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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

sábado, 25 de julio de 2015

Roberto Paiva analizó las proyecciones de inversión en Cuba


25 de julio, 2015 15:39 - Internacional, Economía "Una economía como la cubana necesita modernizar sus servicios", explicó.

Roberto Paiva, director de ProChile, abordó el escenario de la economía cubana tras el inicio del proceso de reestablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, así como las opciones de inversión que existen en la isla.

En entrevista con CNN Chile, afirmó que la economía cubana "está creciendo suavemente" y que implica que el poder adquisitivo en el país va creciendo todos los años. Además, recalcó que Cuba está "haciendo esfuerzos por reinsertarse en la División Internacional del Trabajo, en el Comercio Internacional. 

"Tiene una ley de inversión extranjera nueva y ha implementado una zona franca, que son instrumentos que facilitan la instalación de inversionistas extranjeros y que refleja un esfuerzo por acercarse al mundo empresarial", explicó.

Además destacó que las áreas de infraestructura y los servicios son las áreas más interesantes para la inversión en Cuba en un primer acercamiento. Conoce más detalles en el informe adjunto.

ACONTECER ECONÓMICO CUBANO


Por Pedro Meluzá López

Concluyen unas 200 obras en Santiago de Cuba

HAN TERMINADO o se culminan con celeridad las principales obras constructivas del programa inversionista por el aniversario 62 del ataque al Cuartel Moncada y los 500 años de la oriental villa de Santiago de Cuba.
Suman alrededor de 200 los objetivos ejecutados desde el 2014, entre ellos viviendas para unas 1 200 familias afectadas en su mayoría por el huracán Sandy, reparación de numerosos viales de la ciudad con el empleo de cerca de 50 mil toneladas de asfalto, remozamiento de la carretera turística en la zona patrimonial de El Morro, entrega del megaproyecto recreativo Parque de los Sueños, casi concluida la conductora de 8,7 kilómetros del trasvase Gota Blanca-La Clarita y finalizadas diversas acciones reconstructivas en Consultorio del Médico de la Familia y Casas de Abuelos.

Sobrecumplen producción de niquel

LAS PLANTAS niquelíferas Comandante Ernesto Che Guevara y Pedro Sotto Alba, en Moa, provincia de Holguín, superaron sus respectivas producciones programadas para el primer semestre del actual año en más de 600 toneladas, dio a conocer el Noticiero Nacional de Televisión.
En la primera fábrica se alcanzó en el período un sobrecumplimiento de 150 toneladas y en la segunda más de 500.
Aunque los precios del rubro en el mercado internacional están deprimidos, ambas empresas alcanzaron, además, altos valores de eficiencia técnica para el níquel más cobalto y disminuyeron los consumos de portadores energéticos, en especial petróleo y agua.

Las presas acumulan solo el 37% de su capacidad

LOS 242 embalses del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos en todo el país están deprimidos por la intensa sequía que afecta a la Isla, y hasta junio registran solo el 37 por ciento de sus capacidades totales, informó dicho organismo.
Las provincias más azotadas son la oriental y la central, en particular Guantánamo, Santiago de Cuba, Villa Clara y Sancti Spíritus, con fuertes daños en los cultivos de arroz y en la ganadería.
Especialistas dijeron a la prensa que no se avizora un cambio favorable en el régimen de precipitaciones.

Continúa el remozamiento de centros para ancianos

ANTE EL elevado índice de envejecimiento poblacional que registra Cuba, donde el 19 por ciento de sus habitantes tiene 60 años o más, se viene ejecutando desde el 2015 un programa de inversiones ascendente a unos 66 millones de pesos, destinado a mejorar las condiciones de los hogares de ancianos y casas de abuelos.
Hasta el presente, informó el Ministerio de Salud Pública, se han realizado obras por 40 millones de pesos. aunque lo realizado no ha sido similar en todas las provincias del país.
En la mayor de las Antillas existen en la actualidad 258 casas de abuelos, 23 más que en el 2013, con una capacidad de 8 794 personas.

Banco cubano firma acuerdo con entidad norteamericana

LAS ENTIDADES Banco Internacional de Comercio de Cuba (Bicsa) y el estadounidense Stonegate, radicado en la Florida desde el 2005, suscribieron acuerdo para una cuenta corresponsal para la tramitación de operaciones.
Se trata del primer convenio importante firmado entre ambas naciones desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas bilaterales y facilita las transacciones a las empresas norteamericanas que hacen negocios con la Isla. declaró Dave Seleski, presidente de la firma norteña.


Fuentes: Trabajadores, Granma, Sierra Maestra. NTV y Radio Rebelde.

