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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

sábado, 18 de agosto de 2018

Apicultura cubana renace gracias a la ciencia

La producción de miel, uno de pocos productos que Cuba exporta a Estados Unidos, ha sufrido el impacto de severos eventos meteorológicos.

ECONOMÍA Redacción IPS Cuba


El equipamiento adquirido mediante un proyecto con la FAO permite determinar los residuos en la miel y otros productos alimenticios. Foto: IPS_Cuba

La Habana, 15 ago.- La confección de mapas con la ubicación de los apicultores, apiarios, especies melíferas y hasta las zonas de riesgo por inundaciones o incendios, enfrasca a investigadores del estatal Centro de Investigaciones Apícolas (Ciapi).

Se trata del Sistema de Información Geográfica para la Apicultura (SIGA), que está en proceso de elaboración y ya ubica las colmenas, los recursos melíferos y los productores de varias provincias, adelantó Adolfo Pérez, el director del Ciapi.

Esta iniciativa es una de las más novedosas desplegadas por el centro estatal que persigue elevar la producción local de miel de abejas y productos derivados.

En las instalaciones del Ciapi, se certifican 11 parámetros para la miel de exportación con nueve técnicas analíticas acreditadas, de ellas, dos están relacionadas con residuos de antibióticos a niveles muy bajos, así como con varios parámetros en propóleos y polen.

Las exportaciones de miel y sus derivados constituyen uno de los rubros exportables más importantes del Grupo Empresarial Agroforestal del Ministerio de la Agricultura y hoy reportan ingresos anuales por 20 millones de dólares.

Fortalecimiento local

Fundado en 1982 como Estación Experimental Apícola, el centro adquirió su actual nombre en noviembre de 2007 y se encarga de proveer la base científica y técnica para garantizar la calidad de la cadena apícola en el país caribeño.

Cuenta con un laboratorio de cromatografía para el estudio de la composición y certificación de la calidad de los productos de la colmena, así como otros dos más: uno dedicado a investigar la composición química y otro para analizar la actividad antibiótica del propóleos y la miel y la calidad sanitaria.

Las pruebas que aún no realizan las asume un reconocido laboratorio alemán, pero la perspectiva es continuar ampliando el diapasón de residuos de antibióticos que pueden analizar especialistas cubanos capacitados para ello, al contar con un sofisticado equipo para la determinación de evidencias de la presencia de residuos.

“La apicultura en Cuba tiene 33 normas que garantizan que los procesos se realicen de forma organizada y basados en criterios científicamente establecidos”, sostuvo Pérez.


El centro se encarga de proveer la base científica y técnica para garantizar la calidad de la cadena apícola en el país caribeño.

Foto: IPS_Cuba

Recurso esencial

El equipo multidisciplinario de investigadores, especialistas y técnicos está integrado por casi 100 especialistas, que satisfacen las demandas de conocimientos de la apicultura y las exigencias de calidad e inocuidad del mercado, el cambio climático y los fenómenos extremos.

A juicio de Pérez, una parte esencial del centro radica en sus recursos humanos, que han recibido capacitación en Cuba, Alemania y otras naciones, como resultado de proyectos de cooperación internacional con entidades como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

El director calificó de “estratégico contar con proyectos a futuro que permitan mantener la actualización de lo logrado y el intercambio internacional, con prioridad en la cooperación Sur-Sur, de modo que se pueda romper con la dependencia de los grandes laboratorios, porque eso también es una barrera”.

Ciencia y más

Pérez amplió que otros servicios científico-técnicos brindados son las auditorías de calidad, servicios de asistencia técnica a productores, auditoría interna a la producción de miel orgánica y de inspección tecnológica a la producción.

Además, desarrollan y elaboran varios productos junto a otros centros y empresas, entre ellos los extractos hidroalcohólicos de propóleos; el extracto bioactivo de polen, destinado a la producción de cosméticos; y vino y aguardiente de miel.

Bajo la marca Apisun, se fabrican productos terapéuticos y suplementos nutricionales, así como cremas de belleza.

Para llevar la ciencia a los productores, el Ciapi imprime 1.600 ejemplares del boletín “Apiciencia para el apicultor”, con resultados de investigaciones y recomendaciones sobre temas afines, además de la revista digital “Apiciencia”.

