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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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lunes, 30 de agosto de 2021

EL NUCLEO DURO DE LA ECONOMIA CUBANA Y SUS CONSECUENCIAS

Por Esteban Morales UNEAC

Creo, que con las 8 resoluciones aprobadas recientemente por el Consejo de Estado y que ya han sido publicadas en La Gaceta Oficial de la República, nuestra economía entrara, en lo que puede ser considerado el núcleo duro, hasta ahora no tomado en cuenta por nuestra política económica.

Nuestra economía, para pasar a ser una economía socialista, tiene que ser una economía de transición. Es que, entre el capitalismo y el socialismo, media un periodo histórico, dirigido a transformar el primero en el segundo. No hay una conversión directa, ni transito automático, entre capitalismo y socialismo. Media entre ellos un Periodo de Transición, dentro del cual se produce la lucha por las transformaciones del capitalismo en socialismo. Cuba, llamada hasta ahora socialista, no había entrado todavía en ese periodo de transformaciones del primero en el segundo. Es que, ni la empresa estatal es socialista, ni la propiedad estatal tampoco. Ambas arrastran problemas que tiene que ser superados. Junto a los de una planificación, excesivamente centralizada, cómo la nuestra. La empresa estatal, se trasforma paulatinamente en socialista, solo dentro de un periodo de transición, en que la misma, de conjunto y compitiendo con el resto de las formas de propiedad y de gestión, va convirtiéndose en la dominante, deviniendo entonces en propiedad social o propiedad de todo el pueblo, que es lo que realmente transforma a la empresa estatal, en empresa socialista y a la propiedad estatal en propiedad social. Mientras no se cubre ese periodo de transición, que es un periodo de luchas y transformaciones, ni la empresa estatal pasa a ser socialista, ni la propiedad estatal tampoco.

Solo ahora, cuando se da, por la política económica, el lugar que le corresponde, en el proceso de su aplicación, a la propiedad privada, media y grande, a la propiedad cooperativa, al trabajo por cuenta propia y a las PYMES, funcionando todas, como formas de gestión, dé conjunto y de manera coherente, con la propiedad estatal y la inversión extranjera, es que se comienzan a producir las condiciones objetivas, para que entremos en el verdadero periodo de transición hacia el socialismo. Mientras tanto, no éramos nada.

 Cuando la Revolución tomo el poder político, lo que logro solo fue, tener la capacidad de comenzar las transformaciones económicas, sociales y políticas, para convertir a la sociedad cubana, en socialista. Proceso dentro del cual, lograr convertir a la economía cubana, proveniente del capitalismo, en una economía socialista. Sin lo cual, la sociedad cubana, no puede transformarse en socialista. Y de ello provienen, esencialmente, los fracasos continuos en hacer crecer nuestra economía. Ahora, que pondremos la economía, a funcionar en línea y de manera coherente, con todas las formas de propiedad y de gestión, es que Cuba entra en la transición hacia una economía socialista. Si lo hubiéramos tratado de hacer desde el momento en que entramos en el llamado Periodo Especial, haciendo las verdaderas trasformaciones económicas que se requerían, para darle estabilidad al proceso de crecimiento económico; no estaríamos, como ahora, abocados a un nuevo Periodo Especial, sin tiempo ya para sobrepasarlo. Pues el tiempo, ya se nos agotó.

Hemos dado muchas vueltas a la noria, con diseños y rediseños, sin poner nada en práctica, agotando la capacidad política para lograrlo.

Aquí está, en parte, la explicación del 11 de julio, pero también, una causa, sino la única, si la fundamental, de que Biden, haya decidido traicionar a Obama y sus propias promesas de campaña, retomando la política de Trump hacia nosotros. Siguiendo a la tantas veces fracasada, extrema derecha de Miami.

Y que hoy Cuba se encuentre frente a una situación, que casi que sobrepasa todos los peligros vividos hasta hoy.


La Habana, agosto 22 del 2021

miércoles, 15 de mayo de 2019

Lo especial de este período

Quizás lo más importante que hace especial este nuevo período es que la gente cambió.
 




