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domingo, 17 de mayo de 2026

Las 2.16 hectáreas que desafían la productividad. Comentario HHC

 A pocas horas de celebrar el Día del Campesino cubano, el miembro del Buró Político y primer ministro, Manuel Marrero Cruz, compartió con productores destacados de La Habana. A los hombres y mujeres que labran la tierra, aun en medio de las limitaciones impuestas por el recrudecido bloqueo y el cerco energético, reconoció por su labor, esfuerzo y constancia

Foto: Estudios Revolución

Martha González y su esposo Héctor Infante demuestran que el tamaño no define la productividad. En su finca D´M@rySeT, sobre un terreno rocoso de apenas 2.16 hectáreas, transformaron la adversidad en «abundancia». En ese entorno, perteneciente a la cooperativa de créditos y servicios Arides Estévez del capitalino municipio de Playa, ellos abrazan principalmente cultivos y hortalizas, aun en condiciones muy difíciles.

Se trata de una finca familiar de tres generaciones donde sus dueños convirtieron un terreno rocoso en área cultivable aplicando medidas de conservación de suelo a partir de la materia orgánica que ellos producen y, además, diseñaron un sistema de terrazas con muros de contención hechos con piedras locales, evitando la erosión y el arrastre de tierra hacia el río.

Como explicó Martha, en estas terrazas «tenemos diez cultivos permanentes y 15 en campaña, ahí mismo producimos nuestras propias semillas, por tanto, nuestras producciones se dan de una manera mucho más favorable, porque las semillas son autóctonas» y su enfoque es «compartir y contribuir al bienestar colectivo».

Precisamente de esta experiencia en tiempos de convertir las excepciones en regla, conoció el miembro del Buró Político y primer ministro, Manuel Marrero Cruz, quien, a pocas horas de celebrar el Día del Campesino cubano, llegó hasta este sitio acompañado por el titular de la Agricultura, Ydael Pérez Brito, y las máximas autoridades políticas y gubernamentales de La Habana.

«Heredé esta finca cuando tenía 46 años, con muchos problemas que los convertí en grandes desafíos. Tuve que estudiar, superarme, luchar, trabajar. En mi finca no se echan productos químicos, todo es biológico. El objetivo principal es producir alimentos sanos para el autoconsumo y la comunidad. Sin acompañamiento es imposible lograr resultados, por suerte yo he tenido mucho apoyo.

«Estoy segura que se puede cultivar cualquier pedacito de tierra y que la única luz que yo encontré y la única solución para hacerlo se llama agroecología, que es una práctica ancestral», dijo con orgullo Martha y habló, también, de cómo han mejorado sus cosechas, las cuales se destinan al consumo social, el autoconsumo familiar y la atención a personas en situación de vulnerabilidad.

Mucho ha alcanzado ya esta familia en su pedacito, pero Martha no se conforma y sueña con desarrollar la acuicultura y el cultivo vertical. «Sueño infinitamente, también, con cultivar fruta bomba y fresas, porque hacemos asociación de cultivos para aprovechar en un mismo espacio varias siembras. Cuando los espacios son pequeños, las transformaciones tienen que ser grandes».

¿La clave para lograr materializar un sueño como este?, preguntamos a esta mujer incansable y sin titubear responde: «Visualizarlo primero, esforzarse después. Tener mucha, mucha voluntad. Si tenemos voluntad, vencemos enfermedades, problemas, situaciones. Hay que trabajar mucho, trabajar sin cansancio, no pensar en que no vamos a tener, sí vamos a tener. Si nos lo proponemos, lograremos nuestros propósitos».

Y a su «esfuerzo y constancia» como vías para seguir creciendo correspondió el Primer Ministro al enviar un mensaje de felicitación a los campesinos en su día. «En esta batalla que estamos librando hoy, en este intento de asfixia de los enemigos de la Revolución, estamos preparándonos para la defensa y prepararse significa producir alimentos. Este es un buen ejemplo, en la propia Habana, en un terreno con complejidades; sin embargo, se pueden hacer muchas cosas».

Foto: Estudios Revolución

Poco después, el Jefe de Gobierno llegó hasta la finca de Yurisán Márquez Téllez, también perteneciente a la CCS Arides Estévez, quien logra mensualmente 1.5 toneladas de carne de cerdo, destinadas al consumo social y la venta a determinados organismos. Según explicó el destacado productor, con dos años y medio de trabajo, cuentan con 361 animales, de ellos cien reproductoras.

«Estamos en la cría intensiva de cerdos, sembramos cultivos como maíz y yuca como alimento animal. Además, hacemos escalonamiento de cultivos y así hemos logrado mantener esta cantidad de animales», detalló Márquez Téllez al Primer Ministro, quien hacia el final del intercambio reiteró que los alimentos más seguros que tendremos son los que seamos capaces de producir y que en tiempos de bloqueo, estos productores son una lección de soberanía alimentaria.

Foto: Estudios Revolución

Comentario HHC: La vida tiene a veces correspondencias, lo mismo que dice el Presidente Diaz Canel de las experiencias en algunos lugares exitosas, y en otros no, pasa ahora con el Primer Ministro.

Para coincidencias de nombres , tenemos la experiencia de la FINCA Martha, que tiene igual o mas exito, y desde hace mas de una decenas de años. Reitero fue a lo que Fidel le dedicó tiempo en los ultimos meses de su vida. De esta experiencia hay hasta un libro  que el link lo he publicado al menos dos veces en este sitio, que me recuerde.

