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domingo, 14 de noviembre de 2021

Debatiendo el modelo nórdico

Por Pelle Dragsted 

11/11/2021

Las elecciones noruegas del mes pasado supusieron un cambio arrollador hacia la izquierda, incluyendo un avance parlamentario para el Partido Rojo socialista (Rødt). Ahora, los cinco países nórdicos cuentan con gobiernos socialdemócratas y con crecientes formaciones a su izquierda que se resisten a un mayor desmantelamiento de los Estados de bienestar de la región. Tras años de retroceso y derrotas de la izquierda en Estados Unidos y Europa, la experiencia nórdica parece mostrar de nuevo un camino a seguir.

Los primeros indicios de esta ola de la izquierda nórdica vinieron de la mano de la Alianza Rojo-Verde (Enhedslisten) en Dinamarca, que ha ocupado al menos una docena de escaños en el parlamento desde su irrupción en la campaña electoral general de hace diez años. Uno de sus diputados en este periodo fue Pelle Dragsted, que es también el principal estratega del partido. Su reciente libro, Nordic Socialism (Socialismo Nórdico), ha sido un sorprendente éxito de ventas en su país, reavivando debates sobre el socialismo que llevaban mucho tiempo dormidos. El libro aborda la naturaleza del capitalismo y cómo transformarlo basándose en el legado de los movimientos obreros nórdicos del siglo XX.

En la siguiente entrevista, Rune Møller Stahl y Andreas Møller Mulvad conversaron con Dragsted acerca del estado actual de la socialdemocracia nórdica y sobre cómo las nuevas fuerzas de izquierda pueden aprovechar sus logros históricos.  

RMS: El punto de partida de tu libro es un informe que la administración Trump publicó en 2018 sobre el supuesto socialismo de los países nórdicos. En contraste con lo que normalmente leeríamos en Jacobin y en otras publicaciones de izquierda, argumentas que Trump tiene razón en que los países nórdicos son socialistas (o, al menos, más socialistas de lo que normalmente reconocemos los izquierdistas, que los hemos definido como países capitalistas con generosos Estados de bienestar). ¿Puedes explicar con más detalle por qué crees que Trump tiene razón?

PD: Un mensaje clave de mi libro es que nosotros, en la izquierda, no hemos sido lo suficientemente buenos a la hora de reconocer nuestras victorias y los elementos socialistas que pueden encontrarse dentro de los sistemas económicos existentes. Cuando Trump y Fox News —pero también Bernie Sanders— llaman «socialistas» a los países nórdicos, tienen algo de razón. En los países nórdicos disfrutamos de una cantidad significativa de propiedad democrática, así como de una amplia desmercantilización de nuestras economías. Esto es producto de la fuerza histórica de la clase obrera para conquistar el poder del Estado, pero también del fortísimo sector cooperativo que existía en la región.

Es difícil reconocer este sector no capitalista, porque en la izquierda hemos sido entrenados para pensar en términos de formas societarias como totalidades, como si fueran la sociedad o la economía en su totalidad. Esta forma de pensar supone que el capitalismo es omnipresente y que no hay lugar para ningún tipo de socialismo mientras exista el capitalismo.

Así que, inspirado por gente como Erik Olin Wright y Matt Bruenig, del People’s Policy Project, rechazo esta concepción del socialismo como un absoluto. En su lugar, deberíamos pensar en un continuo en el que las sociedades pueden ser más o menos socialistas.

Esta perspectiva es especialmente relevante para los países nórdicos, donde tenemos un mayor nivel de propiedad común. Definamos el capitalismo como un sistema en el que los propietarios del capital controlan los medios de producción e intercambian sus mercancías en un mercado en el que también compran fuerza de trabajo. De este proceso obtienen un beneficio. Pero si observamos los países nórdicos, encontramos que gran parte de estas economías simplemente no se ajustan a esta definición: en Dinamarca, el sector público representa entre el 20% y el 25% del total de la economía. Una de cada tres personas en el mercado laboral son empleados públicos. Y en este sector no hay propiedad privada.

Las escuelas, los hospitales, las guarderías, etc. no son propiedad de los capitalistas, sino de la ciudadanía en común. Nadie obtiene beneficios, y los bienes y servicios que se producen no se intercambian en un mercado, sino según un sistema solidario de capacidades y necesidades. Este sector se creó extrayendo partes de la economía del ámbito del mercado. Los productos básicos se transformaron en bienes accesibles para todos los ciudadanos. A esto se le puede llamar desmercantilización.

Pero, además del sector público, también tenemos un considerable segmento democratizado del sector privado. El sector cooperativo sigue representando una buena parte de nuestra economía y solía ser incluso más extenso hace algunas décadas. En Dinamarca, el sector cooperativo surgió de una agitación en la sociedad agrícola a finales del siglo XIX mediante una lucha simultánea por la democracia y contra la propiedad privada de los tambos, las carnicerías y toda la cadena de producción agrícola, incluidos los mercados de productos de fertilizantes y pesticidas. Al mismo tiempo, se desarrollaron las cooperativas de consumo y, un poco más tarde, el movimiento obrero comenzó a establecer sus propias cooperativas.

Hoy en día, la propiedad cooperativa sigue teniendo vitalidad. La segunda cadena de supermercados de Dinamarca es propiedad de sus miembros y está gobernada por ellos. Los servicios públicos, como la electricidad, el agua y la calefacción, están dominados por cooperativas, y el 20% de las viviendas se gestionan de forma cooperativa. Incluso el sector financiero conserva elementos significativos de propiedad común.

Esto no significa que esas empresas representen el «socialismo puro». Funcionan dentro de un mercado y tienen que competir en términos capitalistas. En muchos casos, los miembros de las cooperativas han perdido influencia con el tiempo. Y el sector público no está gobernado por sus trabajadores ni mucho menos en la medida que desearíamos. Aun así, sigo pensando que hay algo cualitativamente diferente en estas empresas, porque hay un potencial democrático. Sus directivos no tienen que rendir cuentas a los capitalistas, sino a grupos de interés mucho más amplios: consumidores en el sector privado, ciudadanos en el sector público. Lógicas completamente diferentes pueden llegar a ser dominantes en estas empresas, y podemos explotar eso si las tratamos como un terreno de lucha. 

RMS: ¿Pero de qué sirve la propiedad cooperativa si se sigue compitiendo en un mercado capitalista? Los países nórdicos siempre han tenido economías muy dependientes de la exportación, por lo que han sido vulnerables en ese sentido. ¿Cómo ha triunfado este proyecto?

PD: Mientras el sector capitalista sea dominante, habrá presión sobre el sector democrático. Pero nuestra historia demuestra que el capital no siempre gana. La experiencia nórdica muestra que el sector democrático puede expandirse durante décadas a costa del capitalista. Recientemente, en el periodo neoliberal, hemos visto el movimiento contrario, en el que la propiedad capitalista se ha expandido, y nuestra sociedad se ha vuelto menos socialista. Pero mi punto es que este desarrollo puede ser revertido, y que podemos expandir el sector democrático a través de la democratización de la propiedad corporativa, expandiendo el sector público a nuevas áreas o haciendo retroceder la privatización.

Incluso en una sociedad con plena propiedad cooperativa, la competencia en el mercado limitará la democracia dentro de las empresas, especialmente si se está en un mercado global dominado por empresas capitalistas.

Podemos ver esto en el sector agrícola cooperativo de Dinamarca. Aquí, las cooperativas de propiedad de los agricultores siguen dominando, especialmente en el sector de los productos lácteos y los mataderos. Pero las operaciones de estas empresas no muestran consideraciones sociales muy impresionantes. No tratan muy bien a los empleados, tienen altas emisiones de CO2 y otros problemas medioambientales. Cuando estas empresas se comportan así, es por la presión competitiva internacional. Si estas empresas quieren tener éxito en los mercados internacionales, se ven obligadas a tomar todas estas decisiones socialmente perjudiciales.

Por tanto, la forma de propiedad no es suficiente. También tenemos que examinar la relación entre el mercado y la planificación. Y aquí necesitamos mucha más planificación en la economía. Esto significa establecer un marco político que garantice que la competencia entre empresas no conduzca a acciones socialmente perjudiciales. 