No voy a hablar del pollo que anda a la fuga, ni del famoso arroz brasileño tan demandado y casi desaparecido, ni de los paquetes de picadillo, antes un recurso de segunda opción y ahora perseguido de shopping en shopping, tampoco de los posibles apagones. Menos aun de los que oportunistamente pretenderán ahora obtener plusvalías de la escasez. Regular temporalmente la oferta de productos puede ser un paliativo efectivo para situaciones puntuales y hay que emplearlo, pero siempre en ese entendido de que tiene que ser algo temporal. Y sí, al final tendré que hablar del pollo.

Se ha escrito ya mucho acerca de este llamado nuevo período especial, desde la perspectiva de las noticias puras y duras y también desde otras, que se acercan más a las causas y posibles consecuencias del mismo. Pretendo solo abordar algunos asuntos relacionados con esta nueva situación de crisis económica del país.

El nombre de período especial “en tiempos de paz” fue el asumido por la dirección política en Cuba para calificar la crisis económica que se hizo totalmente evidente en los inicios de los años noventa. Se asumió aquel nombre que ya había sido utilizado para definir la situación que Cuba podría enfrentar caso de un enfrentamiento militar con los Estados Unidos y en una situación en que no podríamos contar con la ayuda de la URSS. Fue un período especialmente duro cuyos efectos nunca hemos podido rebasar del todo.

Las generaciones jóvenes de hoy son las generaciones del período especial, han convivido con diferentes mercados, más de dos monedas, múltiples tasas de cambio, desigualdades crecientes, procesos migratorios sostenidos (internos y externos), nacimiento y crecimiento (muy lento) de la inversión extranjera, renacimiento del turismo y luego su apertura al turismo nacional, la expansión, a pesar de todas las cortapisas, de un sector privado que ha demostrado una resiliencia muy alta y una especial capacidad de reinventarse continuamente.

Son generaciones que vieron con asombro izarse la bandera de Estados Unidos de América en la antigua oficina de intereses convertida ahora en embajada fantasma; que entienden como natural sus relaciones con sus compañeros que ya no viven en Cuba y se comunican por la red y por ahí mismo encuentran oportunidades de trabajo en cualquier lugar del mundo. Sus fronteras se han expandido a mayor velocidad que su capacidad de conexión a esa misma red. Ellos no dependen del “tío Max el viajero” para que les cuente del mundo exterior, ellos están en ambos mundos todos los días, las veinticuatro horas.

Son también generaciones que han seguido disfrutando de beneficios sociales que le han hecho su vida más llevadera, que los han capacitado para triunfar aun en el “mundo exterior” y que aspiran, muchos de ellos, a poder hacerlo en su propio país.

Digo esto como lo primero, porque a mi juicio, quizás lo más importante que hace especial este nuevo período es exactamente la gran diferencia que hay entre la población cubana de hoy y aquella otra que se enfrentó de pronto a la que para muchos ha sido la más dura crisis económica que el país haya enfrentado jamás.

Las generaciones anteriores, sus padres y abuelos, ven ahora cómo se les viene encima una nueva temporada de una vieja serie nunca terminada, la del periodo especial. Pero tampoco esa generación es igual a como fue antes, sin dejar de ser lo que fue. Ha aprendido que tiene ahora responsabilidades para consigo mismo, que antes el Estado cubría y que ya no lo hace y no lo hará. Y esta es a mi juicio la segunda razón decisiva para entender lo especial de este periodo. Ambas son también las generaciones de una nueva Constitución de la República, un tremendo privilegio y una gran responsabilidad.

Como casi todas las crisis económicas, la capacidad de acceder a abastecimientos, especialmente a alimentos, es de los asuntos más sensibles. Pero a diferencia de lo que ocurre en las crisis en otros países, donde el ajuste de la crisis se realiza sobre la base de la reducción de los ingresos nominales y reales, la reducción de demanda agregada y de los precios, en Cuba la crisis se manifiesta como un déficit de oferta y no como una reducción sustancial de la capacidad de compra de la mayoría de la población. Y el racionamiento en la entrega de un grupo de productos cubre aquí el movimiento de los precios hacia arriba, que sería la otra manera en que se expresaría esa crisis y que solo permitiría acceder a ellos a aquellos grupos de mayores ingresos. Se paga como precio, la cola, la incertidumbre y el acaparamiento. La otra consecuencia, todos la conocemos, el crecimiento de un mercado negro para esos bienes, muy difícil de evitar.

La solución, en condiciones de restricción de recursos, es tremendamente costosa porque implica estabilizar una oferta que es constantemente desestabilizada por la ansiedad de seguir comprando para prever el desabastecimiento futuro. Atacar las consecuencias será necesario, pero mientras las razones permanezcan inalterables, estaremos expuestas a situaciones como esta una y otra vez.

