Colocar las palabras Estados Unidos, Cuba y peligro en la misma oración es atinado; no lo es conceder a la Isla capacidades bélicas para hacer peligrar a la más grande superpotencia militar y económica del planeta, a la vez el país políticamente más influyente del mundo, líder de la OTAN y cuyos aliados pasan de 150. La asimetría con la acosada Isla es abrumadora.
La estrategia de Marco Rubio, secretario de estado de los Estados Unidos radica en ejercer sobre Cuba permanentemente y sin consideración alguna, la máxima presión en todos los ámbitos: político, económico, militar, de inteligencia y seguridad, migratorio y otros, tratando de influir en los ambientes internacionales.
El ponente de esta política cree que las consecuencias existenciales de la misma, de algún modo impactarán en los ambientes nacionales, erosionando la cohesión social que sostiene el proceso político cubano centrado en la revolución y la construcción del socialismo, categorías que internacionalmente, actualmente resultan poco asequibles.
Con una persistencia digna de mejor causa, las políticas de la administración Trump son acompañadas con frecuentes artículos de The New York Times y otros medios norteamericanos a los cuales se suman influencers y redes sociales originadas en los Estados Unidos que, con inusitada frecuencia, publican artículos sobre Cuba, siempre negativos.
En esos textos de circulación inmediata y universal y contenidos desmesurados, se presenta a la Isla como núcleo y centro generatriz de la izquierda mundial y de sus estrategias, principalmente en Estados Unidos que asume el papel de víctima. Según estos contenidos, no hay en el planeta organizaciones ni universidades, medios de prensa ni redes sociales de perfiles progresistas o políticamente avanzadas que no respondan a la influencia de Cuba.
Según palabras del presidente y el secretario de estado, repetidas por adeptos y clientes, Cuba es también, “Una superpotencia de inteligencia internacional”, homologable a lo que un día fue la Unión Soviética que penetró la Gestapo y los estados mayores hitlerianos y colocó más de 20 agentes en el Proyecto Manhattan encargado de la fabricación de la bomba atómica.
Estas invenciones emulan la del Golfo de Tonkín, la que condujo al general Colin Powell, entonces secretario de estado a comparecer públicamente y mostrar unos tubos de aluminio de uso corriente, como prueba de que, con esa tecnología de fontanero, Sadam Hussein pretendía construir una bomba atómica o aquella, según la cual unos sonidos que imitaban la onomatopeya del chirriar de los grillos, eran parte de un arma sónica que enfermó a los diplomáticos norteamericanos en La Habana.
Lo interesante del asunto es que, por distintas razones, esas fantasías impactan en gobiernos, partidos políticos, entidades académicas, medios de prensa y finalmente en importantes sectores de la opinión pública internacional que se alejan o, como mínimo, toman distancia de los pretendidos culpables.
Al especular sobre si Cuba constituye una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos, es pertinente observar que, por sus capacidades nucleares, Estados Unidos al igual que Rusia y China no pueden ser retados por ningún país, ni por todos juntos. Cualquiera de estas potencias tiene más misiles, ojivas nucleares y bombas atómicas que blancos a batir en los territorios de sus probables adversarios.
Estados Unidos dispone de unas 3700 ojivas nucleares, Rusia 5420, China 620, Francia 370, Gran Bretaña 226, India 190, Pakistán 170 y Corea del Norte 60. Presumiblemente Israel puede poseer unas 200. Todos los países nucleares, especialmente las potencias, poseen más armas nucleares que adversarios. Tres de ellas pueden abatir blancos en cualquier punto del planeta.
Cuba no es, ni nunca ha sido un peligro militar para Estados Unidos, ni siquiera cuando la alianza con la Unión Soviética llevó al despliegue de misiles de alcance medio portadores de armas nucleares, entre otras cosas, porque aquellas armas, no llegaron a estar operativas y porque la decisión para utilizarlos nunca fue de Cuba, ni siquiera del general Issá Pliyev, jefe de la Agrupación de Tropas Soviéticas (ATS) en Cuba, sino que siempre estuvo en manos de Moscú.
Si bien en algunos momentos los efectivos cubanos sobre las armas fueron numerosos y abundante la técnica de combate sobre todo blindados, artillería, incluida costera para batir objetivos en el mar, defensa antiaérea, y aviación avanzada, marina de guerra que, en un momento, incluyó submarinos, el perfil de las fuerzas armadas cubanas fue siempre exclusivamente defensivo, tal como continúa siendo.
La capacidad para causar bajas en la defensa de su territorio, no definió nunca como temibles a las fuerzas armadas cubanas, preparadas para la defensa del país, sin ningunas intenciones ni posibilidades tácticas o estratégicas para operar contra el territorio de los Estados Unidos, cosa que nunca ha sido su objetivo.
Este perfil se acentuó desde los años ochenta del pasado siglo cuando se estableció la certeza de que la aplicación de ciertos elementos de la concepción militar soviética, eran inaplicables a Cuba. Se trataba entonces del carácter exclusivamente defensivo de la doctrina militar cubana, de la enorme asimetría en la correlación de fuerzas militares, la economía y en las capacidades industriales para hacer sostenible un conflicto militar clásico.
En lo único que Cuba presume de ser una potencia es en su capacidad de resistencia y en la movilización nacional mediante la guerra de todo el pueblo, capaz de convertir al país en un avispero donde ningún ocupante se pueda sentir seguro.
Cuba se enfrenta hoy a una guerra híbrida, asimétrica y de inteligencia en dos escenarios, uno real basado en los bloqueos económico, comercial, financiero y energético que la colocan en situaciones extremas y la guerra mediática que la incrimina por acciones que nunca ha realizado ni quiere realizar y de las cuales es víctima.
Uno de los elementos más llamativos y peligrosos es la total impunidad con que Estados Unidos realiza una agresión múltiple que en cualquier momento puede incluir componentes militares aplastantes. No es verdad que Cuba agreda ni haga peligrar a Estados Unidos pero el mundo no lo sabe y, muchos que lo conocen, son indiferentes. Allá nos vemos.
Agosto de 2026. Publicado por el diario ¡Por esto! Al reproducirlo indicar la fuente

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