AMM: ¿Puedes dar un ejemplo concreto de cómo podría ser esa intervención económica planificada?

PD: La Ley del Clima danesa, de 2019, es un ejemplo bastante claro de un enfoque económico planificado. Se ha decidido que las emisiones deben reducirse en un 70% para 2030 y se ha creado un consejo independiente para supervisar si el gobierno —independientemente de su color político— cumple con los objetivos. Así, se fija un objetivo y después todos los sectores deberán ajustarse mediante políticas concretas.

Este modelo podría copiarse para hacer una ley de desigualdad, una ley de biodiversidad o una ley de igualdad de género. La idea sería establecer unos objetivos democráticos basados en procesos de deliberación amplios e inclusivos, y luego encontrar las mejores herramientas —ya sean planificadas o de mercado— para alcanzarlos.

Mi idea del socialismo camina sobre dos patas: la propiedad y la planificación global. Mientras tengamos una propiedad capitalista, encontraremos un poder oligárquico en manos de los capitalistas, un poder que pueden utilizar para resistir la planificación democrática. Pero cuando la propiedad se amplía y se democratiza gradualmente, este poder oligárquico se reduce. Por lo tanto, se hace gradualmente más fácil tomar decisiones democráticas sobre cómo estructurar la economía. 

RMS: Entonces, ¿por qué no un modelo basado puramente en la planificación? ¿Por qué mantener elementos de mercado en la construcción del socialismo?

PD: El problema de una economía de planificación centralizada, como demuestra la experiencia histórica, es que cuando las economías se volvieron más complejas, tuvieron problemas en términos de innovación y eficiencia. Una economía de planificación centralizada también supone una centralización del poder, que socava la autonomía de la clase trabajadora. El socialismo consiste precisamente en permitir que las personas tomen decisiones sobre las cuestiones que son pertinentes para sus vidas. Por lo tanto, soy escéptico respecto a un modelo como el Gosplan soviético, que planifica todo de forma centralizada hasta el más mínimo detalle. Creo que hay que desplegar mecanismos de mercado para garantizar la apropiación local. Pero debe estar circunscrito por una estricta planificación democrática. 

RMS: En Dinamarca, luego de la publicación de su libro, se le ha acusado de ser una especie de socialdemócrata. ¿Qué le dice a la gente que dice que lo que usted describe no es realmente socialismo?

PD: Me fascina el concepto de «socialismo funcional» desarrollado por los socialdemócratas suecos, y especialmente por Gunnar Adler Karlsson. La idea es que, al tiempo que se preserva la propiedad capitalista formal, se vacían sus funciones limitando el uso que los capitalistas pueden hacer de esa propiedad. Por ejemplo, si tenías una propiedad de alquiler en los años 70, eras formalmente dueño del edificio, pero se decidía políticamente cuánto podías cobrar de alquiler y cómo debían acondicionarse los apartamentos. Si tenías que derribar tu propiedad estaba determinado por una ley de planificación, y si la vendías estabas fuertemente gravado.

Por tanto, puede que tengas la propiedad, pero el poder práctico que esto conlleva está muy restringido. Karlsson lo comparó con la monarquía de los países nórdicos. Formalmente, los monarcas siguen siendo jefes de Estado, pero en la práctica no tienen ningún poder real. La idea era hacer lo mismo con los capitalistas.

Esta era la idea del proyecto socialdemócrata. Y tuvo bastante éxito durante muchas décadas. Pero cuando llegó la crisis en los años 70 y el sistema keynesiano entró en crisis, el hecho de que se hubiera permitido a los capitalistas conservar la propiedad de los medios de producción centrales resultó ser un problema existencial para la socialdemocracia. Esto significaba que podían lanzar rápidamente una ofensiva para hacer retroceder todas estas mejoras. Y esta es la situación en la que nos encontramos desde hace treinta años. Por eso soy escéptico respecto a la estrategia socialdemócrata. Como dijo el economista sueco Rudolf Meidner, mientras el capital conserve la propiedad, tiene una pistola en la cabeza de la clase obrera.

Esa es mi conclusión en el libro, por lo que rechazo enérgicamente la idea de que lo que estoy presentando es un plan reformista. Pero sí se trata de una estrategia gradualista, más que una estrategia revolucionaria clásica. Esto no significa que no haya rupturas y enfrentamientos durante ese proceso. No se trata de una evolución lenta hacia una nueva sociedad, como imaginó Eduard Bernstein, pues hay enormes privilegios en juego y el capital contraatacará. Pero es ilusorio pensar que la transición al socialismo tendrá lugar a través de una ruptura rápida. No creo que la experiencia que tenemos de la historia indique que ese sea un buen modelo. Los lugares donde se ha aplicado no han logrado realizar las sociedades igualitarias que los revolucionarios soñaban crear.

En las sociedades bien desarrolladas, como los países nórdicos, simplemente no hay un apoyo apreciable para saltar al terreno desconocido de un levantamiento revolucionario. Y, al mismo tiempo, una ruptura revolucionaria significará también una recesión económica, por lo que si queremos mantener la democracia —y eso es innegociable para mí— la cuestión es si seríamos capaces de mantener el poder en absoluto durante los diez o veinte años que duraría una transformación social. 

RMS: Usted es crítico con el enfoque tradicional de la izquierda sobre la nacionalización de la economía. ¿Cuál es su opinión al respecto?

PD: El problema es que la propiedad estatal es una forma distante e indirecta de organizar la propiedad. Hemos visto los resultados de esto en el antiguo bloque del Este. Cuando se reintrodujo el capitalismo, hubo relativamente pocas protestas en los países de Europa del Este. Si los trabajadores se hubieran sentido realmente dueños de sus empresas, no habría sido tan fácil privatizarlas todas.

Al mismo tiempo, la propiedad estatal en los países democráticos es vulnerable de diferentes maneras. Bajo el neoliberalismo, hemos visto que todo lo que se necesita es una derrota electoral y entonces un gobierno de derecha entrante puede vender todo lo construido durante décadas. Lo vimos con Margaret Thatcher en Gran Bretaña, donde había un sector empresarial de propiedad pública bastante amplio, que se vendió a los capitalistas en pocos años.

Si lo comparamos con Dinamarca, no es que no hayamos tenido gobiernos de derechas que hubieran querido ampliar la propiedad capitalista. Simplemente les ha costado más, debido a un modelo de propiedad más descentralizado. Ha habido intentos de privatizar infraestructuras, pero son propiedad de cooperativas, por lo que los políticos no pueden venderlas sin más.

Thatcher también vendió las viviendas públicas a través del programa de «derecho de compra»; también lo intentaron en Dinamarca, pero no pudieron hacerlo porque nuestras viviendas cooperativas son propiedad de los inquilinos a través de organizaciones sin fines de lucro. Así que, paradójicamente, fue la propiedad privada la que impidió que la vivienda y las infraestructuras se vendieran a las fuerzas del capital. Esto no significa que esté en contra de la propiedad pública. Básicamente creo que la propiedad pública debería ser mayor. Un sector como el financiero o el energético debería tener mucha más propiedad pública. 

AMM: En estos momentos, Dinamarca es conocida internacionalmente por su estricta política de inmigración, adoptada por los socialdemócratas en el poder. ¿Cómo se siente al formar parte de la mayoría parlamentaria que los mantiene en el poder?

PD: Es difícil y deprimente. Aunque Dinamarca tiene un fuerte legado de solidaridad, a una parte importante de la población le resulta muy difícil extender esta solidaridad a los refugiados e inmigrantes. Y las opiniones racistas son bastante comunes en parte de la ciudadanía. En esta situación, tenemos un partido socialdemócrata que se ha decidido firmemente por una línea dura e implacable sobre los refugiados y un discurso fuertemente polarizador sobre los inmigrantes que viven en Dinamarca.

No damos votos a esta política, y tratamos de combatirla y movilizarnos contra ella lo mejor que podemos. Pero hay una mayoría bastante grande detrás de ella en el parlamento, formada por los socialdemócratas junto con la derecha, y desgraciadamente también una mayoría bastante grande de la población.