Los que vivimos desde nuestras bicicletas aquel otro periodo especial recordamos que el mismo fue especialmente duro en tres elementos: acceso a alimentos, transporte, y suministro de energía eléctrica.

En cuanto a los alimentos, hoy que todos andamos detrás de algún “encuentro o muslo de pollo” de esos que corren por la ciudad, tendríamos que preguntarnos por qué luego de más de tres años de tener en la cartera de oportunidades de inversión ofertas de negocios en la producción de carne de pollo, ningún proyecto se ha concretado.

Si la producción de proteína animal es una de nuestras grandes necesidades, ¿Por qué no se han priorizado esos negocios? ¿Por qué no se han facilitado suficientemente?

Lo mismo podría decirse de la producción de carne de res, atrapada en regulaciones de hace más de seis décadas, algunas de ellas, que no generan los incentivos suficientes a los productores y que hacen de la producción de carne de res un negocio poco atractivo, de alto riesgo para los productores y de poco retorno para el productor directo. ¿Cuánto más hay que esperar? ¿Por qué si esas regulaciones no dan resultado nos aferramos a ellas? ¿Por qué pensar que tendremos resultados diferentes si seguimos repitiendo lo mismo años tras año?

En la generación eléctrica, donde sin dudas la situación es mejor que por los años noventa, no solo porque se ha modernizado la industria, sino también porque la recuperación del petróleo y el gas acompañante nacional ayuda decisivamente a la estabilidad de la generación, seguimos, no obstante, alejados del aprovechamiento pleno de la energía solar.

Cierto que se han concretado nuevos proyectos de parques solares, cierto que en diez años nuestra matriz energética debe ser otra. Sin embargo, asomándome a la ventana del piso doce de la Facultad de Economía de la Universidad de la Habana, desde donde escribo este artículo, tengo a mis pies miles de metros cuadrados de techos de la ciudad de La Habana, esa misma que celebra sus quinientos años, y en ninguno de ellos veo un panel solar, ni un colector solar para calentar agua.

¿Qué no ha pasado? ¿Por qué tanta resistencia a que las familias puedan generar ellas mismas una parte de su energía e incluso contribuir a la red nacional de distribución? Es cierto que se necesitan soluciones tecnológicas adecuadas, pero en los últimos diez años no era posible encontrarlas. ¿Qué nos ha pasado?

¿Y qué decir de las exportaciones? Esas que por las que hoy tanto se piden y exigen. Nuestras empresas necesitan que alguien les de permiso para exportar, acaso no es esto una gran contradicción. En Pinar del Río, el esfuerzo conjunto del gobierno local y las empresas del territorio detectaron oportunidades de exportación en más de treinta productos. Pues bien, en Pinar del Rio, Isla de Juventud, Mayabeque y Artemisa, solo existe ¡una empresa con “capacidad o permiso” de exportación! ¿Cuánto más hay que esperar?

Si hoy no tenemos dinero suficiente para comprar los perseguidos pollos es exactamente porque no logramos vender (exportar) lo suficiente, entre otras razones.

La puesta en práctica de la Ley Helms-Burton en sus cuatro capítulos lo hará todo mucho más difícil, pues genera incertidumbres difíciles de manejar. Pero también es cierto que tanto desde la Unión Europea en su conjunto como de muchos países en específico existe la voluntad de seguir apoyando a Cuba.

Las declaraciones de la ministra española en la Feria de Turismo y las acciones concretas anunciadas por ella en cuanto al Fondo de Compensación, son un ejemplo.

Entonces hagámoslo, cambiemos lo que haga falta para hacer más fácil invertir en Cuba.

Pero no nos olvidemos de nuestros empresarios, de los estatales y también hagámosle más fácil y más transparente poder manejar esas que son las empresas de todo el pueblo cubano. Y tampoco nos olvidemos de aquellos otros empresarios, también cubanos, los privados y cooperativistas y terminemos de incorporarlos de manera plena a la hazaña de sobrevivir y desarrollarnos.

lunes, 27 de junio de 2016

Cuba, ¿el fantasma del período especial?

