexibilizar más las condiciones para que inversionistas extranjeros, y también cubanos, pongan capitales en la agricultura e industrias, y aumentar los salarios, si queremos que la situación económica cambie y muchos jóvenes que hoy se van sientan que pueden tener un futuro acá”.

Resiliencia demográfica

El Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas proyectó para este martes 15 de noviembre la llegada al mundo del habitante 8000 millones.

A propósito de la fecha, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) exhortó a los gobiernos a prever y comprender el modo en que cambia su población para concretar las aspiraciones de la Agenda 2030 de la ONU sobre desarrollo sostenible.

Asimismo, llamó a proporcionar respuestas singulares basadas en datos que ayuden a mitigar los efectos potencialmente negativos y aprovechar plenamente las oportunidades de las dinámicas poblacionales.

Para concretar esa resiliencia demográfica, la Oficina en Cuba de Unfpa ltrabaja desde 1974 con el gobierno y contrapartes nacionales, y en la actualidad implementa el noveno ciclo de cooperación a través del Programa de País 2020-2024.

Dicho programa focaliza temas clave como el acceso seguro a métodos anticonceptivos modernos y variados, la prevención de los embarazos no intencionados y la fecundidad en la adolescencia, la educación integral de la sexualidad, así como la promoción del reconocimiento de la corresponsabilidad en el trabajo de cuidados, desde los enfoques de género, interseccional y de derechos.

Más ciencia social para el envejecimiento

Los cuidados adquieren cada vez mayor importancia para una nación del Sur en desarrollo como Cuba, con algunos indicadores demográficos similares a los de países industrializados, como una baja mortalidad infantil, esperanza de vida superior a 78 años -más de 80 años en las mujeres- y 77 % de la población en zonas urbanas.

Al cierre de 2021 el país registró 21,6 % de su población con 60 años o más, mientras se estima en unas 221 000 las personas de esas edades viven solas.

Para 2025 se pronostica que uno de cada cuatro residentes en la isla será un adulto mayor, proporción que se elevará a un tercio una década después, con significativos impactos económicos, sociales y de salud.

“No existe una fórmula mágica para revertir el envejecimiento demográfico –entendido como la proporción de personas de 60 años o más, con respecto al resto de la población-”, razonó al conversar con IPS la investigadora Geidy Hernández.

Para la especialista del Grupo de Estudios sobre Familias del estatal Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), con sede en La Habana, se trata de un fenómeno asociado a que las personas viven más y debe atenderse “con un mayor protagonismo de las Ciencias Sociales en la toma de decisiones”.

Según Hernández, para cualquier acción o política pública es importante “conocer la realidad asociada a las personas, sus individualidades, tocar con la mano los espacios donde conviven, sentir y presenciar sus contextos”.

Recordó que quienes optan por desarrollar sus proyectos de vida en Cuba, “se enfrentan a factores económicos, sociales y motivacionales que influyen en la reproducción familiar”, y que además de una casa con condiciones básicas, acceso a alimentos, seguridad, protección, también es necesario brindar “herramientas sociales que les permitan desarrollarse en un contexto diverso”.

Desafíos

Especialistas insisten en la necesidad de impulsar en Cuba un sistema integral de cuidados, en el cual se imbriquen entidades estatales y actores de la sociedad civil, además de aumentar el número de hogares de ancianos y casas de abuelos que favorezcan la atención de salud, psicológica y calidad de vida.

Abogan por la formación de más personal de enfermería, de la medicina y asistentes especializados en geriatría, ante los retos que plantean la demencia y discapacidades.

Si bien el gobierno elevó la atención a la dinámica demográfica desde 2006, los expertos llaman la atención sobre las políticas de empleo, pues en años venideros aumentará la cantidad de personas que salgan de la edad laboral en comparación con quienes entren.

A fines de 2008 una ley elevó la edad de jubilación de 60 a 65 años para los hombres y de 55 a 60 años, en el caso de las mujeres.

Otras decisiones estuvieron relacionadas con el financiamiento de los gastos de seguridad social mediante los impuestos, readecuación de los cálculos para las pensiones y flexibilización de procedimientos para la reincorporación de jubilados al trabajo.

Las recomendaciones proponen mayores esfuerzos para cerrar brechas en la fecundidad y el embarazo en la adolescencia, las uniones tempranas y las necesidades insatisfechas de planificación familiar.

Asimismo, se reitera la urgencia de incorporar las dinámicas demográficas al desarrollo de los territorios, prestar más atención a grupos en condiciones de vulnerabilidad y ampliar las investigaciones sobre ingresos y pobreza.

lunes, 18 de abril de 2022

CAPITALISMO Y SUBDESARROLLO: EL OBJETIVO ES SUPERAR AMBOS.

Por Agustín Lage Dávila

El artículo de la semana pasada, “Los Objetivos y los Procedimientos” atrajo muchos comentarios, que no es físicamente posible sintetizar ni polemizar en un par de páginas. La mayoría de los comentarios fueron muy buenos, y con ideas interesantes; pero también hubo algunos preocupantes, especialmente los que se acercan a un cuestionamiento, no de los procedimientos concretos (que siempre pueden contener errores), sino de los objetivos de soberanía, justicia social y prosperidad. Hubo hasta quien casi gritó: “privatizarlo todo”.

Esos hay que responderlos y la respuesta está en que los objetivos están vinculados entre sí y vinculados a su vez a la aspiración de Socialismo. No se alcanzarán unos sin los otros. Queremos superar el subdesarrollo, pero para ello hay que dejar atrás el capitalismo.

Hay hechos históricos del ayer que es imprescindible comprender para tomar posiciones lúcidas y firmes en las polémicas de hoy. La lógica de la acumulación capitalista es un formidable dispositivo de creación de desigualdades. La propiedad privada sobre los medios de producción le da al propietario del capital ventajas para la generación de ganancias, las cuales se emplean en adquirir nuevos bienes de capital, que a su vez amplifican las ventajas iniciales. Surge así un lazo de retroalimentación positiva que construye bifurcaciones, que separan a los que tienen y a los que no tienen, las cuales en algún momento se hacen irreversibles. Marx lo estudió al interior de los países industrializados y lo describió como la ley de la concentración del capital. Fidel y Che Guevara lo estudiaron en las relaciones entre países desarrollados y subdesarrollados.

Las guerras coloniales llevaron el proceso de ampliación de desigualdades a escala internacional. Las economías de los países colonizados fueron puestas en función de la acumulación capitalista en las metrópolis. Los países colonizados fueron víctimas del proceso internacional de concentración del capital, y convertidos en suministradores de materia prima para la industria europea, materia prima obtenida con mano de obra esclava primero y con obreros mal pagados después.

El más formidable motor de acumulación de capital en Europa fue la esclavitud americana, impuesta y mantenida a partir de la dominación militar.

El rentismo privado exportador de los países periféricos pobres fue una condición necesaria para la dinámica de acumulación en los países centrales ricos.

Un pasaje emblemático de la imposición del libre comercio a favor de los intereses de los países capitalistas desarrollados fue la Guerra del Opio en 1839, en la que Gran Bretaña, por la fuerza de las armas, impuso a China el libre comercio y la apertura de sus puertos, como reacción al intento del gobierno chino de prohibir el comercio del opio, que introducía la compañía británica de Indias Orientales. Unos años después entraron en el conflicto Francia, Estados Unidos y Rusia, forzando a China a tratados, conocidos por la Historia como los “Tratados Desiguales” que abrieron 11 puertos al exterior, y crearon para China enormes desequilibrios comerciales.

India y China aportaban todavía en 1800 el 53% de la producción manufacturera global, pero ya en 1900 habían descendido al 5%.

