28 agosto 2026

Al comenzar 2026, nuestros modelos situaban la inflación esperada en 12,1 % para todo el año. La estimación se basaba en la desaceleración observada en períodos anteriores y en el mantenimiento de las condiciones que la habían hecho posible. En la práctica, esto no significaba que los precios fueran bajos o asequibles para la mayoría de los hogares, sino que aumentarían a un ritmo menor.
Esa trayectoria se interrumpió. Entre diciembre de 2025 y julio de 2026, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó 15,1%, es decir, en siete meses, la inflación acumulada superó la prevista para todo el año. Desde marzo, además, el IPC se mantiene por encima del rango de variación previsto por el modelo y la brecha respecto a la inflación esperada continúa ampliándose. Esto indica que no estamos ante una fluctuación aislada, sino ante un cambio estadísticamente significativo y económicamente relevante en la dinámica de los precios.
Las cifras oficiales no recogen necesariamente toda la inflación experimentada por los hogares. El IPC conserva ponderaciones basadas en los patrones de consumo de 2010, aunque desde entonces han cambiado considerablemente la composición del gasto y los mercados en los que se realizan las compras. Aunque esta limitación exige cautela al interpretar las magnitudes, la comparabilidad de la serie permite examinar de forma continua la trayectoria de los precios e identificar cambios en su velocidad de crecimiento.
La evidencia disponible apunta, además, a que todavía podríamos no haber llegado a los meses más difíciles. Los factores que ayudaron a contener la inflación en años anteriores se están debilitando, mientras continúan acumulándose presiones fiscales, cambiarias y productivas. Si este deterioro persiste, el último trimestre podría registrar una inflación mayor que la observada en la actualidad.
De la desaceleración al cambio de trayectoria
El actual ciclo inflacionario comenzó en 2020, cuando Cuba registró, por primera vez en años, una inflación de dos dígitos (18,5 %). El Ordenamiento Monetario de 2021 representó, sin embargo, un cambio de escala. La devaluación oficial y el reajuste simultáneo de precios, salarios, pensiones y tarifas provocaron un incremento extraordinario de los precios y los costos empresariales. Posteriormente, la contracción de la producción, la escasez de bienes y divisas, los déficits fiscales, la emisión monetaria y la depreciación del peso en el mercado informal prolongaron el proceso.
Después del salto de 2021, la inflación comenzó a moderarse y descendió año tras año. Como muestra el Gráfico 1, pasó de 39,1 % en 2022 a 14,1 % en 2025. Seguía siendo una tasa elevada —en economías con estabilidad de precios, las metas suelen situarse alrededor de 2 % o 3 % anual—, pero la trayectoria era descendente.

Inflación: Una nueva aceleración 11
La moderación observada no fue resultado de una corrección estructural de los desequilibrios, sino de varios mecanismos de contención:Baja transmisión de la inflación hacia los ingresos. Los salarios estatales y las pensiones no aumentaron al mismo ritmo que los precios. La ausencia de mecanismos automáticos de indexación (ajustes periódicos de los ingresos de las familias en función del aumento de los precios) limitó la formación de una espiral entre precios e ingresos, pero trasladó buena parte del costo del ajuste hacia el poder adquisitivo de la población.
Contracción de la demanda interna. La recesión, la reducción de los ingresos reales y el debilitamiento de la inversión limitaron el consumo. Parte de la desaceleración respondió, por tanto, a la contracción de la demanda y no a una recuperación de la producción o la oferta.
Menores necesidades de financiamiento monetario. El déficit fiscal total del sector público disminuyó de 11,5% del PIB en 2023 a 7,3% en 2024 y 5,4% en 2025. Esta corrección acumulada de 6,1 puntos porcentuales redujo las necesidades de financiamiento del presupuesto y, por tanto, la presión para cubrirlas mediante emisión monetaria. De ese modo, se moderó una de las principales fuentes internas de inflación.
Contención administrativa de algunos precios. El tipo de cambio oficial permaneció fijo y numerosos precios y tarifas estatales continuaron administrados. Estos mecanismos limitaron la transmisión de mayores costos hacia determinados componentes del IPC, aunque su capacidad de contención se redujo a medida que la oferta estatal perdió participación frente a mercados con precios más flexibles.