La Habana, Cuba


© REUTERS/ Enrique de la Osa
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Natasha Vázquez

Cualquier cubano mayor de 30 años recuerda con espanto el llamado periodo especial. Comenzaban los años noventa, y con la desaparición de la Unión Soviética, la dependiente economía de la isla se vio sumida en su etapa más negra.

Además de la escasez generalizada, los apagones interminables y bicicletas a veces como único medio de transporte fueron algunas de sus más conocidas consecuencias.
“Al periodo especial entramos todos juntos y hemos ido saliendo de uno en uno”, le escuché decir a alguien recientemente. Con mucha razón, porque aunque pasaron los momentos más duros, el bienestar fue llegando solo para algunos, muchas veces sin estar directamente relacionado con el trabajo o las capacidades de cada persona. Pero a nivel de país, sin dudas la situación ha ido cambiando para mejor en las últimas décadas.
Feria Cubaindustria 2016
© FOTO: EMBAJADA DE RUSIA EN LA HABANA
Ahora, en pleno 2016, con el país inundado por casi 4 millones de turistas anuales; con sólidas relaciones políticas y económicas, no solo nuevamente con Rusia sino hasta con el “archienemigo”norteamericano; con una economía nacional que exhibe un crecimiento sorprendente del 4 por ciento, vuelve a planear sobre nosotros el fantasma del período especial.
Justo cuando comienza el verano, la etapa de mayor gasto energético, la reducción de las cuotas de combustible a centros laborales ya es un hecho. Son muchos los colectivos que han sido informados de estas medidas, que afectan un 20 % de lo planificado para el año (con lo que, a estas alturas, se convierte en la mitad prácticamente para los meses que quedan) y que para algunos significa paralizar momentáneamente la producción.
 También se restringen horarios para el uso del aire acondicionado, precisamente en los meses en que la isla se convierte en una inmensa sauna natural. Se habla de suspensión de comedores obreros, recortes de jornada laboral de 8 a 5 horas y vacaciones masivas, e incluso cierre temporal de determinados centros.   Con estas y otras medidas,  no podemos evitar que la memoria nos haga la mala pasada de llevarnos a los negros 90.
Casualmente, cada día se anuncia un listado de barrios (en la capital, al menos), donde se interrumpe el fluido eléctrico por “reparaciones programadas”. Puede que sea cierto y a eso se deba, pero en este contexto, igual nos remite a aquellos “alumbrones” que vivimos, donde era casi más el tiempo apagados que el de luz.
Como suele ocurrir con lamentable frecuencia, aunque todo el mundo lo sabe y lo comenta, no ha sido publicada ni una sola información oficial al respecto, que al menos intente explicar las causas y consecuencias de algo que debemos sufrir todos (o casi todos, que no es lo mismo pero es igual).
¿Es la inestable situación que vive Venezuela (nuestro principal socio comercial  y suministrador de combustible hoy) la culpable? ¿Acaso no se veía venir desde el pasado año, cuando el gobierno de Nicolás Maduro perdió las elecciones legislativas? ¿Ha habido entonces una mala planificación? ¿Se ha gastado acaso más de lo previsto con el crecimiento turístico? ¿No se podría adquirir el combustible necesario en otros mercados, con esos mismo ingresos del turismo? ¿Qué impacto tendrán estas medidas en la producción y en el PIB de este año? ¿Qué plan tiene el gobierno cubano, más allá de acciones puntuales, para solucionar este problema? Tal vez algunas de estas interrogantes pequen de ingenuas, pero por ahora todo lo que tenemos son muchas preguntas y pocas certezas.
De lo que sí estamos seguros es que Cuba y su gente  merecen como mínimo explicaciones y nunca nada que se parezca a otro período especial.

jueves, 17 de septiembre de 2015

“CUBA: A 25 AÑOS DEL INICIO DE PERIODO ESPECIAL (IV)[1]”

Dr José Luis Rodríguez
Asesor del CIEM

Las ideas básicas sobre las medidas de fondo para enfrentar la crisis del Período especial se esbozarían en el discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro el 26 de julio de 1993. 

