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lunes, 10 de agosto de 2026

Cuba: desequilibrios macroeconómicos, la crisis de acumulación de capital y el sector externo.

 

Por Antonio Romero Gómez

Para revertir esta situación se requerirán reformas estructurales de gran alcance en el sistema productivo, el sector empresarial, el marco regulatorio y la estructura de incentivos de Cuba.

Nota del editor:

Mi querido amigo Antonio Romero dejó este trabajo inconcluso. Me había prometido publicar este artículo en Horizonte Cubano , pero su fallecimiento le impidió terminarlo. En su honor, decidí darle los últimos retoques y publicarlo como tributo a su extraordinario talento como economista.

Omar Everleny Pérez Villanueva

1 de agosto de 2026

La economía cubana lleva varios años sumida en una profunda crisis estructural, y los principales indicadores asociados al sector exterior del país se han deteriorado drásticamente.

Todo indica que, en el actual entorno internacional de gran incertidumbre, es probable que se intensifiquen las tendencias negativas inherentes al insostenible modelo de relaciones económicas externas de Cuba.

Varios economistas cubanos han sostenido reiteradamente que, sin un programa de estabilización macroeconómica coherente, eficaz y decidido, y sin profundas reformas estructurales, será imposible alterar el patrón de integración económica externa de Cuba.

Los debates sobre la estabilización macroeconómica generalmente han hecho hincapié en los saldos internos, en particular el déficit fiscal y la inflación. Sin embargo, los programas de estabilización también deben abordar la balanza de pagos, especialmente en economías como la cubana. Por consiguiente, uno de los objetivos fundamentales de la estabilización en la economía cubana debería ser restablecer el equilibrio de las cuentas externas del país.

Al mismo tiempo, cualquier esfuerzo por afrontar el declive económico y el deterioro del sector exterior cubano de los últimos años debe incorporar el concepto de transformación estructural profunda.

Este artículo presenta, a modo de resumen, varias ideas destinadas a vincular las crisis en los sectores económico y externo del país, la necesidad de estabilización macroeconómica, reforma estructural y cambios en el patrón de participación económica internacional de Cuba. 

Indicadores de actividad económica y del sector exterior

En los últimos años, la economía cubana ha seguido una senda regresiva caracterizada por crecientes distorsiones tanto a nivel macroeconómico como microeconómico. Esta trayectoria negativa se ha manifestado en un estancamiento del crecimiento económico durante la última década, incluyendo cuatro años consecutivos de recesión económica entre 2019 y 2024.

Al mismo tiempo, los déficits fiscales han alcanzado niveles insostenibles, y los déficits del sector público se han mantenido en dos dígitos como porcentaje del PIB desde 2020.

Como resultado de esta destructiva combinación de factores —y otros también— el Índice de Precios al Consumidor (IPC) ha aumentado drásticamente desde 2020, produciendo efectos dramáticos en los ingresos y los niveles de consumo de la mayor parte de la población, al tiempo que erosiona gravemente el poder adquisitivo de la moneda nacional.

En resumen, Cuba ha experimentado más de cinco años de estanflación, con todas las consecuencias sociales, políticas e institucionales que inevitablemente conlleva un entorno económico de este tipo.

La imagen presenta una tabla con los principales indicadores económicos de Cuba entre 2014 y 2024. Se observa una fuerte caída del PIB en 2020, una recuperación parcial en 2021 y 2022, y nuevos descensos en 2023 y 2024. La inflación alcanzó su punto máximo en 2021 y disminuyó en los años siguientes, mientras que el saldo fiscal se mantuvo negativo durante todo el período. Los datos provienen del Anuario Estadístico de Cuba de la ONEI.

Un indicador clave que explica en gran medida el estancamiento económico a largo plazo del país, agravado en los últimos años, es la inversión bruta como porcentaje de la producción total. Entre 2014 y 2023, la inversión bruta representó, en promedio, solo el 10,9 por ciento del PIB. 

Este nivel de inversión ni siquiera ha sido suficiente para garantizar la simple reposición del capital. Durante muchos años, el desempeño de la economía cubana no ha logrado siquiera reemplazar el capital consumido o depreciado en el proceso productivo.

En consecuencia, el país carece de la capacidad tanto para expandir su potencial productivo como para evitar la descapitalización progresiva de su infraestructura física y productiva.

Esta es quizás la manifestación más clara de lo que la literatura económica describe como una "crisis de acumulación". Debe entenderse como la naturaleza fundamental de la actual crisis económica cubana y como un concepto esencial para comprender la profundidad de los cambios estructurales necesarios para que el país supere su difícil situación actual.

En última instancia, las crisis de acumulación solo pueden superarse transformando el patrón de acumulación, entendido en su sentido más amplio como cambios fundamentales en la relación entre las fuerzas productivas y el sistema de relaciones sociales de producción.

La continua descapitalización de la infraestructura productiva del país —y, de hecho, de su infraestructura en general— es la raíz del marcado deterioro de la producción, la productividad y la competitividad. Por lo tanto, constituye la principal explicación de las severas limitaciones externas que han afectado repetidamente a la economía cubana.

También es importante destacar que el nivel excepcionalmente bajo de formación bruta de capital fijo de Cuba en las últimas dos décadas ha estado acompañado de otra característica distintiva: la limitada inversión del país se ha concentrado excesivamente en infraestructuras relacionadas con el turismo y el sector inmobiliario, mientras que la agricultura, la industria manufacturera y la innovación han recibido recursos de inversión mínimos.

La crisis de acumulación que ha afectado a la economía cubana durante muchos años —y que define sus condiciones estructurales internas— ha desempeñado un papel decisivo en la configuración, el desarrollo y la consolidación del modelo de integración económica externa de Cuba. En gran medida, explica las características que han definido las relaciones económicas externas de Cuba durante años y que ahora se han acentuado aún más, en particular:

  • Una capacidad muy limitada para sustituir las importaciones por producción nacional y para transformar la producción nacional en bienes exportables.
  • Una voracidad excepcionalmente alta por las importaciones.
  • La incapacidad de aprovechar el acceso preferencial a los principales mercados extranjeros garantizado mediante los acuerdos comerciales y de cooperación existentes.
  • Una marcada pérdida de participación en el comercio mundial, junto con la incapacidad del país para diversificar su estructura exportadora en los últimos años.
  • Episodios recurrentes de graves crisis de liquidez financiera externa, a pesar de los exitosos procesos de renegociación de la deuda que dieron como resultado la cancelación de partes sustanciales de las obligaciones financieras externas acumuladas del país. 
La imagen presenta una tabla con datos sobre el comercio exterior y la cuenta corriente de Cuba entre 2014 y 2023. A partir de 2021, se observa un deterioro en la balanza comercial total, impulsado por el persistente déficit en el comercio de bienes. El superávit en el comercio de servicios disminuye durante este período y no logra compensar completamente dicho déficit. La cuenta corriente también pasa de valores positivos a negativos entre 2020 y 2022.

Para revertir el patrón descrito anteriormente, se requieren transformaciones estructurales radicales que reformulen la estructura productiva del país, la organización empresarial y el sistema de empresas, los mecanismos de asignación de recursos, el sistema de incentivos, la distribución del ingreso y las reglas fundamentales que rigen la economía.

Muchas de estas reformas necesarias ya estaban incorporadas en las Directrices de Política Económica y Social aprobadas —y posteriormente actualizadas— en los últimos tres Congresos del Partido Comunista. Sin embargo, su implementación ha estado muy por debajo de las expectativas, impidiendo que el país supere el estancamiento, corrija las distorsiones, mejore la eficiencia y reduzca las vulnerabilidades externas. 

La imagen presenta una tabla con indicadores de las finanzas externas de Cuba para 2010, 2014, 2021 y 2022. A partir de 2021, se observa un aumento de la deuda externa y una mayor relación deuda/PIB. Al mismo tiempo, disminuyen los flujos de inversión extranjera y las reservas internacionales. La tabla también incluye datos sobre el servicio de la deuda y las remesas recibidas.

Propuestas de políticas a corto plazo

Existen diversas medidas y decisiones políticas que podrían implementarse a muy corto plazo. Estas ayudarían a aliviar algunos de los obstáculos que actualmente impiden una mejora a corto plazo de la posición económica externa del país. Entre las más importantes se encuentran las siguientes:

  • Redefinir las prioridades de inversión para impulsar el desarrollo productivo. Esto crearía las condiciones necesarias para aumentar, a corto y mediano plazo, la sustitución de importaciones —en particular de productos alimenticios— y, a mediano y largo plazo, para expandir las exportaciones. Para ello, sería necesario reorientar la inversión pública, actualmente destinada en gran medida al sector turístico, hacia la agricultura, la industria manufacturera y, sobre todo, la infraestructura energética.