Parece que hay que ir mas allá, conocer cómo o lograr la motivación  masivamente, hay ejemplos aislados que sirven de referencia, pero no resuelven los problemas del país. 

Lo común es diseñar sistemas  de estimulos para que se alcancen los mayores ingresos en dinero, y eso da resultados, pero no en todas partes y no en todos los seres humanos. Esto lo he podido constatar en Cuba y en México con los sistemas de estimulos salariales que se diseñan para obtener mejores resultados para la entidad y el trabajador. Hay mucho mas, y me temo que la mayor reserva tiene que ver incluso con la psicología,  que es la ciencia que estudia el comportamiento humano y los procesos mentales.

¿ Cómo obtener, masificar, resultados individuales que parecen excepcionales, incluso en condiciones dificiles? , es la respuesta que hay que buscar siempre, para que sea cotidiana.  

Copio un ejemplo que lei, que no es la solución,  es una manera, un método, no el único claro está.

Decálogo Agrícola: Replicando el Éxito en Terreno Difícil

1. Extrae el principio agronómico, no la receta exacta
Ejemplo: Si un productor triplicó su maíz usando "cosecha de agua de lluvia en surcos", el principio es maximizar la captación de agua in situ. En otro lugar, eso puede lograrse con hoyos, barreras vivas o terrazas, no copiando los mismos surcos.

2. Traduce el éxito al lenguaje del nuevo suelo y clima
No digas "vamos a hacer lo del señor Juan". Di: "En tierra similar a la tuya, se logró doblar la producción usando abono verde. ¿Qué materia orgánica tienes disponible aquí? ¿Gallinaza? ¿Restos de cosecha? Empecemos con eso."

3. El objetivo motivador debe ser tangible, cercano y urgente
No un "aumentar rendimiento". Sino: "Que tus hijos no pasen hambre en los próximos tres meses" o "Tener suficiente maíz para vender y pagar lo que necesitas sin endeudarte". Ese objetivo se escribe y se pone visible (en una bolsa, una tabla, la pared del galpón).

4. Autonomía adaptativa: el agricultor decide el "cómo" local
El técnico dice el qué (ej: reducir erosión). El agricultor elige el cómo según sus herramientas: ¿barreras de piedra? ¿franjas de pasto? ¿curvas a nivel? La motivación crece cuando él es dueño del método.

5. Crea "parcelas espejo" en lugar de exigir cambio total
No pedir que replique todo su lote. Que destine solo un surco o una cama pequeña para probar la práctica adaptada. El objetivo ahí es: "Que esa parcela piloto le gane a tu método tradicional por al menos 20%". El éxito pequeño motiva más que la teoría grande.

6. Retroalimentación semanal con dos preguntas clave
Cada 7 días frente al cultivo:

  • "¿Qué hicimos esta semana que nos acercó al objetivo de cosecha?"

  • "¿Qué condición diferente de este lugar (plaga, piedra, falta de riego) nos pide ajustar el método original?"
    No hay fracaso, solo aprendizajes para reajustar.

7. Convierte las limitaciones en reglas de decisión positivas
En lugar de "no tenemos fertilizante", la regla es: "Antes de comprar insumo externo, usamos al menos dos recursos locales (estiércol, ceniza, compost, mulch, biofertilizante casero)". Eso mantiene el objetivo (nutrir el suelo) y la motivación (creatividad autosuficiente).

8. Celebra el "progreso en condiciones duras", no solo el rendimiento final
Si hubo sequía pero el cultivo aguantó 10 días más que el vecino, eso se celebra. El objetivo no es solo cosechar, sino construir resiliencia. Un calendario visual con logros semanales (primer aporque, primer riego con agua recuperada, etc.) alimenta la motivación.

9. Rota el rol de "líder de la réplica" entre productores
Cada ciclo, un agricultor diferente es quien enseña a los demás su adaptación local del método original. Eso genera orgullo, compromiso y valida que cualquiera puede ser fuente de éxito. El objetivo pasa a ser colectivo: "que todo el grupo supere las próximas heladas".

10. Cierra con una pregunta que proyecta el propósito
Después de cada cosecha o ciclo de réplica, reunión de 15 minutos:
"Si logramos esto con tan pocos recursos, ¿qué otro objetivo importante para nuestra comunidad podríamos atacar con la misma actitud?"


domingo, 24 de diciembre de 2023

Finca La Salina: resiliente, agroecológica y de economía circular

 Por Román Romero López (ACN) ECONOMÍA 24 Diciembre 2023



Fotos: Román

Jorge Ariel Ferrer Buchillón vive orgulloso de sus raíces, sobre todo de que su segundo apellido sea originario de Punta Alegre, donde nació, creció y apuesta por desarrollarse de manera sostenible, para beneficio de su familia y la comunidad.

En su avileña Finca La Salina, próxima a la zona costera y buena parte cubierta por un espeso bosque de mangle prieto, yana y patabán, produce cultivos varios para el autoabastecimiento familiar y realizar ventas a la comunidad, además de mantener 35 cabezas de ganado para la obtención de leche y carne.

Del cuidado de esos animales depende la entrega anual de 15 mil litros de leche y cantidades suficientes para llevar adelante un proyecto de desarrollo local (minindustria productora de crema untable, yogur, queso y otros derivados). Ello representa un gran desafío, debido a las intensas y prolongadas sequías que afectan la localidad.


