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miércoles, 24 de febrero de 2021

El programa económico pos-pandemia, la economía política y la prospectiva

Ernesto Molina Molina1  * 

1Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García, La Habana, Cuba.

RESUMEN

Este artículo sugiere la necesidad de avanzar hacia una prospectiva socialista, pues los objetivos de una sociedad capitalista siempre aterrizan en la obtención del máximo beneficio para el sistema del capital y no para satisfacer a plenitud las necesidades y aspiraciones legítimas de todos los miembros de la sociedad. La ciencia de la prospectiva socialista tiene potencialidades en Cuba para desarrollarse y urge hacerlo ante la crisis global que se nos viene encima, agravada por la pandemia de la COVID-19. El Plan de Desarrollo hasta el 2030 se puede enriquecer con esta ciencia que, a su vez, es un método.

INTRODUCCIÓN

La ciencia de la prospectiva socialista tiene potencialidades en Cuba para desarrollarse y urge hacerlo ante la crisis global que se nos viene encima, agravada por la pandemia de la COVID-19. Con esta ciencia -que, a su vez, es un método - puede enriquecerse el Plan de Desarrollo hasta el 2030.

La concepción de los «modelos» se nos presenta como si a los sujetos históricos les fuera dado a escoger: «Aquí tienes. ¿Cuál modelo prefieres?» Es algo que reafirma la idea errónea de que la evolución del modelo económico socialista - a lo largo de toda su historia- es únicamente el resultado del camino en zigzag de errores y aciertos de quienes toman las decisiones estratégicas fundamentales.

En realidad, es necesario siempre analizar los factores históricos que promovieron un tipo de solución a la dirección de los acontecimientos, la que no contaba aún con la ciencia prospectiva, ni siquiera con el concepto de modelación en las ciencias sociales. Vale la pena, entonces, reconocer que el socialismo histórico vivió toda una época de debate científico ideológico acerca de los «modelos» defendidos para llevar adelante los procesos nacionales de desarrollo socialista en países como la Unión Soviética, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Yugoslavia, China, Vietnam y Cuba (Molina, 2016).

Mientras que las Constituciones son modelos con los que se aspira al avance de un pueblo en la conquista de sus derechos y en la práctica de sus deberes; los modelos económicos se desarrollan para que un pueblo sea más eficiente y eficaz con su trabajo en el concierto del mundo en que vive. Esos modelos no se «construyen» de una vez y por todas, se perfeccionan una y otra vez.

1. EL PLAN PROSPECTIVO DE LENIN AL INICIO DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

A lo largo de todo el proceso de la Revolución de Octubre, Lenin tuvo que ir abordando el programa de transformaciones socialistas en diversas obras fundamentales, entre las que se pueden mencionar:

  • Acerca del infantilismo de izquierda y el espíritu pequeño burgués.

  • Las tareas inmediatas del poder soviético.

  • Una gran iniciativa.

  • Economía y política en la época de la dictadura del proletariado.

  • Sobre el impuesto en especie,

  • Sobre la cooperación.

  • La importancia del oro ahora y después de la victoria completa del socialismo.

En cada uno de los programas económicos y políticos, a lo largo de las tres etapas que reflejan estas obras (Triunfo de la Revolución de Octubre, comunismo de guerra, nueva política económica), Lenin trató de garantizar las alianzas imprescindibles para avanzar en cada proceso revolucionario. Lo cierto es que no abandonó, en ninguna, su concepción del capitalismo de Estado para la transformación del capitalismo en socialismo.

Entre los textos escritos por Lenin durante el último período de actividad política intelectual (septiembre de 1922-marzo de 1923) reviste gran importancia el Informe Político al undécimo Congreso del Partido. En este, Lenin (2011) argumenta a favor del capitalismo de Estado como instrumento del poder revolucionario:

En cuanto al problema del capitalismo de Estado, creo que en general nuestra prensa y en general nuestro partido cometen el error de caer en el intelectualismo, en el liberalismo. Se filosofa sobre cómo se debe interpretar el capitalismo de Estado que existe bajo el capitalismo. No hay un solo libro en el que se escriba del capitalismo de Estado bajo el comunismo. Ni siquiera a Marx se le ocurrió escribir una sola palabra sobre este tema y murió sin dejar una cita precisa o indicaciones definitivas. Por eso, tenemos que superar la dificultad solos […] En esta sociedad el Estado no lo dirige la burguesía, sino el proletariado. No queremos comprender que cuando decimos: “Estado”, este Estado somos nosotros mismos, el proletariado, la vanguardia de la clase obrera. El capitalismo de Estado es un capitalismo que sabremos restringir y al que sabremos poner límites. (pp. 55-56)

La flexibilidad teórica y práctica de Lenin le permitió asumir el modelo del capitalismo de Estado para todo aquel difícil proceso histórico inicial de la revolución socialista soviética.

En el caso cubano, luego de varios zigzags en 60 años de Revolución, nuestro modelo socialista ha asumido un sistema de propiedad diverso y complejo. Uno de los méritos del análisis prospectivo realizado por Álvarez et al. (2018) resulta, precisamente, en lo que él y sus colegas llaman sistema de propiedad; pues, de cierta manera los propietarios privados y cooperativistas en Cuba también son propietarios socialistas, ya que reciben los mismos beneficios sociales (salud, educación y seguridad social), por tanto, han de cumplir con todos los deberes de la Constitución, sean campesinos, obreros, intelectuales, pequeños y medianos propietarios, y demás.1

2. EL VALOR DE USO Y EL VALOR DE CAMBIO Y LA PROSPECTIVA SOCIALISTA

Carlos Marx reconoció en una carta a Engels que lo mejor de su libro (El Capital) era poner de relieve desde su primer capítulo el doble carácter del trabajo, según se expresaba en valor de uso o valor de cambio. (Marx y Engels, 1976, p. 166). Por tanto, si se atiende a esta idea esencial para Marx, en cualquier sociedad en que funcione la producción mercantil, valdría la pena investigar cómo ha de tenerse presente la importancia del valor de uso y el valor de cambio.

La forma como el valor de uso y el valor de cambio influyen en las decisiones de los productores en el capitalismo y en el socialismo, aun cuando persista la acción de la ley del valor, tiene que ser objeto de estudio científico por la economía política. El valor de uso y su importancia social es muy diferente en el capitalismo y el socialismo. En el capitalismo el valor de uso es solo el soporte material del valor de cambio. Para la prospectiva capitalista hay una función objetivo fundamental: la obtención del máximo beneficio posible, asociado al valor de cambio.

La prospectiva socialista ha de tener presente el valor de cambio para medir y optimizar los gastos de trabajo social. En cambio, el valor de uso interesa como derecho humano (salud, educación, alimentación, vivienda, y demás). De allí que la producción de valores de uso se tenga que realizar con responsabilidad, protegiendo las dos fuentes originales de toda producción humana: la tierra y el hombre. Al mismo tiempo, ha de crearse una sociedad con pleno desarrollo de su potencial humano. Esto es lo que quería decir Marx cuando declaró claramente que la meta es «una asociación donde el libre desarrollo de cada cual dependa del libre desarrollo de todos» (Marx y Engels, 2000, p. 66).

La experiencia difícil de 60 años de Revolución, no ajenos al debate interno y externo acerca del modelo económico socialista idóneo, al menos permite identificar determinadas hipótesis a resolver desde la ciencia de la economía política del socialismo, a partir de una nueva dialéctica entre el valor de cambio y el valor de uso de la mercancía socialista. Por esta razón, se pueden formular preguntas como:

  1. ¿Cómo puede integrarse el sector privado al sistema de propiedad socialista bajo condiciones de complementariedad y respeto a la Constitución?

  2. ¿Cómo puede la empresa estatal socialista llegar a ser modelo de eficacia y eficiencia de las otras formas de propiedad?

  3. ¿Cómo lograr que el producto nacional permita crear condiciones favorables para el desarrollo de las capacidades personales e incrementar la productividad del trabajo?

  4. ¿Cuáles peligros burocráticos hay que combatir en la propiedad estatal socialista?

  5. ¿De qué forma puede el Estado socialista lograr que las cooperativas sean un antídoto al desarrollo preferente del sector privado?

  6. ¿Cómo puede el Estado socialista regular la renta diferencial y la ganancia diferencial en las empresas usufructuarias y estatales?

  7. ¿Cómo debe tenerse presente en nuestro modelo la separación entre la propiedad y la gestión?

  8. ¿Cómo ha de lograrse regular el intercambio mercantil en la economía cubana para garantizar la unidad dentro del pueblo y neutralizar la manipulación del mercado por el adversario capitalista?

  9. ¿Cómo lograr desarrollar un aparato productivo nacional altamente cooperativo a lo interno de la sociedad socialista y altamente competitivo en el mercado internacional?

  10. ¿Puede contribuir la prospectiva socialista a integrar los objetivos a corto y largo plazo del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030, en el período post pandemia?

3. HACIA UNA PROSPECTIVA SOCIALISTA

Cuando se habla de una ciencia prospectiva socialista en construcción, resulta importante distinguir entre progreso y devenir. Cuando se trata de este último, prima la concepción de la historia como una evolución espontánea y fatal determinada por los simples hechos económicos. La prospectiva socialista ha de rechazar ese determinismo, que no concibe la voluntad y cultura del hombre como factor máximo para alcanzar el progreso social.

Según Álvarez et al. (2018), la prospectiva como ciencia y método tiene varias características, entre las que pueden enumerarse las siguientes:

  • Contiene un principio de proactividad, necesario y natural para la construcción del futuro, con una visión de largo plazo.

