Por Manuel David Orrio del Rosario
Nota: un viejo artículo, que actualizo para el aniversario 65 del ministerio del Interior cubano, este 6 de junio.
La Habana, 26/06/03.- Como en casi todos los países, el gobierno cubano se estructura en un conjunto de organismos de administración central a los cuales se les denomina ministerios, por lo que normalmente se dice de una persona empleada en uno de éstos que «fulano trabaja en el ministerio de tal o más cual».
Sin embargo, en el caso de Cuba, existe una excepción. Entre la mayoría de mis compatriotas se percibe el «ser empleado» de uno de aquellos no sólo como un trabajo más, sino como un sentido de la vida, como una pertenencia que de una forma u otra se asume como sacerdocio.
Ese organismo es el Ministerio del Interior (MININT) cuya función social es velar por la seguridad del Estado, el orden público, la tranquilidad ciudadana y parte de todas esas «hierbas» que en la jerga internacional se agrupan bajo el concepto de «gobernabilidad». Quien labora en aquel no «trabaja», sino «es». Cuando en Cuba se dice que alguien «es del ministerio», la frase indica su pertenencia a ése, no a otro. Haga lo que haga, desde simple policía, oficial de inteligencia o bombero, usted «es».
Si bien los cubanos juegan al dicharacho, dudo lo hagan con las palabras. «Ser», no es lo mismo que «trabajar». El Ministerio del Interior criollo tiene en los predios internos y externos una ganada reputación en la defensa de Cuba frente a la política de los Estados Unidos de América, la cual nunca se ha limitado a meras sanciones económicas unilaterales, calificadas por Juan Pablo II como éticamente inaceptables.
Dicha política incluye un abultado expediente de acciones terroristas, entre las que destacan más de 600 planes para cometer magnicidio contra Fidel Castro, todos frustrados por la ejecutoria de quienes no «trabajan», sino «son». Si bien ese terrorismo es prácticamente marginal para este 2026, no ha dejado de existir. Por ejemplo , el 25 de febrero hubo un intento de infiltración armada desde Estados Unidos al noreste del canalizo El Pino, en Cayo Falcones, municipio Corralillo, en la central provincia de Villa Clara, con saldo de cuatro muertes, varios heridos y arrestados.
El Ministerio del Interior, entonces, es institución asociada al misterio y los secretos, por lo cual un amigo acostumbra a decir que sus hombres y mujeres son los «ministeriosos». Y así, hasta riendo por sátiras que humoristas del país dedican a policías poco profesionales, arribará el MININT a su 65 aniversario de fundado, este 6 de junio. Sin embargo, una cosa es guardar obligados secretos, y otra muy distinta pecar de secretismo, en lo cual el MININT incurre, más allá de lógicas necesidades propias de lo que es un «oficio discreto».
Por ejemplo, no se divulgan estadísticas integrales sobre criminalidad desde ¡1975!, algo que desde una conciencia cívica es inaceptable, y en lo cual los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular parecen pintados en la pared. Tampoco la prensa cubana se distingue por dar seguimiento a las labores de prevención y persecución del delito, para citar una relevante carencia. Menos se sabe sobre la población penal criolla ni sobre cuál lugar ocupa Cuba en ese índice a nivel mundial, contada por reclusos por cada cien mil habitantes, en lo que la Lista Mundial de Población Penitenciaria sitúa ese indicador en 794; sería una de las poblaciones más elevadas del mundo, sólo superada por El Salvador, hasta donde se conoce, por cuanto la media mundial está en alrededor de 140 presos por cada cien mil habitantes, a tenor de la mencionada lista.
Tal falta de transparencia también tiende un manto de silencio sobre las violaciones de la Ley que pudieran cometerse bajo el amparo del órgano; sea por corrupción, sea por violaciones legales o éticas en el trato a la ciudadanía. Los «ministeriosos» son seres humanos, no robots santificados por la ¿propaganda?
Lo cierto: no habla en favor de la democracia socialista que se proclama la existencia de tal secretismo respecto a la gestión del MININT, más en temas tan relacionados con la seguridad ciudadana y la percepción de la misma. De acuerdo con un reportaje de Bohemia, 2023, “La sociedad cubana hoy percibe un aumento de la violencia en el país, y si bien esta apreciación se ve estimulada por los contenidos no siempre verídicos de redes sociales y medios no oficiales, existe un incremento de varios tipos de delitos que ha fracturado la sensación de seguridad de la población. El trasfondo económico-social incide en la aparición de vulnerabilidades, desigualdades, en la pérdida de valores y de mecanismos de solución de conflictos que a la postre generan mayor criminalidad”.
