Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 10 de marzo de 2026

«La investigación es mi vida»


«Yo no puedo dejar de pensar y de reflexionar sobre cosas que voy conociendo», afirma Bell Lara. Foto: Instituto Cubano del Libro

Investigador, intelectual, cubano, guantanamero y Premio Nacional de Ciencias Sociales. Ese es José Bell Lara, pero ante todo, en sus propias palabras, es un revolucionario de origen muy humilde. Nos recibe el día de su cumpleaños 87, sentado en un sillón, fuertemente custodiado en la retaguardia por un modesto estante de libros y un cuadro del Quijote.

Conversar con Bell Lara implica seguirle el ritmo a la mente inquieta del niño que, al contar historias, sigue siendo. No puede esconder una de sus profesiones, la de maestro. A la pregunta sobre su inclinación hacia las Ciencias Sociales continúa una narración exhaustiva, con sus pausas, sus descripciones minuciosas y, por supuesto, las divagaciones propias de quien disfruta contando.

El investigador no siempre fue investigador. Las Ciencias Sociales y los filósofos llegaron a su vida cuando ya había vendido revistas y billetes de lotería antes del triunfo de la Revolución, y hasta se había perfilado como mecánico de aviones.

«Pero mi mamá me impulsó mucho a la lectura, y yo era un lector infatigable», narra, antes de pasar a contar el entramado social de su infancia y juventud.

«Guantánamo era una sociedad señorial en la que los pobres tenían su lugar y los negros también. Existían calles centrales en cuyas casas solamente habitaba la pequeña burguesía blanca. Había todas las corrientes políticas: anarquismo, socialismo, fascismo, una migración española republicana, y el oportunismo político. La juventud ortodoxa era muy fuerte allí».

–¿Por qué decide estudiar Ciencias Sociales?

–Ese es un largo camino, porque realmente yo lo que quería tener era un oficio. Por mi estatus podría haber sido, si no hubiera habido Revolución, un mal mecánico de aviación o un mal mecánico de televisión y radio. ¿Qué sucede? Al tener la inquietud de leer, choco con la economía, con los problemas de la ley, con el marxismo. Yo leía cualquier cosa e iba buscando una visión global. Esa visión la encontré en el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, en 1963 o 1966, no recuerdo bien.

Antes de ese hecho, Bell Lara había obtenido una beca por oposición en la Escuela Técnica de Rancho Boyeros, había creado la Escuela de Instrucción Revolucionaria Pedro M. Rodríguez, y había sido elegido comisionado municipal de Santiago de las Vegas.

De allí pasó al Técnico en Economía del Transporte, en la Universidad de La Habana, y en segundo año de la carrera, en una de las convocatorias a machetear en los cañaverales de Manga Larga (Matanzas), entró en contacto con los filósofos, con quienes conversó de Marx, Lenin, Gramsci.

«Me enganché con ellos y cuando retornamos a La Habana, me llamaron para integrar el primer curso de formación de instructores de Filosofía». Su llegada coincidió con la planificación y publicación del primer número de la revista Pensamiento Crítico, en cuya concepción Bell Lara jugó un papel importante. Y, más adelante, comenzó en el gremio del magisterio como profesor en la Escuela de Ciencias Políticas. Era el más joven del aula.

La conversación deriva, inevitablemente, hacia Fidel Castro Ruz; estudiar su obra fue su primera obsesión. A su criterio, es la figura más importante de la historia cubana a partir de la década de 1950 y siempre aparece en sus reflexiones.

«Una de las características de Fidel es su increíble capacidad organizativa. Además, llevó el lenguaje del marxismo al lenguaje cubano. Fue un dirigente, un líder, con una personalidad magnética. El político más genial de la segunda mitad del siglo XX.

«En su primer discurso, él dice: pensaban que antes iba a ser todo más fácil, ahora va a ser más difícil. Porque ahora sí es una revolución». El investigador coincide en que una revolución tiene incontables enemigos, y afirma que las revoluciones a medias no hacen sino cavar sus tumbas.

–La Feria del Libro este año, que homenajea el centenario de Fidel, se le dedica a usted…

–Realmente no esperaba este homenaje, no lo tenía en mi agenda. Me sorprendió totalmente, y luego me entregaron el Premio Nacional de Ciencias Sociales también. Ninguna de las dos cosas las esperaba, ni tampoco trabajé para recibirlas, porque yo creo que uno tiene que trabajar enfocado solo en lo que es de más utilidad.