La gran bifurcación del mundo entre países ricos y países pobres se inició con la primera revolución industrial en el siglo XVIII y se reforzó con las guerras de conquista coloniales. Las políticas proteccionistas primero y la imposición del libre comercio una vez adquiridas las ventajas industriales (nunca antes), la hicieron irreversible.

Una vez que se monta el esquema de mono-producto a exportar (oro, plata, azúcar, caucho, café, algodón, etc) ya no se logra salir de esta “jaula del subdesarrollo”. Europa y Norteamérica, que inicialmente desarrollaron sus industrias nacionales con fuertes políticas proteccionistas, impusieron después el libre comercio a los países del sur cuyas manufacturas no podían competir con las industrias maduras del norte.

Eduardo Galeano comienza su libro imprescindible “Las venas abiertas de América Latina” con esta afirmación: “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”.

La economía colonial se estructuró en función de las necesidades del mercado europeo y la población indígena sometida se convirtió en un inmenso proletariado externo para la economía de las metrópolis. La función de beneficiario principal del sistema fue asumida paulatinamente por los Estados Unidos. En 1916, cuando Lenin escribió su libro sobre el Imperialismo, el capital norteamericano abarcaba menos del 20% de las inversiones extranjeras privadas directas en América Latina y el Caribe. En 1970 ese porcentaje era ya el 75%. Y no es esta una historia limitada a los siglos precedentes: Todavía hoy los políticos de Estados Unidos invocan la Doctrina Monroe (“América para los americanos”) como el fundamento de su política exterior.

Las instituciones del capitalismo dependiente estuvieron orientadas a la extracción de valor, no a creación de valor económico. Las clases dominantes de la sociedad colonial latinoamericana y luego de las economías capitalistas subdesarrolladas, no se orientaron jamás al desarrollo económico interno, sino al lujo, el despilfarro y la dependencia.

Veamos como ejemplo de esa incapacidad de las clases dominantes del capitalismo dependiente, el caso de Cuba en 1920, cuando los precios del azúcar colocaron al país en un alto nivel de exportaciones, superior en ese momento al de Inglaterra, pero esos ingresos no se utilizaron en función del desarrollo industrial del país, sino que escaparon al extranjero y/o financiaron el consumo suntuario de las élites.

El mercado interno, limitado por la pobreza de las mayorías, no funcionó como atractor de desarrollo industrial, y eso no fue producto de ninguna ley de la economía, sino de una opción política.

La desnacionalización de las economías latinoamericanas se reforzó en la segunda mitad del siglo XX con las doctrinas económicas neoliberales impuestas por las dictaduras militares. El primer “experimento” lo hicieron los asesores económicos norteamericanos en Chile, bajo la dictadura de Pinochet. Luego siguieron otros. La misma y escasa ayuda oficial al desarrollo que reciben los países de América Latina se utiliza mayoritariamente para financiar compras en los Estados Unidos, convirtiéndose así en un subsidio a los exportadores norteamericanos. La dependencia se reforzó con la desnacionalización del sistema bancario.

La experiencia histórica indica con claridad que la inserción en la economía global no siempre es fuente de desarrollo, sino que puede ser el camino de la profundización del subdesarrollo, especialmente si la inserción no conlleva capacidades de creación de conocimiento. Ello depende del tipo de inserción en la economía mundial que se construya. Y los rasgos que definen el tipo de inserción en la economía mundial se dibujan día a día, incluyendo el día de hoy mismo, en cada decisión de inversión, en cada contrato comercial, en cada préstamo, en cada asociación económica internacional.

En la economía global del siglo XXI, las ventajas naturales (minerales, tierra, posición geográfica, atractivos turísticos, etc) existen y hay que usarlas, pero pierden progresivamente importancia ante las “ventajas construidas” (cohesión social, estabilidad política, seguridad ciudadana, educación, salud, capacidades científicas, cultura). La construcción de esas ventajas, es una función insustituible del Estado Socialista.

Razonemos entonces con profundidad sobre las raíces de nuestras dificultades actuales, y con mucha lucidez sobre lo que hay que hacer ahora; pero al mismo tiempo, defendamos con firmeza lo que tenemos y principalmente la opción soberana de superar al mismo tiempo el capitalismo y el subdesarrollo.

Así lo sentenció José Martí en 1890: “La Razón, si quiere guiar, tiene que entrar en la caballería”.

Centro de Inmunología

martes, 21 de diciembre de 2021

«Lo más puro de mis esperanzas de constructor». Concepción y práctica del desarrollo económico en el Che Guevara




La concepción del desarrollo económico

La actuación del Che como dirigente y pensador revolucionario se desenvuelve en un contexto donde la problemática del desarrollo y el subdesarrollo es ya nombrada como tal, y se encuentra en pleno auge como campo de estudio y acción. En el caso de América Latina esto es particularmente relevante, pues la teoría estructuralista cepalina, así como la Teoría de la Dependencia, constituían modos regionales de acercarse a una problemática de alcance mundial. Estas corrientes, junto con la literatura marxista en general, constituyen fuentes de las reflexiones del Che en este campo, aunque el aprendizaje fundamental proviene del proceso político y social de la Revolución cubana.

Las políticas de la Revolución fueron, sin dudas, políticas de desarrollo. Esto es cierto si nos referimos al campo económico, y más aún, si abordamos las múltiples esferas de la vida social. Dicho en términos muy generales, se trata de una política que tuvo como objetivo poner todos los recursos y esfuerzos del país en función de las necesidades de su gente, lo cual implicaba superar una situación de dependencia, sometimiento neocolonial, deformación estructural, desempleo crónico, pobreza, analfabetismo, entre otros males. Las bases para lograrlo se pusieron muy rápidamente: ya en 1961 la casi totalidad de las palancas sociales estaban en manos de una fuerza que obraba en función de los intereses populares. Pero la mayor parte del trabajo estaba aún por hacer, y como había dicho Fidel en su primer discurso, quizás todo sería más difícil.

Durante estos primeros años, el Che estuvo ocupado en ese trabajo por hacer para llevar hasta el final las promesas de la Revolución, y lo hizo desde el frente más difícil: la industrialización del país, empeño que dirigió desde el propio año 1959 hasta su partida en 1965.

La industrialización era un clamor nacional que venía desde antes de 1959, pero solo con la liberación del país del imperialismo norteamericano se generó un escenario propicio para tal empresa. La nueva fuerza social identificó en la industrialización un requisito para superar la condición del subdesarrollo.

Las primeras proyecciones fueron, en realidad, demasiado ambiciosas. Se planteaba un cambio acelerado de la estructura económica del país, de una economía primaria, monoexportadora y rentista a una economía industrializada y diversificada en aproximadamente cinco años. Muy pronto se hizo evidente que el subdesarrollo tenía una fuerza inercial poderosa, acumulada estructural y culturalmente por decenas de años, que el empeño debía desarrollarse en un entorno hemisférico muy hostil y que exigía una gran capacidad de organización, para lo cual la nueva fuerza dirigente no estaba preparada.

Hoy sabemos que el sueño de la industrialización del país sigue pendiente, y por esa misma razón, vale reflexionar acerca de una de sus experiencias más sugestivas, aquella que tuvo lugar en el Ministerio de Industrias bajo el liderazgo del Che en los primeros años de la Revolución.

Una primera aclaración es que no abordaremos su teoría y práctica del desarrollo en general, sino que nos centraremos en su dimensión económica vista desde una perspectiva guevariana, o sea, distinta de lo que comúnmente se entiende por economía.