Es indispensable el cultivo de alimentos para suplir la escasez de pastos y crear reservas de agua, estas últimas logradas a partir de la construcción de una micropresa, que también garantiza el riego de las plantaciones.

A esto se añade un problema no menos complejo: altos niveles de salinidad que disminuyen la productividad del terreno.

Son dificultades con tendencia a la complejidad, que han exigido de autopreparación para afrontarlas y, al incorporarse a Resiliencia Costera, surgieron nuevas oportunidades de instruirse para mitigar o adaptarse a esas situaciones derivadas del cambio climático.

Cuando fue seleccionado como beneficiario ya aplicaba algunas técnicas agroecológicas, luego, los vínculos con productores de zonas montañosas contempladas en el proyecto internacional Conectando Paisajes y el Centro Universitario Municipal (CUM), de Chambas, le posibilitaron adquirir nuevos conocimientos para perfeccionar el manejo de los suelos.

José Ariel se apropió de saberes relacionados con los microorganismos eficientes, la lombricultura, utilización del estiércol del ganado, la rotación y la intercalación de cultivos; así como el manejo de especies de plantas resistentes a altas temperaturas y condiciones de secano.

Mientras, en el Centro Comunitario de Gestión de Conocimientos y capacitaciones organizadas por Resiliencia Costera conoció sobre la importancia y el manejo de los bosques de manglares, además de desarrollar una visión integrada de la Adaptación al Cambio Climático (ACC) y Reducción de Riesgos de Desastres (RRD) para considerarla en sus planes de progreso agropecuario.

Actualmente identifica las plantas que intervienen en el control de la salinidad de los suelos, antes confundidas con invasoras y eliminadas de los potreros por desconocer su utilidad.

Finca La Salina constituye, además, ejemplo de la implementación de principios de la economía circular, debido a los encadenamientos de actividades que posibilitan aprovechar al máximo todos los recursos naturales para generar bienes y servicios.


Durante las limpiezas y mantenimientos en manglares obtienen ramas secas que utilizan para confeccionar los postes de las cercas de los potreros y fabricar carbón vegetal que emplean como fuente de energía en la minindustria, donde elaboran alimentos destinados al autoabastecimiento familiar y consumo social.

Las cenizas de los hornos, situados dentro de la propia vegetación del litoral, son incorporadas al suelo como fertilizante orgánico y favorece la regeneración de especies como la yana y el patabán.

Asimismo, aprovechan el estiércol del ganado como fertilizante para las áreas de cultivos, destinados a cubrir demandas del hogar, la comunidad y los animales que sustentan las producciones de leche y sus derivados.

En el futuro prevén emplear los excrementos de las reses para fabricar biogás, de manera que esa energía renovable reducirá el consumo de electricidad; como resultado los mostos derivados del proceso serán esparcidos en el terreno como fertilizantes orgánicos.

El cambio de la matriz energética también se materializa con la adquisición de sistemas fotovoltaicos a través de Resiliencia Costera, proyecto que facilitó otros recursos para impulsar y humanizar las labores agropecuarias.

A la par del progreso surgen nuevas oportunidades de empleo, con prioridades de acceso para jóvenes, mujeres y discapacitados, en correspondencia con los principios de igualdad y equidad social.

Jorge Ariel pone todo su empeño en la progresiva restauración del manglar, consciente de que ofrece múltiples garantías, como la disminución de la salinidad en los suelos, lo que facilita el desarrollo de cultivos varios y el crecimiento de los pastos.


Los bosques del litoral evitan los escurrimientos excesivos de agua dulce hacia el mar, en tanto, permiten que este recurso natural filtre hasta el manto freático.

Ferrer Buchillón tampoco olvida la efectividad de esa barrera natural contra desastres naturales. Sin ella los efectos del Huracán Irma pudieron ser peores, además de constituir una alternativa eficaz para reducir la erosión costera y las consecuencias del ascenso del nivel del mar.

sábado, 6 de mayo de 2023

Fincas agroecológicas para mejor uso de recursos en Cienfuegos (+Fotos y Video)

 

 

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Cienfuegos, 6 may (ACN) Más de 10 mil 900 fincas en la provincia de Cienfuegos están insertas en el movimiento agroecológico, auspiciado por la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), donde se postula el uso sostenible de los recursos naturales.

Rolando Regojo Lemus, especialista en agroecología en la ANAP en este territorio, declaró a la Agencia Cubana de Noticias que ese proyecto está dividido en tres fases: las de reciente inicio, las que ya se encuentran en transformación y las insertas a plenitud.

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Dijo que en saludo al 17 de mayo, Día del Campesinado Cubano, deben completar más de un centenar de granjas consolidadas en el uso de esas técnicas de producción, las cuales van desde el empleo de materias orgánicas como abono, la utilización de barreras vivas, de yuntas de bueyes para roturar la tierra y evitar la compactación del suelo bajo el efecto de las gomas de equipos mecanizados.

Además los campesinos aplican conocimientos antiquísimos transmitidos de una generación a otra, como la siembra acorde con las épocas del año, la intercalación de los cultivos, el desarrollo de la lombricultura.

Regojo Lemus afirmó que entre los municipios de avanzada en el movimiento se incluye a Cruces, Cumanayagua y Aguada de Pasajeros, con la mayor cantidad de fincas incorporadas en el programa.

