Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

miércoles, 19 de agosto de 2026

¿Hará suyo el pueblo un programa de reformas que desconozca o no trate adecuadamente sus realidades?


¿Permaneceremos atados a viejas concepciones, funcionales hace ya más de veinte años, pero totalmente extemporáneas hoy?





“Las nuevas medidas solo tendrán éxito si el pueblo las hace suyas”, afirmaba, con toda razón, el presidente Miguel Díaz-Canel. Para mí esa afirmación no tiene discusión. Pero no es menos cierto que el hecho de contar con la aprobación del pueblo no garantiza que el programa sea correcto y menos aún que su implementación sea exitosa.

Esa afirmación con la que inicié este artículo fue hecha el día 2 de julio de 2019, en una Mesa Redonda dedicada a explicar “las medidas” que habían sido aprobadas el 27 de junio de ese año en reunión del Consejo de Ministros y que antes tuvieron que ser presentadas, discutidas y aprobadas por el Buró Político del Partido Comunista de Cuba. No sé si ello es equivalente a que “el pueblo las haga suyas”. En esa Mesa Redonda, junto a él, estuvieron los ministros de Economía, Finanzas y Precios y Trabajo y Seguridad Social.

Eran otros tiempos. La COVID aún no había diezmado al mundo y a Cuba; asistíamos al último año del mandato de Mr. Trump, que, a pesar de las políticas en contra de Cuba, no había desplegado el potencial destructor del mandato actual.

Existía también cierta esperanza de que, si en el próximo mandato el candidato demócrata derrotaba a Trump, era posible esperar cierto relajamiento de las medidas tomadas por Trump. Incluso existían los que abrigaban la esperanza de un cierto regreso a la “época Obama”. Esperanza que Biden se ocuparía de hacer añicos.

No obstante, el petróleo estaba relativamente “asegurado”. Las tiendas de recaudación de divisas aún mantenían algunos productos en sus estantes, pese a que a veces se producían demoras en los pagos por parte de las empresas estatales.

En lo interno, teníamos una nueva Constitución, ratificada en referéndum popular el 24 de febrero de 2019 y proclamada oficialmente el 10 de abril de ese mismo año. Junto al Modelo de Desarrollo Económico y Social y al Plan de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030, conformaron un nuevo marco institucional, al parecer mucho más adecuado a los tiempos y los cambios que Cuba necesitaba.

También es cierto que la situación era muy difícil, pero aun de vez en vez, el servicio eléctrico funcionaba, el agua seguía llegando, también de vez en vez, a los grifos de las viviendas; en los hospitales todavía teníamos médicos y enfermeras suficientes y contaban con algunos insumos y equipos y, en nuestras escuelas, aun los estudiantes recibían clases con cierta normalidad.

Sin embargo, las medidas no condujeron al propósito declarado, a saber: “ordenar el país de cara al futuro, toda vez que permiten crear una base para las medidas que será necesario aplicar en los próximos años para que la economía nacional funcione de manera coherente”.

Un año después, la pandemia sacudía nuestro país, que la tuvo que enfrentar en condiciones de asedio yanqui, y casi dos años después, el 11 de julio de 2021, el país fue sacudido por protestas movidas por reclamos materiales, y también políticos.

La pregunta cae por su propio peso: ¿hizo suyas el pueblo estas medidas?

A juzgar por los resultados, habría que decir que no. Sin embargo, cabe otra manera de enfocar este asunto. La pregunta sería entonces, ¿que el pueblo haga suyo un programa de reformas/medidas/transformaciones garantiza el éxito de las mismas? La respuesta en este caso sería: no necesariamente.

Dependerá, además de factores exógenos, como la capacidad para interpretar y adaptarse a la coyuntura internacional, apoyos externos y de los obstáculos externos existentes, en nuestro caso, obviamente, de la política estadounidense hacia nuestro país. Lógicamente, también de un grupo muy grande de factores internos, desde temas estrictamente económicos y financieros hasta aquellos asociados al marco institucional y al liderazgo.