En este discurso se explicaron las medidas fundamentales que caracterizarían la política económica en el Período especial. Al respecto se señalaría cómo el país había dejado de percibir en 1993 450 millones de dólares por la caída de la producción azucarera, que sólo alcanzaría 4 millones 280 mil toneladas hasta ese momento. Adicionalmente se explicó hasta qué punto se habían reducido los precios de las exportaciones de níquel, camarones y langostas y la grave la escasez de divisas que se enfrentaba. Todo esto llevaba a la necesidad de despenalizar la tenencia y uso de la divisa en el país –incluyendo la recepción de remesas desde el extranjero- y a su captación mediante un sistema de tiendas de recaudación de divisas, al tiempo que se ampliaban los permisos para visitar el país por la comunidad cubana en el exterior. Igualmente se informaba sobre la ampliación de la inversión extranjera y acerca de la necesidad de adoptar medidas para reducir el exceso de liquidez en manos de la población.

Comenzaba a materializarse una estrategia económica dirigida a avanzar en la recuperación y resistir el impacto de la crisis al menor costo social posible, al tiempo que se daban pasos para reinsertar la economía cubana en las nuevas condiciones, contando con el consenso político indispensable para ello.

La implementación de estas medidas se comenzó entre agosto y septiembre de 1993 al emitirse el Decreto Ley Nº 140 mediante el cual se despenalizaba el uso de siete divisas convertibles en el país, dando inicio al régimen de dualidad monetaria que existe hasta el presente; el Nº 141 que legalizaba nuevamente el ejercicio del trabajo privado por cuenta propia; y el 142 que creó las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), transformando el régimen de propiedad en la agricultura.

Sin embargo, en el contexto de las medidas adoptadas destacaba por su importancia y urgencia la necesidad de frenar el desequilibrio financiero interno que amenazaba ya avanzar hacia un proceso de desmonetización y desorganización total de la actividad económica. Esa situación se explicó detalladamente en la Segunda Sesión Ordinaria de la ANPP el día 28 de diciembre, en la cual se evaluó la situación financiera interna y la necesidad de discutir masivamente la misma con toda la población, lo que daría lugar a la realización de “parlamentos obreros” entre enero y marzo 1994, proceso que arrojó más de 530 000 propuestas que fueron analizadas en las Sesiones Extraordinarias de la ANPP del 1º y 2 de mayo.

En esa asamblea se adoptó el programa de saneamiento financiero del país, el que incluía reducir sistemáticamente el subsidio por pérdidas de las empresas y otros gastos presupuestarios e incrementar los ingresos de este; lograr la estabilidad de los ahorros; controlar la circulación de divisas en el país; introducir mecanismos de estímulo a la producción; valorar la elevación de los precios y tarifas de productos seleccionados; implantar gradualmente un nuevo sistema impositivo; examinar la conveniencia de un cambio de moneda como un elemento complementario de las medidas a aplicar y facultar al Gobierno para adoptar otras medidas que se consideren para el saneamiento financiero del país.

Las medidas más importantes adoptadas a partir de entonces y que completarían el impulso a la reanimación económica imprescindible incluirían la aprobación en el verano de 1993 de la Ley Nº 73 que implementó un nuevo sistema impositivo; la creación del peso cubano convertible (CUC) en diciembre de 1994 y la creación de las CADECA en octubre de 1995; la aprobación en septiembre de 1995 de la Ley Nº 77 que brindaba un marco legal apropiado a la inversión extranjera; el Decreto Ley Nº 172 y el 173 de 1997 que reestructuraron el sistema bancario nacional; y el Decreto Ley Nº 187 de 1998 que implementaría el proceso de perfeccionamiento empresarial.

Los servicios sociales básicos en lo fundamental lograron mantenerse con un favorable desempeño aun en los momentos más difíciles del período especial, No obstante, en el orden social la recuperación fue más gradual y un impulso decisivo para superar las dificultades del Período especial se implementó con más fuerza a partir del inicio de la Batalla de Ideas en 1999.

En general puede decirse que el modelo económico que fue implantándose gradualmente durante los primeros años del período especial mantuvo el predominio de la propiedad estatal en la economía cubana, al tiempo que se abría un espacio a otras formas de propiedad social como las cooperativas en la agricultura y a esquemas no estatales de propiedad como el trabajo por cuenta propia para un grupo de ocupaciones y la asociación con el capital extranjero.

Este proceso se acompañó con una mayor descentralización de la gestión de las empresas públicas y con el reconocimiento más amplio del mercado junto a una planificación centralizada más flexible.

Para llevar a cabo estas transformaciones no puede decirse que existiera un programa de reforma preconcebido y las mismas se estructuraron sobre una base puntual para dar respuesta a las necesidades de sobrevivencia del país con vistas al enfrentamiento de la crisis. 