La apicultura cubana tiene un plan de desarrollo que prevé incrementar progresivamente la recolección hasta llegar a las 15.000 toneladas.

Cuba hoy produce cada año 8.000 toneladas, a partir de la actividad de 186.000 colmenas. (2018)

No exageremos los costes de una guerra comercial

El que la economía global se base en los productos intermedios no implica que las crisis sean peores


La Iniciativa de los Mercados Globales (IGM, en sus siglas en inglés) es un foro que plantea cuestiones sobre política a un grupo representativo de economistas. El objetivo es proporcionar una instantánea del consenso profesional sobre diversos temas, lo cual es importante porque los grupos de presión —principalmente de la derecha— unidos al "equilibrio" de los medios de comunicación transmiten a menudo la impresión de que existe división donde realmente no la hay. Por ejemplo, básicamente ningún experto cree que las rebajas de impuestos se paguen solas, aunque haya por ahí algunos como Stephen Moore a los que les pagan por insistir en que sí la hay.

Por eso, el mes pasado, IGM sopesó el asunto de las cadenas de suministro y la guerra comercial, el tema de que, a diferencia de otros conflictos anteriores, la actual guerra comercial tiene lugar en un mundo en el que buena parte de las mercancías exportadas e importadas no son bienes de consumo sino materiales intermedios, utilizados en la producción. Los participantes coincidieron de manera prácticamente unánime en que la preponderancia de las cadenas de suministros globales aumenta el coste de la guerra comercial. ¿Pero tiene razón el consenso?

Pues bien, aunque condeno como el que más la estupidez y la corrupción que sostienen la política comercial de Trump, soy un poco escéptico respecto a la preocupación por las cadenas de suministro. O quizá la mejor manera de decir esto sea que hay tres explicaciones posibles acerca de cómo podrían aumentar los costes de la guerra comercial, y aunque dos de ellas son correctas, sospecho que muchos economistas están tragándose la tercera, que no lo es.

¿Qué diferencia supone un sistema comercial basado en las cadenas de suministro? Una cosa que sí hace es crear la posibilidad de que el proteccionismo se convierta en mercantilismo malo, que hasta en sus primeras consecuencias destruya de hecho más puestos de trabajo en el propio país de los que crea, porque establece una desventaja competitiva para los productores nacionales finales. Dado que los aranceles de Trump gravan fuertemente las mercancías intermedias, ese argumento parece acertado.

Otra cosa que ha hecho el auge de las cadenas de suministro globales es aumentar tanto el comercio total como los beneficios generados por dicho comercio. En consecuencia, ahora la guerra comercial puede generar más pérdidas que hace una generación.

Pero lo que yo creo que muchos economistas tienen en mente es más que eso. La teoría comercial convencional nos dice que los costes de un arancel –la reducción de la renta real– pueden calcularse aproximadamente del siguiente modo:

pérdida de renta real = 0,5 x tasa arancelaria x reducción de las importaciones.

Esta fórmula implica que incluso una gran guerra comercial provocaría efectos moderados. Supongamos que el arancel mundial subiese al 40% y el comercio mundial se redujese en un 15% del PIB mundial, una caída del 50%. Aun así, la renta real mundial solo disminuiría un 3%.

Ahora bien, lo que yo creo que muchos economistas insinúan es que este tipo de análisis infravalora las pérdidas ocasionadas cuando buena parte de dicho comercio corresponde a mercancías intermedias. Pero estoy bastante seguro de que se equivocan, al menos a medio y largo plazo.

Permítanme esbozar aquí un modelo. Imaginen dos países, Nacional y Extranjero (se notan mis viejas raíces de profesor de teoría comercial), que producen una mercancía final usando una gran cantidad de mercancías intermedias —que podemos representar como un continuo al estilo Dornbush, Fischer y Samuelson (1977)— que, a su vez, se fabrican empleando un único factor de producción, la mano de obra. Al organizar las cosas de este modo estoy eliminando las cuestiones distributivas para centrarme en la eficiencia.

Supongamos también por razones de sencillez que los insumos intermedios se usan en proporciones fijas. Sin embargo, en algún subconjunto de mercancías intermedias cada país puede optar entre emplear producción nacional o importaciones; las demás no son comerciables.