Frank Becerra es ejemplo entre los campesinos sureños en el uso de la agroecología para la producción de semilla de arroz, con la aplicación de productos biológicos como el Azofert en la finca La Perseverante, con mejoras productivas en las 10 hectáreas destinadas a ese renglón.

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Por otra parte la finca San Juan, del municipio de Cumanayagua, es un verdadero núcleo de tradiciones agroecológicas, sostenidas por más de tres décadas en una familia que nació pegada al surco.

Perteneciente a la cooperativa de créditos y servicios Honorio Navarro, ese predio constituye ejemplo para el territorio cienfueguero y para el resto del país porque hasta allí han ido -a ganar en experiencia en el buen manejo de la tierra y los cultivos-, cientos de productores cubanos.

Ricardo Cañizares García, propietario de esa granja, aplica varias técnicas aprendidas dentro del Movimiento Agroecológico Campesino a Campesino, nacido en 1997 en Cuba.

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Entre estas prácticas resaltan la siembra intercalada de cultivos, para mayor aprovechamiento de la tierra, al obtener en la propia área cosecha de renglones de ciclos cortos como boniato, calabaza y maíz, y luego de recogido el fruto de esas siembras, continúan su crecimiento sin afectación alguna los otros sembrados con ciclos más largos como la yuca, malanga y plátano.

En el territorio cienfueguero existen más de 12 mil fincas, de las cuales poco más de mil no se han sumado a este programa de grandes beneficios, pues los productos obtenidos son más saludables y su producción no depende de recursos importados.

Luego de que surgiera en la central provincia de Villa Clara la metodología Campesino a Campesino de la ANAP, la propuesta se extendió a otros territorios como Santi Spíritus y Cienfuegos.

Fue en diciembre de 2004, en el Primer Encuentro Nacional Agroecológico Campesino a Campesino, cuando el entonces presidente de la ANAP Orlando Lugo Fonte lo declaró como un movimiento estratégico.

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jueves, 22 de septiembre de 2022

La Siguaraya, buen ejemplo de agroecología y trabajo en equipo (+Fotos)


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Las Tunas, 21 sep (ACN) En implementar técnicas agroecológicas que permitan desarrollar semillas nacionales para sustituir importaciones está el reto cotidiano del módulo de casas de cultivos de La Siguaraya, en Las Tunas, un programa que ahora apuesta por insertarse en el comercio exterior.

En exclusiva a la Agencia Cubana de Noticias el ingeniero Osmar Garcés Rojas, quien afirmó que dicho proyecto se inició bajo la supervisión del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, con el apelativo de “las 40 hectáreas del Comandante”.

En tal sentido, en el poblado de Vázquez, ubicado en el norteño municipio de Puerto Padre, tuvimos la responsabilidad y dicha de construir 38 casas de cultivo para el fomento de todo tipo de hortalizas, en especial el tomate, pimiento, pepino, lechuga, zanahoria y remolacha, puntualizó el especialista en Agrotecnia.

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Destinado el 70 por ciento al turismo y el resto al consumo de la población, las producciones de La Siguaraya alcanzan una calidad superior, gracias a un grupo de expertos que se dedican allí a estudiar cómo suplantar los recursos químicos por los biológicos y en esa línea de trabajo educar a los productores locales.

Garcés Rojas explicó que las técnicas agroecológicas que aplican para la selección y desarrollo de las semillas exhibe hasta hoy buenos resultados sobre todo en cultivos como el tomate, pepino y pimiento, lo que ha permitido una importante sustitución de importaciones.

Con el proyecto del pepino, especificó, tomamos una variedad original y le sembramos una de origen nacional, así empezamos a intercalar entre las casas de cultivo y por canteros, bajamos las mallas, empezamos la selección y tras la polinización de las abejas, se marcan los canteros que tengan las mejores plantas con el ciento por ciento de población.

Explicó la alquimia del campo de una forma sencilla y que enamora; así contó cómo casi todo el colectivo de La Siguaraya, integrado por casi 50 personas entre jóvenes, mujeres y hombres, esperan que el fruto tenga de un 90 a 95 por ciento de madurez, para entonces comenzar la selección de la semilla, extraerla, secarla y hacerle prueba de germinación.

Con la semilla de importación llegamos a obtener hasta ocho toneladas, pero con la nuestra ya estamos alcanzando de cinco a seis por casa de cultivo en un periodo de tiempo de 90 a 120 días, y justamente en este mes comienza la campaña de siembra del pepino y el tomate, subrayó.

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Además de consolidarse en el uso de técnicas agroecológicas, La Siguaraya, perteneciente a la Empresa de Cultivos Varios de Puerto Padre, tiene ahora la responsabilidad de insertarse dentro de los proyectos de exportación de la Empresa Integral Agropecuaria de Las Tunas con un producto como el ají picante, planta que ya se encuentra en etapa de floración.

Odelta Ávila González, campesina fundadora de este módulo de casas de cultivo, quien mañana cumplirá 58 años, confesó a la ACN que si bien el trabajo del campo es duro, se siente feliz de saber que gran parte de los resultados positivos que se obtienen responden al grupo de mujeres que allí trabajan.

Lea más: 

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Estoy aquí hace más de 12 años, vi cuando se empezaron a hacer los primeros orificios para construir las casas y poco a poco fuimos aprendiendo sobre el desarrollo de los cultivos tapados, por eso ahora me satisface saber que nos adentramos en nuevos y esperanzadores proyectos con vistas al comercio con otros países, dijo la labriega.