No obstante, no hubo improvisaciones, pues al producirse los cambios estuvo siempre presente la previsión de sus posibles efectos positivos y negativos. Fue igualmente un proceso adaptado a las condiciones específicas de Cuba, si bien se estudiaron las experiencias de países como Viet Nam y China.

En la misma medida en que se consideró el Período especial como una etapa emergente que interrumpió el proceso de construcción del socialismo en Cuba, muchas de las medidas adoptadas no tendrían una carácter irreversible y otras fueron consideradas concesiones temporales.

Un elemento definitorio en este sentido fue planteado por el Comandante Fidel Castro cuando en agosto de 1995 señaló: “Nosotros no podemos guiarnos por el criterio de lo que nos guste o no nos guste, sino de lo que es útil o no es útil a la nación y al pueblo en estos momentos tan decisivos para la historia de nuestro país (…) Hemos dicho que estamos introduciendo elementos de capitalismo en nuestro sistema, en nuestra economía, eso es real; hemos hablado, incluso, de consecuencias que observamos del empleo de esos mecanismos. Sí, lo estamos haciendo.” 

Una síntesis del significado de esta etapa tan difícil, la brindaría el Comandante Fidel Castro al señalar años después “Puede ser que nos olvidemos, pero a cada rato debemos recordarnos que terrible golpe significó para este país la catástrofe soviética y la desaparición del campo socialista. A veces hablamos como si eso no hubiera ocurrido, como si viviéramos en condiciones normales.”

Septiembre 14 2015.

[1] Este trabajo se basa en el capítulo II del libro “El Período especial en Cuba: la batalla económica” en proceso de publicación por el autor.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Cuba: a 25 años del inicio del Período especial (III)



