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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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miércoles, 9 de noviembre de 2022

La catástrofe que nos amenaza: estanflación global

 El país emisor de la divisa más utilizada, el dólar de EE. UU., es el país cuyos gastos militares son los mayores del mundo

Foto: Ilustrativa

Los economistas entendemos por estanflación (de stangflation, vocablo procedente del inglés, surgido en Inglaterra, en 1965) a la situación en que la economía de un país que funciona sin otras restricciones que no sean las condiciones del llamado «libre mercado» y empleando una política monetaria que inyecta dinero a la circulación para estimular la economía produce el  efecto contrario, es decir, la caída o estancamiento de los niveles de producción (recesión), un fuerte incremento de los precios (inflación), altos niveles de desempleo y el empeoramiento de las condiciones de la balanza de pagos. Conocemos también los economistas que los intentos de corrección de los desequilibrios provocados por la referida política monetaria expansiva –dirigida a reducir la cantidad de dinero en circulación y mantener así controlada la inflación–, puede incrementar, considerablemente, los efectos adversos antes reseñados, y el combate a la inflación reduzca o elimine el crecimiento económico, el empleo, y generar recesión económica y mayores escaseces.

No menos conocido (aunque mucho menos difundido) ya es el hecho de que cuando la política monetaria (expansiva o restrictiva) se aplica en países –o grupos de países como en el caso de la Unión Europea– cuyas monedas se utilizan como divisa (moneda de curso legal de terceros países que pueden ser utilizadas para efectuar pagos al exterior) y, aún más, como divisas de reserva,  tales políticas también inciden sobre los países tenedores de las mismas y sin que estos puedan adoptar medidas de salvaguarda al respecto. Aquí debe tenerse presente que, al contrario de lo que sucedía hasta 1971, cuando EE. UU., al romper unilateralmente los acuerdos de Bretton Woods que establecían el respaldo en oro del dinero emitido, hizo todo dinero fiduciario, es decir, dinero por decreto de los gobiernos que declaran las monedas y billetes por ellos emitidos de «curso legal», haciéndolos con ello obligatoriamente aceptados para toda operación de cobros y pagos en los marcos del país.

El lector puede inferir el enorme privilegio que lo anterior significa para los emisores del dinero-divisa (utilizado fuera de las fronteras del emisor) y cómo tal privilegio puede afectar, y afecta, a los países que se ven obligados a utilizarlo. A ello se agrega que toda emisión de dinero es, al propio tiempo, emisión de deuda, ya que además de hacer posible el intercambio de bienes y servicios por papeles y monedas (ahora también bytes, megas, gigas), que posteriormente pueden ser reclamados, aunque como producto de la inflación, ya depreciados. Privilegio adicional recibe ee. uu. y su banca privada al ser la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal de EE. UU., su Banco central, una sociedad anónima propiedad de 12 bancos comerciales, en la que las decisiones de Política monetaria que toma, reguladoras del dinero de curso legal en EE. UU., el dólar es, a la vez, el dinero-divisa más utilizado en el mundo como resultado de los acuerdos de Bretton Woods (1945), que lo hizo entonces «tan bueno como el oro». Aquí, adicionalmente, debe recordarse que, a partir de 1971, cuando Richard Nixon, unilateralmente, retirara la convertibilidad del dólar estadounidense en oro –lo que de hecho daba fin al «sistema» monetario internacional acordado al eliminar su fundamento– el sistema y sus instituciones siguieron funcionando como tal, por la imposición del poder hegemónico estadounidense. 

Claro que todo lo anterior quedaba avalado por la teoría económica dominante que, desde la clásica de Adam Smith y La riqueza de las naciones (1776), había pasado de «la confianza absoluta en el mercado», avalada luego por la economía neoclásica, hasta la crisis de 1929, que deshizo sus supuestos teóricos; a la de John M. Keynes, con su Teoría general del empleo, el interés y el dinero (1936), que enfatizaba en la intervención del Estado para crear la demanda que el capital privado no podía crear y a la solución keynesiana: la emisión monetaria para el financiamiento del gasto público.