  • No supone una única forma de hacer.

  • Debe converger a una disciplina científica y, sin embargo, abarca e interrelaciona varios campos del conocimiento.

  • Es una estrategia de contenido sistémico no lineal que actúa sobre la forma de pensar de los individuos y permite crear un modelo conceptual de naturaleza no lineal, orientado a concebir y realizar estrategias o políticas desde el corto al largo plazo y su observancia a través del tiempo transitado.

  • La prospectiva no es solo una metodología, es una disciplina científica dotada de un sistema abierto de herramientas bien articulados que constituyen un sistema para profundizar y poder ver hacia dentro de cualquier objeto que se proponga estudiar, sea de carácter social, tecnológico, económico o político.

  • Los instrumentos y métodos emanados de ella se pueden utilizar para cualquier horizonte de tiempo.

4. LAS REVOLUCIONES INDUSTRIALES Y LA POLARIZACIÓN DE LA CIENCIA AL SERVICIO DEL CAPITAL

Cada revolución industrial, desde el siglo xix hasta el presente, trajo consigo ciertos cambios en las relaciones sociales de producción; unas veces, a lo interno de una misma formación social, y otras, mediante una gran revolución política y social. Pero no siempre cada revolución industrial ha traído consigo una revolución social favorable a los oprimidos. De ello, varias revoluciones en las fuerzas productivas son testimonio. Tampoco se logra siempre que un sistema político revolucionario logre poner la economía a la altura de la revolución más avanzada en las fuerzas productivas de su tiempo. Precisamente, un objetivo fundamental de la prospectiva socialista tiene que ser contribuir a que la revolución socialista en el poder ponga la economía a la altura de la revolución más avanzada en las fuerzas productivas de su tiempo.

La primera Revolución Industrial, iniciada en Inglaterra a inicios del siglo xix y continuada después en Norteamérica y Europa, permitió al Norte ejercer el monopolio industrial a escala global y ejercer el dominio sobre el Sur mediante la división internacional capitalista del trabajo. La maquinaria y la gran industria hicieron posible la supeditación real del trabajo al capital a escala universal. Se utilizó el agua y el vapor para mecanizar la producción.

La segunda Revolución Industrial, iniciada a finales del siglo xix y principios del siglo xx, posibilitó la concentración de la producción y el capital. Surgieron así los monopolios capitalistas en las naciones más poderosas, que se expandieron por el Sur y el Norte y dieron origen al imperialismo, a las guerras imperialistas por el reparto del mundo. Como respuesta a estas enormes catástrofes sociales, surgieron también las primeras experiencias socialistas en el mundo y toda una época de descolonización, después de la Segunda Guerra Mundial. Esta segunda Revolución Industrial estuvo asociada a la utilización generalizada de la energía eléctrica para crear la producción masiva.

Se debe recordar como Lenin asoció la electrificación de Rusia con el poder soviético y el socialismo. El Plan de electrificación de toda Rusia (GOELRO), primer plan perspectivo que se conoce en la historia, elaborado para un período de diez a quince años, perseguía poner a la economía del país a la altura del desarrollo alcanzado por el sistema político. Fue un plan que determinó las orientaciones fundamentales de la creación de las nuevas fuerzas productivas sobre la base de la electrificación de la economía, del empleo integral de los recursos naturales y la aplicación de la técnica más organizada que podía lograrse en aquel entonces. La electrificación, al organizar la agricultura sobre nuevas bases, era un poderoso factor para modificar la psicología del campesino, contribuiría a elevar su nivel cultural y conduciría a la creación de las cooperativas. En forma muy sintética, Lenin expuso esta idea al señalar: «El comunismo es el poder soviético más la electrificación de todo el país» (Lenin, 1963, p. 493).

La tercera Revolución Industrial, iniciada en la segundad mitad del siglo xx, utilizó la tecnología electrónica y de la información para automatizar la producción. La mayoría de las innovaciones tecnológicas provinieron, por supuesto, de las investigaciones emprendidas por las transnacionales o entidades a su servicio. Y cobró aún mayor importancia la protección legal de los conocimientos y tecnologías modernas, por tanto, el monopolio de esos conocimientos y tecnologías modernas por los países desarrollados y sus empresas transnacionales, que son quienes lo generan. De ello se infiere que, al Sur se le hace cada vez más difícil competir con el Norte, al no contar con la capacidad para crear o acceder a los adelantos científicos y tecnológicos que posibiliten cambios estructurales en sus economías.

El nuevo paradigma técnico-económico impuso un enfoque flexible del sistema de producción (equipos y maquinarias multipropósito), con amplia utilización de la microelectrónica y la computación al proceso productivo -se incorporó con más intensidad el conocimiento y la información-, se entrelazaron la industria y los servicios, se acortó el ciclo productivo, se redujo el tamaño de las plantas y el componente de mano de obra (más robots), se disminuyó el consumo de energía y de recursos naturales por unidad de producto, y se modificó el modelo gerencial privilegiando el recurso humano (capacitación, flexibilidad y motivación). Pero todo eso sucedió preferentemente en el Norte, aunque parte del Sur, los llamados Estados emergentes o nuevos países industriales (NICS) pudieron incorporarse a la tercera Revolución Industrial a partir de que sus Estados aplicaron políticas inductoras de competitividad industrial.

Sin embargo, las cadenas productivas internacionales Norte-Sur creadas fragmentaron e internacionalizaron la fuerza de trabajo al servicio del capital transnacional. La aristocracia obrera asumió un carácter internacional y se hizo cómplice de la burguesía transnacional y de las oligarquías locales del Sur.

Las características de lo que empieza a llamarse la cuarta Revolución Industrial, crea nuevas amenazas para el Sur, pero también nuevas oportunidades. Aún en proceso de desarrollo, se caracteriza por una fusión de tecnologías que torna borrosas las fronteras entre las esferas físicas, digitales y biológicas. Esta cuarta revolución de las fuerzas productivas avanza a gran velocidad. Está alterando prácticamente toda la industria, preferentemente en el Norte, pero, en cierta medida, también en el Sur, a partir de las cadenas productivas y de servicio globales. La amplitud y profundidad de estos cambios anuncia la transformación de sistemas enteros de producción, de gerencia y de gobernanza.

Las posibilidades de billones de personas conectadas por herramientas móviles, con una capacidad sin precedentes de procesamiento, almacenamiento y acceso al conocimiento, son enormes. Pero también, cobra gran importancia la manipulación de la información al servicio del capital en las conciencias de la población global. Y estas posibilidades serán multiplicadas por innovaciones tecnológicas en curso, en campos como la inteligencia artificial, la robótica, la Internet de las Cosas, los vehículos autónomos, la impresión tridimensional, la nanotecnología, la biotecnología, la ciencia de los materiales, el almacenamiento de energía y la computación cuántica. Toda esta ciencia y tecnología se pone al servicio del capital bajo el dominio de las transnacionales y los Estados capitalistas poderosos.

De hecho, la inteligencia artificial ya está presente en todo nuestro entorno: en automóviles y drones auto guiados, en asistentes virtuales y programas que traducen o invierten. Ha sido logrado un progreso impresionante en inteligencia artificial en años recientes, impulsado por incrementos exponenciales en el poder de computación y la disponibilidad de vastas cantidades de datos, desde los programas utilizados para el descubrimiento de nuevos medicamentos hasta algoritmos utilizados para manipular y contaminar nuestros intereses culturales. Las tecnologías digitales de fabricación, por su parte, están interactuando día a día con el mundo biológico. Ingenieros, diseñadores y arquitectos combinan el diseño computacional, manufactura aditiva, ingeniería de materiales y biología sintética para encabezar una simbiosis entre microorganismos, nuestros cuerpos, los productos que consumimos y hasta los edificios en que se habitan. Y nada de ello se hace para servir a la humanidad, sino para incrementar el dominio del gran capital a escala global.

Tal como las revoluciones que la precedieron, la cuarta Revolución Industrial tiene el potencial de elevar la polarización social a escala global. En determinados sectores de la población en el Norte y en el Sur, los niveles de ingreso y la calidad de vida mejorarán indudablemente. Se trata de aquellos sectores que están en capacidad de acceder al mundo digital y a la alta tecnología. Al propio tiempo, habrá cambios radicales en los cuatro mercados característicos del sistema del capital a escala global: el mercado de mercancías, el mercado del dinero, el mercado de capitales y el mercado laboral. Este último mercado es el más importante en el orden social global. En la medida en que la automatización sustituye al trabajo a lo largo de todo el espacio económico, el desplazamiento neto de trabajadores por máquinas podría exacerbar la división en el seno de la clase obrera, algo muy conveniente para el sistema del capital.

En esas condiciones, el mercado de trabajo estará cada vez más fragmentado en segmentos de «baja calificación y bajo salario «y alta calificación y alto salario», lo cual ya había sido previsto por Marx (2017) cuando se refirió al «obrero colectivo».2

Además de ser un motivo de preocupación en lo económico, la desigualdad representa la consecuencia más grave en el orden social asociado a la cuarta Revolución Industrial. Los mayores beneficiarios de la innovación tienden a ser los proveedores de capital intelectual y físico -los innovadores, accionistas e inversionistas -, lo cual explica la creciente brecha entre quienes dominan el capital y quienes dependen del trabajo. Esto hace de la tecnología una de las principales razones para el estancamiento y el decrecimiento de los ingresos para la gran mayoría de la población en el mundo capitalista. Mientras la demanda de trabajadores de alta calificación se ha incrementado, ha decrecido la demanda de trabajadores con menor educación y calificaciones más bajas. El resultado es un mercado de trabajo con una fuerte demanda en sus extremos alto y bajo, pero con un vacío en el medio. La cuarta Revolución Industrial, al servicio del capital, tiende a dividir aún más a la clase obrera frente al capital.