Mi esperanza de solución pasa por un esfuerzo conjunto de organización política a largo plazo que demuestre que lo que importa son los antagonismos de clase y no la nacionalidad. La mejor manera de luchar contra el racismo es organizarse por encima de las divisiones étnicas. En el momento en que estás en el piquete con tus compañeros de Pakistán o Somalia, estás creando solidaridad. Solo si nos organizamos y luchamos en torno a las divisiones de clase podremos superar la división basada en la etnia y la raza. 

RMS: Mirando a otros países, los últimos años han traído la derrota de Sanders, [Jeremy] Corbyn, Podemos y ahora Die Linke. Si la izquierda está perdiendo en otros lugares, ¿por qué es diferente en los países nórdicos?

PD: La izquierda nórdica no está en condiciones de disputar a las socialdemocracias la posición hegemónica dentro de la centroizquierda. No estamos en una situación similar a la que Podemos, por ejemplo, parecía dirigirse hace unos años.

Pero sí tenemos la oportunidad de desafiar al neoliberalismo. Si miramos cómo se manejó la crisis de COVID, vemos un enfoque socialdemócrata clásico. Las pérdidas salariales se cubrieron en su totalidad, pagadas parcialmente por el Estado, siempre que las empresas se comprometieran a no despedir a los trabajadores. Esto representa una ruptura con la lógica neoliberal, y significa que ahora hay un mayor apoyo a las ideas socialistas: que el Estado debe desempeñar un papel directo en la economía, que necesitamos la seguridad social…

Durante la pandemia del COVID-19 ha quedado claro lo interdependientes que somos. Esto ha llevado a un mayor sentido de la solidaridad. Pero las raíces de este cambio se remontan más atrás, al menos a la crisis financiera de 2008, que supuso el fin de la fantasía del capitalismo como sistema libre de crisis. 

AMM. ¿Cómo puede entonces la izquierda nórdica evitar las trampas que atraparon a Sanders o a Podemos?

PD: La estrategia de izquierda populista que representó Podemos tiene algunos problemas intrínsecos. Puede llegar a nuevas partes del electorado presentándose como una ruptura con la «vieja política», pero no es una estrategia sostenible a largo plazo. Una vez que llevas diez años y entras en el gobierno local, te has convertido de facto en un partido «ordinario». Y entonces tienes que introducir algo más.

Pero no veo ninguna razón para deprimirse. Los intentos de Sanders, [Jeremy] Corbyn y otros de tomar el poder no tuvieron éxito. Pero creo que la izquierda de esos países debería estar orgullosa de lo que lograron. Tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido, una izquierda que estaba completamente marginada —mucho más que todo lo que hemos vivido en los países nórdicos— se abrió camino hacia el centro de la escena política. Cuando esto sucede una vez, puede volver a suceder. Y por ello debemos prepararnos.

Las experiencias de Corbyn, Sanders y Podemos me han servido de inmensa inspiración. Cuando se está tan cerca del poder, hay que pensar de forma práctica. Desde el final de la Guerra Fría, los socialistas han tendido a entablar discusiones abstractas en torno a conceptos esotéricos como Imperio de Michael Hardt y Toni Negri. Pero ahora nos hemos visto obligados a pensar en cómo daríamos los primeros pasos hacia el socialismo.

Esto ha desencadenado un proceso increíblemente creativo con nuevos grupos de reflexión, libros y debates. Hemos producido más programas de reforma en los últimos años que en las décadas anteriores. Por lo tanto, estamos mucho mejor preparados para la próxima vez que la oportunidad llame a la puerta. El socialismo ha pasado de ser una perspectiva lejana a una posibilidad realista.

 

Rune Møller Stahl es doctor en ciencias políticas por la Universidad de Copenhague y antiguo asesor político del Grupo Parlamentario de la Alianza Rojo-Verde. Andreas Møller Mulvad es doctor en ciencias políticas por la Universidad de Copenhague y actualmente trabaja como funcionario público.

 
Político y activista danés, exdiputado de Enhedslisten, el partido democrático-socialista de Dinamarca, entre 2015-2019. Autor de "Nordisk socialisme" (Gyldendal, 2021).
Fuente:
JacobinLat, 05/11/21 https://jacobinlat.com/2021/11/05/socialismo-no-es-solo-estatizar-tambien-es-redistribuir-el-poder/

domingo, 26 de septiembre de 2021

LOS CAMINOS Y LOS ATAJOS .Opinión (discutible)

Por Jorge Gómez Barata

Alrededor de 12 países del mundo son socialistas o avanzan en esa dirección sin haberse empeñado en “construir el socialismo”. Cuatro (Dinamarca, Islandia, Noruega y Suecia), son escandinavos, igual número de otras regiones europeas (Alemania, Austria y Suiza, Finlandia y Holanda) y dos (Australia y Nueva Zelanda) de Oceanía.

Estos países, ninguno de los cuales es ajeno a conflictos internos y externos, no son perfectos ni constituyen paradigmas, tienen en común el predominio de tendencias que combinan el liberalismo político y la economía de mercado, con idearios socialdemócratas de matriz marxista.

Todos han alcanzado altos niveles de desarrollo económico y social (renta alta), son democracias consolidadas y disfrutan de elevados estándares de paz social, lo cual atenúa las contradicciones y luchas de clases. También comparten la tolerancia política, el pluralismo cultural y la desideologización y en ellos la corrupción es mínima.

Aunque algunos integran alianzas militares y políticas, comparten tendencias pacifistas, ausencia de militarismo, y abstinencia nuclear y excepto en temas medioambientales, su protagonismo internacional es mínimo; con la excepción de Australia, raras veces se mezclan en conflictos y contiendas más allá de sus fronteras y el pragmatismo, la discreción y la moderación forman parte de sus estilos de vida. Entre sus gobernantes han figurado reputados estadistas, entre otros, Olof Palme, Willy Brand, Bruno Kreisky-
 
El estatus de estas naciones y sus proyecciones ofrece argumentos a la conclusión de que, como sugirió Marx, el socialismo es un estado social que se alcanza por vía del progreso general y no un régimen que se construye o implanta de modo voluntario. Marx dejó dicho: “Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, ni un ideal al que haya de sujetarse la realidad, sino el movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual…”

Es pertinente advertir que, aunque en sus tendencias de desarrollo están presentes rasgos socialistas, no todos los países desarrollados avanzan en esa dirección. El ejemplo más notorio son los Estados Unidos que parecen creados para desmentir a Karl Marx. El país más industrializado no tuvo nunca una clase obrera políticamente protagonista, no desarrolló un movimiento sindical presentable, nunca ha tenido un partido socialdemócrata y el movimiento comunista fue allí minúsculo e importado.

Tal vez por la rudeza del proceso de asentamiento de los primeros colonos, por haber sido colonia y practicado la esclavitud, el acendrado individualismo incorporado a su cultura los norteamericanos no han creado un estado de bienestar. A pesar de la religiosidad que los caracteriza, rechazan el asistencialismo del estado y no son benevolentes ante la pobreza. Muchos, en especial las élites, estiman que los pobres son perdedores que desaprovecharon oportunidades, criterio que trasladan más allá de sus fronteras.

Tal vez por estas y otras circunstancias la manera con que Franklin D. Roosevelt encaró la Gran Depresión y la crisis económica y social de los años treinta es un paradigma, como significativa es la prédica de Bernie Sanders respecto al “socialismo democrático”, basado sobre todo en sugerencias de innovaciones en la participación social del estado.

Los países nórdicos no son socialistas, pero están en el camino porque el organismo social, como los demás, crece y madura. La politización extrema, el culto a las tensiones sociales y a la violencia de clases, y la ideologización que lleva al solipsismo ideológico estorba más que ayudar. Los caminos no se hacen solos y los atajos pueden ser trampas.

Allá nos vemos.

26/09/2021

Publicado por el diario ¡Por esto! Al citarlo indicar la fuente

martes, 15 de junio de 2021

Las claves del virtuoso modelo nórdico. Comentario HHC

En un mundo convulsionado por enormes desigualdades económicas y de género, por el cambio climático y por niveles dramáticos de pobreza y violencia, el modelo de los países nórdicos es una referencia para pensar soluciones para superar esta crisis múltiple. Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Islandia ocupan los primeros puestos de todos los ránkings mundiales en materia de desarrollo y logros humanos y ambientales. ¿Cuáles son las claves de sus resultados exitosos?