A los clásicos y keynesianos siguieron los neoclásicos (que admitían la intervención estatal, aunque limitada y restringida) y los neokeynesianos (que admitían la racionalidad de los mercados). Y la continuidad de las crisis de la economía real dio lugar a los economistas financieros y al auge de la especulación financiera, a la «economía de casino» como la llamara Keynes… a la expansión financiera y a la crisis de las hipotecas subprime (también llamadas de hipotecas basura) y a la crisis de 2008 que, supuestamente, nadie podía haber previsto, lo que hizo que Ben Bernanke, al frente entonces de la Reserva Federal, afirmara que los precios de la vivienda, «en gran medida, es reflejo de unos fuertes fundamentos económicos». (No puedo evitar la tentación de señalar aquí, como dato interesante, que Ben Bernanke, recientemente, recibió el Premio Nobel de Economía 2022, por «sus investigaciones pasadas sobre cómo regular los bancos y apoyar a los que estén en quiebra con dinero público, para evitar una crisis económica aún más profunda»).

La preeminencia del pensamiento keynesiano, en condiciones en las que los créditos masivos a escala global –la financierización con el objetivo de reactivar la economía real– resultó insuficiente estímulo y, por otra  parte, el hecho de que el crecimiento de la economía mundial se había concentrado, principalmente, en los países llamados «emergentes», en particular en la región Asia-Pacífico, en especial en China y la India, hizo prevalecer la idea de que el incremento del gasto público, los gastos militares (el keynesianismo militar)  resultaban estímulos imprescindibles.

Lo anterior explica que, comenzando desde la crisis, los gastos militares aumentaran vertiginosamente, fundamentalmente en EE. UU., que como en los años de Reagan, la guerra fría y su Guerra de las galaxias habían sido un mecanismo geoeconómico para obligar a la URSS a incrementar los gastos militares mucho más allá de las posibilidades de su economía. También aumentaron desde entonces, aunque en menor medida, en el resto del llamado occidente y hasta en los países del Sur global. El aumento del gasto militar, y de las guerras, aunque irracionales e inmorales en un mundo en el que existen millones de personas hambrientas, analfabetas, sin acceso a fuentes de agua potable, a la salud, a viviendas y a una vida digna, para la plutocracia global no es más que parte de la política económica dirigida a estimular la economía. Téngase presente que un sistema económico que es capaz de producir más bienes y servicios que los que la demanda solvente hace posible consumir, solo se hace económicamente racional si, además, produce bienes que su valor de uso sea amenazar e intimidar, o destruir lo producido (incluidas las propias armas), para generar nueva demanda.

Llegados aquí cabe la pregunta: ¿Puede la política monetaria restrictiva aplicada por los emisores de dinero-divisa regular la cantidad de dinero en circulación de manera que contrarreste el efecto monetario expansivo generado por el keynesianismo militar?

Todos sabemos que el país emisor de la divisa más utilizada, el dólar de EE. UU., es el país cuyos gastos militares son los mayores del mundo (1 981 miles de millones de dólares en 2020, más que la suma de los diez países que le siguen), y aunque Trump durante su presidencia había fracasado en el intento de que los países de la UE aumentaran sus gastos de «defensa» (así les llaman), con la guerra, por encargo de Biden y la OTAN, en Europa, esos gastos (y la consecuente emisión monetaria para financiarlos) aumentaron significativamente y, con ellos, la inflación.