Centrales en tiempo muerto

Centrales en tiempo muerto
SANCTI SPÍRITUS. Dicen que para apaciguar la angustia que se les atraviesa en el pecho, los pobladores de Narcisa levantan en las entrañas del central una pila mortuoria con gomas de camión, le prenden fuego y se sientan a mirar el humo que comienza a salir por la torre, un humo negro y denso que más bien parece los rescoldos de su última zafra.
“Una se hace la ilusión de que ese bicho está vivo, pero no es más na’ que eso: la ilusión”, se duele una lugareña que aún no sabe qué hacer sin el pitazo afiebrado del mediodía, sin el bagacillo insolente que le ensuciaba la casa  y con un tiempo muerto que ya va para 10 años.
La suya es la nostalgia de una generación que en el 2005, cuando se hizo un silencio sordo en toda la maquinaria, había vivido demasiado entre hierros viejos como para acomodarse de golpe a la nueva realidad.
“Hubo quien no tenía edad para adaptarse”, relata Rafael Reyes Fernández, profesor del centro universitario Simón Bolívar y quien fungía en aquel entonces como presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular de Yaguajay.
“Sobre el tapete se pusieron varias opciones —enumera—: el estudio como trabajo, que fue la llamada Tarea Álvaro Reynoso; la incorporación a la producción de alimentos, fundamentalmente los que estaban vinculados a la parte agrícola de la zafra; y la esfera de los servicios. Eso sí: en cualquier caso fue un proceso traumático”.
En semejante apreciación coinciden, absolutamente, todas las personas entrevistadas por Progreso Semanal: el redimensionamiento de la industria azucarera cubana viró patas arriba la cartografía emocional de la nación y cayó, “con esa fuerza más”, sobre las comunidades pequeñas.
Cayó sobre los bateyes de Yaguajay, por ejemplo, un municipio al norte de la provincia de Sancti Spíritus que presumía de ser un emporio azucarero en el siglo XIX y en el que hoy la caña brilla olímpicamente por su ausencia. De los tres centrales que molían al iniciarse la década del 2000 —Aracelio Iglesias, Simón Bolívar y Obdulio Morales— apenas quedan las torres enhiestas y, de vez en vez, el humo alimentado con gomas de camión para apaciguar la angustia de su gente.
Ruinas del barracón de esclavos del central Narcisa. Foto: Oscar Alfonso Sosa.
Ruinas del barracón de esclavos del central Narcisa. Foto: Oscar Alfonso Sosa.
Cuando cerraron el central
Lo último que hizo Antonio Viamontes Perdomo como trabajador del CAI Simón Bolívar —lo recuerda como si hubiera sido ayer— fue encaramarse en una escalera y sustituir el cartel que daba la bienvenida a la fábrica por uno que anunciaba los nuevos destinos del otrora ingenio Vitoria: Sede Universitaria Municipal.
“Yo lloré cuando cerraron el central —confiesa desde la oficina en la que se desempeña como director adjunto de la Empresa Azucarera Sancti Spíritus—. Si me hubieran dado a escoger, no hubiera querido salir de allá, como todos los guajiros que nos aferramos a lo que conocemos”.
Y como los cientos de trabajadores que, sentados junto a la imponente nave o de pie para disimular mejor la molestia, escucharon los argumentos esgrimidos para detener los tachos: la imposibilidad del país para mantener tantas industrias moliendo, la caída en picada de los índices de eficiencia, la urgencia de una estructura más compacta y, por ende, más viable para seguir produciendo…
Ya lo había advertido Ulises Rosales del Toro, quien fungía como ministro de la Industria Azucarera: el propósito ulterior era disminuir los costos de la tonelada de azúcar, la búsqueda de mayor valor agregado, ser competitivos en la producción de caña y azúcar, llevar más alimentos a la población mediante la diversificación y desarrollar una agricultura sostenible.
“La decisión de desactivar 70 centrales azucareros obedece a un profundo estudio tecnológico, de mercado, precios, eficiencia industrial, calidad de suelos, rendimientos, entre otros —había informado al diario Granma—. La dirección de la Revolución fue cuidadosa y esperó todo lo que se podía, pero era una realidad objetiva por encima de consideraciones políticas”.
En Sancti Spíritus, donde convivían nueve centrales con la descomunal infraestructura que gravitaba en torno a cada uno de ellos, fueron cerrados siete en un proceso paulatino e intermitente de cinco años. En regiones como Trinidad, mundialmente conocida por la opulencia que prosperó en su Valle de los Ingenios, no quedó títere con cabeza, ni siquiera para evitar el impacto visual del marabú asfixiando la zona por los cuatro costados.
Yaguajay, al norte, atesoraba también una tradición de cañaverales y trapiches que venía de la década de 1840.
Con la centralización de la industria azucarera muchos resultaron demolidos y solo quedaron tres: el Noriega, después convertido en Vitoria; Belencita, que luego fue Narcisa; y Rosa María, que pasó a llamarse Nela. Justo los tres centrales que, un siglo más tarde, detuvieron sus tachos muy a pesar de la resistencia obstinada de su gente.
Central Narcisa desmantelado. Foto: Oscar Alfonso Sosa.
Central Narcisa desmantelado. Foto: Oscar Alfonso Sosa.
En tierra de nadie
“¿Tú crees que con la cantidad de caña que había por estos contornos no hubiera podido quedarse al menos un central moliendo? —se lamenta el campesino José Luis Méndez—. Lo que pasa es que la decisión venía tomada de arriba y aquí abajo lo único que podíamos hacer era tirarnos en plancha”.
Con su opinión concuerdan —matices más, o menos— una veintena de guajiros encuestados por Progreso Semanal y no pocos funcionarios que, pese a comprender la pertinencia de la medida, reconocen también su avasallador impacto en la configuración demográfica del municipio y, peor aún, al interior de las comunidades que han asistido como espectadoras a su propio proceso de decadencia.
“Casi un 47 por ciento de la población en Yaguajay dependía de la industria azucarera —ilustra Rafael Reyes Fernández—, no solo el que trabajaba en ella sino la familia completa. Poblaciones enteras vivían y resolvían sus problemas a partir de la zafra. Yaguajay es un lugar con comunidades muy dispersas, solo el 17 por ciento está en la cabecera municipal y el resto en estos pequeños asentamientos que eran eminentemente cañeros. Aridanes, por ejemplo, hoy está vacío. Una casa en Aridanes ya no cuesta nada, hay personas allí que simplemente no tienen de qué vivir”.
“En realidad, eso fue un golpetazo. Hay quien sostiene que hubo un estancamiento económico. Yo digo que se dio un tránsito de un tipo de economía a otra: del azúcar a la agricultura. La gente tuvo que desaprender lo del MINAZ y aprender técnicas agrícolas, dos dinámicas muy diferentes. En ese período hubo un bache en el que la universidad con la Tarea Álvaro Reynoso y los centros de investigación científica jugaron un rol importante porque se comenzó a formar gente, a capacitar, a catalizar el conocimiento”.
Carlos Manuel Calcines, director municipal de Economía y Planificación en Yaguajay. Foto: Oscar Alfonso Sosa.
Carlos Manuel Calcines, director municipal de Economía y Planificación en Yaguajay. Foto: Oscar Alfonso Sosa.
Al frente de la Dirección Municipal de Economía y Planificación en Yaguajay, Carlos Manuel Calcines Díaz lanza un cálculo aproximado: al cerrar los tres centrales, el territorio perdió de un día para otro el 65 por ciento de sus volúmenes de producción y más de 3 000 empleos que él califica como de calidad.
Ante una realidad como esa, ¿qué está haciendo el gobierno para ofrecer una opción a estas comunidades?
“Se les han ofrecido oportunidades de empleo en la agricultura; en aquel momento se abrieron los organopónicos, que crearon puestos de trabajo también; recientemente se sumó además la alternativa del trabajo por cuenta propia… Son las opciones que ha buscado el gobierno, además de redireccionar de alguna forma a ese personal en centros de la salud, la educación, la esfera de los servicios, la producción de materiales alternativos para la construcción… Quizás no es todo lo que la población espera ni necesita, pero es lo que ha estado a nuestro alcance”, reconoce Calcines.
A todas luces, insuficiente. No lo dice Progreso Semanal, que se aventuró apenas unos kilómetros monte adentro. Lo dicen antiguos operarios de Nela, Vitoria y Narcisa, que se desbocaron a opinar con la grabadora enfrente; pobladores de asentamientos como Seibabo y Cambao, más en tierra de nadie desde que el último plantón de caña terminó en la barriga de una guarapera, y hasta el propio Rafael Reyes, quien asegura categóricamente:
“Ha fallado la atención a las comunidades. Después del cierre de algunas escuelas e instituciones de la salud, la vida en esos lugares se ha hecho más difícil. No siempre es prudente aplicar allí lo que en las poblaciones más grandes, los cambios no impactan de la misma forma en la ciudad y el campo. Hay que tener una mirada diferente, sobre todo en las comunidades que pertenecían al MINAZ, que antes estaban priorizadas y ahora, muy desprotegidas”.
La gente, sin embargo, se va acomodando; más aún los hombres y mujeres de los centrales, que no han esperado nunca por planes ni por estrategias que les acotejen la vida y que, a la vuelta de una década, ya lo han probado todo: el estudio, la siembra de cultivos varios, el pastoreo de vacas y, desde hace algún tiempo, los cantos de sirena del turismo, una industria promisoria que ha comenzado a llevárselos en oleadas.
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Economía del compartir, no del poseer: ¿hemos entrado a la era del postcapitalismo?