Por José Luis Rodríguez
Fotos Claudia Camps 10 Sep 2015 - 9:26am

El impacto de la crisis del Período especial fue enorme para la economía cubana. El PIB cayó 34,8% entre 1989 y 1993, retrocediendo ese año al nivel de 1981; las importaciones se redujeron 75,3%; las inversiones bajaron 61,8%; la agricultura perdió 47,3% en el valor de su producción y la productividad del trabajo descendió 33,7%.
Adicionalmente, la enorme presión inflacionaria se expresó en un aumento de la liquidez en manos de la población que superaba el 66% del PIB y se manifestaba también en la depreciación del valor del peso cubano, cotizado en la economía informal entre 120 y 150 pesos por USD en el primer trimestre de 1994, frente a 7 pesos por USD en 1990. De igual modo, el déficit de presupuesto llegó al 33% del PIB en 1993.
Por otro lado, y a pesar de la política implementada para proteger a la población, el consumo de los hogares por habitante cayó 34,6% de 1989 a 1993, con un insumo calórico que se redujo 34,5% y un insumo proteico que descendió 37,7%. Esto significaba que -como promedio- la población cubana consumió en 1993 solo 1 863 kilocalorías diarias (de un mínimo estimado en 2 100) y 46 gramos de proteína, de un mínimo de 56. Tales niveles de consumo se mantendrían por debajo de lo requerido hasta 1996-1997. Esta se señalaría como una de las causas probables de la aparición de enfermedades como el brote de neuropatía de origen tóxico-nutricional detectado en 1993, que alcanzaría una tasa de incidencia de 493,3 por 100 000 habitantes entre 1992 y 1996.
De igual modo, servicios básicos como el suministro eléctrico también sufrieron fuertes afectaciones, ya que la generación en relación con la capacidad instalada se redujo hasta 38% en 1994, lo cual motivó que ya desde julio de 1992 comenzaran los cortes programados de electricidad, en condiciones en que el país vio reducida su disponibilidad de petróleo equivalente a unas 6,5 millones de toneladas anuales, para un recorte de 50% respecto a 1989.
A las consecuencias anteriormente señaladas se sumaría el incremento de las tensiones sociales que una situación de crisis como la descrita provoca. Estas tensiones tendrían su expresión más aguda con la llamada crisis de los balseros en el segundo semestre de 1994. Sin embargo, un impacto de mayor extensión y calado en el tiempo se registraría como consecuencia del deterioro del nivel de vida de la población, que se manifiesta -entre otros indicadores- a partir de una caída estimada de 56% del salario real en cuatro años, aunque otros autores consideran una disminución de hasta 80%.
No obstante, la magnitud de ese deterioro a partir del incremento en los precios -tal y como ha sido estimado por diversos autores- debe ser tomada con reserva. Al respecto señalaría con razón la investigadora Angela Ferriol que “…en los años de la crisis económica desaparecieron productos de la oferta, aparecieron otros, y se crearon y desaparecieron segmentos del mercado. Considerar todos esos elementos en un estimado del índice de precios requiere de tratamientos técnicamente complejos, de una base de información empírica para esos años que no está disponible y de un estudio conciliado, por lo que los porcentajes de variación del índice de precios al consumidor (…) deben ser considerados con reserva”.
De igual forma, durante estos años se produjo una distribución regresiva de los ingresos en medio de las presiones inflacionarias presentes en el Período especial, las que se agudizarían con la introducción de las remesas de divisas a una parte de la población a partir de agosto de 1993.
El coeficiente Gini mostraba hacia 1989 un valor de 0,25, que denotaba una distribución de ingresos equitativa. Los estimados disponibles para los años 90 muestran que el valor de ese coeficiente se elevó a una cifra entre 0,38 y 0,40, lo cual refleja el deterioro sufrido, aunque, aun así, el indicador se mantenía por debajo de los más importantes países de América Latina. En efecto, el coeficiente Gini en los años 90 llegaba a 0,63 en Brasil; 0,52 en Argentina, Chile y México; 0,44 en Uruguay y 0,42 en Costa Rica.
A pesar de los esfuerzos realizados por el Estado para minorar el impacto de la crisis, no fue posible impedir en estos años el inicio de un proceso de reestratificación social. Según la socióloga Mayra Espina, este proceso llevó a que el índice de población en riesgo de no satisfacer sus necesidades elementales aumentara de 6,3% en 1986 a 14,7% en 1995.
La distribución regresiva de ingresos tuvo como base la diversificación de sus fuentes debido a la expansión de la economía sumergida y el trabajo no estatal, así como las remesas y la creación de fuentes de ingresos diferenciales en divisa para una parte de los trabajadores.
Esta polarización social creó condiciones favorables para el incremento de las conductas antisociales, con fenómenos tales como la prostitución, la corrupción y el delito, comportamientos en los que también se expresaba una pérdida de valores morales por un segmento de la población.
En el discurso pronunciado por el presidente Raúl Castro ante la Asamblea Nacional en julio de 2013, se reconocería el impacto de esta situación al señalar: “Hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de 20 años de Período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás”.
A pesar de las enormes dificultades enfrentadas, Cuba rebasaría gradualmente a partir de 1994 los peores impactos del Periodo especial a base de enormes sacrificios y sin renunciar a sus principios. 

(Continuará)

* El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial.
* Este trabajo se basa en el capítulo II del libro El Período especial en Cuba: la batalla económica, en proceso de publicación por el autor.

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martes, 1 de septiembre de 2015

Cuba: a 25 años del inicio del Período especial (II)

(Continuará) 

* El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial.
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sábado, 29 de agosto de 2015

Cuba: a 25 años del inicio del Período especial (I)