  • Flexibilizar las normativas y procedimientos vigentes que, en la práctica, desalientan las exportaciones y la sustitución de importaciones tanto por parte de empresas estatales como de entidades no estatales (FGNE). Esto requeriría otorgar mayor autonomía a las empresas estatales como parte de una reforma integral del sistema empresarial, a la vez que se reducen los trámites burocráticos, los requisitos de permisos y los costos logísticos y regulatorios asociados que afectan a los proyectos de exportación y sustitución de importaciones emprendidos tanto por el sector no estatal como por las empresas estatales.

  • Considere la posibilidad de implementar una serie de instrumentos de política ampliamente utilizados en los países en desarrollo, no solo para promover las exportaciones, sino también para facilitar los numerosos procesos asociados con el comercio internacional.

    La Ventanilla Única para el Comercio Exterior (VUCE) y la Ventanilla Única para la Inversión Extranjera (VUIEX) son instrumentos de larga trayectoria utilizados en todo el mundo. Sin embargo, en Cuba, aún distan mucho de cumplir con los estándares aceptados de integración, interoperabilidad y emisión automática de licencias, certificaciones y autorizaciones. Siguen presentando deficiencias significativas en tres áreas: a) la arquitectura técnica del sistema; b) su arquitectura de tecnología de la información; y c) el marco de gobernanza bajo el cual operan estos mecanismos. 

  • Es necesario revisar radicalmente y con urgencia la política cambiaria actual. Esto implica transformar la estructura y el funcionamiento del mercado de divisas, el tipo de cambio en sí y el régimen cambiario. Sin tales reformas, es muy improbable que las exportaciones o la sustitución eficiente de importaciones reciban los incentivos necesarios. 

    Estas reformas deben considerarse componentes esenciales de la estabilización macroeconómica y la reforma estructural. A su vez, contribuirían al necesario proceso de desdolarización, sin el cual será sumamente difícil restablecer el nivel mínimo de confianza en la política económica nacional, fundamental tanto para la estabilización como para la reactivación del crecimiento económico. 

  • Aprobar e implementar el marco legal, largamente postergado, que permita de forma transparente a las empresas no estatales establecer negocios con capital extranjero. Al mismo tiempo, es necesario reevaluar el marco regulatorio y las políticas vigentes que rigen la inversión extranjera. Persisten disposiciones restrictivas que no reconocen el alto nivel de riesgo que asumen los inversionistas extranjeros que optan por hacer negocios en Cuba.

  • Fomentar el envío de remesas a los cubanos residentes en la isla, con base en normas flexibles y el pleno respeto a la naturaleza fundamentalmente privada de dichas transferencias, en particular las remesas que puedan estar vinculadas, directa o indirectamente, al desarrollo de empresas productivas. Lograr este objetivo requiere la aprobación del marco legal que rige las asociaciones de capital extranjero que involucran a empresas no estatales.

  • Desarrollar una estrategia integral para renegociar las obligaciones financieras externas acumuladas de Cuba. El país ha vuelto a entrar en cesación de pagos. Esta estrategia debe abarcar todos los componentes incluidos en el concepto de "deuda externa", a saber:

    a. obligaciones con acreedores oficiales, incluido el Club de París, con el que Cuba alcanzó un acuerdo de reestructuración muy favorable en 2015 que incluía la cancelación del 90 por ciento de la deuda pendiente;

    b. obligaciones con acreedores privados, comúnmente conocidas como el Club de Londres;

    c. deuda a corto plazo contraída con proveedores; y

    d. Particularmente importantes en el caso de Cuba, las obligaciones contraídas con los inversionistas extranjeros. 

    Dado que resolver esta situación es fundamental para atraer mayores flujos de inversión extranjera directa, Cuba debería adoptar un mecanismo financiero negociado basado en diversas opciones para cumplir con sus obligaciones acumuladas con los inversionistas extranjeros. Naturalmente, la credibilidad necesaria para llevar a cabo una negociación seria y compleja con los acreedores depende de que las autoridades cubanas demuestren avances tangibles tanto en la estabilización macroeconómica como en la reforma estructural.

Sin tales avances —es decir, sin una hoja de ruta creíble y ampliamente aceptada para cambios radicales en la estructura económica del país— el círculo vicioso actual simplemente se repetirá. En el mejor de los casos, Cuba podría obtener otra ronda de reestructuración de la deuda acompañada de una condonación parcial. Sin embargo, en pocos años, es probable que el país enfrente otra crisis de liquidez externa y una nueva ronda de impagos de sus obligaciones negociadas. 

Conclusiones

La economía cubana atraviesa una profunda crisis estructural caracterizada por el estancamiento económico, una recesión prolongada, déficits fiscales persistentemente elevados y una inflación sostenida. Más de cinco años de estanflación han erosionado significativamente el nivel de vida de la población. 

En el centro de esta crisis se encuentra una crisis de acumulación . Cuba invierte demasiado poco: la inversión bruta ha promediado apenas el 10,9% del PIB, un nivel insuficiente incluso para mantener la infraestructura productiva del país. Como resultado, la economía ha sufrido un prolongado proceso de descapitalización y la consiguiente pérdida de capacidad productiva. 

Esta debilidad interna ha generado, a su vez, un patrón insostenible de relaciones económicas externas , caracterizado por una alta dependencia de las importaciones, una capacidad de exportación limitada, la pérdida de mercados extranjeros y crisis recurrentes de liquidez externa. 

Las políticas y directrices económicas oficiales han resultado insuficientes y solo se han implementado parcialmente . El alto grado de incumplimiento ha impedido que el país corrija las distorsiones estructurales y avance en las reformas necesarias para reactivar el crecimiento. 

La deuda externa ha alcanzado niveles críticos y Cuba ha vuelto a caer en impago . Sin profundas reformas estructurales, el país seguirá inmerso en un ciclo de renegociación de la deuda seguido de nuevos impagos. 

Para revertir esta situación se requieren transformaciones estructurales radicales que afecten al sistema productivo, al sector empresarial, al marco regulatorio y al sistema de incentivos económicos del país. 

Reorientar la inversión hacia los sectores productivos, flexibilizar las regulaciones que rigen las exportaciones, modernizar los sistemas de ventanilla única para el comercio y la inversión, reformar la política cambiaria, permitir que el capital extranjero participe en empresas no estatales, facilitar las remesas productivas y renegociar la deuda externa mediante una estrategia integral son medidas urgentes que ya no se pueden posponer. 

Un hombre con chaqueta oscura y camisa blanca está sentado a una mesa de madera durante una reunión o conferencia. Mira fijamente hacia un lado con expresión seria. Sobre la mesa hay documentos, unas gafas y un teléfono móvil. Al fondo, se aprecia un mural artístico en tonos blancos, negros y marrones.

El economista cubano Antonio Romero Gómez (1961–2025), conocido entre sus colegas y amigos como Tony Romero, falleció en La Habana el 22 de noviembre.

Entre sus obras publicadas se encuentran numerosos estudios y proyectos de investigación sobre economía internacional; relaciones económicas internacionales, con especial énfasis en el comercio internacional, la integración y la cooperación en América Latina y el Caribe; la integración de Cuba en un mundo cada vez más globalizado y la transformación del modelo económico y social cubano.

En Horizonte Cubano , tuvimos el privilegio de contar con él como colaborador y de beneficiarnos tanto de su entusiasmo como de su perspicacia crítica. Por ello, publicamos ahora un artículo que le habíamos encargado, pero que quedó inconcluso debido a su prematura muerte. Gracias al esfuerzo de nuestro equipo editorial, ha sido finalizado.

Que esta publicación sirva como un modesto pero sincero homenaje a Tony, uno de los economistas cubanos más distinguidos de su generación. 

jueves, 16 de enero de 2025

Antonio F. Romero: sin reforma estructural no hay solución a la crisis del sector externo


16 enero 2025


Como parte de la aguda crisis estructural que enfrenta desde hace años la economía cubana, se ha agudizado el carácter vulnerable de un patrón de inserción externa que muestra evidencias de marcado y «prolongado» deterioro. El actual entorno global adverso, refuerza la insostenibilidad del patrón de relacionamiento externo cubano vigente.

No obstante, sin un coherente, efectivo y decidido programa de estabilización macroeconómica y sin transformaciones estructurales profundas, no es posible modificar el perfil de inserción externa de Cuba.

