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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

miércoles, 15 de julio de 2020

CEPAL ajusta la caída del PIB de Cuba en el 2020 (-8.0 %)


Libro. MIRADAS A LA ECONOMÍA CUBANA .Un plan de desarrollo hasta 2030 (V)

Servicios de infraestructura básica: retos y transformaciones necesarias

Por LAURA GALEANO ZALDIVAR *

Introducción



La infraestructura física constituye un componente imprescindible en el proceso de desarrollo. De la ampliación y mejora en la calidad de su infraestructura, depende la capacidad de un país para generar un mayor crecimiento económico acompañado a su vez de un aumento del bienestar para sus ciudadanos. 

La infraestructura, se erige en elemento de conectividad territorial y regional, representa el vehículo que materializa los flujos de comercio de un país con el mundo, y a lo interno de su economía. 

En términos conceptuales se define como aquellas estructuras de ingeniería, equipos e instalaciones de larga vida útil, que constituyen la base sobre la cual se produce la prestación de servicios para los sectores productivos y los hogares (Perroti y Sánchez, 2011). Sin embargo, la existencia de las instalaciones físicas, por lo general fijas, no garantiza su uso eficiente. Por tanto, el marco institucional y las condiciones con que operan los servicios son tan importantes como las propias instalaciones físicas. 


Una parte importante de la literatura especializada en el tema, trata la disponibilidad de infraestructura en términos cuantitativos o dicotómicos, o sea, si existe o no. Pero en muchas ocasiones el problema no es la existencia o no de infraestructura en sí, sino la mala calidad del servicio que se presta (Prudhomme, 2004). No obstante, la dotación de infraestructura no debe ser descuidada pues constituye elemento imprescindible para la prestación de los servicios, por tanto estos aspectos no pueden ser tratados por separado sino que deben responder a un enfoque integral. 

Un concepto indispensable a tener en cuenta es el de brechas de infraestructura, pues permite determinar hasta qué punto, posibles deficiencias en la infraestructura obstaculizan el potencial desarrollo de una economía (Beltrán, 2014). Se debe establecer la diferencia entre la dotación de infraestructura existente y, los niveles de existencias necesarios según algún criterio que se defina. En este sentido, la brecha de infraestructura es determinable desde dos dimensiones o enfoques no excluyentes. Por una parte se encuentra la dimensión vertical que se calcula respecto a los factores internos de un país o región. Se trata de determinar los requerimientos de infraestructura generados por el nivel de actividad económica. En última instancia, sería definir si la oferta de infraestructura acompaña la demanda generada por el crecimiento económico de un país en cierto período. Mientras, la dimensión horizontal consiste en establecer algún objetivo específico y comparar. En este caso se pueden tomar como referencia los resultados de otros países o regiones, o bien se pueden fijar metas a cumplir en cuanto a la disponibilidad, calidad y accesibilidad de los servicios de infraestructura básica, ejemplo de ello es perseguir la universalización de los mismos (Perroti y Sánchez, 2011).1 Más allá de cuantificar la brecha, es importante definir las causas que inciden en el comportamiento de la misma —si bien se reduce o ensancha—. Así como proponer un conjunto de acciones para revertir el escenario descrito de ser desfavorable. 

En el Plan 2030, uno de los ejes estratégicos identificados, es justo el de la infraestructura. Se hace énfasis en la necesidad de incentivar la inversión, el rol del Estado y la regulación, con el objetivo de promover su contribución al crecimiento y desarrollo del país. 

Este capítulo se enfoca, en la denominada infraestructura económica, que comprende los sectores: agua y saneamiento, energía, telecomunicaciones y transporte. En relación con este último se consideran los elementos que componen el transporte terrestre, aéreo y marítimo. En el sector energía se incluye la generación y distribución de agua, dígase potable y para otros usos; en cuanto a saneamiento son de interés las obras de alcantarillados, el manejo y eliminación de residuos, así como la disponibilidad de condiciones mínimas de saneamiento en los hogares. Por último, el sector telecomunicaciones contempla la telefonía básica o fija, la celular e internet. 

El objetivo que se persigue es valorar en qué medida la brecha de infraestructura en Cuba, así como las proyecciones de desarrollo de cada uno de sus componen tes, representan un obstáculo para el plan de desarrollo del país. Para ello, el capítulo aborda la inversión en los servicios de infraestructura, de forma global y por sectores, en comparación con el escenario latinoamericano. Además presenta un breve diagnóstico del des- empeño de cada uno de los sectores. Teniendo esto como base y lo planteado en el Plan 2030, se presentan algunos mensajes claves para futuras propuestas de políticas. 

Comportamiento de la inversión 

Como promedio, la inversión en Cuba desde 2010 ha estado alrededor 1.5 % del PIB —en la actualidad, la inversión en América Latina está en el orden del 3 % del PIB anual—, por debajo del nivel aconsejado en diversos estudios, que es de al menos un 5 % (Barbero, 2018). 

La distribución por sector de esta inversión se presenta en la ilustración 1. De forma general, es necesario señalar que los sectores más críticos en cuanto a la brecha en relación con América Latina son los de transporte y comunicaciones. Es importante decir que en la mayoría de los países de la región latinoamericana a partir de la década de los noventa del siglo xx, se llevaron a cabo procesos de apertura y liberalización con un posterior efecto de incremento de la competencia, en los servicios de infraestructura. En particular, el sector de las comunicaciones experimentó un alza en los niveles de inversión, al tiempo que se impulsaron además políticas que propiciaran el desarrollo de las telecomunicaciones. 

En el informe La Infraestructura en el Desarrollo Integral de América Latina, (IDEAL, en lo adelante) de la Corporación Andina de Fomento (Barbero, 2018), se afirma que la región demanda alrededor del 5 % del PIB para satisfacer el despegue de redes y servicios necesarios para asegurar el desarrollo sostenible en la región. Como se presentó con anterioridad, la inversión realizada por Cuba dista mucho de esa cifra. Por otra parte, varios estudios señalan que no solo la inversión es importante, además hay que mejorar los procesos de selección y priorización de los proyectos, de contratación y construcción de obras, y la operación de las redes y servicios (Ramírez y otros, 2013). 

Otro elemento a considerar es el hecho de que la inversión en la región tiene importante participación privada, que ha variado en el tiempo y además entre sectores. En este sentido cobran cada vez mayor importancia las asociaciones público-privadas como alianzas estratégicas entre los gobiernos y el sector privado. De acuerdo al informe IDEAL de 2018 (Barbero, 2018), en el año 2015 la inversión privada representó el 45 % de la inversión total, y la pública el 55 %. En este sentido, el citado informe destaca los casos de las telecomunicaciones y la provisión de agua y saneamiento. En el primero, la inversión privada ha predominado y superó el 90 %; y en el segundo, la inversión pública lo ha hecho con más de un 80 %. 

En Cuba, la inversión en los servicios de infraestructura básica como conjunto, en los últimos años ha superado apenas el 20 % del total de inversiones del país (ilustración 2). Sin embargo, en 2017 la inversión en servicios empresariales e inmobiliarios fue 3.2 veces superior a toda la inversión en transporte y comunicaciones, que como se mencionó con anterioridad, ente son los sectores en los que la brecha con respecto a América Latina es mayor.


