Las micro, pequeñas o medianas empresas (MPYMES) son generadoras de empleo, permiten el desarrollo a nivel local o regional, se adaptan con flexibilidad a las crisis económicas, entre otros elementos. Si se analiza la estructura empresarial de las grandes economías (como Japón, Italia, Corea del Sur, entre otras), se podrá comprobar el aporte a la economía de esa forma de producción.
El objetivo de este artículo es ofrecerle a los lectores una visión de la importancia que tiene para un país como Cuba el establecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas para una verdadera articulación del tejido empresarial del país, que además no es algo novedoso en la realidad nacional, teniéndose en cuenta que, antes de 1959, lo que prevaleció en Cuba fueron las microempresas, las pequeñas y las medianas empresas. Se demostrará esa importancia a través de la experiencia de un país que ha utilizado las MPYMES desde su desarrollo inicial, y que hoy es de las tres primeras economías del mundo, como es el caso de Japón.
 ¿Cuál es la clasificación de una MPYMES?
 Primero una aclaración general: no hay un concepto universal sobre el tamaño o el alcance de una MPYMES, eso depende de los conceptos esgrimidos, desde un organismo internacional, una región, o un país, hasta las clasificaciones que se han dado teniendo en cuenta el número de empleos, o el volumen de sus ventas, o si estas forman parte de una empresa mayor.
De acuerdo a su tamaño, las empresas pueden clasificarse como: micro, pequeñas, medianas y grandes. En este sentido, cualquier definición que se plantee es realmente difícil, ya que aún en el mundo empresarial de la actualidad no existe consenso, las definiciones tienden a ser arbitrarias. A nivel internacional, especialmente en Europa, y dentro de la misma en España, el criterio que más se utiliza es el número de trabajadores; asumiéndose que: una microempresa es la que posee hasta 10 trabajadores; una pequeña de 10 hasta 49 trabajadores; una mediana de 50 a 249 trabajadores; y una grande más de 250 trabajadores.1
Para que un país prospere, desde el punto de vista económico, debe ser capaz de producir riquezas. Las empresas, independientemente del sistema económico imperante, son los entes responsables de que esto ocurra. Para cumplir su función productiva, la empresa debe utilizar los denominados factores productivos que esencialmente son: el trabajo (los recursos humanos utilizados para producir bienes y servicios) y el capital (el dinero y todo lo que se adquiere mediante este: máquinas, equipos, herramientas, edificios, etc.). Otro factor, no menos importante, lo constituye la organización (la administración o dirección de la empresa). De hecho, es a través de esta última que los factores anteriores son coordinados para alcanzar determinados objetivos o fines, que constituyen la propia razón de ser de la empresa.3
 Las MPYMEs en Japón.
 No es el objetivo de este trabajo analizar el éxito del modelo japonés, pero sí podemos mencionar ciertos factores que desarrollaron –por ejemplo, las MPYMES– para estar entre las primeras economías del mundo: 4
  1. Alta Tasa de Ahorro
  2. Administración de “Estilo Japonés”
  3. Keiretu (grupos de empresas)
  4. Pequeñas y Medianas Empresas
  5. Empresas de Comercio Internacional (Sogo Shosha)
  6. Burocracia o Instituciones.
Las pequeñas y medianas empresas en Japón
Japón clasifica a sus empresas por el número de empleados y, en el caso de las pequeñas y medianas, además por el capital que tienen.
Puede haber otras industrias con otras condiciones, aprobadas por una ordenanza gubernamental diferente a esa legislación relativa a las MPYMES. Por ejemplo:
1. Para las pequeñas y medianas empresas en la manufactura
Fabricación de productos de caucho o goma: hasta 2,7 millones de dólares en capital y hasta 900 empleados regulares.
2. Servicios:
-Industria del Software & Servicios Informáticos: hasta 2,7 millones de dólares de capital y hasta 300 empleados regulares.
-Industria hotelera: hasta 458 mil dólares y hasta 200 empleados regulares.
3. Servicios en microempresas:
-Alojamientos o recreación: hasta 20 empleados regulares.