La experiencia de 2019, y de años posteriores donde se aprobaron medidas que después apenas se cumplieron (las de la agricultura, aquellas otras para recuperar la industria azucarera, las asociadas a la bancarización, etc.), resultan también evidencias de los múltiples déficits padecidos. Son los mismos que han provocado, en una proporción considerable, esta coyuntura crítica sostenida por más de dos décadas y que ha desembocado en las 176 medidas y 23 ejes, que han sido objeto de múltiples análisis y reflexiones.

En algún momento habrá que saldar la deuda de hacer un análisis desde la perspectiva del pensamiento económico sobre las diferentes interpretaciones al respecto. Pretendo en este breve artículo solamente exponer, desde mi perspectiva, algunos consensos y disensos que han provocado las mismas. Sin dudas quedarán muchas más por identificar.
  1. Se hizo evidente cierto apresuramiento en anunciar, publicar y aprobar estas reformas, lo cual es atribuido a la profundización y amplitud de la crisis en toda la línea que padece hoy nuestro país.
  2. La política norteamericana hacia Cuba, en especial después de enero de 2026, resultó un factor decisivo, aun cuando las autoridades cubanas repitan que este paquete de medidas, en una buena parte, ya existía. Al factor político de Trump-Marco Rubio contra Cuba se le ha dado diferente peso según la filiación ideopolítica de los diferentes análisis, pero en todos los que he leído ese factor está presente y, a diferencia de otros momentos, resulta casi imposible ignorarlo. De hecho, es posible encontrar trabajos donde se condiciona el avance de la reforma a algún tipo de entendimiento entre ambos países.
  3. La restricción externa se acepta, en general, como uno de los elementos que dificulta la reforma y algunos trabajos coinciden en que, de no encontrarse alguna forma de aliviarla, la reforma no podrá avanzar. El bloqueo estadounidense y las medidas tomadas por ese gobierno a partir de septiembre son identificadas como la más importante de todas las restricciones externas en la mayoría de los casos, junto a deformaciones y fallas estructurales que la economía cubana ha arrastrado durante años.
  4. En algunos trabajos, se argumenta que la reforma económica debe ir acompañada de reformas políticas profundas. Esa profundidad va desde abrir nuevos espacios políticos dentro del socialismo hasta aquellas que entienden que es necesario cambiar radicalmente el actual régimen político.
  5. Existe también un consenso significativo en que los temas referidos a la secuencia, consistencia y transparencia son imprescindibles para ese proceso.
  6. En múltiples análisis se hace énfasis en la integralidad que requiere ese proceso, para muchos, asociado a los diferentes ámbitos que debe abarcar (económico, social, político, institucional).
  7. También existe consenso en la necesidad de distinguir entre las urgencias que hacen casi insostenible la situación actual y las transformaciones estratégicas que conducirían a cambios estructurales profundos. Otros proponen una transformación por etapas, que dé prioridad primero a los ajustes más perentorios, para reducir el comportamiento negativo de variables decisivas, como el déficit fiscal y las distorsiones monetarias, y luego avanzar hacia aquellos aspectos estructurales de mayor peso.

La reforma que está representada en esas 176 medidas, cuya secuencia no ha sido publicada aún, tendrá que enfrentar además comportamientos aprendidos y situaciones críticas asociadas.

Por ejemplo, a la estabilidad del suministro de alimentos y materias primas, y el incremento de los precios de los mismos, provocados por las políticas del régimen de Trump. Recurrir a fórmulas ya experimentadas que, lejos de resolver el problema, lo incrementan por efecto de retracción de la oferta, no parece ser la mejor solución.