Dejamos por sentado que este artículo, aunque no lo aborda en forma explícita, es pertinente para el contexto cubano actual, donde acontecen reformas económicas que implican transitar de una política de sobrevivencia a una estrategia de desarrollo de mediano y largo plazo. Lamentablemente, hemos convidado poco al Che a la mesa de discusiones; quizás porque, a pesar de los años, no ha perdido su carácter incómodo.

Por último, es necesario aclarar que existe una diferencia muy grande entre lo que la dirección del país proyectó hacer en aquel momento y lo que se pudo hacer en realidad, pero intentaremos referirnos a lo uno y lo otro, porque de ambos planos, y de su interrelación, se extraen muchísimos aprendizajes.

Va organizado en dos partes: una primera, centrada en la concepción del desarrollo económico; y una segunda, dedicada a la política industrial en específico.

Socialismo y desarrollo

La prédica y la práctica de la Revolución cubana involucraron posicionamientos novedosos que generaron nuevas motivaciones para la teoría, entre ellos la idea de que el socialismo es una condición para el desarrollo de los países del Tercer Mundo. Esta tesis proviene tanto de las experiencias históricas cubana y latinoamericana, como de los acercamientos teóricos que estas motivaron acerca del lugar de América Latina en el sistema capitalista mundial.

A partir de la gran vulnerabilidad económica evidenciada con la crisis del capitalismo central a finales de los años veinte, una fracción de las burguesías regionales intentó modificar el patrón de inserción latinoamericana mediante procesos de industrialización y desarrollo autónomo. Sin embargo, ante la necesidad de transitar del predominio de la industria liviana hasta la industria pesada, de la producción de bienes de consumo a la producción de bienes de capital (lo cual requería mayores transferencias de capital desde los sectores históricamente exportadores) la burguesía industrial y sus expresiones políticas chocan a un tiempo con monopolios extranjeros y clases nacionales de los sectores tradicionales. A esto se suma la presión de nuevos capitales internacionales, interesados en generar actividades industriales modeladas a sus intereses en países periféricos. La integración productiva con los capitales extranjeros ofrecía un panorama muy provechoso, que compensaba las abundantes dificultades que enfrentaba un proyecto de desarrollo endógeno. A decir de Ruy Mauro Marini, «la burguesía industrial latinoamericana evoluciona de la idea de un desarrollo autónomo hacia una integración efectiva con los capitales imperialistas, y da lugar a un nuevo tipo de dependencia, mucho más radical que la que rigiera anteriormente».[1]

La misma expansión de la capacidad tecnológica y financiera acaecida en los países centrales genera la necesidad de subordinar nuevos territorios, ahora también en el campo de la actividad industrial. El proyecto de desarrollo endógeno choca entonces con la organización funcional del capitalismo mundial y su tendencia polarizante, donde las actividades industriales localizadas en las periferias; a decir de Samir Amín, «funcionan como subcontratistas del capital dominante».[2] Esto no significa que los intereses de la burguesía latinoamericana sean menguados, sino que encuentran plena realización en el marco de esta subordinación.

Las fuerzas emancipadoras encuentran aquí un nuevo argumento que se viene a sumar a las muchas razones que fundamentan el socialismo: la superación de la dependencia económica, requisito imprescindible para alcanzar un bienestar duradero, será imposible bajo el capitalismo. Esto era aún más evidente en el caso de Cuba, donde no hubo un intento serio de industrialización, a diferencia de otros países (Brasil, Argentina, México). Su dependencia era pasmosa, así como la ligazón entre sus clases dominantes y los intereses del imperialismo norteamericano. La política de la Revolución demostró muy rápidamente las enormes posibilidades que generaba, para el bienestar de las mayorías, una nueva forma de organización social. Incluso en términos de la industrialización del país, en el marco del experimento de los primeros años, a pesar de diversos errores y dificultades que hubo de enfrentar, se ampliaron extraordinariamente los limitados avances de la etapa anterior.[3]

Sin embargo, desde entonces Cuba no ha logrado superar su condición de país subdesarrollado. Sucede que, además de los fuertes condicionamientos externos, la tesis de partida no es determinista. No afirma que una vez desarrolladas las instituciones socialistas alcanzaremos el desarrollo, ni identifica lo uno con lo otro. Solo dice que el socialismo es condición necesaria.

El desempeño del Che como dirigente político y funcionario gubernamental estuvo signado por la evaluación sistemática de la coherencia entre los principios socialistas, sus formas institucionales, la estrategia de desarrollo del país, la política industrial, sus instrumentos económicos, y las prácticas que los hacían valer. Desplegó una superación personal continua para ponerse a la altura de las metas trazadas, y buscó insuflar ese espíritu en cada espacio del país.

Son rasgos que sobreabundan en sus escritos y discursos, a contrapelo de un utopismo abstracto muy difundido como estereotipo de sus actitudes políticas. Mientras expone el proyecto de industrialización del país, afirma: «Este esquema de trabajo está constituido por ideas. Tenemos tareas concretas que realizar si queremos que todo se convierta en realidad».[4] «El cambio no se produce automáticamente en la conciencia –dice en El socialismo y el hombre en Cuba–, como no se produce tampoco en la economía».[5] También es problémica su visión acerca de los vínculos entre «el modelo de relaciones sociales de producción en la industria», y la «expansión planificada de las fuerzas productivas»: «un modelo inadecuado puede frenar, retrasar, burocratizar y transformar en un organismo anémico el aparato productivo».[6]

Por otro lado, tan pronto como nos desplazamos de un enfoque del socialismo como forma de organización social, al socialismo como transición, se produce un vuelco en la comprensión de nuestra tesis de partida. En el primer enfoque tenemos dos procesos diferenciados, y el resultado de uno (la implantación de una forma de organización social) sirve de base al otro (el desarrollo como fuente del bienestar social). En el segundo enfoque –el socialismo como transición– la creación de nuevas estructuras sociales, la formación de una nueva cultura y el logro del bienestar humano, son integrados como metas de un único proceso. Este es sin dudas, el enfoque privilegiado por el Che.

Resulta fundamental especificar el significado de las palabras, pues el término «desarrollo» tiende a remitir a los signos de progreso de las potencias centrales. Uno de los principales errores de los países del campo socialista, muy cuestionado por el Che en su tiempo, fue intentar emular la dinámica de producción y consumo capitalista, lo que implicaba jugar las reglas de sus rivales, en lugar de las propias. Hoy en día la perspectiva marxista acerca de la enajenación y el fetichismo ha sido enriquecida con el ecologismo, el feminismo, el indigenismo, de manera que el socialismo está en mejores condiciones de armar su visión del bienestar.

Che no despliega un punto de vista ecologista sobre la economía, algo poco habitual en aquella época; no obstante, es posible identificar elementos que aportan en esa dirección. Esto tiene mucho que ver con la relación que se da en el socialismo entre los objetivos y los métodos, entre los fines y los medios. Poner en el centro a los seres humanos implica regular la producción y el consumo en función de las necesidades sociales, una posibilidad impensable bajo los objetivos que rigen al capitalismo. La capacidad de reducir, ampliar o reorganizar de manera planificada la producción según metas impuestas por la sociedad es fundamental para establecer formas de actividad económica que garanticen la reproducción ecológica. Veamos algunas reflexiones del Che acerca del desarrollo de esta capacidad en la sociedad cubana de aquellos años.

Con el propósito de argumentar la diferencia entre el cálculo administrativo de la demanda según tasas históricas, y la planificación como proceso vivo y participativo de un país en revolución, plantea lo siguiente:

«cuando un país entra en revolución, cuando se produce la distribución de la riqueza, la redistribución, y cuando se va creando nuevas riquezas para beneficio de los que hoy todavía están en situación inferior al nivel de la población, hay que variar totalmente los aumentos y niveles históricos de consumo, porque, automóviles, no aumentarán en la misma cantidad; la gente que podía comprar automóviles fue, en buena parte, afectada por la Revolución, y el automóvil no produce; no nos interesa, en definitiva, que haya muchos más miles de automóviles.