Avanzar en términos de estabilización macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente para revertir el deterioro económico y social acumulado e iniciar un proceso sostenido de recuperación. Generalmente cuando se habla de estabilización macroeconómica se pone el énfasis en los equilibrios internos (déficit fiscal – inflación), pero los programas de estabilización tienen que ver también, especialmente en economías pequeñas y abiertas, con la estabilización de la balanza de pagos. En el caso de la economía cubana, un objetivo fundamental de la estabilización debería ser el equilibrio de las cuentas externas.

Hay algunas medidas y decisiones de política que pudieran ser implementadas en el más breve plazo, las cuales ayudarían a modificar algunos de los «cuellos de botella» que impiden una mejoría coyuntural en la situación externa de la economía nacional. Dentro de ellos, estarían:

a) Redefinir prioridades de la política de inversiones del país, para apoyar el fomento productivo. Ello crearía condiciones para aumentar en el corto y mediano plazo las posibilidades de sustitución de importaciones (especialmente productos alimenticios); y en el mediano y largo plazo aumentar exportaciones. Ello requeriría desplazar inversiones públicas que hoy se realizan en proporción muy significativa para el sector del turismo, hacia la agricultura y la manufactura, y en especial para la infraestructura energética.

b) Flexibilizar normas y mecanismos vigentes que en la práctica constituyen un desincentivo a la exportación y la sustitución de importaciones tanto por las empresas estatales como por las formas de gestión de estatal (FGNE). Esto implicaría otorgar mayor autonomía —como parte de una reforma integral del sistema empresarial— a las empresas estatales, y reducir más los trámites burocráticos, la «permisología» y los consiguientes costos logísticos y normativos asociados a proyectos y actividades de exportación y sustitución de importaciones, tanto para el sector no estatal como por las empresas del Estado.

c) En tal sentido, sería muy útil valorar la implementación de un conjunto de medidas e instrumentos utilizados ampliamente en varios países en desarrollo no solo para «fomentar» las exportaciones, sino para «facilitar» los múltiples procesos vinculados al comercio exterior. La Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE), así como la VUIEX (Ventanilla Única para la Inversión Extranjera) son instrumentos de larga data utilizados en el mundo, pero en el caso de Cuba las mismas distan mucho de las condiciones de integración, de inter-operatividad, de otorgamiento automático de licencias, certificaciones y autorizaciones, y tienen todavía limitaciones importantes a tres niveles: i) respecto a la arquitectura técnica de la ventanilla, ii) en relación a su arquitectura informática, y iii) el nivel de gobernanza de dichos mecanismos.

d) Modificación «radical» y en el corto plazo de la concepción vigente sobre política cambiaria; lo que debiera implicar la transformación de la estructura y tipo del mercado cambiario, de la tasa de cambio y del régimen cambiario. Sin esto, es muy poco probable que se estimulen las exportaciones y la sustitución eficiente de importaciones. Adicionalmente, estos cambios resultan componentes de la estabilización macroeconómica y las reformas estructurales; lo que en todo caso coadyuvaría también al necesario proceso de «desdolarización», sin el cual es muy difícil garantizar los niveles mínimos de credibilidad en la política económica nacional que resultan esenciales tanto para la estabilización como para el reimpulso económico.

e) Aprobar e instrumentar la largamente postergada normativa que permita de manera transparente el establecimiento de negocios con capital extranjero por las formas de gestión no estatal (FGNE) y al mismo tiempo someter a revisión el marco regulatorio y las políticas vigentes para la atracción del capital extranjero en el país, que todavía contienen disposiciones restrictivas y que no consideran el alto riesgo que asumen los inversionistas foráneos cuando apuestan por hacer negocios en Cuba.

f) Favorecer, a partir del establecimiento de principios y medidas flexibles y de respeto absoluto a su naturaleza eminentemente privada, los flujos de remesas a cubanos residentes en el país, sobre todo aquellas que pudieran vincularse —directa o indirectamente— al desarrollo de emprendimientos productivos. Para esto resulta necesaria la aprobación de la normativa sobre los negocios con capital extranjero de las FGNE.

g) Definir una estrategia integral para la renegociación de las obligaciones financieras con el exterior que ha acumulado Cuba en estos últimos años, cuando el país se encuentra de nuevo en situación de «default». Ello debe comprender los diferentes componentes que se incluyen dentro del concepto de «deuda con contrapartes externas», a saber: i) deudas con los acreedores oficiales (Club de París, la cual se había renegociado de manera muy favorable en el 2015, lo que incluyó la condonación del 90 % de la misma), ii) con los acreedores privados (el denominado «Club de Londres»), iii) la deuda de corto plazo con suministradores y, iv) de manera importante en el caso cubano con los inversionistas extranjeros. Por la trascendencia que tiene esto último para lograr mayores flujos de inversión extranjera directa, debería adoptarse un mecanismo financiero consensuado, sobre la base de un menú de opciones, para «honrar deudas acumuladas» con los inversionistas extranjeros. h) Por supuesto, la credibilidad necesaria para avanzar en una negociación seria y compleja con nuestros acreedores pasa necesariamente porque las autoridades nacionales muestren avances perceptibles tanto en la estabilización macroeconómica como en las reformas estructurales. Sin lo anterior —sin un horizonte creíble y consensuado de modificaciones radicales en la estructura económica nacional— se repetirá el ciclo perverso de renegociación, en el mejor de los casos con ciertos niveles de condonación y de nuevo en pocos años, se volverá a entrar en crisis de liquidez externa, e incumplimiento de los pagos pactados.

Puedes leer el resto de los trabajos de este dossier haciendo clic acá.

martes, 6 de agosto de 2024

Antonio Romero: “En Cuba los dogmas se imponen a la racionalidad económica”

 El profesor titular de la Universidad de La Habana coincide con sus colegas en que la salida a la crisis cubana requiere de una transformación estructural.

por  Osvaldo Pupo
agosto 6, 2024
en Economía


El profesor titular de la Universidad de La Habana, Antonio Romero, conversa sobre el programa de estabilización macroeconómica en Cuba. Foto: Osvaldo Pupo/OnCuba


En los últimos meses la palabra macroeconomía ha salido de boca de los cubanos como nunca antes, siguiendo el anuncio, a finales de 2023, de un programa gubernamental para enderezar la golpeada economía de la isla. Los planes se mantienen casi en secreto y solo trascienden notas de reuniones oficiales y los discursos en el parlamento.

Sin embargo, algunos economistas cubanos miran con recelo el nuevo intento de rescatar las finanzas cubanas, las cuales cayeron en número rojos el año pasado, con un decrecimiento del 1,9 % del PIB, parte de una estela de poco o nulo crecimiento económico.

El mencionado es, al menos, el cuarto programa de Gobierno desde que 2019 busca salir de la crisis o impulsar el desarrollo productivo. Los anteriores, incluida la fallida Tarea Ordenamiento en 2021, no han obtenido los resultados esperados. Según algunos expertos, se debe a la aplicación parcial de las medidas de reforma o la ejecución de una serie de acciones sin el orden establecido desde la academia, entre otras causas objetivas.

El profesor titular de la Universidad de La Habana y Doctor en Ciencias Económicas Antonio Romero, se une al reclamo de varios colegas de que Cuba necesita una transformación estructural de la economía que, según opina, tuvo una expresión real con los Lineamientos de la Política Económica y Social, aprobados en 2011 por el Partido Comunista de Cuba.

Sin embargo, el académico del Centro de Investigación de Economía Internacional y exdecano de la Facultad de Economía considera que no ha existido voluntad ni consenso político para la implementación de ese documento programático.

Los problemas del modelo cubano permanecen más de una década después y son los denominados desequilibrios macroeconómicos que impiden el desarrollo del país. En entrevista con OnCuba, Romero valora el impacto de estas condiciones y evalúa la efectividad de las proyecciones del Gobierno para enfrentarlas.

¿Qué es la macroeconomía y por qué es importante para entender la crisis cubana?

Existen tres niveles para realizar un análisis económico: el macroeconómico, el mesoeconómico y el microeconómico. El primero es el más general; hace referencia a los principales equilibrios que tienen que darse en una economía nacional y que son fundamentales para que las transacciones, el crecimiento, el impulso de los agentes económicos y lo relacionado con la producción, distribución, cambio y consumo, transcurra de manera adecuada.

La mesoeconomía estudia las ramas y sectores de la economía. Y la microeconomía se refiere a mercados específicos, agentes económicos específicos; empresas, productos.

Desde hace mucho, varios economistas hemos dicho que Cuba ha acumulado importantes desequilibrios macroeconómicos y, por eso, se necesita diseñar e implementar un coherente, sistémico, integral programa de estabilización macroeconómica, que elimine paulatinamente esos grandes problemas. Si no sucede así, es muy difícil lograr crecimiento y desarrollo económico.