Bernardo Kliksberg (*)


“El modelo nórdico” y comprende a Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Islandia.

El mundo se encuentra en medio de una revolución tecnológica inédita y enfrenta, al mismo tiempo, una crisis de extrema gravedad. Entre las principales causas se encuentran: la pandemia, que ha causado hasta hoy (1) más 104 millones de contagios y más de 2.2 millones de muertes; el cambio climático, que se está acelerando cada vez más; la pobreza, que se expresa en que el 50% de la población mundial gana menos de 5 dólares al día; los altísimos niveles de desigualdad, ya que el 1% más rico se aproxima a tener más que el 99% restante; la brecha de género, cuya superación, según el Foro Económico Mundial llevará, al ritmo actual, más de cien años y el crecimiento exponencial de las discriminaciones, el racismo y las xenofobias. ¿Es posible modificar estas tendencias que parecen ineluctables?

Siempre primeros

Hay un grupo de países que muestra que se pueden lograr resultados muy diferentes. Se lo denomina “el modelo nórdico” y comprende a Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Islandia. Estos países se hallan entre los diez primeros puestos de los ránkings internacionales más importantes de desarrollo y logros humanos y ambientales. Han reducido la pobreza y la desigualdad a cifras insignificantes. No son perfectos, pero su balance positivo es imponente.

Es llamativo que, pese a la necesidad imperiosa de tener ejemplos virtuosos, estos modelos tengan tan poca prensa. No debe ser casual: representan una alternativa al pensamiento único y a las “economías sin alma”, como las denomina el Papa Francisco.

Amartya Sen, premio Nobel de Economía, plantea que la esperanza de vida en general, y los años de vida saludable en particular, son parámetros centrales para saber si una economía es exitosa o no; allí se resumen muchísimas variables. Los nórdicos están entre los primeros en el mundo en esta dimensión decisiva.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) intentó crear una medición integral de la situación de los países en los aspectos más importantes. Con Amartya Sen a la cabeza, se diseñó el Informe de Desarrollo Humano, que se ha convertido en la tabla de referencia mundial para medir el progreso de las naciones. Preparado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), su primera edición apareció en 1990. Al ordenar a los países por múltiples indicadores, y no por el tradicional producto bruto per cápita, los posicionamientos usuales se transformaron. Noruega apareció en el primer puesto, y mostró que su desempeño no era coyuntural, sino que obedecía a razones estructurales. Este país ha seguido encabezando la tabla durante los siguientes treinta años y es, en su última edición, el primero en la lista. Otros países nórdicos también se encuentran en posiciones de liderazgo (Suecia es el octavo, Dinamarca el undécimo y Finlandia el duodécimo).

El Foro Económico Mundial creó en el 2020 una nueva tabla. El Índice Global de Movilidad Social es una categoría esencial para medir el progreso. La aspiración legítima de toda generación es superar el estatus socioeconómico de la anterior. Una sociedad saludable debe crear las condiciones para que esto suceda. El mal funcionamiento o el bloqueo de la movilidad social destruye seriamente la cohesión social y afecta agudamente a las generaciones más jóvenes. Para que haya movilidad, debe haber igualdad de oportunidades, no en eslóganes, sino en hechos.

La nueva tabla midió 82 economías y analizó factores como: atención sanitaria, educación, protección social, acceso a la tecnología, salarios justos, posibilidades de empleo y examinó en cada país cuántas generaciones se requiere para superar a las anteriores. Los primeros puestos los ocupan, en orden: Dinamarca, Noruega, Finlandia, Suecia e Islandia. Para dimensionar la superioridad de los nórdicos, basta considerar que Estados Unidos quedó en el puesto número 27, China en el 47 e India en el 75. La mayor economía de América Latina, Brasil, se encuentra en el puesto 60.

La influyente agencia financiera Bloomberg diseñó un ranking de naciones innovadoras. Para efectuar las evaluaciones se consideran factores como inversión en investigación y desarrollo, patentes, densidad de alta tecnología, fabricación de valor agregado. Tres países nórdicos se hallan entre los nueve primeros. Suecia es el quinto, Finlandia el séptimo y Dinamarca el octavo. Los tres superan a Estados Unidos, que está en la novena posición.

El estudio empresarial Robeco creó una tabla que ordena a los países según su sostenibilidad. Examinó 130 países en aspectos ambientales, sociales y en la calidad del gobierno corporativo. Nuevamente, los nórdicos se destacan. Noruega quedó primero, Suecia segundo, Finlandia tercero y Dinamarca cuarto.

¿Qué países son los más transparentes? Es conocido el liderazgo de los nórdicos en los difundidos ránkings de naciones con menos corrupción de Transparency International que actualmente toman tanto al sector público como al privado.

Una investigación internacional sobre transparencia organizada por The Wharton School, encuestó a 20 mil informantes de 36 países sobre sus percepciones. Los considerados más transparentes fueron Canadá, Noruega, Dinamarca y Suecia.

Michael Porter, reconocido pensador de la Universidad de Harvard, inició un esfuerzo internacional al que se suscribieron numerosos países para confeccionar y publicar un índice de progreso social. El índice pone en foco diversos factores de carácter social. Entre ellos: el grado de satisfacción de necesidades básicas, la situación sanitaria, las oportunidades, el acceso a información fidedigna, la relación con el medio ambiente. La medición comprende 163 países, donde viven 7.000 millones de personas. Los datos pre pandemia plantean interrogantes respecto a las condiciones de vida de vastos sectores, condiciones que empeoraron seriamente a causa de la pandemia. Los países nórdicos muestran un claro liderazgo en este campo, ocupando los cuatro primeros puestos y el octavo.

Otro dato mundial relevante es el Informe Mundial de Felicidad, preparado por la ONU, que comprende 156 países. Entre los parámetros con los que se mide la felicidad se hallan: años de vida saludables, libertad para tomar decisiones vitales, confianza, generosidad, ausencia de corrupción, buenos servicios públicos, gobiernos representativos, capacidad para evitar conflictos, preservación del medio ambiente y grado de igualdad. Otra vez los nórdicos resaltan en la tabla del 2019. Los países con “mayor felicidad” son: Finlandia, que alcanza un puntaje de 7.7 sobre un máximo posible de 10, seguido por Dinamarca, Noruega, Islandia, Holanda, Suiza, Suecia, Nueva Zelanda y Canadá. El primer latinoamericano es Costa Rica, que está en el puesto número 11.

El liderazgo mundial en dimensiones tan prioritarias como las descritas y otras como la baja criminalidad, la reducción al mínimo de la mortalidad infantil y materna, la cohesión social, las licencias por maternidad más extensas, entre otras, muestran que el modelo nórdico es un conjunto de proyectos colectivos sostenibles a largo plazo. Además, los planos citados se refuerzan los unos a los otros generando círculos virtuosos de Desarrollo Humano. ¿Cómo han logrado estos resultados?

Claves del éxito nórdico

En la base funciona un gran pacto económico social entre las políticas públicas, el empresariado, los sindicatos y los principales sectores de la sociedad civil sobre la construcción de un modelo de desarrollo que tiene un alto valor de equidad, uno de los ejes centrales. Los nórdicos tienen el coeficiente de Gini más bajo del mundo: alrededor del 0.25. El de América Latina es el doble.

A su vez, los países nórdicos son producto de vigorosas y eficientes políticas universales de atención temprana, coberturas gratuitas y avanzadas en salud y educación, protección social, apoyo firme a las cooperativas y a la pequeña y mediana empresa, acceso a las nuevas tecnologías y otras similares que “nivelan el piso” para todos.

Las políticas protectoras son financiadas con una presión fiscal elevada de carácter progresivo. Grandes sectores de la ciudadanía tienen una alta conciencia fiscal y apoyan la fiscalidad sabiendo que esta produce bienes públicos a gran escala que mejoran las oportunidades y la calidad de vida colectiva.

El mercado laboral también contribuye a mantener la equidad. Funciona en base a negociaciones colectivas. Las distancias de las remuneraciones entre la alta dirección y el resto de los empleados son de las más reducidas a nivel internacional. Asimismo, las empresas cuentan con un elevado nivel de participación del personal en la gestión, lo que contribuye a la moral de trabajo, la productividad y calidad.