La promoción de las pequeñas y medianas empresas fue un fuerte propósito de las políticas industriales del Japón. Debido a la existencia de una estructura dual entre “grandes” y “pequeñas y medianas” empresas. El gobierno (tratando de borrar la percepción de que las pequeñas empresas pagaban menos sueldos, que el empleo allí era inestable, con baja tecnología, con dificultad en la obtención de financiamiento, donde las tasas de beneficios eran bajas y vulnerables al ciclo económico), decide darle un apoyo institucional a través del Ministerio de Industria y Comercio Internacional (MITI).5
La política industrial del MITI para modernizar y fortalecer las pequeñas y medianas empresas ayudó a aliviar los efectos nocivos mencionados y a desarrollar economías regionales o locales. Y contribuyó al desarrollo de una red industrial entre grandes y pequeñas y medianas empresas, por lo cual los sectores industriales pudieron reducir “costo de transacción” y disfrutar de “externalidades de Marshall.” Es obvio que este tipo de red fue una de las razones de eficiencia del sector manufacturero en Japón.
En ese país hay una división entre “grandes” empresas y “pequeñas y medianas” empresas. Muchos pequeños fabricantes son típicamente “filiales” de grandes empresas y trabajan como subcontratistas en un Keiretsu vertical. Por ejemplo, Toyota compra miles de partes para automóviles a subcontratistas, muchos de los cuales son pequeñas empresas con menos de 100 empleados.
La calidad de los trabajadores de las pequeñas empresas es muy alta en Japón. Las grandes empresas, como Toyota, revisan la calidad de las piezas entregadas por sus firmas subcontratadas pequeñas a la fábrica ensambladora de sus automóviles. Luego, los ingenieros de la Toyota trabajan conjuntamente con las pequeñas empresas asociadas a su compañía para mejorar la calidad de sus partes. De esta manera, la relación de largo plazo entre Toyota y sus subcontratistas es de cooperación más que dominación, y se puede decir que la alta eficiencia de las pequeñas y medianas empresas es uno de los fundamentos básicos para la alta competitividad de las grandes empresas. Por eso, las pequeñas y medianas empresas desempeñan un papel clave para las grandes empresas, ayudándolas en mejorar las producciones de la industria.
Según el Censo Económico de 2012 para la Actividad de los negocios, se contaba con 5,45 millones de establecimientos (excluyendo las empresas cuyos detalles eran desconocidos, los servicios gubernamentales nacionales y los servicios públicos locales) en Japón, y había 55,84 millones de personas empleadas. El número promedio de personas ocupadas por establecimiento es de 10,2 personas. Resalta que los establecimientos con menos de 10 personas representaron el 78,7 por ciento del total y los que tenían más de 100 personas eran el 1,1 por ciento del total.6
Con respecto a la edad de los trabajadores de las MPYMES, en Japón se puede observar que en este tipo de empresas hay más trabajadores con edad superior a los 65 años que en las grandes empresas, lo cual indica que la experiencia laboral en este tipo de empresas contribuye de forma significativa a su éxito económico y a su compromiso con la empresa.
El número de establecimientos según la Clasificación Industrial Estándar de Japón, se concentra en la categoría del comercio mayorista y minorista, con 1,41 millones de establecimientos, seguidos por los de “alojamiento, alimentación, bebidas” y la construcción. En términos del número de personas empleadas en el comercio mayorista y minorista, asciende a 11,75 millones de personas, ocupando el primer lugar, seguidos por la manufactura con 9,2 millones de personas; los servicios de salud,  medicina y bienestar, unos 6,17 millones de personas; y alojamientos, alimentación y bebidas, 5,4 millones de personas.7
Para satisfacer las demandas de los clientes, que cambian rápidamente, las MPYMEs se enfrentan constantemente a nuevos retos por la necesidad de crear nuevos productos y servicios para satisfacer la demanda y mantenerse competitivas frente a las nuevas tendencias del mercado, por lo que están abocadas a desarrollar ideas y tecnologías propias y originales, para a la vez crear una nueva demanda.
En las oficinas de diseño, en Japón, el 93,7 por ciento de los negocios tienen menos de 10 trabajadores, lo cual indica que en esa rama la mayor parte de las empresas son MPYMEs, por lo versátil, la tecnología que usan y el alto valor agregado de sus producciones.