En diciembre el primer ministro anunció la ejecución de un sistema de medidas, que han sido entendidas como un programa de estabilización macroeconómica. ¿Cuál es su valoración sobre esto?

Tengo mis opiniones críticas respecto al programa de estabilización macroeconómica.

Se ha avanzado muy poco en la reducción del déficit fiscal de 18,5 % del PIB, que es un componente esencial.

Cuando se habla de la necesidad del equilibrio fiscal se hace énfasis en el incremento de los ingresos impositivos. En una situación de estanflación, que es la que está viviendo Cuba, con un estancamiento económico de larga data, lograr reducir el déficit descansando sobremanera en los ingresos es prácticamente imposible.

Aquí la actividad económica está muy deprimida, ¿de qué forma se pueden generar lo suficiente como para que el nivel de impuestos cobrados por el Estado aumente a tono con el nivel de déficit fiscal?

Un componente esencial del programa de estabilización tiene que ser la reducción del gasto del sector público. Sé que es muy difícil, sobre todo en un país como el nuestro, por la naturaleza de nuestro modelo. Por supuesto que en Cuba no se puede pretender avanzar en términos de ajuste macroeconómico sobre la base de reducir los gastos en educación, salud, asistencia y seguridad social.

Hay que ir a las otras cuentas del presupuesto. Hay dos que tienen que ver con la administración central del Estado, el aparato burocrático. En todos los países tiene que haber instituciones de regulación, pero Cuba tiene la necesidad de reducir gastos por esa vía; además, hay un exceso de instituciones de regulación.

Por otro lado, una parte importante de los gastos del presupuesto van como transferencias a empresas estatales que arrojan pérdidas.

Además, la estabilización macroeconómica tiene que llevar aparejadas modificaciones en términos de política monetaria y cambiaria. Es muy poco probable estabilizar la economía con la disparidad de tipos de cambio que existen hoy.

Igualmente, debe realizarse un paulatino proceso de desdolarización de la economía. El primer ministro insiste en que hay que acentuar la dolarización para después desdolarizar el país, lo cual, para mí es un contrasentido.

En la misma medida que sigue el estancamiento económico, el peso cubano pierde poder de compra y, por tanto, la respuesta natural de los agentes, incluidos los consumidores, es refugiarse en otra moneda que sea más segura. La dolarización de la economía, en cualquier país, implica una pérdida de soberanía económica.

Otro tema asociado es que en los últimos años el déficit fiscal es financiado con monetización, lo que significa que el Banco Central está en un proceso continuo de emisión inorgánica de dinero para cerrar la brecha que tiene el Estado, con mucho gasto y no suficientes ingresos.

Por último, se requiere la transformación radical de la planificación central como mecanismo por excelencia de regulación de nuestra economía. Eso lo digo ahora, pero ya lo dijo el PCC en 2011.

¿Estos y otros desequilibrios qué efectos tienen en la vida de la gente, más allá de la macroeconomía?

Uno de los elementos fundamentales que explica la altísima inflación, el altísimo nivel de precios y el deterioro de los ingresos reales de la población es el enorme déficit fiscal que se está financiando con emisión de dinero. Este entra en circulación en condiciones en las que la oferta está por abajo y la demanda muy arriba.

Cuba tiene, además, un desequilibrio muy grande en comercio exterior. Tenemos muy poca capacidad de exportación de bienes y una necesidad imperiosa de importar para garantizar las condiciones mínimas de reproducción económica y social en el país. Ante la escasez permanente de divisas, lo que se hace es asignar de manera administrativa y el Estado determina qué es lo prioritario. Por eso casi nunca hay divisas para nada y se ve el deterioro en infraestructura, incluso, en determinados servicios sociales.

Por otra parte, no ha habido transformación en la estructura exportadora de mercancía. Se sigue exportando productos de muy bajo valor añadido, a pesar de la inversión en el desarrollo de una fuerza de trabajo calificada. En cambio, importamos de todo, pero de manera muy especial, con un alto nivel de concentración, en alimentos y combustible.

Esto tiene que ver con un gran problema en la estructura productiva del país. Hay una descapitalización del aparato productivo, incluida la agricultura, pero también la manufactura. Eso trae aparejado que haya muy poca capacidad de sustituir importaciones.

La participación de nuevos actores económicos supone un cambio en la relación de las fuerzas productivas, con impacto en la economía. ¿Qué opinión le merece la apertura al sector privado?

Lo más importante que se ha hecho en los últimos años, en términos de política económica en el país, fue el decreto ley que le dio personalidad jurídica a las micro, pequeñas y medianas empresas privadas.

Fue un paso muy importante, revolucionario, un paso en la dirección adecuada; no ajeno a prejuicios, pues rompía muchísimos esquemas. Todavía en el ADN ideológico de la mayor parte del establishment cubano, lo no estatal es antisistema. Los problemas de la economía cubana no se resuelven hasta que no acabemos de extirpar esa idea.

¿Qué es lo que estamos viendo ahora, lamentablemente? Sobre todo, a partir de la intervención del primer ministro en la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, es que se intenta, por todos los medios, frenar el avance que ha tenido el sector no estatal, que fue inusitado. En dos años y medio nada más empezó a cambiar el panorama empresarial cubano, con todas las críticas que se le pueda hacer.

Sin duda, lo cambió, con muchos problemas, que no estaban asociados per se al propio sector que empezó a emerger, sino con política económica y con inconsistencias del Gobierno; por ejemplo, la ausencia de un mercado cambiario al cual concurrir para obtener las divisas o de un mercado de insumos nacionales.

Sin embargo, se dan lecturas de los hechos a medio camino. Cuando se hablaba de las nuevas restricciones, la eliminación de ciertos beneficios que tenía el sector, se informó que se eliminaba el beneficio fiscal del primer año porque los precios no habían bajado. Es que no se entiende cómo funcionan los precios de una economía y tampoco se comprende que los precios no funcionan de manera aislada.

Puedes tener ese beneficio fiscal, que es común en muchos países, pero si existe un nivel de depreciación de la moneda nacional y, por tanto, para adquirir dólares para importar los insumos se multiplica dos o tres veces el costo de importación, es imposible que se reduzcan los precios.

Ahora con esta vuelta de tuerca, supuestamente tratando de disciplinar al sector no estatal, lo que se va a tener son más efectos negativos que los positivos que se buscan.

No hay ninguna experiencia internacional, ni en Cuba nunca la ha habido, de que, con mecanismos administrativos, con topes, con controles de margen de ganancias, se reduzcan los precios. En cambio, se va a generar mayor desabastecimiento, escasez y finalmente se estimula el mercado negro.

¿Estas medidas son favorables a la estabilización macroeconómica?

Lo que veo es que hay una incomprensión total de cuáles deben ser la dimensión, la profundidad y el sentido de la estabilización macroeconómica y, por supuesto, de transformación estructural hay muy poco. Estamos en un momento descolocado. No puede entenderse que la prioridad sea reducir y tratar de controlar los niveles de inflación y, en vez de ir a las causas, se termine haciendo supuestamente lo más fácil, que es topar los precios, topar los márgenes de utilidades. Eso no va a resolver nada.

Con las mipymes, con el sector privado nacional va a pasar lo mismo que pasó con la inversión extranjera. Al principio era un mal necesario. No gustaba, pero tuvo que aceptarse porque se acabó el socialismo real y la inversión extranjera garantizaba tecnología, capital y mercado. Después cambió la concepción y se dijo que era complementaria a la inversión nacional. Y ahora se dice que es esencial.

Las mipymes empezaron como un mal necesario. Cogieron auge y ahora se quiere parar. Van a terminar siendo complementarias y finalmente van a ser esenciales para avanzar en Cuba.

También es esencial tener un sector estatal competitivo, eficiente, pero no puede ser el de ahora. Un sector estatal que sea estatal en propiedad, pero que esté abierto a las concesiones para ser gestionado por el privado. Eso es legítimo.

No creo que los hacedores de política económica de Cuba sean obtusos ni nada de eso. Evidentemente hay un nivel muy importante de prejuicio o, lo que es lo mismo, que los dogmas de carácter político ideológico están impidiendo el avance en términos de la transformación económica que requiere el país.

¿Qué pasa si los dogmas prevalecen por encima de la racionalidad económica?

Los dogmas se están imponiendo, pero no son eternos. Yo creo que, lamentablemente, nos hacen perder tiempo. Eso puede ser un peligro. El agravamiento de la situación económica, más allá de los niveles en que estamos, puede generar conflictos sociales que no habíamos visto.