Los gobiernos locales han respondido al reclamo popular de protección, topando precios o ganancias, pero ninguna va a las causas de esa urgencia, la falta de producción nacional y la reducción de las importaciones. Este es un ejemplo de respuesta no conveniente a una urgencia, por lo que es muy probable que el efecto sea el contrario al declarado.

La reforma también tendrá que enfrentar y resolver otros problemas mucho más estratégicos. Pondré un solo ejemplo a modo de ilustración. El 11 de agosto de 2026, en su conferencia en el Coloquio Internacional “Fidel: legado y futuro”, Díaz-Canel ofreció datos que ilustran el daño estratégico que el bloqueo norteamericano genera en el sector de la salud; los reproduzco abajo:98 500 pacientes en lista de espera quirúrgica y, entre ellos, 12 mil son niños. “Operaciones que nosotros podemos hacer en Cuba, pero nos faltan los recursos”.
34 mil embarazadas a las cuales no se les pueden realizar las ecografías prenatales suficientes durante esa etapa de embarazo.
67 mil menores de un año que han nacido en estos meses sin esquema de inmunización actualizado.
117 mil adultos y 1 200 niños que son pacientes con cáncer que no tienen los tratamientos primarios adecuados.
16 mil pacientes que tienen dificultad con los servicios que necesitan de radioterapia, 12 400 en quimioterapia y 3 mil en hemodiálisis.

Si mañana aparecieran todos esos equipos e insumos necesarios, tendríamos que resolver un problema mayor a mi juicio, un problema estratégico, el del personal para poder atender todos esos casos.

La reforma también tiene que atender y resolver ese problema, porque nuestros hospitales se han vaciado de personal y formar un médico o una enfermera demora tiempo y porque ese proceso de vaciamiento continúa.

En el año 2023 se contabilizaban al menos 89 954 profesionales menos de la salud. Para el 2024 y 2025 no hay datos disponibles. Y la solución tiene un componente político importante.

¿Cómo resolverá la reforma este gran problema? ¿Permaneceremos atados a viejas concepciones, funcionales hace ya más de veinte años, pero totalmente extemporáneas hoy? ¿Qué hacer para frenar ese vaciamiento? ¿Es posible encontrar nuevas fórmulas que nos permitan conservar el acceso gratuito a la salud y a la vez eviten que nuestros médicos emigren, o busquen emplearse en trabajos que nada tienen que ver con su profesión y su experticia?

¿Hará suyo el pueblo un programa de reformas que desconozca o no trate adecuadamente sus realidades?

También es cierto que no vale de nada seguir lamentándose de lo que no se hizo, lo decisivo ahora es hacer lo que se necesita, aunque cueste y a veces sea difícil explicarlo.

A propósito de algunas “interpretaciones” sobre nuestros dos últimos artículos.

Por Julio Carranza Valdés
     Luis Gutiérrez Urdaneta

Sorprendentemente hemos identificado algunas interpretaciones equivocadas a propósito de nuestros dos últimos artículos: “La transformación de la economía cubana hoy: lo urgente y lo estratégico”, 17 Julio 2026 y “Volver sobre las urgencias y el horizonte estratégico“ 17 de agosto de 2026. Esto puede deberse a una lectura rápida e imprecisa de estos textos, donde es esencial entender los matices y también, probablemente, a diferencias fundamentales entre los paradigmas de los autores y algunos lectores, lo cual es natural en cualquier debate.

Lo que hemos propuesto, basado en la evolución de la crisis y la actual situación de una parte creciente del pueblo, impactada por diversas carencias, alimentos, agua, medicinas, transporte, higiene pública, etc, es la necesidad primordial e impostergable de proteger a la población y eso requiere de medidas temporales excepcionales, ni más ni menos de las que la situación exija.

Hemos tenido el cuidado de no afectar con nuestra propuesta el avance y el horizonte estratégico de la necesaria reforma de apertura de mercados y diversidad de formas de propiedad en curso, que aunque aún sin suficiente integralidad y orden, se mueve en la dirección que por años hemos propuesto, defendido y argumentado con firmeza y responsabilidad y lo seguiremos y seguimos haciendo aún en estos últimos artículos.