Así pues, nada de extraño tiene la expansión monetaria global y su corolario, las políticas monetarias restrictivas aplicadas por la Reserva Federal de EE. UU. y el Banco Central Europeo (principales emisores del dinero-divisa), incrementado por las llamadas sanciones que sancionan más a los sancionadores que a los sancionados, que lleva al mundo a la estanflación global, la depreciación de las divisas… y también al aumento de los intereses en las operaciones comerciales, al aumento de las operaciones comerciales con divisas nacionales, a la disminución del uso de los petrodólares…, todo lo que ha dado inicio a la desdolarización de la economía mundial, lo que cuestiona la más poderosa y efectiva de las armas imperiales.

miércoles, 8 de julio de 2020

Crisis sistémica, pandemia y resiliencia: prospectiva e ¿ingenuidad?

Coincidimos todos, o casi todos, en que el futuro nos depara otro mundo, muy diferente al que hemos conocido hasta ahora


7 de julio de 2020 23:07:37

Lamentablemente, habitamos un mundo que pone en duda la globalización, pero no el hiperconsumismo en su parte «rica» y el subconsumo en su parte «pobre». Foto: Martirena

No existen diferencias esenciales en la visualización del mundo en que vivimos entre los que nos dedicamos hoy al prospectivismo, es decir, entre los que a partir del estudio de las macrotendencias y tendencias principales percibidas y manifiestas tratamos de anticipar, de prever, para crear futuro. Coincidimos todos, o casi todos, en que el futuro nos depara otro mundo, muy diferente al que hemos conocido hasta ahora y que el que se nos viene se caracteriza, desde ya, por la incertidumbre y la aporía, tanta, que nos deja sin certeza de si será mejor o peor, por muy difícil que resulte a la mayoría de la humanidad concebir uno peor al que ha vivido.

Por supuesto, no todo son coincidencias por paradójicas que ellas resulten, y terminan cuando de determinar las causas de la crisis actual y aun de su evolución se trata. De cómo se concibe el carácter necesario (o no) de estas leyes (tendencias) depende –y a la vez condiciona– su interpretación, su conceptualización y, consiguientemente, la capacidad de diseñar el futuro y hasta la posibilidad de crearlo.

¿Y cuál es el presente y el futuro que prevemos todos, o casi todos, para el muy corto plazo en un mundo que ya desde antes del inicio de la pandemia se estremecía por las exigencias de los pueblos para el cambio del «orden» establecido?

Un mundo:
  • sumido en el caos por el fracaso a escala global del capitalismo egoísta y depredador (que todavía se sigue identificando con el neoliberalismo) y de una mayoría de estados funcionales a ese capitalismo y, por tanto, incapaz de enfrentar la crisis que desde 2018-19 se anunciaba, y una pandemia que la ciencia ya desde mucho antes preveía.
  • en el que el cambio climático producido por el calentamiento global transforma aceleradamente nuestro hábitat sin que los responsables de evitarlo encuentren cómo revertirlo.
  • en el que es imposible determinar cuánto durará la actual crisis cíclica, ni la forma que tendrá la recuperación, si en forma de v, en forma de u, o en forma de w.
  • en el que coincide una crisis de oferta, consecuencia de la paralización de la producción, con una crisis de demanda, consecuencia de esa misma paralización, que genera desempleo.
  • en el que para evitar disturbios (y generar demanda) los estados nacionales inyectan dinero a la circulación, lo que solo se puede hacer aumentando la deuda soberana que enturbia el papel de las finanzas y hace imposible gestionar la multibillonaria deuda que se sigue incrementando sin que nadie sepa con qué se pagará, cómo se pagará, ni cuándo ni quiénes la pagarán.
  • en el que no hay siquiera consenso respecto al efecto de las referidas inyecciones de dinero sobre la circulación monetaria.
  • en el que nadie puede calcular cómo y cuándo pagarán sus deudas, incluidas las comerciales y las incrementadas por la crisis, los países («pobres», «subdesarrollados», «menos adelantados») que las contraen en monedas que no son las que emiten.
  • en el que se siguen manteniendo irracionales gastos militares y al propio tiempo, se pretende relocalizar la industria, reindustrializar, alcanzar la soberanía farmacéutica, sanitaria, alimentaria… y construir muros.
  • que pone en duda la globalización, pero no el hiperconsumismo en su parte «rica» y el subconsumo en su parte «pobre».
  • en el que no se puede calcular con precisión la magnitud del desempleo, que a escala global la crisis ya ha provocado y seguirá provocando.
  • en el que tampoco se puede calcular cuánto empleo precario generará la crisis, cómo esto incidirá sobre el desarrollo de «la internet de las cosas» y cómo sobre la robotización.
  • en el que siguen «funcionando» inoperantes instituciones como el fmi, el bm, la omc y aun grupos como el g7 y el g20.
  • en el que sigue existiendo, gracias a (o a pesar de) la crisis, la insolidaridad de los milmillonarios (¿el 1 %, el 0,1 %, el 0,01 %...?) que siguen aumentando sus fortunas en cientos de miles de millones cada mes.
  • en el que las «hambrunas» se hacen inminentes.
  • en el que el manejo del «big data» y la geolocalización se convierte en amenaza para las libertades del individuo y en general para la democracia.
  • que permite que un país adopte medidas genocidas contra otros, incluso en periodo de pandemia.
  • en el que se hace evidente la pérdida de liderazgo de ee. uu. a la vez que la afirmación del papel de China.
  • en el que se incrementan las tensiones por el liderazgo y la batalla por influencias entre ee. uu. y China-Rusia.
Y también en el que se debate si:

  • los estados nacionales continuarán siendo garantes del funcionamiento del «libre mercado» y continuarán garantizando a ultranza la obtención de las ganancias de los capitalistas… o serán garantes del bienestar, la salud y la seguridad de todos sus ciudadanos.
  • prevalecerán los populismos de derecha, guiados por los supremacismos y el afán de lucro de los Trump, Netanyahu, Bolsonaro, Orban y Salvini, que promueven el odio y la desconfianza en la ciencia, la medicina, los médicos y hasta hacia la oms, igual que desde antes lo hacían con el calentamiento global y el cambio climático… o habrá un mundo con más globalización solidaria, consciente de que ningún país será seguro mientras uno no lo sea.
  • seguirá imperando la globalización desmedida, donde alrededor del 50 % de las exportaciones mundiales constituyen simples transacciones para completar las cadenas de producción global… o se instaurará una globalización racional que garantice en países y regiones la producción de bienes esenciales.
  • imperarán el egoísmo y el aislacionismo de unos, los más poderosos… o la solidaridad, el multilateralismo y la vigencia de organizaciones como unas Naciones Unidas reformadas para beneficio de todos y con la conciencia de que los problemas globales (ambientales, sanitarios, terrorismo, seguridad…) solo pueden ser resueltos globalmente, por todos los países.
El referido es el mundo en que nos encontramos, al que, para completar su impacto sobre Cuba, debe añadirse el bloqueo que durante casi 60 años ha causado cientos de miles de millones de dólares de pérdidas materiales e inconmensurables daños espirituales a su pueblo, agravados por el recrudecimiento durante la inmoral y perversa administración Trump.

Llegados aquí, se hace necesaria un breve referencia a una de las «lecciones» que, sorprendiendo a muchos, ha dejado la pandemia: el economista jefe del fmi, Gita Gopinathen, en un reciente informe de perspectivas reconoció que «El paisaje económico se verá alterado (…) con una mayor implicación de los Gobiernos y bancos centrales en la economía»; otros expertos, como Julius Baer, también han hecho referencias a que: «Los gobiernos no tienen alternativa: tienen que intervenir de forma masiva no solo en los mercados, sino en toda la economía real para evitar un desastre similar al de la Gran Depresión de los años 30».

