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sábado, 24 de septiembre de 2022

¿Cómo hizo Occidente para envenenar su dinero?

Sep 21, 2022 YANIS VAROUFAKIS


ATENAS – El capitalismo conquistó al mundo a fuerza de convertir casi todo lo que tuviera valor, pero no precio, en productos básicos. Clavó así una aguda cuña entre los valores y los precios... e hizo lo mismo con el dinero. El valor de intercambio del dinero siempre reflejó la voluntad de la gente para entregar cosas valiosas a cambio de él. Pero con el capitalismo, y una vez que el cristianismo aceptó la idea de cobrar por los préstamos, el dinero también adquirió un precio de mercado: la tasa de interés, o el precio de prestar una pila de efectivo por cierto tiempo.

Después del derrumbe financiero de 2008 —y especialmente durante la pandemia— ocurrió algo extraño: el dinero mantuvo su valor de cambio (que la inflación reduce), pero su precio se vino abajo y llegó a ser negativo en muchas ocasiones. Los políticos y funcionarios de los bancos centrales habían envenenado sin querer a la «capacidad alienada de la humanidad» (la poética definición que Carlos Marx dio del dinero). El veneno que administraron fue la política post-2008, en Europa y Estados Unidos, de austeridad dura para la mayoría, para financiar el socialismo de unos pocos.

La austeridad redujo el gasto público precisamente cuando el privado se venía a pique, acelerando la caída del gasto total —que, por definición, es el ingreso nacional—. Con el capitalismo solo las grandes empresas pueden tomar los grandes créditos que los prestamistas —en su mayor parte, gente rica con muchos ahorros— están dispuestos a ofrecer. Por eso el precio del dinero se desplomó después de 2008: se agotó su demanda porque las grandes empresas cancelaron las inversiones ante los catastróficos efectos de la austeridad sobre la demanda, aun cuando la oferta de dinero (para ellas) crecía con fuerza.

Como ocurre con las papas acopiadas que nadie quiere comprar al precio vigente, el precio del dinero —la tasa de interés— cae cuando su demanda queda por debajo de la cantidad disponible para los préstamos. Pero hay aquí una diferencia fundamental: aunque la rápida caída del precio de las papas soluciona rápidamente el problema del exceso de oferta, con el dinero ocurre lo opuesto. En vez de regocijarse por la posibilidad de tomar créditos más baratos los inversores piensan: «El Banco Central debe considerar que las cosas están mal si deja que las tasas de interés caigan tanto. No invertiremos aunque nos den el dinero gratis». Las inversiones no se recuperaron incluso después de que los bancos centrales redujeron bruscamente el precio oficial del dinero, que siguió cayendo hasta llegar al territorio negativo.

Fue una situación extraña. Los precios negativos tienen sentido para los males, no para los bienes. Cuando una fábrica procura eliminar residuos tóxicos, cobra un precio negativo por ello: quienes la dirigen le pagan a alguien para que lo haga. Pero cuando los bancos centrales empiezan a tratar al dinero como los fabricantes de autos al ácido sulfúrico, o las estaciones de energía nuclear al agua residual radioactiva, nos damos cuenta de que algo está podrido en el reino del capitalismo financierizado.

Algunos analistas esperan ahora que el dinero occidental se purifique en las llamas de la inflación y las subas de las tasas de interés, pero la inflación no expulsará al veneno del sistema monetario occidental. Después de más de una década de adicción al dinero envenenado no surgió ningún método obvio para la desintoxicación. La inflación actual es muy diferente de la que enfrentó Occidente en la década de 1970 y principios de los 80. Esta vez amenaza al trabajo, al capital y a los gobiernos en formas de las que era incapaz 50 años atrás. En ese entonces, el trabajo estaba lo suficientemente organizado como para exigir subas salariales y evitar una crisis por el costo de vida, y ni los estados ni las empresas privadas dependían del dinero gratuito para seguir adelante. Hoy no existe una tasa de interés óptima para llevar nuevamente a la oferta y la demanda monetarias al equilibrio que no vaya a desatar una ola gigantesca de bancarrotas privadas y públicas. Ese es el precio a largo plazo del dinero envenenado.

El gobierno de EE. UU. enfrenta el dilema imposible entre limitar la inflación local y obligar a las corporaciones de su país y a muchos gobiernos amigos a sufrir una crisis de solvencia que amenazará la propia estabilidad estadounidense. Las cosas están mucho peor en la zona del euro, donde los responsables de las políticas se negaron a implementar lo obvio cuando cayeron los bancos europeos después de 2008: establecer la base adecuada para la federación: una unión fiscal. En lugar de eso permitieron que el Banco Central Europeo hiciera «todo lo necesario» para salvar al euro. Solo envenenando su propia moneda el BCE podía mantener a flote al show del euro. Actualmente el BCE posee enormes cantidades de deuda italiana, española, francesa y hasta griega que ya no puede justificar como medio para alcanzar su meta inflacionaria, pero a la que no puede renunciar sin poner en duda la existencia del euro.

Mientras ponderamos el acertijo sin solución que enfrentan Europa y EE. UU., tal vez sea un buen momento para pensar en el motivo más profundo por el que se puede envenenar al dinero (que no es lo mismo que su degradación por la inflación). Un buen punto de partida es una idea que podemos pedir prestada a Albert Einstein: solo podemos entender a la luz si aceptamos que tiene dos comportamientos diferentes, el de las partículas y el de las ondas.

El dinero también tiene una doble naturaleza. La primera es la de un producto básico que intercambiamos por otros, eso nunca podrá explicar por qué el dinero puede tener un precio negativo. Pero la segunda, sí. El dinero, como el idioma, es un reflejo de nuestras interrelaciones y tecnologías. Refleja la manera en que transformamos la materia y damos forma al mundo a nuestro alrededor. Cuantifica nuestra «capacidad alienada» para actuar de manera colectiva. Cuando reconocemos la segunda naturaleza del dinero, todo empieza a adquirir mucho más sentido.

El socialismo para los banqueros y la austeridad para la mayoría de los demás coartó al dinamismo capitalista y lo dejó en un estado de estancamiento dorado. El dinero envenenado fluyó a cántaros, pero no hacia las inversiones serias, los buenos empleos ni algo capaz de revivir al desaparecido espíritu animal capitalista. Y ahora que nos ronda el fantasma de la inflación, ninguna política monetaria puede purificarlo, recuperar el equilibrio u orientar las inversiones hacia donde la humanidad las necesita.

Traducción al español por Ant-Translation


YANIS VAROUFAKIS, a former finance minister of Greece, is leader of the MeRA25 party and Professor of Economics at the University of Athens.

lunes, 17 de agosto de 2020

De Bretton Woods a la COVID-19, ¿por qué EE.UU. controla las finanzas internacionales?