A lo largo de toda su historia, el capital ha utilizado el conocimiento y la tecnología como mecanismo económico de dominación. La división social del trabajo capitalista fue convirtiendo toda nueva fuerza social productiva del trabajo en potencia del capital. Así, la ciencia fue separada del trabajo como potencia independiente de la producción y se puso al servicio del capital.

El estudio de la clase obrera exige conocer como la gente se produce a sí misma mediante su lucha. Si no se pierde de vista la concepción del «obrero colectivo», que Marx ofrece en El capital, si no se identifica el significado decisivo que ocupa el potencial científico en el seno de ese «obrero colectivo», entonces no se reconocerá que hoy la lucha de clases es cada vez más la lucha en la esfera de la ciencia y la cultura. Además, si los obreros que no luchan pertenecen al capital, los científicos que no luchan a favor del socialismo, también pertenecen al capital. La construcción de un sujeto-Sur para el desarrollo de una sociedad de productores asociados, exige encontrar los caminos para poner la cuarta Revolución Industrial al servicio de los trabajadores.

5. EL SUR FRENTE A LA CONCENTRACIÓN Y POLARIZACIÓN DE LA CIENCIA AL SERVICIO DEL CAPITAL

El sistema del capital ha creado problemas globales que ponen en peligro los destinos de la humanidad: todo un sistema de crisis: energética, tecnológica, ambiental, alimentaria, financiera, sanitaria. Entre esos problemas globales hay que incluir la concentración y polarización de la ciencia al servicio del capital.

Los sectores de alta tecnología no son de fácil acceso a ninguna de las naciones objeto de nuestra investigación. Son sectores con un alto costo fijo de investigación desarrollo que difícilmente es recuperable en nuestros mercados nacionales. Hay que orientarse al mercado externo o en los marcos de la integración Sur-Sur. Pero también hay que orientarse a los países industrializados en busca de precios altos. Mientras se viva una época de convivencia entre el capitalismo global y determinados procesos de transformaciones favorables de las economías del Sur o de transición hacia el socialismo en algunos países y regiones del mundo, la cooperación, la solidaridad y la complementariedad serán necesarias a lo interno de nuestros países. De allí la importancia que ha tenido para naciones como Laos y Vietnam impulsar las relaciones de colaboración económica con naciones del Sudeste asiático y China (ASEAN+ China), que es un ejemplo de cooperación Sur-Sur.

La dependencia tecnológica de los países del Sur al capitalismo global es una de las aristas que exige un estudio especialmente profundo y detallado, si es que se aspira a romper con uno de los obstáculos más difíciles para alcanzar el desarrollo sostenible en nuestro Sur, junto a su independencia económica y política. La innovación científico tecnológica suele desempeñar un papel fundamental en la consolidación de los centros de poder de las metrópolis para que el Sur siga cumpliendo la función de exportar materias primas o participe cada vez más en cadenas productivas en que predominan los eslabones de mano de obra barata o en procesos productivos subordinados a empresas matrices con sedes en la metrópoli correspondiente.

Así, la historia económica de este proceso se describe desde sus inicios hasta el presente por las políticas impuestas desde las metrópolis al Sur −y se apoyan desde el Sur− por las oligarquías locales y regionales, cómplices del Norte. La competencia financiera condiciona la competencia tecnológica, al tener presentes los gastos en ciencia y tecnología y los instrumentos políticos, económicos y legales que emplea cada Estado nacional imperialista para desarrollar su competitividad internacional y que determinan la capacidad de formar científicos, ingenieros y demás especialistas, así como el número de patentes y el control de los mercados internacionales. El desarrollo industrial dependiente de los países del Sur se caracteriza por el predominio de las industrias extractivas y maquiladoras (Delgado-Ramos, 2011).

6. EL APORTE DE CUBA AL DESARROLLO DE UNA CIENCIA DESDE EL SUR Y SU IMPACTO EN EL SISTEMA DE SALUD

A pesar de ser una nación subdesarrollada, Cuba ha logrado insertarse en el sector biotecnológico y farmacéutico y obtener resultados comparables con aquellos exhibidos por los países desarrollados en los asuntos en que entran en competencia, gracias a la calidad en el sistema de educación y al talento de sus investigadores; pero, asimismo, porque el sector de la salud se ha priorizado con vistas a elevar las expectativas de vida en la población cubana por medio de la prevención y promoción de la salud y el fortalecimiento de la atención primaria (médico de la familia y especialización de medicina general integral); en fin, por concebir la salud como un derecho del pueblo. Ello puede explicar por qué la Isla ha podido enfrentar con éxito la pandemia desatada en el 2020 e incluso colaborar con otros países (Lage 2013).

Cuba ha intentado desarrollar una política inteligente y difícil para aplicar el circuito cerrado de la investigación y la producción, al menos en el campo biotecnológico y farmacéutico, y los resultados alcanzados hacen patente la conveniencia y la necesidad de la cooperación Sur-Sur en ese campo, por la competencia y alianza que se negocia entre las potencias del Norte para impedir que el Sur avance en su independencia científico tecnológica.

En el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba se aprobó el Lineamiento 114 que plantea definir y crear la categoría de empresas de alta tecnología con estímulos fiscales y tributarios, para promover las empresas que basan su economía en el uso de la ciencia y la innovación tecnológica (Partido Comunista de Cuba, 2016).

Puede sorprender, incluso para el gobierno de Estados Unidos, que un país pequeño con economía tan abierta y cuyo desarrollo depende de la capacidad de generar ingresos por exportación de bienes y servicios, se atreva a incursionar en las empresas de alta tecnología. Pero en Cuba ha habido más de 50 años de inversión revolucionaria en la formación de «capital humano» y para que se pueda aprovechar esta inversión en empresas de alta tecnología, se requiere la inversión extranjera, pues el financiamiento no puede salir totalmente del presupuesto del Estado.

La empresa estatal de alta tecnología posibilita que los investigadores comprendan las implicaciones productivas y comerciales de la investigación desde el comienzo del proyecto; que los productores se involucren en el diseño de procesos escalables, apenas la investigación demuestre signos de eficacia y que se asuma, por parte de todos, un sentido de responsabilidad por el ciclo y no por una parte de este (Lage, 2007). Las organizaciones bajo este sistema son las siguientes:

  1. Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB): institución especializada en la obtención de productos biotecnológicos destinados a la salud humana, a las producciones agropecuarias y acuícola, a la industria y al medio ambiente.

  2. Instituto Carlos J. Finlay: organización dedicada a la producción y comercialización de vacunas humanas.

  3. Centro de Inmunología Molecular (CIM): tiene como principal misión la obtención y producción de biofármacos destinados al tratamiento del cáncer y otras enfermedades relacionadas con el sistema inmune.

  4. Centro de Inmunoensayo (CIE): institución que desarrolla sistemas de diagnóstico a través de la tecnología SUMA, así como los equipos y reactivos asociados a esta tecnología.

Debido a que en ocasiones las capacidades productivas ubicadas en estas instalaciones son insuficientes para hacerle frente a la demanda, o a causa de proyectos comunes entre instituciones, se hace necesaria la producción fuera del «ciclo». En este caso, el Centro Nacional de Biopreparados (BioCen) es quien lleva a cabo la formulación, llenado y envase de productos.

Son básicamente estas cinco, las instituciones que lideran la biotecnología en Cuba. Todas trabajan entre sí, de forma integrada y no competitiva. La cooperación se extiende, además, a otros centros científicos, productivos y educacionales del país, así como al Ministerio y Sistema de Salud Pública, con quienes se establece la relación más importante. La complementación creada, que se ha convertido en una forma mucho más eficiente de crecimiento del sistema, permite mayor aprovechamiento de las competencias esenciales de cada institución y posibilita alcanzar, por efecto sinérgico, un resultado superior al del trabajo individual.

La obtención de la vacuna contra el Hemofilusinfluenzae tipo b, única de su tipo en el mundo y que combate la bacteria causante de enfermedades como la Meningitis, constituye una de los más relevantes resultados de la integración. El proyecto fue desarrollado por el Centro de Estudios de Antígenos Sintéticos de la Facultad de Química de la Universidad de La Habana y participaron al menos diez instituciones, entre ellas el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología y el Instituto Finlay.

La biotecnología cubana ha logrado, además, un variado portafolio conformado por productos tanto biomédicos como agropecuarios. En el área de la salud humana, donde se concentra la mayor parte de ellos, ostenta una importante gama de medicamentos capaces de combatir enfermedades infecciosas, cardiovasculares, y diversos tipos de cáncer. La prioridad dada a estos últimos responde a la estructura de la morbimortalidad del país donde aparecen los padecimientos del corazón y el cáncer como primera y segunda causa de fallecimiento, respectivamente. También ha desarrollado la tecnología del Sistema Ultra Micro Analítico (SUMA) que permite el análisis y diagnóstico del hipotiroidismo, malformaciones congénitas, el VIH-SIDA, el dengue hemorrágico, el cáncer de próstata, las hepatitis B y C, entre otras dolencias.3 Actualmente uno de sus productos líderes es el Heberprot-P, novedoso medicamento que da solución a una necesidad médica hasta el momento no satisfecha al reducir el riesgo de amputación en pacientes diabéticos.