Uno de los pilares del modelo es el avance en los derechos de la mujer. El Foro Económico Mundial considera, en sus informes anuales sobre la participación de la mujer en salud, educación, el área política y laboral, que son los países con mayores progresos. En los últimos once años Islandia se mantiene primero en el mundo entre aquellos países que han cerrado la brecha de género, en su caso en un 88%. Le siguen Noruega, Finlandia y Suecia. Cuatro de los cinco países están gobernados actualmente por mujeres. Son los países con mayor porcentaje de mujeres encabezando ministerios, parlamentos y consejos directivos de empresas.

La participación es masiva en la arena pública. La población es incentivada en términos educativos, pero también se favorece la transparencia de los medios. Reporteros Sin Fronteras las considera como las sociedades con mayor libertad de prensa del mundo.

Lo mismo en términos medioambientales, estos países han puesto un gran énfasis en la preservación. Están entre los pioneros en adoptar energías limpias y renovables y crecieron muy rápidamente en la producción de electricidad a base de energía eólica. Dinamarca es líder mundial en la materia –produce 2.7 kw por habitante–. La media de los grandes productores europeos como Alemania, Inglaterra, España y Francia es de 1.054 kw, mientras que la de los nórdicos es de 1.762 kw por habitante.

Un punto central de sus realizaciones son los valores culturales que han logrado cultivar, como la idea de igualdad, la responsabilidad por lo colectivo, el rechazo total a la corrupción, la solidaridad internacional (están entre los que más donan a países pobres, y eso implica más del 1% de su PIB) y la sobriedad en los altos cargos públicos, entre otros.

Erkki Tuomioja, ex ministro de Relaciones Exteriores de Finlandia, resume así la trayectoria del proyecto nórdico: “¿Cómo han hecho estos Estados benefactores para desafiar los juicios pronunciados hace más de veinte años según los cuales ya habían durado más tiempo de lo previsible y estaban maduros como para ser desmantelados? ¿No será que estos Estados generosos y con altos impuestos, con sus fuertes sindicatos y valores socialdemócratas pasados de moda han alcanzado su relativo éxito no a pesar de su Estado benefactor, sino a causa del mismo?”.

Una conclusión de conjunto

Los nórdicos practican una autocrítica constante y consideran que sus sociedades tienen muchos problemas por solucionar, pero son un ejemplo de que es posible derrotar la pobreza, enfrentar las desigualdades, tener un desarrollo económico y tecnológico pujante e incluir a todos. Sus logros han sido esenciales en la resiliencia que han mostrado frente a la pandemia. Cuatro de ellos están entre los diez países con menores contagios y víctimas. No se los puede copiar, pero sí son una fuente rica de experiencias sociales innovadoras y enseñanzas. En un continente ávido por soluciones, es necesario profundizar el debate sobre ellos.

1. Información consultada el 2 de febrero de 2021.

(*) Asesor especial de diversos organismos internacionales. Autor de numerosas obras de extendida difusión, entre ellas Primero la gente (Planeta, 2011), que escribió con el premio Nobel Amartya Sen. Profesor Honorario y Doctor Honoris Causa de numerosas Universidades de América Latina, Europa y Asia.

© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

Comentario HHC:  A no dudarlo estos son países capitalistas, pero sui generis, con gran vocación y resultados en lo social, y sustentados en bases sólidas de su  economía. Hay dos preguntas que siempre me hago 1- ¿ Qué sigue después para estos paises? 2- ¿No estaran más cerca del Socialismo que todos los paises que han intentado edificarlo?. Esto daría para un extenso debate.

Cuba no aparece en casi ninguna estadistica de las mencionadas, excepto en dos: 

a- En el informe del PNUD 2020 del Indice de Desarrollo Humano ocupa el lugar 70 entre 189 países de este mundo. ( Incluye Educación, Salud, y GNI percapita PPP). 

b- Indice Global de la Brecha de Género 2020 ocupamos el lugar 31 entre 153 naciones.

Son resultados importantes  en medio de la situación compleja que vivimos, mas no suficientes, después de 62 años de emprender la ruta de conquistar toda la justicia. 

domingo, 2 de diciembre de 2018

La megacumbre de líderes del mundo reúne a los poderosos pero no a los mejores

Representan el 85% del PBI del planeta. Sólo participan 3 de los 10 más destacados en desarrollo humano




Están presentes absolutamente todos máximos representantes de los diez países más poderosos del mundo, en términos de su aporte al PBI mundial (Julieta Ferrario)

Están presentes absolutamente todos máximos representantes de los diez países más poderosos del mundo, si por poder se entiende su Producto Bruto Interno: desde Donald Trump y Xi Jinping como mandatarios del número uno y dos del ránking, hasta Michel Temer y Justin Trudeau por Brasil y Canadá que ocupan el noveno y décimo lugar respectivamente, pasando por Shinzo Abe de Japón, Angela Merkel de Alemania, Theresa May del Reino Unido, Emmanuel Macron de Francia, Narendra Modi de India, y Giuseppe Conte de Italia, que respectivamente figuran en los puestos tres al ocho.

Y también participan los mandatarios de la mayoría de los siguientes 10 países que siguen en el ránking de potencias productivas. Está Moon Jae In de Corea del Sur que ostenta el undécimo lugar y Recep Erdogan de Turquía que figura en el puesto diecinueve.

Sólo dos de los diecinueve países miembros del G20 (el vigésimo es la Unión Europea) no forman parte del lote de las 20 principales potencias. Uno es la Argentina, que acaricia el ingreso a ese club desde la posición 21 en nivel del PBI, pero en términos del índice de desarrollo humano se ubica mucho más lejos, está en el puesto 47. El otro es Sudáfrica, que está lejos de acceder al top 20 ya que ocupa el escalón treinta y cuatro.

La Argentina acaricia el ingreso al Club del G20 en términos de PBI desde la posición 21, pero en términos del índice de desarrollo humano se ubica mucho más lejos, está en la 47

Pero así como no hay duda de que nuclea a las principales potencias, el G20 no puede arrogarse el privilegio de reunir a los mejores, si por mejores se entiende a los países de mayor bienestar y no a los que producen más.

De las varias maneras de medir el bienestar de un país, la más común y utilizada es el índice de Desarrollo Humano que elabora anualmente el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, y que además de tomar en cuenta el Producto Bruto per cápita (no el Producto Bruto global) considera el nivel de educación y de salud de los países.

Según el último ránking, siete de los diez mejores países no integran formalmente el G20. No está ni el primero ni el segundo, Noruega y Suiza, y tampoco Irlanda, Islandia, Suecia, Singapur y Holanda, que ocupan respectivamente los puestos 4,6,7,8 y 10. Casi todos están representados indirectamente como miembros de la Unión Europea, que es el vigésimo socio del G20.

Siete de los 10 mejores países no integran formalmente el G20. No está ni el primero ni el segundo, Noruega y Suiza, y tampoco Irlanda, Islandia, Suecia, Singapur y Holanda, que ocupan respectivamente los puestos 4,6,7,8 y décimo

Esta cumbre del G20 se desarrolla bajo el título "Un Futuro Equitativo y Sustentable". ¿No sería razonable, lógica y elemental, que para tomar decisiones sobre esos temas participen las potencias pero también los mejores?

Considerando que, al menos formalmente, la problemática de la equidad forma parte de la agenda, la formación de los mejores podría realizarse en base a un indicador de Desarrollo Humano algo más sofisticado, que además del Producto Bruto per cápita, la educación y la salud, incluye en la fórmula de medición la variable desigualdad.

La formación de los mejores podría realizarse en base a un indicador de Desarrollo Humano algo más sofisticado, que además del Producto Bruto per cápita, la educación y la salud, incluye en la fórmula de medición la variable desigualdad

En el top 10 de los países como mayor Indice de Desarrollo Humano corregido por desigualdad, también hay 7 que no están presentes en Buenos Aires en forma directa: Noruega, Holanda, Suiza, Dinamarca, Suecia, Irlanda y Finlandia.

El capitalismo y sus defectos

Desde hace muchos años el mundo está en una etapa donde el capitalismo no parece tener modelo alternativo, y da la impresión de que eso va a prolongarse por mucho tiempo más.