Por: Reinaldo Taladrid Herrero, 17 de agosto, Cubadebate.
Este año para poder financiar parte de los gastos de la pandemia, la Reserva recompró una cantidad significativa de bonos para financiar los gastos. Imagen ilustrativa
: Gettyimages.ru
La semana pasada en la TV comenté dos noticias que habían pasado casi inadvertidas en los grandes flujos informativos. A esto me refería:
“En una carta a los inversores publicada el 29 de julio, el CEO de Pantera Capital, Dan Morehead, indicó que:
´Los Estados Unidos han impreso una cantidad impresionante de dinero para combatir la crisis financiera inducida por la pandemiaLos Estados Unidos imprimieron más dinero en junio que en los dos primeros siglos después de su fundación´.
“Como dijo recientemente el presidente de la Reserva Federal de Minneapolis, Neel Kashkari, en una entrevista con los medios de comunicación, hay una “cantidad infinita de dinero en efectivo“. Ciertamente, la Reserva Federal está demostrando esa verdad al imprimir más moneda en números récord”.
“En la última semana, el balance de la Reserva Federal aumentó en 586 100 millones de dólares, llevando el total a un récord de 5,24 trillones de dólares. Esto significa alrededor de 84 mil millones de dólares por día y 60 millones por minuto”.
“Como informó BeInCrypto en febrero, la Reserva Federal ha duplicado la oferta monetaria del dólar desde 2008. Ahora, este número ha explotado aún más hasta alcanzar niveles récord”. (Anton Lucian, The Trust Project)
Al respecto recordé lo que había entendido de cosas que había leído sobre el tema en el pasado:
En 1971 durante la muy costosa Guerra de Vietnam el Presidente Nixon, se dice que para evitar subir los impuestos que financiarían la guerra, decidió eliminar la convertibilidad del dólar con el oro. O, traducido al lenguaje de no especialistas como yo, decidió que a partir de ese momento EE.UU. podía imprimir billetes de dólar sin que estos tuvieran que tener un respaldo en oro o de otro tipo.
Por lo anterior decidí recurrir a un prestigioso economista y preguntarle. Veamos qué me respondió el Dr. José Luis Rodríguez, asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM).
  1. ¿Esto fue y sigue siendo así?
Al eliminar la convertibilidad en oro del USD en 1971, el gobierno rompió el sistema monetario internacional que fue creado en la conferencia del Bretton Woods de 1944 y que sentó las bases del dólar como el elemento clave del sistema monetario internacional.
Esto no fue casual, ya que EE.UU. emergió de la II GM con una estructura productiva intacta y superior a Europa.
Esta coyuntura le ha otorgado desde hace 49 años facultades al Tesoro de EE.UU. para buscar recursos por la vía de impresión de bonos y emitir medios de pago sin límite para resolver sus necesidades de liquidez y para que la economía mundial centrada en el dólar siga funcionando de acuerdo a sus intereses.
Es necesario recordar que alrededor de un 65% de todas las operaciones de compra-venta en el mundo se realizan en dólares de EE.UU.
Es decir, según explica Rodríguez, Estados Unidos imprime los billetes y emite los bonos, un papel que un país o empresario compra, y le da ese dinero al gobierno de Estados Unidos a cambio de que este sea devuelto con un interés. De este modo, se convierte en una fuente de ingreso que respalda imprimir más billetes.
  1. ¿Lo pueden hacer otros países?
Otros países no pueden hacerlo pues sus monedas no tienen el poder de compra que mantiene el USD de Estados Unidos.
  1. Si no lo pueden hacer, ¿por qué EE.UU. sí y otros no?
Una moneda refleja directamente el poder económico y militar del país que la emite. El billete es, en definitiva, un medio que refleja la confianza en quien lo emite. Por eso se llama dinero fiduciario, porque tiene que ver con la fe en la persona o institución del que emite el dinero. Por tanto, no es lo mismo la confianza en el poderío norteamericano que en un país subdesarrollado.
Hay países que han decidido hacerlo con cierta arbitrariedad. Hungría, por ejemplo, lo hizo después de la caída de la URSS. Pero fracasó porque nadie le reconoce a Hungría el poderío que tiene una moneda dura.
Así hoy hay monedas que cuentan con fuerte respaldo internacionalmente: el USD, el euro, el yen y de forma creciente el yuan chino.
  1. ¿Cómo funciona hoy?
Esto sintéticamente funciona de la forma siguiente:
  • La Reserva Federal (Banco Central de EE.UU.) emite Bonos del Tesoro que se venden para respaldar su moneda. El bono es un título de renta fija que refleja una deuda emitida por el Gobierno con un vencimiento desde tres meses hasta 30 años, para financiar el déficit del Estado. Forma parte de las emisiones del Tesoro Público de un país para respaldar sus operaciones financieras.
En el mercado financiero estos bonos se consideran un activo fuerte o de alta calidad a pesar de que tienen rendimientos más bien bajos.
  • La deuda pública norteamericana está en torno a los 21 billones (millones de millones de USD). De ello 4.25 billones han sido bonos recomprados por la Reserva Federal y 4.10 billones está en manos de extranjeros. De estos los mayores acreedores son Japón con 1.26 billones y China con 1.08 billones según datos más recientes (primer semestre de 2020).
Mediante este mecanismo la Reserva vende o compra bonos para mantener el poder de compra del dólar según las circunstancias. Este año para poder financiar parte de los gastos de la pandemia, la Reserva recompró una cantidad significativa de bonos para financiar esos gastos.

Gráfico con los tenedores de bonos del Tesoro actualizado

Gráfico con los tenedores de bonos del Tesoro actualizado.
  1. ¿Por qué no genera inflación?
Concepto general de inflación:
  • La inflación, en economía, es el aumento generalizado y sostenido de los precios de los bienes y servicios existentes en el mercado durante un período de tiempo, generalmente un año producto de un desequilibrio entre la oferta y la demanda. Cuando el nivel general de precios sube, con cada unidad de moneda se adquieren menos bienes y servicios.
  • La política monetaria tiende a abaratar el costo del dinero en etapas de crisis mediante tasas de interés más bajas, o a encarecerlo con tasas de interés más altas en etapas de auge.
No obstante, esto no es mecánico, pues también interviene la política fiscal (impuestos mayores o menores).
  • En una crisis como la que ha estado enfrentando EE.UU. en este primer semestre, se aprobó un paquete de recursos por tres billones de dólares para resistir el impacto e impedir un derrumbe de la demanda solvente en la economía. Este paquete concluyó el 31 de julio, pero la depresión continúa y no se ha aprobado un paquete similar, solo medidas aisladas por Donald Trump y el congreso recesa hasta el 15 de septiembre.
El impacto de esta crisis de la COVID-19 ha deteriorado el valor relativo del USD en otras monedas, por lo que su valor ha aumentado en relación a la moneda norteamericana.
  • Es difícil calcular el efecto neto de esta crisis de la COVID-19, pues ante una caída en la producción/oferta puede desatarse una fuerte inflación, si hay ingresos suficientes para ello que impulse al incremento de los precios. Pero si paralelamente se produce una caída en los ingresos no habrá demanda solvente suficiente para que los precios aumenten. Si se da esta segunda condición probablemente estemos frente a una crisis peor de la que se enfrenta en estos momentos.

domingo, 10 de mayo de 2020

¿Por qué Bill Gates y EEUU quieren digitalizar el dinero? (+video). Comentario HHC




(Foto:YouTube)

El economista Norbert Haring ha advertido que la iniciativa de Bill Gates para digitalizar el dinero es una amenaza para la libertad. Un objetivo que está siendo adoptado por varios países y es promocionado por la Fundación Bill y Melinda Gates con sus aliados estratégicos.

Haring explicó a Sputnik que el verdadero interés en digitalizar el dinero proviene de poderosos intereses que incluyen a Visa, Mastercard y al Fondo Monetario Internacional. Según el economista, se trata de un proyecto creado por el multimillonario Bill Gates, quien se ha encargado de presionar lentamente para que se elimine el efectivo en todo el mundo y se reemplace por monedas digitales.

El economista sugiere que para encaminar esta “guerra contra el efectivo” las partes interesadas formaron una alianza, denominada Better Than Cash (Mejor que el efectivo), entre el Gobierno de EEUU, la Fundación Bill y Melinda Gates y Citibank.

Según el economista, la alianza explicó estratégicamente que el objetivo de la digitalización del dinero era ayudar a los pobres, incluyéndolos en el sistema financiero. Esto permitiría obtener los datos de una gran cantidad de personas, enriqueciendo el sistema de datos financieros, lo que significa otorgar al Gobierno un poder de vigilancia y sanción sobre la población sin que se den cuenta que los vigilan.

Haring agregó que inclusive usan el COVID-19 para impulsar la abolición del efectivo, pues los bancos están realizando campañas masivas por correo electrónico e internet para que sus clientes dejen de usar efectivo y opten por el pago por móvil bajo la explicación de que el dinero en efectivo puede ser una vía de transmisión de contagio, aunque varios estudios han asegurado que no es un canal relevante para la transmisión del virus.