De hecho, cuando, en el último de ellos, propusimos lo de compras parciales centralizadas al sector privado mayorista, que es quien ha estado importando más productos esenciales, sobre todo alimentos como el aceite y otros, aún fuertemente golpeado hoy por la política norteamericana de bloquear las navieras, lo cual se suma a lo del petróleo y todo lo demás, decimos que sea a través de compras donde los precios sean concertados y reconozcan tanto los costos como la adecuada ganancia al sector privado, con pagos asegurados y garantías de cambio por divisas para continuar el ciclo. También a través de licitaciones, todo lo cual es, por cierto, práctica usual en muchos países del mundo para atender emergencias u otros objetivos económicos o sociales inherentes a las funciones del estado.

Los bienes resultado de esas compras, el estado los vendería a la población necesitada (previa clasificación de esta, lo cual es imprescindible), de manera racionada y a precios que podrían incluir subsidios que serían asumidos totalmente por el estado, no por la empresas sean estas privadas o estatales. El resto de los bienes continuarían su curso normal a la red minorista con precios de oferta y demanda para la otra parte menor de la población que no necesita esa asistencia.

Nunca hemos propuesto ni mencionado acciones confiscatorias, como alguna de estas “interpretaciones” han expresado y muchísimo menos una vuelta a la centralización burocrática ni al establecimiento de un “estado policiaco”, como otra de esas “interpretaciones”, que ahora criticamos, por mala voluntad o superficialidad, también expresaba. Desde luego que es válido y lícito en cualquier debate hacer las preguntas y expresar las consideraciones que se entiendan, lo que no es lícito en un debate franco, es poner en boca de otros lo que no han expresado, construir un muñeco de paja para después criticarlo se le ha llamado a ese ardid.

Claro que es muy válida la pregunta de cómo el estado financiaría esto, a la cual también tratamos de dar respuesta en el artículo.

El financiamiento dependería de varios factores: de la disponibilidad de las divisas que hoy se venden en el mercado cambiario oficial y/o de las reservas estatales que existen precisamente para ser usadas en casos de urgencias (no disponemos de cifras al respecto), de los productos y cantidades que se determine en función, como ya señalamos, de un censo transparente pero urgente de las personas o instituciones más necesitadas y del precio que resulte de la negociación o de las licitaciones que se realicen. Así como de un mayor control de la amplia brecha de evasión fiscal actualmente existente, de donde saldrían mayores recursos para el presupuesto nacional. Todo esto, obviamente, también supone rápidas medidas sobre el sector bancario y monetario y una política fiscal progresiva y controlable, nada de esto funciona bien hoy. Desde luego que para decidir estas política es necesario contar con la información y hacer los cálculos correspondientes, para establecer el alcance que estas pudieran tener.

Por otra parte, existen herramientas financieras de pagos diferidos, aunque estas solo sería aconsejable emplearlas en última instancia, con la anuencia del oferente y un compromiso de pago al más alto nivel, puesto que dependen de una credibilidad actualmente afectada.

La reforma integral y profunda que necesita la economía cubana ha de ser irrenunciable y ha de avanzar de la manera más rápida posible, las 176 medidas recientemente aprobadas son fundamentales para la transformación, aunque aún no constituyen por sí mismas el programa de reestructuración necesario, de esto hemos hablado en extenso en otros textos. Ahora bien, las necesidades fundamentales de la población y su protección, son, han de ser, la primera responsabilidad del gobierno y ante una crisis es imprescindible tomar medidas temporales excepcionales y proporcionales. Honrar efectivamente la justicia social, así como la soberanía de la nación es un principio irrenunciable, aún en las peores circunstancias, si eso se pierde nada tendría sentido.

19 de agosto 2026