En Japón, la industria del diseño se compone de empresas que realizan investigaciones científicas o se implican en el desarrollo de nuevas tecnologías y servicios especializados. Según la encuesta de servicios industriales seleccionados por el Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón, unas 9,710 oficinas de negocios están clasificadas como empresas de diseño. De estas, casi el 100 por ciento son MPYMES –unas 9,707 oficinas de negocios. El número de trabajadores en estas empresas se ha incrementado en más de un 200 por ciento; de 11,113 trabajadores en 2003 a 36,220 trabajadores en 2013. Las ventas anuales en la actualidad son de ¥332,2 billones, lo que representa más de dos veces las que hace 10 años, es decir en 2003 fueron de ¥139,6 billones.
Las ventas anuales, por tipo de negocio, muestran que el sector gráfico representó el 46,0 por  ciento de las ventas totales en 2003, y pasó a un 59,3 por ciento en 2013, lo que demuestra el auge de esta industria de diseño gráfico, impulsada por la creciente informatización de la sociedad que hace que aumente el crecimiento y la expansión del mercado. En esa encuesta no se incluyen a los propios diseñadores de la industria manufacturera, ya que ellos son parte interna de las industrias. Si se incluyeran, la industria del diseño podría mostrar una tendencia de crecimiento aún mayor.
La tabla siguiente nos ilustra claramente el peso que representan las pequeñas y medianas empresas en la economía japonesa, donde en la industria el 99 por ciento de los establecimientos tienen esa clasificación.
 


 Las MPYMES en Cuba
Sin hacer una larga historia, es necesario remontarse al pasado para hablar de las MPYMES en Cuba, reconociendo la experiencia que tuvo el país antes y después de la Revolución. Así, antes de 1959 existían en el país unos 2,300 establecimientos industriales, y la mitad clasificaba como microempresas que empleaban a menos de 6 trabajadores. Además, teníamos la industria azucarera, formada por un grupo de centrales grandes con significativo peso dentro de la estructura de la producción y otro gran número de centrales pequeños. El resto de las industrias nacionales eran pequeñas plantas con inversiones de poco capital y reducido número de empleados, destinando su producción esencialmente a la demanda interna.8 Las microempresas eran el 45 por ciento del tejido empresarial cubano, y se estimaba que las pequeñas eran el 35,5 por ciento.9
A partir de 1959, por las leyes y transformaciones del período revolucionario, que incluyeron las nacionalizaciones realizadas fundamentalmente en 1960, tiene lugar un descenso en el nivel de inversiones, mientras que se agudiza el enfrentamiento con Estados Unidos. En este contexto, el peso del sector estatal, según el valor de los fondos básicos, fue variando de acuerdo al avance de las nacionalizaciones; ya en 1968 la mayor parte de todas las empresas eran estatales y grandes, con la excepción de la agricultura.
En 1968 el Estado nacionaliza todo el sector privado del comercio, los servicios y las pequeñas industrias, lo que cambia totalmente la estructura económica del país, que a partir de ese momento se caracterizó por el predominio del sector estatal en todas las ramas, manteniéndose un ínfimo sector privado en el transporte y en la agricultura.
El proceso inversionista que siguió el Estado entre 1970 y 1990, buscando el incremento del empleo industrial y la producción, con nuevos criterios de localización de las plantas, tendió a la creación de grandes empresas, de uniones productivas, que se integraron verticalmente. Esto favoreció la escasa cooperación inter-empresarial y el desaprovechamiento de las capacidades instaladas, anulándose la competencia o la cooperación entre las empresas menores. La preferencia fue aprovechar las llamadas “economías de escala” de las empresas mayores, una elección compartida por la mayoría de los países de Europa del Este y la URSS. Por ende, la tipología empresarial industrial en Cuba en 1988 daba cuenta de que un 88 por ciento de las empresas se podían clasificar como grandes con un rango entre 251 y 1,000 trabajadores, el resto eran medianas o pequeñas, pero con una cantidad de trabajadores que sobrepasaba la media internacional.10
 Después de 1989, con el agotamiento del modelo extensivo de la economía cubana y junto a ello la desaparición del Bloque Socialista, la economía atravesó una crisis profunda, con una caída de las importaciones de dos dígitos, lo que provocó que la industria se paralizara parcialmente y la capacidad se utilizara en menos de un 20 por ciento en ciertos momentos.