Bill Gates y su conejillo de indias

El economista Norbert Haring recuerda que en el año 2016 la India registró un caos financiero luego de que el primer ministro, Narendra Modi, anunciara la desmonetización de todos los billetes de 500 y 1.000 rupias bajo la explicación de que esta medida ayudaría a reducir la economía sumergida y el uso de dinero en efectivo ilícito y la falsificación para financiar la actividad ilegal y el terrorismo.

Al ver el caos generado en un país donde el 90% de la población realiza pagos en efectivo y carece de una cuenta bancaria, se registraron meses de escasez de dinero en efectivo. Unas semanas después, el plan que buscaba perjudicar a los que acaparaban el dinero del mercado negro y modernizar el sistema financiero, falló.

Haring argumenta que no es casualidad que en ese entonces existiera una muy estrecha cooperación de “inclusión financiera” del Banco Central indio con la Fundación Gates, el Gobierno de EEUU y otras instituciones estadounidenses contrarias al dinero en efectivo.

Según el economista, los datos financieros son los más valiosos y por esta razón Bill Gates es una pieza clave para la seguridad nacional de su país debido a que su plan de abolir el dinero en efectivo impulsado por su fundación, le permite a EEUU obtener la mayor cantidad de datos posibles para obtener más control sobre el mundo. Un plan inconsistente con la democracia y una sociedad libre.

“Bill Gates también es un participante destacado en muchos grupos y reuniones de seguridad nacional. Claramente es un patriota, que tiene los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos muy cerca de su corazón”, explicó.

Haring ha descubierto que varios países han adoptado medidas que hacen incómodo o difícil el uso de dinero efectivo y por eso ha impulsado una demanda al respecto, la cual ha llegado hasta las instancias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). / (Sputnik) “Guerra contra el efectivo”: ¿por qué Bill Gates y EEUU quieren digitalizar el dinero?
Comentario HHC: En nuestro caso estoy a favor del dinero digital en nuestro pais, por las mismas razones que la India,  y lo he comentado varias veces y tenemos todas las condiciones para ello.
El esfuerzo que esta haciendo el banco nacional de cuba  es loable en este sentido, hay que llegar a que todos los entes económicos del pais, puedan ademas facturar y pagar de manera electrónica la totalidad o casi totalidad de las operaciones económicas del pais.
La evasión de impuestos disminuiría, el registro de la realidad económica como método efectivo de control y la planificación seria mas realista, el mercado negro quedaría reducido grandemente así como los enriquecimientos ilícitos, entre otros aspectos de gran beneficio.

miércoles, 30 de enero de 2019

Las consecuencias económicas del dinero endógeno


Alejandro Nadal, La Jornada

La controversia sobre los orígenes y naturaleza del dinero es antigua. La verdad es que este extraño objeto social no ha sido generoso a la hora de revelar sus secretos y por eso los economistas de la tradición ortodoxa o neoclásica poco han entendido sobre la moneda. Hoy nos acercamos a tener una visión más certera y rigurosa sobre los fenómenos monetarios mediante la teoría de dinero endógeno.

Desde su nacimiento la teoría económica estuvo confrontada con importantes fenómenos monetarios, pero los autores clásicos, desde Adam Smith, consideraron que el dinero era una especie de velo que escondía la realidad de los procesos económicos. Al dinero se le consideró una especie de instrumento técnico que solamente servía para superar los inconvenientes del trueque y facilitar los intercambios. Desde esta perspectiva analítica el dinero no tiene ninguna influencia sobre lo que pasa en la economía real: ni el nivel de actividad ni el volumen producido se verían afectados por el dinero.

Esto se compaginaba muy bien con la teoría cuantitativa de la moneda. Desde entonces la tradición se consolidó en ortodoxia y el dinero fue considerado un objeto que se introducía en la economía desde afuera de las relaciones económicas. Lo típico es considerar que el banco central es la entidad que tiene el monopolio de la emisión de moneda y controla la cantidad de dinero que entra en la economía.

Pero hoy se sabe que la mayor parte del circulante en una economía no es emitido por el banco central, sino por los bancos comerciales privados. Los agregados monetarios de cualquier economía capitalista así lo demuestran. Los bancos comerciales privados desempeñan una función clave de creación monetaria mediante sus operaciones de crédito: al otorgar un préstamo abren una cuenta de depósito en la que el prestatario encontrará la cantidad de dinero estipulada acreditada a su nombre. Cierto, el banco central mantiene el monopolio de la emisión de dinero de alto poder, pero esa base monetaria es, al final de cuentas, el telón de fondo contra el que se desarrolla la creación monetaria por los bancos privados.

El dinero endógeno significa que el flujo de dinero en la economía está determinado por la demanda de crédito. Y aquí es donde entra un aspecto tan sorprendente como sencillo sobre el tema del dinero endógeno: la única restricción que tienen los bancos para otorgar un préstamo es la de encontrar un sujeto de crédito confiable. La restricción no tiene nada que ver con tener reservas o los depósitos de los ahorros de otros agentes: al otorgar un crédito, los bancos crean dinero de la nada. Y para confirmar lo anterior hay que observar que desde el punto de vista contable, los préstamos crean los depósitos. Esta es una fórmula que parece misteriosa y causa intriga, pero el misterio radica más en nuestras viejas ideas (como decía Keynes) que en la complejidad del fenómeno. Hemos estado acostumbrados por demasiado tiempo a la idea de que los bancos son simples intermediarios que prestan el dinero de los ahorradores y todavía hay premios Nobel de Economía que siguen creyendo en esa fantasía (Krugman).

Ahora bien, si los bancos crean dinero de la nada eso tiene enormes implicaciones y todas nuestras visiones sobre la economía deben sufrir una profunda transformación. Fenómenos como la inflación, la determinación de la tasa de interés, la relación entre el ahorro y la inversión, así como los alcances de las políticas fiscal y monetaria, son temas que deben ser repensados a la luz de la teoría de dinero endógeno. Por supuesto, otro tema fundamental es el de la regulación bancaria que adquiere toda una nueva dimensión en el contexto de dinero endógeno.

Al otorgar un crédito, un banco entrega medios de pago (chequera, tarjeta de débito) al prestatario y esos medios de pago son reconocidos por los demás bancos. Por esa razón esos medios de pago se convierten en dinero y son aceptados por todos los agentes. Pero lo importante es que el banco no necesita tener reservas o ahorros prexistentes para otorgar un crédito. Y eso exige un cambio de perspectiva de gran amplitud, pues significa que la relación entre ahorro e inversión no corresponde a la que se ha considerado tradicionalmente. Es decir, hemos estado acostumbrados a la idea de que es necesario ahorrar para poder invertir. Pero en la realidad de una economía de producción monetaria la causalidad está invertida: es la inversión la que determina el ingreso y, por esa misma razón, el ahorro.

John Maynard Keynes fue el primero en tener la intuición de que con la inversión es la sociedad la que se otorga a sí misma una especie de crédito. Ese adelanto sirvió en el pasado para financiar guerras y hoy puede servir para financiar el desarrollo sustentable. Para controlar este enorme potencial es necesario preguntarnos si el enorme privilegio de crear moneda (poder de compra) debe estar en manos privadas con fines de lucro o si debería estar bajo alguna otra forma de control social y democrático.

viernes, 18 de mayo de 2018

El dinero como movilizador de recursos reales

El salto

Menos del 3% del dinero que se mueve en el mundo toma la forma de billetes y monedas, mientras el 97% restante son simples anotaciones contables. Entender el mecanismo de los bancos para crear su propio dinero es crucial para comprender el sistema monetario en su conjunto.


                                                                                                                                ÁLVARO MINGUITO

Se tiene una percepción extendida de que los bancos tienen la capacidad de crear dinero, pero quizás de la forma equivocada. Los bancos crean dinero, sí, pero no a través del multiplicador monetario tal y como se enseña en las facultades de Economía. La oferta monetaria no es exógena, esto es, fijada por la cantidad de metales preciosos disponibles o bajo el control de una autoridad monetaria. El dinero es endógeno a las necesidades de financiación de la producción y demanda de ingresos de los agentes privados.