A diferencia de muchas naciones, el principio fundamental de la política científico-tecnológica cubana es la aplicación de los resultados de las investigaciones, primeramente, en la satisfacción las necesidades del país. Por ello, áreas como la veterinaria, la agricultura y principalmente la salud humana muestra el significativo impacto de la biotecnología. Desde el punto de vista económico, la industria biotecnológica cubana constituye también un pilar fundamental en el desarrollo del país. Los ingresos obtenidos a través de las exportaciones contribuyen de manera significativa al impulso y mantenimiento de otros renglones de la economía nacional. Cuba ha de apoyarse en las fortalezas que, particularmente, ha demostrado tener frente a la pandemia que aún acosa al mundo. Potenciar el turismo de salud puede ser uno de los sectores fundamentales en los próximos años.

CONSIDERACIONES FINALES

Por supuesto, el análisis prospectivo es mucho más que formular los objetivos generales, es lograr integrarlos. Para esto es necesario hallar sus interrelaciones, cuáles variables ocultas son determinantes, para saber priorizar aquellas más influyentes en el resto, a cuáles impulsar primero, cuáles después y qué cambios hacer sobre la marcha. Es todo un proceso como sucede en la vida práctica de una pequeña nación que tiene a un enemigo poderoso que no descansa en agredirla. Para esto, se impone contar con un «Estado Mayor» de todo tipo de profesionales altamente calificados que asesoren la alta dirección del país, como se ha sabido hacer brillantemente en estos días difíciles de pandemia.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Álvarez, P. et al. (2018): «Jerarquizaciones de los objetivos generales y específicos», Plan Nacional de desarrollo económico y social hasta el 2030 (documento), Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), La Habana. [ Links ]

Delgado-Ramos, G. C. (2011): Imperialismo tecnológico y desarrollo en América Latina, Ruth Casa Editorial, Ciudad de Panamá. [ Links ]

Lenin, V. I. (2011): La última lucha de Lenin. Discursos y escritos (1922-1923), Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. [ Links ]

Lage, A. (2007): «Conectando la ciencia a la economía: las palancas del socialismo», Cuba Socialista, n.o 45, Tercera época, La Habana, pp. 2-26. [ Links ]

Lage, A. (2013): La economía del conocimiento y el socialismo, Editorial Academia, La Habana. [ Links ]

Lenin, V. I. (1963): «VII Congreso de los Soviets de Rusia (22-29 de diciembre de 1920)», en Obras Completas, tomo III, Editorial Política, La Habana, pp. 493-523. [ Links ]

Marx, C. y F. Engels (1976): Cartas sobre El Capital, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. [ Links ]

Marx, C. y F. Engels (2000): Manifiesto comunista, El Aleph Editores, Salta. [ Links ]

Molina, E. (2016): Devenir del modelo económico socialista, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana . [ Links ]

Marx, C. (2017): El Capital, tomo I, capítulo 12, Siglo XXI Editores, Madrid. [ Links ]

Partido Comunista de Cuba (PCC) (2016): «Actualización de los Lineamientos de la política económica y social del PCC para el período 2016-2021», VII Congreso del PCC, La Habana. [ Links ]

NOTAS ACLARATORIAS

1Aquellos propietarios privados o cooperativistas (sector no estatal) que se comportan como especuladores, violando la Constitución, han de recibir el castigo merecido; como Lenin manifestó en numerosos artículos, especialmente para distinguir al campesino especulador del campesino aliado de la clase obrera.

2La concepción del «obrero colectivo» de Marx permite explicar cómo, sobre la base del desarrollo de la división social del trabajo, se origina la especialización de un fragmento de la clase obrera en el trabajo intelectual y científico; mientras otro fragmento de la clase obrera realiza el trabajo menos complejo dentro de las cadenas productivas y de servicios globales; pero al final, hay que contar con el trabajo global de ese «obrero colectivo», incorporado al proceso de producción de plusvalía. Por tanto, la mercancía capitalista es resultado cada vez más de ese «obrero colectivo». Hoy se pretende hablar de la «extinción» de la clase obrera con la sociedad basada en el conocimiento, desconociendo el concepto de «obrero colectivo».

3El Sistema Ultra Micro Analítico (SUMA) últimamente ha servido para el diagnóstico rápido de los sospechosos de la COVID-19 en Cuba; que permite, sobre todo, identificar a tiempo a las personas asintomáticas que a su vez pueden contagiar a otras personas.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Reseña del libro: El pensamiento económico de Fidel Castro en las relaciones económicas internacionales 1

Autores

Dr. C. Ernesto Molina Molina
Doctor en Ciencias Económicas. Miembro de Mérito de la Academia deCiencias de Cuba. Profesor Titular de Economía Política, Historia del Pensamiento Económico y Teoría Económica, Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García. Presidente de la Sociedad Científica de Pensamiento Económico de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba, e-mail: emolina@isri.minrex.gob.cu. ORCID iD: 0000-0001-7825-5001
 

RESUMEN

Varios prestigiosos investigadores del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial y colaboradores de este Centro lograron realizar este libro que resume un primer resultado del análisis del pensamiento económico del Comandante en Jefe en la esfera de las relaciones económicas internacionales. Todos los temas resultan aportes significativos asociados al momento en que fueron abordados por Fidel: el tema del socialismo como condición para el desarrollo, el libro La crisis económica y social del mundo, la deuda externa del Tercer Mundo, los peligros de la destrucción del medio ambiente y la necesidad de tomar medidas urgentes para preservar la vida en el planeta, y disímiles temas de la economía internacional que se encuentran  

INTRODUCCIÓN

La Revolución Cubana tuvo que contar con mucha creatividad con el vínculo imprescindible entre la economía y la política. Eso explica por qué las concepciones económicas de Fidel Castro tienen que estudiarse principalmente a través de los discursos y documentos del Estado y del Partido, incluso a través de las leyes revolucionarias y su aplicación práctica. La política que se divorcia de la economía pierde su base objetiva y está condenada al fracaso. Al mismo tiempo no es posible cumplir cabalmente las tareas económicas sin un acertado enfoque político, es decir, sin respetar los intereses de la sociedad en su conjunto, para lograr la plena unidad del pueblo ante un enemigo muy poderoso: el imperialismo yanqui.

Para cada momento histórico, nuestro pueblo tuvo que incorporar el aprendizaje de una nueva forma de lucha por su independencia y autodeterminación. Tuvo que aprender que Patria y Socialismo tendrían que unirse para lograr la “segunda independencia” de que hablara Martí en su testamento político. Y, sin embargo, treinta años después de iniciada la Revolución Cubana de 1959, hubo que plantearse de nuevo cómo convertir el revés del socialismo en victoria. La década de los años noventa nos obligaron a interiorizar en nuestra mentalidad aquella frase de Alegría del Pío: “aquí no se rinde nadie”, en circunstancias diferentes, ahora para un pueblo entero. Solo que este pueblo ya tenía mayor conciencia de sí mismo, de su propia historia; y de sus fortalezas y debilidades para continuar un nuevo tipo de lucha.

En forma muy breve, José Luis Rodríguez explica la labor realizada por investigadores del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial y colaboradores de este Centro para lograr este libro que resume un primer resultado del análisis del pensamiento económico del Comandante en Jefe en la esfera de las relaciones económicas internacionales.

DESARROLLO

El prólogo de Osvaldo Martínez, si bien pudiera considerarse extenso, no lo es realmente, si se tiene presente el amplio periodo que abarca y que expone cómo se fue enriqueciendo el contenido científico en las relaciones económicas internacionales en el pensamiento económico de Fidel, y cómo el Comandante en Jefe se supo asesorar e intercambiar con instituciones como el Centro de Investigaciones de la Economía Mundial y el Centro de Investigaciones de Economía Internacional, y plantearle tareas acuciantes a la luz de los acontecimientos cada vez más complejos y conflictivos a escala global. Pero, además, de cierta manera este prólogo constituye una síntesis de todos los temas abordados en el libro.

A continuación, nos valemos del prólogo de Osvaldo Martínez en extenso:

Eran los años bien difíciles de la voz solitaria de Fidel Castro en las Cumbres de Jefes de Estado criticando al capitalismo globalizado transnacional, desafiando lo que parecía ser el sentido común de la época, aceptado y repetido por todos. En esos años multiplicó su estudio de la economía mundial y esta temática estuvo presente con más frecuencia que antes en sus intervenciones en diversos escenarios.

Consultando esas intervenciones de la década puede apreciarse que convirtió los temas de economía mundial en armas de frecuente utilización polémica en los discursos, conversaciones, preguntas y respuestas. En ellos profundizó su manejo de las complicadas tramas del mercado financiero globalizado, del funcionamiento de las Bolsas de Valores, los fondos de cobertura, las técnicas y trampas de la especulación financiera, la manipulación de las tasas de cambio, los entresijos del funcionamiento del FMI, del Departamento del Tesoro y la Reserva Federal de Estados Unidos, los irritantes privilegios del dólar de ese país y la actuación de su economía como un extractor de capitales procedentes del resto del mundo.

Es sabido cómo Carlos Marx logró explicar el carácter cíclico de las crisis a partir de la renovación masiva del capital fijo, cada vez que se producía una revolución científico técnica. Pero bajo las condiciones de una exacerbada especulación financiera, como la que hoy caracteriza el ciclo económico, Fidel hace su propio análisis:

El tema de las crisis capitalistas, estudiado por Marx y seguido durante mucho tiempo por casi todas las escuelas de pensamiento económico, volvió a debatirse, y sobre él se interesó Fidel Castro, aplicando al análisis su acervo de conocimientos acerca del mercado financiero, la política neoliberal y las tesis marxistas sobre ellas.