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jueves, 16 de junio de 2022

Ejecutarán proyecto de modelos agroecológicos en ocho municipios de Cuba

 La iniciativa busca fortalecer y sistematizar innovaciones para incrementar la producción resiliente de alimentos


MAS es una iniciativa con asistencia técnica de la FAO y financiada por la Unión Europea, la cual tiene como ejes transversales el enfoque de género y generacional, la adaptación al cambio climático y el trabajo con juventudes. Foto: Ismael Batista Ramírez

El proyecto Más Modelos Agroecológicos Sostenibles (MAS), presentado por Cuba este miércoles, será ejecutado de forma piloto en ocho municipios de la Isla, con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), según reportó Prensa Latina.

La iniciativa-resaltó PL- busca fortalecer y sistematizar innovaciones para incrementar la producción resiliente de alimentos con alcance local en Güira de Melena (Artemisa), San Antonio del Sur (Guantánamo), Güines (Mayabeque), Martí (Matanzas), Abreu (Cienfuegos), Venezuela (Ciego de Ávila), el municipio cabecera Santiago de Cuba, y el especial Isla de la Juventud.

MAS es una iniciativa con asistencia técnica de la FAO y financiada por la Unión Europea, la cual tiene como ejes transversales el enfoque de género y generacional, la adaptación al cambio climático y el trabajo con juventudes.

La coordinadora nacional de MAS y especialista del Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical Alejandro de Humboldt (INIFAT), Niurka Puig precisó que el objetivo es respaldar el escalamiento y la divulgación de iniciativas agroecológicas innovadoras existentes en esos territorios, primero, y luego en el resto del país.

Por su parte, el representante de la FAO en Cuba, Marcelo Resende, destacó que la isla ejecuta una profunda transformación de su sistema alimentario, por lo que resulta necesario fomentar sistemas locales horizontales que brinden mayor autonomía a los productores.

La especialista de la dirección de asuntos internacionales del Ministerio de Agricultura Nadia Blanco resaltó que MAS es una iniciativa para apoyar la autosuficiencia local, sustituir importaciones y potenciar la educación nutricional desde un enfoque de economía circular.

lunes, 23 de mayo de 2022

Agricultores cubanos neutralizan degradación de tierras con manejos sostenibles




El productor José Antonio Sosa, conocido como Ché, subraya la importancia de tener en cuenta la dirección del terreno para sembrar, y el uso de barreras vivas o muertas para evitar que las lluvias arrastren la capa vegetal hacia las zonas bajas, y así combatir la degradación de los suelos en Cuba. Foto: Jorge Luis Baños /IPS


LA HABANA – La infección de arbustos espinosos y un suelo estéril desaconsejaban apostar por el terreno, pero el agricultor cubano José Antonio Sosa desoyó reparos y dio vida a la próspera finca La Villa, en la periferia de La Habana.

“Era un terreno con muy malas condiciones, cubierto de aroma (Vachellia farnesiana), y marabú (Dichrostachys cinérea), con poca capa vegetal y muchas piedras. La gente me preguntaba cómo le iba a “entrar” a esto. Con hacha y machete fui desbrozando la maleza, limpiando por cuartones”, contó Sosa a IPS.

Ahora alternan parcelas de distintas variedades de frutales, hortalizas y tubérculos en unas 14 hectáreas que este campesino recibió del Estado en usufructo en 2010, como parte de una política gubernamental para disminuir las tierras improductivas e incentivar la producción de alimentos.

Esos cultivos garantizan el autoconsumo familiar, además de contribuir con programas sociales y ventas a la comunidad, tras la entrega de parte de lo producido a la Cooperativa de Créditos y Servicios Juan Oramas, a la cual pertenece la finca ubicada en el municipio de Guanabacoa, uno de los 15 por los que se disemina la capital cubana.

Respaldado por un ayudante y la familia, Sosa aporta leche de vaca y cabra, cría cerdos criollos y aves de corral, y ya sueña con que en un futuro no lejano pueda cultivar peces de agua dulce en una pequeña laguna.

La Villa se encuentra en proceso de recibir la certificación de “finca manejada en forma sostenible”. Tanto la finca como Sosa representan uno de los ejemplos de un creciente esfuerzo de pequeños agricultores cubanos para rescatar tierras degradadas e incorporar un manejo amigable para suelos y cultivos.

El rescate de tierras improductivas y/o degradadas conecta también con la necesidad de incrementar la seguridad alimentaria interna, en un país muy dependiente de las importaciones de alimentos cuyos crecientes precios mantienen un mercado interno con necesidades insatisfechas y ciclos de desabastecimiento como el actual.

“La pauta prevé para 2030 implementar nuevos instrumentos económicos financieros o perfeccionamiento de los existentes, a fin de alcanzar la neutralidad en la degradación de las tierras”: Jessica Fernández.

Al cierre de 2021, Cuba contabilizaba 226 597 fincas en su territorio, 1202 de ellas con la condición de agroecológicas y 64 % del total –unas 146 000-, incorporadas al movimiento agroecológico en las categorías de inicio o en transformación, según estadísticas oficiales.

Para Sosa, a quien todos conocen desde pequeño como “Che”, el uso de abonos naturales y excretas de los animales marcó una diferencia en la recuperación y transformación de los suelos.