En los inicios del negocio bancario, los bancos observaron que había un margen para poder aumentar sus beneficios prestando parte de los depósitos que custodiaban, siempre que todos sus clientes no retiraran el dinero al mismo tiempo. Tenían como precedente la actividad de los antiguos orfebres y joyeros, que actuaban como proto-bancos. El depositante pagaba un precio por el servicio de guardar a buen recaudo su riqueza, pero además recibía una parte del interés cobrado por devolver a la circulación estos medios de pago atesorados. Cuando el depositante quería recuperar su depósito, se le daba otro de la misma naturaleza y equivalencia. Esta función de intermediación entre prestatario y prestamista puede ser definida más correctamente como una operación que aumenta la velocidad de circulación de las mercancías utilizadas como dinero, no como una creación de dinero de facto.

El desarrollo del capitalismo trajo innovaciones en el sistema financiero, que no podría haber seguido expandiéndose mediante la intermediación antes descrita. Generalmente, las autoridades públicas han impuesto unas reservas obligatorias a las entidades bancarias, exigencia cuyo nivel ha ido disminuyendo con el tiempo. Desde enero de 2012 estas reservas se sitúan en un 1% con respecto de los pasivos del banco dentro de la zona euro. Cada 6 semanas los bancos de la eurozona tienen la exigencia de mantener dichas reservas por parte del Banco Central Europeo. Pero aunque estas reservas mínimas sean un instrumento de política monetaria utilizada habitualmente por los bancos centrales, algunos como los de Australia, Suecia o Canadá no disponen de ellas. A pesar de ello, existe una creencia bastante generalizada en torno a la necesidad de reservas, a partir de las cuales opera el multiplicador monetario como mecanismo a través del cual se crea el dinero. Algo así podría mantenerse en un sistema de tipos de cambios fijos, pero de ninguna manera tras el abandono de los acuerdos de Bretton Woods en 1971. Muchos economistas no entienden la relevancia de este hecho histórico que supone abandonar por completo el fetichismo por el oro. Un banco no necesita tener en su posesión unos depósitos para darlos en préstamo, sino que es el contrato de préstamo el que da lugar a los depósitos. En el caso de la Unión Económica y Monetaria Europea un banco concederá préstamos en relación a lo rentable que sean los proyectos de inversión y luego se preocupará por encontrar las reservas suficientes acudiendo al mercado interbancario; y en caso de no haber reservas excedentarias, éstas deben ser ofrecidas por el Banco Central Europeo. Ésta es una imposición legal desde que los bancos centrales actúan como prestamistas de último recurso. Así es como los préstamos dan lugar a los depósitos y no al revés, siendo crucial el comportamiento acomodaticio del Banco Central. Los Bancos Centrales no fijan arbitrariamente la oferta monetaria, y el dinero bancario no es un múltiplo de la cantidad de los depósitos.

Lo importante es entender que la imposición de reservas no influye en el proceso de creación de dinero. Cuando un banco concede un préstamo apunta mediante un tecleo informático un depósito por el mismo valor que el crédito concedido en la cuenta corriente del prestatario, creando de este modo dinero y dando lugar a un activo (préstamo) para el banco que tiene como contrapartida un pasivo (depósito) para el mismo. No se aumentan los activos financieros netos. Cuando el prestatario devuelve el préstamo se extinguen tanto el depósito como el contrato de préstamo, desapareciendo ese dinero que el banco creó en el momento de concesión del crédito. De este modo los bancos no actúan como intermediarios entre agentes privados, sino que crean dinero para movilizar los recursos reales siendo la deuda creada para este fin posteriormente cancelada cuando la producción es vendida y el préstamo devuelto (creación de dinero – movilización de recursos reales – destrucción de dinero). El Banco Central es el único que puede sostener la demanda de activos financieros netos requerida por los agentes privados frente a la inestable dinámica que provoca que el circuito de creación de dinero bancario no sea cerrado. Si comparamos el ahorro total con las necesidades de crédito, se verifica que generalmente el primero es mucho menor que el segundo.

La acción de conceder préstamos dependerá de las expectativas de beneficios para comenzar procesos productivos, de la solvencia del prestatario, y del optimismo o pesimismo de los bancos en la economía, esto es, las perspectivas sobre el éxito de la producción o los procesos innovadores en un entorno de incertidumbre. La oferta de dinero bancario vendrá definida de este modo por las necesidades de la producción privada, ajustándose endógenamente a éstas. Ahora, ¿se corresponde esta demanda con las necesidades de gasto total que la economía requiere para movilizar los recursos que hay disponibles?

La figura del empleador de último recurso

En relación con su papel como monopolista del dinero, esto es, como emisor en exclusiva del dinero con el que se cancelan las obligaciones tributarias con el Estado, parece evidente la implicación del Banco Central para que el gasto total en la economía sea el suficiente para que los recursos reales no sean derrochados por mantenerlos parados. No existen mecanismos endógenos a los mercados para alcanzar el pleno empleo, no hay expectativas de beneficios que hagan que los agentes privados pidan préstamos para movilizar todas las energías listas para trabajar. Los bancos privados no son proveedores de activos financieros netos, cosa que pueden transitoriamente mantener mediante el apalancamiento de los agentes privados. Entonces, ¿por qué solo se permite introducir dinero en la economía a los bancos privados?


El gasto público es la herramienta de la que disponen los Estados para que el gasto total en la economía sea tal que permita una regulación guiada por los objetivos de pleno empleo y estabilidad de precios. El Estado es el único agente que, a través de su relación con su Banco Central, está capacitado para proveer a los agentes privados de los activos financieros netos que demandan. Un nuevo ajuste institucional similar al que introdujo la figura de prestamista de último recurso para los bancos privados es necesario. El Estado como empleador de último recurso, introduciendo dinero en la economía a cambio de trabajo, ofreciendo los ingresos demandados por los individuos desempleados que no son acomodados por la iniciativa privada, es una reforma esencial para que una economía pueda funcionar sin sobresaltos continuos y sin excluir a una parte de la sociedad.

Este circuito funcionaría de forma similar al que utilizan los bancos actualmente: creación de dinero – movilización de recursos – destrucción de dinero, con la salvedad de que todo el dinero introducido no tiene por qué ser devuelto para la cancelación de la deuda/crédito inicial. El Banco Central respaldaría el gasto del Tesoro para movilizar la fuerza de trabajo disponible para cubrir necesidades que el sector privado deja sin cubrir; por su parte, con la recaudación de impuestos sería retirado el dinero necesario para contener la inflación. La introducción de dinero en la economía mediante préstamos bancarios o el gasto público va ajustándose endógenamente a las necesidades de producción y de ingresos de los agentes privados. El gasto del Estado como Empleador de último recurso no sería discrecional ni fijo, siempre gravitaría con las expectativas privadas.

La situación de reducción de préstamos por causa de la falta de inversiones rentables y la fe de dejar al mercado la prueba del ajuste deben ser sustituidas por un papel pro-activo de las administraciones públicas, que deben tener los mecanismos para poner en funcionamiento los recursos reales que están disponibles en su moneda. No existe técnicamente una restricción financiera para el gasto público, pero políticamente está taxativamente prohibido por los tratados europeos que éste sea respaldado por el Banco Central para impulsar la demanda y el empleo. Un fracaso en el diagnóstico de la crisis que atribuye a una cuestión de rigideces de oferta los problemas macroeconómicos que devienen desde 2008 y que nos hace perder la esperanza de que alguna vez podamos salir de esta catástrofe social. El problema de las empresas no es que no produzcan porque no existe personal capacitado o difícil acceso al crédito. Las empresas no producen porque no tienen la certidumbre de poder dar salida a los bienes y servicios producidos, y por eso la Flexibilización Cuantitativa no ha tenido los efectos esperados por el Banco Central Europeo. Como dijimos antes, que los bancos presten no depende de la disponibilidad de depósitos.