Gráfico 1. Inflación anual en Cuba, 2021–2025 / Notas: Variación del IPC en diciembre respecto a igual mes del año anterior.
Cuba llegó así a diciembre de 2025 con una inflación en descenso, pero sin una estabilización macroeconómica consolidada ni una reactivación de la actividad económica que garantizara la continuidad de esa tendencia.
La inflación que cabía esperar en 2026
Para establecer un punto de comparación, estimamos cómo habría evolucionado el IPC si hubiera conservado las regularidades observadas hasta finales de 2025. Esta referencia permite evaluar si los precios siguieron la trayectoria esperada o comenzaron a aumentar más rápidamente.
El modelo considera la tendencia del IPC, la influencia de sus valores anteriores y los movimientos que suelen repetirse durante el año. Como muestra el Gráfico 2, reproduce de cerca la trayectoria observada hasta diciembre de 2025.
Gráfico 2. IPC observado, estimado y esperado, 2021–2026 / Notas: La línea gris representa el ajuste del modelo hasta diciembre de 2025; la azul discontinua, la trayectoria esperada para 2026. La línea vertical marca el inicio del pronóstico. El modelo se estima desde febrero de 2021 para evitar que el incremento excepcional asociado al Ordenamiento Monetario sea tratado como parte de la dinámica habitual de la inflación.Con la información disponible hasta ese momento, el modelo situó la inflación esperada para 2026 en 12,1 %, ligeramente por debajo del 14,1 % registrado el año anterior. Esta previsión constituye la referencia para evaluar el comportamiento de los precios durante 2026.
El cambio de tendencia aparece en los datos
El Gráfico 3 compara la evolución real del IPC en lo que va de 2026 con su trayectoria esperada. En enero, los precios todavía se mantuvieron en línea con la desaceleración anterior. En febrero comenzaron a superar la trayectoria central prevista, aunque permanecieron dentro del rango estadísticamente esperado. Desde marzo, el IPC se situó de manera persistente por encima de ese rango.

Gráfico 3. En 2026, el IPC supera la trayectoria esperada / Notas: La línea negra muestra el IPC observado y la azul discontinua, la trayectoria esperada con información hasta diciembre de 2025. Las líneas grises delimitan el margen de predicción del 95 %.
La persistencia de esta desviación es relevante. Un dato aislado podría responder a un acontecimiento puntual o a la volatilidad habitual de la serie. En este caso, el IPC permaneció fuera del rango previsto durante cinco meses consecutivos y la brecha continuó ampliándose.
En julio, el IPC alcanzó 581,56 puntos. Desde diciembre de 2025, los precios habían aumentado 15,1 %, más del doble del 7,0 % esperado para igual período. La diferencia entre ambas tasas acumuladas fue de 8,1 puntos porcentuales. Además, en solo siete meses, la inflación observada ya superaba el 12,1 % previsto para todo 2026. En términos simples, esto significa que los precios están subiendo bastante más rápido de lo que se esperaba al comenzar el año, una señal de que las presiones inflacionarias se intensificaron durante el primer semestre.