Ahora, sí es importante, por ejemplo, camiones; la demanda de camiones aumentará, la demanda de tractores aumentará, y la demanda de artículos de consumo popular también aumentará, como ha aumentado de hecho […]

Todo eso va a provocar una presión distinta de la que nosotros estamos acostumbrados. Ya no va a ser el mismo consumo de arroz, ni va a tener la variación lógica que tenía cada año el consumo de arroz […]

Ahora el arroz tiene que ir aumentando constantemente, a ritmos acelerados, hasta que no queden desocupados en Cuba, es decir, hasta que todo el mundo haya alcanzado un nivel de ingresos parejo. Y entonces ya sí volverá a producirse, en el caso del arroz, un aumento del consumo que va a tener una similitud con el aumento histórico, es decir, el aumento del consumo producido por el aumento natural de la población. Pero todavía tenemos que llegar a eso, tenemos que hacer que coman todos los que no tienen comida, que tengan empleo todos los que no tienen empleo.

Esa es la diferencia entre el cálculo económico que puede hacerse de lo que va a pasar en un país, conociendo la cifra, y lo que tiene que pasar en un país cuando se está en revolución. Es decir, que el plan no solamente analiza las cifras, sino que el hombre está ahí, trabajando en el plan, el hombre es parte del plan y factor importantísimo de él. Prácticamente puede decirse que la Revolución es la que le da la tónica al plan.»[7]

En otro pasaje de su obra son muy nítidos los límites que pone a la dinámica de producción y consumo capitalista, a partir de un enfoque humanista:

«Precisa aclarar bien una cosa: no negamos la necesidad objetiva del estímulo material, sí somos renuentes a su uso como palanca impulsora fundamental. Consideramos que, en economía, este tipo de palanca adquiere rápidamente categoría per se y luego impone su fuerza en las relaciones entre los hombres. No hay que olvidarse que viene del capitalismo y está destinada a morir en el socialismo.

¿Cómo la haremos morir?

Poco a poco, mediante el gradual aumento de los bienes de consumo para el pueblo que hace innecesario este estímulo –nos contestan–. Y en esta concepción vemos una mecánica demasiado rígida. Bienes de consumo, esa es la consigna y la gran formadora, en definitiva, de conciencia para los defensores del otro sistema. Estímulo material directo y conciencia son términos contradictorios, en nuestro concepto».[8]

Estas afirmaciones, utilizadas de maneras descontextualizadas, condujeron en diversas ocasiones a interpretar que el Che niega la importancia de los bienes materiales. Por el contrario, en él cristaliza una síntesis muy poco común entre el humanista y el científico, el filósofo y el economista, entre lo político y lo técnico. En sus propuestas como pensador y dirigente existe un balance notorio entre los caminos para formar el hombre nuevo, la base material, y las relaciones entre ambos.

Esto último (las relaciones entre ambos caminos) es muy importante, porque define el carácter socialista de su aproximación al desarrollo. Es muy conocida la posición del Che acerca de la posibilidad en el socialismo de incorporar tecnologías, conocimientos científicos e incluso métodos administrativos del capitalismo, sin temor a la «contaminación ideológica». Su confianza viene dada por el despliegue de nuevas pautas sociales que estaba aconteciendo en la economía y en su relación con la sociedad. Los adelantos tecnológicos, los conocimientos científicos, los métodos administrativos pasan a jugar un papel distinto, al insertarse en un sistema de relaciones orientado hacia la satisfacción de las necesidades humanas. Por tanto, Che se dedica ampliamente a actualizarse acerca de las tendencias más adelantadas de la época y valorar las posibilidades de aplicarlas en Cuba,[9] al mismo tiempo que sostiene un trabajo creador sobre las formas de organización económica en el socialismo.

Sabe que la formación del hombre nuevo no está garantizada, que implica procesos de creación, evaluación, ajustes y desajustes. El Sistema Presupuestario de Financiamiento es una propuesta de transición que debía abrir el cauce a formas superiores. La presencia de una amplia centralización de las decisiones no son rasgos intrínsecos a este modelo, sino que fueron planteadas como mecanismos inevitables en el contexto de una insuficiente madurez del socialismo en Cuba. Che esbozó el camino del empoderamiento popular y de la capacidad de la clase trabajadora para conducir su propio destino. Elaboró fórmulas intermedias como las asambleas de producción, el Consejo Técnico Asesor, los balances anuales, el principio de discusión colectiva/decisión y responsabilidad únicas, y defendió el papel de las organizaciones políticas y de masas en el control de la administración y el otorgamiento de mayores potestades a las empresas mejor organizadas.[10]

En conclusión, el Che no solo cuestiona una relación automática entre las formas socialistas y la superación del subdesarrollo, sino que también problematiza las potencialidades de una determinada modalidad institucional para formar el hombre y la mujer nuevos. El empoderamiento popular, sumado a otros instrumentos de educación comunista y al control de las instituciones por fuerzas revolucionarias, debían configurar un proceso de desarrollo verdaderamente alternativo al capitalismo.

Decíamos más arriba que se ha relanzado una visión de desarrollo para Cuba en el mediano y largo plazo. Se argumenta oficialmente que el carácter socialista de este proceso vendrá dado por la propiedad estatal de los medios fundamentales de producción y la primacía de la planificación sobre el mercado. Pero se ha tomado como un supuesto que el funcionamiento del sector estatal apunta en una dirección socialista, o, por lo menos, no existe una agenda visible sobre cómo vincular el cambio cultural y el desarrollo técnico en este espacio social. Donde quiera que esa agenda sea retomada y relanzada, el Che tiene mucho que decir.

Quisiera concluir esta primera parte abordando la conexión entre desarrollo nacional e internacionalismo socialista. Hoy sabemos que las relaciones entre el centro y la periferia en el marco del capitalismo mundial son muy dinámicas. En la medida que el sistema crece en productividad y producto global surge la oportunidad de que algunos países subdesarrollados escalen posiciones. Esto genera la ilusión para muchos de que es posible construir un bienestar general y duradero en el marco del capitalismo, si se siguen determinados procedimientos, si se logra «hacer bien las cosas». Sin embargo, el sistema se basa en la concentración y toda concentración implica absorber las capacidades y recursos de otros, de manera que los países exitosos, incluidos los «recién llegados», siempre serán beneficiados, en forma directa o indirecta, con los procesos de acumulación por despojo.

Una vez que se abandona un alcance nacional estrecho de las metas del desarrollo se modifican nuestras conclusiones, pues la dinámica descrita es difícilmente justificable en lo ético. La única alternativa para alcanzar un desarrollo que no se base en el subdesarrollo de otros países es organizar la sociedad y la mundialidad sobre nuevas bases. El internacionalismo es tan necesario al socialismo como el oxígeno a los pulmones. Che plantea:

«El revolucionario, motor ideológico de la Revolución dentro de su partido, se consume en esa actividad ininterrumpida que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción se logre en escala mundial. Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala local y se olvida del internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno.»[11]

En Cuba se verifica hoy una atenuación del carácter antiimperialista y anticapitalista de nuestra política exterior, estimulada por un enfoque pragmático de la sobrevivencia. Un proceso similar, con respecto al internacionalismo, se verifica en las bases sociales. En ningún caso ello se fundamenta en la «cómoda modorra» de haber concluido las tareas más apremiantes, sino en la fuerza desintegradora de su inconclusión alargada en el tiempo.