El desempleo es una cuestión política. Coordinar la política monetaria con la política fiscal es el mecanismo efectivo para enfrentar un problema que surge de la falta de gasto en la economía. La trampa del euro se hunde hasta el núcleo de su diseño institucional. La pretendida refundación de la Unión Europea encabezada por Merkel y Macron se queda en la superficie de la cuestión. ¿Aceptaría Alemania la figura de empleador de último recurso? Desde Reino Unido y Estados Unidos la estrategia alternativa al Brexit y Trump gira en torno al pleno empleo, mientras tanto la Unión Europea sigue firme en profundizar en una austeridad que agudiza nacionalismos y desconfianzas. Hemos montado un circo y nos están creciendo los enanos.

Esteban Cruz Hidalgo y José Carlos Garrote Garrote, economistas y miembros de la red MMT ESPAÑA, @REDMMT
Fuente: https://www.elsaltodiario.com/la-otra-cara-de-la-moneda/el-dinero-como-movilizador-de-recursos-reales

viernes, 3 de marzo de 2017

La guerra contra el dinero

Alejandro Nadal, La Jornada

El 8 de noviembre del año pasado el gobierno de la India anunció una medida extraordinaria. Los billetes de 500 y de 1000 rupias fueron declarados inválidos, con efecto inmediato. Cualquier persona que tuviera en posesión billetes de esas denominaciones tendría hasta el 30 de diciembre para canjearlos por nuevos billetes en cualquier banco.

El gobierno neoliberal de Narendra Modi anunció tres objetivos para justificar esta medida: frenar la falsificación de dinero, combatir la corrupción y, finalmente, colocar al sector informal de la economía bajo control para reducir la evasión fiscal.

El caos que reinó en la India en los días siguientes a este anuncio fue mayúsculo. Los billetes retirados de la circulación representan 86 por ciento del circulante en efectivo. La gran mayoría de las transacciones en la India se llevan a cabo directamente en efectivo, ya sea para comprar una tela en el mercado, para transportarse en una moto-taxi o simplemente para comprar algunos alimentos en un puesto en la calle. Para la población que no tiene acceso a un sistema de pagos con tarjeta o por teléfono móvil, las transacciones en efectivo son, literalmente, el pan de todos los días.

La decisión del gobierno generó pánico, tanto en el medio rural como en las grandes urbes como Chennai o Mumbai. Los bancos no estaban preparados para realizar el canje de billetes y los cajeros automáticos tuvieron que cerrar algunos días debido a la falta de abastecimiento de nuevos billetes. En muchos lugares el comercio se paralizó por la falta de circulante. Se calcula que la economía de la India ha sufrido pérdidas equivalentes a una caída de un punto porcentual en el PIB.

En vista del desorden que reinó después del anuncio del gobierno, las autoridades quisieron dar un giro positivo. Se habló entonces de inclusión financiera y de cómo la India estaría entrando en el mundo moderno, transitando a la economía sin dinero. En este nuevo universo las transacciones se harían de manera eficaz, sin falsificadores y sin riesgos para los agentes económicos. Los nuevos sistemas de identificación garantizarían un servicio rápido en cualquier parte del territorio. Se dijo que este tipo de beneficios abarcaría incluso los servicios de salud y apoyo social de diversos programas oficiales.

Pero la lucha contra la corrupción y la falsificación de dinero puede llevarse a cabo a través de medidas de seguridad y técnicas de impresión que los bancos centrales conocen bien. La carrera contra los falsificadores siempre va a continuar, pero no cualquiera tiene acceso a una tecnología basada en la inserción de bandas metálicas o tiras magnéticas combinadas con diseños industriales altamente sofisticados.

De cualquier manera, la eliminación del dinero tiene un costo enorme para la población de bajos ingresos que utiliza este medio de pago para todas sus transacciones. Reemplazar el dinero con sistemas de pago por telefonía móvil y tarjetas de débito no es la mejor manera de combatir la corrupción o la falsificación de billetes. Y hay que señalar que en la India falta mucho por hacer para asegurar una cobertura amplia y confiable en telefonía móvil en todo el territorio.

Y en cuanto a la recaudación, la gran mayoría de la gente que trabaja en el sector informal no paga impuestos no porque sean evasores sistemáticos, sino por la simple y sencilla razón de que sus entradas están por debajo del umbral mínimo de ingresos gravables. Claro, los gobiernos neoliberales siempre han estado obsesionados por cobrar el impuesto al valor agregado y desde esa perspectiva, controlar al sector informal es un objetivo importante. Pero el efecto regresivo de ese gravamen no desaparece por cambiar el sistema de pagos.

Cuando un agente económico paga directamente con dinero en efectivo, esa operación no tiene un costo. En cambio, en una economía sin dinero y dominada por sistemas de pago electrónicos o de telefonía móvil, surgen de todos lados proveedores de servicios para realizar las transacciones: operadores de telefonía, grandes y pequeños agentes financieros, así como bancos y dueños de establecimientos en los que se ofrece el servicio de transferencia de dinero, etc. Toda esa cadena de intermediarios estará cobrando pequeñas comisiones y cargos por la prestación del servicio. Además, las bases de datos con información sobre preferencias, contactos y hábitos de consumo son una mina de oro que muchos están interesados en convertir en flujos de rentabilidad.

La famosa inclusión financiera es parte del esfuerzo por adueñarse del espacio universal de las transacciones monetarias con el fin de obtener una rentabilidad para todo tipo de intermediarios en el sector financiero y bancario, así como en el de telecomunicaciones. Ya no son sólo las clases medias las que tendrán acceso a estos servicios. Los más pobres también estarán integrados, pero sufrirán en esta guerra contra el dinero. De hoy en adelante pagarán por sus transacciones mientras se adaptan a esta nueva forma de servidumbre con máscara de modernidad.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Bitcoin: el oro digital que hará desaparecer el dinero

En el transporte público de Italia y Suiza ya no se usa dinero, sino un método de pago revolucionario: los Bitcoins, una moneda virtual que solo existe a través de internet. Además en ciudades como Londres, Nueva York, Toronto, Varsovia, Hong Kong y Kiev también se puede pagar con esta moneda virtual. El sistema de Bitcoins es una red descentralizada impulsada por sus usuarios sin intermediarios. También sirve para invertir, al igual que las monedas o las acciones en bolsa, su cotización es variable y hay quienes especulan con su valor.

"El Bitcoin es la primera forma de dinero 100% digital. No tiene forma física ni la tendrá. Fue creado para vivir en la web. Más de un 50% de la población mundial tiene acceso a este moneda. En el mundo digital no existe una manera de interactuar económicamente como sí la tenemos en el mundo físico. Con Bitcoins eso es posible. Las transacciones en línea son instantáneas y muy seguras. El Bitcoin es más que dinero, es un protocolo de pago que permite que el dinero circule de manera perfecta", dijo a Sputnik Guillermo Torrealba, ingeniero comercial y cofundador de SURBTC, la agencia de Bitcoins más importante de Chile.

El especialista explicó además que este sistema de pagos virtual no es una moneda porque ellas son emitidas por bancos centrales que toman decisiones que afectan su valor. En cambio,el Bitcoin es un commodity, como el oro. "Hay un número limitado de Bitcoins en circulación (17 millones) y va aumentando a una tasa de 12,5 cada 10 minutos. Va a llegar a un límite de 21 millones y jamás va a haber más que eso. Nadie puede hacer nada para cambiarlo. Esto lo que permite es que su precio se valorice a medida que aumenta la demanda", señaló.

El mayor potencial del Bitcoin radica en la transferencia de dinero hacia el extranjero. Torrealba aseguró que un gran porcentaje de sus clientes usan esta herramienta para enviar o recibir dinero de sus familiares en distintas partes del mundo. "Hoy enviar dinero con Bitcoins es más barato y la gente lo está notando. Es por eso que aparecen servicios que ofrecen esta solución de manera sencilla", indicó.

