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Ana Esther Zulueta Fotos: Roberto Díaz Martorell
24 Marzo 2026
Isla de la Juventud, 24 mar (ACN) En la comunidad rural El Tronco, situada a más de 30 kilómetros de Nueva Gerona, cabecera del municipio especial, vive y trabaja Idelfonso (Fonsi) Silva, usufructuario quien tiene en el tránsito del cacao al chocolate una de sus pasiones.
Bajo el sol intenso y entre surcos de tierra fértil, Fonsi relató a la Agencia Cubana de Noticias el proceso artesanal que convierte la mazorca en chocolate, con la paciencia y el saber heredado de generaciones campesinas del extremo oriente de Cuba.

Todo comienza en el vivero, donde la planta de cacao se fortalece durante seis meses antes de ser trasplantada y a los dos años, ya ofrece sus primeras mazorcas, que deben cosecharse en el punto exacto: entre verde amarillento y amarillo, nunca demasiado maduras, para preservar la calidad de la semilla, refirió en los predios de la finca Los Silva.
Con sus manos curtidas, Silva extrajo los granos y los depositó en cajas de madera, donde permanecen en fermentación de cinco a siete días.

Cada jornada los remueve cuidadosamente de abajo hacia arriba, relató mientras invitaba a esta reportera a percibir el aroma alcohólico que desprendía el proceso, luego, al igual que el café, los granos se secan al sol y se tuestan con esmero para evitar que se quemen, enfatizó.
El productor describió cómo, tras retirar la cascarilla, los granos se muelen tres veces hasta formar una pasta espesa y grasienta.

Gracias a su ingenio, Fonsi emplea una prensa improvisada, construida con piezas de tractor, para extraer la manteca del cacao. De este proceso obtiene un bloque sólido que luego pulveriza y transforma en chocolate.
Si se viola algún paso, no se logra un buen producto, advierte con la seguridad de quien ha repetido el proceso decenas de veces.
Al concluir el proceso, el campesino de baja estatura muestra con orgullo cómo, al conservar la manteca, el cacao se transforma en un bloque compacto que puede derretirse al baño María —método de cocción— para elaborar bombones, una vez mezclado con azúcar, molido varias veces e integrado en una masa suave que se coloca en moldes y se enfría.

Esto es lo que hacemos aquí, con lo que tenemos, y sale un chocolate que no tiene nada que envidiar al industrial, comentó con amplia sonrisa.
La historia reveló que, lejos de las fábricas, el chocolate guarda intacta su esencia artesanal, nacido de tierra fértil, madurado por el sol y resultado del tránsito del cacao al chocolate, guiado por el ingenio y la pasión de un pinero como Fonsi.
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