Como resultado, muchos connacionales se encuentran desentendidos de los problemas del mundo, y otros ilusionados con las posibilidades del capitalismo para Cuba. Olvidan que difícilmente rebasemos, por ese camino, los tremendos obstáculos que impone el orden mundial a un país como el nuestro. Cierto que no hay nada escrito, pero se sostiene un principio fundamental: suponiendo que «afináramos bien el tiro» y lográramos «colarnos», ¿qué dignidad ofrecería un bienestar que se levante sobre tanta miseria?

La «multipolaridad» será insuficiente o imposible bajo el capitalismo, así que estamos ante una doble necesidad: superar el subdesarrollo y continuar aportando a un camino comunista para el mundo.

Notas

[1] Mauro Marini, Ruy. Subdesarrollo y revolución. Editorial Siglo XXI editores s.a., México, 1969. p. 18. Esta obra, ya clásica, ofrece un excelente punto de vista para profundizar en esta problemática.

[2] Citado en Roffinelli, Gabriela. La teoría del sistema capitalista mundial. Una aproximación al pensamiento de Samir Amin. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. p. 33.

[3] Che indica un crecimiento del siete por ciento anual en los primeros tres años después del triunfo de la Revolución para el sector industrial no azucarero. Véase Guevara, Ernesto Che. Memoria anual 1961–1962, en Orlando Borrego Díaz (comp.). Che en la Revolución. Tomo VI. Editorial José Martí, La Habana, 2015. p. 522.

[4] Guevara, Ernesto Che. Tareas industriales de la Revolución en los años venideros, en Orlando Borrego Díaz (comp.). Che en la Revolución. Tomo I. Editorial José Martí, La Habana, 2015. p. 124.

[5] Guevara, Ernesto Che. El socialismo y el hombre en Cuba. Ediciones Abril, La Habana, 2015. p. 33.

[6] Guevara, Ernesto Che. Memoria anual 1961–1962, en Orlando Borrego Díaz (comp.). Che en la Revolución. Tomo VI. Editorial José Martí, La Habana, 2015. pp. 516–517.

[7] Guevara, Ernesto Che. Conferencia en el curso de adiestramiento para trabajadores del Ministerio de Industrias, en Orlando Borrego Díaz (comp.). Che en la Revolución. Tomo III. Editorial José Martí, La Habana, 2015. pp. 182–183.

[8] Guevara, Ernesto Che. Sobre el sistema presupuestario de financiamiento, en Orlando Borrego Díaz (comp.). Che en la Revolución. Tomo I. Editorial José Martí, La Habana, 2015. pp. 169–170.

[9] Sentó las bases del sistema de innovación en el país, dirigió un proceso muy exitoso de capacitación de la fuerza de trabajo, estimuló los primeros pasos del país en la electrónica y la creación de maquinaria agrícola y bajo su dirección se fundaron muchos de los centros de investigación científica y tecnológica con los que hoy contamos. Orlando Borrego ofrece una excelente sistematización de estos aportes, y otros, en Che, el camino del Fuego, Imagen Contemporánea, La Habana, 2001.

[10] Véase textos como Discusión colectiva, decisión y responsabilidad únicas; Contra el burocratismo; El cuadro, columna vertebral de la Revolución; todos en Orlando Borrego Díaz (comp.). Che en la Revolución. Tomo I. Editorial José Martí, La Habana, 2015. También Memoria anual 1961–1962, en el tomo VI de la misma obra. Che, el camino del fuego, de Orlando Borrego, es también una obra de referencia en este tema.

[11] Che Guevara, Ernesto. El socialismo y el hombre en Cuba, op. cit., p. 41.

jueves, 14 de octubre de 2021

La acumulación socialista. Retos a la concepción

Por Rafael Alhama Belamaric

Todavia no sé cuál es la intención de mencionar cada tanto, la originalidad de alguna medida o concepción del quehacer económico actual. Supongo que las intenciones son buenas, pero estas realmente deberían ser acompañadas de explicaciones más profundas y calmadas y análisis convincentes, para que más de uno, con formación y lecturas no se asombre de los cambios. Hay cambios y cambios, y los cambios que se llevan a cabo, aun cuando no implican cambios de esencia del sistema, sí implican cambio de concepción(es) y de prácticas, aunque algunas pueden estar a medio camino. Pero los cambios actuales propuestos implican cambio de estado de cosas, de actitudes y rol de los individuos, de las situaciones, de las tensiones y nuevas capacidades, de los objetos a atender, de los objetivos a cumplir., A eso hay que dedicar tanto tiempo como sea necesario, para que nadie piense que se pasa gato por liebre.

Realmente la originalidad casi siempre surge del conocimiento y prácticas pasadas, pero asimilados críticamente y llevados a otro nivel. De lo contrario no se sabría que se repite, que es lo nuevo o novedoso, qué es realmente un cambio de concepción, o cambio de prácticas sin cambio de concepción, y porqué muchas veces los planteamientos teórico-conceptuales y prácticos alentadores en el pasado en las sociedades llamadas del socialismo real, quedaron a medio camino, o ni siquiera arrancaron a caminar, sea por problemas de voluntarismo, sea esquemas de carácter doctrinal. 

Sin lugar a dudas, en las condiciones actuales nuestras, extremas e internas, no es posible separar las influencias mútuas y los condicionamientos, habría que hablar de un socialismo “contigencial“, o situacional, exactamente de la misma manera que se entiende en la administración de las organizaciones; no hay homogeneidad en la forma ni en la solución de los problemas, sino que se impone una relación funcional entre las condiciones del ambiente y las vías o soluciones a adoptar para alcanzar los objetivos propuestos. ¿Pragmatismo? Aunque a algunos les pueda parecer poco ortodoxo, es necesario darle un poco de primacía al valor práctico de las cosas.

En el pasado, a pesar de los pesares, hubo, quizás no suficientes y necesarias, y sobre todo a destiempo, múltiples propuestas en el campo de la economía desde el surgimiento de la Unión Soviética, y luego del “campo socialista“. Pero, todas ancladas a una idea difícil de abandonar sobre la concepción del Estado y su papel hegemónico sin el necesario desarrollo y participación del individuo, y la realización del individuo, más allá de considerarlo energía pura, de tal manera que se pudiera hablar de un  desarrollo integral y desalienante.

Este se convertía en actor activo pero sin participación activa política y en las decisiones de las políticas, con lo que el sistema Estado de ordeno y mando y su aparato burocrático, hacía más temprano que tarde cada proceso iniciado disfuncional, con movimientos inerciales, o que terminaba con el aborto. La práctica le echaba la culpa a los proponentes, y estos a los practicantes. En casi todos los casos no se establecía el diálogo, discusión y análisis de conjunto necesarios.

Como hace unos días escribí sobre acumulación originaria necesaria y hacía referencia a elementos que para muchos se consideran “blandos“, voy a hacer algunas reflexiones acerca de lo que pudiera considerarse elementos “duros“. Me pregunto cuánto hubieran dado algunos por contar en la década del 50 con el llamado capital humano del  que se dispone hoy en Cuba, como cuando comenzó la experiencia económico-social más radical y longeva de autogestión social en Yugoslavia (II).

Por supuesto, esa magnitud y calidad no es tampoco garantía del desarrollo integral del individuo, mucho menos de su realización y del papel activo a nivel económico y social, pero ayuda al menos en la comprensión de los problemas y en las propuestas de solución. El salto que se espera del capital humano debe llevar a la solución de los problemas. Y esto conlleva nuevas prácticas de gestión y de gobierno desde la base, desde la empresa y el municipio.

(https://cubayeconomia.blogspot.com › 2021/09 › acum).