Su otro atractivo es la inversión. "El Bitcoin es escaso, por lo tanto un aumento en demanda no va a ser acompañado por uno en oferta. La única forma de que el mercado alcance un equilibrio es que aumente el precio. Por eso la gente lo está comprando. Las oportunidades de ganar dinero, si bien más riesgosas, son mayores que con otros activos más antiguos".
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lunes, 5 de diciembre de 2016

¿Qué hay detrás de la 'guerra' contra el dinero en efectivo?

Por Marco Antonio Moreno

Mientras muchos expertos han declarado la guerra al dinero en efectivo, alegando que es utilizado por terroristas y criminales para violar la ley, varios estudios han conseguido comprobar que esta hipótesis tiene más de una sombra.

La semana pasada, el exsecretario del Tesoro de EEUU, Lawrence Summers, publicó un artículo en el que aseguraba que Washington tendría que dejar de emitir billetes de 100 dólares, a pesar de que, recientemente, una medida similar con la rupia provocó el caos en la India. Esta propuesta se suma a la opinión del economista también estadounidense Kenneth Rogoff, que en su libro 'The curse of cash' sostiene que los billetes de alto valor nominal como los de 100 dólares y 500 euros se utilizan en el tráfico de drogas, trata de personas, extorsiones y prácticas corruptas. Sin embargo, hay otros estudios que demuestran que esta crítica al dinero en efectivo poco tiene que ver con la realidad.

Estas investigaciones probaron que en los países en los que circulan billetes con un alto nominal se registran menores índices de criminalidad. Por ejemplo Suiza, con su billete de 1.000 francos —equivalente a 1.000 dólares—, cuenta con el índice de crimen organizado más bajo del mundo, según los datos presentados por el informe del Foro Económico Mundial. En este mismo grupo también pueden incluirse países como Singapur, Japón y los Emiratos Árabes Unidos, que disponen de billetes de mucho valor pero que tienen bajos índices de criminalidad. Al mismo tiempo, el crimen organizado, la corrupción y la evasión fiscal florecen en países como Brasil, Nigeria o Sudáfrica, cuyos billetes con un valor más elevado apenas alcanzan los 30 dólares.

viernes, 23 de septiembre de 2016

El dinero helicóptero está en el aire

Por Robert Skidelsky

LONDRES – La política fiscal se encumbra nuevamente como la política de moda, después de años, incluso después de décadas, de haber estado aislada tras un velo. La razón para este retorno es simple: la recuperación incompleta de la crisis financiera mundial del año 2008.

Europa está en peor situación en este sentido: su PIB apenas ha crecido en los últimos cuatro años, y el PIB per cápita aún está en un nivel menor en comparación con el año 2007. Por otra parte, los pronósticos de crecimiento son sombríos. En julio, el Banco Central Europeo publicó un informe que sugiere que la brecha negativa de producción en la eurozona fue del 6%, es decir cuatro puntos porcentuales más alta de la brecha anticipada. “Una posible implicación de este hallazgo”, indica el BCE en sus conclusiones, “es que las políticas destinadas a estimular la demanda agregada (incluidas las políticas fiscales y monetarias) deben desempeñar un papel aún más importante en la combinación de políticas económicas”. Estas son palabras muy fuertes que provienen de un banco central.

La política fiscal ha sido indudablemente desactivada desde el año 2010, debido a que los gobiernos cabalgaban en bajada con déficits posguerra sin precedentes y ratios deuda-PIB que se incrementan rápidamente. La austeridad se tornó en la única alternativa.

Esto dejó a la política monetaria como la única herramienta de estímulo disponible. El Banco de Inglaterra y la Reserva Federal inyectaron grandes cantidades de dinero en efectivo en sus economías a través de la “flexibilización cuantitativa” (FC) – compras masivas de títulos-valores gubernamentales y corporativos a largo plazo. En el año 2015, el BCE también comenzó un programa de compra de activos, que Mario Draghi, presidente del BCE, se comprometió a continuar “hasta que veamos un ajuste sostenido en la trayectoria de la inflación”.

La FC no ha servid como bala mágica. A pesar de que ayudó a detener el deslizamiento hacia otra Gran Depresión, las inyecciones sucesivas de dinero han arrojado rendimientos decrecientes. El anuncio del BCE de su política redujo la brecha en el rendimiento de los bonos entre el núcleo y la periferia de Europa. Sin embargo, un estudio realizado por Thomas Fazi del Instituto del Nuevo Pensamiento Económico enfatiza la falta de influencia de la FC sobre el crédito bancario, el aumento de morosidad y las funestas cifras de producción e inflación propiamente dichas. Por otra parte, la FC tiene consecuencias distributivas indeseables, ya que brinda dinero a los que ya lo tienen, y cuyo gasto corriente es poco influenciado por tener más dinero.

Los formuladores de políticas deberían haber dado una voz de alerta sobre la probabilidad de que ocurra este resultado mediocre. Cuando los bancos centrales tratan de reducir la inflación mediante la extracción de liquidez del sistema bombeando dicha liquidez hacia afuera del sistema, su política es subvertida por la capacidad de los bancos comerciales para bombear de nuevo dinero hacia dentro del sistema mediante préstamos. En el entorno de deflación de hoy en día, ha ocurrido lo contrario. El intento de los bancos centrales para bombear liquidez hacia dentro del sistema, con el fin de estimular la actividad económica es subvertido por la capacidad que tienen los bancos comerciales para extraer liquidez del sistema al aumentar sus reservas y negarse a prestar dinero.

Esto deja como opción a la política fiscal. La lógica de las condiciones económicas actuales implica que los gobiernos deben tomar ventaja de las ultra bajas tasas de interés para invertir en proyectos de infraestructura, que estimularían la demanda y mejorarían la estructura de la economía. El problema es el clima de expectativas. Como el economista de Oxford John Muellbauer dice, las tesorerías y bancos centrales han estado “martillando en la conciencia del sector privado la importancia de reducir la deuda bruta del gobierno en relación con el PIB”.

Esta ortodoxia surge de la idea de que el endeudamiento es simplemente una “tributación diferida”. Si el sector privado cree que los impuestos tendrán que subir para pagar los préstamos del gobierno, de acuerdo con este punto de vista, las personas van a aumentar sus ahorros para pagar impuestos más altos; consecuentemente, estas personas van a destruir cualquier efecto de estímulo. La ortodoxia supone erróneamente que el gasto público no puede generar ningún ingreso extra; pero, mientras prevalezca, se descarta la política fiscal financiada con deuda como un medio para reactivar el crecimiento económico.

Como resultado, los analistas y los formuladores de políticas han empezado a debatir ideas sobre políticas fiscales no convencionales para complementar la política monetaria no convencional. En particular, se ha estado debatiendo las variaciones del llamado dinero helicóptero, idea que proviene de un famoso ejercicio mental realizado por Milton Friedman en el año 1969, en el que “un día un helicóptero... deja caer del cielo $1.000 adicionales en billetes”. El ex presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, entre otros, ha ofrecido su influyente apoyo para que se lleven a cabo “caídas de dinero desde helicópteros”, con el fin de reactivar las economías decaídas.

El dinero helicóptero viene en dos formas, que podrían (y deberían) ser aplicadas de manera conjunta. La primera forma es poner el poder de compra directamente en las manos de los consumidores – por ejemplo, mediante la emisión a cada votante o ciudadano de tarjetas inteligentes por valor de $ 1,000 cada una. El economista suizo Silvio Gesell, que originalmente propuso un esquema de “dinero con sellos” al inicio del siglo pasado, agregó una estipulación sobre que se deben aplicar impuestos a los saldos no utilizados después de un mes, esto con el fin de desincentivar el acaparamiento.