“LA INFORMACIÓN ES ABUNDANTE. LOS BIENES DE LA INFORMACIÓN SON REPRODUCIBLES GRATUITAMENTE. UNA VEZ QUE ALGO EXISTE, PUEDE SER COPIADO/PEGADO INFINITAMENTE“

POR: PIJAMASURF ECONOMIA

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Una de las tácticas más aguzadas del capitalismo ha sido la de convencernos de su conveniencia como el mejor de los sistemas económicos disponibles, así como convencernos de que un mundo sin él sería simplemente impensable. Sin embargo, el capitalismo y las doctrinas económicas y políticas derivadas no dependen de la fe, sino de su capacidad de resiliencia frente a nuevos modelos. Pero no hablamos de socialismo o comunismo, palabras que evocan visiones de gulags y Guerra Fría: hablamos de jardines comunitarios, de escuelas gratuitas, de Creative Commons y de la cultura del compartir: hablamos de la utopía desde lo concreto.
El economista Paul Mason ha escrito una provocadora pieza en The Guardian titulada triunfalmente “The end of capitalism has begun” (“El fin del capitalismo ha comenzado“); el texto es interesante no solo desde una perspectiva económica, sino también histórica: el rol de la máquina en la era moderna había sido el de aumentar la producción y reducir la cantidad de trabajo humano en esta, pero en la actual era de la información, el papel de la máquina ha sido el de reducir la frontera entre ocio y trabajo; la automatización en grandes sectores de la industria, por ejemplo, no es viable todavía porque millones de empleos se perderían, pero los jóvenes aceptan salarios ínfimos sin prestación social alguna solamente para pagar el costo de su smartphone. Las contradicciones del actual sistema nunca fueron más claras que después de la crisis financiera de 2008, cuando la brecha entre ricos y pobres se agrandó una vez más: los rescates financieros que hacen colapsar la economía y la “unidad” europea son testigos de ello también. Pero no todo en este panorama es desolador.
Para Mason, los últimos 25 años han sido cruciales para marcar los cambios que permiten identificar “sectores postcapitalistas” de producción que superan las barreras nacionales de la geografía política. La sobredisponibilidad de la información hace difícil que el mercado pueda procesarla; desde el punto de vista económico, Mason nos recuerda que cualquier mercado está basado en la escasez, y la información es abundante. El sistema se defiende formando monopolios a escala global que buscan seguir tratando a la información como propiedad privada, ya sea en la academia o en las industrias privadas. La privatización es la desesperación de un sistema que piensa en “mío” en lugar de “nuestro” frente “a la necesidad más básica de la humanidad, la cual es usar las ideas gratuitamente”.
Un gran ejemplo de esto es Wikipedia: “el mayor producto de información en el mundo”, una plataforma hecha por voluntarios (aunque cada tanto te bombardeen con banners recordándote que los voluntarios también comen), que volvió irrelevante el negocio de las enciclopedias en pocos años, y que le cuesta 3 mil millones de dólares al año a la industria de la publicidad en pérdidas. “Nuevas formas de propiedad, nuevas formas de préstamo, nuevos contratos legales: toda una nueva subcultura de negocios ha emergido en los últimos 10 años, que los medios han etiquetado como ‘la economía del compartir’ (sharing economy)”.
La economía del compartir es una economía de la generosidad: se trata de un cambio en el paradigma corporativo y de negocios que busca repartir más que acaparar, y según Mason, puede convertirse en un verdadero contrapeso al capitalismo salvaje de la pura ganancia “si estos proyectos de micronivel son nutridos, promovidos y protegidos en lo que hacen los gobiernos”.
Pero copiar y pegar un modelo económico no hará que el anterior palidezca y muera tan fácilmente. El mundo sigue funcionando de la misma forma: si necesitas un préstamo probablemente acudas a un banco y no a una cooperativa regional; si quieres estudiar a Shakespeare entrarás en una universidad que certificará tu conocimiento, pero tanto los bancos como las universidades son sistemas de administración de deudas económicas y simbólicas que se saldan únicamente a través del trabajo semiesclavizado. Lo que la era de la información puede enseñarnos en un sentido económico es que las ideas sobre el mundo en serio tienen impacto en las relaciones de la gente: una economía basada en la generosidad en lugar de la precariedad funcionaría como un contrapeso, primero, y luego como una alternativa viable y democrática al capitalismo actual. Como nos recuerda Mason:
La información es abundante. Los bienes de la información son reproducibles gratuitamente. Una vez que algo existe, puede ser copiado/pegado infinitamente. Un track de música o una base de datos gigantesca utilizada para construir un avión tienen costos de producción; pero sus costos de reproducción tienden a cero. Por lo tanto, si el mecanismo normal de precio del capitalismo perdura en el tiempo, su precio tenderá a cero también.

Libro " Socialismo y Mercado" de Fidel Vascos. Las ideas de Marx y Engels. Capitulo I

Por Fidel Vascos. Capitulo I.

Las relaciones mercantiles existen en la medida en que hay mercancías. La mercancía es una categoría económica que define el carácter adquirido por un producto del trabajo cuan-do éste no solamente es apto para satisfacer necesidades hu-manas de cualquier clase que ellas sean, sino cuando dicho producto del trabajo, a su vez, no constituye un valor de uso para quien lo produce, sino para otros, los cuales lo adquieren por medio de un acto de cambio donde se miden entre sí cantidades de valor materializadas en productos con valor de uso distintos. 

En El Capital, Carlos Marx expone estas consideraciones: “La mercancía es en primer término, un objeto externo, una cosa apta para satisfacer necesidades humanas, de cualquier clase que ellas sean”.2 

“Un objeto puede ser valor de uso sin ser valor (...)”. “Para producir mercancías, no basta producir valores de uso, sino que es menester producir valores de uso para otros, valores de uso sociales”.3 

“Para ser mercancía, el producto ha de pasar a manos de otro, del que lo consume, por medio de un acto de cambio”.4 

Las relaciones mercantiles surgen de la economía mercantil en la cual los productos del trabajo que satisfacen necesidades humanas adquieren el carácter de mercancías. La esencia de la economía mercantil no es la circulación de mercancías, sino la producción de mercancías. 

En la esfera de la producción es donde está la raíz de la economía mercantil y por tanto, la producción mercantil no define las relaciones de producción de un régimen social dado sino que, al contrario, el contenido de estas relaciones de producción le dan un carácter determinado a las relaciones mercantiles. 

Así, la producción mercantil no existe en un sólo tipo de régimen social, sino que puede desarrollarse en sociedades de distintos tipos de relaciones de producción. 

A la producción mercantil le es inherente la existencia de la ley del valor, la cual rige como tendencia, en el sentido de que dos mercancías que se intercambian lo hacen sobre la base de iguales magnitudes de valor, donde se materializan o cristalizan iguales cantidades de tiempo de trabajo socialmente necesario. 

El descubrimiento de la esencia de la mercancía y del con-tenido de las relaciones mercantiles corresponde a Carlos Marx, quien profundizó su investigación al respecto en su gran obra: El Capital. 

Marx expuso en esta obra que la división social del trabajo es la condición de vida de las mercancías, aunque esto solo no basta para que ellas existan. Es necesario, además, que las mercancías sean los productos de trabajos privados independientes los unos de los otros. 