La comparación de la calidad de la infraestructura de Cuba con América Latina y los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), de acuerdo con el Índice de desempeño logístico,2 presenta como resultado que aún, tanto Cuba como los países de la región se encuentran lejos de sus pares de la OCDE.




Se puede observar en la ilustración 3 que la calidad de la infraestructura de la Isla es casi la mitad respecto a la de los países desarrollados. No obstante, es válido destacar que se ha acortado la brecha con respecto a América Latina. Se estima que los países de la región latinoamericana y caribeña tardarían veinte años en alcanzar el nivel de calidad en infraestructura que tienen los países de la OCDE (Kogan y Bondorevsky, 2016).

Aspectos destacados por sector 


Agua potable y saneamiento
Cuba es un país que no posee un gran potencial hidrológico y que a su vez no dispone de grandes cuencas hidrográficas. Por lo tanto la construcción de infraestructura que permita una mayor disponibilidad de recursos hídricos es prioritaria. En este sentido, el país ha puesto especial énfasis en la edificación de presas y pozos para explotar fuentes subterráneas, así como diversas estructuras complementarias como canales para la irrigación de áreas agrícolas y otros para el trasvase de agua entre diversas provincias e incluso regiones.


Las extracciones directas de agua realizadas por las distintas actividades económicas, representaron entre los años 2011 y 2017, como promedio, alrededor de un 76 % del volumen total de agua dulce extraída. De estas, la agricultura representó casi un 74 % del consumo en el mismo período. Por otra parte el suministro de agua potable contabilizó un 24 % de las extracciones de agua dulce. 

El acceso a agua potable en Cuba posee niveles favorables, y es amplio en zonas urbanas, y la calidad sanitaria del agua se mantiene en niveles positivos, aunque mejorables. Es importante señalar la notable diferencia existente entre la cobertura de agua potable en áreas urbanas y la exhibida en zonas rurales. Además la calidad del servicio difiere de manera considerable según el área de residencia, pues si bien en zonas urbanas el acceso a acueductos ascendió en el año mencionado a un 85.6 %; en zonas rurales las conexiones domiciliarias representaron solo el 40.4 % de los accesos a agua potable en el mismo año. 

Los precios subsidiados vigentes para la población en el uso del agua, favorecen la accesibilidad del recurso. Sin embargo, el abasto de agua en el país se caracteriza por ser vulnerable a factores climáticos, como los amplios períodos de sequía, que podrían disminuir de manera crítica la disponibilidad de los recursos hídricos aprovechables. 

Asimismo, se presentan múltiples deficiencias o aspectos a mejorar, como el insuficiente mantenimiento y sobreexplotación de las redes de acueductos que conlleva a serias ineficiencias operativas del sistema propiciando la pérdida de agua. Proliferan también una serie de malas prácticas en la operación de los distintos elementos de las redes y la calidad del agua se ve afectada muchas veces por la contaminación de las fuentes abasto. 

Por otra parte, muchos de los usuarios que poseen conexión domiciliaria, experimentan dificultades con la presión del agua, prolongados ciclos de entrega del vital líquido y, sin dudas, se ven afectados por los múltiples salideros a nivel de calle. Por último, el sistema de acueductos debe seguir en crecimiento hasta llevar sus redes a las personas que reciben agua sin tratar y con acarreo desde distancias hasta 300 m, y aquellos que reciben el servicio por pipas, para así aumentar de manera considerable la calidad del servicio. 

Las autoridades encargadas de rectorar el uso del agua, identifican los precios subsidiados de la misma como un factor determinante en el despilfarro que prolifera en el uso del preciado líquido, lo que contribuye además a sobrecargar el sistema de acueductos.


Saneamiento 

Si bien los niveles de acceso a saneamiento en Cuba son favorables, es insuficiente el nivel de acceso a las redes de alcantarillado, con carácter crítico en las zonas rurales, lo que atenta contra la calidad del servicio y puede incrementar los impactos medioambientales negativos por el incorrecto manejo de residuales, que incluye el vertimiento en ríos. 

En este sentido, constituye una importante deficiencia del sistema de alcantarillado los bajos niveles de tratamiento a los residuales evacuados provenientes de hogares, la industria o entidades agrícolas, lo que constituye una importante fuente de contaminación de las aguas terrestres. 

Electricidad 

La producción de electricidad se sustenta de forma significativa en el uso de combustibles fósiles —y de ellos los menos eficientes: fuel, diésel—, con alta dependencia de las importaciones. Lo anterior, acompañado a los problemas de uso eficiente y conservación de la energía, incide en las metas de desarrollo del país. 

Si bien Cuba ha alcanzado niveles de acceso a la electricidad que superan el 99 % de los hogares, debe decirse que hay presencia de ineficiencias en el sistema eléctrico —interrupciones del servicio, variaciones del voltaje, alta proporción de pérdidas en las redes de distribución— que redundan en una menor calidad del servicio provisto.



En 2010 se modificaron las tarifas eléctricas residenciales con el objetivo de disminuir el subsidio a la tarifa eléctrica de la población, debido al incremento de los precios del petróleo y al ascendente consumo residencial. No obstante la entrega de electricidad hoy presenta altos costos, tanto monetarios como ambientales.3 Aún es baja la utilización de las fuentes renovables de energía, pues con ellas solo se produce el 4.3 % de la electricidad del país (Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, 2018). La política energética del país prevista en el Plan 2030, ha establecido metas de participación para cada una de las fuentes. Sin embargo, la estrategia de transformación de la matriz hacia energías renovables (24 %) es lenta e insuficiente. En este sentido se han desaprovechado oportunidades, en particular de biomasa azucarera y energía solar. 

No obstante, en la «Cartera de Oportunidades de Inversión 2018-2019», (Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, 2018) se hace explícita la política del país de promover proyectos para la generación de energía a partir de las fuentes renovables de energía (FRE), lo cual se evidencia en la propuesta de once proyectos para la producción de electricidad a partir de biomasa, la instalación de un parque solar fotovoltaico de 100 MW, así como otras potencialidades del biogás, hidroenergía y recursos eólicos. Lo anterior está a tono con el impulso dado a la inversión en FRE en la región latinoamericana —aunque su participación está todavía por debajo del 10 % de la producción (Kogan y Bondorevsky, 2016)— y en los países miembros de la OCDE.

Transporte 

El sector en todas sus formas —terrestre, marítimo y aéreo— sufre una elevada descapitalización. El parque automotor, tanto de pasajeros como el dedicado a cargas, sufre una baja eficiencia operativa, se encuentran disponibles apenas dos tercios de los vehículos y, la sobreexplotación de los mismos redunda en ineficiencia en el consumo de combustible. La anterior situación se vio acompañada por deficiencias en la asistencia técnica a dichos vehículos, por dificultades en las condiciones de los talleres y la disponibilidad de piezas. 