De manera que las medidas que inicialmente fueron denominadas poco ortodoxas, han dominado la doxa y ratificado la episteme de la necesidad de la intervención estatal en la economía (mucho más eficiente cuando es sujeta a plan, planificada), por mucho que moleste a nuestros enemigos y adversarios, estén ellos donde estén.

Lo hasta aquí reseñado hace evidente la legitimidad y necesidad de las medidas adoptadas por nuestro Gobierno, encaminadas no solo a acoplarnos al mundo en cambio, sino que principalmente a aprovechar nuestras fortalezas, entre las que se incluyen, además de la prioridad del Estado y la planificación sobre el mercado, a contrario sensu de la doxa predominante en el entorno empresarial del mundo antes de la pandemia, la de la propiedad social sobre la privada y nuestra capacidad de resiliencia desarrollada en el enfrentamiento al bloqueo.

Como más significativas para quien esto escribe se encuentran: implementar –todo lo que sea posible y a la mayor brevedad que la realidad permita– lo ya aprobado en los documentos programáticos del Modelo Económico y Social y el Plan de Desarrollo Económico y Social hasta 2030; incrementar nuestras exportaciones, fundamentalmente aquellas con elevado componente tecnológico, incluyendo los servicios; disminuir las importaciones sustituyéndolas dondequiera que sea racionalmente posible (el cálculo de la racionalidad dependerá de la posibilidad de realizar las modificaciones monetarias y cambiarias previstas), en particular incrementando la producción de alimentos y disminuyendo el gasto de combustibles fósiles; incrementar las producciones locales, en especial para la construcción de viviendas, y emplear los escasos recursos disponibles o negociables allí donde garanticen su más rápido retorno.

Antes de terminar, una breve referencia a la ingenuidad anunciada en el título. Mientras consultaba materiales para este y otros trabajos relacionados, y cuando incluso era ya inminente la actual crisis que ha generado la covid-19 en el mundo, comenzaron a aparecer en las redes «sabios» dedicados a analizar la inminente crisis económica… en Cuba. Primero los consideré ingenuos por su incapacidad para ver lo inminente de la globalidad de la crisis, pero no tardé en desechar la idea de la ingenuidad; era demasiada la coincidencia con el corifeo que desde lejos declaraba la inminente crisis motivada por el «continuismo» en nuestro país y hasta la rara coincidencia con la cartilla de lo que ha sido bautizado como «golpe blando» dirigido por el imperio contra Cuba. Estas reflexiones, entonces, no van dirigidas a ellos, las dirijo a los que «aman y fundan».

jueves, 18 de junio de 2020

El convite emponzoñado

POR: JORGE CASALS LLANO/ ESPECIAL PARA CUBASÍ
18 JUNIO 2020


¡No hay error, estamos siendo invitados! Precisemos entonces en que consiste el convite: nos invitan a cambiarlo todo (y no “lo que tiene que ser cambiado”) y con ello renunciar a todo lo logrado (lo cual nos ocultan) y, además, sin considerar el “momento histórico” y sí la renuncia a “los valores en los que se cree”. En el menú se mantienen el bloqueo y las “sanciones” (que deben ser solo admitidos), la propaganda desmoralizadora y las “fake news”, el desconocimiento de nuestra historia y el intento de desprestigiarla. También incluye el tratar de convencernos de la inoperancia de nuestro estado y gobierno y de la incapacidad del socialismo y la necesidad del liberalismo para alcanzar la eficiencia económica. Tal es la naturaleza de la invitación que, principalmente “desde allá”, aunque también “desde acá”, recibimos a través de las redes sociales.

Tampoco hay error si se considera que la naturaleza del convite es consistente con la “guerra de cuarta generación” que se nos hace y de la que también forman parte desde la negación de nuestros logros y el aporte a nuestra historia de Marx y Lenin sin siquiera comprenderlos (¿acaso al menos leídos e interiorizado su método dialéctico?), cuando se reniega con jactancia de una “Economía Política” que se desconoce (¿conocerán al menos su “Objeto de estudio”?) y hasta aceptando acríticamente la Economía convencional “oficial” cuyos instrumentos de análisis son utilizables sólo si se comprende y admite que apenas sirven para analizar las tendencias de las formas y no la esencia misma de los fenómenos económicos y también sociales.