«Dios nunca juega a los dados», gustaba decir Albert Einstein, como para recordar que las coincidencias históricas suelen tener una lógica profunda. El MININT fue creado el 6 de junio de 1961, mediante la Ley 940 del Consejo de Ministros que, a juzgar por los anales, vivió ese momento entre preocupaciones por supervivencias y sueños de futuro, por cuanto ese mismo día también se promulgó la Ley de Nacionalización de la Enseñanza, para así dar fuerza de jure a lo que el entonces Gobierno Revolucionario hacía de facto, hoy mundialmente citado como ejemplo de voluntad política continuada en favor de la instrucción para todos.
La apuntada opacidad del MININT no es un caso aislado: en educación y salud también faltan cifras públicas integrales, como se verá más adelante. Por cierto: la calidad de la enseñanza se ha resentido en los últimos tiempos, habida cuenta de las serias dificultades económicas por las cuales Cuba atraviesa. Esas dificultades se acompañan por la caída en el número de maestros y profesores, por el descenso de los presupuestos como porcentaje del Producto Interno Bruto, o por su expresión en términos reales. Duele, pero es hecho terco: van cuesta abajo, y no sólo porque disminuya la población, motivo lógico para reducciones presupuestarias.
Por aquellos meses de 1961, vale recordar, si por un lado se creaba al MININT, por el otro toda Cuba se involucraba en erradicar el analfabetismo. Además, se habían creado más de 10 000 aulas de enseñanza primaria, que al momento presente se han traducido en más de un millón de graduados universitarios, de los que muchos han emigrado hacia empleos de menor calificación, pero mejor paga, cuando no se han marchado a residir en otro país. Es una callada sangría, sobre la cual tampoco se dispone de cifras públicas integrales, aunque hay botones de muestra: el Anuario Estadístico de Cuba 2024 (ONEI), publicado en 2025, reportó que la fuerza laboral del sector salud se redujo en 32,586 trabajadores sólo entre 2022 y 2023, y acumula una pérdida de 30,767 médicos desde 2021 —de 106,131 a 75,364— así como 15,035 enfermeros menos en el mismo periodo. Los médicos de familia, pilar de la atención primaria, se desplomaron de 27,535 en 2023 a apenas 12,912 en 2024, una caída del 53% en un año. Son números inquietantes, que indican una reducción en el número de profesionales de la salud por cada determinado número de habitantes, cuya proporción ha empeorado de 104 a 131 habitantes por médico entre 2021 y 2024.
Mientras ciertas realidades aporrean puertas, vienen coincidencias, buenas para recordar en este aniversario: a los «ministeriosos» criollos se les reconoce a nivel planetario una gran capacidad para penetrar a las organizaciones adversarias, conocer sus planes y actuar en consecuencia. Quizás se atribuya esa habilidad a pasadas relaciones con los servicios especiales de las naciones del extinto campo diz que socialista. Pero en las tradiciones de luchas por la independencia de Cuba se encuentran pruebas de que ese talento es principalmente autóctono.
Nada menos que un 6 de junio, pero de 1896, el Lugarteniente General del Ejército Libertador, Antonio Maceo, recibió el resultado triunfante de una operación de inteligencia dirigida por Perfecto Lacoste, entonces presidente de la Junta Revolucionaria de La Habana, quien junto a Emilio Carrera Peñarredonda logró sustraer de las oficinas del Capitán General de la «siempre fiel Isla de Cuba», un conjunto de mapas y planos muy necesarios para llevar a término la invasión del occidente cubano, esfuerzo estratégico para liberar a Cuba del dominio español. Lo hicieron a riesgo de sus vidas, tal vez sin saber el precedente que estaban creando. Hoy, ¿coincidencia no tan coincidente?
Quizás, como pocos, seamos los cubanos hijos de nuestra Historia. Conocerla, es conocernos. En nuestras raíces se encuentra la razón de cómo somos, tanto en lo bueno como en lo malo.
Entretanto, «ministeriosos» alertas.
* Imagen de portada: sede del ministerio del Interior cubano. Plaza de la Revolución «José Martí». Autor Martin Abegglen. Licencia Atribución-CompartirIgual 2.0 Genérica de Creative Commons.

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