“También es importante atender la forma de cultivar o recoger las cosechas, para evitar la compactación”, apuntó el agricultor.

Estudios reconocen que los cambios de uso de la tierra, las prácticas agrícolas inadecuadas (que incluye el uso intensivo de maquinaria agrícola y del riego), el incremento de asentamientos humanos e infraestructuras y los efectos del cambio climático, son factores aceleradores de la desertificación y la degradación de suelos en este país insular caribeño de 11,2 millones de habitantes.

Sosa enfatizó en la importancia de atender la dirección del terreno para sembrar, y el uso de barreras vivas o muertas “para cuando llueve, evitar que el agua arrastre la capa vegetal hacia zonas bajas”.


Pepinos cultivados de forma agroecológica en la finca La Villa, ubicada en el municipio de Guanabacoa, uno de los 15 que conforman La Habana, en Cuba. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

Sequía y cambio climático

Con una superficie de 109 884 kilómetros cuadrados, 77 % de los suelos de este archipiélago clasifican de poco productivos.

En ellos influyen uno o más factores adversos como la erosión, salinidad, acidez, mal drenaje, baja fertilidad y contenido de materia orgánica, o escasa retención de humedad.

Las estadísticas más recientes revelan que 35 % de la superficie nacional presenta algún grado de degradación.

Pero a sus 71 años, Sosa, quien toda su vida ha trabajado en el campo, da fe de que el cambio climático es un factor inclemente con los suelos.

“Los ciclos de lluvia han cambiado. Cuando yo era muchacho, a inicios de los años 60, mi papá sembraba malanga (Colocasia esculenta, un tubérculo muy consumido localmente) en marzo, sobre el día 10 más o menos, y ya el día 15 estaba lloviendo en abundancia. Ya no es así. Este abril fue muy seco, sobre todo a finales de mes y principios de mayo”, recordó.

Se refirió asimismo a la disminución de los rendimientos y calidad de los cultivos, “pues los suelos se vuelven más calientes y escasea el agua”.

Diversas investigaciones sobre el tema corroboran cambios importantes en el clima de Cuba en los últimos años, relacionados con el incremento de la temperatura media anual, la disminución de la nubosidad y sequías más fuertes, entre otros fenómenos.

Según los pronósticos, el clima del país tenderá a menos precipitaciones y más dilatados períodos sin lluvias, y para 2100 la disponibilidad del potencial de agua podría reducirse en más de 35 %.

Pero también se prevén huracanes más intensos, los fenómenos atmosféricos que pueden descargar en 48 horas la mitad de la precipitación media anual, con un consiguiente estrés y fuerte erosión de los suelos.

Aunque los terrenos menos productivos se localizan en el este, y el llamado semidesierto cubano se circunscribe a partes de la costa sur de Guantánamo, la más al este de las 15 provincias, vaticinios apuntan a que las zonas semiáridas pudieran incrementarse y trasladarse hacia el oeste de la isla.


Gloria Gómez (D), directora de Recursos naturales, ecosistemas priorizados y cambio climático, y Jessica Fernández, jefa del Departamento de cambio climático de la Dirección General de Medio Ambiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba, confirman la intención gubernamental de potenciar el uso de créditos, seguros e impuestos como incentivos para el mejoramiento de los suelos por los agricultores. Foto: Luis Brizuela / IPS

Metas

Además de Estado parte de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, Cuba impulsa desde 2008 el Programa de Asociación de País también conocido como Programa de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Manejo sostenible de tierras (CPP OP-15).

Asimismo, el gobierno cubano se ha comprometido con la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), acordados dentro de las Naciones Unidas en 2015.

En el ODS 15, el referido a la Vida de los Ecosistemas Terrestres, en su meta 15.3 se insta a “luchar contra la desertificación, rehabilitar las tierras y los suelos degradados, incluidas las tierras afectadas por la desertificación, la sequía y las inundaciones y procurar lograr un mundo con una degradación neutra de la tierra”.

Según Sosa, el aumento de factores degradantes de los suelos exige más esfuerzos para reestructurar sus características físicas y químicas.

Además, opinó, se deben buscar mecanismos para priorizar el riego teniendo en cuenta que muchas fuentes se secan o disminuyen el surtido debido a la variabilidad climática.

“En mi caso, riego en la parte baja con un pequeño sistema conectado a la laguna. Pero en las zonas más altas de la finca dependo de las lluvias”, indicó.

La construcción de depósitos o aljibes para el acopio de agua de lluvia, más allá de los tradicionales embalses, suponen alternativas idóneas para este país caribeño, con ríos cortos y de escaso caudal, y altamente dependiente de las precipitaciones, más abundantes en el denominado periodo lluvioso que transcurre de mayo a octubre.


Pero las experiencias de campesinos como Sosa requieren mayores incentivos; falta más capacitación sobre la importancia de las técnicas de manejo sostenible, y que su generalización encuentre réditos económicos, además de respaldos financieros y tributarios. El uso de abonos naturales y excrementos de los animales es una de las claves de la recuperación y transformación de los suelos otrora degradados y cubiertos de arbustos espinosos de la hoy finca La Villa, en el municipio de Guanabacoa, La Habana, Cuba. 17 de mayo de 2022.Foto: Jorge Luis Baños/IPS

En 2019, Cuba aprobó el Programa Nacional de Establecimiento de Metas para la Neutralidad en la Degradación de las Tierras.