Pero el dominio casi absoluto de ese sistema y la falta de utopía alternativa no hace más que resaltar las enormes diferencias de los capitalismos realmente existentes, con combinaciones tan disímiles como la variante no democrática y de omnipresencia estatal china, las rémoras de los Estados de Bienestar europeos, el libremercadismo cada vez más excluyente de Estados Unidos, y el modelo nórdico o escandinavo, que a juzgar por el ranking de los mejores es el que más resultados está dando y el menos presente en Buenos Aires.

domingo, 28 de octubre de 2018

La verdad sobre las economías nórdicas. Comentario HHC


El Captor | 28 octubre, 2018 | Análisis Económico 



El reciente informe del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca sobre los males del socialismo ha generado un gran ridículo, y con razón. Se reduce a algo así como “¿Quieres Medicare -asistencia sanitaria universal- para todos; ancianos, jóvenes…? Vale, entonces ¿qué hay de las cosas terribles que sucedieron con Mao Zedong?” Vaya caricatura.


Sea como sea, uno de los temas tratados en el informe ha llegado incluso a suscitar el interés de los liberales, a saber, el funcionamiento de las economías nórdicas, que son vistas como modelos a seguir por los estadounidenses progresistas. El informe señala que el PIB real per cápita de estos países de la economía europea es inferior al de los EE. UU., lo que prueba el enorme coste que representan los países con estados de bienestar expansivos.

Pero, ¿es correcto realizar una valoración negativa de las economías nórdicas aludiendo a esta información? Eso no está del todo claro. El dato del PIB per cápita oculta dos puntos importantes. Primero, cualquier análisis de las personas de la parte inferior de la distribución de ingresos indica que en las sociedades nórdicas su situación es mucho mejor que en Estados Unidos. Es decir, hay mucha menos pobreza en Escandinavia, y como, además, su probabilidad de caer en el escalafón de menor renta es baja, el riesgo de padecer pobreza es más bajo en una proporción mucho mayor de la población.

Segundo, gran parte de su brecha en el PIB real representa una elección, no un coste. Los trabajadores nórdicos tienen muchas más vacaciones, mucho más tiempo para la familia y el ocio que sus homólogos en la denominada “nación sin vacaciones”, es decir, Estados Unidos.

Así que he pensado que podría ser útil reunir información acerca de la situación comparativa real entre las economías nórdicas y la de los EE. UU.

En primer lugar, los nórdicos han tomado decisiones realmente diferentes en lo que respecta a políticas públicas. Es cierto que no son “socialistas”, entendiendo esto como que el gobierno controla los medios de producción, pero son bastante socialdemócratas: como muestra el gráfico 1, tienen impuestos altos, que financian beneficios sociales mucho más generosos que los que hay en EE.UU. También tienen políticas sobre salarios, horas de trabajo, etc., que inclinan el equilibrio hacia los trabajadores en varias dimensiones.

Entonces, ¿cómo afectan estas decisiones políticas a los individuos? El gráfico 2, elaborado con la ayuda de mi colega del Centro Stone, Janet Gornick, muestra el contraste de los ingresos en los diferentes percentiles de la distribución de los ingresos entre los países de Dinamarca y Finlandia y el de EE. UU. (Se trata de ingresos familiares “equivalentes” ajustados por el tamaño del hogar. Desafortunadamente, por alguna extraña razón de tipo legal, el Centro LIS no tiene cifras recientes de Suecia, aunque probablemente se parezcan) Claramente, las economías nórdicas son mejores para las familias de bajos ingresos, aproximadamente en el 30% inferior de la población.


Pero aún quedan más peculiaridades por señalarse, porque estos datos no incluyen beneficios “en especie” como la atención médica y la educación. Todos los países nórdicos tienen atención médica universal, no solo de pago individual, sino en su mayoría de provisión directa por parte del gobierno (también conocida como “medicina socializada”). Esto contrasta con los Estados Unidos donde, especialmente antes de que entrara en vigor la Affordable Care Act, la carencia de cobertura sanitaria era algo común incluso para las familias con ingresos medios.

La educación nórdica también carece de la evidente desigualdad en calidad, tan característica del sistema estadounidense.

Y una vez que tienes en cuenta todo este conjunto de beneficios, es probable que al menos el 50% de la población nórdica ya esté materialmente mejor que su homóloga en EE. UU. Pero ¿qué pasa con la mitad superior?

Como señala el CEA, el PIB real per cápita es más bajo en los países nórdicos que en los Estados Unidos, y eso se refleja en la parte baja de la mitad superior de la distribución del ingreso. Pero vale la pena ver por qué el PIB es más bajo.

El cuadro 3 muestra la comparativa del PIB real per cápita en Dinamarca, Finlandia y Suecia con los EE. UU. Y las razones de esa diferencia. Resulta que una gran parte de la diferencia, en el caso de Dinamarca, más que en ningún otro caso, proviene de un menor número de horas trabajadas anualmente por trabajador. Esto “no” se produce por que haya población subempleada. En cambio, es una consecuencia de la política: todos los países nórdicos requieren que los empleadores otorguen a los trabajadores un mínimo de 25 días de vacaciones pagadas cada año, mientras que los Estados Unidos no conceden permiso alguno a sus trabajadores en este sentido.


Una vez que se tienen en cuenta las vacaciones, Dinamarca y Suecia tienen un aspecto estadístico comparable al desempeño de Estados Unidos. Finlandia se ve peor, pero esto es un caso especial: la economía finlandesa ha estado enferma durante varios años, no por el socialismo, sino porque sus dos principales exportaciones, Nokia y madera, se vieron muy afectadas por el cambio tecnológico, y la pertenencia al euro ha dificultado el ajuste.

La clave de las comparativas de bienestar reside en que si bien las familias nórdicas situadas en el percentil 60 de la distribución de ingresos tienen un poder adquisitivo más bajo que sus homólogos estadounidenses, también tienen mucho más tiempo libre y posiblemente un mejor equilibrio entre la vida laboral y familiar. ¿Están realmente peor? Se puede demostrar que, teniendo en cuenta todo lo comentado anteriormente, la mayoría de los ciudadanos nórdicos están mejor que los estadounidenses.

Y por lo visto, ellos también lo creen. La OCDE publica resultados de encuestas de “satisfacción con la vida”; todas las naciones nórdicas se ubican por encima de los EE. UU. Variables objetivas como la esperanza de vida y las tasas de mortalidad también son mucho mejores en Escandinavia.

La conclusión es que el PIB per cápita real no lo es todo, y que esta variable económica no ha de emplearse superfluamente para juzgar cómo funciona la socialdemocracia en Escandinavia.


Comentario HHC: Es interesante lo que se plantea, el modelo nórdico  que es capitalista y no socialista, y que también presenta algunas dificultades, son el ejemplo de países (¿ oasis ?) donde coexisten logros de alto nivel de vida, eficiencia económica y baja desigualdad social en su población. Siempre me pregunto ¿qué sobrevendrá después en su desarrollo para estos países?   ¿Será esto un ejemplo para Cuba , ya que gastamos en lo social, también, un por cierto relevante de nuestro PIB? ¿Por qué la desigualdad en Cuba,  a pesar de la voluntad expresa del gobierno revolucionario por disminuirla, es aparentemente mayor ( Coeficiente GINI 0.40 la ultima vez que se informó) que las del modelo nórdico ? ¿ Es la propiedad mixta, en el mundo que vivimos, mas eficiente que la de todo el pueblo? ¿Será el modelo nórdico una vía para alcanzar el Socialismo ?. Estas son preguntas entre muchas otras, que debemos plantearnos, y hacer un análisis concienzudo de la realidad en esos países y qué puede resultar válido para nuestro proyecto de nación socialista.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Trabajar al estilo danés

La cultura danesa es muy diferente de la española, aunque solo nos separen 2.000 kilómetros.

 Nuestra comida es muy diferente a la de ellos, para el almuerzo solo comen pan con algo encima. Los horarios son radicalmente diferentes, los horarios laborales empiezan a las 7/8 de la mañana y a las 4 de la tarde ya has salido de la oficina. Al igual que las tiendas, que abren a las 10 de la mañana y cierran a las 5 de la tarde, sin pausa, pero sin prisa.