Cabe destacar, la inversión en el transporte ferroviario como parte del amplio programa de desarrollo ferroviario acometido por el país, que a un costo de alrededor de 2200 millones de dólares ya se ejecuta, tanto para restablecer el transporte de pasajeros como para duplicar la transportación de otras cargas que hoy se realizan. 


No obstante, las autoridades han señalado que la inversión debe ir acompañada de un sistema lógico e integral de talleres y mantenimiento. 

En cuanto a la rama aérea, las inversiones realizadas para la compra de aviones no se han revertido de manera favorable. Persisten problemas de calidad del servicio, evidenciado en el retraso en más del 60 % de los vuelos nacionales de Cubana de Aviación (Menguela, 2018). Asimismo, deben acometerse acciones de envergadura en las principales terminales aéreas del país, coinciden- tes con los destinos turísticos fundamentales. 

En sentido general, prevalecen problemas organizativos que frenan el correcto y eficiente empleo de los recursos existentes y, el cumplimiento de itinerarios de viajes. La gestión centralizada, los precios subsidiados,4 y la falta de incentivos salariales significan la prevalencia de deficiencias tales como el ausentismo y el éxodo de fuerza laboral del sector y, en definitiva, una mala calidad en la prestación del servicio. 

La transportación de pasajeros presenta un déficit crítico, la capacidad de los servicios de transportación se encuentra muy por debajo de la demanda existen- te. Ya se había mencionado que al realizar una comparación con la región latinoamericana este era uno de los sectores más críticos. De hecho, en América Latina y el Caribe se han registrado avances significativos en los viales y el desarrollo de los sistemas de transporte público, en particular con el desarrollo de los sistemas de Metro y en menor medida los trenes ligeros, tranvías y los sistemas de BRT (Bus Rapid Transit). 

En la transportación de cargas, a pesar de eliminarse la fragmentación existente con el objetivo de aumentar la eficiencia del servicio, persisten importantes deficiencias que golpean el dinamismo económico del país, lo cual tiene impactos negativos en la productividad —falta de esta—, eficiencia, crecimiento y el logro de mayores niveles de desarrollo. 

Como puede observarse en la tabla 1, hay una significativa concentración tanto de la transportación de pasajeros como de carga en medios terrestres, en particular por carretera. 

La condición de isla, explica la necesidad de revertir tal situación, pues en la actualidad son muy poco significativas las actividades marítima y aérea, lo que conlleva a restricciones tanto a mediano como a largo plazo.

Telecomunicaciones 

Desde los años noventa del pasado siglo hasta 2016, Cuba ha logrado importante avances en el sector de las telecomunicaciones, aunque todavía se observan bajos niveles de acceso y la calidad de los mismos es insuficiente.  Asimismo, desde una perspectiva comparativa con la región latinoamericana y el resto del mundo, el país evidencia una importante brecha, siendo el caso de la penetración de los servicios de internet, el más preocupante (ilustración 6). En este sentido, los montos de inversión necesarios para acortar la brecha resultan en demasía elevados, en particular los referidos a la banda ancha. 


Entre las deficiencias causantes de esta situación se encuentra la limitada capacidad de los sistemas que sustentan dichos servicios, que no crece a un ritmo adecuado. Es decir, es insuficiente la ampliación de la infraestructura física, que en definitiva constituye la base para la prestación de los servicios. Esto implica que las líneas básicas no puedan ser adquiridas de manera libre, sino que son objeto de asignación según diversos criterios. El precio de instalación y las tarifas para el uso de este servicio se encuentran subsidiados, no obstante, el costo para los usuarios no es, en rigor, insignificante, de modo particular en llamadas de larga distancia. 

Por otra parte, el servicio de telefonía móvil también presenta, aunque en menor medida, limitantes en cuanto a la cantidad de líneas a asumir por año. No obstante, a pesar de los avances logrados, la mayor limitación al acceso a este servicio lo constituyen las altas tarifas impuestas a los usuarios para su mantenimiento y uso (tabla 2). 

Asimismo el servicio de internet presenta una deficiente relación calidad/precio, pues se comercializa a altas tarifas conexiones de bajas velocidades. Este servicio es de modo especial costoso para las empresas e instituciones. Por otra parte, el acceso al servicio en los hogares fue beneficiado cuando en septiembre de 2017 se produjo la apertura de Nauta hogar, servicio que diciembre de 2018, contaba con más de sesenta mil suscriptores. No obstante, aún este servicio se encuentra restringido pues depende las capacidades que la empresa pueda abrir y por lo tanto no cubre la demanda. Asimismo, buena parte de la población, accede a redes institucionales desde universidades y centros de trabajos, algunos con extensión del servicio a domicilio —por ejemplo: la red Infomed—

De igual manera, en diciembre de 2018, se da otro salto importante al ponerse en práctica los servicios de datos móviles para redes 3G. En este sentido, es preciso aclarar que el mundo, incluida la región latinoamericana transitó hacia las redes 4G y se prepara para la generación 5G. Por tanto, si bien haciendo una mirada hacia la Cuba de hace cinco años, se ha avanzado, la brecha con el resto del mundo, no solo existe sino que se incrementa, no porque Cuba no avance, sino porque la velocidad de adelantos del mundo es mucho más rápida. En otra arista, los avances en la banda ancha fija no son significativos y es este servicio el que tiene impacto directo en el aumento de la productividad, crecimiento, eficiencia, innovación, calidad de los servicios sociales, en general impacta desde diferentes frentes al proceso de desarrollo. 

En definitiva, a pesar del incremento de los servicios de telecomunicaciones y la disminución del precio de acceso a internet mediante los mismos —lo que ha permitido ampliar el consumo de internet—, aún es un costo alto para la población en particular el acceso mediante el Nauta hogar y datos móviles. 

Cuba: mensajes estratégicos y recomendaciones de política 

En sentido general, existe déficit en la provisión de los servicios de infraestructura básica aquí presentados. Lo anterior es resultado de importantes asimetrías entre el costo de proveer los mismos y los precios subsidiados en alto grado. Asimismo, la inversión en infraestructura física es baja lo que se traduce en un considerable atraso tecnológico, al tiempo que provoca que los servicios que se brinden sean deficientes e insuficientes. 

Uno de los objetivos declarados en el Plan 2030, respecto a la infraestructura es: «estimular la participación de la inversión nacional y extranjera en el mantenimiento y desarrollo de la infraestructura del país, en particular, aquella vinculada a los sectores estratégicos». En este sentido es necesaria una visión de conjunto sobre los requerimientos de inversión, tanto para cerrar la brecha con respecto a las necesidades propias del país en términos de crecimiento, como para reducir la brecha internacional, en especial con la región a latinoamericana y los países miembros de la OCDE.

Mensajes 

MENSAJE 1. La infraestructura económica tiene un rol central en los Objetivos de Desarrollo Sostenible; cinco de los diecisiete objetivos se refieren de forma directa al desarrollo de los servicios asociados a ella. De modo específico: lo referido a la necesidad de más y mejores datos estadísticos, acceso a agua limpia y saneamiento, energía asequible, innovación industria e infraestructura, ciudades y comunidades sostenibles, producción y consumo responsables. En el caso de Cuba, haber definido la infraestructura como uno de los ejes estratégicos del Plan 2030 contribuye a alinear el país con dichos objetivos. 