Expresó que el sistema capitalista en su versión globalizada neoliberal, con el peso determinante de la especulación financiera, con la preferencia por la inversión especulativa y la peligrosa tendencia a la formación de burbujas financieras prestas a estallar, podía desencadenar una más fuerte crisis en algún momento futuro no lejano. Esta crisis se vería agravada por el hecho de que el gasto militar, utilizado en el pasado como amortiguador de las crisis y el manejo anticíclico de tipo keynesiano de las tasas de interés, no producían ya los resultados esperados. Así ocurrió en la realidad cuando en 2008 el sistema entró en una crisis más aguda y abarcadora caracterizada, entre otras cosas, por una sumatoria de crisis en sectores específicos como el alimentario, energético, financiero, ambiental, de la que aún no parece haber salido por completo.

Cuando en 1998 se produce el evento internacional Economía 98 en La Habana, Fidel propone iniciar los eventos de Globalización y Problemas del Desarrollo a partir de 1999; porque, precisamente los problemas globales ponían en peligro la vida en el planeta y hacían necesario el debate a escala global, con la participación de todas las escuelas de pensamiento y todas las instituciones internacionales que estuvieran dispuestas a una confrontación sensata. La participación de Fidel fue muy activa en esos primeros eventos.

En el año 2006 tiene lugar la salida del compañero Fidel de sus responsabilidades como gobernante por razones de salud, pero no cesó de trabajar su intelecto hasta su fallecimiento a finales de 2016.

Durante esos años mantuvo activa su inteligencia, su sed de saber y su vocación de servicio a Cuba y a los humanos de cualquier nacionalidad. Sus Reflexiones, publicadas en los medios de información en forma de breves notas, dan cuenta de la amplitud de su registro intelectual.

Muchas de las Reflexiones fueron dedicadas a insistir sobre la catástrofe ambiental que continúa incubándose, sin que las muchas reuniones internacionales aporten acuerdos definidos para detener la suicida carrera y sin que los gobiernos de los países que más contribuyen a acelerarla asuman sus responsabilidades.

Fidel Castro había hecho referencia en numerosas intervenciones al modelo consumista norteamericano –destructivo del medio ambiente– y que se exporta al resto del mundo. La conservación de este modelo consumista, que tiene como basamento el petróleo, encontró en los biocombustibles una nueva justificación económica, de espaldas a los intereses alimentarios de los pueblos:

Los llamados biocombustibles o agrocombustibles fueron objeto de un análisis crítico por representar un ejemplo de la capacidad del sistema capitalista transnacional para convertir los avances científicos en instrumentos de valorización del capital, antes que recursos para mejorar la vida de la especie. Esos agrocombustibles extraídos de cultivos comestibles como el maíz, la caña de azúcar, el aceite vegetal y otros, y transformados en combustibles para el consumo de automotores, significan una carga adicional sobre la crisis alimentaria, disminuyendo las tierras dedicadas a producir alimentos, estimulando la ocupación de nuevas tierras mediante la deforestación, y la expulsión de comunidades campesinas. Todo para satisfacer el consumo creciente de combustible en los países ricos y contribuir con más emisiones contaminantes.

El tema de la crisis volvió a entrar en escena. La escasez de liquidez y crédito en países con crisis financieras permitió a Estados Unidos –vía absorción de capitales ajenos– contar con liquidez abundante: Gloria al billete verde, Dios de la Economía Casino. ¿Hasta cuándo este pilar de Estados Unidos –el dólar– sostendrá el sistema monetario mundial? La burbuja hipotecaria, con sus célebres “hipotecas subprime”, explota en agosto del 2007:

La crisis económica desatada en la economía de Estados Unidos en 2008 –con un preámbulo en 2007–, que arrastró al mercado inmobiliario registrando sucesos, desde la explosión de créditos chatarra hasta la quiebra de gigantes financieros como LehmanBrothers, expresó lo acertado del pronóstico sobre el estallido de otra crisis de mayor intensidad. La afanosa aplicación de programas de rescate de los especuladores entregándoles financiamiento concedido por el estado mediante procedimientos llamados de flexibilización cuantitativa, fue tratada desde diferentes ángulos en las Reflexiones.

Con los procesos de globalización neoliberal, las relaciones externas inciden de manera cada vez con más fuerza en el diseño de las políticas internas. Las disciplinas internacionales tienden a abarcar ámbitos cada vez más amplios. En lo económico inciden en las políticas fiscales y monetarias, en los impuestos y subsidios, en las condiciones de competencia, las prácticas laborales y los planes de promoción del desarrollo. En otras áreas abarcan campos tan diversos como el ámbito de competencia del Estado, la propiedad intelectual, la administración de justicia, la participación de la mujer, la preservación del ambiente, la gobernabilidad y la lucha contra la corrupción:

La crítica de Fidel Castro a la teoría y la política neoliberal merece un destaque especial. Muy temprano advirtió que esa corriente de pensamiento, en su esencia profundamente reaccionaria, es la teoría y la política que se adapta como anillo al dedo al capitalismo del mercado financiero desatado y al dominio del capital transnacional sobre las economías del Sur. Denunció también que la voracidad empresarial que incita, acelera la agresión al medio ambiente y exacerba las contradicciones que amenazan con hacer estallar una devastadora guerra nuclear.

Su crítica fue sistemática y siempre contrastando las promesas neoliberales con sus resultados reales, en particular, en la llamada flexibilidad laboral, para lo cual utilizaba detallada información sobre desempleo, trabajo informal, desigualdad de ingreso, pobreza, desnutrición, acceso a la educación y la salud, discriminación de la mujer, trabajo infantil y otros indicadores.

Osvaldo Martínez, quien se inició en su vida profesional como especialista en Historia del Pensamiento Económico, si bien devino después un experto en Relaciones Económicas Internacionales, brinda al final de su prólogo una observación metodológica fundamental cuando se investiga el devenir teórico de un autor que a la vez es actor y líder de una revolución:

Para cerrar el prólogo, tal vez ya demasiado extenso, a este valioso trabajo del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial que abre un necesario camino para la investigación y exposición del pensamiento de Fidel Castro, creo necesario señalar que para el estudio del pensamiento del líder sobre las relaciones económicas internacionales, los autores se vieron obligados a extraerlo de los contextos en que fue expresado, ya fueran discursos en diversos escenarios, en Cumbres de Jefes de Estado, entrevistas con periodistas o alguna de las innumerables ocasiones en que el Comandante hizo referencia al tema. Esta descontextualización tiene un costo inevitable que deberán pagar todos los especialistas que en sus áreas de conocimiento quieran segmentar su pensamiento.

Para ordenar la exposición, los autores elaboraron ocho capítulos diferentes sobre distintos aspectos de la evolución de las relaciones económicas internacionales, sobre todo en los últimos 40 años, etapa en la que se concentran las mayores reflexiones sobre el tema por parte de Fidel entre 1975 y 2006.

Los títulos de los capítulos definen muy claramente los temas seleccionados:

•    Capítulo 1. El socialismo como condición para el desarrollo

Dr. José Luis Rodríguez

•    Capítulo 2. Agricultura y alimentación

Dra. Jourdy Victoria James Heredia

•    Capítulo 3. Aspectos monetarios y financieros

Lic. Francisco Soberón Valdés

•    Capítulo 4. Las relaciones comerciales

MSc. Jonathán Quirós Santos

•    Capítulo 5. Integración y cooperación internacional

Lic. Faustino Cobarrubias Gómez

•    Capítulo 6. Fidel y las empresas transnacionales

MSc. Gladys Cecilia Hernández Pedraza

•    Capítulo 7. Energía y medio ambiente. Contexto internacional

Dr. Ramón Pichs Madruga, Lic. Avelino Suárez Rodríguez y Lic. Julio Torres Martínez

•    Capítulo 8. El Desarrollo Social

Dra. Blanca Munster

De esta manera se pueden presentar en síntesis los ocho temas, tal y como lo hace en la introducción José Luis Rodríguez:

El cuerpo de la investigación se inicia con un primer trabajo que aborda el tema del socialismo como condición para el desarrollo desde su génesis hasta su aplicación concreta en la práctica política de la Revolución cubana y en el desarrollo de diferentes movimientos revolucionarios de los últimos años.

A continuación, se abordan aspectos que fueron tratados por primera vez de manera sistemática por el Comandante en Jefe en el libro La crisis económica y social del mundo, escrito a modo de informe del Presidente del Movimiento de Países No Alineados a la VII Cumbre del MNOAL, celebrada en Nueva Delhi en 1983. A partir de entonces otros temas cobrarían singular relevancia más allá de lo referido en esa ocasión, los que serían abordados también profundamente por el Comandante en Jefe, como es el caso de la impagabilidad de la deuda externa del Tercer Mundo y su compensación mediante la reducción de los gastos militares (1985); los peligros de la destrucción del medio ambiente y la necesidad de tomar medidas urgentes para preservar la vida en el planeta (1992) o las múltiples referencias a disímiles temas de la economía internacional que se encuentran en los discursos e intervenciones de Fidel en los encuentros sobre Globalización y Desarrollo, los cuales se desarrollaron en Cuba entre 1999 y el 2009.