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En conjunto, la persistencia y la magnitud de la desviación constituyen evidencia estadística de un cambio económicamente relevante en la dinámica de los precios.
Qué cambió en 2026
El cambio observado en la inflación no tiene una explicación única. Cuba comenzó 2026 con desequilibrios fiscales, monetarios, cambiarios y productivos que ya ejercían presión sobre los precios. Durante el primer semestre, además, la intensificación de las sanciones estadounidenses añadió restricciones externas sin precedentes recientes. Estas últimas constituyeron el rasgo distintivo del período, actuando sobre una economía profundamente debilitada por factores internos.
Inflación: Una nueva aceleración 13Las sanciones pueden incidir sobre la inflación mediante cuatro canales principales:Combustibles, producción y costos internos. Las restricciones al suministro de petróleo profundizaron una crisis energética preexistente. La escasez de combustible afecta la generación eléctrica, el transporte, la producción y la distribución, lo que reduce la oferta y eleva los costos.
Pagos, transporte e importaciones. Las dificultades financieras y logísticas obstaculizan los pagos a proveedores, el traslado de mercancías y la reposición de inventarios. También afectan las importaciones privadas, que durante los últimos años ampliaron la oferta de alimentos y otros bienes de consumo.
Ingresos externos y tipo de cambio. La contracción del turismo y de la exportación de los servicios profesionales, junto con el deterioro de la inversión y el financiamiento externos, reduce la disponibilidad de divisas. En un mercado cambiario ya desequilibrado, esta reducción aumenta las presiones sobre el peso y encarece los bienes e insumos importados.
Cuentas fiscales y financiamiento monetario. La contracción de la actividad reduce los ingresos fiscales y amplía las presiones sobre el presupuesto. Después de disminuir hasta 5,4 % del PIB en 2025, el déficit fiscal total podría acercarse a 10 % en 2026. Su efecto sobre los precios dependerá también de las decisiones internas de gasto y de la forma en que se financie.
Estos canales se refuerzan mutuamente, debilitan la capacidad productiva y contraen la oferta agregada. La magnitud del deterioro es considerable: la CEPAL proyecta una caída del PIB cubano de 10,3 % en 2026, la mayor de la región. No se trata, por tanto, de una perturbación sobre un producto particular, sino de presiones simultáneas sobre la producción, los costos y varios de los mecanismos que determinan la inflación.
La coincidencia temporal y la consistencia de estos canales respaldan la hipótesis de que la intensificación de las sanciones contribuyó al cambio de tendencia observado. Sin embargo, sus efectos se combinan con desequilibrios fiscales, monetarios, cambiarios y productivos que ya existían. Nuestros modelos aún no permiten estimar qué proporción del aumento corresponde a cada factor.
Los alimentos refuerzan la señal
La evolución de los alimentos aporta evidencia adicional. Este componente representa cerca del 30 % de la canasta oficial usada en el IPC, una proporción inferior a la que actualmente ocupa en el gasto efectivo de los hogares. Su encarecimiento afecta especialmente a las familias de menores ingresos.
La inflación mensual de los alimentos se había desacelerado notablemente en los datos oficiales: su promedio descendió de alrededor de 4% en 2022 a 1,1% en 2025. Durante los primeros siete meses de 2026 aumentó hasta aproximadamente 2,5% mensual, más del doble del promedio del año anterior. En junio alcanzó 4,3% y en julio permaneció elevada, en torno a 3,5%.

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Esto significa que el precio de los alimentos no solo siguió aumentando, sino que comenzó a hacerlo a un ritmo cada vez mayor durante 2026, después de varios años en los que la velocidad de esos aumentos venía disminuyendo.