MENSAJE 2. Promover mayor inversión en infraestructura, con la reorientación de parte de la inversión actual y la generación de nuevas fuentes de inversión; tanto nacional, como bajo las modalidades de inversión extranjera, donde hay ya experiencias exitosas en el país. El cierre de las brechas de infraestructura demanda montos de inversión muy elevados, por ello la pertinencia de buscar diferentes fuentes de financiamiento, que bien pudieran venir acompañadas de diferentes formas de operación y administración en cada sector. 

MENSAJE 3. En particular hay que hacer mayores esfuerzos en los sectores transporte y telecomunicaciones, donde la brecha es mayor. En el sector del transporte debe privilegiarse la modernización del transporte de pasajeros —incluida la introducción y desarrollo de sistemas al- ternativos— y la introducción de tecnologías amigables con el medioambiente. 

MENSAJE 4. En el sector de las comunicaciones, debe hacerse énfasis en el desarrollo de la banda ancha. Lo anterior se refleja, por ejemplo, en efectos sobre la obtención de más y mejores empleos, mejor calidad de servicios, entre ellos: salud, educación, inclusión social y modernización del Estado. La estrategia lanzada por el Ministerio de Comunicaciones en 2015 debe ser revaluada a la luz de los adelantos actuales y de la velocidad de los cambios en este sector a nivel mundial. Resulta preocupante el hecho de que en términos de inversión extranjera, el sector no tenga protagonismo. Lo anterior es bastante sorprendente si se considera que a nivel internacional el sector de las telecomunicaciones es uno de los sectores de mayor dinamismo y que más inversiones atrae. 

MENSAJE 5. Debe atenderse a la integración, complementariedad de aquellos elementos decisivos de la cuarta revolución tecnológica, tanto en la concepción de las nuevas inversiones en infraestructuras como en los servicios asociados a ellas. Estas tecnologías que van más allá de las telecomunicaciones y tienen una aplicación directa en el transporte —vehículos eléctricos—, el sistema financiero, el sistema electroenergético —redes eléctricas inteligentes—, por solo citar ejemplos. Lo anterior tiene impacto tanto desde el punto de vista de la oferta como de la demanda, y se alcanza mayor eficiencia tanto en la operación como en la integración y con impactos en los hogares y en el sector empresarial. 

MENSAJE 6. En el caso del sector agua potable y sanea- miento, debe cambiarse el enfoque de que en gran medida los grandes problemas del sector se deben a los bajos precios del servicio, pues no es la población el mayor consumidor de los mismos. En este caso debe prestarse especial atención al consumo agrícola, el cual además no ha logrado alcanzar niveles de productividad que lo justifiquen. 

MENSAJE 7. Promover alianzas público-privadas para la provisión de los servicios de infraestructura, para su mantenimiento y para la etapa constructiva de infraestructuras básicas, tanto con empresas extranjeras como con el sector no estatal cubano, allí donde sea conveniente. 

MENSAJE 8. Acompañado a las inversiones en nuevas infraestructuras debe existir una política dirigida al mantenimiento sistemático y a la modernización paulatina de las existentes. 

MENSAJE 9. La dimensión de lo territorial —local— debe aparecer de forma explícita en los temas asociados a la creación de nuevas infraestructuras. 

MENSAJE 10. Las tarifas y precios de los servicios asociados a las infraestructuras deben ser revisados sin descuidar los equilibrios necesarios entre acceso, costos y rentabilidad de esos servicios. En igual sentido, debe perfeccionarse el diseño de los subsidios, tanto aquellos orientados a facilitar el acceso a los servicios como los destinados a promover actividades o sectores estratégicos. 

MENSAJE 11. Hay que hacer énfasis en reducir los costos asociados a la prestación de los servicios de infraestructura, lo cual demanda un uso de los recursos más eficiente. Esto puede lograrse si se permite la compe- tencia en los segmentos que así se justifique. En este sentido el rol del regulador es esencial y el mismo debe preservar una independencia operativa que asegure la razonabilidad técnica de sus decisiones. 

MENSAJE 12. Es preciso fortalecer las capacidades de las instituciones públicas —niveles nacional y territorial—. Esto está a tono con lo propuesto en el Plan 2030 cuando se propone como uno de los objetivos: «Perfeccionar el papel del Estado en sus funciones de fomento, regulación y control, así como de participante en el proceso inversionista» (Partido Comunista de Cuba, 2017; pág. 18). 


Bibliografía 

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Partido Comunista de Cuba. Documentos del 7mo. Congreso del Partido aprobados por el III Pleno del Comité Central del PCC el 18 de mayo de 2017 y respaldados por la Asamblea Nacional del Poder Popular el 1 de junio de 2017. Contiene la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, las Bases del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030. Visión de la Nación, ejes y sectores estratégicos y los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución para el período 2016-2021. La Habana: Editora Política, junio 2017. 

Perroti, D. y R. Sánchez. La Brecha de Infraestructura en América Latina y el Caribe. Santiago de Chile: CEPAL, 2011. 

Prud’homme, R. «Infrastructure and Development». Annual Bank Conference on Development Economics. Washington: Annual Bank Conference on Development Economics, 2004. 

Ramírez, V., J. Campana, y R. Juárez. La Infraestructura en el Desarrollo Integral de América Latina. Productividad social y financiamiento de la inversión en infraestructura. Bogotá: Corporación Andina de Fomento, 2013.

Citas

1 No es objetivo de estas páginas el cálculo de las brechas ni los recursos necesarios para su cierre. 

2 Índice de desempeño logístico: calidad de la infraestructura relacionada con el comercio y el transporte (1= baja a 5= alta) (Banco Mundial, 2018).

3 Si se considera que, como promedio, el costo de cada Kw/h es de 0.14 USD, y la tarifa para los primeros 100 Kwh es de 0.09 CUP por Kw/h, es posible afirmar que los costos de proveer el servicio son considerables.

4 idea más clara puede tenerse si, por ejemplo, se compara el precio de un pasaje aéreo La Habana-Nueva York, con uno La Habana-Baracoa —en el extremo este del país—. En el primer caso, aunque la fluctuación es considerable según la línea aérea, la época del año y por tanto la demanda, puede estar alrededor de los 270 USD. En el caso de una visita desde la capital hacia la ciudad primada de Cuba en un vuelo nacional, el precio del pasaje es de 270 CUP, sin distinción de época del año.

LAURA GALEANO ZALDIVAR

Máster en Economía, profesora de Economía Política y Desarrollo Económico del Departamento Desarrollo Económico, Facultad de Economía de la Universidad de La Habana. Se especializa en temas de desarrollo económico.