“La pauta prevé para 2030 implementar nuevos instrumentos económicos financieros o perfeccionamiento de los existentes, a fin de alcanzar la neutralidad en la degradación de las tierras”, manifestó, en diálogo con IPS, Jessica Fernández, jefa del departamento de Cambio Climático del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

En este sentido, se prevé potenciar el uso de los créditos, seguros e impuestos como incentivos económicos a los productores, basado en el mejoramiento y conservación de suelos y contabilizar los gastos corrientes destinados a las soluciones ambientales para determinar el gasto total para la conservación de los suelos, amplió la funcionaria.

“Estamos en conciliaciones y estudios con el Banco Central de Cuba para introducir paulatinamente la banca verde”, explicó por su parte a IPS Gloria Gómez, directora de Recursos naturales, ecosistemas priorizados y cambio climático de ese Ministerio.

“Dicho servicio buscará potenciar y financiar proyectos que dan solución a problemáticas ambientales mediante créditos con tasas de interés más bajas, periodos de amortización más extendidos, incentivos a productos verdes y servicios, o el etiquetado ecológico”, argumentó.

Desde 2000, el Ministerio de la Agricultura desarrolla el Programa nacional de mejoramiento y conservación de suelos y en enero entró en vigor la Política para su conservación, mejoramiento y manejo sostenible y el uso de los fertilizantes.

A su vez, el plan del Estado cubano de combate contra el cambio climático, más conocido como Tarea Vida, vigente desde 2017, también incluye acciones de mitigación de vulnerabilidades de los suelos.

En el último lustro se aplicaron los principios del Manejo Sostenible de Tierras (MST) en más de 2525 hectáreas, mientras un millón de las más de seis millones de hectáreas agrícolas del país recibieron algún tipo de beneficio, muestran estadísticas.

Otras prioridades nacionales están relacionadas con incrementar la superficie boscosa hasta 33 %, extender en 150 000 hectáreas las áreas bajo MST y mejorar 65 % de los suelos del área agrícola para final de la actual década.

ED: EG

sábado, 21 de mayo de 2022

El tesoro de John Silver

Un proyecto de desarrollo local en Ciego de Ávila apostó por los fertilizantes orgánicos y logró garantizar ingresos por más de 67 millones de pesos
Publicado: Martes 17 mayo 2022 | 11:15:51 pm.

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A pico y pala, bajo aire y sol, se obtienen las 500 toneladas de abono orgánico que garantizan el cultivo de vegetales en una unidad avileña. Autor: Luis Raúl Vázquez Muñoz Publicado: 17/05/2022 | 10:42 pm

CIEGO DE ÁVILA.— Tal vez el Largo John Silver, célebre pirata de La Isla del Tesoro, hubiera lanzado una de sus carcajadas si alguien le hubiera dicho que el premio tan buscado no se encontraba escondido bajo tierra, sino entre toneladas de basura.

Pero sí, risas e incredulidades aparte, la fortuna, o la clave para muchas cosas, se hallaba a la vista de todos. Eran, de inicio, 1 500 toneladas de desechos al año que salían de la unidad empresarial de base (UEB) Vegetales, de la empresa agroindustrial Ceballos. Luego se añadirían las más de 5 000 toneladas del Combinado Industrial. Al final no era una montaña, sino una cordillera.

«Eran lomas y más lomas de basura que generaban molestias entre los vecinos por el mal olor —cuenta Exnier González Suárez, director de la UEB—. También preocupaba el impacto al medio ambiente. Si un nivel de tomate venía con plaga, durante el procesamiento la materia prima se esterilizaba; pero los residuos mantenían los gérmenes que podían propagar la enfermedad entre los cultivos cercanos a la zona».

El gran problema se hallaba en un detalle: no sabían qué hacer con esos vertederos. Hasta que llegó el campanazo en 2016. Ese año se concretó la prohibición de usar una serie de productos químicos conocidos con el nombre genérico de biosidas.

Para eliminar a los nemátodos (parásitos que en este caso habitan en el suelo y atacan a las raíces de las plantas) eran muy buenos; pero también actuaban con mucha agresividad contra todos los microrganismos en el área, incluso, los necesarios para la vida del suelo. De ahí el veto para su comercialización.

Sin embargo, al cumplirse la medida y no aplicarse ningún otro producto, los «bichitos» vivieron su fiesta, y entre 2016 y 2018 el colectivo de 600 trabajadores de la UEB presenció con impotencia la pérdida de sus cultivos. No importaba si estaban protegidos o al aire libre. Todo o casi todo era una mortandad de color amarillo.

«Fue muy duro —dice la ingeniera Jakeline Cagigal Faber, jefa de producción de la UEB-—. Los rendimientos se fueron al piso. Sembrábamos y a los 15 días morían las plantas. No veíamos la solución por ningún lado hasta que nos fijamos en los desechos».

Un salto a lo sotomayor

¿Qué pasaría si de toda esa basura se obtuvieran fertilizantes? Esa pregunta rondó la mente de técnicos y trabajadores. «No es que existieran dudas del resultado de los abonos orgánicos —explica González Suárez—. Lo que pasa es que transitar de una agricultura convencional a una ecológica implica un cambio muy grande de mentalidad, y eso no lo puedes lograr sin resultados».