Gráfico 4. La inflación de los alimentos vuelve a acelerarse / Notas: Las barras muestran la variación mensual de los precios de los alimentos. La línea representa el promedio mensual de cada año.
Uno de los canales descritos anteriormente es el traslado de la depreciación del peso hacia los precios. Nuestras estimaciones indican que una depreciación de 10 % del tipo de cambio informal se asocia con un aumento adicional acumulado de aproximadamente 1,4 % en los precios de los alimentos durante los tres meses siguientes.
En junio, el tipo de cambio informal aumentó de 550 a cerca de 648 pesos por dólar como promedio mensual, mientras, en el Segmento III de las tasas oficiales publicadas por el Banco Central de Cuba, el aumentó fue de 502,6 a 554,3 pesos por dólar como promedio mensual. De acuerdo con la relación histórica estimada, un movimiento de esta magnitud se asocia con un incremento adicional acumulado de alrededor de 2,3 % en los precios de los alimentos durante los tres meses siguientes. Esto no significa un aumento de 2,3 % cada mes, sino que al finalizar ese período los alimentos podrían ser 2,3 % más caros de lo que habrían sido sin la depreciación de junio. El dato de julio podría recoger una parte de ese efecto; el resto podría manifestarse durante agosto y septiembre.
El repunte de los alimentos amplifica la dimensión social del proceso inflacionario. Como estos productos absorben una proporción mayor del gasto de los hogares de menores ingresos, su encarecimiento reduce con más intensidad el poder adquisitivo y aumenta el riesgo de inseguridad alimentaria.
Podríamos no haber llegado a los meses más difíciles
Los datos analizados del IPC muestran un patrón estacional: julio, agosto y septiembre suelen registrar aumentos inferiores al promedio mensual del año. Es decir, hay meses del año en los que, de manera recurrente, los precios tienden a subir más lentamente que en otros. En el caso cubano, julio, agosto y septiembre suelen ser meses de menor presión inflacionaria. Sin embargo, hacia el último trimestre, las estimaciones apuntan a una mayor inflación, aunque esa diferencia es menos concluyente estadísticamente (Gráfico 5).
Gráfico 5. La inflación suele moderarse entre julio y septiembre / Notas: Las barras muestran la diferencia estimada respecto al promedio mensual del año. Las líneas verticales muestran el margen de incertidumbre del 95%. Si cruzan el cero, la diferencia respecto al promedio no es concluyente (barras grises).Cuba atraviesa en estos momentos el período habitualmente menos inflacionario del año. Aun así, en julio el IPC general aumentó 2,6 % y los precios de los alimentos, cerca de 3,5 %. Si las presiones no ceden durante los meses normalmente más moderados, el comportamiento observado hasta ahora podría no representar el momento de mayor intensidad del año.
Inflación: Una nueva aceleración 15La estacionalidad no constituye un pronóstico ni permite afirmar con certeza que la inflación aumentará durante el último trimestre. Sin embargo, el período estacionalmente más favorable coincide con la acumulación de presiones fiscales, cambiarias y productivas.
En el frente fiscal, nuestras estimaciones sitúan el déficit de 2026 alrededor del 10 % del PIB, frente al 5,4 % registrado en 2025. Su efecto sobre los precios dependerá de la ejecución del gasto y, especialmente, de la forma en que se financie. Un aumento del financiamiento monetario podría intensificar las presiones inflacionarias hacia finales del año.
A ello se añade el posible efecto de las reformas económicas anunciadas en junio. Los ajustes de los precios administrados, las tarifas y el tipo de cambio oficial modificarían algunas de las anclas nominales que habían contribuido a contener la inflación y podrían elevar directamente el nivel de precios en el corto plazo.
El incremento salarial aplicado desde julio en el sector presupuestado beneficia a más de 1,2 millones de trabajadores y tiene un costo presupuestario anual estimado en 42 500 millones de pesos. La recuperación de los salarios resulta necesaria después de varios años de pérdida de poder adquisitivo. El riesgo no reside en el aumento en sí mismo, sino en que se produzca sin una recuperación paralela de la oferta, la productividad y los ingresos fiscales. En esas condiciones, parte del incremento podría trasladarse a los precios, especialmente si amplía el déficit y requiere financiamiento monetario.
También persisten riesgos sobre la oferta agrícola. Parte de los productos que llegarán al mercado durante el segundo semestre fue cultivada bajo mayores restricciones de combustible, fertilizantes y otros insumos. El aumento de los costos, las posibles pérdidas de rendimiento y las dificultades de distribución podrían trasladarse a los precios con cierto retraso.
Aunque ninguno de estos factores permite afirmar categóricamente que el último trimestre será más inflacionario, considerados conjuntamente constituyen señales de un posible deterioro adicional durante los próximos meses.
Las señales que seguiremos observando
El comportamiento de los próximos meses no dependerá de un único indicador, sino de la interacción entre las presiones existentes. Una depreciación persistente encarecería las importaciones y los alimentos; el deterioro fiscal reduciría la capacidad del Estado para contener sus efectos; y las reformas de precios, tarifas y salarios podrían añadir un nuevo impulso si no están acompañadas por una recuperación de la oferta y fuentes sostenibles de financiamiento.
El principal riesgo es que estos mecanismos comiencen a reforzarse mutuamente y conviertan la desviación observada durante el primer semestre en una nueva dinámica inflacionaria. Por ello, Señales seguirá, no solo la evolución del IPC, sino también los factores que permitirán distinguir entre un choque transitorio y un proceso más persistente.
La tormenta todavía no puede medirse en toda su magnitud. Pero ya no es solamente una amenaza en el horizonte: sus primeras señales aparecen en los datos.
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