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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

sábado, 25 de noviembre de 2017

China, nueva opción económica para América Latina

Por Hedelberto López Blanch, Rebelion

Poco a poco, sin exabruptos ni imposiciones sino con una política de diplomacia, China se ha ido introduciendo en América Latina, una región que por décadas Estados Unidos controlaba como su patio trasero.

Si en los últimos 15 años esos intercambios se multiplicaron por 26, en estos momentos pueden incrementarse más debido a la enorme incertidumbre que se cierne sobre varias naciones latinoamericanas que mantienen estrechos lazos con Estados Unidos motivada por varias declaraciones del presidente Donald Trump quien, entre otras amenazas económicas, ha dicho que renegociará el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Las relaciones comerciales entre el gigante asiático y América Latina han cambiado progresivamente en los años recientes y China hoy aparece como el principal socio comercial de Brasil, Chile, Uruguay, Cuba y Perú y el segundo de México, Argentina y Venezuela.

Desde el 2003 China ha invertido más de 110.000 millones de dólares en la región, la mayoría en los últimos cinco años. El 65 % de las inversiones de ese país desde 2001 fueron destinadas al sector de las materias primas y ahora se lanza también hacia obras de infraestructura y comunicaciones.

Impulso extra resultó cuando a comienzos de 2015, en el primer Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), efectuado en Pekín, Xi Jinping se comprometió a incrementar el comercio con la región a 500.000 millones de dólares e invertir 250 .000 millones en el transcurso de la próxima década.

Un estudio realizado por Naciones Unidas en 2016 indica que Pekín desplazó a la Unión Europea como el segundo socio comercial de Latinoamérica con 236.500 millones de dólares, siempre detrás de Estados Unidos, aunque el centro de investigación China Policy Review aseguró que en la próxima década esa nación superará a Washington como el mayor socio comercial de la región.

Claro que para lograr ese objetivo China deberá disponer de mayores empeños pues, como se conoce, Washington ha desarrollado desde el siglo XIX mecanismos con instituciones como forma de control en la región.

En primera instancia, Estados Unidos prevalece como socio principal de la región pues de manera relevante ha desarrollado desde el siglo XIX un entramado de instituciones formales e informales con ese propósito que le facilitan preservar su hegemonía en Latinoamérica.

Entre estas aparecen los diversos organismos financieros internacionales controlados por Washington o los dispositivos instituidos para imponer o controlar gobiernos en la zona.

De todas formas el gigante asiático a partir de 2016 se convirtió en el mayor prestamista de la región y superó en ese renglón al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al Banco Mundial (BM) y al Banco de Desarrollo de América Latina.

Los beneficiarios de esos empréstitos han sido Venezuela con 56.300 millones de dólares, le siguió Brasil con 22.000 millones y Argentina, 19.000 millones, pero también resultaron importantes las entregas a Perú, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Nicaragua, Ecuador. Todo esto sin contar los intercambios comerciales bilaterales.

En cuanto a la Inversión Extranjera Directa (IED) el gigante asiático no ha dejado de invertir pese a las turbulencias políticas o económicas que se viven en varias naciones de la región.

Datos del Monitor de la OFDI en América Latina y el Caribe indican que de 2001 a 2016 China invirtió las siguientes cifras en miles de millones de dólares: en Brasil 54.849; Perú 12.372; Argentina 10.587; Cuba 5.800; Jamaica 4.927; Chile 3.306; México 3.212; Ecuador 3.052; Guyana 2.775, Bermudas 2.473; Venezuela 1.909; Colombia 1.852, Trinidad y Tobago 1.380 y en el resto de la región 2.612.

Si en los primeros años el comercio se centraba en el intercambio de materias primas, ahora ha pasado, además, a una nueva etapa que consiste en el desarrollo de inversiones en infraestructura, líneas de financiamiento, captación de recursos estratégicos y apertura a líneas comerciales para sus exportaciones.

En ese sentido China ya cuenta con más de 2.000 empresas en la región y una inversión acumulada de 217.150 millones de dólares, es decir 15,3 % de la inversión total de China hacia el exterior, según datos del Departamento de Asuntos Exteriores de la Cancillería asiática.

Innegablemente que hasta el momento han sido muchos los beneficios para América Latina que ha conllevado esta relación.

En primer lugar ayudar a varios países a esquivar la violenta crisis económica que comenzó en 2007 por Estados Unidos y que sacudió a la mayoría de las naciones del orbe.

Asimismo permitió mantener empresas, fábricas y servicios en acción a la par de que se creaban nuevos negocios.

Los intercambios e inversiones permitieron la creación de más de 254.000 nuevos empleos en Latinoamérica.

La diferencia entre lo que han ofrecido Estados Unidos y otras naciones de Occidente a la región, donde primó siempre el saqueo de sus riquezas, se contrapone con la versión china que a la par que se beneficia de esas materias primas ofrece posibilidades para el desarrollo de sus contrapartes y sus habitantes.

Agradecido, pero con miedo

Voy con un poco de retraso, pero sigue siendo el fin de semana de Acción de Gracias y se me ha ocurrido que tal vez debería hacer una lista de cosas por las que me siento personalmente agradecido. Ante todo, doy gracias por haber tenido los privilegios de haber nacido hombre blanco y de haber crecido y ejercido mi profesión en una época —quizá pasajera— en la que el antisemitismo abierto se había vuelto socialmente inaceptable. Para vergüenza propia, hasta hace poco no he apreciado plenamente lo grandes que son esos privilegios (y es probable que en mi fuero interno siga sin apreciarlo). Sabía que el racismo y el sexismo eran reales y seguían existiendo, pero era ajeno a lo atroces que eran (y son).