Podemos clasificar las mercancías según el orden de la relación entre productividad de Nacional y productividad Extranjera en su producción. Llamemos a esta ratio A(z) para cualquier mercancía z. Y hagamos otra simplificación y supongamos que los países son simétricos, de modo que la situación subyacente parezca la misma si invertimos la identidad de los países. En ese caso los salarios serán los mismos y, en condiciones de libre comercio, Nacional producirá (y Extranjero importará) todas las mercancías para las que A(z)>1; Extranjero producirá y Nacional importará todas las mercancías para las que A(z)<1.

Introduzcamos ahora una guerra comercial que lleva a ambos países a imponer un arancel t. ¿Qué sucede? La respuesta es que cada país empieza a producir algunas de las mercancías intermedias que antes importaba. Nacional empieza a ser autosuficiente en mercancías para las que 1 > A(z) > 1/(1+t), Extranjero empieza a ser autosuficiente en las mercancías para las que 1+t > A(z) > 1. En ambos casos la eficiencia disminuye, porque hace falta más mano de obra para producir estas mercancías del que antes se necesitaba para exportar cosas e importar a cambio las mercancías.

¿Qué nos dice esto de la renta real? La pérdida que Nacional experimenta debido a la mercancía marginal que ya no importa es el exceso de recursos requerido para la producción interna frente al exigido por las importaciones, es decir, la tasa arancelaria. El coste de todas las mercancías inframarginales es inferior, hasta llegar a cero en la última mercancía que habría importado en condiciones de libre comercio. Esto mismo es válido para Extranjero.

Pero esto se parece mucho a la lógica de los cálculos habituales sobre el coste de la protección: el coste medio de una importación perdida es aproximadamente la mitad de la tasa arancelaria. De modo que un análisis de los costes de una guerra comercial en un mundo basado en cadenas de suministros no se diferencia en nada de un análisis de una guerra comercial convencional.

¿A qué se debe entonces la percepción de que los costes de la guerra comercial tienen que ser mayores en el mundo actual? Creo que procede de la combinación de dos cosas. En primer lugar, imaginar una interrupción literal de las importaciones en lugar de un mero aumento de su precio; y en segundo lugar, imaginar un corto plazo en el que es imposible desarrollar producción interna para reemplazar insumos esenciales.

Una combinación parecida ha ocurrido ya en el pasado, principalmente en las economías excomunistas tras la caída de la Unión Soviética. Pero no parece que sea ahí donde nos dirigimos en este momento.

Dicho esto, una guerra comercial en un mundo basado en cadenas de suministro causaría mucho trastorno, porque con el tiempo conduciría a una gran restructuración de la industria. Esto crearía muchos perdedores, así como algunos ganadores, quizá más de los que habría producido una guerra comercial en el pasado. Pero no creo que se sostenga la idea de que la pérdida total de renta real sería mayor de lo que da a entender el análisis convencional. Las medidas políticas de Trump son destructivas, basadas en la ignorancia, pero no deberíamos sobrevalorar su coste.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.
© The New York Times Company, 2018.
Traducción de News Clips.

Samir Amin y la desconexión como legado histórico

Javier Suazo, Alai

Las ciencias sociales están de luto, murió Samir Amin, el destacado economista y cientista social franco-egipcio que, más que nadie, luchó por un tercer mundo y una América Latina independiente, no subordinada a los países hegemónicos centrales, empresas trasnacionales y elites económicas y financieras.

Aunque no formó parte del grupo de teóricos latinoamericanos que a finales de los años 60s y principios de los 70s elaboraron la teoría de la dependencia, caso de Marini, Dos Santos, Banbirra, Gunder Frank, lo cierto es que muchos de sus aportes complementaron y a veces superaron los planteamientos de aquellos.

Como se sabe, la teoría de la dependencia, en su versión marxista, atribuye el subdesarrollo de los países de la llamada periferia, al carácter histórico y subordinado de dependencia de sus economías de los países centrales, pero, sobre todo, a la sobreexplotación del trabajo en estos países, que posibilitan la transferencia de cuotas de plusvalía más altas. Para Amin, esto se da a escala mundial, como parte de un sistema de acumulación que reproduce un patrón de dependencia para ciertos países que los imposibilita aspirar al desarrollo o salir del subdesarrollo.