La flexibilidad del pensamiento económico de Fidel Castro ante las situaciones diversas que vive la economía mundial se hizo patente muy particularmente en el libro La crisis económica y social del mundo. Este libro puede considerarse una contribución teórica y práctica importante en el seno del movimiento revolucionario mundial, por su análisis de la crisis económica y social del mundo capitalista, y sus diversas manifestaciones en los países subdesarrollados: para hallar las formas de lucha idóneas contra el neocolonialismo en los difíciles años de las décadas de los setenta y ochenta, cuando el proceso de distensión internacional frente a la agresividad imperialista corría serios peligros.

Este análisis permitió reconocer el carácter estructural y, por tanto, mucho más grave, de la crisis económica y social del mundo capitalista, frente a la cual se propusieron soluciones realistas y sensatas, que permitían unir las fuerzas antimperialistas y progresistas que en Asia, África y América Latina, así como en los países capitalistas desarrollados, trabajaban por la liberación nacional, la paz y el progreso democrático de la humanidad.

Cuba es fundadora del Movimiento de Países No Alineados. Participó en su primera conferencia, celebrada en Belgrado, en 1961, y desde entonces ha tenido una acción destacada en este Movimiento, lo cual ha sido ampliamente reconocido por el conjunto de países integrantes del mismo, en especial, ha sido relevante el papel de Cuba por mantener la unión y cohesión del Movimiento a pesar de la disparidad de tendencias que en el mismo subsisten. Sin el arma poderosa de la unidad, los países emergentes no pueden enfrentarse a la voracidad del imperialismo, ni amortiguar los embates terribles de la crisis económica y social del mundo capitalista.

Esta actitud destacada de lucha tuvo su colofón en las VI y VII Cumbres del Movimiento celebradas respectivamente en los años 1979 y 1983. Cuba presidió el Movimiento de Países No Alineados entre ambas Cumbres. Gran resonancia tuvieron los informes del Comandante Fidel Castro a estas dos Cumbres, siendo Presidente del Movimiento de Países No Alineados entre estos años.

En el Informe Central, presentado en la VII Cumbre, celebrada en Nueva Delhi, India, en 1983, Fidel Castro, como presidente saliente, dio a conocer su libro: La crisis económica y social del mundo, sus repercusiones en los países subdesarrollados, sus perspectivas sombrías y la necesidad de luchar si queremos sobrevivir, que tiene la particularidad de reflejar los datos oficiales de aquellos organismos internacionales que tradicionalmente informan acerca de las cuestiones de la economía mundial y que permite reflejar la situación trágica del llamado Tercer Mundo ante la crisis económica y social del mundo capitalista.

Mediante cifras y datos el libro ilustra la esencia, causa y formas de manifestación de la crisis económica y social que vive el mundo capitalista. Y frente a ese diagnóstico se traza un programa de lucha que objetivamente debe contribuir, no solo a beneficiar la situación económica y social del llamado Tercer Mundo, sino también a ejercer una favorable influencia en toda la economía mundial, incluyendo la de los países capitalistas desarrollados.

Si bien el título del libro La crisis económica y social del mundo abarca también a los países socialistas desarrollados y aun cuando estos últimos estaban experimentando durante estos años una notable desaceleración en sus tasas de crecimiento, el origen de la crisis y la transmisión de sus efectos al resto del mundo se identifica claramente en los países capitalistas desarrollados, sobre todo en el grupo de sus siete mayores potencias y en particular, en Estados Unidos.

Al mismo tiempo que se reconocía a la crisis como parte del curso cíclico característico de las economías capitalistas desarrolladas se destacaba su gravedad en que reunía no solo efectos cíclicos, sino la acumulación de deformaciones originadas en la división internacional capitalista del trabajo en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, determinadas en gran medida por la revolución científico técnica.

Llama la atención, que hoy se reconoce que estamos ante una Cuarta Revolución Científico-Técnica; cómo si se nos llamara a una nueva tarea científica: investigar sus consecuencias para el Sur: las nuevas deformaciones que originará la polarización científico tecnológica en la división internacional capitalista del trabajo en estos inicios del siglo xxi.

A esta gama notable de manifestaciones de carácter estructural de la crisis económica y social del mundo capitalista, entrelazada con la crisis del sistema neocolonial del imperialismo, Fidel propuso una respuesta de soluciones coherentes unidas desde los países del Tercer Mundo:

•    Traspasar el impresionante grado de control ejercido por las transnacionales sobre la comercialización a manos nacionales de los países del Tercer Mundo.

•    Eliminar el carácter neocolonial del sistema monetario internacional y en particular, el de sus instrumentos como el Fondo Monetario Internacional con lo cual sería posible emprender las transformaciones necesarias para el desarrollo.

•    La Reforma Agraria representaría un notable aporte a la solución de los problemas alimentarios del Tercer Mundo, al ampliar la producción agrícola y propiciar una distribución más equitativa de los ingresos. Esto crearía condiciones para combatir la crisis alimentaria, las dramáticas condiciones de salud que afectan a las masas del Tercer Mundo, actuar contra la acción degradante sobre la naturaleza de la erosión, la desertificación, el agotamiento y contaminación de fuentes de agua y otras formas de los suelos agrícolas del planeta, y eliminar el latifundio y el minifundio, que actúan como un complejo contexto de herencia colonial y neocolonial.

•    Fortalecer la política de reubicación de industrias de conformidad con los objetivos, las prioridades y las aspiraciones nacionales generales de los países en desarrollo y que no debe estar unida a la expansión de las empresas transnacionales en los países en desarrollo.

•    Entre las soluciones más demandadas en esos años para enfrentar los efectos negativos que reportaba la actividad de las empresas transnacionales a los países subdesarrollados era el esfuerzo por establecer un código de conducta internacional que se aplicara y normara las actividades de esas entidades. Desde el punto de vista político, el código no representa ninguna protección que no pueda darse por sí mismo el país protector de las inversiones extranjeras. Un país subdesarrollado que dispusiera de un gobierno firmemente establecido, independiente y defensor de los intereses nacionales, si necesitara de ese código, lo debía promulgar él mismo sin tener que negociarlo internacionalmente.

El mundo encaraba entonces la más absurda carrera armamentista en toda su historia, que significaba por su magnitud, su poder destructivo y su grado de refinamiento tecnológico, el mayor peligro que jamás había conocido la humanidad, y ofrecía la prueba más evidente de la irracionalidad y el despilfarro que caracterizaba la crisis de las relaciones internacionales, la carrera armamentista significaba la amenaza más directa e inmediata para su propia supervivencia. Detenerla e invertirla era, sin duda alguna, el aporte más decisivo a la causa de la paz, el objetivo más esencial y determinante que el mundo tenía ante sí.

En el informe de la VII Cumbre de los Países No Alineados, Fidel Castro reiteró el programa propuesto por él, a nombre de la VI Cumbre en el XXXIV periodo de Sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, la de alcanzar un aporte adicional de no menos de 300 000 millones de dólares a los valores reales de 1977 en la próxima década. Estos recursos debían ser en forma de donaciones y créditos blandos, a largo plazo y mínimo interés, destinado a los países subdesarrollados.

El estudio profundo de las manifestaciones de la crisis económica y social del mundo capitalista no solo permitió elaborar una consigna general de lucha para los países del llamado Tercer Mundo, sino concretar la consigna en un programa que identificara las formas de lucha, independientemente de que las mismas tuvieran que adaptarse a las situaciones particulares de cada país.

El libro La crisis económica y social del mundo resume y profundiza las ideas expuestas por Fidel Castro durante las décadas de los años setenta y ochenta en variados eventos internacionales, incluido el Foro de las Naciones Unidas. Contó con la colaboración de varios economistas y especialistas del Centro de Investigaciones de Economía Mundial y del Centro de Investigaciones de Economía Internacional. Este libro aún no contenía el tema de la crisis ambiental con la fuerza con que posteriormente fue abordada por Fidel Castro.

Sin embargo, ya desde la década de los años sesenta del siglo xx se lanzaron al mundo los primeros llamados de alerta de los académicos acerca de los problemas del medio ambiente (desertización, salinización y erosión de los suelos, deforestación, contaminación de aguas, aire y terrenos). En la década de los años setenta, a instancias de los informes al Club de Roma, la preocupación por la identificación, el estudio y la recomendación de medidas para la solución de los problemas globales mostró una importante extensión por prácticamente todo el mundo.

Los estudios acerca de los problemas globales en las décadas de los años setenta y ochenta, permitieron apreciar la naturaleza multidimensional de estos: problemas globales ambientales, sociales, político-militares, jurídico-institucionales, educacionales y culturales, científico-técnicos, éticos y, por supuesto, económicos.

En los dos primeros informes al Club de Roma, la dimensión de lo económico en los problemas globales se circunscribía a un eventual agotamiento de los recursos naturales no renovables y a los supuestos problemas relacionados con las diferencias entre las tendencias del crecimiento demográfico y del crecimiento de la producción de alimentos.

El tercer informe al Club de Roma, “Remodelando el orden mundial” (1975), inició el enfoque integral de los problemas económicos globales como un sistema de problemas íntimamente interrelacionados, enfoque que se continuaría por otros informes o modelos globales de los años 1970 y 1980 como: “¿Qué hacer?” (1975), “El futuro de la economía mundial” (1976), “¿Catástrofe o nueva sociedad?” (1977), “Norte-Sur” (1980) y “Problemas globales de nuestro tiempo” (1984).

Posteriormente se añadieron al análisis de los problemas económicos globales, una visión multifacética de los problemas que se presentan a las naciones subdesarrolladas para alcanzar el desarrollo.