El eterno conflicto, que no debiera serlo, empleo-trabajo (empleo decalidad-trabajo eficiente), con las experiencias del pasado, no es suficiente que haya fuentes de empleo, que se acceda al empleo, que se cuenten por miles los nuevos empleos, si ello significa trabajo precario, o empleo de baja calidad. Precisamente los nuevos modelos de acumulación se caracterizan por trabsformaciones del trabajo con alto contenido informativo y cultural.

Cada día más, la competencia se decide por el que brinda calidad del producto y calidad del trabajo, que por supuesto implica organización, entre otros. Por tanto, el actual problema económico-social del trabajo, no pasa sólo por la desocupación, sino por el carácter cuantitaivo y cualitativo del empleo que se ofrece. Y no se puede poner de lqado, ni considerar problema menor, los salarios, absoluto y relativo, cada vez menor.Si a esto se suman los trabajos que se crean con los nuevos actores económicos, los tipos de propiedad, que no siempre, o casi nunca lleva a incrementos de poroductividad, u otros pocos aún, con incrementos de productiviadd pero no redistirbuida, se evidencian las muchas formas atípicas de trabajo flexible, entre el trabajo asalariado, dependiente y directo, con significativos movimientos de la renta financiera para algunas profesiones que se ejercen, no importa que estén o no aprobadas, y que seguirán aumentando.

Si se agrega el territorio, como la dimensión donde convergen todos estos problemas, también los intereses de la colectividad, de los nuevos sujetos que operan en diferentes tipos de empresas de diferente tipo de gestión, llamémosle empresa social del territorio, como cuerpo organizado, con determinada caracterización social cada uno de ellos, porque derivan de una caracterización productiva que los ha influido y determinado, y se seguirán sumando los de la reestructuración emplesarial, no es dificil comprender que esto sujetos serán portadores de contradicciones económico-sociales y de socialización.

Este proceso no basta sólo monitorearlo, investigarlo, se necesita ubicar el TRABAJO con mayuscula, con una nueva lógica interpretativa y discurso socio-político, si se quiere una economía que se inserte en la economía mundial como un todo competitivo, con profundas transformaciones institucionales. Tarea nada facil, y habrá que combinar, por mucho tiempo aún, actividades altamente rentables con actividades tradicionales de una rentabilidad mínima.

Hay que tener en cuenta, lo que otros países han experimentado ya las décadas anteriores, y es la estructura de ocupaciones. Si la capacidad de creación de empleos de las nuevas formas económicas, léase micro, pequeñas y medianas empresas privadas y cooperativas no agropecuarias, no implica actividades productivas con trabajo eficiente, la transferencia de empleo consecuencia de la reestructuración de la empresa estatal, tendrá inevitablemente un efecto negativo sobre la productividad media y los ingresos del trabajo.

Por eso, desde la primera propuesta sobre PYME en 1996, se insistía en su creación como forma organizativa y de gestión. Ni puede ser ni es la misma que en una gran empresa, ni en las funciones, ni en la estructura, ni en la concepción del trabajo. Si no suprime (niveles), simplifica (estructura) y reduce (controles con mayores autocontroles y facilitación de las comunicaciones), puede repitir no sólo los errores sino las distorsiones que ha sufrido la gran empresa estatal en los últimos cincuenta años. Las instituciones creadas para apoyar las MpyME, deben convertirlo en su razón de ser.

Sobre la productividad no hay que escribir mucho, todos los alertas, propuestas, investigaciones, así como estudios prospectivos fueron hechos, no sólo con el milenio, sino sistemáticamente desde la década del 70. También acuerdos, que el crecimiento de la productividad y la eficiencia son claves para incrementar los niveles de riqueza, por tanto, el nivel de vida, fue ratificado por los Lineamientos en 2011. Y en las condiciones de Cuba, no hay otro camino que el de crecimiento de la productividad y la eficiencia. Dedicar en la esfera de las innovaciones la atención a la organización, los procesos, las metodologías empleadas, así como motivación, compromiso y satisfacción laboral. Sin la atención y desarrollo de estos factores, no hay productividad necesaria.

Así que, como introducción, empiezo por lo más elemental.  Subrayo  la gran importancia que tienen los elementos o situaciones nuevas, que sólo se mencionan de pasada, como es la explicación de la (des)centralización de los calificadores, que implican contenidos de trabajo, nunca bien entendidos ni diseñados por sí solos en las empresas, o al menos mejores o que satisfacieran mejor las necesidades particulares, que los concebidos centralmente. Se recuerda qwue apartir de 2005 se redujeron la cantidad de cargos, a más de la mitád, u quedaron 83 calificadores de cargo, de los cuales eran 39 propios. Sin embargo, siguió predominando el perfíl estrecho, y ciertamente la aprobación central limitaba mucho la ocupación de cargos con requisitos de conocimientos e idoneidad. Los contenidos de trabajo diferían de lo que se exigía en la práctica, y el contenido de las tareas debía estar en los contratos de trabajo, lo que a su vez se violaba constantemente.

En resumen, tres objetivos de los calificadores se incumplían o se malcumplían, y no importa si son centralizados o descentralizados, habrá no sólo que cumplir, sino elevar su calidad: establecer cada cargo de acuerdo a la complejidad; determinar los cargos que conforman las plantillas; planificación adecuada del fondo de salario.

Nada explicado al gran público sobre el fondo de salario y cómo se forma y cómo se va a formar sin la escala única. Y sobre la escala única, ¿que implicaciones tuvo y tiene su concepción y puesta en práctica en la década del 60.  con la complejidad en el centro,  controlado todo centralmente durante seis décadas? Y  aún, pero adelantándonos un par de años, se podría decir, hasta ayer, y que ahora pasa a la responsabilidad y capacidad de la empresa. ¿Porqué hasta ahora fué así y ahora asá? ¿Está el estado en capacidad de seguir traspasando recurso hacia las partidas salariales, con tarifas insuficientes y desmotivadoras y diferencias entre los grupos mínimos, una y otra y otra vez señalados?

¿Es por capricho o responde objetivamente a una situación, radicalmente diferente que exige una concepción radicalmente distinta?¿Porqué lo fue así tanto tiempo y ahora se da viraje de 180 grados?, y sin niveles intermedios de preparación, como se proponía largo tiempo, para que el cambio fuera menos brusco. ¿Es que realmente el Estado lo descentraliza todo, o tiene otros mecanísmos y vías de control?

¿Es suficiente decir hoy al descentralizar determinadas funciones y dar facultades a las empresas que estas van a decidir sobre las utilidades? ¿Qué significa eso? ?Que significado tiene? ¿No implica cambio en la estrategia de crecimiento y de toda la concepción económico-financiera anterior? ¿No implica o debe implicar que al mismo tiempo que influeyen decisivamente en los resultados de la producción, como productores, los trabajadores deben hacerlo también como copropietarios de los medios de producción en las empresas estatales socialistas?  Y esto significa, en primer lugar, un nuevo rol de los trabajadores, que es decidir con voto las decisiones más importantes en la empresa.

Pero no sólo eso, ¿no cambia la posición de poder de la empresa, del sujeto colectivo, de sus relaciones con el entorno, su responsabilidad que crece exponencialmente con el Estado y con los trabajadores? ¿Y los trabajadores de las empresas son responsables de sí mísmos?¿Es formal o es real la autonomía para que la empresa y sus trabajadores se hagan responsables de sus actos y decisiones?