Como alternativa, el dinero helicóptero podría ser utilizado para financiar los gastos en infraestructura. La ventaja de tal “financiación monetaria” es que este tipo de gasto, si bien añade al déficit y conduce a un aumento permanente en la oferta de dinero, no aumentaría la deuda nacional, debido a que el gobierno solamente “debería” el dinero a su propio banquero Esto eliminaría la contrarrestante expectativa negativa de impuestos más altos.

Sin duda, la emisión de deuda que nunca tiene que ser reembolsada es algo demasiado bueno para ser verdad, ¿no es cierto? En efecto, existe el peligro evidente de que los gobiernos puedan fácilmente convertirse en adictos a la financiación monetaria para pagar los gastos privados y públicos, por lo que es poco probable que se intente esto de manera abierta, a menos que las condiciones económicas empeoraran significativamente. Sin embargo, el riesgo político de no hacer nada, si nos tropezamos con otra recesión (como parece ser muy probable) es aún peor. Nos guste o no, la política fiscal no convencional bien podría ser la próxima alternativa a aplicarse.

Traducción del inglés de Rocío L. Barrientos.

domingo, 21 de agosto de 2016

Bancos, especulación e ideología

Enric Llopis, Rebelión

Se trata simplemente de un medio de pago. Lo que se da o recibe por la compra o venta de artículos, bienes y servicios. “No hay nada en el dinero que no pueda ser comprendido por una persona razonablemente curiosa, activa e inteligente”, afirma el economista John K. Galbraith en el libro “El dinero”, cuya primera edición se publicó en 1975 y Ariel reeditó en castellano 20 años después (con un capítulo añadido en el que incluían referencias a las presidencias de Carter y Reagan). El dinero aparece históricamente vinculado a tres instituciones progenitoras: las Casas de la Moneda, las Secretarías del Tesoro o Ministerios de Hacienda y los bancos. Y el negocio bancario nace en Italia. De hecho, el mundo no se inició con la actual crisis. “Ni los Rothschild ni J.P. Morgan han igualado a los Médicis en una grandeza sustancialmente fomentada por ser agentes fiscales de la Santa Sede”, resalta el autor. Además, las casas de banca de Venecia y Génova sientan el precedente de los bancos comerciales (al menos un centenar de bancos de depósito se fundaron en Venecia entre los siglos XIII y XV). Casi igual de avanzadas eran las entidades del Valle del Po.

A grandes trazos, en el mundo antiguo y en la Edad Media las monedas confluían en las ciudades con un comercio más boyante. Se aceptaba la moneda bajo palabra, y había una tendencia a pagar con dinero de escasa calidad mientras se retenían los mejores metales (“la moneda mala expulsa siempre a la buena”, sentenció en 1558 sir Thomas Gresham, una ley económica que con el tiempo se mostró inapelable). Proliferaban las diferentes monedas, que muchas veces circulaban adulteradas, rebajadas y recortadas. En 1609 se fundó el Banco de Amsterdam -el primer banco relevante- con el fin de regular y limitar los abusos del dinero, aunque sin las funciones con las que más tarde contaron los bancos centrales. Galbraith añade que con el tiempo se constituyeron otros bancos “guardianes” en diferentes países, en los que únicamente se tenía en cuenta el metal válido. A este fenómeno se agregó el de la expansión de los estados nacionales, que hizo disminuir el número de monedas al tiempo se mejoró la acuñación. Pero tampoco fue la panacea: “Una constante en la historia del dinero es que cada remedio puede dar origen a nuevos abusos”, destaca el autor de “La sociedad opulenta”, “El crac del 29” y “Breve historia de la euforia financiera”, entre otros textos. Durante cerca de un siglo, el Banco de Amsterdam permitió que los depósitos fueran considerados como tales y el metal confiado por su dueño permaneciera guardado hasta el momento en que éste decidiera transferirlo. Es decir, no se realizaban préstamos con el metal en depósito.

“Pocas cosas me han proporcionado más placer a lo largo de los años que leer, reflexionar y escribir acerca del dinero”, afirma John K. Galbraith en la introducción del libro de 300 páginas en el que aborda el nacimiento de la banca, las primeras fiebres especulativas en Europa y Estados Unidos, la constitución de la Reserva Federal norteamericana, el crac del 29 y el advenimiento de las políticas keynesianas, entre otras materias. Traducido a doce lenguas, el texto permite rastrear numerosos problemas económicos del presente, sea a partir de los precedentes en el siglo XVIII de la Banque Royale francesa (fundada en 1716 con un capital inicial de seis millones de libras, y que emitía billetes en forma de préstamos que terminaban financiando a la corona) el Banco de Inglaterra (impulsado en 1694 también mediante privilegio real y con el fin de costear el gasto militar de Guillermo de Orange) o la relevancia del papel moneda en las colonias americanas que aspiraban a independizarse de Gran Bretaña. ¿Qué enseñanzas aporta la evolución del pionero Banco de Amsterdam? Cuando en 1672 las tropas francesas de Luis XIV se aproximaban a la capital holandesa, se desató la alarma y los mercaderes acecharon el banco temiendo que hubiera desaparecido su riqueza. Quienes pidieron su dinero lo recibieron, mientras que otros prefirieron dejarlo ante la grave coyuntura. “Mucha gente que necesita desesperadamente su dinero del banco deja de necesitarlo cuando está segura de que lo tiene a su disposición”, concluye Galbraith.

Las cosas empezaron a torcerse por las complicidades entre el alcalde y los senadores de la ciudad de Amsterdam, quienes poseían el banco, y por otro lado los directores de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. En muchos casos se trataba de los mismos próceres. En el siglo XVI la empresa había mostrado signos de un potencial enorme, aunque en ocasiones necesitaba dinero a corto plazo para la dotación de los barcos o esperar a su retorno. El banco comenzó a realizar préstamos, mediante transferencias de los recursos en depósito a otras cuentas. John K. Galbraith destaca que se trataba del “primer paso hacia lo que para los bancos comerciales modernos es la operación más ortodoxa”. Pero a finales del siglo XVII y en la centuria siguiente, las cuentas de la compañía holandesa arrojaron números rojos cada vez más inquietantes. La guerra contra Inglaterra de 1780 condujo a mayores demoras en los pagos. El gobierno de la ciudad también solicitó préstamos al Banco de Amsterdam. En tal coyuntura, si todos los depositantes quisieran recuperar su dinero resultaría imposible. La entidad bancaria comenzó a limitar las monedas que los clientes podían extraer o transferir. Señal de peligro. El final llegó en 1819, cuando el Banco de Amsterdam tuvo que liquidar sus negocios tras más de dos siglos de actividad.

El fallecido economista y autor de “La cultura de la satisfacción” hace un recorrido histórico que permite extraer lecciones, por ejemplo, respecto a las triquiñuelas lingüísticas y los motivos de las espirales especulativas. Durante el siglo XIX y hasta aproximadamente 1907 se hablaba de “pánico” sin ningún embozo. Pero a partir de esta fecha los hombres de negocios prefirieron las expresiones de “crisis” y “depresión”, con el fin de mitigar el desplome de la confianza. Se produjeron estados de “pánico” en 1819, 1837, 1857, 1873, en menor grado en 1884, muy grave en 1893, también en 1907 y breve pero muy importante en 1921; el más grave y duradero se produjo en octubre de 1929. En 1819 y 1837 la especulación se centró en la tierra, fueron los grandes años de la construcción de canales en Estados Unidos pero también de caminos, edificios del estado, escuelas y algunas cárceles. En 1857 la ambición especulativa se desplazó a los ferrocarriles y a las “obligaciones” con las que se financiaban los proyectos ferroviarios. Esta prioridad en la inversión de capitales se prolongó hasta finales del siglo XIX. “En los años que precedieron al pánico de 1873, y de nuevo antes del de 1893, hubo un enorme auge en la construcción de ferrocarriles”, recuerda Galbraith; “nada más curioso en el siglo XIX que la facilidad con la que la gente olvidaba el último desastre y se apresuraba a perder dinero en el siguiente”. Otros objetos de agiotismo no tan relevantes fueron el oro y el cobre. En el “pánico” de 1907 perduró la importancia del ferrocarril, aunque el foco se desplazó a las acciones en general. Al igual que en el de 1921, pero en este caso la depresión fue precedida por la especulación con las tierras y en los mercados agrícolas.