Una de las válvulas en el corazón de ese cambio, casi un salto a lo Javier Sotomayor, se encuentra en un campo cercano al poblado de Ceballos. Allí, a media mañana se escucha el golpeteo del pico y las palas. Es un sonido seco y áspero. Un ruido continuo, bien preciso, que sale de las manos de Rolando Sánchez Lugo y Yasmany Martínez Rivero, obreros de la UEB que atienden la producción del abono orgánico.

Julio Samón Romero, jefe de colectivo de la producción de biofertilizantes, observa, mientras aclara que es un trabajo duro: comienza a las 7:00 a.m., con pausa al mediodía para reiniciarse a la 1:00 p.m. y terminar al filo de las 4:00 p.m.

«¿Usted ve esas hileras? —señala unas aglomeraciones largas, de color oscuro—. Cada una mide 75 metros. Se conforman con la mezcla de los desechos de vegetales. Ahí se originan los microrganismos que ayudan a la fertilización; pero esa masa tiene humedad y removerla es muy duro».

La labor implica cargar en una carreta las lomas de desecho, bajarlas, triturarlas y removerlas a pico y guataca durante tres meses de trabajo bajo el sol del verano o los fríos del invierno, para obtener 500 toneladas de abono orgánico.

Aunque no son los únicos que deben andar con paciencia. A unos dos kilómetros de la UEB, en dirección a la ciudad de Ciego de Ávila, se encuentran las casas de cultivo del colectivo agropecuario Cepellón.

Al final del área, bajo unas naves, el jefe de producción, Yunier Machado Aldana, muestra unos canteros de 12 metros de largo por tres de ancho pintados con cal, donde se deposita la cachaza de los centrales. Cada cinco centímetro de materia orgánica, habitan unas 30 000 lombrices que, lentamente, engordan y se reproducen mientras liberan felizmente sus propios desechos.

El resultado son 8 000 litros de humus de lombriz, que permiten sustituir en 30 por ciento los fertilizantes químicos en el fertirriego, y unidos a las 500 toneladas de abono orgánico favorecen a 31,5 hectáreas de cultivos protegidos y 56 ha con riego eficiente. «Es decir —apunta el Director— la basura nos ayudó a salir de la crisis».

Lo mucho y lo poco

«A partir de 2018 se comenzó a producir fertilizante orgánico —explica Cagigal Faber—. Crecimos poco a poco hasta llegar a las cantidades que hoy tenemos. Eso permitió garantizar las 2 600 toneladas de productos obtenidos el pasado año y que dieron ingresos por encima de los 67 millones de pesos, a pesar del golpe que dio la COVID-19 en la provincia».

La vitalidad de esa UEB, la cual obtuvo la condición de vanguardia nacional en vísperas del pasado 1ro. de Mayo, no es de juego. Entre otros logros asegura la exportación de 73 toneladas de chile habanero, con una alta demanda en el mercado internacional, más la sustitución de importaciones por la venta a la red hotelera de sus vegetales.

«El propósito —asevera González Suárez— es alcanzar las 5 000 toneladas de compost y 50 000 litros de humus de lombriz al año, en correspondencia con el crecimiento de nuestras áreas. Esa forma de nutrientes tiene varios beneficios, y el primero es que abarata los costos, pues el precio de un fertilizante químico oscila entre los 9 000 y 30 000 pesos la tonelada».

También ubica a la UEB en la línea de producciones agroecológicas, cuya demanda ha crecido en los últimos tiempos por los beneficios para la salud. Y otra de sus ventajas es asegurar la calidad de los suelos y las aguas, ya que usa abonos más compatibles con el medio ambiente.

Para el crecimiento, la UEB espera apoyarse en las 300 toneladas de desechos generados por ocho unidades avícolas ubicadas a no más de ocho kilómetros, junto con los desperdicios de 24 vaquerías (la más lejana a 12 kilómetros) y más de 3 000 toneladas de cachaza del central Ciro Redondo.

«Aquí se debe aprovechar lo mucho y lo poco —insiste el directivo—. Cuando presentamos la iniciativa como proyecto de desarrollo local, lo pensamos también dentro de una alianza con los servicios comunales y los Gobiernos municipales».

Por ejemplo, un encadenamiento entre ambas entidades podría ayudar a un manejo integrado de los vertederos, que permita clasificar la basura y dirigir hacia la UEB lo que pueda utilizarse en la producción de fertilizantes.

Otro vínculo pudiera estar en asegurar los recursos para la limpieza de las ciudades. Cualquiera se asombraría al conocer que los desechos de los caballos son muy valorados por su capacidad de generar altos contenidos de compost. Son, como dicen los especialistas, verdaderas joyas en la obtención de fertilizante orgánico.

Una tercera novedad sería la de comercializar ese tipo de abono a otras formas productivas e, incluso, exportarlo. Sin embargo, para lograr todas esas proyecciones se necesita algo básico que hoy no está: el equipamiento para humanizar el trabajo y procesar mayores volúmenes de materia.

«Necesitamos 90 000 pesos en moneda convertible para adquirir un tractor pequeño y otros implementos que mecanizarían lo que hoy se hace a mano. Hasta el momento no lo hemos podido hacer porque no tenemos crédito en moneda dura; pero vamos a buscar las alternativas. Ya estamos en este camino y vamos a seguir por él», asegura el Director de la UEB Vegetales. HHC: ¿ Será el mercado ilegal de divisas?


El humus de las lombrices asegura el fertirriego a más de 80 hectáreas de cultivos.