Doy gracias por haber nacido en una familia de clase media en un país rico, durante una época en la que la clase media aún compartía plenamente la riqueza del país y la movilidad social aún era elevada. Doy gracias por haber contemplado una enorme mejora medioambiental en Estados Unidos. Este es un tema mucho más importante, y ha supuesto una diferencia mucho mayor en la calidad de vida de lo que la mayoría de la población aprecia. Pero recuerdo cómo era el aire en las grandes ciudades estadounidenses antes de que la ley de protección medioambiental las limpiase; el aire en Nueva York dista todavía de ser perfecto, pero he estado en la Pekín y la Nueva Delhi modernas y, créanme, es infinitamente mejor de lo que podría haber sido.

Doy gracias también por haber pasado mi vida adulta en una época de tolerancia social cada vez mayor. Como he dicho, sigue habiendo muchísimo racismo y sexismo, mucho más de lo que, en mi despiste, había percibido. Pero aun así estamos mucho más abiertos que antes a todo tipo de diversidad. Si ven los datos a largo plazo de sondeos sobre matrimonio interracial —un tema que a mí me afecta personalmente— les asombrará lo fuerte que era aún el racismo, pongamos, cuando Ronald Reagan fue elegido presidente. Y si miran los sondeos sobre el matrimonio entre homosexuales, verán una revolución de creciente tolerancia desde los años de Bush. O si prefieren la cultura popular a las estadísticas de los sondeos, piensen en esto: antes, Dios se parecía a Charlton Heston, pero ahora se parece a Morgan Freeman, y creo que eso es importante.

Como persona de mentalidad académica, doy gracias por haber ejercido mi profesión en una sociedad que valoraba los objetivos intelectuales. Cuando pasé a formar parte de la población activa, la gran caída de salarios y perspectivas económicas para la clase trabajadora estaba empezando, pero los salarios de las personas con una preparación alta seguían subiendo. Y tras especializarme en una ciencia social supuestamente importante para la política, doy gracias por los años en los que parecía que la lógica y las pruebas importaban de hecho, al menos un poco, a los poderosos.

Pese a la concienciación sobre el acoso sexual, es dificil sentirse seguro con un depredador sexual confeso en la Casa Blanca

Vale, seguro que pueden adivinar dónde voy con esto. Tengo mucho que agradecer, pero todas estas cosas parecen estar siendo ahora objeto de ataque. Cierto que atravesamos un momento de concienciación respecto al acoso sexual, y es posible que esto acabe siendo un punto de inflexión. Pero con un depredador sexual confeso en la Casa Blanca, es difícil sentirse seguro. Por otro lado, todo lo que este presidente y este Congreso están haciendo en política económica parece pensado no solo para ampliar el abismo entre los ricos y todos los demás, sino también para consolidar las ventajas de los plutócratas, ayudándoles a asegurarse de que sus herederos sigan arriba y los demás abajo.

No está claro que el Congreso vaya a aprobar el terrible proyecto de ley tributaria presentado por Trump; pero la política medioambiental se establece principalmente mediante medidas administrativas, y este Gobierno se ha movido con asombrosa rapidez para devolver los venenos a nuestro aire y nuestras aguas. Por no mencionar las probabilidades cada vez mayores de catástrofe climática. Los supremacistas blancos, por supuesto, están volviendo por la puerta grande gracias al apoyo desde arriba. (Son, después de todo, ‘gente muy selecta’). También vuelven los antisemitas, lo cual no sorprenderá a quienes recuerden su historia.

Y mientras los viejos prejuicios vuelven, hemos entrado claramente en una nueva era de anti-intelectualismo políticamente potente. Estados Unidos forjó su supremacía mundial principalmente con la fuerza de su sistema educativo. Pero según Pew Research Center, el 58% de los republicanos afirma ahora que las universidades influyen negativamente en el país, y solo un 36% considera que su efecto es positivo. Y no crean ni por un minuto que este giro contra la enseñanza es una reacción contra la corrección política. Se debe al desagradable hábito que los académicos tienen de decir cosas que no queremos oír, como que el cambio climático es real.

El presidente y el Congreso están haciendo una política económica para favorecer a los más ricos y a sus herederos

Por último, ahora estamos gobernados por personas a las que no les interesa que el pensamiento serio se interponga en cualquier política que quieran seguir. Cuando el Congreso vuelva de sus vacaciones, los republicanos intentarán que se apruebe una importante legislación tributaria sin una sola vista, sin dar a nadie tiempo para realizar una evaluación cuidadosa. El resultado, si lo consiguen, será una ley plagada de lagunas jurídicas e incentivos perversos, que no hará nada por el crecimiento y que aumentará enormemente la deuda. Pero les da igual. En otras palabras, Estados Unidos me ha dado mucho por lo que estar agradecido. Pero cada vez más, da la impresión de que era un país distinto del país en el que ahora vivimos.

PAUL KRUGMAN ES NOBEL DE ECONOMÍA.

© THE NEW YORK TIMES COMPANY, 2017.TRADUCCIÓN DE NEWS CLIPS.