Supongo coincidiremos “tirios y troyanos” en comenzar –dado su destacado papel en el surgimiento y desarrollo de la “Teoría económica” –a analizar la naturaleza del convite partiendo de Adam Smith y una de sus citas más conocidas: “No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo; ni le hablamos de nuestras necesidades sino de sus ventajas”. 

También supongo coincidiremos si interpretamos la cita de la misma manera que Yuval Noah Harari, considerado uno de los más prestigiosos analistas de la actualidad y asesor de Bill Gates y Angela Merkel, en su libro “De animales a dioses” sin importar cuanto nos moleste la crudeza y si admitiendo la consecuencia de la misma con el pensamiento del autor: “La afirmación de (Adam) Smith de que el impulso egoísta humano de aumentar los beneficios privados es la base de la riqueza colectiva es una de las ideas más brillantes de la historia humana; revolucionaria no solo desde una perspectiva económica, sino, más si cabe, desde una perspectiva moral y política. Lo que Smith dice es, en realidad, que la codicia es buena, y que al hacerme rico yo beneficio a todos, no solo a mí. El egoísmo es altruismo” (el subrayado es mío).

El último supuesto (y no más para evitar los chistes acerca de los economistas y su exceso en el contenido de sus propuestas): lo evidente que para cualquier analista resulta que en el convite que nos hacen los proponedores subyacen el liberalismo –no solo económico –y el mercado (visibles en las citas anteriores) bajo la máscara de una innecesaria defensa a las MPYMES en nuestro país (a las que “misteriosamente” les retiran la primera M, de micro) obviando que la necesidad de las mismas se encuentra en el consenso ya alcanzado y refrendado en los documentos aprobados por el Partido en sus congresos con la adopción de los lineamientos de la Política económica y social del Partido y la Revolución y la conceptualización del Modelo Económico y Social de desarrollo socialista.

Y si la defensa de las MPYMES resulta innecesaria, entonces solo queda lo subyacente y “encriptado”: el llamamiento al liberalismo y a la regulación por el mercado. La propuesta resulta entonces cuando menos extemporánea en tanto fracasada en todo el mundo y repudiada hasta por sus principales beneficiarios, incluido el denominado 1% aunque en realidad su número sea mucho menor. Es que pareciera que solo los proponedores no se han enterado de que la falacia pseudocientífica de Fukuyama –y su profecía del “fin de la historia”, del triunfo del liberalismo económico y la democracia liberal al darse por terminada la “guerra fría” –había definitivamente muerto junto con el neoliberalismo, incluso cuando todavía la pandemia de la Coronavirus no había arrojado las últimas paletadas de muerte y desolación a su tumba.

Antes de continuar, una aclaración necesaria para evitar disquisiciones innecesarias. Reflexionamos aquí sobre el liberalismo económico que subrepticiamente se introduce cuando se rechaza por obsoleta la Economía Política marxista y su continuación por Lenin, pues quien la ha estudiado sabe que el funcionamiento de las leyes económicas conduce, inexorablemente, al capitalismo en todas sus manifestaciones; también que ese liberalismo es el mismo que, al “liberar las fuerzas productivas”, deberá mantenerse bajo el más estricto control y vigilancia estatal para garantizar su supeditación al interés colectivo. 

Una vez desmontada la falacia de la “asepsia” del liberalismo (incluye por supuesto el neoliberalismo) y “el mercado” como solución de los problemas de la economía de nuestro país sin utilizar la “obsoleta” Economía política desterrada, nada mejor que utilizar la crítica que se le hace, desde la propia economía convencional “oficial”, a la liberal y neoliberal (en la que hay desde “ortodoxos” y “heterodoxos” hasta “reguladores” que van desde M. Friedman y el “Capitalismo de accionistas” ahora repudiado, junto al de Misses y Von Hayek hasta el “Capitalismo regulado” keynesiano también en su momento repudiado por los neoliberales. 