Subrayo “de los trabajadores“, porque no está claro si es sólo autonomía del director, o si se quiere de la empresa, del gerente, o implica a los trabajadores también. ¿Si se trata sólo de los directores, entonces la responsabilidad primera es hacia quien? ¿ Y a estas alturas del tiempo y de los problemas, la autonomía puede ser sólo del director sin la participación activa y decisoria de los trabajadores en los pasos y procesos que debe dar, aprobar o proponer? ¿El salario y el fondo de salario, que serán sin duda alguna, incluso en las empresas de experimentación, discusión viva, estará en la decisión del director y tres jefes funcionales, al tanto de la información del mercado, de la producción, de los precios, de la competencia, entre otros?

¿Se entiende que la reestructuración de la empresa, con la prioridad de las plantillas es absolutamente necesario, porque de lo contrario el fondo de salario a formar sería en la mayoría de los casos de salario mínimo, es decir, casi nada, y que eso implica no sólo cambiar los números de los directos-indirectos, que ya no puede un operario tener sobre su espalda a dos y tres llamados indirectos, sino que exige cambios en la concepción  organizativa y de trabajo?

Si se trata de la autonomia de los productores en el mercado, además con liberalización de los precios, donde sí es posible que se haya ido mucho más lejos que en niguna de las economías socialistas de antaño, en condiciones económicas y financieras “en condiciones anormales“ sin igual, eso, tiene un peso y tiene un significado como nunca hasta ahora.

Antes de proseguir, quisiera mencionar y citar un artículo de Omar Everleny Pérez Villanueva de 2008, “La estrategia económica cubana: medio siglo de socialismo“, para que se puedan refrescar algunas magnitudes de los datos y cifras vinculado al tema (https://doi.org/10.4000/cal.1206)

Valga este gráfico, y los dos últimos párrafos del trabajo.

Gráfico 2. Inversión Estatal Bruta en Cuba en el período 1959-2008 (millones de pesos corrientes)

Agrandir Original (png, 26k)

Fuente: Elaboración a partir del Anuario Estadístico de Cuba, durante varios años, La Habana.

Terminaba diciendo Everleny:

Cuba, en el mediano y largo plazo, está obligada a analizar detenidamente los caminos del crecimiento y desarrollo económico, para hacer congruentes esos esfuerzos con aquellas ventajas que en el orden del conocimiento y la educación de los cubanos el gobierno ha creado” (el subrayado es mío).

Por tanto, el diseño estratégico futuro a partir de la experiencia de estos cincuenta años debe estar dirigido a la búsqueda de alternativas de crecimiento sostenido y acelerado, en un complejo equilibrio entre factores políticos, sociales y económicos, donde más allá de los factores objetivos que explican la complejidad de la crisis económica es imprescindible un debate acerca de las alternativas que pueden reducir su impacto ; cualquier propuesta u opinión por supuesto que es polémica, pero es necesario transitar por ese debate actual, lógicamente dentro del contexto del sistema económico social que se ha venido implantando en los últimos cincuenta años, y tal como dijera el presidente cubano: “No aspiramos a la unanimidad, que suele ser ficticia, en este o en cualquier otro tema”28. (el subrayado es mío) 

28 Raúl Castro Ruz, presidente del Consejo de Estado y de Ministros, en el discurso pronunciado el 26 (...)

Y cito este trabajo del autor y de este año, porque fue anterior a las primeras propuestas, a los primeros grupos ad hoc formados para buscar soluciones, a las largas discusiones de los años posteriores acerca de los problemas listados con prioridad por los Lineamientos.

Pero traigo a colación otros gráficos de un trabajo de Inocencio Raúl Sánchez Machado, I.R. y Ledesma Martínez, Z.M de 2018 (“Gestión integral del proceso inversionista cubano“ - SciELO )

§  


“Mantener la tasa promedio en un 2,3-2,4 % anual, registrada en la dinámica entre 2007 y 2017, provocaría tener que esperar hasta 2036 para lograr un PIB un 50 % superior al manifestado en 2017.(2) Asimismo, cambiar el dinamismo en tasas cercanas al 5 % significaría acortar la espera entre diez y doce años (Sánchez Machado et al., 2017).“

“El proceso de ralentización económica antes esbozado tiene, como uno de sus factores decisivos, las bajas tasas de acumulación, las cuales, en los periodos evaluados, no han superado el 16 % del PIB (figura 3). El promedio de este nivel de acumulación ha estado cercano al 13,8 %.“


“Entre 1990 y 2013, la región de América Latina y el Caribe ha presentado una tasa de acumulación promedio de un 23 %, diez puntos porcentuales superior a la de Cuba, tal como se muestra en la figura 4.“


Sin muchas explicaciones, pues se explican por sí solo, esos niveles de 25-30%, y más, considerados como necesarios y adecuados para esta sociedad socialista, que contribuiría a tasas de crecimiento del PIB mucho mayores que los actuales,y que Cuba alcanzó en determinados momentos de la década del 80, están lejos de alcanzarse.

Hay que recordar, brevemente, que el fondo de acumulación procede del plustrabajo, destinado en funciones de producción y de la circulación. Así la sociedad tiene posibilidad de disponer de reservas de medios de produción y artículos de consumo, necesarios para la reproducción ampliada. Por tanto, sirve tanto para ampliar la producción social y aumentar los fondos no productivos, como para formar reservas materiales y financieras. Así que, en condiciones normales, suele significar ahorro y reservas monetarias.

A medida que crece la economía, la riqueza creada, es cada vez más importante la parte del fondo de consumo que se destina a los fondos sociales de consumo, porque con el incremento de la riqueza, crecen tanto la acumulación como el consumo. Ha sido práctica en el pasado reciente, antes del “Período Especial“, tener niveles relativamente altos de acumulación, que aseguraran, en perspectiva, elevados ritmos estables de crecimiento del fondo de consumo. Lo que ocurrió en perspectiva, que ya es historia también, se ha vivido las últimas tres décadas.

Decir de paso que eso de las proporciones entre los fondos de acumulación y el fondo de consumo en el “campo socialista“, es decir que este creciera en correspondencia, quedó como asignatura pendiente, a favor de la acumulación pero sin el incremento suficiente y necesario de los fondos sociales de consumo.

El fundamento humano-psicológico, que es el interés y la voluntad de los participantes en este proyecto común, quizás haya sido uno de los temas más preteridos cuando de una sociedad con economía planificada se trata, y de cómo compaginar el interés individual con el general, que a veces funcionaba en períodos de entusiasmo, se volvía a las leyes de la sociedad buscando las fórmulas ganadoras. Ese tema ahora es doblemente complejo, puesto que se trata de diversidad de actores económicos, distintos tipos de propiedad, con diferentes intereses, integrados en un proyecto común.

Ningun esfuerzo consciente y organizado puede neutralizar las inefiencias que surgen del sistema económico, y de propiedad, basado en una estructura motivacional incompetente, que acerce o trate de borrar la distancia que hay entre los intereses individuales a corto plazo y los intereses a largo plazo de la sociedad. Y es en los sistemas de planificación donde debiera haber un mayor acercamiento, pero no ocurrió así.  Y estoy hablando de intereses a largo plazo de la sociedad no ajenos al individuo y el colectivo, cuyos resultados se emplean, se disfrutan, pero “no se ven“; son de todos, y muchas veces no cumplen con los intereses y expectativas individuales.

Aquí se impone el trabajo de Marx sobre trabajo alienado, y de otros autores que con las experiencias de transformación socialista en los distintos países, hablaron de alienación en el socialismo, un desarrollo no aceptado ni escuchado, pero real, como lo fue y es real la división del individuo y el distanciamiento de su ser privado y público, tanto más alejados cuanto más son las esferas alienadas  de la vida social. El cuestionamiento era ¿cómo era posible hablar de alienación socialista cuando todo se hace por el hombre?