Imagen de jose
Por José Luis Rodríguez
27 Ago 2015 - 11:33am
La Habana
El 29 de agosto de 1990 se informaba mediante una nota oficial publicada en la prensa cubana la necesidad de comenzar a aplicar un conjunto de medidas restrictivas en la esfera del consumo de combustible y la electricidad, así como la paralización de importantes inversiones, incluidas la refinería de Cienfuegos y la fábrica de níquel Che Guevara, lo cual reducía proporcionalmente la producción de cemento y materiales de construcción. 
El documento concluía señalando que “…como las afectaciones en los suministros que procedían de la URSS y otros países del Este de Europa no se limitan exclusivamente al combustible, frente a cada situación concreta se adoptarán e informarán a la población las decisiones que resulten pertinentes".
Indicaba, además, que “estos hechos que se vienen sucediendo comienzan a transformar la vida de nuestro país de una situación normal a un período especial en época de paz. Hay que estar preparados para ello". Comenzaba así una crisis que llevaría a que los niveles del PIB alcanzados en 1989 no se pudieran recuperar hasta 2004, lo que literalmente costaría al país 15 años de su proceso de desarrollo en medio de grandes penalidades y sacrificios, cuyas consecuencias marcan a la sociedad cubana en diversos aspectos aun 25 años después.
La causa fundamental de esta crisis sería el derrumbe del socialismo en Europa, proceso que se inició en agosto de 1989 cuando sucumbió el socialismo en Polonia y que culminaría con la desaparición de la propia Unión Soviética como estado el 25 de diciembre de 1991. Las consecuencias para Cuba de este proceso -producto de un complejo proceso histórico que llevó al alejamiento de los principios esenciales de la construcción de la nueva sociedad en Europa oriental y la URSS- serían enormes.
Sin embargo, estos graves acontecimientos no tomaron por sorpresa a la dirección cubana, que, aun cuando reconoció el enorme apoyo material recibido de la comunidad socialista, siempre basó el desarrollo del país y consolidó su identidad propia a partir de una base político-social asentada en la defensa de la soberanía e independencia nacional.
Esa reserva moral fue la que le permitió continuar adelante desde mucho antes, cuando se hizo evidente un cambio sustancial en la posición política de la URSS en relación con nuestro país y fue reiterada por el presidente Fidel Castro en su discurso del 26 de julio de 1989, cuando planteó que Cuba continuaría la construcción del socialismo aunque desapareciera la Unión Soviética.
Tomando en cuenta la situación que se veía venir en esos momentos, cobró particular importancia el análisis de una etapa prevista en la estrategia de la Guerra de Todo el Pueblo que se había comenzado a implementar desde inicios de los años 80, como parte de los preparativos del país ante la creciente amenaza de una agresión directa de Estados Unidos.
El Período especial en la guerra se concebía como una etapa en que los vínculos económicos de Cuba con el exterior fueran cortados como consecuencia de un bloqueo naval y aéreo y el país quedara a merced de sus propios recursos solamente.
La posibilidad de que desaparecieran los vínculos económicos con los países socialistas europeos y la URSS llevó a una nueva definición del Período especial, la cual sería formulada en noviembre de 1989 por el líder cubano al expresar: “A lo mejor un día tenemos que aplicar los conceptos de la guerra de todo el pueblo para la supervivencia de la Revolución y el país. Sí, esos conceptos, eso que llamamos Período especial, porque nadie sabe qué tipo de problemas en el orden práctico pueden sobrevenir".
Este tema sería retomado posteriormente en el discurso del 28 de enero de 1990, al plantearse la creciente inseguridad prevaleciente en torno a los vínculos con los países de Europa Oriental, que ya se adentraban en la aplicación de una política de corte neoliberal para transitar al capitalismo.
En ese propio discurso hay una explicación del concepto del Período especial bajo las nuevas circunstancias. “¿Qué significa Período especial en tiempo de paz? Que los problemas fueran tan serios en el orden económico por las relaciones con los países de Europa oriental o pudieran, por determinados factores o procesos en la Unión Soviética, ser tan graves, que nuestro país tuviera que afrontar una situación de abastecimiento sumamente difícil (…) Debemos prever cuál es la peor situación a que puede verse sometido el país en un Período especial en tiempo de paz, y qué debemos hacer en ese caso. Bajo esas premisas se está trabajando intensamente".
Desde enero de 1990 se habían registrado demoras en los embarques soviéticos de cereales, productos alimenticios y materias primas que obligaron a compras emergentes en moneda convertible por parte de Cuba para atenuar las afectaciones que se producían. Adicionalmente, durante el segundo semestre de 1990 se presentó una situación aun más compleja por los déficits en los embarques soviéticos de combustible, con una reducción en el año del 23% en relación con 1989.
La situación alcanzaría un punto de máxima tensión en el verano de 1990, cuando el gobierno soviético adoptó unilateralmente decisiones que colocarían a Cuba en una posición crítica en 1991 al decidirse que a partir de enero del siguiente año todas las transacciones comerciales con los países miembros del CAME se realizarían sobre la base de los precios del mercado mundial y en moneda convertible.
Por la gravedad de esta decisión, Fidel envió el 22 de agosto de 1990 una extensa carta a Gorbachov, en la que se exponían los criterios de Cuba sobre esta medida y las graves consecuencias que tendría para la economía cubana.
No obstante las gestiones realizadas, las respuestas soviéticas no ofrecieron la seguridad indispensable para continuar normalmente la vida del país.
Había comenzado el Período especial. 

(Continuará)
* El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial.
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