Llama la atención que estos informes hayan coincidido en el tiempo con la aplicación de las políticas neoliberales en el ámbito mundial y especialmente en América Latina, cuando en los años 1980 y 1990 estuvieron vigentes los planes de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional, con vistas a garantizar el pago de la deuda externa por los países subdesarrollados. Silvio Baró señala como causas posibles de la preponderancia de estas políticas neoliberales, las razones siguientes:

•    Debilitamiento de la capacidad negociadora de las naciones subdesarrolladas y la imposición a estas de una segunda generación de políticas económicas neoliberales por parte de las potencias imperialistas y de las instituciones financieras internacionales.

•    La extensión de la aplicación de las referidas políticas económicas a naciones industrializadas como las de la Unión Europea luego de la firma de tratado de Maastricht en 1992.

•    El tránsito de las economías exsocialistas de Europa oriental y la antigua Unión Soviética a la economía de mercado y la consiguiente adopción por estas de las políticas económicas neoliberales.

Las políticas neoliberales agravaron la situación crítica en casi todo el mundo, con sus altas tasas de interés, elevados niveles de desempleo, retroceso en el tratamiento de los países subdesarrollados, introducción de normas y principios muy negativos para la regulación de las relaciones internacionales, entre otras, lo cual determinó que los problemas mundiales alcanzasen una gran difusión internacional. El 12 de junio de 1992, Fidel Castro pronuncia un breve discurso en Río de Janeiro en que define y enriquece las ideas que ya venía defendiendo en su libro La crisis económica y social del mundo:

Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. [...] Ahora tomamos conciencia de este problema cuando casi es tarde para impedirlo. [...] Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente. Ellas nacieron de las antiguas metrópolis coloniales y de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad. [...] Han envenenado los mares y ríos, han contaminado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con efectos catastróficos que ya empezaron a padecer. [...] No es posible culpar de esto a los países del Tercer Mundo, colonias ayer, naciones explotadas y saqueadas hoy por un orden económico mundial injusto (Castro, 1992: 13-14).

En relación con este discurso en Brasil, en agosto 25 del 2007, el propio Fidel Castro escribió el siguiente comentario:

Si hablé en Río de Janeiro del hombre como una especie en peligro de extinción por la destrucción de las condiciones naturales de vida, hace más de 15 años, hoy ese peligro está más cercano. Nuevos y no previstos problemas creados por la ciencia, la tecnología y el despilfarro congénito del neoliberalismo, multiplican los riesgos políticos, económicos y militares (Castro, 1992:13-14).

En la mayoría de los trabajos científicos que identifican esos problemas globales, no siempre se atribuyen sus causas a la dinámica del capital global. Una concepción científica del desarrollo exige un diagnóstico preciso que identifique el vínculo esencial entre la dinámica capitalista y los problemas globales.

CONCLUSIONES

Creemos muy positivo este libro, el cual puede estimular un debate científico muy creativo hacia los problemas globales, y muy en particular, para valorar el lugar que puede asumir nuestra pequeña nación en el concurso de los pueblos, que no es más que rehacer adecuadamente la utopía tan necesaria que movilice a los trabajadores hacia un mundo mejor posible, tal y como quiso Fidel y luchó por ello.

Ello supone también considerar todos los intereses legítimos de la humanidad, pues con cierta lógica racional se puede aceptar la existencia de un “tercer mundo” a lo interno del “primer mundo”. Ello hace posible y necesaria la búsqueda de una alianza global, concebida con gran creatividad, pues sin ella no es posible acceder a todas las formas de lucha efectiva contra el capital global.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Castro Ruz, F. (2007). Discurso pronunciado en Rio de Janeiro en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, el 12 de junio de 1992. En: El Diálogo de Civilizaciones, La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, pp. 13-14.

BIBLIOGRAFÍA

Baró, S. (2006). El desarrollo mundial como problema global. En: García Rabelo, M. Teorías del subdesarrollo y el desarrollo. La Habana: Editorial Félix Varela.

Castro Ruz, F. (1983). La crisis económica y social del mundo, sus repercusiones en los países subdesarrollados, sus perspectivas sombrías y la necesidad de luchar si queremos sobrevivir. Informe a la VII Cumbre de los Países No Alineados. La Habana: Oficina de publicaciones del Consejo de Estado.

Colectivo de autores (1984). Problemas globales de nuestro tiempo. Moscú: Editorial Progreso.

 

1    Colectivo de autores (2018). El pensamiento económico de Fidel Castro en las relaciones económicas internacionales. Centro de Investigaciones de la Economía Mundial. La Habana: Editorial Academia.

jueves, 14 de marzo de 2019

Impensar las Ciencias Sociales[1]


Por Ernesto Molina Molina.[2], http://leyderodriguez.blogspot.com/

El propio autor de este excelente libro, explica su título:

No se trata de repensar las ciencias sociales. Es normal que los eruditos y los científicos repiensen los asuntos. Cuando nuevas evidencias socavan viejas teorías y las predicciones no se cumplen, nos vemos obligados a repensar nuestras premisas (…) Sin embargo, además de repensar —algo que es “normal”—las ciencias sociales del siglo XIX, creo que necesitamos “impensarlas” debido a que muchas de sus suposiciones — engañosas y constrictivas, desde mi punto de vista— están demasiado arraigadas en nuestra mentalidad. Dichas suposiciones, otrora consideradas liberadoras del espíritu, hoy en día son la principal barrera intelectual para analizar con algún fin útil el mundo social.[3]

El aporte central de Wallerstein al nuevo modo de abordar las sociedades históricas y que refuta el modo de hacerlo por las escuelas anteriores, es su teoría del sistema mundo.

El elemento central de la teoría del sistema mundo es que existe un conjunto de articulaciones y relaciones que constituyen un sistema histórico identificable que se extiende más allá de las naciones y los Estados.

Según Immanuel Wallerstein, la economía-mundo capitalista es un sistema que incluye una desigualdad jerárquica de distribución basada en la concentración de ciertos tipos de producción (producción relativamente monopolizada, y por lo tanto de alta rentabilidad), en ciertas zonas limitadas, que por eso mismo pasan inmediatamente a ser sedes de la mayor acumulación de capital. Esa concentración permite el reforzamiento de las estructuras estatales, que a su vez buscan garantizar la supervivencia de los monopolios correspondientes. Pero como los monopolios son intrínsecamente frágiles, a lo largo de toda la historia del sistema mundial moderno esos centros de concentración han ido reubicándose en forma constante, discontinua y limitada, pero significativa.[4]

Ese es el moderno sistema mundial, que surge entre 1450 y 1650 y lo más significativo de su desarrollo ha sido el cambio de la dominación política y militar a la económica.

Según Wallerstein[5] el sistema está compuesto por tres elementos: el centro, la periferia y la semiperiferia. El centro ocupa la posición dominante y está integrado por los países económica y políticamente más poderosos. Ellos concentran las actividades económicas más complejas, que son intensivas en capital y requieren una fuerza de trabajo más calificada; tienen una relativa homogeneidad económica, el nivel de acumulación de capital es mayor y generalmente se especializan en la producción de los bienes “más avanzados” del sistema, aun cuando producen “bienes tradicionales” lo hacen con medios tecnológicos complejos.

La periferia, por contraste, aunque demográfica y territorialmente es mayor que el centro, está compuesta por los países más débiles económica y políticamente, produce bienes de carácter primario y depende de los bienes más avanzados del centro.

La relación entre el centro y la periferia es una relación de explotación, por lo que las relaciones económicas entre centro y periferia benefician al centro.

Entre el centro y la periferia existe un grupo de países que ocupan una posición intermedia, en ellos pueden desarrollarse algunas de las actividades económicas complejas. Actualmente algunos de estos países tienen un desarrollo industrial y también producciones primarias, pero carecen del poder y dominio que tienen los países centrales.

Existe además “la arena externa” de una economía – mundo compuesta por aquellos otros sistemas con los cuales mantiene algún tipo de relación comercial, pero que no son parte integrante de ella, esto es lo que diferencia a la periferia de “la arena externa”. Hay además zonas no integradas, pero a fines del siglo XX se puede decir que, salvo alguna comunidad remota de aborígenes, éstas han dejado de existir.

Las posiciones dentro de este sistema no son estáticas, usualmente un Estado domina el centro, pero éste cambia con el desarrollo del sistema. Los Estados pueden cambiar su posición dentro del sistema, así algunos estados pueden pasar de semiperiferia a centro (caso de la situación de Alemania y Japón) o ser desplazado de centro a semiperiferia (caso de España) o de periferia a semiperiferia (caso de Brasil y los llamados tigres asiáticos).

Teóricamente esa posibilidad sigue existiendo, pero con la consolidación del capitalismo monopolista durante el siglo XX, éste se hace verdaderamente universal, y la estructura, se hace más rígida, lo que se muestra por el hecho de que ninguno de los Estados periféricos o semiperiféricos ha pasado a ser centro. Sin embargo, algunos autores muestran que los Estados que pasaron a ser centros nunca fueron “periferizados”.[6]

Según I. Wallerstein:

El ascenso y la declinación de las grandes potencias ha sido un proceso más o menos del mismo tipo que el ascenso y la declinación de las empresas: los monopolios se mantienen durante algún tiempo y por último son minados por las propias medidas que se toman para sostenerlos. Las “bancarrotas” que siguen han sido mecanismos de limpieza en cuanto del sistema las potencias cuyo dinamismo se ha agotado y las reemplazan por sangre nueva. A lo largo de todo ese proceso, las estructuras básicas del sistema han permanecido sin cambio. Cada monopolio del poder se ha mantenido por algún tiempo pero, igual que los monopolios económicos, fue minado por las mismas medidas que se tomaron para sostenerlo.[7]

Hay una relación, hasta cierto punto, genética, entre la Teoría de la Dependencia y la teoría de la economía-mundo, solo que ésta última incorpora la perspectiva holística de análisis, que exige la multidisciplinariedad. Para Wallerstein la unidad de análisis debe ser el sistema mundial, no un estado, país o sociedad.[8]

En esa proyección él sostiene que no hay límites entre la antropología y la economía, la ciencia política y la sociología.