También con el objetivo de mejorar el suministro de algunos servicios básicos a la población que el Estado no podía brindar, crear nuevas opciones laborales y reconducir hacia la legalidad a un conjunto de trabajadores clandestinos que habían ido surgiendo, fue adoptado el Decreto Ley 141/93, que permitió el ejercicio del Trabajo por Cuenta Propia (TCP) y reguló las actividades autorizadas, quiénes podían ejercerlas, los requisitos y el ordenamiento general de las mismas. Esto propició también cambios en el peso de algunos sectores dentro del empleo, como en los servicios gastronómicos, con la creación de los restaurantes privados “paladares”, pero solo con 12 sillas, lo que abrió las puertas al resurgimiento de las microempresas cubanas.
Tras la apertura de la economía cubana en los años 90, la cifra de trabajadores privados aumentó a 121,000 licencias en 1994 y tuvo un máximo de 165,000 licencias en 2005. Después de esa fecha se produjo una disminución “significativa” (Pérez, 2011). Con el ascenso de Raúl Castro como Presidente del país, se promulga la Resolución 32, de octubre de 2010, que implicó relanzar el sector privado. En esta ocasión, aumentó el número de actividades permitidas (de 157 creció a 178), posteriormente siguió ampliándose hasta 201 actividades y se flexibilizaron un grupo de cuestiones en aras de potenciar la actividad: se le permitió a los cuentapropistas contratar fuerza de trabajo, recibir créditos, operar con cuentas corrientes, establecer relaciones con el sector estatal mediante contratos, entre otras. En este nuevo escenario, se ha considerado que las características de los “nuevos” cuentapropistas, los ubican en el campo de las micro y pequeñas empresas privadas.
Entre 2008 y 2016, bajo la administración del presidente Raúl Castro, se han producido cambios de gran envergadura, entre los que se destaca el auge del sector privado y el sector cooperativo, las nuevas directrices a la empresa cubana para su desregulación, la entrega de tierras en usufructo a todo el que la quiera trabajar, entre otras, lo que ha abierto el camino a la creación de muchas MPYMES en Cuba, más semejantes a sus contrapartes en el resto del mundo.
Proceso no del todo lineal, con ciertos retrocesos, o marchas y contramarchas, aunque el resultado permite apreciar el auge sostenido del número de licencias obtenidas para ejercer el trabajo privado, pues se observa el despegue después de 2010 y hasta el 2017, cuando se alcanza al cierre de abril unas 539,000 licencias.
Los trabajadores por cuenta propia, y algunas cooperativas urbanas, en la práctica, a partir de las regulaciones que se han ido implementado en función de flexibilizar la actividad, se ubican ya en el terreno de la micro y pequeña empresas privadas. Todavía algunas definiciones de conceptos importantes, y de límites en los espacios de actuación, que “ajusten” las “reglas del juego” para todos los actores económicos son necesarios. Se considera que esto puede encontrar respuesta en la elaboración de la “conceptualización”, asunto tratado por el presidente Raúl Castro en el VII Congreso del Partido en abril del 2016, donde en su Informe Central expresó:
“(…) llamar a las cosas por su nombre y no refugiarnos en ilógicos eufemismos para esconder la realidad. El incremento del trabajo por cuenta propia y la autorización de la contratación de fuerza de trabajo ha conllevado en la práctica a la existencia de medianas, pequeñas y microempresas privadas que hoy funcionan sin la debida personalidad jurídica…”
En ese mismo escenario se presentó, la Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista y allí, en los párrafos 181 y 182, se menciona el tipo de empresas que deberán existir. En el párrafo 181 plantea: “Pequeños negocios realizados en lo fundamental por el trabajador y su familia” y en el 182: “Empresas privadas de mediana, pequeña y micro escalas, según el volumen de la actividad y cantidad de trabajadores, reconocidas como personas jurídicas”.
En la Cuba actual es necesaria la re-conceptualización del término “trabajo por cuenta propia”, porque a pesar del tiempo transcurrido en el proceso de “flexibilización” este tipo de empleo aún presenta un desarrollo incipiente y es difícil poder apreciar su verdadero alcance y potencialidad, dado por la propia precariedad del entorno económico en el que se va desarrollando, la gradualidad de los cambios en el marco regulatorio que condiciona su actuar, las dificultades con los insumos, entre otras. No caben dudas de que el cuentapropista de hoy ha ido evolucionando, y solo necesita tiempo para demostrar sus potencialidades.
Puede afirmarse que el término cuentapropista es insuficiente para referirse a una buena parte de las unidades económicas que operan en Cuba. Por su capacidad de movilizar organizadamente factores productivos (capital y recursos humanos) pueden considerarse empresas, ya que cumplen con las definiciones repasadas anteriormente y, por ende, a quienes ejercen como titulares de las licencias, se les debe denominar empresarios.