Difícilmente pueda encontrarse mejor evidencia para lo anterior que la declaración de los CEOs de las casi 200 ETNs integrantes de la asociación Business Roundtable que agrupa a los directores ejecutivos de casi doscientas megaempresas, entre las que se encuentran Apple, Amazon, GM, IBM, Johnson & Johnson , JP Morgan, Walmart… y hasta la nada marxista revista Fortune, que en Septiembre de 2019 elaboraron y publicaron respectivamente el “Nuevo propósito para la corporación” y su “Compromiso” que incluye el rechazo a la doctrina neoliberal y significativamente y seguramente no por casualidad, deja para el último lugar de la lista de “propósitos” el que en su momento fuera enunciado por Milton Friedman, como “una y única responsabilidad social de las empresas”: “aumentar las ganancias para sus accionistas” (el “egoísmo” de A. Smith) para dejarlo enunciado último en el “Nuevo propósito…” como “Generar valor a largo plazo para los accionistas”.

También el Foro Económico Mundial y sus visiones –que hace unos pocos años atrás hubieran sido catalogadas como sacrílegas –rechaza la teoría económica oficial (la que sustituyó a la “obsoleta” Economía Política) cuando en su “Manifiesto de Davos 2020” expresa:

• El propósito de las empresas es colaborar con todos los grupos de interés implicados en su funcionamiento. Las empresas no funcionan únicamente para sus accionistas, sino para todas las partes involucradas (stakeholders): empleados, clientes, proveedores, comunidades locales y la sociedad en general. 

• Una empresa es más que una unidad económica generadora de riqueza. Atiende a las aspiraciones humanas y sociales en el marco del sistema social en su conjunto. Los salarios del personal ejecutivo deben reflejar la responsabilidad ante todas las partes involucradas.

• Una empresa multinacional es en sí misma un grupo de interés –como los gobiernos y la sociedad civil –al servicio del futuro global. 

Junto a la crítica al liberalismo y el neoliberalismo del “Capitalismo de las partes interesadas” (stakeholders), también deben incluirse los “neokeynesianos” como J. Stiglitz que propone el “Capitalismo progresista” y también a políticos norteamericanos como Elizabeth Warren que proclama el “Capitalismo responsable” y a Bernie Sanders que se declara “socialista”.

Para la crítica al funcionamiento del mercado en el que tanto enfatizan los proponentes en su crítica a la teoría “obsoleta”, nadie mejor que el Premio Nobel J. E. Stiglitz, en su libro “El precio de la desigualdad”: “Está claro que los mercados no han funcionado de la forma que proclaman sus apologistas… se supone que los mercados son estables, pero la crisis financiera mundial demostró que podían ser muy inestables, con catastróficas consecuencias… Se supone que la gran virtud del mercado es su eficiencia. Pero evidentemente, el mercado no es eficiente. La ley más elemental de la teoría económica –una ley necesaria si una economía aspira a ser eficiente –es que la demanda iguale a la oferta. Pero tenemos un mundo en que existen gigantescas necesidades no satisfechas (inversiones para sacar a los pobres de la miseria… o para adaptar la economía mundial con el fin de afrontar los desafíos del calentamiento global). Al mismo tiempo tenemos ingentes cantidades de recursos infrautilizados… El desempleo –la incapacidad del mercado de crear puestos de trabajo para tantos ciudadanos –es el peor fallo del mercado, la principal fuente de ineficiencia, y una importante causa de la desigualdad.” (los subrayados son míos)