Bajo el tropel de los diversos valores de uso o mercan-cías, desfila ante nosotros un conjunto de trabajos útiles no menos variados, trabajos que difieren unos de otros en género, especie, familia, subespecie y variedad: es la división social del trabajo, condición de vida de la producción de mercancías, aunque esta no lo sea a su vez, de la división social del trabajo. 

Así por ejemplo, la comunidad de la India antigua, supone una división social del trabajo, a pesar de lo cual los productos no se convierten en mercancías. 

O, para poner otro ejemplo más cercano a nosotros: en toda fábrica reina una división sistemática del trabajo, pero esta división no se basa en el hecho de que los obre-ros cambien entre sí sus productos individuales. Solo los productos de trabajos privados, independientes los unos de los otros, pueden revestir en sus relaciones mutuas el carácter de mercancías.5 

Marx vio a la división social del trabajo como la condición de las relaciones mercantiles; y al trabajo privado independiente, dado por la propiedad privada sobre los medios de producción, como la causa directa de la producción mercantil. 

En su estudio sobre la economía mercantil, Carlos Marx investigó profundamente su manifestación en el régimen capitalista de producción. Ello estuvo determinado, entre otras, por dos razones principales: en primer lugar, Marx vivió en la era del capitalismo, por lo cual el desarrollo de la lucha revolucionaria exigía una explicación exhaustiva y profunda de los mecanismos de funcionamiento de este régimen en aras de encontrar las fuerzas sociales capaces de destruirlo y construir, a su vez, una sociedad libre de explotación. 

Conjuntamente con esto, es en el capitalismo donde las relaciones mercantiles adquieren su más elevado desarrollo histórico. La cima en el desarrollo de la economía mercantil se alcanza en el capitalismo, donde todo se convierte en mercancía, incluso la propia fuerza de trabajo. En ninguna sociedad anterior al capitalismo la fuerza de trabajo era una mercancía. Aquí reside la diferencia esencial entre el capitalismo y los anteriores regímenes explotadores: es en el capitalismo donde la fuerza de trabajo es una mercancía y por tanto, el plusproducto se convierte en plusvalía. 

Este hecho de que Marx estudiara más profundamente la producción mercantil en una de sus manifestaciones históricas concretas, en el capitalismo, puede dar base a la idea de que las relaciones mercantiles son inherentes solamente al régimen capitalista y por lo tanto, a un régimen que se caracteriza por la existencia de la explotación del hombre por el hombre y de la propiedad privada sobre los medios de producción. Invirtiendo el orden de las ideas, de esta última concepción pudiera entonces deducirse, erróneamente, que donde existen las relaciones mercantiles, existen inevitablemente la explotación del hombre por el hombre y la propiedad privada sobre los medios de producción. 

Lo cierto es que las relaciones mercantiles no están atadas en su existencia a ningún régimen social en particular. La producción mercantil no determina el modo de producción don-de se manifiesta sino, al contrario, el contenido del modo de producción determina las características de la producción mercantil en ese momento histórico de su manifestación. 

Al inicio de su existencia, en las antiguas comunidades humanas, las relaciones mercantiles y la ley del valor se manifestaban en lo que Marx llamó la forma simple, concreta o fortuita del valor. En sus orígenes, esta forma comenzó a tener lugar, no entre los individuos dentro de una comunidad, sino entre una comunidad y otra comunidad. Este hecho histórico tiene una importancia trascendental para comprender el papel de las relaciones mercantiles en el socialismo, pues en aquellos primeros momentos del surgimiento de las mercancías, todavía no existía la propiedad privada sobre los me-dios de producción, ni la explotación del hombre por el hombre. Estas características de la producción mercantil vinieron después, con la disolución de las comunidades primitivas, a lo que ayudó la existencia de la propia mercancía surgida en el intercambio entre comunidades, que basaban su economía en la propiedad común de sus miembros sobre los medios de producción. 

Al respecto, Marx expresó: "El intercambio de mercancía comienza allí donde termina la comunidad, allí donde esta entra en contacto con otras comunidades o con los miembros de otras comunidades. Y tan pronto como las cosas adquieren carácter de mercancías en las relaciones de la comunidad con el exterior, este carácter se adhiere a ellas también, de rechazo, en la vida interior de la comunidad".6 

Y Engels anotó: 

"Todos sabemos que en los comienzos de la sociedad los productos son consumidos por los propios productores y que estos se hallan organizados de un modo elemental en colectividades más o menos comunistas; que el intercambio del sobrante de estos productos con gentes extrañas a la comunidad, que inicia la transformación de los productos en mercancía, es de fecha posterior y que primeramente solo se efectúa entre distintas comunidades y tribus diferentes, hasta que más tarde se opera ya dentro de la comunidad misma, contribuyendo esencial-mente a su disolución, en grupos familiares más o menos grandes".7 

Una vez surgidas, las relaciones mercantiles inciden en la disolución de las comunidades gentilicias y en su transformación en sociedades clasistas basadas en la propiedad privada sobre los medios de producción y la explotación del hombre por el hombre. Pero en estas sociedades que siguieron inmediatamente a la comunidad primitiva, la producción de mercancías no ocupaba todavía el lugar central que adquiriría más tarde. En aquella sociedad la economía se basaba en la explotación esclavista, con una producción fundamentalmente de tipo natural. 

No obstante, una parte creciente de su economía era aportada por la pequeña producción mercantil. 

Así, las relaciones mercantiles y sus categorías inherentes, como la ley del valor, adquieren su primer desarrollo dentro de las sociedades esclavistas, en la forma de pequeña producción mercantil o de producción simple de mercancías, en la cual no estaba presente la explotación del hombre por el hombre, aunque ya se basaban en la propiedad privada sobre los medios de producción. 

El propietario de los medios de producción era, a su vez, trabajador-productor y no explotaba trabajo ajeno sobre la base de su propiedad sobre los medios de producción, los cuales utilizaba para elaborar las mercancías. 

(...) el cambio de mercancías data de una época anterior a toda la historia escrita y que en Egipto se remonta, por lo menos a 3 500 y acaso a 5 000 años, en Babilonia a 4 000, y tal vez, a 6 000 años antes de nuestra era (a. n. e.). La ley del valor rigió, pues, durante un período de cinco a siete mil años.8 

Aquí Engels se refiere a la manifestación pura de la ley del valor que rige para todo el período de la producción simple de mercancías hasta el momento en que ésta es modificada por la aparición de la forma de producción capitalista. 

Hasta entonces, los precios gravitan con arreglo a los valores determinados por la ley de Marx y oscilan en torno a ellos, y cuanto más se desarrolla en su plenitud la producción simple de mercancías, más coinciden los precios medios con los valores tomando períodos largos, no interrumpidos por perturbaciones violentas exteriores y dejando a un lado el margen de lo despreciable.9 

Las características de las relaciones mercantiles y la manifestación de la ley del valor no son las mismas a lo largo de su desarrollo histórico y se modifican en la medida en que existen en uno u otro régimen social. 

El hecho de que la producción mercantil dura varios miles de años a lo largo de distintos modos de producción está desarrollado, entre otras de sus obras, por Marx en El Capital y por Engels en el Anti-Dühring. 