Continuará

Recuperan en Guantánamo cultivo del cítrico (+Fotos)

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Guantánamo, 15 jul (ACN) Campesinos del guantanamero municipio de Yateras celebran la recuperación del cultivo del cítrico mediante un programa que pretende ubicar nuevamente a esa región, como hace 40 años, en la avanzada de la producción de naranjas en la provincia.
En un Reportaje que publica el periódico Venceremos, Ramón Cueto Laffita, delegado de la Agricultura en el montañoso territorio, comentó que el proyecto inició en 2018 y su avance se ha visto limitado por la falta de viveros propios para fomentar las posturas, debido a la presencia de las mismas enfermedades causantes de la desaparición de los naranjales.
Explicó que el traslado de las plántulas a Yateras, con tradición y excelentes condiciones para ese cultivo, se produce desde el santiaguero municipio de Contramaestre y el vivero de la Unidad Empresarial de Base de Semillas de Guantánamo.
No obstante, Cueto Laffita aseguró que disponen de las posturas para completar este año las 20 hectáreas programadas, de las cuales alrededor de 15 están sembradas y muestran un favorable desarrollo, a pesar de la escasez de insumos.
Subrayó que el propósito final es recuperar las áreas que antaño se dedicaban al cítrico, fundamentalmente las localizadas en las zonas de Monte Verde, Felicidad, Guayabal, y Palenque, consideradas las mejores.
Precisó que algunos campos pronto cumplirán dos años de plantados y empezarán a rendir sus primeros frutos en 2021 y 2022.
Entrevistado por Venceremos, Florencio González Pichardo, socio de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Reinaldo Góngora, del Consejo Popular Monte Verde, expresó su satisfacción por la recuperación citrícola, la cual, dijo, es una necesidad de la población, de la economía del país y de los campesinos.
Procedente de una familia de tradición en ese cultivo, explicó que en su finca cuentan con una hectárea de naranjas Nevo y Valencia y pretenden sembrar otras tres cuando estén creadas las condiciones.
Agregó que disponen también de un área en fomento con 17 variedades de mandarinas, sembradas hace casi dos años, donde se evalúa el comportamiento de estas (rendimiento, resistencia, adaptabilidad…) .
Significó que las plantaciones muestran un excelente estado morfológico, fisiológico y metabólico y serán favorecidas con riego de dos sistemas por goteo, para garantizar la humedad en tiempos de sequía.
Los campesinos yateranos expusieron su voluntad de ampliar las áreas de cítricos, muchas de las cuales emplean provisionalmente en el cultivo de viandas, hortalizas y granos, como respuesta al llamado de incrementar la producción de alimentos en el complejo escenario impuesto por la COVID-19.
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Ante el bloqueo y la Covid, ¿cuál transformación?, ¿qué modelo?


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Jul 9 · 17 min read

Entrevista a Carlos Pérez Soto (I) por Carlos Lage Codorniu

Ilustración: Silvana Ávila

De la serie: «Transición socialista, planificación y mercados»
Nota editorial:

En momentos en que el capitalismo plantea nuevas formas de reorganización a escala internacional, regional y local, se hace más necesario que nunca repensar las alternativas. Para el socialismo marxista y las alternativas que se construyeron o construyen en su nombre, resulta inacabado el debate sobre el lugar y alcance del mercado y la planificación.

La Tizza se introduce en esta polémica relevante y necesaria para la Cuba de hoy con un grupo de trabajos que persiguen una primera aproximación, desde el marxismo, a las múltiples intersecciones entre transición socialista, planificación y mercado. Los trabajos, entrevistas y reposiciones que son parte de esta serie sirven de pretexto, en adición, para polemizar sobre algunos de los principales retos del modelo cubano en la coyuntura actual.

La Tizza se complace en entrevistar al Doctor en Ciencias Económicas Carlos Pérez Soto, profesor auxiliar de la Universidad de La Habana y poseedor de una amplia y diversa experiencia como funcionario del gobierno cubano. Fue Director de Estudios Económicos (2002–2004) y de Política Monetaria (2004–2011) del Banco Central de Cuba. Con posterioridad, fue jefe de la Dirección Central del Plan en el Ministerio de Economía y Planificación (2011–2017). A su vez, integró el grupo de macroeconomía de la Comisión de Implementación y Desarrollo de los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución para el período 2016–2021(2011–2017) y las comisiones de redacción de los documentos del VI y VII Congresos del Partido. En la actualidad se desempeña como trabajador por cuenta propia.

A partir de la experiencia académica, técnica y política de Carlos, conversamos sobre temas relevantes de la política económica del país en la actualidad. La presente entrega es la primera de varios trabajos que resumen esas conversaciones, donde se discuten a profundidad temas como el impacto del bloqueo económico, los retos de la planificación y las invariantes de la transformación productiva en Cuba.

Carlos Lage Codorníu (CLC): Carlos, nuestro país se enfrenta a una agudización del bloqueo económico hasta niveles impensados, sumado al impacto de la crisis mundial y los propios efectos de las medidas sanitarias para contener el coronavirus. En adición a ello, se acerca el VIII Congreso del Partido, un congreso de importancia medular en términos del proceso de renovación del liderazgo de la Revolución y de la necesaria revisión de la marcha de la actualización del modelo económico, aprobada en las anteriores citas partidistas.

El presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, ha hecho una convocatoria a enfrentar esta coyuntura «con un profundo pensamiento innovador». ¿Cómo asumes o crees que debe asumirse esta convocatoria?

Carlos Pérez Soto (CPS): Asumo que la convocatoria del presidente Díaz-Canel debe enfocarse al logro de la visión de la nación, y estructurarse a partir del concepto de Revolución expresado por Fidel, hilo conductor del consenso forjado en torno a la aspiración de construir un país próspero, sostenible y democrático, pero en un ambiente donde prevalezca la independencia, la soberanía y el socialismo, de acuerdo al espíritu consagrado en los documentos rectores: Conceptualización, Lineamientos, Plan Nacional 2030 y la nueva Constitución.

Estos documentos constituyen la expresión del consenso nacional conformado a través de un ejercicio científico integrador, también de pensamiento innovador, inclusivo y democrático, caracterizado por la participación de todos los sectores de la sociedad y la población en general, que puso en evidencia, una vez más y de manera práctica, el concepto de democracia que debe distinguir al socialismo cubano.

Por su significado y el momento histórico en que se concibieron, estos documentos constituyen una de las fortalezas fundamentales con que cuenta nuestro gobierno y el pueblo en general para enfrentar la actual situación y conducir la referida convocatoria. En tal sentido, no deben ser subestimados, subutilizados y muchos menos ignorados.

Por ello, ese pensamiento innovador debe enfocarse en la reflexión, actualización en lo que sea necesario, y sobre todo en imprimirle agilidad, eficiencia, efectividad y especialmente integralidad a su implementación.

Hay que reconocer que en la última década no se actuó con toda la celeridad y profundidad requerida. Se perdió un tiempo histórico esencial, pero la Patria nos exige recuperarlo sin más dilación. Difícilmente tengamos otra oportunidad.

Este enfoque será la clave para enfrentar el momento actual, que exige la combinación de lo táctico, sobrevivencia, con lo estratégico, entendido como la necesidad de concretar las transformaciones estructurales en lo institucional y lo productivo que nos permitan retornar y acelerar el desarrollo del país. Esta ponderación será fundamental. El «Periodo Especial» nos dejó muchas lecciones al respecto. Medidas efectivas para la coyuntura, a la postre han generado grandes distorsiones en la vida económica y social del país.