El libro está estructurado en seis partes con un total de 20 capítulos, bibliografía y un índice analítico.

I. Las ciencias sociales: del génesis a la bifurcación

La primera parte aborda la historia social de la epistemología en cuestión. Intenta catalogar el estudio de las ciencias sociales históricas como una categoría intelectual dentro del desarrollo histórico del sistema mundo moderno. No pretende explicar por qué las ciencias sociales históricas se institucionalizaron como una forma del conocimiento en el siglo XIX, -y sólo en ese siglo-, sino también por qué dieron lugar a una epistemología particular, centrada en lo que, según cree el autor, es una antinomia nomotético-idiográfica falsa.

También pretende explicar en esta primera parte por qué en los últimos 20 años esta epistemología ha empezado a ponerse en tela de juicio, planteándonos los dilemas intelectuales de la actualidad.

II. El concepto de desarrollo

Una vez propuesto el contexto histórico, Wallerstein dirige su atención hacia lo que parece ser el concepto clave y más cuestionable de las ciencias sociales del siglo XIX, el concepto “desarrollo”. No cabe duda que la palabra “desarrollo” se hizo común a partir de 1945, e inicialmente parecía limitarse a explicar los acontecimientos en el “Tercer Mundo” o las zonas periféricas de la economía mundo capitalista.

Pero el autor entiende que la idea de desarrollo es simplemente una fase del concepto de “revolución Industrial” que, a su vez, ha sido eje no solo de gran parte de la historiografía sino de todo tipo de análisis nomotético. Esta idea de desarrollo ha tenido una gran influencia, ha sido muy confusa (precisamente porque, al ser en parte correcta, ha resultado demasiado evidente) y, en consecuencia, ha generado falsas expectativas (tanto a nivel intelectual como político). Y no obstante pocos están dispuestos a impensar este importante concepto.

Una vez que Wallerstein lo expone, todo aparece muy claro: unas sociedades han prosperado a costa de otras que se han empobrecido; unos sectores sociales han oprimido a otros sectores sociales, el Norte se desarrolló a costa del subdesarrollo del Sur.

III. Los conceptos de tiempo y espacio

A continuación, Wallerstein pasa a analizar lo que denomina Tiempo Espacio. Considera nuestro autor que uno de los logros más notables de la epistemología de las ciencias sociales ha sido eliminar el Tiempo Espacio del análisis, lo que no significa que nunca se haya hablado de la geografía y la cronología. Y sí, se ha tenido presente, pero no propiamente desde las ciencias sociales, sino como constantes físicas y, por lo tanto, variables exógenas más que creaciones sociales fluidas y por ende variables no simplemente endógenas, sino cruciales para comprender la estructura social y la transformación histórica. Incluso en la actualidad raras veces consideramos la multiplicidad de Tiempo Espacios que nos confrontan y por consiguiente poco nos preocupa cuáles usamos o deberíamos usar para descifrar nuestras realidades sociales.

IV. Un regreso a Marx

Tras haber intentado demostrar los límites del concepto de desarrollo que son de vital importancia para los paradigmas o modelos del siglo XIX, y la ausencia en ese contexto de lo que debió ser un concepto clave, el Tiempo Espacio –ambos lógica e íntimamente relacionados- Wallerstein dirige su atención a dos importantes pensadores que podrían ser de utilidad para liberar a los científicos sociales del siglo XXI de las limitaciones de las ciencias sociales del siglo XIX: Marx y Braudel.

Karl Marx fue por supuesto un personaje importante en las ciencias sociales del siglo XIX. Se le ha denominado el último economista clásico. Aportó gran parte de las premisas epistemológicas del mundo intelectual europeo de ese entonces. Cuando Engels dijo que el pensamiento marxista tenía sus raíces en Hegel, Saint Simon y los economistas ingleses clásicos, estaba confesando ser parte de ellos.

Y no obstante Marx afirmó participar en una “crítica de la economía política”, afirmación que hace con base muy seria. Esta afirmación es de quien reseña esta obra; porque el propio Wallerstein no lo afirma en forma tan categórica.

Nadie como Marx supo desentrañar los problemas científicos planteados por los autores “clásicos” y “vulgares”, según la propia denominación o clasificación que hiciera el propio Marx. Si Marx se hubiera limitado a estudiar la historia económica y política de las sociedades precapitalistas y la capitalista, no hubiera podido aprovechar la inteligencia de tantos economistas que lo precedieron, unos, (los clásicos) para identificar las leyes económicas objetivas asociadas a cada sistema social; y otros, (los vulgares) para reflejar los fenómenos superficiales del devenir de esos sistemas sociales: todos ellos sirvieron de campo de investigación al primer científico social que develó la materialidad del comportamiento social; pues hasta ese momento solo se reconocía la materialidad de los fenómenos naturales. Al mismo tiempo, Marx no perdió de vista la historia económica a escala global y geográfica hasta donde pudo hacerlo, porque solo así podía contar con un criterio de comprobación científica de su quehacer científico. No olvidemos que Marx no restringió su concepción a las 5 formaciones económico-sociales que los manuales marxistas posteriores presentaron en forma lineal progresiva: él nos habló del modo asiático y de la sociedad antigua.

Marx fue un pensador que pretendió superar las limitaciones de su época. Pero desafortunadamente, según Wallerstein, sus ideas se han introducido en nuestra disertación común principalmente con el formato creado por el marxismo de los partidos, y que este formato, más que buscar la crítica de la economía política, participó de lleno en la epistemología dominante. En este sentido, a Wallerstein le interesa analizar al otro Marx, al que enfrentaba las perspectivas dominantes del siglo XIX.

Llama mucho la atención cierta coincidencia entre la crítica que Marx hiciera a los “marxistas” del siglo XIX; y la crítica de Wallerstein a los marxistas de los siglos XX y XXI.

V. Un regreso a Braudel

Y aun cuando Fernand Braudel es un personaje totalmente distinto a Marx, Wallerstein rescata aquellas ideas fundamentales de aquel historiador que investigaba archivos de donde esperaba formar una historia pensada.. Rara vez hablaba de cuestiones epistemológicas per se, pero tenía un instinto certero que lo conducía al cuestionamiento de verdades historiográficas y, partiendo de ellas (a veces de manera explícita, a veces implícita), derivar nuevas maneras a partir de viejos dilemas. Wallerstein ha investigado a Braudel para ver hasta qué punto nos ayuda a impensar las ciencias sociales del siglo XIX y, en particular, para llegar a comprender el capitalismo a largo plazo que no se base en la premisa de “desarrollo” y la ausencia del Tiempo Espacio.

VI. Análisis de los sistemas-mundo como impensando

Por último, Wallerstein recurre al análisis de los sistemas-mundo como una perspectiva contemporánea del mundo social, una perspectiva que concede gran importancia al estudio del cambio social a largo plazo y a gran escala.

El análisis de los sistemas-mundo pretende ser una crítica a las ciencias sociales del siglo XIX, aunque más bien es una crítica incompleta, porque no ha logrado encontrar la forma de corregir el más resistente (y confuso) legado de las ciencias sociales del siglo XIX –la división del análisis social en tres áreas, tres lógicas, tres “niveles”: el económico, el político y el sociocultural.

Ésta tríada se encuentra, según Wallerstein, en medio del camino obstaculizando el progreso intelectual de los científicos sociales, para acceder a un enfoque holístico, abarcador, que permita reconstruir las ciencias sociales históricas de forma interdisciplinaria.


Notas:

[1]Immanuel Wallerstein, siglo veintiuno editores, s,a de c.v en coedición con el centro de investigaciones interdisciplinarias en ciencias y humanidades, unam, 1998.
[2] Miembro de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba; Profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García” y Presidente de la Sociedad Científica de Pensamiento Económico y Economía Política de la ANEC.
[3] Immanuel Wallerstein, Impensar las Ciencias Sociales, p. 3, siglo veintiuno editores, s,a de c.v en coedición con el centro de investigaciones interdisciplinarias en ciencias y humanidades, unam, 1998.
[4] I. Wallerstein, Paz, Estabilidad y Legitimación, en: Los Retos de la Globalización, Ensayos en Homenaje a Theotonio Dos Santos, Tomo I, p. 289, Centro Regional para la Educación Superior en América latina y el Caribe (CRESALC), Caracas, Venezuela, 1998.
[5] Ver I. Wallerstein, El moderno sistema mundial, 2 tomos, Siglo XXI, Editores, S.A, México, /ma Edición, 1996.
[6] Ver: Samir Amín: El Desafío de la Mundialización, Siglo XXI, Editores México, 1996.
[7] I. Wallerstein, Paz, Estabilidad y Legitimación, en: Los Retos de la Globalización, Ensayos en Homenaje a Theotonio Dos Santos, Tomo I, p. 290, Centro Regional para la Educación Superior en América latina y el Caribe (CRESALC), Caracas, Venezuela, 1998.
[8]L. Finkel, La Organización Social del Trabajo, p. 56, Ediciones pirámides, Madrid, 1995.