Esta idea está presente en el desarrollo lógico de las cuatro formas del valor analizadas en El Capital* y que reflejan el propio desarrollo histórico de dichas formas. La existencia de las relaciones mercantiles es anterior al surgimiento del capitalismo. 

La circulación de mercancías es el punto de arranque del capital. La producción de mercancías y su circulación desarrollada, o sea, el comercio, forman las premisas históricas en que surge el capital. La biografía moderna del capital comienza en el siglo XVI, con el comercio y el mercado mundiales.10 

Por todo lo anteriormente expuesto podemos concluir que, en sus orígenes, las relaciones mercantiles existieron sin propiedad privada sobre los medios de producción y sin explotación del hombre por el hombre. 

Teniendo esto en cuenta podemos adelantar que, teóricamente, es posible que en el socialismo —régimen social, en su esencia, sin propiedad privada sobre los medios de producción y sin explotación del hombre por el hombre— existan las relaciones mercantiles. Más adelante explicaremos las condiciones concretas en que esta posibilidad se convierte inevitablemente en realidad. 

En el análisis acerca de las relaciones mercantiles, ocupa un destacado lugar el estudio de la ley del valor y sus manifestaciones prácticas. 

La ley del valor, mediante la cual las mercancías se intercambian sobre la base de iguales magnitudes de valor, o sea, de iguales cantidades de trabajo socialmente necesario materializado en ellas, no se manifiesta pura en todas las épocas históricas. 

Engels subrayó que la manifestación pura de la ley del valor —cuando el precio por el que se venden las mercancías coincide con su valor— tiene lugar en el período de la producción simple de mercancías. 

El surgimiento del capitalismo, a partir del siglo XVI d. n. e., comienza a modificar esa manifestación pura de la ley del valor. Con el desarrollo de la libre concurrencia en un capitalismo más avanzado, aunque sin llegar a su fase imperialista, los precios de las mercancías ya no constituyen directamente la magnitud del valor de estas, sino de su precio de producción. Marx investigó este fenómeno en El Capital y definió correcta-mente que la movilidad de los capitales entre las ramas de la economía, persiguiendo la mayor ganancia en un marco de libre concurrencia, determinaba la formación de una cuota general de ganancia y una ganancia media para los capitales de igual magnitud. 

Así, el precio de la mercancía adoptaba una forma transfigurada del valor y se convertía en el precio de producción, que se define como el precio de costo o costo de producción más la ganancia media. No obstante esta modificación de la ley del valor, queda en pie el hecho de que los precios de las mercancías vienen determinados por el valor de estas. 

(...) la suma de las ganancias obtenidas en todas las esferas de producción deberá ser igual a la suma de las plusvalías y la suma de los precios de producción del producto total de la sociedad, igual a la suma de sus valores.11 

Al surgir la fase monopolista del capitalismo, cuando este se convierte en imperialismo, la manifestación de la ley del valor sufre una nueva modificación. Con el surgimiento del monopolio y las trabas que este impone a la libre concurrencia de los capitales, el precio de producción se convierte en precio de monopolio, el cual incluye no solamente el valor de la mercancía sino, además, la superganancia monopolista. No obstante esta nueva modificación de la ley del valor, ella continúa rigiendo los intercambios de mercancía los cuales tienen lugar reflejando los valores de las mercancías que, aunque no se manifiestan directamente en la superficie del fenómeno del intercambio, rigen todo el movimiento de las mercancías desde una posición subyacente. 

Con estas consideraciones acerca de las modificaciones de la acción de la ley del valor a lo largo de su desarrollo histórico queremos destacar que si el precio de una mercancía no coincide exactamente con su valor en un momento determi-nado, ello no significa que la ley del valor no está actuando; en realidad dicha ley actúa y rige el intercambio de las mercancías, pero de una manera indirecta. 

Asimismo, en el socialismo, cuando el Estado planifica centralmente el desarrollo económico social y los hombres influyen conscientes en dicho desarrollo, no por ello deja de existir la ley del valor. 

La acción de la ley del valor, en las condiciones del socialismo, está dirigida por el hombre mediante la política económica del Estado socialista. Aquí los precios pueden diferir de los valores de la mercancía, pero no de una manera arbitraria, sino en concordancia con la ley del valor, que es utilizada conscientemente por el hombre pero que, por ello, no deja de existir. Se hace necesario tenerla en cuenta a la hora de planificar conscientemente el desarrollo económico; si la ley del valor no se tiene en cuenta en la planificación, los resultados en la economía pueden ser distintos a los que se ha propuesto el planificador y a veces, son hasta totalmente contradictorios a los objetivos planteados. 

Examinemos ahora las opiniones de Marx y Engels acerca de la existencia de las relaciones mercantiles y de la ley del valor en el socialismo. 

Como decíamos más arriba, Marx elaboró su concepto de mercancía y de valor a partir del desarrollo que habían alcanzado estas categorías en el capitalismo. También, aunque en menor escala, abordó estos conceptos y sus manifestaciones en el periodo de la pequeña producción mercantil. En este sentido es conveniente subrayar que Marx no pretendió hacer una teoría absoluta del valor, sino que descubrió la esencia del valor en el capitalismo y en el régimen de la pequeña producción mercantil. 

Al respecto, es importante destacar unas ideas de Engels expuestas en su crítica al Sr. Eugene Dühring y el concepto de este acerca del “valor absoluto de las cosas económicas”.12 Abordando esta cuestión, Engels define el valor de las mercancías estudiado por Marx, con las palabras siguientes: 

(...) el valor de las mercancías, es decir, de los objetos que dentro de una sociedad compuesta de productores privados, son creados por estos productores y en interés y por cuenta suya, cambiándose los unos por los otros. No se trata pues, ni mucho menos, del “valor absoluto”, donde quiera que este se albergase, sino del valor que rige en una determinada forma de sociedad. Este valor, en esta concepción histórica determinada, resulta ser creado y medido por el trabajo humano encerrado en las diferentes mercancías, trabajo humano que, a su vez, resulta ser, pues, el gasto de la simple fuerza humana de trabajo (...)13 (...) Precisamente merced a esa su oscuridad completa (Dühring, N.A.) confunde el valor de las mercancías, que es la que Marx, por el momento, se limita a indagar aquí, con el “costo propio natural”, concepto (de Dühring, N.A.) que no hace más que delatar la oscuridad de su inventor, y hasta con el “valor absoluto”, que hasta hoy, que nosotros sepamos, no ha tenido curso en la economía en ninguna parte. Pero sin meternos a averiguar qué es lo que el Sr. Dühring entiende por el “costo propio natural”, ni cual de sus cinco clases de valor tiene el honor de representar el papel del valor absoluto, podemos afirmar con plena seguridad que Marx no se refiere para nada a todas esas cosas, sino pura y simplemente al valor de las mercancías; y que en toda la sección de El Capital con-sagrada al estudio del valor, no se encierra ni la más leve alusión a que Marx crea aplicable —ni en qué medida si es que la cree— su teoría del valor de las mercancías a otras formas de sociedad.14 

Al abordar el futuro de las relaciones mercantiles en la sociedad comunista, Marx y Engels prestaron atención sobre todo a las diferencias entre el capitalismo y el comunismo. En este sentido subrayaron, con razón, que en el comunismo desaparecería la producción de mercancías y, por tanto, la ley del valor inherente a ellas. 