Y si no bastaran J. Stiglitz o Paul Krugman (ambos premios Nobel y neokeynesianos) para demostrar las falencias del liberalismo y el mercado, también puede recurrirse a Thomas Piketty que desde su libro “El capital en el siglo XXI” queda bien alejado de la “obsoleta” Economía Política de Marx y Engels en “El Manifiesto Comunista” y la idea acerca de la historia y “la lucha de clases” la que sustituye por la “lucha de ideologías” para explicar cómo esta lucha culmina con concentraciones extremas de la renta y la riqueza a semejanza de las que se han dado en las sociedades del “hipercapitalismo” hasta llegar a un extremo tal que amenaza los valores de la “meritocracia”, la justicia y la cohesión social sobre las que se asientan las democracias.

Pero si apelar a la teoría no fuera suficiente, los recientes acontecimientos han demostrado las falencias del sistema mundo construido, en lo fundamental, a partir del liberalismo basado en el “laissez faire” y por tanto en la desregulación y el estado mínimo que ha provocado una concentración de riqueza hasta niveles que, como fundamenta Piketty en sus obras, amenazan la existencia del sistema mismo.

Por último no puede obviarse que el convite se hace en tiempos de la pandemia de la Coronavirus, la que continuó profundizando la crisis sistémica del capitalismo y sus manifestaciones como la agudización de la crisis cíclica y junto a ella la social y moral, la deshumanización, el egoísmo e individualismo exacerbados, el desempleo masivo, la marginalización de países y de sectores enteros de la población dentro de los países (también en los llamados desarrollados), el endeudamiento impagable (que incluye el del país emisor del dinero en que al menos hasta hoy se contrae buena parte de la deuda), el cambio climático, consecuencia del calentamiento global y las crisis migratorias masivas convertido todo en crisis civilizatoria lo que lo hace, además, más peligroso y nos obliga a rechazarlo.

Nadie duda de que vivimos y viviremos en lo inmediato en un mundo caracterizado por la incertidumbre y la aporía que no solo no se recupera de los principales impactos de la crisis antropológica generada por la crisis sistémica y la pandemia, sino que tampoco sabe cómo hacerlo luego del fracaso del modelo capitalista neoliberal globalizador. Pero nosotros sabemos qué y cómo hacerlo, todo lo que está en lo fundamental consensuado en los documentos ya aprobados lo que nos permitirá adecuarlos y adecuarnos a la “nueva normalidad” sin perder la noción de futuro que nos indicara Fidel. 

Para ese futuro contamos con lo logrado precisamente porque no seguimos las indicaciones del modelo capitalista liberal y neoliberal y si con la activa participación del estado socialista, fundamental no sólo en el tratamiento de la pandemia en su vínculo con la ciencia, sino en todo lo que hizo posible esa participación.

No resulta ocioso aquí recordar que todo lo hoy posible comenzó a serlo ya desde 1961 con la campaña de alfabetización, el plan de becas que le siguió y los esfuerzos realizados, bajo el liderazgo, las orientaciones y la directa participación de Fidel, incluso en las más difíciles circunstancias, cuando se comenzó a formar el potencial humano (mismo que todavía se insiste en el socialismo equivocadamente llamar capital humano) capaz de crear las bases científicas y tecnológicas necesarias para el desarrollo, lo que incluyó desde siempre el sistema de salud en su interacción con la biotecnología, y más recientemente la incorporación de la informática, la nanotecnología y la robótica lo que hizo posible mantener a Cuba en el pelotón de la vanguardia mundial del conocimiento, la ciencia, la tecnología y la innovación en las más diversas áreas.

Y si Fidel había dicho en 1960 que “El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento porque precisamente es lo que estamos sembrando”, en el 2003, anunció: “Este país vivirá, fundamentalmente, de sus producciones intelectuales, aunque no vivirá exclusivamente de eso vivirá en grado creciente de las producciones de su ciencia”. Ese es el futuro, hacia allá vamos.