Puede generar —que eso sí es muy preocupante, aunque es un goteo diario— una aceleración de la fuga masiva de capital joven del país.

La fuerza de trabajo es el recurso económico por excelencia, es el más importante. Entonces, puede haber una aceleración acentuada del flujo migratorio, que ya está teniendo impactos, impactos que no solamente son económicos, son impactos sociales en la vida de la familia cubana, muy trascendentes.

Todo esto hay que analizarlo en un contexto internacional incierto, con un posible regreso de Trump a la presidencia estadounidense. Ojalá que no, pero nadie lo puede descartar. Sería un entorno de relaciones con Estados Unidos muy negativo.

Pero creo que nosotros sobreviviremos, somos muy resilientes

jueves, 22 de junio de 2023

Los grandes temas de la agenda del mundo estarán esta semana en París

Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Mundial o cómo lograr un nuevo contrato entre el Norte y el Sur para enfrentar los desafíos asociados al cambio climático y el desarrollo en medio de una crisis múltiple. El grupo G-77 + China está representado por el Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en su condición de Presidente Pro Témpore del mismo

Foto: Estudios Revolución

PARÍS, Francia.- El Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en su condición de Presidente Pro Témpore del Grupo G-77 + China, participa en la Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Mundial, que sesiona en esta ciudad entre los días 22 y 23 de junio.

El profesor Antonio Romero, del Centro de Investigaciones de Economía Internacional de la Universidad de La Habana, accedió la semana anterior a una entrevista con el equipo de prensa de la Presidencia de la República para abordar los antecedentes, características y propósitos de esta reunión de jefes de Estado.

En noviembre pasado, con motivo de la Cumbre del Grupo de los 20 (G20) y el fin de la 27 Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 27) —explica el experto—, el presidente francés Emmanuel Macron invitó a celebrar en París una reunión de alto nivel para discutir varios de los temas más relevantes que están afectando al mundo a partir de la crisis múltiple actual.

«Le dicen una “crisis en cascada”, en el sentido de que tiene múltiples dimensiones que simultáneamente están provocando un empeoramiento de las condiciones de reproducción de muchos países del mundo, de importantes sectores sociales y sobre todo de muchas naciones en desarrollo».

La primera cuestión abordada con el entrevistado fue sobre cómo se llega a esta Cumbre, que tiene como antecedente importantísimo la Iniciativa de Bridgetown, promovida por la primera ministra de Barbados, Mia Amor Mottley, desde la COP 26.

Durante la 77 sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas, el pasado año, la líder caribeña, gran amiga de Cuba y del Presidente Díaz-Canel, decía: «debemos preguntarnos si no ha llegado el momento de revisar el acuerdo de las instituciones de Bretton Woods, que ya no sirven en el siglo XXI para lo que servían en el siglo XX, para lo que servían cuando atendían a una cuarta parte de los estados nación que ahora son miembros de esta augusta institución».

La Iniciativa de Bridgetown —nos comenta Antonio Romero— «tenía como objetivo, básicamente, crear unas condiciones esenciales de transformación en la arquitectura financiera internacional para responder a las necesidades de los países más vulnerables al cambio climático, e indudablemente es un punto inicial a tener en cuenta para entender esta iniciativa del presidente Macron».

Otro antecedente, que está en la base de la propuesta del mandatario francés, es el agravamiento de las condiciones de reproducción de la economía mundial en los últimos tiempos, que ha conducido a un incremento notable de las críticas a la arquitectura financiera mundial y a un incremento notable de las preocupaciones con respecto al no cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) hasta 2030, consensuados en la ONU.

Como parte de los elementos que se discuten alrededor de la propuesta o iniciativa del presidente Macron —reflexiona el académico cubano—, «está el hecho de que el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) reconoció que en el año 2022, nueve de cada diez países en desarrollo registran un deterioro en las condiciones de sus índices de desarrollo humano, particularmente por una caída de la expectativa de vida y por un incremento notable de otros indicadores de pobreza».

En tercer lugar, «también es importante decir que esta iniciativa tiene como ambición —una ambición muy alta, diría—, tratar de abordar, a muy alto nivel, muchas agendas de manera integrada: la agenda climática, la agenda del desarrollo, la agenda de la deuda externa —porque la deuda hoy día es un gran problema, ha emergido de nuevo como un gran problema—, la agenda de la salud pública mundial como derecho...».

La idea de esta Cumbre —añade Romero— es precisamente tratar de aunar esfuerzos, pero básicamente lo que intenta es, como dicen los organizadores, «configurar un nuevo contrato entre el Norte y el Sur para enfrentar los desafíos asociados al cambio climático y al desarrollo en un contexto de crisis múltiple».

Para la organización de esta Cumbre —agrega el académico— se creó un comité internacional de alto nivel que está conformado por varios estados muy relevantes, Francia, Alemania, Emiratos Árabes, Estados Unidos, Sudáfrica, Brasil, pero también está la Secretaría de Naciones Unidas, la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que es un club de países desarrollados donde se concentran los principales donantes a nivel internacional.

«Es una cita con una ambición muy amplia, y yo diría que lo más llamativo es que hay expectativas incrementadas respecto a los resultados que deberían obtenerse, no que se van a obtener, “que deberían obtenerse”».

El formato de esta Cumbre es un poco sui generis: además del segmento oficial, hay muchos paneles especializados y mesas redondas, un foro paralelo de la sociedad civil, que ha venido discutiendo, acogiendo, proponiendo… muchas cosas interesantes, por supuesto, de una manera bastante heterogénea.

«Y también creo que indudablemente Cuba no puede dejar de estar presente allí, por lo que Cuba pueda aportar, por la experiencia de Cuba en términos de cooperación internacional y además sobre todo hoy día, por la presidencia cubana del Grupo de los 77 + China, que sin lugar a dudas es la coalición más importante de países en desarrollo dentro de la comunidad internacional».

—¿Cree Usted que de cara al Tercer Mundo puede haber un beneficio, digamos a mediano/largo plazo, en torno a lo que pueda reconfigurarse en esta reunión de París?

—Creo que hay que racionalizar las expectativas de este tipo de eventos internacionales. Nada ocurre de shock, pero creo que sí, que pueden esperarse algunos resultados, no digamos los óptimos, pero por lo menos sí resultados.

«El primero es el resultado político, de que hay un reconocimiento a nivel internacional de que estamos en presencia de una crisis muy severa, que es una crisis múltiple o en cascada, como dicen Naciones Unidas y otros líderes internacionales, y que se requiere de una respuesta al Sur global.

«Esto de por sí ya es un reconocimiento importante, en el sentido de que líderes de organismos internacionales y de países del Primer Mundo se reúnen alrededor del objetivo básico de buscar respuestas, soluciones, que por supuesto no van a ser dramáticas para las crecientes y muy complejas necesidades de los países del Sur, en un momento en el cual hay una crisis económica, hay una crisis medioambiental, hay una crisis de salud pública mundial, hay una crisis de transición energética; o sea, hay múltiples crisis simultáneas y hay una crisis del sistema multilateral también. Ya eso de por sí es positivo.

«Ahora, ¿qué es lo que se va a lograr ahí? Es muy difícil hacer pronósticos. Una de las cosas interesante que he leído, es que uno de los temas más importantes que requieren los países en desarrollo es la disponibilidad de recursos financieros para hacerle frente al cambio climático, a la crisis, a las demandas sociales crecientes, a lo que tienen que hacer para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que parece ser no se van a cumplir y requieren de recursos financieros.

«Muchos están hablando de que se necesita una reforma importantísima de los organismos financieros multilaterales, pero hay algunos países, la mayoría de la Unión Europea, que están diciendo que hasta que se llegue allá, ellos están dispuestos a reasignar una parte de los derechos especiales de giro que le asignó el Fondo Monetario Internacional como parte de un proceso que ocurrió el año pasado de asignación de liquidez internacional, a partir de la disponibilidad de derecho especial de giro para todos los países miembros del FMI, pero ese es un tema complejo.

«Los países europeos dijeron que en este contexto están dispuestos a reasignar parte de los derechos especiales de giro que forman parte de sus reservas internacionales como miembro del Fondo Monetario Internacional, para que los países pobres altamente vulnerables al cambio climático que presenten las situaciones de mayor vulnerabilidad, puedan disponer de mayor liquidez, pero el Banco Central Europeo está diciendo que eso es imposible por restricciones legales.