Partiendo de que las mercancías son productos elaborados en una sociedad de productores privados aislados y que esos productos se lanzan al consumo social por medio del intercambio, donde rigen las relaciones espontáneas y anárquicas del mercado capitalista, Marx y Engels concibieron que una vez eliminada la propiedad privada sobre los medios de producción y establecida la planificación consciente de la economía, donde el trabajo privado deja su lugar al trabajo directamente social, no es necesario la utilización del valor para medir indirectamente los productos del trabajo, desapareciendo, por ello, la producción mercantil, las relaciones mercantiles y las categorías inherentes a dichas relaciones. La importancia del concepto del trabajo directamente social en la desaparición de las relaciones mercantiles lo subraya Engels al abordar las características de las antiguas comunidades de la India y otros pueblos. 

(…) la producción de mercancías no es, ni mucho me-nos, la forma única y exclusiva de producción social. En las antiguas comunidades de la India, en la comunidad familiar de los eslavos del sur, los productos no se con-vierten en mercancías. Los miembros de la comunidad se hallan directamente socializados para la producción, el trabajo se distribuye con arreglo a la tradición y a las necesidades, y lo mismo se hace con los productos, cuan-do son destinados al consumo. La producción directa-mente social y la distribución directa, excluye todo intercambio de mercancías y excluyen por tanto (a lo menos, dentro de la comunidad) la transformación de los productos en mercancías y por consiguiente, en valores.15 

Y extendiendo este concepto a las condiciones del socialismo, continuaba Engels: 

Tan pronto como la sociedad se adueñe de los medios de producción y los aplique a esta, socializándolos directa-mente, el trabajo de cada individuo, por mucho que di-fiera su carácter específicamente útil, adquirirá de antemano y directamente el carácter de trabajo social. La cantidad de trabajo social encerrado en un producto no necesita ya determinarse dando un rodeo (...) La sociedad, bajo los supuestos arriba mencionados, no asignará tampoco a los productos ningún valor.16 

De la misma forma que Engels, Marx planteó que una vez sustituida la propiedad privada sobre los medios de producción, los productos dejaban de ser mercancías y ya no se podía hablar del valor de los productos. 

En el seno de una sociedad colectivista, basada en la pro-piedad común de los medios de producción, los productores no cambian sus productos; el trabajo invertido en los productos no se presenta aquí, tampoco, como valor de estos productos, como una cualidad material poseída por ellos, pues aquí, por oposición a lo que sucede en la sociedad capitalista, los trabajos individuales no forman ya parte integrante del trabajo común mediante un rodeo, sino directamente.17 

Marx y Engels supieron ver el futuro de la producción mercantil y del valor de los productos en el comunismo. Aprecia-ron correctamente que una vez sustituido el capitalismo, la producción mercantil tiende a desaparecer. 

Partiendo de ello, expresaron que en el socialismo no existirán las relaciones mercantiles y que estas desaparecerían cuando terminara el capitalismo. 

El desarrollo histórico posterior precisó determinadas modificaciones a estas concepciones de Marx y Engels. Vale la pena destacar aquí que los propios fundadores del marxismo no consideraban sus ideas como un dogma, sino como una guía para la acción. 

La generalización teórica, a partir de la práctica y del pensamiento anterior no se plasma directamente en la manifestación histórico-concreta del fenómeno dado. 

El pensamiento no es la realidad misma, sino el reflejo de esa realidad en la conciencia de los hombres. De aquí que una teoría correcta pueda manifestarse de otra forma en la práctica, en un momento histórico distinto, sin que por ello la teoría sea errónea y deba rechazarse. Su verdad está en otro plano de la generalización, es relativa en tiempo y espacio, y no necesariamente se manifiesta de manera directa en la realidad concreta. 

Esto es lo que ocurre con las ideas de Marx y Engels en cuanto a la desaparición de las relaciones mercantiles cuando cesa el capitalismo. Tienen razón en el plano más general y abstracto en el sentido de que, como tendencia, en la sociedad comunista llega un momento en que la producción mercantil cesa por completo y son otras formas de producción y distribución las que rigen la vida social. Pero esta realidad no se manifiesta de forma abrupta e inmediata cuando la clase obrera toma el poder político e inicia la construcción del socialismo, sino mediante un desarrollo histórico más o menos largo, que abarca tanto el período de transición del capitalismo al socialismo como el socialismo, primera fase de la sociedad comunista. Marx y Engels no abordaron en sus estudios los pasos y etapas por las que transcurriría la desaparición de la producción mercantil en la sociedad comunista; se concentraron en la fundamentación del destino final de la producción mercantil en el comunismo: su desaparición. 

Marx y Engels definieron tres etapas en la construcción de la sociedad comunista a partir del régimen capitalista. Estas etapas son las siguientes: 

• Período de transición del capitalismo al socialismo. 

• Socialismo, primera fase o fase inferior de la sociedad comunista. 

• Comunismo, fase superior de la sociedad comunista. 

La cuestión está en que si bien es cierto que Marx y Engels diferenciaron entre sí el período de transición del capitalismo al socialismo y las dos fases de la sociedad comunista, no investigaron en detalle, de acuerdo al momento histórico que les tocó vivir, las particularidades de estos períodos y fases intermedias hasta alcanzar el comunismo. Debido a ello determinaron correctamente la tendencia de las relaciones mercantiles que debían desaparecer en el futuro comunista, pero no podían esclarecer que en el socialismo, antes de llegar al comunismo completo, las relaciones mercantiles continuarían existiendo con un nuevo contenido, distinto al que tenían en el capitalismo. 

Las ideas de Marx en cuanto a cómo se sustituiría la producción mercantil una vez eliminado el capitalismo, están expresadas en El Capital y en su “Crítica al Programa de Gotha”. 

En el epígrafe “El fetichismo de la mercancía y su secreto” de su obra cumbre, Marx aborda sus ideas acerca de la organización de la distribución del producto social en “una asociación de hombres libres que trabajen con medios colectivos de producción y que desplieguen sus numerosas fuerzas individuales de trabajo, con plena conciencia de lo que hacen, como una gran fuerza de trabajo social... El producto colectivo de la asociación a que nos referimos es un producto social. Una par-te de este producto vuelve a prestar servicio bajo la forma de medios de producción. Sigue siendo social. Otra parte es con-sumida por los individuos asociados, bajo forma de medios de vida. Debe, por tanto, ser distribuida. El carácter de esta distribución variará según el carácter especial del propio organismo social de producción y con arreglo al nivel histórico de los productores. Partiremos sin embargo, aunque solo sea a título de paralelo con el régimen de producción de mercan-cías, del supuesto de que la participación asignada a cada pro-ductor en los medios de vida depende de su tiempo de trabajo. En estas condiciones, el tiempo de trabajo representaría, como se ve, una doble función. Su distribución con arreglo a un plan social servirá para regular la proporción adecuada entre las diversas funciones del trabajo y las distintas necesidades. De otra parte y simultáneamente, el tiempo de trabajo serviría para graduar la parte individual del productor en el trabajo colectivo, y por tanto, en la parte del producto también colectivo destinada al consumo. Como se ve, aquí las relaciones sociales de los hombres con su trabajo y los productos de su trabajo son perfectamente claras y sencillas, tanto en lo tocante a la producción como en lo que se refiere a la distribución.18 

En esta cita, Marx define que las relaciones mercantiles existentes en el capitalismo, serían sustituidas, en el socialismo, por un plan de producción y distribución cuantificado en sus proporciones sobre la base directa del tiempo de trabajo utilizado para confeccionar los productos, y no mediante el valor de las mercancías. 