Desde esta perspectiva debemos reflexionar sobre temas medulares de nuestra realidad económica, social e institucional. Por mencionar algunos podría señalar: el papel y vigencia de la planificación centralizada en un entorno de economía descentralizada y un mercado que le aporte la funcionalidad necesaria a esta unidad dialéctica; premisas y elementos para la conformación de ese mercado; el redimensionamiento de nuestras fuerzas productivas teniendo en cuenta las diferentes formas de propiedad, su complementariedad y la creación de las condiciones necesarias para que cualquier paso que se dé en este sentido no sea generador de graves distorsiones en lo político, lo económico y lo social.

Sin embargo, en aras de la integralidad y enfoque sistémico que exige el abordaje de estos temas, estas reflexiones deben ser ponderadas por un análisis objetivo de lo que representa el bloqueo económico y comercial impuesto por los gobiernos de Estados Unidos a nuestro país y su impacto en todas las esferas de la sociedad. Esto resulta necesario y definitorio. Asumir esta variable del análisis como exógena, redundante o marginalizarla, constituiría un grave error histórico, político, pero también científico.

CLC: Entiendo que no te refieres al bloqueo únicamente por el recrudecimiento de los últimos meses, sino por la necesidad de abordarlo de manera sistémica y objetiva. Háblanos un poco de esta idea o de cómo descifrar mejor la complejidad de un tema tan llevado y traído.

CPS: Aquí hay dos cuestiones básicas, entender el momento histórico en que vivimos y lograr una adecuada contextualización del bloqueo desde una perspectiva internacional y nacional. Con ese propósito, utilicemos una metáfora fotográfica, abramos el lente y enfoquemos lo general. Al mismo tiempo, avancemos de lo cualitativo a lo cuantitativo.

El mundo ha transitado hacia la multilateralidad, pero no hacia un equilibrio de coexistencia. La situación cada vez se torna más tensa e incluso hostil. Poco a poco se ha ido recomponiendo un nuevo escenario de guerra fría, quizás más solapada en lo militar, o más bien más indirecta, pero muy intensa en los planos mediático, económico, comercial y financiero.

Continúan y se exacerban las contradicciones que emergen de las posiciones hegemónicas de los centros de poder imperialistas, profundizándose su carácter heterogéneo; tanto por los actores involucrados, como los temas que estas abarcan: intracapitalistas, norte-sur, sur-sur, vinculadas a temas políticos, ambientales, económicos, comerciales, étnicos, religiosos, culturales, entre otros.

Todo lo anterior puede sintetizarse en una activa confrontación entre dos enfoques generales de pensamiento: la globalización de la dominación imperial vs. la globalización de la solidaridad. El primero promueve el unilateralismo y la competencia y el segundo el multilateralismo y la cooperación.

Sin temor a equivocaciones puede afirmarse que en estos años se ha arreciado el enfrentamiento político e ideológico. En el plano económico esto se traduce en la confrontación entre el neoliberalismo reproductor del capital y depredador, y la economía solidaria y sostenible enfocada en la reproducción de los valores individuales y colectivos del ser humano.

Una mirada más general ubica al bloqueo como parte del arsenal imperialista y de las fuerzas de derecha en esta confrontación, por lo que la Revolución cubana significa en el contexto internacional. Esto mantiene vigente la visión martiana sobre el imperialismo y su sentencia sobre el significado de la independencia y soberanía de Cuba para el contexto internacional.

Quiere decir que la Revolución cubana, defendiendo y construyendo la visión de la nación consensuada, se defiende a sí misma y se mantiene a la vanguardia de las fuerzas que luchan por hacer posible y real un mundo mejor.

Ya estrechando un poco el visor podemos decir que, en los últimos años, la política de acoso y persecución imperialista hacia Cuba y concretamente el gobierno de Donald Trump ha tenido un pensamiento muy innovador y proactivo, fundamentado en la agresividad y la falta de ética. Si en algún momento se pensó que el bloqueo imperialista hacia la isla había alcanzado un límite insuperable en cuanto a su carácter guerrerista, criminal y absurdo en lo concerniente al derecho internacional, la situación actual muestra cómo esto fue solo una ilusión. En el último año vemos cómo se incrementan en términos exponenciales su agresividad, su extraterritorialidad, intencionalidad y su falta de ética. Tanto en el plano discursivo como en su accionar.

A la hora de presentar los eventos externos que en los últimos tiempos han incidido negativamente en el desempeño de la economía cubana, no es suficiente con listarlos, incluso de manera pormenorizada. Debe enfatizarse en que todos tienen una conexión sistémica y son consecuencia del enfoque perverso de la política imperialista en su proyección general internacional y en lo particular con relación a Cuba. Solo mencionar el objetivo declarado del presidente norteamericano de borrar el socialismo del contexto latinoamericano y señalar un eje del mal para la región. A la usanza de las películas del oeste, se ha erigido en sheriff, ha nominalizado a los forajidos y ofrecido recompensas. Lastimosamente, no han faltado los cazafortunas.

La cruzada contra las misiones médicas cubanas en particular, y la colaboración de la isla en general, tiene dos objetivos: satanizar el ejemplo que emerge del internacionalismo solidario cubano en el plano global, y cercenar los sectores más dinámicos de la economía cubana con la intención de propiciar la asfixia del pueblo cubano y, por esta vía, socavar nuestra independencia, nuestra soberanía y el derecho a construir el sistema político que hemos consensuado. Este proceder, como se sabe, no es exclusivo para el caso de Cuba; se aplica, con mayor o menor intensidad, a aquellos gobiernos y pueblos que se oponen a los intereses hegemónicos imperialistas.

CLC: Consideras entonces que abordar el tema del bloqueo no es solo una cuestión de justeza y objetividad, sino de la necesidad de un posicionamiento ideológico y de rigor intelectual en el debate.

CPS: El bloqueo nos ha impuesto por casi seis décadas un escenario de plaza sitiada, impactando no solo en el plano material, sino también en el subjetivo de nuestra sociedad.

Hemos defendido la plaza con dignidad ejemplarizante. Sin embargo, no podemos conformarnos con los resultados y paralizarnos. Continuemos incorporando tácticas y estrategias ofensivas, en lo referido al perfeccionamiento continuo de nuestro sistema político, económico y social.

Eso sí, sin descuidar la portería, pues esta debe continuar imbatible.

Es preciso mantener y defender nuestro discurso sobre los fundamentos ya consensuados, renovarlo a partir de su confrontación con el ejercicio práctico de su implementación. Revisar lo que salió bien y, sobre todo, lo que salió mal. Considerar lo nuevo que debe ser añadido. En particular, propiciar una instrumentación más ágil, integral, inclusiva, innovadora y creativa, enfocada en la construcción de la visión de la nación, apoyada y defendida por la mayoría de nuestro pueblo.