«Hay una discusión sobre todo esto, incluyendo organizaciones de la sociedad civil internacional, con presencia importante de instituciones filantrópicas de los propios países europeos, que están buscando una solución para ver cómo es posible reasignar fondos sin esperar una reforma importante o en profundidad de determinados aspectos del FMI, del Banco Mundial...

«Otro de los temas de discusión que se ha venido abordando es, digamos, la búsqueda, de lo que se ha dado en llamar mecanismos financieros innovadores. Cuando se habla de mecanismos financieros innovadores se está hablando ya no de los créditos tradicionales, de los flujos tradicionales, sino del establecimiento de determinados impuestos internacionales para ayudar al desarrollo —impuestos al transporte aéreo, al transporte marítimo...—. Esto tiene detractores, sectores importantes están en contra del establecimiento de ese tipo de normas, unos legítimos y otros con no tanta legitimidad».

Otra propuesta muy importante —señala el profesor Antonio Romero— que se manejerá en la Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Mundial es el tratamiento de la deuda externa de los países pobres, subdesarrollados, sobre todo de los países muy vulnerables al cambio climático. Este es hoy un tema fundamental, sobre todo para los países del Caribe y otros pequeños estados en desarrollo.

«Hay propuestas de que ante determinada afectación de emergencia climática o de afectaciones muy fuertes por el cambio climático, se establezcan cláusulas de condonación de parte de la deuda externa de los países pobres altamente afectados por el cambio climático. Eso es difícil que se logre, pero son asuntos que están en la mesa.

—¿Y cómo Cuba puede insertarse en todo esto, aunque sabemos que la Mayor de las Antillas asiste a la Cumbre de París como Presidente Pro Témpore del Grupo de los 77 + China?

—El caso cubano es un caso peculiar, primero porque somos un país bloqueado. Cuba está bloqueada no solo por la potencia más importante del mundo, sino también por su mercado natural, que es el de los Estados Unidos. Cuba no forma parte de las instituciones financieras multilaterales, ni del FMI, ni del Banco Mundial, pero hay opciones que no pueden desdeñarse y que se pudieran aprovechar.

«Está el tema del llamado financiamiento verde. Este es muy difícil, pero Cuba aporta mucho a países en desarrollo y tiene una experiencia en asistencia técnica, por ejemplo, en el marco de la Asociación de Estados del Caribe, para todo lo que tiene que ver con el enfrentamiento al cambio climático, el enfrentamiento a la erosión costera, que es uno de los temas más importantes para todos los países de la cuenca del Caribe.

«Cuba es líder en términos técnicos para la cooperación con esos países; también es líder en la cooperación de Salud Pública, y yo creo que eso, junto con algunas opciones que hay en términos de financiamiento, si se modifican algunos de los elementos que no son de condicionalidad, pero que son restrictivos al momento de tener acceso al financiamiento verde, pudieran beneficiar a Cuba».

—¿Por qué Francia se pone al frente de esta iniciativa?

—Son varios los elementos. Recuerden, primero, que la sombrilla, el compromiso multilateral más importante sobre cambio climático, es el Acuerdo de París. Por otro lado, si bien entre la Unión Europea y Estados Unidos existen muchos temas en común, también tienen diferencias, y una de las fundamentales es todo lo que tiene que ver con lo ecológico, con el compromiso medioambiental.

«Recuerden (había comentado anteriormente el académico cubano) que el presidente Trump sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París, y el Acuerdo de París, en última instancia, para que fuera acuerdo, tenía que tener a Estados Unidos dentro, porque es uno de los dos países más contaminantes del mundo, y sin un compromiso de Estados Unidos, el Acuerdo de París sería imposible.

«Indudablemente Europa, por múltiples razones según sociedades y sistema político, ha logrado un elevado nivel de conciencia social respecto al cambio climático, de los impactos del cambio climático. Europa ha hecho un esfuerzo por conciliar el concepto que de que si bien hay que asumir compromisos que son universales, estos también tienen que ser diferenciados.

—¿Cómo conecta esta Cumbre con el resto de los esfuerzos históricos en ese sentido, y cuánto tiene de vínculo con otros eventos de Naciones Unidas, por ejemplo?

—Esta va mucho más allá de la Iniciativa de Bridgetown, porque no solamente se queda en el tema del cambio climático. Sin embargo, cuando uno se pone a analizar en detalle la propuesta de la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, la que ha sido acogida por muchos de los pequeños estados insulares en desarrollo, aunque su punto inicial es el cambio climático, implica toda una serie de propuestas que trascienden el tema medioambiental y hablan de una nueva arquitectura financiera internacional, de compromiso, de cooperación, de integración entre países en desarrollo.

«La idea que promueven los organizadores de esta cumbre en París es que esta es casi política, que va a incorporar a todas las agendas en un compromiso único, en un nuevo pacto financiero global, lo cual es muy difícil; es aplaudible, pero es difícil.

«Esta Cumbre va por la idea de que hay que integrar de una manera coherente múltiples agendas que han tenido su trayectoria y su historia y su origen institucional diferenciado dentro del contexto multilateral y que hay que integrarlo. Creo que eso es aplaudible, pero al mismo tiempo da cuenta de la complejidad de la agenda».

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Cuba en el G-77 + China

Cuba asumió la Presidencia Pro Témpore del Grupo G-77 + China en enero de este año. Es la primera ocasión en que la isla caribeña lidera este bloque negociador de los países en desarrollo, que surgió en junio de 1964 y es el grupo de concertación más amplio y diverso de la esfera multilateral, con 134 estados miembros.

Durante este año, Cuba ha sido sede de importantes eventos relacionados con el Grupo, que comenzó a conformarse, de manera muy incipiente, en diciembre de 1961, cuando la Asamblea General de la ONU aprueba una resolución para constituir lo que se denominó Decenio de las Naciones Unidas para el desarrollo.

Lo común de todos entonces fue que, en relación con el mundo desarrollado, eran naciones dependientes. Uno de sus documentos fundacionales expresa: «Cada una de nuestras economías se ha desarrollado como un subproducto y una subsidiaria del desarrollo en el norte industrializado, y está orientada hacia el exterior. No somos los principales impulsores de nuestro propio destino. Nos avergüenza admitirlo, pero económicamente somos dependencias, semicolonias en el mejor de los casos, no Estados independientes».

En 1964, en el seno del Movimiento de los Países No Alineados y al finalizar la primera sesión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), se crea el Grupo de los 77. Primero lo conformaron ese número de países. Con el tiempo, aunque se mantuvo el nombre del mecanismo intergubernamental, se fueron sumando naciones hasta llegar hoy a 134, de América Latina, África y el sur de Asia. En 1992 se sumó China, que participa y colabora de manera externa.

miércoles, 24 de agosto de 2022

Los cambios económicos en Cuba y las recientes medidas adoptadas por MINCEX y MINCIN: El desafío de la transformación estructural

Por: Dr. Antonio F. Romero Gómez, Cubadebate




En los dos últimos meses (julio y agosto/2022) se han venido anunciando por diversas autoridades del gobierno cubano, un conjunto de ideas, propósitos, propuestas, y medidas de política que intentan hacer frente a la muy compleja situación que enfrenta la economía cubana desde hace ya algún  tiempo, la cual se ha agudizado en extremo desde fines del año 2019.

El empeoramiento de la dinámica económica y social de Cuba, tiene múltiples factores causales, dentro de los que deberían  resaltarse:

  1. El agudo retroceso en el clima de relaciones bilaterales con Estados Unidos desde la llegada al poder de la administración Trump, y el incremento notable de las sanciones aplicadas – con evidentes implicaciones extraterritoriales - que han perjudicado sobremanera las transacciones económicas externas de la nación.
  2. La profunda recesión económica global que se registró a partir de la pandemia de covid-19 (todavía no superada) y sus efectos consiguientes sobre la demanda externa de bienes, los ingresos por turismo y remesas, y el aumento del precio de las importaciones;
  3. Los severos problemas  institucionales y de desempeño que ha venido manifestando la economía venezolana desde el año 2014, la cual constituía el principal socio comercial y de cooperación económica externa de Cuba hasta el año 2020;
  4. Los negativos impactos económicos generados a partir del conflicto bélico Rusia-Ucrania en un contexto de desaceleración-recesión de la economía global con muy altos registros inflacionarios;
  5. Los elevados costos económico-financieros que en esta adversa coyuntura tuvo que asumir el estado cubano para hacer frente a la pandemia de COVID-19 y sus efectos en términos económicos y sociales.