Existe la convicción de que gran parte de la industria cubana, específicamente en el área de las ramas ligeras, pudiera pasar a ser MPYMES, lo que permitiría redimensionar nuestra maltrecha industria nacional. Es innegable que las MPYMES cuentan con ventajas muy importantes en Cuba, como la alta calificación de la fuerza de trabajo y un mercado con mucha demanda insatisfecha. La idea precisa es que Cuba posee condiciones más que necesarias para que las MPYMES sean parte de la clave de crecimiento de la economía cubana.
El factor de localización es favorable en la creación de las MPYMES. En un archipiélago con cerca de 110,000 kilómetros cuadrados y 11 millones de habitantes resulta muy complicado ubicar grandes empresas en pequeños asentamientos urbanos; solo pueden situarse en ciudades con un tamaño más o menos ideal, es decir, con 100,000 habitantes o más, y esto por supuesto inhibe el desarrollo de las urbes de menor tamaño. Las fábricas pequeñas ayudan a transformar el perfil productivo y ocupacional de los núcleos menores y disminuyen los flujos migratorios hacia los polos urbanos de mayor densidad o de mejores expectativas, por estar vinculados a sectores priorizados, como el turismo, minería, entre otros.
Una MPYMES tiene que estar vinculada con todo el entorno empresarial existente, el cual es preciso diseñar e instrumentar de forma tal que el Estado reconozca su rol y cree las condiciones para aprovechar todo su potencial. Es conveniente que este sector no estatal que emerge y puede convertirse en el mediano plazo en un denso tejido de MPYMES, pueda abrir las cuentas bancarias que necesite su negocio, por las ventajas de todo tipo que poseen las mismas, tanto para el empresario como para las instituciones estatales relacionadas, 11 pero el Estado debe estudiar cómo dar más incentivos para el otorgamiento de los préstamos.
Antes de la puesta en vigor del Decreto-Ley 289, las MPYMES habían duplicado su número previo a la apertura en 2010, completamente al margen de la banca formal. Constituyen casi 523 mil licencias en el 2016, y aún continúan casi al margen del financiamiento formal; con lo cual, se puede suponer que las inversiones y el capital de trabajo de los nuevos negocios han tenido como procedencia el ahorro de los propios cuentapropistas y microempresarios, las remesas desde el exterior, y recursos que se mueven por vía de las finanzas informales (préstamo de un familiar, amigo u otra persona).
Pueden ser diversas las modalidades que deberían tener las MPYMES en Cuba, entre ellas, la  MPYMES Cooperativista, las Microempresas o pequeñas empresas a partir de las actividades aprobadas para ejercer por cuenta propia y otras actividades que se creen. Puede haber empresas mixtas entre el Estado y las cooperativas, o entre las cooperativas y el sector privado, y entre las privadas y cooperativas con una empresa extranjera; es decir, variantes que permita asociarse el capital extranjero con el nacional privado. Una vía a explorar sería la venta de acciones a los trabajadores o el aporte de algunos medios de producción; esta variante es muy lógica en la industria de confecciones y en la prestación de servicios.
En sentido general, la MPYMES cubana puede tener muchas ventajas, pero es preciso que esa empresa tenga la autonomía y la operatividad que la caracteriza; el plan de la economía no debe conspirar contra su funcionamiento. Debe actuar bajo nuevas concepciones de dirección y gestión, que abarquen desde el diseño del producto, la adquisición de medios para la producción, hasta la calidad de su producto, que lo haga competitivo, con niveles crecientes de personalización del consumidor, entre otros.12
 Como las estadísticas cubanas que se publican no expresan las ventas de las micro o pequeñas empresas, es decir, no hay datos de valor, y si a eso se suman las propias distorsiones que acarrea la dualidad monetaria existente en el país, una propuesta del tamaño de las mismas estaría relacionada con el indicador de número de trabajadores; es decir, una microempresa tendría hasta 5 trabajadores, una pequeña hasta 20, y una mediana hasta 30 trabajadores.
Estas MPYMES podrían realizar las mismas actividades que aparecen en el reglamento vigente del llamado Trabajo por Cuenta Propia y de las Cooperativas Urbanas. Sin embargo, es necesario reelaborar la documentación existente en la actualidad para ampliar el número de oficios a ejercer, teniendo en cuenta las nuevas condiciones que se presentan en estos momentos y la presencia de las bajas tasas de crecimiento económico.