El año escolar empieza a mediados de agosto y termina a finales de junio. A los 14 años ya puedes trabajar, pero solo unas cuantas horas a la semana, y la edad de jubilación es a los 65 años.

Pero, además, su forma de trabajar y el ambiente laboral es bastante diferente al español. Las generalizaciones no son buenas, porque siempre se dejan todo tipo de casos en el tintero. En cambio, sí que se pueden establecer grandes tendencias, estilos, formas culturales de ver y sentir los negocios que definen casi a un país. Yo trabajo para una empresa danesa, conozco a muchas empresas de este país y mi relación con el tejido empresarial danés es amplio. Dentro de esta generalización, hay algunas cosas que parecen imponerse y arraigarse con fuerza en Dinamarca y que me gustaría resaltar con algunos ejemplos.

No hay jefes, hay líderes

Evidentemente, cada profesional tiene su cargo, pero no por ello tiene más poder que otro trabajador. El encargado de un departamento es quien guía y orienta para llevar a cabo una tarea, pero no manda ni decide él solo qué hacer. El trabajo tiende a ser muy cooperativo y lo normal es que te pidan tu opinión sobre cómo resolver algo o para verlo desde tu perspectiva.

No hay individualismo, se trabaja en equipo

Todo se lleva a cabo a través del equipo, no hay competencia entre trabajadores porque todos caminan y trabajan para un bien común de la empresa. No todos pueden ser buenos en todo, así que aprovechan las mejores cualidades de cada uno para formar un equipo potente.

Los valores y la cultura empresarial son muy importantes

Desde el primer momento se dejan muy claros los valores de la empresa, cuál es su fin y sus objetivos. Los valores son la bandera que hondean para justificar su razón de ser, y todos los trabajadores los comparten. En una empresa danesa es necesario dar tu opinión, aportar y querer que esa empresa cumpla sus objetivos.

No hay puertas, solo espacios grandes y abiertos

Para que se respire un clima relajado y tranquilo no existen puertas ni paredes, que podrían ser las fronteras entre un encargado y los trabajadores. Esto no existe, todos están sentados en la misma sala y es muy difícil saber quién es el propietario de la empresa si miramos en la oficina.

Gracias a este espacio abierto la comunicación es mucho más buena y también la relación entre trabajadores.

Algo muy típico en Dinamarca es hacer fiestas después del trabajo, organizar una barbacoa para los trabajadores, o formar equipos para competir al futbol o en carreras. Todo sea para construir un gran equipo.

¿Tenemos algo que aprender?

Autor: Adriana Vázquez Farràs, Marketing Manager en una tienda de accesorios para hombres danesa y escritora de este blog.

lunes, 19 de septiembre de 2016

El uso de los Recursos Naturales para el Desarrollo y el Crecimiento Económico Sustentable: el camino de Noruega

Por Merethe Nergaard 

La experiencia de Noruega

Agradezco la invitación que me han hecho para hablar de las experiencias noruegas en el ámbito de los hidrocarburos. Para ello considero importante hablar tanto de la historia como de los retos que hemos tenido que enfrentar para asegurar que las actividades extractivas sean benéficas tanto para el país como para toda su población.

En 1958 los servicios geológicos de Noruega habían dicho que podíamos olvidarnos de la posibilidad de encontrar petróleo en nuestra plataforma continental. Sin embargo, en 1970 encontramos el pozo Ekofisk, lo que dio origen a la explotación de petróleo a gran escala en nuestro país. Hasta la fecha, Ekofisk sigue siendo un pozo productivo y en los años que han transcurrido desde el inicio de la actividad petrolera, la producción ha llegado a alcanzar hasta 3.4 millones de barriles de petróleo diarios en 2007. En la actualidad, la producción ha bajado a 1.8 millones de barriles, aunque cabe señalar que nuestra producción de gas es ahora tan importante como la de petróleo.

En muchos países del mundo, el hallazgo de grandes reservas de recursos naturales ha derivado en efectos no deseados para el crecimiento de la economía y el desarrollo. Se ha observado históricamente una tendencia de los países con recursos abundantes a crecer más lentamente que otros. Esto se debe a muchas razones, tales como un movimiento excesivo de capitales y mano de obra de otros sectores productivos para la explotación de los recursos naturales, así como a prácticas de soborno y corrupción. Distintos países se han enfrentado al “calentamiento” de la economía, inflación, apreciación de la moneda y al abandono de otros sectores productivos, lo que lleva a la pérdida permanente de capacidad y progreso tecnológico.

La experiencia de Noruega en la explotación de hidrocarburos parece sugerir que hemos evitado estos males. Hacia 1970, nuestros vecinos Dinamarca y Suecia nos aventajaban en PIB per cápita, pero logramos superarlos en la década de 1990. En comparación con el dólar, la moneda nacional en general se ha depreciado y no apreciado en el período 1971-2011. En comparación con los países miembros de la OCDE hemos tenido mejores resultados en términos de inflación y, definitivamente, se evitó una inflación galopante.

La pregunta es entonces: ¿Cómo logramos esto?

Noruega contaba con algunas condiciones iniciales favorables. En cuanto a recursos humanos teníamos ya un alto nivel de educación, además de una distribución del ingreso equitativa, que fue importante por ejemplo al hacer relativamente baratos a nuestros ingenieros y otra mano de obra altamente calificada que fue requerida. Igualmente al ser un país con una tradicional y fuerte vocación marítima, habíamos desarrollado una sólida industria naval, que se aprovechó posteriormente para la explotación de yacimientos en el lecho marino.

El camino emprendido puede ser mejor explicado haciendo referencia brevemente a los llamados 10 mandamientos del petróleo que fueron adoptados por el Parlamento noruego en 1971. Estos principios se han mantenido desde entonces como la base de la política petrolera en el país. Los puntos clave son:

• Supervisión y control nacional
• Garantizar la máxima independencia del país en abastecimiento de petróleo crudo
• Desarrollar nuevas actividades de negocio basadas en el petróleo
• Tener en consideración la actividad comercial existente, la protección de la naturaleza y el medio ambiente
• Permitir solamente la quema de gas por motivos medioambientales en períodos de prueba limitados
• Buscar que, como regla general, el petróleo de la plataforma continental noruega llegue a territorio noruego
• Garantizar la participación del Estado en todos los niveles razonables, coordinando los intereses nacionales y de la industria
• Establecer una empresa petrolera estatal
• Adoptar un plan de actividades para las zonas en el norte
• Considerar que los descubrimientos petroleros noruegos podrían presentar nuevas tareas para la política exterior de Noruega

¿Cómo se tradujo esto en políticas concretas?

Algunos de los países que inician la explotación de sus recursos naturales se concentran fuertemente en agregar valor a sus materias primas antes de su exportación, o lo que se conoce como “downstream”.

Esto fue, por supuesto, también una preocupación y hasta cierto punto una práctica más o menos exitosa en Noruega. Es decir, añadir valor económico al petróleo crudo y no venderlo únicamente como materia prima. Sin embargo, la experiencia en Noruega ha mostrado que lejos de concentrarse únicamente en downstream, hubo una intención de profundizar en el dominio tecnológico del upstream. Así, Noruega anheló ser líder en las prácticas más sofisticadas para encontrar y explotar los yacimientos más complejos, y no concentrarse únicamente en tratar de añadirle valor por la vía de su industrialización. La misma actividad de exploración y explotación de los hidrocarburos -upstream en la cadena de valor- ha representado para Noruega uno de los bastiones más importantes para consolidarse como un referente en áreas como por ejemplo, eficiencia energética, desarrollo de campos en aguas profundas y superprofundas.

Esto ha llevado a la industria y en particular a los productores de bienes intermedios y de capital a formar una industria de clase mundial con habilidades especiales en la perforación, y el desarrollo de campos  en aguas profundas y bajo condiciones climáticas extremas. Hoy se puede hablar de que Noruega ha desarrollado un nicho de mercado, en exploración y explotación en aguas profundas.