La diversidad de criterios y el debate profundo y reflexivo sobre estos temas será más fecundo en la medida que consolidemos y transparentemos la unidad nacional en torno a la soberanía, la independencia, el socialismo, la democracia, la prosperidad y la sostenibilidad.

Podrían esgrimirse más argumentos, pero considero suficiente lo dicho para afirmar que en este debate de pensamiento y de acción es necesario posicionarse y comprometerse, sin que esto signifique pérdida de objetividad. No resulta conveniente la ingenuidad o ambigüedad. Por su importancia decisiva para la nación es preciso ser ético y genuino y no dar cabida a la hipocresía o deshonestidad política e ideológica encubierta en el recurrido academicismo neutral.

El debate exige que le pongamos cuerpo y alma, pero también compromiso y honestidad intelectual.

Por otra parte, se requiere un debate científico integrador y multidisciplinario, donde las ciencias sociales jueguen un papel protagónico. No es solo un debate económico, mucho menos economicista. En este caso particular, debe exaltarse la economía política, en ocasiones relegada e incluso olvidada. No se trata únicamente de maximizar ingresos y beneficios.

No está de más reiterar el llamado a una mayor integración de las ciencias sociales, eliminando los compartimientos que conducen a la segmentación de la realidad y que tanto afectan la riqueza de las investigaciones en ese campo.

La naturaleza multicausal de los fenómenos sociales exige para su estudio enfoques multidisciplinarios.

La alta calificación alcanzada por los científicos sociales cubanos es otro de los grandes logros de la Revolución. Hoy más que nunca resulta imperativo fomentar su participación en la interpretación de los problemas principales de la sociedad cubana. Sin embargo, lo anterior no basta, es necesario garantizar que estos resultados sean tomados en cuenta en los procesos de toma de decisiones en los diferentes niveles, previendo y evaluando de forma sistemática los impactos obtenidos.

CLC: Vayamos ahora a lo cuantitativo. Después de tanta divulgación del tema en los medios ¿crees que están suficientemente dimensionados los costos del bloqueo? ¿En qué medida ello contribuye, no a justificar, pero sí a comprender la complejidad del desafío cubano?

CPS: Retomando la metáfora fotográfica, podemos cerrar más el lente, enfocándonos en la economía cubana y en sus efectos cuantitativos, pero sin dejar de pensar en lo ya dicho.

Oficialmente se ha calculado un costo acumulado, valorado a precios corrientes para casi seis décadas, de 138.843 millones de dólares. Otro enfoque basado en la trayectoria del valor del oro respecto al dólar durante esos años lo sitúa en 922.630 millones de dólares. Las pérdidas para 2018 se calcularon en 4.343 millones de dólares.

Estas cifras parecen conservadoras si se tiene en cuenta la falta de evidencias a la hora de realizar el ejercicio contable, dado el efecto intimidatorio que ejerce esta política en la comunidad empresarial internacional y su utilización como instrumento de coerción política a gobiernos de terceros países.

Si asumimos que el costo del bloqueo en un año se encuentra en el entorno de los 4 mil millones de dólares, esta cifra sería equivalente a una tercera parte del monto total del valor de las importaciones anuales.

Considerando fijo el coeficiente que refleja la demanda de importaciones por cada peso de PIB, podríamos afirmar que el bloqueo reduce la magnitud potencial anual de este macroindicador en un entorno cercano al 30 por ciento.

En otras palabras, si no existiera el bloqueo, el pastel creado en un año por los cubanos, manteniendo las actuales condiciones de nuestro modelo económico, se incrementaría en un 30 por ciento, y en la misma proporción sus posibilidades de distribución.

Ligeros crecimientos en la eficiencia de este indicador y el efecto multiplicador propio de las importaciones, permitirían obtener tasas de crecimiento más elevadas, ahora sobre magnitudes absolutas 30 por ciento mayores. No es lo mismo crecer un 2 por ciento sobre 10, que sobre 100; en el primer caso se disponen de 2 unidades adicionales y en el segundo de veinte.

Cuatro mil millones en diez años son 40 mil millones de dólares. Imaginemos por un segundo disponer de ese flujo de financiamiento para sustentar la implementación de los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo 2030.

Sería considerable su impacto en la consecución de los objetivos planteados para los ejes estratégicos, fundamentalmente los referidos a la infraestructura y a la trasformación productiva. De igual manera, se dinamizaría el desarrollo de los sectores estratégicos y sus efectos de arrastre para el resto de las actividades económicas del país.

CLC: De hecho, en 2.500 millones se cifró la cantidad necesaria de inversión extranjera anual para dinamizar el crecimiento productivo del país. Contar con un flujo anual de 4 mil millones de dólares supone alcanzar esta meta sin capital externo y, además, poder estimular el consumo con otros 1.500 millones de dólares. Las dimensiones, las posibilidades y las metas para desarrollarnos serían otras completamente…

CPS: Exacto. Mirando hacia atrás, no es nada especulativo afirmar que en términos de tiempo pudo significar al menos una década de retraso de nuestro desarrollo.

Hay que agregar que la política genocida también afecta de forma negativa la consolidación y el desarrollo del sector privado dentro de nuestro modelo económico. Sus impactos negativos sobre el sector estatal limitan las potencialidades de encadenamientos productivos y, con ello, posibles fuentes de negocios para los emprendedores cubanos.

Un ejemplo muy evidente lo constituyen las afectaciones reportadas en las actividades turísticas.

Cuando se restringen los flujos de remesas se afecta el poder adquisitivo de la población y, en consecuencia, la demanda de bienes y servicios producidos por el sector privado, así como parte importante del financiamiento de las inversiones que realiza ese sector. Si se flexibilizaran los viajes, Estados Unidos pudiera ser uno de los mercados de insumos más competitivo para estos productores. También en ese sentido el bloqueo constituye una importante traba para el desarrollo de las fuerzas productivas.

Nada de esto pone en discusión la necesidad de transformar nuestro modelo económico y social desde adentro y su urgencia. Más bien la refuerza.

Esa necesidad está plasmada en el espíritu y la letra de los documentos rectores ya mencionados. Estas reflexiones solo pretenden poner las cosas en su lugar y dejar todo claro.

Sacar de contexto nuestros resultados económicos no es apropiado y tampoco objetivo. Es cierto que lo alcanzado en los últimos diez años no nos debe complacer, pero perderíamos objetividad si no lo contrastamos con lo exhibido por América Latina, nuestro entorno geográfico.

Tampoco fue una década de crecimientos vigorosos para el resto del mundo. Nuestro crecimiento promedio fue de 2,3 por ciento anual en ese periodo, superior al alcanzado por la región y ligeramente inferior al mostrado por la economía mundial. A nivel global se enfrentaba una fase de desaceleración de la actividad económica y comercial.

Se evidencia que en el desenvolvimiento económico también influye el orden económico y financiero imperante a nivel mundial. Es válido recordar el reclamo de la necesidad de un nuevo orden económico y financiero internacional realizado por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro en 1979 en Naciones Unidas cuando habló en nombre de los países integrantes del Movimiento de Países No Alineados.