Sin embargo, una mirada integradora del desempeño y desafíos que han caracterizado la reproducción económica cubana en estos tiempos, debe reconocer que en la base de tal dinámica se encuentran – también - las contradicciones y desequilibrios asociados a una implementación fragmentada y parcial de las transformaciones en el modelo económico cubano, que no ha mejorado los niveles de competitividad y crecimiento de la economía a escala agregada, y en fechas más recientes, ha agudizado ciertas distorsiones macro y microeconómicas en el país.

En la más reciente sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular[1], el Primer Secretario del PCC y Presidente de la República reconocía que “No se aprecia hasta el momento una recuperación significativa en nuestras principales producciones, ni en el turismo. Con los bajos niveles de divisas de los que hemos podido disponer se realiza un permanente esfuerzo para asegurar un nivel de productos y servicios básicos a la población y atender de manera prioritaria a las personas y comunidades en situación de vulnerabilidad”[2].  En tal contexto, destacaba los importantes cambios que en materia económica debían producirse “….para destrabar e impulsar resortes que movilicen, hasta donde nos sea posible, las fuerzas productivas. Aún falta mucho por hacer, pero no sobra insistir  en lo que todos saben y algunos pretenden subestimar: nuestra economía transita por un escenario sumamente complejo, en el que resulta en extremo difícil lograr los ingresos en divisas que precisa el país”[3].

Propósitos y medidas anunciadas

En esa misma sesión última de la ANPP se anunciaba por el Viceprimer Ministro y Ministro de Economía y Planificación un conjunto de propuestas, ideas y medidas que estaban orientadas a dinamizar el mercado interno – a partir de la captación de divisas por los circuitos financieros oficiales -, el incremento de los ingresos por exportaciones y la reactivación de la producción nacional.  En tal sentido se decidió comenzar a restituir el mercado cambiario a través de la compra-venta de divisas a un “tipo de cambio económicamente fundamentado”[4], la ampliación del esquema secundario de asignación de divisas para los actores económicos estatales y no estatales, la aprobación de la participación de las mipymes privadas en negocios mixtos con entidades estatales y con inversión extranjera; y la flexibilización de importaciones de bienes con carácter no comercial.

Más recientemente, en comparecencia ante el programa de la Mesa Redonda[5], la Viceministra Primera del MINCEX (Ana Teresita González Fraga) y la Ministra del Comercio Interior (Betsy Díaz Velázquez) anunciaban respecto a la participación del capital extranjero en el comercio mayorista y minorista cubano las siguientes decisiones:

1.- Promover el desarrollo en todo el país de negocios para impulsar el comercio mayorista a través de la inversión extranjera. En el comercio mayorista, las modalidades fundamentales que se habían aplicado hasta el momento - de las previstas en la Ley de Inversión Extranjera - eran las empresas mixtas y los contratos de asociación económica internacional. A partir de ahora, se evaluarán también la participación en el comercio mayorista cubano de empresas de capital totalmente extranjero.

2.- Estimular de manera selectiva la creación de empresas mixtas al amparo de la ley de inversión extranjera para realizar actividades de comercio minorista, lo cual permitirá lograr un nivel de oferta significativa y con alta eficiencia, que permita solventar la actual situación de desabastecimiento generalizado en el mercado interno cubano. En tal sentido, y como subrayó la ministra del MINCIN, se elimina el carácter excepcional de la participación de la inversión extranjera en el comercio minorista.

3.- Se establecerán mecanismos económicos de tal forma que estas entidades puedan pre-financiar a productores nacionales que tengan condiciones para convertirse en suministradores eficientes de tales empresas con capital extranjero.

4.- Permitir que las modalidades de inversión extranjera establecidas en el país para la producción de bienes y servicios puedan vender en el segmento del comercio mayorista, incluyendo a las formas de gestión no estatal, ONG, embajadas, representaciones empresariales y sucursales en Cuba.

5.- Aplicar a dichas entidades con participación del capital extranjero en el comercio mayorista y minorista cubano, un esquema financiero que les permita la estabilidad de la cadena de suministros.  Dicho esquema incluirá la autorización para realizar ventas en MLC, y la liquidez que obtenga el estado por concepto de impuestos y otros ingresos asociados a estos negocios, se dedicará a estimular la producción nacional, respaldar las importaciones de los productos de línea económica y comercializarlos a la población en pesos cubanos.

En relación a medidas vinculadas directamente con la actividad del comercio exterior, en la Mesa Redonda se informó lo siguiente:

1.- Se ratificó que el monopolio estatal del comercio exterior lo seguirá ejerciendo el Estado cubano, el cual establecerá las regulaciones y el control del comercio con contrapartes externas.

2.- Se fortalecerán las capacidades de la empresa estatal que realiza comercio exterior, elevando la eficiencia en las operaciones de las mismas para las transacciones vinculadas a las  formas de gestión no estatal. En tal sentido, se reiteró que se seguirá promoviendo la creación de MiPYMES estatales para el desarrollo de la actividad de importación y exportación para las ventas y compras externas de las entidades no estatales.

3.- Se autorizará que determinados actores económicos no estatales realicen directamente actividad de comercio exterior bajo el control del MINCEX. Dicha facultad se otorgará a determinados actores no estatales sobre la base de que “al realizar directamente esta actividad, se logren concertar contratos ventajosos que contribuyan a obtener en la economía nacional ingresos en divisas por exportaciones, y bienes y servicios con mejores condiciones en términos de precios y otros”. Se velará, en todo momento, que los actores económicos no estatales que intervengan en estas actividades cuenten con los flujos financieros propios y ejecutables para la importación y exportación, de manera que no “ejerzan presiones adicionales a la demanda de divisas que tiene el país”.

El desafío de la transformación estructural

El conjunto de propuestas, medidas y acciones de política económica anunciadas en semanas recientes por las autoridades del país, son una evidencia de que a pesar de prejuicios,  resistencias y evidentes limitaciones institucionales; se necesita de manera urgente avanzar de manera decidida en la largamente postergada transformación del “modelo económico y social cubano”, consensuado al más alto nivel político – después de un amplio proceso de discusión popular – hace ya más de 11 años. Las medidas y propuestas anunciadas, y todas las que deben implementarse para realmente “transformar el modelo”,   obliga a tomar decisiones arriesgadas, tal y como reconocieron las altas autoridades del gobierno cubano en la Mesa Redonda del 15 de agosto/2022; y por ende deben estar acompañadas de mecanismos de monitoreo, evaluación y control permanentes, y una coherente y profesional estrategia de comunicación para los más disímiles agentes y actores económicos que hoy hacen vida en el país, y por supuesto para todo el pueblo que es el sujeto y destino principal de la transformación.

Realizar una valoración crítica sobre las medidas y acciones anunciadas, pudiera ser un ejercicio analítico muy arriesgado, teniendo en cuenta que las decisiones acaban de adoptarse, y habría que valorar – en un período posterior – la evolución de la dinámica respecto a la participación del capital extranjero en el comercio mayorista y minorista cubano; y también lo relativo a la participación directa de formas de gestión no estatal en operaciones de comercio exterior. De todas formas, algunas ideas al respecto - de carácter muy preliminar - pudieran incluir las siguientes:

1.- Tal y como planteó la Viceministra González Fraga, “…las medidas anunciadas no deben verse de manera independiente ni aisladas, sino que son decisiones que conducirán a que Cuba se recupere de la compleja situación económica que enfrenta el país y avance progresivamente…”. Lograr esta dinámica positiva implica necesariamente reconocer que la economía es una ciencia – con regularidades, determinantes y causalidades con interrelaciones muy complejas; y además con la particularidad de que es una “ciencia social” – y por ende el abordaje de cualquier problema, contradicción o proceso económico exige considerar a la economía como sistema de interrelaciones sociales múltiples.

2.- Por lo anterior, las propuestas y medidas adoptadas – aunque muy importantes, la mayoría de las cuales han sido consideradas como imprescindibles por un grupo de economistas cubanos desde hace ya algún  tiempo atrás en diversos foros de discusión académica en la que han participado no pocos funcionarios de alto nivel de nuestro gobierno – tienen que imbricarse como parte de un programa integral de transformación estructural, que incluya modificaciones sustantivas en los flujos productivos, en el mecanismo de asignación de recursos, en la interrelación dialéctica de las diversas formas de propiedad, en el perfil de distribución de los ingresos y en los términos de relacionamiento económico externo de la nación.

3.- Dicho programa integral de transformación económica debe considerar no sólo la coherencia interna de las diferentes medidas de política, sus instrumentos y mecanismos/indicadores de evaluación; si no también la secuencia e interrelaciones temporales entre las mismas. Esto resulta crucial porque como se ha insistido, la economía es un “sistema”, y pudieran adoptarse medidas de política adecuadas para enfrentar problemas económicos determinados, que sin embargo no reportarán los resultados esperados, si no se realizan de manera apropiada modificaciones/transformaciones en otras áreas de política o sectores económicos.