En este clásico “best-seller” sobre el dinero, John K. Galbraith hace gala de un extraordinario magisterio, que le permite explicar con gran sencillez, sin jerga para especialistas y aplicando técnicas habituales en la narrativa, las políticas de Roosevelt, las bases del keynesianismo, el auge y ocaso del patrón oro, la evolución de los precios después de la primera guerra mundial o las discusiones sobre la curva de Philips. En el capítulo final del libro (“Dinero y política”), el docente subraya que el periodo de bonanza económica en Estados Unidos terminó con la guerra de Vietnam. Los gastos del conflicto y la demanda resultante presionaron al alza de los precios. En años posteriores, los economistas de cámara de la Administración Nixon achacaron la inflación desbocada al caos fiscal que habían heredado. “Pero realmente la posición fiscal recibida era notablemente sana”, rebate John K. Galbraith. “Tampoco fueron muy alarmantes los movimientos de precios que heredó la nueva Administración”. Tal vez alguna de las claves radique en la primera rueda de prensa convocada por Nixon, el 27 de enero de 1969, en la que afirmó: “No estoy de acuerdo con la sugerencia de que la inflación puede ser eficazmente controlada exhortando al trabajo, a la dirección y a la industria a seguir ciertas normas orientadoras”. Según el autor de “El dinero”, “Todo el daño posible estaba aquí; había que minimizar la dirección de la economía, aunque fuese cada vez más necesaria”. ¿Economía o ideología?

viernes, 15 de julio de 2016

El dinero y la termodinámica



Uno de los resultados de la educación científica es la de crearnos una tozuda necesidad de encontrar una explicación aceptable para todo lo que nos rodea. A estas alturas del desarrollo de la humanidad ya ni siquiera recurrimos a la mística para explicar aquello que no llegamos a racionalizar. Siempre pensamos que al igual que los terremotos antes eran un misterio y ya no lo son, lo que ahora no entendamos tendrá inevitablemente una explicación racional en el futuro.

Por ello, cuando presenciamos los fenómenos económicos no podemos evitar relacionar, por ejemplo, al dinero con el calor. Al suministrar calor al agua en un recipiente aumentará su temperatura. De acuerdo con ciertas condiciones perfectamente asumibles, va a hervir o favorecer mayoritariamente la evaporación en las cercanías de los 100o Celsius. Entonces habrá acumulado una cantidad de energía obtenida en forma de calor que le permite ese cambio de estado físico. Un dinero parecido al calor haría lo mismo en la economía. Se guardaría mucho dinero, bien escondido en un colchón, y a la larga se podría disponer de una gran riqueza para hacer con ella lo que se desee. El error está en que las leyes son ciegas en la naturaleza. Siguen su camino independientemente de los hombres y el agua va a hervir siempre a esa temperatura (o cercana si nos elevamos sobre el nivel del mar). Pero en la economía interviene la voluntad de los seres humanos. Consecuentemente, el dinero guardado en un colchón puede perder casi completamente su valor y no pasar de ser un conjunto de hojas de papel si se aplica una devaluación o un cambio de denominación. No es seguro que la riqueza así acumulada se pueda realizar.

Sin embargo, ciertas definiciones y reglas del pensamiento científico nos ayudan a comprender o detectar fenómenos económicos cuando consideramos a la voluntad humana como uno de los factores a tener en cuenta y al dinero en su verdadera dimensión. Y de esa forma podemos encontrar las esencias y quizás formas de solucionar los posibles problemas.

El dinero se puede definir hoy en día como “un tópico cuyo registro sea verificable y que es generalmente aceptado como medio de pago de bienes y servicios y para la compensación de deudas en un país o contexto socieoeconómico dado, o algo que es fácilmente convertible en ello.” (Wikipedia, en inglés, 13/07/2016). Una definición tan general es prácticamente imbatible. Debemos observar que contiene un principio muy importante que le da al dinero cualidades particulares: es aceptable como medio de pago. Por ello, si se deseara pagar algo con él y no pudiera cumplir esa misión, ya no se trataría de dinero. Observemos además que se evita la definición de algún valor intrínseco.


Si lo que suministramos al agua para que hierva no cumple su cometido no debe ser calor. Las moléculas de agua necesitan su energía para romper las ataduras en el líquido y convertirse en libres navegantes gaseosas, evaporándose en el universo. Si le quitamos total o parcialmente el valor de cambio por algún bien o servicio al dinero, de cualquier forma, no cumple su función de mercancía universal, y deja de ser dinero. Decía Marx en el primer libro de “El Capital”: “La clase específica de mercancías con cuya forma natural se fusiona socialmente la forma de equivalente, deviene mercancía dineraria o funciona como dinero. Llega a ser su función social específica, y por lo tanto su monopolio social, desempeñar dentro del mundo de las mercancías el papel de equivalente general.”

Los primeros años de la Revolución Cubana fueron marcados por la necesidad de superar el robo de las reservas del estado cubano perpetrado por los jerarcas del sanguinario gobierno batistiano. Nuestra dirección de entonces se encontró angustiada conque podía emitir moneda nacional, pero no podía respaldar totalmente esa moneda cuando necesitaba pagar algo en el exterior. Surgió entonces la necesidad de resolver la situación, por demás común en este mundo, de que el balance de valores internos, medido en dinero, cambiara su relación con el externo. Se deduce claramente que solo quedó la opción de limitar o regular el cambio del dinero nacional por el de valor internacional. Y eso solo se hace quitándole valor a la moneda nacional adaptando su capacidad de compra mediante autorizaciones caso a caso o devaluándola para todos los casos.

La cantidad de calor medida en calorías para que el agua hierva no se puede cambiar. Sin embargo, podemos alterar el valor del dinero, porque al final es un invento que sirve solo para obtener algo a cambio. Pero si usamos un dinero para pagar algo que no le sirve al que lo cobra para lo que él desee, que no tiene “capacidad liberatoria ilimitada”, entonces sí que le hemos quitado la utilidad y razón de ser al dinero.

El propio Marx, al igual que los que lo precedieron, reconoció que la única fuente de riqueza es el trabajo humano. Lo que puede cambiar es su evaluación en dinero al convertirse en mercancía.

En estas condiciones de nuestro razonamiento podemos preguntarnos ¿Tendrá solución el problema de los precios al consumidor en nuestro país si el dinero que recibe una organización estatal por los bienes que vende o los servicios que presta no tiene valor para ella, porque lo que puede hacer con él está determinado por normas que llamamos “el plan”, siendo en realidad un esquema de racionamiento?¿Y qué ocurre si coexiste un sector privado que no está sometido a ese “plan” y que sí puede hacer con el dinero que recibe lo que quiera, incluso mediante la ruptura de normas legales?¿Y cuáles consecuencias económicas, demográficas, sociales y políticas implica que se pague al sector más calificado del país su salario en una moneda a la que se le mantiene un valor de cambio muy reducido y al sector privado en otra que tiene mucho más?¿Qué ocurre si un simple dólar americano, que alcanza apenas en este mundo para comprar un refresco frío, se puede cambiar en nuestro mercado interno por el trabajo de un maestro o un contador en todo un día?

Con estos ejemplos queda claro que la ciencia básica, en este caso la termodinámica, puede explicar por qué el agua hierve inevitablemente al suministrársele el calor requerido. Y también por qué la economía no se puede conceptualizar de la misma forma, pues tiene una alta dependencia de la voluntad de los hombres. El dinero debe serlo sin limitaciones. Y un sistema socialista quizás hasta estaría mejor preparado para usar esa formidable herramienta que el capitalista si la comprende bien.