«Dedicarle la Feria a Fidel sí es necesario, importante, porque es una manera de universalizar su pensamiento».

–Con más de 16 obras publicadas, ¿cómo decide de qué quiere investigar?

–Eso es muy difícil de decidir, porque muchas veces te equivocas cuando seleccionas un tema y empiezas a avanzar en él. No creas que la investigación es una carretera recta.

«A veces leo un material y me doy cuenta de que hubo textos que debía haber seleccionado. Hoy, por ejemplo, un libro electrónico tiene 800 o 900 páginas. Pero cuando publicamos el primero, tenía alrededor de 230. Entonces tienes que seleccionar y en ocasiones, la selección no es buena».

–¿Qué valores considera esenciales transmitirles a los estudiantes, sobre todo a los que se van a dedicar a la investigación?

–Pienso que el primero es ser modesto, no pensar que se es un genio. Saber que lo que uno desconoce es infinitamente mucho más grande que lo que uno conoce. Y ser riguroso. Yo tengo cierta anarquía de pensamiento cuando investigo, salto de un tema, vuelvo sobre el mismo. Tengo varias obsesiones en mi proceso de pensamiento, aunque mantengo el estudio de la problemática del desarrollo.

–¿Hay alguna de sus obras que marcó un antes y un después en su etapa como investigador?

– Sí, una que se llama Cuba: Socialismo en la globalización, publicada en México. Hoy esa obra necesita una introducción o un complemento, pero ahí traté de sistematizar lo que yo pensaba en ese momento.

–¿Por qué esa obra?

–Nunca antes había sistematizado mi pensamiento. Si lees, por ejemplo, Cambios mundiales y perspectivas de la Revolución Cubana, trato diversos temas, desde el origen, el carácter nacional y popular de la Revolución Cubana, la coyuntura económica.

«Además, siempre que escribo busco la manera de mostrar cómo la política de la Revolución trata de mantener el máximo posible. La Revolución necesita materializarse en cosas, que la gente sepa que la Revolución está cambiando el mundo, pero que sienta también que cambia su vida cotidiana».

–¿Qué libro recomendaría siempre a los jóvenes?

–Es difícil pensar en algún libro y yo voy a pensar en lecturas que a uno lo marcan, por ejemplo, Jack London. Él tiene un cuento que se llama El amor a la vida (1905).  Yo no lo había leído; sin embargo, un día me enteré de que el Che pensó en ese cuento cuando lo hirieron en el cuello, y después supe que Lenin, antes de morir, pidió que se lo leyeran. Leí el libro, y realmente es impactante.

«También la literatura latinoamericana, lo que es el realismo mágico, es extraordinariamente rica. Sin embargo, en general, cuando revisas las editoriales del continente, hay más publicaciones europeas y norteamericanas que latinoamericanas. Yo recomiendo leer nuestra literatura y profundizar en nuestras propias realidades.

«Es importante dedicar nuestro espacio editorial a los jóvenes, a familiarizarlos con la literatura. Creo también que hay un tema que abordar y son los ancianos. La experiencia acumulada. No se puede desperdiciar ese caudal de conocimiento. Hay que tener todo el diapasón de las edades, porque todas son importantes en un proyecto revolucionario».

–¿Qué significa para usted la investigación?

–Significa mi vida. Realmente. Yo no puedo dejar de pensar y de reflexionar sobre cosas que voy conociendo.

–¿Proyectos personales para este año?

–Retomar un ensayo que escribí en 1972: Fase insurreccional de la Revolución Cubana, y lo releí hace poco. Creo que mi proyecto ahora tiene que ser terminar este trabajo, con todo el nuevo conocimiento que uno ha ido adquiriendo. Terminar una segunda edición.

«Creo que la transición socialista en Cuba comenzó con el proceso insurreccional, y es necesario retomarlo desde ese punto de vista. A lo mejor, alguno de los que me lee lo retoma y lo hace con mucho más éxito que yo».

–¿Qué consejos les daría usted a las personas de su edad?

–Mantener la fe en la Revolución, a pesar de todas las dificultades. Creo que la Revolución llegó para quedarse. Y se quedará.

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