Evidentemente, las intenciones, y hasta los objetivos eran esos, en los países del “socialismo real“, pero los caminos escogidos, y las proporciones, no respondieron a los requerimientos, así que los resultados planificados de naturaleza económico-social trajeron exactamente reacciones contrarias a las esperadas. Las condiciones de vida ni las decisiones acerca de estas, no estaban en las manos de los que también deberían tener el control consciente de la producción. Pero eran todo manos y energía, la cabeza la ponían otros, por lo que el entusiasmo y los constantes llamados al compromiso se fueron apagando. Si a ello le sumamos falta de capital, falta de inversiones, atrasos tecnológicos, y rechazo del mercado, se llega a una dimensión espacio temporal insostenible de reproducción ampliada, con la ampliación de los fondos no productivos siempre en espera, bajo o nulo crecimiento económico, reservas materiales y financieras a la baja, con consecuencias en las relaciones sociales y relaciones sociales de producción.

Mientras en la década del 80 en los países del este europeo se debatían aún en el eco entre crecimiento desequilibrado entre la industria productora de bienes de capital, extrayendo recursos del campo para financiarse y crecer, con prioridad casi absoluta, que ya Preobrazenski había planteado en 1924 en un artículo “Sobre la ley socialista básica de acumulación“, (recordar la alternativa; industrialización con expropiación del campesinado o concesión a campesinos sin industrialización, con resultados espectaculares en las décadas del veinte y treinta para la industria, pero nefastas consecuencias para el campo y el campesinado, con confiscaciones y gravámenes cada vez más fuertes al campesino y al privado) que más tarde ampliará, y se convertiría en sacrosanta lectura y guía para todos, y el crecimiento equilibrado, en China se adoptaban las primeras concepciones más cercanas a la economía de mercado, después de pasar por el camino de sustituir la falta de capital por trabajo, como forma de acabar con el desempleo, a lo que se sumaban experiencias nada agradables del campo colectivizado y la falta de conocimientos técnicos en la industria, y falta de incentivos y los llamados al compromiso que ya no daban tampoco los resultados de antes. Se plantea la demanda del mercado como camino para generar riquezas, y socialismo para distribuirlas. 

Estas ideas y discusiones tampoco eran ajenas en Cuba, ya desde la década del 60, que más tarde con la entrada al CAME, sería un reflejo, a veces pálido a veces más brillante de lo que ocurría del lado de allá del charco. Y no solamente porque alguien trajo los textos, sino porque no pocos dirigentes del antiguo partido socialista ya se habían formado en esas ideas.

De manera que la convivencia pero hegemonía de la propiedad social con la propiedad privada, la iniciativa de los emprendedores, el objetivo de restablecer el centro motivacional de producción, liberar las leyes económicas, con énfasis en la iniciativa propia del productor para crear su propia riqueza material, con toma de decisiones basadas en el colectivo, y el mercado asumido socialmente, tiene ya una historia que contar, y lecciones.

No hay automatismos para aumentar la riqueza material de la sociedad, y dos entes, o mejor actores económicos, sólo pueden alcanzar objetivos comunes para la sociedad en su conjunto, en la misma dimensión económica y política. Por supuesto, eso implica pensamiento y acción sistémica, poco aplicados hasta ahora.

Otro asunto inevitable, y recordatorio del objetivo económico supremo, es el desarrollo de las fuerzas productivas, de lo que tanto se ha hablado con razón en los últimos años. Es conditio sine qua non del desarrollo del socialismo y la emancipación humana, o la des-enajenación; es legitimación del sistema. ¿Lo es? ¿Es el objetivo histórico o la dimensión del tiempo, o es la voluntad de los productores en cada momento la legitimidad del sistema? lo que no excluye el desarrollo de las fuerzas productivas.

Para ser justos, la planificación administrativa central, aquí y allá, o allá y acá, fue relativamente, o bastante eficiente en la fase inicial, en los primeros años, cuando se “movilizaba”, es decir, se funcionaba por movilizaciones. Más tarde se distribuían fondos, se asignaban recursos, y la acumulación estaba bajo jurisdicción absoluta y directiva del Estado, que asignaba y reasignaba a las áreas que más se necesitaba en cantidad y condiciones, incluso condiciones exclusivas para alcanzar un desarrollo intensivo. El factor determinante, el empresario real, con poder real y decisión firme sobre el presupuesto estatal, era el Estado; en representación del pueblo, pero decidiendo verticalmente.

De allí que se comenzó a conceptuar la propiedad social como propiedad estatal, cuando realmente era propiedad social. Esto lo liberaba de los intereses diversos y particulares de segmentos de la población, también de discusiones, análisis colectivos y rendiciones de cuenta. Larga es la historia de los hechos ocurridos en los países del llamado socialismo real.

Como una preparación para otras transformaciones y cambios, más allá de los formalismos, en todas partes, aunque con décadas de diferencia, y en Cuba, hace unos años, se abogó por la separación de funciones estatales-empresariales. ¿Es real? Tanto como lo pueden ser las dos caras de la misma moneda, o del mismo dueño. Si la separación quiere significar diferentes funciones, puede que sea indicativo de nuevos roles y responsabilidades para los productores, en plural, es decir, los trabajadores productores directos, pero exige gran coordinación y cooperación con las funciones estatales. Y, realmente, están de más los niveles intermedi(ari)os, para que el contenido de mayor autonomía empresarial sea autónomo y no directivo.

La movilización de enormes recursos, para la escala de Cuba, enormes inversiones en instalaciones de valor de capital, con serios problemas organizativos y de utilización de capacidades, de uso de esa acumulación alcanzada, fue el principal problema identificado, investigado, declarado, desde la década del 70 como problema del CAME, y se mantuvo todo el tiempo de pertenencia al CAME, y fue causante, etre otros, de falta de un desarrollo lineal en ascenso. Hoy, en el contexto de la globalización, con grandes dificultades en todas partes para la inserción en la economía mundial, al márgen del bloqueo, es impensable seguir el camino de la manera en que se recorrió hasta aquí, de megainversiones.

El factor “movilizativo“ hizo lo suyo en las décadas de los años 60, 70 y hasta los 80, y no fue poco lo que debe haber contribuido a la acumulación, la participación voluntaria en las acciones laborales, se puede decir de todos, no sólo de los jovenes, sino de todos los trabajadores, en diversas modalidades en diferentes momentos. Más allá del entusiasmo y sacrificio, el valor del efecto económico logrado así sólo se puede especular.

El tema de los salarios, y su concepción en escala única, que junto a los calificadores hacen la pareja inseparable de la gestión centralizada del trabajo, fuera de cualquier regulación de un mercado de trabajo, inexistente. Esto aseguraba, salarios relativamente bajos para cubrir las necesidades elementales de rendimiento, combinado con bajos precios, sobre todo de los productos agrícolas, fueron reguladores importantes de acumulación.

Son notables, y aún en la memoria, las discusiones y pelea abierta entre la empresa y el Estado en algunos de los paises del este europeo, en las décadas de los 70 y 80, en torno a la distribución del trabajo requerido, el exceso de trabajo, y por la proporción del plustrabajo con que se quedaba la empresa, o mejor dicho la proporción mínima que la empresa queria cederle al Estado. Claro, la discusión iba más allá, y en el cuestionamiento estaba dónde se ubicaba o cómo se empleaba el excedente. Esto fue más notorio y visible en la autogestión yugoslava. Fue un elemento que se destacaba por encima incluso de la competencia entre las empresas.

Así, materiales prácticos y teóricos no faltan, lo que es necesario asimilarlos correctamente, como experiencias y como lecciones para aprehender críticamente de esos procesos de (des)estatización.