Un estudio pionero en este campo, lo es La Acumulación a Escala Mundial: Critica a la Teoría del Desarrollo, libro publicado en 1970 (francés) y en 1974 (español), donde Amin caracteriza la formación y desarrollo subordinado del capitalismo en los países periféricos, y los mecanismos de transferencia de excedente económico a los países centrales, incluyendo ajustes particulares de las cuentas externas y rol de la periferia en la economía mundial. Este trabajo se suma al de Arghiri Emmanuel “El Intercambio Desigual”, publicado en 1969 (francés) y en 1972 (español). Estas investigaciones se constituyeron en referencia obligada de economistas y demás cientistas sociales de países latinoamericanos, buscando explicar el carácter de la dependencia a escala mundial; de hecho, hoy día este carácter es global.

En Latinoamérica, un trabajo destacado de Samir Amin, lo fue la “Cuestión Campesina y el Capitalismo”, escrito junto a Kostas Vergopoulos, en 1974, que sirvió de base para el análisis de los problemas que genera el desarrollo del capitalismo en la agricultura, las tesis sobre las vías del desarrollo propuesto a partir de la experiencia en Rusia, y las formas de obtención del producto social de las economías campesinas, caso particular de la renta de la tierra.

Estas aportaciones teóricas e incluso empíricas ayudaron mucho a conocer mejor la estructura agraria de los países de tercer mundo y latinoamericanos en particular, y en el diseño de políticas desde el Estado y movimiento obrero-campesino, para apoyar formas de producción no capitalistas, que se resistían al embate del capitalismo. Había que buscan nuevos espacios de desarrollo propios, en contra de patrones de acumulación tradicionales como el monocultivo y los programas y proyectos de desarrollo rural, como formas parasitarias de recreación de las economías campesinas; se necesitaban alianzas entre actores como los campesinos y obreros para luchar por acceso a tierra y mejores condiciones de vida de las familias.

A finales de los 70s y 80s su actividad intelectual no paró y son innumerables los libros, revistas y artículos publicados en revistas africanas, europeas, norteamericanas y latinoamericanas. Otro trabajo pionero, lo fue la llamada Teoría de la Desconexión (1989), cuando, por el otro lado, se estaba bendiciendo por el FMI, Banco Mundial y el Tesoro de los EEUU, el llamado Consenso de Washington, una especie de décalo del modelo y políticas neoliberales aplicadas en países del tercer mundo.

La tesis de la desconexión busca, ante todo, que los países periféricos ejerzan el control del proceso de acumulación interna, que les permita un desarrollo más autónomo, no sujeto a la dinámica e intereses económicos, sociales y culturales de los centros; más aún, al interés de las élites económicas y empresas multinacionales. El esfuerzo productivo debe orientarse prioritariamente a la producción de medios de producción y bienes de consumo masivo de la población, no a la producción de postres (exportaciones no tradicionales) y bienes de lujo para los centros y sus aliados internos.

Este control de la dinámica de acumulación interna, no debe recaer en las élites nacionales aliadas con el capital transnacional, sino en una gran alianza de las fuerzas y movimientos populares, que supere los enfoques tradicionales del desarrollo, donde se piensa en una clase y movimiento obrero líder del proceso de cambio revolucionario; por cierto, fuertemente diezmado por las políticas neoliberales ejecutadas y el control de las organizaciones y sus líderes.

La desconexión implica la vigencia de un modelo de desarrollo de tipo socialista (visto como un futuro al construir) pero que abra un amplio espacio de participación política y social, reconociendo independencias y autonomías ancestrales legìtimas de pueblos y comunidades; igual, integre esfuerzos supranacionales y regionales de varios países, gobiernos y pueblos en la búsqueda de la independencia comercial, financiera, tecnológica y cultural. Las iniciativas de UNASUR, CELAC, Banco del SUR, ALBA, los BRICS, y el Foro Social Mundial (Amin fue uno de sus promotores y fundadores junto con el expresidente Lula de Brasil), son parte de estas iniciativas. A las que se suma, el Foro del Tercer Mundo y el Foro Mundial para las Alternativas (FMA), del cual era su presidente.

Hay mucho que aprender de Samir Amin, por tanto, sus aportes a la teoría del desarrollo desde dentro de un mundo global, deben ser tema de análisis y discusiones en Universidades y organizaciones sociales y populares diversas. En el caso de los países latinoamericanos, la defensa de las instituciones y organizaciones creadas es lo poco que pueden hacer por un pensador que dio mucho a Latinoamérica.