En el mismo sentido se pronunció Marx en su “Crítica al Programa de Gotha”. Aquí expresó: 

(...) la jornada social de trabajo se compone de la suma de las horas de trabajo individual; el tiempo individual de trabajo de cada productor por separado es la parte de la jornada social de trabajo que él aporta, su participación en ella. La sociedad le entrega un bono consignan-do que ha rendido tal o cual cantidad de trabajo (después de descontar lo que ha trabajado para el fondo común), y con este bono saca de los depósitos sociales de medios de consumo la parte equivalente a la cantidad de trabajo que ha rendido. La misma cuota de trabajo que ha dado a la sociedad bajo una forma, la recibe de ésta bajo otra forma distinta. 

Y continuaba Marx en el texto: 

Aquí reina, evidentemente, el mismo principio que regula el intercambio de mercancías, por cuanto este es intercambio de equivalentes. Han variado la forma y el contenido, porque bajo las nuevas condiciones nadie puede dar sino su trabajo, y porque, por otra parte, ahora nada puede pasar a ser propiedad del individuo, fuera de los medios individuales de consumo. Pero, en lo que se refiere a la distribución de estos entre los distintos pro-ductores, rige el mismo principio que en el intercambio de mercancías equivalentes: se cambia una cantidad de trabajo bajo una forma, por otra cantidad igual de traba-jo, bajo otra forma distinta.19 

En el mismo sentido abordó Engels este tema en su obra Anti-Dühring. Aquí, Engels plantea que tan pronto la sociedad se adueña de los medios de producción y los aplica a esta socializándolos directamente, el trabajo de cada individuo adquiere de antemano y directamente el carácter de trabajo social. En estas condiciones, subraya Engels, la sociedad ya no tiene que determinar la cantidad de trabajo social encerrada en un producto mediante el método indirecto de darle un valor comparándolo con otro producto, sino que basta calcular cuantas horas de trabajo se contienen en dicho producto. La cantidad de trabajo contenida en los productos se expresará “por su medida natural, adecuada y absoluta: el tiempo (...)” 20 

De esta forma, tanto Marx como Engels subrayaron que una vez socializados los medios de producción y la producción misma, el valor y las relaciones mercantiles serían sustituidos por la cuantificación directa del tiempo de trabajo encerrado en los productos; pero no plantearon que la desaparición de la producción mercantil y sus categorías inherentes tendría lugar mediante un período de transición, y que estas existirían, con un nuevo contenido, en el socialismo, primera fase o fase inferior de la sociedad comunista. 

En el análisis de las consideraciones de Marx y Engels sobre estos temas hay que tener en cuenta, también, su teoría de la revolución socialista. Ellos concebían que el proceso para sustituir el capitalismo por el socialismo ocurriría más o me-nos simultáneamente en los países capitalistas más desarrolla-dos, que en su época eran, principalmente, Inglaterra, Francia, Alemania y EEUU. Una vez tomado el poder político y económico como resultado de la revolución proletaria en estos países, se iniciaría un período de transición al socialismo en el cual el resto de las naciones del planeta irían transitando ha-cia el nuevo régimen social, apoyados en los países más avanzados que ya serían socialistas. En otras palabras, la teoría de Marx y Engels apuntaba a que los primeros países socialistas del Mundo serían Inglaterra, Francia, Alemania y EEUU y que ello sucedería dentro del siglo XIX y, seguramente, no después del siglo XX. 

En estas condiciones, los fundadores del marxismo no preveían la lucha principal entre capitalismo y socialismo como un enfrentamiento entre Estados de países capitalistas y socialistas a escala mundial, sino como el antagonismo interno entre explotadores y explotados en las naciones atrasadas que aún no habían instaurado el modo socialista de producción, ya alcanzado en los países más desarrollados. 

El devenir histórico posterior, con el surgimiento del imperialismo como fase monopolista del capitalismo, modificó las condiciones prevalecientes en el régimen burgués analizado por Marx, lo que transformó, de cierta manera, la teoría de la revolución socialista de Marx y Engels en su formulación original. No obstante ello, queda en pie la esencia de las concepciones marxistas sobre esta teoría. 

El mérito principal de Carlos Marx en cuanto a la teoría del valor consiste en haber descubierto su esencia explotadora en el capitalismo, elaborando la teoría de la plusvalía, y en haber expuesto que el valor de las mercancías es una categoría histórica al igual que la propia mercancía. Es decir, que la producción mercantil no es algo eterno e inherente a la sociedad humana, sino resultado de determinadas condiciones sociales de producción. Cuando estas condiciones sociales de producción se modifican sustancialmente en determinado sentido, desaparece la producción mercantil y sus categorías, las cuales sólo tienen vigencia durante un período de tiempo en la historia de las sociedades humanas. 

En el prólogo de El Capital, Marx planteó que el fin que perseguía esta obra era descubrir la ley económica que preside el movimiento de la sociedad moderna, es decir, de la sociedad capitalista.21 

A su vez, Lenin precisó que lo que compone la doctrina de Marx es el estudio de las relaciones de producción de una sociedad históricamente determinada y concreta, el capitalismo, en su aparición, su desarrollo y su decadencia.22 

Por tanto, Marx no se planteó como objetivo primario el descubrir la teoría del valor y después su manifestación en el capitalismo, sino al contrario, se planteó descubrir la ley económica que rige el movimiento de la sociedad capitalista y, en este empeño elaboró la teoría del valor y su manifestación concreta en el capitalismo y fundamentó con acierto su desaparición con la socialización de los medios de producción. Marx no precisó totalmente y en detalle la forma y las etapas intermedias en que ocurrirá esta desaparición. 

Correspondió a Lenin, posteriormente, sentar las bases para el enriquecimiento de la teoría marxista del valor, para el de
sarrollo de la economía política del socialismo y, con ello, de las características de la producción mercantil en el socialismo, en tránsito hacia su extinción en el comunismo pleno.

Notas

2 Carlos Marx: El Capital, t. 1, p. 3, Ediciones Venceremos, La Habana, 1965.

3 Ibídem, p. 8.

4 Ibídem, p. 9.

5 Ibídem, pp. 9-10.


6 Ídem, p. 54. 

7 "Complemento y apéndice al tomo 3 de El Capital (Complemento al Prefa-cio)”, El Capital, t. 3, pp. 32-33, Ediciones Venceremos, La Habana. 

8 ,9 Ídem, p. 36. Ídem, pp. 35-36. * Sección I del tomo 1. 

10 Carlos Marx: El Capital, t. 1, p.110, Ediciones Venceremos, La Habana, 1965. 

11 Ídem, t. 3, p.195. 