En un país como Cuba se pueden esperar muchos resultados de este tipo de empresa, especialmente con el deseo de lograr un desarrollo económico y social más homogéneo en las distintas zonas del territorio nacional. Un economista destacado de la Universidad de Harvard, Michel Chu, expresa: “Es necesario conocer si al Estado le interesa desarrollar este tipo de empresas, dado que si es así, se deben articular primero sus objetivos sociales, se debe propiciar que nazcan muchas MPYMES, que les sea fácil su creación, no debe castigársele, y muchos menos a los honestos, que expresan los resultados de su labor”.13
 Resumen y lecciones a considerar
El análisis de la experiencia de las micros, pequeñas y medianas empresas en Japón, ha servido para ilustrar cómo ese tipo de empresas, en otro contexto y con el apoyo gubernamental necesario, han funcionado y han representado un sostén en las economías desarrolladas.
En contraste con esto, en Cuba no se han desarrollado suficientemente las pequeñas y medianas empresas, y la relación de las existentes con las grandes empresas estatales es casi nula. Y aunque en la “conceptualización del modelo económico” aprobado por el Partido Comunista de Cuba y el Gobierno cubano en el 2016 hay una referencia a las pequeñas y medianas empresas, las políticas económicas vigentes para promocionar a esas micro, pequeñas y medianas empresas no tienen la prioridad en la política industrial en curso, no solamente para que se creen nuevas industrias, sino también para estabilizar la sociedad cubana que ha estado en penurias económicas durante muchos años.
En Cuba, contrariamente a lo realizado en Japón, no hay ningún acuerdo sobre políticas industriales entre el sector privado, el gobierno y la burocracia ministerial, debido a conflictos -no entre sectores o si se pudiera hablar de clases-, ideológicos entre el Partido y el Estado socialista sobre el papel del sector privado en la construcción de un desarrollo socialista, por lo que ese desacuerdo induce a la inconsistencia y discontinuidad de las políticas económicas y a la obtención de los magros resultados económicos de las empresas cubanas “socialistas”. Como se ha repetido varias veces, si no se crean riquezas (independientemente del segmento que las cree), el gobierno no tendría cómo ofrecerles a sus ciudadanos un bienestar creciente.
Las  actividades aprobadas en Cuba para ejercer el trabajo por cuenta propia, hasta la fecha, se consideran que son aún insuficientes, y no han tenido en cuenta el potencial profesional con que cuenta el país; aunque los trabajadores actuales vinculados a estas licencias reconocen la mejoría en sus niveles de vida, y dan un servicio útil a la población y al Estado. No es descartable recordar que la historia económica en el mundo presenta a muchas grandes empresas que fueron en sus inicios microempresas, e incluso, avanzaron con poca ayuda financiera.
Cuba debería pensar en crear una institución o un departamento dentro del Ministerio de Economía y Planificación, como hizo el MITI en Japón, cuya misión fundamental sea el desarrollo de las MPYMES, con un sistema de “ventanilla única”, manteniendo las ramificaciones en los territorios y vínculos con el resto de las organizaciones relacionadas con el tema; una institución autónoma, pero potenciadora de sus miembros, y muy diferente a las instituciones que se conocen en el decursar de la historia económica reciente.
Como en el resto del mundo, sería provechoso crear un banco de desarrollo u otras instituciones financieras de microcrédito, especializadas únicamente en atender dicho segmento de mercado, y hasta pertenecer o aceptar las instituciones de microcrédito que funcionan a nivel internacional.
La legislación en ciernes sobre la política industrial o sobre la ley de Empresas debe fomentar el establecimiento de conexiones entre la empresa estatal y las MPYMES, de forma tal que estas últimas pudieran intervenir en alguna fase del proceso de producción con vistas a la exportación, en la cual los pequeños agentes privados le pudieran aportar competitividad al producto final exportable.