CLC: En efecto, desde 2019 no pocos analistas vaticinaban una posible recesión en las principales economías del mundo para 2020. Y el debate es amplio sobre el agotamiento del modelo neoliberal financiarizado (estancamiento secular, sobreahorro global, caída de la cuota de ganancia) y su reflejo en cifras de crecimiento muy discretas desde la crisis de 2008.

En este escenario llega la Covid, complejizando en extremo el entorno macroeconómico y mostrando la vulnerabilidad y la interconexión de los países en el contexto internacional de la globalización. ¿Qué reflexión te merece la coyuntura actual?

CPS: Los años venideros serán difíciles. Sería deshonesto descontextualizar o manipular las causas que propiciaron esa situación. El contundente shock externo derivado de la pandemia es el factor fundamental que desencadena la situación mundial actual. Más bien nos afecta por contagio desde el exterior.

Respecto a la Covid, no son pocos los expertos que vaticinan impactos comparables con lo sucedido en los años 30 del pasado siglo a nivel internacional. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estima una caída en las economías avanzadas entre el 4 y el 6 por ciento, números que suponen una recesión más profunda que la experimentada en los años 2008 y 2009. La Organización Mundial del Comercio (OMC) estima, por su parte, que el comercio mundial podría contraerse entre un 13 y un 20 por ciento.

El Banco Mundial estima una caída de 5,2 por ciento de la actividad económica internacional y de un 6,2 por ciento del producto interno bruto per cápita para 2020. Esta última será la caída más alta desde 1870. Según estos pronósticos en las economías de ingresos altos la contracción será del 7 por ciento, mientras que América Latina será la región con la caída más pronunciada, alcanzando el 7,2 por ciento.

Por su parte, la CEPAL pronostica para América Latina una contracción de la actividad económica del 5,3 por ciento y casi 30 millones más de pobres, para llegar a los 215 millones de personas que viven en situación de pobreza y a 83 millones que lo hacen en pobreza extrema, un 35 y un 14 por ciento de la población total respectivamente; consolidándose como la región más desigual del planeta. Para el caso de Cuba se estima una caída de la actividad económica del 3,7 por ciento.

Todos estos pronósticos deben ser tomados con cautela, solo como referencia, pues los acontecimientos aún se encuentran en pleno desarrollo. Algunas de estas instituciones internacionales ya anuncian la necesaria revisión a la baja de estas proyecciones.

La crisis provocada por la pandemia se manifestará en lo sanitario, en lo económico y en lo social, y afectará de una u otra manera a todos los países del mundo, independientemente del modelo económico que profesen. La recuperación exige creatividad, colaboración y cooperación, aprovechar el multilateralismo e intensificar la solidaridad a nivel global. Por sí solo, difícilmente algún país se recuperará.

El efecto en la dinámica del PIB en lo que resta de año y el próximo dependerá, entre otros factores, de la magnitud y duración de la pandemia y la sostenibilidad que su manejo brinde para la reapertura, siempre gradual, de la actividad económica en el entorno de la llamada «nueva normalidad». En este aspecto Cuba muestra resultados alentadores, pero no son suficientes. La evolución internacional jugará un rol fundamental. El desarrollo de los acontecimientos en ambos planos determinará la dirección que deben tomar las acciones y medidas para la reactivación de la actividad económica.

CLC: ¿Consideras que el peso de lo externo en la situación actual (bloqueo y Covid) debe ser un motivo para la «pausa» o para la «prisa»?

CPS: La viabilidad del modelo económico implementado en cada país contribuirá y matizará su situación particular.

La necesidad de actualizar y perfeccionar el modelo económico cubano es una urgencia consensuada varios años antes de la irrupción de la pandemia. Acometerla es un mandato del soberano.

Como ya ha sucedido, la administración estadounidense también utilizará el bloqueo para incidir negativamente en los esfuerzos de nuestra nación para enfrentar y atenuar los impactos de la pandemia en nuestra situación sanitaria, económica y social. La falta de ética y humanismo de la administración Trump tratará de sacar provecho.

Por tanto, un riguroso análisis de la realidad cubana demanda reconocer y condenar el bloqueo. Sin embargo, no resulta suficiente si no se identifica de manera explícita que el fundamento ideológico que anima su aplicación, permanencia y progresivo recrudecimiento es el mismo que estimula el abandono de la planificación y se esmera en presentar a la propiedad privada como la vía fundamental para alcanzar el desarrollo y destrabar las fuerzas productivas, desconociendo o relegando a un segundo plano la potencialidad del sector estatal y el significado de la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción para la construcción de nuestro proyecto de nación.

Ante la nueva situación internacional y el oportunista recrudecimiento del bloqueo y de sus presiones políticas en busca de concesiones de nuestra soberanía e independencia, ¿seríamos dogmáticos si mantenemos nuestra apuesta a la planificación centralizada y al predominio de la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción de bienes y servicios? Te aseguro que no.

Enfrentemos el reto de subsistir y a su vez transformar nuestra economía y destrabar nuestras fuerzas productivas en las circunstancias actuales con integralidad, coherencia y agilidad. Recuperemos el tiempo perdido e imprimámosle eficacia a nuestras acciones. Pero no olvidemos ni subestimemos las trabas derivadas de la realidad mundial contemporánea. No nos desanimemos. No lo hicieron los mambises, tampoco la Generación del Centenario.

Fuerzas externas o naturales no podrán paralizarnos; desafiémoslas sin obviar o subestimar las consecuencias y condicionantes que las acompañan. Habrá que enfrentar la crisis con soluciones para la coyuntura, de sobrevivencia, pero en función de lo estratégico. Debemos acelerar la implementación de lo consensuado y aún pendiente, rectificar desviaciones e incorporar los aspectos novedosos que nos imponen la evolución de los acontecimientos y el paso del tiempo. Será un proceso complejo, pero no imposible. Integralidad, coherencia, inclusividad, sistematicidad y gradualidad constituyen premisas básicas para la acción.

Para garantizar el éxito de la transformación del panorama económico y social no basta con identificar y consensuar las medidas, es necesario profundizar el estudio y lograr consenso sobre la secuencialidad, desde una perspectiva integral, en su implementación.

Esto último aún no se aprecia con claridad en el accionar del gobierno y tampoco en el debate académico sobre el tema. Insisto en esto por su importancia; la implementación de las medidas adecuadas con una secuencialidad inadecuada propiciará el surgimiento de nuevas distorsiones y la profundización de las ya existentes, no solo en el plano económico, sino también en lo político y social.

Como activos para esta tarea tenemos nuestra historia, nuestros valores y los documentos rectores mencionados. Trabajemos unidos por lograr prosperidad, sostenibilidad y democracia, garantizando soberanía, independencia y socialismo.

Internalicemos de manera consciente el legado contenido en el concepto de Revolución. Una recomendación adicional, escuchemos con serenidad y profundidad la canción «Mi casa», de Tony Ávila.

CLC: Gracias Carlos. En la próxima entrega profundizaremos sobre otros temas, en especial sobre los retos de la planificación en Cuba. Hasta entonces.