12 Federico Engels: Anti-Dühring, p. 239, Ediciones Pueblos Unidos, Montevi-deo, 1960. 

13 Ídem, pp. 240-241.

14 Ibídem, pp. 241-242. 



15 Ibídem, 

16 p. 376. Ídem. 

17 Carlos Marx: “Crítica al Programa de Gotha”, Obras Escogidas en tres tomos, t. 3, pp. 13-14, Editorial Progreso, Moscú, 1981. 

18 Carlos Marx: El Capital, t. 1, pp. 45-46, Ediciones Venceremos, La Habana, 1965. 


19 Carlos Marx: “Crítica al Programa de Gotha”, t. 3, p. 14, Obras Escogidas en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1981. 

20 Federico Engels: Anti-Dühring, p. 376, Ediciones Pueblos Unidos, Montevi-deo, 1960. 


21 Carlos Marx: El Capital, t.1, p. XXIII, Prólogo, Ediciones Venceremos, La Habana, 1965. 

22 V.I. Lenin: “Artículo sobre Carlos Marx” en Obras Escogidas en tres tomos, t.1, p. 36, Editorial Progreso, Moscú, 1981. 


Continuará

Puede leer la Introducción del libro aquí




La pandilla del MIT

La visión pragmática que nos enseñaron en la universidad se ha mostrado muy acertada



Fachada de la Escuela de Negocios Sloan, del MIT, en Cambridge (Massachussetts, EE UU) /KELVIN MA (BLOOMBERG)


Adiós, Chicago boys. Hola, pandilla del MIT.

Por si no saben de lo que hablo, la expresión “muchachos de Chicago” se usaba en su momento para referirse a aquellos economistas latinoamericanos, formados en la Universidad de Chicago, que se llevaron el radicalismo del libre mercado a sus países de origen. La influencia de estos economistas se enmarcó en un fenómeno más generalizado: las décadas de 1970 y 1980 fueron una época de supremacía para las ideas económicas basadas en ellaissez-faire y para la escuela de Chicago, promotora de dichas ideas.

Pero hace mucho tiempo de eso. Ahora hay otra escuela que está en alza, y merecidamente.

De hecho, resulta sorprendente la poca atención que han prestado los medios de comunicación al predominio de los economistas formados en el MIT, el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en los cargos políticos y la retórica política. Pero es de lo más llamativo. Ben Bernanke se doctoró en el MIT; igual que Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, y Olivier Blanchard, el enormemente influyente jefe de economía del Fondo Monetario Internacional (FMI). Blanchard va a jubilarse, pero su sustituto, Maurice Obstfeld, es otro hombre del MIT (y otro alumno de Stanley Fischer, que dio clase en el MIT durante muchos años y ahora es vicepresidente de la Reserva Federal).

Estos son solo los ejemplos más destacados. Los economistas formados en el MIT, especialmente los que se doctoraron durante la década de 1970, tienen un peso desproporcionado en las instituciones y los debates políticos de todo el mundo occidental. Y sí, yo formo parte de la misma panda.

¿Qué distingue la economía del MIT de las demás y qué importancia tiene esto? Para responder a esa pregunta, hay que remontarse a la década de 1970, cuando todas las personas que acabo de nombrar cursaban sus estudios de posgrado.

En aquella época, el gran problema era la combinación de un paro elevado con una inflación elevada. La llegada de la estanflación fue un gran triunfo para Milton Friedman, quien había predicho exactamente ese desenlace si el Gobierno intentaba mantener la tasa de paro demasiado baja durante demasiado tiempo; todo el mundo lo consideró, con razón o —en su mayoría— sin ella, una prueba de que los mercados acertaban y el Gobierno debía limitarse a quitarse de en medio.

O, por decirlo de otra manera, muchos economistas respondieron a la estanflación dando la espalda a la economía keynesiana y a su petición de que el Gobierno adoptara medidas para combatir las recesiones.

Sin embargo, Keynes nunca se marchó del MIT. Sin duda, la estanflación ponía de manifiesto que las medidas políticas tenían limitaciones. Pero los alumnos siguieron aprendiendo acerca de las imperfecciones de los mercados y la función que la política fiscal y monetaria puede desempeñar a la hora de estimular una economía deprimida.

Y los estudiantes del MIT de la década de 1970 ahondaron en esas ideas en su trabajo posterior. Blanchard, por ejemplo, demostró que las pequeñas desviaciones de la racionalidad perfecta pueden tener grandes repercusiones económicas; Obstfeld probó que los mercados de divisas pueden experimentar a veces un pánico causado por ellos mismos.

Este punto de vista pragmático y de mentalidad abierta se vio reivindicado de forma abrumadora tras el estallido de la crisis en 2008. Los economistas de la escuela de Chicago advertían una y otra vez de que si se respondía a la crisis imprimiendo dinero y permitiendo que aumentase el déficit, se provocaría una estanflación similar a la de la década de 1970, y que la inflación y los tipos de interés se dispararían. Pero los del MIT predijeron, con acierto, que la inflación y los tipos de interés seguirían bajos mientras la economía estuviese deprimida, y que los intentos prematuros de reducir drásticamente el déficit agravarían la depresión.

La verdad, aunque nadie lo crea, es que el análisis económico que algunos aprendimos en el MIT hace mucho tiempo ha funcionado muy, pero que muy bien durante los siete últimos años.

¿Pero se ha traducido el éxito intelectual de la economía del MIT en un éxito político comparable? Por desgracia, la respuesta es que no.

Es cierto que se han producido varios triunfos monetarios importantes. La Reserva Federal, dirigida por Bernanke, hizo caso omiso de las presiones y amenazas de la derecha —Rick Perry, siendo gobernador de Texas, llegó al extremo de acusarle de traición— y se mantuvo fiel a una política resueltamente expansiva que contribuyó a limitar los estragos causados por la crisis financiera. En Europa, el activismo de Draghi ha sido crucial para tranquilizar los mercados financieros, lo que probablemente ha salvado al euro de una catástrofe.

En otros frentes, sin embargo, los buenos consejos de la panda del MIT no se han tenido en cuenta. El departamento de investigación del FMI, bajo la dirección de Blanchard, ha llevado a cabo un trabajo escrupuloso sobre los efectos de la política fiscal y ha demostrado, más allá de toda duda razonable, que recortar drásticamente el gasto cuando la economía está deprimida es un tremendo error y que los intentos de reducir una deuda elevada mediante la austeridad son contraproducentes. Pero los políticos europeos han recortado drásticamente el gasto y exigido una austeridad devastadora a los deudores de todo el continente.

Mientras tanto, en Estados Unidos, los republicanos han respondido al estrepitoso fracaso de la ortodoxia del libre mercado y al notable éxito de las predicciones de sus odiadísimos keynesianos plantándose en sus trece todavía más, decididos a no aprender nada de la experiencia.

En otras palabras, tener razón no siempre basta para cambiar el mundo. Pero, aun así, es mejor tener razón que equivocarse, y la economía del MIT, con su pragmática apertura a la evidencia, ha estado, efectivamente, muy acertada.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía de 2008.

© The New York Times Company, 2015.

Traducción de News Clips.