Las autoridades cubanas han realizado acciones para hacer crecer el segmento de las MPYMES en el mercado cubano, pero estas no son suficientes. Se considera que las mismas evidentemente responden a este interés y son parte de un programa de fomento que no se halla aún lo suficientemente organizado y estructurado de manera integral como para lograr que el sector avance a pasos más veloces y con mejores posibilidades de éxito, sin un mercado de insumos de materias primas (mayoristas), sin relaciones con la exportación o importación de materias primas o producto final, y sin una claridad de lo que el gobierno refiere como “no concentración de la riqueza”. Es muy difícil que este tipo de empresa contribuya al desarrollo económico deseado por todos.
Por último, la MPYMES cubana sería más que viable en el modelo de “actualización” del proyecto económico hasta el 2030 y aportaría más resultados positivos; siempre y cuando el gobierno comprenda el rol económico de este tipo de empresas y sus potencialidades. Y además, es necesario que se amplíen los conocimientos sobre la base de los factores que han permitido que las MPYMES contribuyan al desarrollo, no solo de economías de mercado, sino en los socios socialistas como Viet Nam y China.

Nota al Pie:
  1. Pérez Villanueva, Omar Everleny (1995)
  2. CEPAL, (1993)
  3. Arredondo, 2012
  4. Shoji Nishijima (2009)
  5. Shoji Nishijima (2009)
  6. Statistical Handbook of Japan. 2015.
  7. Statistical Handbook of Japan. 2015.
  8. Gonzalo, Rodríguez. (1980). Pág. 151
  9. Pérez Villanueva, Omar (2015)
  10. Ibídem anterior.
  11. Vidal, 2012
  12. Pérez, Everleny y Pavel Vidal (2011)
  13. CEEC (2015).
Bibliografía:
Arredondo, Leonardo, tesis de maestría “El trabajo por cuenta propia, la micro y la pequeña empresa en Cuba: Su potencial para el desarrollo económico” Flacso. Cuba. 2012.
CEPAL, (1993). “La pequeña y mediana empresa. Algunos aspectos”.
CEEC, Seminario Internacional. Noviembre 2015, La Habana, Cuba.
Gonzalo, Rodríguez. “El proceso de industrialización de la economía cubana. Editorial Ciencias Sociales. 1980. Pág. 151
Marcelo, Luis y Oscar U. Echevarría: “El mayor problema de las PYMES: su propio tamaño”. Revista Cuba: Investigación Económica, año 5, No. 2, 1999, editada por el INIE.
MEP. Documentos de trabajo sobre la creación de las PYMES en Cuba, 1995, 1996. La Habana.
Monreal, Pedro, Julio Carranza y Luis Gutiérrez. “La pequeña y mediana empresa en Cuba. Aportes para un debate actual.” Revista Problemas del Desarrollo Vol. 28, Núm. 111. México, 1997.
PCC. 7mo Congreso del Partido Comunista de Cuba, abril, 2016. Tabloide edición de Periódico Granma, La Habana, Cuba, sobre “Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista”.
Pérez Villanueva, Omar Everleny “Las PYMES en el contexto internacional”. Centro de Estudios de la Economía Cubana. 1995.
Pérez Villanueva, Omar Everleny y Togores, Viviana “La Pequeña y Mediana Empresa en Cuba: Viabilidad o Utopía. Centro de Estudios de la Economía Cubana. 1996.
Pérez Villanueva, Omar Everleny, (2015) “PYMES en Cuba: ¿Utopía o realidad necesaria?, pág. 29 a 36. Libro Miradas a la economía Cubana: Un análisis desde el sector no estatal. Editorial Caminos. Cuba. ISBN 978-959-303-108-0
Pérez, Everleny y Pavel Vidal. El trabajo por cuenta propia y sus limitaciones para la producción. Septiembre, 2011. Visto el 10 de noviembre de 2012 en http://www.ipscuba.net/index.php?option=com_k2&view=item&id=2158&Itemid=10.
Shoji Nishijima “Desarrollo económico y política industrial de Japón: Implicaciones para países en desarrollo”. Instituto de Investigación para Economía y Administración (RIEB), Universidad de Kobe, 2009. RIBE Discussion Paper Series No.246
Vidal (2012) “La apertura a las microfinanzas en Cuba”, Libro la Economía Cubana: ensayos para una reestructuración necesaria. Editorial Molinos Trade.SA.
White Paper on Small and Medium Enterprises in Japan. National Association of Trade Promotion for Small and Medium Enterprises. Tokyo, 2015.
Statistical Handbook of Japan. 2015. Statistics Bureau, Ministry of Internal Affairs and Communications. Printed in Japan. ISSN 0081-4792