Sin embargo, esto no llegó automáticamente. Al principio hubo por supuesto considerables importaciones de conocimientos. Por ejemplo, expertos provenientes de los Estados Unidos se hicieron cargo de las plataformas petroleras en un inicio, pero con el paso del tiempo logramos reemplazarlos o complementarlos con expertos noruegos.

También utilizamos medidas regulatorias para asegurar que las empresas noruegas fueran incluidas para proveer de capital y productos intermedios a la industria. Así es como el contenido local de la industria petrolera en Noruega a veces superó el 70%. De igual forma, se estableció que al menos 50% de la investigación y el desarrollo deberían ser realizados por instituciones noruegas (las reglas que utilizamos en aquél entonces ya han sido superadas por las normatividades de la OCDE y la OMC).

En el ámbito de la política de ingresos, subyacía un  peligro: que los elevados beneficios de la industria influyeran a la alza los sueldos y salarios, en particular durante períodos de escasez de mano de obra calificada.

Noruega ya tenía - con base en su "ADN" igualitario - una manera de manejar esto a través de un sistema de negociación centralizado, sustentado en los buenos vínculos entre el gobierno y los sindicatos. Durante mucho tiempo había habido coordinación entre el Estado, los sindicatos y empleadores a través de un "Comité de contacto" permanente. Teníamos desde 1967 el "Comité Técnico de Ajuste de Ingresos", que expuso los datos y análisis económicos necesarios en los procesos de negociación.

En relación con el pago de impuestos, el sector del petróleo es la principal fuente de ingresos para el Estado noruego (actualmente alrededor de una cuarta parte del total del presupuesto). Algunos ajustes hechos con el tiempo han llevado a que en la actualidad, la tasa impositiva sea de 78% sobre las ganancias (compuesto por la suma de 28% de impuestos como el resto de las empresas en el país, más un impuesto especial para actividades de petróleo y gas de 50%).

Un pilar importante del sistema noruego de exploración y explotación de petróleo y gas es la propiedad estatal. Ésta es ejercida a través de la propiedad del 67% de la empresa estatal Statoil y la instancia denominada el Interés Financiero Directo del Estado (SDFI), que posee (para el gobierno) las acciones de varias empresas extranjeras y noruegas.

Detrás del establecimiento de Statoil se encuentra el acuerdo histórico de todas las fuerzas políticas de que el Estado debe jugar un papel crucial tanto en el desarrollo de la energía hidroeléctrica como en la industrialización basada en el petróleo.

Statoil fue fundada como una sociedad anónima cuya propiedad pertenecía 100% al Gobierno de Noruega en el año 1972. La compañía se encuentra bajo estrecho escrutinio por parte del gobierno y debe presentar un informe anual al Parlamento.

En el año 2001 la Statoil se privatizó parcialmente y se convirtió en una sociedad anónima que cotiza en las Bolsas de Valores de Oslo y de Nueva York. La cuota de la propiedad estatal se ha reducido con el tiempo y actualmente es de 67%.

Por otro lado, la instancia denominada Interés Financiero Directo del Estado (SDFI) fue creada en 1985 y es propiedad directa del gobierno, aunque fue administrada en un principio por Statoil. Cuando Statoil fue privatizada parcialmente en 2001, fue creada una nueva empresa de gestión de la propiedad estatal llamada Petoro para administrar SDFI.

Un componente muy importante de la arquitectura de la gestión financiera del Estado ha sido el Fondo estatal de pensiones global. Ha despertado interés internacionalmente y muchos de los países que administran ingresos provenientes de la explotación de sus recursos han intentado emularlo. El Fondo no es para pensiones en el sentido tradicional del término. Los objetivos del Fondo estatal de pensiones global se expresan como sigue por el gobierno noruego:

La función del Fondo Estatal de Pensiones Global es prestar apoyo en el ahorro para financiar el gasto público en pensiones y asegurar las consideraciones a largo plazo en el uso de los ingresos derivados del petróleo. Una administración segura y a largo plazo del fondo ayuda a garantizar que la riqueza petrolera beneficie a las generaciones actuales y futuras.

El Fondo es un instrumento de ahorro general. El Fondo no tiene obligaciones claramente definidas en el futuro. El objetivo de la inversión es maximizar el poder de compra del capital del fondo en un nivel moderado de riesgo. Una inversión responsable sustenta esta práctica.

El fondo fue establecido en 1990, mucho después de que comenzaran a fluir los considerables ingresos petroleros para el estado. El objetivo era controlar el flujo de recursos que ingresaban en la economía. Surgió entonces la idea de crear un fondo soberano. Desde el año 2006 el fondo ha sido llamado el Fondo Estatal de Pensiones – Global. El primer depósito neto del fondo se produjo hasta 1996.

El Ministerio de Finanzas es responsable de la gestión del fondo y ha delegado la responsabilidad de la gestión operativa al Banco Central noruego por conducto del Norges Bank Investment Management - NBIM), quien también gestiona la cartera de inversiones de las reservas de divisas.

A nivel macro, el aspecto más importante de toda la arquitectura para el manejo de los ingresos del petróleo es la regla fiscal que maneja el flujo de recursos del fondo hacia el presupuesto del gobierno. La regla es que el déficit estructural presupuestario del Gobierno debe corresponder al rendimiento real previsto para el Fondo, estimado en 4 por ciento.

Esto equivale a una forma de aislar el gasto de las fluctuaciones de los ingresos petroleros y ajustar los ingresos del petróleo en el presupuesto estatal a medida que crece el fondo. El fondo tiene actualmente un valor aproximado de USD 750 mil millones (el mayor fondo del mundo en la actualidad).

El Fondo ha invertido en más de 7000 compañías en 70 países. En México ha invertido aproximadamente 1850 millones de dólares en acciones de 50 empresas. Gracias a estas inversiones, poseemos una pequeña parte de la capacidad productiva global. En promedio, el Fondo posee 1.3 por ciento de las acciones registradas en el mundo.

El propósito del Fondo es maximizar el rendimiento real en el largo plazo. Sin embargo, el hecho de que el Fondo sea un inversionista financiero no quiere decir que no tomemos en consideración aspectos éticos.

Es el Ministerio de Finanzas quien, previa recomendación del Consejo de Ética, decide si una compañía debe ser excluida o puesta bajo observación. El Consejo de Ética es responsable de supervisar la cartera de inversión con el propósito de identificar compañías que deberían ser excluidas. Esta forma de actuar ha sido parte de la estrategia del Fondo desde que los lineamientos éticos fueron establecidos en 2004. Esta es la herramienta más visible y ha sido igualmente el instrumento que mayor atención ha tenido en el debate público. La mayoría de las empresas que han sido excluidas hasta ahora lo han sido debido a lo que producen, como ciertos tipos de armas –como armas nucleares y bombas de racimo- o tabaco, pero también es posible excluir compañías por mostrar un comportamiento poco ético.

Por último quisiera hacer un apunte acerca de la transparencia. En este sentido la iniciativa EITI (
por sus siglas en inglés significa la Iniciativa de Transparencia para las Industrias Extractivas) puede ser una herramienta útil.

EITI nació en 2002 para buscar que la población de los países con recursos abundantes puedan beneficiarse de la riqueza generada por ese sector. Se trata de un estándar para garantizar la transparencia y la buena gestión de los recursos naturales y tiene su Secretariado internacional en Oslo. Hasta el momento 23 países han puesto en marcha estos estándares, y Noruega ha sido el único que lo ha hecho entre los miembros de la OCDE.

La puesta en marcha de EITI comprende dos componentes principales:

-       Transparencia: las compañías de petróleo, gas y minería revelan los pagos que han hecho al gobierno, y el gobierno revela sus recibos. Los datos se cotejan y se publican en reportes anuales, junto con información del sector extractivo.
-       Contabilidad: se establece un grupo conformado por gobierno, empresas y sociedad civil para supervisar el proceso y comunicar los resultados del reporte EITI.

Este verano EITI realizó una visita exploratoria a México, en la que se reunieron con líderes políticos para valorar el posible interés por unirse al grupo. Sus impresiones fueron muy positivas, lo cual podría indicar que México se encuentra listo para seguir los pasos necesarios para formar parte de EITI.


Posiblemente signifique el inicio de un mayor intercambio de experiencias y conocimientos entre México y Noruega en materia petrolera. Esperamos que así sea.