4.- De igual forma, hay que evitar siempre que sea posible, el anuncio e implementación de medidas de política económica, que resulten contradictorias. Esto resulta fundamental desde diversas perspectivas, pero sobre todo para garantizar la requerida confianza y certidumbre normativa que exigen las condiciones de reproducción en la economía contemporánea. En tal sentido hay algunas posibles áreas de fricción en lo anunciado por nuestras autoridades en los últimos dos meses:

  1. a) En primer lugar, hay un diseño inicial para avanzar en la implementación de un mercado cambiario en el país que resulta fundamental para comenzar a eliminar distorsiones macro y microeconómicas que se han incrementado en estos tiempos, y para que el peso cubano pueda asumir todas las funciones que le corresponden como “equivalente general” de nuestra economía nacional. Lo anunciado hasta el momento respecto a la inversión extranjera en el comercio mayorista y minorista cubano no considera el horizonte descrito por el Viceprimer Ministro y Ministro del MEP, junto a la Ministra Presidenta del BCC en la Mesa Redonda hace algunas semanas atrás, que apuntaban a transitar desde un punto A hasta un deseado punto B en que habría convertibilidad interna plena del peso cubano y todos los actores económicos se regirían por una tasa de cambio de equilibrio. Tal y como se señaló en dicha Mesa Redonda, el primer paso inicial de tal proceso sería el inicio – en muy breve plazo – de las operaciones de ventas de divisas a los diversos actores económicos no estatales y a la población cubana, para que realmente estuviera en funcionamiento el necesario “mercado cambiario”. Insistir en la profundización de la “fragmentación” y “segmentación” del mercado interno cubano, y por ende, en la continuidad y profundización de la dolarización de nuestra economía, conspira contra las requeridas condiciones mínimas para que los “fundamentos económicos” de nuestro país, garanticen el surgimiento y consolidación de un mercado cambiario estable y que genere confianza en nuestra economía y en su política económica. Por otra parte, resulta imprescindible revisar la reiteración del presupuesto de que las ventas en MLC – a partir del mecanismo centralizado existente de distribución de divisas - tendrían en el corto-mediano plazo como efecto positivo un incremento de las ofertas en CUP y, con ello, se contrarrestaría el aumento desmedido de los precios y la estabilización de la oferta. No hay evidencia empírica en nuestro caso de que sea viable este supuesto, teniendo en cuenta la experiencia de ya casi 4 años de iniciadas las ventas en MLC.
  2. b) De igual forma, resulta necesario abordar las incongruencias entre un enfoque que excluye al sector privado cubano de pequeñas y medianas empresas, de actuar en igualdad de condiciones que las ahora garantizadas al capital extranjero, en el comercio mayorista y minorista cubano. Esto resulta contradictorio pues en la más reciente sesión de la ANPP se reconocía por nuestro gobierno que se aprobaría la participación de las MiPYMES privadas en negocios mixtos con entidades estatales y con inversión extranjera.
  3. c) Al mismo tiempo, resulta recomendable volver a la discusión no consensuada, respecto al monopolio estatal del comercio exterior. Prácticamente nadie discute que en las condiciones de una economía como la cubana, las actividades de comercio exterior deben estar reguladas centralmente, por el órgano competente, en nuestro caso el MINCEX, como ocurre en la mayoría de los países en desarrollo del mundo. Eso no implica que haya “monopolio estatal de la actividad del comercio exterior”. Es más, debe recordarse que Fidel explicó en detalles la necesidad de la reforma constitucional aprobada en el año 1992 – justo en medio de la desaparición del sistema socialista de economía mundial – entre otros elementos, por la necesidad de eliminar el precepto constitucional que establecía el monopolio estatal del comercio exterior en Cuba.

Como él explicaba, si necesitábamos atraer flujos de inversión extranjera, teníamos necesariamente que garantizar a dichos agentes externos la realización de actividades de exportación e importación. De hecho, desde entonces en Cuba realizan actividades de comercio exterior no sólo las empresas estatales cubanas autorizadas, sino todas las “empresas mixtas” con capital extranjero, incluyendo las de capital 100 % extranjero. Pero más allá de esta discusión, parece muy positiva – aunque todavía limitada – la medida anunciada de permitir sobre la valoración “caso a caso” – que introduce unos niveles de discrecionalidad en la toma de decisiones que conspira contra la transparencia y certidumbre jurídica que evalúan con mucha atención los inversionistas extranjeros antes de tomar sus decisiones de inversión – que entidades del sector no estatal pudieran realizar directamente operaciones de comercio exterior.

La pequeña empresa Dofleini Software, publicado por Cubadebate, ha tenido que conveniar con Desoft, la realización de sus actividades de comercio exterior. Como explicaba su Director General “Desoft no pone el mercado. Nosotros gestionamos el 100% de nuestros clientes, sabemos quiénes son y lo que quieren.

Una vez que está todo bien maduro, se lo presentamos a Desoft”, y comentaba que en ese proceso de formalidades para poder exportar han perdido potenciales clientes.

El papeleo “a veces demora entre dos y tres meses”. En esa alianza obligatoria hasta ahora, Dofleini ve otras desventajas. “Desoft es una empresa desarrolladora de software, no se dedica exclusivamente a la actividad de comercio exterior. Su objeto social no es hacer más fácil nuestro camino hacia el comercio exterior.

Ellos tienen que hacer software para Cuba y exportar sus propios productos y servicios, y lidiar además con todos sus contratos. El hecho de que tengan que asumir un pedazo del trabajo de alguien, lo veo mal en varias direcciones. La primera, son competidores nuestros; la segunda, estamos poniendo en riesgo a la empresa estatal socialista, que está dando su cara ante el mundo para representar una forma de gestión que podría ni conocer; y la tercera es que está haciendo papel de juez y parte, tomando decisiones a partir de sus propios intereses, y no sobre la base de los intereses del que exporta”.

Si se eliminara esa mediación estatal, dicen en Dofleini que pudieran realizar la exportación de sus productos y servicios mediante plataformas digitales. Un servicio completamente en línea, lo más ágil posible, a la altura del primer mundo. De hecho, esta plataforma ya está preparada. Y “lo haríamos con total transparencia, en cuanto a impuestos, ingresos y cantidad de clientes, y siempre de conformidad con lo establecido en el país”[6].

5.- Por último, varias de las medidas – necesarias – que se han anunciado en las últimas semanas, incluyendo la relativa a la flexibilización de las compras externas por las personas naturales y jurídicas cubanas y el previsible desarrollo de negocios de altos montos con capital extranjero para satisfacer la demanda del comercio mayorista y minorista cubano, pudiera generar a corto plazo un incremento perceptible de importaciones en el país, en ausencia de un  conjunto integrado de medidas e instrumentos de política para el fomento de la producción nacional (dentro de las cuales destacaría la revisión de la estrategia y política de inversión estatal, y la reforma postergada en el sistema de gestión y mecanismo económico del sector agropecuario cubano). Ese incremento de las importaciones – en ausencia de crecientes ingresos en divisas – genera no sólo una transferencia hacia el exterior del excedente generado internamente, si no la prolongación del insostenible estado de déficit externo crónico que ha exhibido nuestra economía desde hace ya mucho tiempo.

Las anteriores observaciones, tienen sólo como propósito, ampliar el debate necesario para seguir destrabando e impulsando resortes – que como señaló el Presidente Díaz-Canel, “…. movilicen, hasta donde nos sea posible, las fuerzas productivas”.

Notas

[1] Noveno Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional  del Poder Popular, en su IX Legislatura, 20 -22 de julio/2022.

[2] Discurso pronunciado por Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en la clausura del Noveno período Ordinario de Sesiones de la ANPP en su IX Legislatura, La Habana, 22 de julio/2022. Granma, sábado 23 de julio/2022, pp. 3 – 6.

[3] Ibidem, p. 5.

[4] Este constituye el primer reconocimiento de que el tipo de cambio oficial vigente en el país, resultado del proceso de ordenamiento monetario y financiero, no es un tipo de cambio “económicamente fundamentado”.

[5] Mesa Redonda, lunes 15 de agosto/2022.

[6] Tomado de: Exportar ¿lo más ágil posible?: La experiencia de Dofleini Software, la primera mipyme oficial cubana. Por: Lissett Izquierdo Ferrer, Abel Padrón Padilla, Ana Álvarez Guerrero. CUBADEBATE, 15 agosto 2022)